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mi茅rcoles, 17 de diciembre de 2025

La Asamblea de los Pueblos por la Paz y la Soberan铆a de Nuestra Am茅rica.Cap铆tulo II La paz como trinchera

Cap铆tulo II

La paz como trinchera

Soberan铆a, guerra cognitiva y el Manifiesto de Caracas

«Patria es humanidad.»
Jos茅 Mart铆

Si el primer cap铆tulo de este dossier intent贸 responder por qu茅 la Asamblea de los Pueblos por la Paz y la Soberan铆a de Nuestra Am茅rica naci贸 en un momento decisivo para el sistema internacional, este segundo propone una pregunta a煤n m谩s importante: ¿de qu茅 paz hablaban los delegados reunidos en Caracas?

La respuesta obliga a abandonar la definici贸n convencional que identifica la paz con la simple ausencia de guerra. Para las organizaciones participantes, la paz fue presentada como un proceso inseparable de la justicia social, la autodeterminaci贸n de los pueblos y el respeto efectivo al derecho internacional. No se trataba de una formulaci贸n ret贸rica. Era el eje pol铆tico que daba sentido a todos los debates.

En un mundo donde las guerras ya no se libran 煤nicamente con ej茅rcitos, sino tambi茅n mediante sanciones econ贸micas, bloqueos financieros, campa帽as de desinformaci贸n, ciberataques y disputas tecnol贸gicas, la defensa de la paz adquiere un significado mucho m谩s amplio que el tradicional.

Esa idea qued贸 reflejada en el Manifiesto de Caracas, aprobado al cierre de la Asamblea. El documento sostiene que la paz no puede construirse sobre la desigualdad, la ocupaci贸n, el hambre o la negaci贸n de la soberan铆a de los pueblos. Desde esa perspectiva, denuncia las medidas coercitivas unilaterales, el uso pol铆tico de las sanciones econ贸micas y la instrumentalizaci贸n de la informaci贸n como mecanismos de presi贸n internacional.

No todos compartir谩n ese diagn贸stico. Existen gobiernos y analistas que consideran las sanciones un instrumento leg铆timo de pol铆tica exterior frente a determinadas violaciones del derecho internacional. Sin embargo, la Asamblea defendi贸 una posici贸n distinta: sostuvo que esas medidas terminan afectando principalmente a las poblaciones civiles y erosionan los principios de igualdad soberana entre los Estados. Esa diferencia de enfoques atraviesa hoy uno de los grandes debates de la pol铆tica internacional.

La paz como conquista de los pueblos

El Manifiesto afirma que la paz no es una concesi贸n de las grandes potencias, sino una conquista permanente de los pueblos organizados. Esa idea recorre toda la tradici贸n emancipadora latinoamericana.

Jos茅 Mart铆 comprendi贸 que la independencia no pod铆a limitarse a la expulsi贸n del colonialismo. Tambi茅n exig铆a construir una conciencia propia, capaz de resistir nuevas formas de dominaci贸n. De ah铆 que escribiera que «trincheras de ideas valen m谩s que trincheras de piedra». En el siglo XXI, esa frase adquiere una vigencia extraordinaria. Las trincheras ya no son 煤nicamente territoriales; tambi茅n son culturales, tecnol贸gicas y comunicacionales.

Fidel Castro desarroll贸 esa misma idea desde otra perspectiva. En m煤ltiples intervenciones internacionales insisti贸 en que la paz solo pod铆a sostenerse sobre la justicia y la cooperaci贸n entre los pueblos. Para la diplomacia cubana, el internacionalismo nunca fue entendido como una pol铆tica de influencia, sino como una pr谩ctica concreta de solidaridad. Esa concepci贸n estuvo presente en Caracas cuando numerosas delegaciones reivindicaron el derecho de los pueblos a cooperar libremente, sin presiones externas.

Tambi茅n la tradici贸n sandinista apareci贸 de manera recurrente. Augusto C. Sandino afirmaba que la soberan铆a no se negocia porque constituye la expresi贸n misma de la dignidad nacional. D茅cadas m谩s tarde, Daniel Ortega retom贸 esa idea al sostener, en diversos foros regionales, que la integraci贸n latinoamericana deb铆a construirse sobre el legado de Bol铆var, Mart铆, Sandino y Fidel, entendiendo la unidad como una herramienta para preservar la independencia frente a las nuevas formas de dominaci贸n econ贸mica y pol铆tica.

La Asamblea hizo suya esa lectura hist贸rica. Para muchos de sus participantes, la paz solo puede consolidarse cuando los pueblos tienen capacidad real para decidir sobre sus recursos, sus instituciones y su modelo de desarrollo.

La guerra ya no tiene un solo rostro

Uno de los aportes m谩s interesantes de la Asamblea fue la reflexi贸n sobre las transformaciones de la guerra en el siglo XXI.

Durante buena parte del siglo XX, la agresi贸n contra un Estado era identificada con una invasi贸n militar o un conflicto armado convencional. Hoy ese panorama ha cambiado profundamente.

Las medidas coercitivas unilaterales, las operaciones financieras, la presi贸n sobre los mercados energ茅ticos, el control de las cadenas de suministro, los bloqueos tecnol贸gicos, la manipulaci贸n de redes sociales y las campa帽as de desinformaci贸n forman parte de lo que muchos analistas denominan guerra h铆brida o guerra multidimensional.

Los delegados reunidos en Caracas sostuvieron que estas modalidades buscan debilitar la capacidad de decisi贸n de los Estados sin recurrir necesariamente al uso directo de la fuerza militar. En ese contexto, la soberan铆a deja de ser un concepto exclusivamente territorial para abarcar la econom铆a, la tecnolog铆a, la producci贸n cient铆fica, la alimentaci贸n, la energ铆a y la comunicaci贸n.

Fue precisamente en este punto donde apareci贸 uno de los conceptos m谩s innovadores debatidos durante la Asamblea: la soberan铆a cognitiva.

Seg煤n esta perspectiva, ning煤n pueblo puede considerarse plenamente libre si depende por completo de plataformas tecnol贸gicas, algoritmos, centros de datos o sistemas de informaci贸n controlados desde el exterior. La disputa por el conocimiento, la inteligencia artificial y los flujos globales de informaci贸n constituye hoy un componente esencial de la soberan铆a.

Esta reflexi贸n conecta con un fen贸meno evidente: nunca antes la humanidad hab铆a producido tanta informaci贸n y, al mismo tiempo, nunca hab铆a existido una concentraci贸n tan elevada del poder para distribuirla, jerarquizarla o invisibilizarla.

Por ello, la Asamblea propuso fortalecer redes de comunicaci贸n popular, cooperaci贸n tecnol贸gica y producci贸n de conocimiento desde el Sur Global. No se trataba 煤nicamente de crear nuevos medios de comunicaci贸n, sino de disputar el derecho de los pueblos a narrar su propia historia y a interpretar el mundo desde sus propias realidades.

Ese debate, probablemente uno de los menos difundidos por la prensa internacional, constituye tambi茅n uno de los m谩s relevantes para comprender las transformaciones geopol铆ticas del siglo XXI.

Palestina: cuando el derecho internacional se pone a prueba

Si hubo un tema que atraves贸 emocional y pol铆ticamente la Asamblea fue Palestina. No apareci贸 como un asunto m谩s de la agenda internacional, sino como el ejemplo m谩s dram谩tico de una pregunta que recorri贸 todas las intervenciones: ¿existe un derecho internacional que se aplique por igual a todos los pueblos o su aplicaci贸n depende de la correlaci贸n de fuerzas entre las grandes potencias?

Las delegaciones coincidieron en que el conflicto palestino representa una prueba decisiva para la credibilidad del sistema internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Las referencias a Gaza fueron constantes. Se denunciaron las miles de v铆ctimas civiles, la destrucci贸n de hospitales, escuelas e infraestructuras esenciales, as铆 como el desplazamiento forzado de amplios sectores de la poblaci贸n.

Para los participantes, Palestina dej贸 de ser 煤nicamente una causa de solidaridad para convertirse en el s铆mbolo de una discusi贸n mucho m谩s amplia: la vigencia del derecho internacional, el respeto a la Carta de las Naciones Unidas y la necesidad de que las normas internacionales se apliquen con criterios universales y no selectivos.

La defensa del pueblo palestino fue presentada como una causa inseparable de la defensa de todos los pueblos sometidos a ocupaci贸n, bloqueo o injerencia externa. Esa posici贸n enlaz贸 con una larga tradici贸n del internacionalismo latinoamericano, que durante d茅cadas expres贸 su solidaridad con los procesos de descolonizaci贸n en 脕frica, Asia y Oriente Medio.

En ese contexto volvi贸 a escucharse una idea que hab铆a acompa帽ado a varias generaciones de luchadores latinoamericanos: la solidaridad internacional no es un gesto de caridad; es el reconocimiento de que las luchas por la dignidad humana est谩n profundamente conectadas.

Del diagn贸stico a la organizaci贸n

Uno de los riesgos habituales de muchos encuentros internacionales es que concluyen con declaraciones solemnes que rara vez se traducen en acciones concretas. Consciente de ello, la Asamblea intent贸 dar un paso adicional.

El Manifiesto de Caracas no fue concebido 煤nicamente como una declaraci贸n pol铆tica, sino como una hoja de ruta para fortalecer la cooperaci贸n entre organizaciones populares de distintos continentes.

Entre los principales compromisos asumidos destacan:

  • consolidar la Asamblea como un espacio permanente de articulaci贸n internacional;
  • fortalecer redes de comunicaci贸n popular para enfrentar la concentraci贸n medi谩tica y la desinformaci贸n;
  • promover campa帽as internacionales contra las medidas coercitivas unilaterales y los bloqueos econ贸micos;
  • profundizar la cooperaci贸n entre organizaciones sociales de Am茅rica Latina, 脕frica, Asia y otras regiones del Sur Global;
  • impulsar iniciativas de formaci贸n pol铆tica, intercambio cultural y cooperaci贸n cient铆fica;
  • expresar solidaridad activa con los pueblos sometidos a ocupaci贸n, agresi贸n militar o sanciones econ贸micas.

Quiz谩 el acuerdo de mayor alcance fue la decisi贸n de que la Asamblea no terminara con el cierre del encuentro. La intenci贸n expresada por los organizadores fue convertirla en un mecanismo estable de coordinaci贸n, capaz de mantener iniciativas comunes m谩s all谩 de la coyuntura.

Ese prop贸sito refleja una ense帽anza aprendida por numerosos movimientos sociales latinoamericanos: los procesos de integraci贸n dif铆cilmente sobreviven si dependen exclusivamente de la voluntad de los gobiernos. Necesitan una base social organizada que les otorgue continuidad.

El desaf铆o de construir un internacionalismo para el siglo XXI

La palabra internacionalismo posee una larga historia pol铆tica. Durante el siglo XIX estuvo ligada al movimiento obrero; en el siglo XX acompa帽贸 las luchas anticoloniales y los procesos de liberaci贸n nacional. Hoy, en un mundo profundamente transformado por la globalizaci贸n econ贸mica y la revoluci贸n digital, ese concepto vuelve a plantear nuevas preguntas.

¿Puede existir un internacionalismo capaz de responder a desaf铆os como la inteligencia artificial, la crisis clim谩tica, las migraciones masivas o la concentraci贸n del poder tecnol贸gico?

La Asamblea respondi贸 afirmativamente.

Pero propuso un internacionalismo diferente al de otras 茅pocas.

No basado en la confrontaci贸n entre bloques ideol贸gicos cerrados.

Sino en la cooperaci贸n entre pueblos diversos que comparten la defensa de la paz, la soberan铆a y un orden internacional m谩s equilibrado.

En esa concepci贸n, el di谩logo entre Am茅rica Latina, 脕frica y Asia adquiere una importancia estrat茅gica. Ya no se trata 煤nicamente de relaciones diplom谩ticas entre gobiernos, sino de construir v铆nculos permanentes entre universidades, sindicatos, organizaciones campesinas, movimientos juveniles, colectivos culturales y centros de investigaci贸n.

La ampliaci贸n de los BRICS, el fortalecimiento de la cooperaci贸n Sur-Sur y la creciente participaci贸n de pa铆ses emergentes en la econom铆a mundial fueron interpretados durante la Asamblea como se帽ales de un cambio estructural en la distribuci贸n del poder internacional.

Sin embargo, varios participantes advirtieron que la multipolaridad, por s铆 sola, no garantiza un mundo m谩s justo.

Un sistema con varios centros de poder puede reproducir desigualdades si no incorpora mecanismos efectivos de cooperaci贸n, respeto al derecho internacional y participaci贸n de los pueblos.

Esa reflexi贸n constituye uno de los aportes pol铆ticos m谩s interesantes del encuentro.

No basta con sustituir una hegemon铆a por otra.

El desaf铆o consiste en construir relaciones internacionales basadas en la igualdad soberana, la cooperaci贸n y el beneficio mutuo.

Una mirada cr铆tica

Todo an谩lisis serio debe reconocer tambi茅n los desaf铆os que enfrenta esta iniciativa.

La historia latinoamericana registra numerosos esfuerzos de integraci贸n que despertaron enormes expectativas y posteriormente se debilitaron debido a cambios de gobierno, diferencias estrat茅gicas o dificultades institucionales.

La propia Asamblea deber谩 demostrar que posee capacidad para trascender el entusiasmo inicial y convertirse en un espacio de coordinaci贸n permanente.

Otro desaf铆o ser谩 preservar su pluralidad.

La riqueza del encuentro residi贸 precisamente en la diversidad de organizaciones participantes. Mantener esa amplitud, evitando que el proyecto quede identificado exclusivamente con un gobierno o una corriente pol铆tica determinada, ser谩 decisivo para su legitimidad y proyecci贸n internacional.

Desde una perspectiva internacionalista de izquierda, esa pluralidad no constituye una debilidad.

Es una condici贸n indispensable.

Bol铆var so帽贸 con una Am茅rica unida respetando la diversidad de sus pueblos.

Mart铆 defendi贸 una identidad latinoamericana abierta al mundo pero consciente de sus propias ra铆ces.

Sandino convirti贸 la dignidad nacional en patrimonio de toda Nuestra Am茅rica.

Fidel entendi贸 que la solidaridad solo tiene sentido cuando respeta la independencia de cada pueblo.

Y desde la Revoluci贸n Popular Sandinista, Daniel Ortega ha insistido en que la integraci贸n latinoamericana debe construirse desde el reconocimiento mutuo de la soberan铆a y la no injerencia.

La Asamblea intent贸 recoger esa tradici贸n, adapt谩ndola a una 茅poca marcada por desaf铆os que ninguno de aquellos l铆deres pudo conocer: inteligencia artificial, plataformas digitales, concentraci贸n tecnol贸gica, cambio clim谩tico y disputas por minerales estrat茅gicos.

M谩s que una reuni贸n, un s铆ntoma de 茅poca

Quiz谩 el mayor error ser铆a analizar la Asamblea de los Pueblos por la Paz y la Soberan铆a de Nuestra Am茅rica 煤nicamente como un acontecimiento celebrado en Caracas.

Su importancia reside en otra parte.

Expresa el intento de diversos movimientos sociales de construir herramientas pol铆ticas para intervenir en una transici贸n hist贸rica cuyo desenlace permanece abierto.

No sabemos c贸mo ser谩 el orden internacional dentro de veinte a帽os.

Tampoco sabemos qu茅 instituciones lo representar谩n.

Lo que s铆 parece evidente es que el modelo surgido tras el final de la Guerra Fr铆a atraviesa un proceso de transformaci贸n acelerada.

En ese contexto, la Asamblea constituye una se帽al de que los pueblos del Sur Global no desean limitarse a observar esos cambios.

Aspiran a participar en ellos.

Como escribi贸 Jos茅 Mart铆, «hacer es la mejor manera de decir».

La Asamblea representa precisamente eso: la decisi贸n de pasar del diagn贸stico a la organizaci贸n.

No resolver谩 por s铆 sola las enormes contradicciones del sistema internacional.

No eliminar谩 las guerras.

No pondr谩 fin a las desigualdades.

Pero recuerda una verdad que atraviesa toda la historia de Nuestra Am茅rica: ninguna transformaci贸n profunda comenz贸 cuando parec铆a posible; comenz贸 cuando hubo mujeres y hombres capaces de organizarse para hacerla posible.

Y quiz谩 sea esa, m谩s que cualquier declaraci贸n o manifiesto, la principal ense帽anza pol铆tica que dej贸 Caracas en diciembre de 2025.

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Documental - Todos Somos Daniel (2025)


Todos Somos Daniel es un documental que honra la vida, la lucha y el legado del Comandante y copresidente Daniel Ortega Saavedra, el m谩s firme hijo de Sandino y de nuestra patria libre. Con material audiovisual in茅dito, recorremos sus m谩s de 80 a帽os de entrega al pueblo nicarag眉ense, su compromiso con la paz, la dignidad y la soberan铆a de nuestra Nicaragua bendita y siempre libre.

Acompa帽ado siempre por la compa帽era y copresidente Rosario Murillo, este documental revela momentos hist贸ricos y humanos que muestran la fuerza, el amor y la visi贸n que han guiado a nuestro pa铆s a lo largo de d茅cadas.

Un homenaje vivo a un l铆der cuya huella sigue inspirando a las nuevas generaciones.







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domingo, 14 de diciembre de 2025

La Asamblea de los Pueblos por la Paz y la Soberan铆a de Nuestra Am茅rica: cuando los pueblos irrumpen en la disputa por el nuevo orden mundial


Por Javier Huerta

Hay momentos en la historia en que el mundo parece moverse con una lentitud desesperante. Y hay otros en los que los acontecimientos se precipitan hasta alterar, en pocos a帽os, el equilibrio geopol铆tico construido durante d茅cadas. La tercera d茅cada del siglo XXI pertenece, sin duda, a esta segunda categor铆a. El sistema internacional atraviesa una transformaci贸n de enorme magnitud: la hegemon铆a unipolar surgida tras la desaparici贸n de la Uni贸n Sovi茅tica muestra signos evidentes de agotamiento, mientras nuevas potencias econ贸micas y pol铆ticas disputan espacios de influencia en un escenario cada vez m谩s complejo e incierto.

Las guerras en Ucrania y Oriente Medio, el genocidio que sufre el pueblo palestino en Gaza, el ascenso de China como potencia global, la ampliaci贸n de los BRICS+, la creciente utilizaci贸n de sanciones econ贸micas como instrumento de presi贸n pol铆tica, las disputas por el control de los recursos estrat茅gicos y la acelerada revoluci贸n tecnol贸gica configuran un panorama internacional profundamente distinto al de hace apenas dos d茅cadas. No se trata 煤nicamente de una confrontaci贸n entre Estados. Es tambi茅n una disputa entre modelos de desarrollo, concepciones de la democracia, sistemas econ贸micos y formas de entender las relaciones internacionales.

En ese contexto debe situarse la Asamblea de los Pueblos por la Paz y la Soberan铆a de Nuestra Am茅rica, celebrada en Caracas entre el 9 y el 11 de diciembre de 2025. Reducir aquel encuentro a una iniciativa promovida por el Gobierno venezolano ser铆a quedarse en la superficie de los acontecimientos. M谩s all谩 de qui茅n impuls贸 la convocatoria, la Asamblea expres贸 una inquietud que recorre buena parte del Sur Global: la necesidad de construir nuevos espacios de articulaci贸n pol铆tica entre movimientos sociales, organizaciones populares, intelectuales, sindicatos, campesinos, pueblos ind铆genas y redes de solidaridad internacional para intervenir activamente en la configuraci贸n del mundo que est谩 emergiendo.

No es casual que el encuentro haya pasado pr谩cticamente desapercibido para los grandes conglomerados medi谩ticos occidentales. La atenci贸n informativa suele concentrarse en las cumbres de las grandes potencias, en las reuniones de organismos financieros internacionales o en las alianzas militares. Mucho menos espacio reciben aquellos procesos que intentan fortalecer el protagonismo pol铆tico de los pueblos organizados. Sin embargo, si algo demuestra la historia latinoamericana es que muchas de las transformaciones m谩s profundas no comenzaron en los despachos gubernamentales, sino en la organizaci贸n social y en la capacidad de los pueblos para construir proyectos colectivos.

La Asamblea de Caracas debe entenderse precisamente desde esa perspectiva.

Una tradici贸n hist贸rica de resistencia e integraci贸n

La idea de reunir a los pueblos de Am茅rica Latina para debatir su destino com煤n no naci贸 en diciembre de 2025. Tiene ra铆ces profundas que atraviesan m谩s de dos siglos de historia.

Cuando Sim贸n Bol铆var convoc贸 el Congreso Anficti贸nico de Panam谩 en 1826, comprend铆a que las j贸venes rep煤blicas reci茅n independizadas dif铆cilmente podr铆an preservar su soberan铆a si permanec铆an aisladas. Su proyecto de integraci贸n continental fue derrotado por las divisiones internas y por los intereses de las potencias emergentes, pero dej贸 sembrada una idea que recorrer铆a toda la historia latinoamericana: la unidad constituye una condici贸n indispensable para la independencia efectiva.

D茅cadas despu茅s, Jos茅 Mart铆 advert铆a que "trincheras de ideas valen m谩s que trincheras de piedra". Su reflexi贸n sigue teniendo una sorprendente vigencia en una 茅poca en la que las disputas geopol铆ticas ya no se libran 煤nicamente mediante ej茅rcitos, sino tambi茅n a trav茅s de plataformas digitales, conglomerados medi谩ticos, sistemas financieros y tecnolog铆as de la informaci贸n.

Durante el siglo XX esa tradici贸n integracionista encontr贸 nuevas expresiones. La Revoluci贸n Cubana convirti贸 el internacionalismo en uno de sus principios fundamentales. La Conferencia Tricontinental celebrada en La Habana en 1966 reuni贸 movimientos de liberaci贸n de Asia, 脕frica y Am茅rica Latina bajo la convicci贸n de que las luchas contra el colonialismo y el imperialismo formaban parte de un mismo proceso hist贸rico. Posteriormente, el Movimiento de Pa铆ses No Alineados intent贸 construir una voz propia frente a la l贸gica bipolar de la Guerra Fr铆a, mientras que a finales del siglo XX y comienzos del XXI surgieron espacios como el Foro de S茫o Paulo, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra Am茅rica (ALBA-TCP), la CELAC y otros mecanismos de integraci贸n regional.

La Asamblea de los Pueblos por la Paz y la Soberan铆a de Nuestra Am茅rica recoge parte de ese legado hist贸rico. No pretende sustituir a los organismos intergubernamentales existentes, sino complementarlos desde una l贸gica diferente: la articulaci贸n entre organizaciones populares. Esa diferencia resulta fundamental. Mientras los mecanismos tradicionales dependen de los cambios de gobierno y de las prioridades de los Estados, la Asamblea aspira a construir una red de cooperaci贸n sostenida por movimientos sociales, sindicatos, organizaciones campesinas, colectivos juveniles, pueblos ind铆genas, intelectuales y comunicadores.

Es una apuesta ambiciosa. Tambi茅n enfrenta enormes desaf铆os. Pero expresa una preocupaci贸n compartida por numerosos sectores progresistas del mundo: la integraci贸n no puede descansar exclusivamente en acuerdos diplom谩ticos; necesita ra铆ces sociales profundas.

Caracas como escenario pol铆tico

l铆deres sociales, intelectuales, juristas, parlamentarios y movimientos llegaron a Caracas para reafirmar el compromiso mundial con una paz justa y respetuosa del derecho internacional. Foto: teleSUR.


La elecci贸n de Venezuela como sede tampoco fue casual.

Desde la llegada de la Revoluci贸n Bolivariana al poder en 1999, Caracas se ha convertido en un espacio habitual para encuentros internacionales vinculados al pensamiento antiimperialista, la integraci贸n regional y la solidaridad entre los pueblos. Durante m谩s de dos d茅cadas, el pa铆s ha promovido iniciativas como el ALBA-TCP, Petrocaribe y diversos congresos internacionales sobre comunicaci贸n, antifascismo, paz y soberan铆a.

Al mismo tiempo, Venezuela se ha transformado en uno de los principales escenarios de la confrontaci贸n geopol铆tica contempor谩nea. Las sanciones econ贸micas impuestas por Estados Unidos y algunos de sus aliados, los intentos de aislamiento diplom谩tico, el reconocimiento internacional de gobiernos paralelos durante determinados periodos y la intensa disputa medi谩tica en torno al proceso pol铆tico venezolano convirtieron al pa铆s en un laboratorio de las nuevas formas de confrontaci贸n internacional.

Precisamente por ello, muchos participantes interpretaron la Asamblea como una respuesta pol铆tica frente a esa realidad. La paz, sostuvieron reiteradamente las delegaciones presentes, no puede construirse mientras existan bloqueos econ贸micos, medidas coercitivas unilaterales o intervenciones externas destinadas a condicionar las decisiones soberanas de los Estados.

Esa afirmaci贸n no estuvo exenta de controversia. Diversos gobiernos occidentales y organizaciones de derechos humanos mantienen fuertes cr铆ticas hacia la situaci贸n pol铆tica venezolana y cuestionan la legitimidad de algunas iniciativas impulsadas por el Ejecutivo de Caracas. Ignorar ese debate ser铆a una simplificaci贸n. Sin embargo, tambi茅n es cierto que una parte significativa de los movimientos sociales participantes comparti贸 la idea de que las sanciones econ贸micas castigan principalmente a las poblaciones y constituyen un instrumento de presi贸n incompatible con el principio de autodeterminaci贸n de los pueblos.

M谩s all谩 de las diferentes valoraciones sobre el proceso venezolano, la Asamblea puso sobre la mesa una discusi贸n de alcance mucho mayor: ¿puede hablarse de un orden internacional basado en normas comunes cuando las sanciones unilaterales, las intervenciones militares selectivas o la aplicaci贸n desigual del derecho internacional forman parte habitual de la pol铆tica global?

Una convocatoria internacional

Las cifras sobre la participaci贸n var铆an seg煤n las fuentes consultadas. Los organizadores hablaron de centenares de delegados procedentes de m谩s de medio centenar de pa铆ses, mientras otras informaciones se refirieron espec铆ficamente a la presencia de representantes de alrededor de treinta naciones latinoamericanas y caribe帽as. M谩s all谩 del dato exacto, existe consenso en que la convocatoria reuni贸 una amplia diversidad de organizaciones provenientes de Am茅rica Latina, el Caribe, 脕frica, Asia, Europa y Norteam茅rica.

Participaron movimientos campesinos, centrales sindicales, organizaciones ind铆genas, colectivos feministas, redes juveniles, plataformas de solidaridad internacional, juristas, parlamentarios, comunicadores populares, acad茅micos y representantes de diversas expresiones de la sociedad civil organizada. Entre las organizaciones presentes destacaron la Asociaci贸n Americana de Juristas, el Movimiento por la Paz, la Soberan铆a y la Solidaridad entre los Pueblos (MOPASSOL), redes de intelectuales latinoamericanos, organizaciones culturales y colectivos comprometidos con la defensa del derecho internacional y la integraci贸n regional.

M谩s all谩 de las diferencias ideol贸gicas o nacionales, exist铆a un denominador com煤n: la convicci贸n de que el mundo atraviesa una etapa de transici贸n hist贸rica y que los movimientos populares no pueden limitarse a observar pasivamente esos cambios. Deben organizarse para influir en ellos.

En ese sentido, la Asamblea no fue concebida como un simple foro de debate. Desde su sesi贸n inaugural qued贸 claro que la intenci贸n era mucho m谩s ambiciosa: sentar las bases de un movimiento internacional permanente capaz de coordinar iniciativas pol铆ticas, culturales y comunicacionales entre organizaciones del Sur Global.

La propia idea de permanencia constituye uno de los aspectos m谩s relevantes del encuentro. No se trataba 煤nicamente de intercambiar diagn贸sticos durante tres d铆as, sino de construir mecanismos estables de cooperaci贸n que permitieran responder colectivamente a los desaf铆os de una 茅poca marcada por profundas transformaciones geopol铆ticas.

Ese prop贸sito qued贸 reflejado en las distintas mesas de trabajo, donde comenzaron a perfilarse los grandes ejes que atravesar铆an toda la Asamblea: la defensa de la paz, la soberan铆a de los pueblos, la integraci贸n regional, la batalla por la comunicaci贸n, la justicia clim谩tica, los derechos de los migrantes, la solidaridad con Palestina y la necesidad de avanzar hacia un orden internacional m谩s equilibrado y multipolar.

Pero quiz谩 el debate m谩s novedoso no gir贸 煤nicamente en torno a la geopol铆tica tradicional. Los participantes sostuvieron que las guerras del siglo XXI ya no se libran exclusivamente con ej茅rcitos o armamento convencional. Tambi茅n se combaten mediante el control de la informaci贸n, las plataformas digitales, los sistemas financieros y la capacidad para construir relatos capaces de legitimar determinadas pol铆ticas internacionales.

Ese diagn贸stico abrir铆a paso a uno de los conceptos m谩s discutidos durante la Asamblea: la soberan铆a cognitiva, una idea que resume buena parte de las preocupaciones pol铆ticas de los movimientos sociales reunidos en Caracas y que constituye, probablemente, uno de los aportes m谩s originales del encuentro.


La Soberan铆a

Si hubo un concepto que atraves贸 pr谩cticamente todas las mesas de trabajo de la Asamblea fue el de soberan铆a. Pero no la soberan铆a entendida 煤nicamente como la defensa de las fronteras nacionales o la integridad territorial de los Estados. Los debates desarrollados en Caracas partieron de una premisa mucho m谩s amplia: en el siglo XXI la independencia de los pueblos depende tambi茅n de qui茅n controla la econom铆a, la tecnolog铆a, las finanzas, la producci贸n de alimentos, los recursos naturales y, cada vez con mayor intensidad, la informaci贸n.

Esta visi贸n supone una ruptura con las concepciones cl谩sicas de las relaciones internacionales. Durante buena parte del siglo XX las amenazas a la soberan铆a eran identificadas casi exclusivamente con invasiones militares, golpes de Estado o intervenciones directas. Hoy, sin embargo, numerosos movimientos sociales consideran que las formas de dominaci贸n se han diversificado. Las sanciones econ贸micas, la especulaci贸n financiera, el control de las cadenas globales de suministro, la dependencia tecnol贸gica, el monopolio de las plataformas digitales y la concentraci贸n medi谩tica forman parte de un mismo entramado de poder que condiciona la capacidad de decisi贸n de muchos pa铆ses.

Fue en ese contexto donde cobr贸 fuerza una de las ideas m谩s novedosas del encuentro: la soberan铆a cognitiva.

Los participantes sostuvieron que las guerras contempor谩neas no se libran 煤nicamente sobre el terreno. Se desarrollan tambi茅n en el espacio informativo. Las grandes plataformas digitales, los algoritmos, la inteligencia artificial, los conglomerados medi谩ticos y las campa帽as de desinformaci贸n son hoy instrumentos capaces de moldear percepciones, justificar sanciones, legitimar intervenciones o deslegitimar procesos pol铆ticos. No se trata de una teor铆a conspirativa, sino de una constataci贸n compartida por numerosos investigadores de la comunicaci贸n y de las relaciones internacionales: la informaci贸n se ha convertido en un recurso estrat茅gico.

Desde esta perspectiva, la defensa de la soberan铆a exige construir capacidades propias de producci贸n de conocimiento, comunicaci贸n y desarrollo tecnol贸gico. La propuesta de crear una red internacional de medios populares y plataformas de comunicaci贸n alternativa respondi贸 precisamente a esa preocupaci贸n. El objetivo no era 煤nicamente difundir otra narrativa, sino garantizar que los pueblos dispongan de herramientas para contar su propia historia sin depender exclusivamente de los grandes centros de producci贸n informativa.

Esta reflexi贸n resulta particularmente relevante para Am茅rica Latina, una regi贸n donde hist贸ricamente la concentraci贸n de los medios de comunicaci贸n ha estado estrechamente vinculada a grupos econ贸micos con enorme capacidad de influencia pol铆tica. La democratizaci贸n de la comunicaci贸n apareci贸 as铆 como una condici贸n necesaria para profundizar la democracia misma.

La discusi贸n sobre la soberan铆a cognitiva estuvo estrechamente ligada a otro de los ejes de la Asamblea: la defensa del derecho internacional frente al uso creciente de las medidas coercitivas unilaterales. Las delegaciones denunciaron que las sanciones econ贸micas aplicadas fuera del marco de las Naciones Unidas constituyen una forma de presi贸n pol铆tica cuyos efectos recaen principalmente sobre la poblaci贸n civil. Venezuela, Cuba, Nicaragua, Ir谩n y otros pa铆ses fueron citados como ejemplos de esa realidad.

Desde luego, la cuesti贸n de las sanciones contin煤a siendo objeto de un intenso debate internacional. Sus defensores sostienen que representan un mecanismo de presi贸n frente a gobiernos acusados de violar derechos humanos o quebrantar principios democr谩ticos. Sus detractores argumentan que, en la pr谩ctica, terminan agravando las condiciones de vida de millones de personas y vulnerando el principio de no injerencia en los asuntos internos de los Estados. La Asamblea se aline贸 claramente con esta segunda interpretaci贸n y reclam贸 su eliminaci贸n como condici贸n para avanzar hacia una paz duradera.

Otro de los momentos de mayor contenido pol铆tico fue la expresi贸n de solidaridad con el pueblo palestino. La guerra en Gaza ocup贸 un lugar destacado en las intervenciones de numerosas delegaciones, que denunciaron la destrucci贸n masiva de infraestructura civil, la crisis humanitaria y la incapacidad de la comunidad internacional para hacer cumplir de manera efectiva el derecho internacional humanitario. Para los participantes, Palestina simboliza uno de los mayores desaf铆os del orden internacional contempor谩neo: la existencia de normas universales cuya aplicaci贸n parece depender, con demasiada frecuencia, de la correlaci贸n de fuerzas entre las potencias.

La Asamblea interpret贸 ese conflicto como un recordatorio de que la paz no puede separarse de la justicia. No basta con reclamar el cese de las hostilidades si no se abordan las causas estructurales que las originan. Esa misma l贸gica fue extendida a otras regiones del planeta, donde la pobreza, la desigualdad, el saqueo de recursos naturales o las intervenciones externas alimentan escenarios de violencia persistente.

Las discusiones no se limitaron, sin embargo, al diagn贸stico. Uno de los principales resultados del encuentro fue la aprobaci贸n del Manifiesto de Caracas por la Paz, la Soberan铆a y la Verdad de los Pueblos, concebido como una hoja de ruta para la acci贸n pol铆tica de la Asamblea. M谩s que una declaraci贸n protocolaria, el documento expresa una visi贸n del mundo. Afirma que la paz solo puede sostenerse sobre la justicia social; reivindica el derecho de los pueblos a decidir libremente su destino; rechaza las sanciones econ贸micas unilaterales y toda forma de injerencia extranjera; denuncia el resurgimiento del fascismo y del racismo en distintas regiones; llama a fortalecer la cooperaci贸n Sur-Sur y propone consolidar una red permanente de articulaci贸n entre movimientos sociales, organizaciones populares y espacios de integraci贸n regional.

Uno de los compromisos m谩s significativos fue precisamente la decisi贸n de que la Asamblea no terminara con la clausura del encuentro. Caracas fue propuesta como sede permanente de un proceso de coordinaci贸n internacional destinado a mantener intercambios, campa帽as de solidaridad, iniciativas culturales y mecanismos de cooperaci贸n pol铆tica. En un tiempo en que la fragmentaci贸n suele imponerse sobre la organizaci贸n colectiva, la voluntad de construir una estructura estable constituye, por s铆 misma, un hecho pol铆tico relevante.

Ahora bien, un an谩lisis serio tambi茅n exige preguntarse por los desaf铆os de esta iniciativa. La historia latinoamericana est谩 llena de proyectos de integraci贸n que despertaron grandes expectativas y que posteriormente perdieron impulso por cambios de gobierno, diferencias ideol贸gicas o dificultades institucionales. La propia Asamblea deber谩 demostrar en los pr贸ximos a帽os que puede trascender la l贸gica del acontecimiento y convertirse en un actor con capacidad real de articulaci贸n. Ello depender谩, en buena medida, de su autonom铆a, de su pluralidad interna y de su capacidad para incorporar voces diversas del campo popular sin quedar reducida a la agenda de un solo gobierno o de una sola organizaci贸n pol铆tica.

Desde una perspectiva internacionalista de izquierda, esa es quiz谩 la principal tarea pendiente. El internacionalismo nunca ha consistido en la adhesi贸n acr铆tica a un Estado o a un liderazgo determinado. Su esencia radica en la solidaridad entre los pueblos, en la defensa de la autodeterminaci贸n y en la convicci贸n de que los problemas fundamentales de nuestro tiempo —la desigualdad, la guerra, la crisis clim谩tica, la concentraci贸n de la riqueza o la revoluci贸n tecnol贸gica— no pueden resolverse dentro de las fronteras nacionales. Exigen formas nuevas de cooperaci贸n y de organizaci贸n internacional.

En ese sentido, la Asamblea de Caracas recupera una intuici贸n presente en las mejores tradiciones emancipadoras de Am茅rica Latina: la unidad no debe entenderse como uniformidad, sino como convergencia de luchas. Bol铆var imagin贸 una confederaci贸n de rep煤blicas; Mart铆 habl贸 de "Nuestra Am茅rica" frente a las pretensiones hegem贸nicas; Sandino convirti贸 la soberan铆a en una causa continental; Fidel Castro defendi贸 el internacionalismo como un deber revolucionario; Hugo Ch谩vez insisti贸 en que la integraci贸n deb铆a construirse desde la solidaridad y no desde la competencia. La Asamblea se reconoce heredera de ese legado, aunque deba adaptarlo a un escenario profundamente distinto, marcado por la digitalizaci贸n, la inteligencia artificial, la disputa tecnol贸gica y la emergencia de nuevos polos de poder.

Es leg铆timo que existan discrepancias sobre algunos de sus planteamientos o sobre el papel desempe帽ado por el Gobierno venezolano en la organizaci贸n del encuentro. La cr铆tica forma parte del debate democr谩tico. Pero reducir la Asamblea a esas controversias impedir铆a comprender su verdadero alcance. Lo ocurrido en Caracas refleja una tendencia m谩s amplia: la b煤squeda, por parte de numerosos movimientos sociales del Sur Global, de espacios propios de coordinaci贸n en un momento en que el orden internacional atraviesa una transformaci贸n acelerada.

Quiz谩 todav铆a sea pronto para saber si esta iniciativa lograr谩 consolidarse como un referente estable del internacionalismo contempor谩neo. La historia no concede victorias anticipadas ni garantiza el 茅xito de ning煤n proyecto colectivo. Sin embargo, tambi茅n ense帽a que las grandes transformaciones comienzan muchas veces como ideas que parecen prematuras. Nadie pod铆a prever, en los primeros congresos obreros del siglo XIX, el alcance que adquirir铆a el movimiento sindical internacional. Tampoco era evidente, en la Conferencia de Bandung de 1955, que aquel encuentro abrir铆a el camino al Movimiento de Pa铆ses No Alineados. Los procesos hist贸ricos necesitan tiempo para revelar toda su dimensi贸n.

Lo que s铆 puede afirmarse es que la Asamblea de los Pueblos por la Paz y la Soberan铆a de Nuestra Am茅rica expres贸 una inquietud compartida por amplios sectores del mundo: la convicci贸n de que la paz no puede sostenerse sobre la desigualdad, que la soberan铆a pierde contenido cuando las decisiones fundamentales quedan subordinadas a intereses externos y que la integraci贸n entre los pueblos constituye una condici贸n indispensable para enfrentar los desaf铆os de un siglo marcado por profundas mutaciones geopol铆ticas.

En un escenario donde resurgen el militarismo, las pol铆ticas de bloques y las tensiones entre grandes potencias, la reuni贸n de Caracas record贸 una verdad que con frecuencia queda relegada en los an谩lisis internacionales: la historia no la escriben 煤nicamente los gobiernos ni los ej茅rcitos. Tambi茅n la construyen los pueblos cuando deciden organizarse, debatir y actuar colectivamente. Quiz谩 ese sea, m谩s all谩 de cualquier declaraci贸n final, el legado pol铆tico m谩s importante de la Asamblea: haber reivindicado que el internacionalismo sigue siendo una herramienta vigente para quienes creen que otro orden mundial no solo es necesario, sino tambi茅n posible.

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VIDEO Eugene Hasenfus, Ir谩n-contra y la subversi贸n estadounidense como pol铆tica exterior


Eugene Hasenfus falleci贸 esta semana. Hab铆a sido parte de una operaci贸n encubierta para suministrar armas al grupo antisandinista conocido como los "contras." Como parte de la operaci贸n, estaba en un avi贸n derribado sobre Nicaragua mientras realizaba una entrega de armas.

Su captura expuso una operaci贸n masiva por parte del gobierno de Estados Unidos para vender armas a Ir谩n a cambio de liberar a rehenes estadounidenses capturados por milicias proiran铆es en Beirut, y usar el dinero para financiar la guerra de los contras contra el gobierno sandinista en Nicaragua. Esto se conoci贸 como el esc谩ndalo "Ir谩n-contra" o "Iran-contraGate."

Alcanz贸 los niveles m谩s altos del gobierno de Estados Unidos y llev贸 a varias condenas (y perdones presidenciales).

En nuestra 煤ltima entrega, analizamos la historia de las guerras de Reagan en Centroam茅rica, el esc谩ndalo Ir谩n-contra y la subversi贸n como pol铆tica exterior.


s谩bado, 13 de diciembre de 2025

¿Es posible que la izquierda siga gobernando en Espa帽a?


La continuidad de la izquierda en el Gobierno de Espa帽a es una cuesti贸n abierta y compleja, condicionada por factores pol铆ticos, econ贸micos y sociales que evolucionan r谩pidamente. Desde 2018, el pa铆s ha estado gobernado por el Partido Socialista Obrero Espa帽ol (PSOE), primero en solitario y despu茅s en coalici贸n con Unidas Podemos —y m谩s tarde con Sumar—, apoy谩ndose adem谩s en una aritm茅tica parlamentaria plural. Analizar si la izquierda puede seguir gobernando implica observar tanto sus fortalezas como sus debilidades, as铆 como el comportamiento del electorado y de la oposici贸n.

La aritm茅tica parlamentaria y las alianzas

Uno de los rasgos centrales del actual ciclo pol铆tico es la fragmentaci贸n del Congreso. La izquierda, por s铆 sola, no suele alcanzar mayor铆as absolutas, por lo que su continuidad depende de acuerdos con fuerzas nacionalistas y regionales. Esta realidad no es nueva, pero se ha intensificado. La capacidad del PSOE para tejer pactos —con partidos como ERC, PNV, Bildu o Junts— ha sido clave para la gobernabilidad. Mientras esa habilidad negociadora se mantenga y no se rompan puentes por tensiones territoriales o estrat茅gicas, la izquierda conserva opciones reales de seguir en el poder.

Gesti贸n y resultados de gobierno

Otro factor determinante es la percepci贸n ciudadana sobre la gesti贸n. La izquierda ha defendido su balance en 谩reas como la protecci贸n social, la subida del salario m铆nimo, la revalorizaci贸n de las pensiones, la reforma laboral o la gesti贸n de crisis como la pandemia y el impacto econ贸mico de la guerra en Ucrania. Si una parte significativa del electorado considera que estas pol铆ticas han mejorado su vida o han aportado estabilidad, la izquierda puede revalidar apoyos. Sin embargo, cuestiones como la inflaci贸n, el acceso a la vivienda o la presi贸n fiscal tambi茅n generan desgaste y pueden erosionar la confianza.

El papel de la oposici贸n

La posibilidad de que la izquierda siga gobernando no depende solo de ella, sino tambi茅n de la alternativa. El bloque de derechas, encabezado por el Partido Popular y con Vox como socio potencial, ha reforzado su discurso en torno al cambio pol铆tico y la cr铆tica a los pactos con fuerzas independentistas. No obstante, la relaci贸n entre PP y Vox genera reticencias en una parte del electorado moderado. Si la derecha no logra ampliar su base o proyectar una imagen de cohesi贸n y solvencia suficiente, la izquierda puede beneficiarse de ese contexto.

La evoluci贸n del espacio a la izquierda del PSOE

Un elemento clave es la estabilidad del espacio a la izquierda del PSOE. La fragmentaci贸n y las tensiones internas han pasado factura en el pasado, pero los intentos de recomposici贸n bajo nuevas plataformas buscan evitar la dispersi贸n del voto. Si este espacio logra unidad, claridad program谩tica y liderazgo reconocible, puede contribuir decisivamente a que el bloque progresista mantenga una mayor铆a suficiente.

El factor territorial y el debate identitario

La pol铆tica territorial sigue siendo uno de los ejes m谩s sensibles. La izquierda ha apostado por el di谩logo y la desjudicializaci贸n del conflicto catal谩n, una estrategia que le ha permitido apoyos parlamentarios, pero que tambi茅n ha generado cr铆ticas. El 茅xito o fracaso de este enfoque influir谩 en la percepci贸n de estabilidad del Gobierno y en su capacidad de sumar apoyos fuera de sus bastiones tradicionales.

Conclusi贸n

En definitiva, s铆 es posible que la izquierda siga gobernando en Espa帽a, pero no es un escenario garantizado. Depender谩 de su capacidad para mantener alianzas, ofrecer resultados tangibles, gestionar la diversidad interna y responder a las preocupaciones cotidianas de la ciudadan铆a. En un contexto pol铆tico fragmentado y vol谩til, la continuidad del gobierno progresista ser谩 el resultado de equilibrios delicados m谩s que de mayor铆as contundentes. El futuro, como en tantas ocasiones en la pol铆tica espa帽ola reciente, se decidir谩 por m谩rgenes estrechos y por la habilidad de cada bloque para convencer a un electorado cada vez m谩s exigente y cambiante.


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jueves, 11 de diciembre de 2025

Gaspar Garc铆a Laviana y el despertar solidario en Espa帽a: influencia en los movimientos sociales y el internacionalismo con Nicaragua (1978–1990)



Por Javier Huerta


La figura del Padre Comandante Gaspar Garc铆a Laviana, sacerdote asturiano que decidi贸 dejar su labor pastoral en Nicaragua para unirse al Frente Sandinista para luchar contra la dictadura de Somoza, hasta ser asesinado en combate en 1978, se convirti贸 en un referente singular del internacionalismo solidario en Espa帽a. Su historia, en plena ebullici贸n de la Transici贸n, funcion贸 como catalizador para movimientos sociales y plataformas de cooperaci贸n que, durante los a帽os 80, situaron a Nicaragua en el centro de la conciencia progresista espa帽ola.

Aunque su muerte pas贸 relativamente desapercibida en los medios tradicionales, su legado impregn贸 profundamente a colectivos cristianos de base, movimientos estudiantiles, organizaciones de izquierda y redes de solidaridad internacional convirtiendolo en un s铆mbolo. Este art铆culo examina su influencia real, sus efectos duraderos y c贸mo su figura ayud贸 a configurar una cultura pol铆tica de cooperaci贸n y conciencia global en la Espa帽a democr谩tica.

 Apartir de la fecha de su muerte en combate  para muchos movimientos sociales espa帽oles que, durante los a帽os de la Transici贸n y la d茅cada de 1980, empezaban a interesarse por las causas internacionales y por los pueblos que luchaban por su libertad, Gaspar comenzo a convertirse en un referente. Aunque no tuvo una gran presencia en los medios de comunicaci贸n, su figura influy贸 de manera significativa en el crecimiento del internacionalismo solidario en Espa帽a, especialmente en relaci贸n con Nicaragua.

En primer lugar, su historia lleg贸 con fuerza a los grupos cristianos de base, que estaban viviendo un momento de renovaci贸n profunda. Para muchos creyentes comprometidos con la justicia social, la vida de Gaspar representaba la prueba de que el mensaje cristiano pod铆a llevarse hasta sus 煤ltimas consecuencias. 脡l mismo hab铆a denunciado la explotaci贸n de los campesinos y la prostituci贸n forzada en las zonas donde trabaj贸, y cuando se vio perseguido decidi贸 pasar a la lucha armada como 煤ltimo recurso. Por eso se convirti贸 en un referente moral que anim贸 a muchas comunidades cristianas espa帽olas a implicarse en campa帽as de apoyo al pueblo nicarag眉ense.

Adem谩s, su figura tuvo un impacto especial entre los j贸venes y estudiantes. En las universidades de los primeros a帽os de la democracia surgi贸 un ambiente de inter茅s por las causas internacionales, y la revoluci贸n sandinista se convirti贸 en uno de los temas m谩s presentes. La vida de Gaspar, un espa帽ol que hab铆a dado todo por un pa铆s lejano, hac铆a que Nicaragua pareciera m谩s cercana y comprensible. Muchos j贸venes participaron en charlas, actos culturales y grupos de estudio sobre la situaci贸n en Centroam茅rica, inspirados por su ejemplo de coherencia y compromiso.

Tambi茅n influy贸 en la creaci贸n y expansi贸n del movimiento de solidaridad con Nicaragua, que durante la d茅cada de 1980 se extendi贸 por toda Espa帽a. Surgieron comit茅s, ONG y asociaciones que organizaban recogidas de alimentos, campa帽as de apoyo a la alfabetizaci贸n, hermanamientos entre ciudades espa帽olas y nicarag眉enses, e incluso brigadas de trabajo voluntario que viajaban al pa铆s. En muchos de estos grupos, la figura de Gaspar Garc铆a Laviana serv铆a como s铆mbolo emotivo de uni贸n entre Espa帽a y Nicaragua. Se convert铆a as铆 en un puente humano que recordaba que la solidaridad no era solo una idea, sino un compromiso real con las personas.

Por otra parte, su memoria estuvo presente en actos culturales como conciertos, recitales o teatro social. La revoluci贸n nicarag眉ense y la figura del sacerdote guerrillero aparec铆an como temas recurrentes, especialmente en sectores progresistas y entre artistas comprometidos. Aunque no siempre se mencionaba su nombre de forma directa, su ejemplo estaba detr谩s de muchas expresiones culturales solidarias.

Finalmente, aunque con el paso de los a帽os la situaci贸n internacional cambi贸 y la solidaridad con Nicaragua perdi贸 parte de la fuerza que tuvo en los 80, la figura de Gaspar Garc铆a Laviana no desapareci贸 del todo, los movimientos solidarios con Nicaragua, los grupos cristianos de base y quienes participaron en las brigadas solidarias de aquellos a帽os 80 y 90, siguen manteniendo vivo su recuerdo, como ejemplo esta los Encuentros Europeos de Solidaridad con la Revoluci贸n Popular Sandinista, evento anual que re煤ne a comit茅s y asociaciones de diversos pa铆ses de Europa para reafirmar su apoyo y lazos de hermandad con el FSLN y el gobierno de Nicaragua, y cuyo tercer encuentro, celebrado en Managua en el 2015, le dieron su debido homenaje, y las mismas brigadas que participaron ese a帽o portaron el nombre del sacerdote y guerrillero y rindieron homenaje con una ofrenda floral, al Comandante Mart铆n, en el mausoleo donde se encuentra enterrado su cuerpo en el municipio de Tola en Nicaragua.  Por otro lado, Asturias, en su tierra, en el 2024, fue nombrado Hijo Predilecto de San Mart铆n del Rey Aurelio a t铆tulo p贸stumo y un a帽o despu茅s es nombrado Hijo Adoptivo en Langreo, donde empez贸 como cura, y ese mismo municipio es donde se le realiza anualmente un homenaje. Para todos ellos representa la idea de que la justicia social no tiene fronteras y que la solidaridad verdadera implica compromiso, empat铆a y, a veces, sacrificio.

En conclusi贸n, Gaspar Garc铆a Laviana tuvo una influencia muy importante en el desarrollo del internacionalismo solidario en Espa帽a. Su vida ayud贸 a despertar conciencia sobre Nicaragua y a motivar la participaci贸n de miles de personas en movimientos sociales, culturales y de cooperaci贸n. Su ejemplo contin煤a recordando que una sola persona puede tender puentes entre pa铆ses y generar un movimiento de apoyo que perdure m谩s all谩 de su tiempo.



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mi茅rcoles, 10 de diciembre de 2025

La Asamblea de los Pueblos por la Paz y la Soberan铆a de Nuestra Am茅rica. I El mundo que termina

Cap铆tulo I

El mundo que termina

De Bol铆var a los BRICS: por qu茅 la Asamblea naci贸 en un momento decisivo de la historia

«La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres; es inexorable decreto del destino.»
Sim贸n Bol铆var

Hubo un tiempo en que se proclam贸 el fin de la historia. Tras la desaparici贸n de la Uni贸n Sovi茅tica, numerosos centros de poder pol铆tico, econ贸mico y acad茅mico aseguraron que el modelo liberal occidental hab铆a alcanzado una victoria definitiva. Se anunciaba una era de estabilidad, prosperidad y democracia universal bajo un orden internacional encabezado por una 煤nica superpotencia. Para algunos analistas, el siglo XXI ser铆a el siglo de la consolidaci贸n del mundo unipolar.

La historia, sin embargo, raras veces sigue el guion escrito por los vencedores.

Tres d茅cadas despu茅s, ese orden muestra profundas grietas. La expansi贸n de China como potencia econ贸mica y tecnol贸gica, el fortalecimiento de Rusia como actor estrat茅gico, la emergencia de nuevas econom铆as en Asia, 脕frica y Am茅rica Latina, el crecimiento de los BRICS+, la crisis del multilateralismo tradicional, las guerras prolongadas en distintas regiones del planeta y el uso cada vez m谩s frecuente de sanciones econ贸micas como instrumento de presi贸n internacional evidencian que el equilibrio de poder est谩 cambiando. El mundo no ha llegado al final de la historia; ha entrado en una nueva etapa de disputa por su futuro.

En ese escenario debe entenderse la Asamblea de los Pueblos por la Paz y la Soberan铆a de Nuestra Am茅rica, celebrada en Caracas en diciembre de 2025. Quien la interprete 煤nicamente como un encuentro impulsado por el Gobierno venezolano habr谩 comprendido solo una parte de su significado. La Asamblea fue, ante todo, la expresi贸n de una inquietud que recorre amplios sectores del Sur Global: la necesidad de que los pueblos organizados tengan voz propia en la construcci贸n del nuevo orden internacional.

Durante d茅cadas, las grandes decisiones sobre la econom铆a mundial, la seguridad colectiva, el comercio o la gobernanza global se concentraron en organismos donde el peso pol铆tico de las grandes potencias ha sido determinante. Sin embargo, mientras esas instituciones muestran crecientes dificultades para responder a las transformaciones del siglo XXI, han comenzado a surgir nuevas formas de articulaci贸n entre Estados, regiones y movimientos sociales. La ampliaci贸n de los BRICS, el fortalecimiento de espacios como la CELAC o la Uni贸n Africana y el renovado inter茅s por la cooperaci贸n Sur-Sur forman parte de una misma tendencia: la b煤squeda de un sistema internacional menos concentrado y m谩s representativo de la diversidad del mundo.

La Asamblea de Caracas se inserta en ese proceso, aunque desde una perspectiva diferente. No fue una cumbre presidencial ni una reuni贸n diplom谩tica. Fue un espacio de convergencia entre organizaciones populares, sindicatos, movimientos campesinos, pueblos ind铆genas, colectivos juveniles, redes de solidaridad, intelectuales y comunicadores provenientes de diversos pa铆ses. Su aspiraci贸n no consist铆a en negociar tratados internacionales, sino en construir una agenda com煤n desde la sociedad organizada para defender la paz, la soberan铆a y la integraci贸n de los pueblos.

Reducir esa iniciativa a la pol铆tica interna venezolana ser铆a desconocer una larga tradici贸n hist贸rica que atraviesa Am茅rica Latina desde las luchas por la independencia.

Un sue帽o que atraviesa dos siglos

Mucho antes de que existieran la Organizaci贸n de las Naciones Unidas, el Movimiento de Pa铆ses No Alineados o los BRICS, Sim贸n Bol铆var comprendi贸 que la independencia pol铆tica de las nuevas rep煤blicas ser铆a fr谩gil si cada una recorr铆a su camino en soledad. El Congreso Anficti贸nico de Panam谩 de 1826 fue el primer gran intento de construir una comunidad pol铆tica latinoamericana capaz de defender su soberan铆a frente a las potencias de la 茅poca.

Aquella iniciativa fracas贸 por las divisiones internas y por la presi贸n de intereses externos. Sin embargo, dej贸 sembrada una idea que contin煤a recorriendo la historia continental: la unidad no es 煤nicamente un ideal moral; es una necesidad geopol铆tica.

D茅cadas despu茅s, Jos茅 Mart铆 profundizar铆a esa intuici贸n al advertir sobre los riesgos del expansionismo estadounidense. En su ensayo Nuestra Am茅rica, publicado en 1891, llam贸 a construir una identidad propia, capaz de dialogar con el mundo sin renunciar a sus ra铆ces. Su c茅lebre afirmaci贸n, «Patria es humanidad», sintetiza una concepci贸n del internacionalismo basada en la solidaridad entre los pueblos y no en la imposici贸n de unos sobre otros.

Mart铆 tambi茅n dej贸 una advertencia que conserva plena vigencia:

«Inj茅rtese en nuestras rep煤blicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras rep煤blicas.»

En una 茅poca marcada por la globalizaci贸n econ贸mica, la revoluci贸n digital y la concentraci贸n del poder tecnol贸gico, esa reflexi贸n adquiere un nuevo significado. Integrarse al mundo no implica renunciar a la soberan铆a cultural, econ贸mica o pol铆tica. Por el contrario, exige fortalecerla.

A comienzos del siglo XX, esa misma tradici贸n emancipadora encontr贸 una nueva expresi贸n en Augusto C茅sar Sandino. Frente a la ocupaci贸n militar estadounidense de Nicaragua, Sandino transform贸 una lucha nacional en una causa latinoamericana. Comprendi贸 que la defensa de la soberan铆a de un pa铆s peque帽o solo pod铆a sostenerse mediante la solidaridad internacional y la conciencia de pertenecer a una misma comunidad hist贸rica.

Su ejemplo trascendi贸 las fronteras nicarag眉enses. No fue 煤nicamente un jefe guerrillero; fue un pensador pol铆tico que vincul贸 la independencia nacional con la dignidad de los pueblos. Cuando afirmaba que «no vendo ni me rindo», no expresaba 煤nicamente una decisi贸n personal. Resum铆a una 茅tica de resistencia frente a cualquier forma de dominaci贸n extranjera.

No es casual que, d茅cadas despu茅s, el Frente Sandinista de Liberaci贸n Nacional recuperara su legado como uno de los pilares de la Revoluci贸n Popular Sandinista. Desde esa tradici贸n pol铆tica, Daniel Ortega ha reivindicado en distintos foros internacionales la continuidad del pensamiento de Bol铆var, Mart铆 y Sandino, defendiendo la integraci贸n latinoamericana y la cooperaci贸n Sur-Sur como herramientas para preservar la independencia de la regi贸n frente a las nuevas formas de hegemon铆a. M谩s all谩 de las distintas valoraciones que suscita su liderazgo, esa reivindicaci贸n forma parte del debate contempor谩neo sobre el lugar de Am茅rica Latina en un mundo en transformaci贸n.

La Asamblea de Caracas se inscribe precisamente en esa larga secuencia hist贸rica. No surge de la nada ni responde 煤nicamente a una coyuntura pol铆tica. Es heredera de una tradici贸n que ha buscado, durante m谩s de dos siglos, convertir la unidad latinoamericana en una fuerza capaz de influir en el escenario internacional.

Del antiimperialismo hist贸rico al mundo multipolar

El siglo XX ampli贸 esa tradici贸n m谩s all谩 de Am茅rica Latina. La Conferencia de Bandung, celebrada en Indonesia en 1955, reuni贸 por primera vez a pa铆ses de Asia y 脕frica decididos a construir una voz propia frente a la l贸gica de la Guerra Fr铆a. Aquel encuentro abrir铆a el camino al Movimiento de Pa铆ses No Alineados y consolidar铆a la idea de que el Sur Global pod铆a actuar como un sujeto pol铆tico con intereses comunes.

Pocos a帽os despu茅s, la Conferencia Tricontinental de La Habana, impulsada en 1966, profundiz贸 esa visi贸n al reunir movimientos de liberaci贸n de Asia, 脕frica y Am茅rica Latina. All铆, el internacionalismo dej贸 de ser una consigna para convertirse en una pr谩ctica pol铆tica concreta.

Fidel Castro resumir铆a esa concepci贸n en una idea que marcar铆a a varias generaciones de militantes: la solidaridad no consiste en compartir lo que sobra, sino en compartir el destino de quienes luchan por su emancipaci贸n. Esa filosof铆a inspir贸 buena parte de la cooperaci贸n internacional desarrollada por Cuba en 谩mbitos como la salud, la educaci贸n y la formaci贸n t茅cnica.

Durante las primeras d茅cadas del siglo XXI, la creaci贸n del ALBA-TCP, la UNASUR y la CELAC retom贸, con distintos matices, esa b煤squeda de integraci贸n regional. M谩s recientemente, la expansi贸n de los BRICS ha abierto un nuevo escenario internacional en el que econom铆as emergentes reclaman una mayor participaci贸n en la gobernanza mundial y cuestionan la concentraci贸n del poder financiero y pol铆tico heredada del final de la Guerra Fr铆a.

Es en este contexto donde la Asamblea de los Pueblos por la Paz y la Soberan铆a de Nuestra Am茅rica adquiere una dimensi贸n que trasciende el acontecimiento puntual. No se trata 煤nicamente de un encuentro celebrado en Caracas. Se trata de una expresi贸n pol铆tica de un cambio de 茅poca, en el que los pueblos organizados buscan construir espacios propios de articulaci贸n para intervenir en la configuraci贸n del mundo que est谩 naciendo.

Caracas: mucho m谩s que la sede de un encuentro

Cuando el comandante Hugo Ch谩vez afirmaba que el siglo XXI ser铆a "el siglo del retorno de los pueblos a la pol铆tica", muchos interpretaron aquella idea como una consigna asociada exclusivamente al proceso bolivariano. Dos d茅cadas despu茅s, el escenario internacional parece demostrar que esa reflexi贸n trascend铆a las fronteras venezolanas. Desde Am茅rica Latina hasta 脕frica, desde Asia hasta Oriente Medio, los pueblos vuelven a ocupar un lugar central en la disputa por el rumbo del mundo.

Por esa raz贸n, la elecci贸n de Caracas como sede de la Asamblea de los Pueblos por la Paz y la Soberan铆a de Nuestra Am茅rica no respondi贸 煤nicamente a criterios log铆sticos o diplom谩ticos. Venezuela representa, para unos, un s铆mbolo de resistencia frente a las pol铆ticas de sanciones y aislamiento internacional; para otros, un pa铆s inmerso en profundas controversias pol铆ticas internas. Ambas realidades forman parte del debate contempor谩neo y no deben ocultarse. Sin embargo, limitar el an谩lisis a esa controversia impedir铆a comprender el significado m谩s amplio del encuentro.

Desde el triunfo de la Revoluci贸n Bolivariana en 1999, Venezuela ha impulsado numerosos mecanismos de integraci贸n regional. La creaci贸n de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra Am茅rica (ALBA-TCP), Petrocaribe, la participaci贸n activa en la fundaci贸n de la CELAC y el impulso a diversas iniciativas de cooperaci贸n Sur-Sur respondieron a una concepci贸n de la pol铆tica internacional que privilegiaba la complementariedad frente a la competencia y la solidaridad frente a la subordinaci贸n.

En ese marco, Caracas se convirti贸 durante a帽os en un espacio de encuentro para movimientos sociales, organizaciones campesinas, sindicatos, intelectuales, redes de solidaridad y representantes de pueblos ind铆genas de distintos continentes. La Asamblea de diciembre de 2025 constituye una continuidad de esa tradici贸n.

Pero tambi茅n responde a un fen贸meno nuevo.

Durante los 煤ltimos a帽os, la pol铆tica internacional ha dejado de estar determinada exclusivamente por los Estados. Las grandes corporaciones tecnol贸gicas administran enormes vol煤menes de informaci贸n; los fondos de inversi贸n condicionan econom铆as nacionales; las plataformas digitales influyen sobre la opini贸n p煤blica; los conflictos comerciales afectan la estabilidad pol铆tica de regiones enteras; y la inteligencia artificial comienza a modificar la forma en que se produce el conocimiento.

En ese escenario, numerosos movimientos populares consideran que la defensa de la soberan铆a ya no puede limitarse al 谩mbito militar o diplom谩tico. Debe abarcar tambi茅n la econom铆a, la comunicaci贸n, la ciencia, la tecnolog铆a y la cultura.

Ese diagn贸stico recorri贸 toda la Asamblea.

Los pueblos toman la palabra

Las cifras sobre la participaci贸n var铆an seg煤n las fuentes consultadas. Los organizadores informaron de la presencia de centenares de delegados procedentes de decenas de pa铆ses de Am茅rica Latina, el Caribe, 脕frica, Asia, Europa y Norteam茅rica. M谩s all谩 del n煤mero exacto, existe un hecho indiscutible: la diversidad de actores presentes.

En Caracas coincidieron organizaciones campesinas, movimientos obreros, redes de mujeres, juventudes, pueblos ind铆genas, juristas, parlamentarios, acad茅micos, artistas, comunicadores populares, colectivos ecologistas y organizaciones defensoras de los derechos humanos desde una perspectiva antiimperialista.

La presencia de delegaciones procedentes de Cuba, Nicaragua, Bolivia, Colombia, Brasil, M茅xico, Argentina, Honduras, Chile, Sud谩frica, Palestina, China, Rusia y otros pa铆ses confirm贸 la voluntad de construir un espacio de di谩logo que trascendiera las fronteras latinoamericanas.

M谩s que una reuni贸n de dirigentes pol铆ticos, la Asamblea busc贸 convertirse en un lugar de encuentro entre experiencias diversas de organizaci贸n popular.

Ese aspecto constituye, probablemente, una de sus principales novedades.

Durante d茅cadas, la integraci贸n latinoamericana dependi贸 casi exclusivamente de la voluntad de los gobiernos. Cada cambio electoral alteraba prioridades, debilitaba instituciones y paralizaba numerosos proyectos regionales. La Asamblea parte de otra l贸gica: fortalecer los v铆nculos permanentes entre las organizaciones sociales para que la cooperaci贸n no dependa exclusivamente de los ciclos pol铆ticos nacionales.

Es una apuesta de largo plazo.

Y precisamente por ello representa uno de los desaf铆os m谩s ambiciosos del encuentro.

Una paz inseparable de la justicia

Uno de los aspectos m谩s relevantes de los debates fue la redefinici贸n del concepto de paz.

Para las organizaciones reunidas en Caracas, la paz no puede reducirse a la ausencia de guerras.

Una sociedad sometida al hambre, a la pobreza, al bloqueo econ贸mico, al saqueo de sus recursos naturales o a la dependencia tecnol贸gica dif铆cilmente puede considerarse una sociedad en paz.

Esa concepci贸n recuerda una afirmaci贸n de Fidel Castro pronunciada ante las Naciones Unidas:

"La paz no es solamente la ausencia de guerra; la paz es tambi茅n el respeto al derecho de los pueblos a existir y desarrollarse."

Esa idea atraves贸 buena parte de las intervenciones.

No se habl贸 煤nicamente de conflictos armados.

Se habl贸 de desigualdad.

De deuda externa.

De colonialismo financiero.

De monopolios tecnol贸gicos.

De concentraci贸n medi谩tica.

De crisis clim谩tica.

De migraciones forzadas.

De acceso desigual a las vacunas.

De inteligencia artificial.

De soberan铆a alimentaria.

En otras palabras, la Asamblea propuso ampliar el concepto tradicional de seguridad internacional incorporando dimensiones sociales, econ贸micas, ambientales y culturales.

El significado pol铆tico de la Asamblea

Los grandes medios internacionales apenas dedicaron espacio a este encuentro. Para muchos observadores, pas贸 pr谩cticamente inadvertido.

Sin embargo, la historia demuestra que numerosos procesos pol铆ticos de gran trascendencia comenzaron lejos de los titulares.

El Congreso Anficti贸nico convocado por Bol铆var no transform贸 inmediatamente Am茅rica Latina.

La Conferencia de Bandung tampoco alter贸 el equilibrio internacional de un d铆a para otro.

El Movimiento de Pa铆ses No Alineados necesit贸 a帽os para consolidarse como una referencia del Sur Global.

La historia rara vez cambia de direcci贸n en un solo acontecimiento.

Lo hace mediante la acumulaci贸n de iniciativas, debates y organizaciones que, con el tiempo, terminan modificando la correlaci贸n de fuerzas.

Quiz谩 la Asamblea de los Pueblos por la Paz y la Soberan铆a de Nuestra Am茅rica deba entenderse precisamente desde esa perspectiva.

No como un punto de llegada.

Sino como un punto de partida.

Como el intento de articular una red internacional de organizaciones populares en un momento en que el sistema internacional atraviesa una de las mayores transformaciones desde el final de la Guerra Fr铆a.

Todav铆a es pronto para saber cu谩l ser谩 su alcance.

Ning煤n proceso hist贸rico ofrece garant铆as.

Pero existe una ense帽anza que atraviesa dos siglos de luchas latinoamericanas.

Bol铆var imagin贸 una Am茅rica unida cuando las guerras de independencia a煤n no hab铆an concluido.

Mart铆 comprendi贸 que la libertad pol铆tica exig铆a tambi茅n independencia cultural y econ贸mica.

Sandino convirti贸 la defensa de la soberan铆a en una bandera continental.

Fidel transform贸 el internacionalismo en una pr谩ctica concreta de solidaridad entre los pueblos.

Y desde la Revoluci贸n Sandinista, Daniel Ortega ha insistido en que la integraci贸n latinoamericana sigue siendo una condici贸n indispensable para preservar la independencia frente a las nuevas formas de dominaci贸n.

La Asamblea de Caracas recoge ese legado diverso. No pretende reproducir mec谩nicamente las experiencias del pasado, sino adaptarlas a un mundo marcado por la revoluci贸n tecnol贸gica, la disputa geoecon贸mica y el surgimiento de nuevos centros de poder.

Si lograr谩 o no consolidarse como un actor relevante depender谩 de su capacidad para trascender las declaraciones y construir organizaci贸n, cooperaci贸n y acci贸n pol铆tica permanente.

Porque la historia ense帽a una lecci贸n que los pueblos de Nuestra Am茅rica han aprendido una y otra vez: la soberan铆a nunca ha sido una concesi贸n de los poderosos. Siempre ha sido una conquista de quienes decidieron organizarse para defenderla.



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