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domingo, 20 de septiembre de 2026

La ONU entre expectativas y realidad

Por Fabrizio Casari

Por unos d铆as, el mundo vuelve a reunirse bajo el mismo techo. El 22 de septiembre comienza el debate de la 81.陋 Asamblea General de las Naciones Unidas, que se desarrollar谩 hasta el 29 de septiembre. El tema de esta sesi贸n es tan ambicioso como ret贸rico: «Restoring trust, managing transformation: a United Nations that delivers for all»: reconstruir la confianza, gestionar la transformaci贸n, hacer de la ONU una organizaci贸n capaz de actuar para todos.

Ser谩 la 煤ltima sesi贸n dirigida por Ant贸nio Guterres, cuyo mandato termina el 31 de diciembre de 2026. El proceso para elegir al pr贸ximo secretario general est谩 en curso y el nombramiento final requiere la recomendaci贸n del Consejo de Seguridad y, por tanto, de hecho, el acuerdo de las cinco potencias con derecho de veto.

Ucrania, Oriente Medio, Sud谩n y otras crisis estar谩n inevitablemente entre los principales temas de las intervenciones de los l铆deres y de las reuniones bilaterales. Cabe esperar sobre todo declaraciones pol铆ticas, m谩s que decisiones capaces de abrir v铆as decisivas para resolver las crisis internacionales.

Guerras, crisis energ茅tica y clim谩tica: la 81.陋 Asamblea General pondr谩 en escena todas las contradicciones de un orden internacional que ya no consigue gestionar sus propias crisis y que elige las guerras militares y comerciales, financieras y diplom谩ticas contra el Sur Global y el Este para mantenerse al frente del planeta.

La ONU llega a esta Asamblea con una paradoja evidente: ser铆a m谩s necesaria que nunca, pero parece m谩s d茅bil que nunca. Occidente, con la guerra en Ucrania por un lado y el genocidio de los palestinos y la expansi贸n colonial sionista por otro, demuestra su doble rasero respecto al Derecho Internacional: con los enemigos se aplica y con los amigos se interpreta.

El elefante en la habitaci贸n sigue siendo la cuesti贸n de las cuestiones: ¿c贸mo hacer eficaces a las Naciones Unidas en la prevenci贸n de las crisis, en su gesti贸n y en los procesos diplom谩ticos necesarios para reducir los conflictos?

El Consejo de Seguridad sigue condicionado por el derecho de veto de sus cinco miembros permanentes. Una parte creciente del mundo reclama que las instituciones internacionales reflejen finalmente los equilibrios del siglo XXI y no los de 1945. India, 脕frica, Am茅rica Latina, el mundo 谩rabe y muchas otras realidades desean una reforma de la representaci贸n internacional, y esta no puede considerarse una simple disputa diplom谩tica.

Como propon铆a la Reforma concebida por el padre Miguel D’Escoto Brockmann, nicarag眉ense y sandinista, durante el per铆odo en el que fue presidente de la Asamblea General (2008), solo una inversi贸n de los roles entre la Asamblea y el Consejo podr铆a proporcionar criterios de democracia y funcionalidad al futuro de la ONU. Es una cuesti贸n democr谩tica y, al mismo tiempo, de realismo pol铆tico.

Por eso, el tema de la Reforma de las Naciones Unidas, y en particular el de la relaci贸n entre la Asamblea General y el Consejo de Seguridad, debe ser incluido en la agenda lo antes posible. Si no por una cuesti贸n de justicia y de lectura objetiva de las transformaciones planetarias producidas despu茅s de Yalta, al menos por la evidencia palpable del estancamiento en el que se encuentra la organizaci贸n y que la hace, ante la prueba de los conflictos, completamente ineficaz.

La 81.陋 sesi贸n de los trabajos presenta tambi茅n una evidencia simb贸lica de su ineficacia: la prohibici贸n de participaci贸n en los trabajos impuesta por Estados Unidos a Mahmoud Abbas, presidente palestino. El episodio es mucho m谩s que un incidente diplom谩tico. Por tanto, seg煤n Estados Unidos, se puede hablar de Palestina, pero solo en ausencia de los palestinos.

La Asamblea General reaccion贸 autorizando a Abbas y a otros representantes palestinos de alto nivel a participar a distancia. La decisi贸n fue aprobada con 152 votos a favor, 3 en contra y 4 abstenciones.

Por tanto, por un lado, la ONU afirma que los representantes del Estado de Palestina deben poder participar en sus trabajos. Por otro, la sede de la Organizaci贸n se encuentra en el territorio de un Estado que puede impedirles llegar hasta ella. Pero si el acceso a la sede de la organizaci贸n universal depende de la voluntad del pa铆s que la alberga, ¿qu茅 autonom铆a le queda a la ONU?

Estados Unidos es el pa铆s anfitri贸n de la ONU, pero no es el «propietario» de la ONU ni tiene el poder de decidir qui茅n puede participar en sus trabajos. Asumi贸, mediante el Acuerdo de Sede de 1947 (Headquarters Agreement), obligaciones internacionales espec铆ficas precisamente para evitar que la jurisdicci贸n territorial impidiera a la ONU funcionar. El art铆culo XI se refiere al acceso al distrito de las Naciones Unidas: la obligaci贸n asumida por Estados Unidos es no imponer impedimentos al tr谩nsito hacia o desde la sede a las personas invitadas por la ONU para actividades oficiales.

Precisamente mientras el imperio unipolar de orientaci贸n anglosajona se encamina hacia la fase definitiva de su crisis pol铆tica, 茅tica, econ贸mica y militar, el papel de las Naciones Unidas deber铆a reconsiderarse como una urgencia hist贸rica.

Ochenta a帽os despu茅s del final de la Segunda Guerra Mundial, ante una tercera que corre el riesgo de pasar de escenarios regionales a escenarios globales, la pregunta decisiva que la ONU deber铆a plantearse es: ¿qu茅 arquitectura pol铆tica puede hacer posible una paz basada en los derechos, la seguridad y la autodeterminaci贸n?

Ucrania

Con respecto a Ucrania, la ONU se encuentra ante la contradicci贸n entre ambiciones occidentales y realidad. La guerra solo puede terminar mediante una combinaci贸n de alto el fuego, negociaci贸n, garant铆as de seguridad y acuerdos pol铆ticos, y la b煤squeda de una paz posible no puede dejar de contemplar algunas condiciones b谩sicas.

Occidente, que prepar贸, financi贸 y llev贸 adelante esta guerra por medio de los ucranianos, debe comprender que la expansi贸n hacia el Este de la OTAN ha terminado; que no puede pensar en declarar a Rusia como enemigo al que infligir una derrota estrat茅gica y despu茅s intentar rodearla sin que Mosc煤 reaccione; y que el tema de una arquitectura de seguridad euroasi谩tica debe abordarse tambi茅n y, sobre todo, teniendo en cuenta la seguridad que Rusia reclama.

Ir谩n

A煤n m谩s delicada ser谩 la cuesti贸n iran铆. La derrota militar de la coalici贸n entre Estados Unidos, Israel y Arabia Saud铆 est谩 determinando un escenario in茅dito y, al mismo tiempo, una grav铆sima crisis energ茅tica debido a la guerra, que mantiene cerrados los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb.

No existe ninguna posibilidad de acuerdo sin la salida de Estados Unidos de la zona que se extiende desde el mar Rojo hasta el golfo P茅rsico. Deben promoverse y apoyarse, en cambio, el acercamiento entre Riad y Teher谩n iniciado con la mediaci贸n china que permiti贸 la reanudaci贸n de las relaciones diplom谩ticas entre ambos pa铆ses, hoy los dos dentro del 谩rea de los BRICS.

El di谩logo entre Ir谩n, Arabia Saud铆, Om谩n y los Emiratos 脕rabes Unidos es necesario para devolver el golfo P茅rsico a la soberan铆a de los pa铆ses que lo habitan.

No solo guerras

El programa oficial de la Asamblea contiene cuestiones que est谩n lejos de ser secundarias: el derecho al desarrollo, la crisis clim谩tica y la transici贸n posible, el aumento del nivel del mar, la prevenci贸n de las pandemias, la lucha contra el racismo y el desarme nuclear, la atenci贸n a la IA, seguridad alimentaria, sanitaria, energ茅tica, clim谩tica y laboral.

Pero ¿qu茅 significa hablar de transici贸n ecol贸gica y de desarrollo si los pa铆ses con econom铆as emergentes son boicoteados por una red de sanciones y amenazas militares del Norte y aquellos de ellos m谩s endeudados que se ven obligados a destinar enormes recursos al servicio de la deuda en lugar de destinarlos a la sanidad y la educaci贸n? ¿Qu茅 significa prepararse para la pr贸xima pandemia si el acceso a los medicamentos y a las tecnolog铆as sigue siendo profundamente desigual?

Uno de los elementos m谩s importantes de la actual crisis de la ONU es la creciente distancia entre la arquitectura institucional del mundo y la realidad del propio mundo. ¿Qui茅n decide sobre las guerras? ¿Qui茅n decide sobre las sanciones? ¿Qui茅n decide sobre el uso de la fuerza? ¿Qui茅n puede bloquear una decisi贸n respaldada por la mayor铆a? Si la ONU debe sobrevivir, tarde o temprano tendr谩 que afrontar estas preguntas.

No es un tema que pueda posponerse indefinidamente. La tentaci贸n podr铆a ser mirar a la ONU 煤nicamente a trav茅s de sus contradicciones: las guerras que no consigue detener, los vetos del Consejo de Seguridad, las declaraciones que a menudo no producen consecuencias. Pero ser铆a un error concluir que, porque la ONU es imperfecta, es in煤til. Es exactamente lo contrario. Cuanto m谩s multipolar se vuelve el mundo, m谩s necesita instituciones comunes.

Necesita reformas profundas: una mayor representatividad del Consejo de Seguridad, el fortalecimiento de la Asamblea General, el respeto efectivo del derecho internacional, una financiaci贸n adecuada y una participaci贸n m谩s fuerte de los pa铆ses del Sur Global.

Nacida en un mundo de unos 4.000 millones de personas, hoy, cuando nos acercamos a los 8.000 millones, debe ser actualizada y revalorizada, ya que es, por definici贸n, el organismo que representa a toda la comunidad internacional.

Pero debe ser devuelta a una democratizaci贸n efectiva que, teniendo en cuenta el peso demogr谩fico, econ贸mico y territorial de sus miembros en los procesos de toma de decisiones, represente la expresi贸n pol铆tica del Sur Global y de todo ese mundo que emerge a pesar de que las botas imperiales intenten aplastar sus leg铆timas aspiraciones. Esta es la verdadera partida que se juega en Nueva York.

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Colombia: la larga guerra por la tierra, la riqueza y el poder

Por Javier Huerta

Una historia de violencia, exclusi贸n y excepcionalidad para comprender la Colombia de hoy

Del asesinato de Gait谩n al regreso de la mano dura: tierra, oligarqu铆a, capitalismo, militarizaci贸n y dependencia de Estados Unidos

Colombia vuelve a encontrarse ante una de esas encrucijadas hist贸ricas en las que la palabra democracia corre el riesgo de quedarse demasiado peque帽a para explicar la realidad. El pa铆s mantiene elecciones, Congreso, partidos, tribunales y una Constituci贸n que reconoce derechos fundamentales, pero detr谩s de esa arquitectura institucional permanece una historia marcada por la concentraci贸n de la tierra, la desigualdad econ贸mica, la violencia pol铆tica, el desplazamiento campesino, el paramilitarismo, el narcotr谩fico, la intervenci贸n estadounidense y la persecuci贸n de quienes han intentado construir una alternativa pol铆tica y social al poder tradicional. La llegada a la Presidencia de Abelardo de la Espriella el 7 de agosto de 2026 abre ahora una nueva etapa caracterizada por el fortalecimiento de las pol铆ticas de seguridad, la suspensi贸n de buena parte de las negociaciones con organizaciones armadas y un acercamiento especialmente estrecho a Estados Unidos. El propio Gobierno presenta este giro como una recuperaci贸n de la autoridad del Estado y de la seguridad nacional; desde otros sectores se advierte del riesgo de regresar a una l贸gica en la que el conflicto social y territorial se aborda fundamentalmente desde la militarizaci贸n. La cuesti贸n de fondo, sin embargo, es mucho m谩s profunda: ¿qu茅 democracia puede consolidarse cuando las estructuras econ贸micas y territoriales que alimentaron durante d茅cadas la violencia contin煤an sin resolverse?

Para entender la Colombia de 2026 hay que regresar necesariamente al 9 de abril de 1948, cuando el asesinato de Jorge Eli茅cer Gait谩n desencaden贸 el Bogotazo y abri贸 una de las etapas m谩s traum谩ticas de la historia contempor谩nea del pa铆s. Gait谩n hab铆a construido un discurso de movilizaci贸n popular que cuestionaba los privilegios de las 茅lites tradicionales y hablaba directamente a unas mayor铆as campesinas y trabajadoras excluidas del poder. Su asesinato no cre贸 por s铆 solo la violencia colombiana, pero se convirti贸 en el s铆mbolo de la ruptura de una posibilidad pol铆tica y en el comienzo de una etapa de enfrentamientos que acabar铆a con decenas de miles de muertos. La llamada La Violencia mostr贸 hasta qu茅 punto la disputa pol铆tica estaba entrelazada con la propiedad de la tierra y el control territorial. El posterior Frente Nacional, establecido entre liberales y conservadores entre 1958 y 1974, consigui贸 cerrar parcialmente la confrontaci贸n entre las dos grandes fuerzas tradicionales, pero lo hizo mediante un sistema de alternancia pactada que dej贸 fuera a buena parte de las fuerzas pol铆ticas y sociales que no encajaban en aquel acuerdo. En ese terreno de exclusi贸n nacieron y crecieron las guerrillas de las d茅cadas siguientes, entre ellas las FARC y el ELN, mientras el Estado desarrollaba una doctrina de seguridad profundamente influida por la l贸gica de la Guerra Fr铆a.

Pero reducir la historia colombiana a un enfrentamiento entre guerrillas y Estado ser铆a ocultar una parte fundamental del problema. La cuesti贸n agraria ha sido uno de los grandes motores estructurales del conflicto. El Centro Nacional de Memoria Hist贸rica ha documentado c贸mo la disputa por la tierra, el desplazamiento forzado, el despojo, la actuaci贸n de actores armados y las econom铆as ilegales se encuentran profundamente relacionados con la configuraci贸n territorial del pa铆s. Y los datos del 煤ltimo gran censo agropecuario analizado por Oxfam permiten observar la dimensi贸n de esa desigualdad: el 1 % de las explotaciones agr铆colas concentra el 81 % de la tierra, mientras el 99 % restante se reparte apenas el 19 %. Las explotaciones de menos de diez hect谩reas representan el 81 % del total, pero ocupan solamente el 5 % de la superficie. No se trata, por tanto, de una desigualdad abstracta. Se trata de qui茅n posee el suelo, qui茅n controla los territorios, qui茅n decide qu茅 se produce, qui茅n puede acceder al cr茅dito, qui茅n tiene capacidad para invertir y qui茅n puede permanecer en el campo. En una sociedad donde millones de campesinos han sufrido desplazamientos y donde la propiedad rural contin煤a extraordinariamente concentrada, la tierra sigue siendo una cuesti贸n econ贸mica, pol铆tica y de poder de clase.

Es en este escenario donde debe analizarse el fen贸meno paramilitar. Las estructuras paramilitares no fueron simplemente otro actor armado m谩s dentro de una guerra interminable. El Centro Nacional de Memoria Hist贸rica ha documentado su capacidad para convertirse en reguladores de la vida social y econ贸mica de numerosos territorios y ha se帽alado la necesidad de investigar sus v铆nculos con sectores estatales, pol铆ticos y econ贸micos legales, as铆 como el papel del narcotr谩fico y el despojo de tierras. En diferentes regiones, la violencia sirvi贸 para expulsar comunidades, destruir organizaciones campesinas, sindicales e ind铆genas, imponer controles territoriales y modificar las relaciones de propiedad. La historia colombiana demuestra as铆 que la violencia no siempre fue una anomal铆a al margen de la econom铆a: en determinados territorios se convirti贸 tambi茅n en un mecanismo para reorganizar el poder econ贸mico y social.

La tragedia de la Uni贸n Patri贸tica constituye otro cap铆tulo imprescindible. Surgida en el contexto de los intentos de negociaci贸n entre el Estado y las FARC durante los a帽os ochenta, la UP trat贸 de convertir la participaci贸n pol铆tica en una alternativa a la confrontaci贸n armada. El resultado fue uno de los episodios m谩s graves de persecuci贸n pol铆tica de la historia reciente colombiana: miles de militantes, dirigentes, candidatos y simpatizantes fueron asesinados, desaparecidos o expulsados de sus territorios. La experiencia dej贸 una herida que todav铆a condiciona la relaci贸n de amplios sectores de la izquierda colombiana con las instituciones. Porque para entender el concepto de “democracia en estado de sitio” no basta con preguntarse si existen elecciones. Hay que preguntarse tambi茅n qu茅 ocurre cuando una parte de la sociedad intenta organizarse pol铆ticamente para disputar el poder econ贸mico y territorial establecido.

Durante las d茅cadas siguientes, el narcotr谩fico, la expansi贸n paramilitar y la insurgencia contribuyeron a profundizar una guerra que dej贸 millones de v铆ctimas. Y en ese escenario apareci贸 con enorme fuerza otro protagonista: Estados Unidos. Plan Colombia, presentado como una estrategia contra el narcotr谩fico y posteriormente vinculado tambi茅n a la lucha contrainsurgente y al fortalecimiento institucional, convirti贸 a Colombia en uno de los principales receptores de asistencia estadounidense en Am茅rica Latina. Seg煤n el Congressional Research Service, entre los a帽os fiscales 2000 y 2016 la financiaci贸n estadounidense vinculada a Plan Colombia y sus estrategias posteriores super贸 los 10.000 millones de d贸lares a trav茅s de programas del Departamento de Estado y del Departamento de Defensa. Para Washington, Colombia se convirti贸 en un socio estrat茅gico en materia de seguridad regional. Para numerosos sectores cr铆ticos, aquella relaci贸n consolid贸 una concepci贸n militarizada de los problemas sociales y pol铆ticos colombianos. En cualquier caso, los datos permiten afirmar que la relaci贸n militar y estrat茅gica entre ambos Estados no es una circunstancia coyuntural de 2026: tiene m谩s de dos d茅cadas de continuidad.

La Constituci贸n de 1991 abri贸 una nueva etapa y reconoci贸 derechos, mecanismos de participaci贸n y una concepci贸n m谩s amplia del Estado social de derecho. Sin embargo, la nueva arquitectura constitucional convivi贸 con la persistencia de la violencia, la desigualdad territorial y la expansi贸n de las econom铆as ilegales. El Acuerdo de Paz firmado en 2016 entre el Estado y las FARC volvi贸 a colocar la cuesti贸n agraria en el centro del debate mediante la Reforma Rural Integral y abri贸 una oportunidad hist贸rica para atacar algunas de las causas estructurales del conflicto. Pero la implementaci贸n fue lenta, desigual y objeto de fuertes disputas pol铆ticas. Mientras tanto, numerosos firmantes de la paz y dirigentes sociales continuaron siendo asesinados.

La llegada de Gustavo Petro a la Presidencia en 2022, primer presidente procedente de la izquierda en la historia contempor谩nea del pa铆s, modific贸 el escenario pol铆tico. Su proyecto de “paz total”, las reformas sociales y la apuesta por avanzar en la distribuci贸n y formalizaci贸n de tierras representaron una ruptura respecto a d茅cadas de predominio de los sectores tradicionales. Esa ruptura, sin embargo, no signific贸 la desaparici贸n de las estructuras econ贸micas que hab铆an condicionado hist贸ricamente al Estado colombiano. El Gobierno Petro tuvo que desenvolverse dentro de un aparato estatal complejo, enfrent贸 oposici贸n pol铆tica, conflictos institucionales y problemas de gesti贸n y tampoco logr贸 resolver las m煤ltiples violencias territoriales. No hubo una transformaci贸n revolucionaria de las relaciones de propiedad, sino un intento de reforma desde las instituciones existentes. Precisamente por eso resulta importante no confundir la experiencia del primer Gobierno de izquierda con la desaparici贸n del poder econ贸mico de las 茅lites tradicionales.

Uno de los terrenos donde esa disputa puede observarse con mayor claridad es precisamente la tierra. En los 煤ltimos d铆as del Gobierno Petro, la Agencia Nacional de Tierras inform贸 de la entrega o formalizaci贸n de m谩s de 61.000 hect谩reas en 25 departamentos, destinadas a campesinos, comunidades ind铆genas, afrodescendientes y organizaciones pesqueras. M谩s all谩 de la valoraci贸n pol铆tica que pueda hacerse de aquella pol铆tica, el dato demuestra que la cuesti贸n agraria segu铆a siendo una de las grandes batallas pendientes cuando termin贸 el mandato. El nuevo Gobierno recibe, por tanto, un pa铆s donde la propiedad de la tierra contin煤a extraordinariamente concentrada y donde cualquier reforma territorial afecta directamente a intereses econ贸micos consolidados.

Sobre ese escenario lleg贸 al poder Abelardo de la Espriella, con un discurso centrado en seguridad, autoridad, lucha contra el narcotr谩fico, control territorial y fortalecimiento de las fuerzas de seguridad. Durante sus primeras semanas de Gobierno, la seguridad pas贸 a ocupar un lugar central en la comunicaci贸n oficial, mientras se fueron abandonando las mesas de negociaci贸n abiertas durante la etapa anterior. El cambio no es solamente discursivo. El 19 de septiembre, El Pa铆s describ铆a la nueva etapa como un abandono de la pol铆tica de “paz total” en favor de una estrategia de mayor confrontaci贸n militar, respaldada por el nuevo marco de seguridad impulsado junto a Estados Unidos. Seg煤n esa informaci贸n, se han cerrado mesas con grupos como disidencias de las FARC, Clan del Golfo y Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, mientras el Gobierno plantea una ley de “acogimiento” basada en el sometimiento a la justicia y no en una negociaci贸n pol铆tica.

La violencia contra quienes ejercen liderazgo social tampoco desapareci贸 con el cambio presidencial. El registro de INDEPAZ contabilizaba, con corte al 11 de septiembre de 2026, 108 l铆deres, lideresas y defensores de derechos humanos asesinados durante el a帽o, 89 masacres y 11 firmantes del Acuerdo de Paz asesinados. Desde enero de 2016 hasta esa misma fecha, el acumulado registrado por el organismo ascend铆a a 1.998 l铆deres y defensores asesinados, 783 masacres y 524 firmantes del Acuerdo de Paz asesinados. Estos n煤meros no permiten atribuir autom谩ticamente al Gobierno iniciado en agosto todos los asesinatos ocurridos durante 2026, pero s铆 muestran la dimensi贸n de una violencia estructural que el nuevo Ejecutivo ha heredado y que ahora pretende abordar prioritariamente desde una pol铆tica de seguridad m谩s dura.

El giro adquiere todav铆a mayor dimensi贸n cuando se observa la relaci贸n con Washington. El 8 de septiembre de 2026, despu茅s de reunirse con el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, De la Espriella declar贸 que Colombia quer铆a consolidarse nuevamente como “principal socio de seguridad hemisf茅rica” de Estados Unidos. En ese encuentro propuso desarrollar el denominado “Plan Patriota Siglo XXI”, que incluye la modernizaci贸n de aviones, radares, drones, helic贸pteros, sistemas antidrones, defensa a茅rea, movilidad, inteligencia, ciberdefensa y fuerzas especiales. El 13 de septiembre, la propia Presidencia present贸 los acuerdos alcanzados con Estados Unidos bajo la denominaci贸n de “Acuerdos de Barranquilla”, articulados alrededor de tres objetivos: “reconstruir la patria, recuperar la econom铆a y blindar el hemisferio”. La Presidencia ha definido esta nueva relaci贸n como una asociaci贸n estrat茅gica y ha reivindicado expl铆citamente la alianza hist贸rica entre ambos pa铆ses.

Desde una lectura antiimperialista, la importancia de estos acontecimientos no reside 煤nicamente en qui茅n ocupa actualmente la Casa de Nari帽o. Lo fundamental es observar la continuidad hist贸rica: Plan Colombia ayer, nuevas estructuras de cooperaci贸n militar hoy; dependencia estrat茅gica de Washington ayer, “principal socio de seguridad” hoy. Cambian los nombres, las tecnolog铆as y los escenarios geopol铆ticos, pero permanece la centralidad de Colombia dentro de la arquitectura de seguridad estadounidense en Am茅rica Latina. El debate, por tanto, no deber铆a limitarse a determinar si un determinado avi贸n, radar o sistema de inteligencia es eficaz contra una organizaci贸n armada. Tambi茅n debe preguntarse qu茅 modelo de Estado y de relaciones internacionales se est谩 construyendo, qu茅 recursos p煤blicos se destinan a la seguridad frente a las necesidades sociales y hasta qu茅 punto las prioridades estrat茅gicas de Washington terminan condicionando las pol铆ticas nacionales.

Existe adem谩s un elemento que puede parecer secundario, pero que tiene una enorme importancia democr谩tica: el control de la informaci贸n y de los aparatos de inteligencia del Estado. El antiguo Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, arrastra una historia de interceptaciones ilegales, persecuci贸n y abusos que todav铆a forma parte de la memoria pol铆tica colombiana. La cuesti贸n de sus archivos vuelve ahora a cobrar actualidad precisamente cuando el nuevo Gobierno controla esos fondos documentales. Su apertura, conservaci贸n y tratamiento son fundamentales para conocer episodios todav铆a no esclarecidos y para garantizar que la memoria de las v铆ctimas no quede subordinada a los intereses pol铆ticos de cada Gobierno. La democracia no consiste 煤nicamente en celebrar elecciones; tambi茅n significa permitir que una sociedad pueda conocer qu茅 hicieron sus instituciones cuando actuaron clandestinamente contra ciudadanos, organizaciones sociales, periodistas o adversarios pol铆ticos.

Incluso las primeras decisiones institucionales del nuevo Ejecutivo muestran que la disputa por el control del Estado no se limita al terreno militar. La destituci贸n del director del DANE, Ricardo Valencia, apenas tres semanas despu茅s de su nombramiento, abri贸 un debate sobre la autonom铆a t茅cnica del organismo estad铆stico. El Gobierno argument贸 que Valencia incumpli贸 directrices presidenciales sobre comunicaci贸n p煤blica, mientras que antiguos responsables del DANE cuestionaron las posibles consecuencias para la independencia y credibilidad de la instituci贸n. En un pa铆s donde las cifras de empleo, pobreza, desigualdad y crecimiento tienen una importancia decisiva para evaluar las pol铆ticas p煤blicas, la autonom铆a de los organismos que producen informaci贸n oficial constituye tambi茅n una cuesti贸n democr谩tica.

Todo esto permite comprender mejor qu茅 puede significar hablar de “democracia en estado de sitio” en Colombia. No significa afirmar que el pa铆s haya dejado de ser formalmente una democracia ni que exista una dictadura cl谩sica. Significa se帽alar una contradicci贸n hist贸rica: instituciones democr谩ticas que conviven con enormes desigualdades materiales; elecciones que se celebran mientras dirigentes sociales son asesinados; derechos constitucionales que coexisten con comunidades desplazadas; una econom铆a moderna que convive con una concentraci贸n extraordinaria de la propiedad rural; y un Estado que proclama soberan铆a mientras mantiene una alianza militar y estrat茅gica extraordinariamente estrecha con la principal potencia mundial.

La cuesti贸n de fondo vuelve as铆 al lugar donde comenz贸 buena parte de esta historia: la tierra y el poder. Mientras el 1 % de las explotaciones controle el 81 % de la tierra agr铆cola, mientras existan comunidades campesinas e ind铆genas disputando el control de sus territorios, mientras las econom铆as ilegales compitan con el Estado por corredores estrat茅gicos y mientras los grandes intereses econ贸micos tengan una capacidad de influencia muy superior a la de millones de trabajadores y campesinos, la violencia colombiana no podr谩 explicarse 煤nicamente como un problema policial o militar. El propio Centro Nacional de Memoria Hist贸rica ha se帽alado la relaci贸n hist贸rica entre tierra, conflicto, actores armados, narcotr谩fico, desplazamiento y despojo.

Por eso, la nueva etapa abierta con De la Espriella plantea una pregunta que va mucho m谩s all谩 de las cifras diarias de capturas, incautaciones o operaciones militares. ¿Puede resolverse una crisis hist贸rica de desigualdad y exclusi贸n mediante una pol铆tica basada fundamentalmente en la fuerza? La respuesta depender谩 de qu茅 otras pol铆ticas acompa帽en a esa estrategia: reforma rural, empleo digno, educaci贸n p煤blica, sanidad, vivienda, presencia civil del Estado, protecci贸n efectiva de las comunidades y garant铆as para la participaci贸n pol铆tica. Si la seguridad se convierte 煤nicamente en militarizaci贸n, el riesgo es volver a reproducir una vieja din谩mica en la que las causas sociales del conflicto quedan ocultas detr谩s de la respuesta armada.

Colombia ha demostrado durante d茅cadas que la violencia puede modificar gobiernos, territorios y relaciones de poder, pero tambi茅n que la violencia por s铆 sola nunca ha resuelto las contradicciones que la alimentan. La historia de Gait谩n, de La Violencia, del Frente Nacional, de las guerrillas, del paramilitarismo, de la Uni贸n Patri贸tica, de Plan Colombia y del Acuerdo de Paz forma parte de una misma secuencia hist贸rica en la que la disputa por la tierra, la riqueza y el poder pol铆tico ha sido una constante. El nuevo Gobierno puede cambiar las prioridades del Estado, reforzar la alianza con Washington y apostar por una estrategia de mayor confrontaci贸n, pero ninguna de esas decisiones elimina las estructuras que dieron origen a buena parte del conflicto.

Y ah铆 se encuentra probablemente la verdadera batalla democr谩tica de Colombia: no solamente qui茅n gobierna desde Bogot谩, sino qui茅n tiene capacidad real para decidir sobre la tierra, la riqueza, los territorios y el futuro del pa铆s. Una democracia que pueda ser ejercida plenamente por campesinos, trabajadores, pueblos ind铆genas, comunidades afrodescendientes, estudiantes, organizaciones populares y movimientos sociales exige algo m谩s que depositar una papeleta cada cuatro a帽os. Exige que organizarse no sea una sentencia de muerte, que reclamar tierra no convierta a nadie en objetivo, que defender el territorio no sea considerado una amenaza y que la soberan铆a nacional no quede subordinada a las necesidades estrat茅gicas de ninguna potencia.

La historia colombiana demuestra que cada vez que una parte de la sociedad ha intentado transformar esas relaciones de poder, la respuesta de los sectores dominantes ha sido intensa. Tambi茅n demuestra que las sociedades cambian cuando las mayor铆as dejan de aceptar que la desigualdad, la violencia y la exclusi贸n sean consideradas parte inevitable del paisaje. La Colombia de 2026 vuelve a encontrarse ante esa contradicci贸n: una democracia formalmente viva, pero atravesada por desigualdades y violencias que cuestionan su contenido real. Lo que est谩 en juego no es solamente la pol铆tica de seguridad de un nuevo presidente, sino el tipo de sociedad que Colombia quiere construir despu茅s de d茅cadas de guerra, concentraci贸n de la riqueza, intervenci贸n extranjera y resistencia popular.

En ese sentido, la pregunta fundamental contin煤a siendo la misma que atraviesa toda la historia contempor谩nea colombiana: ¿democracia para qui茅n, seguridad para qui茅n y propiedad de qui茅n?




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s谩bado, 19 de septiembre de 2026

Los Vargas Llosa, el fujimorismo y el nuevo Per煤 de Trump: cuando el neoliberalismo se encuentra con la ultraderecha

Por Javier Huerta


Hay apellidos que forman parte de la historia pol铆tica de un pa铆s hasta el punto de convertirse en aut茅nticos s铆mbolos de una determinada 茅poca. En el Per煤 contempor谩neo, Vargas Llosa y Fujimori representan dos de esos apellidos. Durante d茅cadas estuvieron enfrentados y llegaron a encarnar proyectos pol铆ticos que parec铆an irreconciliables dentro del campo de la derecha peruana. En 1990, Mario Vargas Llosa concurri贸 a las elecciones presidenciales al frente del Frente Democr谩tico, defendiendo un programa de profundas reformas econ贸micas basado en la liberalizaci贸n, la apertura de la econom铆a y una reducci贸n sustancial de la intervenci贸n del Estado. Frente a 茅l apareci贸 Alberto Fujimori, un candidato hasta entonces pr谩cticamente desconocido para buena parte de las 茅lites pol铆ticas y econ贸micas del pa铆s, que acabar铆a imponi茅ndose en las urnas. Lo que vino despu茅s marcar铆a profundamente la historia peruana: el autogolpe de 1992, la concentraci贸n del poder, la corrupci贸n y las graves violaciones de derechos humanos cometidas durante su r茅gimen. Vargas Llosa se convirti贸 entonces en uno de los principales adversarios intelectuales del fujimorismo. Sin embargo, tres d茅cadas despu茅s, aquella antigua frontera pol铆tica se ha desdibujado hasta pr谩cticamente desaparecer. El hijo del hombre que se enfrent贸 electoralmente a Alberto Fujimori se prepara ahora para representar en Washington al Gobierno de su hija, Keiko Fujimori, precisamente cuando Lima estrecha sus relaciones pol铆ticas y de seguridad con la Administraci贸n de Donald Trump.

La evoluci贸n pol铆tica de Mario Vargas Llosa ayuda a comprender c贸mo se ha producido este desplazamiento. El escritor no comenz贸 su trayectoria en la derecha. Durante su juventud mantuvo posiciones de izquierda y lleg贸 a simpatizar con la Revoluci贸n cubana, pero su posterior ruptura con el castrismo y su evoluci贸n intelectual le llevaron hacia el liberalismo pol铆tico y econ贸mico. A partir de los a帽os ochenta se convirti贸 en uno de los principales defensores latinoamericanos de las pol铆ticas de mercado, la propiedad privada, la reducci贸n del papel econ贸mico del Estado y la apertura de las econom铆as nacionales. Su candidatura presidencial de 1990 fue la expresi贸n pol铆tica de esa transformaci贸n. A partir de entonces, Vargas Llosa pas贸 a ser una de las figuras intelectuales m谩s influyentes del liberalismo latinoamericano, participando activamente en los debates pol铆ticos de la regi贸n y respaldando durante a帽os proyectos que defend铆an la aplicaci贸n de pol铆ticas econ贸micas neoliberales. Pero aquella evoluci贸n continuar铆a. Con el paso del tiempo, su oposici贸n a la izquierda fue adquiriendo una importancia cada vez mayor y sus alianzas pol铆ticas comenzaron a aproximarle a sectores conservadores que ya no representaban 煤nicamente el viejo liberalismo econ贸mico. Su apoyo a Jair Bolsonaro en Brasil, a Jos茅 Antonio Kast en Chile y a otras candidaturas de la derecha radical latinoamericana mostr贸 hasta qu茅 punto hab铆a cambiado el espacio pol铆tico en el que se mov铆a. Lo significativo no es solamente la trayectoria individual del escritor, sino un fen贸meno mucho m谩s amplio: una parte del antiguo liberalismo latinoamericano ha terminado encontrando espacios de coincidencia con las nuevas derechas radicales, incorporando a su defensa del mercado posiciones mucho m谩s duras en materia de seguridad, inmigraci贸n, identidad, orden p煤blico y confrontaci贸n con la izquierda.

El cambio resulta especialmente revelador cuando se observa la relaci贸n con el fujimorismo. Durante a帽os Vargas Llosa sostuvo una oposici贸n frontal a Alberto Fujimori y posteriormente a su hija Keiko. Sin embargo, en 2021, ante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales entre Keiko Fujimori y Pedro Castillo, el escritor pidi贸 votar por la candidata de Fuerza Popular. El argumento utilizado entonces fue que, frente a Castillo, hab铆a que optar por Fujimori como alternativa para impedir el avance de la izquierda. Aquella decisi贸n cerr贸 una de las grandes contradicciones de su trayectoria pol铆tica: quien hab铆a construido buena parte de su identidad p煤blica enfrent谩ndose al fujimorismo termin贸 respaldando electoralmente a su principal heredera pol铆tica. Despu茅s de su muerte, esa aproximaci贸n no desapareci贸 con 茅l. 脕lvaro Vargas Llosa asumi贸 p煤blicamente el respaldo a Keiko Fujimori durante las elecciones de 2026, llegando a sostener que su padre probablemente tambi茅n habr铆a apoyado su candidatura. El movimiento adquiri贸 una dimensi贸n institucional cuando Keiko Fujimori anunci贸 que 脕lvaro Vargas Llosa ser铆a propuesto como embajador del Per煤 en Estados Unidos. Si el proceso diplom谩tico culmina formalmente, ser谩 precisamente el hijo de aquel candidato presidencial que en 1990 se enfrent贸 a Alberto Fujimori quien representar谩 en Washington al Gobierno de la hija de su antiguo adversario.

La fotograf铆a pol铆tica adquiere todav铆a mayor significado por el momento en que se produce. El anuncio del futuro embajador coincide con una ofensiva diplom谩tica del Gobierno peruano para estrechar sus relaciones con Estados Unidos y con la visita a Lima del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. Durante esa visita, Keiko Fujimori confirm贸 la incorporaci贸n del Per煤 al denominado Escudo de las Am茅ricas, iniciativa promovida por Washington para reforzar la cooperaci贸n entre distintos gobiernos del continente en materia de seguridad y lucha contra las organizaciones criminales transnacionales. La medida ha sido presentada por el Gobierno peruano como una respuesta necesaria ante el crecimiento del crimen organizado y como una forma de mejorar la cooperaci贸n internacional, pero se produce dentro de un contexto geopol铆tico mucho m谩s amplio. La Administraci贸n Trump est谩 tratando de recuperar espacio pol铆tico y estrat茅gico en Am茅rica Latina, al mismo tiempo que observa con creciente preocupaci贸n la expansi贸n de la presencia econ贸mica de China en la regi贸n. Per煤 ocupa una posici贸n especialmente importante en esta disputa debido a sus relaciones comerciales con China y a la importancia estrat茅gica adquirida por el puerto de Chancay. De esta manera, la nueva relaci贸n con Washington no puede contemplarse 煤nicamente desde la perspectiva de la lucha contra el narcotr谩fico o la delincuencia: forma parte tambi茅n de una pugna por la influencia econ贸mica, pol铆tica y estrat茅gica en el Pac铆fico latinoamericano.

El Gobierno de Keiko Fujimori est谩 construyendo buena parte de su discurso alrededor de la seguridad y de la necesidad de recuperar la autoridad del Estado frente al crimen organizado. En un pa铆s que arrastra una profunda crisis institucional y una percepci贸n creciente de inseguridad, ese discurso encuentra un terreno especialmente favorable. El problema aparece cuando la respuesta a la criminalidad comienza a traducirse en una ampliaci贸n permanente de las facultades de las fuerzas de seguridad, una reducci贸n de los controles sobre su actuaci贸n o una utilizaci贸n cada vez m谩s amplia de instrumentos excepcionales. En julio de 2026, por ejemplo, fue promulgada una reforma que ampl铆a la competencia de la justicia militar y policial sobre determinados delitos cometidos por integrantes de las Fuerzas Armadas y la Polic铆a, incluso en circunstancias que afectan a civiles. Organizaciones como Amnist铆a Internacional y Human Rights Watch han expresado preocupaci贸n por las consecuencias que este tipo de reformas pueden tener para la investigaci贸n y persecuci贸n de posibles violaciones de derechos humanos. La Comisi贸n Interamericana de Derechos Humanos tambi茅n ha advertido sobre actuaciones que pueden afectar a la independencia judicial. Estas advertencias adquieren un significado especial en Per煤 porque la historia reciente del pa铆s est谩 marcada precisamente por los abusos cometidos bajo gobiernos que utilizaron la lucha contra el terrorismo y la defensa del orden p煤blico como justificaci贸n para ampliar el poder de los aparatos estatales de seguridad.

No se trata de negar la existencia del crimen organizado ni la necesidad de combatirlo. Per煤 se enfrenta a problemas reales de violencia, narcotr谩fico, extorsi贸n y penetraci贸n de organizaciones criminales, y cualquier gobierno tiene la obligaci贸n de proteger a la poblaci贸n. La cuesti贸n pol铆tica es otra: qu茅 instrumentos utiliza el Estado para hacerlo y cu谩les son los l铆mites que est谩 dispuesto a respetar. La experiencia hist贸rica demuestra que la seguridad puede convertirse en una herramienta pol铆tica extraordinariamente poderosa cuando se presenta como una cuesti贸n absoluta frente a la cual cualquier garant铆a democr谩tica aparece como un obst谩culo. Ese fue uno de los mecanismos utilizados durante el fujimorismo de los a帽os noventa, aunque el contexto actual sea diferente y no pueda establecerse una equivalencia autom谩tica entre ambos periodos. Precisamente por ello resulta necesario observar con atenci贸n la evoluci贸n de las instituciones, el papel concedido a las Fuerzas Armadas y a la Polic铆a, las reformas judiciales y la utilizaci贸n pol铆tica del discurso de la mano dura.

El paralelismo con la experiencia fujimorista tampoco puede reducirse a la cuesti贸n de la seguridad. Existe una dimensi贸n econ贸mica que resulta fundamental para comprender la continuidad de determinadas pol铆ticas. El r茅gimen de Alberto Fujimori consolid贸 en los a帽os noventa un modelo econ贸mico basado en la apertura de los mercados, las privatizaciones, la reducci贸n de la intervenci贸n estatal y la atracci贸n de capital extranjero. Aquel proceso transform贸 profundamente la econom铆a peruana y dej贸 una estructura neoliberal que, con diferentes gobiernos y matices, ha sobrevivido durante d茅cadas. Las fuerzas pol铆ticas que se han sucedido en el poder han discutido sobre numerosas cuestiones, pero el modelo econ贸mico fundamental ha demostrado una extraordinaria capacidad de permanencia. El debate actual se desarrolla, por tanto, sobre una estructura que contin煤a concediendo un enorme peso a la inversi贸n privada y al mercado, mientras amplios sectores sociales siguen reclamando respuestas frente a la desigualdad, la precariedad y la debilidad de los servicios p煤blicos. El neoliberalismo no desapareci贸 con Fujimori; se convirti贸 en parte estructural del sistema pol铆tico y econ贸mico peruano.

Lo que est谩 cambiando ahora es la forma de proteger y reforzar ese modelo en un contexto pol铆tico mucho m谩s polarizado. Las derechas latinoamericanas de las 煤ltimas d茅cadas han aprendido que ya no basta con defender las privatizaciones, la liberalizaci贸n econ贸mica o la reducci贸n del Estado. Las nuevas derechas incorporan un discurso mucho m谩s agresivo contra la izquierda, los movimientos sociales y las pol铆ticas redistributivas, al tiempo que convierten la seguridad, la autoridad y la defensa del orden en elementos centrales de su identidad. Es una combinaci贸n que puede observarse, con caracter铆sticas diferentes, en varios pa铆ses de la regi贸n y que mantiene una relaci贸n cada vez m谩s estrecha con determinadas corrientes de la derecha estadounidense. En este nuevo escenario, Trump no representa simplemente una referencia electoral para los conservadores latinoamericanos, sino un modelo pol铆tico que combina nacionalismo, proteccionismo selectivo, confrontaci贸n con la izquierda, endurecimiento de las pol铆ticas migratorias, fortalecimiento del aparato de seguridad y una pol铆tica exterior destinada a recuperar la primac铆a estadounidense en el hemisferio.

La Administraci贸n Trump est谩 intentando reconstruir precisamente esa influencia. La seguridad constituye uno de los instrumentos principales, pero detr谩s de ella existe una agenda geopol铆tica m谩s amplia. Washington quiere fortalecer sus alianzas con gobiernos considerados pr贸ximos, aumentar la cooperaci贸n militar y policial, contener la influencia de China y recuperar capacidad de intervenci贸n pol铆tica en una regi贸n donde durante las 煤ltimas d茅cadas otros actores han ganado espacio. La nueva pol铆tica estadounidense hacia Am茅rica Latina est谩 encontrando interlocutores especialmente receptivos entre los gobiernos de derecha que comparten la preocupaci贸n por la expansi贸n de China y que consideran la cooperaci贸n con Estados Unidos una herramienta para combatir el crimen organizado. La incorporaci贸n de Per煤 al Escudo de las Am茅ricas encaja en esa estrategia y sit煤a a Lima dentro de una red de cooperaci贸n regional impulsada directamente desde Washington.

La cuesti贸n de China resulta especialmente relevante para entender el inter茅s estadounidense por Per煤. Durante los 煤ltimos a帽os, China se ha convertido en uno de los principales socios comerciales del pa铆s y su presencia en infraestructuras estrat茅gicas ha crecido considerablemente. El puerto de Chancay, construido con participaci贸n de la empresa china COSCO Shipping Ports, es el ejemplo m谩s visible. Para Per煤, la relaci贸n econ贸mica con China tiene una importancia indiscutible; para Washington, la expansi贸n de la presencia china en el Pac铆fico sudamericano constituye un desaf铆o estrat茅gico. El Gobierno de Keiko Fujimori no ha roto sus relaciones econ贸micas con Pek铆n, pero su decisi贸n de profundizar el v铆nculo pol铆tico y de seguridad con Estados Unidos introduce una nueva dimensi贸n en el equilibrio internacional peruano. La disputa entre Washington y Pek铆n se proyecta as铆 sobre un pa铆s que se encuentra en una posici贸n econ贸mica y geogr谩fica especialmente sensible.

En este escenario es donde el nombramiento de 脕lvaro Vargas Llosa adquiere un significado que va mucho m谩s all谩 de su condici贸n de embajador. Su trayectoria familiar representa una parte de la evoluci贸n de las 茅lites intelectuales de la derecha latinoamericana: del liberalismo cl谩sico al neoliberalismo y, posteriormente, a una aproximaci贸n cada vez mayor a las nuevas derechas conservadoras. Su llegada a Washington como representante de un Gobierno fujimorista que est谩 estrechando sus v铆nculos con Trump convierte esa evoluci贸n en una imagen pol铆tica dif铆cil de ignorar. El apellido Vargas Llosa, que durante d茅cadas fue asociado a la oposici贸n al fujimorismo, aparece ahora integrado en el proyecto internacional del nuevo fujimorismo. La contradicci贸n hist贸rica no es menor, porque revela hasta qu茅 punto las antiguas divisiones dentro de la derecha peruana han quedado subordinadas a una nueva confrontaci贸n pol铆tica en la que el principal enemigo com煤n es la izquierda y en la que la alianza con Washington vuelve a ocupar un lugar central.

Esta transformaci贸n tambi茅n obliga a revisar una idea que durante mucho tiempo se present贸 como incuestionable: que liberalismo econ贸mico y autoritarismo pol铆tico pertenecen necesariamente a campos diferentes. La historia latinoamericana demuestra que pueden coexistir y que, en determinados momentos, las 茅lites econ贸micas pueden considerar 煤til un Estado fuerte para garantizar la estabilidad del modelo econ贸mico. Eso no significa que todo liberal sea autoritario ni que cualquier gobierno que defienda pol铆ticas de mercado termine necesariamente recurriendo a pr谩cticas autoritarias. Significa que la defensa del mercado y la defensa de las libertades pol铆ticas no son autom谩ticamente la misma cosa, y que la experiencia peruana de los a帽os noventa constituye uno de los ejemplos m谩s claros de c贸mo ambas dimensiones pueden separarse.

El Per煤 actual se encuentra ante una situaci贸n diferente, pero algunas de aquellas tensiones vuelven a aparecer bajo nuevas formas. El Gobierno de Keiko Fujimori combina la defensa de un modelo econ贸mico consolidado durante d茅cadas con un discurso de autoridad y seguridad cada vez m谩s marcado, mientras refuerza su relaci贸n estrat茅gica con Estados Unidos. En paralelo, distintos organismos internacionales han expresado preocupaci贸n por determinadas reformas relacionadas con la justicia, las fuerzas de seguridad y la independencia institucional. No ser铆a correcto afirmar que todas estas medidas convierten autom谩ticamente al Per煤 en una dictadura ni que el pa铆s reproduce exactamente el r茅gimen de Alberto Fujimori. Pero tampoco resulta razonable ignorar las se帽ales que generan preocupaci贸n cuando el fortalecimiento del poder ejecutivo, la ampliaci贸n de las competencias de las fuerzas de seguridad y el debilitamiento de determinados controles institucionales aparecen simult谩neamente.

La historia de los Vargas Llosa permite observar esta transformaci贸n desde una perspectiva particularmente reveladora. Mario Vargas Llosa pas贸 de la izquierda de su juventud al liberalismo y termin贸 apoyando a candidatos situados en la derecha radical. Despu茅s de su muerte, su hijo 脕lvaro se ha convertido en uno de los apoyos p煤blicos de Keiko Fujimori y est谩 llamado a ocupar un puesto clave en Washington. Mientras tanto, la presidenta peruana profundiza la relaci贸n con una Administraci贸n estadounidense que est谩 tratando de reorganizar las alianzas pol铆ticas y de seguridad del continente. Lo que hace treinta a帽os parec铆a una contradicci贸n —Vargas Llosa y Fujimori enfrentados— hoy aparece como una convergencia pol铆tica dentro de una derecha peruana que ha cambiado profundamente.

No estamos simplemente ante la historia de una familia ni ante una reconciliaci贸n entre dos viejos adversarios. Lo que se est谩 produciendo es una transformaci贸n de las derechas latinoamericanas en la que el viejo programa neoliberal permanece, pero se combina cada vez m谩s con discursos de orden, seguridad, nacionalismo y confrontaci贸n frontal con la izquierda. El fujimorismo peruano se inserta en esa corriente mientras busca estrechar sus relaciones con Washington y participar en la arquitectura de seguridad que la Administraci贸n Trump est谩 impulsando en Am茅rica Latina. Y los Vargas Llosa, que durante d茅cadas representaron una de las expresiones intelectuales m谩s conocidas del liberalismo latinoamericano, han terminado ocupando un espacio dentro de esa misma convergencia.

Per煤 vuelve as铆 a convertirse en un laboratorio pol铆tico de enorme importancia para Am茅rica Latina. El pa铆s deber谩 afrontar simult谩neamente la inseguridad, la desigualdad, la crisis de representaci贸n, la debilidad de sus instituciones y la presi贸n de una disputa geopol铆tica cada vez m谩s intensa entre Estados Unidos y China. La respuesta que est谩 ofreciendo el Gobierno de Keiko Fujimori pasa por reforzar la seguridad, consolidar el modelo econ贸mico heredado del ciclo neoliberal y estrechar la alianza con Washington. El problema que queda abierto es si ese camino permitir谩 resolver las profundas fracturas sociales del pa铆s o si terminar谩 profundizando un modelo en el que la autoridad del Estado se fortalece mientras las causas sociales de la desigualdad y la exclusi贸n permanecen intactas.

La fotograf铆a de este nuevo Per煤 resulta, en ese sentido, tremendamente significativa. Keiko Fujimori ocupa la Presidencia; Marco Rubio llega a Lima para reforzar la cooperaci贸n con Washington; Trump intenta recuperar el control estrat茅gico de Am茅rica Latina; China mantiene una posici贸n econ贸mica fundamental en el pa铆s; y 脕lvaro Vargas Llosa se prepara para representar al Gobierno peruano ante Estados Unidos. Los protagonistas han cambiado respecto a 1990, pero los grandes conflictos contin煤an atravesando la pol铆tica peruana: neoliberalismo frente a demandas sociales, seguridad frente a derechos, soberan铆a frente a dependencia y un pa铆s situado en medio de una disputa geopol铆tica que vuelve a convertir a Am茅rica Latina en un escenario prioritario para Washington.

Y quiz谩 sea precisamente ah铆 donde se encuentre la mayor paradoja de esta historia. El apellido Vargas Llosa naci贸 pol铆ticamente enfrentado al fujimorismo y termina formando parte de su nueva arquitectura de poder internacional. Aquella derecha que en otros tiempos aparec铆a dividida entre liberalismo y fujimorismo parece haber encontrado hoy un enemigo com煤n y una nueva referencia internacional. La Administraci贸n Trump ofrece el marco geopol铆tico; el neoliberalismo proporciona buena parte de la estructura econ贸mica; el fujimorismo aporta su tradici贸n pol铆tica y su discurso de autoridad; y los Vargas Llosa aportan una legitimidad intelectual construida durante d茅cadas en defensa del liberalismo latinoamericano.

El Per煤 de 2026 est谩 escribiendo, por tanto, un nuevo cap铆tulo de una vieja historia. Una historia en la que las derechas cambian de nombre, renuevan sus discursos y modifican sus alianzas, pero contin煤an disputando el control del Estado y del modelo econ贸mico. Esta vez, con Washington mirando hacia Lima y con un Vargas Llosa dispuesto a ocupar el lugar de embajador que simboliza, quiz谩 mejor que cualquier discurso, la extraordinaria transformaci贸n de la derecha peruana durante las 煤ltimas d茅cadas.



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viernes, 18 de septiembre de 2026

Exportar armas hacia Israel ¿como si nada pasara en Gaza? Audiencias p煤blicas en La Haya en el marco de la demanda Nicaragua c. Alemania por complicidad

Por Nicolas Boeglin (Costa Rica)

El 7 de septiembre del 2026 iniciaron en La Haya, las audiencias relativas a la demanda interpuesta en marzo del 2024 por Nicaragua en contra de Alemania por complicidad por genocidio en Gaza.

El texto de la demanda inicial de Nicaragua contra Alemania interpuesta formalmente en el mes de marzo del 2024, est谩 disponible en este enlace oficial en su versi贸n en ingl茅s y en franc茅s.

Al ser Alemania el segundo suplidor en armas a Israel (despu茅s de Estados Unidos) y al haber (a diferencia de Estados Unidos) asumido una serie de obligaciones internacionales derivadas de tratados multilaterales a los que es Estado Parte, esta demanda plantea una serie de desaf铆os para Alemania. Desde esta perspectiva, era previsible que Alemania interpusiera varias excepciones preliminares, en aras de intentar esquivar el examen sobre el fondo por parte de la Corte Internacional de Justicia (CIJ): una estrategia legal que no es exenta de riesgos, tal y como lo veremos m谩s adelante. Ante una situaci贸n apremiante, posponer el examen sobre el fondo de un asunto resulta casi siempre sancionado por la justicia internacional.

Las audiencias orales que iniciaron el 7 de septiembre se concentraron 煤nicamente en las numerosas excepciones preliminares presentadas por Alemania, tendientes a obtener que la misma CIJ se declare incompetente: se escucharon los alegatos que Alemania y Nicaragua presentaron oralmente al respecto, antes de que la CIJ entre a deliberar.

Con respecto a las audiencias orales, no est谩 de m谩s recordar que su conclusi贸n oficial es la que inicia el denominado «d茅lib茅r茅» de la CIJ: al respecto, tuvimos recientemente la ocasi贸n de analizar las audiencias orales entre Guyana y Venezuela realizadas en mayo del 2026, habiendo Guyana presentado su demanda contra Venezuela en el mes de marzo del 2018 (Nota 1).

El examen sobre el fondo de la demanda se reanudar谩 entre Nicaragua y Alemania, dependiendo de esta decisi贸n preliminar de la CIJ sobre su competencia.

Foto de civiles despu茅s de un bombardeo en Gaza, octubre del 2023, extra铆da de este art铆culo de prensa publicado en Israel (Magazine +972) titulado «´Lavender»: the AI machine directing Israel bombing spree in Gaza» (edici贸n del 3 de abril del 2024)



Cabe se帽alar que este 16 de septiembre, se anunci贸 desde Estados Unidos una aprobaci贸n para enviar a Israel una importante cantidad de bombas de gran potencia, cuyo uso reiterado por parte de Israel desde octubre del 2023 es en gran parte responsable de la devastaci贸n total observada en ciertas partes de Gaza (as铆 como en el L铆bano): v茅ase nota de The Guardian.

Una extrema urgencia que Alemania busca frenar

Ante la extrema urgencia de la situaci贸n en Gaza, ante la inoperancia reiterada del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para sancionar a Israel observada desde el mismo mes de octubre del 2023 (debido a vetos reiterados de Estados Unidos) y ante la negativa de Israel de cumplir con una primera ordenanza de la CIJ del 26 de enero del 2024 (dictaminada en el marco de la demanda contenciosa interpuesta por Sud谩frica contra Israel – v茅ase texto de esta ordenanza, y en particular el p谩rrafo operativo 86), Nicaragua opt贸 por acompa帽ar su demanda contra Alemania del mes marzo del 2024 con una solicitud de medidas provisionales de car谩cter urgente, tendiente a que Alemania suspendiera sus exportaciones de armas hacia Israel.

Es de notar que desde el mes de marzo del 2024, una pregunta hecha por el Senado en Francia esper贸 una respuesta que … nunca lleg贸 por parte de las autoridades galas sobre exportaciones de material militar hacia Israel (v茅ase pregunta formulada y la menci贸n «La question est caduque» al final del enlace).

El 5 de abril, el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas vot贸 una resoluci贸n (v茅ase texto) pidiendo un embargo sobre armas a destinaci贸n de Israel (v茅ase nota oficial de Naciones Unidas y nota del medio digital Delfino.cr haciendo ver que Costa Rica se abstuvo sin dar ning煤n tipo de explicaciones): la votaci贸n registro 28 votos a favor, 13 abstenciones, y 6 votos en contra: Alemania, Argentina, Bulgaria, Estados Unidos, Malawi, y Paraguay.

La solicitud urgente de Nicaragua dio lugar a una ordenanza de la CIJ del 30 de abril del 2024 (v茅ase texto), cuyos alcances tuvimos la ocasi贸n de analizar en su momento, y en particular la expresi贸n «at present ../ .. a l´heure actuelle» del p谩rrafo 20 que distinguidos colegas alemanes omitieron convenientemente, al momento de comentarla (Nota 2).  En esta primera etapa, Alemania  asumi贸 una serie de compromisos ante la CIJ con respecto a la conducta de sus autoridades, de manera a convencer a los jueces del car谩cter innecesario de ordenar medidas provisionales en su contra. En su declaraci贸n individual (v茅ase texto completo), el juez oriundo de Sud谩frica no dudo en se帽alar que:

» The takeaway from all of this is that Germany, being aware of its obligations under international law, will exercise due diligence consistent with that obligation, as well as under its domestic legislative framework, to ensure that no transfer of military equipment contributes to breaches of either the Geneva Conventions or the Genocide Convention .. /..

Ce qu’il faut retenir de tout cela, c’est que l’Allemagne, consciente des obligations qui sont les siennes en droit international, fera preuve de la diligence requise conform茅ment 脿 l’obligation correspondante et 脿 son cadre l茅gislatif interne, de sorte qu’aucun transfert de mat茅riel militaire ne contribue 脿 des violations des conventions de Gen猫ve ou de la convention sur le g茅nocide».

Traducci贸n:

» La conclusi贸n de todo esto es que Alemania, consciente de sus obligaciones en virtud del derecho internacional, actuar谩 con la debida diligencia, de acuerdo con esas obligaciones y con su marco legislativo nacional, para garantizar que ninguna transferencia de equipo militar contribuya a violaciones de los Convenios de Ginebra ni de la Convenci贸n sobre el Genocidio… /…

Las conclusiones del jurista sudafricano  merecen ser le铆das, al considerar que esta ordenanza y la expresi贸n «at present / a l´heure actuelle» usada por la CIJ mandan un mensaje que rebasa de muy lejos el reducido marco de la demanda de Nicaragua contra Alemania (Nota 3).

No obstante los diversos compromisos adquiridos por Alemania ante la CIJ en  abril del 2024, sus estrategas legales optaron por cuestionar, meses despu茅s, la competencia de la CIJ, presentando varias excepciones preliminares.

El 23 de febrero del 2026, Nicaragua envi贸 un extenso documento a la CIJ refutando todos y cada uno de los argumentos esgrimidos sobre la supuesta incompetencia de la CIJ avanzados por Alemania: v茅ase documento en ingl茅s y en franc茅s, cuya lectura integral se recomienda.

Volante de una conferencia de la Relatora Especial sobre la situaci贸n de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967 de Naciones Unidas, Francesca Albanese, realizada el 7 de mayo del 2024, sobre su informe titulado «Anatom铆a de un genocidio» (disponible en este enlace).




Las audiencias de La Haya en breve

Durante el primer d铆a de audiencias en este mes de septiembre del 2026, Alemania sostuvo ante los integrantes de la CIJ que no existe jur铆dicamente ninguna disputa entre Nicaragua y Alemania que amerite un examen sobre el fondo, reiterando que la CIJ no tiene ninguna competencia en este asunto (v茅ase verbatim). El segundo d铆a de audiencias, Nicaragua refut贸 unos tras uno los argumentos de Alemania sobre la pretendida incompetencia de la CIJ (v茅ase verbatim as铆 como el video oficial de la CIJ de las audiencias del d铆a 8 de septiembre).

El tercer d铆a de audiencias (9 de septiembre), en la segunda ronda de alegatos, Alemania present贸 sus argumentos finales (v茅ase verbatim) con sus conclusiones y petitoria (leerlas a p谩ginas 34-37) solicitando a la CIJ desestimar el caso por carecer de competencia. El cuarto d铆a fue Nicaragua la que present贸 sus argumentos finales (v茅ase verbatim) con una petitoria final muy concreta y precisa (p谩gina 37).

La lectura pormenorizada de los cuatro  verbatim puede resultar un tanto laboriosa: no obstante la densidad de algunos alegatos, y el esmero de unos y otros, deja entrever que ambos contrincantes intentaron hacer ver a los jueces de la CIJ la supuesta mala fe de la parte contraria. El equipo de Nicaragua se aboc贸 a rechazar uno tras otro todos los argumentos planteados por Alemania y no dejar ninguna duda con respecto a la competencia de la CIJ.

Es de notar que mientras Nicaragua, conforme a la tradici贸n observada en el arte del litigio La Haya, logr贸 establecer un equilibrio ling眉铆stico (ingl茅s y franc茅s) durante la presentaci贸n de sus alegatos, Alemania opt贸 por una presentaci贸n en un solo idioma (ingl茅s). Las primeras hojas de los verbatim se帽alan que Nicaragua se present贸 a la barra con un s贸lido equipo de asesores internacionales que cuentan con una vasta experiencia en el arte del litigio internacional en La Haya, al tiempo que Alemania se present贸 con un equipo compuesto casi exclusivamente por funcionarios y asesores alemanes, y con asesores internacionales con menor experiencia en La Haya. N贸tese que el agente de Nicaragua, Carlos Jos茅 Arg眉ello G贸mez, y el asesor galo Alain Pellet de Nicaragua, iniciaron ambos sus comparecencias ante la CIJ en 1984, con ocasi贸n de la batalla legal contra Estados Unidos: esta contienda culmin贸 con una hist贸rica sentencia de la CIJ condenando a Estados Unidos del 27 de junio de 1986 (v茅ase texto), la cual fue precedida de una sentencia de la CIJ declar谩ndose perfectamente competente de noviembre de 1984 (v茅ase texto). Luego de ridiculizar ante el mundo a Estados Unidos en 1986, fue este mismo equipo que litig贸 exitosamente contra Honduras (sentencia de la CIJ  de diciembre 2007) y Colombia (noviembre del 2012) con respecto a las zonas mar铆timas de Nicaragua en el Mar Caribe, y que logr贸 que Costa Rica fuese impedida por la CIJ de navegar con su polic铆as en el R铆o San Juan, sea en actividades de vigilancia o de simple abastecimiento de puestos fronterizos desde el r铆o (julio del 2009): un derecho que pose铆a jur铆dicamente Costa Rica desde 1858 (tratado Ca帽as-Jerez). Sobre la experiencia, la trayectoria y el innegable talento oratorio del equipo de asesores internacionales de Nicaragua (muchas veces subestimados por algunos c铆rculos pol铆ticos y diplom谩ticos), remitimos a nuestros estimables lectores a unas reflexiones del 2022 escritas con ocasi贸n de la renuncia p煤blica hecha por uno de sus integrantes, el jurista norteamericano Paul Reichler (Nota 4).

Seg煤n este reportage de Der Spiegel (v茅ase enlace) publicado hace una semana, las exportaciones de armas de Alemania hacia Israel siguieron aumentando desde el 2024, lo cual plantea algunas interrogantes muy v谩lidas que Nicaragua no desaprovechar谩 en sus comparecencias futuras ante los jueces de la CIJ. En este reportaje de AlJazeera, la m谩xima representante de la delegaci贸n alemana en La Haya opt贸 por no contestar algunas preguntas externadas por la periodista.

Es de notar que el panorama jur铆dico para Alemania se ve significativamente dificultado por el hecho que tanto en el mes de julio del 2024 (Nota 5) como en el mes de octubre del 2025 (Nota 6), la CIJ emiti贸 dos opiniones consultivas relacionadas a la situaci贸n en el territorio ocupado de Palestina, a las obligaciones que tiene Israel como Estado miembro de Naciones Unidas, pero tambi茅n a las obligaciones «erga omnes» que impone el derecho internacional a los Estados terceros con respecto a las reiteradas ilegalidades cometidas por Israel en el territorio palestino.  En esta entrevista publicada en Alemania, el profesor William Schabas, integrante del equipo de Nicaragua en La Haya, hace ver el doble rasero de algunos en materia de prevenci贸n del genocidio, indicar que:

«Providing arms an political diplomatic support are quintessential examples of aid and assistance. The core of the requirement is that the accomplice State must have knowledge of what the perpetrator State is doing. No State can claim that it is unaware of the serious risk that genocide is being perpetrated in Gaza. Furthermore, the assistance must be significant, not trivial. In their intervention in the genocide case filed by Myanmar at the ICJ, several Western states including Germany stressed the importance of the reports of UN commissions of inquiry in the determination of genocidal intent. They said that such reports have ‘particular probative value’ and ‘special importance’. Well, in September 2025 the UN commission of inquiry produced a detailed, comprehensive and damning report that concluded Israel was perpetrating genocide».

Traducci贸n:

«Proporcionar armas y apoyo pol铆tico-diplom谩tico son ejemplos t铆picos de ayuda y asistencia. Lo fundamental es que el Estado c贸mplice debe saber lo que est谩 haciendo el Estado perpetrador. Ning煤n Estado puede decir que no sabe del grave riesgo de que se est茅 cometiendo un genocidio en Gaza. Adem谩s, la asistencia debe ser significativa, no insignificante. En su intervenci贸n en el caso de genocidio presentado por Myanmar ante la Corte Internacional de Justicia, varios pa铆ses occidentales, incluida Alemania, destacaron la importancia de los informes de las comisiones de investigaci贸n de la ONU para determinar la intenci贸n genocida. Dijeron que esos informes tienen un ‘valor probatorio particular’ y una ‘importancia especial’. Pues bien, en septiembre de 2025, la comisi贸n de investigaci贸n de la ONU present贸 un informe detallado, completo y contundente que concluy贸 que Israel estaba cometiendo genocidio”.

A modo de ejemplo de las obligaciones jur铆dicas que pesan sobre un Estado tercero con relaci贸n a las exacciones de Israel en Gaza, entre muchos otros, podemos referir a esta petici贸n en l铆nea en el Reino Unido (v茅ase enlace) que mantiene una fuerte presi贸n sobre los decisores pol铆ticos con respecto a la ayuda y al comercio con Israel proporcionados desde el Reino Unido. Dicho sea de paso (al escribir estas l铆neas desde Costa Rica), resulta de inter茅s destacar que Reino Unido suspendi贸 en mayo del 2025 todas las negociaciones con Israel en materia comercial (Nota 7). De igual manera este llamado hecho desde la sociedad civil en Australia luego de dictaminarse la opini贸n consultiva de la CIJ en julio del 2024.  Esta muy reciente publicaci贸n del Parlamento de Luxemburgo hace ver la gran cantidad de obligaciones jur铆dicas que estas decisiones de la CIJ le imponen a todos los Estados miembros de Naciones Unidas, Luxemburgo incluido (v茅ase conclusiones y recomendaciones a p谩ginas 89-91). En B茅lgica, una reciente decisi贸n de un tribunal nacional (v茅ase texto integral) que deber铆a de inspirar a colectivos de juristas en otras latitudes, conden贸 al Estado belga por no prevenir el genocidio en curso en Gaza. En uno de los pocos art铆culos al respecto, publicado en EJIL-Talk (Nota 8), se lee que:

«By finding that the Belgian State had failed, at the relevant time, to take all measures reasonably within its power to prevent the alleged violations, the Court demonstrates how obligations of prevention – long discussed in international caselaw and doctrine – can be concretely interpreted and judicially enforced at the domestic level«.

Traducci贸n:

«Al determinar que el Estado belga no hab铆a tomado, en el momento pertinente, todas las medidas que razonablemente estaban a su alcance para prevenir las supuestas violaciones, la Corte demuestra c贸mo las obligaciones de prevenci贸n —que desde hace tiempo se debaten en la jurisprudencia y la doctrina internacionales— pueden interpretarse de manera concreta y hacerse valer judicialmente a nivel nacional«.

En septiembre del 2025, la inacci贸n del Consejo Europeo y de la Comisi贸n Europea fueron objetos de una demanda presentada en Francia por el colectivo de juristas JURDI (v茅ase comunicado oficial).

Costa Rica: un cuestionable entusiasmo por el libre comercio con Israel

A diferencia del repudio generalizado contra Israel que se ha escuchado en Europa, y en Canad谩, as铆 como en otras latitudes (v茅ase reciente entrevista al jefe de la diplomacia de Noruega), en Costa Rica el mutismo de su aparato diplom谩tico es total cuando se trata de condenar a Israel. El pasado 24 de agosto, la canciller铆a de Costa Rica celebr贸 el «Premio Jerusal茅m» otorgado al actual titular de la cartera de relaciones internacionales (v茅ase comunicado oficial y algunas reacciones en redes sociales).

M谩s all谩 de las celebraciones por un premio que ning煤n canciller en el ejercicio de sus funciones ha recibido antes (de tener acceso alg煤n /a  lector/a a la lista de los «Premios Jerusal茅n» otorgados con anterioridad, se le agradecer铆a remit铆rnosla por si alguno de estos premios s铆 fue otorgado a un canciller en ejercicio) (Nota 9), hay que destacar el siguiente hecho: con ocasi贸n de la discusi贸n sobre un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Israel, los funcionarios de PROCOMER (Promotora del Comercio Exterior) demostraron ante una comisi贸n de la Asamblea Legislativa no conocer de las discusiones que tanto en Naciones Unidas como en el seno de la Uni贸n Europea (UE) se tiene desde muchos a帽os sobre el comercio con Israel. Resulta de inter茅s leer al respecto esta nota del medio Delfino.cr del 3 de septiembre del 2026 con un t铆tulo que resume bien lo observado. Al parecer, la intensificaci贸n de la pol铆tica del «fait accompli» de Israel en Cisjordania denunciada (v茅ase por ejemplo este art铆culo publicado en B茅lgica recientemente) no es del conocimiento de PROCOMER. ¿Como as铆? Como se lee.

En esta otra nota del mismo medio digital con fecha del 10 de septiembre del 2026 (v茅ase enlace), se indica que no llegaron a la comparecencia prevista el 10 de septiembre ante dicha comisi贸n ni el jerarca de la diplomacia costarricense, como tampoco la jerarca de la cartera de comercio exterior costarricense, en raz贸n de compromisos repentinos. Al parecer ambos jerarcas tampoco encontraron manera de delegar su intervenci贸n a un funcionario subalterno, como si ganar tiempo posponiendo al mes de octubre su comparecencia fuera la estrategia acordada (por razones que ser铆a de cierto inter茅s conocer).

Sobre el TLC entre Costa Rica e Israel, remitimos adicionalmente a una nota nuestra publicada en el Semanario Universidad (edici贸n del 9 de septiembre del 2026) con respecto a tres criterios que fueron remitidos a la Asamblea Legislativa sobre la inconveniencia para Costa Rica de aprobar este TLC, as铆 como a una emisi贸n del programa universitario radial «Consulta Legal» del 10 de septiembre dedicada a este TLC con Israel (v茅ase video), y a esta emisi贸n del programa universitario «Interferencia» del d铆a siguiente en Radio UCR.

N贸tese que, en una sentencia de la Sala Constitucional de julio del 2025 (v茅ase texto completo del voto 23967-2025), la cual se destaca por su extrema brevedad, el juez constitucional se帽al贸 que: «Ahora bien, con vista en lo expuesto anteriormente, la Sala estima que el reclamo del accionante resulta improcedente, pues el determinar con qui茅n el Estado de Costa Rica debe suscribir o no convenios, o si la vigencia de estos debe suspenderse o no, no constituye un tema de constitucionalidad que pueda ser conocido en esta jurisdicci贸n«. Una sentencia mucho m谩s extensa de la Sala da una idea del tipo de respuestas recibidas por parte del recurrente sobre las acciones tomadas por la diplomacia costarricense con respecto a Gaza y a Israel (v茅ase texto del voto 42187-2025 del 19 de diciembre del 2025).

Armar a Israel ¿sin percatarse del drama indecible que vive Gaza desde hace casi tres a帽os? Datos recientes en proveniencia de Israel y de Gaza.

El apoyar a Israel militarmente puede generar consecuencias muy graves para un Estado, trat谩ndose de las acusaciones de las que es objeto su insensato accionar militar en Gaza, tanto ante la CIJ como ante la Corte Penal Internacional (CPI): se trata de acusaciones ampliamente respaldadas y actualizadas por diversos informes de 贸rganos de Naciones Unidas.

Es as铆 como, desde septiembre del 2024, se pudo escuchar por parte del jefe de la diplomacia del Reino Unido, otro Estado exportador de armas hacia Israel, que (v茅ase declaraci贸n oficial):

«It is with regret that I inform the House today, the assessment I have received leaves me unable to conclude anything other than that for certain UK arms exports to Israel there does exist a clear risk that they might be used to commit or facilitate a serious violation of international humanitarian law«.

Traducci贸n:

«Lamento tener que informar hoy a la C谩mara que, seg煤n la evaluaci贸n que he recibido, no puedo llegar a otra conclusi贸n que no sea que, en el caso de ciertas exportaciones de armas del Reino Unido a Israel, existe un riesgo claro de que puedan usarse para cometer o facilitar una violaci贸n grave del derecho internacional humanitario«.

El 煤ltimo informe situacional (al 2 de septiembre del 2026) realizado por Naciones Unidas sobre lo que ocurre en Gaza est谩 disponible en este enlace y desde ya se sugiere su lectura, complet谩ndola con este informe m谩s general sobre lo que ocurre en todo el territorio palestino adem谩s de Gaza (al 4 de septiembre del 2026), y que inicia se帽alando que:

«Children continue to be killed by airstrikes and other attacks affecting populated areas in the Gaza Strip.

Most of Gaza’s 2.1 million are approaching the rainy season in overcrowded displacement sites, at risk of flooding and disease, while efforts to help them prepare are constrained by funding shortfalls and access restrictions«.

Traducci贸n:

«Los ni帽os siguen muriendo por los ataques a茅reos y otros ataques que afectan a zonas pobladas en la Franja de Gaza.

La mayor铆a de los 2.1 millones de habitantes de Gaza se acercan a la temporada de lluvias en campamentos de desplazados superpoblados, expuestos al riesgo de inundaciones y enfermedades, mientras que los esfuerzos para ayudarlos a prepararse se ven limitados por la falta de fondos y las restricciones de acceso«.

Asfixiar a 2,1 millones de habitantes al no permitir entrar en Gaza ayuda humanitaria urgente que requieren estas personas, siendo sometidas desde la tarde/noche del mismo 7 de octubre del 2023, a bombardeos indiscriminados y desproporcionales, con una red hospitalaria pr谩cticamente destruida, y con muchas de ellas viviendo a la intemperie en un desolador campo de ruinas, con poca agua y alimentaci贸n, constituye una faceta dram谩tica del insensato accionar de Israel en Gaza, que Nicaragua espera poder explicar a la CIJ y relacionar a la generosa ayuda militar recibida por parte de Alemania.

El pasado 10 de septiembre, valientes comunicadores israel铆es dieron a conocer un documental en la Bienal de cine de Venecia, titulado «Naza«, sobre la maquinaria destructiva militar israel铆 en Gaza dirigida desde programas inform谩ticos que combinan rastreo y ubicaci贸n de llamadas, reconocimiento facial e inteligencia artificial (v茅ase nota del medio israel铆 Magazine+972, as铆 como este reportaje de Al Jazeera, esta nota de CNN y esta otra de France24). La conferencia de prensa completa de los directores de este documental en Venecia est谩 disponible en este enlace y es sumamente recomendada escucharla. Este 14 de septiembre, Democracy Now dedic贸 un espacio al alcance y a los directores de este documental (v茅ase enlace): este documental, como previsible, ha provocado las reacciones iracundas y los habituales exabruptos de las m谩ximas autoridades israel铆es (tanto en la esfera gubernamental como militar) que ya no impresionan mayormente a nadie (salvo algunas salas de redacci贸n en Estados Unidos y algunos c铆rculos que gravitan usualmente alrededor de las embajadas de Israel, con sus relevos en la prensa nacional): v茅ase sobre estas reacciones furibundas israel铆es esta nota de RadioFrance del 15 de septiembre.

Otra reacci贸n iracunda contra la prensa israel铆 de investigaci贸n que revela algunos de los secretos mejores guardados del Primer Ministro israel铆 se puede leer en esta nota de la BBC (tambi茅n del 10 de septiembre), en la que se precisa que:

«Seg煤n inform贸 Haaretz, durante esa llamada, el jeque Bin Zayed advirti贸 expl铆citamente a Netanyahu que Sinwar le dijo a un exfuncionario palestino que Ham谩s estaba preparando una operaci贸n importante que describi贸 como un «terremoto».Bin Zayed expres贸 su preocupaci贸n de que el suceso en cuesti贸n no solo provocara un derramamiento de sangre, sino que tambi茅n desestabilizara toda la regi贸n».

Este 15 de septiembre del 2026, en un comunicado oficial del Alto Comisionado para  los Derechos Humanos de Naciones Unidas en persona, pasado totalmente desapercibido en la prensa internacional (v茅ase texto completo), se puede leer que:

«I worry the remains recovered so far may only be the tip of the iceberg. Much of Gaza has been flattened by Israeli bombing or demolition and clearing by heavy machinery and explosives. Today, many areas in Gaza where the Israeli military is deployed continue to be levelled by bulldozers with no respect for the dead under the rubble«.

Traducci贸n:

«Me preocupa que los restos recuperados hasta ahora sean solo la punta del iceberg. Gran parte de Gaza ha quedado arrasada por los bombardeos israel铆es o por la demolici贸n y el desmonte con maquinaria pesada y explosivos. Hoy en d铆a, muchas zonas de Gaza donde est谩 desplegado el ej茅rcito israel铆 siguen siendo arrasadas por las excavadoras sin ning煤n respeto por los muertos que yacen bajo los escombros«.

A modo de conclusi贸n

Finalizadas las audiencias en La Haya en esta segunda semana de septiembre del 2026, la CIJ inici贸 su «d茅lib茅r茅» para  decidir (en un plazo que puede variar entre 3 meses y 9 meses) si son o no de recibo los argumentos presentados por Alemania.

Con relaci贸n a la estrategia jur铆dica de Alemania, no est谩 de m谩s recordar que no es exenta de riesgos: en efecto, cual sea el caso contencioso entre dos Estados, el invocar por parte del Estado demandado excepciones preliminares sobre la supuesta incompetencia de la CIJ puede ser interpretado por algunos de los integrantes de la CIJ como una renuencia de un Estado (que no quiere que la justicia internacional examine el fondo del asunto).

Desde este punto de visto, se puede considerar desde ya cuestionable la estrategia de Alemania: dado el dram谩tico contexto que se vive Gaza, Alemania hubiera perfectamente podido evitar recurrir a este incidente procesal y aceptar la competencia de la CIJ sin mayor dilaci贸n. Al recurrir a este incidente procesal, se podr铆a tambi茅n  interpretar que Alemania, por alguna raz贸n muy propia (y que ser铆a se sumo inter茅s conocer), est谩 buscando ganar tiempo.

Dentro de unos meses, ser谩 la CIJ la que indicar谩 en qu茅 medida Nicaragua puede continuar con este procedimiento contencioso interpuesto contra Alemania con respecto al fondo de su demanda.

-El autor, Nicolas Boeglin, es Profesor de Derecho Internacional P煤blico, Facultad de Derecho, Universidad de Costa Rica (UCR).
Contacto : nboeglin@gmail.com.

Notas:

Nota 1:  V茅ase BOEGLIN N., «Audiencias orales de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en el marco de la controversia Guyana vs. Venezuela: algunas  reflexiones«, 11 de mayo del 2026. Texto integral disponible en este enlace.

Nota 2: V茅ase BOEGLIN N., «Gaza / Israel: algunos apuntes sobre la ordenanza de la CIJ del 30 de abril relativa a la solicitud de medidas provisionales de Nicaragua contra Alemania«, 30 de abril del 2024. Texto integral disponible en este enlace. V茅ase tambi茅n un an谩lisis de dos colegas alemanes, STENDEL R., WENTKER A., “Taking the Road Less Travelled: The ICJ’s Pragmatic Approach to Provisional Measures in Nicaragua v Germany”, EJIL-Talk, edici贸n del 3 de marzo del 2024. Texto integral disponible en este enlace, incluyendo dos comentarios nuestros a los autores de este an谩lisis. De igual manera desde Alemania, v茅ase tambi茅n (m谩s completo que el anterior an谩lisis), TALMON S., «Why the provisional measures order in Nicaragua v. Germany severely limits Germany´s ability to transfer arms to Israel«, Verfassungsblog, edici贸n del 2 de mayo del 2024. Texto integral disponible en este enlace.

Nota 3: Leemos que para el integrante nativo de Sud谩frica en el seno de la CIJ, esta ordenanza de la CIJ env铆a una se帽al muy clara a otros Estados que suplen de armas y municiones a Israel. En el 煤ltimo p谩rrafo de su declaraci贸n individual, se帽ala que:

«13. While the Court has not issued any provisional measures at this stage, the current Order makes plain that it expects Germany, and other States supplying weapons to Israel, to exercise due diligence and ensure that weapons transferred to Israel are not used in the commission of acts of genocide or breaches of international humanitarian law. For me this is not a hollow statement but a statement with real legal significance. In particular, in the consideration of the responsibility of Germany, or any other State, for breaches of either the Genocide Convention or international humanitarian law, including responsibility for not taking appropriate measures in the face of a risk of such breaches, the effect of this Order would be to remove any plausible deniability of knowledge of the risk. ../ ..   

13. Si elle n’a pas indiqu茅 de mesures conservatoires 脿 ce stade, la Cour fait n茅anmoins clairement savoir, dans l’ordonnance rendue ce jour, qu’elle attend de l’Allemagne, ainsi que des autres 脡tats qui fournissent des armes 脿 Isra毛l, qu’ils fassent preuve de la diligence requise et veillent 脿 ce que les armes transf茅r茅es 脿 Isra毛l ne soient pas utilis茅es pour commettre des actes de g茅nocide ni pour enfreindre le droit international humanitaire. 脌 mes yeux, c’est non pas une formule creuse, mais une d茅claration ayant une v茅ritable port茅e juridique. En particulier, si la Cour devait examiner la responsabilit茅 de l’Allemagne, ou de tout autre 脡tat, 脿 raison de manquements 脿 la convention sur le g茅nocide ou au droit international humanitaire, y compris la responsabilit茅 qu’engagerait le fait de ne pas avoir pris de mesures ad茅quates alors que de tels manquements risquent d’锚tre commis, l’ordonnance rendue ce jour aurait pour effet de priver les int茅ress茅s de toute possibilit茅 de nier, de mani猫re plausible, avoir eu connaissance de ce risque».

Traducci贸n:

«13. Aunque la Corte no ha dictado ninguna medida provisional en esta etapa, la orden actual deja claro que espera que Alemania, y otros Estados que suministran armas a Israel, act煤en con la debida diligencia y se aseguren de que las armas transferidas a Israel no se usen para cometer actos de genocidio o violaciones del derecho internacional humanitario. Para m铆, esto no es una declaraci贸n vac铆a, sino una declaraci贸n con verdadero significado legal. En particular, al analizar la responsabilidad de Alemania, o de cualquier otro Estado, por violaciones de la Convenci贸n sobre el Genocidio o del derecho internacional humanitario —incluida la responsabilidad por no tomar las medidas adecuadas ante el riesgo de tales violaciones—, el efecto de esta orden ser铆a eliminar cualquier negaci贸n plausible de haber tenido conocimiento del riesgo. ../ ..

Nota 4: V茅ase BOEGLIN N., «Nicaragua, a prop贸sito de la renuncia de uno de los principales art铆fices de logros obtenidos ante la justicia internacional, LaRevista.cr, edici贸n del 9 de abril del 2022. Texto integral disponible en este enlace.

Nota 5: V茅ase BOEGLIN N., «Ocupaci贸n prolongada y colonizaci贸n ilegal israel铆 del territorio palestino: apuntes con relaci贸n a la reciente opini贸n consultiva de la Corte Internacional de Justicia (CIJ)», 19 de julio del 2024. Texto integral disponible en este enlace. V茅ase tambi茅n un an谩lisis de dos colegas galos, MAIA C., POISSONNIER G., “Avis de la CIJ de 2024 relatif 脿 l’occupation du territoire palestinien: une analyse au prisme du droit international des droits humains”, La Revue des Droits de l’Homme, Actualit茅s Droits-Libert茅s.Texto integral disponible en este enlace.

Nota 6: V茅ase BOEGLIN N., «Gaza / Israel: algunos apuntes sobre el alcance de la reciente opini贸n consultiva de la Corte Internacional de Justicia (CIJ)«, 22 de octubre del 2025. Texto integral disponible en este enlace.

Nota 7: V茅ase esta nota de The Guardian del 20 de mayo del 2025 titulada «UK suspends trade talks with Israel and attacks ‘repellent’ extremism«. Cabe precisar que en su intervenci贸n, el jefe de la diplomacia brit谩nica extern贸 ante el Parlamento brit谩nico  (v茅ase texto completo) que:

«As the Prime Minister and fellow leaders said yesterday, we cannot stand by in the face of this new deterioration. It is incompatible with the principles that underpin our bilateral relationship. Rejected by Members across this House and frankly it’s an affront to the values of the British people«.

Traducci贸n:

«Como dijeron ayer el primer ministro y los dem谩s l铆deres, no podemos quedarnos de brazos cruzados ante este nuevo deterioro. Es incompatible con los principios que sustentan nuestra relaci贸n bilateral. Ha sido rechazado por los diputados de toda esta C谩mara y, francamente, es una afrenta a los valores del pueblo brit谩nico«.

Nota 8: V茅ase MINGET C., «Domestic Courts and the States’ Obligation to Prevent Genocide and Serious Violations of IHL: The Brussels Court of Appeal’s Interlocutory Judgment of 16 March 2026«, EJILTalk, edici贸n del 26 de mayo del 2026. Texto integral disponible en este enlace.

Nota 9: En el caso de Uruguay, el denominado «Premio Jerusal茅m» fue otorgado en el 2026 a un periodista (v茅ase emisi贸n de la televisi贸n uruguaya). En el caso de Colombia, en el 2025, este mismo premio tambi茅n fue otorgado a un periodista y columnista (v茅ase enlace). En el caso de Costa Rica, en el 2023, este premio fue otorgado a una ex jueza costarricense de la Corte Penal Internacional (CPI) que fungi贸 luego como jueza en la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el per铆odo 2016-2021: v茅ase nota de La Naci贸n de agosto del 2023. Siempre con respecto a Costa Rica, este premio fue otorgado a un ex diplom谩tico en el 2022 (v茅ase nota de prensa). No se tiene conocimiento de un premio de este tipo otorgado a un canciller meses despu茅s de debutar sus funciones, como es el caso del actual canciller de Costa Rica, que inici贸 sus funciones en mayo del 2026. En el 2025, el  actual Presidente de Argentina recibi贸 otro premio en Israel, conocido, seg煤n se lee como el «Premio Nobel del mundo jud铆o» (v茅ase nota oficial de prensa).





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