domingo, 26 de abril de 2026

Nicaragua se reafirma en las calles y en encuestas su apuesta por la paz, estabilidad y soberanía. La Revolución continua.

Abril, Mes de la Paz: movilización popular sin precendentes, memoria histórica y reafirmación del pueblo como protagonista de la Revolución

Abril de 2026 ha sido asumido en Nicaragua como un mes de profunda significación histórica, política y emocional. Declarado como el Mes de la Paz, este periodo ha concentrado una amplia agenda de actividades que han involucrado a instituciones, comunidades y ciudadanía en general, reafirmando la paz como el principal valor del país y como el eje central del modelo político impulsado por el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional.

El punto de mayor relevancia dentro de este mes es el 19 de abril, Día Nacional de la Paz, fecha que no solo tiene un carácter conmemorativo, sino también profundamente político e histórico. Este día recuerda los acontecimientos de abril de 2018, cuando —según la narrativa oficial— Nicaragua enfrentó un intento de golpe de Estado promovido por grupos violentos con apoyo externo, particularmente de Estados Unidos y sectores de la Unión Europea. Estos hechos dejaron víctimas mortales, destrucción de infraestructura, pérdidas económicas y una fuerte afectación a la estabilidad social.

En este contexto, el Día de la Paz simboliza la decisión del pueblo nicaragüense de no volver a ese escenario de violencia. Se presenta como una victoria histórica frente al caos, una reafirmación de la soberanía nacional y una expresión de la voluntad colectiva de vivir en estabilidad.

Las jornadas del 18, 19 y 20 de abril constituyeron el momento culminante de este proceso. El 18 de abril se desarrollaron caminatas comunitarias en todo el país, en barrios, municipios y zonas rurales, como antesala de las grandes movilizaciones. Estas caminatas reflejaron la participación directa del pueblo en la defensa de la paz, mostrando que esta no es solo una política estatal, sino una construcción social cotidiana.

El 19 de abril, Día de la Paz, se realizaron marchas masivas y simultáneas en todo el territorio nacional. Miles de personas participaron en una movilización que combinó lo político, lo cultural y lo emocional. Familias, jóvenes, trabajadores y organizaciones sociales llenaron las calles en un ambiente de celebración, memoria y reivindicación.

Las consignas presentes en pancartas y cánticos reflejaban con claridad el sentir colectivo:

  • “Nicaragua es Paz, es Dignidad, es Soberanía”
  • “Nuestra Victoria es la Paz”
  • “Todos Juntos, Siempre Más Allá, Abril”

Estas expresiones sintetizan una identidad política en la que la paz se concibe como una conquista histórica y como un compromiso permanente. Las marchas no solo celebraban la estabilidad actual, sino que también rechazaban explícitamente la violencia y cualquier intento de desestabilización.

El ambiente fue festivo, con música, expresiones culturales y participación masiva, pero también cargado de memoria histórica. Abril de 2018 estuvo presente como referencia constante, reforzando la idea de que la paz actual es resultado de una experiencia vivida y superada.

En este marco, la paz se vincula directamente con el desarrollo. Se plantea que la estabilidad permite consolidar la economía, atraer inversiones, garantizar el empleo y sostener programas sociales en áreas como salud, educación, vivienda y electrificación. La lucha contra la pobreza, según esta visión, depende de la continuidad de un entorno pacífico.

El modelo promovido por el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional —definido como cristiano, socialista y solidario— se presenta como el garante de esta estabilidad, combinando políticas sociales con actividad económica y participación del sector privado.

El acto central del 20 de abril: soberanía, paz y posicionamiento internacional


El 20 de abril tuvo lugar el acto central en la Avenida de Bolívar a Chávez, junto al Parque de los Héroes de la Dignidad Nacional, un espacio de gran valor simbólico que conecta las luchas históricas por la soberanía con el presente político.

El acto fue presidido por los copresidentes Daniel Ortega y Rosario Murillo, quienes desarrollaron un discurso amplio que abarcó temas nacionales e internacionales.

En el plano interno, Ortega reiteró que la paz es urgente y fundamental para garantizar el desarrollo económico, la estabilidad política y el bienestar social. Insistió en que sin paz no es posible sostener los programas sociales ni avanzar en la reducción de la pobreza.

Murillo, por su parte, enfatizó la dimensión espiritual y emocional de la paz, presentándola como una victoria del pueblo frente al odio, la violencia y la desestabilización.

Uno de los elementos más significativos del discurso fue la reivindicación histórica frente a Estados Unidos. Ortega volvió a exigir que ese país cumpla con la indemnización pendiente derivada de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia de 1986, que condenó a Washington por sus acciones contra Nicaragua durante la guerra de los años 80. Este fallo, que establecía la obligación de reparar los daños causados, sigue siendo presentado como una deuda histórica no saldada.

Este reclamo no es un elemento aislado, sino que cumple varias funciones dentro del discurso:

  • Conecta el pasado con el presente, estableciendo una continuidad en la relación conflictiva con Estados Unidos
  • Refuerza la idea de Nicaragua como país que ha sido agredido históricamente
  • Legitima la defensa actual de la soberanía frente a sanciones y presiones externas

En este mismo marco, Ortega denunció las sanciones impuestas por Estados Unidos, señalando que afectan al pueblo nicaragüense y constituyen una forma de injerencia. Estas medidas fueron interpretadas como intentos de debilitar la estabilidad del país.

El discurso también abordó la situación internacional. Ortega condenó las políticas de Estados Unidos hacia Irán, así como las sanciones contra Cuba y Venezuela, señalando que estas acciones afectan la paz mundial. En este contexto, Nicaragua se posiciona como un país que defiende no solo su propia soberanía, sino también el derecho de otras naciones a decidir su destino sin presiones externas.

La crítica directa a la política estadounidense, incluyendo referencias a Donald Trump, marcó un endurecimiento del discurso, reflejando un posicionamiento más confrontativo en el escenario internacional.

En conjunto, el acto central integró memoria histórica (guerra de los 80 y 2018), legitimación del modelo político, defensa de al soberanía y posicionamiento geopolítico, reforzando la idea de que la paz en Nicaragua está ligada tanto a factores internos como externos.

presentación resultados de Encuestas: datos completos sobre percepción social y respaldo al modelo

El 22 de abril se dieron a conocer los resultados de una encuesta de M&R Consultores, que aportan datos concretos sobre la percepción de la población.

Los nicaragüenses percibe una base sólida en los principios que sostienen al país. Principios como la estabilidad y seguridad; la autodeterminación, soberanía y la Paz Social, tienen índices de aprobación que superan el 90%.

Los resultados muestran niveles muy altos de consenso en torno a la paz y la estabilidad:

  • 97,2% considera que la paz no debe ponerse en riesgo bajo ninguna circunstancia
  • 93,7% percibe que el país vive en condiciones de estabilidad y seguridad
  • 91,8% aprueba el desempeño de la Policía Nacional
  • 97,8% considera que existe libertad para opinar dentro de un marco de respeto

En cuanto al liderazgo político:

  • 88,1% aprueba la gestión de Daniel Ortega
  • 86,3% respalda a Rosario Murillo

En el ámbito económico:

  • 80,7% considera que el país progresa
  • 82,7% percibe que su situación económica personal ha mejorado o se mantiene estable

Otros datos relevantes incluyen:

  • Mayoría de la población se identifica con posiciones de izquierda
  • Reconocimiento del papel del sector privado en la economía
  • Alta valoración de la seguridad como logro del modelo político

Estos datos refuerzan la narrativa de que existe un amplio respaldo social al modelo basado en paz, estabilidad y desarrollo. La coincidencia entre movilización popular, discurso político y resultados de encuestas construye una imagen de cohesión nacional.



Abril nos muestra un pueblo comprometido con su revolución

Abril de 2026 se presenta en Nicaragua como una síntesis de historia, política y geopolítica. Las marchas del 18, 19 y 20 de abril, el acto central en Managua y los datos de opinión pública configuran una narrativa en la que la paz aparece como eje central de la vida nacional.

La incorporación del reclamo histórico de indemnización a Estados Unidos refuerza esta narrativa, conectando pasado y presente en una misma línea de defensa de la soberanía. Al mismo tiempo, el posicionamiento internacional sitúa a Nicaragua dentro de un marco más amplio de crítica al intervencionismo y defensa de la autodeterminación.

En este contexto, la paz no es solo un objetivo: es una victoria, una identidad y una herramienta política que articula el presente y proyecta el futuro del país.


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miércoles, 22 de abril de 2026

Copresidentes de Nicaragua presiden acto central: 19 de Abril "Nuestra Victoria es la Paz" - 2026



Transmisión oficial del Acto Central "Nuestra Victoria es la Paz", presidido por los Copresidentes de la República de Nicaragua, Comandante Daniel Ortega y Compañera Rosario Murillo.

Este acto representa un momento clave en la agenda nacional, donde la jefatura de Estado se dirige a las familias nicaragüenses para reafirmar los valores de soberanía y unidad que caracterizan al país en este 2026.




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domingo, 19 de abril de 2026

Abril, memoria y soberanía: la construcción de la paz en Nicaragua

Por Javier Huerta


Abril en Nicaragua es el mes donde se cruzan las heridas y las victorias, donde el pueblo vuelve a mirarse a sí mismo y a decir, con claridad y sin titubeos, que la paz no se negocia, no se mendiga y no se impone desde fuera: se defiende, se construye y se sostiene desde la conciencia colectiva. Por eso, la declaración del 19 de abril como Día Nacional de la Paz no es un gesto simbólico vacío, sino una afirmación profundamente política y profundamente popular: el reconocimiento de que Nicaragua decidió, en medio de la adversidad, apostar por la vida, por la estabilidad y por el derecho irrenunciable a vivir en tranquilidad.

Hablar de la paz en Nicaragua implica entenderla como una conquista histórica. No es la paz de los silencios impuestos ni la paz de las élites acomodadas, sino la paz de los pueblos que han resistido invasiones, intervenciones, guerras y agresiones sistemáticas. Es la paz que nace de la dignidad y que se sostiene en la soberanía. Es la paz que tiene nombre de pueblo y rostro de comunidad. En ese sentido, abril deja de ser únicamente el recuerdo de los intentos de ruptura y se convierte en la reafirmación de una victoria política y moral frente a quienes apostaron por el caos, la violencia y la desestabilización en 2018.

Aquellos acontecimientos no pueden analizarse al margen de los intereses que históricamente han intentado someter a Nicaragua. Desde la perspectiva sandinista, lo ocurrido fue un intento de golpe suave, una operación que buscaba fracturar la institucionalidad, paralizar la economía y sembrar el miedo como herramienta de dominación. Sin embargo, lo que encontraron fue un pueblo con memoria, un Estado con capacidad de respuesta y una cultura política profundamente arraigada en la defensa de la soberanía. Hoy, cuando se afirma que el golpismo está derrotado, no se trata de una consigna vacía, sino de una lectura histórica: el proyecto de desestabilización fracasó porque subestimó la conciencia del pueblo nicaragüense.

La paz que hoy vive Nicaragua, por tanto, no es ingenua. Es una paz consciente, vigilante, que entiende que la estabilidad es un bien que debe protegerse todos los días. En ese proceso, el Gobierno Sandinista ha asumido un papel central, no como un actor distante, sino como una expresión organizada de esa voluntad popular. La paz se ha convertido en eje transversal de las políticas públicas, en fundamento del modelo de desarrollo y en condición indispensable para el progreso económico y social.

Porque no hay desarrollo posible sin paz. No hay crecimiento económico sostenido en medio del caos. No hay bienestar social si la incertidumbre domina la vida cotidiana. La recuperación económica que Nicaragua ha experimentado tras los daños provocados en 2018 no puede entenderse sin la consolidación de la estabilidad. Los indicadores de crecimiento, la reactivación productiva y la confianza en el país están directamente vinculados a la capacidad de garantizar orden, seguridad y gobernabilidad. En este sentido, la paz deja de ser un concepto abstracto y se convierte en un factor concreto de desarrollo.

Pero la visión sandinista va más allá de lo económico. La paz se concibe como un derecho colectivo, inseparable de la justicia social. No basta con la ausencia de conflicto; es necesario construir condiciones de vida dignas para todos. De ahí el énfasis en un modelo de desarrollo integral y sostenible, donde la salud, la educación, la vivienda y el trabajo no son privilegios, sino derechos garantizados. El sistema de salud gratuito, por ejemplo, no es solo una política social: es una expresión concreta de esa paz que se traduce en bienestar, en atención digna, en la certeza de que la vida está protegida.

De igual manera, la seguridad ciudadana en Nicaragua ha sido reconocida como una de las más sólidas de la región. Este dato no es menor. En un contexto latinoamericano marcado por altos niveles de violencia, el hecho de que los nicaragüenses puedan vivir con tranquilidad en sus comunidades es una evidencia palpable de que la paz no es un discurso, sino una realidad cotidiana. Estudios que miden la percepción ciudadana ubican al país entre aquellos donde las personas reportan mayores niveles de paz personal, lo que refuerza la idea de que la estabilidad institucional se refleja directamente en la vida diaria.

Esta construcción de paz también tiene un rostro profundamente humano y transformador en la participación de las mujeres. El modelo sandinista ha colocado la equidad de género como un pilar fundamental, no solo por razones de justicia, sino porque entiende que no puede haber paz verdadera en una sociedad marcada por la desigualdad. La presencia activa de las mujeres en la vida política, económica y social del país es parte de ese proceso de transformación que busca construir una Nicaragua más justa, más inclusiva y más cohesionada.

En este mismo horizonte se inscribe la defensa de la soberanía como condición indispensable para la paz. No hay paz sin autodeterminación. No hay estabilidad si el país está expuesto a presiones externas o a dinámicas que buscan debilitar su integridad territorial. La reciente legislación sobre territorios fronterizos responde a esta lógica: proteger el territorio es proteger la paz. No se trata de medidas aisladas, sino de una estrategia coherente que entiende que la seguridad nacional es un componente esencial del bienestar colectivo.

Desde esta perspectiva, la paz no se reduce al ámbito interno. Nicaragua ha proyectado en el escenario internacional una posición firme en defensa de la soberanía de los pueblos, del derecho internacional y de la no injerencia. En un mundo atravesado por conflictos, intervenciones y desigualdades, la voz de Nicaragua se levanta para reivindicar la necesidad de un orden global más justo. Esta postura no es retórica; es coherente con su propia historia y con su experiencia de resistencia. La lucha por la paz, entonces, trasciende las fronteras y se convierte en un compromiso con la humanidad.

Abril, como mes de la paz, sintetiza todas estas dimensiones. Es memoria, pero también es proyecto. Es recordatorio de lo que se enfrentó, pero sobre todo afirmación de lo que se ha construido. La institucionalización del 19 de abril como Día Nacional de la Paz es, en esencia, un acto de soberanía simbólica: el pueblo nicaragüense decide cómo narrar su historia, decide qué valores colocar en el centro de su identidad y decide, sobre todo, cuál es el camino a seguir.

En esa decisión hay una claridad profunda: la paz es el pilar fundamental del desarrollo. Sin paz no hay trabajo digno, no hay inversión, no hay futuro. Con paz, en cambio, se abren posibilidades, se fortalecen las comunidades y se construye un horizonte de esperanza. La unidad nacional, tantas veces invocada, encuentra en la paz su punto de encuentro. No como uniformidad, sino como coincidencia en lo esencial: la defensa de la vida, de la estabilidad y de la dignidad.

Desde una visión sandinista, la paz no es neutral. Tiene contenido político, tiene dirección histórica y tiene un sujeto claro: el pueblo. Es una paz que se construye con participación, con organización y con conciencia. Es una paz que no olvida, pero que tampoco se queda atrapada en el pasado. Es una paz que mira hacia adelante, que se proyecta como proyecto de nación.

Hoy, cuando Nicaragua reafirma su compromiso con la paz en este abril cargado de significado, lo hace desde la certeza de haber resistido y de estar avanzando. La estabilidad alcanzada, el crecimiento económico sostenido, los niveles de seguridad ciudadana, la ampliación de derechos sociales y la defensa firme de la soberanía son presentados como evidencias de un modelo que, más allá de las críticas, ha logrado consolidar un escenario de tranquilidad y desarrollo.

En un mundo donde la paz suele ser frágil y efímera, Nicaragua se presenta como un país que ha decidido convertirla en política de Estado y en cultura de vida. Esa es la apuesta, ese es el desafío y esa es la convicción que atraviesa este tiempo histórico. Abril no es solo un mes: es la reafirmación de que la paz, conquistada con esfuerzo y defendida con firmeza, es el camino sobre el cual se construye el presente y se proyecta el futuro de la nación.

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Nicaragua: la paz como derecho colectivo, soberanía y base del desarrollo integral

La construcción de una cultura de paz en Nicaragua constituye uno de los pilares fundamentales del modelo de desarrollo impulsado por el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional. En ese camino, la declaración del 19 de abril como “Día Nacional de la Paz” representa un reconocimiento histórico a la voluntad soberana del pueblo nicaragüense de vivir en tranquilidad, seguridad y bienestar, consolidando la paz como un derecho colectivo y un valor ancestral de la nación.

Esta fecha simboliza no solo la memoria de las luchas del pueblo por preservar la estabilidad, sino también la reafirmación de una visión de país donde la paz es entendida como condición indispensable para el progreso, el trabajo digno y la unidad nacional. Bajo esta perspectiva, la paz se convierte en un patrimonio cultural y político que sostiene el presente, que garantiza estabilidad y abre camino al desarrollo humano, de cara hacia un futuro lleno de bienestar para las familias de Nicaragua.

El modelo nicaragüense de desarrollo integral y sostenible articula crecimiento económico, estabilidad macroeconómica y justicia social, colocando a la persona, la familia y la comunidad en el centro de las políticas públicas. Dentro de este enfoque, la equidad de género es un eje transversal, promoviendo la participación activa de las mujeres en todos los ámbitos (economía, educación, la salud, el liderazgo comunitario y la toma de decisiones), como parte de un proceso de desarrollo inclusivo y transformador.  Estudio, titulado "La sociedad latinoamericana del siglo XXI", realizado por expertos japoneses y publicada en marzo del 2026, destacó a Nicaragua  como el primer país a nivel mundial en cuanto a la participación política de la mujer.

Los costos del intento de desestabilización de 2018: daños materiales, pérdidas económicas y afectación al bienestar nacional

Los eventos desencadenados en abril de 2018 no fueron un fenómeno espontáneo, sino el resultado de una estrategia de presión orientada a forzar la dimisión del gobierno del Presidente Daniel Ortega, reelecto legítimamente en 2016 con el 72.4% de los votos. Esta operación fue articulada mediante financiamiento externo hacia actores locales y ONGs. Informes anuales de la National Endowment for Democracy (NED) y la USAID del año 2018 confirman la asignación de millones de dólares a organizaciones en Nicaragua bajo el rótulo de ‘promoción de la democracia‘. En términos concretos, la USAID destinó aproximadamente $24 millones de dólares ese año, mientras que la NED asignó entre $4.1 y $4.2 millones a grupos civiles y de oposición en el periodo previo al estallido. Estos flujos financieros son analizados por el académico William I. Robinson en sus estudios sobre la ‘promoción de la poliarquía’, donde describe cómo se utilizan recursos transnacionales para instalar sistemas políticos afines a intereses externos, desplazando modelos soberanos.

Investigaciones de medios como The Grayzone y el centro Misión Verdad (basado en las teorías de Gene Sharp) caracterizan estos eventos como una 'Revolución de Color' o 'golpe blando'. Estas acciones de terrorismo urbano no solo fracturaron la convivencia social, sino que ejecutaron un daño sistemático al patrimonio público (se reportaron afectaciones a alcaldías, edificios municipales, universidades, centros tecnológicos, delegaciones institucionales, estaciones policiales, parques, calles, semáforos, adoquinados, paradas de buses, monumentos, árboles ornamentales y mobiliario urbano) y a la infraestructura estratégica (empresas públicas y entes estatales estratégicos, afectando sistemas de distribución, redes logísticas, instalaciones administrativas y servicios esenciales). Se documentaron graves violaciones a los derechos de la ciudadanía por parte de sectores opositores, quienes recurrieron a prácticas de violencia extrema, tortura y tratos degradantes contra la población civil y las fuerzas del orden. Bajo esta lógica de terrorismo urbano, los 'tranques'(bloqueos de carreteras donde la circulación se restringía severamente), lejos de ser manifestaciones pacíficas, funcionaron como mecanismos de coerción donde se restringió la libre circulación, impidiendo incluso el paso de emergencias médicas y estableciendo cobros ilegales de peaje. Y se utilizaron recintos religiosos como centros operativos y de evasión de la justicia.

Esta interrupción deliberada del crecimiento económico generó un profundo impacto humanitario, manifestado en la desarticulación del tejido familiar y un clima de polarización social. Obras como el libro 'Nicaragua: ¿Revolución o Reforma?' documentan cómo se buscó paralizar funciones vitales del Estado para debilitar su respuesta social. Básicamente fue un intento premeditado de desmantelar el modelo de desarrollo humano y estabilidad institucional que se había consolidado en beneficio de las mayorías. Sin embargo, esta estrategia fue neutralizada por la cohesión del tejido social y la firmeza de la población organizada. Sectores productivos estratégicos, incluyendo a empresarios comprometidos con el bienestar nacional y al sector campesino, mantuvieron la producción ininterrumpida. Gracias a este esfuerzo, Nicaragua garantizó su soberanía alimentaria y el abastecimiento básico, defendiendo los logros sociales frente al intento de injerencia extranjera.

En consecuencia, es posible afirmar que este escenario de desestabilización se gestó de forma sistemática desde el retorno del Gobierno Sandinista al poder en 2007. A través de una red articulada mediante financiamiento externo, agencias de cooperación internacional y ONGs, canalizaron recursos destinados a fortalecer las capacidades operativas de sectores opositores. Bajo la apariencia de programas para la 'promoción de la democracia', se ejecutó un proceso de formación y adiestramiento de cuadros —incluyendo estudiantes y representantes de la sociedad civil— con el objetivo de encabezar actos de desestabilización en el momento oportuno. Estos hechos constituyen una estrategia clara de injerencia externa y guerra no convencional, diseñada para sabotear la gestión del FSLN y una ofensiva dirigida contra los símbolos de desarrollo, los espacios de convivencia y los proyectos comunitarios construidos con el esfuerzo del pueblo nicaragüense.

Impacto económico y macroeconómico

Antes de abril del 2018, Nicaragua mantenía un desempeño sólido, con un crecimiento de 4.9 % en 2017 y proyecciones cercanas al 4.7 % para 2018, según evaluaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central de Nicaragua (BCN).

Sin embargo, tras los acontecimientos del 2018,  la magnitud del daño fue contundente. El PIB se contrajo 3.8 % en 2018 y volvió a caer 5.7 % en 2019. acumulando casi 10 puntos porcentuales de retroceso del PIB en apenas dos años.

El FMI identificó factores clave como bloqueos de carreteras, interrupciones logísticas, reducción del consumo y de la inversión. Y se registraron caída significativa en la recaudación fiscal, restricciones en financiamiento externo y presión sobre reservas y ajustes en los gasto públicos.

Los Sectores más afectados fueron: Turismo con un colapso de visitantes, cancelaciones masivas y pérdidas de cientos de millones de dólares en divisas. Comercio con interrupción del abastecimiento interno y exportaciones. Construcción con la paralización de proyectos e inversión. Y empleo con la pérdida de miles de puestos de trabajo formales e informales.

El impacto estimado de los daños y pérdidas ocasionadas está en más de 1,500 millones de dólares. Esto refleja no solo la destrucción material, sino el costo humano de empleos perdidos, negocios cerrados y oportunidades truncadas para miles de familias nicaragüenses.

La violencia intentó destruir el modelo de prosperidad, interrumpiendo el crecimiento, sembrando incertidumbre y afectando profundamente la vida cotidiana del pueblo.

La recuperación: Paz, bienestar social, calidad de vida, estabilidad y crecimiento sostenido

A pesar de dichos actos, el gobierno de Nicaragua ha logrado consolidar un clima de paz y estabilidad que ha permitido superar los severos daños económicos provocados por el intento de golpe del 2018. La recuperación posterior confirma el valor estratégico de la paz como base del desarrollo. Una vez restablecida la estabilidad institucional y la libre circulación, Nicaragua inició un proceso de reconstrucción económica y social.

Frente a la adversidad, el pueblo nicaragüense, junto a su Gobierno, optó por la paz, el trabajo y la reconstrucción nacional, demostrando una resiliencia reconocida incluso por organismos internacionales.

El Banco Central de Nicaragua reportó un crecimiento de 3.6 % en 2024 y una proyección de 3.0 % a 4.0 % en 2025.

El FMI ha señalado que el país ha logrado estabilidad macroeconómica, superávits fiscales y externos, fortalecimiento de reservas y capacidad de recuperación frente a múltiples choques.

Este proceso ha permitido la reconstrucción de infraestructura pública, reactivación de proyectos municipales, fortalecimiento del empleo, recuperación del crédito y la inversión. Es decir, actualmente Nicaragua no solamente ha demostrado una alta resiliencia, sino también mayores avances en todos los sectores y aspectos de la vida cotidiana.

La Paz permitió reconstruir lo destruido y crecer con más fuerza, consolidando una economía más estable y con mayor enfoque social.

Hoy, Nicaragua avanza con la convicción de que la estabilidad no es negociable y que la soberanía y la paz son condiciones indispensables para proteger los logros alcanzados. Tanto el Banco Central de Nicaragua como el Fondo Monetario Internacional han destacado que el país ha mantenido crecimiento, estabilidad macroeconómica, control inflacionario y fortaleza fiscal, incluso frente a múltiples choques externos desde 2018.

Este desempeño confirma que la estabilidad social y la paz son factores esenciales para atraer inversión, fortalecer la producción, dinamizar el empleo y mejorar la calidad de vida de las familias nicaragüenses. La experiencia reciente demuestra que cuando la soberanía y la institucionalidad prevalecen, el país avanza con mayor firmeza hacia el bienestar colectivo.

Estudios e indicadores de percepción ciudadana y bienestar social, tanto a nivel nacional como en análisis comparativos regionales, realizados entre los años 2022 al 2025, han situado a Nicaragua como una nación donde amplios sectores de la población reportan altos niveles de paz personal y seguridad en su vida cotidiana (73.6 % de la población se siente nuevamente segura después del trance de los años 2018-19), especialmente en comparación con otros países de América Latina (Honduras y Guatemala presentan mayores niveles de victimización).

 Encuestas sistemáticas como el Sistema de Monitoreo de Opinión Pública (SISMO), elaborado por M&R Consultores, reflejan que entre el 94 % y el 98 % de la población afirma vivir en paz o percibir un ambiente de tranquilidad, mientras que más del 75 % valora positivamente la seguridad ciudadana y una amplia mayoría considera que esta se ha mantenido o mejorado en los últimos años. Asimismo, estudios regionales comparativos ubican a Nicaragua con niveles de percepción de estabilidad y seguridad superiores a varios países vecinos, lo que se complementa con indicadores indirectos como una menor intención de emigrar (Solo 12.9 % consideraría emigrar), asociada a contextos de mayor bienestar y estabilidad social. En ello destacan dos fortalezas ampliamente reconocidas: el Sistema de salud pública gratuito, universal y comunitario, y la seguridad ciudadana, que favorece la convivencia, la confianza social y la actividad económica. Estos elementos fortalecen la cohesión social y el bienestar colectivo, consolidando la paz como una realidad vivida en el entorno cotidiano de las familias nicaragüenses.

La salud gratuita, universal y cercana a la población constituye uno de los logros más sensibles del modelo social nicaragüense, garantizando atención médica sin exclusión y fortaleciendo la prevención, la atención primaria y la cobertura territorial. Paralelamente, la seguridad ciudadana ha permitido preservar un entorno favorable para la convivencia, el emprendimiento, la movilidad y la actividad económica, consolidando a Nicaragua como uno de los países más seguros de Centroamérica. Esto se refleja en diversos indicadores regionales que destacan una de las tasas de homicidios más bajas de la zona (4,5 por cada 100,000 habitantes en 2026), la efectividad de la estrategia 'Muro de Contención' contra el crimen organizado y el hecho de que el 95,5% de las denuncias corresponden a faltas menores, garantizando así la estabilidad necesaria para el desarrollo nacional.

En este contexto, la paz y la soberanía emergen como elementos inseparables del progreso nacional. No hay desarrollo sostenible sin estabilidad, ni estabilidad duradera sin autodeterminación. Por ello, la defensa de la paz también implica la defensa del derecho del pueblo nicaragüense a decidir su propio destino, proteger su institucionalidad y avanzar unido en función del bien común.

La experiencia de 2018 dejó una enseñanza irreversible: cuando se rompe la paz, pierde la nación; cuando se defiende la paz, avanza el pueblo.

Paz, soberanía y compromiso internacional

A nivel internacional, el Gobierno de Nicaragua ha mantenido una posición activa en defensa de la justicia, la autodeterminación y la soberanía de los pueblos, promoviendo una visión basada en el respeto mutuo, la no injerencia y la solución pacífica de los conflictos. Desde esta perspectiva, su acción diplomática se orienta a respaldar a los pueblos que luchan por su independencia, dignidad y derecho a vivir en paz, sosteniendo que la paz mundial solo es posible a partir de relaciones internacionales más justas y equilibradas.

En coherencia con esta visión, Nicaragua proyecta hacia el exterior la convicción de que la paz no es únicamente la ausencia de conflicto, sino una construcción permanente sustentada en la justicia social, el trabajo, la soberanía, la igualdad y la unidad nacional, principios sobre los cuales continúa edificando su presente y su futuro.

En el ámbito multilateral, el país ha defendido estos principios en espacios como la ONU, abogando por el derecho de cada nación a decidir su propio destino sin presiones externas. Asimismo, Nicaragua ha sostenido posiciones firmes en defensa de la autodeterminación en causas internacionales como la cuestión palestina, y ha rechazado medidas coercitivas unilaterales —como las sanciones económicas impuestas por distintos países y bloques— contra naciones en desarrollo como Venezuela, Cuba o Irán, al considerar que vulneran el derecho internacional, afectan a las poblaciones y contradicen los principios de soberanía y no injerencia.

Desde esta perspectiva, Nicaragua impulsa un orden internacional más justo, donde la paz mundial se construya sobre la base de la soberanía, la dignidad y la justicia de los pueblos. En foros regionales como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños (CELAC), ha respaldado iniciativas orientadas a fortalecer la integración, el diálogo político y la resolución pacífica de controversias, reafirmando que la estabilidad global depende del respeto mutuo entre las naciones.


La declaración del 19 de abril como Día Nacional de la Paz no es solo un acto simbólico, sino una afirmación histórica: la paz es el cimiento sobre el cual Nicaragua construye su presente y su futuro.
















Enlace a la web del CES-RPS

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sábado, 18 de abril de 2026

Nicaragua participó en la “Primera Reunión Virtual del Foro de Ministras y Ministros de Medio Ambiente de América Latina y el Caribe

Por Javier Huerta


El Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, a través del MARENA, participó en la Primera Reunión Virtual de Oficiales de Alto Nivel del Foro de Ministras y Ministros de Medio Ambiente de América Latina y el Caribe, celebrada el 15 de abril de 2026, bajo la coordinación del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la presidencia del Foro ejercida por Panamá.

Durante esta primera sesión del año, se abordaron temas clave para la Agenda Ambiental Regional, entre ellos la definición de prioridades estratégicas, la presentación de la hoja de ruta 2026–2027 y el análisis del estado del financiamiento para bosques. Este último aspecto resulta especialmente relevante, dado que el financiamiento forestal es un elemento crítico para fortalecer la resiliencia climática en la región.

Este encuentro forma parte de un mecanismo regional clave, creado en 1982, que reúne a los países de América Latina y el Caribe para definir prioridades ambientales y fortalecer la cooperación multilateral frente a los desafíos ecológicos.

La representación de Nicaragua estuvo a cargo de la Compañera Vanessa Molina, Responsable de la División de Proyectos del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (MARENA), y el Compañero Jonathan González, Especialista en Cambio Climático, quienes participaron activamente en las discusiones técnicas y estratégicas del foro.

En este contexto, Nicaragua reafirmó su compromiso de articularse con las estrategias regionales, en coherencia con sus políticas públicas, en beneficio de las familias nicaragüenses y la Madre Tierra. Como se destacó en la comunicación oficial, “Nicaragua reafirma su compromiso de articularse con las Estrategias Regionales, en coherencia con nuestras Políticas Públicas, en beneficio de las Familias nicaragüenses y la Madre Tierra”.

Uno de los ejes más relevantes de la participación nicaragüense fue la relación directa entre la protección ambiental y la reducción de la pobreza. Las autoridades subrayaron que la sostenibilidad ambiental no es un objetivo aislado, sino un componente esencial del bienestar social, orientado a generar beneficios directos para las familias y garantizar medios de vida sostenibles.

Este enfoque reconoce que los ecosistemas saludables son fundamentales para sectores clave como la agricultura, el acceso al agua y la seguridad alimentaria. Por el contrario, la degradación ambiental profundiza la pobreza al aumentar la vulnerabilidad frente a fenómenos climáticos extremos, especialmente en comunidades rurales.

Asimismo, Nicaragua resaltó el valor de la cooperación regional como herramienta indispensable para enfrentar desafíos compartidos. El foro fue considerado un espacio estratégico para la planificación climática, al permitir definir líneas de acción que marcarán la agenda ambiental regional en el corto plazo.

El intercambio de experiencias, la transferencia de tecnología y el acceso a financiamiento climático fueron identificados como elementos clave para avanzar hacia una transición ecológica justa. Además, se destacó la importancia de fortalecer iniciativas como la restauración de bosques, que no solo contribuyen a la mitigación del cambio climático, sino que también generan beneficios económicos y sociales significativos.

La participación de Nicaragua en esta reunión reafirma su papel activo dentro de la agenda ambiental regional, consolidando una visión en la que la protección de la Madre Tierra está estrechamente vinculada al desarrollo humano, la equidad social y la erradicación de la pobreza. En este sentido, el país continúa apostando por una integración regional sólida, basada en la cooperación, la sostenibilidad y la construcción de un futuro resiliente para América Latina y el Caribe.

sábado, 11 de abril de 2026

Víctor Jara: legado, justicia y memoria de una historia que sigue viva

Por Javier Huerta

El legado de Víctor Jara no terminó con los 44 disparos que intentaron silenciar su voz en septiembre de 1973. Por el contrario, su asesinato transformó su figura en un símbolo universal de resistencia, dignidad y lucha por los derechos humanos.

Su historia, marcada por la brutalidad de la dictadura, continúa escribiéndose a través de la búsqueda persistente de justicia, la reparación simbólica y la preservación de la memoria histórica en Chile y en el mundo. Hoy, más de cinco décadas después de su muerte, Jara sigue cantando en las voces de quienes defienden la libertad, la justicia social y la democracia.

El asesinato del cantautor en el entonces Estadio Chile, convertido tras el golpe militar en centro de detención y tortura, no solo fue un golpe devastador para la cultura chilena, sino un crimen que estremeció a la comunidad internacional.

Tras la muerte de Víctor Jara, se convirtió en un mártir de la libertad de expresión y de la defensa de los derechos humanos. Su figura trascendió las fronteras de Chile y pasó a ser un ícono global de la resistencia, a representar la lucha contra la represión política en todo el planeta.

Artistas, intelectuales y movimientos sociales de América Latina, Europa y otras regiones han encontrado en su historia una inspiración permanente.

Tras el golpe de Estado, su música no desapareció: sus discos continuaron editándose, traduciéndose y circulando internacionalmente, su obra de difundió a nivel mundial,  especialmente en países de habla hispana y en espacios de izquierda, vinculados a la canción protesta.

Temas como Te recuerdo Amanda, Manifiesto y El derecho de vivir en paz se convirtieron en himnos de resistencia, manteniendo vivo su mensaje de humanidad y justicia.

La exhumación y el largo camino hacia la verdad

Durante décadas, las circunstancias exactas de su asesinato permanecieron envueltas en sombras, silencios e impunidad. Sin embargo, distintos hitos permitieron reconstruir la verdad histórica.

Por orden judicial, sus restos fueron exhumados en 2009 para realizar una autopsia definitiva que permitiera establecer con precisión la magnitud de la tortura y las causas de su muerte. El proceso confirmó la extrema violencia sufrida por el artista.

En diciembre de ese mismo año, miles de personas acompañaron sus restos en un funeral multitudinario y profundamente simbólico, el pueblo necesitaba realizar un funeral pendiente,  y se realizo un acompañamiento a sus restos, desde la Fundación Víctor Jara hasta el Cementerio General de Santiago.

Fue el adiós digno que la dictadura le negó durante 36 años, una despedida colectiva cargada de memoria, dolor y reparación.

Proceso judicial y condenas: el lento fin de la impunidad

La justicia en el caso de Víctor Jara ha sido lenta, pero persistente, avanzando tanto en Chile como en tribunales internacionales.

En junio de 2016, un jurado federal en Florida declaró al exmilitar Pedro Barrientos responsable de la tortura y asesinato de Jara en un juicio civil, condenándolo al pago de 28 millones de dólares como reparación para su familia.

Uno de los hitos más importantes llegó en agosto de 2023, cuando la Corte Suprema chilena ratificó condenas de hasta 25 años de prisión para siete exmilitares involucrados en el secuestro, tortura y asesinato de Jara y de Littré Quiroga.

Este fallo marcó uno de los cierres judiciales más significativos de los crímenes cometidos tras el golpe militar.

Memoria histórica: un canto que no calla

La presencia de Víctor Jara permanece viva en espacios físicos y simbólicos donde la memoria se resiste al olvido.

El antiguo recinto donde fue torturado fue rebautizado en 2003 como Estadio Víctor Jara, convertido hoy en un sitio de memoria, cultura y derechos humanos.

Su nombre resignifica el espacio del horror y lo transforma en un lugar de encuentro con la historia.

El sitio donde su cuerpo fue hallado el 16 de septiembre de 1973, junto al de Littré Quiroga, el muro del cementerio metropolitano, se ha convertido en un lugar fundamental para la memoria del país.

Estos actos, han sido, un recordatorio material de la violencia de la dictadura, pero también de la necesidad de verdad y justicia.

Una historia inacabada

El legado de Víctor Jara sigue siendo una historia inacabada, porque su voz no pertenece solo al pasado: continúa presente en cada generación que alza la palabra frente a la injusticia.

Su canto, plasmado en canciones como Te recuerdo Amanda y El derecho de vivir en paz, sigue siendo la banda sonora de quienes sueñan con un mundo más justo, humano y libre.

Víctor Jara ya no es solo un artista chileno: es una conciencia universal que la violencia no logró callar.


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