viernes, 26 de agosto de 2022

Juventud Sandinista 19 de Julio, continuidad de las Juventudes Heroicas y protagonista de todos los tiempos


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“Estamos celebrando todos estos años de aprendizaje, y celebramos también que tenemos una Gloriosa Juventud, que es continuidad de las Juventudes Heroicas, Patrióticas, que han dado lo mejor de sí, para que Nicaragua sea como es hoy: Libre, Bendita, Soberana y siempre llena de Amor, de Aspiraciones, de Sueños, de Horizontes que vamos alcanzando.

Compañera Rosario Murillo, 19 de agosto 2022

El 23 de agosto de 1979, hace 43 años, se fundó la Juventud Sandinista 19 de Julio, organización vanguardia en la defensa de la Revolución Popular Sandinista. Esta organización incorporó masivamente a los jóvenes que, de manera entusiasta y comprometida, asumieron las tareas de la transformación revolucionaria en beneficio del pueblo y en sus derechos como jóvenes.

Con el ejemplo de los Héroes y Mártires, con la guía ejemplar del FSLN, con los antecedentes de organizaciones gremiales y juveniles revolucionarias como el CUUN, el FER, la FES y la AES y con el inmenso reto de construir una nueva sociedad, la Juventud Sandinista asumió un rol protagónico en la reconstrucción y construcción de la nueva Nicaragua.

El protagonismo juvenil se desarrolla bajo la responsabilidad de los jóvenes de ayer, de hoy y de siempre, irradiados por el compromiso, que dejan los mayores a las nuevas generaciones.

Lo vimos y lo seguimos viendo: la Juventud se vincula directamente con la población más necesitada y ahí se fusiona el sentimiento más puro de servir y dar al ser humano la entrega y dedicación para mejorar la calidad de vida de la población nicaragüense.

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La fundación de la Juventud Sandinista 19 de Julio

“Nosotros fuimos los que impulsamos la producción, levantando las cosechas. Nosotros desarrollamos la defensa de este país. Desarrollamos todas las tareas que nos daba la revolución en los ochenta. Y hoy, es la juventud actual la que está desarrollando las tareas en consolidación de la paz, son los que en momentos de paz nos traen desarrollo, economía, prosperidad […]”

Este testimonio, brindado en el marco del Primer Encuentro Nacional de fundadores de Juventud Sandinista 19 Julio, el 16 de marzo de 2019, nos aclara que un vínculo indisoluble une a todas las generaciones del sandinismo.

A menos de un año de su fundación, el 23 de marzo de 1980, se le asignó a la juventud una tarea épica que cumplir: participar activamente en la Cruzada Nacional de la Alfabetización. La tarea fue cumplida con entrega y amor; cinco meses más tarde, el 23 de agosto de 1980, se pudo celebrar el éxito de haber reducido la tasa de analfabetismo del 50.35 % al 12.96 %.

Posteriormente, siempre en la década de los ochenta, la Juventud Sandinista 19 de Julio participó activamente, levantando la producción en las áreas rurales y defendiendo el proceso revolucionario a costa de la vida, en el marco de la guerra de agresión impuesta por el gobierno de los Estados Unidos.   

Para los noventa, asumiendo el reto planteado por el Comandante Daniel de “gobernar desde abajo”, la juventud sandinista se sumó en todas las acciones de defensas de las conquistas revolucionarias.

Luchó incansablemente en las calles, a lado de los trabajadores, en contra de las privatizaciones y en defensa del 6% institucional, de la mano con el movimiento estudiantil. Tiempos difíciles para el pueblo nicaragüense.

En el 2007, con la segunda etapa de la Revolución, la Juventud volvió a participar con beligerancia en los planes de gobierno y en los proyectos sociales impulsados en nuestro país.

Donde se quema una casa, ahí está la Juventud Sandinista brindando apoyo, donde se inunda una vivienda, ahí está la Juventud Sandinista ayudando, cuando los huracanes ETA y IOTA en 2020, ahí estuvo la Juventud Sandinista en primera línea, a la par de las familias damnificadas.

Actualmente, la juventud aporta a la paz y al desarrollo humano de Nicaragua a través de movimientos como Promotoría solidaria, Red de Jóvenes Comunicadores, Movimiento Deportivo “Alexis Argüello”, Movimiento Ambientalista “Guardabarranco”, Movimiento Cultural “Leonel Rugama”, FES y UNEN, entre otros.

La juventud siempre ha comprendido la misión que cada momento histórico demanda, con la convicción que está garantizando bienestar al pueblo nicaragüense.

Lo más valioso es la disponibilidad, la solidaridad que permite la integración a las diferentes actividades, la esencia es fortalecer todo lo que se ha conseguido luchando, siempre defendiendo ante los asedios, sin permitir el arrebato de las conquistas obtenidas.

La Juventud es protagonista en todos los tiempos, en todas las batallas.

La Cruzada Nacional de Alfabetización, la defensa de la Revolución, fue la llama que encendió a esta generación permanentemente joven, como los seres humanos comprometidos, que dejan el más alto valor de compromiso para la juventud de hoy, en la continuidad de las tareas, a la luz de los nuevos tiempos.

El aporte a la Revolución se exterioriza en cada una de las tareas organizadas en los diferentes movimientos juveniles, que hacen realidad esa atención integral a la población nicaragüense.

Reconociendo lo propio, para defender con fuerza nuestra identidad, reconociendo así nuestra identidad nacional. La juventud tiene la misión permanente de ser protagonista de todos los tiempos, por eso dejo con ustedes, lo expresado por el nuestro insigne historiador, Aldo Díaz Lacayo:

 “El que siente la identidad propia, tiene la capacidad de sentir la identidad local para defender la identidad nacional y por consecuencia tener dignidad nacional”.

Escrito por: Maritza Andino


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sábado, 30 de abril de 2022

Tomás Borge: el centinela de la ternura y la revolución

Por Javier Huerta

Evaluar a Tomás Borge requiere entender la dualidad del ser humano en contextos extremos. Fue el guerrillero que pasó hambre en las montañas, el prisionero que no se doblegó ante el látigo, el ministro que gestionó el poder en tiempos de guerra y el poeta que soñó con un mundo sin fronteras.
Borge enseñó que la política sin mística es administración vacía, y que la revolución, antes que un cambio de gobierno, es un cambio en la sensibilidad humana. A 10 años de su partida, su frase "Solidaridad: la ternura de los pueblos" sigue resonando como el testamento de un hombre que, por encima de todo, creía en la capacidad redentora del amor organizado.
Tomás Borge fue un creyente absoluto en la justicia, un hombre cuya vida demostró que, a veces, la impaciencia es la única forma digna de esperar el futuro.

Hablar de Tomás Borge Martínez (1930-2012) es adentrarse en el corazón de la historia contemporánea de Nicaragua. Su figura está íntimamente ligada al desarrollo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y, en consecuencia, a los procesos políticos y sociales que marcaron el siglo XX en el país. Borge no fue únicamente un líder político o militar; fue también un pensador, un poeta y un revolucionario que logró unir la acción con la reflexión, la firmeza con la sensibilidad.

Nacido en Matagalpa, en una región profundamente marcada por las desigualdades sociales, su juventud estuvo influenciada por el legado de Sandino, símbolo de resistencia y dignidad nacional. A diferencia de otros revolucionarios que llegaron a la lucha a través de la teoría, Borge lo hizo movido por una profunda indignación moral frente a la dictadura de la familia Somoza. Esta convicción lo llevó, en 1961, a fundar junto a Carlos Fonseca Amador y Silvio Mayorga el FSLN, una organización que en sus inicios parecía un sueño idealista, pero que con el tiempo transformaría el destino de Nicaragua.

Uno de los momentos más significativos de su vida ocurrió durante su encarcelamiento en 1976. Tras ser capturado, fue sometido a torturas y aislamiento, experiencias que marcaron profundamente su pensamiento. Sin embargo, tras el triunfo de la Revolución en 1979, sorprendió al mundo con una respuesta inesperada: en lugar de buscar venganza, propuso la reconciliación. En su poema “Mi venganza personal”, expresó que su mayor triunfo sería garantizar que los hijos de sus verdugos tuvieran acceso a educación y salud. Esta idea dio origen a una de sus frases más recordadas: “la solidaridad es la ternura de los pueblos”.

Con el triunfo revolucionario, Borge asumió el cargo de Ministro del Interior, desempeñando un papel clave durante la década de 1980, marcada por el conflicto con la “Contra”. Desde esta posición, tuvo la difícil tarea de garantizar la seguridad del Estado en un contexto de guerra, lo que lo convirtió en una figura controvertida. No obstante, su discurso siempre mantuvo un componente humanista, defendiendo la idea de que un revolucionario podía ser firme sin perder la sensibilidad.

Además de su labor política, Borge destacó como escritor. Su obra La paciente impaciencia, reconocida con el Premio Casa de las Américas en 1989, refleja sus vivencias y pensamientos sobre la lucha, el miedo, la lealtad y la esperanza. Su estilo, intenso y emocional, revela a un autor que entendía la palabra como una herramienta fundamental en la construcción de la memoria histórica.

El internacionalismo fue otro pilar en su pensamiento. Para Borge, la Revolución Sandinista no era un fenómeno aislado, sino parte de una lucha global contra la injusticia. Su estrecha relación con Fidel Castro y sus constantes viajes por distintos continentes evidencian su compromiso con los movimientos de liberación en todo el mundo. Nicaragua, en su visión, era solo una trinchera dentro de una causa universal.

Tras la derrota electoral del FSLN en 1990, Borge se mantuvo fiel a sus ideales y a su partido, acompañando el liderazgo de Daniel Ortega en momentos de crisis interna. En sus últimos años, ocupó cargos como diputado y embajador, pero su papel más importante fue el de custodio de la memoria histórica del sandinismo.

Tomás Borge falleció el 30 de abril de 2012, marcando el fin de una generación fundadora de Frente Sandinista. Fue un hombre de contrastes: guerrillero y poeta, estratega y soñador, firme en la lucha pero profundamente humano en sus ideales.

En definitiva, Borge demostró que la revolución no solo implica cambios políticos, sino también una transformación en la forma de entender la humanidad. Su vida y pensamiento siguen recordándonos que la justicia y la ternura no son opuestas, sino complementarias, y que la esperanza, aunque impaciente, puede ser una fuerza poderosa para construir el futuro.



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