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jueves, 29 de octubre de 2026

Nicaragua, el paradigma del caf茅


Por Fabrizio Casari

No cabe duda de que el mundo atraviesa una fase extremadamente convulsa. Tampoco cabe duda de que se trata de la m谩s convulsa desde la posguerra hasta hoy, dado que est谩 atravesado por 60 conflictos, golpeado por una crisis estructural del sistema capitalista de orientaci贸n financiera y marcado por el retroceso constante de la influencia del sistema dominante unipolar. La crisis se ha vuelto global ante la escasez energ茅tica provocada por el saqueo mediante el cual Estados Unidos intenta imponer que los recursos energ茅ticos internacionales se destinen al mantenimiento de su modelo. Un modelo en crisis 茅tica, pol铆tica y econ贸mica por la deuda m谩s elevada del planeta y por una profunda fractura social, que permite que las 500 empresas m谩s ricas del mundo prosperen mientras 40 millones de estadounidenses sobreviven con 铆ndices por debajo de la pobreza.

La crisis golpea sobre todo a Occidente, pero es evidente que las consecuencias sobre la cadena de valor del comercio global de importaci贸n y exportaci贸n terminan afectando a casi todos. Sin embargo, en un contexto mundial en el que el crecimiento en torno al 1,5 % constituye el dato m谩s extendido, y en el que incluso econom铆as tradicionalmente consideradas entre las m谩s s贸lidas del mundo luchan por evitar el crecimiento cero o incluso la recesi贸n, Nicaragua, a su escala, lleva 19 a帽os registrando un crecimiento importante tanto en t茅rminos relativos como absolutos.

As铆 lo ha destacado sin rodeos Ovidio Reyes, presidente del Banco Central: en 2025, el crecimiento del PIB fue del 4,9 %, por encima de las previsiones. En el primer semestre de 2026, los indicadores macroecon贸micos y microecon贸micos han se帽alado una trayectoria similar. La econom铆a muestra se帽ales de dinamismo y estabilidad al mismo tiempo, el comercio mantiene su actividad y las inversiones crecen un 18 %, lo que impulsa a煤n m谩s el desarrollo.

El caf茅 sigue siendo uno de los pilares fundamentales de las exportaciones. Hay m谩s de 252.000 manzanas cultivadas, 55.000 familias que viven de esta actividad y m谩s de 500.000 puestos de trabajo directos e indirectos generados en las zonas rurales. Si en 2025 las exportaciones de caf茅 generaron 918,4 millones de d贸lares, las proyecciones para 2026 apuntan a una cifra a煤n mayor: en los primeros seis meses se alcanzaron los 691 millones de d贸lares.

Estos resultados se han obtenido precisamente gracias a la construcci贸n de infraestructuras viales que, como se帽ala Reyes, han facilitado el transporte de trabajadores y mercanc铆as desde las explotaciones agr铆colas hasta los puertos. Todo ello reduce los costes y aumenta la eficiencia productiva. Lo mismo puede decirse de la extensi贸n del suministro el茅ctrico a todo el pa铆s, que constituye una enorme fuente de riqueza para la agroindustria, as铆 como de la construcci贸n continua de hospitales y centros de salud.

La producci贸n y la comercializaci贸n del caf茅 se convierten as铆 en un paradigma del modelo de crecimiento que integra el desarrollo de las infraestructuras, el bienestar de la poblaci贸n y el incremento de los ingresos. Es uno de los ejemplos m谩s significativos de c贸mo el desarrollo integral del pa铆s se refleja en cada uno de los sectores que componen su econom铆a.

Sin embargo, el aspecto m谩s importante no reside en los datos concretos en s铆 mismos, sino en c贸mo el crecimiento macroecon贸mico repercute en la microeconom铆a; dicho de otro modo, en c贸mo el aumento de la riqueza nacional se traduce tambi茅n en una mejora del bienestar de las familias. Estas se benefician, ante todo, de la estabilidad de los precios, que, incluso cuando los ingresos aumentan de forma limitada, permite incrementar indirectamente el poder adquisitivo al evitar que suban los precios de los productos de primera necesidad.

Precisamente para proteger este poder adquisitivo y, al mismo tiempo, salvaguardar el equilibrio presupuestario y vigilar las espirales inflacionarias - la inflaci贸n se sit煤a en el 2,8 %, por debajo de la media del continente - la estabilidad de los precios constituye un aspecto fundamental de este panorama positivo. Gracias a ella, cada a帽o una proporci贸n mayor de la poblaci贸n puede acceder a bienes de consumo de los que antes estaba total o parcialmente excluida.

¿Revoluci贸n de la econom铆a, econom铆a de la Revoluci贸n

Aqu铆 reside el sentido profundo de la econom铆a social que inspira el sistema de bienestar vigente en Nicaragua. La combinaci贸n del apoyo directo mediante la gratuidad de los servicios sociales y las subvenciones al gasto en energ铆a y transporte, junto con el mantenimiento de los precios, constituye la f贸rmula para una transmisi贸n eficaz entre la microeconom铆a y la macroeconom铆a, entre la riqueza del pa铆s y la riqueza de sus habitantes.

No se trata de algo obvio, puesto que las principales econom铆as del mundo capitalista de orientaci贸n neoliberal tienen precisamente en la escandalosa discordancia entre el crecimiento del PIB y el empobrecimiento de los sectores m谩s desfavorecidos de la poblaci贸n su resultado m谩s evidente.

Para ilustrarlo, imaginemos a tres personas y tres pollos sobre la mesa para comer: la econom铆a liberal dir铆a que cada uno tiene un pollo, pero si uno de los tres se come dos, otro se quedar谩 sin nada. Y eso es exactamente lo que ocurre en las econom铆as neoliberales, porque la transferencia neta de recursos de la riqueza p煤blica a los bolsillos privados incrementa exponencialmente tanto el empobrecimiento de las clases medias y bajas como el enriquecimiento adicional y desmesurado de las clases altas.

En definitiva, el aumento de la riqueza casi nunca significa una mejora del bienestar de las clases desfavorecidas, porque el principio de la acumulaci贸n no significa nada sin el de la redistribuci贸n.

En Nicaragua, en cambio, la historia es completamente distinta, porque destinar el 65 % del PIB a la lucha contra la pobreza significa actuar en la direcci贸n opuesta a la del liberalismo: la riqueza acumulada gracias al crecimiento econ贸mico se transfiere desde el Estado hacia los sectores m谩s necesitados.

Esto permite poner en pr谩ctica un principio de justicia de matriz socialista y cristiana, as铆 como un modelo econ贸mico keynesiano de orientaci贸n socialista, que contempla el aumento del poder adquisitivo de la poblaci贸n como mecanismo generador de la demanda interna. Esta genera una mayor circulaci贸n de dinero y propicia una mayor oferta, que a su vez permite crear m谩s empleo, distribuir m谩s riqueza y aumentar el consumo.

Por supuesto, no todo es tan autom谩tico ni est谩 exento de incertidumbres. Las fluctuaciones de los precios de las materias primas en los mercados internacionales no pueden dejar de afectar a Nicaragua. Sin embargo, la direcci贸n que ha tomado desde 2007 el modelo socioecon贸mico sandinista, gracias al papel de direcci贸n pol铆tica de la econom铆a y de regulaci贸n del mercado, ha protegido al pa铆s de las distorsiones y las injusticias t铆picas de las econom铆as liberales.

Estas 煤ltimas, por el contrario, plantean la exclusi贸n del Estado de los mecanismos fundamentales de la econom铆a y reducen su funci贸n a la gesti贸n normativa y administrativa, dejando la gesti贸n econ贸mica en manos de una improbable autorregulaci贸n del mercado, como si este fuera un organismo capaz de auto disciplinarse y no, por su propia naturaleza, un generador de privilegios, desigualdades, abusos e injusticias: la se帽al m谩s clara de un desarrollo distorsionado.

La atenci贸n prestada a la protecci贸n de las cuentas p煤blicas, incluso dentro de un modelo que prev茅 destinar la mayor parte del PIB a los sectores m谩s desfavorecidos, ha servido para reparar la destrucci贸n provocada por 16 a帽os de liberalismo desenfrenado, a los que siguieron diez a帽os de guerra y d茅cadas de dictadura somocista.

Y precisamente en un contexto de gasto social tan elevado, esta pol铆tica se ha traducido en la capacidad de mantener la inflaci贸n bajo control - estancada en el 2,8 % - y, al mismo tiempo, garantizar un desarrollo lo m谩s equilibrado y armonioso posible entre las distintas regiones del pa铆s, con aceleraciones evidentes, pero nunca temerarias, permitiendo as铆 mantener el equilibrio de las cuentas generales.

La apuesta ganadora del sandinismo ha sido negarse a aceptar para Nicaragua y los nicarag眉enses el destino de un pa铆s subdesarrollado, rico en alimentos, pero con un pueblo hambriento, con una econom铆a rural al servicio de los latifundios y humillante para los campesinos, gestionada por un Estado de 铆nfima categor铆a y con niveles alt铆simos de corrupci贸n.

La paz, motor del desarrollo

Tambi茅n resulta evidente que el crecimiento de la producci贸n y de las exportaciones est谩 estrechamente vinculado al contexto general. Un contexto en el que la paz constituye el requisito indispensable para sembrar, cosechar, distribuir y comercializar el caf茅, al igual que cualquier otro producto.

El General Avil茅s, Jefe del pueblo uniformado, ha recordado que el Ej茅rcito de Nicaragua ha desplegado a 3.000 efectivos para proteger la paz y la tranquilidad de los ciudadanos y productores en toda la zona, y que la condici贸n para seguir mejorando la producci贸n reside en la estrecha colaboraci贸n entre el Ej茅rcito, la Polic铆a y los productores, unidos en el esfuerzo por construir una Nicaragua cada vez m谩s orientada al crecimiento econ贸mico y al bienestar de la poblaci贸n.

En efecto, la paz es una palabra que encierra varios significados. La paz no solo es deseable porque reduce o elimina los conflictos y garantiza plenamente la tranquilidad, sino tambi茅n porque genera estabilidad de manera directa. Y la estabilidad es precisamente el factor decisivo que incentiva las inversiones de capital nacional y extranjero en la producci贸n y comercializaci贸n de productos agr铆colas.

Por tanto, la estabilidad del entorno geogr谩fico en el que se encuentran las grandes plantaciones agr铆colas del pa铆s repercute de inmediato en la producci贸n y, en consecuencia, en los vol煤menes, los destinos, la comercializaci贸n y los ingresos que de ella se derivan, as铆 como en la econom铆a nacional.

El desaf铆o de la pacificaci贸n nacional se ha superado. As铆 lo demuestran no solo los 铆ndices extraordinariamente bajos de criminalidad en el conjunto del continente, sino tambi茅n la afirmaci贸n contundente de la estabilidad interna frente a cualquier intento de desestabilizar el marco pol铆tico y constitucional del pa铆s.

Una Nicaragua que ha saldado las cuentas con el pasado y que ahora se proyecta hacia el futuro. Mirando hacia adelante, pero siempre con los pies en la tierra.



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mi茅rcoles, 28 de octubre de 2026

DECLARACI脫N FINAL DEL XI ENCUENTRO EUROPEO DE SOLIDARIDAD CON LA REVOLUCI脫N POPULAR SANDINISTA





Brescia, Italia, 23-25 de octubre de 2026

¡Por la paz, la soberan铆a de los pueblos y la solidaridad internacionalista!

Las organizaciones, colectivos y personas participantes en el XI Encuentro Europeo de Solidaridad con la Revoluci贸n Popular Sandinista, procedentes de distintos territorios de Europa: Euskal Herria, Zaragoza, Asturias y Catalunya (Estado Espa帽ol), Alemania, Dinamarca, Suecia, Francia, Italia y B茅lgica. Nos reunimos en Brescia, Italia para rendir homenaje al compa帽ero internacionalista Dino Verderio por su solidaridad con Nicaragua y su compromiso de defensa de la Revoluci贸n Sandinista. Y tras tres d铆as de trabajo, coordinaci贸n, talleres, ponencias y reencuentros, DECLARAMOS:

Ante el agravamiento de las guerras imperialistas y las agresiones militares, hacemos nuestro el llamamiento a la paz defendido por Nicaragua ante la 81.陋 Asamblea General de la ONU, donde el canciller Valdrack Jaentschke present贸 el pronunciamiento de su pa铆s en favor de la paz global, la erradicaci贸n de la pobreza y un orden internacional multipolar.

Defendemos la cooperaci贸n entre naciones y reconocemos a los BRICS como una expresi贸n del fortalecimiento del Sur Global y de la b煤squeda de relaciones internacionales m谩s justas, basadas en la soberan铆a, la igualdad y el desarrollo compartido.

Expresamos nuestra solidaridad con el pueblo palestino, denunciamos el genocidio, la ocupaci贸n y la destrucci贸n de Gaza, y exigimos el fin de la violencia, la entrada de ayuda humanitaria y el reconocimiento de los derechos nacionales palestinos. Felicitamos a Nicaragua por su demanda ante la Corte Internacional de Justicia contra Alemania, en la que denuncia presuntos incumplimientos de obligaciones internacionales relacionados con su complicidad con Israel en el genocidio con el pueblo palestino.

Reafirmamos tambi茅n nuestra solidaridad con el pueblo iran铆 frente a los ataques militares de EEUU e Israel y exigimos el cese de las hostilidades y el respeto a su soberan铆a.

En Venezuela, continuamos denunciando el secuestro de su presidente constitucional Nicol谩s Maduro y la primera combatiente Cilia Flores, por EEUU y exigimos su inmediata liberaci贸n. Denunciamos la intervenci贸n norteamericana, defendemos la soberan铆a venezolana y felicitamos al pueblo bolivariano por la experiencia de las comunas, impulsada desde la etapa de Hugo Ch谩vez, como proyecto de organizaci贸n popular, participaci贸n directa y construcci贸n del poder comunitario. Apostamos por su fortalecimiento como v铆a para afrontar las presiones externas y defender la independencia nacional.

Reiteramos nuestra solidaridad con Cuba y exigimos el fin del criminal bloqueo estadounidense, denunciando sus graves consecuencias econ贸micas y sociales, as铆 como la crisis energ茅tica y los prolongados apagones que afectan a la poblaci贸n.

Nicaragua se aproxima al vig茅simo aniversario de la segunda etapa de la Revoluci贸n Popular Sandinista, que se cumplir谩 en Enero del 2027 y por ello queremos reconocer las transformaciones desarrolladas desde 2007 en 谩mbitos fundamentales para el bienestar del pueblo nicarag眉ense:

  1. Sanidad. Nicaragua ha pasado de 33 hospitales en 2006 a 79, con 43 nuevos hospitales construidos desde 2007. Tambi茅n se han ampliado los centros de salud, la atenci贸n comunitaria y los servicios m茅dicos en zonas rurales.
  2. Educaci贸n. Destacamos la gratuidad de la ense帽anza p煤blica, en todas las etapas de la educaci贸n, la ampliaci贸n de centros educativos y el acceso a la formaci贸n t茅cnica y universitaria. En 2025, el programa Universidad en el Campo (UNICAM) acercaba la educaci贸n superior a 38.153 personas mediante siete universidades p煤blicas.
  3. Infraestructura y comunicaciones. La red de carreteras pavimentadas ha pasado de 2.044 kil贸metros en 2007 a 5.740 en 2026, junto con la construcci贸n y rehabilitaci贸n de caminos y puentes que mejoran la comunicaci贸n entre comunidades y regiones productivas.
  4. Vivienda digna. Entre 2007 y 2025 se construyeron o mejoraron 151.395 viviendas, mediante programas sociales dirigidos especialmente a familias de bajos ingresos.
  5. Electrificaci贸n, energ铆as renovables y agua potable. La cobertura el茅ctrica pas贸 de cerca del 54 % en 2007 a m谩s del 99,7 % en febrero de 2026. Las fuentes renovables aportan alrededor del 73 % de la generaci贸n el茅ctrica, mientras que la cobertura de agua potable supera el 95 %.
  6. Reducci贸n de la extrema pobreza. Reconocemos el impulso de los 40 programas orientados a la restituci贸n de derechos de la poblaci贸n nicarag眉ense y la mejora de su calidad de vida. Entre ellos destacamos el Plan Techo, Hambre cero y Usura Cero. Estas medidas, junto con la inversi贸n social y el apoyo a las familias, forman parte de los esfuerzos para mejorar las condiciones de vida y reducir la pobreza. Actualmente Nicaragua dedica el 65,4% del presupuesto para combatir la pobreza.

Felicitamos al pueblo de Nicaragua por las reformas institucionales, as铆 como todas las iniciativas jur铆dicas y pol铆ticas que sean destinadas a garantizar la paz y el desarrollo de Nicaragua, la defensa de su soberan铆a. Y defendemos su derecho a decidir soberanamente su modelo de desarrollo. Reivindicamos la participaci贸n popular, la independencia nacional y la protecci贸n frente a las injerencias extranjeras.

Denunciamos la campa帽a de desinformaci贸n, as铆 como las iniciativas de intervenci贸n y medidas coercitivas unilaterales y presi贸n, impulsadas desde EEUU y determinadas instancias europeas.

El CES-RPS continuar谩 desarrollando su trabajo de lucha comunicacional, para combatir el bloqueo medi谩tico y dar a conocer las transformaciones de la Revoluci贸n Sandinista. Asimismo, seguiremos impulsando la campa帽a internacional «NICARAGUA SE RESPETA», que exige el cumplimiento de la sentencia de la CIJ del 27 de junio de 1986.

La solidaridad internacionalista significa defender los derechos de las clases trabajadoras, los servicios p煤blicos, la justicia social y la autodeterminaci贸n de los pueblos. Frente a la guerra y la dominaci贸n, defendemos la paz, la cooperaci贸n y el derecho de cada naci贸n a construir su propio futuro.

Agradecemos al gobierno de Nicaragua por su reconocimiento al institucionalizar el 28 de abril como d铆a nacional del h茅roe internacionalista para honrar a hombres y mujeres de distinta nacionalidad que apoyaron y siguen apoyando las luchas por la paz, la soberan铆a y justicia del pa铆s.

¡Por la paz, la justicia social y un mundo multipolar!
¡Viva la solidaridad internacionalista!
¡Nicaragua se respeta!
¡Viva la Revoluci贸n Popular Sandinista!




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lunes, 19 de octubre de 2026

Crece la rebeli贸n social en Europa : vivienda, salarios y servicios p煤blicos en el centro del descontento


Por Javier Huerta

Juventud y clase trabajadora frente a un sistema que bloquea sus expectativas de futuro


Las protestas que recorren Francia, Espa帽a, B茅lgica, Portugal, Italia y Albania expresan un malestar social con ra铆ces comunes, pero tambi茅n responden a conflictos nacionales distintos. El encarecimiento de la vida, la precariedad, las dificultades para acceder a una vivienda y el deterioro de los servicios p煤blicos alimentan una contestaci贸n que pone en cuesti贸n las prioridades econ贸micas y pol铆ticas de los gobiernos.

Desde finales de septiembre, miles de estudiantes, trabajadores y otros sectores sociales han salido a las calles de distintas ciudades europeas para denunciar unas condiciones de vida cada vez m谩s dif铆ciles. Las movilizaciones no responden a una convocatoria 煤nica ni cuentan con una direcci贸n compartida, pero coinciden en problemas que atraviesan buena parte del continente: salarios que pierden capacidad adquisitiva, vivienda inaccesible, educaci贸n p煤blica bajo presi贸n y servicios esenciales que no siempre responden a las necesidades de la poblaci贸n.

La coincidencia temporal no convierte estas protestas en un movimiento europeo unificado. Francia vive una crisis que comenz贸 en los centros educativos y se extendi贸 hacia otras reivindicaciones sociales; en Espa帽a y Portugal, la vivienda concentra buena parte de la indignaci贸n; en B茅lgica confluyen las protestas sindicales contra los ajustes presupuestarios y las movilizaciones estudiantiles; en Italia se combinan las demandas econ贸micas con el rechazo a las guerras; y en Albania, las protestas juveniles se han transformado en un desaf铆o directo al Gobierno de Edi Rama.

El hilo conductor es material: cada vez resulta m谩s dif铆cil que el empleo, la formaci贸n y el esfuerzo individual garanticen unas condiciones de vida dignas. Para la juventud, emanciparse y acceder a una vivienda se convierte en una carrera de obst谩culos; para muchas familias trabajadoras, los gastos esenciales absorben una parte creciente de los ingresos; y para quienes dependen de la educaci贸n, la sanidad y otros servicios p煤blicos, los recortes amenazan derechos que condicionan sus oportunidades.

La cuesti贸n pol铆tica de fondo es qui茅n soporta el coste de esta situaci贸n. Cuando los gobiernos justifican los ajustes en nombre de la estabilidad presupuestaria, la competitividad o la reducci贸n de la deuda, las decisiones sobre qu茅 se financia y qu茅 se recorta distribuyen de manera desigual sus consecuencias. Las protestas est谩n obligando a discutir esas prioridades, aunque sus participantes no compartan necesariamente un mismo diagn贸stico ni una estrategia com煤n.

Francia: de las aulas deterioradas a una crisis social y pol铆tica

En Francia, las movilizaciones comenzaron a finales de septiembre entre estudiantes de secundaria que denunciaban la falta de profesorado, las aulas masificadas, las instalaciones deterioradas y las dificultades de acceso a la educaci贸n superior. Las protestas se extendieron desde los centros educativos a las calles y sumaron a sindicatos, trabajadores y activistas. A las reivindicaciones educativas se incorporaron el encarecimiento de la vida, el precio de los combustibles y la p茅rdida de poder adquisitivo.

La jornada del 17 de octubre marc贸 una escalada. Seg煤n el Ministerio del Interior franc茅s, m谩s de 550.000 personas participaron en las manifestaciones de ese s谩bado. La movilizaci贸n incluy贸 concentraciones pac铆ficas, pero tambi茅n enfrentamientos, incendios y saqueos en distintas ciudades. En Limoges fue incendiado el ayuntamiento y se registraron da帽os en numerosos comercios. El 19 de octubre, las autoridades contabilizaban alrededor de 2.400 detenciones durante el fin de semana y m谩s de 3.000 establecimientos da帽ados o saqueados, cifras oficiales que deben entenderse como un balance provisional de los incidentes.

La dimensi贸n de los disturbios ha desplazado parte del debate hacia la seguridad y el orden p煤blico. Sin embargo, los actos de violencia no explican por s铆 solos el origen de la movilizaci贸n ni permiten atribuir una misma conducta al conjunto de quienes han protestado. La falta de docentes, el deterioro de los centros y las barreras econ贸micas para continuar los estudios son problemas concretos que afectan a miles de estudiantes, independientemente de los enfrentamientos protagonizados por determinados grupos.

La educaci贸n p煤blica tiene una dimensi贸n de clase evidente. Las familias con recursos pueden recurrir a centros privados, clases particulares o alternativas que compensen las deficiencias del sistema; quienes dependen exclusivamente de la ense帽anza p煤blica tienen menos margen para hacerlo. Cuando se deteriora la calidad educativa o se restringe el acceso a los estudios superiores, las desigualdades econ贸micas existentes pueden reproducirse y ampliarse.

El Gobierno franc茅s ha anunciado que incorporar谩 a unos 3.000 docentes cualificados, pero a煤n no se comprometido a un aumento sustancial de la financiaci贸n escolar. La limitada capacidad presupuestaria del Ejecutivo dificulta una respuesta amplia al malestar. Al mismo tiempo, los sindicatos han anunciado nuevas movilizaciones contra los recortes y en favor de los salarios, mientras algunos grupos estudiantiles han llamado a volver a las calles el 24 de octubre.

La crisis francesa revela as铆 una contradicci贸n: se exige a la juventud que se forme y construya su futuro, pero las instituciones que deber铆an garantizar esa posibilidad no siempre cuentan con los recursos necesarios. Cuando esa frustraci贸n se combina con el encarecimiento de la vida y la incertidumbre laboral, una protesta inicialmente educativa puede convertirse en una contestaci贸n social m谩s amplia.

Espa帽a: la vivienda convierte la precariedad en un problema colectivo

En Espa帽a, la vivienda se ha consolidado como uno de los principales focos de conflicto social. El 3 de octubre se celebraron manifestaciones en alrededor de cincuenta ciudades para reclamar medidas contra los alquileres abusivos, la especulaci贸n y los desahucios. La convocatoria adquiri贸 una especial repercusi贸n tras conocerse el caso de una mujer de 87 a帽os desalojada en Madrid despu茅s de que un fondo de inversi贸n aumentara un 230 % el alquiler de su vivienda.

El caso puso rostro a un problema que afecta a generaciones distintas. Seg煤n datos citados por The Guardian, los alquileres en Espa帽a han aumentado aproximadamente un 80 % en una d茅cada. El encarecimiento obliga a muchas personas j贸venes a compartir vivienda durante m谩s a帽os, retrasa la emancipaci贸n y fuerza a familias trabajadoras a destinar una proporci贸n creciente de sus ingresos a mantener un hogar. Para quienes tienen salarios bajos o pensiones reducidas, una subida del alquiler puede poner en peligro la estabilidad residencial incluso despu茅s de a帽os viviendo en el mismo lugar.

La contradicci贸n est谩 en la propia funci贸n econ贸mica de la vivienda. Para quien necesita un hogar, es una condici贸n b谩sica de seguridad y autonom铆a; para quien acumula propiedades o invierte en el mercado inmobiliario, puede ser una fuente de rentabilidad. La presi贸n de los alquileres tur铆sticos, la concentraci贸n de viviendas en manos de grandes propietarios y la especulaci贸n pueden intensificar esa tensi贸n, aunque su peso concreto var铆a seg煤n la ciudad y el mercado local.

La crisis no se resuelve 煤nicamente con ayudas individuales si los precios contin煤an creciendo por encima de los ingresos. Las subvenciones pueden aliviar situaciones urgentes, pero, sin una oferta suficiente de vivienda asequible y medidas eficaces contra los abusos, parte de esa ayuda puede terminar absorbida por el propio mercado. Por eso las manifestaciones han reclamado cambios estructurales y una intervenci贸n p煤blica capaz de garantizar que el acceso a la vivienda no dependa exclusivamente de la capacidad de pago.

La cuesti贸n de clase es directa: quienes viven de su salario destinan una parte de sus ingresos a pagar un alquiler, mientras los propietarios obtienen ingresos por ese mismo gasto. Esa relaci贸n no convierte a todos los propietarios en actores id茅nticos ni explica por s铆 sola cada variaci贸n de los precios, pero permite entender por qu茅 la vivienda genera un conflicto distributivo. La movilizaci贸n plantea si las pol铆ticas p煤blicas deben priorizar la rentabilidad inmobiliaria o el derecho de la poblaci贸n a disponer de un hogar estable.

B茅lgica: los sindicatos contra los ajustes y los estudiantes por el acceso a la educaci贸n

En B茅lgica, las protestas han tenido dos frentes relacionados, pero diferenciados. El 9 de octubre, alrededor de 30.000 personas participaron en una marcha en Bruselas vinculada a una huelga nacional contra los recortes presupuestarios del Gobierno. La convocatoria parti贸 de los dos principales sindicatos del pa铆s: la organizaci贸n socialista FGTB/ABVV y la cristiana CSC/ACV.

Las centrales sindicales denunciaron unas medidas que, a su juicio, trasladan a trabajadores, pensionistas y hogares de bajos ingresos el peso de la reducci贸n del d茅ficit p煤blico. El Gobierno defendi贸 la necesidad de ajustes para evitar que la deuda y los costes de financiaci贸n impongan una carga mayor a las generaciones futuras. El desacuerdo no gira 煤nicamente en torno a la necesidad de equilibrar las cuentas, sino a qui茅n debe asumir el coste y qu茅 servicios o prestaciones quedan expuestos a los recortes.

Durante la jornada hubo enfrentamientos entre la polic铆a y grupos de manifestantes, con incendios y da帽os a bienes p煤blicos. Reuters inform贸 de 21 personas detenidas o arrestadas, entre ellas 13 menores. Sin embargo, la marcha sindical en s铆 transcurri贸 mayoritariamente de forma pac铆fica, seg煤n la informaci贸n policial.

Las protestas estudiantiles constituyen un segundo frente. Comenzaron a principios de octubre en Lieja y se extendieron a Bruselas, donde el 17 de octubre se manifestaron varios centenares de j贸venes. Los estudiantes denunciaron el aumento de los costes educativos, las aulas masificadas y las reformas que temen que dificulten el acceso a la ense帽anza superior. Las movilizaciones se produjeron en un contexto de presi贸n presupuestaria sobre los servicios p煤blicos y de preocupaci贸n por las oportunidades de las generaciones j贸venes.

La relaci贸n entre ambos conflictos es significativa, aunque no debe confundirse a sus convocantes ni sus demandas. Los sindicatos cuestionan las consecuencias sociales de los ajustes; los estudiantes advierten de que el encarecimiento de la educaci贸n puede convertir el origen econ贸mico en un factor a煤n m谩s determinante para acceder a los estudios superiores. En ambos casos, las decisiones presupuestarias repercuten de manera desigual sobre quienes dependen de los salarios y los servicios p煤blicos.

Las pancartas de la jornada sindical condensaron esa conexi贸n entre educaci贸n y clase: «Me he saltado clase para defender a la clase», recogi贸 Reuters entre las consignas de los participantes. La frase resume una preocupaci贸n compartida: el acceso a la educaci贸n y la protecci贸n de las condiciones laborales no son asuntos aislados, sino elementos centrales de las oportunidades sociales.

Portugal: vivienda inaccesible y p茅rdida de poder adquisitivo

En Portugal, la manifestaci贸n convocada en Lisboa el 17 de octubre por la Confederaci贸n General de los Trabajadores Portugueses (CGTP-IN) reuni贸 demandas relacionadas con los salarios, las pensiones, la vivienda y el coste de la energ铆a y los combustibles. El conflicto residencial tambi茅n se hizo visible en los campamentos levantados en espacios p煤blicos: personas que reclamaban una respuesta a la falta de viviendas asequibles instalaron tiendas de campa帽a en Lisboa y Oporto.

Seg煤n la informaci贸n publicada por Al Jazeera, los precios de la vivienda en Portugal se han m谩s que duplicado desde 2017, mientras que los alquileres de los nuevos contratos han experimentado un crecimiento similar. La comparaci贸n debe entenderse con precisi贸n: los precios de compraventa y los de los nuevos alquileres son indicadores distintos, pero ambos apuntan a una presi贸n intensa sobre quienes buscan una vivienda.

La subida de los precios coincide con la preocupaci贸n por unos salarios que no siempre permiten cubrir los gastos b谩sicos. Cuando el alquiler, los alimentos, la energ铆a y el transporte absorben la mayor parte de los ingresos, las familias tienen cada vez menos margen para afrontar imprevistos. Para la juventud, esa presi贸n dificulta la emancipaci贸n; para quienes tienen empleos precarios, salarios modestos o pensiones limitadas, aumenta el riesgo de pobreza y exclusi贸n residencial.

Los campamentos no resuelven la crisis, pero hacen visible una contradicci贸n que las estad铆sticas pueden presentar de forma abstracta: hay personas para quienes disponer de una vivienda estable se ha convertido en un objetivo dif铆cil de alcanzar, incluso cuando trabajan. El problema no se reduce a la falta de esfuerzo individual. Tambi茅n depende de la evoluci贸n del mercado, de la disponibilidad de vivienda asequible y de las decisiones pol铆ticas sobre el uso del suelo y la funci贸n social del parque residencial.

La protesta de la CGTP-IN sit煤a la vivienda dentro de una agenda m谩s amplia de defensa de los ingresos y las condiciones de vida. Esa conexi贸n es importante porque el coste residencial no puede analizarse al margen de los salarios: un alquiler puede resultar inasumible no solo porque aumente, sino porque los ingresos de quien lo paga no crecen al mismo ritmo. La reivindicaci贸n de vivienda asequible est谩, por tanto, estrechamente ligada a la lucha por unas condiciones laborales y unas pensiones dignas.

Italia: el coste de la vida y el rechazo a las guerras

Italia vivi贸 el 17 de octubre movilizaciones contra el encarecimiento de la vida y las guerras. En Mil谩n, una marcha que comenz贸 de forma pac铆fica termin贸 con enfrentamientos entre algunos manifestantes y la polic铆a, incendios y da帽os en establecimientos. Tambi茅n se registraron incidentes en otras ciudades, entre ellas Bolonia. La cobertura de la jornada recogi贸 demandas relacionadas con mejores salarios, pensiones, vivienda, combustible y servicios p煤blicos.

El contexto econ贸mico contribuye a explicar el malestar, aunque no basta por s铆 solo para explicar las decisiones de cada participante. Associated Press inform贸 de que la inflaci贸n italiana hab铆a alcanzado el 4,2 % en septiembre, frente al 3,8 % registrado en la eurozona. Ese diferencial no demuestra que la inflaci贸n sea la causa 煤nica de las protestas, pero ilustra la presi贸n que sufren los hogares cuando suben los precios y los ingresos no avanzan al mismo ritmo.

La preocupaci贸n por el coste de la vida se enlaza con el estado de los servicios p煤blicos y con las condiciones de empleo. Los salarios determinan la capacidad de afrontar gastos esenciales; las pensiones condicionan la seguridad econ贸mica de las personas mayores; y el acceso a la vivienda afecta a la autonom铆a de quienes comienzan su vida laboral. Cuando esos elementos se deterioran simult谩neamente, el malestar puede superar el 谩mbito de una reivindicaci贸n concreta y convertirse en una cr铆tica m谩s amplia a las prioridades gubernamentales.

Las consignas contra las guerras a帽aden una dimensi贸n pol铆tica e internacional. Parte de los manifestantes reclama que los recursos p煤blicos se orienten a mejorar las condiciones de vida, en lugar de destinarse a pol铆ticas militares que consideran prioritarias para los gobiernos. Esa cr铆tica expresa una disputa sobre el gasto p煤blico, pero no permite afirmar que todos los participantes compartan la misma posici贸n sobre los conflictos internacionales o las alianzas militares.

Tambi茅n en Italia es esencial distinguir las demandas sociales de los episodios de violencia. Los da帽os y enfrentamientos forman parte de los hechos que deben consignarse, pero no justifican atribuir una misma conducta a toda la manifestaci贸n ni convertir los disturbios en una explicaci贸n suficiente de la protesta. La aparici贸n del denominado Oct. 17 Movement, que anunci贸 su intenci贸n de mantener movilizaciones peri贸dicas. Su continuidad permitir谩 valorar si el malestar se traduce en una organizaci贸n estable o queda limitado a convocatorias puntuales.

Albania: el descontento estudiantil se convierte en una crisis de legitimidad

En Albania, las protestas han adquirido un car谩cter directamente antigubernamental. Desde mediados de octubre, miles de j贸venes se han concentrado en Tirana y otras ciudades para exigir la dimisi贸n del primer ministro, Edi Rama. Las movilizaciones denuncian la corrupci贸n, la falta de oportunidades laborales y las deficiencias educativas. Tambi茅n se relacionan con meses de oposici贸n a un controvertido proyecto tur铆stico de lujo en la costa, respaldado por Jared Kushner, y a las circunstancias en que se habr铆a transferido el terreno destinado a su desarrollo.

El 16 de octubre las protestas se hab铆an extendido m谩s all谩 de la capital y los estudiantes consideraban agotadas las v铆as de movilizaci贸n pac铆fica despu茅s de meses sin respuestas satisfactorias. En los enfrentamientos se produjeron da帽os materiales, incendios y choques con la polic铆a. Al d铆a siguiente, se uso gases lacrim贸genos, ca帽ones de agua y proyectiles que parec铆an ser balas de goma. El jefe de la polic铆a comunic贸 que m谩s de mil personas hab铆an sido detenidas y que 388 hab铆an sido procesadas, seg煤n el balance difundido durante las protestas. Esas cifras corresponden a las autoridades y deben atribuirse expresamente a ellas.

El conflicto urban铆stico requiere una distinci贸n importante. El terreno del proyecto estaba relacionado con una persona buscada por tr谩fico de drogas, pero tambi茅n se帽al贸 que no hab铆a pruebas de que Kushner hubiera cometido irregularidades. La controversia forma parte del contexto pol铆tico de las movilizaciones, pero no debe transformarse en una acusaci贸n no demostrada contra el empresario ni sustituir el conjunto de las reivindicaciones estudiantiles.

El 18 de octubre, Rama rechaz贸 las exigencias de dimisi贸n y sostuvo que las protestas amenazaban la trayectoria de Albania hacia la Uni贸n Europea, en lugar de poner en peligro a su Gobierno. La declaraci贸n refleja el intento del Ejecutivo de presentar la crisis en t茅rminos de estabilidad pol铆tica e integraci贸n europea. Para los manifestantes, sin embargo, la legitimidad de las instituciones tambi茅n depende de su capacidad para ofrecer oportunidades, combatir la corrupci贸n y garantizar servicios p煤blicos adecuados.

La situaci贸n albanesa difiere de la de los pa铆ses donde la vivienda o los salarios dominan las convocatorias. Aqu铆, la exigencia de dimisi贸n del Gobierno ocupa un lugar central. Aun as铆, las reivindicaciones materiales son inseparables de la crisis pol铆tica: la falta de empleo, la calidad de la educaci贸n y la percepci贸n de que las oportunidades dependen de redes de poder condicionan las expectativas de una generaci贸n. Cuando las instituciones no responden a esas demandas, la frustraci贸n econ贸mica puede transformarse en una crisis de confianza en el sistema pol铆tico.

Una crisis social com煤n, pero no una revuelta europea unificada

Las movilizaciones de estas semanas no constituyen una revuelta coordinada ni responden a un programa 煤nico. Sus convocantes, demandas inmediatas y formas de protesta var铆an de un pa铆s a otro. Francia vive una crisis educativa que se ha extendido a otros problemas sociales; Espa帽a y Portugal concentran buena parte de sus protestas en la vivienda; B茅lgica combina la oposici贸n sindical a los ajustes con las reivindicaciones estudiantiles; Italia re煤ne demandas econ贸micas y rechazo a las guerras; y Albania atraviesa una crisis pol铆tica en la que los estudiantes exigen la dimisi贸n del primer ministro.

Pero esas diferencias no impiden identificar una experiencia compartida: el esfuerzo individual ofrece cada vez menos garant铆as de estabilidad. La formaci贸n no asegura un empleo digno; tener trabajo no garantiza poder pagar una vivienda; y los servicios p煤blicos pueden resultar insuficientes precisamente para quienes m谩s dependen de ellos. No todos los pa铆ses presentan el mismo nivel de precariedad ni las mismas causas, pero las protestas muestran que amplios sectores de la poblaci贸n perciben una distancia creciente entre las promesas de progreso y sus condiciones cotidianas.

Una perspectiva de clase permite conectar esos conflictos sin borrar sus particularidades. La vivienda es una necesidad para quien busca un hogar y un activo rentable para quien invierte en propiedades; el salario es el sustento de quien trabaja y un coste que las empresas intentan contener; la educaci贸n ampl铆a las oportunidades, pero pierde capacidad igualadora cuando el acceso depende cada vez m谩s de los recursos familiares. Estas relaciones no explican autom谩ticamente cada protesta, pero ayudan a comprender por qu茅 dificultades aparentemente individuales adquieren una dimensi贸n colectiva.

Tambi茅n es necesario evitar una lectura idealizada de las movilizaciones. La coincidencia de reivindicaciones materiales no significa que todos los participantes compartan una orientaci贸n pol铆tica, ni que las protestas conduzcan necesariamente a soluciones igualitarias. El descontento puede fortalecer la solidaridad entre trabajadores, estudiantes y otros sectores populares, pero tambi茅n puede ser aprovechado por fuerzas que desv铆en la responsabilidad hacia las personas migrantes o hacia otros grupos vulnerables. La orientaci贸n futura depender谩 de la capacidad de los movimientos para formular demandas concretas, sostener la organizaci贸n y disputar pol铆ticamente las causas de la crisis.

La dimensi贸n internacionalista consiste en reconocer que estos problemas desbordan las fronteras y que la solidaridad entre quienes los sufren puede fortalecer sus reivindicaciones. No basta con se帽alar que hay protestas simult谩neas: es necesario comparar las pol铆ticas que las alimentan, identificar qu茅 sectores soportan los costes y examinar las alternativas que permitir铆an ampliar los derechos sociales. Esa tarea exige, adem谩s, escuchar a los propios protagonistas y distinguir sus demandas de las interpretaciones que se hacen desde fuera.

La disputa por los recursos p煤blicos atraviesa varios de los conflictos descritos. En B茅lgica, los sindicatos rechazan ajustes que consideran perjudiciales para trabajadores y pensionistas; en Francia, la falta de docentes evidencia las limitaciones de la financiaci贸n educativa; en Italia, las consignas contra las guerras cuestionan las prioridades del gasto; y en Portugal y Espa帽a, la crisis residencial plantea hasta qu茅 punto las instituciones est谩n dispuestas a intervenir en un mercado que deja a muchas personas fuera. No se trata de problemas id茅nticos, pero todos obligan a discutir qu茅 necesidades se consideran prioritarias y qui茅n paga las consecuencias de las decisiones econ贸micas.

La respuesta de los gobiernos ser谩 determinante. Tratar el conflicto exclusivamente como un problema de orden p煤blico puede contener temporalmente las protestas, pero no resuelve las condiciones que las alimentan. Las medidas duraderas deber谩n evaluarse por sus resultados: acceso real a una vivienda asequible, salarios suficientes, educaci贸n accesible, servicios p煤blicos con recursos adecuados y garant铆as para quienes viven de su trabajo. Sin cambios en esas condiciones, el descontento dif铆cilmente desaparecer谩.

La extensi贸n de las movilizaciones tampoco garantiza por s铆 sola una transformaci贸n pol铆tica. Para que la indignaci贸n se convierta en una fuerza capaz de modificar las condiciones de vida hacen falta organizaci贸n, continuidad y objetivos concretos. Lo que estas protestas ya han conseguido es hacer visible que la imposibilidad de pagar un alquiler, la p茅rdida de poder adquisitivo o el deterioro de la educaci贸n no son meros fracasos individuales: son problemas sociales que exigen respuestas colectivas.

La pregunta que queda abierta es si los gobiernos europeos atender谩n esas demandas mediante cambios materiales o si tratar谩n de recuperar la estabilidad sin alterar las prioridades que han contribuido al malestar. La respuesta no se medir谩 en declaraciones, sino en las condiciones de vida que experimenten quienes hoy salen a la calle. Y ser谩 ah铆, en la capacidad de transformar la protesta en derechos efectivos, donde se comprobar谩 el alcance real de esta oleada de movilizaci贸n.




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domingo, 18 de octubre de 2026

Mensaje en la botella para el pueblo de Espa帽a


Por Javier Huerta

Abstenci贸n, lucha de clases y la necesidad de recuperar nuestra voz

Hay mensajes que se lanzan al mar sin saber qui茅n los encontrar谩. Este art铆culo quiere ser uno de ellos: una invitaci贸n a quienes han dejado de confiar en la pol铆tica, se sienten decepcionados por los partidos o creen que votar no sirve para nada. No se trata de ignorar sus razones, sino de plantear una pregunta: si renunciamos a participar, ¿qui茅n tomar谩 las decisiones que afectan a nuestras vidas?

Quien trabaja y no consigue llegar a fin de mes, quien no puede emanciparse por el precio de la vivienda, quien busca empleo sin encontrarlo o quien necesita una pensi贸n, servicios p煤blicos y apoyos para vivir con dignidad tiene motivos para exigir respuestas. Pero abandonar las urnas no obliga a los partidos a cambiar. Puede, en cambio, reducir la capacidad de influir de quienes m谩s necesitan que las pol铆ticas p煤blicas protejan sus derechos.

Una conquista que no debemos despreciar

Durante la dictadura franquista, los partidos pol铆ticos estuvieron prohibidos, la oposici贸n fue perseguida y el sindicalismo independiente sufri贸 la represi贸n. Trabajadores, estudiantes, mujeres, militantes y movimientos populares lucharon por conquistar las libertades que hoy podemos ejercer. La democracia no fue un regalo: fue resultado de una lucha colectiva.

La recuperaci贸n de las elecciones y de las libertades pol铆ticas abri贸 una etapa nueva, pero no acab贸 con las desigualdades econ贸micas ni con los privilegios. La democracia formal tampoco garantiza por s铆 sola una vivienda asequible, un empleo digno o unos servicios p煤blicos suficientes. Para avanzar en esos derechos hacen falta organizaci贸n social, movilizaci贸n y decisiones pol铆ticas.

Por eso, recordar las luchas democr谩ticas no significa idealizar el sistema actual. Significa comprender que las libertades deben ejercerse y ampliarse. Si dejamos de participar porque estamos decepcionados, no desaparecen los intereses econ贸micos ni los conflictos sociales: las decisiones siguen tom谩ndose, con independencia de que acudamos o no a votar.

La abstenci贸n tambi茅n tiene consecuencias

En las elecciones generales del 23 de julio de 2023, la participaci贸n fue del 70,4 % y la abstenci贸n alcanz贸 el 29,6 %: 10.402.450 electores no votaron. En noviembre de 2019, la participaci贸n hab铆a sido del 66,23 %. La diferencia entre ambas convocatorias muestra que la movilizaci贸n electoral cambia seg煤n el contexto pol铆tico y las circunstancias de cada elecci贸n. 

Las causas de la abstenci贸n son diversas. Hay personas que rechazan a todos los partidos, otras se sienten defraudadas por quienes votaron anteriormente y algunas no encuentran una candidatura que responda a sus preocupaciones. Tambi茅n influyen las circunstancias personales y las dificultades para participar. No podemos afirmar que todas las personas abstencionistas sean de izquierdas, pertenezcan a la clase trabajadora o compartan una misma motivaci贸n.

Sin embargo, hay un riesgo pol铆tico que conviene comprender. La abstenci贸n no transfiere votos de la izquierda a la derecha, pero puede favorecer electoralmente a esta 煤ltima cuando una parte del electorado progresista deja de votar y el electorado conservador mantiene su movilizaci贸n. Si unos se quedan en casa y otros acuden a las urnas, los segundos aumentan su peso relativo entre los votos emitidos.

El efecto depende de qui茅n se abstiene, de la distribuci贸n territorial del voto y de las reglas electorales. En Espa帽a, los esca帽os del Congreso se reparten por provincias mediante la f贸rmula D'Hondt, y el n煤mero de representantes de cada circunscripci贸n influye en las posibilidades de obtener esca帽o. Por eso, el resultado no depende 煤nicamente del porcentaje estatal de votos.

La abstenci贸n no siempre perjudica a la izquierda ni beneficia necesariamente a la derecha. Pero quedarse en casa no es una forma fiable de castigar a un partido. La ausencia puede expresar desencanto, aunque no obliga a ninguna organizaci贸n a interpretar el mensaje ni a cambiar sus pol铆ticas. Los votos emitidos, en cambio, s铆 determinan la representaci贸n parlamentaria.

La idea de que «mi voto no cambia nada» tampoco tiene en cuenta que los resultados colectivos se construyen con decisiones individuales. No todos los votos tienen el mismo efecto sobre el reparto de esca帽os, pero en una elecci贸n ajustada unos pocos pueden resultar decisivos. Y aunque una papeleta no resuelva por s铆 sola los problemas de una persona, renunciar a votar tampoco los resolver谩.

La lucha de clases no termina al salir del centro de trabajo

La pol铆tica es tambi茅n un terreno donde se decide c贸mo se distribuyen los recursos, qui茅n soporta las desigualdades y qu茅 derechos se protegen. La lucha de clases se expresa en los salarios, la precariedad, la vivienda, los impuestos, las pensiones y la financiaci贸n de los servicios p煤blicos. No desaparece porque disminuya el inter茅s por las elecciones.

La clase trabajadora tampoco est谩 formada 煤nicamente por quienes tienen hoy un empleo. Incluye realidades diversas: personas asalariadas, desempleadas, jubiladas, cuidadoras sin remuneraci贸n y personas que, por una discapacidad, una enfermedad u otras circunstancias, necesitan apoyos para vivir con autonom铆a. Sus situaciones no son id茅nticas, pero muchas dependen de c贸mo se distribuyen la riqueza y las oportunidades y de qu茅 protecci贸n ofrece la sociedad.

Las pensiones, la sanidad p煤blica, la educaci贸n, la atenci贸n a la dependencia y las prestaciones sociales no son cuestiones secundarias. Son derechos cuya cobertura y calidad dependen tambi茅n de decisiones pol铆ticas. Una sociedad no puede medir la dignidad de las personas 煤nicamente por su capacidad para trabajar o por los ingresos que generan.

Por eso, jubilados, personas con discapacidad, familias con pocos recursos y quienes necesitan apoyos p煤blicos tienen razones para participar y examinar las propuestas de las distintas candidaturas. No porque deban votar autom谩ticamente a una determinada formaci贸n, sino porque las decisiones pol铆ticas afectan a sus condiciones de vida y a sus derechos.

Aqu铆 existe una diferencia pol铆tica importante entre la izquierda y la derecha. La tradici贸n de la izquierda ha estado vinculada a las luchas del movimiento obrero, la ampliaci贸n de los derechos sociales, la redistribuci贸n de la riqueza y la defensa de los servicios p煤blicos. Son conquistas asociadas a d茅cadas de organizaci贸n sindical, movilizaci贸n popular y acci贸n pol铆tica. Frente a proyectos que priorizan la reducci贸n de impuestos a quienes m谩s tienen, la privatizaci贸n o el debilitamiento de la protecci贸n colectiva, la izquierda tiene la responsabilidad de defender y ampliar los derechos de las mayor铆as trabajadoras y de los sectores m谩s vulnerables.

Eso no significa que cualquier partido que se defina de izquierdas cumpla autom谩ticamente esa funci贸n. Las propuestas, las decisiones y los resultados deben examinarse cr铆ticamente. Pero s铆 significa que, para quienes defienden la igualdad social y los derechos de las clases populares, tiene sentido participar y apoyar electoralmente a las opciones de izquierda que mejor representen esos objetivos. La cr铆tica a sus errores no exige abandonar las urnas; tambi茅n puede servir para exigirles m谩s y construir alternativas mejores.

La participaci贸n se construye colectivamente

La abstenci贸n no se combate culpando a quienes no votan. Se combate escuchando sus razones y recuperando los v铆nculos entre la pol铆tica y los problemas cotidianos. Los sindicatos, las asociaciones vecinales, las organizaciones de pensionistas y las plataformas en defensa de la sanidad, la educaci贸n, la vivienda o la dependencia pueden ayudar a convertir necesidades compartidas en demandas colectivas.

La participaci贸n tampoco se limita a las campa帽as electorales. Se construye en los centros de trabajo, los barrios, las asociaciones y los movimientos sociales. Estos espacios permiten informarse, debatir y organizarse, mientras que las elecciones deciden qui茅n ocupa las instituciones y con qu茅 programa y apoyos puede gobernar.

Quienes ya participan pueden contribuir hablando con familiares, amistades, compa帽eros de trabajo y vecinos que se han alejado de la pol铆tica. No para imponerles una papeleta, sino para conversar sobre los problemas que les afectan, contrastar propuestas y recordarles que su voz tambi茅n cuenta. La movilizaci贸n democr谩tica necesita argumentos y confianza, no reproches.

Esta responsabilidad alcanza igualmente a los partidos. No pueden reclamar el voto de las clases populares y olvidarse de sus problemas el resto de la legislatura. Deben escuchar, explicar sus decisiones, cumplir sus compromisos y rendir cuentas. La confianza no se exige: se gana con pol铆ticas, resultados y coherencia.

Votar a la izquierda sin renunciar a la cr铆tica

Participar no significa entregar un cheque en blanco. Significa reconocer que las decisiones pol铆ticas tienen consecuencias y que conviene influir en ellas. La ciudadan铆a debe comparar programas, examinar trayectorias y valorar qu茅 candidaturas ofrecen respuestas m谩s convincentes a sus necesidades y principios.

Para quienes viven de su trabajo, dependen de una pensi贸n, afrontan el desempleo o necesitan servicios p煤blicos, la pol铆tica no es una discusi贸n lejana. Las decisiones de los ayuntamientos, las comunidades aut贸nomas, el Estado y las instituciones europeas afectan a la vivienda, la sanidad, la educaci贸n, las pensiones, los derechos laborales y las prestaciones sociales.

Por eso, si defendemos una sociedad m谩s justa, en la que la riqueza se distribuya mejor y nadie quede abandonado por no tener recursos o no poder trabajar, debemos implicarnos en las decisiones que pueden acercarnos a ese objetivo. La participaci贸n electoral y la movilizaci贸n social son herramientas complementarias: votar a opciones de izquierda comprometidas con los derechos sociales puede ayudar a avanzar, y organizarse permite exigir que cumplan lo prometido.

No se trata de afirmar que el voto lo cambia todo ni de negar las limitaciones de las instituciones. Se trata de no regalar nuestra capacidad de decisi贸n. La derecha no necesita que quienes discrepan de sus pol铆ticas la apoyen; le basta, en determinadas circunstancias, con que sus adversarios se desmovilicen mientras su propio electorado permanece activo.

Que nuestra voz no vuelva a quedar en silencio

Los derechos laborales, las libertades democr谩ticas, las pensiones y los servicios p煤blicos son fruto de luchas colectivas. No est谩n garantizados para siempre. Defenderlos exige organizaci贸n, participaci贸n y capacidad para exigir responsabilidades a quienes gobiernan.

Este mensaje no pide fidelidad incondicional a ning煤n partido. Invita a quienes est谩n decepcionados a no confundir la cr铆tica con la renuncia, ni el rechazo a una organizaci贸n concreta con la indiferencia ante las decisiones que afectan a toda la sociedad. Si los partidos de izquierda fallan, hay que exigirles que rectifiquen y que respondan a las necesidades populares. Pero dejar de participar puede reducir la capacidad de quienes m谩s necesitan las pol铆ticas sociales para defender sus derechos.

La pregunta no es si un voto aislado puede resolverlo todo. La pregunta es qu茅 ocurre cuando millones de personas renuncian a participar y qu茅 podemos conseguir cuando convertimos nuestras necesidades en demandas compartidas. Votar no sustituye la lucha social, pero puede contribuir a determinar qui茅n legisla, qu茅 pol铆ticas se financian y qu茅 derechos se protegen.

Si queremos una sociedad m谩s igualitaria, no basta con indignarse ante las injusticias: hay que organizarse, movilizarse y participar. Y, cuando llegue el momento de votar, valorar qu茅 opciones defienden con mayor claridad los intereses de las clases trabajadoras y de quienes m谩s necesitan una sociedad solidaria.

La confianza debe ganarse, los compromisos deben cumplirse y los derechos deben defenderse. Esa es tambi茅n la raz贸n para acudir a las urnas y exigir m谩s a la izquierda, no para renunciar a ella sin haber construido una alternativa mejor.

En el pr贸ximo art铆culo abordare precisamente esa tarea: qu茅 debe exigir la clase trabajadora a la izquierda, desde los salarios y la vivienda hasta las pensiones, la sanidad, la educaci贸n y la protecci贸n social, y c贸mo convertir esas demandas en compromisos concretos y verificables.

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