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domingo, 23 de agosto de 2026

23 de Agosto. Cuando la oscurana se hizo claridad en Nicaragua

Por Javier Huerta

Nicaragua, 46 años después de aquella hermosa batalla, la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización 

Entre finales de marzo y agosto de 1980, cuando comenzaba a caer la noche en cualquier comunidad de Nicaragua, una pequeña lámpara iluminaba una mesa alrededor de la cual se sentaban un joven alfabetizador y varias personas que apenas empezaban a reconocer las letras. No había grandes aulas ni pupitres. Muchas veces tampoco había electricidad. Había una cartilla, un lápiz, una lámpara, paciencia y, sobre todo, el deseo de aprender. En aquellas noches sencillas, en medio de la pobreza y de las dificultades de una Nicaragua que acababa de salir de una larga dictadura, comenzó a escribirse una de las páginas más hermosas de la Revolución Sandinista.

Aquella escena se repetía una y otra vez por todo el país. En casas campesinas, bajo los árboles, junto a los caminos y en las montañas, Nicaragua entera se había convertido en una escuela. Miles de jóvenes habían dejado temporalmente sus hogares y sus familias para internarse en una Nicaragua que muchos apenas conocían. Iban cargados con una cartilla y unos pocos materiales, pero llevaban consigo algo mucho más importante: la convicción de que la Revolución que había triunfado el 19 de julio de 1979 no podía limitarse a haber derrotado a la dictadura. La victoria tenía que llegar hasta las comunidades más apartadas, hasta las familias campesinas, hasta quienes durante décadas habían permanecido al margen de la educación y de las oportunidades.

Hacía apenas ocho meses que el pueblo nicaragüense había derribado a la dictadura somocista, una dictadura familiar que durante más de cuatro décadas había mantenido el poder mediante la represión, la desigualdad y la exclusión. El 19 de julio había abierto una enorme esperanza, pero la Revolución recibía un país profundamente herido. La guerra contra Somoza había dejado miles de muertos, familias destruidas y comunidades devastadas. La pobreza era especialmente dura en las zonas rurales, donde durante generaciones habían faltado escuelas, maestros, asistencia sanitaria, caminos, electricidad, agua potable y muchas de las condiciones básicas para desarrollar una vida digna.

El analfabetismo era una de las expresiones más visibles de aquella realidad. El régimen somocista había dejado una tasa nacional del 50,3 %, mientras que en algunos departamentos la situación era todavía mucho más dramática: en Río San Juan, por ejemplo, alcanzaba el 96,32 %. Aquella cifra permite comprender mejor lo que significaba que un joven llegara a una comunidad con una cartilla en las manos. No se encontraba simplemente ante una persona que desconocía las letras. Se encontraba ante las consecuencias de décadas de abandono.

Por eso, para la Revolución Sandinista, transformar Nicaragua no significaba únicamente cambiar las estructuras políticas. Había que reconstruir un país devastado y, al mismo tiempo, comenzar a construir una sociedad diferente. Había que atender la salud, impulsar la educación, mejorar las condiciones de vida, llevar servicios a las comunidades y devolver a millones de personas algo que durante demasiado tiempo les había sido negado: el derecho a aprender.

Y así comenzó una de las mayores epopeyas educativas de la historia de Nicaragua.

Una revolución que también tenía que enseñar

Carlos Fonseca Amador había dejado una consigna que resumía una parte esencial de aquella concepción revolucionaria: “Y también enséñenles a leer y escribir”. Aquellas palabras, pronunciadas años antes en medio de la lucha revolucionaria, adquirían ahora una dimensión concreta. La Revolución había triunfado y había llegado el momento de convertir aquella orientación en una realidad que alcanzara hasta el último rincón del país.

No se podía esperar a construir una red educativa perfecta para comenzar. Había que actuar inmediatamente. La pobreza no podía esperar y la ignorancia tampoco. Por eso, el 23 de marzo de 1980, apenas ocho meses después del triunfo revolucionario, comenzó oficialmente la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización “Héroes y Mártires por la Liberación de Nicaragua”.

Miles de jóvenes se pusieron en camino hacia las comunidades rurales. Algunos procedían de Managua y de otras ciudades y nunca habían vivido durante meses en una comunidad campesina. Otros tampoco conocían las montañas, los caminos interminables, las largas jornadas de trabajo agrícola, la falta de electricidad o las dificultades cotidianas de aquellas familias. Muchos iban a descubrir por primera vez una parte de Nicaragua que había permanecido prácticamente invisible para quienes vivían en las ciudades.

El analfabetismo la consecuencia de una sociedad que durante décadas había negado a buena parte de su población el derecho a aprender. Enseñar a leer significaba mucho más que aprender el abecedario. Significaba poder escribir un nombre, comprender una carta, leer un periódico, interpretar un documento, realizar una gestión y dejar de depender de otra persona para acceder a una palabra escrita.

Significaba abrir una puerta que había permanecido cerrada durante generaciones.

La Cruzada tampoco fue concebida como una enseñanza mecánica. La coordinación estudió experiencias de alfabetización desarrolladas en países como Cuba, Mozambique, Guinea-Bissau y Cabo Verde y consultó a especialistas como Paulo Freire, el célebre pedagogo brasileño y autor de Pedagogía del oprimido. La experiencia nicaragüense recibió así aportaciones internacionales, pero desarrolló también sus propios métodos y materiales a partir de la realidad del país.

La cartilla no pretendía solamente enseñar letras. Pretendía que quien aprendía pudiera leer también su propia realidad. Porque aprender a leer era comenzar a descubrir que el mundo podía comprenderse y que, una vez comprendido, también podía transformarse. UNESCO destaca precisamente que aquella experiencia permitió a miles de jóvenes de las ciudades descubrir la otra mitad del país y conocer de cerca las condiciones de pobreza y marginación heredadas de décadas de dictadura.

La Nicaragua que esperaba a los alfabetizadores

Cuando aquellos jóvenes salieron hacia las montañas, no se dirigían simplemente a un territorio desconocido. Entraban en el corazón de una sociedad que acababa de despertar de una larga noche.

La pobreza era especialmente dura en las zonas rurales. Muchas comunidades carecían de escuelas y maestros, de asistencia sanitaria y de servicios básicos. El acceso a la educación dependía demasiado a menudo del lugar donde una persona había nacido y de las posibilidades económicas de su familia. Para muchos campesinos, la escuela había sido una realidad lejana, casi imposible.

La guerra contra la dictadura había dejado además una profunda huella. Había familias que habían perdido a padres, madres, hijos y hermanos. Había comunidades que habían conocido la violencia y el miedo. La Revolución abría una esperanza inmensa, pero el país no podía recuperarse de décadas de abandono de un día para otro.

La Revolución tenía que reconstruir mientras transformaba.

En ese escenario, la educación ocupaba un lugar central. Porque una persona que aprendía a leer no solamente adquiría una habilidad. Ganaba autonomía. Podía comprender una carta enviada por un hijo, leer las noticias, escribir sus pensamientos, entender un documento o participar de otra manera en la vida de su comunidad.

Por eso la Cruzada no fue concebida únicamente como una operación contra las estadísticas del analfabetismo. Era también una batalla contra una de las formas más profundas de la pobreza: la imposibilidad de acceder al conocimiento.

Y por eso aquellos jóvenes no llevaban solamente una cartilla. Llevaban una idea de país.

Sabían que el camino también podía ser peligroso

Existe, sin embargo, una dimensión de aquella historia que a veces queda relegada cuando se recuerda la Cruzada.

Aquellos jóvenes no se marcharon hacia las comunidades rurales en un país en paz.

La Revolución Sandinista acababa de triunfar y sus adversarios ya comenzaban a organizarse. Al otro lado de la frontera con Honduras se agrupaban antiguos miembros de la Guardia Nacional somocista y otros sectores opositores al nuevo Gobierno. Las primeras acciones armadas y las incursiones en determinadas zonas comenzaban a mostrar que el proceso revolucionario no iba a desarrollarse tranquilamente. La guerra de la Contra todavía no había alcanzado la dimensión que adquiriría posteriormente, pero el escenario de confrontación ya comenzaba a formarse.

Los proyectos sociales de la Revolución se convirtieron desde muy pronto en objetivos de quienes pretendían desestabilizar al nuevo Gobierno. La alfabetización, por su carácter masivo y por su llegada a las comunidades más pobres y alejadas, era una de las expresiones más visibles de aquella transformación.

No se trataba únicamente de adaptarse a las duras condiciones de la vida rural, caminar durante horas por senderos difíciles, dormir en casas humildes o convivir con familias a las que hasta entonces no conocían. Se trataba también de entrar en un país donde una revolución recién nacida comenzaba a ser amenazada y donde una guerra se encontraba en proceso de gestación.

Y, sin embargo, miles de jóvenes dieron un paso adelante.

Había ideales que pesaban más que el miedo. Había una convicción profunda de que la victoria del 19 de julio tenía que convertirse en escuelas, hospitales, alimentos, derechos y conocimiento. Había también una idea sencilla y poderosa: si la Revolución había abierto una puerta para ellos, ellos podían ayudar a abrirla para otros.

Sabían que iban a combatir la ignorancia. Y sabían también los peligros que les acechaban.

Un pueblo entero convertido en escuela

Entre el 23 de marzo y el 23 de agosto de 1980, Nicaragua vivió una movilización extraordinaria. 95.582 jóvenes, maestros, trabajadores de la salud, asesores pedagógicos, conductores, oficinistas, amas de casa y otros colaboradores participaron en aquella gran tarea y llevaron la enseñanza a todos los rincones posibles del país. En cinco meses, 406.056 nicaragüenses aprendieron a leer y escribir, mientras la tasa de analfabetismo descendía del 50,3 % al 12,9 %.

Detrás de aquellas cifras había miles de historias. Había campesinos que por primera vez podían escribir su nombre. Mujeres que podían leer una carta. Personas mayores que descubrían, quizá después de toda una vida, que aquellas letras que habían visto durante años dejaban de ser signos incomprensibles. Y había jóvenes que regresaban de las comunidades conociendo la realidad de su país y comprendiendo que enseñar también significaba aprender.

La convivencia produjo algo que ninguna estadística puede medir completamente. Jóvenes procedentes de las ciudades compartieron durante meses la vida cotidiana de familias campesinas, conocieron sus problemas, trabajaron junto a ellas y descubrieron una Nicaragua que hasta entonces les había sido distante. UNESCO ha destacado precisamente esa dimensión de la Cruzada: los jóvenes no solamente enseñaron a leer, sino que conocieron de cerca la pobreza y la marginación heredadas de décadas de dictadura.

La Nicaragua profunda dejó de ser una abstracción.

Tenía rostro, nombre, familia, pobreza, dignidad y esperanza.

Y aquellos jóvenes regresaron a sus ciudades siendo diferentes.

Pero aquella gran batalla tuvo también un precio. En el camino de la Cruzada cayeron 59 compañeros alfabetizadores, convertidos en héroes y mártires de aquella epopeya. Su recuerdo forma parte inseparable de la historia de quienes salieron hacia las comunidades convencidos de que enseñar a leer era una tarea por la que valía la pena comprometerse hasta las últimas consecuencias.

Nicaragua no estaba sola

La batalla contra el analfabetismo fue nicaragüense, pero también tuvo una profunda dimensión internacionalista. Brigadas de profesores voluntarios procedentes de dieciséis países colaboraron en distintos aspectos de la Cruzada, desde la organización técnica y la preparación de materiales hasta la formación de los jóvenes nicaragüenses.

Desde Cuba llegó la Brigada “Augusto César Sandino”, integrada por maestros que se incorporaron al esfuerzo educativo y llevaron su experiencia hasta algunas de las comunidades más apartadas. También participaron profesores y estudiantes de otros países, entre ellos Costa Rica, España y organizaciones internacionales de estudiantes.

La solidaridad no llegó únicamente en forma de palabras. Llegó caminando por los caminos de Nicaragua.

Entre aquellos internacionalistas europeos estuvo por ejemplo Ambrosio Mogorrón, el “Doctorcito”, que llegó a Nicaragua en 1980 para participar en la Cruzada. Su compromiso no terminó cuando concluyó aquella campaña. Después se internó en las montañas de Jinotega y dedicó su vida a acompañar a comunidades campesinas y a combatir enfermedades olvidadas.

También estuvo Joël Fieux, francés de 28 años, formado en micromecánica y vinculado a trabajos de imprenta y comunicación relacionados con movimientos sociales. Después de la Cruzada colaboró en la instalación de imprentas y en la producción de materiales de comunicación

Sus compromiso con Nicaragua continuaron hasta que fueron asesinados por la Contra.

Ambrosio y Joël representan una historia que merece ser contada con especial cariño: la de aquellos hombres y mujeres que llegaron desde lejos para enseñar y terminaron haciendo de Nicaragua parte de sus propias vidas.

Algunos regresaron a sus países. Otros permanecieron durante años.Y unos pocos entregaron sus vidas.

La Cruzada terminó. El camino, no

El 23 de agosto de 1980 terminó oficialmente la campaña de alfabetización en español, pero la tarea educativa continuó. El 30 de septiembre comenzó la alfabetización en inglés criollo, miskito y sumo, con el objetivo de llegar a miles de personas de la Costa Caribe. La educación de adultos siguió desarrollándose durante los años posteriores, porque aquella primera victoria había demostrado que la alfabetización no podía entenderse como un acontecimiento aislado, sino como el comienzo de un proceso educativo más amplio.

En ese largo camino encontró un espacio especialmente importante Río San Juan, territorio donde la educación popular se convirtió en una experiencia de vida para quienes decidieron permanecer junto a las comunidades.

Fue también en aquella continuidad donde surgió una figura que merece un reconocimiento especial: el Maestro Orlando Pineda.

Orlando entendió desde joven que alfabetizar no consistía simplemente en llegar a una comunidad, reducir el porcentaje de personas iletradas y marcharse. Había que caminar con las comunidades, conocer sus problemas, compartir sus esperanzas y convertir la educación en una herramienta para transformar la vida. Río San Juan fue para él mucho más que un territorio de trabajo. Fue una escuela de humanidad.

Por eso, cuando hablamos de Orlando Pineda, hablamos de maestro en el sentido más profundo de la palabra. De un hombre que convirtió la educación popular en una forma de vida y que durante décadas ha defendido la idea de que ninguna persona ni ninguna comunidad deben quedar condenadas a la oscuridad.

Cuando cambió el Gobierno, la llama permaneció encendida

La derrota electoral del FSLN en 1990 cambió el rumbo político del país. Pero no consiguió apagar aquella vocación.

El 26 de febrero de 1990 nació la Asociación de Educación Popular Carlos Fonseca Amador (AEPCFA), que mantuvo viva la experiencia de educación popular durante los años neoliberales. San Francisco Libre, Palacagüina, Río San Juan y otras comunidades siguieron formando parte de aquel largo camino.

Allí estuvieron hombres y mujeres que comprendieron que la revolución no podía depender exclusivamente de que hubiera o no un determinado Gobierno. La educación popular había echado raíces en las comunidades y continuaba siendo una herramienta para mantener viva la organización, la esperanza y el derecho a aprender.

Entre sus fundadores, estaba Abner Pineda. Un maestro rural que vivió antes del triunfo de la Revolución, como alumnos dejaban las aulas para huir a las montañas por miedo a ser asesinados por la guardia. Mas tarde él también se comprometería con el frente sandinista y después de la victoria se implicaría en la gran Cruzada Nacional. Hoy ya no podemos conversar con Abner, pero su legado esta presente en los frutos del trabajo que realizo, con mucho compromiso hacia su país y su revolución, tan solo con el deseo de construir un futuro mejor. Su nombre permanece unido a la historia de la Cruzada, de la AEPCFA y de quienes durante aquellos años se negaron a aceptar que la alfabetización y la educación popular fueran solamente un recuerdo.

Y Nicaragua tampoco caminó sola.

Miquel Soler Roca, Jaume Botey y Sebas Parra forman parte de esa memoria internacionalista. Miquel, referente de la educación de adultos y antiguo director de la División de Alfabetización de UNESCO; Jaume, maestro, profesor universitario y profundamente vinculado a la escolarización de adultos; y Sebas, maestro y con gran influencia de Paulo Freire, cuyo compromiso con Nicaragua y con la AEPCFA terminó convirtiéndose en una parte esencial de su propia vida.

Los tres ya no están entre nosotros. Pero existe una forma hermosa de recordarlos: continuar aquello en lo que creyeron.

Cuba como siempre solidaria

Durante los años neoliberales, los avances de la alfabetización fueron parcialmente revertidos y el analfabetismo volvió a crecer. Organizaciones sociales y la propia AEPCFA estimaron que el índice real de vulnerabilidad educativa en diversas zonas llegó a situarse entre el 30 % y el 36,9 %.

Entonces Cuba volvió a ofrecer su solidaridad a Nicaragua. Y de la mano de Orlando Pineda y de la AEPCFA llegó el método “Yo, sí puedo”, creado por la pedagoga y profesora cubana Dra. Leonela Inés Relys Díaz, que permitía desarrollar el proceso de alfabetización en aproximadamente tres meses.

La AEPCFA desarrolló experiencias piloto en diversos municipios y departamentos, especialmente en zonas rurales, en coordinación con las alcaldías. Y después del regreso del FSLN al Gobierno en 2007, aquel esfuerzo adquirió una dimensión nacional.

Entre 2007 y 2009 se desarrolló una nueva campaña nacional de alfabetización y, en 2009, Nicaragua volvió a situarse por debajo del 5 % de analfabetismo, alrededor del 4,7 %, dentro de los parámetros utilizados internacionalmente para considerar a un país territorio libre de analfabetismo.

La historia parecía cerrar un círculo. Pero en realidad estaba comenzando otra etapa.

De aquella cartilla a la educación del siglo XXI

La alfabetización había demostrado que era posible transformar una realidad que parecía condenada a repetirse. Pero el desafío educativo era mucho mayor.

Durante los primeros años del siglo XXI, bajo los gobiernos neoliberales, alrededor de 800.000 niños y adolescentes quedaban fuera del sistema educativo. La Tasa Neta de Escolaridad alcanzaba solamente el 41,7 % en educación preescolar y el 44,3 % en educación secundaria, dejando a una parte enorme de la juventud fuera de las aulas.

La nueva etapa revolucionaria iniciada en 2007 recuperó la gratuidad de la educación pública y amplió progresivamente las posibilidades de acceso.

La escuela dejó de ser solamente el lugar donde aprender las primeras letras. Pasó a formar parte de un sistema mucho más amplio que incluye educación inicial, primaria, secundaria, educación especial, jóvenes y adultos, formación técnica y universidad.

Para 2026 el sistema educativo proyecta una matrícula de 1,8 millones de niñas, niños, adolescentes, jóvenes y adultos. El acceso se ha acompañado de programas sociales como la merienda escolar, que llega aproximadamente a un millón de estudiantes de centros públicos y subvencionados, además de libros, tecnología educativa, educación en el campo, rehabilitación y construcción de centros escolares y formación continua del profesorado.

La transformación alcanza también a la educación superior. Las universidades públicas pasaron de atender 77.710 estudiantes de licenciatura en 2006 a más de 207.000 jóvenes y adultos en 2025, con una participación femenina mayoritaria. La gratuidad universitaria, las becas, la ampliación de carreras, laboratorios, infraestructura y presencia territorial han abierto posibilidades que antes resultaban inaccesibles para muchas familias. Para 2026 las universidades públicas proyectan el acceso de alrededor de 82.000 estudiantes.

La educación técnica también ha experimentado una expansión profunda: de 26 centros en 2006 a 71 en 2025, con una oferta mucho mayor de carreras y cursos y cientos de miles de protagonistas atendidos cada año.

La idea continúa siendo aquella misma que animaba a los alfabetizadores de 1980: que estudiar no sea un privilegio reservado a unos pocos y que cada joven pueda encontrar un camino para construir su futuro, trabajar, emprender y contribuir al desarrollo de su comunidad.

Y la alfabetización tampoco ha desaparecido.

El programa “Luz y Verdad”, iniciado en 2023, continúa trabajando con jóvenes y adultos e incorporando formación para el trabajo. La alfabetización vuelve así a ser entendida como lo que siempre debió ser: no el punto final, sino el primer peldaño de un proceso educativo que debe continuar durante toda la vida.

La Costa Caribe y los caminos que todavía quedan por recorrer

Quizá sea precisamente en la Costa Caribe donde mejor se comprende que aquella historia todavía no ha terminado.

Allí la educación tiene que recorrer enormes distancias, respetar las lenguas y culturas de los pueblos indígenas y afrodescendientes y responder a realidades diferentes. La alfabetización en miskito, mayagna e inglés criollo y la continuidad de la educación de jóvenes y adultos forman parte de un desafío que exige paciencia, recursos y compromiso.

La pregunta ya no es solamente cuántas personas han aprendido a leer. La pregunta es cuántas pueden continuar estudiando, acceder a una profesión, participar plenamente en la vida de su comunidad y escribir su propio futuro.

Y ahí vuelven a aparecer quienes continúan caminando desde los años ochenta: Eveling Vanegas, Guillermo Fuentes, Adrián Cruz y, de manera muy especial, el Maestro Orlando Pineda. Son parte de una generación que entendió que la alfabetización no podía quedar convertida en una fotografía de 1980, sino que debía seguir siendo una tarea viva.

A ellos debemos agradecer que aquella llama no haya quedado encerrada en un museo.

La luz que pasa de unas manos a otras

En este 46.º aniversario regresan también los nombres de quienes ya no podemos abrazar: Abner, Miquel, Jaume, Sebas, Ambrosio y Joël, junto a los 59 alfabetizadores que cayeron durante aquella epopeya y tantos otros hombres y mujeres que entregaron su juventud, su trabajo y, en algunos casos, su propia vida. Sus nombres forman parte de una historia que no pertenece solamente al pasado, porque aquello que defendieron continúa expresándose cada vez que una persona puede acceder a la educación y abrir con ella nuevas posibilidades para su vida.

Hace 46 años, miles de jóvenes salieron hacia las montañas con una cartilla, un lápiz y una lámpara. Sabían que iban a encontrarse con la pobreza, con comunidades olvidadas durante décadas y con unas condiciones de vida muy diferentes a las de las ciudades. Sabían también que la Revolución recién triunfada comenzaba a ser amenazada y que el camino podía ser peligroso. Y, sin embargo, caminaron. Lo hicieron porque creían que la victoria del 19 de julio debía convertirse en algo concreto: escuelas, salud, derechos, oportunidades y dignidad para quienes durante generaciones habían sido excluidos.

Muchos pensaban que iban a enseñar a leer a un pueblo. Regresaron comprendiendo que también habían aprendido a mirar de otra manera a su propio país. Descubrieron que detrás de cada cifra había una persona, una familia y una historia; que detrás del analfabetismo había pobreza y abandono, pero también un enorme deseo de aprender. Descubrieron, en definitiva, que compartir el conocimiento podía convertirse en una forma de solidaridad y de transformación.

Esa fue quizá la verdadera grandeza de la Cruzada: no solamente enseñó a leer palabras, sino que ayudó a un pueblo a comenzar a leer su propia realidad y a sentirse capaz de escribir su propio destino.

La historia tampoco terminó cuando se cerró oficialmente la campaña el 23 de agosto de 1980. Continuó en la educación de adultos, en las comunidades de la Costa Caribe, en la experiencia de la AEPCFA, en el método cubano “Yo, sí puedo”, en las campañas posteriores y en las generaciones que han llegado después a las escuelas, a la formación técnica y a las universidades. El reconocimiento internacional a aquella epopeya, incluida su incorporación a la Memoria del Mundo de la UNESCO, demuestra que aquella experiencia trascendió las fronteras de Nicaragua y se convirtió en una referencia de la educación popular.

Hoy Nicaragua es diferente a aquella Nicaragua de 1980. Persisten desafíos, desigualdades y necesidades, especialmente en las comunidades más alejadas y en la Costa Caribe, pero también existen generaciones que han podido acceder a oportunidades educativas que sus padres y abuelos nunca tuvieron. La gratuidad de la educación pública, la expansión de la formación técnica y universitaria y los programas dirigidos a jóvenes y adultos forman parte de esa transformación que comenzó, de alguna manera, aquella noche de 1980.

Por eso, quizá el mejor homenaje a quienes emprendieron aquel camino no sea solamente recordar sus nombres ni repetir sus cifras. Es mantener viva la razón por la que caminaron.

Porque una revolución no se mide únicamente por aquello que derriba, sino también por aquello que consigue construir.

Y aquella pequeña lámpara que una noche iluminó una mesa campesina sigue siendo una poderosa imagen de lo que puede hacer un pueblo cuando decide que el conocimiento no debe ser privilegio de unos pocos.

La Cruzada terminó hace 46 años. La luz, no.

Pasó de unas manos a otras, de una generación a la siguiente. Y mientras haya alguien dispuesto a enseñar, alguien dispuesto a aprender y un pueblo decidido a defender la educación como un derecho, aquella hermosa batalla seguirá teniendo sentido.

Porque aquella lámpara no se encendió solamente para iluminar una noche. Se encendió para abrir un camino.


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sábado, 22 de agosto de 2026

El sector turístico de Nicaragua respalda reformas constitucionales

Por Becca Renk Foster*

“Garantizando la Paz y La Seguridad”: El Sector Turístico de Nicaragua Respalda Reformas Propuestas


«No pertenezco a ningún partido político, pero creo que el desarrollo turístico de nuestra comunidad ha sido beneficioso para la isla».

Estoy junto al guía turístico Luis Argeñal en las faldas verdes de Concepción, contemplando un paisaje idílico de Maderas envueltas en nubes. Nos encontramos en la isla de Ometepe, donde dos volcanes se alzan sobre el inmenso lago de Nicaragua.

Mi familia ha venido a alojarse en la diminuta comarca de Balgüe, donde mi marido y yo estuvimos hace veinticinco años, cuando primero llegamos a Nicaragua. Por aquel entonces, llegamos en ferry, pedimos ray por la isla —donde los autobuses escaseaban— y anduvimos a pie por caminos de tierra con nuestras mochilas para llegar al único alojamiento turístico que había en aquel momento: las habitaciones compartidas de la cooperativa cafetera Finca Magdalena.

Un cuarto de siglo después de aquel primer y arduo viaje, llegamos a la isla con todo lujo, circulando en las carreteras adoquinadas en plena oscuridad, y al despertar descubrimos que Balgüe es ahora un animado pueblo con docenas de pulcras casas de bloque, de las cuales una de cada dos ofrece «cocos fríos», «helado casero» o «pizza mediterránea». Dado que el 93 % de la oferta turística de la isla es propiedad de los lugareños y está gestionada por ellos, es evidente que el desarrollo turístico reporta beneficios tangibles a estas familias rurales.

La transformación del turismo

¿Cómo ha podido cambiar tanto esta pequeña isla en tan poco tiempo?

Tras el regreso de los sandinistas al Gobierno en 2007, Nicaragua adoptó un Plan Nacional de Desarrollo y Lucha Contra la Pobreza. Se declaró que la salud y la educación son gratuitas, y se puso a construir hospitales, escuelas y carreteras, y ampliar la red eléctrica y el servicio de agua potable por todo el país. Como resultado, Nicaragua comenzó a recuperarse de forma constante de la devastación que el reajuste estructural había causado durante la década de los noventa y principios de la de los 2000.

Como parte de esta lucha contra la pobreza, el turismo en Nicaragua se revolucionó mediante el desarrollo de un modelo de turismo comunitario que garantiza que los beneficios lleguen a la población local, sea culturalmente adecuado y minimice el impacto medioambiental. Además, el Instituto Nacional de Turismo (INTUR) comenzó a ofrecer más apoyo a las pequeñas empresas, incluyendo cursos de formación gratuitos que abarcan desde cursos de cocina hasta atención al cliente.

Ya para el 2017 con las mejoras en las infraestructuras, los altos niveles de confianza en el ejército y la policía, y un crecimiento constante del PIB del 4-5 % Nicaragua disfrutaba estabilidad y una excelente reputación en materia de seguridad. El turismo era un sector en auge que daba sustento a miles de pequeñas empresas familiares en todo el país: Nicaragua se había convertido en uno de los destinos más populares para los viajeros expertos de América.

El turismo se desplomó en 2018

Posteriormente, en abril de 2018, se produjo un violento intento de golpe de Estado, liderado y financiado por Estados Unidos. Se descubrió más tarde que el dinero procedía de USAID y de la Fundación Nacional para la Democracia, y se utilizó para pagar pandilleros para que levantaran cientos de tranques que paralizaron el país y se convirtieron en epicentros de violencia. Los tranques duraron casi tres meses, en los que murieron unas 270 personas y muchas más resultaron heridas. El golpe a la economía nicaragüense fue catastrófico: se registraron 24 mil millones de dólares en daños y se perdieron 200 000 puestos de trabajo. El Gobierno calculó que la pérdida para la economía equivalía a 52 huracanes de categoría cinco a la vez.

La isla de Ometepe se vio especialmente afectada. Ometepe, la mayor isla volcánica del mundo situada en un lago de agua dulce y declarada Patrimonio Mundial de la Biodiversidad por la UNESCO, había logrado mejorar la vida de sus 35 000 habitantes gracias al desarrollo responsable del turismo rural. Sin embargo, cuando la isla quedó repentinamente aislada debido a los tranques violentos en 2018, el turismo se desplomó.

«Soy socio de la primera cooperativa de guías turísticos del país», me cuenta Argeñal. «En 2018 teníamos 65 miembros y todos trabajábamos a tiempo completo». Tras el intento de golpe de Estado, la mayoría de los miembros de la cooperativa —todos bilingües— fueron obligados a buscar trabajo fuera del país.

«Yo fui uno de solamente 25 que nos quedamos en la isla», me cuenta. «Yo también estuve a punto de emigrar, pero, gracias a Dios, pude sobrevivir cultivando cocos y elabo2ando aceite».

En los últimos ocho años, la economía de Nicaragua se ha recuperado lentamente de los daños causados por el fallido intento de golpe, y el crecimiento del PIB ha vuelto a niveles cercanos a los de antes de 2018. Aunque el sector turístico está mejorando, su recuperación ha sido más lenta. Un factor que limita el crecimiento del turismo es que, desde 2018, el Departamento de Estado de EE. UU. ha mantenido una advertencia de «Nivel 3: Reconsiderar el viaje» sobre Nicaragua como parte de su estrategia de guerra híbrida contra el país.

Hoy en día, al igual que tantos nicaragüenses que conozco, Argeñal se gana la vida gracias a una combinación de iniciativas creativas, entre las que se incluyen el negocio del aceite de coco, la gerencia de una plantación de tabaco ecológico, el trabajo como guía turístico y, hace apenas unas semanas, ha puesto en marcha una nueva inversión: un hotel en Moyogalpa, cerca del embarcadero del ferry.

Amenazas constantes

Para los pequeños operadores turísticos como Argeñal, el futuro de sus familias depende de que Nicaragua mantenga la estabilidad; es poco probable que sus negocios sobrevivieran a otro intento de golpe de Estado como el de 2018. Saben que tan solo la percepción de una amenaza de seguridad puede tener un efecto inmediato en los turistas que visitan el país, lo que pone en peligro el sustento de sus familias. Por eso, muchos en el sector turístico se alarmaron cuando Nicaragua saltó recientemente a los titulares internacionales.

No es ningún secreto que quienes están detrás del fallido intento de golpe de Estado, que siguen contando con el apoyo y el financiamiento de EE. UU., trabajan constantemente para sembrar la desestabilización en Nicaragua. En un contexto de creciente presión por parte de EE. UU. y de la reciente injerencia descarada en las elecciones de toda América Latina, así como de las grabaciones filtradas del «Hondurasgate» —que revelan una amplia maquinaria propagandística que actúa contra los gobiernos progresistas de toda la región—, Nicaragua está tomando medidas para proteger su soberanía.

El 19 de julio, el copresidente Daniel Ortega habló abiertamente sobre estas amenazas y advirtió a sus electores: «Porque no crean que porque no hay guerra estamos en Paz... ¡No! Ellos viven conspirando ahí, organizando, buscando cómo organizar Partidos, para que en una Elección que ellos se suponen, entonces que esos Partidos ganen las Elecciones», dijo.

«Pero que se olviden, aquí no volverán a haber Elecciones, no volverán a haber Elecciones, para que por ahí intenten ellos atrapar el Gobierno, atrapar el Poder» continuó. «Y vamos a trabajar, con la Asamblea Nacional y con las Organizaciones correspondientes, las Leyes, porque hay que hacer las Leyes que les pongan un muro, un bloque, a los Golpistas, a los Vendepatrias, y que por mucha plata que les den los yanquis, ¡No Podrán, ¡No Podrán! ¡No Podrán!!»

Las palabras de Ortega fueron recibidas con un aplauso atronador por parte de quienes las escuchaban en todo el país y comprendían que el discurso proponía cambios en la legislación electoral de Nicaragua para frenar la injerencia exterior en los procesos democráticos internos del país. Sin embargo, los medios internacionales citaron inmediatamente de forma errónea a Ortega, afirmando que había «abolido» las elecciones por completo, y esta distorsión se hizo viral, lo que provocó una respuesta del Departamento de Estado de EE. UU. y de sus lacayos del «Escudo de las Américas».

Consultas con el sector turístico

Desde el 19 de julio, una comisión especial de la Asamblea Nacional ha elaborado las reformas propuestas a la constitución y está celebrando una serie de 30 reuniones con todos los sectores de la sociedad nicaragüense para explicar los cambios y recibir retroalimentación.

Dos días después de regresar de la isla de Ometepe, tengo la oportunidad de participar en una de estas reuniones con el sector turístico de Nicaragua. Como coordinadora de la casa de huéspedes Casa Benjamín Linder, me uno a otros operadores turísticos, propietarios de hoteles y representantes de agencias de viajes que llenan una sala de reuniones en el edificio más alto de Nicaragua —de 14 pisos— para solicitar aclaraciones y garantías de estabilidad por parte del Gobierno.

«Seguiremos celebrando elecciones democráticas», asegura el presidente de la Asamblea Nacional, el Dr. Gustavo Porras, a nuestro grupo reunido, y explica que hay tres elementos esenciales en los cambios propuestos. «"Nosotros necesitamos, como país, como pueblo, como trabajadores, como empresarios, como emprendedores, estabilidad, seguridad y paz. Son tres elementos indispensables: necesitamos estabilidad para que nuestros negocios crezcan, para que nuestro trabajo se mantenga. Para desarrollar el país necesitamos seguridad. Para que haya estabilidad debe haber paz.».

Reformas propuestas

Porras explica las reformas de forma clara y directa. Se proponen seis cambios, de los cuales los tres fundamentales son los siguientes:

1) Toda persona que haya sido condenada por traición, haya participado en un intento de golpe de Estado, haya participado en acciones que amenacen la autodeterminación o la soberanía de Nicaragua, haya violado los principios de la Constitución o haya solicitado la intervención militar o bloqueos económicos a países extranjeros no podrá optar a cargos electivos ni ser nombrada para un cargo público.

2) Se revocará la personalidad jurídica de los partidos políticos que reciban financiamiento extranjero o cuyos candidatos reciban fondos del extranjero.

3) Las elecciones se celebrarán cada siete años y las próximas elecciones presidenciales y a la Asamblea Nacional tendrán lugar en 2028.

Los demás cambios propuestos son de carácter administrativo: se aclara que las elecciones municipales y regionales también se celebrarán cada siete años, siendo las próximas en 2029 y 2030, respectivamente; y que quienes hayan sido elegidos o nombrados para mandatos de seis años permanecerán en sus cargos un año más. También se propone cambiar la fecha de la toma de posesión al 18 de enero (en lugar del 10 de enero) para que coincida con el cumpleaños del poeta nacional de Nicaragua, Rubén Darío.

«Las elecciones son una partecita de la democracia», Porras explica con más detalle. «Los más democráticas son de nosotros: son universales, directas, secretas, etc. Hay elecciones que son con colegios electorales, esos tienen menos participación. Hay otras que son parlamentarias, donde los parlamentarios eligen el presidente de la República. Todas son democráticas, cada uno con su modelo».

La recuperación requiere protección

El fin de semana anterior, mientras estuvimos en Ometepe, remábamos en kayak río arriba por el río Istián, entre los dos picos volcánicos de Ometepe, cuando Argeñal nos señaló un caimán sumergido, del que solo se veía el hocico fuera del agua. Luego otro, y otro más, y después uno de un metro de largo encaramado en unos arbustos, tomando el sol con las fauces bien abiertas. En total, vemos 15 caimanes durante nuestro recorrido en kayak.

«Hace veinte años, estuve aquí, en este río, trabajando en un estudio medioambiental para solicitar que se convirtiera en una reserva protegida, y era muy raro ver caimanes», explica. «Nos topamos con hombres armados que cazaban caimanes por sus pieles. Gracias a Dios, nuestra solicitud fue aceptada y se prohibió por completo la caza de caimanes».

Argeñal explica que, gracias al turismo responsable, los isleños ven ahora claramente el beneficio económico que supone para sus familias y comunidades cuidar el medio ambiente, una situación en la que todos ganan: tanto la población de Ometepe como su biodiversidad.

«Hoy en día, se puede ver cómo se ha recuperado la fauna», afirma.

Al igual que los caimanes del río Istián, el sector turístico de Nicaragua se está recuperando, pero aún necesita protección frente a las amenazas externas. El Gobierno del país es consciente que, para garantizar un futuro mejor, cada familia, cada comunidad y cada sector depende de que Nicaragua defienda su soberanía.

Al concluir la reunión de la Asamblea Nacional con el sector turístico, la compañera Mara Stotti, codirectora del Instituto Nicaragüense de Turismo (INTUR), explica cómo se relacionan estos aspectos fundamentales.

«Estamos convencidos de que esta iniciativa busca cómo fortalecer la institucionalidad y la soberanía nacional, garantizando la paz y la seguridad, que son aspectos fundamentales para el desarrollo de cualquier actividad, sobre todo para la actividad turística».

* Becca Renk Foster es originaria de Idaho (EE. UU.). Lleva 25 años viviendo y trabajando en el ámbito del desarrollo comunitario sostenible en Nicaragua. Coordina la Casa Benjamín Linder en Managua y forma parte de la Coalición de Solidaridad con Nicaragua.



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El injerencismo electoral de Washington y la respuesta de América Latina

Por Germán Van de Velde
Casa de la Soberanía Miguel d’Escoto Brockmann

La intervención de Estados Unidos en América Latina no desapareció con las ocupaciones militares, los golpes de Estado o las operaciones encubiertas que marcaron buena parte de los siglos XIX y XX. Como hemos analizado en otro escrito (Van de Velde, 2026), el intervencionismo estadounidense se ha transformado desde la invasión militar directa hacia mecanismos económicos, financieros, diplomáticos, comunicacionales, tecnológicos y, más recientemente, algorítmicos, capaces de incidir en los procesos políticos internos de otros Estados.

Las elecciones constituyen uno de los espacios históricamente disputados entre las pretensiones injerencistas de las grandes potencias y el derecho soberano de los pueblos a decidir su propio destino. Para comprender esto, es necesario aclarar que la injerencia electoral no se reduce a alterar una urna, modificar un acta o intervenir materialmente un sistema de votación, sino que puede ejercerse mediante presiones externas capaces de influir sobre el ambiente político en el que una sociedad forma y expresa su voluntad. La cuestión remite directamente a los principios de soberanía, autodeterminación y no intervención reconocidos por la Carta de las Naciones Unidas y desarrollados posteriormente por la Resolución 2625 (XXV) de su Asamblea General (Organización de las Naciones Unidas [ONU], 1945; Asamblea General de las Naciones Unidas, 1970).

Nicaragua posee una experiencia histórica profunda en esta materia. En una entrevista concedida al programa El Mapa de teleSUR, el presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, situó el debate sobre la soberanía electoral dentro de una trayectoria histórica que comprende el filibusterismo de William Walker, las intervenciones militares estadounidenses, la resistencia del General Augusto C. Sandino, la dictadura somocista y, después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, la guerra contrarrevolucionaria de los años ochenta (Porras, 2026). Este último episodio también está documentado por fuentes oficiales estadounidenses. Por ejemplo, el Congressional Research Service reconoce que Estados Unidos respaldó a las fuerzas contrarrevolucionarias durante el Gobierno Sandinista en la década de 1980 (Congressional Research Service, 2022).

Las elecciones nicaragüenses de febrero de 1990 se realizaron, por tanto, después de una década marcada por la guerra contrarrevolucionaria, las sanciones y presiones económicas y una intensa confrontación internacional, factores que provocaron el sentido deterioro económico experimentado por el país. La referencia a este contexto resulta indispensable para comprender aquellos comicios y constituye uno de los antecedentes históricos de la actual defensa de la soberanía electoral en Nicaragua (Congressional Research Service, 2022; Porras, 2026).

Nicaragua no es el único país que ha enfrentado formas de intervencionismo electoral. Entre las experiencias recientes de América Latina destaca Honduras, donde, antes de las elecciones generales del 30 de noviembre de 2025, Donald Trump manifestó públicamente su respaldo a Nasry Asfura, candidato conservador del Partido Nacional de Honduras, afirmando que:

“Si Tito Asfura gana la presidencia de Honduras, dado que Estados Unidos tiene tanta confianza en él, en sus políticas y en lo que hará por el gran pueblo hondureño, le brindaremos un gran apoyo. Si no gana, Estados Unidos no malgastará su dinero […] Estados Unidos trabajará estrechamente con él para asegurar el éxito […] de Honduras” (Trump, 2025)

Posteriormente, la Comisión Permanente del Congreso Nacional de Honduras condenó esas declaraciones, sosteniendo que constituían una injerencia y una presión sobre los electores. El medio Deutsche Welle (Onda Alemana) documentó tanto el respaldo estadounidense como la condena formulada por el órgano legislativo hondureño (DW, 2025).

En Colombia ocurrió algo semejante en 2026. Antes de la segunda vuelta presidencial, Trump expresó su “respaldo completo y total” a Abelardo de la Espriella y vinculó el resultado electoral con el futuro de las relaciones entre Colombia y Estados Unidos (France 24, 2026).

“Los resultados de estas elecciones son muy importantes para el futuro de Colombia y su relación con Estados Unidos, que, si Abelardo gana [...] tendrá todo el respaldo y la fuerza de Estados Unidos detrás de él [...] ¡Salgan y voten por ‘El Tigre’ Abelardo de la Espriella!” (Trump, 2026).

La controversia trascendió las fronteras colombianas. Paradójicamente, un grupo de eurodiputados pidió a las autoridades de la Unión Europea que rechazaran cualquier intento político, diplomático, económico o retórico de interferir en el proceso electoral y reafirmó los principios de autodeterminación, soberanía nacional y no injerencia (Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, 2026).

Ecuador requiere una cautela semejante. Daniel Noboa declaró en 2024 un “conflicto armado interno”. Durante las elecciones presidenciales de 2025, análisis sobre el proceso destacaron la estrecha relación del Gobierno de Daniel Noboa con Washington en ámbitos como “seguridad, cooperación militar y alineamiento geopolítico” (Vielma, 2025). Este escenario se desarrolla, además, en un Ecuador donde la militarización de la seguridad pública, los estados de excepción y las medidas extraordinarias adoptadas frente a la crisis de seguridad han adquirido una presencia creciente en la vida nacional (teleSUR, 2026a).

En el contexto electoral de Brasil en 2026, las tensiones entre Washington y el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva han coexistido con acercamientos de los gobiernos de Estados Unidos e Israel hacia sectores vinculados al bolsonarismo. Distintos análisis han interpretado estas actuaciones como intentos de favorecer políticamente al campo bolsonarista frente a Lula (Elbaum, 2026). Los próximos comicios brasileños constituirán, por tanto, un escenario relevante para observar la evolución de estas formas contemporáneas de intervencionismo electoral. La importancia geopolítica de Brasil trasciende sus fronteras: se trata de una de las principales economías del mundo y de un actor fundamental de los BRICS, espacio desde el cual participa en la construcción de alternativas económicas, financieras y políticas asociadas a la configuración de un orden internacional multipolar.

En este escenario regional, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva descartó su asistencia a las tomas de posesión de los mandatarios electos Keiko Fujimori, en Perú, y Abelardo de la Espriella, en Colombia, en un contexto marcado por denuncias y controversias en torno a ambos procesos electorales (teleSUR, 2026b). La posición asumida por Lula adquiere particular relevancia en momentos en que la injerencia externa y el respeto a la soberanía electoral ocupan un espacio creciente en el debate político latinoamericano.

Analizados conjuntamente, estos casos permiten identificar un repertorio contemporáneo de mecanismos de injerencia electoral: respaldo público a candidaturas, advertencias sobre las consecuencias internacionales de determinados resultados, presión diplomática, instrumentos económicos y financieros y construcción de narrativas comunicacionales. A ello se incorpora el terreno de las plataformas digitales, los algoritmos y la inteligencia artificial, capaces de segmentar audiencias y amplificar contenidos políticos a una escala desconocida en anteriores etapas históricas (Van de Velde, 2026).

El problema, sin embargo, no termina con la elección. Cuando Washington respalda candidaturas políticamente afines a sus intereses estratégicos, económicos o de seguridad, la influencia externa puede proyectarse posteriormente sobre el ejercicio mismo del gobierno. Una vez en el poder, la convergencia entre esos gobiernos y la política exterior estadounidense se traduce en decisiones sobre cooperación militar, control de recursos estratégicos, política económica, relaciones diplomáticas o alineamientos geopolíticos que reducen los márgenes de autonomía nacional.

De esta manera, el injerencismo electoral opera como el primer eslabón de un proceso más amplio. Primero se influye sobre quién gobierna y, posteriormente, sobre las decisiones soberanas que ese gobierno adopta. La cuestión de fondo, por tanto, no se limita a la integridad de las elecciones, sino que alcanza la capacidad de los estados latinoamericanos para definir soberanamente su rumbo político, económico y geopolítico.
Frente a estas realidades, algunos estados latinoamericanos han comenzado a trasladar la defensa de la soberanía al terreno jurídico-electoral.

Nicaragua desarrolla actualmente un proceso de consulta sobre una reforma parcial de su Constitución Política, que demanda la defensa de la soberanía, la autodeterminación y la garantía de procesos electorales definidos por los propios nicaragüenses (Asamblea Nacional de Nicaragua, 2026). México, por su parte, reformó en 2026 su Constitución para incorporar la intervención o injerencia extranjera acreditada entre las circunstancias que pueden conducir a la nulidad de una elección, una medida que también ha generado debate sobre el alcance jurídico de ese concepto (Pérez, 2026). De esta manera, Nicaragua y México representan dos expresiones recientes de una respuesta que comienza a tomar forma en América Latina: el fortalecimiento jurídico de la soberanía electoral y el establecimiento de mecanismos de protección frente a eventuales intentos de injerencia extranjera en decisiones que corresponden exclusivamente a sus pueblos.

Desde esta perspectiva, las decisiones adoptadas por Estados soberanos para fortalecer jurídicamente sus procesos electorales frente a la injerencia extranjera deben comprenderse dentro del ejercicio de su derecho a la autodeterminación, en consonancia con sus obligaciones internacionales. Desde esta concepción, la democracia participativa popular adquiere especial relevancia frente a modelos reducidos exclusivamente a la competencia partidaria, particularmente cuando actores externos pretenden utilizar los procesos electorales como vías para condicionar decisiones que corresponden soberanamente a cada pueblo.

Unas elecciones verdaderamente soberanas son aquellas sustentadas en la democracia participativa popular, donde el pueblo, libre de intervención y coerción extranjera, ejerce su derecho irrenunciable a decidir su propio destino.

Referencias

Asamblea General de las Naciones Unidas. (1970). Resolución 2625 (XXV). Declaración sobre los principios de derecho internacional referentes a las relaciones de amistad y a la cooperación entre los Estados de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas. Naciones Unidas. https://digitallibrary.un.org/record/202170

Asamblea Nacional de Nicaragua. (2026, 27 de julio). Conversatorio con Cuerpo Diplomático sobre la reforma parcial a la Constitución. https://noticias.asamblea.gob.ni/proceso-de-consulta-de-reforma-constitucional-con-cuerpo-diplomatico/

Congressional Research Service. (2022, 3 de junio). Nicaragua in brief: Political developments and U.S. policy (R46860). Congressional Research Service. https://www.congress.gov/crs-product/R46860

Deutsche Welle. (2025, 11 de diciembre). Honduras: Parlamento condena “injerencia” electoral de Trump. https://www.dw.com/es/honduras-parlamento-condena-injerencia-electoral-de-trump/a-75100242

Elbaum, J. (2026, 26 de julio). Operaciones electorales trumpistas en Brasil. CLAE. https://estrategia.la/2026/07/26/operaciones-electorales-trumpistas-en-brasil/

France 24. (2026, 3 de junio). ¿Intromisión electoral?: apoyo de Trump a candidato colombiano reabre el debate sobre injerencia en comicios clave. https://www.france24.com/es/am%C3%A9rica-latina/20260603-intromisi%C3%B3n-electoral-de-trump-apoyo-a-candidato-colombiano-reabre-el-debate-sobre-injerencia-en-comicios-clave

Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia. (2026, 11 de junio). Eurodiputados condenan la injerencia de Trump en las elecciones colombianas. https://www.cancilleria.gov.co/sala-de-prensa/noticias/eurodiputados-condenan-la-injerencia-de-trump-en-las-elecciones-colombianas

Organización de las Naciones Unidas. (1945). Carta de las Naciones Unidas. https://www.un.org/es/about-us/un-charter
Pérez, D. M. (2026, 29 de mayo). México cambia la Constitución para permitir que las elecciones se puedan anular por “injerencia extranjera”. El País. https://elpais.com/mexico/2026-05-29/mexico-cambia-la-constitucion-para-permitir-que-las-elecciones-se-puedan-anular-por-injerencia-extranjera.html

Porras, G. (2026, 3 de agosto). Entrevista al compañero doctor Gustavo Porras, presidente de la Asamblea Nacional de Nicaragua, en el programa El Mapa de teleSUR. Cuaderno Sandinista. https://cuadernosandinista.com/2026/08/03/entrevista-al-companero-doctor-gustavo-porras-presidente-de-la-asamblea-nacional-de-nicaragua-en-el-programa-el-mapa-de-telesurtv/

teleSUR. (2026a, 25 de marzo). ONU expresa preocupación por desapariciones forzadas y militarización en Ecuador. https://www.telesurtv.net/onu-desapariciones-militarizacion-ecuador/

teleSUR. (2026b, 22 de julio). Presidente Lula da Silva no asistirá a las investiduras de Fujimori ni De la Espriella. https://www.telesurtv.net/lula-da-silva-asistira-investiduras-fujimori-de-la-espriella/

Trump, D. J. (2025, 28 de noviembre). If Tito Asfura wins for President of Honduras... [Publicación en Truth Social]. Truth Social.

Trump, D. J. (2026, 17 de junio). Colombian Presidential Candidate, “El Tigre (THE TIGER),” Abelardo de la Espriella... [Publicación en Truth Social]. Truth Social.

Van de Velde, G. (2026). Intervencionismo estadounidense: De la invasión militar directa a la guerra algorítmica. El 19 Digital. https://www.el19digital.com/articulos/ver/180093-intervencionismo-estadounidense-de-la-invasion-militar-directa-a-la-guerra-algoritmica

Vielma, F. (2025, 26 de marzo). Los intereses de EE. UU. en las elecciones presidenciales en Ecuador. Misión Verdad. https://misionverdad.com/globalistan/los-intereses-de-eeuu-en-las-elecciones-presidenciales-en-ecuador



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domingo, 16 de agosto de 2026

Cien años de Fidel, sin Fidel, con Fidel

Por Fabrizio Casari

Hace cien años nació el Comandante en Jefe de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, el estadista más grande del siglo XX que hizo de Cuba el primer territorio libre de las Américas. Hace 10 nos dejó físicamente para mudarse en nostalgia. La gigantesca estatua erigida en Managua recuerda el vínculo indisoluble entre las dos revoluciones. Un acto de reconocimiento y afecto en la Nicaragua revolucionaria, porque Fidel está en el olimpo de los grandes revolucionarios que cambiaron el curso de la historia. Una historia que fue capaz de anticipar, afrontar y dominar. Fue maestro y guía para todos aquellos que, en cualquier rincón de la tierra, hayan intentado hacer del mundo un lugar más justo y digno que el que tenían ante sus ojos.

Fidel es el patrimonio histórico y humano de Cuba y de los cubanos, pero no solamente de ellos. Se lo puede encontrar precisamente en la estatua erigida en la Avenida Bolívar de Managua, donde, a poca distancia, descansan los restos de Carlos Fonseca Amador y Tomás Borge. Pero en realidad, al igual que los dos fundadores del FSLN, Fidel está en cada calle, en cada aula y en cada hospital de Nicaragua, donde, si hoy pudiera caminar, comprobaría cómo aquello que se prometió se ha cumplido. Y se lo puede encontrar en las calles destruidas de Gaza y en las ciudades liberadas del Donbás como en los países de África que le deben parte de su libertad. Fidel fue y continúa siendo el ejemplo que cada uno de nosotros exhibe con orgullo al argumentar, protagonista del relato de los mejores ideales, de las mayores victorias, de nuestros sueños más hermosos.

Fidel solo supo vencer. Se había acostumbrado a la victoria al derrotar a Batista y a Estados Unidos, que lo apoyaba con la ayuda de la mafia ítalo-estadounidense. Desde su entrada el 1.º de enero de 1959, La Habana se convirtió en una ciudad cubana; Miami, en cambio, fue condenada a convertirse en el basurero de América, todavía incubadora de los restos de toda tiranía, cloaca que contiene toda náusea. Allí viven terroristas, contrarrevolucionarios y antiguos supuestos revolucionarios, aquellos que por dinero y ambición personal traicionaron todo y a todos: aquellos contra los que Fidel era implacable.

En Nicaragua como en Venezuela, como antes en Vietnam, las victorias fueron guiadas por líderes y comandantes que encontraron en Fidel al mejor amigo y al mejor consejero, aquel capaz de exaltar las cualidades y corregir los defectos de cada proceso político, que podía leer desde lejos como si estuviera inmerso en él y que, por más íntimamente involucrado que estuviera, sabía apartarse para observar las cosas desde la distancia adecuada. Era el padre de todo anhelo de libertad y el hermano de todos aquellos que luchaban por ella. Nada de lo que sugería podía ser subestimado, para bien o para mal: después de todo, lo que no sabía sobre revoluciones se podía escribir en el reverso de un sello postal.

Fidel es sinónimo de rebelión victoriosa, de esa extraordinaria matemática de los sueños que calcula el número de enemigos y su poder únicamente para comprender cómo derrotarlos. Enseñó a no tener miedo, a buscar en cada detalle, por pequeño que sea, la posibilidad de poner a nuestro favor incluso el escenario más problemático. Que, por poderoso y formidable que sea el opresor, los oprimidos son mayoría y pueden convertirse en el todo. Enseñó a creer que la batalla de las ideas es decisiva en la lucha por conquistar la justicia. A construir una sociedad diferente donde se pueda recorrer ese surco que separa la democracia formal de la sustancial, a no confundir el número de partidos con los índices de desarrollo. Recordó a todos que la diferencia entre independentismo y anexionismo también se expresa en el rechazo o la aceptación de la injerencia extranjera, y que las certificaciones de democracia otorgadas por el imperio poscolonial no tienen ningún valor, ni político ni ético.

Lo hizo señalando que los derechos son de todos y que la búsqueda de la igualdad es un presupuesto fundamental para definir qué es democracia y qué no lo es, convirtiendo a una isla en ejemplo global de independencia y dotándola de un extraordinario antídoto contra el veneno ideológico que se inocula desde fuera. Enseñó a leer la deuda del Sur global con las lentes adecuadas, aquellas que muestran la enorme expoliación de recursos de la que se apropia el Norte sin derecho alguno. A denunciar la insostenibilidad de un mundo en el que el 4 % de su población consume el 26 % de los recursos disponibles. Y, sobre todo, demostró al mundo entero cómo la palabra solidaridad es prólogo, desarrollo y epílogo del libro de los abrazos a escala global.

Se puede hablar de él y de sus hazañas, de su grandeza y de su carisma, leyendo sus palabras y observando sus acciones, nunca en contradicción entre sí. Se puede hablar de él como el mayor icono del Socialismo, artífice del renacimiento de Cuba y de su proyección internacional, que convirtió a la isla en la mayor reserva de fuerza moral y solidaridad con cada movimiento revolucionario, tanto en América Latina como en África. Enseñó que la defensa de la Patria no es solo nacionalismo, sino punto de partida del internacionalismo. La isla fue refugio y consuelo, laboratorio de ideas y principios, escuela del hacer y del pensar. No hay victoria revolucionaria o liberación nacional que se haya consolidado sin su contribución política, humana y también militar cuando fue necesario.

Estos años sin Fidel no han conseguido que nos acostumbremos a su ausencia. Imaginar el mundo, pensar cómo analizarlo e intentar cambiarlo no es lo mismo con Fidel que sin Fidel. Su ausencia nos privó de su extraordinaria capacidad de análisis e interpretación de los fenómenos, de su lucidez estratégica, de su grandeza política. Todos necesitamos reconstruir una teoría y una práctica de la transformación, y sería útil contar con su visión de futuro, con su capacidad para prever los procesos históricos y la dirección política que toman. Nos habría ofrecido una lectura de lo inmanente con otras categorías y otros paradigmas, sin sucumbir al encanto de esta supuesta modernidad ideológica que es la otra cara de la moneda de la rendición. Hoy, cuando el imperio en decadencia ha descubierto el paso del tiempo como un reloj de arena invertido que señala su final, hoy que el Sur parece querer mezclar todas sus lenguas para conseguir hablar con una sola voz, la presencia de Fidel habría sido fundamental.

Diez años después de sus exequias, resuena como memoria y, al mismo tiempo, como presente y futuro, la voz del Comandante Sandinista Daniel Ortega, quien, desde la Plaza de la Revolución de La Habana, frente a un millón de cubanos, preguntaba: «¿Dónde está Fidel?».

Estaba allí, residente de todas partes. Nunca se fue, Comandante Daniel. Los hombres como Fidel no se van un día precisamente porque no llegan un día. Están desde siempre y para siempre, independientemente del tiempo y de la biología, de los enemigos y los amigos, de la historia y de la crónica. Su existencia biológica es solo una parte de su existencia política. Están porque ese conjunto de hombres y pueblos, de circunstancias y condiciones que la historia se empeña en mezclar y que nosotros, por brevedad, llamamos destino, se cumple. Y esto lo han comprendido todos aquellos que saben que revolucionar el mundo es la única manera de salvarlo.

Por eso Fidel está en cada lugar donde hace falta, allí donde alguien lucha y se desvive por identificarse con el destino de todos. Está para quienes han elegido no abjurar de los ideales de justicia e igualdad, a quienes les brillan los ojos ante los humildes que se convierten en titulares de derechos. Está para quienes no han titubeado ante las oleadas reaccionarias, quienes no han retrocedido frente a las dificultades y no han traicionado a sus compañeros ni a su pueblo; para quienes no se han vendido al enemigo ni siquiera cuando este se presentó vestido con las ropas de la sensatez y la moderación. Está para quienes prefieren morir antes que arrodillarse y que no han renunciado a levantar su bandera de combate. Todos ellos son quienes pueden sentirse parte de su legado. Quienes tienen derecho a decir: «Yo soy Fidel».

Fidel estuvo, está y estará: porque, ante la inútil espera de la justicia divina, la justicia de los hombres tarde o temprano llega. Quizás tarde, pero llega. Y tiene su rostro.


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