«Este es el trabajo m谩s bello que he hecho en mi vida… los tantos muertos que el imperialismo ha provocado en este y otros pa铆ses, no son su 煤nico crimen; los millones de sue帽os que destruyen, los muchos millones que son condenados a vivir en la miseria… eso es un crimen mucho mayor.»
— Berndt Koberstein, julio de 1986
28 de Julio del 2026, 40 aniversario del paso a la inmortalidad de los compa帽eros Berndt Koberstein, Yvan Leyvraz, Jo毛l Fieux, William Bland贸n y Mario Acevedo

Hay frases que sobreviven a quienes las escribieron porque explican una vida entera. Escrita pocas semanas antes de que su vida terminara violentamente en Nicaragua, habla de la muerte, pero sobre todo habla de la vida; de las vidas condenadas a la pobreza, de los sue帽os que nunca llegan a convertirse en realidad y de la necesidad de luchar para que un ser humano pueda tener la oportunidad de decidir su propio destino. Cuando Berndt escribi贸 que aquel era el trabajo m谩s bello que hab铆a realizado en su vida, probablemente no imaginaba que aquellas palabras acabar铆an convirti茅ndose, cuarenta a帽os despu茅s, en una de las mejores formas de comprender por qu茅 茅l, Yvan Leyvraz, Jo毛l Fieux y tantos otros internacionalistas decidieron abandonar sus pa铆ses y viajar hasta Nicaragua para poner sus conocimientos, su trabajo y su voluntad al servicio de comunidades que aspiraban a vivir mejor.
La Nicaragua que encontraron despu茅s del triunfo de la Revoluci贸n Popular Sandinista, el 19 de julio de 1979, era un pa铆s devastado por d茅cadas de dictadura, pobreza y desigualdad. En las zonas rurales faltaban escuelas, centros de salud, viviendas, caminos, agua potable y electricidad. La Revoluci贸n abri贸 una tarea inmensa: reconstruir y, al mismo tiempo, llevar derechos y servicios a quienes hab铆an permanecido durante generaciones en el abandono.
En ese proceso lleg贸 una extraordinaria solidaridad internacional. M茅dicos, maestros, t茅cnicos, constructores, estudiantes y trabajadores viajaron a Nicaragua para compartir conocimientos y esfuerzos. Entre ellos estaban tres europeos que terminar铆an vinculando para siempre sus nombres con el norte del pa铆s.
Berndt Koberstein, alem谩n de Friburgo, ten铆a 29 a帽os cuando regres贸 a Nicaragua en abril de 1986. Era trabajador metal煤rgico formado como mec谩nico industrial, sindicalista y militante comunista. Ya hab铆a estado en Nicaragua en 1984, integrado en la Brigada Carlos Fonseca, que colabor贸 en la instalaci贸n de una imprenta para la Juventud Sandinista.
En 1986 regres贸 a Wiwil铆 para trabajar en un proyecto de agua potable. Una conducci贸n de unos siete kil贸metros deb铆a llevar agua desde un arroyo de monta帽a del cerro Kilamb茅 hasta la poblaci贸n, sustituyendo el abastecimiento desde el r铆o Coco, asociado a problemas sanitarios. La obra, apoyada desde Friburgo y Europa, era para 茅l mucho m谩s que una infraestructura. «Este es el trabajo m谩s bello que he hecho en mi vida», escribi贸.
Yvan Leyvraz, suizo nacido en 1954, ten铆a 32 a帽os. Era obrero de la construcci贸n y hab铆a llegado a Nicaragua a comienzos de 1983. Dirigi贸 brigadas de trabajo, particip贸 en la construcci贸n de un puente en Matagalpa y posteriormente impuls贸 brigadas suizo-nicarag眉enses dedicadas a viviendas y proyectos comunitarios. En Wiwil铆 trabaj贸 en la construcci贸n de casas para familias campesinas y, desde 1986, en la zona de El Cu谩-Bocay. Sus conocimientos inclu铆an construcci贸n, carpinter铆a y electricidad, y los compart铆a con trabajadores nicarag眉enses.
Jo毛l Fieux, franc茅s de 28 a帽os, hab铆a llegado a Nicaragua en 1980 y decidi贸 quedarse. Hab铆a estudiado micromec谩nica y trabajado en imprentas vinculadas a movimientos antiimperialistas y anticolonialistas en Francia. En Nicaragua particip贸 en la Cruzada Nacional de Alfabetizaci贸n, trabaj贸 con campesinos del norte y puso sus conocimientos gr谩ficos y t茅cnicos al servicio del proceso revolucionario: instal贸 imprentas y equipos de comunicaci贸n y produjo materiales, afiches y mantas. Estaba casado con F谩tima Herrera y ten铆a un hijo peque帽o.
William Bland贸n Aguilar y Mario Acevedo eran nicarag眉enses y formaban parte de la estructura local que hac铆a posible que aquellos proyectos fueran algo m谩s que cooperaci贸n extranjera. Representaban, desde Nicaragua, otra parte inseparable de esta historia. Ellos no hab铆an cruzado un oc茅ano; formaban parte del propio pueblo que estaba intentando transformar su realidad. La presencia conjunta de nicarag眉enses e internacionalistas muestra precisamente qu茅 significaba aquella solidaridad: no era una historia de personas que ven铆an de fuera para hacer algo por los dem谩s, sino una historia de compa帽eros que trabajaban juntos, cada uno desde su propia experiencia, para conseguir que las comunidades pudieran vivir mejor.
William, originario de San Miguelito, R铆o San Juan, era Secretario Zonal de Propaganda y Educaci贸n Pol铆tica en Wiwil铆 y atend铆a territorios a lo largo del R铆o Coco. Mario, originario de Managua seg煤n fuentes de homenaje, formaba parte del Comit茅 de Direcci贸n Zonal del FSLN en Wiwil铆 y ejerc铆a como Ejecutivo Zonal de Gobierno. No he encontrado en las fuentes consultadas edades fiables para ambos; prefiero no inventarlas.
As铆, los cinco representaban algo esencial: la solidaridad no era una relaci贸n entre quienes daban y quienes recib铆an. Era trabajo compartido. Un suizo constructor, un alem谩n dedicado al agua, un franc茅s ligado a la comunicaci贸n y la educaci贸n pol铆tica, y dos nicarag眉enses integrados en la organizaci贸n local coincid铆an en una misma tarea: transformar las condiciones de vida de las comunidades.
Pero la Nicaragua que intentaban construir viv铆a al mismo tiempo una guerra. Mientras unos trabajaban para llevar agua, educaci贸n, salud, electricidad y proyectos productivos a comunidades, otros intentaban impedir que ese proceso pudiera consolidarse. La guerra de la Contra convirti贸 muchas zonas rurales en espacios de enorme peligro y afect贸 directamente a las poblaciones que precisamente necesitaban m谩s ayuda.
Aquellos internacionalistas no desconoc铆an completamente esa realidad. Hab铆an elegido permanecer en un pa铆s que atravesaba una situaci贸n extraordinariamente dif铆cil porque consideraban que abandonar a Nicaragua precisamente en aquel momento habr铆a significado renunciar al sentido de su solidaridad.
Y lleg贸 la ma帽ana en que todo cambi贸. La ma帽ana del 28 de julio de 1986.
Los cinco se encontraban en Wiwil铆 y emprendieron el desplazamiento hacia Matagalpa. No era un viaje ajeno a su trabajo: regresaban de una zona donde se desarrollaban proyectos de vivienda, agua potable y otras iniciativas sociales. Una referencia hist贸rica se帽ala adem谩s que estaban vinculados a estudios para gestionar nuevos proyectos de desarrollo destinados a cooperativas y pobladores rurales. La carretera atravesaba La Zompopera, un lugar que ya conoc铆a la violencia de la guerra.
Hacia las 11:30 de la ma帽ana, dos camionetas fueron atacadas. La primera consigui贸 atravesar el fuego; el segundo veh铆culo fue alcanzado. Los ocupantes intentaron resistir hasta la llegada de fuerzas del Ej茅rcito Popular Sandinista, pero Berndt, Yvan, Jo毛l, William y Mario fueron asesinados.
La tragedia convirti贸 La Zompopera en un nombre inseparable de sus cinco vidas. Pero reducirlos al modo en que murieron ser铆a permitir que la violencia contara toda su historia.
Cuando se lee hoy la frase de Berndt. Los "millones de sue帽os" a los que se refer铆a no eran una met谩fora vac铆a. Eran los sue帽os concretos de personas que quer铆an vivir mejor, tener acceso a la educaci贸n, disponer de agua potable, contar con electricidad, recibir atenci贸n m茅dica, poder trabajar y ofrecer a sus hijos unas oportunidades que sus padres nunca hab铆an tenido. Esos eran los sue帽os que aquellos compa帽eros hab铆an encontrado en Nicaragua y que hab铆an decidido ayudar a hacer posibles.
Ellos no viajaron a Nicaragua para morir. Viajaron para trabajar, construir, ense帽ar, organizar, imprimir, llevar agua, levantar viviendas y acompa帽ar a campesinos.
Por eso, cuarenta a帽os despu茅s, la memoria de La Zompopera tambi茅n puede mirarse desde otro lugar: desde las transformaciones que Nicaragua ha vivido y desde aquellas necesidades que poco a poco han dejado de ser sue帽os para convertirse en derechos y servicios concretos.
Los sue帽os que continuaron caminando
El retorno del FSLN al Gobierno en 2007 permiti贸 retomar esos sue帽os y abri贸 una nueva etapa de pol铆ticas p煤blicas centradas en ampliar infraestructuras y servicios. No significa que todos los problemas est茅n resueltos; todav铆a existen comunidades y familias con necesidades. Pero la transformaci贸n es visible.
La electrificaci贸n ofrece uno de los ejemplos m谩s contundentes. Seg煤n los datos oficiales publicados por el Ministerio de Energ铆a y Minas en 2026, la cobertura el茅ctrica nacional alcanz贸 el 99,73 %. Detr谩s de ese porcentaje hay una transformaci贸n enorme: 10.192 proyectos de electrificaci贸n y aproximadamente 11.201 kil贸metros de redes de media y baja tensi贸n, con actuaciones extendidas por los 15 departamentos, las dos regiones aut贸nomas y los 153 municipios del pa铆s. La dimensi贸n del cambio se aprecia todav铆a mejor cuando se recuerda que alrededor de 2006 la cobertura el茅ctrica nacional se encontraba en torno al 54 %.
Es dif铆cil contemplar una cifra como el 99,73 % sin pensar en lo que significa para una familia concreta. No es simplemente que una bombilla pueda encenderse al caer la noche. Tener electricidad permite a un ni帽o estudiar despu茅s de oscurecer, conservar alimentos y medicamentos, acceder a comunicaciones y tecnolog铆as, utilizar herramientas y desarrollar peque帽as actividades productivas. Cuando la electricidad llega a una comunidad remota, cambia las posibilidades de sus habitantes y modifica la relaci贸n de esa comunidad con el resto del pa铆s.
Con el agua ocurre algo todav铆a m谩s simb贸lico. Berndt trabajaba en Wiwil铆 para sustituir un abastecimiento precario. Hoy contin煤an ejecut谩ndose grandes proyectos de agua potable y saneamiento. En 2025, por ejemplo, la ampliaci贸n del sistema de Jinotepe contemplaba 73,2 kil贸metros de tuber铆as, cuatro tanques y doce pozos para mejorar el servicio de unas 10.800 familias. El Programa de Inversi贸n P煤blica 2026 mantiene el agua potable, el alcantarillado y el saneamiento entre sus principales 谩reas de inversi贸n.
Tambi茅n la educaci贸n muestra esa continuidad. En 2026, el Programa Integral de Nutrici贸n Escolar alcanza a m谩s de 1,2 millones de estudiantes, con distribuci贸n de alimentos para garantizar una merienda diaria en los centros educativos. Es una pol铆tica distinta a la realidad que encontraron los internacionalistas, pero responde a la misma idea de fondo: que el lugar donde nace un ni帽o no determine para siempre sus oportunidades.
En salud, la ampliaci贸n de la red p煤blica contin煤a con nuevos hospitales, centros de salud y servicios especializados. En 2025 se programaron, entre otras obras, hospitales primarios en Corn Island, Granada y San Rafael del Sur, un centro regional de hemodi谩lisis en Estel铆 y nuevas prestaciones especializadas en el Hospital V茅lez Paiz. La OPS tambi茅n reconoce avances recientes en un modelo de salud preventivo, gratuito, familiar y comunitario.
No debemos convertir estas cifras en una historia sin contradicciones. Tampoco podemos saber qu茅 habr铆an pensado Berndt, Yvan, Jo毛l, William y Mario al contemplar la Nicaragua actual. Pero s铆 podemos afirmar algo m谩s sencillo: muchos de los problemas concretos que encontraron —agua, vivienda, electricidad, educaci贸n, salud y aislamiento rural— han sido objeto de inversi贸n y transformaci贸n, y algunos sue帽os que entonces parec铆an lejanos se han convertido en servicios concretos.
Ah铆 aparece el sexto protagonista de esta historia: Nicaragua. No como un personaje abstracto, sino como el pueblo y las comunidades donde aquellos cinco hombres trabajaron. Nicaragua fue el lugar donde sus caminos se encontraron, donde la solidaridad dej贸 de ser una palabra para convertirse en trabajo. Y donde nos encontraremos siempre un pueblo c谩lido, hospitalario y agradecido a toda la solidaridad internacionalista.
Cuarenta a帽os despu茅s
Recordarlos es un deber, pero no solamente como un acto de homenaje, sino como un deber de memoria. Ellos tuvieron nombres, familias, oficios, proyectos y sue帽os. Y eligieron poner una parte de todo eso al servicio de otras personas, en un pa铆s que no era el suyo porque entendieron que la solidaridad tambi茅n pod铆a ser una forma concreta de compromiso en busca de un mundo m谩s justo y humano.