domingo, 8 de marzo de 2026

Mujeres, revolución y avances de los derechos sociales en Nicaragua

Por Javier Huerta


La historia social reciente de Nicaragua no puede comprenderse sin reconocer el papel central que han desempeñado las mujeres en los procesos políticos y sociales del país. Desde la lucha contra la dictadura de Somoza hasta los programas sociales del siglo XXI, las mujeres han sido protagonistas tanto en la transformación revolucionaria como en la reconstrucción social posterior.

La Revolución Popular Sandinista, triunfante en 1979, abrió un ciclo histórico que buscó transformar radicalmente una sociedad marcada por profundas desigualdades sociales, analfabetismo masivo, pobreza rural extrema y exclusión de amplios sectores de la población. Sin embargo, ese proceso atravesó varias etapas: los avances sociales de los años ochenta, los retrocesos durante los gobiernos neoliberales entre 1990 y 2006, y la nueva etapa iniciada con el retorno del sandinismo al gobierno en 2007.

Analizar este proceso desde una perspectiva feminista implica reconocer que las mujeres no han sido únicamente beneficiarias de políticas sociales, sino sujetas activas de cambio, organizadoras comunitarias, combatientes revolucionarias, líderes políticas y agentes fundamentales en la reducción de la pobreza y la transformación social.

La participación femenina en la revolución fue una de las características más significativas del proceso revolucionario sandinista. Se estima que entre el 25% y el 30% de los combatientes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) eran mujeres, lo que representó una participación inédita en la historia política de Centroamérica.

Estas mujeres no sólo participaron en la lucha armada. También desempeñaron papeles protagonistas,  claves en la organización social, la educación popular, la sanidad comunitaria y la movilización política.

La revolución impulsó un cambio cultural que cuestionó la tradicional subordinación femenina en una sociedad profundamente patriarcal. Mujeres guerrilleras, educadoras, médicas y líderes comunitarias emergieron como símbolos de la nueva Nicaragua.

Tras el triunfo revolucionario, el gobierno sandinista impulsó un programa de transformación social basado en la universalización de derechos básicos. Y en 1980 se lanzó la histórica Cruzada Nacional de Alfabetización, una de las campañas educativas más importantes de América Latina, con el objetivo de erradicar el analfabetismo en la población.

Más de 100.000 voluntarios, en su mayoría jóvenes y mujeres, se desplazaron por todo el país para enseñar a leer y escribir. Como resultado: el analfabetismo cayó de cerca del 50% a alrededor del 13% en pocos meses y más de 400.000 personas aprendieron a leer y escribir.

Este proceso transformó la vida de miles de mujeres rurales que por primera vez accedían a la educación.

La alfabetización tuvo un impacto directo en el bienestar familiar. Diversos estudios de CEPAL destacan que la educación femenina está estrechamente relacionada con la mejora del estado nutricional infantil, la reducción de la mortalidad infantil y el aumento de la autonomía de las mujeres.

Durante los años ochenta el sistema educativo tuvo una expansión, la matrícula escolar creció de forma significativa. Entre 1978 y 1983: la matrícula de primaria pasó de 396.000 estudiantes a más de 560.000, la educación preescolar se multiplicó varias veces, se impulsó la educación de adultos y la educación bilingüe en comunidades indígenas.

Estas políticas permitieron a miles de niñas acceder por primera vez al sistema educativo.

El gobierno revolucionario también impulsó un modelo de salud pública basado en la prevención y la atención comunitaria. Se desarrollaron: campañas nacionales de vacunación, brigadas sanitarias rurales, programas de nutrición infantil, servicios de salud gratuitos.

Las mujeres jugaron un papel clave como promotoras de salud comunitaria, especialmente en las zonas rurales.

Sin embargo, los avances sociales de los años ochenta se vieron limitados por un contexto extremadamente difícil: la guerra contra la “Contra”, financiada por Estados Unidos, y el bloqueo económico que provocaron una grave crisis económica.

Tras la derrota electoral del FSLN en 1990, Nicaragua inició un periodo de reformas económicas neoliberales caracterizado por privatizaciones, reducción del gasto social y liberalización económica.

Durante estos años se produjo un deterioro de varios indicadores sociales.

Uno de los efectos más visibles fue el deterioro del sistema educativo. La tasa de analfabetismo, que había sido reducida drásticamente en los años ochenta, volvió a aumentar hasta aproximadamente el 22% en 2006. Muchos centros escolares carecían de recursos y el acceso a la educación se volvió más desigual. Las niñas y mujeres rurales fueron especialmente afectadas.

A mediados de la década de 2000 Nicaragua era uno de los países más pobres de América Latina. Diversas estimaciones indicaban que: más del 60% de la población vivía en condiciones de pobreza, la pobreza extrema afectaba a grandes sectores rurales.

Las mujeres, especialmente las jefas de hogar, soportaron gran parte de las consecuencias sociales de esta crisis.

CEPAL ha señalado que las mujeres experimentan la pobreza de forma diferenciada, debido a la división sexual del trabajo y a la desigual distribución de recursos productivos.

El retorno del FSLN al gobierno en 2007 marcó el inicio de una nueva etapa de políticas sociales orientadas a la reducción de la pobreza y la ampliación de derechos.

Entre las primeras medidas adoptadas estuvieron la restitución de la educación gratuita, la restitución de la salud pública gratuita y la expansión de programas sociales en zonas rurales.

Durante la década posterior a 2007 Nicaragua experimentó nueva mente muchos avances en indicadores sociales.

Según datos del Banco Mundial la pobreza rural se redujo en varios puntos porcentuales entre 2005 y 2009 y cerca de 230.000 personas salieron de la pobreza en ese periodo.

También se registró una disminución de la pobreza multidimensional durante la década de 2000, reflejando mejoras en educación, vivienda, acceso a servicios y bienestar general.

Uno de los cambios más visibles desde 2007 ha sido la expansión de los servicios básicos. Según datos del Banco Mundial el acceso a electricidad pasó de alrededor del 73% en 2005 a casi el 89% en 2020. Y en áreas rurales el acceso a la electricidad creció aún más de menos del 50% en 2000 a más del 72% en 2020.

Este avance tuvo un impacto directo en la vida de las mujeres rurales, reduciendo el trabajo doméstico y facilitando el acceso a educación, comunicación y oportunidades económicas.

Uno de los rasgos más destacados del periodo reciente, con el gobierno sandinista, es el aumento de la participación política femenina. Nicaragua ha sido reconocida internacionalmente por su alto nivel de representación femenina en cargos políticos. Según datos presentados en informes vinculados a Naciones Unidas el país ha ocupado posiciones destacadas en el mundo en participación de mujeres en cargos ministeriales y parlamentarios.

Esto refleja un cambio estructural en la política nacional. Ahora las mujeres ya no sólo participan en movimientos sociales: gobiernan, legislan y dirigen instituciones públicas

Y diversos programas sociales han priorizado a las mujeres como protagonistas del desarrollo. Entre los objetivos de estas políticas se encuentran fortalecer la economía familiar, fomentar el emprendimiento femenino, garantizar la seguridad alimentaria, ampliar el acceso al crédito rural.

Las mujeres rurales, que históricamente habían estado excluidas del acceso a recursos productivos, han sido uno de los principales focos de estas políticas.

La educación de las mujeres es uno de los factores más importantes para el desarrollo social. Estudios de CEPAL han demostrado que el aumento del nivel educativo de las mujeres contribuye a reducir la mortalidad infantil y mejorar la salud familiar, además de fortalecer la autonomía femenina.

En Nicaragua, la ampliación del acceso educativo ha permitido a las nuevas generaciones de mujeres acceder a estudios universitarios, tener formación técnica y conseguir liderazgo político.

Desde una perspectiva feminista, los avances sociales en Nicaragua deben entenderse como parte de un proceso histórico en el que las mujeres han desempeñado un papel fundamental.

Desde las guerrilleras de los años setenta hasta las lideresas comunitarias actuales, las mujeres han sido protagonistas en la alfabetización nacional, la organización comunitaria, la economía familiar y la política institucional.

Este protagonismo demuestra que el desarrollo social no es únicamente una cuestión de crecimiento económico, sino también de participación democrática y empoderamiento de las mujeres.

La historia más reciente de Nicaragua muestra un proceso complejo de avances, retrocesos y transformaciones en materia de derechos sociales.

Los años ochenta representaron una etapa de profunda transformación social impulsada por la revolución sandinista. Los años neoliberales supusieron un período de retroceso en muchos indicadores sociales. Finalmente, el retorno del sandinismo en 2007 abrió una nueva fase de reconstrucción del Estado social.


En todas estas etapas, las mujeres han desempeñado un papel central.

La revolución social de Nicaragua no puede entenderse sin reconocer el protagonismo femenino en la lucha por la educación, la salud, la igualdad y la justicia social.

Las mujeres no sólo han sido beneficiarias de las políticas sociales: han sido las arquitectas del cambio.



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jueves, 5 de marzo de 2026

Documental "Una y mil veces", sobre internacionalistas uruguayos en Nicaragua, estará en Barcelona, Murcia, Alicante, Génova, Madrid y Londres

Luego de más de cuatro décadas en que medio centenar de uruguayos lucharon voluntariamente junto al pueblo nicaragüense en la revolución de 1979, varios de los protagonistas deben vencer el miedo a remover recuerdos que dejaron una huella imborrable. Esta película propone hacerle frente al olvido y plantea la pregunta colectiva: ¿lo volverían a hacer?

"Una y mil veces" es un documental sobre 52 exiliados uruguayos que combatieron la dictadura de Somoza en Nicaragua, recibiendo formación previa en Cuba, Argentina y Chile. Producido por Ámbar Cine y distribuido por Noche Americana, narra la solidaridad internacionalista de los años 70 y busca y fue financiado mediante crowdfunding.

El documental Una y mil veces recupera una historia poco conocida del internacionalismo latinoamericano: la de 52 militantes uruguayos exiliados que se unieron a la guerrilla del Frente Sandinista de Liberación Nacional para combatir la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua a finales de la década de 1970. La película, dirigida por el cineasta argentino Ernesto Fontán, reconstruye los motivos, experiencias y consecuencias de aquella decisión política y personal que marcó la vida de sus protagonistas.

El largometraje, de unos 70 minutos de duración, propone revisar un episodio histórico que durante décadas permaneció poco difundido. A través de testimonios de los propios protagonistas y de sus familiares, la obra explora el contexto de dictaduras, represión y exilio que atravesaba América Latina en los años setenta, así como las convicciones que llevaron a estos jóvenes militantes a arriesgar sus vidas por la liberación de otro país.

Durante la dictadura cívico-militar uruguaya (1973-1985), numerosos militantes de izquierda se vieron obligados a abandonar el país. Entre ellos se encontraban los 52 protagonistas de esta historia, quienes iniciaron un largo periplo por países como Chile, Argentina y Cuba antes de integrarse en las filas sandinistas.

Tras ese recorrido por el exilio, decidieron incorporarse voluntariamente al Frente Sandinista para participar en la ofensiva final contra la dinastía Somoza, que culminó con el triunfo de la revolución nicaragüense en julio de 1979. Para muchos de ellos, aquella decisión significó una pausa en sus vidas civiles y laborales, asumida con la convicción de contribuir a la liberación de un pueblo hermano.  

El documental también reflexiona sobre las huellas personales que dejó aquella experiencia. Décadas después, varios protagonistas vuelven a relatar por primera vez lo ocurrido, enfrentándose a recuerdos difíciles y a preguntas sobre el significado de aquella lucha. Entre ellas, una cuestión central que atraviesa la película: si hoy volverían a tomar la misma decisión.

Memoria, silencio y legado

Según su director, la intención del film es preservar la memoria de un ejemplo de internacionalismo y compromiso político poco conocido, protagonizado por personas que, en muchos casos, regresaron a sus vidas cotidianas sin hacer pública su participación en la revolución nicaragüense.

Ese silencio, mantenido durante décadas, forma parte de la narrativa del documental. Algunos de los combatientes tardaron años en contar a sus propias familias lo que habían vivido, lo que refleja el carácter discreto con el que muchos de ellos asumieron su participación en la lucha revolucionaria.

Estreno y gira internacional

La película fue estrenada en 2025 en Uruguay y posteriormente inició un recorrido internacional con proyecciones acompañadas de debates con el director. En 2026 comenzó una gira europea, el 6 de marzo comienza en Barcelona,  la gira europea de presentaciones del largometraje incluirá proyecciones y coloquios con el propio director en varias ciudades del continente durante los meses de marzo y mayo de 2026.

La gira continuará el 7 de marzo en Girona, regresará a Barcelona el día 9, seguirá el 10 en Murcia, el 11 en Alicante, el 13 en Génova, el 20 en Madrid y el 24 en Londres. En mayo están previstas nuevas presentaciones en Francia, Suecia y Suiza.

Fechas y Lugares de la Gira (Marzo 2026)
Barcelona: Viernes 6 de marzo a las 19:00h
Girona: Sábado 7 de marzo. en el Ateneu Popular Salvadora Catà. Plaça Josep Pla, 2 .  A las 19:00h.
Barcelona: Lunes 9 de Marzo. A la Casa de la Solidaridad de Barcelona. Carrer Vistalegre, 15. A las 18:30h
Murcia: Martes 10 de marzo. C.C.O.O.  de Murica. Sala abogados de Atocha. Calle Corbalan, 4 . A las 19:00h
Alicante: Miércoles 11 de marzo a las 18:30h. Sede Universitaria Ciudad de Alicante c/San Fernando, 40
Italia. Génova. Viernes 13 de marzo. Vado Ligure (Sv) Liguria. Casa della Memoria Anpi. Vado Ligure Piazza C. Corradina.   A las 20:30H.
Madrid: Viernes 20 de Marzo. En la Casa del Barrio. Avenida de Carabanchel Alto, 64. A las 20:00h
London: Martes 24 Marzo. The London School of Economics and Political Science. Sumeet Valrani Lecture Theatre, Centre Building.  Houghton Street.  A las 6p.m - 8.30 p.m


Un episodio de solidaridad latinoamericana

Más de cuatro décadas después de los hechos, “Una y mil veces” se propone rescatar del olvido una experiencia singular: la de un grupo de jóvenes que, expulsados por la represión en su país, decidieron luchar por la libertad de otro. El documental no solo revisa un episodio histórico, sino que invita a reflexionar sobre el compromiso político, la memoria y el significado de la solidaridad internacional entre pueblos.

Según el propio director, la obra busca preservar la memoria de un ejemplo de internacionalismo y compromiso político poco conocido: la decisión individual de decenas de militantes de arriesgar sus vidas por la liberación de un pueblo hermano. La película también plantea una pregunta central: si, décadas después, aquellos protagonistas volverían a tomar el mismo camino.



Trailer

 

ENTREVISTA AL DIRECTOR ERNESTO FONTAN Y AL COMPAÑERO JOSE POMMERACK DURANTE LA CREACIÓN DEL DOCUMENTAL:


   


CARTELES DE ALGUNA PROYECCIONES








lunes, 16 de febrero de 2026

Sandino está más vivo que nunca: memoria, resistencia y un imperio que intenta reinventarse

Por Javier Huerta

Cuando evocamos a Augusto César Sandino casi 100 años después de su lucha contra la ocupación militar estadounidense en Nicaragua, no recordamos solo a un guerrillero del pasado: evocamos una idea, una memoria histórica y una posibilidad política que sigue viva en la conciencia de millones de latinoamericanos e internacionalistas que defienden la soberanía de sus pueblos.

Sandino no fue solo un guerrillero: fue un pensador antiimperialista que comprendió, desde 1926, cómo la lógica de la intervención estadounidense no era únicamente una cuestión militar, sino también económica y estratégica. La ocupación estadounidense en Nicaragua —que se extendió desde 1912 hasta 1933— no solo buscaba controlar la política interna del país, sino sobre todo asegurar intereses geoestratégicos como la posibilidad de un canal interoceánico rival al de Panamá y el dominio de recursos y rutas fundamentales en el Pacífico y el Atlántico.

Sandino rechazó explícitamente el trato de protectorado, la presencia de marines, la supervisión de aduanas y la tutela externa sobre las finanzas del país. Exigió autodeterminación total: expulsión de tropas, disolución de fuerzas paramilitares aliadas a Washington y control nicaragüense absoluto sobre sus recursos.

Esa lucha —como ha señalado historiadores y activistas contemporáneos— no fue solo militar, sino ideológica, y marcó un hito en lo que hoy se entiende como la resistencia de América Latina contra la hegemonía extranjera, y el paso a ser un símbolo de resistencia.

Hoy varios observadores de la política internacional sostienen que Estados Unidos busca reconfigurar su influencia global a través de herramientas más sofisticadas que la ocupación directa. No encontramos en un momento en el cual el imperio Yankee herido de muerte pero busca revivir reinventándose.

Helen Yaffe, investigadora que ha estudiado Cuba, afirma que las sanciones y presiones económicas aplicadas por Washington buscan precisamente “inducir desempleo, descontento social y migración” para debilitar gobiernos que desafían la hegemonía estadounidense.

Expertos diplomáticos como Celso Amorim, ex asesor de política exterior de Brasil, advierten que la intervención militar estadounidense en Venezuela puede tener consecuencias regionales graves, comparables incluso con un conflicto tipo Vietnam, porque provocaría una fuerte respuesta antiimperialista interna y solidaridad entre las naciones latinoamericanas.

Otro aspecto que politólogos vienen señalando es cómo la noción de “guerra contra el narcotráfico” u otros pretextos se usa para justificar acuerdos de seguridad militar ampliados en la región, lo que para algunos críticos no es sino una forma de neo-diplomacia de cañonero bajo una nueva retórica.

3. ¿Qué está sucediendo en Cuba, Venezuela y Nicaragua hoy?

Cuba: crisis, exilio y debates sobre el futuro

Cuba enfrenta una profunda crisis socioeconómica, con una caída en la mayoría de sus sectores productivos, emigración masiva —especialmente de personas jóvenes y altamente formadas— y una percepción creciente de que el modelo de control estatal rígido no ha logrado frenar la fuga de talento ni garantizar bienestar básico.

Politólogos que estudian la isla señalan que las sanciones continuas, sumadas a las limitaciones internas, han debilitado el proyecto revolucionario original. Algunos plantean que sin una transformación interna profunda, es probable que Cuba deba adaptar su modelo para sobrevivir en un mundo globalizado, mientras que otros consideran que los esfuerzos por mantener soberanía frente a presiones externas seguirán siendo centrales en su política.

Venezuela: intervención, sanciones y polarización futura

El reciente asalto estadounidense que capturó al presidente Nicolás Maduro marcó un punto de inflexión y revivió temores regionales sobre la regresión a políticas de intervención directa. Analistas que han estudiado este episodio apuntan a que el objetivo declarado de combatir el narcotráfico y corrupción ha sido interpretado por críticos como una fachada para controlar recursos energéticos clave y debilitar gobiernos incómodos para Washington.

Politólogos especializados en América Latina —incluidos en foros académicos internacionales— han debatido que la presión militar o economicista por parte de potencias externas puede generar respuestas que fortalezcan los lazos entre gobiernos de izquierda o antihegemónicos, y que incluso provoquen una reconfiguración de alianzas diplomáticas a favor del Sur Global.

Nicaragua: memoria sandinista y dinámicas actuales

Nicaragua, desde la época de Sandino, ha pasado por distintos ciclos de intervención y resistencia: desde la década de 1980 con los Contras —producto de financiamiento estadounidense— hasta la política contemporánea bajo el liderazgo de Daniel Ortega. La memoria del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, fundado por Sandino, sigue siendo referencial en discursos políticos que defienden la idea de autodeterminación frente a la intromisión externa.

Históricamente, EE. UU. ha utilizado desde intervenciones militares directas —como en Nicaragua en 1912 o Cuba en 1898— hasta tácticas más modernas de presión política. Un ejemplo reciente de esto fue el intento de golpe blando que sufrió Nicaragua en 2018, denominado “golpe suave” según Gene Sharp. Aunque es una táctica moderna, se inserta en un largo historial de intervenciones estadounidenses en la región, donde ONG, programas de “promoción de la democracia” y movilizaciones sociales buscan, según los críticos, generar cambios de régimen sin recurrir a la ocupación militar abierta. La teoría del golpe blando es vista así como una evolución sofisticada de prácticas de intervención tradicionales.

Opositores y analistas independientes señalan que Nicaragua hoy enfrenta diferentes presiones internacionales —económicas, diplomáticas y mediáticas—. Sin embargo, para sectores que se identifican con el espíritu sandinista, la resistencia frente a presiones externas, sean económicas o de otro tipo, sigue siendo un tema central.

4. ¿Cómo ven los especialistas el futuro de estos países y la región?

Aunque hay diversas corrientes de opinión, pueden identificarse algunas tendencias debatidas por analistas políticos:

1) Crecimiento de bloques plurales y multipolares:
Muchos expertos señalan que América Latina podría orientarse hacia alianzas más amplias con potencias como China, India, Rusia y dentro de estructuras como los BRICS, con el objetivo de reducir dependencias tradicionales. Este cambio puede verse como un reflejo de lo que Sandino defendía: la integración latinoamericana frente a hegemonías externas.

2) Presión económica vs. intervención militar:
Según algunos politólogos, el uso de sanciones y presión financiera es la nueva forma de injerencia estadounidense, pues es menos costosa políticamente que una ocupación directa —aunque igual de destructiva para las poblaciones civiles.

3) Resiliencia y transformación interna:
Especialistas en política latinoamericana sostienen que los países que logren combinar reformas internas (políticas, económicas y sociales) con vínculos internacionales equitativos tienen mayores probabilidades de saltar de una dinámica reactiva a una proactiva, forjando modelos autónomos que no dependan ni de hegemonías externas ni de sistemas autoritarios cerrados.

5. Conclusión: Sandino hoy, ¿símbolo o estrategia real?

La figura de Sandino continúa existiendo no como un mito romantizado, sino como una referencia histórica y política para pensar la soberanía, la autodeterminación y la libertad frente a modelos de dominación externa que han transitado desde el uso de marines, al intervencionismo económico, las sanciones y las presiones diplomáticas.

Lo que Sandino comprendió —que controlar los recursos, las instituciones y la política interna de un país es la clave de cualquier hegemonía— sigue siendo una verdad incómoda. Hoy, esa lucha se ve en debates sobre sanciones, en críticas a la intromisión extranjera y en la aspiración de muchos pueblos por decidir sus destinos sin tutelas foráneas.

En definitiva, Sandino vive en cada discusión sobre soberanía, en cada resistencia cultural y política frente a la presión internacional, y en cada intento por construir un futuro donde los pueblos latinoamericanos sean los dueños de su historia y su riqueza.



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domingo, 11 de enero de 2026

19 Años de segunda etapa de Revolución Sandinista: con emprendimiento, restitución de derechos y transformación de la vida familiar en Nicaragua

Por Javier Huerta

El lema “Pueblo Presidente” tiene un significado político, histórico y simbólico profundo dentro del proceso iniciado en Nicaragua en el 2007. Su sentido se entiende desde varios ejes que serían  “El pueblo como sujeto del poder” donde la expresión “Pueblo Presidente” afirma que el poder no está concentrado en una élite política o económica, sino que reside en el pueblo organizado, protagonista de las decisiones, los logros y las transformaciones del país. No es solo un gobierno para el pueblo, sino un gobierno con el pueblo y desde el pueblo.

Durante estos 19 años, el pueblo ha participado activamente en Consejos y gabinetes comunitarios, Programas sociales y productivos, Defensa de la paz y la soberanía, y Construcción del modelo de desarrollo familiar y comunitario.

Y el Otro eje seria "ruptura con el modelo Neoliberal".

El lema nació durante el discurso de toma de posesión, del comandante Daniel Ortega, donde entregó simbólicamente la banda presidencial a los asistentes y declaró: “Esta banda le pertenece a los campesinos, a los trabajadores, a la juventud, a las mujeres… ¡a Nicaragua entera!” (equivalente a “Esta banda no es mía, esta banda es del pueblo”).

Esta frase simbolizo el inicio de la "segunda etapa de la Revolución" y la instauración de un modelo de democracia directa con la idea central "el pueblo gobierna".

El 10 de enero de 2007 marcó el inicio de una nueva etapa histórica para Nicaragua. Aquel día, el pueblo recuperó el rumbo de su destino tras 16 años de políticas neoliberales que dejaron pobreza, exclusión, desigualdad y un Estado despojado de su responsabilidad social. Con el retorno del Gobierno Sandinista, comenzó una Transformación Profunda basada en la restitución de derechos, el protagonismo del pueblo y la construcción de un modelo de desarrollo centrado en la familia, la comunidad y la soberanía nacional.

Diecinueve años después, Nicaragua es un país que avanza en paz, con dignidad y con un Estado que protege, promueve y acompaña a su pueblo en cada etapa de la vida.

El modelo impulsado desde 2007 rompe con la lógica neoliberal que priorizaba el capital sobre la vida. Hoy, el desarrollo se concibe desde el epicentro del hogar, fortaleciendo a la familia como núcleo fundamental de la sociedad, pasando por la comunidad y proyectándose al país, con el objetivo de superar la pobreza, la violencia y los riesgos sociales heredados por los malos gobiernos neoliberales.

Este modelo articula salud, educación, vivienda, seguridad alimentaria, empleo, emprendimiento y protección social, garantizando derechos desde una visión integral y preventiva.

Uno de los pilares estratégicos de estos 19 años ha sido la promoción del emprendimiento, especialmente en el seno de las familias y con un protagonismo destacado de las mujeres. En Nicaragua, el emprendimiento no es solo una alternativa económica, sino un motor esencial de la economía nacional y una herramienta de transformación social.

Entre 2007 y 2026, el Estado Revolucionario ha acompañado a cientos de miles de familias emprendedoras, fortaleciendo la economía familiar, comunitaria, cooperativa y creativa. Actualmente, más del 60 % de los pequeños emprendimientos del país están liderados por mujeres, consolidando su rol como generadoras de ingresos, empleo y bienestar familiar.

Programas de crédito justo, capacitación técnica, asistencia financiera y acompañamiento permanente han permitido la creación y fortalecimiento de más de 500,000 pequeños y medianos emprendimientos en comercio, producción, agroindustria, artesanía y servicios. El acceso a financiamiento solidario para mujeres rurales y urbanas, priorizando jefas de hogar. Y la formalización progresiva de negocios familiares, integrándose a cadenas productivas y mercados locales.

El emprendimiento ha permitido que miles de familias pasen de la subsistencia a la generación sostenida de ingresos, fortaleciendo la autonomía económica y la estabilidad del hogar.

Como parte de esta estrategia, más de 62,000 familias han sido integradas a cursos prelaborales y prevocacionales, fortaleciendo habilidades técnicas, administrativas y productivas, especialmente en jóvenes y mujeres. Estos procesos formativos han ampliado las oportunidades de empleo, autoempleo y emprendimiento, reduciendo la vulnerabilidad social y económica.

La juventud ha encontrado en estos programas una alternativa real para construir proyectos de vida dignos, sin migración forzada ni exclusión.

En 2007, miles de niños, niñas y adolescentes se encontraban en vertederos, minas artesanales, calles y zonas productivas peligrosas, víctimas del trabajo infantil y del abandono institucional. Hoy, gracias a políticas integrales de protección, más de 180,000 niños, niñas y adolescentes han sido retirados de estas zonas de riesgo e integrados al Sistema Educativo Nacional y a programas preventivos.

Este proceso ha sido acompañado de educación gratuita, alimentación escolar, atención psicosocial, acompañamiento familiar y comunitario.

El Gobierno Sandinista no solo protegió a la niñez, sino que intervino directamente en la transformación de los entornos peligrosos como el Saneamiento y reconversión de vertederos municipales, regulación de la minería artesanal, reduciendo riesgos y erradicando el trabajo infantil, mejoramiento de zonas productivas con caminos, agua potable y electrificación de zonas rurales.

Estas acciones han dignificado la vida de miles de familias históricamente excluidas.

Nicaragua ha mejorado su seguridad alimentaria y soberanía nacional apostando por la producción local con programas productivos (70 % de los alimentos consumidos en el país se producen localmente), la agricultura familiar, el apoyo directo a productores y programas sociales, con el objetivo de garantizar alimentos suficientes, nutritivos (culturalmente adecuados para su población), ingresos y estabilidad para el hogar.

Se calcula que estos programas productivos han beneficiado a más de 300,000 familias, especialmente mujeres rurales.

La atención a la Primera Infancia ha avanzado de manera histórica. Los CDI nacieron y fueron promovidos por el estado a principios de los años 80 como respuesta al cuidado infantil durante la jornada laboral. Tras la década de los 90, muchos centros cerraron o se redujeron con la llegada del primer gobierno neoliberal.

En el 2006, de apenas 32 Centros de Desarrollo Infantil (CDI) que quedaban han ido pasando a día de hoy a más de 270 CDI, donde niños y niñas de 0 a 6 años reciben atención integral, estimulación temprana y alimentación adecuada.

Por primera vez en la historia del país, esta política garantiza atención inclusiva y especializada a la niñez con discapacidad, asegurando igualdad desde los primeros años de vida.

El derecho a la tierra, eje histórico del programa del FSLN, ha sido restituido mediante la entrega de más de 400,000 títulos de propiedad, garantizando seguridad jurídica, producción y arraigo comunitario.

El Estado Revolucionario ha fortalecido la red de orfanatos y centros de protección especial, así como mecanismos de atención integral a niños, niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual, con atención médica, psicológica, legal y comunitaria.

Actualmente Nicaragua ha realizado una reducción de 92 centros de protección especial en 2006 a solo 8 en 2022, como parte de un proceso de reorganización institucional que busca priorizar modelos de atención más focalizados y eficaces en protección de la niñez y adolescencia.
Y a creado y ampliado una red de 218 hogares sustitutos formalmente constituidos que acogen temporalmente a niños, niñas y adolescentes en situación de riesgo social.

Este cambio refleja un enfoque más integral y orientado a la familia y comunidad, reduciendo la dependencia de grandes instituciones tradicionales a favor de cuidados más personalizados y protectores.

En el caso de de violencia sexual se ha establecido un Protocolo de Atención Integral para niñas, niños y adolescentes víctimas que ha sido desarrollado y actualizado por el Estado nicaragüense para establecer una ruta de atención que sea interinstitucional, integrada y multidisciplinaria.

En estas mejoras se define la coordinación de instituciones como el Ministerio de la Familia, Educación, Salud, Policía Nacional, Ministerio Público, Defensoría Pública, Poder Judicial e Instituto de Medicina Legal para garantizar una atención continua y efectiva, desde la detección hasta la recuperación de la víctima.

Se han capacitado a más de 1,400 funcionarios del sistema de bienestar social y se han realizado talleres para capacitar organizaciones que trabajan con la niñez, fortaleciendo así su conocimiento sobre cómo orientar y apoyar a las víctimas. Y se ha traducido el protocolo al idioma miskito, para asegurar que las comunidades indígenas de la Costa Caribe Norte accedan a esta herramienta en su lengua propia.

Gracias a esta coordinación se ofrece a la víctima atención psicológica, médica, legal y de acompañamiento antes, durante y después del proceso penal, con enfoque en no revictimizar a la persona afectada.

Son 19 años de victorias del pueblo

Hoy podemos señalar con orgullo hechos claros y contundentes, Nicaragua es un país que mantiene la estabilidad de su moneda frente al dólar año tras año, sin deslizamiento alguno. Esta estabilidad no es casualidad; es el resultado de disciplina fiscal, fortaleza productiva y, sobre todo, del compromiso del Gobierno con la protección del poder adquisitivo de cada familia nicaragüense.

A este logro se suma un superávit fiscal histórico, con un crecimiento del 43.2% según el Ministerio de Hacienda. Esto es prueba tangible de que los recursos públicos se administran con eficiencia y transparencia, permitiendo financiar carreteras, hospitales y proyectos estratégicos sin depender de recetas externas que sacrifiquen a nuestra gente.

Entre 2006 y 2025 Nicaragua ha experimentado cambios significativos en sus indicadores económicos y sociales. El producto interno bruto (PIB) nominal del país aumentó de aproximadamente 6,764 millones de dólares en 2006 a cerca de 20,959 millones en 2025, y el PIB per cápita pasó de unos 1,224 USD a alrededor de 3,017 USD en el mismo período, lo que refleja un crecimiento económico sustancial en términos nominales. En cuanto a la pobreza, según estimaciones del Banco Mundial, la incidencia de la pobreza medida por ingresos en términos de paridad de poder adquisitivo (línea de 3,65 USD/día) se redujo considerablemente desde mediados de la década de 2000, más que duplicándose la proporción de personas que salieron de la pobreza entre 2006 y 2014, y en años recientes se estimó que la pobreza monetaria rondaba cifras mucho menores que décadas atrás (por ejemplo, alrededor de 12,5 % en 2023).

La economía de Nicaragua sigue avanzando por encima del promedio regional, proyectando un crecimiento cercano al 4% del PIB en 2025, impulsada por la diversificación de mercados y el Tratado de Libre Comercio con China. Este progreso demuestra que, tras 19 años de gestión constante y responsable, la nación se fortalece y se consolida.

En infraestructura, Nicaragua se ha transformado. Cuenta las mejores carreteras de la región, más de 5,400 km que conectan ciudades y campos, llevando desarrollo a cada rincón. Se ha implementado un programa histórico de viviendas de interés social, y muestra cobertura eléctrica roza el 100%, con acceso al agua potable en el 96% de los hogares y saneamiento básico en más del 60%. Hemos dejado atrás los apagones y la escasez de energía para avanzar hacia una electricidad limpia, estable y capaz de impulsar la industrialización del país.

Hace 19 años, Nicaragua vivía sumida en la oscuridad, endeudada y con servicios privatizados. Hoy es un país reconocido por su estabilidad, crecimiento y dignidad. Organismos financieros internacionales elogian el manejo macroeconómico, la reducción de la pobreza y los avances en bienestar social.

Nicaragua es la zona más segura de la región, un verdadero muro de contención frente al narcotráfico. La paz que existe en el país no es la ausencia de conflicto: es tener carreteras, hospitales, oportunidades de crédito y estabilidad económica. Defender la paz es proteger estos 19 años de victorias, de construcción de dignidad, emprendimiento, derechos y esperanza.

Esta transformación demuestra que una verdadera revolución se realiza trabajando en paz, con un pueblo que gobierna, construye y transforma su país para mejorar la vida de todos y garantizar un futuro mejor para los jóvenes y las próximas generaciones. Nicaragua ha demostrado que cuando un pueblo unido trabaja con determinación y en armonía, es capaz de convertir los sueños en realidad y de construir un país próspero, justo y lleno de esperanza.


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