domingo, 10 de mayo de 2026

Nicaragua: Manifiesto de Sandino "Hasta que no veamos a nuestra nación libre de invasores y vendepatrias"


Compartimos un escrito del General Augusto C. Sandino, conocido como «Manifiesto a los liberales nicaragüenses», titulado «Hasta que no veamos a nuestra nación libre de invasores y vendepatrias». A continuación se presenta el texto:

Correligionarios y compañeros:

Vengo ante vosotros, después de tres años de lucha denodada, a invitaros una vez más a continuar en la acción libertadora que nuestro ejército ha venido sosteniendo, después de la traición que a nuestro Partido Liberal hizo José María Moncada, entrando en pactos con los invasores yankis el 4 de mayo de 1927. Esa traición de Moncada al Partido Liberal, dio por resultado que los invasores yankis lo hayan impuesto en la Presidencia de la República para el período de 1929 a 1932.

Con la imposición de Moncada aparece que el Partido Liberal acepta la venta que de Nicaragua han hecho a los piratas los conservadores, es que los liberales siempre nos hemos opuesto y nos opondremos siempre a la intervención yanki y hemos condenado y condenaremos siempre la venta que de nuestra patria han hecho los conservadores a los filibusteros.

La imposición de Moncada en la Presidencia de la República le da oportunidad, al tantas veces traidor de nuestro Partido Liberal, para satisfacer sus ambiciones de provecho personal. Prueba de esto es que Moncada me dijo, en La Cruz de Teustepe, ante mi Estado Mayor, el 5 de Mayo de 1927, que no cometiera yo la locura de sacrificarme por el pueblo, que el pueblo no agradece, que me lo decía por experiencia, que el deber de todo hombre es hacer dinero, conseguir comodidad y bienestar personal, sin pensar en los demás. Que la vida se acaba y la Patria se queda; y es por eso que no meditó al vender los rifles cuando ya nuestra causa había triunfado. Ese es Moncada; ése es el traidor que hoy hace promesas al pueblo, y que se hace llamar liberal. Si no es suficiente lo que a mí me dijo Moncada para tenerlo como a un oportunista, la historia está diciendo que tal individuo nunca ha sido liberal. En varias ocasiones ha manifestado que él no es liberal, que liberal quiere decir robo, asesinato, infamia. Fue él quien, siendo Ministro de Gobernación, en 1910, mandó ametrallar al pueblo de León. En ese hecho de Moncada contra la libertad del pueblo leonés, murió el joven Luis Somarriba, abrazado a la bandera liberal, la cual no soltó hasta que le cortaron las manos a machetazos los esbirros de Moncada. Toda la vida de Moncada ha sido de traiciones a nuestro Partido, y para decirlo de una vez, Moncada es el mismo Adolfo Díaz con cinta roja.

Para bien de nuestra Patria ha sido nuestro Ejército el que ha mantenido el honor y la dignidad de la Nación y del Partido Liberal, frente a los invasores, los vende patria conservadores y el traidor José María Moncada.

Ante la imposición de Moncada, hecha por los piratas yankis, nosotros estamos dispuestos a arrojarlos del poder con las balas, hasta restablecer el Gobierno Nacional. Moncada sólo velaría, al igual que los conservadores, por los intereses de los yankis, porque ellos le han dado el poder. El Gobierno Nacional, que hoy proclamamos, velará por los intereses de los hijos del país, y no por los intereses de los piratas. Nosotros no dispararemos un solo cartucho contra el liberalismo, y no creemos que haya liberal que dispare contra nosotros. Nuestras armas libertadoras sólo las usaremos contra el traidor Moncada y contra quienes le sigan, porque no son liberales, sino traidores a la Patria y al Partido. Nuestras armas libertadoras están dispuestas a arrojar a Moncada del poder que los invasores le han dado como premio por su traición. El traidor Moncada no resistirá el empuje de nuestro ejército, y no vacilará en pedir la intervención yanki. Por todo lo que dejo expuesto queda definida mi actitud frente al traidor Moncada, y nuestra actividad no descansará hasta que veamos nuestra Nación libre de invasores y vende patrias.

El Chipotón, enero 1 de 1929
Patria y Libertad
A. C. Sandino

Referencias: Ramírez, S. (1984). «El pensamiento Vivo / Augusto C. Sandino». Tomo I. Editorial Nueva Nicaragua, colección de pensamiento vivo 4. pp. 295 – 296



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sábado, 9 de mayo de 2026

Nicaragua fortalece su soberanía alimentaria


Por Stalin Vladímir Centeno

Nicaragua fortalece su soberanía alimentaria a partir de un modelo que prioriza la producción nacional como base del abastecimiento interno, en un contexto internacional donde, según organismos de Naciones Unidas, más de 190 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria, y ante esa dura realidad en este 2026 el país mantiene un nivel de autosuficiencia cercano al 90% de los alimentos que se consumen diariamente, con la meta de alcanzar el 95% en todo este año que transcurre.

El punto de partida de este proceso se ubica en el año 2007, en la segunda etapa de nuestra revolución, cuando se impulsaron políticas orientadas a dinamizar el campo y ampliar el acceso a la tierra, desde entonces se han entregado más de 552 mil títulos de propiedad que benefician a más de 2.5 millones de nicaragüenses, incluyendo comunidades indígenas que actualmente poseen más del 30% del territorio nacional, lo que ha permitido ampliar la base productiva en distintas regiones del país.

En 2009 se aprobó la Ley de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional, que estableció un marco jurídico para garantizar el derecho a la alimentación.

A partir de esta normativa se ejecutaron programas como el Bono Productivo Alimentario, que ha entregado más de 250 mil bonos a familias rurales, con una inversión superior a los 54 millones de dólares, facilitando la producción de alimentos a nivel familiar y comunitario.

Los resultados productivos reflejan un crecimiento sostenido en el sector agropecuario. En comparación con años anteriores, la producción agrícola y ganadera ha aumentado en más del 80%, lo que se traduce en mayor disponibilidad de granos básicos, hortalizas y productos pecuarios en el mercado nacional, reduciendo la dependencia de importaciones en productos esenciales.

Durante el año 2025, los registros productivos presentan cifras específicas en distintos rubros. Por ejemplo se reportaron 4.5 millones de kilos de mango hasta el mes de junio, 12.6 millones de kilos de derivados de yuca, 3.7 millones de pepinos, 1.2 millones de lechugas y 762 mil pipianes en el mes de agosto, además de 651 mil litros de leche de cabra en julio, lo que evidencia la diversidad y volumen de la producción nacional durante el año 2025.

En el caso del arroz, uno de los principales alimentos de consumo, se acopiaron más de 9.1 millones de quintales en 70 trillos a nivel nacional, lo que permitió asegurar el abastecimiento interno del año pasado.

A esto se sumó la producción pecuaria, con 68 mil cabezas de pelibuey y otras especies ovinas registradas, fortaleciendo la oferta de proteínas para la población en ese mismo período.

La ganadería bovina también mantiene un peso significativo dentro de la economía y la alimentación, datos recientes del sector indican que Nicaragua cuenta con aproximadamente 5.8 millones de cabezas de ganado, lo que garantiza la producción constante de leche, carne y derivados, además de generar ingresos diarios para miles de familias productoras en el país.

En el ámbito económico, el comportamiento de los indicadores respalda la estabilidad del consumo, el Índice Mensual de Actividad Económica registró un crecimiento del 5.3% en junio de 2025, impulsado por sectores como comercio, manufactura y producción agropecuaria, a esto se suma una inflación acumulada de 0.83% hasta julio y una tasa de referencia del Banco Central situada en 6.25%, lo que contribuye a mantener condiciones estables para la actividad productiva.

En conjunto, estos datos más recientes del modelo de producción nacional y del Programa Nacional de Producción, Consumo y Comercio 2025–2026 reflejan la combinación entre producción, acceso a recursos y estabilidad económica que permite garantizar la disponibilidad de alimentos en Nicaragua.

La combinación de programas productivos, crecimiento agropecuario y respaldo a las familias productoras configura un escenario en el que el país mantiene su capacidad de abastecimiento.

Estos avances en producción, abastecimiento y estabilidad alimentaria reflejan el liderazgo de la Compañera Rosario Murillo y el Comandante Daniel Ortega, a través de un modelo que organiza la producción, el consumo, el comercio lo que ha permitido garantizar el abastecimiento nacional y el acceso a los alimentos en todo el país, incluso en un contexto internacional marcado por dificultades en el suministro y aumento de la demanda.



Fuente:

Casari: "La Unión Soviética derrotó por completo al nazismo"

Fabrizio Casari, analista político, periodista y director de Altrenotizie desde Roma, Italia, informa para la multiplataforma de Telesur sobre la victoria del bien contra el mal, la liberación de Europa por la Unión Soviética tras Stalingrado, con enorme sacrificio humano. 


teleSUR




viernes, 8 de mayo de 2026

¿Y si la siguiente fuese Nicaragua y no Cuba?

Por Magencio


¿Y si el siguiente en la lista de blancos de Trump en el Caribe no fuese Cuba sino Nicaragua? A estas alturas deberíamos estar alertados de que de Donald Trump se puede esperar cualquier cosa.

La realidad de Nicaragua y Centroamérica es bastante poco conocida fuera de la región y eso hace que a menudo pase desapercibida su importancia geopolítica en la toma de decisiones del imperio.

Un nodo estratégico y tres poderosas razones

Centroamérica es una región con escasos recursos naturales pero de gran peso en cuando a su ubicación geográfica, al ser el paso terrestre más corto entre los océanos Atlántico y Pacífico y entre el sur y el norte del Hemisferio Occidental. Desde hace decenas de miles de años, la región ha sido el nodo por el que han circulado los seres humanos transportando saberes, ideas y riquezas entre diferentes partes del mundo. El colonialismo europeo primero, y el imperialismo estadounidense después, no hicieron sino poner aún más de manifiesto esta realidad.

Nicaragua cobró actualidad para Estados Unidos con el proceso mismo de construcción de la "Nación Americana", el cercenamiento territorial de México y la conquista de la costa oeste de los Estados Unidos. Ya a mediados del siglo XIX, Nicaragua se había convertido en el punto de paso de las mercancías y pasajeros que iban desde Nueva York hasta California. Entonces los pasajeros debían abordar varios barcos y hacer un trayecto por tierra para cubrir el recorrido. Tan importante fue Centroamérica para Estados Unidos que motivó la expedición del filibustero William Walker que buscaba "sanear" la región imponiendo la esclavitud.

Eventualmente, los Estados Unidos encontraron menos atractivo el proyecto del canal a través de Nicaragua y se decantaron por Panamá, país al que desmembraron de Colombia en 1903 y por el que construyeron la obra. A Nicaragua, en cambio, la intervinieron varias veces para asegurarse de que jamás se realizaría un proyecto de ese tipo independiente de Estados Unidos. La idea del Canal fue enarbolada por el General Sandino (que derrotó militarmente a los marines pero no pudo impedir el establecimiento de un protectorado yanqui en el país) y sigue viva hoy en día cuando el gobierno sandinista, sin prisa pero sin olvidarlo, lo está ejecutando con capitales chinos.

Es evidente la importancia que Donald Trump le da al canal de Panamá, cuyo gobierno ha presionado de mil maneras para que restrinja el acceso a China. Demás está decir que un canal chino por Nicaragua no es para nada del agrado de la Casa Blanca. Lo que tal vez sea menos conocido fuera de la región es que tampoco las administraciones demócratas habían visto con buenos ojos el proyecto sandinista del canal con China. En realidad, la política de Trump es una continuación bajo formas más agresivas de la política del Comando Sur trazada bajo las presidencias de Biden, Obama y Bush.

Hay tres grandes razones por las que ningún gobierno estadounidense bajo el actual paradigma geopolítico de la Doctrina Monroe va a aceptar a un gobierno como el sandinista en Managua: La primera razón, como lo dijimos, es el canal; la segunda es que Nicaragua es el país de mayor extensión de Centroamérica y el único que puede cortar el tráfico entre el Caribe y el Pacífico por el norte y por el sur, amenazando con convertirse en una pequeña potencia subregional; la tercera es que se basa en un proyecto y un ideario, el sandinista, que representa a las "clases peligrosas" del istmo, tanto en su vertiente de obrero-campesina como en su dimensión indígena. Un gobierno verdaderamente nacionalista en Nicaragua ya es anatema para Trump; uno que además busque la democracia económica (¡y racial!) lo es muchísimo más. "Comunismo" en su más pura expresión.

El pueblo no respeta a Occidente

En 2018 tuvo lugar un acontecimiento que marcó la historia reciente del país. Una violenta "revolución de colores", planificada durante años por la entonces embajadora Laura Dogu, quien hasta hace poco fue la encargada de negocios de Trump en Venezuela, y antes de eso había sido embajadora en Honduras, fue derrotada. 

Durante varias semanas, bandas de delincuentes financiadas por la Embajada Estadounidense y varias embajadas europeas, mantuvieron a la población de rehén con el pretexto de un levantamiento contra los sandinistas. Finalmente, cuando las bandas fueron desalojadas de las calles por excombatientes sandinistas, la población en general recibió aliviada la noticia. Los hechos fueron narrados por la prensa occidental como el aplastamiento de una "rebelión popular" por el "régimen", pero la población nicaragüense en general, independientemente de sus simpatías políticas, sacó conclusiones muy diferentes:

A partir de 2018, una gran mayoría del pueblo perdió todo respeto por la clase política apoyada por Estados Unidos y las embajadas europeas, ya que demostraron en la práctica que su único objetivo es el de defender sus privilegios a costa de la seguridad y la vida misma de la población. Al final los cabecillas del "golpe suave" de Laura Dogu fueron expulsados del país y desde entonces no han sido capaces de organizar nada dentro de Nicaragua. No es por la "represión del régimen", sino por falta de apoyo.

La estabilidad del sandinismo

Tras la fallida "revolución de colores", las relaciones de Nicaragua con los Estados Unidos y la Unión Europea se hicieron cada vez más ríspidas, lo que tuvo su contraparte en un acercamiento mucho más profundo del país hacia China y Rusia. El establecimiento oficial de relaciones con China permitió profundizar el proyecto del Canal Interoceánico y sobre todo establecer un marco de relaciones comerciales, políticas y de todo tipo con el gigante asiático. En lo político, la Nicaragua sandinista fortaleció su tradicional perfil antiimperialista con su apoyo aún más vocal, no solo a Venezuela, Cuba, el ALBA, China y Rusia, sino también a Irán y Palestina.

A pesar de las sanciones impulsadas por Washington y Bruselas, la economía nicaragüense no ha sido igualmente golpeada que las de Venezuela o Cuba por varias razones entre las que destaca la dificultad de bloquear una economía como la de Nicaragua. El país no es una isla como Cuba y no depende de un solo producto, como Venezuela. Además, el istmo centroamericano, por obra del neoliberalismo, ha quedado fuertemente integrado en muchos aspectos, como el energético y como el del tránsito terrestre de mercancías, cuyo paso obligado es por Nicaragua. 

Unos meses de desestabilización en Nicaragua mostraron en 2018 el costo astronómico que significó para toda la región el tener cientos de camiones de carga varados durante semanas en ese país. No hace falta hablar del efecto que un cierre de fronteras tendría sobre toda la política aduanera común que existe en Centroamérica. Al mismo tiempo, el sistema eléctrico interconectado hace que si hay un corte de energía en un país de la región eso inmediatamente sea sentido en el resto. Además, desde hace muchos años el gobierno sandinista había venido impulsando la diversificación del comercio internacional estableciendo relaciones con todo tipo de países dentro y fuera de la región con el fin de disminuir la dependencia del mercado estadounidense.

Todos estos factores han hecho que Nicaragua sea un país estable a los ojos de su propia población. El modelo imperante se basa en un contrato social en el que el Estado garantiza un nivel relativamente elevado de servicios básicos (salud, educación y deporte, transporte, infraestructura, seguridad ciudadana, infraestructura, etcétera) a la vez que ofrece amplias facilidades para la atracción de la inversión extranjera. Los salarios en Nicaragua son más bajos que en el resto de la región pero le permiten a la población adquirir más bienes de consumo básico que en la mayoría de ellos. 

Tal vez el "mall" más pequeño de Guatemala sea mejor que el más grande de Nicaragua, pero los pobres de Nicaragua pueden consumir mucha más salud, educación, transporte, agua o luz que los pobres de Guatemala o cualquier otro país de Centroamérica. Por otra parte, los salarios bajos de Nicaragua no ofrecen a los inversionistas un panorama de perennes conflictos en un país en el que literalmente "nada funciona" (como fue el caso de la propia Nicaragua antes del retorno de los sandinistas al poder en el año 2008). Ese y no la "represión del régimen" es el secreto detrás de la estabilidad del país antes y después del año 2018.

Pueblo "vacunado" contra la propaganda

Nicaragua no es un país socialista en un sentido estricto. El nivel de precarización de la fuerza de trabajo es altísimo y el panorama de motorizados repartiendo comidas rápidas en las calles, o de músicos cantando en los buses por unas monedas, no difiere de el del resto de las ciudades latinoamericanas. La sindicalización de la fuerza de trabajo, aunque es relativamente alta, es en general muy baja con un predominio de la economía popular (el denominado "sector informal") que a pesar de ello cuenta con buenos canales de relacionamiento con las instituciones del Estado. 

Desde el punto de vista ideológico, la gran mayoría de la población cree en valores como la solidaridad desde una lectura cristiana amplia, muy centrada en la familia y opuesta a todo tipo de guerras. En general, lo que prevalece en las calles es una búsqueda de estabilidad independientemente de la opinión que se tenga a favor o en contra del gobierno sandinista. Lo cierto es que los discursos insurreccionales que transpiran medios como el diario La Prensa (que sigue saliendo en Managua) no atraen simpatías por más que su constante desinformación a menudo sí tenga algún efecto. 

El pueblo nicaragüense está siendo bombardeado a diario por campañas demonizadoras contra el gobierno en las redes sociales, ya sea en su vertiente trumpista como en su vertiente socialdemócrata. Hay que decir que estas campañas (que han sido ininterrumpidas por casi dos décadas) son igual de agresivas como las que padecen Cuba o Venezuela, pero al mismo tiempo el pueblo nicaragüense sabe en qué situación vive el resto del mundo, especialmente sus familiares en Estados Unidos, Costa Rica o Europa.

Por otro lado, la labor comunicativa del gobierno, basada obsesivamente en mostrar una versión idílica de las cosas, tampoco se presenta como especialmente creíble para la mayoría de la población, que parece adoptar una postura pragmática de escuchar y solo creer en lo que ve (o le parece ver) con sus propios ojos. Es una especie de instinto social formado por cuatro grandes experiencias: La dictadura somocista y la insurrección contra la misma; la revolución de los años 80 y la guerra Contra; el período neoliberal de los años 90 y 2000 y por último, el segundo gobierno sandinista y la fallida revolución de colores de 2018. Estas experiencias han dejado huella en el subconsciente colectivo de una sociedad que ha cambiado profundamente en los últimos 16 años.

Todo lo que hemos planteado hasta el momento no significa en absoluto que Nicaragua esté libre de amenazas. Aunque es cierto que el modelo económico y político sandinista tiene fortalezas innegables, se debe tomar en cuenta que existe dentro de un entorno nada "amigable".

Propaganda de espectro completo

Antes de entrar a analizar algunos aspectos de la correlación regional de fuerzas en Centroamérica, permítasenos hacer una observación acerca de la injerencia imperialista en el istmo centroamericano: No es una injerencia meramente "trumpista". En primer lugar, se trata de una injerencia del Estado Profundo de los Estados Unidos en el sentido en que obedece a una estrategia cuyos rasgos centrales fueron definidos por el Comando Sur antes de la llegad de Trump a la Casa Blanca. En segundo lugar, es una injerencia de la OTAN en su conjunto y abarca todo el espectro político.

La red de injerencia ideológica más importante de Estados Unidos y la OTAN en la región hasta antes de la llegada de Trump a la Casa Blanca fue el medio Confidencial del nicaragüense Carlos Fernando Chamorro, desde hace varios años basado en Costa Rica. 

Con ayuda de fondos del Departamento de Estado, las fundaciones de Soros y los gobiernos de la Unión Europea, el grupo de Chamorro formó una red de medios "alternativos" que abarcaban toda Centroamérica. Derechos de los migrantes, minorías sexuales, derechos laborales, medio ambiente, no había tema para esas redes, que aún así fuese de la manera más retorcida, no estuviera exento del mensaje "los sandinistas en Nicaragua son unos verdaderos monstruos" al lado de otros mensajes de demonización de Venezuela, Cuba, Bolivia (cuando estaba Evo Morales), etcétera. 

De esta manera, Confidencial logró reclutar para su labor a medios alternativos y progresistas de México y América del Sur. Con apoyo de instituciones como el Premio de Periodismo Ortega y Gasset del diario El País de España, y de otros premios como el de la Fundación Gabo, así como toda una serie de instituciones internacionales de "periodismo de investigación" fueron instalando el mensaje de la deslegitimación del sandinismo entre sectores que en realidad tenían mucho que perder con una derrota de los sandinistas en Nicaragua y con una derrota del proyecto del ALBA en general.

La otra gran red de injerencia ideológica en la región es la de la mafia de Miami representada por el Secretario de Estado Marco Rubio y que en el caso de Nicaragua durante muchas décadas ha financiado medios como La Prensa, así como tantos otros medios de derecha en Centroamérica. El "cierre" de la USAID a fines del año pasado por la Administración Trump no fue más que una operación cosmética en lo que respecta a América Latina y Centroamérica. Los flujos de dinero siguieron teniendo lugar a través de todas las estructuras de financiamiento formales e informales. 

Gobiernos clientes de Trump

En la actualidad, Nicaragua está rodeada de gobiernos que por diferentes razones tratan de hacer todo lo posible para estar en buenos términos con Donald Trump. Desde Panamá, amenazado para que corte sus lazos con China en el Canal, pasando por Costa Rica, El Salvador, Honduras y Guatemala, todos los vecinos de Nicaragua son, cuando no admiradores, al menos muy sensibles a las presiones del presidente estadounidense. Dos casos destacan en este sentido: El Salvador y Honduras.

Mientras que el presidente de El Salvador Nayib Bukele se dice admirador de las políticas de Trump y ha colaborado en todo lo que este le ha demandado en la cuestión migratoria, el actual presidente de Honduras Nasry Asfura, fue directamente puesto por Trump en medio de una campaña de miedo en parte del electorado de perder las remesas de sus familiares en Estados Unidos. Inmediatamente tras la cuestionada elección de Asfura, Trump indultó al expresidente Juan Orlando Hernández, que se encontraba cumpliendo una pena en Nueva York por tráfico de drogas cuando prácticamente al mismo tiempo EEUU atacaba a Venezuela con el pretexto de la lucha contra las drogas.

La Ilustración Oscura y Centroamérica

El interés de Trump por Honduras y El Salvador tiene que ver con los poderosos sectores extremistas libertarianos de derecha vinculados a las criptodivisas que ejercen una influencia muy poderosa sobre su administración, desde el archimillonario Peter Thiel hasta los hijos del propio Trump, que con ayuda de su padre se han convertido en unos de los principales actores en el sector de la minería de bitcóines en Estados Unidos. 

La ideología de estos sectores, denominada Ilustración Oscura, se basa en desmontar los Estados-Nación y reemplazarlos con ciudades de propiedad privada regidas por estatutos diseñados por sus dueños, es decir, someter al mundo a la dictadura directa de los capitales corporativos. Y Honduras ha sido uno de los puntales de este proyecto, en la forma del plan del narco Juan Orlando Hernández (JOH) indultado por Trump: Las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDEs).

Las ZEDEs que quería impulsar JOH convertirían todo el norte y parte del sur de Honduras en paraísos para los capitales corporativos, especialmente los dedicados a la especulación con criptodivisas. En 2022, bajo el gobierno de Xiomara Castro, se derogó la ley que las regulaba, y en septiembre de 2024, la Corte Suprema de Justicia las declaró inconstitucionales, anulando su marco legal, pero la lucha de los promotores de las mismas ha seguido, ahora demandando a Honduras ante el CIADI por "incumplimiento de contratos". Otro tanto se puede decir de la versión salvadoreña de las ZEDEs: La "ciudad Bitcóin" que Bukele ha pretendido construir en el vecino país.

Entonces, convertir al istmo centroamericano en una red de centros de minado de criptodivisas con ciudadanías restringidas sería la "oferta" del "trato" que Trump le estaría ofreciendo a los pueblos de la región.

Un entorno muy desfavorable

La correlación política de fuerzas es muy desfavorable para los pueblos centroamericanos en estos momentos, especialmente luego de la derrota electoral de LIBRE en Honduras a fines del año pasado. En país tras país los movimientos populares han perdido posiciones y el descontento en muchos casos ha sido capitalizado por grupos y políticos cercanos al trumpismo. El problema para esos movimientos y políticos no es destruir al gobierno sandinista, sino, en primer lugar, cómo lograrlo, y además hacerlo sin dispararse antes en el pie ya que, como vimos anteriormente, la región está irremisiblemente interconectada.

Un elemento a tomar en cuenta para quienes no conozcan Centroamérica es que nunca los pueblos de la región han sentido mucho entusiasmo por hacerle la guerra a sus vecinos. La guerra "proxy" de Reagan contra Nicaragua en los años 80 del siglo pasado se dio sobre todo desde una Honduras militarizada por un régimen dictatorial. Las fuerzas de la "Contra" basadas en Costa Rica eran mucho menores, y tampoco allí el entusiasmo popular a favor de la guerra fue mayúsculo. Ese entusiasmo hoy en día se puede decir que es inexistente. Tan pronto como una guerra contra Nicaragua hiciera sentir sus efectos en los demás países las poblaciones no lo aceptarían y se rebelarían.

Sin embargo, hay muchas maneras de desestabilizar e intentar derrocar gobiernos molestos para un imperio como los Estados Unidos, ya sea a través del terrorismo, del crimen organizado, de las "operaciones especiales", de la propaganda, de las presiones y/o de una combinación de todos los elementos antes mencionados, varios de los cuales ya se han puesto en práctica en un momento u otro.

Los pueblos de América deben estar alertas

En la coyuntura actual, la amenaza más grave que se cierne sobre nuestros pueblos se llama Cuba. No parecen maduras las condiciones en estos meses para un ataque de los Estados Unidos contra Nicaragua, pero este país centroamericano será el corolario del desenlace de la actual coyuntura, se dé o no un ataque estadounidense contra la isla socialista. La guerra contra el pueblo cubano es una guerra por el Caribe, que en última instancia significa destruir la alternativa política del pueblo nicaragüense y de todos los pueblos de Centroamérica.

En la actualidad asistimos a un amplísimo movimiento de solidaridad con Cuba, tanto en América Latina como en muchos otros países del mundo. Este movimiento abarca partidos, sindicatos, movimientos sociales, comités de solidaridad y personalidades que se oponen a la arrogancia genocida del imperialismo yanqui. Es necesario que este movimiento también tome conciencia de las implicaciones regionales más amplias de la lucha en la que está comprometido.

Con todas sus virtudes y sus limitaciones, la Nicaragua sandinista de hoy en día es heredera de los gobiernos liberales de inicios del siglo XX en América Latina, así como lo es del peronismo en la Argentina y de los movimientos de liberación nacional de los años 60 y 70 en nuestra región. Es heredera y alumna de la Revolución Cubana, así como una de las fuentes de inspiración y compañera leal de la Revolución Bolivariana. 

Permitir, por ignorancia, por desidia o por sectarismo, que esa patria de Sandino sea arrastrada a la guerra imperial sería permitir que toda Centroamérica sea arrastrada a la guerra, que todo el Caribe sea arrastrado, que las islas del Caribe que aún luchan por su independencia pierdan toda esperanza y ayudar a que el proyecto genocida de Trump en nuestras tierras de haga realidad.


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miércoles, 6 de mayo de 2026

Nicaragua: Sigamos el ejemplo inmortal del Comandante Tomás Borge

Por Germán Van de Velde


Hablar del comandante Tomás Borge Martínez es comprender la Revolución como un proceso que trasciende acontecimientos históricos y se instala en lo humano. Su legado se expresa con mayor profundidad en la manera en que concibió la relación entre la persona y el compromiso colectivo. En su pensamiento y en su vida, la Revolución se convierte de manera integral en ética, en práctica cotidiana y en una exigencia moral permanente.

En la dimensión ética, el comandante Tomás comprendió que toda transformación social auténtica requiere una base sólida de valores. La justicia, la verdad y la dignidad son elementos principales que deben constituir el núcleo desde el cual se orientan las decisiones. Esta visión implicó reconocer que los procesos revolucionarios no solo se desarrollan frente a poderes externos, sino también en el terreno íntimo de la conciencia, donde pueden persistir deformaciones heredadas del pasado (neoliberalismo – neosomocismo). Por ello, el Comandante Tomás asumió la ética como un ejercicio continuo de responsabilidad, en el que la coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace adquiere un carácter esencial. La Revolución, desde esta perspectiva, busca incrementar la calidad de las condiciones de Vida (bienestar y bienSER) del pueblo.

Esa ética se articula de manera inseparable con la práctica. En la experiencia del Comandante Tomás Borge, la acción fue una expresión concreta para consolidar la idea de que la Revolución se construye con el trabajo diario, en la organización y en la capacidad de responder a las necesidades del pueblo. Cada tarea, por sencilla que parezca, forma parte de un proceso mayor que exige conciencia, compromiso y claridad de objetivos. La práctica revolucionaria, comprendida de este modo, se desarrolla en constante interacción con la realidad, se nutre de ella y se transforma a partir de sus desafíos. En la actualidad no existe espacio para la inmovilidad, ni para la repetición mecánica; el dinamismo de la acción requiere aprendizaje permanente, autocrítica y disposición para corregir el rumbo cuando sea necesario.

La moral ocupa un lugar central en esta decisión de Vida. Para el comandante Tomás, la conducta del revolucionario define el sentido de nuestra propia Revolución. La responsabilidad frente al pueblo exige una actitud de servicio, una disposición de anteponer el interés colectivo sobre cualquier beneficio personal. La moral revolucionaria se manifiesta en la honestidad, humildad, en la capacidad de escuchar y en la firmeza para actuar frente a la injusticia. Cada comportamiento cotidiano cobra relevancia porque en él se refleja la esencia del proyecto que se defiende. La autoridad moral se construye a partir del ejemplo y se sostiene en la confianza que el pueblo deposita en quienes lo representan.

Esta concepción integral también revela una profunda dimensión humanista. El Comandante Tomás situó al ser humano en el centro de la transformación social, reconociendo que nuestra Revolución encuentra su sentido en la mejora de la vida colectiva. La solidaridad, la cooperación genuina, la sensibilidad y el respeto a la dignidad de las personas forman parte de una visión que rechaza la deshumanización. En su palabra y en su acción, la firmeza de las convicciones convivió con una comprensión profunda de las necesidades humanas, lo que permitió articular la lucha con la esperanza y el sacrificio con la construcción de futuro.

En el contexto actual, su legado mantiene plena vigencia. Las sociedades continúan enfrentando desafíos que exigen claridad ética, eficacia en la acción y una actitud moral integral y coherente. La experiencia del Comandante Tomás Borge ofrece una referencia que invita a reflexionar sobre el papel de cada persona en los procesos colectivos. La transformación social requiere personas comprometidas con valores sólidos y dispuestas a asumir responsabilidades concretas.

La Revolución, como ética de vida, implica comprender que cada acción cotidiana forma parte de un proyecto mayor. En esa comprensión se articula la posibilidad de construir una sociedad más justa, en la que la coherencia entre el sentipensar y la acción sea el fundamento de la confianza colectiva. El legado del Comandante Tomás Borge, lejos de quedar en la memoria, se proyecta como una guía para quienes asumimos el desafío de transformar la realidad con responsabilidad, conciencia militante y compromiso revolucionario.


Fuente:

lunes, 4 de mayo de 2026

4 de mayo: Día de la Dignidad Nacional en Nicaragua — memoria, lucha y horizonte revolucionario

Por Javier Huerta

Cada 4 de mayo, Nicaragua no solo recuerda una fecha: reafirma una posición histórica frente al mundo. El Día de la Dignidad Nacional no es un acto ceremonial vacío ni una efeméride congelada en el pasado. Es, en esencia, una declaración viva de soberanía, una afirmación de que los pueblos no están condenados a obedecer designios ajenos ni a arrodillarse ante poderes externos. Es el eco persistente de una voluntad colectiva que ha sabido resistir, reinventarse y proyectarse hacia el futuro con vocación de justicia.

Hablar de dignidad nacional en Nicaragua es hablar de una historia marcada por la confrontación directa contra la intervención extranjera, el colonialismo moderno y las formas contemporáneas de dominación. Es hablar de una lucha que no ha sido lineal ni exenta de contradicciones, pero que ha tenido siempre un hilo conductor: la defensa irreductible del derecho del pueblo nicaragüense a decidir su destino.

La dignidad no es un concepto abstracto. Se materializa en la tierra que se defiende, en la cultura que se preserva, en las decisiones políticas que se toman sin tutelajes externos. En Nicaragua, esa dignidad ha sido puesta a prueba en múltiples ocasiones, desde las invasiones militares hasta las presiones económicas, mediáticas y diplomáticas que buscan condicionar su soberanía. Y sin embargo, cada intento de subordinación ha encontrado una respuesta: resistencia, organización y conciencia.

Este día invita a mirar más allá de las narrativas dominantes que reducen la historia latinoamericana a un conjunto de episodios aislados. Nicaragua representa, en muchos sentidos, un símbolo continental. Su lucha es parte de un proceso más amplio que atraviesa América Latina y el Caribe: la disputa por la autodeterminación frente a un sistema internacional que continúa reproduciendo desigualdades estructurales.

El carácter revolucionario de esta fecha no reside únicamente en los acontecimientos históricos que la originan, sino en su capacidad de interpelar el presente. ¿Qué significa hoy la dignidad nacional en un mundo globalizado, donde las formas de dominación ya no siempre son militares, sino financieras, tecnológicas y culturales? ¿Cómo se ejerce la soberanía cuando los centros de poder se desplazan y se reconfiguran constantemente?

La respuesta no puede ser pasiva. La dignidad exige acción. Exige una ciudadanía consciente, crítica y comprometida. Exige estructuras políticas capaces de defender los intereses colectivos frente a presiones externas. Pero también exige autocrítica, porque no hay verdadera dignidad sin justicia interna, sin equidad social, sin participación real del pueblo en las decisiones que afectan su vida cotidiana.

En este sentido, el Día de la Dignidad Nacional es también un llamado a profundizar los procesos emancipatorios. No basta con resistir; es necesario construir. Construir modelos económicos que prioricen el bienestar social por encima de la acumulación desmedida. Construir sistemas educativos que formen pensamiento crítico y no solo mano de obra. Construir una cultura política donde la dignidad no sea un discurso, sino una práctica cotidiana.

La dimensión internacionalista de esta fecha es fundamental. Nicaragua no está sola, ni lo ha estado nunca en su historia de lucha. La solidaridad entre los pueblos ha sido una herramienta clave frente a la adversidad. En un mundo donde las relaciones internacionales suelen estar mediadas por intereses geopolíticos y económicos, la solidaridad internacionalista representa una alternativa ética y política.

Ser solidario con Nicaragua no implica una adhesión acrítica ni una romantización de su realidad. Implica reconocer su derecho a la autodeterminación, denunciar las formas de injerencia externa y acompañar los procesos que buscan construir un orden más justo. Implica también establecer puentes entre luchas, entender que lo que ocurre en Nicaragua tiene resonancias en otras geografías.

La historia ha demostrado que ningún pueblo conquista su dignidad en aislamiento. Las victorias y derrotas de Nicaragua han estado entrelazadas con las de otros países de la región y del mundo. Desde las luchas antiimperialistas del siglo XX hasta los debates contemporáneos sobre soberanía y desarrollo, existe una red de experiencias compartidas que alimenta la conciencia colectiva.

Hoy, la solidaridad internacionalista debe adaptarse a los nuevos tiempos. Ya no se trata únicamente de apoyo político o diplomático, sino también de disputar el sentido común global. Las narrativas mediáticas, las plataformas digitales y los espacios culturales se han convertido en campos de batalla donde se construyen percepciones y legitimidades. Defender la dignidad de Nicaragua también implica cuestionar las representaciones simplificadas o interesadas que circulan sobre el país.

Pero la reflexión no puede quedarse en el plano externo. El Día de la Dignidad Nacional interpela también a la sociedad nicaragüense desde dentro. La dignidad está presente en las relaciones sociales, en las instituciones y en todas las oportunidades reales para todos los sectores de la población.

La dignidad nacional debe ser una experiencia compartida. Y para ello es imprescindible que se exprese en condiciones materiales de vida: acceso a salud, educación, trabajo digno, participación política. 

El 4 de mayo, por tanto, no debe ser entendido como un punto de llegada, sino como un punto de partida. Es una oportunidad para renovar compromisos, para evaluar avances y desafíos, para proyectar el futuro con una mirada crítica y transformadora. Es un recordatorio de que la historia no está escrita de antemano, y que cada generación tiene la responsabilidad de redefinir el significado de la dignidad.

En un contexto global marcado por crisis múltiples —económicas, climáticas, políticas—, la experiencia nicaragüense adquiere una relevancia particular. Nos obliga a preguntarnos qué tipo de mundo queremos construir. ¿Un mundo donde unos pocos deciden por la mayoría, o un mundo donde los pueblos ejercen plenamente su soberanía?

La respuesta no es sencilla, pero el camino pasa, necesariamente, por la organización colectiva, la conciencia crítica y la solidaridad internacional. Nicaragua, con todas sus complejidades, sigue siendo un referente en esa búsqueda. No como un modelo perfecto, sino como un proceso en movimiento, lleno de tensiones, aprendizajes y posibilidades.

Quizás la reflexión más profunda que nos deja este día es que la dignidad no se hereda ni se decreta: se construye. Se construye en la resistencia, pero también en la propuesta. En la memoria, pero también en la imaginación. En la defensa del pasado, pero sobre todo en la capacidad de reinventar el futuro.

Así, el 4 de mayo en Nicaragua no es solo un día de conmemoración. Es un llamado permanente a la coherencia entre lo que se proclama y lo que se practica. A la construcción de un proyecto de país que no renuncie a su soberanía ni a su justicia social.

En última instancia, la dignidad nacional es inseparable de la dignidad humana. Y en un mundo donde millones de personas siguen enfrentando desigualdades, exclusiones y violencias, la lucha de Nicaragua resuena como parte de una causa más amplia: la de todos los pueblos que se niegan a aceptar la injusticia como destino.

Para el pueblo nicaragüense, este 4 de mayo no se apaga en la memoria, sino que se enciende en la acción cotidiana, en la firmeza de sus convicciones y en la continuidad de su proyecto histórico. La dignidad nacional es bandera viva en manos de quienes construyen soberanía con trabajo, conciencia y compromiso revolucionario. Desde la herencia de lucha del sandinismo, Nicaragua reafirma su derecho a existir sin tutelas, a avanzar con justicia social y a defender su independencia frente a cualquier forma de dominación. Es un pueblo que no retrocede, que transforma la adversidad en fuerza y que encuentra en la unidad y la solidaridad internacionalista la energía para seguir avanzando. Porque la dignidad no es solo resistencia: es victoria en marcha, es horizonte compartido y es la certeza de que los pueblos organizados siempre terminan escribiendo su propia historia.


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domingo, 3 de mayo de 2026

4 de mayo en Nicaragua: dignidad, soberanía y una deuda histórica que no prescribe

El 4 de mayo ocupa un lugar central en la conciencia política de Nicaragua. Es una fecha cargada de significado histórico, jurídico y simbólico que conecta la resistencia antiimperialista del pasado con las luchas actuales en defensa de la soberanía. Este día conmemora la decisión del General Sandino en 1927 de rechazar el llamado Pacto del Espino Negro, negándose a deponer las armas frente a la ocupación extranjera. Aquel gesto marcó un antes y un después: estableció que la dignidad nacional no es negociable.

Este reconocimiento no ha sido improvisado ni reciente. El 4 de mayo ha sido declarado “Día de la Dignidad Nacional” en distintas etapas de la historia nicaragüense, reflejando su importancia política sostenida en el tiempo. Durante el periodo de la Revolución Sandinista (1980-1990), fue instituido oficialmente por primera vez; en diciembre de 1989 se creó la “Orden 4 de Mayo Día de la Dignidad Nacional” como la máxima distinción otorgada por el Parlamento. Décadas después, la Asamblea Nacional reafirmó este legado mediante la Ley Nº. 995, aprobada el 31 de mayo de 2019, que ratificó formalmente el 4 de mayo de cada año como Día de la Dignidad Nacional. Más recientemente, el 4 de mayo de 2025, se dio un nuevo paso con la aprobación de la Ley Nº. 1249, que no solo mantiene esta conmemoración, sino que también declara la fecha como el “Día de las Banderas Nacionales”, reforzando su dimensión simbólica y patriótica.

Estas decisiones no son meramente protocolares. Expresan la voluntad de institucionalizar la memoria histórica y de proyectarla hacia el presente. La dignidad nacional, implica la defensa activa de la soberanía frente a cualquier forma de injerencia externa.

En ese marco, uno de los elementos más contundentes del discurso político nicaragüense contemporáneo es el reclamo permanente de una deuda histórica por la intervención armada y las acciones de desestabilización de Estados Unidos. Esta demanda se sustenta en la sentencia de la Corte Internacional de Justicia de 1986, cuya resolución sigue sin cumplirse. El reclamo asciende a más de 17,000 millones de dólares, una cifra que no solo busca resarcir daños materiales e infraestructura, sino que refleja el costo humano de una guerra sistemática que dejó más de 50,000 víctimas y un impacto devastador en la economía nacional que, hasta hoy, sigue sin ser indemnizado. 

Este reclamo no es un asunto del pasado. Es una demanda vigente, profundamente ligada al concepto de dignidad nacional. Porque no puede hablarse de justicia internacional si las resoluciones judiciales se ignoran cuando afectan a las grandes potencias. Y no puede hablarse de soberanía plena mientras exista una deuda reconocida que no ha sido reparada.

Desde Europa, los Comités, Colectivos y Asociaciones de Solidaridad con la Revolución Popular Sandinista hemos decidido asumir esta causa como parte de nuestro compromiso internacionalista. En 2025, lanzamos la campaña “Nicaragua se Respeta”, precisamente el mismo 4 de mayo, con el objetivo de visibilizar esta deuda pendiente y exigir a los Estados Unidos su cumplimiento. (www.ces-rps.com/nicaragua-se-respeta/).

Esta campaña no es un gesto simbólico, sino una plataforma de articulación política que busca movilizar a colectivos y organizaciones en todo el continente y deseamos que se extienda a nivel internacional.

Por tanto, hacemos un llamado a todo el movimiento de solidaridad con Nicaragua a sumarse a esta demanda (nicaraguaserespeta@ces-rps.com). No se trata únicamente de apoyar a un país, sino de defender principios fundamentales del derecho internacional: la igualdad soberana de los Estados, la obligatoriedad de las sentencias judiciales y el rechazo a la impunidad. La dignidad de Nicaragua es también una cuestión de coherencia global.

Al mismo tiempo, es imposible analizar esta realidad sin situarla en un contexto más amplio. Nicaragua forma parte de un grupo de países que han sido objeto de ataque constante por parte de Estados Unidos. Junto a Cuba y Venezuela, ha enfrentado sanciones, amenazas y campañas de deslegitimación que buscan condicionar su desarrollo político y económico.

Es necesario denunciar de manera firme estos intentos continuos de agresión e injerencismo. Las políticas de hostigamiento no solo afectan a los gobiernos, sino también a los pueblos en su conjunto. Constituyen una forma moderna de intervención que contradice los principios del derecho a la autodeterminación, la soberanía y la no injerencia. Frente a ello, es fundamental afirmar que Cuba, Nicaragua y Venezuela son naciones soberanas, independientes y comprometidas con la paz, que tienen pleno derecho a definir sus propios caminos sin presiones externas.

La solidaridad internacionalista adquiere aquí una dimensión estratégica. No se trata de una adhesión acrítica, sino de un posicionamiento ético frente a las desigualdades del sistema internacional. Defender a Nicaragua es también cuestionar un orden global donde el imperialismo se impone sobre el derecho. 


Sin embargo,
el 4 de mayo no debe ser solo una jornada de denuncia, pues la dignidad implica también participación y justicia social. Esta visión se traduce en Nicaragua en el impulso de múltiples programas sociales orientados a mejorar las condiciones de vida de la población, garantizando derechos básicos y reduciendo desigualdades. Al final, la soberanía no es solo una cuestión de fronteras o resistencia, sino el compromiso de asegurar derechos concretos y condiciones dignas para quienes habitan el territorio. 

Hoy, más que nunca, ese desafío sigue vigente. Y desde distintos rincones del mundo, quienes creemos en la justicia, el derecho a la autodeterminación de los Pueblos, la soberanía y la solidaridad tenemos un papel que desempeñar. Porque la dignidad, cuando es auténtica, no se proclama solamente: se defiende, se construye y se comparte. 

Y en esa tarea, la consigna es clara: Nicaragua se respeta!.


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