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s谩bado, 17 de octubre de 2026

Soberan铆a alimentaria: innovar para los pueblos, no para el negocio de las grandes corporaciones


Por Javier Huerta

La innovaci贸n agr铆cola suele presentarse como una cuesti贸n de tecnolog铆a, productividad y modernizaci贸n. Sin embargo, cuando hablamos de alimentaci贸n, la pregunta decisiva no es 煤nicamente qu茅 t茅cnicas podemos desarrollar para producir m谩s, sino qui茅n controla los recursos, qui茅n decide qu茅 se cultiva, c贸mo se distribuyen los alimentos y qui茅n se beneficia de la riqueza generada. Una tecnolog铆a puede mejorar los rendimientos y, al mismo tiempo, aumentar la dependencia de los agricultores respecto a las empresas que venden semillas, fertilizantes, maquinaria o productos fitosanitarios. Por eso, innovar no equivale autom谩ticamente a avanzar hacia la soberan铆a alimentaria.

El desaf铆o consiste en poner los conocimientos cient铆ficos, las herramientas tecnol贸gicas y la experiencia campesina al servicio de las necesidades de la poblaci贸n. Esto exige fortalecer la capacidad de las comunidades para producir sus propios alimentos, conservar las semillas, cuidar los suelos y el agua, diversificar los cultivos y participar en las decisiones sobre sus sistemas agroalimentarios. Tambi茅n requiere pol铆ticas p煤blicas que respalden a los peque帽os productores, faciliten el acceso a recursos y conocimientos y eviten que la alimentaci贸n quede subordinada a los intereses comerciales de un reducido grupo de empresas.

La informaci贸n difundida por teleSUR sobre la innovaci贸n y el papel de las comunidades en la seguridad alimentaria ofrece un punto de partida para abordar una cuesti贸n que va mucho m谩s all谩 de las t茅cnicas agr铆colas. Leer la informaci贸n original de teleSUR. La experiencia internacional demuestra que la participaci贸n comunitaria, la cooperaci贸n entre productores y el conocimiento adaptado a cada territorio pueden contribuir a construir sistemas alimentarios m谩s resistentes. Pero tambi茅n pone de manifiesto que esas iniciativas necesitan respaldo institucional, recursos y condiciones econ贸micas que permitan sostenerlas en el tiempo.

El hambre en un mundo que produce alimentos

El hambre contin煤a siendo una de las expresiones m谩s graves de la desigualdad mundial. Seg煤n la edici贸n de 2026 del informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrici贸n en el mundo (SOFI), elaborado por organismos de Naciones Unidas, 645 millones de personas padecieron hambre en 2025, equivalentes al 7,8 % de la poblaci贸n mundial. Adem谩s, unos 2.100 millones de personas sufrieron inseguridad alimentaria moderada o grave, y alrededor de 2.700 millones no pod铆an permitirse una dieta saludable. Aunque las cifras reflejan una mejora respecto a a帽os anteriores, los avances siguen siendo insuficientes y desiguales. FAO, informe SOFI 2026.

Estos datos obligan a mirar m谩s all谩 de la disponibilidad f铆sica de alimentos. La inseguridad alimentaria puede estar relacionada con la pobreza, los conflictos, las crisis econ贸micas, el encarecimiento de los productos b谩sicos, las alteraciones clim谩ticas y la desigual distribuci贸n de la tierra y de los recursos productivos. Una sociedad puede disponer de alimentos en sus mercados y, sin embargo, mantener a una parte de su poblaci贸n sin capacidad econ贸mica para adquirirlos. Tambi茅n puede depender de importaciones y de cadenas de suministro vulnerables a las fluctuaciones internacionales de los precios.

Por tanto, aumentar la producci贸n es importante, pero no basta. La lucha contra el hambre exige garantizar el acceso a los alimentos, fortalecer las econom铆as campesinas y reducir las vulnerabilidades que convierten una crisis comercial, clim谩tica o energ茅tica en una emergencia alimentaria. Cuando la producci贸n se orienta exclusivamente a maximizar la rentabilidad, los cultivos destinados a la exportaci贸n pueden desplazar producciones necesarias para el consumo local, mientras que los peque帽os agricultores afrontan dificultades para competir con actores que concentran capital, tecnolog铆a y capacidad de negociaci贸n.

El problema no reside en la innovaci贸n en s铆 misma, sino en las relaciones econ贸micas y pol铆ticas dentro de las cuales se desarrolla. La ciencia puede ayudar a mejorar variedades, reducir p茅rdidas, optimizar el uso del agua y recuperar suelos degradados. La cuesti贸n es qui茅n accede a esos avances, bajo qu茅 condiciones y con qu茅 efectos sobre la autonom铆a de los productores y las necesidades de la poblaci贸n.

La concentraci贸n del poder sobre los alimentos

El control de los sistemas agroalimentarios no se limita a la propiedad de las tierras. Tambi茅n se ejerce mediante las semillas comerciales, los fertilizantes, los agroqu铆micos, la maquinaria, el almacenamiento, el transporte, la transformaci贸n industrial y la distribuci贸n. Quien controla estos eslabones puede influir en los costes de producci贸n, en las condiciones de acceso al mercado y, en 煤ltima instancia, en los alimentos que llegan a la poblaci贸n.

Un dato permite dimensionar el problema. En un an谩lisis publicado en agosto de 2024, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) se帽al贸 que las cuatro mayores empresas controlaban entre el 70 % y el 90 % del comercio mundial de cereales. En otros sectores estrat茅gicos —como los agroqu铆micos, las semillas, los equipos agr铆colas, los fertilizantes sint茅ticos y los productos farmac茅uticos para animales—, las cuatro mayores compa帽铆as concentraban entre el 33 % y el 65 % de sus respectivos mercados. Son cifras referidas a mercados concretos, no una estimaci贸n de que cuatro empresas controlen la totalidad del sistema alimentario. Aun con esa precisi贸n, muestran la capacidad de un n煤mero reducido de actores para condicionar cadenas de suministro esenciales. UNCTAD: mercados alimentarios m谩s justos y competitivos.

Esta concentraci贸n tiene consecuencias que afectan especialmente a los agricultores con menos recursos. Cuando las semillas, los insumos y las tecnolog铆as dependen de proveedores externos, los productores quedan expuestos a las variaciones de precios, a las dificultades de abastecimiento y a las condiciones comerciales fijadas por empresas con un poder de negociaci贸n muy superior. La innovaci贸n puede profundizar esa dependencia si se basa exclusivamente en paquetes tecnol贸gicos costosos, variedades protegidas y suministros que las comunidades no pueden reproducir ni adaptar por s铆 mismas.

Frente a este modelo, defender la soberan铆a alimentaria implica ampliar las capacidades de decisi贸n de los pueblos. No significa rechazar la investigaci贸n cient铆fica, el comercio o la tecnolog铆a, sino evitar que su utilizaci贸n quede subordinada a la rentabilidad privada por encima de las necesidades sociales. La investigaci贸n p煤blica, las semillas adaptadas a cada territorio, la formaci贸n t茅cnica y el acceso de los peque帽os productores a los recursos son componentes esenciales de una pol铆tica alimentaria que sit煤e el inter茅s colectivo en primer plano.

A ello se suma una herencia hist贸rica: la organizaci贸n colonial de buena parte de la agricultura mundial orient贸 territorios enteros hacia la exportaci贸n de materias primas y productos agr铆colas, en funci贸n de las necesidades de los mercados exteriores. Aunque las estructuras econ贸micas han cambiado, persisten relaciones desiguales que limitan la capacidad de muchos pa铆ses para decidir sus prioridades productivas. La dependencia de alimentos importados, insumos agr铆colas o tecnolog铆a extranjera puede convertirse en una vulnerabilidad cuando las crisis internacionales alteran los precios y los suministros.

Por eso, fortalecer la producci贸n local y regional, diversificar los cultivos y desarrollar capacidades cient铆ficas propias no es una consigna aut谩rquica. Es una forma de reducir riesgos y ampliar la capacidad de decisi贸n de las comunidades y los Estados. La cooperaci贸n internacional puede contribuir a ese objetivo siempre que transfiera conocimientos y fortalezca capacidades, en lugar de crear nuevas dependencias.

Cuba: el conocimiento campesino como innovaci贸n colectiva

La experiencia cubana del Movimiento Agroecol贸gico de Campesino a Campesino, impulsado por la Asociaci贸n Nacional de Agricultores Peque帽os (ANAP), ofrece un ejemplo de innovaci贸n basada en la participaci贸n de quienes trabajan directamente la tierra. Su aportaci贸n principal consiste en reconocer a las familias campesinas como productoras de conocimiento, capaces de experimentar en sus parcelas, evaluar resultados y compartir soluciones con otras personas productoras.

Un estudio publicado en la revista Agroecolog铆a sobre los veinte a帽os de aplicaci贸n del movimiento en Cuba, difundido en 2018, se帽alaba que participaban m谩s de 130.000 familias campesinas, con miles de facilitadores y promotores agroecol贸gicos. Estas cifras corresponden al periodo estudiado y no deben confundirse con un recuento actualizado a 2026. El trabajo describe una metodolog铆a de intercambio y aprendizaje colectivo en la que las fincas funcionan como espacios de experimentaci贸n y demostraci贸n. El Movimiento Agroecol贸gico de Campesino a Campesino en Cuba: realidades, realizaciones y retos.

La agroecolog铆a promovida por este movimiento combina la diversificaci贸n de cultivos, el aprovechamiento de recursos locales, el cuidado del suelo, la gesti贸n del agua y la reducci贸n de la dependencia de insumos externos. No se trata simplemente de recuperar t茅cnicas tradicionales, sino de articular la experiencia pr谩ctica de los agricultores con la formaci贸n y los conocimientos cient铆ficos. La innovaci贸n deja as铆 de concebirse como algo que llega exclusivamente desde laboratorios o empresas y se convierte en un proceso colectivo, adaptado a las condiciones de cada territorio.

La FAO ha documentado tambi茅n c贸mo estas pr谩cticas pueden contribuir a reducir los costes de producci贸n y aumentar la resiliencia ante fen贸menos clim谩ticos como huracanes y sequ铆as. FAO y La V铆a Campesina: la agroecolog铆a en Cuba. Estos beneficios potenciales son especialmente importantes para un pa铆s que afronta restricciones econ贸micas y dificultades de abastecimiento. Sin embargo, ser铆a incorrecto presentar la agroecolog铆a como una soluci贸n completa a los problemas alimentarios cubanos: la isla contin煤a enfrentando dificultades de producci贸n y suministro que requieren medidas econ贸micas, productivas y log铆sticas m谩s amplias.

El valor de esta experiencia reside, por tanto, en mostrar una v铆a para ampliar los conocimientos y la autonom铆a de los productores, mejorar el aprovechamiento de los recursos disponibles y fortalecer la capacidad de adaptaci贸n. Su ense帽anza no es que exista una f贸rmula universal, sino que la investigaci贸n y la innovaci贸n adquieren mayor utilidad cuando las comunidades participan en su desarrollo y pueden apropiarse de sus resultados.

Nicaragua: proteger las semillas para proteger la capacidad de producir

En Nicaragua, los bancos comunitarios de semillas representan otra experiencia concreta de fortalecimiento de las capacidades locales. La semilla es el punto de partida de la producci贸n agr铆cola: conservar variedades adaptadas al entorno, disponer de ellas en el momento de la siembra y poder reproducirlas son condiciones importantes para la continuidad de los cultivos. Cuando ese acceso depende exclusivamente de proveedores externos, los agricultores pueden quedar expuestos a problemas de precio, disponibilidad o adaptaci贸n de las variedades a sus necesidades.

La FAO documenta el trabajo desarrollado en el pa铆s por el programa Mesoam茅rica sin Hambre AMEXCID-FAO, en colaboraci贸n con el Instituto Nicarag眉ense de Tecnolog铆a Agropecuaria (INTA). Entre sus iniciativas figura el acompa帽amiento a tres bancos comunitarios de semillas en la elaboraci贸n de planes de negocio, con el prop贸sito de contribuir a su consolidaci贸n y facilitar que la metodolog铆a pueda utilizarse en otras comunidades. La gu铆a publicada en 2024 describe estos bancos como espacios de organizaci贸n y participaci贸n donde los productores pueden producir semillas de las variedades que utilizan, mejorar su disponibilidad y promover su intercambio solidario. FAO: gu铆a para la elaboraci贸n de planes de negocio en bancos comunitarios de semillas.

Su importancia no se limita a almacenar semillas. Estos espacios pueden facilitar la selecci贸n y conservaci贸n de variedades, la distribuci贸n entre productores, la recuperaci贸n de materiales adaptados a las condiciones locales y la cooperaci贸n entre familias agricultoras. Tambi茅n pueden ayudar a que las comunidades mantengan una reserva para afrontar dificultades de abastecimiento o p茅rdidas de cosechas. Su funcionamiento requiere organizaci贸n, conocimientos t茅cnicos, conservaci贸n adecuada y mecanismos de reposici贸n que garanticen la continuidad del banco.

La experiencia nicarag眉ense permite comprender que la soberan铆a alimentaria tambi茅n se construye con instrumentos cotidianos y concretos. Un banco comunitario no sustituye las pol铆ticas agr铆colas nacionales ni resuelve por s铆 solo los problemas de financiaci贸n, riego, comercializaci贸n o acceso a la tierra. Pero puede fortalecer una pieza fundamental de la autonom铆a productiva: la capacidad de los agricultores para conservar, reproducir y compartir las semillas que necesitan.

Este enfoque adquiere especial relevancia en una econom铆a mundial donde la concentraci贸n empresarial puede limitar las alternativas disponibles. Fortalecer las capacidades locales no significa aislar a los productores de la investigaci贸n ni del intercambio comercial, sino evitar que su actividad dependa de una 煤nica fuente de abastecimiento y ampliar las opciones que tienen para decidir sobre sus cultivos.

Venezuela: comunas, producci贸n y organizaci贸n territorial

En Venezuela, el debate sobre la soberan铆a alimentaria est谩 vinculado a la organizaci贸n popular y al papel de las comunas como espacios de participaci贸n y gesti贸n colectiva del territorio. Su relevancia para la producci贸n agr铆cola reside en la posibilidad de articular a las comunidades con instituciones p煤blicas, compartir conocimientos y recursos, y organizar iniciativas productivas a partir de las necesidades locales. Pero conviene analizar las experiencias concretas, sin dar por supuesto que todas las comunas tienen las mismas capacidades ni que los resultados son id茅nticos en cada territorio.

Un estudio presentado en el V Congreso Latinoamericano de Agroecolog铆a de 2015 examin贸 la transici贸n agroecol贸gica en la comuna Alto Tuy, situada en el municipio Revenga, estado Aragua. La investigaci贸n identific贸 un marco legal favorable a la agricultura sustentable y destac贸 el papel de la formaci贸n agroecol贸gica y de las relaciones entre comunidad e instituciones. Al mismo tiempo, se帽al贸 que el proceso de transici贸n no estaba plenamente definido. Esa conclusi贸n resulta importante: el estudio permite analizar tanto las posibilidades de la organizaci贸n comunal como las dificultades que aparecen al convertir los principios pol铆ticos y jur铆dicos en transformaciones productivas sostenidas. Comuna y transici贸n agroecol贸gica: estudio de Alto Tuy.

Tambi茅n existen iniciativas dirigidas a recuperar y multiplicar semillas locales. En abril de 2026, la FAO inform贸 de un acuerdo con el Instituto Nacional de Investigaciones Agr铆colas (INIA) para fortalecer la producci贸n de semillas en los estados Aragua, Carabobo y Portuguesa. El proyecto prev茅 trabajar con cultivos estrat茅gicos como ma铆z, caraotas, frijol bayo y yuca, adem谩s de promover bancos locales de semillas, formaci贸n t茅cnica y protocolos de calidad. Se trata de una iniciativa destinada a fortalecer las capacidades nacionales y locales, por lo que conviene hablar de sus objetivos y actuaciones previstas, no presentar todas sus metas como resultados ya alcanzados. FAO: acuerdo con el INIA para fortalecer la producci贸n de semillas en Venezuela.

Otro ejemplo es el trabajo realizado en el estado Apure tras las inundaciones. En mayo de 2026, la FAO describi贸 acciones para recuperar espacios productivos afectados, promover t茅cnicas adaptadas a las condiciones clim谩ticas, impulsar la producci贸n de alimentos y conservar semillas para futuras siembras. Seg煤n la organizaci贸n, las actividades alcanzaron a 97 comunidades de cinco municipios y beneficiaron a m谩s de 3.700 hogares. Entre las pr谩cticas promovidas figuraban los cultivos asociados, la producci贸n de bioinsumos, la recuperaci贸n de conucos y el aprendizaje pr谩ctico en las propias comunidades. FAO: recuperaci贸n de la producci贸n agr铆cola en Apure.

Estas experiencias permiten abordar la importancia de las comunas y de la organizaci贸n territorial sin idealizarlas. La participaci贸n comunitaria puede ayudar a identificar necesidades, compartir recursos y sostener iniciativas productivas, pero necesita asistencia t茅cnica, infraestructura, acceso al agua, financiaci贸n, semillas de calidad y canales de distribuci贸n. La voluntad colectiva, por s铆 sola, no elimina las limitaciones materiales.

La aportaci贸n venezolana al debate consiste en situar la organizaci贸n popular y la participaci贸n institucional en el centro de la discusi贸n sobre qui茅n gestiona la producci贸n y con qu茅 objetivos. Cuando esa participaci贸n se combina con conocimientos agron贸micos, planificaci贸n, recursos y evaluaci贸n de resultados, puede contribuir a construir sistemas alimentarios m谩s vinculados a las necesidades del territorio.

Las mujeres y la juventud en la transformaci贸n agr铆cola

La transformaci贸n de los sistemas alimentarios tambi茅n exige reconocer el papel de las mujeres rurales y de la juventud. Las mujeres participan en la producci贸n agr铆cola, la selecci贸n y conservaci贸n de semillas, el procesamiento de alimentos, los mercados locales y el sostenimiento de las econom铆as familiares. Sin embargo, su contribuci贸n no siempre se corresponde con el acceso que tienen a la tierra, al cr茅dito, a la formaci贸n t茅cnica o a los espacios de decisi贸n.

Una pol铆tica de soberan铆a alimentaria debe favorecer su participaci贸n efectiva en las cooperativas, las organizaciones campesinas, los programas de formaci贸n y las instituciones que definen las prioridades agr铆colas. No basta con reconocer su trabajo: es necesario ampliar sus recursos y su capacidad de intervenir en las decisiones productivas. Lo mismo ocurre con la juventud rural, cuyo acceso a formaci贸n, tecnolog铆a, tierra y oportunidades econ贸micas influye en la continuidad de las comunidades agr铆colas.

La innovaci贸n puede desempe帽ar un papel relevante en este terreno. La formaci贸n t茅cnica, los sistemas de informaci贸n clim谩tica, las herramientas para gestionar el agua y los canales digitales de comercializaci贸n pueden facilitar el trabajo y abrir oportunidades. Pero su utilidad depende de que sean accesibles y respondan a las condiciones reales de los productores. Una tecnolog铆a costosa o que requiere una conectividad inexistente puede aumentar las desigualdades en lugar de reducirlas.

La cuesti贸n central sigue siendo la misma: la tecnolog铆a debe ampliar las capacidades de las personas y de las comunidades, no convertirse en otra barrera que excluya a quienes tienen menos recursos.

Cooperaci贸n internacional: compartir capacidades, no crear dependencias

La cooperaci贸n internacional puede contribuir a que las experiencias agr铆colas no queden aisladas en sus lugares de origen. El intercambio entre productores, universidades, centros de investigaci贸n, instituciones p煤blicas y organizaciones campesinas permite compartir semillas, t茅cnicas de conservaci贸n, m茅todos agroecol贸gicos y soluciones frente a las sequ铆as, las inundaciones o la degradaci贸n de los suelos.

La cooperaci贸n Sur-Sur tiene un potencial particular porque facilita el intercambio entre pa铆ses que afrontan desaf铆os comparables, aunque sus condiciones no sean id茅nticas. Las experiencias de Cuba en formaci贸n agroecol贸gica, de Nicaragua en bancos comunitarios de semillas y de Venezuela en organizaci贸n territorial y recuperaci贸n productiva pueden ofrecer aprendizajes 煤tiles para otras comunidades. Eso no significa trasladar modelos de manera autom谩tica: cada experiencia debe adaptarse a las condiciones ambientales, econ贸micas, culturales e institucionales del lugar donde se aplique.

Desde una perspectiva internacionalista, cooperar significa reconocer que los conocimientos pueden circular y enriquecerse mediante la experiencia compartida. Tambi茅n supone cuestionar una relaci贸n desigual en la que algunos pa铆ses aparecen exclusivamente como receptores de tecnolog铆a y otros como proveedores que determinan sus condiciones de uso. Una cooperaci贸n orientada a la soberan铆a alimentaria debe fortalecer las capacidades locales, apoyar la investigaci贸n p煤blica y favorecer que las comunidades puedan mantener y reproducir las soluciones que reciben.

Los proyectos de semillas, la formaci贸n t茅cnica, la investigaci贸n agroecol贸gica y la recuperaci贸n de suelos pueden producir beneficios duraderos cuando existe continuidad institucional y participaci贸n de los productores. Para ello se necesitan financiaci贸n estable, seguimiento y evaluaci贸n, adem谩s de mecanismos que permitan compartir los resultados y corregir los problemas detectados.

El objetivo no es sustituir la dependencia de un proveedor por la dependencia de otro, sino ampliar las alternativas disponibles. La cooperaci贸n cobra su mayor valor cuando deja conocimientos, herramientas y capacidades que permanecen en manos de las comunidades y de las instituciones que trabajan con ellas.

Seguridad alimentaria y soberan铆a alimentaria: dos conceptos relacionados, pero distintos

Para comprender el alcance pol铆tico de estas experiencias es necesario distinguir entre seguridad alimentaria y soberan铆a alimentaria. La seguridad alimentaria se refiere a que todas las personas puedan acceder de manera suficiente, estable y adecuada a los alimentos que necesitan. La soberan铆a alimentaria incorpora otra dimensi贸n: la capacidad de los pueblos para decidir sus pol铆ticas agr铆colas y alimentarias, definir sus prioridades productivas y participar en la gesti贸n de los recursos que sostienen su alimentaci贸n.

Ambos objetivos est谩n relacionados, pero no son equivalentes. Un pa铆s puede disponer de alimentos mediante importaciones y garantizar temporalmente el abastecimiento sin haber desarrollado una producci贸n propia capaz de responder a sus necesidades. Esa situaci贸n puede ofrecer resultados inmediatos, pero tambi茅n dejar a la poblaci贸n expuesta a las variaciones de precios, a las interrupciones comerciales o a las decisiones de proveedores externos. La soberan铆a alimentaria busca reducir esas vulnerabilidades mediante el fortalecimiento de las capacidades productivas, sin excluir el comercio ni la cooperaci贸n internacional.

La dimensi贸n pol铆tica de este concepto qued贸 reflejada en Am茅rica Latina en iniciativas de integraci贸n regional. En abril de 2008, Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela suscribieron, en el marco del ALBA, un Acuerdo para la Implementaci贸n de Programas de Cooperaci贸n en Materia de Soberan铆a y Seguridad Alimentaria. El texto planteaba la cooperaci贸n t茅cnica y cient铆fica, la integraci贸n agroproductiva y el fortalecimiento sostenible de la producci贸n interna, junto con mecanismos de cooperaci贸n e inversi贸n. Consultar el acuerdo del ALBA de 2008.

Aquel acuerdo constituye un antecedente pol铆tico de la voluntad de abordar la alimentaci贸n desde la cooperaci贸n entre pa铆ses y no 煤nicamente desde la competencia comercial. Su existencia, por supuesto, no demuestra que todos sus objetivos se hayan cumplido. Su relevancia reside en haber formulado una orientaci贸n: combinar las capacidades de cada pa铆s, compartir conocimientos y recursos, y considerar el acceso a los alimentos una cuesti贸n de inter茅s p煤blico y de integraci贸n regional.

Hoy, ante las crisis clim谩ticas, la concentraci贸n empresarial y las dificultades que afectan a numerosas econom铆as, esa orientaci贸n sigue planteando preguntas fundamentales. ¿C贸mo asegurar que los avances tecnol贸gicos lleguen tambi茅n a los peque帽os productores? ¿C贸mo reducir la dependencia de semillas e insumos externos sin renunciar a la investigaci贸n cient铆fica? ¿C贸mo conseguir que la producci贸n agr铆cola responda a las necesidades de la poblaci贸n y no exclusivamente a las oportunidades m谩s rentables del mercado?

No existen respuestas id茅nticas para todos los pa铆ses. Las condiciones del suelo, el clima, la disponibilidad de agua, la estructura de la propiedad agraria y las capacidades econ贸micas var铆an de un territorio a otro. Precisamente por eso, las soluciones necesitan combinar investigaci贸n, conocimientos locales, pol铆ticas p煤blicas y participaci贸n comunitaria, en lugar de imponer un 煤nico modelo productivo.

Innovar para garantizar derechos, no para ampliar dependencias

La soberan铆a alimentaria no se alcanza mediante una t茅cnica aislada ni con una iniciativa puntual. Requiere pol铆ticas sostenidas de apoyo a la agricultura familiar y cooperativa, investigaci贸n p煤blica, formaci贸n, conservaci贸n de semillas, acceso a la tierra y al agua, infraestructuras adecuadas y mecanismos de distribuci贸n que permitan a los productores vivir dignamente de su trabajo. Tambi茅n exige prestar atenci贸n a los efectos del cambio clim谩tico y a la necesidad de conservar la biodiversidad y los recursos naturales que sostienen la producci贸n.

Las experiencias examinadas muestran diferentes dimensiones de ese esfuerzo. Cuba aporta una trayectoria de aprendizaje agroecol贸gico entre campesinos; Nicaragua ofrece un ejemplo de organizaci贸n para conservar y multiplicar semillas; Venezuela permite analizar las posibilidades y dificultades de la articulaci贸n entre comunas, instituciones y producci贸n territorial. Ninguna de estas experiencias debe presentarse como una soluci贸n universal ni como una realidad libre de problemas. Su valor consiste en aportar conocimientos concretos sobre los que se puede aprender, debatir y trabajar.

De ellas se desprende una idea com煤n: la innovaci贸n resulta m谩s transformadora cuando las comunidades pueden participar en su desarrollo, comprenderla, adaptarla y mantenerla. Una semilla que puede reproducirse localmente, una t茅cnica que reduce la dependencia de insumos costosos o una red campesina que comparte conocimientos pueden ampliar la capacidad de decisi贸n de quienes producen los alimentos. El avance no se mide 煤nicamente por el aumento de los rendimientos, sino tambi茅n por la reducci贸n de vulnerabilidades y la distribuci贸n de las capacidades productivas.

Desde una perspectiva anticapitalista e internacionalista, esto implica cuestionar que la alimentaci贸n se trate exclusivamente como una mercanc铆a y que la capacidad de alimentarse dependa de la posici贸n econ贸mica de cada persona. Tambi茅n significa reconocer que la cooperaci贸n entre pueblos puede contribuir a enfrentar problemas comunes, siempre que respete las condiciones locales y refuerce la autonom铆a de quienes participan en ella.

Innovar para los pueblos significa poner la ciencia, la tecnolog铆a y la cooperaci贸n al servicio de la vida. La lucha contra el hambre exige producir alimentos suficientes, pero tambi茅n garantizar que las personas puedan acceder a ellos y que los pueblos tengan capacidad para decidir c贸mo organizar sus sistemas alimentarios. La soberan铆a alimentaria empieza a construirse cuando las comunidades dejan de ser simples consumidoras de soluciones dise帽adas por otros y se convierten en protagonistas de su propio desarrollo.

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s谩bado, 10 de octubre de 2026

La 81.陋 Asamblea General de la ONU: entre Imperialismo, Crisis del Multilateralismo y lucha por imponer el relato

Por Javier Huerta

La 81.陋 Asamblea General de las Naciones Unidas ha terminado dejando una impresi贸n dif铆cil de resumir en una sola palabra. Durante varios d铆as, representantes de 194 delegaciones, entre ellos 113 jefes de Estado y de Gobierno, ocuparon la tribuna de la organizaci贸n para hablar de guerras, soberan铆a, desarrollo, Palestina, Ucrania, Ir谩n, deuda, cambio clim谩tico, inteligencia artificial y reforma de las instituciones internacionales. Al cerrar el debate, el presidente de la Asamblea General, Khalilur Rahman, resumi贸 algunas de las principales preocupaciones expresadas por los Estados: la protecci贸n de la poblaci贸n civil, el acceso humanitario, la rendici贸n de cuentas, las soluciones pol铆ticas basadas en el derecho internacional y la necesidad de que el Consejo de Seguridad cumpla las responsabilidades que le asigna la Carta. El lema de esta sesi贸n —«Restoring Trust, Managing Transformation: A United Nations That Delivers for All»— condensaba precisamente el desaf铆o: recuperar la confianza en una organizaci贸n cuya autoridad se encuentra sometida a una presi贸n creciente.

Pero detr谩s de la sucesi贸n de discursos aparece una cuesti贸n m谩s profunda. La Asamblea no ha sido 煤nicamente otro escenario para enumerar los problemas del planeta, sino un espacio donde se ha hecho visible la disputa por las reglas que deben organizar las relaciones internacionales en un mundo que ya no se corresponde con el reparto de poder de 1945. Ant贸nio Guterres advirti贸 de la profundizaci贸n de las fracturas internacionales y situ贸 entre los grandes desaf铆os de nuestro tiempo la guerra y la paz, la desigualdad, el cambio clim谩tico y la inteligencia artificial. Lo que est谩 en juego, por tanto, no es solamente si Naciones Unidas funciona mejor o peor, sino qui茅n tiene capacidad para definir qu茅 significan la seguridad, la soberan铆a, el desarrollo, la legalidad internacional y la cooperaci贸n en el siglo XXI.

En «La ONU entre expectativas y realidad», Fabrizio Casari examina la distancia entre los objetivos fundacionales de la organizaci贸n y los l铆mites que impone la realidad internacional. Y en el articulo, «Las an茅cdotas de la 81.陋 Asamblea General de la ONU en crisis: una semana que retrat贸 el mundo que est谩 cambiando», donde repaso algunos de los episodios m谩s significativos de la semana de alto nivel. Este art铆culo contin煤a esa reflexi贸n desde una perspectiva pol铆tica y econ贸mica: m谩s all谩 de las escenas y los discursos, interesa examinar las relaciones de poder y las contradicciones institucionales que ayudan a explicar la crisis del multilateralismo y las fuerzas que pugnan por definir el orden internacional que est谩 tomando forma.

Una organizaci贸n nacida en 1945 ante un mundo transformado

La arquitectura institucional creada despu茅s de la Segunda Guerra Mundial contin煤a siendo el marco jur铆dico fundamental del sistema internacional, pero el mundo que la sostiene ha cambiado profundamente. Las potencias que entonces concentraban gran parte de la capacidad econ贸mica, militar y pol铆tica conservan una influencia extraordinaria, aunque junto a ellas han aparecido nuevos centros de poder econ贸mico, tecnol贸gico y demogr谩fico. China ocupa una posici贸n central en la econom铆a mundial; India ha incrementado su peso econ贸mico y pol铆tico; Rusia mantiene una considerable capacidad militar y energ茅tica; y numerosos pa铆ses latinoamericanos, africanos y asi谩ticos reclaman un mayor margen de decisi贸n. Agrupaciones como BRICS expresan, pese a la heterogeneidad y los intereses diferentes de sus miembros, la b煤squeda de mecanismos de cooperaci贸n que no dependan exclusivamente de instituciones dominadas hist贸ricamente por las potencias occidentales.

La cuesti贸n no consiste simplemente en sustituir un centro de poder por otro, sino en determinar si la transformaci贸n de la distribuci贸n internacional del poder puede traducirse en instituciones m谩s representativas y en mayores m谩rgenes de decisi贸n para los pa铆ses que hist贸ricamente han tenido menos capacidad para establecer las reglas.

En este debate vuelve a adquirir actualidad la figura de Miguel d’Escoto Brockmann. Durante su presidencia de la Asamblea General, en 2008-2009, el diplom谩tico y sacerdote nicarag眉ense defendi贸 una democratizaci贸n profunda de la ONU y cuestion贸 que el Consejo de Seguridad concentrar谩 una capacidad pol铆tica desproporcionada respecto de la Asamblea General, donde est谩n representados todos los Estados miembros. Sus propuestas no resolvieron aquella contradicci贸n, pero permiten recordar que la discusi贸n sobre la reforma de la ONU no naci贸 con la crisis actual: lleva d茅cadas vinculada al problema de qui茅n decide en nombre de la comunidad internacional. Para profundizar en este legado, puede consultarse el art铆culo «Miguel d’Escoto y la reinvenci贸n de la ONU: una propuesta sandinista para democratizar el mundo».

La necesidad de reformar la organizaci贸n no puede separarse de la desigualdad de poder que caracteriza su funcionamiento. La existencia de un Consejo de Seguridad con cinco miembros permanentes dotados de derecho de veto condiciona la respuesta internacional ante numerosas crisis. Mientras tanto, regiones enteras contin煤an reclamando una representaci贸n acorde con su peso demogr谩fico y pol铆tico. 脕frica, cuya exclusi贸n de los puestos permanentes sigue siendo uno de los principales asuntos pendientes, recuerda que la reforma institucional no es una discusi贸n meramente administrativa: tambi茅n es una disputa por corregir las jerarqu铆as heredadas de un orden mundial anterior.

Soberan铆a, doble rasero y poder de las grandes potencias

La disputa se hizo particularmente visible en el discurso de Estados Unidos. La Administraci贸n Trump present贸 ante la Asamblea una concepci贸n de las relaciones internacionales basada en la soberan铆a nacional, la primac铆a de los intereses estadounidenses y el rechazo de una mayor transferencia de competencias hacia estructuras internacionales. La propia Casa Blanca resumi贸 la intervenci贸n de Donald Trump como una defensa de la fortaleza estadounidense, de sus intereses y de su soberan铆a. Esa posici贸n puede consultarse en la declaraci贸n oficial de la Casa Blanca del 22 de septiembre de 2026.

Sin embargo, la defensa de la soberan铆a debe contrastarse con las actuaciones concretas de Washington y con el trato que dispensa a otros pa铆ses cuando sus decisiones no coinciden con los intereses estadounidenses. Uno de los episodios m谩s significativos fue la denegaci贸n o revocaci贸n de visados a representantes palestinos, incluido el presidente Mahmud Ab谩s, que impidi贸 su participaci贸n presencial en la sede de Naciones Unidas durante la semana de alto nivel. El 17 de septiembre, la Asamblea General aprob贸 una resoluci贸n para permitir que Palestina participara mediante una intervenci贸n pregrabada: obtuvo 152 votos a favor, tres en contra —Estados Unidos, Israel y Paraguay— y cuatro abstenciones —Colombia, Honduras, Panam谩 y Per煤—. La resoluci贸n lament贸 expresamente la decisi贸n estadounidense. Los detalles figuran en la informaci贸n oficial de Naciones Unidas sobre la votaci贸n.

El episodio muestra una contradicci贸n dif铆cil de ignorar: mientras Washington reivindica su soberan铆a nacional y cuestiona las limitaciones que puedan imponerle las instituciones multilaterales, su pol铆tica de visados restringi贸 la participaci贸n palestina en el principal foro universal de la organizaci贸n. La votaci贸n no demuestra que todos los pa铆ses que apoyaron la resoluci贸n compartan una misma posici贸n sobre el conjunto del conflicto palestino-israel铆, pero s铆 refleja un amplio respaldo a que Palestina pudiera intervenir en el debate general.

El problema es m谩s amplio que este episodio. Las grandes potencias tienden a interpretar los principios internacionales en funci贸n de sus alianzas e intereses, presentando sus propias actuaciones como defensa de la seguridad o del orden mientras cuestionan las de sus adversarios. Se帽alar este doble rasero no exige afirmar que todas las situaciones sean id茅nticas ni que las responsabilidades de los Estados sean intercambiables; exige aplicar criterios coherentes a las actuaciones de todos ellos. Si la soberan铆a y el derecho internacional deben servir para limitar los abusos de poder, no pueden convertirse en argumentos que se invocan para proteger los intereses propios y se relativizan cuando amparan a pueblos o gobiernos enfrentados a una gran potencia.

La cuesti贸n adquiere mayor relevancia al comparar el discurso estadounidense con las posiciones de Nicaragua, Cuba o Ir谩n, pa铆ses que tambi茅n invocan la soberan铆a, aunque desde contextos y proyectos pol铆ticos diferentes. Sus declaraciones deben atribuirse a sus respectivos gobiernos y someterse a examen cr铆tico, pero no por ello cabe ignorar la cuesti贸n material que plantean: ¿qu茅 margen real de autodeterminaci贸n conserva un pa铆s cuando las sanciones, la presi贸n financiera, las restricciones comerciales o la amenaza militar condicionan sus decisiones? El problema no es qui茅n utiliza con mayor frecuencia el lenguaje de la soberan铆a, sino qui茅n dispone de capacidad para imponer sus decisiones y qui茅n puede exigir que las reglas se apliquen tambi茅n a las grandes potencias.

La guerra entre Estados Unidos e Ir谩n convirti贸 esa disputa en una cuesti贸n especialmente concreta. El presidente iran铆, Masoud Pezeshkian, afirm贸 ante la Asamblea que su pa铆s no capitular铆a ante la presi贸n militar estadounidense, pero sostuvo que Ir谩n segu铆a abierto a la diplomacia. Rechaz贸 negociar bajo amenaza, defendi贸 el car谩cter pac铆fico que Teher谩n atribuye a su programa nuclear y denunci贸 las acciones militares estadounidenses. La delegaci贸n estadounidense abandon贸 la sala al comienzo del discurso iran铆, seg煤n inform贸 Reuters el 23 de septiembre. Estas afirmaciones recogen la posici贸n del Gobierno iran铆 y no deben confundirse con una verificaci贸n independiente de todas sus acusaciones.

El episodio pone de manifiesto una de las contradicciones centrales de la pol铆tica internacional: la diplomacia contin煤a present谩ndose como instrumento para resolver las crisis, pero su eficacia queda gravemente limitada cuando la negociaci贸n se desarrolla bajo presi贸n militar, econ贸mica o financiera. El control de las rutas energ茅ticas, las sanciones, el petr贸leo y el estrecho de Ormuz no son cuestiones separadas de la geopol铆tica; forman parte de una misma disputa por la capacidad de los Estados para decidir sobre sus recursos y sus relaciones exteriores.

Algo semejante ocurre con Palestina y Ucrania, aunque sus contextos hist贸ricos y pol铆ticos sean diferentes. La Asamblea volvi贸 a escuchar llamamientos a proteger a la poblaci贸n civil y respetar el derecho internacional, mientras las posiciones de los Estados mostraron profundas diferencias sobre la aplicaci贸n pr谩ctica de esos principios. La credibilidad del sistema multilateral depende de que las normas no queden subordinadas permanentemente a las alianzas y a las relaciones de fuerza. No basta con proclamar la vigencia del derecho internacional: tambi茅n hay que examinar qu茅 ocurre cuando su aplicaci贸n entra en conflicto con los intereses de una potencia.

El Sur Global y la b煤squeda de un orden multipolar

Desde esta perspectiva deben leerse las intervenciones de varios pa铆ses del Sur Global. Nicaragua defendi贸, durante la reuni贸n dedicada al 40.潞 aniversario de la Declaraci贸n sobre el Derecho al Desarrollo, la eliminaci贸n de medidas que obstaculizan el desarrollo y vulneran la soberan铆a, la igualdad soberana, la no injerencia y la autodeterminaci贸n. Su representaci贸n reclam贸 una reforma de la arquitectura econ贸mica y financiera internacional para avanzar hacia un orden m谩s justo, democr谩tico, inclusivo y multipolar. La intervenci贸n puede consultarse en la transcripci贸n de Naciones Unidas de la reuni贸n del 23 de septiembre de 2026.

En el debate general, el Gobierno nicarag眉ense destac贸 asimismo la importancia creciente de BRICS, vincul贸 esa agrupaci贸n con el derecho al desarrollo, expres贸 solidaridad con Cuba, respald贸 el principio de una sola China (no reconoce a Taiw谩n como un Estado independiente de China) y manifest贸 su apoyo a la posici贸n rusa en favor de la paz. Estas declaraciones permiten identificar las prioridades diplom谩ticas de Managua, aunque no convierten a BRICS en una organizaci贸n homog茅nea ni demuestran que todos sus miembros compartan una misma concepci贸n del orden mundial. La agrupaci贸n re煤ne pa铆ses con intereses econ贸micos, estrategias internacionales y sistemas pol铆ticos diferentes, unidos en parte por la b煤squeda de mayor capacidad de negociaci贸n dentro de las instituciones mundiales.

Cuba plante贸 una problem谩tica relacionada al situar el bloqueo y las presiones econ贸micas estadounidenses en el centro de su reivindicaci贸n de soberan铆a y desarrollo. Para el Gobierno cubano, las restricciones econ贸micas y financieras limitan las posibilidades de desarrollo del pa铆s y forman parte de una pol铆tica de coerci贸n. El debate debe atender tanto a las consecuencias econ贸micas y sociales de esas medidas como a los argumentos que ofrece Washington para justificarlas. En cualquier caso, el uso de instrumentos econ贸micos para condicionar las decisiones pol铆ticas de otros Estados constituye una cuesti贸n central para comprender los l铆mites materiales de la soberan铆a.

Venezuela, por su parte, vincul贸 soberan铆a, recursos naturales, energ铆a, industria, comercio, tecnolog铆a e inteligencia artificial dentro de una misma concepci贸n de autonom铆a nacional. Su representaci贸n present贸 las sanciones y las presiones externas como obst谩culos para el desarrollo y para el control nacional de los recursos. Estas posiciones deben distinguirse de los hechos comprobables y de las interpretaciones sobre la pol铆tica venezolana, pero permiten identificar un argumento compartido por varios gobiernos del Sur: la soberan铆a pierde contenido material cuando las decisiones econ贸micas fundamentales quedan condicionadas por restricciones financieras, dificultades de acceso a mercados, tecnolog铆a o energ铆a.

Rusia defendi贸 una interpretaci贸n del futuro internacional basada en la construcci贸n de un mundo multipolar y en la oposici贸n a estructuras que considera dominadas por una minor铆a de potencias. Esa posici贸n debe analizarse teniendo en cuenta tambi茅n las actuaciones del propio Estado ruso y las controversias que suscita su pol铆tica exterior. La utilizaci贸n del lenguaje de la multipolaridad no exime a ning煤n gobierno de la obligaci贸n de respetar el derecho internacional.

China, por su parte, defendi贸 la centralidad de Naciones Unidas y de la Carta de la organizaci贸n, reclam贸 respeto a la soberan铆a y a la seguridad de los pa铆ses y abog贸 por resolver las controversias mediante el di谩logo y las consultas. Tambi茅n defendi贸 el principio de que sean los palestinos quienes gobiernen Palestina. Estas posiciones forman parte de la pol铆tica exterior del Gobierno chino y conviven con sus propios intereses estrat茅gicos y econ贸micos, que deben evaluarse, como los de cualquier gran potencia, a partir de sus declaraciones y de sus actuaciones.

La diversidad de posiciones se aprecia tambi茅n en pa铆ses que no pueden reducirse simplemente a uno u otro bloque. India advirti贸 sobre los efectos globales de los conflictos y reclam贸 proteger a la poblaci贸n civil y mantener los flujos de energ铆a y comercio, al tiempo que describi贸 las dificultades que afrontan los pa铆ses del Sur en materia de alimentos, combustibles, fertilizantes y financiaci贸n. Brasil ha defendido el multilateralismo, la soberan铆a latinoamericana y la reforma de las instituciones internacionales. Numerosos Estados africanos contin煤an reclamando una representaci贸n permanente del continente en el Consejo de Seguridad. Para muchos de estos pa铆ses, reformar el sistema significa corregir estructuras heredadas de una 茅poca colonial y ampliar la capacidad de decisi贸n de Estados cuya representaci贸n institucional no corresponde a su peso demogr谩fico y pol铆tico.

Ahora bien, ser铆a insuficiente describir esta transformaci贸n como una simple sustituci贸n de la hegemon铆a estadounidense por una futura hegemon铆a china, rusa o de cualquier otra potencia. La multipolaridad describe una distribuci贸n m谩s diversificada del poder, pero no garantiza por s铆 misma un orden internacional m谩s justo. Puede abrir espacios de autonom铆a para determinados Estados y, al mismo tiempo, mantener profundas desigualdades econ贸micas y sociales. La existencia de m谩s polos no elimina autom谩ticamente las relaciones de explotaci贸n, dependencia o concentraci贸n de riqueza. La transformaci贸n del equilibrio entre Estados y la transformaci贸n de las relaciones sociales no son procesos id茅nticos.

La econom铆a pol铆tica del nuevo orden mundial

La geopol铆tica no puede separarse de la econom铆a pol铆tica internacional. La disputa por el poder mundial tambi茅n pasa por qui茅n controla el cr茅dito, las monedas de reserva, los sistemas de pago, las cadenas de suministro, los recursos minerales, la energ铆a, los semiconductores, las infraestructuras digitales y las tecnolog铆as estrat茅gicas. Las sanciones pueden restringir el acceso a mercados, financiaci贸n y tecnolog铆a; la deuda reduce el margen de maniobra de numerosos pa铆ses; y la competencia por minerales cr铆ticos y fuentes energ茅ticas est谩 adquiriendo una importancia creciente. Al mismo tiempo, las grandes empresas tecnol贸gicas acumulan capacidades que hace apenas unas d茅cadas estaban reservadas casi exclusivamente a los Estados.

Por eso, la capacidad jur铆dica de un pa铆s para declararse soberano puede no coincidir con su capacidad material para ejercer esa soberan铆a. Cuando los pa铆ses endeudados encuentran dificultades para financiar pol铆ticas de desarrollo, cuando el acceso a tecnolog铆a depende de un reducido n煤mero de proveedores y cuando las cadenas de producci贸n est谩n concentradas en determinados territorios, la autonom铆a nacional se ve condicionada por relaciones econ贸micas que desbordan las fronteras. La discusi贸n sobre una nueva arquitectura financiera internacional, planteada por Nicaragua y otros pa铆ses del Sur, afecta as铆 al reparto mundial de recursos y de capacidad de decisi贸n, no solo al funcionamiento administrativo de las instituciones.

La inteligencia artificial constituye uno de los ejemplos m谩s claros de esta transformaci贸n. En su discurso de clausura del debate general, el presidente de la Asamblea General se帽al贸 que cuatro a帽os antes solo cinco delegaciones hab铆an abordado esta cuesti贸n, mientras que en 2026 lo hicieron 128, m谩s que las que hablaron sobre derechos humanos y cambio clim谩tico. El dato muestra la velocidad con la que la IA ha pasado de ocupar un lugar secundario a convertirse en una preocupaci贸n central de la agenda internacional. Puede consultarse en el discurso de clausura de Khalilur Rahman, del 28 de septiembre.

Pero la amplitud del debate no significa que todos los pa铆ses tengan la misma capacidad para intervenir en las decisiones. Seg煤n el informe de Naciones Unidas Governing AI for Humanity, publicado en 2024, 118 pa铆ses no eran parte de ninguna de las siete iniciativas internacionales de gobernanza de la inteligencia artificial examinadas en el documento. La cifra no significa que esos Estados estuvieran ausentes de todos los debates sobre IA, sino que no participaban en ninguno de esos siete mecanismos concretos. La desigualdad afecta, por tanto, tanto al acceso a las herramientas tecnol贸gicas como a la capacidad para influir en las reglas que determinar谩n su desarrollo y utilizaci贸n.

La concentraci贸n de los sistemas m谩s avanzados en un n煤mero reducido de pa铆ses y empresas plantea un problema que rebasa la innovaci贸n t茅cnica. Quien controla los centros de datos, los semiconductores, la capacidad de computaci贸n, las plataformas y los grandes conjuntos de datos dispone de una ventaja econ贸mica y estrat茅gica que puede condicionar a otros Estados. La presidencia de la Asamblea advirti贸 precisamente del riesgo de que un peque帽o n煤mero de pa铆ses y empresas controle los datos, la capacidad de computaci贸n y las reglas que afectar谩n al conjunto de la humanidad.

La IA se convierte as铆 en una cuesti贸n de soberan铆a tecnol贸gica, pero tambi茅n de clase: sus beneficios, los empleos que transforme, los riesgos que genere y el poder que concentre depender谩n de qui茅n posea las infraestructuras y de qui茅n pueda decidir sobre su uso. No basta con preguntar qu茅 pa铆ses liderar谩n la innovaci贸n; hay que preguntarse qui茅n se apropiar谩 de sus beneficios, qu茅 sectores soportar谩n sus costes y qu茅 capacidad tendr谩n los pueblos para intervenir en decisiones que afectar谩n a sus condiciones de vida.

La misma l贸gica atraviesa la cuesti贸n energ茅tica y los recursos naturales. Las guerras contempor谩neas no pueden analizarse exclusivamente a partir de declaraciones diplom谩ticas o movimientos militares cuando el petr贸leo, el gas, los minerales estrat茅gicos, las rutas mar铆timas y las infraestructuras forman parte de las condiciones materiales que permiten ejercer poder. El caso de Ir谩n y el estrecho de Ormuz lo ha vuelto particularmente evidente, pero la competencia por recursos estrat茅gicos se extiende desde Am茅rica Latina hasta 脕frica y Asia. El derecho de los pueblos a disponer de sus recursos aparece as铆 unido a la discusi贸n sobre desarrollo y soberan铆a que Nicaragua y otros pa铆ses del Sur llevaron a la Asamblea.

Desarrollo, desigualdad y crisis clim谩tica

La distancia entre los compromisos internacionales y sus resultados tambi茅n puede medirse en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El informe de Naciones Unidas de 2026 indica que, de las 139 metas para las que hab铆a datos de tendencia disponibles, solo el 36 % estaba en v铆as de cumplirse o mostraba avances moderados; el 49 % progresaba demasiado lentamente y el 15 % hab铆a retrocedido respecto de los niveles de 2015. El informe se帽ala entre los obst谩culos los conflictos, la desigualdad, la crisis clim谩tica, el endeudamiento y la insuficiencia de financiaci贸n.

Estas cifras impiden reducir la crisis del multilateralismo a un desacuerdo diplom谩tico entre gobiernos: tambi茅n reflejan la dificultad de convertir las declaraciones sobre desarrollo sostenible en mejoras suficientes para las mayor铆as sociales. Cuando los pa铆ses destinan recursos al servicio de la deuda, afrontan costes crecientes de financiaci贸n y carecen de acceso adecuado a tecnolog铆a e inversi贸n, su capacidad para desarrollar pol铆ticas propias queda condicionada. La reforma de la arquitectura econ贸mica y financiera internacional tiene consecuencias directas sobre la educaci贸n, la sanidad, el empleo, la alimentaci贸n y las posibilidades de desarrollo de millones de personas.

La cuesti贸n clim谩tica introduce otra contradicci贸n. Muchos pa铆ses que han contribuido relativamente menos a las emisiones hist贸ricas se encuentran entre los m谩s expuestos a sus consecuencias, mientras las grandes transformaciones energ茅ticas requieren inversiones, tecnolog铆a y financiaci贸n distribuidas de manera desigual. La discusi贸n medioambiental resulta inseparable de la cuesti贸n econ贸mica: qui茅n paga la transici贸n, qui茅n controla las nuevas tecnolog铆as, qui茅n posee los recursos necesarios para llevarla a cabo y qu茅 pa铆ses terminan asumiendo sus costes sociales y econ贸micos.

La crisis clim谩tica, el endeudamiento y la desigualdad no son problemas independientes que puedan resolverse mediante declaraciones separadas. Condicionan la capacidad de los Estados para responder a las necesidades de sus poblaciones y muestran hasta qu茅 punto las reglas econ贸micas internacionales pueden facilitar o limitar el desarrollo. Sin cambios en esas condiciones materiales, los compromisos multilaterales corren el riesgo de quedarse en objetivos declarados sin recursos suficientes para hacerlos realidad.

La batalla por el relato y la legitimidad internacional

La sucesi贸n de crisis vuelve a poner sobre la mesa la cuesti贸n de la informaci贸n. Palestina, Ucrania, Ir谩n, Venezuela, Cuba y otros conflictos muestran que la batalla internacional no se libra 煤nicamente mediante la diplomacia, las sanciones o la fuerza militar. Tambi茅n existe una disputa por la interpretaci贸n de los acontecimientos, por las categor铆as con las que se describen las guerras, por la legitimidad de determinados gobiernos y por la definici贸n de qui茅n aparece como defensor del derecho internacional y qui茅n como violador de sus principios.

Imponer un relato no es un elemento decorativo de la geopol铆tica: influir sobre la percepci贸n internacional condiciona la legitimidad pol铆tica de las medidas econ贸micas, militares y diplom谩ticas que posteriormente pueden adoptarse. Pero el an谩lisis cr铆tico debe examinar qui茅n produce y difunde cada relato, qu茅 pruebas lo sostienen y qu茅 intereses pueden beneficiarse de 茅l. La versi贸n de un Gobierno no se convierte en verdadera por el mero hecho de contradecir la de otro, ni la cr铆tica a una potencia obliga a aceptar sin examen las posiciones de sus adversarios.

En este contexto, Naciones Unidas contin煤a siendo una instituci贸n limitada, atravesada por las mismas relaciones de poder que pretende gestionar, pero al mismo tiempo dif铆cilmente sustituible. La presidencia de la Asamblea General se帽al贸 al cierre del debate que los Estados hab铆an defendido el multilateralismo en funci贸n de su capacidad para transformar las realidades concretas. Esa observaci贸n resulta fundamental: la organizaci贸n no recuperar谩 legitimidad simplemente multiplicando declaraciones y reuniones si las decisiones adoptadas no consiguen modificar las condiciones que producen las guerras, el hambre, la desigualdad, el endeudamiento o la destrucci贸n ambiental.

Por eso la reforma de Naciones Unidas vuelve inevitablemente al problema que Miguel d’Escoto plante贸 hace casi dos d茅cadas: qui茅n decide. La composici贸n del Consejo de Seguridad, el derecho de veto, la autoridad de la Asamblea General y la selecci贸n del pr贸ximo secretario general no son cuestiones meramente administrativas. El propio presidente de la Asamblea record贸 que, seg煤n la Carta, el Consejo de Seguridad recomienda al secretario general y la Asamblea General realiza el nombramiento, y reclam贸 un proceso transparente, inclusivo y basado en los m茅ritos. La elecci贸n de quien ocupar谩 la Secretar铆a General constituye otra expresi贸n de la disputa por la legitimidad y la autonom铆a de la organizaci贸n.

La 81.陋 Asamblea General deja, por tanto, un panorama en el que conviven concepciones diferentes del futuro internacional. Washington reivindica una soberan铆a nacional vinculada a la defensa de sus intereses; Mosc煤 presenta la multipolaridad como v铆a hacia una distribuci贸n diferente del poder; Nicaragua reclama soberan铆a, autodeterminaci贸n y una reforma econ贸mica y financiera internacional; Cuba insiste en las consecuencias de las medidas coercitivas y en su derecho al desarrollo; China defiende la centralidad de la Carta de Naciones Unidas y la soluci贸n de las controversias mediante el di谩logo; mientras India, Brasil y numerosos Estados africanos reclaman mayor representaci贸n, autonom铆a estrat茅gica y capacidad de decisi贸n. Son posiciones distintas, con intereses y proyectos propios, y precisamente por ello la Asamblea permite observar la transformaci贸n del sistema mundial.

El problema hist贸rico consiste ahora en saber qu茅 emerger谩 de esa transformaci贸n. Una mayor pluralidad de centros de poder puede abrir espacios para pa铆ses que durante d茅cadas tuvieron un margen limitado de decisi贸n, pero tambi茅n puede intensificar la competencia entre grandes potencias si no se acompa帽a de instituciones capaces de establecer reglas comunes. La alternativa no se reduce a elegir entre una hegemon铆a y otra. En 煤ltima instancia, la disputa internacional contin煤a teniendo una dimensi贸n material: qui茅n controla los recursos, el cr茅dito, la tecnolog铆a, la energ铆a, las cadenas de producci贸n, la informaci贸n y la fuerza militar; qui茅n determina las reglas que regulan esos recursos; y qu茅 capacidad conservan los pueblos y los Estados para decidir sobre su propio desarrollo.

La ONU naci贸 en 1945 con la promesa de impedir que las grandes potencias volvieran a arrastrar al mundo a una cat谩strofe semejante a la que acababa de terminar. Ocho d茅cadas despu茅s, aquella promesa sigue siendo necesaria, pero las relaciones de poder sobre las que se construy贸 la organizaci贸n ya no son las mismas. La 81.陋 Asamblea ha mostrado esa tensi贸n: un sistema internacional que necesita cooperaci贸n para afrontar problemas que ning煤n Estado puede resolver por s铆 solo y, simult谩neamente, unas relaciones de poder que dificultan establecer reglas aceptadas y aplicadas de manera uniforme.

La pregunta que queda abierta no es solamente si Naciones Unidas ser谩 capaz de reformarse, sino qui茅n tendr谩 capacidad para definir esa reforma, qu茅 intereses terminar谩n orient谩ndola y para qui茅n se organizar谩 el nuevo orden internacional que est谩 tomando forma.


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jueves, 8 de octubre de 2026

El internacionalismo del Che: luchar m谩s all谩 de las propias fronteras

Por Javier Huerta 

Cada 8 de octubre, la memoria de Ernesto Che Guevara regresa a una fecha que marc贸 profundamente la historia de las luchas revolucionarias del siglo XX. Aquel d铆a de 1967, en la quebrada del Yuro, en Bolivia, el ej茅rcito boliviano captur贸 al guerrillero argentino-cubano, que ser铆a ejecutado al d铆a siguiente por orden de las autoridades militares. Su muerte, cuando ten铆a 39 a帽os, no puso fin a la influencia de sus ideas ni a los debates sobre la estrategia revolucionaria que hab铆a defendido. Al contrario, convirti贸 su trayectoria en un terreno permanente de disputa pol铆tica, hist贸rica y cultural. Cincuenta y nueve a帽os despu茅s, recordar al Che exige ir m谩s all谩 de la evocaci贸n de su muerte y examinar el principio que dio sentido a buena parte de su actuaci贸n: la convicci贸n de que la emancipaci贸n de los pueblos no pod铆a quedar encerrada dentro de las fronteras nacionales.

El internacionalismo de Guevara se desarroll贸 en una 茅poca atravesada por las luchas de liberaci贸n nacional, la descomposici贸n de los imperios coloniales europeos, la Revoluci贸n cubana y la confrontaci贸n entre grandes bloques de poder. En Asia y 脕frica, numerosos pueblos conquistaban su independencia formal despu茅s de d茅cadas de dominaci贸n colonial; en Am茅rica Latina, las estructuras econ贸micas heredadas del colonialismo segu铆an condicionando el desarrollo de las sociedades. La concentraci贸n de la tierra, la explotaci贸n del trabajo y la dependencia de los capitales extranjeros limitaban las posibilidades de transformaci贸n social. La independencia pol铆tica no garantizaba por s铆 misma la soberan铆a econ贸mica: la bandera de un Estado pod铆a ondear sobre un territorio cuyas principales riquezas, inversiones y decisiones estrat茅gicas continuaban sometidas a intereses externos. En ese contexto, el Che entendi贸 el internacionalismo como una respuesta a un sistema de dominaci贸n que conectaba las relaciones de clase dentro de cada pa铆s con las desigualdades existentes entre las naciones.

De Am茅rica Latina a la Revoluci贸n cubana

Ernesto Guevara naci贸 en Rosario, Argentina, el 14 de junio de 1928. Su formaci贸n como m茅dico y los viajes que realiz贸 por Am茅rica Latina durante su juventud contribuyeron a ampliar su comprensi贸n de las condiciones materiales en las que viv铆an amplios sectores de la poblaci贸n del continente. El contacto con comunidades ind铆genas, trabajadores, campesinos y personas sometidas a la pobreza y la precariedad le permiti贸 observar realidades que no pod铆an explicarse 煤nicamente a partir de las circunstancias individuales. La miseria que encontr贸 en distintos pa铆ses estaba relacionada con estructuras agrarias profundamente desiguales, econom铆as orientadas a satisfacer intereses externos y Estados que, con frecuencia, proteg铆an los privilegios de las clases propietarias. Sus experiencias posteriores, particularmente su estancia en Guatemala durante el derrocamiento del Gobierno de Jacobo 脕rbenz en 1954, reforzaron su convicci贸n de que las reformas sociales pod铆an enfrentarse a una resistencia organizada cuando amenazaban intereses econ贸micos y pol铆ticos poderosos.

La ca铆da de 脕rbenz, cuyo proyecto reformista hab铆a afectado a los intereses de la United Fruit Company y despertado la oposici贸n de sectores de la oligarqu铆a guatemalteca y del Gobierno estadounidense, constituy贸 un momento decisivo en la evoluci贸n pol铆tica de Guevara. La intervenci贸n estadounidense en Guatemala, articulada mediante una operaci贸n encubierta de la CIA y el apoyo a fuerzas opositoras, mostr贸 hasta qu茅 punto la soberan铆a formal de un pa铆s pod铆a verse limitada por la capacidad de una potencia extranjera para intervenir en su vida pol铆tica. Para el joven m茅dico argentino, aquella experiencia contribuy贸 a consolidar la idea de que la transformaci贸n de las estructuras econ贸micas y sociales no pod铆a separarse de la lucha por la independencia pol铆tica efectiva.

En M茅xico conoci贸 a Fidel Castro y a otros exiliados cubanos que preparaban una expedici贸n para derrocar la dictadura de Fulgencio Batista. En 1956 se incorpor贸 al grupo del Granma y particip贸 en la lucha guerrillera que culmin贸 con el triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959. La experiencia cubana fue decisiva para su trayectoria, pero tambi茅n para el desarrollo de su pensamiento internacionalista. La revoluci贸n hab铆a derrotado a una dictadura sostenida por amplios intereses econ贸micos y pol铆ticos, pero deb铆a afrontar una transformaci贸n mucho m谩s compleja: modificar las relaciones de propiedad, redistribuir la riqueza, ampliar los derechos sociales y construir una econom铆a capaz de sostener un proyecto soberano en un entorno internacional adverso.

La reforma agraria, las nacionalizaciones y las medidas dirigidas a ampliar el acceso a la educaci贸n y la sanidad alteraron las relaciones entre el nuevo poder revolucionario y los sectores que hab铆an controlado buena parte de la econom铆a cubana. La confrontaci贸n con Estados Unidos se intensific贸 a medida que avanzaba aquel proceso, hasta incluir sanciones econ贸micas, la ruptura de relaciones diplom谩ticas y la invasi贸n de Playa Gir贸n en abril de 1961, derrotada por las fuerzas cubanas. La revoluci贸n dej贸 de ser 煤nicamente una transformaci贸n del poder pol铆tico dentro de una isla caribe帽a y pas贸 a convertirse en un conflicto de alcance internacional, en el que se enfrentaban proyectos sociales y econ贸micos incompatibles.

Para Guevara, la experiencia cubana demostraba que una revoluci贸n pod铆a abrir posibilidades hist贸ricas para las mayor铆as populares, pero tambi茅n que su supervivencia depend铆a de condiciones que exced铆an las fronteras nacionales. La presi贸n econ贸mica, el aislamiento diplom谩tico y la amenaza militar constitu铆an mecanismos capaces de limitar las decisiones de un pa铆s que pretend铆a reorganizar su econom铆a en beneficio de sectores hist贸ricamente subordinados. La solidaridad internacional adquir铆a as铆 una dimensi贸n material: defender una revoluci贸n implicaba contribuir a que pudiera sostener sus conquistas sociales, desarrollar sus capacidades productivas y mantener su autonom铆a frente a las potencias que intentaban condicionar su rumbo.

El internacionalismo como pr谩ctica pol铆tica

El compromiso internacionalista del Che no se redujo a la defensa de Cuba. Durante los primeros a帽os de la revoluci贸n desempe帽贸 importantes responsabilidades en el nuevo Estado, entre ellas la presidencia del Banco Nacional y la direcci贸n del Ministerio de Industrias, al tiempo que particip贸 en misiones diplom谩ticas que lo llevaron a establecer contactos con dirigentes de 脕frica, Asia, Europa y Am茅rica Latina. Aquellas funciones le permitieron observar directamente las dificultades de los pa铆ses que intentaban salir de la dependencia colonial y construir modelos de desarrollo propios. Tambi茅n alimentaron su reflexi贸n sobre las relaciones econ贸micas internacionales y sobre las limitaciones que encontraba un pa铆s socialista cuando deb铆a comerciar con un mercado mundial organizado, en gran medida, seg煤n los intereses de las econom铆as capitalistas m谩s poderosas.

Uno de los documentos m谩s significativos de esta etapa fue su intervenci贸n ante el Segundo Seminario Econ贸mico de Solidaridad Afroasi谩tica, celebrado en Argel el 24 de febrero de 1965. Guevara vincul贸 all铆 la lucha contra el colonialismo y el neocolonialismo con la necesidad de superar la pobreza y el atraso econ贸mico, y sostuvo que la independencia pol铆tica resultaba insuficiente si no iba acompa帽ada de una transformaci贸n de las relaciones econ贸micas que manten铆an a determinados pa铆ses en una posici贸n subordinada. Su cr铆tica alcanzaba tambi茅n a las relaciones comerciales entre pa铆ses socialistas y naciones empobrecidas, pues consideraba que la solidaridad deb铆a reflejarse en intercambios que no reprodujeran los mecanismos de explotaci贸n propios del mercado capitalista.

Esta posici贸n iba m谩s all谩 de una declaraci贸n de principios. Guevara cuestionaba que las relaciones entre Estados se rigieran exclusivamente por la rentabilidad comercial cuando estaban en juego las posibilidades de supervivencia de pueblos sometidos a agresiones o que intentaban conquistar su independencia. A su juicio, la ayuda econ贸mica, la transferencia tecnol贸gica y la cooperaci贸n deb铆an contribuir a superar las desigualdades estructurales, en lugar de consolidar nuevas formas de subordinaci贸n. Su planteamiento no estaba exento de dificultades pr谩cticas, especialmente para econom铆as con recursos limitados, pero expresaba una preocupaci贸n central: una solidaridad que reprodujera las mismas relaciones de dependencia que pretend铆a combatir terminar铆a debilitando sus propios objetivos emancipadores.

La formulaci贸n m谩s contundente de su compromiso con una lucha que trascendiera las fronteras nacionales qued贸 recogida en su Mensaje a los pueblos del mundo a trav茅s de la Tricontinental, difundido en 1967. All铆 escribi贸: «No hay fronteras en esta lucha a muerte». La frase resum铆a una idea que atravesaba su pensamiento: la victoria de un pueblo frente a las estructuras de dominaci贸n pod铆a debilitar un sistema internacional de explotaci贸n, mientras que la derrota de una revoluci贸n pod铆a repercutir sobre las posibilidades de emancipaci贸n de otros pueblos. Desde esta perspectiva, el internacionalismo proletario no era una declaraci贸n de simpat铆a entre movimientos afines, sino una obligaci贸n pol铆tica derivada de la relaci贸n que Guevara establec铆a entre la explotaci贸n de clase, la dependencia econ贸mica y la dominaci贸n imperialista.

El internacionalismo guevarista se situaba, por tanto, en el cruce entre la lucha de clases y la cuesti贸n nacional. La dominaci贸n extranjera no pod铆a comprenderse al margen de las alianzas entre capitales internacionales y sectores propietarios locales que obten铆an beneficios de la subordinaci贸n econ贸mica de sus pa铆ses. Al mismo tiempo, la liberaci贸n nacional no garantizaba autom谩ticamente la desaparici贸n de la explotaci贸n dentro de las nuevas fronteras. De ah铆 que Guevara relacionara la soberan铆a pol铆tica con la transformaci贸n de las estructuras econ贸micas y con la participaci贸n de las mayor铆as trabajadoras en la construcci贸n de una sociedad diferente.

脕frica y el Congo: los l铆mites de la solidaridad revolucionaria

En 1965, el Che llev贸 sus convicciones internacionalistas a una nueva experiencia cuando se incorpor贸 a la lucha revolucionaria en el Congo, en 脕frica central. La regi贸n atravesaba una etapa de enorme inestabilidad desde la independencia de B茅lgica en 1960. El asesinato de Patrice Lumumba en enero de 1961, la intervenci贸n de actores extranjeros y las disputas entre fuerzas pol铆ticas y militares hab铆an convertido el pa铆s en uno de los escenarios m谩s visibles de la confrontaci贸n internacional en torno a los procesos de descolonizaci贸n. Para Guevara, el Congo representaba una lucha cuya importancia desbordaba el 谩mbito nacional, pues el desenlace de los conflictos africanos afectaba al equilibrio de fuerzas entre las potencias y los movimientos que aspiraban a romper con la dominaci贸n colonial.

La participaci贸n cubana pretend铆a contribuir a la preparaci贸n militar de las fuerzas congole帽as que combat铆an al Gobierno central. Sin embargo, la experiencia se desarroll贸 en condiciones muy distintas de las que hab铆an permitido el triunfo de la guerrilla cubana. Las fuerzas insurgentes estaban divididas, carec铆an de una coordinaci贸n suficiente y afrontaban dificultades de organizaci贸n, disciplina y apoyo pol铆tico. Las diferencias entre los combatientes cubanos y sus aliados locales, junto con la complejidad del escenario congole帽o, limitaron la capacidad de la expedici贸n para alcanzar sus objetivos. Guevara abandon贸 el pa铆s a finales de 1965 y posteriormente elabor贸 una valoraci贸n cr铆tica de aquella experiencia, que reconoc铆a como un fracaso.

El episodio permite comprender tanto la coherencia como los l铆mites de su internacionalismo. Guevara estaba dispuesto a asumir riesgos personales en una lucha que consideraba vinculada a la emancipaci贸n de otros pueblos, pero su compromiso no pod铆a resolver por s铆 solo las debilidades pol铆ticas y organizativas de un movimiento revolucionario. La solidaridad internacional pod铆a aportar experiencia, formaci贸n y recursos, aunque no sustitu铆a la necesidad de construir una fuerza arraigada en las condiciones sociales del pa铆s, capaz de comprender sus conflictos internos y de obtener el respaldo de las mayor铆as populares. La experiencia congole帽a plante贸 as铆 un problema que reaparecer铆a en Bolivia: la distancia entre la voluntad de contribuir a una revoluci贸n y la posibilidad real de crear las condiciones pol铆ticas para que esa revoluci贸n pudiera desarrollarse.

Bolivia: la 煤ltima experiencia y el fracaso de una estrategia

Tras su paso por 脕frica, Guevara decidi贸 impulsar una nueva experiencia guerrillera en Bolivia, pa铆s que consideraba situado en una posici贸n estrat茅gica para extender la lucha revolucionaria por Sudam茅rica. La elecci贸n respond铆a a su convicci贸n de que la revoluci贸n deb铆a adquirir una dimensi贸n continental y de que las fronteras nacionales no pod铆an convertirse en l铆mites infranqueables para la lucha contra la dependencia. Sin embargo, el proyecto boliviano se encontr贸 con dificultades que terminaron por aislar a la guerrilla y debilitar sus posibilidades de supervivencia.

La campa帽a, iniciada en 1966, no logr贸 construir una relaci贸n s贸lida con el campesinado ni establecer una coordinaci贸n suficiente con las fuerzas de la izquierda boliviana y el movimiento obrero. La guerrilla operaba en un territorio dif铆cil, con recursos limitados y crecientes problemas de abastecimiento, mientras las fuerzas gubernamentales intensificaban la persecuci贸n con apoyo estadounidense. El aislamiento pol铆tico y militar, la falta de nuevos combatientes y las dificultades para obtener informaci贸n y respaldo entre las comunidades rurales redujeron progresivamente el margen de maniobra del grupo. La investigaci贸n hist贸rica sobre aquella campa帽a ha destacado, entre otros factores, los errores de c谩lculo estrat茅gico, la desconexi贸n con sectores de la izquierda local y la incapacidad de reproducir en Bolivia las condiciones que hab铆an contribuido al triunfo de la Revoluci贸n cubana [1].

La derrota boliviana obliga a examinar cr铆ticamente una de las ideas asociadas a la estrategia guerrillera del Che: la posibilidad de que un foco insurgente contribuyera a crear las condiciones revolucionarias mediante su propia actuaci贸n. La experiencia demostr贸 que la voluntad y la disciplina de un grupo de combatientes no bastaban para generar una movilizaci贸n popular capaz de sostener una guerra prolongada. Las condiciones hist贸ricas, la estructura de clases, la relaci贸n con las organizaciones pol铆ticas existentes y las expectativas de la poblaci贸n deb铆an formar parte del an谩lisis desde el comienzo. Sin una base social suficiente, la acci贸n armada pod铆a quedar aislada de los sectores a los que aspiraba a representar.

El 8 de octubre de 1967, Guevara fue capturado por el ej茅rcito boliviano en la quebrada del Yuro. Se encontraba herido, pero los documentos desclasificados del propio Gobierno estadounidense se帽alan que estaba vivo y en condiciones de ser interrogado cuando fue trasladado a la escuela de La Higuera. Al d铆a siguiente, a las 11:50 de la ma帽ana, el Segundo Batall贸n de Rangers recibi贸 la orden directa del cuartel general del Ej茅rcito boliviano, en La Paz, de ejecutarlo. Guevara fue asesinado a las 13:15, y su muerte se present贸 inicialmente mediante versiones oficiales que pretend铆an hacer creer que hab铆a fallecido como consecuencia de las heridas sufridas durante el combate [2].

Para comprender la responsabilidad que rode贸 aquel asesinato, es necesario situarlo en el marco de la operaci贸n contrainsurgente que permiti贸 localizar, perseguir y capturar a la guerrilla. Estados Unidos hab铆a contribuido al entrenamiento y equipamiento del batall贸n boliviano que particip贸 en la operaci贸n, mediante instructores militares estadounidenses y asistencia t茅cnica y de inteligencia. La CIA tambi茅n ten铆a personal sobre el terreno, incluidos asesores vinculados a las fuerzas bolivianas, y recibi贸 informes de lo ocurrido en La Higuera. Entre los agentes presentes durante las 煤ltimas horas del Che se encontraba F茅lix Rodr铆guez, cuya actuaci贸n forma parte de las investigaciones sobre la participaci贸n estadounidense en aquel episodio [3].

Los documentos oficiales estadounidenses atribuyen la orden formal de ejecuci贸n al alto mando militar boliviano. Algunas reconstrucciones documentales, sin embargo, se帽alan que F茅lix Rodr铆guez intervino en la transmisi贸n de esa decisi贸n a los militares presentes. M谩s all谩 de las diferencias sobre el papel concreto de cada agente en los instantes finales, existe una realidad documentada que no puede omitirse: el ej茅rcito que captur贸 al Che hab铆a sido entrenado y apoyado por Estados Unidos, y la CIA segu铆a de cerca la operaci贸n. La responsabilidad estadounidense no puede reducirse a una mera presencia diplom谩tica ni separarse del dispositivo militar y de inteligencia desplegado contra la guerrilla. El asesinato fue ejecutado por militares bolivianos, pero se produjo dentro de una operaci贸n contrainsurgente respaldada por Washington, cuyo objetivo era derrotar una experiencia revolucionaria que pod铆a extenderse por Am茅rica Latina.

La derrota boliviana no obliga a reducir toda la trayectoria de Guevara a ese desenlace. S铆 exige distinguir entre el compromiso internacionalista, como principio de solidaridad entre pueblos, y una estrategia concreta de lucha, cuyos resultados depend铆an de condiciones pol铆ticas y sociales que no pod铆an darse por supuestas. La experiencia de Bolivia dej贸 una ense帽anza fundamental para cualquier proyecto emancipador: la transformaci贸n revolucionaria requiere arraigo social, organizaci贸n colectiva y comprensi贸n de las fuerzas que intervienen en cada realidad nacional. La voluntad de sacrificio de los dirigentes, por intensa que sea, no puede sustituir la participaci贸n consciente de los sectores populares ni resolver por s铆 sola las dificultades de una coyuntura hist贸rica.

La vigencia de una idea: solidaridad y emancipaci贸n en el presente

La muerte del Che convirti贸 su figura en un s铆mbolo internacional de rebeld铆a, pero la expansi贸n de su imagen tambi茅n abri贸 una paradoja que sigue vigente. Su rostro, reproducido en carteles, camisetas y productos comerciales, pas贸 a circular por los mismos mercados que su pensamiento cuestionaba. Esa apropiaci贸n comercial contribuy贸 a difundir su figura, aunque con frecuencia separ贸 el s铆mbolo de los debates econ贸micos y pol铆ticos que hab铆an dado sentido a su trayectoria. El internacionalismo que defendi贸 resulta dif铆cil de comprender si se reduce a una imagen de rebeld铆a individual, desligada de las relaciones de clase, de los conflictos por la soberan铆a y de las experiencias colectivas que marcaron su vida.

Recuperar esa dimensi贸n exige situar sus ideas en el presente sin trasladarlas mec谩nicamente desde los a帽os sesenta. El mundo ha cambiado, las relaciones entre Estados se han transformado y los movimientos populares actuales afrontan condiciones distintas de las que conoci贸 Guevara. Sin embargo, sus reflexiones sobre la dependencia econ贸mica, las desigualdades internacionales y la necesidad de establecer relaciones de cooperaci贸n que no reproduzcan la subordinaci贸n siguen ofreciendo elementos para analizar los conflictos contempor谩neos. La soberan铆a de un pa铆s no depende 煤nicamente de su reconocimiento diplom谩tico, sino tambi茅n de su capacidad para decidir sobre sus recursos, organizar su econom铆a y desarrollar pol铆ticas p煤blicas sin que las presiones externas determinen por completo sus opciones.

En Am茅rica Latina, las experiencias de Cuba, Nicaragua y Venezuela, con sus diferencias hist贸ricas, institucionales y pol铆ticas, forman parte de debates actuales sobre autodeterminaci贸n, modelos de desarrollo, integraci贸n regional y relaciones con las grandes potencias. Las sanciones, las presiones diplom谩ticas y las disputas por el control de recursos estrat茅gicos plantean preguntas sobre los l铆mites de la soberan铆a en una econom铆a mundial profundamente desigual. Analizar estos procesos exige atender a los hechos concretos, a sus resultados y a las condiciones espec铆ficas de cada pa铆s, pero tambi茅n permite recuperar una de las preocupaciones centrales del Che: la posibilidad de que las decisiones econ贸micas y pol铆ticas de una naci贸n queden subordinadas a intereses externos que no responden a las necesidades de sus mayor铆as sociales.

El internacionalismo contempor谩neo tampoco puede limitarse a la defensa abstracta de los gobiernos que se enfrentan a una potencia dominante. Su contenido emancipador depende de que la solidaridad contribuya a mejorar las condiciones de vida de los pueblos, fortalezca la cooperaci贸n entre sus organizaciones sociales y respete su capacidad para decidir su propio camino. La lucha contra las relaciones de dependencia pierde profundidad si se desentiende de las desigualdades de clase dentro de cada pa铆s; del mismo modo, las reivindicaciones sociales dif铆cilmente podr谩n desarrollarse plenamente si ignoran las presiones econ贸micas y geopol铆ticas que condicionan las decisiones nacionales. La relaci贸n entre soberan铆a y justicia social constituye, por ello, uno de los terrenos en los que el legado internacionalista del Che puede seguir siendo discutido y estudiado.

La solidaridad entre los pueblos adquiere un significado concreto cuando se traduce en cooperaci贸n educativa, sanitaria, cient铆fica y cultural; cuando contribuye a defender los derechos de las poblaciones afectadas por la guerra, la pobreza o la explotaci贸n; y cuando establece v铆nculos duraderos entre organizaciones populares que comparten objetivos, sin convertir sus diferencias en motivo de subordinaci贸n. Tambi茅n requiere analizar cr铆ticamente las experiencias hist贸ricas, aprender de sus errores y reconocer que ninguna revoluci贸n puede exportarse como una f贸rmula universal, al margen de la realidad social y pol铆tica en la que pretende desarrollarse. El compromiso internacionalista que el Che defendi贸 conserva su fuerza como pregunta pol铆tica precisamente porque obliga a examinar la relaci贸n entre las aspiraciones de emancipaci贸n y los medios concretos necesarios para alcanzarlas.

A cincuenta y nueve a帽os de su captura y en v铆speras del aniversario de su asesinato, la trayectoria de Ernesto Che Guevara contin煤a suscitando debates sobre la revoluci贸n, la lucha de clases y las responsabilidades que implica la solidaridad internacional. Su experiencia en Cuba mostr贸 que una transformaci贸n social pod铆a alterar las relaciones de poder y abrir nuevas posibilidades para las mayor铆as populares; el Congo y Bolivia evidenciaron, a su vez, los l铆mites de una estrategia que no consigui贸 construir las bases pol铆ticas y sociales necesarias para sostener sus objetivos. Ambas dimensiones forman parte de su legado y permiten comprenderlo sin convertirlo en una figura intocable ni reducirlo a sus derrotas.

El internacionalismo del Che sigue planteando una pregunta que trasciende su biograf铆a: qu茅 responsabilidad tienen los pueblos ante la explotaci贸n y la dominaci贸n que padecen otros pueblos, y qu茅 formas de cooperaci贸n pueden contribuir a transformar las condiciones que las reproducen. Su respuesta estuvo marcada por las circunstancias de su 茅poca, por su compromiso revolucionario y por decisiones que deben analizarse cr铆ticamente. Recuperar su legado significa mantener abierto ese debate, relacionar la solidaridad con las condiciones materiales de la emancipaci贸n y comprender que la lucha por una sociedad m谩s justa no puede desarrollarse al margen de las relaciones internacionales que condicionan la vida de las clases trabajadoras.

Porque luchar m谩s all谩 de las propias fronteras significa comprender que la emancipaci贸n de un pueblo no puede construirse ignorando la suerte de los dem谩s, y que la solidaridad solo adquiere toda su dimensi贸n pol铆tica cuando contribuye a ampliar la capacidad de los pueblos para decidir su futuro.


Referencias

[1] Pablo Adriano Rodr铆guez-Merino, «Fuera de foco: un an谩lisis estrat茅gico de la campa帽a guerrillera del Che Guevara en Bolivia (1966-67)», Revista de Pensamiento Estrat茅gico y Seguridad CISDE, vol. 3, n.潞 2, 2018.

[2] U.S. Department of State, Office of the Historian, Foreign Relations of the United States, 1964–1968, vol. XXXI, documento 171, «Memorandum From Director of Central Intelligence Helms: Capture and Execution of Ernesto “Che” Guevara», 11 de octubre de 1967. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1964-68v31/d171

[3] U.S. Department of State, Office of the Historian, Foreign Relations of the United States, 1964–1968, vol. XXXI, documento 170, nota editorial sobre la asistencia estadounidense a la operaci贸n contrainsurgente boliviana y la ejecuci贸n de Guevara. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1964-68v31/d170

Documento complementario: U.S. Department of State, Office of the Historian, documento 172, memorando de la CIA sobre las circunstancias de la ejecuci贸n, 13 de octubre de 1967. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1964-68v31/d172


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