“Nuevos paradigmas” en Antropolog铆a y valores reales de la “inter-culturalidad” en la soldadura, “armon铆a” y Desarrollo de la Cadena imperialista
El paradigma Cl谩sico dominante en Antropolog铆a hab铆a destacado la fuerza con que las representaciones culturales elaboran pr谩ctica social. Estas representaciones emergen y toman forma en un Ser colectivo, y son el reflejo, en la conciencia colectiva, de los dos prop贸sitos racionales fundamentales de ese Ser: explicar los fen贸menos y dominar el medio. Incluso cuando ambos prop贸sitos se desvanecen tras el denso humo de las representaciones que desprenden, permanecen silentes m谩s all谩 de la experiencia, en la reserva ignorada del inconsciente compartido. Si estos fines estructuran la cultura, ello es debido a su condici贸n de recursos adaptativos clave. Es decir, de medios insertos en otra racionalidad –suprema- de persistencia social. Este paradigma, eminentemente anglosaj贸n en Antropolog铆a, dispone las sociedades en una tipolog铆a que contiene categor铆as diversas –y discordantes seg煤n matiz de autor o de sensibilidad-, reductibles en todo caso a dos conglomerados categ贸ricos:
I. Las sociedades de la cristiandad colonial y el “at铆pico” –inc贸modo- caso chino.
II. Los dem谩s grupos humanos, que operan faltos de las herramientas posibilitadoras de culminar ese sentido universal de la actividad social; carecen de ciencia y de tecnolog铆a.
Ello sit煤a estas “otras culturas” en el Error, pues las explicaciones son abortadas por inexistencia de m茅todos cognitivos (ciencia), tanto como la superstici贸n, la magia y el temor –la sumisi贸n al medio y la vana esperanza de conjurar sus poderes- suplen a la tecnolog铆a en la relaci贸n con la Naturaleza.
Estas consideraciones definen el particular funcionamiento de la Antropolog铆a en el interior del proyecto colonial que pari贸 a la disciplina y que la circunscribe: es de servidumbre, pero una servidumbre llena de reproches y de tensiones. La lealtad de la Antropolog铆a es para con un colonialismo Ideal que ella ha visionado, y que se transforma en impertinente exigencia: hay que acudir en ayuda de esos seres que, aun part铆cipes de la Raz贸n y la l贸gica 煤nicas “Humanas”, no disponen a煤n del comburente para alumbrar sus actos con una cultura que no sea ya ignorancia, sino una Cultura por fin de pueblos cultos.
As铆 es como esa Antropolog铆a realz贸, asign谩ndole tan “elevada” y pura Misi贸n, la figura de aquel poder volcado en la conquista de un “espacio exterior”, al tiempo que trataba de enderezarlo moralmente.
Siglo y medio despu茅s, el Forum de las Culturas re煤ne en Barcelona a un universo de asociaciones bajo el prop贸sito
manifiesto1 del “di谩logo intercultural”. No est谩n all铆 para distribuir cada cultura de una multiplicidad a lo largo de un eje decimon贸nico dispuesto entre los polos del Error y de la Cultura. El principio rector invocado para el evento es el rechazo al “dogmatismo cultural”. Es decir, el
auto-reconocimiento cultural en t茅rminos de sujeci贸n objetiva a enriquecimiento y de actitud subjetiva abierta a modos de percibir y proponer exhibidos por los interlocutores, atendi茅ndose tambi茅n a “problem谩ticas transculturales” que demandan esfuerzos conjuntos.
All铆 est谩n Directores de transnacionales, ONGs, cargos en instituciones comprometidas con el desarrollo. Tambi茅n han sido invitados “representantes” selectos de grandes
stocks culturales pensados para la ocasi贸n y que
unifican groseramente a unos seres lejanos, an贸nimos, invisibles si no es
re-presentados a trav茅s de tales constructos. Junto a otras ciencias y disciplinas
2, los organizadores del Forum sientan a la Antropolog铆a
3 y le dan carta compartida de especialista en el tratamiento de tres grandes retos que a la gesti贸n pol铆tica de las poblaciones no le queda m谩s remedio que asumir en el siglo entrante. Todos est谩n m谩s o menos interesados en escuchar c贸mo los antrop贸logos les hablan sobre qu茅 est谩 ocurriendo –un retrato de estos procesos-, sobre qu茅 puede ocurrir –un diagn贸stico prospectivo- y en conocer c贸mo recetan las pautas de interacci贸n pol铆tica con estos tres procesos con vistas a su conducci贸n.
El primero de ellos tiene que ver con los millones de personas que, con sus desplazamientos, han roto aquella demarcaci贸n imaginaria de “las tierras de el Otro”. Esa organizaci贸n geogr谩fico-pol铆tica se aparec铆a a las cabezas del personal de estado, enraizada con la robustez que tiene para el zo贸logo la distribuci贸n ecol贸gica de las especies. El Otro era estudiado y considerado en su permeabilidad exclusiva, diferencial. Las nuevas realidades de la migraci贸n presentan complicaciones severas a la reproducci贸n del dominio de clase, as铆 como son transformables en rentabilidades para la profundizaci贸n pol铆tica en la separaci贸n de los gobernados.
La segunda cuesti贸n es aquella que hab铆a avanzado Marx cuando hablaba de que, por su misma din谩mica objetiva de acumulaci贸n, el capital tiende a hacer de la producci贸n un proceso cada vez m谩s fragmentario a la par que cada vez de m谩s amplia extensificaci贸n social. Poblaciones vistas antes, por la inversi贸n empresarial y las organizaciones internacionales del capital, a lo sumo como mercados potenciales, son ahora planificadas como contingentes laborales especializados en unas u otras fases de una producci贸n mercantil cuya segmentaci贸n la reparte por todo el Planeta. Eso jubila prematuramente paradigmas de desarrollo funcionales apenas quince a帽os atr谩s –cuando lo que hab铆a que producir era consumidores con un m铆nimo de bolsillo- y exige la invenci贸n de otros paradigmas aplicados esta vez a la producci贸n de productores dotados de formaci贸n laboral operativa y relativamente vers谩til (desuso del “Desarrollo Econ贸mico”, relevado por el “Desarrollo Social”).
La tercera cuesti贸n crucial para las entidades financiadoras del Forum y para las instancias pol铆ticas decisoras de la Agenda
4, es aquella referida a las resistencias contrapuestas en unos y otros lugares a la acumulaci贸n
ampliada de capital. Esta, justamente por complicarse cada vez m谩s su consumaci贸n, incrementa su ferocidad con las poblaciones que adopta para s铆 y se pone a disolver/regir la totalidad de su existencia.
Algunos agentes pol铆ticos cifran estas resistencias como si se tratara de la hegemon铆a de unas interpretaciones sectoriales de ciertas culturas “receptoras”
5. Estas habr铆an competido discursivamente con otras interpretaciones m谩s “abiertas y receptivas” a la “comunicaci贸n con occidente” y estar铆an en peligroso trance de imponerse a las 煤ltimas “para desgracia de la Paz y de su propia democratizaci贸n”. Desde esta 贸ptica, la actuaci贸n normativa debe ser la de corregir los frutos de las arrogancias pasadas y las arrogancias actuales, los excesos, las brutezas, que habr铆an determinado estas reacciones “de cerraz贸n”. Ello a fin de sortear conjuntamente entre las partes la amenazante vecindad del “choque entre Civilizaciones” y derivar hacia “la alianza entre Civilizaciones”
6, lo que pasa por los puentes comunicativos –alianzas estrat茅gicas- con voces “moderadas” en el seno de esos “campos culturales”.
Otros agentes pol铆ticos, lejos de adolecer de esta miop铆a, son perfectamente conscientes del car谩cter de clase que poseen estas resistencias -reproducidas diat贸picamente- a los modos concretos con que est谩 siendo mundializada eso que Marx llam贸 la Dominaci贸n Real del capital
7. Sin embargo, estos agentes est谩n directamente interesados en recalificar el fen贸meno en t茅rminos de “cuesti贸n cultural”. Esto sirve para poner a girar las reflexiones ciudadanas en torno a una contraposici贸n instalada “aqu铆-all谩”, “esto-aqu茅llo”, reflexiones de “unos” sujetos dedicadas a “otros” con quienes comparten condici贸n de clase. Recalificar estas resistencias es condici贸n previa de posibilidad para hipertrofiarlas, inventarlas, montarlas medi谩tico-jur铆dico-policialmente, etc., ya que as铆 recalificadas aparecen, a ojos de la opini贸n p煤blica, descalificadas
a priori. Este condicionamiento en el sentido de plagar estas realidades y estas fabulaciones de connotaciones descalificadoras, llama a continuar recalific谩ndolas conforme aumenta su “aparici贸n” medi谩tica, en un c铆rculo virtuoso propagand铆stico de permanente auto-refuerzo.
Resumiremos a continuaci贸n c贸mo abordan estas tres grandes l铆neas de debate esas antropolog铆as que participaron constructivamente del Forum de las Culturas, as铆 como la relaci贸n del conocimiento que elaboran y proyectan, con el contexto econ贸mico y pol铆tico de emergencia de tales cuestiones.
Uno de los debates fuertes mantenidos durante el Forum Universal de las Culturas se centr贸 en la denuncia retrospectiva de las concepciones que han estado guiando en tiempos 煤ltimos la pr谩ctica de los actores dedicados al desarrollo. Estas concepciones ten铆an como piedra angular el registro de unas carencias, unos d茅ficits, una escasez, un atraso, etc., as铆 como la vinculaci贸n de estas caracter铆sticas con unas mentalidades reacias al cambio necesario de un h谩bito productivo que no generaba los recursos necesarios para el Bienestar o para la simple supervivencia (“No traerles los peces, sino ense帽arles a pescar”). Estos actores del desarrollo no culpabilizaban 煤nicamente a la cultura de esta situaci贸n, sino que hablaban de que, lejos de ser una mera cuesti贸n de actitud, estaba fuertemente condicionada por un contexto de la Desgracia –un clima, unas cat谩strofes que vuelven y golpean con recurrencia, una sequedad y vileza de la tierra, etc.
8 La pr谩ctica correspondiente a esta concepci贸n es
suministrar unilateralmente desarrollo, que puede ser cuantificado cient铆ficamente en productividad, posesi贸n de maquinaria agr铆cola, alimentos no consumidos inmediatamente y puestos en el mercado, Kilocalor铆as por habitante-d铆a, Prote铆nas por habitante-d铆a, renta per capita, etc. Es clave hacer notar aqu铆 –a fin de que se comprenda c贸mo funcionaba este paradigma en determinado contexto de Divisi贸n Internacional del Trabajo-, el hecho de que el desarrollo rodaba a lo largo de una escala dividida en estadios cuya temporalidad era de decenios o incluso se contaba por siglos
9. Eso significa que la pr谩ctica del desarrollo deb铆a consagrarse a los objetivos propios del estadio entonces actual, es decir, en superar la agricultura de la escasez aprovisionando de capacidad de gasto “para la satisfacci贸n de las necesidades”. La industrializaci贸n era un estadio que pertenec铆a al futuro, y no se pod铆a empezar la casa por el tejado. Traduciendo: esa concepci贸n-pr谩ctica economicista del desarrollo –hoy modelo de c贸mo no hay que proceder-
10, que pasa por encima de la diferencia cultural –porque es, para esta pr谩ctica discursiva, parte del problema-, correspond铆a a un contexto productivo que afincaba a el Otro en el sector extractivo (minero y de recursos forestales, bot谩nicos, psicoactivos) y en la agricultura de monocultivo. Ese proyecto se centra en convertir el Planeta en mercado y, a estas poblaciones, en consumidores “occidentalizados” (lo que exige una transformaci贸n cultural profunda de modelos, de proyecto de vida, etc.) –mientras, al “otro lado”, el ideal en boca de todos era si tal o cual sociedad “es una sociedad moderna o una sociedad atrasada”-, de ah铆 la medici贸n econom茅trica del desarrollo en t茅rminos de poder adquisitivo.
Con la nueva estrategia de acumulaci贸n del capital que deben implementar los actores de desarrollo, ese paradigma de desarrollo despreciativo de la diversidad cultural queda totalmente desfasado y malsonante, y en el Forum le sacar谩n los pedazos. La raz贸n es que hablamos ahora de una estrategia que no se detiene en la creaci贸n del Mercado-Tierra, sino que tiene por objetivo la creaci贸n de la F谩brica-Tierra. Ello es la realizaci贸n en los hechos de la tendencia latente en el desarrollo del capital que Marx supo pronosticar a partir de indicios muy incipientes en aquel entonces: el proceso productivo de mercanc铆as es segmentado en una multiplicidad de fases y las empresas dispersan estas fases a los cuatro vientos, en funci贸n de d贸nde es m谩s rentable ubicar cada una. Esto pone a la pol铆tica del desarrollo en el reto de producir productores y la pr谩ctica discursiva-reflejo de este nuevo objetivo es el Desarrollo Social. Las campa帽as, la recogida de datos en la calle para animar el voluntariado, las donaciones, la demagogia medi谩tica, se canalizan ahora hacia la exportaci贸n no de desarrollo “en s铆”, sino de recursos para el desarrollo, y entre estos destaca la alfabetizaci贸n. La producci贸n mundializada es m贸vil, de modo que quienes hoy producen faros de motocicleta puede que ma帽ana sean puestos a producir envases de yogourt, porque unas empresas caen o desertan a territorios m谩s rentables, otras empresas vienen, etc. En este contexto que requiere operatividad y versatilidad del productor –capacidad de reciclar su especializaci贸n- la alfabetizaci贸n no cubre esta necesidad de por s铆, pero es la base m铆nima que abre la puerta tanto de la instrucci贸n y de la reorientaci贸n potencial de los productores, como del despliegue formativo futuro que afectar谩 a generaciones venideras (es una inversi贸n a medio plazo). De ah铆 que voluntarios y trabajadores a sueldo del desarrollo est茅n inmersos en campa帽as ambiciosas de alfabetizaci贸n en el campo, y que animen a los ya alfabetizados a transmitir esta habilidad intergeneracionalmente (a participar activamente en su propio desarrollo).
Esta operaci贸n es algo completamente congeniable con la conservaci贸n de las manifestaciones culturales de los intervenidos; o al menos es de
sentido com煤n presentarla as铆: como un conocimiento neutro que la poblaci贸n adquiere y que transcurre en paralelo a su cultura, porque se trata simplemente de aprender a leer y a escribir
11. Es decir, la provisi贸n de este recurso para el desarrollo aparece en los debates como algo que tiene un sentido en s铆 mismo;
abstracto del proceso para el que la alfabetizaci贸n funciona. De una cara de la moneda, el traslado de poblaciones a urbes donde poner a los sujetos a producir en plantas industriales. De la otra cara indesligable, la producci贸n de unos individuos aptos, gracias a la adquisici贸n de capacidad lectora, para manejarse en la urbe, para ser receptores de publicidad mercantil y reclamo c铆vico-pol铆tico, para “relacionarse” con el estado, dicho de otro modo,
la producci贸n de ciudadan铆a. En este nuevo medio de existencia, las cosmovisiones culturales simplemente mueren tarde o temprano, porque los sujetos las produc铆an y las sent铆an en un proceso de relaci贸n con un medio que ya no es su realidad. Ni siquiera las pr谩cticas culturales de expresi贸n interactiva m谩s o menos ritualizada de esas cosmovisiones tendr谩n cabida en un espacio
restrictivo como es la urbe y en unos sujetos ahora productores con preocupaciones adaptativas inmediatas. Pero el
folklore, los vestidos, la m煤sica y los refranes s铆 caben no s贸lo idealmente –m谩s o menos- en el medio existencial reservado a los productores, para complacencia de los participantes del Forum, quienes en sus debates sobre desarrollo defend铆an apasionadamente su vocaci贸n de protectores de la riqueza cultural y declaraban solemnemente que falta compromiso pol铆tico en el respeto de todo un gran Derecho Universal.
De todos modos, m谩s all谩 del impedimento objetivo que, para la continuidad cultural, supone la alteraci贸n dr谩stica de las condiciones de existencia, preservar y favorecer esa multiplicidad cultural s铆 es un prop贸sito verdadero, quiz谩s es el dato b谩sico estructurador de las nuevas relaciones que un mundo desindustrializado y exportador de actividad industrial pretende trazar con ese Otro poblador del mundo receptor de tal despliegue. En esta traslaci贸n copernicana –de la cultura como efecto y agravante de un “atraso” a la cultura revalorizada y problematizada “en peligro de extinci贸n”- el Forum constituye un momento c茅lebre de compromiso.
Robert Castel, en La sociedad psiqui谩trica avanzada, describe la particularidad definitoria del abanico de actividades encaminadas a asegurar que sociedades como 茅sta la de quien escribe no quiebren. Esta particularidad reside en una pol铆tica que funciona atravesando toda diferencia -social, cultural, de formas de vida, contracultural…- exactamente tal y como act煤a la bomba H con la materia inerte: deja la diferencia intacta, al tiempo que la pone a funcionar constructivamente en el universo social; en un conjunto de partes interconectadas operando org谩nica y arm贸nicamente para la propia auto-reproducci贸n de la jerarqu铆a ordenada que constituyen. Mediados por esta pol铆tica, orden y diferencia se funden en una simbiosis perfecta, de modo que s贸lo existe su s铆ntesis: la diferencia es orden social y el orden social consiste en una heterogeneidad de la que ha sido neutralizada cualquier virtualidad antisocial.
El Forum demostr贸 en qu茅 medida dar un nuevo destino capitalista concreto a esas poblaciones, asignado por el nuevo modelo de desarrollo, pasa por operar con la diversidad cultural y, por tanto, por constituir la Antropolog铆a en disciplina proporcionadora de conocimientos y de directrices con que gestionar esa diferencia devenida fuerza imprescindible m谩s que funcional. La voz de la Antropolog铆a en los debates de la Agenda del Forum quiz谩s fue t铆mida, modesta, titubeante, insegura, pronunciada por un coro no demasiado nutrido de Antrop贸logos –aunque escuchada con ilusi贸n-, tal y como corresponde a la incipiencia de un cometido profesional reci茅n estrenado que est谩 todav铆a por rodar. Habl贸 de c贸mo y de con qu茅 gravedad la inserci贸n de comunidades en la producci贸n industrial mundializada o en una agricultura orientada a la acumulaci贸n de capital, son procesos que hacen desaparecer formas econ贸micas “locales”; de c贸mo estos procesos desagregan las comunidades y quiebran sus v铆nculos de parentesco, de solidaridad, de asistencia, de redistribuci贸n de recursos, lo que desprotege a los sujetos y los deja solos y “desestructurados”. En definitiva, llam贸 la atenci贸n sobre lo nefasto de estar erosionando por completo aquellas formas culturales sin las cuales ese mismo aparato productivo que las erosiona fijando a 茅l los sujetos no puede funcionar, al menos no sin cosechar grandes problemas futuros de conflicto, de salud p煤blica y de lumpenizaci贸n. Como el estado ni libra ni va a librar a los productores de su exposici贸n a situaciones l铆mite, la Antropolog铆a establece pautas de c贸mo las comunidades podr铆an cogestionar el proceso de su propia extinci贸n preservando m铆nimamente sus lazos, y esta variante del modelo matriz de Desarrollo Social se llama muy consideradamente etno-desarrollo.
Estas antropolog铆as formularon la cr铆tica a unos estados cuyo trabajo modernizador contin煤a transcurriendo insensible hacia las culturas ind铆genas por ellos enmarcadas. Este razonamiento estatal –que determina un proceder y un tratamiento a estas poblaciones- es puesto en tela de juicio antropol贸gico por considerar como realidad externa –e incluso como arca铆smo incompatible con “la naci贸n moderna”-, lo que es Patrimonio Universal y que, espec铆ficamente, pertenece al Patrimonio de la naci贸n. Esta Antropolog铆a toma por modelo normativo de actuaci贸n actitudes estatales ya existentes. Tales estados, lejos de limitarse a dar a la diferencia estatuto de derecho, se ponen a mutar ellos mismos hacia una realidad cultural ind铆gena caricaturizada, que deja de ser diferencia y se convierte en identidad nacional. Se trata de una propuesta antropol贸gica que podr铆amos llamar de inter-integraci贸n, donde el estado se auto-presenta por medio de “indigenizaci贸n” y la modernizaci贸n pasa a caber en las subjetividades ind铆genas, disolvi茅ndose hegelianamente los supuestos opuestos y con ellos cualquier connotaci贸n de conflicto. Estas antropolog铆as est谩n llamando, en los hechos, a nacionalizar un capital (cultural) que los ind铆genas poseen y que pierde su sentido concreto al cambiar la existencia de estos. Capital que las instituciones deber谩n distribuir a toda la ciudadan铆a para su com煤n identificaci贸n.
Transformados jur铆dicamente en sujetos de derecho e
incluidos socialmente como proletarios, los ind铆genas se ven expropiados de su medio y de su modo de vida (bases para la pervivencia de su cultura). Viene a suplantarla una estructura significativa compuesta de fragmentos –iconos evocativos del pasado, episodios “gloriosos” de la lucha contra el colonialismo, la procedencia de una gran civilizaci贸n, idioma, m煤sica, s铆mbolos geogr谩ficos, etc.
12- procesados y lanzados en un acto compatibilizador “Convivencia”-“Cultura”.
Paralelamente, sujetos que ocupan posiciones dominantes tanto en esas “sociedades nacionales” englobantes como en el seno de grupos ind铆genas homogeneizados ideol贸gicamente mediante “la cultura” pero divididos en clases, acudieron al Forum reconocidos como representantes “culturales”. El Forum fue ocasi贸n extraordinaria de cultivo de la comunicaci贸n intercultural, y de conocimiento mutuo de planteamientos, visiones, problem谩ticas que deben tratarse. Fue ocasi贸n extraordinaria de intercambio de “tarjetas” entre las empresas para el desarrollo y esos sus interlocutores “intelectuales”, “l铆deres” de “otros pueblos”, “Grandes Hombres y Mujeres” tan respetados en “su cultura” y que, dicho sea, rezuman “cultura
13 de medio blanco”, convencidos ellos de que el dilema es evitar “dejar de ser” –homogeneidad, indistinci贸n- por efecto de inmersi贸n en la red mundial de producciones y de intercambios, que no deber铆a dejar de ser una red intercultural. Hasta qu茅 punto ambas cualidades son materialmente coexistibles es otro asunto. Pero en cualquier caso es coexistible una cultura considerada en su dimensi贸n performativa –mostrada- que fragua un sentimiento compartido, a la vez que divorciada
radicalmente de aquella vida concreta cuyo sentido la cultura expresa, m谩s all谩 de la morfolog铆a en que se materializa esa expresi贸n. Aquellos que ven sus intereses limitados por la inoperancia de estados que no logran desarrollar el “mundo ind铆gena” hasta hacer de 茅l Fuerza Productiva, llegaron al Forum con su propio proyecto: un discurso de lucha contra el estado que llama a la movilizaci贸n “ind铆gena” –en base tambi茅n a una identificaci贸n cultural interclasista-, discurso que transforma a los sujetos en Fuerza ya no Productiva directa, sino Fuerza Pol铆tica con que presionar para la transferencia de porciones de capital. Parte de este capital ser谩 invertido en el desarrollo de la “propia poblaci贸n ind铆gena”, proceso que estas 茅lites han decidido ponerse a gestionar aut贸nomamente (las nuevas antropolog铆as para el desarrollo, haciendo abstracci贸n del antagonismo de clases en estos medios sociales, ven en estos medios realidades culturales arm贸nicas
14, y, por tanto, contemplan esta transferencia de poder a unos representantes que act煤an desde la perspectiva del sector hegem贸nico, como si se tratara de un “empleo comunitario del poder propio con vistas a satisfacer intereses propios”, ideolog铆a que designa con el concepto de empoderamiento).
La culminaci贸n de tal proceso es impensable sin las ONGs, provisoras de la infrastructura de recursos, maquinaria y log铆stica necesaria. Existe una Antropolog铆a que teoriza esta cooperaci贸n entre ambos actores, hablando de c贸mo la 煤nica v铆a para hacerse con el poder “de gestionar su desarrollo” es arrimarse a ONGs y otras instituciones internacionales dotadas de poder y que se lo transfieran “a las comunidades”, esto es, a sus
mediatizadores, aut茅nticos
apoderados de las mismas. Esta Antropolog铆a ha producido las teor铆as del capital social, que recuperan esa terminolog铆a que Bourdieu empleaba y cuya validez descriptiva o condici贸n de mistificaci贸n depende de la realidad concreta a cuyo an谩lisis se aplique. En este caso, cifra el poder de las poblaciones en tensi贸n frente a la pobreza que han ido heredando y acumulando de haber sido sometidas a toda una secuencia pasada de f贸rmulas de desarrollo, en t茅rminos de capital social. Esto es, de la capacidad para establecer redes relacionales con actores –agencias de cooperaci贸n, BM, ONGs, etc.- que les hagan de intercesores (en s铆ntesis, poder por asociaci贸n a entidades con poder), teor铆as tan objetivas y v谩lidas como omisoras de lo que significa realmente para estas poblaciones pasar a ser tomadas como objeto de Desarrollo Social. Los aut贸ctonos que, de ese modo, se convierten en FT gratuita de los proyectos de las ONGs
15, devienen por ello agentes productivos de la consolidaci贸n de su propia dependencia.
La erosi贸n de sus formas de subsistencia previas (o de lo que de ellas quedaba) es intr铆nseca al despliegue de 茅stas, ya que transforman la tierra y modifican los grupos humanos tanto en su concentraci贸n y en su distribuci贸n territorial, como en su organizaci贸n. En caso de abandonar este escenario, las ONGs dejan una poblaci贸n desprovista de s铆 misma y de sus capacidades efectivas pasadas o potenciales, por lo que la poblaci贸n “elige” no “plantear problemas” a la estancia de las ONGs. Al tiempo, desiste de cualquier perspectiva de enfrentarse al estado como consecuencia de una disidencia frente al lugar que “en la sociedad nacional” –por el gobierno- o “en la Humanidad” –por las ONGs- les ha sido dise帽ado. Esas circunstancias no permitir铆an trabajar a estas organizaciones, que se fugar铆an del territorio, cosa que frena a unos sujetos convertidos por la actividad de 茅stas en seres econ贸micamente dependientes de su presencia. De paso, esta paralizaci贸n de los sujetos por chantaje de subsistencia –culminada su dependizaci贸n por obra de los agentes internacionales del desarrollo- conviene a la burgues铆a ind铆gena, intranquila de otro modo ante la posibilidad de insurrecciones que estuvieran proyectadas contra ella tambi茅n.
En periodos anteriores de la acci贸n para el desarrollo, caracterizada entonces por su unilateralidad, fueron acu帽ados una serie de estereotipos en torno a las sociedades intervenidas –“caos”, “desorden”, “desorganizaci贸n”, “falta de h谩bito de trabajo”-, estereotipos que funcionaban descalificando la voz del objeto pol铆tico. No es que fueran estereotipos sin m谩s, sino formas de nombrar y de descalificar moralmente subjetividades reales casi v铆rgenes de ese formato pr谩ctico y disciplinado tan adecuado al desarrollo-modernizaci贸n
16, y que por tanto colisionaban con el ideal normativo de aquel proyecto.
El Forum, empezando por su planteamiento mismo, es deconstructivo de aquellas generalizaciones. Las nuevas antropolog铆as hablan del potencial participativo de quienes deben ser sujetos –no pacientes- de desarrollo, y analizan c贸mo estimular esta participaci贸n, vehicularla para hacerla fructuosa, c贸mo ser sensibles a los indicios de su existencia –o a los de una voluntad participativa- que son dif铆ciles de ver, etc.
Estas antropolog铆as ven a menudo donde no hay –o donde no hay demasiado- y sus entusiastas etnograf铆as son un apoyo cient铆fico valioso a instituciones que: A. Hallan la mejor manera de incuestionabilizar sus pol铆ticas invocando una demanda, iniciativa y presi贸n “populares”. B. Edifican una “comunidad” participativa virtual que contrasta en principio con la realidad pero que la coloniza en la medida en que logra exponerse a la misma como imagen cre铆ble. Sirva de ejemplo el Proyecto Bah铆a Azul, en la ciudad de Salvador de Bah铆a, donde, en un medio suburbial de sujetos apurados b谩sicamente por sobrevivir y con escasa posibilidad de comunicaci贸n entre s铆, el estado y sus ONGs para la ocasi贸n construyeron un sujeto abstracto presuntamente politizado, asociativo, constituido en “sociedad civil”, etc. Esa “idealizaci贸n” –en t茅rminos dominantes- sirvi贸 de patr贸n auto-perceptivo a una poblaci贸n de la favela desconocedora de qu茅 ocurr铆a m谩s all谩 de su realidad “individual particular” y de c铆rculo m谩s inmediato, y que se trag贸 la pel铆cula de “La Comunidad”, lo que desencaden贸 su iniciativa real de involucrarse en esa operaci贸n urban铆stica que necesitaba su cooperaci贸n.
Estas antropolog铆as colaboran con otras disciplinas en un tratamiento del objeto de estudio/intervenci贸n que ha rebasado los l铆mites de la multidisciplinariead para convertirse en tratamiento interdisciplinario. De todos modos, hegemon铆a y subalternidad en la relaci贸n que entablan estos saberes se distribuyen con arreglo a momentos precisos de desarrollo, siendo as铆 que el protagonismo primero lo tienen saberes clave en la construcci贸n de cierta “infrastructura b谩sica de calidad de vida” (como la medicina, el urbanismo, la epidemiolog铆a, la diet茅tica, las ciencias de la nutrici贸n, las ciencias ambientales, etc.). La Antropolog铆a y otras Ciencias Humanas ya ser谩n puestas despu茅s en el epicentro, cuando el objeto sea susceptible de atravesar por fases m谩s acabadas –m谩s perfectas- de su desarrollo, pues este razonamiento fantasea sobre un sujeto culturalmente blindado, quien existir铆a todav铆a despu茅s de haber sido atravesado
radicalmente por aquellas primeras operaciones, que sin embargo no han transcurrido independientes y abstractas de un marco pol铆tico de transformaci贸n de la actividad social de esos sujetos
17.
Las nuevas antropolog铆as tratan con el desarrollo adoptando tambi茅n la forma concreta de antropolog铆as ling眉铆sticas: estudian en qu茅 consisten, en cada caso, las particulares disonancias cognitivas que separan de el Otro a estas empresas. Una vez conocidas, la actividad antropol贸gica puede ser pr谩ctica (mediaci贸n intercultural): salvar los l铆mites culturales al lenguaje “occidental” vinculado al desarrollo (traducci贸n de sus bondades a los s铆mbolos, met谩foras y cosmovisi贸n de el Otro, sensibiliz谩ndolo) y, en la otra direcci贸n, ser la representante de la sensibilidad de el Otro (mejor dicho, ser la representante de sus representantes con interlocuci贸n reconocida); su correa de transmisi贸n ante los organismos comprometidos en trazar con ellos relaciones de solidaridad. La contradicci贸n del desarrollo con el Otro es reducida por estas antropolog铆as a una cuesti贸n de lenguaje permisivo de comprensi贸n mutua de la unicidad objetiva de expectativas y, por tanto, permisivo de cooperaci贸n. Esta tesis cient铆fica es a menudo totalmente objetiva en lo que respecta a la representaci贸n de el Otro.
Las nuevas intervenciones tratan tambi茅n de movilizar, preservar e interactuar con gran cantidad de conocimiento local a prop贸sito de la gesti贸n de los recursos propios, para lo que precisan de antrop贸logos.
En los “nuevos” medios “para” los sujetos donde la actividad de desarrollo ha ido insertando a estos, o donde les ha forzado a insertarse una vez destruidos sus intercambios y sus formas productivas por el proceso totalitario de conversi贸n de la tierra en factor para la acumulaci贸n ampliada de capital, los recursos acostumbran a escasear. Eso da pie a relaciones de competencia cuya regulaci贸n institucional demanda el asesoramiento antropol贸gico. Esta competencia debe ser canalizada legalmente hacia pr谩cticas “leg铆timas” y que reflejan los ideales normativos (sociedad civil, cooperativas, aportaci贸n comunitaria de ideas, participaci贸n-acci贸n, iniciativas empresariales aut贸ctonas para su mercantilizaci贸n, etc.) de los interventores. A la vez, la Antropolog铆a debe encontrar f贸rmulas para obstaculizar expresiones de esta competencia conflictivas y escandalosas para estos gestores de la vida dotados de una 茅tica delicada y sensible. Esas expresiones incluyen estrategias individuales –como el robo o la violencia entre “competidores”- y estrategias colectivas –de nuevo el robo o la violencia organizada sea de presi贸n o de reapropiaci贸n de recursos m谩s all谩 de aquellos que ofrece el medio, puede que armada. Dicho de otro modo, la Antropolog铆a va aqu铆 de la mano de empresas moralizadoras (la educaci贸n en la cultura de la Paz, la escolarizaci贸n de “los valores”, etc.) o de empresas encaminadas a ense帽ar al Otro a productivizar al m谩ximo su escasez (provisi贸n de conocimientos, de abonos y fertilizantes, de tecnolog铆a, de maquinaria, etc.), impidiendo que 茅sta decaiga por debajo de ciertos 铆ndices de seguridad para la paz.
En lo que respecta a regular las relaciones entre los sujetos correspondientes a circunstancias tales, la Antropolog铆a pol铆tico-jur铆dica sensibiliza a las instituciones en la senda de delegar a los propios sujetos la potestad de regulaci贸n de esas relaciones y de sus consecuencias. Ello implica que la Ley pasa a un segundo plano y cede el protagonismo al Derecho consuetudinario, sea en la gesti贸n de los recursos, su distribuci贸n, la organizaci贸n de su explotaci贸n y la Divisi贸n del Trabajo Social, el castigo de conductas y la resoluci贸n de conflictos entre particulares e intergrupales, etc. El Derecho consuetudinario no es en s铆 mismo productor de conflicto y de insumisi贸n en la medida en que llega a serlo una Ley m谩s f谩cilmente percibida como externa a los sujetos. Es por ello una herramienta m谩s eficaz de armonizaci贸n. Aunque puede presentarse como un recurso natural 茅l mismo, que “brota de la relaci贸n de la comunidad con la tierra”, no deja de haberse desarrollado hist贸ricamente en funci贸n de una econom铆a de la desigualdad en el seno de esas poblaciones, de modo que su reactualizaci贸n es una propuesta suculenta para determinados sectores poblacionales, algunos de ellos presentes en el Forum con sabia postura ancestral de avanzar en la cooperaci贸n intercultural para el reconocimiento de su “soberan铆a cultural”.
La Antropolog铆a particip贸 tambi茅n en unos debates que estuvieron entre las l铆neas vertebradoras del Forum: aquellos que giraron en torno al Desarrollo Sostenible. Varios antrop贸logos trabajan en el BM y en otras organizaciones, investigando f贸rmulas de realizaci贸n del Desarrollo Sostenible. El BM ha incorporado tesis y paradigmas anal铆ticos ecologistas que est谩n guiando desde hace tiempo sus recetas, propuestas y pr谩ctica, lo que no es ning煤n reciclaje de imagen –aunque, por descontado, el BM no desprecia la autopropaganda-, sino una verdadera necesidad que tienen estas instituciones de mitigar cuanto sea posible esta contradicci贸n concreta de la acumulaci贸n de Capital.
Notas:
1 T贸mese el t茅rmino en la acepci贸n mertoniana de funci贸n manifiesta como expl铆cita, reconocida por los actores, por oposici贸n a la funci贸n latente, o no reconocida. La utilidad descriptiva de este dualismo consiste, con respecto al Forum, en que la funci贸n manifiesta no tiene porqu茅 ser falsa, aunque no transmita toda la verdad funcional de una instituci贸n. Efectivamente, se han sucedido las cr铆ticas al Forum en una l铆nea de identificar con la farsa, con la hipocres铆a, con la mera propaganda, con el maquillaje encubridor –de prepotencia, avasallamiento cultural, especulaci贸n inmobiliaria, reordenamiento urbano-, su propuesta de di谩logo. Aunque de todo eso hubo tras el
slogan , considero m谩s profundo efectuar la cr铆tica de los servicios verdaderos y muy valiosos que, la definici贸n conjunta de actuaciones entre una pluralidad de sectores –dominantes- de medios culturales distintos, rinde a las nuevas estrategias de producci贸n de capital y a la gesti贸n de los riesgos que 茅sta comporta.
2 Ec贸logos, Economistas, Ambientalistas, Geo-estrategas, Analistas de “conflictos internacionales”, Soci贸logos, Ingenieros Agr贸nomos y de canales, Urbanistas, etc.
3 Esta equiparaci贸n –y la modesta atenci贸n reservada a la voz de la Antropolog铆a dentro de tal multidisciplinareidad-desat贸 las quejas desde 谩mbitos antropol贸gicos acad茅micos y de investigaci贸n, que percibieron subestimada su especificidad de “especialistas de la Cultura”. Por lo dem谩s, los antrop贸logos espa帽oles invitados fueron excepci贸n.
4 M谩s all谩 de las
ilusiones sobre contenidos y sentido del “acontecimiento” que en mente tuvieran las comparsas humanas puestas a desfilar.
5 Los “expertos” que manejan este discurso en prensa, no hablan habitualmente de una hegemon铆a cultural general de estas interpretaciones sectoriales, sino de una hegemon铆a tambi茅n sectorial –por ejemplo, focalizada en “los sectores sociales m谩s pobres”, o en “lo rural”, o en “extensiones territoriales sin experiencia de contacto con la Modernidad”, etc.
6 Expresi贸n acu帽ada por el actual presidente del gobierno espa帽ol –o por los analistas que le asesoran.
7 Aunque estas resistencias se encarnen en un Juego-Lenguaje y en una morfolog铆a simb贸lica basados en la interpretaci贸n cultural de la actividad de resistencia por parte de los propios sujetos resistentes.
8 El Mal era algo as铆 como una compenetraci贸n de esos factores en una Ecolog铆a Cultural nefasta, estudiada tambi茅n por determinada Antropolog铆a materialista determinista: el medio natural determina condenando a los sujetos a no progresar, y esa determinaci贸n s贸lo puede ser rota desde fuera, por agentes ya desarrollados que exporten desarrollo.
9 Ver, por ejemplo, en Rostow,
Las etapas del crecimiento econ贸mico.
10 Opuesto negativo que sirvi贸 durante el Forum de revulsivo a la definici贸n de la relaci贸n con el Otro en base a par谩metros alternativos.
11 Puede venderse como el regalo de un nuevo canal para la expresi贸n actual de la propia cultura, la conservaci贸n de la memoria cultural, etc.
12 Estos rasgos del Mito son en s铆 mismos idealizados e indefinidos, constituyendo una auto-imagen imprecisa, pero toman su fuerza precisamente del desarrollo de la alienaci贸n de la identidad concreta y de la necesidad identitaria que ello va generando. El hecho de que la “Cultura” vaya tomando la forma de un sentir colectivo sobre contenidos imprecisos se lo pone f谩cil a los poderes ind铆genas, pues los sujetos tienden a identificarse con unos amos “aut贸ctonos” percibidos como la encarnaci贸n humana m谩s pura y elegante de todo ese pasado memorable.
13 En el sentido pedag贸gico del t茅rmino.
14 Quiz谩s ello se deba al deslizamiento, hasta los nuevos paradigmas antropol贸gicos, de aquella idea de las “sociedades simples” que acompa帽aba a la “vieja” Antropolog铆a, aunque metamorfoseada en la noci贸n abstracta de “sujetos culturales”.
15 A cambio de manutenci贸n y caridad, cont谩ndose esta mano de obra no asalariada entre los m谩s de doscientos millones de esclavos existentes hoy en el mundo.
16 Aquello que Bourdieu llamaba un
habitus.
17 Obs茅rvese cu谩nto debe este planteamiento a aquellas pir谩mides de necesidades –la de Maslow, por ejemplo-, divididas en materiales y postmateriales, que tanto gustaba construir la Econom铆a Pol铆tica. Cu谩nto hay de viejo y reciclado en estas nuevas formas de hacer Antropolog铆a.
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