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lunes, 10 de agosto de 2026

S谩hara Occidental: ¿hacia d贸nde va un conflicto que lleva medio siglo esperando una soluci贸n?

Por Javier Huerta

Cinco a帽os despu茅s, la diplomacia internacional vuelve a mover sus piezas mientras el derecho a la autodeterminaci贸n del pueblo saharaui contin煤a pendiente


Han pasado casi cinco a帽os desde que publique un art铆culo sobre el S谩hara Occidental, «S谩hara Occidental: la descolonizaci贸n que Espa帽a dej贸 pendiente», el 14 de noviembre de 2021. Apenas cuatro meses despu茅s, el 20 de marzo de 2022, publique otro an谩lisis, «S谩hara Occidental: treinta a帽os de una promesa incumplida por Naciones Unidas», cuando la ruptura del alto el fuego de 2020 hab铆a devuelto la guerra al territorio y Espa帽a acababa de modificar profundamente su posici贸n respecto al conflicto. Hoy volvemos sobre la cuesti贸n porque el escenario internacional ha cambiado de manera importante. Naciones Unidas contin煤a buscando una salida, Marruecos ha ganado apoyos para su propuesta de autonom铆a, Estados Unidos desempe帽a un papel cada vez m谩s activo en las negociaciones y la Uni贸n Europea ha tenido que afrontar importantes l铆mites jur铆dicos en sus relaciones con Marruecos. Pero, mientras tanto, la pregunta fundamental contin煤a siendo la misma: ¿qu茅 lugar ocupa el derecho del pueblo saharaui a decidir libremente su futuro?

La novedad m谩s importante de los 煤ltimos a帽os se produjo en octubre de 2025, cuando el Consejo de Seguridad aprob贸 la resoluci贸n 2797 y prorrog贸 el mandato de la MINURSO hasta el 31 de octubre de 2026. La resoluci贸n introdujo un cambio significativo en el lenguaje del proceso al pedir que las negociaciones tomasen como base la propuesta marroqu铆 de autonom铆a, aunque mantuvo como objetivo una soluci贸n pol铆tica definitiva que proporcione la autodeterminaci贸n del pueblo del S谩hara Occidental. Fue aprobada por 11 votos a favor, ninguno en contra y tres abstenciones; Argelia no particip贸 en la votaci贸n.

El cambio merece atenci贸n. La MINURSO fue creada en 1991 con el objetivo de organizar un refer茅ndum de autodeterminaci贸n. Treinta y cinco a帽os despu茅s, el refer茅ndum nunca se ha celebrado y la misi贸n contin煤a existiendo. El nombre de la operaci贸n internacional se ha convertido as铆 en el s铆mbolo de una contradicci贸n: una misi贸n creada para preparar una consulta popular que lleva d茅cadas sin poder realizarse. La resoluci贸n 2797 no elimina formalmente la autodeterminaci贸n, pero desplaza el centro de gravedad de las negociaciones hacia una propuesta concreta: la autonom铆a dentro de la soberan铆a marroqu铆.

Desde Rabat, este cambio es presentado como un reconocimiento de que la autonom铆a constituye la soluci贸n m谩s realista. Desde el Frente Polisario y Argelia, por el contrario, se ha advertido que convertir la propuesta marroqu铆 en el punto de partida principal puede terminar reduciendo las posibilidades de una verdadera autodeterminaci贸n. La propia resoluci贸n, sin embargo, mantiene abierta la posibilidad de que las partes presenten otras propuestas y se帽ala que el resultado debe ser mutuamente aceptable y compatible con la Carta de Naciones Unidas. Esa diferencia es importante: la autonom铆a marroqu铆 ha ganado peso diplom谩tico, pero jur铆dicamente el conflicto no ha quedado cerrado.

Washington entra con fuerza en el proceso

La nueva etapa tiene adem谩s un protagonista que ha adquirido una importancia creciente: Estados Unidos. En febrero de 2026, Staffan de Mistura, enviado personal del secretario general de Naciones Unidas, copresidi贸 en Washington nuevas negociaciones junto al representante estadounidense Michael Waltz, con apoyo del asesor presidencial Massad Boulos. Naciones Unidas inform贸 de que las conversaciones estaban tomando como base la propuesta marroqu铆 de autonom铆a conforme a la resoluci贸n 2797, aunque subray贸 que todav铆a quedaba un trabajo importante, especialmente sobre la cuesti贸n fundamental de la autodeterminaci贸n del pueblo saharaui.

Aqu铆 aparece una de las grandes inc贸gnitas de 2026. ¿Estamos ante una nueva oportunidad para alcanzar una soluci贸n pol铆tica despu茅s de d茅cadas de bloqueo o ante una transformaci贸n progresiva del proceso internacional que puede terminar haciendo de la autonom铆a marroqu铆 la 煤nica salida realmente disponible?

La diferencia no es solamente diplom谩tica. Si la negociaci贸n comienza tomando como referencia una propuesta que mantiene la soberan铆a marroqu铆 como condici贸n, el margen de discusi贸n sobre el estatuto final del territorio cambia considerablemente respecto al refer茅ndum planteado en 1991. El problema vuelve a ser el que se帽al谩bamos en nuestro segundo art铆culo: una cosa es negociar una soluci贸n y otra que el pueblo que debe ejercer la autodeterminaci贸n pueda decidir directamente cu谩l quiere que sea esa soluci贸n.

Europa se encuentra con los l铆mites del derecho internacional

Mientras la diplomacia avanzaba en esta direcci贸n, los tribunales europeos introdujeron un elemento que no puede ignorarse.

En octubre de 2024, el Tribunal de Justicia de la Uni贸n Europea dictamin贸 que los acuerdos comerciales entre la UE y Marruecos de 2019 relativos a productos agr铆colas y pesca aplicados al S谩hara Occidental hab铆an sido celebrados sin el consentimiento del pueblo del territorio y vulnerando los principios de autodeterminaci贸n y de efecto relativo de los tratados. El Tribunal consider贸 adem谩s que el Frente Polisario tiene legitimidad para impugnar determinadas decisiones europeas relacionadas con el territorio.

La importancia de esta sentencia va m谩s all谩 de un conflicto comercial. El Tribunal record贸 que el S谩hara Occidental no puede ser tratado jur铆dicamente como si fuera simplemente una parte m谩s de Marruecos. El pueblo del territorio es titular del derecho a la autodeterminaci贸n y su consentimiento tiene consecuencias jur铆dicas cuando se aplican acuerdos internacionales sobre el territorio.

La contradicci贸n resulta evidente. Mientras una parte de la diplomacia internacional se aproxima a la propuesta marroqu铆, la justicia europea ha recordado que existen l铆mites jur铆dicos derivados precisamente del car谩cter particular del S谩hara Occidental.

Y esto vuelve a situar en el centro una cuesti贸n que parece olvidarse con demasiada facilidad: el S谩hara no es solamente un problema diplom谩tico; contin煤a siendo una cuesti贸n de descolonizaci贸n.

Espa帽a mantiene el giro de 2022

En este nuevo escenario, Espa帽a tambi茅n ha consolidado el giro iniciado en marzo de 2022.

La XIII Reuni贸n de Alto Nivel entre Espa帽a y Marruecos, celebrada en Madrid en diciembre de 2025, confirm贸 que el Gobierno espa帽ol mantiene la posici贸n adoptada en 2022. La declaraci贸n conjunta se帽ala expresamente que Espa帽a acoge favorablemente la resoluci贸n 2797 y las negociaciones que toman como base la propuesta marroqu铆 de autonom铆a. Tambi茅n destaca que una autonom铆a genuina bajo soberan铆a marroqu铆 podr铆a constituir una soluci贸n viable.

El cambio resulta especialmente significativo por la responsabilidad hist贸rica espa帽ola. Espa帽a fue la potencia colonial del territorio hasta 1975 y abandon贸 el S谩hara sin culminar su proceso de descolonizaci贸n. Desde entonces, los sucesivos gobiernos espa帽oles han tenido que equilibrar esa responsabilidad hist贸rica con los intereses estrat茅gicos, econ贸micos, migratorios y de seguridad existentes en su relaci贸n con Marruecos.

En 2022, el Gobierno de Pedro S谩nchez decidi贸 acercarse claramente a la posici贸n marroqu铆. Cuatro a帽os despu茅s, aquella decisi贸n ya no parece una modificaci贸n coyuntural, sino una orientaci贸n consolidada de la pol铆tica exterior espa帽ola.

Desde una perspectiva cr铆tica, resulta inevitable preguntarse qu茅 significa este cambio para la responsabilidad hist贸rica de Espa帽a. Si el territorio contin煤a pendiente de descolonizaci贸n para Naciones Unidas, ¿puede Espa帽a considerar cerrada su responsabilidad simplemente porque haya cambiado su posici贸n diplom谩tica?

La guerra tampoco ha desaparecido

La diplomacia avanza, pero las armas contin煤an recordando que el conflicto no est谩 resuelto.

El 5 de mayo de 2026, el Frente Polisario lanz贸 un ataque con cohetes cerca de Smara. Naciones Unidas expres贸 su preocupaci贸n por los disparos en zonas civiles y Staffan de Mistura reclam贸 evitar una nueva escalada y regresar al alto el fuego.

Un mes despu茅s, en junio, un ataque marroqu铆 con drones caus贸 la muerte de Lahbib Mohamed Abdelaziz, dirigente militar del Frente Polisario considerado una figura importante dentro de su estructura, junto a otros combatientes saharauis. El ataque coincidi贸 con la visita de De Mistura a los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf.

Estos acontecimientos demuestran que la ruptura del alto el fuego de 2020 no fue simplemente un episodio pasajero. El conflicto militar contin煤a, aunque con caracter铆sticas diferentes a las de la guerra de las d茅cadas de 1970 y 1980. El uso de drones, los ataques a distancia y la superioridad tecnol贸gica marroqu铆 han modificado profundamente el equilibrio militar.

Y aqu铆 vuelve a aparecer una ense帽anza que ya se帽al谩bamos en 2022: un conflicto congelado no es un conflicto resuelto.

¿Qu茅 est谩 cambiando realmente?

Si observamos el conjunto de acontecimientos, existe una tendencia clara. Marruecos ha conseguido ampliar considerablemente el respaldo internacional a su propuesta de autonom铆a. Estados Unidos ha asumido un papel central en la actual din谩mica diplom谩tica y el Consejo de Seguridad ha situado la propuesta marroqu铆 como base de las negociaciones. Espa帽a mantiene el giro de 2022 y dentro de Europa tambi茅n se ha producido una evoluci贸n favorable a considerar la autonom铆a como una v铆a posible.

Pero ser铆a igualmente incorrecto afirmar que el derecho internacional ha dejado de reconocer la autodeterminaci贸n saharaui.

La propia resoluci贸n 2797 contin煤a hablando de una soluci贸n que proporcione la autodeterminaci贸n. Naciones Unidas mantiene la MINURSO. Y el Tribunal de Justicia de la Uni贸n Europea ha reafirmado que el pueblo del S谩hara Occidental es titular de ese derecho.

Nos encontramos, por tanto, ante una contradicci贸n que puede definir los pr贸ximos a帽os: la diplomacia est谩 avanzando hacia una soluci贸n basada en la autonom铆a, mientras el principio jur铆dico de autodeterminaci贸n contin煤a formalmente vigente.

La cuesti贸n decisiva ser谩 saber si ambos conceptos pueden compatibilizarse y, sobre todo, qui茅n tendr谩 la capacidad de decidir si esa f贸rmula satisface realmente las aspiraciones del pueblo saharaui.

Medio siglo despu茅s, la pregunta contin煤a siendo la misma

En 2021 habl谩bamos de una descolonizaci贸n que Espa帽a hab铆a dejado pendiente. En 2022 analiz谩bamos el fracaso de Naciones Unidas para convertir en realidad el refer茅ndum prometido. En 2026 podemos afirmar que el escenario ha cambiado profundamente, pero que el problema fundamental permanece.

La propuesta marroqu铆 ha ganado peso. Las negociaciones han adquirido un nuevo impulso. Estados Unidos participa activamente. Espa帽a mantiene su nueva posici贸n. La Uni贸n Europea se mueve en un escenario m谩s complejo y sus propios tribunales han establecido l铆mites jur铆dicos. Naciones Unidas intenta encontrar una salida y la MINURSO contin煤a desplegada hasta octubre de 2026.

Pero el pueblo saharaui contin煤a sin haber podido decidir libremente el estatuto definitivo de su territorio.

Esa deber铆a seguir siendo la cuesti贸n central.

Desde una perspectiva de izquierda e internacionalista, defender la autodeterminaci贸n del S谩hara Occidental no significa negar la necesidad de negociar ni desconocer la complejidad pol铆tica del Magreb. Significa recordar que los intereses de los Estados, las alianzas militares, los recursos econ贸micos y las estrategias de las grandes potencias no pueden sustituir indefinidamente la voluntad del pueblo directamente afectado.

La historia del S谩hara Occidental demuestra que aplazar una soluci贸n no hace desaparecer un conflicto. Lo transmite de una generaci贸n a otra. Lo convierte en exilio, en separaci贸n familiar, en muro, en campamentos de refugiados y, cuando la diplomacia fracasa, nuevamente en guerra.

Quiz谩 la gran pregunta de 2026 no sea solamente qu茅 soluci贸n est谩 ganando terreno en las canciller铆as, sino otra mucho m谩s sencilla: ¿est谩 avanzando tambi茅n el derecho del pueblo saharaui a decidir su propio futuro?

Porque si la respuesta contin煤a siendo negativa, podremos cambiar las f贸rmulas diplom谩ticas, las resoluciones y los protagonistas de las negociaciones, pero seguiremos ante el mismo problema que hace medio siglo: una descolonizaci贸n pendiente.



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mi茅rcoles, 5 de agosto de 2026

Nicaragua alzar谩 de nuevo su voz en favor de Palestina ante la CIJ.


 Por Becca Renk Foster

En el contexto de los renovados ataques de Israel contra Palestina, la Corte Internacional de Justicia celebrar谩  audiencias p煤blicas en septiembre sobre el proceso judicial iniciado por Nicaragua contra Alemania por complicidad en el genocidio de Gaza mediante el suministro de armas a Israel. Durante sus alegatos, Nicaragua sin duda har谩 uso de su experiencia al haber llevado a la naci贸n m谩s poderosa del mundo ante la Corte Internacional de Justicia… y haber ganado. 

Nicaragua condena los ataques

“Nicaragua expresa su inquebrantable solidaridad con el heroico pueblo palestino, que sigue enfrentando el sufrimiento, la ocupaci贸n, la destrucci贸n y el desplazamiento perpetrados por el gobierno sionista de Israel y sus fuerzas de ocupaci贸n”, reza un  comunicado del gobierno de Nicaragua publicado el 29 de julio. 

La declaraci贸n conden贸 los renovados ataques de Israel, calific谩ndolos de “escalada inaceptable de violencia contra el pueblo palestino”, y repudi贸 “las continuas y crecientes violaciones del derecho internacional y humanitario, as铆 como los intentos de Israel de criminalizar a la poblaci贸n palestina que solo busca proteger a sus familias, hogares y medios de subsistencia”.

Esta declaraci贸n constituye la m谩s reciente muestra de solidaridad de Nicaragua con Palestina, en el marco de su larga historia de amistad con el pueblo palestino: Nicaragua fue el primer pa铆s centroamericano en establecer relaciones diplom谩ticas con Palestina. En 1980, apenas un a帽o despu茅s del triunfo de la Revoluci贸n Popular Sandinista, el l铆der palestino Yasser Arafat realiz贸 una visita hist贸rica a Nicaragua que marc贸 el inicio de las relaciones diplom谩ticas entre el Estado de Palestina y la Rep煤blica de Nicaragua.

Nicaragua lidera la solidaridad Sur-Sur

Desde entonces, ambos pa铆ses han mantenido una amistad que se ha fortalecido desde que comenz贸 el genocidio israel铆 en Gaza. En el 谩mbito internacional, Nicaragua ha estado a la vanguardia de la movilizaci贸n Sur-Sur en apoyo a Palestina:  reafirmando su solidaridad con Palestina el 7 de octubre de 2023; enviando a su  ministro de Relaciones Exteriores a Ramala para reunirse con las autoridades palestinas en diciembre de 2023; firmando en febrero de 2024 como el  primero de 18 pa铆ses en intervenir en nombre de Sud谩frica en su caso contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ); y el 1 de marzo de 2024, presentando  cargos contra Alemania ante la CIJ por ayudar e instigar el genocidio al proporcionar apoyo pol铆tico, financiero y militar a Israel y al retirar la financiaci贸n al Organismo de Obras P煤blicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (ONURP). 

La presi贸n ejercida por Nicaragua sobre Alemania en la Corte Internacional de Justicia ya ha dado resultados positivos para Palestina: en abril de 2024, Alemania  revirti贸 su pol铆tica de suspender la financiaci贸n de la UNRWA a Gaza y declar贸 que hab铆a  reanudado la ayuda . En marzo pasado, el Ministerio de Asuntos Exteriores alem谩n anunci贸 que  retiraba su apoyo a Israel en el caso de Sud谩frica para centrarse en su defensa en el proceso judicial iniciado por Nicaragua.

Nicaragua contra Estados Unidos

Nicaragua, un pa铆s del tama帽o del estado de Nueva York con una poblaci贸n de poco menos de siete millones de personas, es uno de los pa铆ses del mundo con mayor experiencia en la Corte Internacional de Justicia (CIJ). De hecho, en 1986, la Corte Internacional fall贸 a favor de Nicaragua en un caso hist贸rico contra Estados Unidos por la Guerra de los Contras.

Inmediatamente despu茅s del derrocamiento del dictador Anastasio Somoza, respaldado por Estados Unidos, por j贸venes revolucionarios sandinistas en 1979, Estados Unidos cre贸, financi贸 y dirigi贸 una fuerza contrarrevolucionaria conocida como los contras. Mientras la Revoluci贸n Sandinista de Nicaragua ense帽aba a leer y escribir a su poblaci贸n analfabeta y brindaba atenci贸n m茅dica y educaci贸n gratuitas, simult谩neamente combat铆a a la guerrilla de los contras, armada por Estados Unidos. Los contras atacaron objetivos civiles que representaban los logros de la Revoluci贸n —trabajadores de la salud, maestros, escuelas y cooperativas agr铆colas—, asesinando a 50.000 personas en un pa铆s que entonces contaba con tan solo tres millones de habitantes.

“La situaci贸n se agrav贸 tanto que en 1983 se produjo un ataque en nuestro principal puerto, Corinto, donde explotaron m谩s de 1,6 millones de galones de gas”, record贸 el embajador Carlos Arg眉ello, agente de Nicaragua ante la Corte Internacional de Justicia, durante una videoconferencia desde los Pa铆ses Bajos el 4 de mayo de 2024. “Este acto fue perpetrado por la CIA bajo la direcci贸n de Estados Unidos”. 

Unos meses m谩s tarde, Estados Unidos coloc贸 artefactos explosivos submarinos en puertos nicarag眉enses sin notificar a otros pa铆ses; un ciudadano brit谩nico result贸 muerto.

“Fue asombroso”, record贸 Arg眉ello. “P煤blicamente en el Congreso discut铆an cu谩nto dinero darles a los contras, y no se mencionaba el derecho internacional… Por eso acudimos a la Corte Internacional de Justicia, porque no se trataba simplemente de que la naci贸n m谩s poderosa hiciera lo que quisiera, [necesit谩bamos] recordarle al mundo que el derecho internacional existe”.

En 1986, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) dict贸 sentencia en el caso Nicaragua contra Estados Unidos, condenando a este 煤ltimo por violar los principios fundamentales del derecho internacional general y consuetudinario. De esta manera, Estados Unidos se convirti贸 en el 煤nico pa铆s del mundo condenado por la CIJ por violaciones masivas de los derechos humanos. La Corte orden贸 a Estados Unidos el pago de reparaciones, lo cual nunca ha hecho. Hasta el d铆a de hoy, Estados Unidos mantiene una deuda pendiente con el pueblo nicarag眉ense, estimada en 12 mil millones de d贸lares en 1988 y que actualmente asciende a al menos 36.5 mil millones de d贸lares.

El caso de Nicaragua: un punto de inflexi贸n

Con motivo del  40 aniversario del fallo de la CIJ en el caso Nicaragua, Augusto Zamora Rodr铆guez, ex embajador de Nicaragua en Espa帽a y profesor de derecho internacional que trabaj贸 en el caso Nicaragua contra Estados Unidos, explic贸 que dicho caso marc贸 un punto de inflexi贸n en el derecho internacional. 

“[Esto] dej贸 a Estados Unidos sin argumentos legales. Y los dej贸 completamente desprovistos de ellos para siempre, porque lo que se dijo sobre Nicaragua en 1986 se aplica hoy a Ir谩n; se aplica hoy a pa铆ses bajo ataque, como tantos en 脕frica y algunos en Am茅rica Latina. Y tambi茅n sirve para recordar a los gobiernos que aplauden este tipo de pol铆ticas que son absolutamente ilegales, no porque alguien lo diga voluntariamente o por convicci贸n, sino porque as铆 lo dictamin贸 el principal 贸rgano judicial de las Naciones Unidas.”

Zamora prosigui贸 destacando que otros pa铆ses que sufren ataques injustos pueden aprovechar el precedente sentado en el caso de Nicaragua.  

“En ese sentido, nuestro pa铆s, la Revoluci贸n y el gobierno sandinista prestaron un enorme servicio no solo al pa铆s, sino tambi茅n a la comunidad internacional y a los pobres del mundo. Les dejamos un fallo en el que pueden confiar, y estoy seguro de que, en el caso del genocidio en Gaza —la barbarie que Israel ha perpetrado contra el pueblo palestino durante 80 a帽os—, cuando la Corte se pronuncie sobre el caso del genocidio, citar谩 el fallo de Nicaragua en m谩s de una ocasi贸n.”

En opini贸n de Zamora, el caso de Nicaragua es m谩s pertinente que nunca. «…El fallo sobre Nicaragua no solo no ha perdido relevancia», afirm贸, «sino que sigue cobrando importancia y ha establecido un marco jur铆dico esencial para la defensa de los derechos de los pueblos y las naciones d茅biles, que son, de hecho, quienes realmente necesitan invocar este derecho… El mundo ya es diferente, pero creo que ese mundo encontrar谩 en el fallo de esta Corte un marco s贸lido y competente para construir el nuevo orden multipolar que la sociedad internacional necesita». 

Otro caso hist贸rico

De igual modo, el caso que Nicaragua ha presentado contra Alemania ante la CIJ tambi茅n se describe ahora como un " caso hist贸rico ". Nicaragua no pudo presentar cargos contra Estados Unidos por ayudar al genocidio de Gaza porque Estados Unidos se retir贸 de la jurisdicci贸n obligatoria de la CIJ. Sin embargo, presentar cargos contra Alemania es significativo no solo porque Alemania  sigue siendo el segundo mayor proveedor de armas de Israel despu茅s de Estados Unidos, sino tambi茅n porque la extrema derecha alemana busca actualmente estrechar a煤n m谩s sus lazos con Israel: recientemente, la c谩mara alta alemana  aprob贸 un proyecto de ley que penaliza la negaci贸n del "derecho a existir" de Israel, con penas de hasta cinco a帽os de prisi贸n.

Aunque cualquier procedimiento judicial en la Corte Internacional de Justicia avanza muy lentamente, ahora hay novedades en el caso Nicaragua contra Alemania: el 1 de agosto, la Corte Internacional de Justicia anunci贸 que celebrar谩 audiencias p煤blicas del 7 al 10 de septiembre sobre las objeciones preliminares planteadas por Alemania, que cuestionan la jurisdicci贸n y la admisibilidad en el caso presentado por Nicaragua. 

A pesar de ser una naci贸n peque帽a del sur global, Nicaragua sin duda recurrir谩 a su larga experiencia con la CIJ y a su constante adhesi贸n al derecho internacional para defender al pueblo palestino ante la Corte Internacional de Justicia.

«El pueblo de Nicaragua seguir谩 alzando la voz en favor de la causa palestina y clamando por justicia y paz, por la libertad y la dignidad del pueblo palestino», reza el reciente comunicado de Managua. «La soluci贸n de dos Estados es una exigencia internacional y la 煤nica v铆a hacia una paz justa y duradera».

Becca Renk Foster es originaria de Idaho, Estados Unidos. Durante 25 a帽os, ha vivido y trabajado en el desarrollo comunitario sostenible en Nicaragua. Coordina el trabajo de  Casa Benjam铆n Linder en Managua y forma parte de la  Coalici贸n de Solidaridad con Nicaragua 



viernes, 31 de julio de 2026

Nicaragua. Intervencionismo estadounidense: de la invasi贸n militar directa a la guerra algor铆tmica


Por Germ谩n Van de Velde

Transformaci贸n hist贸rica del intervencionismo estadounidense

Desde finales del siglo XX, el intervencionismo estadounidense ha experimentado una profunda transformaci贸n que exige analizar la incorporaci贸n progresiva de instrumentos comunicacionales, cognitivos y algor铆tmicos a las formas tradicionales de intervenci贸n militar y pol铆tica. En etapas anteriores, las intervenciones militares directas se articulaban con la manipulaci贸n comunicacional y la guerra psicol贸gica.

Con el avance de las tecnolog铆as digitales, estas modalidades incorporaron progresivamente nuevas dimensiones de intervenci贸n, entre ellas la guerra cognitiva y, m谩s recientemente, la guerra algor铆tmica. La propaganda cl谩sica del siglo XX buscaba manipular; la guerra psicol贸gica buscaba desmoralizar; la guerra cognitiva, en cambio, pretende alterar la forma misma en que las personas perciben la realidad; la guerra algor铆tmica incorpora inteligencia artificial, aprendizaje autom谩tico y an谩lisis masivo de datos para automatizar operaciones militares, vigilar poblaciones y orientar campa帽as de influencia.

El Comandante Carlos Fonseca (1980), en su libro “Un nicarag眉ense en Mosc煤”, relat贸 la manipulaci贸n medi谩tica de la siguiente manera:

“Record茅 las dudas que en Nicaragua me hab铆an surgido, cuando escuchaba que la propaganda (estadounidense) pintaba terrible a Mosc煤 […] La propaganda dice que Mosc煤 es la ciudad de la muerte. Tambi茅n ha de ser falso, pens茅. Si mienten sobre cosas que los latinoamericanos tenemos frente a nuestros ojos, mucho m谩s han de mentir sobre cosas que, como Mosc煤, est谩n a millones de metros de nuestra vista.”

En el siglo XXI, las operaciones militares son precedidas, acompa帽adas y legitimadas por campa帽as medi谩ticas, operaciones algor铆tmicas, sanciones econ贸micas, narrativas humanitarias y dispositivos digitales de intervenci贸n emocional. Ahora, la desestabilizaci贸n tambi茅n depende de la capacidad de moldear emociones, influir en las percepciones colectivas y alterar la interpretaci贸n social de la realidad de los pueblos (NATO Innovation Hub, 2021).

En el presente trabajo se entiende por intervencionismo estadounidense el conjunto articulado de mecanismos militares, pol铆ticos, econ贸micos, diplom谩ticos, comunicacionales, tecnol贸gicos, cognitivos y algor铆tmicos mediante los cuales el gobierno de Estados Unidos, de forma directa o en coordinaci贸n con aliados, organismos internacionales, fundaciones, agencias de cooperaci贸n y otros actores, inciden directamente en los procesos pol铆ticos, econ贸micos, sociales y comunicacionales de otros Estados con el prop贸sito de favorecer objetivos de su pol铆tica exterior y de su estrategia geopol铆tica. Desde esta perspectiva, el intervencionismo contempor谩neo constituye una arquitectura integrada de poder en la que la coerci贸n militar, las sanciones econ贸micas, la comunicaci贸n estrat茅gica, las operaciones psicol贸gicas y de otra 铆ndole, la guerra cognitiva y la inteligencia artificial operan de manera complementaria.

La arquitectura integrada del intervencionismo estadounidense

El intervencionismo estadounidense del siglo XXI debe entenderse como una arquitectura multidimensional de poder, donde convergen instrumentos militares, pol铆ticos, econ贸micos, comunicacionales, tecnol贸gicos, cognitivos y algor铆tmicos. La interacci贸n de estos mecanismos permite desarrollar estrategias de influencia cada vez m谩s sofisticadas, capaces de operar simult谩neamente sobre el territorio, la econom铆a, la informaci贸n y la percepci贸n social.

La transformaci贸n del intervencionismo estadounidense ha sido un proceso de incorporaci贸n progresiva de nuevos instrumentos de influencia pol铆tica. A medida que las transformaciones tecnol贸gicas modificaron las formas de ejercer el poder, la intervenci贸n dej贸 de depender exclusivamente de la coerci贸n militar para incorporar mecanismos comunicacionales, psicol贸gicos, cognitivos y algor铆tmicos que hoy act煤an de manera integrada. La Tabla 1 resume esta transformaci贸n hist贸rica y constituye el marco anal铆tico del presente ensayo.

Tabla 1. Transformaci贸n hist贸rica de las modalidades del intervencionismo estadounidense.

Per铆odo hist贸rico

Modalidad predominante

Instrumentos principales

Objetivo estrat茅gico

1945–1990 (Guerra Fr铆a)

Invasi贸n militar directa

Fuerza militar, invasiones, operaciones encubiertas, golpes de Estado

Sustituir gobiernos considerados adversarios

1950–2000

Propaganda y guerra psicol贸gica

Radio, prensa, televisi贸n, operaciones psicol贸gicas, campa帽as de desinformaci贸n

Influir sobre la opini贸n p煤blica, desmoralizar y legitimar intervenciones

2000–2020

Revoluciones de colores y golpes blandos

ONG, financiamiento externo, redes sociales, movilizaci贸n civil, comunicaci贸n estrat茅gica

Favorecer cambios de gobierno mediante presi贸n pol铆tica y social

2020–actualidad

Guerra cognitiva

Redes sociales, big data, inteligencia artificial, algoritmos, plataformas digitales

Modificar percepciones, emociones y procesos de toma de decisiones

2023*–actualidad

Guerra algor铆tmica

IA generativa, aprendizaje autom谩tico, algoritmos predictivos, automatizaci贸n, an谩lisis masivo de datos

Anticipar comportamientos, personalizar la influencia y controlar ecosistemas informativos

Nota.
Los per铆odos representan momentos aproximados de consolidaci贸n de cada modalidad. Las distintas formas de intervenci贸n se superponen, coexisten y pueden operar simult谩neamente. Fuente: elaboraci贸n propia con base en Sharp (1993), Robinson (1996), Morozov (2011), Zuboff (2019) y NATO Innovation Hub (2021).

* Per铆odo de consolidaci贸n de la IA generativa como herramienta de influencia y automatizaci贸n.

Durante la Guerra Fr铆a, la invasi贸n militar directa constituy贸 uno de los principales instrumentos de la pol铆tica exterior del gobierno de los Estados Unidos para preservar o ampliar sus 谩reas de influencia geopol铆tica. Esta estrategia combin贸 invasiones militares, operaciones encubiertas, apoyo a golpes de Estado, financiamiento de grupos armados y acciones de inteligencia dirigidas a impedir el establecimiento o consolidaci贸n de gobiernos considerados contrarios a sus intereses estrat茅gicos (Blum, 2003; Robinson, 1996).

William Blum (2003) documenta que, desde la culminaci贸n de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos particip贸 de forma directa o indirecta en decenas de intervenciones alrededor del mundo, incluyendo cambios de gobierno, operaciones clandestinas y campa帽as militares en pa铆ses de Am茅rica Latina, Asia, 脕frica y Oriente Medio. Estas acciones respondieron principalmente a la l贸gica geopol铆tica de la confrontaci贸n Este-Oeste y a la pol铆tica de contenci贸n del comunismo durante la Guerra Fr铆a.

En Am茅rica Latina, diversas intervenciones evidenciaron este patr贸n de actuaci贸n. Entre los casos m谩s representativos se encuentran el derrocamiento del gobierno de Jacobo 脕rbenz en Guatemala (1954), el apoyo al golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile (1973), la invasi贸n a Granada (1983), la invasi贸n a Panam谩 (1989) y el respaldo a fuerzas contrarrevolucionarias durante los conflictos centroamericanos, incluyendo en Nicaragua (la guerra de la contra)1, de las d茅cadas de 1970 y 1980 (Blum, 2003). Estas acciones reflejan el empleo predominante del poder militar y de operaciones encubiertas como mecanismos para influir en la configuraci贸n pol铆tica de Estados considerados estrat茅gicos. Desde una perspectiva hist贸rica, esta modalidad representa la primera etapa del modelo contempor谩neo de intervenci贸n, caracterizada por el uso predominante de la fuerza militar y la coerci贸n directa.

Durante la d茅cada de 1980, las operaciones militares desarrolladas en Centroam茅rica se complementaron con estrategias sistem谩ticas de guerra psicol贸gica orientadas a influir en la percepci贸n de la poblaci贸n, debilitar la legitimidad de los gobiernos soberanos y afectar la moral tanto de las fuerzas militares como de la poblaci贸n civil. La intervenci贸n dej贸 de limitarse al empleo exclusivo de la fuerza para incorporar la desinformaci贸n, la manipulaci贸n de las emociones y de la opini贸n p煤blica como parte del escenario estrat茅gico del conflicto (Linebarger, 2004; Blum, 2003).

Uno de los casos m谩s representativos de esta transformaci贸n fue el manual Psychological Operations in Guerrilla Warfare, elaborado para el entrenamiento de fuerzas contrarrevolucionarias que operaban contra el Gobierno de Nicaragua. Su contenido gener贸 una amplia controversia internacional durante la administraci贸n Reagan. En una entrevista publicada en 1984 y posteriormente incorporada a un documento desclasificado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el exanalista David MacMichael afirm贸 que dicho manual constitu铆a una expresi贸n de las operaciones psicol贸gicas desarrolladas en el contexto centroamericano y sostuvo que su contenido quebrantaba las restricciones impuestas a determinadas actividades de la propia agencia. (CIA, 2010)

El documento desclasificado reproduce fragmentos del manual donde la guerra de guerrillas es definida como una forma de guerra esencialmente pol铆tica, cuyo objetivo principal consiste en actuar sobre "las mentes de la poblaci贸n". Asimismo, se describen procedimientos destinados a influir sobre la percepci贸n p煤blica, crear determinados estados emocionales, seleccionar objetivos con impacto pol铆tico y aprovechar acontecimientos espec铆ficos para fortalecer determinadas narrativas dentro del conflicto (CIA, 2010). Estas directrices reflejan una concepci贸n de la confrontaci贸n en la que el control del espacio psicol贸gico comenz贸 a adquirir una importancia comparable al control del territorio.

En diversos escenarios, la intervenci贸n militar estadounidense no se desarroll贸 mediante el despliegue directo de tropas, sino a trav茅s de actores armados locales o regionales que recib铆an distintos niveles de financiamiento, entrenamiento, asesor铆a militar, suministro de armamento y apoyo log铆stico. Esta modalidad, conocida como guerra por intermediarios (proxy war), constituye una forma de intervenci贸n indirecta mediante la cual una potencia proyecta su influencia estrat茅gica a trav茅s de terceros, reduciendo los costos pol铆ticos, econ贸micos y militares asociados a una confrontaci贸n directa (Mumford, 2013; Groh, 2019). Durante la Guerra Fr铆a, el respaldo estadounidense a las fuerzas contrarrevolucionarias en Nicaragua, a los muyahidines en Afganist谩n y a diversos grupos armados en otros escenarios internacionales represent贸 expresiones de esta modalidad de confrontaci贸n, en la que conflictos locales pasaron a integrarse a la competencia geopol铆tica entre las grandes potencias (Blum, 2003).

Desde una perspectiva hist贸rica, estos antecedentes permiten observar que la transformaci贸n del intervencionismo estadounidense no respondi贸 煤nicamente a la incorporaci贸n de nuevas tecnolog铆as, sino tambi茅n a un cambio gradual en el propio objeto de la intervenci贸n. Si durante la Guerra Fr铆a predomin贸 el empleo de operaciones militares, acciones encubiertas y cambios de r茅gimen (Blum, 2003; Robinson, 1996), la guerra psicol贸gica desplaz贸 progresivamente el centro de gravedad hacia la disputa por la percepci贸n colectiva.

Posteriormente, las llamadas “revoluciones de colores” constituyeron uno de los primeros grandes laboratorios de guerra psicol贸gica. Algunos ejemplos en Europa del Este son la revoluci贸n Bulldozer (Yugoslavia, 2000), revoluci贸n de las rosas (Georgia, 2003), revoluci贸n naranja (Ucrania, 2004), revoluci贸n de los tulipanes (Kirguist谩n, 2005), revoluci贸n de terciopelo (Armenia, 2018). Algunos ejemplos en Am茅rica Latina aparecen como los intentos de golpe blando en Cuba (2020 – 2024), Nicaragua (2018), Venezuela (2014 y 2017), Bolivia (2019) y Brasil (2015 – 2016). Todas ellas introdujeron una nueva l贸gica de cambio o intento de cambio pol铆tico basada en movilizaciones civiles manipuladas y mediatizadas, coordinaci贸n internacional, utilizaci贸n estrat茅gica de s铆mbolos visuales y construcci贸n de narrativas simplificadas sobre democracia, libertad y derechos humanos (Sharp, 1993).

La expansi贸n de internet y de las redes sociales transform贸 profundamente las formas de organizaci贸n y movilizaci贸n pol铆tica durante las primeras d茅cadas del siglo XXI. Como se帽ala Castells (2012), las redes digitales facilitaron la articulaci贸n de acciones colectivas mediante estructuras de comunicaci贸n descentralizadas, ampliando significativamente la capacidad de convocatoria y coordinaci贸n social. En este nuevo entorno comunicacional, las plataformas digitales comenzaron a desempe帽ar un papel cada vez m谩s relevante en la construcci贸n de narrativas, la circulaci贸n de informaci贸n y la organizaci贸n de procesos de movilizaci贸n, convirti茅ndose posteriormente en uno de los principales escenarios donde se desarrollan las operaciones contempor谩neas de influencia pol铆tica.

Detr谩s de estos procesos comenzaron a aparecer estructuras de financiamiento y asistencia pol铆tica vinculadas a organismos como la National Endowment for Democracy (NED), USAID, Freedom House, International Republican Institute (IRI) y Open Society Foundations. Aunque oficialmente estas instituciones promueven “democracia”, diversos investigadores se帽alaron que operan como instrumentos de influencia geopol铆tica y de reorganizaci贸n pol铆tica favorable a intereses occidentales (Robinson, 1996; Engdahl, 2009). Allen Weinstein, fundador de la NED, reconoci贸 que “mucho de lo que hacemos hoy lo hac铆a la CIA de manera encubierta hace 25 a帽os” (citado en Ignatius, 1991).

De igual manera, las embajadas estadounidenses desempe帽an un rol central en la articulaci贸n de operaciones diplom谩ticas, econ贸micas, de comunicaci贸n y pol铆ticas dirigidas a influir en procesos pol铆ticos internos de la regi贸n.

Bajo el discurso de la “cooperaci贸n democr谩tica”, m煤ltiples investigaciones y denuncias documentaron la participaci贸n de agencias estadounidenses en financiamiento de orga-nizaciones pol铆ticas, capacitaci贸n de cuadros opositores, operaciones medi谩ticas y promoci贸n de agendas alineadas con intereses geopol铆ticos de Washington. Por ejemplo, el an谩lisis “Las embajadas y la injerencia de EE. UU. en Am茅rica Latina” (2020) expone que las sedes diplom谩ticas estadounidenses han funcionado hist贸ricamente como centros de presi贸n pol铆tica e ideol贸gica en la regi贸n. El texto recuerda que, detr谩s del discurso diplom谩tico tradicional, las embajadas operan frecuentemente como plataformas de inteligencia pol铆tica y reorganizaci贸n de actores internos favorables a la agenda estadounidense.

La guerra cognitiva representa un escal贸n m谩s profundo y sofisticado en la transformaci贸n de las formas contempor谩neas de intervenci贸n. Adem谩s de desinformar, busca intervenir directamente en los procesos mentales y emocionales de las sociedades. Su objetivo consiste en modificar comportamientos, fragmentar identidades colectivas, producir agotamiento psicol贸gico y sustituir referencias culturales e hist贸ricas por imaginarios funcionales a intereses geopol铆ticos externos. En este modelo, las redes sociales, el big data, la inteligencia artificial y los algoritmos funcionan como herramientas de ingenier铆a social capaces de influir simult谩neamente en millones de personas (NATO Innovation Hub, 2021).

A diferencia de la propaganda cl谩sica del siglo XX, cuyo prop贸sito consist铆a en persuadir mediante mensajes expl铆citos, la guerra cognitiva pretende modificar los mecanismos a trav茅s de los cuales las personas construyen su propia percepci贸n de la realidad. Ya no busca 煤nicamente cambiar opiniones pol铆ticas, sino intervenir sobre los procesos cognitivos que permiten interpretar los acontecimientos, debilitando el pensamiento cr铆tico, fragmentando la memoria colectiva y favoreciendo respuestas emocionales por encima del an谩lisis racional. El prop贸sito estrat茅gico consiste en que las personas crean que act煤an de manera aut贸noma cuando, en realidad, sus decisiones han sido condicionadas por ecosistemas informativos cuidadosamente dise帽ados (NATO Innovation Hub, 2021).

En este nuevo escenario, la atenci贸n humana se convierte en un recurso estrat茅gico. Los algoritmos priorizan contenidos que generan miedo, indignaci贸n, sorpresa o confrontaci贸n, porque estas emociones incrementan la interacci贸n de los usuarios y prolongan el tiempo de permanencia en las plataformas digitales. La informaci贸n deja entonces de organizarse alrededor de su veracidad y comienza a estructurarse en funci贸n de su capacidad para producir impacto emocional. La desinformaci贸n ya no depende exclusivamente de noticias falsas; tambi茅n se construye mediante la saturaci贸n informativa, la fragmentaci贸n del contexto, la repetici贸n sistem谩tica de determinadas narrativas y la sobreexposici贸n de contenidos que dificultan distinguir entre hechos, opiniones y manipulaciones.

Como sostiene Zuboff (2019), el denominado capitalismo de vigilancia transforma la experiencia humana en una fuente permanente de extracci贸n de datos. Cada b煤squeda, cada interacci贸n y cada comportamiento digital genera datos que posteriormente son procesados para anticipar y modificar conductas individuales y colectivas. De esta manera, los datos dejan de constituir 煤nicamente un recurso econ贸mico y pasan a convertirse en un instrumento de poder pol铆tico capaz de orientar decisiones sociales mediante sistemas automatizados de predicci贸n y recomendaci贸n.

La expansi贸n global de internet y de las redes sociales aceler贸 radicalmente este proceso. Plataformas como Facebook, Twitter/X, Instagram, TikTok, YouTube y Discord modificaron la estructura misma de la comunicaci贸n humana. Los datos dejaron de circular verticalmente desde los medios tradicionales hacia la ciudadan铆a y comenzaron a fluir de forma descentralizada, instant谩nea y emocionalmente intensificada. Al mismo tiempo, debe considerarse que una parte importante de la poblaci贸n convierte acr铆ticamente los datos en informaci贸n veraz, sin analizarlos, interpretarlos ni significarlos debidamente. Inicialmente, estas plataformas fueron presentadas como herramientas democratizadoras, capaces de ampliar la libertad de expresi贸n y facilitar la participaci贸n ciudadana. Sin embargo, investigaciones posteriores comenzaron a advertir que tambi茅n pod铆an convertirse en mecanismos de vigilancia, manipulaci贸n y control conductual, capaces de concentrar enormes cuotas de poder sobre la circulaci贸n global de la informaci贸n (Morozov, 2011).

La propia Organizaci贸n del Tratado del Atl谩ntico Norte (OTAN) formaliz贸 esta transformaci贸n mediante el documento Cognitive Warfare, elaborado por el NATO Innovation Hub (2021), donde se sostiene expl铆citamente que la mente humana constituye un nuevo dominio operacional del conflicto estrat茅gico. El documento afirma que «el cerebro ser谩 el campo de batalla del siglo XXI», reconociendo que la competencia entre Estados ya no se desarrolla 煤nicamente sobre el territorio f铆sico, sino tambi茅n sobre los procesos mediante los cuales las sociedades perciben, interpretan y toman decisiones.

En esta misma direcci贸n, Byung-Chul Han (2022) advierte que las sociedades contempor谩neas enfrentan una nueva forma de dominaci贸n sustentada en la sobreabundancia de datos, muchas veces no sustentados y hasta totalmente falsos. En lugar de fortalecer el debate democr谩tico, la acumulaci贸n incesante de datos fragmenta el conocimiento, debilita la reflexi贸n cr铆tica y favorece respuestas inmediatas basadas en impulsos emocionales. La denominada infocracia sustituye progresivamente la deliberaci贸n racional por flujos continuos de datos que dificultan distinguir entre realidad, interpretaci贸n y manipulaci贸n, creando un entorno especialmente favorable para las operaciones de influencia propias de la guerra cognitiva.

Como consecuencia, la poblaci贸n civil deja de ser 煤nicamente receptora de datos (muchas veces no veraces) para convertirse simult谩neamente en objetivo, veh铆culo y multiplicador de las operaciones de influencia. Cada usuario participa, muchas veces de manera inconsciente, en la difusi贸n de narrativas, emociones y percepciones capaces de amplificar procesos de polarizaci贸n, erosionar la confianza institucional y debilitar la cohesi贸n social. La guerra cognitiva transforma as铆 a la propia sociedad en uno de los principales escenarios de confrontaci贸n estrat茅gica del siglo XXI.

Por 煤ltimo, entendemos por guerra algor铆tmica como la modalidad de intervenci贸n estrat茅gica que emplea inteligencia artificial, aprendizaje autom谩tico y an谩lisis masivo de datos tanto en operaciones militares como en campa帽as de influencia, vigilancia, segmentaci贸n de p煤blicos y modificaci贸n de entornos informativos. A diferencia de la guerra cognitiva, cuyo prop贸sito central es influir sobre las percepciones y emociones de las sociedades, la guerra algor铆tmica incorpora sistemas de inteligencia artificial, aprendizaje autom谩tico (machine learning), an谩lisis masivo de datos (big data) y algoritmos predictivos capaces de automatizar la identificaci贸n de objetivos, segmentar poblaciones y personalizar mensajes con una precisi贸n sin precedentes. Su objetivo principal es anticipar comportamientos, orientar decisiones colectivas y modificar din谩micamente el entorno informativo en funci贸n de la respuesta de millones de usuarios.

Las grandes plataformas digitales se han convertido en el principal escenario de esta nueva modalidad de confrontaci贸n. Los algoritmos que administran redes sociales, motores de b煤squeda y sistemas de recomendaci贸n priorizan determinados contenidos de acuerdo con variables como el tiempo de permanencia, la interacci贸n emocional y el potencial de viralizaci贸n. Este funcionamiento permite amplificar narrativas espec铆ficas, invisibilizar otras, crear c谩maras de eco y reforzar procesos de polarizaci贸n pol铆tica. En este contexto, la inteligencia artificial participa activamente en la producci贸n y distribuci贸n de contenidos, mediante sistemas automatizados capaces de generar textos, im谩genes, videos y campa帽as comunicacionales dirigidas a p煤blicos espec铆ficos.

Diversos ej茅rcitos y centros de investigaci贸n estrat茅gica reconocen que la inteligencia artificial constituye un componente esencial de las futuras operaciones militares (NATO Innovation Hub, 2021). Los algoritmos ya intervienen en sistemas de reconocimiento de objetivos, vigilancia mediante sat茅lites y drones, an谩lisis de inteligencia, operaciones de ciberdefensa y campa帽as de influencia digital. La guerra deja as铆 de desarrollarse exclusivamente en los espacios f铆sico y cognitivo para extenderse al 谩mbito algor铆tmico, donde la velocidad del procesamiento de datos, la automatizaci贸n de decisiones y la capacidad de modelar ecosistemas informativos pasan a ser factores decisivos del poder estrat茅gico.

Soberan铆a digital y desaf铆os para Am茅rica Latina

La transformaci贸n del intervencionismo estadounidense evidencia que los conflictos contempor谩neos ya no pueden comprenderse 煤nicamente desde la perspectiva militar tradicional. La historia reciente muestra una transici贸n progresiva desde las invasiones militares directas hacia modalidades cada vez m谩s sofisticadas de influencia pol铆tica, comunicacional, cognitiva y algor铆tmica. La propaganda, la guerra psicol贸gica, las revoluciones de colores, la guerra cognitiva y, m谩s recientemente, la guerra algor铆tmica constituyen etapas sucesivas de una misma arquitectura de intervenci贸n cuyo objetivo estrat茅gico consiste en influir sobre las decisiones soberanas de los Estados mediante el control de los datos, de los procesos mediante los cuales estos son interpretados, de las emociones y de la percepci贸n colectiva.

En este nuevo escenario, la soberan铆a nacional ya no puede reducirse 煤nicamente al control del territorio, de las fronteras, de los recursos naturales o de las instituciones pol铆ticas. La defensa nacional incorpora la soberan铆a digital como un nuevo componente estrat茅gico. As铆 como durante el siglo XX la independencia exig铆a proteger el espacio f铆sico de la naci贸n, durante el siglo XXI resulta indispensable proteger tambi茅n el espacio informacional, comunicacional y tecnol贸gico donde hoy se forman las opiniones, se construyen las identidades colectivas y se disputa la legitimidad pol铆tica.

La inteligencia artificial, los algoritmos de recomendaci贸n, el an谩lisis masivo de datos y las plataformas digitales constituyen herramientas tecnol贸gicas de enorme utilidad para el desarrollo cient铆fico y econ贸mico. Sin embargo, tambi茅n pueden transformarse en instrumentos de influencia geopol铆tica cuando son utilizados para manipular narrativas, amplificar conflictos sociales, segmentar poblaciones, orientar tendencias pol铆ticas o intervenir en procesos internos de otros Estados. La neutralidad tecnol贸gica deja de ser una premisa suficiente cuando los sistemas que organizan la circulaci贸n global de datos responden a intereses corporativos o estrat茅gicos ajenos a la soberan铆a de los pueblos.

Para Nicaragua, esta realidad plantea desaf铆os que trascienden el 谩mbito estrictamente tecnol贸gico. La defensa de la soberan铆a digital requiere una pol铆tica de Estado que articule educaci贸n, comunicaci贸n, investigaci贸n cient铆fica, ciberseguridad y desarrollo tecnol贸gico orientado a fortalecer la capacidad nacional para comprender el funcionamiento de los algoritmos, desarrollar capacidades propias en inteligencia artificial, promover plataformas tecnol贸gicas soberanas y formar ciudadanos con pensamiento cr铆tico capaces de identificar operaciones de manipulaci贸n informativa.

En ese contexto, la comunicaci贸n p煤blica adquiere una dimensi贸n estrat茅gica equivalente a la defensa del territorio nacional. Informar con rigor, fortalecer la memoria hist贸rica, preservar la identidad cultural y garantizar la circulaci贸n de datos verificables constituyen componentes esenciales de la seguridad nacional. La alfabetizaci贸n digital deja de ser 煤nicamente una competencia educativa para convertirse en un instrumento de defensa de la soberan铆a frente a escenarios donde los datos pueden emplearse como arma de confrontaci贸n pol铆tica.

Del mismo modo, la investigaci贸n cient铆fica nacional deber谩 asumir un papel cada vez m谩s relevante. Las universidades, los centros de investigaci贸n y las instituciones p煤blicas est谩n llamados a desarrollar estudios permanentes sobre inteligencia artificial, an谩lisis, interpretaci贸n y significaci贸n de los datos, seguridad inform谩tica, comunicaci贸n digital y guerra cognitiva, con el prop贸sito de anticipar riesgos y fortalecer las capacidades nacionales de respuesta. La soberan铆a tecnol贸gica no depende exclusivamente de la adquisici贸n de infraestructura, sino de la formaci贸n de recursos humanos capaces de comprender, desarrollar y gobernar las tecnolog铆as que definir谩n las relaciones internacionales durante las pr贸ximas d茅cadas.

Asimismo, una cooperaci贸n genuina regional adquiere una importancia creciente. Ning煤n pa铆s latinoamericano posee, de manera aislada, la capacidad suficiente para enfrentar los desaf铆os derivados del poder concentrado de las grandes corporaciones tecnol贸gicas o de las nuevas modalidades de intervenci贸n digital. La articulaci贸n de mecanismos de cooperaci贸n genuina cient铆fica, tecnol贸gica y comunicacional entre los pa铆ses de Am茅rica Latina y el Caribe puede contribuir al desarrollo de capacidades compartidas en materia de ciberseguridad, inteligencia artificial, protecci贸n de datos, infraestructura digital y producci贸n de contenidos propios, fortaleciendo una visi贸n com煤n de soberan铆a en el entorno digital.

La experiencia hist贸rica demuestra que cada transformaci贸n tecnol贸gica modifica tambi茅n las formas del poder. La imprenta transform贸 la pol铆tica moderna; la radio y la televisi贸n redefinieron la propaganda del siglo XX; internet reorganiz贸 la comunicaci贸n global; y la inteligencia artificial inaugura ahora una nueva etapa donde los algoritmos participan activamente en la construcci贸n de la realidad social. Comprender esta transformaci贸n constituye una condici贸n indispensable para preservar la independencia pol铆tica y la autodeterminaci贸n de los pueblos.

Como advirti贸 tempranamente el Comandante Carlos Fonseca al reflexionar sobre la propaganda internacional, la manipulaci贸n de la informaci贸n puede construir realidades completamente distintas de los hechos objetivos. Aquella reflexi贸n adquiere hoy una dimensi贸n mucho m谩s profunda: la inteligencia artificial, el an谩lisis masivo de datos y los algoritmos permiten que esa manipulaci贸n deje de ser uniforme para convertirse en personalizada, din谩mica y adaptativa. El desaf铆o est谩 en preservar la capacidad colectiva para pensar de manera aut贸noma.

En consecuencia, la soberan铆a del siglo XXI deber谩 entenderse como la capacidad de un pueblo para decidir libremente sobre su territorio, sus recursos, sus instituciones y tambi茅n sobre su informaci贸n, sus datos, sus tecnolog铆as y su conciencia colectiva. La convergencia entre coerci贸n militar, presi贸n econ贸mica, comunicaci贸n estrat茅gica, guerra cognitiva e inteligencia artificial configura lo que este trabajo identifica como la nueva arquitectura del intervencionismo estadounidense del siglo XXI.

En este escenario, la defensa de la soberan铆a comienza en la capacidad de una naci贸n para gobernar su informaci贸n, desarrollar su propia tecnolog铆a y preservar la autonom铆a de su pensamiento colectivo.

Nota
1. International Court of Justice. Judgement of 27 June 1986 https://www.icj-cij.org/node/103143


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* Germ谩n Van de Velde es Docente Investigador de la Casa de la Soberan铆a Miguel d´Escoto Brokmann


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