Por Carlos Fonseca Ter谩n
Para no luchar habr谩 siempre sobrados pretextos en todas las 茅pocas y en todas las circunstancias, pero ser谩 el 煤nico camino de no obtener jam谩s la libertad.
…Quienes se pronuncian a favor del m茅todo de la reforma legislativa en lugar de la conquista del poder pol铆tico y la revoluci贸n social y en oposici贸n a 茅stas, en realidad no optan por una v铆a m谩s tranquila, calma y lenta hacia el mismo objetivo, sino por un objetivo diferente. En lugar de tomar partido por la instauraci贸n de una nueva sociedad, lo hacen por la modificaci贸n superficial de la vieja sociedad.
Hacer la revoluci贸n como un deber.
Arriba los pobres del mundo, de pi e los esclavos sin pan; alc茅monos todos al grito: ¡VIVA LA INTERNACIONAL!: As铆 comienza la versi贸n latinoamericana d el himno m谩s cantado por los revolucionarios del mundo a lo largo de la historia; es el Himno de la Internacional, hecho cuando a煤n daba sus primeros pasos la organizaci贸n que de forma recurrente se ha empe帽ado desde 1864 en convocar a la lucha 煤nica y organizada a los revolucionarios del mundo , respondiendo al llamado que hicieran por primera vez Carlos Marx y Federico Engels en el Manifiesto Comunista: Proletarios de todos los pa铆ses: ¡脷nanse!
Hace poco m谩s de diez a帽os, caminando por una calle de Managua me llam贸 la atenci贸n en un gran muro, un r贸tulo en enormes letras negras con la famosa frase lanzada en 1848 por los dos primeros grandes maestros del movimiento revolucionario, pero con un lapidario ap茅ndice entre par茅ntesis:
脷ltimo aviso. Efectivamente, esta es la 煤ltima oportunidad que tiene el proletariado (o lo que es igual, las clases populares) para emanciparse liber谩ndose de la explotaci贸n que determina su existencia como clase oprimida y que es propia del capitalismo como sistema ; y es la 煤ltima porque ahora de eso depende la sobrevivencia de la especie humana, debido a que bajo las condiciones del capitalismo es imposible resolver la crisis ecol贸gica que tiene a la humanidad al borde del precipicio; y con toda seguridad las dudas de todas las personas inteligentes y sin intereses que las aten a este sistema, desaparecieron en tre la nieve de Copenhague con el acuerdo dictatorialmente impuesto por los pa铆ses industrializados (causantes por eso mismo de la crisis ambiental) … ¡de limitar a un 2% el calentamiento global!, dif铆cil de creer a煤n para quien como el que e sto escribe, tiene muy clara la imposibilidad de que una crisis creada por la subordinaci贸n de la satisfacci贸n de las necesidades a la acumulaci贸n y la concentraci贸n de las riquezas cuya creaci贸n s贸lo tiene sentido si es para la satisfacci贸n de esas necesidades, sea resuelta por un sistema cuyo funcionamiento no tiene como objetivo esto 煤ltimo (la satisfacci贸n de las necesidades), sino lo primero (la acumulaci贸n y la concentraci贸n de la riqueza); dif铆cil de creer, porque los firmantes del acuerdo est谩n bien enterados de que ya es e 2% de calentamiento global significa una cat谩strofe n unca antes vista en todo el planeta, que puede evitarse . P ero tambi茅n saben que para impedir el cambio del clima, hay que cambiar el sistema; y por est煤pido que sea, prefieren poner en riesgo a la humanidad (incluidos ellos , obviamente ) antes que hacerlo con el sistema que les proporciona los privilegios sin los cuales para ellos, la vida no tendr铆a chiste; y es ah铆 donde la estupidez comienza a tener sentido: son sus intereses de clase. Como se帽al贸 Lenin,
un conocido aforismo dice que si los axiomas geom茅tricos chocasen con los intereses de los hombres, seguramente habr铆a quien los refutase ; [3] a lo que deber铆a agregarse (en la profana opini贸n de este seguidor suyo) que si esos intereses fueran los de las clases dominante s , esa refutaci贸n ser铆a asumida por la mayor parte de la gente como una verdad absoluta.
El mundo actual tiene tres caracter铆sticas que es preciso se帽alar aqu铆: primero, en 茅l las distancias han desaparecido gracias a la actual tecnolog铆a de la comunicaci贸n que ha surgido como parte de lo que se conoce como la revoluci贸n electr贸nica; debido a lo cual ahora es m谩s f谩cil que nunca (y es pol铆ticamente mortal no hacerlo) decir y hacer cosas a nivel mundial, como consecuencia de la facilidad con que se pueden comunicar entre s铆 las personas independientemente del lugar donde se en cuentren. S egundo: producto de lo anterior, en la actualidad se ha reducido de forma dram谩tica la cantidad de personas necesarias para desempe帽ar una cantidad creciente de labores productivas y en el 谩mbito de la econom铆a en general y de la burocracia , entrando con esto en crisis las relaciones laborales de tipo salarial y por tanto, la intermediaci贸n econ贸mica ejercida como poder dominador por los propietarios de todo tipo (incluyendo el Estado, pero solamente en su condici贸n como propietario de medios de producci贸n y no en su condici贸n como maquinaria de dominaci贸n pol铆tica) entre el trabajador que produce y crea directamente los bienes materiales y la riqueza ( respectivamente ) por una parte, y por otra los bienes creados y la riqueza producida ; resultado de lo cual, tambi茅n la intermediaci贸n en general ha entrado en crisis, incluyendo la de tipo pol铆tico y con ella, el sistema democr谩tico representativo en el que la intermediaci贸n – ejercida por los representantes electos – entre el soberano representado y las decisiones que como tal le corresponder铆a tomar se manifiesta como manera de ejercer el poder ; surgiendo de la combinaci贸n entre la nueva realidad surgida de la fluidez de las comunicaciones y la informaci贸n por una parte y la crisis de la intermediaci贸n econ贸mica por otra, la transformaci贸n del predominio del capital financiero sobre el capital industrial que anunciaba – identificada por Lenin – el inicio de lo que el l铆der de la primera revoluci贸n socialista caracteriz贸 como la fase imperialista de desarrollo del capitalismo, en sustituci贸n de la producci贸n material de bienes materiales por la especulaci贸n financiera como principal manera de crear riquezas en lo que se conoce ahora como la globalizaci贸n y que es una etapa nueva de desarrollo del capitalismo en su fase imperialista, determinada por el hecho de que la presi贸n ejercida por el flujo del capital financiero en detrimento del peso que tiene en la econom铆a la producci贸n material – que sin embargo y contradictoriamente, contin煤a siendo por su naturaleza misma la base fundamental de la existencia y el desarrollo de la sociedad humana – lleva a la eliminaci贸n de las barreras arancelarias como forma de que el libre flujo de las mercanc铆as desarrolle una tendencia hacia un equilibrio – que sin embargo, nunca llegar谩 porque la tecnolog铆a ha puesto a sus creadores a trabajar para ella en tanto que 茅sta es fuente de acumulaci贸n capitalista – entre mercanc铆as producidas y dinero sin respaldo material (que ya hab铆a sido suprimido a inicios de los setenta con la eliminaci贸n del patr贸n oro como criterio de valor del d贸lar, preparando el terreno para lo que vendr铆a despu茅s); apareciendo as铆 una nueva y cuarta gran contradicci贸n en el capitalismo, entre el car谩cter de la producci贸n material como base del desarrollo social y la especulaci贸n financiera como principal manera de crear riquezas (la contradicci贸n espec铆fica de la globalizaci贸n) , la cual es de car谩cter terminal
[4] y es la que se manifiesta en la crisis actual, uni茅ndose al resto de contradicciones del sistema: la principal de ellas (de car谩cter cr铆tico), entre el car谩cter social de la producci贸n y el car谩cter privado de s u apropiaci贸n; a la contradicci贸n cr铆tica, propia del imperialismo, entre el car谩cter nacional de la concentraci贸n de las riquezas y el car谩cter mundial de su producci贸n material y creaci贸n en general , y de la actividad econ贸mica que la s hace posible s ; y a la contradicci贸n terminal de m谩s largo plazo en el capitalismo: entre lo limitado de los recursos materiales y lo ilimitado de la acumulaci贸n propia de dicho sistema, que se convierte en el objetivo con el cual se satisfacen las necesidad es en lugar de ser al contrario: que la satisfacci贸n de las necesidades sea el objetivo (y por tanto el l铆mite) de la acumulaci贸n. Y tercero: producto de todo lo anterior, el sistema capitalista atraviesa una crisis cuya principal expresi贸n es econ贸mica y financiera, ante cuyos efectos est谩n expuestos todos los pa铆ses del mundo porque su naturaleza es tan mundial como el sistema que la origina. De ello resulta que as铆 como las relaciones de producci贸n feudales eran incapaces de desarrollar el potencial productivo surgido de la revoluci贸n industrial al ser expulsada una gran cantidad de fuerza laboral de la vida econ贸mica y por tanto, de la vida misma – siendo por tanto sustituidas tales relaciones por las de tipo capitalista –, as铆 mismo ahora el capitalismo no puede echar a andar el potencial productivo desatado por la revoluci贸n electr贸nica, que ha expulsado tambi茅n una fuerza laboral gigantesca de la econom铆a formal ; y solamente el socialismo, por tanto, puede resolver la crisis actual debido a que su propio car谩cter – por tener como base la propiedad social sobre los medios de producci贸n – hace posible que la mano de obra excluida del sistema pueda ser puesta productivamente en funcionamiento, pero no ya para alimentar un desarrollo econ贸mico que se ha vuelto irracional al ser subordinada al mismo la naturaleza humana de la existencia social, sino para que , estos nuevos actores hagan uso de su nueva condici贸n de sujetos econ贸micos mediante el ejercicio directo de la propiedad social sobre los medios de producci贸n, de igual forma que los ciudadanos como nuevos sujetos sociales pasan a ejercer el poder de forma directa en el socialismo que surgir谩 de la nueva 茅poca revolucionaria , sin la intermediaci贸n pol铆tica como mediatizaci贸n de su voluntad en acci贸n y por tanto como manifestaci贸n de l poder.
En s铆ntesis, el mundo vive en la actual idad una revoluci贸n tec nol贸gica (la revoluci贸n electr贸nica) de igual importancia que la revoluci贸n industrial , y esta nueva revoluci贸n trae consigo la desaparici贸n de la intermediaci贸n como forma de ejercer el poder pol铆tico y econ贸mico, pero tambi茅n crea un mundo globalizado integrado por sujetos interconectados y una crisis sist茅mica mundial de grandes dimensiones que requiere una respuesta revolucionaria igualmente mundial. De ah铆 la necesidad de organizar la Quinta Internacional que agrupe a las fuerzas pol铆ticas y sociales organizadas que tienen como raz贸n de ser la transformaci贸n revolucionaria de la sociedad mediante la sustituci贸n del capitalismo por el socialismo.
Desde Lenin se sabe que la revoluci贸n se hace en tanto se lucha por ella en todo momento y es posible en la medida en que con esa lucha se crean, desarrollan o se est谩 en capacidad de identificar las condiciones que la hacen triunfar; de a h铆 surge la transformaci贸n de la revoluci贸n como una oportunidad en la revoluci贸n como un deber, que se plasma en la Segunda Declaraci贸n de La Habana cuando en ella se dice que
el deber de todo revolucionario es hacer la revoluci贸n. [5] Y si hay un momento en el que la revoluci贸n est谩 a la orden del d铆a sin discusi贸n sobre si puede hacerse en cualquier momento o sobre si es o no un deber, es el de la crisis del sistema cuya sustituci贸n por otro es el objetivo de la revoluci贸n, tal como la que tiene lugar actualmente. Por otra parte, si no fuera para hacer la revoluci贸n, el poder no tendr铆a sentido para un movimiento revolucionario, pues 茅ste es un medio indispensable para ello, pero cuyo uso s贸lo se justifica por este motivo, debido a que el poder surgi贸 para oprimir y a eso responde su naturaleza misma, por lo cual es tan indispensable como indeseable para el prop贸sito antes planteado . A esto obedece que si el poder se ejerce sin hacer la revoluci贸n, surge la frustraci贸n por las expectativas creadas, se crea el desconcierto , la conciencia se desmorona a nivel masivo, y los revolucionarios se dividen : unos a favor y otros en contra de que se est茅 haciendo algo que no se corresponde con un programa revolucionario . Con m谩s raz贸n a煤n, no tendr铆a sentido ejercer el poder en un momento de crisis del sistema, si no fuera para cambiarlo por otro, pues de lo con trario a los revolucionarios corresponder铆a resolver la crisis
para el sistema y pagar su costo, pues al hacerlo de esta manera no habr铆a ni quien nos diera las gracias. La crisis debe resolverse, pero
contra el sistema; la soluci贸n de la crisis por la izquierda , s贸lo puede ser revolucionaria. La Revoluci贸n Bolivariana es el mejor ejemplo de lo que se puede hacer contando tan s贸lo con el gobierno como principal expresi贸n pol铆tica institucional del poder , como sucedi贸 al comienzo del proceso iniciador e impulsor del renacimiento revolucionario en Am茅rica Latina que ha hecho de esta parte del planeta la primera l铆nea de fuego por la revoluci贸n mundial . P ero actuar a nivel estrat茅gico frente a la crisis del capitalismo para hacer surgir de ella un proceso revolucionario a nivel mundial, es algo que no se puede hacer sin una coordinaci贸n estrecha para el an谩lisis y la acci贸n, entre todas las fuerzas revolucionarias del mundo, con un sentido de compromiso y disciplina. Avanzar por ese camino y por tanto, continuar en ofensiva revolucionaria intensificando a煤n m谩s y expandiendo la que se vive en Am茅rica Latina dentro del propio continente donde ha tenido lugar y en el resto del mundo, s贸lo ser谩 posible pensando globalmente y actuando localmente (como dice la consigna altermundista), porque as铆 cada uno actuar谩 en la misma direcci贸n en que lo hagan los dem谩s a nivel mundial . Y avanzar de ahora en adelante, s贸lo ser谩 posible a nivel mundial , porque es mundial el problema que debe ser resuelto por el movimiento revolucionario, y esto s贸lo podr谩 hacerse con el nivel de articulaci贸n, la unidad en la acci贸n y la disciplina que 煤nicamente son posibles con una organizaci贸n mund ial de partidos revolucionarios, como solamente podr铆a serlo la misma que ha existido en cada 茅poca hist贸rica que as铆 lo ha demandado, adoptando en cada momento las modalidades que cada 茅poca ha requerido; siendo en esta 茅poca esa demanda m谩s urgente que nunca por las razones ya se帽aladas: la Internacional.
De la Primera a la Cuarta Internacional.
Por l a Internacional se ha conocido hist贸ricamente la organizaci贸n mundial que ha aglutinado a diversas expresiones org谩nicas del movimiento revolucionario, desde que la utop铆a de una sociedad sin desigualdades sociales (dividida entre explotados y explotadores) sustituy贸 a la de una sociedad sin desigualdades estamentales (dividida entre nobles y vasallos), luego de que 茅sta qued贸 frustrada por las injusticias sociales que caracterizan al capitalismo, modo de producci贸n determinado por la incapacidad de las relaciones econ贸micas feudales (entre los propietarios de la tierra o se帽ores feudales – due帽os del feudo o gran extensi贸n de tierra bajo su total dominio – y los siervos que trabajaban en ella a cambio del derecho a cultivar para s铆 mismos una peque帽a parcela, propiedad del se帽or feudal ) para propiciar el desarrollo del potencial productivo surgido con la invenci贸n de las m谩quinas para la fabricaci贸n de productos en serie y activadas por energ铆a no humana (primero el vapor y el carb贸n, y luego el petr贸leo y sus derivados) en lo que se conoci贸 como la revoluci贸n industrial, a la cual se ha hecho referencia antes.
El capitalismo fue entonces la realidad socioecon贸mica y pol铆tica que surgi贸 de la necesidad hist贸rica planteada por la revoluci贸n industrial y que a su vez determin贸 el surgimiento de las ideas que justificaban el advenimiento de ese sistema, pero no present谩ndolo como en realidad ser铆a, sino como sus primeros ide贸logos esperaban que fuera: como una sociedad en la cual la libertad, la justicia y la prosperidad regir铆an la vida de los seres humanos, a partir del libre mercado que era en esa 茅poca una bandera revolucionaria frente a la existencia de privilegios econ贸micos definidos seg煤n el linaje familiar, origin谩ndose tal diferenciaci贸n en guerras por territorios, acontecidas siglos atr谩s.
La realidad del capitalismo hizo que el ideal libertario y humanista encarnado en la Revoluci贸n Francesa fuera asumido por un nuevo paradigma revolucionario, desplaz谩ndose el foco ideol贸gico de la libertad hacia la igualdad como condici贸n de la primera, pero sin que por ello quedara resuelta la contradicci贸n entre ambas, que plantear铆a futuras tensiones al ideario socialista que sustituy贸 al liberal en el imaginario de la lucha revolucionaria a nivel mundial, producto de lo cual deber铆a plantearse un nuevo ideal revoluc ionario que pudiera superar esa contradicci 贸n , tanto desde los experimento s social es en marcha antes de la crisis sovi茅tica ( que hizo sucumbir el modelo correspondiente ante esta contradicci贸n) como tambi茅n a partir de un nuevo intento de aplicar, tomando en cuenta la experiencia fallida, los principios te贸ricos surgidos de la evoluci贸n del pensamiento revolucionario, creando a la vez en ambos y todos los casos posibles la nueva teor铆a que, sin desligarse de los indispensables aportes de la existente con anterioridad – y m谩s bien partiendo de ellos – , responda a las nuevas realidades.
La Internacional ha sido pues, la expresi贸n mundial de la lucha revolucionaria a partir del ideal socialista de la igualdad entre los seres humanos. Su primera versi贸n aparece en 1864 y tiene como principal punto de referencia el primer intento de revoluci贸n socialista en la historia: la Comuna de Par铆s, aunque los sucesos relacionados con este hecho hist贸rico estuvieron poco vinculados en realidad con la acci贸n de la Internacional, y fueron m谩s bien sus integrantes menos influyentes y otros revolucionarios que no pertenec铆an a ella, quienes estuvieron al frente de esta experiencia, de la cual Carlos Marx – pese a haber dicho con anterioridad a los acontecimientos, que el levantamiento armado de los obreros parisienses (que los llevar铆a al poder por poco m谩s de dos meses) no tendr铆a buen final – extrajo conclusiones que incluso, modificaron su teor铆a pol铆tica de forma decisiva, llegando a la conclusi贸n de que las clases explotadas no solamente deb铆an apoderarse de la m谩quina burocr谩tica del Estado para ponerla a su servicio, sino destruirla y sustituirla por otra, nueva y adecuada al proyecto social propio de ellas y en correspondencia con sus intereses.
[6] Pero esa conclusi贸n no surgi贸 de un an谩lisis de los errores, sino de lo que 茅l consideraba los aciertos de la Comuna. Es decir, en vez de cuestionar (desde ese pedantismo acad茅mico t铆pico de tantos intelectuales de izquierda) a los comuneros (cuyos dirigentes le adversaban en muchos aspectos) los elogi贸, los apoy贸 y sin dejar de se帽alar lo que 茅l ve铆a como sus fallas, en lugar de aprovechar la derrota de ellos para afirmar la validez de los planteamientos de 茅l, reconoci贸 que su pron贸stico no estaba bien fundamentado, afirmando que la Comuna no cay贸 por las razones que 茅l hab铆a expuesto – seg煤n las cuales ni siquiera deb铆a haber triunfado –, y que ten铆a muchas m谩s cosas por aprender de los comuneros, que cosas por ense帽arles; lo cual puede servir de referencia a quienes no habiendo hecho nunca una revoluci贸n o habiendo renunciado a hacerla, se dedican a atacar en nombre de las ideas revolucionarias, a quienes las hacen.
Y fue precisamente la discusi贸n que surgi贸 sobre el fracaso de la Comuna, el factor decisivo que llev贸 a la disoluci贸n en 1876, de la Primera Internacional , cuyo nombre oficial era Asociaci贸n Internacional de los Trabajadores y cuyos principales ide贸logos y dirigentes eran Carlos Marx y Federico Engels. Esta fue la Internacional de la etapa cl谩sica del capitalismo, cuando imperaba la libre competencia como regla principal de las relaciones econ贸micas y cuando la explotaci贸n que es propia de este sistema se mostraba en su versi贸n m谩s descarnada a煤n en los pa铆ses industrializados (y principalmente en ellos) , con jornadas laborales de catorce horas por salarios que solamente – y dif铆cilmente – permit铆an la sobrevivencia f铆sica de los obreros.
La Segunda Internacional surg e en 1889, fundada entre otros por Federico Engels y C arlos Kautsky. S u nombre oficial fue
Internacional Socialdem贸crata, siendo esa en aquel entonces, la denominaci贸n pol铆tica del movimiento revolucionario. Luego, al enfrentarse esta Internacional a comienzos del siglo XX (ya fallecido Engels) al surgimiento del imperialismo (caracterizado por Lenin como la fase superior del capitalismo , visi贸n con la que posteriormente se identificar谩 Augusto C. Sandino y que ejerce r铆a gran influencia en su formaci贸n revolucionaria )
[7] y m谩s concretamente al estallido de la Primera Guerra Mundial como expresi贸n de la nueva 茅poca, no logr贸 dar una respuesta cohesionada al fen贸meno y en su interior los partidos m谩s influyentes optaron por la claudicaci贸n ideol贸gica ante el sistema, apoyando por razones electorales a sus correspondientes pa铆ses en la tambi茅n llamada Gran Guerra; de donde surgi贸 la actual versi贸n reformista de la socialdemocracia (reformista al sustituir el cambio de sistema como objetivo, por la reforma del mismo – primero planteada como forma menos brusca y m谩s viable de llegar al cambio de sistema, y luego como objetivo final de sus promotores, tal como lo pronosticaron Lenin y Rosa Luxemburgo, principales exponentes de las posiciones revolucionarias dentro de esta Internacional –). La pol茅mica que entonces se produ c e entre reformistas y revolucionarios contin煤a vigente y es fundamental en la batalla ideol贸gica por la transformaci贸n revolucionaria de la sociedad , pues la revoluci贸n como un proceso permanente siempre se encuentra enfrentada a situaciones que llevan a una parte del movimiento revolucionario a depone r sus banderas ante el sistema, justificando tal conducta con la supuesta mayor viabilidad de una ruta reformista hacia un cambio indefinido en un futuro incierto; cambio que ni al comienzo ni al final es el del sistema, sino el de ciertos aspectos superficiales de 茅ste; es decir, no suprime las causas de los problemas sociales, sino algunos de sus m谩s visibles efectos, lo que contribuye a la prolongaci贸n del sistema – cuya existenci a misma determina la de los problemas sociales en cuesti贸n –, debido a que retrasa el cuestionamiento generalizado al mismo como producto de la disminuci贸n de lo intolerable en que se termina convirtiendo la vida para cantidades suficientes de personas como para hacer insostenible el orden de cosas vigente.
Al romper Lenin y los revolucionarios consecuentes de la 茅poca con el reformismo que termin贸 imponi茅ndose en la direcci贸n del movimiento socialdem贸crata, y luego de triunfar en Rusia la primera revoluci贸n socialista de la historia en 1917 (dirigida por 茅l), se funda la Tercera Internacional o
Internacional Comunista en 1919 , a la cual correspondi贸 la defensa internacional de la Uni贸n Sovi茅tica y la organizaci贸n de la lucha revolucionaria por el socialismo en el mundo, en las condiciones marcadas por el establecimiento de la fase imperialista de desarrollo del capitalismo, con la resultante transformaci贸n de la divisi贸n social entre seres humanos explotados y explotadores dentro de cada pa铆s, en divisi贸n mundial entre pa铆ses explotados y explotadores, traslad谩ndose el escenario de la revoluci贸n, de los pa铆ses industrializados – cuya clase obrera pasa a recibir beneficios de la explotaci贸n ejercida por sus pa铆ses sobre otros – a los pa铆ses agrarios – donde por ello las clases populares sufren una doble explotaci贸n (como en su momento lo expresara Sandino):
[8] la ejercida por los explotadores locales y la que ejercen los monopolios imperialistas –.
La presencia de cuadros enviados por la Internacional Comunista en el Ej茅rcito Defensor de la Soberan铆a Nacional de Nicaragua a finales de los a帽os veinte es un factor que influye en la evoluci贸n del pensamiento revolucionario del pr贸cer nicarag眉ense. Entre esos cuadros se distingue Farabundo Mart铆, Secretario personal de Sandino, quien es conocido mundialmente como el General de los hombres libres al referirse a 茅l en estos t茅rminos uno de los m谩s destacados dirigentes de la Tercera Internacional, el comunista franc茅s Henry Barbusse. La guerra que entonces se libra ba en Nicaragua constituy 贸 uno de los dos hechos hist贸ricos q ue inauguraron la 茅poca de las revoluciones de liberaci贸n nacional como expresi贸n fundamental de la revoluci贸n socialista ( el otro fue la Revoluci贸n China dirigida por Mao Ts茅-tung , que ya estaba en marcha por entonces y terminar铆a triunfando en 1949) ; lo cual responde al cambio del escenario revolucionar io mundial, ya explicado antes.
Como parte de lo antes dicho, Sandino hace un llamamiento a los obreros de Am茅rica Latina, a integrarse en la Confederaci贸n Sindical Latinoamericana, brazo sindical en nuestro continente de la Internacional Comunista, asume como propias las resoluciones del Congreso Mundial Antimperialista de Francfort,
[9] convocado por la Internacional; y seg煤n narra Ram贸n de Belausteguigoitia e n su libro
Con Sandino en Nicaragua, era usual escuchar las notas del himno de
La Internacional en los campamentos del Ej茅rcito Defensor de la Soberan铆a Nacional de Nicaragua.
[10] En determinado momento, como es sabido estos cuadros se separan de Sandino , lo cual ocurre como producto de orientaciones emanadas del Partido Comunista Mexicano en lo que fue un comportamiento extremadamente sectario de 茅ste . Tales orientaciones fueron cuestionadas en el seno de la Internacional, a pesar de que con ellas los comunistas mexicanos cre铆an estar cumpliendo con la nueva l铆nea vigente en la organizaci贸n mundial, que defin铆a la estrategia de clase contra clase, significando esto que los partidos comunistas deb铆an romper con todo aquello que no significara un compromiso con el socialismo; compromiso que sin embargo exist铆a en Sandino, quien se encarg贸 de dejar claro que nunca tuvo disputas ideol贸gicas con sus ex compa帽eros, en este caso Farabundo Mart铆,
[11] con cuyas ideas aclar贸 que siempre estuvo de acuerdo,
[12] y a quien con motivo de su muerte en la insurrecci贸n campesina de su pa铆s, rindi贸 homenaje en acto cuyas fotos han sido recientemente desenterradas del olvido por su nieto, Walter Castillo y publicadas en el libro de Sandino recientemente editado por la Fundaci贸n que dirige Castillo, y que Sandino mismo orient贸 publicar bajo el ir贸nico t铆tulo
El bandolerismo de Sandino en Nicaragua.
Llama la atenci贸n el hecho de que el triunfo en China, de la primera revoluci贸n socialista despu茅s de la Revoluci贸n Rusa, ocurriera hasta seis a帽os despu茅s de disuelta la Internacional Comunista o Tercera Internacional en 1943, oficialmente como producto de la “madurez de los partidos comunistas”, pero en realidad como resultado de un compromiso de Stalin con sus aliados capitalistas contra la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. La Internacional fue sustituida entonces por una combinaci贸n de la llamada comunidad de pa铆ses socialistas – q ue en gran medida surgi贸 como producto de la liberaci贸n por el Ej茅rcito Sovi茅tico, de los pa铆ses de Europa del Este de la ocupaci贸n alemana – , las conferencias mundiales de los partidos comunistas y sobre todo, el Pacto de Varsovia (alianza militar entre los pa铆ses socialistas de Europa, y contraparte de la OTAN). Incluso antes, la primera revoluci贸n socialista de la historia triunf贸 cuando ya la Internacional de la 茅poca (la Segunda) se hab铆a desintegrado. Pocos a帽os despu茅s de la Segunda Guerra Mundial se integraron a la comunidad de pa铆ses socialistas: China (antes de su ruptura con la Uni贸n Sovi茅tica), Viet Nam, Laos y Cuba, pa铆ses a los que el socialismo no lleg贸, sino queellos llegaron al socialismo como producto de procesos revolucionarios aut贸ctonos, luego del triunfo en ellos de las revoluciones de liberaci贸n nacional; igual que en el caso de Corea del Norte, que sin embargo siempre tuvo poca presencia internacional debido a su filosof铆a de la autosuficiencia, conocida como la idea Zuche.
La Cuarta Internacional fue organizada en 1938, en contra de la Tercera ; y seg煤n sus organizadores en consecuencia con la l铆nea de 茅sta hasta su Cuarto Congreso, que hab铆a tenido lugar en 1922. La raz贸n argumentada por su fundador, Le贸n Trotsky, fue que la Tercera Internacional hab铆a dejado de ser la expresi贸n organizada de la revoluci贸n socialista mundial para convertirse en un aparato burocr谩tico al servicio de la diplomacia sovi茅tica, como expresi贸n de lo que 茅l consideraba como la degeneraci贸n de la revoluci贸n socialista en un Estado burocr谩tico en la Uni贸n Sovi茅tica, de donde fue expulsad o luego de haber sido uno de los principales dirigentes de aquel proceso ( principal jefe de la insurrecci贸n que tuvo como resultado la toma del poder por los bolcheviques – la fracci贸n comunista dirigida por Lenin –, jefe de relaciones exteriores de la Rusia revolucionaria y luego, fundador y primer jefe de la Guardia Roja, luego llamada Ej茅rcito Rojo y por 煤ltimo, Ej茅rcito Sovi茅tico).
Al morir asesinado Trotsky en 1940, sus seguidores se caracterizaron por un comportamiento altamente pol茅mico que los llevar铆a a sucesivas e interminables divisiones internas, lo cual no es ajeno a su concepci贸n de que la revoluci贸n socialista debe ser mundial o no ser, y producto de ello esta Internacional no ha promovido una sola revoluci贸n en pa铆s alguno, precisamente por no concebirla dentro de las fronteras nacionales. Tal situaci贸n ha llevado a l a inacci贸n de sus integrantes, producto de que la ausencia de procesos revolucionarios a promover y defender los ha conducido a la sustituci贸n de las tareas pr谩cticas de la lucha revolucionaria por la pol茅mica excesiva (ausencia de combinaci贸n entre teor铆a y pr谩ctica) que lleva al sectarismo, otra de sus caracter铆sticas y origen del divisionismo que ha caracterizado a esta versi贸n de la Internacional a lo largo de su trayectoria. Manifestaci贸n de ello es el hecho de que actualmente existen varias organizaciones mundiales – todas integradas por partidos que siempre fueron extremadamente peque帽os – que se autoconsideran como la leg铆tima Cuarta Internacional. A煤n m谩s, cada vez que surge un nuevo proceso revolucionario estos partidos se dedican a atacarlo, de forma tal que su actividad pol铆tica est谩 m谩s orientada a esto que a combatir contra las fuerzas de la reacci贸n a nivel mundial.
George Novack, en su libro La P rimera y S egunda Internacional , dice:
Trotsky caracteriz贸 el per铆odo de actividades internacionales de la clase obrera, realizadas durante la Primera Internacional, esencialmente como una anticipaci贸n. El Manifiesto Comunista fue la anticipaci贸n te贸rica del movimiento obrero moderno. La Primera Internacional fue la anticipaci贸n pr谩ctica de las asociaciones obreras mundiales. La Comuna de Par铆s fue la anticipaci贸n revolucionaria de la dictadura del proletariado.
M谩s tarde, Lenin caracteriz贸 la Tercera Internacional como la Internacional de la acci贸n, que empez贸 a poner en pr谩ctica la primera gran contribuci贸n de Marx a la teor铆a pol铆tica: la idea de que la clase obrera ten铆a que luchar por establecer la dictadura del proletariado.
El puente hist贸rico entre la Internacional de la anticipaci贸n y la Internacional de la acci贸n fue la Segunda Internacional. 脡sta puede caracterizarse brevemente como la Internacional de la organizaci贸n, que puso en pie a amplias masas de trabajadores en numerosos pa铆ses y los organiz贸 en sindicatos y en partidos pol铆ticos obreros.
[13]
Siguiendo esta l贸gica, la Cuarta habr铆a sido la Internacional de la cr铆tica , debido a que su fundamento fue el cuestionamiento (independientemente de qu茅 tan acertadamente haya sido hecho) al rumbo (con toda certeza cuestionable) de la construcci贸n del socialismo en la Uni贸n Sovi茅tica con posterioridad a la prematura muerte de Lenin.
La necesidad – ya fundamentada arriba – de instaurar una Quinta Internacional debe tomar en cuenta la experiencia vivida por las anteriores versiones de la organizaci贸n mundial de los revolucionarios. Alicia Sagra, en su libro
La Internacional, plantea que la Primera Internacional fue
un Frente 脷nico, la Segunda
una Federaci贸n de partidos socialistas, y la Tercera
el primer Partido Revolucionario Mundial (…), que respond铆a a una nueva 茅poca, la 茅poca imperialista de lucha por el poder, la 茅poca de la Revoluci贸n Socialista, por eso no s贸lo ten铆a posiciones program谩ticas que respond铆an a esa tarea, sino tambi茅n el r茅gimen de funcionamiento necesario para ello: el centralismo democr谩tico. [14]
En este sentido, la Cuarta Internacional habr铆a sido el primer intento (aunque impotente y fallido) por retomar el rumbo revolucionario de ese partido mundial. Tanto la Primera Internacional como la Segunda, existieron cuando a煤n Lenin no hab铆a elaborado su teor铆a de la actualidad de la revoluci贸n, integrada por la teor铆a de la situaci贸n revolucionaria y la del partido de vanguardia, siendo desde entonces esta 煤ltima, rectora del funcionamiento de todas las organizaciones revolucionarias del mundo (al menos las identificadas con el marxismo-leninismo , que obviamente no son s贸lo las que se autodenominan partidos comunistas; algunas de estas organizaciones han tenido que aplicar los principios emanados de la teor铆a leninista en condiciones diversas que han demandado de ellas un alto nivel de creatividad y flexibilidad).
La Quinta Internacional y la teor铆a leninista del partido de vanguardia.
La teor铆a leninista del partido de vanguardia plantea la necesidad de una organizaci贸n pol铆tica integrada o dirigida (seg煤n las circunstancias) por revolucionarios que hagan de tal condici贸n su profesi贸n y oficio ( militantes o cuadros pol铆ticos – seg煤n el caso – a tiempo completo), lo cual responde a la necesidad de que esta organizaci贸n act煤e de forma permanente, promoviendo el cambio revolucionario cuando la situaci贸n revolucionaria est 茅 planteada o haya sido creada por ella (cuando
“l os de abajo no quieran ” y
“los de arriba no puedan” seguir viviendo como hasta entonces , como dir铆a Lenin ) .
[15] La situaci贸n revolucionaria puede surgir espont谩neamente (caso en el cual el car谩cter espont谩neo de tal situaci贸n puede ser relativo por responder posiblemente a un acumulado de trabajo pol铆tico y organizativo de la organizaci贸n pol铆tica de vanguardia , o de lucha armada organizada por 茅sta como factor de motivaci贸n para la integraci贸n de una porci贸n suficientemente significativa de la sociedad a la lucha contra el sistema) ; tambi茅n puede darse como producto de la aceleraci贸n artificial por la vanguardia, del proceso social que conduce a ella; o puede ser totalmente creada por la vanguardia cuando sus acciones y el contexto en que 茅stas se dan as铆 lo permite. Pero la situaci贸n revolucionaria s贸lo se convertir谩 en revoluci贸n si la vanguardia se encarga de que as铆 sea, lo cual se corresponde plenamente con la importancia dada por los cl谩sicos del marxismo al factor subjetivo en la realidad y el desarrollo sociales, despu茅s ignorada tanto por el dogmatismo revolucionario como por los ide贸logos de la reacci贸n.
La vanguardia es la organizaci贸n pol铆tica que constituye e l motor de la revoluci贸n , debido a que la envergadura de lo que se requiere para hacerla triunfar implica una acci贸n pol铆tica bien organizada, en la que es un elemento fundamental la disciplina. De la teor铆a leninista del partido de vanguardia se deriva la concepci贸n del centralismo democr谩tico como rector de la vida interna de las organizaciones pol铆ticas de car谩cter revolucionario. El centralismo democr谩tico consiste en t rabajo, direcci贸n y decisi贸n colectivos; direcci贸n y decisi贸n 煤nicas; responsabilidad individual ; electividad y revocabilidad de los cargos con rendici贸n peri贸dica de cuentas ; subordinaci贸n jer谩rquica ( de los organismos inferiores a los superiores ) ; derecho a la cr铆tica interna y deber de la autocr铆tica.
Uno de tantos prejuicios antileninistas surgidos del colapso que sufriera el modelo conocido como socialismo real en su versi贸n sovi茅tica y europea, es el de confundir la concepci贸n de la organizaci贸n pol铆tica de vanguardia con el sectarismo y el dogmatismo que, estando presente en muchas organizaciones de izquierda por razones que trascienden el contenido de este art铆culo, han hecho que en 茅stas se desarrolle el culto de la personalidad, el autoritarismo y la tendencia a la sustituci贸n de las clases populares en la lucha revolucionaria o en el ejercicio del poder, en nombre de los intereses superiores de las mismas. Pero la concepci贸n de la vanguardia – ya detallada con anterioridad – surge del car谩cter desigual del desarrollo en general, y se explica filos贸ficamente por la ley dial茅ctica de la unidad y lucha de los contrarios: la necesidad hist贸rica de los cambios sociales determina la existencia de sujetos portadores de los cambios hist贸ricamente necesarios, pero tales sujetos – que reflejan la realidad de la cual forman parte, confront谩ndose con ella – , por ser quienes escapan a la hegemon铆a ideol贸gica ejercida por el grupo social dominante, son minor铆a cuando aparecen como primeros s铆ntomas de los cambios que la realidad social y la historia demandan; y son por tanto, la vanguard ia de la lucha por esos cambios siempre que se aglutinen y organicen debidamente en funci贸n de 茅stos. Su misi贸n hist贸rica consiste por consiguiente, en educar ideol贸gicamente a l sujeto de l os cambio s que en esa medida se integrar谩 en su seno, y conducir pol铆ticamente el proceso que a dichos cambios corresponde para orientar estrat茅gicamente el rumbo de las transformaciones revolucionarias que tendr谩n lugar como consecuencia de ello.
De igual manera y con origen en el mismo fen贸meno, la concepci贸n lenini s ta de la vanguardia se ha estigmatizado por las caracter铆sticas concretas de las organizaciones que hicieron suya esta concepci贸n; caracter铆sticas que en gran medida responden a las circunstancias espec铆ficas en que surgieron y han debido actuar estas organizaciones. En otras palabras, se ha confundido la concepci贸n de la vanguardia con algunas de sus variantes; en parte por ser 茅stas las que adopt贸 el partido revolucionario cuyo origen fue precisamente la formulaci贸n por Lenin de la teor铆a del partido de vanguardia.
Esta variante es la de una vanguardia vertical hacia adentro (en la que el derecho a la cr铆tica est谩 limitado al seno de la organizaci贸n o en la que el derecho a emitir opini贸n est谩 limitado al momento en que a煤n la organizaci贸n pol铆tica no ha asumido una posici贸n oficial respecto al tema respecto al cual se ejerce tal derecho) y cerrada hacia afuera (en la que no puede entrar todo el que quiera). P ero esta variante (independientemente de en qu茅 casos se haya justificado y en qu茅 casos no sea as铆 ) no tiene por qu茅 ser considerada como inherente a la condici贸n de vanguardia que es propia de una organizaci贸n pol铆tica consecuentemente revolucionaria, la cual puede por tanto ser tambi茅n horizontal hacia adentro (en la que la cr铆tica se pueda ejerc er p煤blicamente y en la que pueda emitirse opini贸n distinta a la de la organizaci贸n pol铆tica sobre temas acerca de los que por tanto ya 茅sta haya tomado posici贸n, o bien la primera de estas prerrogativas) y abierta hacia afuera (a la que pueda pertenecer todo el que lo desee) . Otro criterio para definir como vertical u horizontal una organizaci贸n de vanguardia podr铆a ser el m茅todo de selecci贸n de sus militantes cuando existen diferentes categor铆as de miembros: ser铆a vertical en el caso de que los militantes sean seleccionados por la dirigencia (como ocurr铆a en el FSLN en la d茅cada de los ochenta), y abierta cuando tal condici贸n sea opcional de cada miembro (como pas贸 a ser en el mismo partido desde 1994 hasta que desaparecieron las dos categor铆as), habiendo un punto intermedio en caso de que los militantes sean electos por el organismo de base al qu e les corresponder铆a pertenecer, tal como ocurre en el Partido Comunista de Cuba .
Lo dicho aqu铆 sobre el tema de la vanguardia es v谩lido para la condici贸n de vanguardia como car谩cter de la organizaci贸n pol铆tica (caso en el cual se trata de una organizaci贸n de vanguardia) , y no solamente para tal condici贸n en el sentido de la capacidad de conducci贸n pol铆tica, liderazgo e influencia que la organizaci贸n de la cual se trate haya podido desarrollar en cada momento hist贸rico en el seno de la sociedad a la que pertenece (caso en el cual la organizaci贸n en cuesti贸n ser铆a no solamente de vanguardia, sino tambi茅n la vanguardia) .
Se ha hecho hincapi茅 e n este tema de la teor铆a leninista de la vanguardia y el centralismo democr谩tico con el objetivo de desbrozar el camino que conduce hacia una propuesta concreta sobre el car谩cter que deber铆a tener – en consecuencia con su necesidad – la Quinta Internacional. Seg煤n lo dicho anteriormente acerca de las caracter铆sticas del mundo actual que demandan la existencia de una organizaci贸n revolucionaria a nivel mundial, 茅sta ser铆a hist贸ricamente el partido mundial del movimiento revolucionario , por segunda vez constituido pero luego de una primera experiencia y en circunstancias distintas a la primera.
Un elemento importante a tomar se en cuenta es el ya se帽alado acerca de que no ha triunfado nunca ninguna revoluci贸n como producto de la estrategia de ninguna Internacional (incluso la Comuna de Par铆s, 煤nico triunfo revolucionario – ef铆mero, pero triunfo al fin – durante la existencia de una Intern acional – la Primera – , no fue producto de un plan que 茅sta tuviera al respecto; al contrario y como se ha explicado , el propio Marx plante贸 en su momento que un eventual alzamiento de los obreros parisienses estaba destinado al fracaso, aunque 茅l y la Internacional de la que era figura central, apoyaron la Comuna una vez que dicho levantamiento hubo triunfado ; m谩s bien, el fracaso de la Comuna fue para la Internacional una herida mortal que la llevar铆a a su disoluci贸n ). Sin embargo, debe reconocerse otra verdad hist贸rica: que ninguna revoluci贸n de car谩cter u orientaci贸n socialista habr铆a podido triunfar sin la existencia previa de la Internacional: la Revoluci贸n Bolchevique no se concibe sin el trabajo educativo y organizativo previo que a nivel del proletariado europeo en su conjunto (incluyendo el ruso, por supuesto) hizo la Segunda Internacional; la Revoluci贸n China dif铆cilmente habr铆a podido triunfar sin el apoyo recibido por la Internacional Comunista (a pesar de los errores cometidos inicialmente por 茅sta al d ar orientaciones que pon铆an a los comunistas chinos a merced de sus adversarios mortales); incluso, la Comuna de Par铆s no habr铆a tenido la importancia que tuvo como experiencia de lucha para las clases populares sin el an谩lisis que de ella hiciera Carlos Marx, la figura m谩s destacada de la Primera Internacional que adem谩s, destac贸 cuadros importantes en apoyo a los comuneros, quienes adem谩s fueron asesorados militarmente por Federico Engels, la figura m谩s prominente de la Internacional despu茅s de Marx y quien pose铆a conocimientos de artiller铆a que fueron de gran utilidad para prolongar la Comuna el tiempo suficiente que har铆a de ella una experiencia tan importante.
Anteriormente se expon铆a la diferenciaci贸n de las Internacionales, hecha por Alicia Sagra: la Primera Internacional fue un frente de masas, la Segunda una federaci贸n de partidos, y la Tercera un partido mundial. En la actualidad, el frente de masas que fue la Primera Internacional est谩 presente (con sus propias particularidades y guardando las distancias de todo tipo, especialmente por lo diferente de la 茅poca) en el Foro Social Mundial; la federaci贸n de partidos que fue la Segunda Internacional est谩 presente (aunque no a nivel mundial, sino continental y sin llegar a ser propiamente una federaci贸n, por tratarse m谩s bien de una instancia para el intercambio y el debate m谩s que para la coordinaci贸n en la acci贸n, que por supuesto tambi茅n se practica) en el Foro de Sao Paulo. Hace falta – hoy m谩s que nunca, por las razones ya planteadas antes – el partido mundial de la revoluci贸n que fue la Tercera Internacional.
La experiencia de la Primera Internacional demostr贸 la necesidad de una organizaci贸n con m茅todos que permitieran una mayor efectividad en la acci贸n, pudiendo decirse que en ella se pec贸 de democratismo (vi茅ndolo en retrospectiva, pues debe tomarse en cuenta que eran apenas los inicios organizativos del movimiento revolucionario a nivel mundial y por tanto, no puede analizarse esto como un error en esa 茅poca, sino en todo caso como un d茅ficit objetivamente determinado por la 茅poca ). La Segunda Internacional puso en evidencia la necesidad de contar con una teor铆a pol铆tica que indicara la manera mediante la cual debe organizarse la lucha revolucionaria; siendo dicha teor铆a elaborada por Lenin y, aunque ya no fue utilizada por una Internacional que deca铆a ante el reto de la historia (la Segunda) , qued贸 como una herramienta invaluable en la acci贸n revolucionaria posterior que sin embargo, fue aplicada de forma mec谩nica y sectaria por la Tercera Internacional luego de la muerte de su fundador. Un error notable de esta Internacional (la Internacional Comunista) fue el excesivo verticalismo en su seno, de modo que las decisiones tomadas por el conjunto de los partidos (por votaci贸n o incluso, a veces eran decisiones tomadas por el Partido Comunista de la Uni贸n Sovi茅tica o para ser m谩s claros, por Stalin) eran de obligatorio cumplimiento para cada uno de ellos, aunque se tratara de la situaci贸n concreta de un pa铆s espec铆fico y en el partido correspondiente prevaleciera una posici贸n pol铆tica diferente de la que era mayoritaria a nivel de la Internacional; lo cual adem谩s, no tomaba en cuenta el peso de cada partido en cantidad de miembros, influencia en la sociedad, etc.
En este sentido, la Quinta Internacional (la del per铆odo de la globalizaci贸n y la del momento decisivo en el que debido a la crisis ecol贸gica, si no triunfa esta vez la revoluci贸n socialista a nivel mundial la humanidad estar铆a llegando a su fin ) vendr铆a a ser – para su funcionamiento efectivo – en cierto modo, un t茅rmino medio entre el partido mundial en el mismo sentido que lo fue la Tercera , y la federac i贸n constituida por la Segunda, siendo a la vez de cierta manera, ambas cosas. Pero al mismo tiempo – tomando en cuenta la importancia creciente del movimiento social (que ser谩 retomada m谩s adelante) –, la Quinta tendr铆a cierta similitud con el frente de masas que fue la Primera y con la diversidad de 茅sta, en aquel momento producto de que se daban apenas los primeros pasos organizativos del movimiento revolucionario a nivel mundial, y ahora como resultado de la b煤squeda te贸rica originada en la crisis de la rigidez que caracteriz贸 a la teor铆a revolucionaria oficialmente reconocida como tal, hasta el colapso del modelo social en cuyo contexto existi贸 tal rigidez.
Al mismo tiempo, el programa de la Quinta Internacional tendr铆a que ser producto de la experiencia no solamente exitosa , sino tambi茅n fallida del socialismo precedente, tal como lo quiso ser sin lograrlo (posiblemente por la demasiado temprana muerte de su fundador, Trotsky) la Cuarta Internacional. E n la l铆nea de las denominaciones hechas por Trotsky de la Primera como de la anticipaci贸n, por Novack de la Segunda como de la organizaci贸n , por Lenin de la Tercera como de la acci贸n y en este art铆culo de la Cuarta como de la cr铆tica, l a Quinta Internacional ser铆a de la organizaci贸n, la acci贸n y la cr铆tica al mismo tiempo.
En concreto, e sta organizaci贸n internacional de partidos revolucionarios tendr铆a el car谩cter de un partido revolucionario mundial con decisiones de obligatorio cumplimiento para sus integrantes; pero haci茅ndose una diferenciaci贸n entre las que sean de car谩cter internacional, las regionales y las que se refieran a la situaci贸n nacional de un pa铆s espec铆fico, aumentando la importancia de la posici贸n pol铆tica del partido o partidos del pa铆s o regi贸n (respectivamente) que corresponda, en tanto la situaci贸n tenga un car谩cter m谩s local y menos mundial; de manera que por ejemplo, al tratarse de la situaci贸n espec铆fica de un pa铆s, no pueda adoptarse ninguna decisi贸n con la que no est茅 de acuerdo el partido correspondiente, entre otras cosas porque tal decisi贸n ser铆a inaplicable.
De igual forma, todas las decisiones tendr铆an que tomarse por consenso y no por mayor铆a, para as铆 evitar incoherencias entre el peso del voto y el de la organizaci贸n pol铆tica que lo ejerce, siendo por lo dem谩s irrisorio establecer par谩metros seg煤n los cuales el peso de cada organizaci贸n determine el n煤mero de votos con que cada una cuente, a lo que deber铆a agregarse que ese peso es cambiante y no siempre se est谩 en condiciones de percibir el momento en que tal modificaci贸n tiene lugar. De modo pues, que esta propuesta podr铆a considerarse como orientada hacia la mayor apertura posible en el marco de la necesidad de que exista un partido mundial de la revoluci贸n, que en aras de su efectividad debe incluir la disciplina como un principio en su funcionamiento. En otras palabras, en esta nueva Internacional se estar铆a combinando la m谩xima libertad con la m谩xima disciplina posibles, para lo cual el centralismo democr谩tico como expresi贸n de la teor铆a del partido de vanguardia, flexiblemente aplicado contin煤a siendo no solamente 煤til, sino indispensable.
La presencia de varias organizaciones de un mismo pa铆s obligar铆a a 茅stas a actuar juntas en lo que respecta a las l铆neas estrat茅gic as internacionales, lo cual ser铆a motivo para su acercamiento mutuo , incluso posiblemente hasta convertirse en una misma organizaci贸n o cuando menos, a aliarse para efectos de la vida pol铆tica interna del pa铆s al que pertenecen, pudiendo ser esto 煤ltimo una norma interna en el funcionamiento de la Internacional, que podr铆a contribuir decisivamente a la unidad de la izquierda a nivel local y como consecuencia, tambi茅n a nivel mundial. Sin embargo – y para que exista una coherencia m铆nima –, la(s) primera(s) organizaci贸n(es) en incorporarse dentro de cad a pa铆s deber铆a(n) tener poder de veto respecto al ingreso de otra(s) organizaci贸n(es) del mismo pa铆s. Lo que no parece razonable es la propuesta de l escritor y periodista argentino Luis Bilbao, de que el 贸rgano de direcci贸n internacional est茅 integrado s贸lo (…) por representantes de partidos de aquellos pa铆ses donde no exista m谩s de una organizaci贸n reconocida, puesto que constituye una contraproducente (adem谩s de injusta) discriminaci贸n posiblemente en detrimento de la calidad de tal 贸rgano de direcci贸n.
Un asunto importante – en vista del creciente peso de los movimientos sociales como producto de la potencialmente revolucionaria decadencia de los partidos pol铆ticos en tanto expresi贸n de la crisis del sistema pol铆tico democr谩tico representativo – ser铆a el ingreso no solamente de partidos pol铆ticos, sino de organizacion es sociales; muchas de las cuales han asumido incluso, tareas pol铆ticas propias de los partidos de vanguardia, tal como es el caso del Movimiento de los Sin Tierra en Brasil para la situaci贸n del sector rural en el gigantesco pa铆s sudamericano.
U n tema muy importante en relaci贸n con la cohesi贸n de la nueva Internacional es el de l v铆nculo de dicha cohesi贸n con la diferencia entre lo pol铆tico y lo ideol贸gico. Luis Bilbao plantea que la Quinta Internacional deber铆a caracterizarse por su heterogeneidad ideol贸gica y su homogeneidad pol铆tica ,
[16] frente a lo cual habr铆a que agregar lo siguiente: La heterogeneidad i deol贸gica se tendr铆a que asumir como el punto de partida para se帽alar la necesidad de un planteamiento ideol贸gico com煤n (la unidad nace de la diversidad) , pues de lo contrario la Internacional ser铆a una alianza para alcanzar objetivos mucho m谩s transitorios y por tanto, mucho menos definitivos que los de una fuerza identificada con el objetivo estrat茅gico (e ideol贸gicamente com煤n por sus alcances ) de sustituir el capitalismo por el socialismo como paso intermedio para la construcci贸n de una sociedad completamente justa y libre; igualitaria en lo social (luego de la transici贸n socialista, equitativamente igualitaria); equitativa en cuanto al g茅nero y en lo generacional ; ecol贸gicamente sostenible; y suficientemente pr贸spera en lo econ贸mico para garantizar las condiciones m铆nimas indispensables del bienestar material y espiritual, y no para la ecol贸gicamente insostenible – y tradicionalmente aceptada por el marxismo manualesco – satisfacci贸n de las necesidades crecientes, siendo v谩lido en este sentido lo que Ra煤l Sendic identificaba como el aislamiento de las necesidades principales para su plena satisfacci贸n;
[17] una sociedad en la que el ser humano act煤e, trabaje y produzca bienes y riquezas motivado espiritual y colectivamente.
Estas son las premisas m铆nimas indispensables alrededor de las cuales pueden hacer causa com煤n todos los revolucionarios del mundo (comunistas marxistas y de todas las tendencias posibles, socialistas revolucionarios, anarquistas, cristianos por la liberaci贸n del ser humano respecto a la enajenaci贸n del consumismo individualista, etc.); es decir, la heterogeneidad ideol贸gica tendr铆a necesariamente los mismos l铆mites que existen entre revoluci贸n y reforma como objetivo program谩tico final o lo que constituye para un movimiento pol铆tico su raz贸n de ser. En otras palabras, todas las organizaciones pol铆ticas y sociales que pertenezcan a la Internacional deber铆an identificarse entre s铆 en base a su compromiso com煤n con la transformaci贸n revolucionaria de la sociedad o lo que es igual, la sustituci贸n del sistema capitalista (basado en la explotaci贸n entre unos seres humanos y otros para la creaci贸n y concentraci贸n de riquezas en funci贸n de su acumulaci贸n por aque llos en cuyas manos se concentra n) por el sistema socialista (basado en la colaboraci贸n entre los seres humanos para la creaci贸n y distribuci贸n de las riquezas en funci贸n de la satisfacci贸n de las necesidades vinculadas con el bienestar material y espiritual de todos los individuos); pues es en funci贸n de esto que se plantea precisamente la necesidad de la acci贸n revolucionaria com煤n a nivel mundial en la 茅poca de la globalizaci贸n y la crisis actual del capitalismo, en este 煤ltimo caso por ser esta crisis la del sistema que ser铆a suprimido por la revoluci贸n.
M ientras por su parte, la heterogeneidad ideol贸gica limitar铆a la homogeneidad pol铆tica a ciertos temas que deben ser i dentificados bajo el m茅todo antes planteado de que en tanto m谩s global es sea n, m谩s homogeneidad exista respecto a ellos y viceversa, en tanto su car谩cter sea m谩s local, haya m谩s heterogeneidad alrededor suyo.
La lucha revolucionaria como actitud ante la vida y la transformaci贸n revolucionaria de la sociedad como actitud ante la realidad social.
Quiz谩s el cuest ionamiento m谩s importante que ha tenido e l reciente llamamiento a la formaci贸n de la Quinta Internacional – sintom谩ticamente hecho por Hugo Ch谩vez, l铆der del proceso revolucionario que ha servido de locomotora al actual auge de la izquierda en Am茅rica Latina como parte de las condiciones favorables a un cambio revolucionario a nivel continental en un plazo m谩s corto que largo en el 煤nico lugar del mundo donde existe un clima pol铆tico favorable a la socialmente necesaria y ecol贸gicamente urgente revoluci贸n mundial – ha sido que una Internacional debe ser resultado de un proceso de b煤squeda y construcci贸n de propuestas y no al contrario, y que por tanto no se puede hacer un llamado a organizar la Internacional y dejar que 茅sta se encargue luego de identificar las acciones comunes que puedan convocar a los revolucionarios del mundo, sino que es la identificaci贸n previa de estas acciones lo que debe servir como punto de partida para la conformaci贸n de la Internacional, en caso de que como producto de la identificaci贸n de dichos puntos, resulte la certeza de que 茅sta es necesaria.
La autenticidad de la actitud revolucionaria ante la vida y la realidad social se pu ede comprobar de dos maneras, e identificando en quienes se autoproclaman revolucionarios a uno de dos tipos de seres humanos , muy diferentes entre s铆 : una manera es identificar estos dos tipos de persona estableciendo la diferencia existente entre l os que llaman a la lucha y la asumen, o acuden al llamado y luchan; y los que nunca luchan porque se la pasan “a naliza ndo” por qu茅 luchar谩n , y por tanto lo mismo hacen con los llamados a la lucha: analizarlos, criticarlos, negarse a luchar y desmovilizar a los que acuden al llamado. Tal como dijo Fidel Castro hace m谩s de cuarenta a帽os (v茅ase el encabezado de este art铆culo), quienes adem谩s de plantear que no es el momento de luchar o que la lucha planteada no es la correcta, utilizan este planteamiento como justificaci贸n te贸rica para negarse a luchar, a lo que est谩n renunciando no es a un tipo de lucha revolucionaria , sino a la lucha revolucionaria misma.
La otra manera de medir la autenticidad revolucionaria es distinguir entre estos dos tipos de seres humanos en relaci贸n con el tema de las transformaciones revolucionarias y las reformas: tal como lo plante贸 Rosa Luxemburgo (en la frase igualmente plasmada al inicio de este trabajo) , cuando el cambio revolucionario es declarado imposible o inviable, y producto de ello se asume el camino de las reformas en espera de un futuro lejano en el que quiz谩s se puedan hacer los cambios o en el que como producto de las reformas, 茅stos se den como frutos maduros, a lo que se est谩 renunciando no es a una manera de hacer la revoluci贸n, sino a la revoluci贸n misma que se plantea como objetivo el cambio de sistema, y las reformas dentro del sistema se convierten en el objetivo final de quienes pregonan este camino.
Q uienes cuestionan el llamado a La Internacional hecho por Ch谩vez y m谩s a煤n, el indispensable plazo planteado para su instalaci贸n por los partidos de izquierda reunidos en Caracas en ese momento, quedan sin argumento alguno con s贸lo una pregunta: ¿qui茅n se encargar铆a, en el esquema planteado por ellos, de esa b煤squeda previa de acciones comunes o temas que identifiquen entre s铆 a las organizaciones de izquierda del mundo entero , para despu茅s – en caso de que se llegue a la conclusi贸n de que es necesario – hacer el llamado a la Internacional ? Esa b煤squeda es necesari a , sin duda; pero primero debe definirse qui茅nes l a har谩n . E n el esquema de quienes nos identificamos con el llamado de Ch谩vez y con la necesidad del plazo planteado por la urgencia de lo que debe hacerse al respecto, el llamado es precisamente a esa b煤squeda; la convocatoria a la Quinta Internacional es en primer lugar, a la identificaci贸n colectiva de la s acci ones comunes y de las posiciones que identifiquen entre s铆 a todas las organizaciones revolucionarias y a los revolucionarios desorganizados del mundo para luchar juntos como 煤nica manera de que esa lucha triunfe en el mundo actual. Es decir, primero debe motivarse – y es eso lo que ha hecho Ch谩vez – esa b煤squeda consciente y com煤n de q uienes est ando conscientes de la necesidad de hacerlo , de esta manera se reconozcan mutuamente y as铆, colectivamente hacer que surjan las ideas para darle forma concreta a la existencia de algo tan grande y tan importante, y que por eso mismo es imposible de lograr sin ese impulso previo, sin ese entusiasmo y esa acci贸n colectiva previos , cuya primera gran meta deber谩 ser, por consiguiente, convocarse; reunirse; identificarse mutuamente. Que es para lo que se ha planteado como plazo e l mes de abril del presente a帽o; e s la 煤nica manera de acudir en tiempo y forma a globalizar la lucha y la esperanza, actual equivalente de l viejo llamado de Marx y Engels a la unidad de los proletarios, hecho ahora desde el Foro Social Mundial, pionero formidable de la Quinta Internacional o por el contrario – es decir, de no llegar 茅sta a existir –, una forma muy ingeniosa del sistema para entretener en conversaciones consigo mismos y desahogos interminables a quienes pretenden cambiarlo o creen querer hacerlo , precisamente para que ese entretenimiento se lo impida. No esperemos m谩s, compa帽eros: revolucionarios del mundo, UN脕MONOS. 脷ltimo aviso.
1
[1] Una introducci贸n necesaria al Diario del Che en Bolivia ( Ernesto Che Guevara,
Escritos y discursos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, Cuba, p. 8 ).
[3] Lenin, Vladimir I.,
Marxismo y revisionismo (Obras escogidas, Editorial Progreso, Mosc煤, sf, p. 20).
[4] Las contradicciones terminales conducen directamente al colapso del sistema, aunque la duraci贸n entre el inicio de la contradicci贸n y el colapso que ella produce, var铆a seg煤n cada contradicci贸n espec铆fica; las contradicciones cr铆ticas, por su parte, conducen al sistema a sus crisis peri贸dicas que, sumadas, tambi茅n lo conducen al colapso, pero indirectamente.
[6] Lenin, Vladimir I.,
El Estado y la Revoluci贸n (Obras completas, Editorial Progreso, Mosc煤, sf , p. 298 ).
[7] Sandino, Augusto C.,
El pensamiento vivo, t. I, Editorial Nuevo Nicaragua, Managua, 1984, p. 341.
[8] Sandino, Augusto C., Ob. Cit., t. II, pp. 69.
[9] Idem, pp. 65, 69 a 73 y 80.
[10] Fonseca, Carlos (citado por),
Sandino, guerrillero proletario (Obras, t. I –
Bajo la bandera del sandinismo – , Editorial Nueva Nicaragua, Managua, 1985, p.353 –).
[11] Rom谩n, Jos茅,
Maldito pa铆s, p. 137.
[12] Sandino, Augusto C., Ob. Cit., t. II, p. 366.
[13] Sagra, Alicia (citado por),
La Internacional, Ediciones FOS, Buenos Aires, 2004, p. 21.
[15] Lenin, Vladimir I.,
La bancarrota de la Segunda Internacional, Editorial Progreso, Mosc煤, 1977, p. 13.
[16] Bilbao, Luis,
Hora de definiciones (revista
Am茅rica XXI, # 56/57, diciembre 2009 a enero 2010, Caracas, p. 48).
[17] Sendic, Ra煤l,
Reflexiones sobre pol铆tica econ贸mica, Editorial Nueva Nicaragua, Managua, 1986, p. 3.
Rebeli贸n ha publicado este art铆culo a petici贸n expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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