Tamer Sarkis, L铆deres, comunas y capitales. Respuesta a un pragmatista en Venezuela
Reproduciendo un "territorio com煤n trillado", el texto sit煤a en el 谩mbito de las estructuras sociales los logros primordiales de la revoluci贸n. En realidad, eso no es lo principal: porque el capitalismo tambi茅n necesita y es capaz de desarrollar unas estructuras sociales (por ejemplo en Eskandinavia o Canad谩 o Alemania), y eso no significa ser revolucionario. El logro principal de todo proceso revolucionario se juega y jugar谩 siempre en el terreno de la Racionalidad ideol贸gica -del Horizonte- en que quedan insertas las construcciones sociales.
Paralelamente, el autor profesa una concepci贸n antin贸mica entre Liderazgo y democracia colectiva participativa. Tal antinomia solamente existe en la cabeza del ide贸logo democratista, pero lo peor es que, si esa ideolog铆a asume el mando, acaba por materializarse: de ideolog铆a de la separaci贸n pasa a objetivarse como separaci贸n de la ideolog铆a entre pueblo y direcci贸n, creando una contraposici贸n falsa, artificial, pero real en el pensamiento y por tanto en sus consecuencias de planteamiento, de acci贸n colectiva y de estructuraci贸n pol铆tica. A partir de tal hipot茅tico momento, se inicia el reinado de lo ef铆mero, porque el rumbo pasa a depender no ya de los Principios, sino del caprichoso juego de hegemon铆as coyunturales en las filas de unos y otros protagonistas m谩s o menos corporatizados en calidad de lobbies, organismos intermedios, grupos pol铆ticos o cuerpos consultivos. Esto significa, a un nivel m谩s profundo de estructuraci贸n de lo real, que la lucha de clases ha dejado de ser dirigida, como un solo pu帽o, hacia el campo enemigo, y en cambio se nos ha enquistado en nuestro propio campo a modo de lucha de ideas, donde las ideas del enemigo emergen con voz y poder entre nosotros mismos. Con su aparente “emergencia libre del pueblo a escena”, lo que irrumpe en realidad es la indeterminaci贸n, reemplazando al reconocimiento popular compartido de la Ontolog铆a revolucionaria, inmanente, independiente y no sujeta a principio de causaci贸n contextual, pues es ella la que debe sustanciar cada contexto y determinarlo. No en vano, la libertad es la conciencia verdadera respecto de lo conveniente y de cuanto es necesario en pos de consumar lo conveniente (Federico Engels, Anti-D眉hring).
En realidad, principio de jefatura y construcci贸n nacional colectiva y autogestionaria no son antag贸nicas; son lo mismo. Verlo al rev茅s es el reflejo mec谩nico en el pensamiento, de la realidad de siglos a煤n "normal" en el viejo Mundo y concretamente en Occidente, donde los Jefes no han acostumbrado a ser del Pueblo, sino adversos a 茅ste. Precisamente esos moldes de enfoque liberales-ilustrados son los que hay que desterrar de Venezuela, porque son residuos mentales que no dan cuenta de la originalidad del proceso. Ya no se trata de definir si el Gobierno sirve a la persona o la persona al Gobierno (contradicci贸n ilustrada, idealmente resuelta, por ejemplo, en la primera Constituci贸n estadounidense revolucionaria del 4 de julio de 1776). Se trata ahora de reconocer que el l铆der (quien ha sido, es y ser谩 Ch谩vez) ya ha definido el Horizonte y los instrumentos de andadura, mientras el pueblo define qu茅 pasos hay que dar en cada tramo con esos instrumentos y hacia ese Horizonte. El l铆der pol铆tico, a diferencia de lo que el autor dice, jam谩s puede ser Maduro (al margen de sus valios铆simas cualidades) ni ning煤n otro cargo pol铆tico que pueda venir en el futuro. Los cargos pol铆ticos hacen el an谩lisis concreto de la realidad concreta para aplicar la idea a cada contexto y fase del proceso. En tal grado estricto, como chavistas, s铆 son l铆deres. Pero el pueblo ya defini贸 el liderazgo con un acto deAutorizaci贸n: el pueblo produjo y reconoci贸 la autoridad. Contra ello, el cargo pol铆tico carece de libertad. Para asegurar la relaci贸n entre cargo e idea, entre lo concreto y lo general, est谩 el pueblo, y en tal medida tiene que ser pueblo organizado (y armado).
En lo econ贸mico, el autor hace de la necesidad Virtud, creyendo hallar una f贸rmula de fortalecimiento de la Revoluci贸n venezolana, en aquello que no es m谩s que una determinaci贸n universal que rige en el curso del tr谩nsito entre capitalismo y comunismo. Formular茅 tal determinaci贸n como sigue: Las relaciones productivas socialistas no existen, pues o son relaciones capitalistas o son comunistas, as铆 que en la pr谩ctica los revolucionarios no tenemos otra que partir del Capital en lo que se refiere a procurar la reproducci贸n social de la propia sociedad en transformaci贸n. Esto es as铆 exactamente igual a que no se puede separar la 贸rbita lunar alrededor de la Tierra respecto del principio gravitatorio ni de las leyes de Newton.
Pero lo cierto es que la capitalizaci贸n de determinados procesos, aunque necesaria, jam谩s puede pasar de ser nada m谩s que un instrumento al servicio del Horizonte de la propia superaci贸n comunal de las relaciones de producci贸n fundamentadas en el Valor. Mao lo vio muy claro: capitalizar y concentrar procesos de re-inversi贸n es necesario para el desarrollo de Fuerzas Productivas y de Fuerza de Trabajo que luego transferir hacia el terreno de las nuevas Relaciones de Producci贸n. Porque, de lo contrario, en el propio entusiasmo ideol贸gico reside el principio de auto-destrucci贸n ideol贸gica, al darse cuenta el entusiasta de que carece de medios materiales que aplicar a la producci贸n de una vida material sana que de paso le permita, dial茅cticamente, seguir materializando la Ideolog铆a. Pero lo contrario, el pragmatismo, es el reverso de la misma moneda: las relaciones capitalistas, en s铆 mismas, aunque transitoriamente puedan servir para desarrollar fuerzas productivas y por tanto para liberar grados de trabajo y revolucionar la divisi贸n del trabajo, NO generan m谩s ideolog铆a que la capitalista entre las masas, de modo que r谩pidamente el medio se vuelve referencial.
El autor cae en ese pragmatismo, presupuesto que es el enemigo m谩s peligroso de la revoluci贸n. El enemigo principal del Pueblo durante la construcci贸n del socialismo es, en el plano de las ideas, el pragmatismo, porque los pragm谩ticos son los restauradores tendenciales de la v铆a capitalista, que jam谩s generar谩 m谩s que capitalismo (contra la presunci贸n hecha por el evolucionismo mecanicista profesado por el espontaneismo socialdem贸crata, trotskista y dem谩s). El autor no tiene raz贸n en lo que se refiere al m茅todo para fortalecer la revoluci贸n, porque el m茅todo pragm谩tico solamente fortalece el capitalismo. Pero s铆 tiene raz贸n en la medida en que la fragmentariedad productiva tiene que ser re-concentrada en determinados periodos, a fin de dar saltos adelante que permitan volver a descentralizar a un nivel m谩s avanzado. Mao dec铆a que "hay que caminar con los dos pies".
La eficiencia, la racionalidad..., lejos de como las presenta el autor (instrumentos neutros al servicio de la estabilizaci贸n econ贸mica) siempre tienen un color, o el color rojo o el color blanco de la reacci贸n. El descontrol de la inflaci贸n no se arregla con pragmatismo, sino que, a la inversa, muestra que no se puede construir una revoluci贸n dejando intransgredida toda una esfera econ贸mica "paralela" a esa otra que la revoluci贸n construye. Pues el Capital es totalitario (tiende a expandirse y a colonizar l贸gicas de funcionamiento, y ello por su propia naturaleza acumulativa). El descontrol de la inflaci贸n, al contrario, expresa en la econom铆a el d茅ficit de lucha que se da en el terreno de la infraestructura ideol贸gica y pol铆tica. Contra la inflaci贸n no sirve ninguna pol铆tica macro-econ贸mica, porque no hablamos de luchar contra la inflaci贸n en el capitalismo, sino contra la inflaci贸n como s铆ntoma del capitalismo contra el que se combate a un nivel m谩s englobante. Contra la inflaci贸n solamente sirve la lucha de clases y su intensificaci贸n: ley del maximum, expropiaci贸n, centralizaci贸n, militarizaci贸n de la distribuci贸n, conversi贸n del mercado en distribuci贸n de valores de uso y no de valores de cambio. La lucha es dura, pero el Pueblo entender谩 si tiene ideolog铆a (es decir, presente el L铆der vivo, Ch谩vez, pero no a un nivel de ceremoniosidad o simbolismo, sino a un nivel de Horizonte compartido).
Tomado en su justa medida, el autor diagnostica un proceso cierto: sin generaci贸n de infraestructura productiva, las superestructuras social-reproductivas con el tiempo se disecan, porque carecen del Valor, es decir, de su sustrato de riqueza que las garantiza. Eso significa criticar el reverso sim茅trico del autor, es decir, las tesis posmodernas de la "econom铆a de la austeridad", "de la maldad intr铆nseca a la concentraci贸n, a la acumulaci贸n, a la re-inversi贸n...", del “lechuguismo” o el “tomatismo” de parcelita, de la “econom铆a de escala”, de “lo micro” como 谩mbito normativo de relaci贸n econ贸mica y en general del proudhonianismo. El Capital es necesario bajo el socialismo, pero siempre siendo estructurado con arreglo al Horizonte de acabar con ese mismo Capital: el Capital dinerario se objetiva como Capital Constante (Fuerzas Productivas) que, al ser comunizadas, dejan de ser Capital, y pasan a integrarse sencillamente como riqueza productiva de valores de uso (productos). Para que esa capitalizaci贸n vaya liquidando el capitalismo, tiene que ser sometida a la batuta pol铆tica socialista, cuyo aplicador es un Estado cuya vida burocr谩tica gestiona a su vez la propia acumulaci贸n capitalista (por eso dicho arma de doble filo, el Estado, debe quedar siempre controlado por el pueblo y por las comunas, armadas de ideolog铆a y de polvor铆n a discreci贸n). Dejado a manos privadas, el Capital es convertido en fin y pasa a generar m谩s y m谩s Capital, en lugar de auto-destruirse, de la mano del Estado, como valores de uso productivo recuperados por las comunas.
As铆 mismo, y sim茅tricamente, una l贸gica productiva desentendida de la acumulaci贸n acaba generando decepci贸n, pues no hay inversi贸n hacia el desarrollo del potencial comunal, y, en tal medida, parad贸jicamente acaba generando ideolog铆a capitalista: sectores desabastecidos de las masas se van desmarcando de una Idealidad con la que no se satisfacen las necesidades materiales (la ideolog铆a materializada produce dignidad de vida colectiva, pero, por s铆 y en s铆, la ideolog铆a no se come ni se viste). En este sentido, el posmoderno apologeta del "improductivismo" o bien de “trascender de inmediato la econom铆a” oponiendo a esta Categor铆a una “vida comunal alternativa al prisma econ贸mico” como "sumumdel anticapitalismo", genera, si su criterio se impone en la comuna, criterios capitalistas, pues ese funcionamiento desencanta a las masas respecto de una ineficacia que ellas llegan a identificar err贸neamente como consustancial a "la revoluci贸n" per se. El idealismo resulta ser, as铆, una f谩brica de pragmatismo social.