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lunes, 7 de septiembre de 2026

Nicaragua y la causa palestina


Por Stephen Sefton 


En estos días, entre el siete y el diez de septiembre, la Corte Internacional de Justicia abrirá sesiones para escuchar argumentos sobre el caso que Nicaragua ha llevado contra Alemania por su apoyo al genocidio sionista contra las familias palestinas en Gaza. Nicaragua argumenta que Alemania, al brindar apoyo político, financiero y militar a Israel y por haber retirado financiamiento la Organización delas Naciones Unidas de Obras Públicas y Socorro para los refugiados palestinos, "está facilitando la comisión del genocidio y, en cualquier caso, ha incumplido su obligación de hacer todo lo posible para prevenir la comisión de genocidio".

Actualmente, la cifra oficial de las autoridades palestinas del número muertos por motivo de la agresión armada israelí contra la población civil es alrededor de 74,000 personas identificadas. La cifra de personas muertas no incluye un número desconocido de personas desparecidas que quedan debajo de la enorme extensión de los escombros de los incontables edificios destruidos por los despiadados bombardeos israelíes. La gran mayoría de las personas muertas han sido mujeres, niños y niñas.  Un informe de la ONU del pasado mes de junio reportó más de 20.000 niños y niñas palestinos muertos y más de 44.000 heridos desde octubre de 2023,  comentando que la "abrumadora escala y tasa de niños muertos y heridos en Gaza no tiene paralelo en los conflictos modernos a nivel mundial".  

Fue en este contexto que Nicaragua inició el proceso contra Alemania ante la CIJ el primero de marzo 2024, cuando ya estaba absolutamente clara la profundización por el régimen sionista de su campaña de masacre indiscriminada de miles de familias palestinas en Gaza. El caso de Nicaragua contra Alemania complementa el caso llevado ante la CIJ por el gobierno de Sudáfrica algunas semanas antes, directamente contra el estado israelí por motivo no solo de su genocidio en Gaza, sino también por el ilegal sistema de apartheid aplicado durante décadas en Palestina por las fuerzas de la ocupación israelí. Tanto Nicaragua como Sudáfrica tienen lazos históricos entrañables con el pueblo lalestino desde sus respectivas luchas revolucionarias por la liberación nacional.

Los lazos históricos

En el caso de Nicaragua, desde su fundación en 1961 el Frente Sandinista de Liberación Nacional ha apoyado la causa palestina de múltiples maneras. Entre sus mártires en sus primeros años de lucha fue el compañero Selim Shible quien había militado como estudiante contra la dictadura somocista antes de integrarse al Frente Sandinista de Liberación Nacional. Su padre había sido forzado a migrar al extranjero, llegando a Nicaragua después de la muerte de sus padres a manos de la ocupación sionista en Palestina. Precisamente por motivo de la simpatía de su padre para el movimiento guerrillero palestino Al Fatah, formado en 1959, su familia había sido perseguida por el régimen somocista. En 1964 a la edad de 20 años, el joven Selim se integró al FSLN y ayudó a establecer la guerrilla urbana en Managua antes de caer en acción en 1967 a manos de la Guardia Nacional.

En ese momento histórico la lucha palestina fue la más clara expresión de la lucha del mundo mayoritario contra el colonialismo e imperialismo occidental, ya que Israel fue respaldado por casi todos los poderes imperialistas norteamericanos y europeos. Gracias al apoyo de los países occidentales, Israel podía servir como apoyo a las dictaduras y gobiernos de derecha de América Latina y el Caribe de tal manera que, en los años 1970s, el régimen somocista compraba casi todas sus armas de Israel. En cambio, Palestina tenía la solidaridad de todos los pueblos en lucha alrededor del mundo desde Cuba a Vietnam y la Corea Democrática, a los países africanos recientemente independientes y todos los movimientos de liberación nacional, incluyendo el Frente Sandinista en Nicaragua. Así que era natural que hubiera un intercambio y colaboración entre estos movimientos que compartían la misma lucha por la independencia de sus países del dominio imperialista.

En el caso de Nicaragua, los lazos con Palestina incluyen la colaboración con el General Sandino del compañero palestino Ghadeer Abu Sneineh, nacido en Colombia. El escritor Martín Alejandro Martinelli ha notado como, después del asesinato de Sandino, el compañero Ghadeer fue a Palestina para luchar contra la ocupación británica de su país en ese tiempo. En solidaridad con la Organización por la Liberación de Palestina, revolucionarios sandinistas dieron sus vidas en la lucha armada para Palestina. Los compañeros Patricio Argüello Ryan y Juan José Quezada participaron en destacadas acciones guerrilleras del Frente Popular por la Liberación de Palestina, en una de las cuales el compañero Patricio Argüello cayó el 6 de septiembre de 1970. Docenas de militantes sandinistas recibieron entrenamiento militar con las fuerzas palestinas radicadas en el Líbano y en Argelia para poder enfrentar a la altamente preparada Guardia Nacional somocista.

El gobierno revolucionario

En julio 1980, Yasser Arafat, el dirigente histórico del pueblo palestino, visitó a Nicaragua para celebrar el triunfo de la Revolución Popular Sandinista del año anterior. Los intercambios profesionales, en la medicina, la educación y la agricultura de la primera etapa de la revolución eran constantes pero fueron interrumpidos por los 17 años de los gobiernos neoliberales sumisos a la política exterior norteamericana. En la segunda fase de la Revolución desde enero 2007, nuestro gobierno ha insistido constantemente en el derecho del pueblo palestino a tener su propio estado basado en las normas del derecho internacional y con su capital en Jerusalén. En 2010, se cortaron las relaciones diplomáticas con Israel por motivo del ataque israelí contra una flotilla de la paz en que las fuerzas sionistas asesinaron diez de los activistas pacifistas civiles e hirieron a más de treinta. 

En 2013, el compañero Raid Malki, Ministro de Relaciones Exteriores de Palestina, visitó a Nicaragua y reafirmó las relaciones de solidaridad y cooperación entre ambos pueblos, “Yo he sentido el deseo sincero de seguir apoyando a la causa Palestina por parte del Comandante Presidente Daniel Ortega. Yo siento profundamente que el pueblo de Nicaragua sigue apoyando y quiere ver a Palestina como estado libre e independiente...Tenemos buena cooperación a nivel de nuestros embajadores en las Naciones Unidas, en diferentes organizaciones internacionales y nosotros queremos ver algo más, por eso estoy aquí como Canciller palestino, tratando de ver cómo podemos promover las relaciones para llevarlas a otros niveles de cooperación y apoyo”.

En diciembre de 2018 una delegación de la Agencia de Cooperación Internacional de Palestina acordó con nuestro Ministerio de Salud un intercambio profesional para reforzar la capacidad profesional en todas las diferentes técnicas quirúrgicas. Ministra Sonia Castro comentó “Eso es lo que hacen los países hermanos, eso es lo que hacen los países solidarios como Palestina, al cual Nicaragua le tiene un enorme reconocimiento por su valentía, por su dignidad y que somos hermanos en la lucha por los derechos de las mayorías”. En 2019 el compañero Imad Zuhairi, director de la cooperación palestina comentó, "Nosotros tenemos que apoyar a Nicaragua, siempre vamos a apoyar y vamos a hacerlo con nuestro capital y a fortalecer a Nicaragua a través de sus programas de apoyo, expresar nuestra solidaridad, pero más importante es llevar la solidaridad a la práctica, implementando programas que son importantes, llevarlos al terreno".

Ha sido invariable y constante de parte del gobierno de nuestros Copresidentes Comandante Daniel y la Compañera Rosario su apoyo a una justa resolución del conflicto en Palestina. El pasado 29 de julio este año, nuestro gobierno declaró, “Desde esta Nicaragua Cristiana y Bendita, Patria Sagrada, respaldamos y apoyamos todos los esfuerzos encaminados a alcanzar el incuestionable Derecho del Pueblo Palestino a la Independencia, la Soberanía y la Autodeterminación, en base a las fronteras anteriores a 1967 con Jerusalén Este como su Capital, conforme lo establecido por el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas. El Pueblo Nicaragüense continuará alzando su voz a favor de la Causa Palestina y clamando por Justicia y Paz, por la Libertad y Dignidad del Pueblo Palestino; la solución de dos Estados es una exigencia internacional y el único camino hacia la Paz Justa y Duradera”.

Solidaridad popular

El apoyo solidario del pueblo nicaragüense a la causa palestina también ha sido constante. Al inicio de 2024 la Alcaldía de Managua nombra la pista que va por los Barrios San Sebastián y San Antonio en el Distrito 2 de la ciudad capital, la Pista Gaza y, el 9 de febrero inauguró allí el Parque Palestina con una extensión de unos 14 mil metros cuadrados lleno de árboles y estatuas en honor a Palestina. La compañera Alcaldesa Reina Rueda enfatizó el significado del parque, “honrando a ese pueblo luchador, heroico pueblo hermano de Palestina, estamos muy contentos con todo el equipo de trabajo de Palestina que viene trabajando con nuestro gobierno, porque la amistad es histórica entre la Revolución Sandinista y ese pueblo hermano".

En la Asamblea Nacional, el compañero diputado Wilfredo Navarro ha enfatizado la solidaridad de Nicaragua con Palestina ante la barbarie de la agresión genocida israelí. Explicó en 2024 como Gaza “Es tierra arrasada, hay una destrucción total de la infraestructura porque además de poner el blanco de sus bombas sobre los niños y las mujeres palestinas. Los israelíes están destruyendo toda la infraestructura. Les han destruido calles, carreteras, edificios, hospitales, ambulancias, centros de salud, escuelas, universidades, viviendas… Estos malvados con el apoyo del imperialismo están poniendo en riesgo la paz y la seguridad mundial, porque en cualquier momento pudiera iniciarse una guerra nuclear que afectaría a todos los pueblos del mundo”.

El pueblo palestino reconoce la solidaridad de Nicaragua en la lucha para hacer una realidad un  Estado palestino con fronteras seguras y un territorio estable, libre de la agresión sionista. El 19 de Julio 2024 la heroica compañera palestina Leila Khaled declaró en Managua, “Estoy muy orgullosa de vosotros hoy, orgullosa de que habéis elegido un Liderazgo que ha combatido al Imperialismo, al Colonialismo, que ha triunfado, y que triunfa hoy, hacia un rumbo de desarrollo. Estoy orgullosa de este Liderazgo... que ha denunciado a los asesinos de niños y de bebés ante la Corte de Justicia Internacional, contra Alemania que da su apoyo a los asesinos… Saludo a este gran Liderazgo, fuerte, revolucionario, siempre triunfante. Nunca vamos a olvidar a este Pueblo y a todos los que nos han apoyado desde el inicio de los ataques contra Palestina. Porque sabemos que los Revolucionarios, los que aman la Libertad siempre apoyan a las Causas Justas”.

Así que al respaldar al pueblo palestino, la Nicaragua Cristiana, Socialista y Solidaria levanta la voz de la razón y la humanidad y, a pesar de sus limitados recursos, actúa para promover la Paz de una manera consecuente con los más altos valores morales. Nuestro Comandante Daniel ha explicado, “Hemos logrado recuperar la Paz, y esta es una Victoria del Pueblo nicaragüense, que quiere la Paz, que ama la Paz, que defiende la Paz. Y lógicamente, si queremos la Paz para Nicaragua también queremos la Paz para el Mundo, por eso hemos respaldado Iniciativas que se han tomado, en primer lugar diría yo la más urgente para que se detenga el genocidio en contra del Pueblo Palestino, donde incluso la Corte Internacional de Justicia se ha pronunciado con toda claridad”.

De igual manera nuestra Copresidenta Compañera Rosario en diferentes momentos ha dicho sobre la Solidaridad de Nicaragua con el Pueblo Palestino, “... nos hemos pronunciado en Naciones Unidas, contra el genocidio como desde siempre. Contra la política de exterminio como desde siempre, como contra la política que pretende dejar fuera de su propia Tierra al Pueblo Palestino…. Honor al Pueblo Palestino ! Rendimos Honor a su valentía, a su gallardía, a lo que sabemos que representan como Defensores de Derechos y de Justicia. Y en estos momentos en que se desata la furia de los que creen que pueden todo, rendimos Honores... Honor y Gloria al heroico Pueblo Palestino !”.



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La seguridad de Nicaragua para toda Centroamérica



Por Fabrizio Casari


El desorden mundial provocado por las políticas ultraliberales en su versión neocolonial y, desde Palestina hasta Cuba, aplicadas sobre bases genocidas, hace que hoy resulte cada vez más difícil considerar una parte significativa del planeta como una zona segura. Hablar de seguridad significa hablar de ausencia de conflictos de distinta naturaleza y de una realidad sociopolítica caracterizada por bajos niveles de violencia y confrontación. Esto es posible cuando el sistema de normas que organiza una sociedad es capaz de absorber también a los niveles inevitables de desviación y conflictividad.

Como ocurre con casi todos los conceptos políticos, la seguridad admite distintas interpretaciones. Un clima de paz constituye una condición indispensable para el funcionamiento de las instituciones, del mismo modo que las instituciones deben estar a la altura de las responsabilidades que tienen frente a las sociedades que gobiernan. Cuando esto sucede, podemos hablar propiamente de seguridad general. 

Hay dos concepciones que merecen atención. La primera entiende la seguridad como respaldo y garantía del orden establecido. La segunda la concibe como paz, tanto interna como externa, resultado de la cohesión social. En este último caso, la seguridad no se mide únicamente mediante estadísticas y datos objetivos. También cuenta la percepción que tiene de ella la población. Y en determinadas regiones del mundo - entre ellas Centroamérica - la seguridad tiene además una dimensión regional: en un mundo profundamente interconectado, donde la tecnología acorta las distancias y facilita la logística, los efectos de una política de seguridad eficaz se proyectan mucho más allá de las fronteras nacionales.

En un mundo sacudido por múltiples crisis y desestabilizado por actores que utilizan todos los medios a su alcance para preservar uno de los órdenes más injustos del último siglo, existen países que han conseguido levantar una suerte de barrera frente al nihilismo devastador.

Ese fenómeno tiene raíces tanto en la desigualdad social como en la corrupción utilizada con fines políticos, en muchos casos es impulsada desde el exterior y encuentra colaboradores internos dispuestos a convertir las sociedades en escenarios de violencia, enfrentamiento e incomunicación. El objetivo final es, a menudo, debilitar y deslegitimar las instituciones para hacerse con el País.

Nicaragua, un modelo diferente 

En el panorama continental, Nicaragua representa un caso particularmente significativo por haber optado por un camino diferente al de aquellos países que depositan toda su estrategia en políticas de seguridad exclusivamente represivas. La reducción de la pobreza extrema y de la pobreza relativa y, con ella, de las desigualdades sociales, ha sido un factor fundamental para reducir el espacio disponible para la delincuencia organizada.

A esto se suma una capacidad investigativa desarrollada desde 1979 y un modelo de policía comunitaria basado en la relación directa y la cooperación entre los agentes y la población civil. Un modelo que ha demostrado ser eficaz tanto para la investigación como para la prevención del delito, sobre la base de una idea sencilla: quien delinque sabe que puede ser identificado y detenido. En otras palabras, el crimen no paga: paga quien lo comete.

Nicaragua constituye uno de los ejemplos de un País capaz de garantizar los dos niveles de seguridad mencionados al principio: el que reflejan las estadísticas y el que percibe su propia población. Y el resultado adquiere todavía mayor relevancia si se considera la historia del país. El cual, lejos de haber podido vivir en paz y desarrollarse libremente, ha sido durante más de un siglo objeto de las ambiciones imperiales de Estados Unidos, que han recorrido prácticamente todo el repertorio de las formas de dominación: desde el somocismo hasta el liberalismo en su expresión más brutal - el latifundismo depredador - y los golpes de Estado de nueva generación. El caso nicaragüense es, en todos los sentidos, un caso de estudio sobre la opresión y la liberación.

Los números hablan

Durante la celebración del 47 aniversario de la fundación del Ejército de Nicaragua, el general Avilés, quien lleva más de 13 años al frente de las Fuerzas Armadas, recordó esta historia con palabras inequívocas: “Hemos sido y seguimos siendo atacados por potencias hegemónicas; hemos sido invadidos, han emprendido una guerra contra nosotros y, en el intento de garantizar sus intereses hegemónicos, han promovido golpes de Estado militares, golpes de Estado, desestabilización de los gobiernos, golpes de Estado blandos y revoluciones de colores”. En otras palabras, prácticamente todo el repertorio de la injerencia imperial.

A las palabras siguen los números que permiten dimensionar la realidad. Nicaragua registra actualmente una tasa de homicidios de siete por cada 100.000 habitantes, una de las más bajas de América Latina durante la última década. El dato se atribuye a la eficacia de una estrategia de seguridad que ha permitido mantener al país al margen de la expansión acelerada del crimen organizado y del tráfico de drogas procedente del continente.

Son cifras particularmente significativas. No es lo mismo alcanzar niveles elevados de seguridad en una economía de primer nivel, donde las condiciones económicas tienden a reducir determinados factores de conflictividad, que hacerlo en un país situado en el puesto 140 de las economías mundiales, que además tuvo que realizar un enorme esfuerzo para sacar de la pobreza absoluta a más de dos millones de personas sobre una población total de seis millones.

“No somos un paraíso para el tráfico de drogas, no hay cárteles, no tenemos datos alarmantes sobre la criminalidad en nuestro país, nuestros puertos y aeropuertos son seguros y están debidamente certificados por organizaciones internacionales, no tenemos pistas clandestinas, no hay trazas aéreas que violen nuestros cielos soberanos”, afirmó también Avilés.

Es cierto: la historia del país pinolero no conoce ese contrapoder armado y criminal que en ocasiones ha terminado condicionando a gobiernos latinoamericanos. En Nicaragua el monopolio de la fuerza permanece plenamente en manos del Estado. Es precisamente en este aspecto donde Nicaragua presenta una diferencia significativa respecto de buena parte de la región y del continente americano. No existen bandas criminales organizadas con objetivos terroristas o mafiosos y, según esta perspectiva, esa realidad dificulta la construcción de una red regional plenamente articulada de grupos criminales, reduciendo también su capacidad de actuación en los países vecinos.

Un muro de contención regional

“Para el cumplimiento de nuestra misión principal - añadió Avilés - en defensa de la paz, la soberanía, la independencia, la autodeterminación y la integridad de nuestro territorio, nuestras fuerzas terrestres han realizado 1 millón de misiones operativas; nuestra heroica Fuerza Naval ha recorrido más de 134.600 millas y nuestra Fuerza Aérea ha protegido nuestros cielos y ha volado durante más de 700 horas. Estos datos, junto con otros comunicados a nuestro pueblo y a las Máximas Autoridades, son una clara demostración de la elevada conciencia patriótica y del firme compromiso de servir a todos los nicaragüenses”. Para Avilés, “se contuvo, desvió e impidió la circulación de más de 800 toneladas de cocaína”, una droga que, en su tránsito desde el sur hacia el norte de América, se desplaza por vía aérea y marítima a distancias superiores a las 500 millas de las costas nicaragüenses.

La seguridad de la que habla el general, por tanto, no se limita al ámbito interno. Su alcance se proyecta sobre toda Centroamérica. El elemento central es lo que las autoridades nicaragüenses denominan un “muro de contención” frente al crimen organizado. 

¿En qué consiste exactamente ese “muro de contención”? Se trata de un conjunto de operaciones de inteligencia militar y policial destinadas a impedir la infiltración de cualquier expresión del crimen organizado. El objetivo es detectar, interceptar y bloquear el ingreso de armas, dinero y drogas. Impedir la instalación de pistas clandestinas y depósitos utilizados por el narcotráfico y la trata de personas, otro de los dramas que se han vuelto endémicos en Centroamérica y Sudamérica. Convertir Nicaragua en un territorio hostil y peligroso para el narcotráfico, la trata de personas y el lavado de dinero significa impedir que el crimen organizado complete su estructura regional.

No es casualidad que el intento de golpe de Estado de 2018 contara con la participación de estructuras criminales vinculadas a las maras centroamericanas. Si el Sandinismo hubiera perdido el poder, el crimen organizado habría podido finalmente penetrar en Nicaragua y completar su red regional de negocios y control político.

La cooperación como alternativa

Una experiencia que podría convertirse en referencia para un modelo centroamericano de cooperación en materia de seguridad es la Operación Sandino-Morazán, un acuerdo de colaboración entre las fuerzas armadas de Honduras y Nicaragua desplegadas a lo largo de casi 1.000 kilómetros de frontera. El objetivo es proteger a las comunidades fronterizas y combatir conjuntamente al crimen organizado.

La importancia de la cooperación centroamericana y caribeña en materia de seguridad fue subrayada también por el Comandante Daniel Ortega, quien destacó las oportunidades que ofrece la integración regional para hacer frente conjuntamente a las múltiples formas de amenaza. El máximo dirigente sandinista puso como ejemplo la experiencia de la Conferencia de las Fuerzas Armadas Centroamericanas (CFAC), integrada por los ejércitos de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y República Dominicana, y concebida como un espacio de cooperación en defensa de la paz, la democracia y el desarrollo.

“Aquí en América Latina - afirmó el líder sandinista - vemos cómo las fuerzas armadas de toda la región se están acercando, consiguen integrarse, se reúnen, no para planificar ninguna invasión, no para planificar ataques contra otros pueblos, sino para fortalecer la defensa de los pueblos de la región latinoamericana y caribeña; para garantizar la paz de nuestros pueblos combatiendo el crimen y el narcotráfico; para brindar solidaridad a los pueblos frente a las dificultades causadas por los fenómenos naturales”.

Queda claro como una Nicaragua estable y segura trasciende las fronteras de la región. Incluso teniendo en cuenta el interés de Estados Unidos - reconocido también por el propio Pentágono - cualquier proceso de desestabilización en Nicaragua tendría consecuencias directas sobre el equilibrio regional.

No parece existir otra vía que la de la cooperación directa. Construir también en materia de seguridad - al igual que en el comercio y en los intercambios políticos y culturales - un modelo de cooperación regional sigue siendo, 205 años después de la independencia centroamericana, uno de los mayores desafíos de la región. Un desafío que solo puede resolverse mediante la integración, porque esa es precisamente la diferencia entre ser libres y ser anexionados. Como decía Aristóteles, tertium non datur.




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domingo, 6 de septiembre de 2026

DIFUSIÓN REBELDE: MÁS 2 MILLONES DE VISITAS Y 16 AÑOS HACIENDO DE LA COMUNICACIÓN UNA HERRAMIENTA DE LUCHA



Hay cifras que caben perfectamente en una estadística y, sin embargo, cuentan una historia. Más de dos millones de visitas en dieciséis años pueden aparecer simplemente como un número en el contador de un blog, pero detrás de cada una de esas visitas hay alguien que llegó hasta una publicación, leyó un artículo, encontró una convocatoria, conoció una campaña, descubrió una realidad que desconocía o decidió compartir una información que difícilmente habría encontrado en los grandes medios de comunicación. Por eso, cuando Difusión Rebelde supera los dos millones de visitas, lo que corresponde no es únicamente celebrar una cifra, sino detenerse un instante para mirar el camino recorrido y preguntarse qué significa mantener durante dieciséis años un espacio de comunicación alternativa.

La respuesta tiene poco que ver con las estadísticas y mucho con la voluntad. Desde sus primeros pasos, allá por 2009, Difusión Rebelde ha sido un espacio construido desde una idea sencilla: difundir aquello que merece ser conocido aunque no siempre encuentre sitio en las portadas de los periódicos, en las grandes cadenas de televisión o en las agendas de los medios corporativos. Han pasado dieciséis años desde aquellas primeras publicaciones y, entretanto, Internet ha cambiado radicalmente, las redes sociales han transformado la manera de informarnos y los algoritmos han adquirido una capacidad enorme para decidir qué vemos y qué queda enterrado bajo toneladas de información. Sin embargo, la necesidad de contar otras realidades sigue intacta.

Porque comunicar nunca ha sido una actividad completamente neutral. Elegir qué se publica, qué se destaca, qué se comparte y qué se deja fuera también significa tomar decisiones. En un mundo donde una parte considerable de la producción informativa se encuentra concentrada en grandes grupos empresariales, disponer de espacios independientes desde los que puedan circular otras voces continúa siendo imprescindible. No se trata de afirmar que exista una única verdad escondida que los medios alternativos posean en exclusiva, sino de reconocer algo mucho más elemental: cuando determinadas voces tienen una capacidad infinitamente mayor para llegar a millones de personas, la comunicación alternativa resulta necesaria para romper el desequilibrio y abrir espacios donde puedan escucharse quienes habitualmente tienen menos posibilidades de hacerlo.

Ese ha sido, durante dieciséis años, uno de los sentidos de Difusión Rebelde. El blog ha ido creciendo publicación a publicación, pero también ha ido acumulando algo que hoy adquiere un valor especial: memoria. En sus páginas han quedado registrados acontecimientos, campañas, denuncias, actividades, reflexiones, fotografías, vídeos y testimonios que forman parte de una determinada época. Algunas de aquellas noticias fueron actualidad durante unos días y después desaparecieron de la agenda mediática. Otras apenas consiguieron llamar la atención de los grandes medios, aunque continuaron siendo importantes para quienes las protagonizaron. Con el paso del tiempo, unas y otras han terminado formando parte de un archivo que permite mirar hacia atrás y reconstruir una pequeña parte de las luchas y solidaridades de estos años.

Y esa dimensión de memoria no es secundaria. En la comunicación contemporánea todo parece condenado a ser sustituido inmediatamente por la siguiente noticia. Lo que hoy ocupa nuestras pantallas puede desaparecer mañana, sepultado por una nueva polémica, una nueva crisis o una nueva campaña de indignación. En consecuencia, conservar aquello que se publicó se convierte también en una forma de resistencia frente al olvido. Una convocatoria puede dejar de ser actualidad, pero seguirá explicando que un colectivo se movilizó. Una fotografía puede dejar de circular por las redes, pero conservará el rostro de quienes participaron en una lucha. Un artículo escrito hace diez años puede adquirir una nueva lectura cuando los acontecimientos posteriores permiten comprender mejor aquello que entonces estaba ocurriendo.

Por otro lado, Difusión Rebelde nunca ha sido únicamente un espacio para producir contenidos propios. Una parte fundamental de su recorrido se ha construido difundiendo materiales procedentes de personas, colectivos y organizaciones que necesitaban una vía para hacer llegar sus mensajes más lejos. Artículos, comunicados, convocatorias, fotografías, campañas de solidaridad y diferentes iniciativas han encontrado durante estos años un espacio desde el que seguir circulando. Esa dimensión es importante porque explica el propio nombre del proyecto. Difundir no significa necesariamente ser el protagonista de la noticia. Muchas veces significa poner una herramienta al servicio de otros, abrir una puerta y ayudar a que una voz pueda atravesarla.

Ahí aparece una palabra que resulta fundamental para entender estos dieciséis años: solidaridad. La comunicación alternativa y la solidaridad internacional mantienen una relación estrecha porque nadie puede solidarizarse con aquello que desconoce. Para acercarse a la realidad de un pueblo, comprender una lucha o acompañar una campaña, primero es necesario que esa realidad pueda ser conocida. Por eso, a lo largo de su trayectoria, Difusión Rebelde ha dado un espacio especialmente significativo a las luchas y procesos de América Latina, a la solidaridad con Nicaragua, Cuba y Venezuela, a la causa palestina y a diferentes movimientos sociales y populares.

Nicaragua ocupa, en ese recorrido, un lugar especialmente destacado. La Revolución Popular Sandinista, su historia, la solidaridad internacional que la acompañó y la defensa de la soberanía nicaragüense han formado parte de numerosos contenidos publicados durante estos años. También lo han hecho campañas y actividades vinculadas a la solidaridad europea con Nicaragua. En este terreno, la comunicación deja de ser simplemente una forma de transmitir información y adquiere una dimensión internacionalista: conectar a personas que viven a miles de kilómetros de distancia, acercar realidades que otros intentan presentar de manera simplificada y recordar que detrás de cada conflicto existen pueblos, historias y personas concretas.

Lo mismo ocurre cuando hablamos de Cuba, Venezuela o Palestina. No se trata únicamente de publicar información sobre determinados países o conflictos, sino de reivindicar el derecho de esos pueblos a contar también su propia historia. En demasiadas ocasiones, determinadas sociedades aparecen en los grandes medios exclusivamente a través de las interpretaciones de quienes ejercen presión sobre ellas. Sus gobiernos, sus movimientos sociales y sus poblaciones son analizados desde fuera, mientras sus propias voces quedan relegadas. Frente a esa situación, la comunicación alternativa puede cumplir una función esencial: abrir una ventana para que esas voces circulen y puedan ser conocidas.

Sin embargo, el escenario comunicativo de 2026 es muy diferente al de 2009. Cuando Difusión Rebelde comenzó su recorrido, los blogs constituían todavía una herramienta fundamental para quienes querían publicar fuera de los canales tradicionales. Hoy la información circula principalmente a través de grandes plataformas digitales cuyos algoritmos determinan, en buena medida, qué contenidos consiguen visibilidad. El problema, por lo tanto, ya no consiste solamente en quién posee un periódico o una cadena de televisión. También debemos preguntarnos quién controla las plataformas, cómo funcionan sus algoritmos y qué intereses económicos y políticos intervienen en la circulación de los contenidos.

La batalla comunicativa se ha vuelto más compleja. La desinformación puede propagarse en cuestión de minutos, una imagen puede ser utilizada fuera de contexto y una falsedad repetida miles de veces puede adquirir una apariencia de verdad. La aparición de herramientas de inteligencia artificial añade nuevas posibilidades, pero también nuevos riesgos. En este escenario, comunicar desde una perspectiva crítica exige mucho más que publicar rápidamente. Exige investigar, contrastar, contextualizar, recuperar antecedentes y ofrecer al lector elementos que le permitan comprender aquello que está ocurriendo.

Por eso la comunicación alternativa tiene ante sí un desafío enorme. Ya no basta con decir que existe otro relato. Hay que construirlo con argumentos, memoria y documentación. Hay que demostrar las conexiones que muchas veces desaparecen detrás de un titular. Hay que explicar los antecedentes de los acontecimientos y evitar que la velocidad de las redes termine sustituyendo la capacidad de análisis. En definitiva, hay que defender el derecho de las personas a recibir información desde diferentes perspectivas y a construir su propio criterio.

En ese contexto, los más de dos millones de visitas adquieren un significado diferente. No son simplemente dos millones de entradas en una página web. Son dos millones de posibilidades de que una información haya encontrado un lector. Son dos millones de oportunidades para que una convocatoria haya llegado a alguien, para que una campaña haya conseguido un nuevo apoyo, para que una historia haya sido conocida o para que una publicación haya sido compartida y haya continuado su camino.

Porque una publicación no termina cuando se pulsa el botón de publicar. En realidad, empieza entonces. Empieza cuando alguien la lee y decide enviársela a otra persona. Cuando un colectivo la utiliza para difundir una actividad. Cuando alguien encuentra en ella una información que necesitaba. Cuando una fotografía despierta una conversación o cuando un artículo permite descubrir una realidad que hasta ese momento permanecía desconocida. Esa cadena es precisamente la esencia de la difusión: una persona comparte, otra recibe, otra vuelve a compartir y, poco a poco, un mensaje puede recorrer una distancia que ningún pequeño espacio de comunicación podría alcanzar por sí solo.

De ahí que el lema que acompaña a Difusión Rebelde tenga tanta fuerza: difunde, comparte, multiplica. No es únicamente una invitación a aumentar las estadísticas de una página. Es una concepción de la comunicación como herramienta colectiva. En tiempos en los que las grandes plataformas compiten por nuestra atención y convierten cada segundo de permanencia en un valor económico, recuperar la idea de que compartir información puede servir para organizar, concienciar y construir solidaridad constituye también una forma de resistencia.

Llegar a los dos millones de visitas permite, además, mirar hacia el futuro. Porque dieciséis años de historia plantean una responsabilidad que va más allá de continuar publicando. Existe un archivo que merece ser conservado, ordenado y recuperado. Las publicaciones de 2009 y de los años posteriores forman parte de una memoria digital que, si no se cuida, puede terminar perdiéndose entre miles de páginas y contenidos que la propia dinámica de Internet va dejando atrás. Recuperar artículos antiguos, organizar las publicaciones, rescatar fotografías y destacar campañas históricas permitiría convertir ese archivo en una herramienta para quienes mañana quieran conocer las luchas de hoy.

La historia de la comunicación alternativa también necesita conservar sus propias huellas. Durante demasiado tiempo, buena parte de las experiencias populares han quedado fuera de los archivos institucionales o han sido recogidas únicamente desde la mirada de quienes tenían los recursos para escribir la historia. Por eso conservar un archivo construido desde los movimientos sociales y la solidaridad internacional tiene un valor que va mucho más allá del propio blog. Lo que hoy puede parecer una publicación más, mañana puede convertirse en un documento para comprender cómo pensaban, qué defendían y contra qué luchaban quienes vivieron este momento histórico.

Los dos millones de visitas llegan, por tanto, en un momento en el que las razones para seguir difundiendo no han desaparecido. Continúan las guerras, las desigualdades, el racismo, el colonialismo, las injerencias y las diferentes formas de dominación. Continúa también la concentración de la información y la batalla por imponer determinados relatos sobre lo que ocurre en el mundo. Pero, al mismo tiempo, continúan las resistencias. Continúan los pueblos defendiendo su soberanía, los trabajadores organizándose, los movimientos sociales luchando y millones de personas negándose a aceptar que el futuro tenga que estar escrito exclusivamente por quienes concentran el poder económico, político y mediático.

Por eso este aniversario no debería entenderse como el final de una etapa, sino como un nuevo punto de partida. Los dos millones no son una meta alcanzada para quedarse contemplándola. Son una razón más para seguir. Para mejorar las herramientas, ampliar las voces, recuperar la memoria, profundizar en el análisis y explorar nuevos formatos de comunicación sin perder aquello que ha dado sentido al proyecto desde sus comienzos.

Después de dieciséis años, Difusión Rebelde sigue siendo un pequeño espacio dentro de un universo comunicativo gigantesco. Pero precisamente ahí reside parte de su fuerza. No necesita competir con los grandes medios en sus propios términos. Su función es otra: abrir caminos, conectar voces, conservar memoria y contribuir a que determinadas historias sigan circulando.

Y detrás de esos más de dos millones de visitas hay también muchas personas que han hecho posible el recorrido. Quienes enviaron un artículo, compartieron una fotografía, hicieron llegar una convocatoria, confiaron una campaña o simplemente pulsaron el botón de compartir forman parte de esta historia. Porque ningún proyecto de comunicación alternativa puede sostenerse únicamente desde quien publica. Necesita una comunidad que lea, participe, critique, comparta y multiplique.

Dieciséis años después, la conclusión es sencilla. La comunicación sigue siendo un terreno de disputa y nadie debería pensar que esa batalla se libra solamente en las grandes redacciones o en los estudios de televisión. También se libra en cada pantalla, en cada página, en cada publicación que consigue atravesar el ruido y llegar a otra persona. Se libra cada vez que una voz silenciada consigue encontrar un espacio. Se libra cada vez que una historia olvidada vuelve a ser contada. Se libra cada vez que alguien decide no quedarse con el relato dominante y busca otras fuentes para comprender la realidad.

Más de dos millones de visitas después, Difusión Rebelde continúa caminando. Dieciséis años después, continúa difundiendo. Y mientras existan pueblos que resistan, organizaciones que luchen, movimientos que se organicen y personas dispuestas a defender la solidaridad y la justicia, seguirá existiendo la necesidad de contar esas historias.

Porque frente al silencio, hace falta palabra. Frente al olvido, memoria. Frente al discurso único, pensamiento crítico. Frente al aislamiento, solidaridad. Frente a la manipulación, información. Y frente a quienes pretenden convertir la comunicación en una herramienta al servicio exclusivo del poder, también hace falta una comunicación construida desde abajo, capaz de acompañar las luchas y hacer que sus voces lleguen más lejos.


Dieciséis años después de aquel comienzo, el contador ha superado los dos millones.

Pero lo verdaderamente importante no es el número que aparece en la pantalla.

Lo importante es todo aquello que esas visitas han ayudado a poner en movimiento.

Y por eso seguimos.

Difunde. Comparte. Multiplica.

Porque comunicar también es luchar.

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lunes, 31 de agosto de 2026

La 53 Brigada Europea José Martí: «Cuba es una luz que no se puede apagar».


Cuba no está sola. Una delegación de cinco brigadistas procedentes de Catalunya llegó el pasado 2 de agosto a La Habana como parte de la 53 Brigada Europea Solidaridad con Cuba José Martí, que agrupa a 112 personas de 14 estados del mundo.

Ni los apagones ni las dificultades económicas que atraviesa el país han impedido que la brigada desarrolle su programa: trabajo voluntario en el campo, convivencia y encuentros para conocer de primera mano tanto las problemáticas provocadas por el bloqueo estadounidense —agravado ahora por el bloqueo energético que impide la entrada de petróleo desde hace siete meses— como las recientes medidas económicas aprobadas por la Asamblea Nacional.

Se han mantenido diálogos con la dirección del ICAP (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos), la CTC (Central de Trabajadores de Cuba) y figuras como Abel Prieto, la economista Gladys González o Rony González Maestre, analista de la cancillería cubana.

El momento de mayor carga emotiva ocurrió en el hospital Calixto García, con la entrega de medicamentos a sus responsables. Allí se escucharon agradecimientos mutuos: el centro sanitario valoró enormemente la donación, y la brigada quiso retribuir el gesto reconociendo todo lo que Cuba ha hecho y hace por la humanidad, por ser una luz que no se puede apagar.

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domingo, 23 de agosto de 2026

23 de Agosto. Cuando la oscurana se hizo claridad en Nicaragua

Por Javier Huerta

Nicaragua, 46 años después de aquella hermosa batalla, la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización 

Entre finales de marzo y agosto de 1980, cuando comenzaba a caer la noche en cualquier comunidad de Nicaragua, una pequeña lámpara iluminaba una mesa alrededor de la cual se sentaban un joven alfabetizador y varias personas que apenas empezaban a reconocer las letras. No había grandes aulas ni pupitres. Muchas veces tampoco había electricidad. Había una cartilla, un lápiz, una tiza, una pizarra, una lámpara, paciencia y, sobre todo, el deseo de aprender y enseñar. En aquellas noches sencillas, en medio de la pobreza y de las dificultades de una Nicaragua que acababa de salir de una larga dictadura, comenzó a escribirse una de las páginas más hermosas de la Revolución Sandinista.

Aquella escena se repetía una y otra vez por todo el país. En casas campesinas, bajo los árboles, junto a los caminos y en las montañas, Nicaragua entera se había convertido en una escuela. Miles de jóvenes habían dejado temporalmente sus hogares y sus familias para internarse en una Nicaragua que muchos apenas conocían. Iban cargados con una cartilla y unos pocos materiales, pero llevaban consigo algo mucho más importante: la convicción de que la Revolución que había triunfado el 19 de julio de 1979 no podía limitarse a haber derrotado a la dictadura. La victoria tenía que llegar hasta las comunidades más apartadas, hasta las familias campesinas, hasta quienes durante décadas habían permanecido al margen de la educación y de las oportunidades.

Hacía apenas ocho meses que el pueblo nicaragüense había derribado a la dictadura somocista, una dictadura familiar que durante más de cuatro décadas había mantenido el poder mediante la represión, la desigualdad y la exclusión. El 19 de julio había abierto una enorme esperanza, pero la Revolución recibía un país profundamente herido. La guerra contra Somoza había dejado miles de muertos, familias destruidas y comunidades devastadas. La pobreza era especialmente dura en las zonas rurales, donde durante generaciones habían faltado escuelas, maestros, asistencia sanitaria, caminos, electricidad, agua potable y muchas de las condiciones básicas para desarrollar una vida digna.

El analfabetismo era una de las expresiones más visibles de aquella realidad. El régimen somocista había dejado una tasa nacional del 50,3 %, mientras que en algunos departamentos la situación era todavía mucho más dramática: en Río San Juan, por ejemplo, alcanzaba el 96,32 %. Aquella cifra permite comprender mejor lo que significaba que un joven llegara a una comunidad con una cartilla en las manos. No se encontraba simplemente ante una persona que desconocía las letras. Se encontraba ante las consecuencias de décadas de abandono.

Por eso, para la Revolución Sandinista, transformar Nicaragua no significaba únicamente cambiar las estructuras políticas. Había que reconstruir un país devastado y, al mismo tiempo, comenzar a construir una sociedad diferente. Había que atender la salud, impulsar la educación, mejorar las condiciones de vida, llevar servicios a las comunidades y devolver a millones de personas algo que durante demasiado tiempo les había sido negado: el derecho a aprender.

Y así comenzó una de las mayores epopeyas educativas de la historia de Nicaragua.

Una revolución que también tenía que enseñar

Carlos Fonseca Amador había dejado una consigna que resumía una parte esencial de aquella concepción revolucionaria: “Y también enséñenles a leer y escribir”. Aquellas palabras, pronunciadas años antes en medio de la lucha revolucionaria, adquirían ahora una dimensión concreta. La Revolución había triunfado y había llegado el momento de convertir aquella orientación en una realidad que alcanzara hasta el último rincón del país.

No se podía esperar a construir una red educativa perfecta para comenzar. Había que actuar inmediatamente. La pobreza no podía esperar y la ignorancia tampoco. Por eso, el 23 de marzo de 1980, apenas ocho meses después del triunfo revolucionario, comenzó oficialmente la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización “Héroes y Mártires por la Liberación de Nicaragua”.

La decisión tenía además una enorme dimensión material. Nicaragua heredaba una economía profundamente deteriorada. La Cruzada supuso un esfuerzo extraordinario para un país empobrecido: según datos del Ministerio de Educación recogidos posteriormente por la UNAN-Managua, el coste de aquella campaña rondó los 20 millones de dólares de la época. No había abundancia de recursos. Había voluntad política, organización popular y una convicción: la Alfabetización era urgente.

Miles de jóvenes se pusieron en camino hacia las comunidades rurales. Algunos procedían de Managua y de otras ciudades y nunca habían vivido durante meses en una comunidad campesina. Otros tampoco conocían las montañas, los caminos interminables, las largas jornadas de trabajo agrícola, la falta de electricidad o las dificultades cotidianas de aquellas familias. Muchos iban a descubrir por primera vez una parte de Nicaragua que había permanecido prácticamente invisible para quienes vivían en las ciudades.

El analfabetismo la consecuencia de una sociedad que durante décadas había negado a buena parte de su población el derecho a aprender. Enseñar a leer significaba mucho más que aprender el abecedario. Significaba poder escribir un nombre, comprender una carta, leer un periódico, interpretar un documento, realizar una gestión y dejar de depender de otra persona para acceder a una palabra escrita.

Significaba abrir una puerta que había permanecido cerrada durante generaciones.

La Cruzada tampoco fue concebida como una enseñanza mecánica. La coordinación estudió experiencias de alfabetización desarrolladas en países como Cuba, Mozambique, Guinea-Bissau y Cabo Verde y consultó a especialistas como Paulo Freire, el célebre pedagogo brasileño y autor de Pedagogía del oprimido. La experiencia nicaragüense recibió así aportaciones internacionales, pero desarrolló también sus propios métodos y materiales a partir de la realidad del país.

La cartilla no pretendía solamente enseñar letras. Pretendía que quien aprendía pudiera leer también su propia realidad. Porque aprender a leer era comenzar a descubrir que el mundo podía comprenderse y que, una vez comprendido, también podía transformarse. UNESCO destaca precisamente que aquella experiencia permitió a miles de jóvenes de las ciudades descubrir la otra mitad del país y conocer de cerca las condiciones de pobreza y marginación heredadas de décadas de dictadura.

La Nicaragua que esperaba a los alfabetizadores

Cuando aquellos jóvenes salieron hacia las montañas, no se dirigían simplemente a un territorio desconocido. Entraban en el corazón de una sociedad que acababa de despertar de una larga noche.

La pobreza era especialmente dura en las zonas rurales. Muchas comunidades carecían de escuelas y maestros, de asistencia sanitaria y de servicios básicos. El acceso a la educación dependía demasiado a menudo del lugar donde una persona había nacido y de las posibilidades económicas de su familia. Para muchos campesinos, la escuela había sido una realidad lejana, casi imposible.

La guerra contra la dictadura había dejado además una profunda huella. Había familias que habían perdido a padres, madres, hijos y hermanos. Había comunidades que habían conocido la violencia y el miedo. La Revolución abría una esperanza inmensa, pero el país no podía recuperarse de décadas de abandono de un día para otro.

La Revolución tenía que reconstruir mientras transformaba.

En ese escenario, la educación ocupaba un lugar central. Porque una persona que aprendía a leer no solamente adquiría una habilidad. Ganaba autonomía. Podía comprender una carta enviada por un hijo, leer las noticias, escribir sus pensamientos, entender un documento o participar de otra manera en la vida de su comunidad.

Por eso la Cruzada no fue concebida únicamente como una operación contra las estadísticas del analfabetismo. Era también una batalla contra una de las formas más profundas de la pobreza: la imposibilidad de acceder al conocimiento.

Y por eso aquellos jóvenes no llevaban solamente una cartilla. Llevaban una idea de país.

Sabían que el camino también podía ser peligroso

Existe, sin embargo, una dimensión de aquella historia que a veces queda relegada cuando se recuerda la Cruzada.

Aquellos jóvenes no se marcharon hacia las comunidades rurales en un país en paz.

La Revolución Sandinista acababa de triunfar y sus adversarios ya comenzaban a organizarse. Al otro lado de la frontera con Honduras se agrupaban antiguos miembros de la Guardia Nacional somocista y otros sectores opositores al nuevo Gobierno. Las primeras acciones armadas y las incursiones en determinadas zonas comenzaban a mostrar que el proceso revolucionario no iba a desarrollarse tranquilamente. La guerra de la Contra todavía no había alcanzado la dimensión que adquiriría posteriormente, pero el escenario de confrontación ya comenzaba a formarse.

Los proyectos sociales de la Revolución se convirtieron desde muy pronto en objetivos de quienes pretendían desestabilizar al nuevo Gobierno. La alfabetización, por su carácter masivo y por su llegada a las comunidades más pobres y alejadas, era una de las expresiones más visibles de aquella transformación.

No se trataba únicamente de adaptarse a las duras condiciones de la vida rural, caminar durante horas por senderos difíciles, dormir en casas humildes o convivir con familias a las que hasta entonces no conocían. Se trataba también de entrar en un país donde una revolución recién nacida comenzaba a ser amenazada y donde una guerra se encontraba en proceso de gestación.

Y, sin embargo, miles de jóvenes dieron un paso adelante.

Había ideales que pesaban más que el miedo. Había una convicción profunda de que la victoria del 19 de julio tenía que convertirse en escuelas, hospitales, alimentos, derechos y conocimiento. Había también una idea sencilla y poderosa: si la Revolución había abierto una puerta para ellos, ellos podían ayudar a abrirla para otros.

Sabían que iban a combatir la ignorancia. Y sabían también los peligros que les acechaban.

Un pueblo entero convertido en escuela

Entre el 23 de marzo y el 23 de agosto de 1980, Nicaragua vivió una movilización extraordinaria. 95.582 jóvenes, maestros, trabajadores de la salud, asesores pedagógicos, conductores, oficinistas, amas de casa y otros colaboradores participaron en aquella gran tarea y llevaron la enseñanza a todos los rincones posibles del país. En cinco meses, 406.056 nicaragüenses aprendieron a leer y escribir, mientras la tasa de analfabetismo descendía del 50,3 % al 12,9 %.

Detrás de aquellas cifras había miles de historias. Había campesinos que por primera vez podían escribir su nombre. Mujeres que podían leer una carta. Personas mayores que descubrían, quizá después de toda una vida, que aquellas letras que habían visto durante años dejaban de ser signos incomprensibles. Y había jóvenes que regresaban de las comunidades conociendo la realidad de su país y comprendiendo que enseñar también significaba aprender.

Y entre quienes protagonizaron aquella epopeya hubo una presencia femenina decisiva. Miles de muchachas participaron como alfabetizadoras, maestras, brigadistas y colaboradoras, mientras miles de mujeres campesinas y trabajadoras se sentaban por primera vez ante una cartilla para aprender aquello que durante años les había sido negado. Para muchas de aquellas jóvenes, la Cruzada significó también descubrir nuevas capacidades y asumir responsabilidades que marcarían sus vidas. Para las mujeres alfabetizadas, significó conquistar una herramienta de autonomía que les permitía leer, escribir, comprender un documento y participar con mayor independencia en la vida de sus familias y comunidades. La Cruzada fue, también, una experiencia de transformación para las mujeres que enseñaron y para las mujeres que aprendieron.

La convivencia produjo algo que ninguna estadística puede medir completamente. Jóvenes procedentes de las ciudades compartieron durante meses la vida cotidiana de familias campesinas, conocieron sus problemas, trabajaron junto a ellas y descubrieron una Nicaragua que hasta entonces les había sido distante. UNESCO ha destacado precisamente esa dimensión de la Cruzada: los jóvenes no solamente enseñaron a leer, sino que conocieron de cerca la pobreza y la marginación heredadas de décadas de dictadura.

La Nicaragua profunda dejó de ser una abstracción.

Tenía rostro, nombre, familia, pobreza, dignidad y esperanza.

Y aquellos jóvenes regresaron a sus ciudades siendo diferentes.

Pero aquella gran batalla tuvo también un precio. En el camino de la Cruzada cayeron 59 compañeros alfabetizadores, convertidos en héroes y mártires de aquella epopeya. Su recuerdo forma parte inseparable de la historia de quienes salieron hacia las comunidades convencidos de que enseñar a leer era una tarea por la que valía la pena comprometerse hasta las últimas consecuencias.

Nicaragua no estaba sola

La batalla contra el analfabetismo fue nicaragüense, pero también tuvo una profunda dimensión internacionalista. Brigadas de profesores voluntarios procedentes de unos 23 países (Cuba, España, Costa Rica, México, Argentina, Chile, Uruguay, Colombia, Honduras, Panamá, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Estados Unidos, Canadá, Alemania Occidental (RFA), Alemania Oriental (RDA), Países Bajos (Holanda), Suecia, Francia, Italia, Bélgica) colaboraron en distintos aspectos de la Cruzada, desde la organización técnica y la preparación de materiales hasta la formación de los jóvenes nicaragüenses.

Desde Cuba llegó la Brigada “Augusto César Sandino”, integrada por maestros que se incorporaron al esfuerzo educativo y llevaron su experiencia hasta algunas de las comunidades más apartadas. También participaron profesores y estudiantes de otros países, entre ellos Costa Rica, España y organizaciones internacionales de estudiantes.

La solidaridad no llegó únicamente en forma de palabras. Llegó caminando por los caminos de Nicaragua.

Entre aquellos internacionalistas europeos estuvo por ejemplo Ambrosio Mogorrón, el “Doctorcito”, que llegó a Nicaragua en 1980 para participar en la Cruzada. Su compromiso no terminó cuando concluyó aquella campaña. Después se internó en las montañas de Jinotega y dedicó su vida a acompañar a comunidades campesinas y a combatir enfermedades olvidadas.

También estuvo Joël Fieux, francés de 28 años, formado en micromecánica y vinculado a trabajos de imprenta y comunicación relacionados con movimientos sociales. Después de la Cruzada colaboró en la instalación de imprentas y en la producción de materiales de comunicación

Sus compromiso con Nicaragua continuaron hasta que fueron asesinados por la Contra.

Ambrosio y Joël representan una historia que merece ser contada con especial cariño: la de aquellos hombres y mujeres que llegaron desde lejos para enseñar y terminaron haciendo de Nicaragua parte de sus propias vidas.

Algunos regresaron a sus países. Otros permanecieron durante años.Y unos pocos entregaron sus vidas.

La Cruzada terminó. El camino, no

El 23 de agosto de 1980 terminó oficialmente la campaña de alfabetización en español, pero la tarea educativa continuó. El 30 de septiembre comenzó la alfabetización en inglés criollo, miskito y sumo, con el objetivo de llegar a miles de personas de la Costa Caribe. La educación de adultos siguió desarrollándose durante los años posteriores, porque aquella primera victoria había demostrado que la alfabetización no podía entenderse como un acontecimiento aislado, sino como el comienzo de un proceso educativo más amplio.

En ese largo camino encontró un espacio especialmente importante Río San Juan. Debido a las condiciones de aislamiento y pobreza extrema de la zona, el gobierno la priorizó enviando contingentes especiales de educadores, como fue la llegada el 20 de febrero de 1983 de maestros de la Brigada "Benicio Herrera Jeréz". En ese momento Río San Juan fue un territorio donde la educación popular se convirtió en una experiencia de vida para quienes decidieron permanecer junto a las comunidades.

Fue también en aquella continuidad y con la llegada de esta brigada, donde surgió una figura que merece un reconocimiento especial: el Maestro Orlando Pineda, pues él fue dirigente y coordinador de la brigada.

Orlando entendió desde muy temprano que alfabetizar no consistía simplemente en llegar a una comunidad, enseñar las primeras letras, reducir el porcentaje de personas iletradas y marcharse. Había que conocer a la gente, hablar con ella, comprender sus problemas y conseguir que la propia comunidad se convirtiera en protagonista de la transformación. En Río San Juan, cuando no había una escuela, los maestros reunían a la población para decidir cómo construirla; los campesinos aportaban su trabajo y las mujeres participaban también en aquellas jornadas. La educación dejaba así de ser algo que llegaba desde fuera y se convertía en una obra colectiva. Río San Juan fue para Orlando mucho más que un territorio de trabajo: fue el lugar donde la educación popular se convirtió en una forma de caminar junto al pueblo.

El resultado demostró que aquella manera de entender la educación podía transformar una región: en Río San Juan, el analfabetismo descendió del 35 % en 1985 al 3,77 % en octubre de 1987. Pero la propia experiencia mostró también que alfabetizar no era suficiente; había que garantizar que lo aprendido no se perdiera y convertir la alfabetización en el primer paso de un proceso educativo permanente.

Por eso, cuando hablamos de Orlando Pineda, hablamos de maestro en el sentido más profundo de la palabra. De un hombre que convirtió la educación popular en una forma de vida y que durante décadas ha defendido la idea de que ninguna persona ni ninguna comunidad deben quedar condenadas a la oscuridad.

Cuando cambió el Gobierno, la llama permaneció encendida

La derrota electoral del FSLN en 1990 cambió el rumbo político del país. Pero no consiguió apagar aquella vocación.

El 26 de febrero de 1990 nació la Asociación de Educación Popular Carlos Fonseca Amador (AEPCFA), que mantuvo viva la experiencia de educación popular durante los años neoliberales. San Francisco Libre, Palacagüina, Río San Juan y otras comunidades siguieron formando parte de aquel largo camino.

Allí estuvieron hombres y mujeres que comprendieron que el cambio de Gobierno no podía significar el abandono de todo lo que se había construido alrededor de la educación popular. La alfabetización había echado raíces en las comunidades y quienes habían participado en aquella experiencia se negaron a dejarla convertida en un recuerdo. En 1990, mientras cambiaba el rumbo político del país, nació la AEPCFA para mantener vivo aquel compromiso y continuar llevando la educación a quienes todavía la necesitaban. La organización siguió vinculando la alfabetización con la salud, la producción, el medio ambiente y la participación de las propias comunidades.

Entre sus fundadores, estaba Abner Pineda. Un maestro rural que vivió antes del triunfo de la Revolución, como alumnos dejaban las aulas para huir a las montañas por miedo a ser asesinados por la guardia. Mas tarde él también se comprometería con el frente sandinista y después de la victoria se implicaría en la gran Cruzada Nacional. Hoy ya no podemos conversar con Abner, pero su legado esta presente en los frutos del trabajo que realizo, con mucho compromiso hacia su país y su revolución, tan solo con el deseo de construir un futuro mejor. Su nombre permanece unido a la historia de la Cruzada, de la AEPCFA y de quienes durante aquellos años se negaron a aceptar que la alfabetización y la educación popular fueran solamente un recuerdo.

Y en esos momentos tan difíciles la Solidaridad Internacional se mantuvo presente. Fueron muchas las brigadas que llegaron a Nicaragua durante los 80,90 y principios del 2000 para apoyar la alfabetización. Alemania, España, Italia, Francia, Países Bajos, Suecia, ..( fueron los principales países europeos, que llegaban con grandes grupos de brigadistas).

Miquel Soler Roca, Jaume Botey, Maria Pau Trayner  y Sebas Parra forman parte de esa memoria internacionalista que siempre estuvo apoyando la alfabetización y la educación popular en Nicaragua. Miquel, referente de la educación de adultos y antiguo director de la División de Alfabetización de UNESCO; Jaume, maestro, profesor universitario y profundamente vinculado a la escolarización de adultos; Maria Pau, destacada activista social, antropóloga, profesora vinculada a movimientos de educación popular y teología feminista y Sebas, maestro y con gran influencia de Paulo Freire, cuyo compromiso con Nicaragua y con la AEPCFA terminó convirtiéndose en una parte esencial de su propia vida.

Los cuatro ya no están entre nosotros. Pero existe una forma hermosa de recordarlos: continuar aquello en lo que creyeron.

Cuba como siempre solidaria

Durante los años neoliberales, los avances de la alfabetización fueron parcialmente revertidos y el analfabetismo volvió a crecer. Organizaciones sociales y la propia AEPCFA estimaron que el índice real de vulnerabilidad educativa en diversas zonas llegó a situarse entre el 30 % y el 36,9 %.

Entonces Cuba volvió a ofrecer su solidaridad a Nicaragua. De la mano de Orlando Pineda, de la AEPCFA, y con el decisivo apoyo de la solidaridad internacional, comenzó a llegar a Nicaragua el método cubano “Yo, sí puedo”. En 2005, Orlando Pineda, Sebas Parra y Joan Colomer participaron en el Primer Congreso Mundial de Alfabetización celebrado en La Habana, donde conocieron directamente el método creado por la pedagoga cubana Leonela Inés Relys. A partir de aquella experiencia comenzaron las gestiones para hacerlo llegar a Nicaragua. Sebas Parra desempeñó un papel especialmente importante en aquella tarea: fue designado representante internacional para impulsar las gestiones de cooperación y trabajó en la consecución de los convenios y en la preparación logística necesaria para poner en marcha el proyecto. En 2005-2006 se desarrollaron los primeros pilotajes en diversos municipios y departamentos, especialmente en zonas rurales, en coordinación con las alcaldías (Diriamba, Juigalpa, Estelí, Somoto,..), antes de extender progresivamente el programa a otros municipios del país, después del regreso del FSLN al Gobierno en 2007. En ese momento aquel esfuerzo adquirió una dimensión nacional.

Entre 2007 y 2009 se desarrolló una nueva campaña nacional de alfabetización y, en 2009, Nicaragua volvió a situarse por debajo del 5 % de analfabetismo, alrededor del 4,7 %, dentro de los parámetros utilizados internacionalmente para considerar a un país territorio libre de analfabetismo.

La historia parecía cerrar un círculo. Pero en realidad estaba comenzando otra etapa.

De aquella cartilla a la educación del siglo XXI

La alfabetización había demostrado que era posible transformar una realidad que parecía condenada a repetirse. Pero el desafío educativo era mucho mayor.

Durante los primeros años del siglo XXI, bajo los gobiernos neoliberales, alrededor de 800.000 niños y adolescentes quedaban fuera del sistema educativo. La Tasa Neta de Escolaridad alcanzaba solamente el 41,7 % en educación preescolar y el 44,3 % en educación secundaria, dejando a una parte enorme de la juventud fuera de las aulas.

La nueva etapa revolucionaria iniciada en 2007 recuperó la gratuidad de la educación pública y amplió progresivamente las posibilidades de acceso.

La escuela dejó de ser solamente el lugar donde aprender las primeras letras. Pasó a formar parte de un sistema mucho más amplio que incluye educación inicial, primaria, secundaria, educación especial, jóvenes y adultos, formación técnica y universidad.

Para 2026 el sistema educativo proyecta una matrícula de 1,8 millones de niñas, niños, adolescentes, jóvenes y adultos. El acceso se ha acompañado de programas sociales como la merienda escolar, que llega aproximadamente a un millón de estudiantes de centros públicos y subvencionados, además de libros, tecnología educativa, educación en el campo, rehabilitación y construcción de centros escolares y formación continua del profesorado.

La transformación alcanza también a la educación superior. Las universidades públicas pasaron de atender 77.710 estudiantes de licenciatura en 2006 a más de 207.000 jóvenes y adultos en 2025, con una participación femenina mayoritaria. La gratuidad universitaria, las becas, la ampliación de carreras, laboratorios, infraestructura y presencia territorial han abierto posibilidades que antes resultaban inaccesibles para muchas familias. Para 2026 las universidades públicas proyectan el acceso de alrededor de 82.000 estudiantes.

La educación técnica también ha experimentado una expansión profunda: de 26 centros en 2006 a 71 en 2025, con una oferta mucho mayor de carreras y cursos y cientos de miles de protagonistas atendidos cada año.

La idea continúa siendo aquella misma que animaba a los alfabetizadores de 1980: que estudiar no sea un privilegio reservado a unos pocos y que cada joven pueda encontrar un camino para construir su futuro, trabajar, emprender y contribuir al desarrollo de su comunidad.

Y la alfabetización tampoco ha desaparecido.

El programa “Luz y Verdad”, iniciado en 2023, continúa trabajando con jóvenes y adultos e incorporando formación para el trabajo. La alfabetización vuelve así a ser entendida como lo que siempre debió ser: no el punto final, sino el primer peldaño de un proceso educativo que debe continuar durante toda la vida.

La Costa Caribe y los caminos que todavía quedan por recorrer

Quizá sea precisamente en la Costa Caribe donde mejor se comprende que aquella historia iniciada en 1980 nunca terminó. Allí la alfabetización tuvo que enfrentarse a enormes distancias, comunidades aisladas y una realidad cultural y lingüística propia. No bastaba con llevar una cartilla: había que llegar a las comunidades y respetar las lenguas y culturas de sus pueblos.

Cuando el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional retomó en 2007 la lucha contra el analfabetismo, la AEPCFA asumió un papel central en esta tarea en la Costa Caribe, en coordinación con las autoridades nacionales y regionales. Entre 2008 y 2010 desarrolló una campaña que comenzó en comunidades de las riberas del Río Coco y Prinzapolka y posteriormente se extendió a territorios como Bilwi, Waspam, Siuna, Bonanza y Rosita.

La experiencia permitió llevar hasta aquellas comunidades el método cubano “Yo, sí puedo”, adaptándolo a la realidad lingüística de la región. En 2008 se presentó la versión en miskito, “Yang, Lika Sipsna”, mientras se trabajaba también en otras lenguas indígenas. La alfabetización adquiría así una dimensión que iba más allá de aprender a leer y escribir: significaba reconocer la identidad cultural de las comunidades y convertir la educación en una herramienta de participación y dignidad.

Y es aquí, nuevamente en esta tarea, los compañeros infatigables que debemos dar un reconocimiento, Eveling Vanegas, Guillermo Fuentes, Adrián Cruz y, el Maestro Orlando Pineda, forman parte de ese equipo que comenzaron en 1980 y quienes han continuado su trabajo haciendo de la educación popular una tarea permanente, vinculada a las comunidades y a sus necesidades.

Porque alfabetizar era solamente el comienzo. El camino debía continuar hacia la educación técnica y profesional. En noviembre de 2024, esa continuidad quedó reflejada en Bluefields, con la graduación de estudiantes del Núcleo Educativo Carlos Fonseca Amador, entre ellos alumnos de la Escuela Campesina y de la Primera Universidad Indígena Carlos Fonseca Amador, vinculados a la formación agropecuaria.

De la cartilla a la escuela. De la escuela a la formación técnica. Y de la formación técnica a la universidad.

La luz que pasa de unas manos a otras

En este 46.º aniversario regresan también los nombres de quienes ya no podemos abrazar: Abner, Miquel, MªPau, Jaume, Sebas, Ambrosio y Joël, junto a los 59 alfabetizadores que cayeron durante aquella epopeya y tantos otros hombres y mujeres que entregaron su juventud, su trabajo y, en algunos casos, su propia vida. Sus nombres forman parte de una historia que no pertenece solamente al pasado, porque aquello que defendieron continúa expresándose cada vez que una persona puede acceder a la educación y abrir con ella nuevas posibilidades para su vida.

Hace 46 años, miles de jóvenes salieron hacia las montañas con una cartilla, un lápiz y una lámpara. Sabían que iban a encontrarse con la pobreza, con comunidades olvidadas durante décadas y con unas condiciones de vida muy diferentes a las de las ciudades. Sabían también que la Revolución recién triunfada comenzaba a ser amenazada y que el camino podía ser peligroso. Y, sin embargo, caminaron. Lo hicieron porque creían que la victoria del 19 de julio debía convertirse en algo concreto: escuelas, salud, derechos, oportunidades y dignidad para quienes durante generaciones habían sido excluidos.

Muchos pensaban que iban a enseñar a leer a un pueblo. Regresaron comprendiendo que también habían aprendido a mirar de otra manera a su propio país. Descubrieron que detrás de cada cifra había una persona, una familia y una historia; que detrás del analfabetismo había pobreza y abandono, pero también un enorme deseo de aprender. Descubrieron, en definitiva, que compartir el conocimiento podía convertirse en una forma de solidaridad y de transformación.

Esa fue quizá la verdadera grandeza de la Cruzada: no solamente enseñó a leer palabras, sino que ayudó a un pueblo a comenzar a leer su propia realidad y a sentirse capaz de escribir su propio destino.

La historia tampoco terminó cuando se cerró oficialmente la campaña el 23 de agosto de 1980. Continuó en la educación de adultos, en las comunidades de la Costa Caribe, en la experiencia de la AEPCFA, en el método cubano “Yo, sí puedo”, en las campañas posteriores y en las generaciones que han llegado después a las escuelas, a la formación técnica y a las universidades. El reconocimiento internacional a aquella epopeya, incluida su incorporación a la Memoria del Mundo de la UNESCO, demuestra que aquella experiencia trascendió las fronteras de Nicaragua y se convirtió en una referencia de la educación popular.

La propia UNESCO ha querido preservar aquella memoria: el Archivo de la Cruzada Nacional de Alfabetización fue inscrito en el Registro Regional de Memoria del Mundo en 2006 y en el Registro Internacional en 2007. Allí se conservan cartas, testimonios, diarios de campo, fotografías, mapas, casetes, cartillas y materiales elaborados en español, inglés criollo, miskito y sumo. La historia de aquella pequeña lámpara quedó así convertida también en patrimonio documental de la humanidad.

Hoy Nicaragua es diferente a aquella Nicaragua de 1980. Persisten desafíos, desigualdades y necesidades, especialmente en las comunidades más alejadas y en la Costa Caribe, pero también existen generaciones que han podido acceder a oportunidades educativas que sus padres y abuelos nunca tuvieron. La gratuidad de la educación pública, la expansión de la formación técnica y universitaria y los programas dirigidos a jóvenes y adultos forman parte de esa transformación que comenzó, de alguna manera, aquella noche de 1980.

Por eso, quizá el mejor homenaje a quienes emprendieron aquel camino no sea solamente recordar sus nombres ni repetir sus cifras. Es mantener viva la razón por la que caminaron.

Porque una revolución no se mide únicamente por aquello que derriba, sino también por aquello que consigue construir.

Y aquella pequeña lámpara que una noche iluminó una mesa campesina sigue siendo una poderosa imagen de lo que puede hacer un pueblo cuando decide que el conocimiento no debe ser privilegio de unos pocos.

La Cruzada terminó hace 46 años. La luz, no.

Pasó de unas manos a otras, de una generación a la siguiente. Y mientras haya alguien dispuesto a enseñar, alguien dispuesto a aprender y un pueblo decidido a defender la educación como un derecho, aquella hermosa batalla seguirá teniendo sentido.

Porque aquella lámpara no se encendió solamente para iluminar una noche. Se encendió para abrir un camino.

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