miércoles, 29 de abril de 2026

39 Aniversario del Asesinato de Benjamín Linder, luz y entrega para Nicaragua


Por Stalin Vladimir Centeno


En un rincón del norte de Nicaragua, donde las montañas abrazan la dignidad de los pueblos humildes, un joven ingeniero nacido en Portland, Oregón, decidió escribir su historia con luz, risa y sangre. Se llamaba Benjamín Linder, y aunque vino de muy lejos, Nicaragua fue su patria elegida, su trinchera y su último suspiro.

A inicios de los años 80, cuando la Revolución Sandinista recién había derrocado a la dictadura de Somoza, Ben, como le decían con cariño, tomó una decisión que cambió su vida: dejar atrás las comodidades del primer mundo, su título de ingeniería mecánica de la Universidad de Washington y su prometedora carrera profesional en Estados Unidos, para venir a un país herido, pero renacido, a ofrecer sus manos, su intelecto y su alma.

Ben no dejó esposa ni hijos. Su entrega fue total, y su familia fue el pueblo nicaragüense. Sus padres, médicos comprometidos con causas sociales, lo educaron en un ambiente de justicia y solidaridad. Desde joven, participaba en actos contra la guerra en Vietnam y en defensa de los derechos civiles. Una anécdota que se volvió entrañable entre quienes lo conocieron es que, en sus días como payasito, a veces cambiaba su nombre a “Tío Ben” y hacía malabares con piedras porque no tenía pelotas de circo; decía que “la alegría no necesita presupuesto, solo voluntad”. Esa capacidad de convertir la carencia en risa, y la tristeza en dignidad, fue su mayor acto de magia.

Benjamín Linder no vino a dar discursos. Vino a construir. Con planos, herramientas y mucho amor, comenzó a trabajar en las zonas más apartadas de Nicaragua, particularmente en San José de Bocay, Jinotega. Allí, donde el Estado apenas llegaba y donde la oscuridad era parte de la rutina, diseñó y ayudó a levantar pequeñas plantas hidroeléctricas que hoy siguen dando luz a comunidades enteras. No fue sólo ingeniero: fue un sembrador de futuro.

Pero Ben, no se detuvo en los cables ni en las turbinas. También se vestía de payasito, con nariz roja, zapatones y un sombrero ridículo, para llevar alegría a los niños pobres, a los que les daba chimbombas, comida, abrigo y ternura. Visitaba hospitales, llevaba vacunas, colaboraba con las brigadas de salud, y nunca pidió nada a cambio. Lo que quería era claro: un mundo más justo, un país más digno, una patria libre de imposiciones extranjeras.

Benjamín entendía la Revolución no solo como un cambio de gobierno, sino como un acto profundo de amor y justicia social. Su vida entera fue una denuncia contra la indiferencia. Cada bombillo encendido en las montañas, cada carcajada de un niño enfermo, cada gota de sudor que dejó en los caminos polvorientos del norte era su manifiesto de paz. No traía armas, traía ideas. No vino a dar órdenes, vino a aprender, a entregarse con humildad, con ternura, con valentía.

El 28 de abril de 1987, mientras trabajaba en la zona rural de El Cuá, fue emboscado y asesinado por la Contra nicaragüense, ese grupo armado y financiado por la CIA para destruir la Revolución y devolverle el poder a los lacayos del imperialismo. Lo asesinaron cobardemente, junto a dos compañeros nicaragüenses. Murió desarmado, con una libreta de apuntes en el bolsillo y un casco de trabajo en la cabeza. Así mataron al gringo bueno. Al que no vino a explotar, sino a liberar.

Después de su paso a la inmortalidad, Benjamín Linder sigue siendo faro y semilla. En los actos de solidaridad internacional, en los proyectos de energía comunitaria, en los brigadistas que llegan a los barrios humildes con amor y convicción, vive su espíritu. Y cada vez que alguien pregunta si vale la pena entregarse por los demás, la respuesta está en su ejemplo. Porque él lo dio todo, incluso la vida, sin pedir nada.

Hoy, a más de cuatro décadas de su siembra, Benjamín sigue iluminando el alma de esta patria. Cada niño que estudia con energía eléctrica en una zona remota, cada familia que enciende su fogón sin miedo, cada brigadista de salud que lleva sonrisas a los barrios más humildes, lleva un poco de Ben.

Si la Revolución tuviera un ángel en bicicleta, un ingeniero con alma de payaso, sería él. Y si el pueblo nicaragüense tuviera que dibujar la solidaridad en un rostro extranjero, sería el de Benjamín Linder.

No murió, lo sembramos. No se fue, se quedó. Y mientras haya niños que sueñen, pueblos que resistan y corazones que amen la libertad, Benjamín vivirá en cada rincón de Nicaragua.



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La fortaleza intergeneracional del sandinismo

Por Stephen Sefton

Una característica esencial que comparte el sandinismo con las otras grandes organizaciones revolucionarias del mundo ha sido su invencible capacidad de avanzar y superar aun en medio de los momentos más difíciles y ante los desafíos más desalentadores.


 La visión del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de una Nicaragua soberana y justa, sobrevivió la muerte prematura de Blanca Arauz y el cruel asesinato del General Sandino y la subsiguiente persecución del sandinismo porque los años de batalla habían transmitido con mucha fuerza esos ideales a sus compañeros de lucha. Las vidas y gestas de sobrevivientes de la guerra de Sandino como el General Ramón Raudales y del Coronel Santos López son las expresiones más claras de esta realidad.

De una u otra manera, a pesar de la censura y represión de parte de la dictadura, la gesta del General Sandino y su “pequeño ejército loco” permeaba prácticamente todos los estratos sociales de la sociedad nicaragüense. Es impresionante como el espíritu de Sandino inspiraba especialmente a las y los jóvenes en los años 1950, especialmente durante la feroz represión generalizada después del heroico ajusticiamiento de Anastasio Somoza por el joven poeta Rigoberto López Pérez. En ese período histórico cayó en combate el General Ramón Raudales y se dio el combate guerrillero de El Chaparral. Poco después, el Comandante Carlos Fonseca fundó el Frente Sandinista de Liberación Nacional junto con sus jóvenes contemporáneos Tomás Borge, Silvio Mayorga, Germán Pomares, Pablo Úbeda, Jorge Navarro y Francisco Buitrago.

Mirando retrospectivamente, se puede apreciar cómo este período marcó el inicio de un proceso imparable de resistencia, protesta y creciente conciencia popular del imperativo para Nicaragua de finalmente reivindicar la lucha del General Sandino por una Nicaragua digna y libre. Todos los heroicos avances y retrocesos de los años 1960s y 1970s aportaron al paulatino aumento de conciencia y conocimientos en la población hacia mayores niveles de lucha que culminaron con el derrocamiento de la dictadura. A lo largo de este período, la mística revolucionaria se iba construyendo entre la población de manera intuitiva y orgánica casi inconsciente, impulsada por la profunda convicción revolucionaria y fe espiritual que florecieron plenamente con el triunfo del 19 de julio 1979 y la Cruzada Nacional de Alfabetización.

Los años de la guerra terrorista impuesta por el presidente Ronald Reagan abrieron un nuevo capítulo de pasos adelante y reveses, de alentadores acontecimientos inspiradores de heroísmo y solidaridad entrelazados con el más doloroso sufrimiento. De igual manera, luego de derrotar militarmente al imperio, el Frente Sandinista hizo posible el primer traspaso democrático del poder en Nicaragua por la vía electoral lo cual dio lugar a otra fase de acumulación de experiencia, de luchas en defensa de los logros de la Revolución Popular Sandinista y de una nueva concientización de otra generación de juventud. La vital transmisión intergeneracional de los principios revolucionarios sandinistas era un elemento central del exitoso trabajo a nivel de base en los municipios del país para asegurar, paso a paso, la acumulación de mayor fuerza electoral por el Sandinismo en las sucesivas elecciones hasta la victoria electoral de noviembre 2006.

Ahora, el Sandinismo ha añadido la derrota del fallido intento de golpe de Estado de 2018 al catálogo de fracasos del imperio yanqui en Nicaragua, de esa manera fortaleciendo todavía más el legado de la lucha sandinista de los últimos cien años. Escribiendo en 2019, el compañero Miguel Ayerdis explica como ahora “la recuperación de la mística revolucionaria que acompañara las jornadas de lucha durante la década de los setenta y ochenta, por medio de procesos de intercambio y retroalimentación intergeneracional entre la familia sandinista, es un factor de cambio y actualización importante que se está realizando, con mayor celeridad”. Como ha dicho el Comandante Lumberto Campbell, es la continuidad histórica. El que tiene más experiencia va a pasar la antorcha, pero sigue acompañando para ir transmitiendo la experiencia“. Y este es otro sentido en que la Copresidencia del Comandante Daniel y compañera Rosario está cumpliendo con el programa histórico de Frente Sandinista, que prometió educar “a las nuevas generaciones en la gratitud y veneración eterna hacia los caídos en la lucha para que Nicaragua sea una Patria Libre”

Es imposible exagerar la importancia contemporánea de esta tarea. En otro contexto, Dmitri Medvedev, vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, ha explicado como el lenguaje es “una importante herramienta que permite mantener seculares tradiciones, que sirven de garantía de vínculo intergeneracional, así como un componente sociocultural de gran relevancia… Por este motivo, Occidente está lanzando un golpe ideológico contra la lengua como elemento de la solidaridad ciudadana. Los objetivos son evidentes: provocar desde fuera una crisis de autoidentificación y pérdida de la memoria histórica, minar los referentes éticos propios de nuestras civilizaciones, la justicia, la bondad, la misericordia, la compasión, el amor. Y, lo más importante, sustituirlos con valores sucedáneos, fruto de la agenda neoliberal”.

Así que la defensa de la paz en Nicaragua requiere un lenguaje que reconoce la vital importancia del intercambio intergeneracional que honra la verdad histórica de los valores, ideales y principios del Sandinismo. La Asamblea Nacional destaca su importancia al incluir este intercambio como uno de sus cinco políticas institucionales explicando que “la política generacional e intergeneracional de la Asamblea Nacional se define como las acciones, prácticas y compromisos, que se deben alcanzar para incorporar elementos que garanticen justicia y restitución de derechos en las relaciones generacionales e intergeneracionales. Tiene como objetivo implementar prácticas que permitan hacer realidad los derechos, garantías y libertades de todos los grupos generacionales en el proceso de formación de Ley, el quehacer legislativo y en la gestión administrativa de la Asamblea Nacional”.

La escritora Becca Renk ha resaltado que el impacto de esta política institucional al reconocer que “en Nicaragua existe un liderazgo intergeneracional que logra a la vez respetar a sus mayores y venerar a sus jóvenes. El programa más importante para la juventud nicaragüense es el acceso universal a una educación gratuita de calidad desde el preescolar hasta la universidad, que incluye también cientos de programas gratuitos de formación profesional”. Y dentro del sistema educativo nacional, el intercambio intergeneracional se promueve, por ejemplo, en el Programa Nacional de Arte y Cultura, de manera que, como reportó la compañera Maryorie Duarte el año pasado, “se fortalecerá la sensibilización artística y cultural, la colaboración intergeneracional, la creación colectiva, y la formación y certificación de maestros, además de promover la cultura popular y el conocimiento ancestral”.

El compañero Roger Avilés del Centro Cultural y Politécnico José Coronel Urtecho, confirma que una “gran experiencia que hemos tenido es el intercambio intergeneracional; como nosotros en el centro desarrollamos formación que va desde los 14 años, los jóvenes hasta toda la edad, de adultos mayores y demás, entonces encontramos grandes experiencias de intercambio, donde adultos mayores, abuelos, abuelitas, están en los espacios de formación con jóvenes… Entonces se vuelve un ejercicio rico, de que el adulto mayor cuenta todas sus vivencias, pero también el chavalo como lo ve hoy, como lo vive. Entonces, toda esa parte evidencia nuestro modelo en la educación técnica, que se sustenta en la calidad y la gratuidad”.

En un sentido más amplio, el compañero diputado Carlos Emilio López enfatiza que “la Revolución Popular Sandinista es una Revolución multidimensional porque a lo largo de su existencia, desde su génesis a la fecha, ha transformado las estructuras políticas, económicas, sociales, culturales, simbólicas, valóricas, relacionales, jurídicas e institucionales del Estado-Nación, Estado-Pueblo a nivel personal, familiar, comunitario, municipal, regional y nacional. Una revolución generacional en donde se respetan y materializan los derechos humanos de las personas en sus ciclos de vida, niñas, niños, adolescentes, jóvenes, y personas adultas y adultas mayores”.

El compañero Edgar Palazio Galo resume el proceso de transmisión intergeneracional de esta manera: “la continuidad histórica es una fuerza palpable que une a las generaciones actuales con los héroes y mártires que las precedieron, recordándoles que son parte de una ininterrumpida cadena de resistencia. En este sentido, el sandinismo del siglo 21 no es un punto de llegada estático, sino un proceso continuo en la incesante defensa de la soberanía, la justicia social y la dignidad del pueblo nicaragüense… Este proceso de transformación preserva el pasado como un mapa para el futuro, extrayendo lecciones valiosas para la toma de decisiones. Al mismo tiempo, el proyecto inyecta en sus venas la vitalidad de la juventud y su capacidad para imaginar y construir un mundo diferente”.

Una faceta central de esta revolución generacional es el alto protagonismo de la juventud en la vida pública del país. La ministra de la Juventud Darling Hernández ha comentado que en el modelo del Pueblo-Presidente desarrollado por el Comandante Daniel y la compañera Rosario, “no nos extraña que tenemos tantos jóvenes diputados, ministros, vice ministros, directores. Es así que la mujer y la juventud nicaragüense somos presidentes”. En la formación intergeneracional de esta juventud protagonista, el compañero Milton Ruiz destaca la centralidad de la figura y ejemplo del General Sandinoel mejor homenaje a Sandino, debe ser la siembra de su legado en el corazón nuestro y en el corazón de las generaciones nuevas, esas generaciones que deben marcar la diferencia, desde el bien común, el amor al prójimo y al trabajo, para conquistar lo que ha dicho nuestro Comandante Daniel: ¡el camino es la paz!”

Nuestra Copresidencia enfatiza de manera paradigmática el tema de la comunicación e intercambio intergeneracional. Por ejemplo, a los graduandos de la Policía Nacional en diciembre 2023, el Comandante Daniel expresó explícitamente: “Ustedes son el relevo generacional y llevan en sus Corazones los Principios y Valores que nos legaron nuestros Héroes y Mártires”.

Y la compañera Rosario, en la celebración del 19 de Julio en 2021, dijo: “Nuestra juventud nos conmueve, nos asegura que el futuro en esta Nicaragua, bendita y siempre libre, pertenece a esta cultura de convicción revolucionaria, de unidad revolucionaria… Irrenunciable exigencia de respeto a los externos; respeto a lo que hemos sido, respeto a lo que somos, y a lo que, sintiendo toda esta fuerza joven, Dios mediante, vamos a seguir siendo, para que Nicaragua sea cada vez de mayor cristianismo, libertad, dignidad, fraternidad, de familia y solidaridad”.

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Nicaragua prioriza la paz

Por Yosbel Bullaín


En abril de 2018 grupos violentos utilizaron el mismo guion empleado en otros países de América Latina para desestabilizar los Gobiernos de izquierda y seguir la agenda norteamericana de dominio continental según la doctrina Monroe.

Esos grupúsculos hicieron cuanto pudieron para tratar de eliminar al Ejecutivo sandinista y destruir un país que, antes de la intentona golpista, mostraba resultados económicos sobresalientes a nivel regional.

Violencia por doquier, asesinatos de sandinistas, una feroz campaña mediática y noticias falsas, centraron el accionar de los golpistas durante casi tres meses con decenas de muertos entre ellos, más de 20 oficiales de la Policía Nacional, según cifras oficiales.

No obstante, el país centroamericano logró superar esa etapa, y con el esfuerzo y sacrificio de su pueblo avanzó por sendas de desarrollo y progreso.

Recientemente la copresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, durante un acto que celebró aquí el Día Nacional de la Paz -19 de abril-, sostuvo que quienes “profanaron el amor sagrado” hoy añoran lo que perdieron, pero “no pueden ni podrán” revertir el curso de la historia en el país.

“Hoy quisieran retroceder el calendario, los relojes, las agujas, las campanas, los soles, los días, los salmos, las lunas; pero no pueden ni podrán”, afirmó.

Subrayó que Nicaragua avanza con dignidad hacia el futuro, guiada por valores como el honor, el amor, la valentía y el orgullo patrio.

“Del pasado no se vuelve; al futuro se camina erguido, nunca de rodillas, y el presente es donde hemos llegado caminando con honor, con valor y con amor grande”, destacó.

MANIPULACIÓN MEDIÁTICA

Para el analista político nicaragüense Xavier Díaz-Lacayo, en 2018 se realizó en Nicaragua una penetración de contenidos manipulados que, difundidos principalmente a través de redes sociales no certificadas, impactaron en la percepción colectiva.

Díaz-Lacayo identifica como punto de inflexión la proliferación de noticias falsas que simulaban normalidad informativa, pero que en el fondo contenían elementos distorsionados.

“Estas narrativas, amplificadas por figuras públicas y dirigidas a sectores con menor formación política o ideológica, generaron estados de alarma social, miedo e incertidumbre sobre la estabilidad del país”, declaró a Prensa Latina.

El analista afirmó que la desinformación no fue un fenómeno aislado, sino que respondió a objetivos concretos.

Por un lado, distorsionar la gobernabilidad para propiciar la salida del gobierno o un quiebre institucional; y por otro, impulsar escenarios más extremos, incluyendo acciones dirigidas contra el liderazgo político del país.

Asimismo, resaltó la influencia de organizaciones no gubernamentales y fuentes de financiamiento externo que, en su interpretación, habrían contribuido a dinámicas desestabilizadoras.

EL GOBIERNO SE FORTALECIÓ

La violencia golpista que intentó destruir Nicaragua fortaleció al Gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en unidad con el pueblo.

En ese sentido, el experto señaló un fortalecimiento de la institucionalidad con la implementación de nuevos mecanismos de prevención y control, sin abandonar -afirmó- los objetivos de desarrollo social ni la apertura hacia quienes desean integrarse al país.

“La institucionalidad crece dotando de nuevas firmas de advertencia sin perder la ternura, nuevas formas de prevención sin perder la objetividad hacia el desarrollo de las personas”, subrayó.

VERDAD PALPABLE

A decir de la copresidenta nicaragüense, la realidad del país es visible en los avances en infraestructura, salud, educación y programas sociales, los cuales -destacó- reflejan el esfuerzo sostenido por mejorar la calidad de vida de la población.

“Cualquiera que recorre las comunidades, que utiliza las carreteras o accede al sistema de salud y educación, sabe cuál es la verdad”, expresó.

La mandataria enfatizó que el Gobierno continúa construyendo el porvenir “paso a paso, con calma, fe y certeza de bien común”, promoviendo la unidad como principal fortaleza del pueblo nicaragüense.

En ese sentido, resaltó que, en un contexto internacional marcado por conflictos, la defensa de la paz constituye un deber esencial, especialmente para quienes profesan valores cristianos.

Murillo reiteró que la verdad “se ve, se toca y se vive”, y aseguró que el pueblo nicaragüense se distingue por su “valentía espiritual” y su capacidad de avanzar pese a los desafíos.

Reafirmó el compromiso de seguir trabajando por un futuro de desarrollo, justicia social y lucha contra la pobreza, “con verdades verdaderas que derrotan la mentira”, y exaltó el orgullo nacional y la vocación de progreso del país.

Para Díaz-Lacayo, existe una percepción mayoritaria en la población de que el país vive en paz y que esta debe ser preservada, lo cual refuerza la importancia de consolidar espacios de entendimiento social.

De cara al futuro, proyecta un escenario de prudencia, pero también de consolidación. Considera que la sociedad nicaragüense ha aprendido a valorar el crecimiento alcanzado y a resguardar la estabilidad como un bien estratégico.

Manifestó que los fundamentos ideológicos y políticos del país -basados en la identidad nacional, la dignidad, la soberanía y la independencia- continúan siendo, a su juicio, el eje sobre el cual se sostiene el modelo de desarrollo en Nicaragua.

Desde esa perspectiva, no visualiza una alternativa que supere las condiciones actuales de estabilidad para esta nación centroamericana.

“Yo no veo una oferta mejor en el mundo para Nicaragua que no sea la estabilidad sandinista”, subrayó.

RESPALDO POPULAR

El Gobierno Sandinista goza hoy día de un amplio respaldo popular; de acuerdo con el más reciente estudio de opinión pública de la encuestadora M&R Consultores, el 88,4 por ciento de la población nicaragüense aprueba la gestión del Ejecutivo que lidera el copresidente Daniel Ortega.

El sondeo correspondiente al primer trimestre de 2026 destacó que el 86 por ciento de los encuestados calificó de positivo el trabajo que realiza la copresidenta Rosario Murillo.

En cuanto al índice de predisposición política, el 86,7 por ciento corresponde al Frente Sandinista de Liberación Nacional, mientras a la oposición solo la respalda un 13,5 de los encuestados.

Añadió que el 90,9 por ciento de los entrevistados opinó que el Gobierno les genera esperanza. Asimismo, consideraron que bajo ningún concepto se debe poner en riesgo la paz ni la estabilidad económica del país.

arb/ybv



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domingo, 26 de abril de 2026

Nicaragua se reafirma en las calles y en encuestas su apuesta por la paz, estabilidad y soberanía. La Revolución continua.

Abril, Mes de la Paz: movilización popular sin precendentes, memoria histórica y reafirmación del pueblo como protagonista de la Revolución

Abril de 2026 ha sido asumido en Nicaragua como un mes de profunda significación histórica, política y emocional. Declarado como el Mes de la Paz, este periodo ha concentrado una amplia agenda de actividades que han involucrado a instituciones, comunidades y ciudadanía en general, reafirmando la paz como el principal valor del país y como el eje central del modelo político impulsado por el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional.

El punto de mayor relevancia dentro de este mes es el 19 de abril, Día Nacional de la Paz, fecha que no solo tiene un carácter conmemorativo, sino también profundamente político e histórico. Este día recuerda los acontecimientos de abril de 2018, cuando —según la narrativa oficial— Nicaragua enfrentó un intento de golpe de Estado promovido por grupos violentos con apoyo externo, particularmente de Estados Unidos y sectores de la Unión Europea. Estos hechos dejaron víctimas mortales, destrucción de infraestructura, pérdidas económicas y una fuerte afectación a la estabilidad social.

En este contexto, el Día de la Paz simboliza la decisión del pueblo nicaragüense de no volver a ese escenario de violencia. Se presenta como una victoria histórica frente al caos, una reafirmación de la soberanía nacional y una expresión de la voluntad colectiva de vivir en estabilidad.

Las jornadas del 18, 19 y 20 de abril constituyeron el momento culminante de este proceso. El 18 de abril se desarrollaron caminatas comunitarias en todo el país, en barrios, municipios y zonas rurales, como antesala de las grandes movilizaciones. Estas caminatas reflejaron la participación directa del pueblo en la defensa de la paz, mostrando que esta no es solo una política estatal, sino una construcción social cotidiana.

El 19 de abril, Día de la Paz, se realizaron marchas masivas y simultáneas en todo el territorio nacional. Miles de personas participaron en una movilización que combinó lo político, lo cultural y lo emocional. Familias, jóvenes, trabajadores y organizaciones sociales llenaron las calles en un ambiente de celebración, memoria y reivindicación.

Las consignas presentes en pancartas y cánticos reflejaban con claridad el sentir colectivo:

  • “Nicaragua es Paz, es Dignidad, es Soberanía”
  • “Nuestra Victoria es la Paz”
  • “Todos Juntos, Siempre Más Allá, Abril”

Estas expresiones sintetizan una identidad política en la que la paz se concibe como una conquista histórica y como un compromiso permanente. Las marchas no solo celebraban la estabilidad actual, sino que también rechazaban explícitamente la violencia y cualquier intento de desestabilización.

El ambiente fue festivo, con música, expresiones culturales y participación masiva, pero también cargado de memoria histórica. Abril de 2018 estuvo presente como referencia constante, reforzando la idea de que la paz actual es resultado de una experiencia vivida y superada.

En este marco, la paz se vincula directamente con el desarrollo. Se plantea que la estabilidad permite consolidar la economía, atraer inversiones, garantizar el empleo y sostener programas sociales en áreas como salud, educación, vivienda y electrificación. La lucha contra la pobreza, según esta visión, depende de la continuidad de un entorno pacífico.

El modelo promovido por el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional —definido como cristiano, socialista y solidario— se presenta como el garante de esta estabilidad, combinando políticas sociales con actividad económica y participación del sector privado.

El acto central del 20 de abril: soberanía, paz y posicionamiento internacional


El 20 de abril tuvo lugar el acto central en la Avenida de Bolívar a Chávez, junto al Parque de los Héroes de la Dignidad Nacional, un espacio de gran valor simbólico que conecta las luchas históricas por la soberanía con el presente político.

El acto fue presidido por los copresidentes Daniel Ortega y Rosario Murillo, quienes desarrollaron un discurso amplio que abarcó temas nacionales e internacionales.

En el plano interno, Ortega reiteró que la paz es urgente y fundamental para garantizar el desarrollo económico, la estabilidad política y el bienestar social. Insistió en que sin paz no es posible sostener los programas sociales ni avanzar en la reducción de la pobreza.

Murillo, por su parte, enfatizó la dimensión espiritual y emocional de la paz, presentándola como una victoria del pueblo frente al odio, la violencia y la desestabilización.

Uno de los elementos más significativos del discurso fue la reivindicación histórica frente a Estados Unidos. Ortega volvió a exigir que ese país cumpla con la indemnización pendiente derivada de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia de 1986, que condenó a Washington por sus acciones contra Nicaragua durante la guerra de los años 80. Este fallo, que establecía la obligación de reparar los daños causados, sigue siendo presentado como una deuda histórica no saldada.

Este reclamo no es un elemento aislado, sino que cumple varias funciones dentro del discurso:

  • Conecta el pasado con el presente, estableciendo una continuidad en la relación conflictiva con Estados Unidos
  • Refuerza la idea de Nicaragua como país que ha sido agredido históricamente
  • Legitima la defensa actual de la soberanía frente a sanciones y presiones externas

En este mismo marco, Ortega denunció las sanciones impuestas por Estados Unidos, señalando que afectan al pueblo nicaragüense y constituyen una forma de injerencia. Estas medidas fueron interpretadas como intentos de debilitar la estabilidad del país.

El discurso también abordó la situación internacional. Ortega condenó las políticas de Estados Unidos hacia Irán, así como las sanciones contra Cuba y Venezuela, señalando que estas acciones afectan la paz mundial. En este contexto, Nicaragua se posiciona como un país que defiende no solo su propia soberanía, sino también el derecho de otras naciones a decidir su destino sin presiones externas.

La crítica directa a la política estadounidense, incluyendo referencias a Donald Trump, marcó un endurecimiento del discurso, reflejando un posicionamiento más confrontativo en el escenario internacional.

En conjunto, el acto central integró memoria histórica (guerra de los 80 y 2018), legitimación del modelo político, defensa de al soberanía y posicionamiento geopolítico, reforzando la idea de que la paz en Nicaragua está ligada tanto a factores internos como externos.

presentación resultados de Encuestas: datos completos sobre percepción social y respaldo al modelo

El 22 de abril se dieron a conocer los resultados de una encuesta de M&R Consultores, que aportan datos concretos sobre la percepción de la población.

Los nicaragüenses percibe una base sólida en los principios que sostienen al país. Principios como la estabilidad y seguridad; la autodeterminación, soberanía y la Paz Social, tienen índices de aprobación que superan el 90%.

Los resultados muestran niveles muy altos de consenso en torno a la paz y la estabilidad:

  • 97,2% considera que la paz no debe ponerse en riesgo bajo ninguna circunstancia
  • 93,7% percibe que el país vive en condiciones de estabilidad y seguridad
  • 91,8% aprueba el desempeño de la Policía Nacional
  • 97,8% considera que existe libertad para opinar dentro de un marco de respeto

En cuanto al liderazgo político:

  • 88,1% aprueba la gestión de Daniel Ortega
  • 86,3% respalda a Rosario Murillo

En el ámbito económico:

  • 80,7% considera que el país progresa
  • 82,7% percibe que su situación económica personal ha mejorado o se mantiene estable

Otros datos relevantes incluyen:

  • Mayoría de la población se identifica con posiciones de izquierda
  • Reconocimiento del papel del sector privado en la economía
  • Alta valoración de la seguridad como logro del modelo político

Estos datos refuerzan la narrativa de que existe un amplio respaldo social al modelo basado en paz, estabilidad y desarrollo. La coincidencia entre movilización popular, discurso político y resultados de encuestas construye una imagen de cohesión nacional.



Abril nos muestra un pueblo comprometido con su revolución

Abril de 2026 se presenta en Nicaragua como una síntesis de historia, política y geopolítica. Las marchas del 18, 19 y 20 de abril, el acto central en Managua y los datos de opinión pública configuran una narrativa en la que la paz aparece como eje central de la vida nacional.

La incorporación del reclamo histórico de indemnización a Estados Unidos refuerza esta narrativa, conectando pasado y presente en una misma línea de defensa de la soberanía. Al mismo tiempo, el posicionamiento internacional sitúa a Nicaragua dentro de un marco más amplio de crítica al intervencionismo y defensa de la autodeterminación.

En este contexto, la paz no es solo un objetivo: es una victoria, una identidad y una herramienta política que articula el presente y proyecta el futuro del país.


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miércoles, 22 de abril de 2026

Copresidentes de Nicaragua presiden acto central: 19 de Abril "Nuestra Victoria es la Paz" - 2026



Transmisión oficial del Acto Central "Nuestra Victoria es la Paz", presidido por los Copresidentes de la República de Nicaragua, Comandante Daniel Ortega y Compañera Rosario Murillo.

Este acto representa un momento clave en la agenda nacional, donde la jefatura de Estado se dirige a las familias nicaragüenses para reafirmar los valores de soberanía y unidad que caracterizan al país en este 2026.




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domingo, 19 de abril de 2026

Abril, memoria y soberanía: la construcción de la paz en Nicaragua

Por Javier Huerta


Abril en Nicaragua es el mes donde se cruzan las heridas y las victorias, donde el pueblo vuelve a mirarse a sí mismo y a decir, con claridad y sin titubeos, que la paz no se negocia, no se mendiga y no se impone desde fuera: se defiende, se construye y se sostiene desde la conciencia colectiva. Por eso, la declaración del 19 de abril como Día Nacional de la Paz no es un gesto simbólico vacío, sino una afirmación profundamente política y profundamente popular: el reconocimiento de que Nicaragua decidió, en medio de la adversidad, apostar por la vida, por la estabilidad y por el derecho irrenunciable a vivir en tranquilidad.

Hablar de la paz en Nicaragua implica entenderla como una conquista histórica. No es la paz de los silencios impuestos ni la paz de las élites acomodadas, sino la paz de los pueblos que han resistido invasiones, intervenciones, guerras y agresiones sistemáticas. Es la paz que nace de la dignidad y que se sostiene en la soberanía. Es la paz que tiene nombre de pueblo y rostro de comunidad. En ese sentido, abril deja de ser únicamente el recuerdo de los intentos de ruptura y se convierte en la reafirmación de una victoria política y moral frente a quienes apostaron por el caos, la violencia y la desestabilización en 2018.

Aquellos acontecimientos no pueden analizarse al margen de los intereses que históricamente han intentado someter a Nicaragua. Desde la perspectiva sandinista, lo ocurrido fue un intento de golpe suave, una operación que buscaba fracturar la institucionalidad, paralizar la economía y sembrar el miedo como herramienta de dominación. Sin embargo, lo que encontraron fue un pueblo con memoria, un Estado con capacidad de respuesta y una cultura política profundamente arraigada en la defensa de la soberanía. Hoy, cuando se afirma que el golpismo está derrotado, no se trata de una consigna vacía, sino de una lectura histórica: el proyecto de desestabilización fracasó porque subestimó la conciencia del pueblo nicaragüense.

La paz que hoy vive Nicaragua, por tanto, no es ingenua. Es una paz consciente, vigilante, que entiende que la estabilidad es un bien que debe protegerse todos los días. En ese proceso, el Gobierno Sandinista ha asumido un papel central, no como un actor distante, sino como una expresión organizada de esa voluntad popular. La paz se ha convertido en eje transversal de las políticas públicas, en fundamento del modelo de desarrollo y en condición indispensable para el progreso económico y social.

Porque no hay desarrollo posible sin paz. No hay crecimiento económico sostenido en medio del caos. No hay bienestar social si la incertidumbre domina la vida cotidiana. La recuperación económica que Nicaragua ha experimentado tras los daños provocados en 2018 no puede entenderse sin la consolidación de la estabilidad. Los indicadores de crecimiento, la reactivación productiva y la confianza en el país están directamente vinculados a la capacidad de garantizar orden, seguridad y gobernabilidad. En este sentido, la paz deja de ser un concepto abstracto y se convierte en un factor concreto de desarrollo.

Pero la visión sandinista va más allá de lo económico. La paz se concibe como un derecho colectivo, inseparable de la justicia social. No basta con la ausencia de conflicto; es necesario construir condiciones de vida dignas para todos. De ahí el énfasis en un modelo de desarrollo integral y sostenible, donde la salud, la educación, la vivienda y el trabajo no son privilegios, sino derechos garantizados. El sistema de salud gratuito, por ejemplo, no es solo una política social: es una expresión concreta de esa paz que se traduce en bienestar, en atención digna, en la certeza de que la vida está protegida.

De igual manera, la seguridad ciudadana en Nicaragua ha sido reconocida como una de las más sólidas de la región. Este dato no es menor. En un contexto latinoamericano marcado por altos niveles de violencia, el hecho de que los nicaragüenses puedan vivir con tranquilidad en sus comunidades es una evidencia palpable de que la paz no es un discurso, sino una realidad cotidiana. Estudios que miden la percepción ciudadana ubican al país entre aquellos donde las personas reportan mayores niveles de paz personal, lo que refuerza la idea de que la estabilidad institucional se refleja directamente en la vida diaria.

Esta construcción de paz también tiene un rostro profundamente humano y transformador en la participación de las mujeres. El modelo sandinista ha colocado la equidad de género como un pilar fundamental, no solo por razones de justicia, sino porque entiende que no puede haber paz verdadera en una sociedad marcada por la desigualdad. La presencia activa de las mujeres en la vida política, económica y social del país es parte de ese proceso de transformación que busca construir una Nicaragua más justa, más inclusiva y más cohesionada.

En este mismo horizonte se inscribe la defensa de la soberanía como condición indispensable para la paz. No hay paz sin autodeterminación. No hay estabilidad si el país está expuesto a presiones externas o a dinámicas que buscan debilitar su integridad territorial. La reciente legislación sobre territorios fronterizos responde a esta lógica: proteger el territorio es proteger la paz. No se trata de medidas aisladas, sino de una estrategia coherente que entiende que la seguridad nacional es un componente esencial del bienestar colectivo.

Desde esta perspectiva, la paz no se reduce al ámbito interno. Nicaragua ha proyectado en el escenario internacional una posición firme en defensa de la soberanía de los pueblos, del derecho internacional y de la no injerencia. En un mundo atravesado por conflictos, intervenciones y desigualdades, la voz de Nicaragua se levanta para reivindicar la necesidad de un orden global más justo. Esta postura no es retórica; es coherente con su propia historia y con su experiencia de resistencia. La lucha por la paz, entonces, trasciende las fronteras y se convierte en un compromiso con la humanidad.

Abril, como mes de la paz, sintetiza todas estas dimensiones. Es memoria, pero también es proyecto. Es recordatorio de lo que se enfrentó, pero sobre todo afirmación de lo que se ha construido. La institucionalización del 19 de abril como Día Nacional de la Paz es, en esencia, un acto de soberanía simbólica: el pueblo nicaragüense decide cómo narrar su historia, decide qué valores colocar en el centro de su identidad y decide, sobre todo, cuál es el camino a seguir.

En esa decisión hay una claridad profunda: la paz es el pilar fundamental del desarrollo. Sin paz no hay trabajo digno, no hay inversión, no hay futuro. Con paz, en cambio, se abren posibilidades, se fortalecen las comunidades y se construye un horizonte de esperanza. La unidad nacional, tantas veces invocada, encuentra en la paz su punto de encuentro. No como uniformidad, sino como coincidencia en lo esencial: la defensa de la vida, de la estabilidad y de la dignidad.

Desde una visión sandinista, la paz no es neutral. Tiene contenido político, tiene dirección histórica y tiene un sujeto claro: el pueblo. Es una paz que se construye con participación, con organización y con conciencia. Es una paz que no olvida, pero que tampoco se queda atrapada en el pasado. Es una paz que mira hacia adelante, que se proyecta como proyecto de nación.

Hoy, cuando Nicaragua reafirma su compromiso con la paz en este abril cargado de significado, lo hace desde la certeza de haber resistido y de estar avanzando. La estabilidad alcanzada, el crecimiento económico sostenido, los niveles de seguridad ciudadana, la ampliación de derechos sociales y la defensa firme de la soberanía son presentados como evidencias de un modelo que, más allá de las críticas, ha logrado consolidar un escenario de tranquilidad y desarrollo.

En un mundo donde la paz suele ser frágil y efímera, Nicaragua se presenta como un país que ha decidido convertirla en política de Estado y en cultura de vida. Esa es la apuesta, ese es el desafío y esa es la convicción que atraviesa este tiempo histórico. Abril no es solo un mes: es la reafirmación de que la paz, conquistada con esfuerzo y defendida con firmeza, es el camino sobre el cual se construye el presente y se proyecta el futuro de la nación.

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