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mi茅rcoles, 5 de abril de 2017

Recorridos y arraigos de los antrop贸logos del poder. Por Tamer Sarkis

Re-presentar, falsificar y distorsionar no est谩n autom谩ticamente en funci贸n de la posici贸n material, en sociedad, del hablante, o de su procedencia de clase


Mi texto parte de una epistemolog铆a concreta: pienso la Antropolog铆a como una actividad definida en funci贸n de unos u otros destinos pol铆ticos. Es decir: las realidades que el poder toma como objetos suyos –las cualidades de estos objetos pol铆ticos- dan forma a unas u otras antropolog铆as mediante el acto mismo de determinar una u otra racionalidad pol铆tica (determinaci贸n de los medios en consideraci贸n a los fines). Desarrollo, en lo siguiente, algunas implicaciones y derivaciones de esta premisa.

DESARROLLO DE LA MIRADA INTERNA


As铆, hay que saber resolver el misterio de la sucesi贸n de marcos antropol贸gicos dominantes, atendiendo al relevo de “vocaci贸n pol铆tica” acaecido. Hace un siglo la pol铆tica se conduc铆a con la Antropolog铆a a la conquista de un espacio exterior y a su mantenimiento militar, administrativo y gubernativo presencial directo. El colonialismo buscaba justificaci贸n en el supuesto prop贸sito de ofrecer conocimientos –ciencia y tecnolog铆a- a pueblos incapaces, sin ciencia y tecnolog铆a, de explicar fen贸menos y dominar el medio, y que habr铆an de recurrir, para suplirlas, a “recursos inefectivos” (magia). Ello explica la Antropolog铆a dominante en la 茅poca; una Antropolog铆a que habla de una unicidad estructural interna del “Ser humano”. Nos habla de unos mismos afanes. Tambi茅n de unos mismos objetivos de la actividad social, cuya realizaci贸n se haya obstaculizada en los “pueblos rudos” por carencias evolutivas en la generaci贸n de instituciones e instrumental funcionales, pero que s铆 poseen los “pueblos civilizados”. Paralelamente, el ordenamiento del “espacio interior” corre a cargo de otras ciencias (Psicolog铆a, Sociolog铆a, Estad铆stica, Pedagog铆a, Psiquiatr铆a), si bien participa de ello una rama de la Antropolog铆a que, no casualmente, ha merecido posteriormente escasa consideraci贸n: la Antropolog铆a Criminal.
Esta divisi贸n del trabajo cient铆fico no se corresponde con la actual: la actuaci贸n pol铆tica expres谩ndose desde un medio cognitivo antropol贸gico ha venido desplaz谩ndose hacia el interior social durante los 煤ltimos treinta a帽os. Un motivo evidente es que el Otro se ha instalado en este espacio. Otra raz贸n de la incorporaci贸n de la Antropolog铆a a la “pol铆tica interior” son los cambios de sensibilidad en la valoraci贸n e interpretaci贸n comunes del considerado “infame” o “peligroso” o “marginal”. En este sentido, resulta ahora incre铆ble para franjas extendidas de la ciudadan铆a, que determinados comportamientos sean cuesti贸n de “enfermedad”, “alteraci贸n psicol贸gica” o simple “falta de educaci贸n”.
En este reemplazamiento de asignaciones (por otras quiz谩s no menos superficiales), juegan un papel no poco importante unos mass-media que unifican una pluralidad de sentires, de causas y de motivaciones, en fen贸menos de espect谩culo como “Los maltratadores”, “Los okupas”, “Las bandas callejeras”, “El inmigrante” o “El adolescente”. Al destacar factores como “la inadaptaci贸n”, “la crisis de valores”, “la cultura sexista”, “la procuraci贸n de sentido e identidad mediante la integraci贸n en una subcultura enfrentada” o “la escasa salud de la democracia”, los medios bombean a la agenda pol铆tica cuestiones cifradas de tal modo que precisan de antrop贸logos para su conocimiento y tratamiento.
Junto a lo que llamo la endogenizaci贸n pol铆tica de la Antropolog铆a, querr铆a destacar otro proceso que resume el cambio dr谩stico de su comportamiento pol铆tico en los 煤ltimos treinta a帽os: llamo, a este proceso, democratizaci贸n del discurso en torno a el Otro. A la luz de este concepto, podemos caracterizar por periodos la pol铆tica que respira y se realiza en forma de Antropolog铆a entre el colonialismo decimon贸nico y la actualidad.

PRIMER PERIODO           

  1. Discursos producidos por especialistas (profesionales consagrados al estudio de un 谩rea geogr谩fica o incluso un solo “pueblo”).
  2. Pretensiones sinceras de conocer para dominar, por m谩s que los prejuicios y otros determinantes ideol贸gicos participaran de la formaci贸n de ese conocimiento.
  3. Consumo cognoscitivo elitista y herm茅tico: burocracia, militares, pol铆ticos. Estado.
  4. Nivel d茅bil de filtraci贸n y vulgarizaci贸n discursiva.
  5. Producci贸n in situ del conocimiento: etnograf铆a.

SEGUNDO PERIODO

  1. Discursos producidos por “expertos” (su aparici贸n en los medios en tanto que tales les inviste de autoridad): profesionales de los medios, con habilidad comunicativa en el uso de materiales no producidos por ellos, y period铆sticos en su mayor铆a.
  2. Dualizaci贸n: representaciones con funci贸n puramente ideol贸gica, paralelas y complementarias a estudios econ贸micos y geo-estrat茅gicos realizados por servicios de inteligencia, asesores estatales, falsas ONGs, organismos “internacionales”, etc.
  3. Dualizaci贸n en su consumo: ideolog铆a para las masas y par谩metros orientativos de la estrategia pol铆tica para el Capital (inversiones, desplazamiento de Fuerzas Productivas) y el Estado (tratados mercantiles, acci贸n b茅lica, formaci贸n poblacional habilitadora de su inclusi贸n en ciertas fases de los procesos productivos).
  4. No se trata de que el nivel de filtraci贸n sea elevado, sino de que el objetivo de parte de esta producci贸n es el consumo de masas.
  5. Producci贸n cognoscitiva a distancia de la situaci贸n de origen, e in situ cuando se estudian las presencias de el Otro aqu铆. Esta producci贸n est谩 marcada por la imagen que se tiene de tal situaci贸n en el medio de origen.
Si ha podido transformarse a el Otro en un asunto de masas, que opinan sobre 茅l, consumen su exposici贸n medi谩tica, desean distanciarlo, salvarle, ayudarle, desarrollarle, democratizarle, aprender de 茅l, hacer lo que 茅l hace, etc. (esa peculiar democratizaci贸n a la que hemos aludido), es gracias, obviamente, al desarrollo de los canales transmisores de espect谩culo: audiovisuales, masificaci贸n de la prensa y la literatura, montaje de exposiciones. El espect谩culo procura dotarse de su propio medio de expresi贸n, que, siendo condici贸n de posibilidad, no explica nada de esta democratizaci贸n.
Por tanto, no es en la esfera del consumo de masas donde hay que buscar las ra铆ces de esta inflaci贸n de espect谩culo –como si ella partiera de una autonom铆a medi谩tica 谩vida de satisfacer cierta “iconofagia” voraz y generalizada, o diestra en reproducir al nivel de la ideolog铆a la vieja ley de Say seg煤n la que (parafrase谩ndola) con su oferta, movilizaci贸n y puesta en circulaci贸n de imagen las industrias del audio-visual y period铆stica estar铆an produciendo su propia demanda integral. M谩s bien hay que detectar una avidez extra-period铆stica en entretener, distraer, moralizar con el ejemplo que habr铆a de ser aportado por la reconstrucci贸n y recontextualizaci贸n de la existencia distante de el Otro. O 谩vida de mostrar al espectador cu谩nto “estoicismo” y “sonrisas a la vida” habr铆a en su padecimiento de pobreza contra el “malsano inconformismo” y las “insatisfacciones eternas” de “el occidental”. O, profundizando en esa misma l贸gica, una avidez burguesa en, primero, mostrar y categorizar como “pobreza” a esos modos de vida que parecen serles gratos y relativamente plenos a aquellos sujetos sociales. Con lo que acto seguido remata la operaci贸n ideol贸gica por medio de un curioso giro: habiendo asimilado a la satisfacci贸n vital de esa alteridad mostrada con “satisfacci贸n en la pobreza”, le es f谩cil remitir la pobreza al terreno de la pura experiencia y sensaci贸n subjetivas[1]. O lo que es lo mismo, negar su existencia material y relativizar su existencia a “la riqueza o pobreza interior o espiritual”, que habr铆a de ser nuestro Problema remitido a nuestras propias culpas, afanes e insensibilidad para “valorar lo que tenemos”… Cito en el pr贸ximo punto del art铆culo esos y otros usos pol铆tico-ideol贸gicos de la imagen.

TRATANDO A EL OTRO

Si la Antropolog铆a es el saber que –directamente- habla, escribe, filma y organiza muestras, o –indirectamente- asesora, desde su protagonismo presencial en esos canales, las causas de este proceso se instalan en las rentabilidades pol铆ticas del mismo:
  1. Son difundidas una serie de im谩genes que contienen cada una su particular lecci贸n edificante para el espectador: el Otro feliz “a pesar de su pobreza”, el Otro violento, el Otro austero y esclavo de su “subdesarrollo”, el Otro sabio en su relaci贸n con el medio y v铆ctima de los destrozos ocasionados por la voracidad del “Hombre occidental” (se presentan aqu铆 como verdugos los sujetos en realidad atrapados ellos mismos en un sistema econ贸mico causante de tales estragos, que queda as铆 libre de cuestionamiento), etc.
  2. Se pone en funcionamiento a el Otro en tanto que v谩lvula de escape a una “insatisfacci贸n existencial”, modo intuitivo concreto en que se expresa la relaci贸n entre el sujeto y lo inhumano de su “vida”, cuando 茅ste no reconoce conscientemente cu谩les son sus carencias ni el por qu茅 de ellas. Es entonces cuando el Otro encarna una posibilidad de escapar –viajando, reinstal谩ndose o por apropiaci贸n mediante el consumo de fragmentos de su cultura-, que se traduce en un boom del inter茅s en sus modos, sobre todo en lo que se refiere a un uso de estos en una empresa de encontrar sentido a la propia existencia.
  3. La pedagog铆a de masas como dispositivo de control, al haberse pasado de una sociedad donde la parte buena disciplinaba al proletariado –nuevo sujeto salvaje que aparece en las ciudades-, a una sociedad donde todos participan del control cuando les es suministrado un chivo expiatorio y se induce la presi贸n social sobre el diferente. El poder es legitimado en su supuesta funci贸n protectora, mientras la contraposici贸n con el Otro sirve para distraer la atenci贸n de un contexto en la econom铆a que se manifiesta en la aceleraci贸n del deterioro cualitativo de la vida.
  4. El tr谩nsito de una operaci贸n de “civilizar” otros pueblos mediante la exportaci贸n de ciencia para que, con “conocimiento” –una vez descalificados o menospreciados sus propios modos de conocer-, estas gentes reemplazaran sus mecanismos de adaptaci贸n al medio y de estructuraci贸n de la vida social, a una nueva pol铆tica basada en la exportaci贸n de “recursos para el desarrollo” (alfabetizaci贸n). Este otro modo de intervenci贸n en la vida de el Otro exige poner a las masas al corriente de estas “necesidades de desarrollo”, a efectos de lograr su indispensable compromiso (voluntariado, financiaci贸n de ONGs, opini贸n favorable a esta empresa). El trasfondo de esta modificaci贸n es el paso de una Divisi贸n del Trabajo Social en sectores geogr谩ficos extractivos y sectores de producci贸n (en un marco de concentraci贸n territorial de todo el proceso productivo), a una Divisi贸n del Trabajo Social en innumerables etapas que se reparten por todo el Planeta y cuya territorializaci贸n es m贸vil, de modo que exige fuerza de trabajo provista de cierta versatilidad.

DEC脕LOGO DE LA FISONOM脥A PROFESIONAL DOMINANTE

Quienes despliegan la pol铆tica mediante el ejercicio de Antropolog铆a son, qu茅 duda cabe, los antrop贸logos –entre otros, como los periodistas y los “expertos” que toman esta antropolog铆a prestada. Las clases de Antropolog铆a en las universidades, como momentos fundamentales en el proceso de producci贸n de estos productores de realidad, suministran unos elementos formativos de un modo u otro conectados con el abanico de papeles destinados al antrop贸logo en la pol铆tica que lo contendr谩. Sin ignorar que unas u otras universidades, unos u otros docentes, priman unos elementos mientras omiten o denuncian otros, mi intenci贸n de fondo es la de desarrollar una cr铆tica de estas falacias constitutivas del antrop贸logo como particular sujeto de conocimiento, aunque me conformo en este art铆culo con enumerarlas:
  1. La Antropolog铆a entendida como una narraci贸n del mundo interior de los sujetos.
  2. La sentencia de que no puede jerarquizarse entre culturas (recurso ideal para dar una imagen de veracidad usando el sentido com煤n –el nihilismo ha avanzado de manera que ya nada parece mejor que cualquier otra cosa). En realidad, lo que se logra con esta premisa es no comparar abiertamente el valor de unas u otras dimensiones de culturas distintas, salvando as铆 a un substrato cultural com煤n a “occidente” que llevar铆a las de perder.
  3. Valoraci贸n de la des-implicaci贸n afectiva como condici贸n epistemol贸gica.
  4. Identificaci贸n de la objetividad con la ausencia de cr铆tica.
  5. Confusi贸n entre el hecho de que la interpretaci贸n externa no d茅 cuenta de la producci贸n aut贸ctona de representaciones, y la suposici贸n de imposibilidad explicativa de esas representaciones.
  6. Estudio de los sujetos partiendo de las categor铆as en que se hayan cosificados (en parte ideol贸gicas, en parte reales –producto del uso de disciplinas-), en lugar de proceder a la deconstrucci贸n de esas categor铆as.
  7. Oscilaci贸n entre el idealismo cultural y el mecanicismo cultural adaptativo.
  8. Alienaci贸n teor铆a-pr谩ctica: representaci贸n de la teor铆a como algo que no puede practicarse e identificaci贸n de la pr谩ctica demandada pol铆ticamente con “lo posible”.
  9. Omisi贸n de la multiplicidad de ideolog铆as en otras sociedades y unificaci贸n, en “la Cultura”, de ese pluralismo de fuerzas contrapuestas.
  10. Fomento del miedo a interpretar y a valorar la actividad social y las realidades culturales.
Re-presentar, falsificar y distorsionar no est谩n autom谩ticamente en funci贸n de la posici贸n material, en sociedad, del hablante, o de su procedencia de clase. Tampoco se derivan inextricablemente a su “exterioridad cultural” o a su “especializaci贸n profesional” (supuestamente) “fuera” de la “centralidad existencial” del sujeto de estudio y de las ocupaciones cotidianas a que el 煤ltimo se dedica. Nos corresponde a nosotros mismos insubordinarnos al silencio que imponen estas falsas asociaciones con su estruendo de pensamiento (pretendidamente 煤nico) “actual y de nuevas antropolog铆as”. No existe tal correlaci贸n esencial, contra lo que asegura una curiosa trasplantaci贸n, al debate antropol贸gico, del prejuicio obrerista respecto del factor “clase de pertenencia” y del dogma materialista mecanicista en relaci贸n a “la toma de conciencia o apresamiento en la mistificaci贸n seg煤n lugar econ贸mico”.
Este “Prohibido el paso” llega a la Antropolog铆a precisamente de la mano de esos postmodernismos de la “evocaci贸n” mec谩nica del hecho referido, para quienes el investigador te贸rico est谩, ya desde el inicio de su proceso etnogr谩fico, configurando un “simulacro” del grupo de estudio. Este simulacro no se restringir铆a jam谩s al plano de lo textual –de la “falsa recogida” o la “falsa captaci贸n”-, sino que, a trav茅s del “intercambio simb贸lico”, de la comunicaci贸n, de la actitud del etn贸grafo y de su relaci贸n “de campo”, le ser铆a reportado al grupo de estudio. Con ello, el “especialista” productor de simulacro estar铆a reemplazando realmente a la realidad grupal etnografiada, antes del inicio de un ejercicio de auto-subjetivaci贸n consciente por parte de la 煤ltima. Al leer y o铆r por doquier las incontables huellas que deja este pseudobaudrillardianismo –subrayo pseudo-, no puedo m谩s que sonre铆rme pensando en que, al grupo de estudio, ese supuesto “simulacro” puede estar import谩ndole “un pimiento”.
La actitud 煤ltima, en caso de haber realizado aquella “auto-subjetivaci贸n consciente” en t茅rminos de una identidad de fondo con el antrop贸logo y de una clarificaci贸n compartida por ambos en lo que se refiere a problematizar, tanto las relaciones de clases, como los usos neo-culturalistas que trabajan por la reproducci贸n de 茅stas. ¿A qui茅n interesa entonces el postulado de cierto postmodernismo antropol贸gico seg煤n el que, trascender las funciones de “retratar la vida intersubjetiva”, “contar la experiencia propia y/o la del sujeto de estudio” y “ser catalizador discursivo” de la auto-emergencia, auto-constituci贸n, auto-afirmaci贸n de la identidad fenom茅nica, “comunalizaci贸n de la auto-experiencia de cada sujeto como ejercicio productivo de grupo”…, ser铆a en s铆 deportar a la etnograf铆a a una relaci贸n de “exterioridad” con el sujeto de estudio?

POSMODERNISMO DIAL脫GICO EN ANTROPOLOG脥A Y POL脥TICA DE IDENTIDAD: Retrato mec谩nico y apuntalamiento de la cosificaci贸n

Quiz谩s el modo m谩s sofisticado y prepotente de re-presentar sea hoy aqu茅l que, arrop谩ndose suntuosa y fr铆volamente en anunciar “el fin de la verdad m谩s all谩 de dar cuenta etnogr谩ficamente de las subjetividades, su inquietud, y sus intentos y movimientos auto-afirmativos (pr谩ctica) y de auto-postulaci贸n (voz)”, prescribe la reproducci贸n mec谩nica de la realidad fenom茅nica, al nivel de la Antropolog铆a y sus materiales. Esto es: prescribe la re-transmisi贸n[2] textual del auto-pensarse, por parte de los sujetos de estudio, nada m谩s que como identidades “particulares” en permanente auto-b煤squeda y b煤squeda de “su lugar bajo el sol”; de su “zona intersticial” para el libre desarrollo sea en el espacio f铆sico o en el social (por decirlo a la postmoderna).
Revelaciones fenom茅nicas, caracterizaciones, a las que el postmodernismo llamado “dial贸gico” sue帽a en un paroxismo inflacionista de circulaci贸n opulenta y de generaci贸n y aleaci贸n multiplicadoras, a salvo del alcance de una garra pol铆tica que imagina asfixiante, desoxigenante, reductiva. Y a las que, sin embargo, para el orden es prioritario aislar en su realidad m煤ltiple y sus luchas de reconocimiento, de integraci贸n diferencial, de “disentimiento”, por buscar “sus propios” no-lugares y puntos y aparte sociales. Cada una atada a la consecuci贸n de su Yo ideal o normativo, o a su auto-pr谩ctica, y todas de vidas transcurriendo por igual sin interseccionarse en el cruce radicalmente cr铆tico de su Ser com煤n de clase.
Mientras el imperialismo alimenta la delimitaci贸n “estrat茅gico-adaptativa” de pr谩cticas, y de planteamientos y comportamientos subjetivos dentro de unos u otros 谩mbitos mismos de socialidad no-instrumental, el poder vive de esta hu铆da hacia adelante en b煤squeda desesperada de un estado paradis铆aco de la diferenciaci贸n –Mito salv铆fico de la diferencia en cuyo calor y amparo el grupo social podr铆a descansar intocado por el desastre y la precariedad existencial generalizados. Porque el Mito de la salida, de la salvaci贸n, de la escapada, de la micro-construcci贸n de “comunidad” que rehace “la vida” en el subterfugio, es una portentosa ideolog铆a de desgaste del propio grupo, de consumo de sus energ铆as. Es, en fin, una apolog铆a indirecta de un capitalismo que as铆 reaparece ilusoriamente como si fuera un sistema que pese a todo no es totalitario; que pese a todo dejar铆a vivir sin afectar necesariamente la Totalidad de lo social y consumir en 煤ltima instancia todo rasgo de vida aflorada que se plantee su preservaci贸n en blindaje.
Es por eso que todo planteamiento de “micro-alternativa”, si no se deshace, con el propio aprendizaje pr谩ctico y pol铆tico, de esos postulados de partida[3], acaba tarde o temprano rompiendo con una armon铆a que no resiste las condiciones econ贸micas generales que llevan a la tensi贸n, y ante cuya fuerza acaba cediendo el dique de la ideolog铆a. El “buen rollo” acaba por transformarse en pantomima. Los referentes de proyecto se disuelven cediendo paso a prioridades m谩s inmediatas y que los sujetos viven como “de resoluci贸n individual” acuciante. Y de esto, la burgues铆a imperialista sabe: de que la “entrop铆a negativa” es cuesti贸n de tiempo all铆 donde creyeron que pod铆an alzarse por encima del “s谩lvese quien pueda” que impera en la sociedad capitalista, sin destruir sus bases generales de funcionamiento y sencillamente coexistiendo con 茅l pero “en el piso de al lado”.
Por todo ello, la burgues铆a imperialista deja hacer mientras con sus profesionales a sueldo se dedica a saber de demandas y de potencialidades, preventivamente a desbordes. Y es que, en definitiva, ese proceso s贸lo aparentemente deviene “corrupto” en su transcurso mismo –“corrupci贸n” que viene a ser lamentada, en su momento de explicitud, por todo el arco de analistas e int茅rpretes que no ven m谩s que hechos, sean hechos “objetivos” o los “subjetivos” tan al gusto de los postmodernos. En realidad es un proceso cuyo sentido ha permanecido invariante. Su sentido no ha hecho m谩s que revelar su latencia. La ha revelado a trav茅s de su pr谩ctica social. La inversi贸n manifiesta ser谩 atribuida a factores psicol贸gicos, psicosociales o Morales nihilistas (“El ser humano no tiene arreglo”, y discursos por el estilo). Pero la constataci贸n de que el desenlace presenta una regularidad de ocurrencia en un mismo marco de realidad material, nos hace pensar en la clarificadora noci贸n durkheimiana de Hecho social, alumbradora tambi茅n en relaci贸n a este caso. Pues la supuesta emanaci贸n de un “punto y aparte” desde el Ideal subjetivo de solidaridad y el convencimiento de la posibilidad de ser l铆nea de fuga, se presentaba como ant铆doto adaptativo y sociable, para los sujetos, del “s谩lvese quien pueda” que rige en el capitalismo. Sin embargo, era una expresi贸n m谩s de esa regularidad comportamental reactiva a la alienaci贸n tanto de los medios de vida como tambi茅n de la seguridad de adquirirlos mediante trabajo. S贸lo que esta regularidad de primac铆a de la adaptaci贸n sobre la ruptura aut茅ntica -que no puede significar otra cosa que destrucci贸n de los imperativos objetivos de adaptaci贸n o, en otras palabras, ruptura con la prioridad de correr tras el Mito de la seguridad en el capitalismo– persegu铆a su medio en el grupo de diferencia compartida. El grupo reproduc铆a al nivel de “lo cultural” el dato primero del individuo luchador por la supervivencia. Este tipo-individual no puede hacer m谩s que volver a “su grupo” en la medida en que va poco a poco derrumb谩ndose por su ineficacia a este cometido. Y ello ante la mirada desencantada de los sujetos, su ca铆da m谩s o menos progresiva en anomia de esta “alternativa” y su puesta en actuaci贸n irreverente y utilitaria. Participa as铆 activamente de la construcci贸n del referente real para el predominio del descr茅dito.

[1] Mediante este artefacto de puro jesuitismo –han ido a las buenas escuelas- los ide贸logos exponen –con audiovisuales period铆sticos o etnogr谩ficos- existencias que ellos suponen, nombran o insin煤an “pobres”, “de la escasez”, “sencillas”, “austeras”, afirmando durante ese mismo recorrido documental que los sujetos sociales vividores de esa existencia “pobre” no son ellos “pobres”, al arreglarse con “poco” y necesitar “menos”.
[2] En un sentido integral resultante de la integraci贸n relacional de las dimensiones significativas siguientes: como difusi贸n para su consumo disciplinar; como difusi贸n divulgativa para su consumo general; como informaci贸n para su manejo y gesti贸n pol铆ticas; como devoluci贸n al grupo de esa imagen mec谩nicamente ver铆dica extra铆da y que intenta hac茅rsele pasar como cosa mod茅lica y referencial “desde la que avanzar con vistas a su propio perfeccionamiento”: ir贸nicamente, los que se auto-anunciaban como “simples evocadores” extirpadores de la representaci贸n, parecen resultar los aut茅nticos representantes sobre su base epistemol贸gica nihilista del “No hay m谩s verdad que la fenom茅nica del rasgo vivido y referido”.       
[3] Para avanzar as铆 hacia la unidad de acci贸n superando las delimitaciones de capa, origen, desempleo, generaci贸n, condici贸n de “sin techo”… en cuanto a la perspectiva enmarcadora y rectora de la pr谩ctica (aunque conservando en cada caso las luchas en torno a aquello que selectivamente las afecta a una u otra).




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jueves, 9 de marzo de 2017

La insuficiencia de la insumisi贸n dilapidante. Por Tamer Sarkis Fern谩ndez

As铆 como en la econom铆a “general” el consumo tiene la doble faz aprovisionamiento utilitario/gasto improductivo, esa dualidad tambi茅n habr铆a de portarla consigo la producci贸n


Por Tamer Sarkis Fern谩ndez


Ciertos fil贸sofos sociales y antrop贸logos hicieron hincapi茅 en las resistencias, abstinencias, disidencias, disentimientos interpuestos frente un supuesto imperativo de conveniencia subsistencial, y contra el que cabe insumisi贸n. Dichos pensadores dieron por sentado (desde una miop铆a de perspectiva) que la producci贸n es una actividad social cuyo sentido se libra en la arena de la pragm谩tica de ventajas sociales[1], y que es a partir de ah铆 que hay que entender las participaciones concretas de sujetos y clases. Gratuidad y don han ca铆do, mientras “el lucro y la utilidad los reemplazan” (Alain de Benoist en el mismo n煤mero, El burgu茅s: paradigma del hombre moderno. De Benoist, 2001). Esta substituci贸n de sentido habr铆a de explicarnos porqu茅 “el crecimiento ilimitado de la producci贸n se ha convertido –para todos los contadores- en el objetivo central de la vida humana”.
De este modo, en lugar de ser explicada la hiperproducci贸n como una espiral agitada por los brazos de la competencia, la escasez relativa de mercados y la necesidad de paliar los efectos de la ca铆da del Tiempo de Trabajo y de la proporci贸n decreciente de Capital variable, parece resolverse el dilema con la denuncia de una oscura alianza de ideas utilidad-producci贸n, habiendo de ser la primera el Esp铆ritu de la segunda y, por tanto, responsable del productivismo al haber cobrado primac铆a en las almas. Cabe preguntarse entonces porqu茅 el Capital deserta de un sector productivo y posa sus inversiones en otro m谩s rentable sin importarle el hecho de “arrebatarle al mundo” determinado valor de uso, en lugar de mantener la Unidad de producci贸n y repartir sus mercanc铆as por apego a ese patr贸n utilitario generador de un “productivismo ciego”.
Por citar a algunos entre los decisivos, Bataille, Caillois o Leiris[2] pensaron la relaci贸n social con el producto social, con los bienes y los recursos, como algo que no necesariamente est谩 dirigido por patrones de gesti贸n, provisi贸n, adquisici贸n o empleo ventajoso de un valor de uso, sino como pr谩cticas que pueden ser de gasto improductivo, derivadas de una negativa a tener que resistirse servilmente a la p茅rdida –derivadas de una rendici贸n gozosa a la p茅rdida. Ese descondicionamiento valoriza la experiencia de s铆 del grupo social –en lo subjetivo- y valoriza la existencia objetiva al traducirse en una multiplicidad de pr谩cticas sociales se entiende que conjuradas, debilitadas, hechas impensables… precisamente por la fuerza estructurante que posee el orden de la producci贸n.
En definitiva, esa cr铆tica no rompi贸 del todo con la epistemolog铆a dominante, pues, si bien es capaz de pensar la posibilidad de la socializaci贸n del producto en tanto que gasto improductivo, sigue a pies juntillas en la l铆nea de conocer la producci贸n monol铆ticamente como un 谩mbito de realidad cuyas fuerzas fundadoras y motrices –y por tanto atributivas del sentido de las pr谩cticas sociales de producci贸n- son fuerzas pertenecientes al terreno de lo instrumental. Se remiten estas pr谩cticas entonces al terreno de la necesidad: producir es una reacci贸n al imperativo subsistencial, a imagen y semejanza del sentido real del trabajo asalariado: instrumento de mera supervivencia en un orden donde el producto alienado exige valor de cambio dinerario para tornarse consumible al proletario.
No puedo dejar de citar la notable excepci贸n: aquel conjunto de pr谩cticas, que son efectivamente de tratamiento de materia, de su manipulaci贸n, de la transformaci贸n de 茅sta, de su acondicionamiento, preparaci贸n, recepci贸n de atenciones… a las que Bataille nombra con su concepto de “sacrificio” perfectamente apegado al sentido etimol贸gico latino (sacer facere: producci贸n de objetos sacros). Extracci贸n de objetos, dotados de especial valor de cambio inter-comunitario, respecto de su itinerario mercantil potencial, para ser enterrados, abandonados o aniquilados junto con el cuerpo muerto; hundimiento en r铆os de tablillas de cobre que poseen funci贸n de est谩ndar de valor; producci贸n tot茅mica como representaci贸n materializada del animal encarnando la insumisi贸n a regir y a definir instrumentalmente la vida social y sus pr谩cticas; aniquilaci贸n de personas y animales consagrados; extracci贸n de objetos respecto de su itinerario de uso y deposici贸n con el muerto; incendio de poblados; puesta en reserva de sobrante para su dilapidaci贸n des煤til; producci贸n de producto ya a priori fijado como exento de servir en itinerarios de consumo/uso utilitario, y que ser谩 objeto de gasto sin objeto, o destruido; etc.
Con todas estas pr谩cticas, el grupo humano “rescata” a la vida social de su subsunci贸n en el circuito de la utilidad y el sujeto social ennoblece su experiencia de s铆 茅tica. Pero esta “producci贸n excepcional” no hace sino encajar en calidad de pr谩ctica de “transgresi贸n” de “la profanidad” que pondr铆a en suspenso y a la vez confirmar铆a el hecho de producir batailleanamente teorizado como perteneciente al orden de lo “servil” (Bataille, 1970). Ello desde el momento en que constatar la facultad humana adquirida de pre-figuraci贸n y auto-avance ideal del objeto, le sirve a Bataille para inferir que la actividad gen茅rica de producci贸n se da inspirada por el objeto reduccionistamente catalogado como “煤til” y dirigida hacia la procuraci贸n de 茅ste –por ejemplo, un Medio de Producci贸n como una lasca.
¿No se habr谩 tragado la verdad del trabajo asalariado –particular-, a una verdad distinta de la producci贸n, que sin embargo aparece identificada con el sentido del trabajo en el plano invertido de la ideolog铆a? Siendo el trabajo asalariado una instituci贸n social perteneciente a un Modo de Producci贸n, ¿c贸mo podr铆a el hip贸nimo retratar al hiper贸nimo, que por definici贸n lo desborda? En otras palabras: al margen de la verdad referente a que la producci贸n se funda sobre expectativas y necesidades –de reproducci贸n social, de subsistencia, de clase- y que por tanto es un medio y el signo de los seres humanos como Homo faber, quienes son capaces de generar, y no tan s贸lo de obtener, medios de vida y los medios de su producci贸n, ¿ello agota la verdad de la producci贸n y por tanto cuanto de ella puede decirse? Obviamente se trata de la pr谩ctica social proyectiva y efectista por excelencia, cuyo sentido estriba en la persecuci贸n de frutos, y en ello confluyen marxistas, funcionalistas, ec贸logos humanos, materialistas culturales y te贸ricos de la acci贸n racional.
Pero, ¿no es m谩s que eso? Igual que otros han hecho ya con el uso de los recursos, en el que vieron dualidad (“uso” como empleo “econ贸mico” en el sentido estrecho y como dilapidaci贸n que no espera ventajas), y han hecho tambi茅n con la energ铆a vital fuera del contexto de la producci贸n (la energ铆a vital pensada como algo que disiente de ser objeto de empleo y se encamina soberana a la pira de la auto-dilapidaci贸n de fuerzas), me pregunto si no es pensable el sentido de la actividad productiva –sus fuerzas generadoras y motrices- en t茅rminos tambi茅n de gasto improductivo, y no un铆vocamente en t茅rminos de actividad aplicada para la obtenci贸n de lo que fuere.
Mi propuesta consiste, pues, en pensar la producci贸n de los medios de vida. Y, con ella, pensar la producci贸n de las condiciones objetivas de existencia, como una realidad que emana tambi茅n de una fuerza que arrastra a los sujetos a la auto-consumaci贸n energ茅tica y a su extinci贸n, y que no se proyecta necesariamente hacia un blanco cualquiera de obtenci贸n, por m谩s que produzca efectos objetivos, entre ellos, c贸mo no, el de reproducir a los sujetos sociales.
Llevar al final esa otra l贸gica epistemol贸gica no instrumentalista supone aplicarla a la cr铆tica incluso de eso tenido por “principio”[3], seg煤n el cual, no tal o cual organizaci贸n social concreta adoptada sobre la producci贸n, sino el hecho social mismo de producir medios de vida, tiene que ver exclusivamente con una ontolog铆a social de auto-reproducci贸n estructurante de las pr谩cticas sociales. Y este acto cr铆tico deber铆a traducirse en pasar a tratar la producci贸n como algo abierto a tener que ver tambi茅n con tendencias, vivas en el sujeto social, al gasto y a la “dilapidaci贸n” –no necesariamente total- de uno mismo. Tendencias que se manifiestan no s贸lo fuera de la producci贸n -en lo que George Bataille (1996) llama “humanidad soberana”-, sino produciendo –autogast谩ndose, desprendi茅ndose de uno mismo. Produciendo no bajo el impulso de una teleolog铆a de supervivencia 煤nicamente, sino en una bidimensionalidad reproducci贸n/don. As铆 como en la econom铆a “general” -el concepto de econom铆a propuesto por Bataille (1996)- el consumo tiene la doble faz aprovisionamiento utilitario/gasto improductivo, esa dualidad tambi茅n habr铆a de portarla consigo la producci贸n, esta vez en forma de (A) producci贸n para la reproducci贸n (practica social instrumental)/ (B) producci贸n como pr谩ctica del (auto)don y del (auto)gasto –del (auto)consumo en un sentido de consumaci贸n.
Es cierto que, as铆 como cabe consumir improductivamente, no cabe producir improductivamente. Pero ese efecto productivo deber铆a verse ah铆; en el orden de los efectos. Y no necesariamente como la carga de sentido que conlleva en s铆 el acto social de producci贸n, que puede tener que ver, m谩s que con la consecuci贸n de una rentabilidad particular o social, con la negaci贸n pr谩ctica del principio de reserva, de auto-acumulaci贸n, as铆 como con la desatenci贸n al beneficio propio de ahorrarse (uno a s铆 mismo).

[1] No es preciso remontar los tiempos: nombro una revista surgida de un “Manifiesto contra la muerte del esp铆ritu y la tierra” con el que un grupo de intelectuales declara la guerra a la estructuraci贸n utilitarista dela vida social en el 谩mbito europeo. La revista es hom贸nima del manifiesto, de tirada actualmente viva y fundada en 2001. “La utilidad de las cosas; el provecho que, para su existencia material, el hombre extrae de los objetos que fabrica o de las cosas que en la naturaleza se presentan por s铆 mismas: tal es nuestro valor supremo; el 煤nico, en 煤ltimas. […] Todo son productos y artefactos como ese otro artefacto en que se ha convertido la ciudad […]” (Portella, 2001). Parece que la Idea de producir rendimientos se objetivara en sociedad encarnada en una hegemon铆a de “el producir” (“productos”, “artefactos”, estructuras asistenciales urbanas, etc.): producci贸n, reflejo fiel del principio de utilidad; productivismo, reflejo fiel del alma utilitarista. Mostrar茅 en mi tesina la falsedad de esta secuencia de sentidos, ya que la utilidad es fuerza que se ha adue帽ado y posee a la producci贸n s贸lo en la medida en que producir ha ido dejando de ser donarse tanto como donar –sacrificar- valores de uso ya funcionales, en la pira que el acto de crear sucesivamente otros objetos constituye (objetos no necesariamente m谩s 煤tiles que aquellos puestos en extinci贸n social).
[2] Bataille, 1967, 1996, 2002; Caillois, 1950; Leiris, 1996.
[3] Marx (2004) lo hab铆a expresado grosso modo afirmando que, para procurarse la subsistencia, seres humanos concretos, es decir, en el marco de unas condiciones objetivas conformadoras de s铆 mismos y acotadoras de sus posibilidades materiales de organizaci贸n econ贸mica, entran en determinadas relaciones de producci贸n, y que de esta estructuraci贸n social de la producci贸n derivan las dem谩s dimensiones y pr谩cticas sociales.


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jueves, 13 de octubre de 2016

Capitalismo: f谩brica de sentido.

Por Tamer Sarkis Fern谩ndez



Aunque no la pol铆tica de producci贸n de la f谩brica, s铆 habite en el interior del sujeto su producto mercantil, hace del sujeto mismo en cada caso un fabricante m谩s; una pieza m谩s de la f谩brica que se ha convertido en su 煤nica pseudocomunidad de sentido y referencia.

1. Colonizaci贸n participativa

Aunque el capitalismo se ha especializado en la producci贸n de todo cuanto pod铆a contribuir a provocar el inflamiento de la rueda de la acumulaci贸n de Capital -empezando, pues, por producir al sujeto productivo mismo-, quiz谩s lo m谩s acertado hoy sea definir a tal sistema como una hiper-centralizada f谩brica de sentido. El movimiento es doble:
(1) De un lado, globalizaci贸n de los mercados y de las presencias fabriles. Producci贸n multi-local y fragmentaria con arreglo a un sistema jerarquizado de divisi贸n internacional del trabajo. Subcontrataciones. Irradiaci贸n planetaria de las mercanc铆as portadoras de esos sentidos pre-hechos. Participaci贸n y cogesti贸n ciudadana de los asuntos que ata帽en a la salud capitalista y a los comunes intereses primermundistas parejos a las capturas imperialistas de Valor. Municipalizaci贸n de competencias y empoderamiento corporativo, colegiado, de distrito, peque帽o-accionarial… En s铆ntesis, expansi贸n -o m谩ximo intento expansivo- de una bomba que no deja nada intacto y que todo lo capitaliza en una subsunci贸n satisfactoria para el est贸mago, para la identidad, para el recreo y para el “buen pasar” cotidiano. Dulce guinda de un Valor no ya meramente socializable, sino que urge socializar como ant铆doto a su propia sobre-acumulaci贸n legada por superbeneficios.
(2) Del otro lado, en movimiento sim茅trico a aquel descrito, monolitismo del sentido mismo de cada experiencia y de todas las vivencias, emanando el sentido desde una 煤nica torre evanescente ideol贸gica que m谩s all谩 de su ciudadela amurallada levant贸 una y otra bas铆lica especializada en producir “el amor”, “la aventura”, “la noche”, “la salud”, “la vejez”, “el juego”, “el turismo”, “la gastronom铆a”… Uno u otro momento de “la vida”. As铆 pues, concentraci贸n superlativa de contenidos pareja y solidaria a la poliarqu铆a de espacios y de agentes mercantiles. Big-bang de la acumulaci贸n llevado a sus 煤ltimas consecuencias. Repliegue en la concreci贸n de emisiones hasta alcanzar una part铆cula de materia ideol贸gica infinitamente compacta provista de un campo de irradiaci贸n energ茅tica que esculpe cada mercanc铆a, dicta cada relaci贸n social y coloniza cada experiencia subjetiva.
Paradoja: aquellos a quienes se llama “creativos” son en realidad especialistas en materia de tradici贸n. Son profesionales de la re-creaci贸n de un sentido que no deciden ellos m谩s de lo que podr铆a hacerlo el destinatario de “sus” mensajes. Formados, no ya acad茅micamente sino en sus experiencias de sujetos sociales, por unos sentidos-directriz incrustados en cada relaci贸n de la que han podido tomar parte directa o distanciada, los “creativos” no hacen otra cosa que a帽adir con astucia unos compuestos potenciadores del canto de las sirenas en el interior de la corriente que todo se lo lleva. La Psicolog铆a ayuda a encontrar las palabras adecuadas a la entonaci贸n del hechizo.
Esta f谩brica de sentido, lejos de ser fundamentalmente una mera proyecci贸n medi谩tico-cultural de contenidos vertidos a masas de mirones apelmazados frente a la pantalla o ante la gu铆a del ocio, manifiesta su poder铆o cuando despliega de manera aut贸noma las interacciones en cuyo seno los sujetos realizan cualesquiera de esas ideolog铆as, las difunden y las propagan, a ellas y a las realidades que les corresponden. “No debe entenderse el espect谩culo como el enga帽o de un mundo visual, producto de las t茅cnicas de difusi贸n masiva de im谩genes. Se trata m谩s bien de una Weltanschauung que se ha hecho efectiva, que se ha traducido en t茅rminos materiales. Es una visi贸n del mundo objetivada” (Guy Debord, La sociedad del espect谩culo).
El hecho de que, aunque no la pol铆tica de producci贸n de la f谩brica, s铆 habite en el interior del sujeto su producto mercantil, hace del sujeto mismo en cada caso un fabricante m谩s; una pieza m谩s de la f谩brica que se ha convertido en su 煤nica pseudocomunidad de sentido y referencia. Es por ello que el aislamiento decisivo a la hora de favorecer la realizaci贸n y la reproducci贸n de esas ideolog铆as y de sus vivencias no es el aislamiento de un espectador solitario indefenso en su vac铆o de interacci贸n. Es el aislamiento de quienes se relacionan reforzando mutuamente su colonizaci贸n respectiva en una interacci贸n vac铆a de significados al margen. As铆, la conjunci贸n, la concurrencia, la convergencia espacial pueden hallarse banalmente a la vista (y ser aprovechadas por los apologetas de las posibilidades abiertas a la actividad) mientras el aislamiento infinito lo es entre el sujeto y su propia capacidad enajenada de producir realidad, tanto como entre los interactuantes y sus capacidades enajenadas respectivas en mutua incomunicaci贸n.

2. La metaf铆sica de lo subjetivo

En el pasado toda una sociedad con sus sabios y fil贸sofos a la cabeza se preguntaba por la verdad de los conceptos tom谩ndolos como si fueran cosas. La pregunta metaf铆sica central giraba en torno a una supuesta verdad ideal de lo que no son sino realidades que los hombres inventan en condiciones determinadas y que pueden llegar a destruir. El sujeto, inconsciente en cuanto a sus dotes de creador, a la historicidad de cuanto crea y a la suya propia, ansiaba penetrar en “las ideas” o favorecer a los iluminados que pregonaran ser capaces de hacerlo (lo vemos en Plat贸n). M谩s tarde, derrotado y esc茅ptico de esta posibilidad, levantaba la bandera blanca para retirarse a su mundo fenom茅nico dando a la realidad un estatuto de ininteligibilidad (lo vemos en Kant).
Hoy pocos son los que dan rango ontol贸gico a la aventura, a la creatividad, al bienestar o a la felicidad, pero la defunci贸n de aquella metaf铆sica abre la flor pl谩stica de la ilusa creencia en lo subjetivo como ADN fundador de todo sentido justamente cuando la ideolog铆a dominante toca m谩s alto que nunca la marcha f煤nebre al son de la que los esp铆ritus pose铆dos bailan “su” danza macabra. Este espejismo de “la libertad de invectiva y de una imaginaci贸n desatada en cada uno que estuviera en el origen de unas opiniones de valor relativo y personal”, ¿no ser谩 alima帽a criada al calor de este desierto, de este vac铆o de sentido extra-espectacular? Lo cierto es que, como poco, esta ilusi贸n de autonom铆a viene de perlas a la mesocracia primermundista sobre cuyos gustos, visi贸n y consideraciones de vida se han venido edificando todas las realidades que luego ella puede empaquetar y vender a una sociedad necesitada de consumir lo existente al tener insatisfecha su necesidad de parir sentidos de cosecha propia ahora inexistentes.
Vendido a la mercanc铆a, 煤nico ente con el que puede dialogar sin mediaciones y al que reivindica toda inquietud vital que la mercanc铆a no puede satisfacer pero s铆 recuperar para s铆 como nuevo motor de consumo, el alienado es un creyente postrado ante una divinidad que se hace de rogar. A sus ojos no cabe ninguna verdad, pues la disonancia entre las experiencias mercantiles y su inquietud de s铆 es total. Total es tambi茅n su presentimiento sin nombres a prop贸sito de hallarse enterrado en una totalidad falsificaciones. Y “por otro lado” no se imagina inventando verdad en comunidad. Es sobre este abono de personalidad esc茅ptica en consonancia a la previa abolici贸n de oportunidades vivenciales para una edici贸n comunitaria de sentido, donde triunfa provisionalmente la percepci贸n invertida basada en el libre albedr铆o interpretativo individual. Basta atender a las mercanc铆as predilectas y relacionar 茅stas con las motivaciones y las expectativas de consumo declaradas para desvanecer cualquier argumento del espejismo.
¿C贸mo puede sostenerse en serio no ya masivamente, sino de forma casi un谩nime, que los sentidos objetivos a que la alienaci贸n da lugar no existen, siendo “lo que a uno le parece que son” y por tanto mutantes en funci贸n de las mentes entre las que se muevan, y al mismo tiempo no problematizar el “curioso” dato de que los contenidos de esos “pareceres” sean tambi茅n de coincidencias casi perfectas? Lo que tenemos es un mundo en el que las im谩genes se han cosificado con tal vigor que curiosamente casi ser铆a posible, por primera vez, una “metaf铆sica” de broma consigo misma en mitad de la par谩lisis total de actividad creativa y por tanto de la historia. El capitalismo se habr铆a encargado de cumplir esos sue帽os plat贸nicos o kantianos, quimeras un d铆a, s贸lo que para acceder a tales “aut茅nticas realidades” no har铆a falta viajar ning煤n Olimpo, ejercitarse en ninguna introspecci贸n mental y mucho menos a煤n girarse hacia ning煤n pasado (donde el c铆rculo del espect谩culo no se hab铆a cerrado todav铆a). Las 煤nicas realidades que hoy dominan como los 煤nicos seres vivos, carro帽eros, el p谩ramo de lo social son aquellas que se generan seg煤n la combinaci贸n m煤ltiple de tres criterios s贸lo separables en la bruteza ling眉铆stica: rentabilidad econ贸mica; necesidad masiva de compensarse por la no realizaci贸n activa de las necesidades y los deseos; criterios valorativos que la clase dominante posee honestamente -seg煤n lo que ha inscrito en ella la “deshonestidad” de su quehacer en la econom铆a- sobre la identidad de lo real y lo deseable.
Esa realidad ubicua y solitaria aludida forma parte de la realidad causal que la contiene y de las miserias reales contenidas en aqu茅lla. De ella debe dar cuenta la cr铆tica te贸rica que extrae sus materiales y sus armas de observarla no m谩s que de combatirla, as铆 como la 煤nica cr铆tica consonante con su comprensi贸n y su padecimiento no ser谩 ni m谩s ni menos que ajustarle las cuentas. A esta respuesta pretende aportar algo este texto, y de la constituci贸n de tal respuesta, de la mano de condiciones que no pueden hacer otra cosa que producirla, es este texto un efecto, un golpe m谩s. No en vano, aunque el espect谩culo sea la par谩lisis misma de lo vivo por detener en seco la actividad generativa de verdad en favor de su prefabricaci贸n a la manera burguesa, incluso ese detenimiento de la vida es parte de un proceso que transporta junto a su propia desenvoltura las contradicciones que har谩n de todo ello agua pasada; un cap铆tulo m谩s del que al menos el final s铆 lo escribiremos nosotros.

3. Sin-sentido en la producci贸n enajenada = voracidad de colmarse de sentido en los productos del trabajo

Cuando afirmo que la centralizaci贸n generativa de las vivencias conforma la realidad de las vivencias no quiero dar a entender -por supuesto- que esa operaci贸n sea a-causal. O al azar. O expresi贸n de la pura contingencia. O consecuencia de fuerzas inaprehensibles por las que no cabe preguntarse. Cuando hablo de la producci贸n -y no de mero taponamiento- espectacular de realidad me refiero estrictamente a que preguntas tales como “qu茅 es el verdadero en s铆” son en s铆 mismas un error. Como un Nirvana feliz compendio de lo verdadero, al que, eso s铆, buena parte del mundo cree tender en respuesta a “la llamada de sus deseos y consideraciones subjetivas” sobre “lo bueno de la vida”, esa es justamente la manera en que se presenta a s铆 mismo el espect谩culo.
La cr铆tica no puede cometer el error de hacer como aquellos “que se creen profundos porque pescan en lagos profundos donde no hay peces; a eso ni siquiera lo llamo yo superficial” (Friedrich Nietzsche, As铆 habl贸 Zaratustra). Sentidos alternativos a la pobreza que nos domina no son conceptos esenciales a descubrir. Son realidades por inventar a la altura de lo que podemos dar de nosotros mismos. Pensar lo contrario es marcar un l铆mite sintom谩tico de esa tendencia del poder a fijar los sentidos; es trazar una 贸rbita programada por el mismo incluso en la acci贸n de responderle. El espect谩culo puede ser destruido; no caer谩 sino con el trasfondo de alienaci贸n del que proviene y al que refuerza: “La cr铆tica de las ilusiones es la cr铆tica de una realidad que necesita de ilusiones” (Karl Marx, Cr铆tica de la filosof铆a del derecho de Hegel).
“El espect谩culo no debe oponerse en abstracto a la actividad social efectiva, pues tal desdoblamiento est谩 en s铆 mismo desdoblado. El espect谩culo, que invierte lo real, es efectivamente producido en cuanto tal. La realidad vivida se halla materialmente invadida por la contemplaci贸n del espect谩culo, y al mismo tiempo alberga en s铆 el orden espectacular, otorg谩ndole su positiva adhesi贸n. La realidad objetiva se presenta en sus dos dimensiones. Cada noci贸n fijada de este modo no tiene m谩s sentido que la transici贸n a su opuesto: la realidad surge en el espect谩culo, y el espect谩culo es real. Esta alienaci贸n rec铆proca es la esencia y el sustento de la sociedad actual” (Guy Debord, La sociedad del espect谩culo).
El velo ideol贸gico del espect谩culo tampoco se despliega esencialmente entre los sujetos y unos sentidos hist贸ricos preexistentes a los mismos que secuestrados esperaran a quienes los rescaten. El velo ideol贸gico del espect谩culo se despliega cubriendo con neones de colores el muro gris que antes el imperio de la burgues铆a hubo desplegado entre los sujetos y toda oportunidad de vida entendi茅ndola como ocasi贸n objetiva de libre encuentro en que la afirmaci贸n pasional desate situaciones desencadenantes, a su vez, de reacci贸n interpretativa alimento para un imaginario no mediado. El adue帽amiento espectacular del sentido no es, de este modo, una cuesti贸n de “actitud”, de “aborregamiento”, de “consumismo irracional desacerbado”, de “comodidad”, de “integraci贸n” o de “estupidez”. Desposeyendo a las personas de su vida por la instauraci贸n de ese muro de trabajo instrumental sin sentido como don sociable ni como expresi贸n de la necesidad de ser capaz y de darse, m谩s all谩 de sus objetivaciones de conveniencia, la pr谩ctica econ贸mica burguesa estaba fundando una demanda latente para sus prosaicas escenificaciones de sentido.
[…] “La cr铆tica le ha quitado a las cadenas sus imaginarias flores, no para que el hombre la lleve sin fantas铆a ni consuelo, sino para que arroje las cadenas y tome las flores vivas. La cr铆tica de la religi贸n desenga帽a al hombre para que piense, act煤e, d茅 forma a su realidad (yo subrayo) como un hombre desenga帽ado, que entra en raz贸n; para que gire en torno a s铆 mismo y por tanto en torno a su sol real. La religi贸n no es m谩s que el sol ilusorio, pues se mueve alrededor del hombre hasta que 茅ste empiece a moverse alrededor de s铆 mismo” (Karl, Marx. Cr铆tica de la filosof铆a del derecho de Hegel).

4. Realidad sin historia

La colonizaci贸n espectacular de no importa qu茅 vivencia no se comporta re-cubriendo cualquier sentido pasado u original, sino re-generando radicalmente (desde su ra铆z) aqu茅lla como un programador que vaciara-reformateara el disco donde va a alojar un contenido nuevo. Todo aqu茅l que pretenda restaurar en el presente una part铆cula o un espectro de sentido perdido, deber谩 mirar a la historia para trasladar esa experiencia entre los en su abrumadora mayor铆a desmemoriados.
En no pocos casos, la reescritura burguesa perfilada con las tintas de la productividad y la ganancia se nos vuelve clara mediante una lectura a contraluz etimol贸gica. El inter茅s por el origen de las palabras no se sucede aqu铆 desde una mirada t铆picamente idealista: apoyarse en unos sentidos primeros en la ficci贸n de establecer el “metasignificado”, m谩s all谩 de todo cambio, a replantar en estos d铆as como si nada hubiera llovido. Caen ellos en una discusi贸n “bizantina”.
La puesta en contrastaci贸n de los significados no remite su fin a la metaf铆sica que busca la verdad en una supuesta pureza pret茅rita del lenguaje, sino a la vida: preguntarnos por c贸mo viv铆an y c贸mo valoraban unos u otros episodios vitales aquellos seres que para esos episodios acu帽aron nombres acaba por revelarnos la verdad de tales subjetividades antecapitalistas. Es entonces cuando traspasamos el horizonte tan invisible como plomizo hasta cuya no-l铆nea lejana se pierde el paisaje que la burgues铆a ha ido montando sobre “nuestro” mundo. La solidez evidente por no cuestionada se separa por sus junturas y empezamos a considerar qu茅 podemos hacer con ese caos informe en ebullici贸n al que desconoc铆amos por completo y que irrumpe ante nuestra aton铆a como un ente todo poder e impaciencia. Lo m谩s acertado ser谩 inhumarnos en 茅l.
No cabe duda de que la dependencia del sentido con respecto a las relaciones de poder es una constante hist贸rica en todas las sociedades de clases. Distinguimos en una y en otra a esa parte de la sociedad que, siendo madre de realidades imagen y semejanza de su identidad, es al mismo tiempo la sociedad entera: parte social funcionando seg煤n un movimiento separado y fuera de autocontrol, todo porque produciendo realidad est谩 indirectamente produciendo su sociedad.
Pero lo novedoso del capitalismo hiperdesarrollado es el hiperdesarrollo de esta intrusi贸n hasta el punto de que la acumulaci贸n cuantitativa de potencia de imagen eclosiona en un cambio cualitativo: invasi贸n total, substituci贸n total, por la administraci贸n de im谩genes y sus consecuencias reales, de cualquier gesto colectivo que pudiera estar m谩s o menos incondicionado. En efecto, ¿hay ya relaci贸n social alguna que mediar con im谩genes?; ¿acaso no est谩 la imagen fundando las relaciones?; ¿no habr铆a pasado a ser su genoma, su “esencia”? Raul Vaneigem habla de una econom铆a espectacular-mercantil que nos cuida “como si fu茅ramos plantas de interior”. Sin embargo, la morfolog铆a de los nutrientes escogidos en el cuidado, de la luz de invernadero y el agua que impide a la planta la insumisi贸n de no echar frutos, ¿no son luego la savia misma, la planta misma? ¿Qu茅 ocurre cuando el 煤nico “desmelene”, la 煤nica “juerga” a la vista, distinguida, pensable, consiste en tratar de pasar un d铆a en consonancia a la juerga de la pantalla, es decir, en consonancia a lo que la pantalla -ella f铆sicamente o el ejemplo real provisto por la juerga de otros; poco importa- ense帽a? ¿Y cuando los ni帽os abandonados ante la televisi贸n “lo saben todo acerca de la experiencia de ser madre”, “han aprendido en qu茅 consiste”, “han tenido la oportunidad de imaginarse si茅ndolo”, e incluso escucharon que “la mujer tiene a partir de cierto momento de su vida la necesidad interior de serlo”? ¿Y cuando la evidente realidad capitalista de “la vejez”, si茅ndonos mostrada, nos prepara para “ser viejos” escribiendo las coordenadas program谩ticas de la “etapa” y la auto-experiencia antes de que acontezcan realmente?

5. La f谩brica de sentido: estadio supremo del espect谩culo

La vida es sometida a las leyes de la mercanc铆a y 茅stas instauran el trabajo llamado por Marx “abstracto”, un trabajo que no importa m谩s que en tanto produce valor. Mediante su actividad (la enajenaci贸n de la producci贸n gen茅rica en mero trabajo utilitario) la mercanc铆a construye una sociedad-reflejo de sus necesidades de intercambio y de acumulaci贸n.
Esa sociedad llega a componerse de individuos impotentes que se limitan a contemplar c贸mo la vida social se sucede sin que parezca que puedan desviar o invertir su curso. Pueden (y est谩n determinados a) participar en realizar ese curso, pero no intervenir, hasta que, desaparecida la intervenci贸n como posibilidad en y para la sociedad mercantil, desaparece tambi茅n como idea y planteamiento indesligable de una actividad de ataque a la misma. Ello es as铆 porque la l贸gica de la mercanc铆a que configur贸 la sociedad, les ha ubicado en una posici贸n y una identidad que deben ejecutar y que consiste en un yo individualizado y particularizado. Individualizado por la necesidad objetiva de subsistir. De tal necesidad se deriva ese peso pesado de la ideolog铆a resumible en “Encontrar mi camino”. Ideolog铆a y camino que la generalidad de los individuos, en su separaci贸n, comparte. Y, como digo, se trata de un individuo particularizado, es decir, dotado de contenido.
Llegado un punto en el desarrollo del fetichismo de la mercanc铆a, 茅sta supera la reificaci贸n del sujeto en productor-consumidor para unificarla en una reificaci贸n total: la reificaci贸n del sujeto en espectador. La alienaci贸n se ha desplazado desde el tener a la apariencia, o, en palabras de Debord, “Todo lo directamente experimentado se ha convertido en una representaci贸n”. El significado del 煤ltimo t茅rmino ha de tomarse aqu铆 no en la acepci贸n “dramat煤rgica” que cabr铆a darle desde la sociolog铆a goffmaniana (representaci贸n como fingimiento). Ha de tomarse en aquel sentido que el desglosamiento de la palabra en sus componentes morfol贸gicos muestra: un volver a presentar la experiencia de cuya creaci贸n estamos privados, un “d谩rnosla hecha” que pone el hecho consumado en el lugar del proceso posible; en definitiva, re-presentaci贸n.
Esto no es m谩s que la consecuencia inextricable de que la mercanc铆a se ha apropiado para s铆 -ha colonizado- las m谩s variopintas experiencias y momentos vitales, fijando su sentido seg煤n una triple adecuaci贸n:
i. Las limitaciones y orientaciones que impone la dimensi贸n “f铆sica” de la mercanc铆a en que el sentido se encarna.
ii. La ideolog铆a dominante, ya que los productores de espect谩culo comparten las expectativas espectaculares en torno a “en qu茅 consisten” una multiplicidad de experiencias debido a su formaci贸n profesional y a su “mundo de relaciones”.
iii. La necesidad del propio espect谩culo de dirigir su propio movimiento, es decir, de gobernar una din谩mica de modificaciones y readecuaciones permanentes del sentido al ritmo en que advierte signos de desmotivaci贸n en el espectador por el sentido fijado en curso. La moda sea tal vez la manifestaci贸n m谩s grosera a que da lugar este obligado reciclaje del espect谩culo sobre s铆 mismo. Tal proceso de derrumbamiento de unos hechos consumados a favor de otros “nuevos” -acostumbran a ser viejos- que toman su puesto no es sino expresi贸n del devenir activo del espect谩culo en su totalidad y de su acci贸n sobre el espectador. Es, pues, lo contrario de la praxis, o, como Debord dice del espect谩culo mismo, “es el movimiento aut贸nomo de lo no-vivo”.
El espect谩culo es la realizaci贸n total de aquella realidad que Marx advirtiera: “La ideolog铆a dominante es la ideolog铆a de la clase dominante”, ya que ha acabado por implicar la ideolog铆a gobernando las relaciones y d谩ndoles un cuerpo. En su proceso de fortalecimiento ha llegado a ser, en palabras de Debord, “la ideolog铆a materializada”. La mercanc铆a y su raz贸n esencial de ser intercambiada, en su labor directora de la existencia de los sujetos, se revela mortal. La vida, de la que si de alguna manera puede hablarse es en tanto que actividad creativa y cuya 煤nica caracter铆stica esencial es la de redefinirse seg煤n la dial茅ctica creatividad-condiciones de existencia, es aniquilada, y queda su pseudo-uso: el espect谩culo. Cuando la actividad social se determina objetivamente con arreglo a la finalidad enajenada de la actividad y a sus outputs de extracci贸n utilitaria, en el paroxismo de dicho proceso tanto la actividad social como su vivencia (la auto-concepci贸n del sujeto-experiencia) no pueden m谩s que tomar la forma encarnada de esos formatos teleol贸gico-f铆sicos de la alienaci贸n. La f谩brica de sentido se erige, pues, como la socializaci贸n integral de esa masa de producto enajenado, tomando en s铆 y reemplazando por s铆 la cualidad humana activa de producci贸n social y (auto)experimentaci贸n del hacer desplegado como objetivaci贸n del sujeto.
El origen explicativo de la no-vida queda lejos de estribar en el sentido que pueda estar distintivamente encarnado en la mercanc铆a. Hay que buscarlo en la pol铆tica reproductora de la posici贸n mundial distintiva del sujeto-imperialista consumidor de sobre-producto global diferido. Es el secuestro capitalista de la vida, con su alienaci贸n de los seres humanos entre opresores y oprimidos, entre seres beneficiarios de sobre-valor mundial capturado y seres expoliados de valor, el proceso que deviene producci贸n espectacular de una para-vida puesta en el lugar de la vida extraviada. Es 茅ste un boomerang consecuencial para el mundo-MALL, donde los amos acaban siendo esclavos de su propio dise帽o global de vida diferencial, mientras en vano tratan de realizar sus capacidades humanas interactuando con una materialidad producida por su esclavizada clase mundial dom茅stica “de color”. Guy Debord lo vio claro y as铆 lo expres贸 Anselm Jappe en su ensayo hom贸nimo: el problema “no es la ‘imagen’ ni la ‘representaci贸n’ en cuanto tal, como afirman tantas filosof铆as del siglo XX, sino la sociedad que tiene necesidad de esas im谩genes.
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lunes, 10 de octubre de 2016

Un recorrido por la entrevista de al-Assad con la danesa TV2, 6/10/2016. Por Tamer Sarkis

1. Alepo: ayer y hoy. Afectados y responsables. Propaganda y absurdos estrat茅gicos de actuaci贸n
Durante la entrevista y ante la preocupaci贸n de su entrevistador por la suerte de los afectados por los bombardeos del Ej茅rcito 脕rabe Sirio sobre la secci贸n Este de Alepo, el Presidente ha calificado la ofensiva sobre dicha ciudad como episodio inextricable a la liberaci贸n de la 铆ntegra superficie del pa铆s, se帽alando al mismo tiempo a los terroristas como causantes de la situaci贸n que afecta a la poblaci贸n alepina. El Presidente a帽adi贸 que la situaci贸n extrema provocada por el asentamiento terrorista en esos distritos urbanos se prolonga ya por a帽os. Tal lapso longevo contrasta con el muy reciente descubrimiento period铆stico “occidental” del drama; inter茅s novedoso que –seg煤n el Presidente- responde a la adversa situaci贸n por la que hoy atraviesan los propios terroristas.
A la pregunta sobre las fotograf铆as de v铆ctimas civiles que han dado la vuelta al Mundo, el Presidente ha respondido lamentando las v铆ctimas inocentes, que hacen que esta guerra, como todas las dem谩s, sea horrible. Evitar al 100% las v铆ctimas de guerra es una quimera b茅lica. Ha subrayado, de todos modos, el sesgo medi谩tico de una prensa “occidental” que se empe帽a en representar como blancos deliberados lo que es en realidad un drama humano de afectaci贸n no perseguida, mientras esos mismos medios decretan sello de silencio sobre las masacres terroristas –茅stas s铆: intencionales y sistem谩ticas- contra la poblaci贸n del Alepo Oeste, y que se suceden a diario con especial ah铆nco sobre los barrios habitados por quienes los terroristas desean borrar del mapa (armenios, asirios, sir铆acos, cristianos, etc.).
El Presidente ha se帽alado lo absurdo de suponer destrucci贸n estatal premeditada de escuelas, hospitales, viviendas, mercados y otras estructuras sociales, no solamente a tenor de consideraciones morales, sino a la vista del error estrat茅gico que comportar铆a brindar a los terroristas un caldo de cultivo del que aprovecharse y que reclutar. “Hacer eso ser铆a dispararnos a nosotros mismos en el pie”, aclar贸. Ante la alegaci贸n hipot茅tica que formul贸 el periodista sobre la autor铆a rusa de esos ataques, Bashar mencion贸 la primera consideraci贸n criminol贸gica de la que hacer partir cualquier investigaci贸n: el famoso Qui bono, o “¿a qui茅n beneficia una actuaci贸n tal?”. Agreg贸 que la actuaci贸n militar de Estado se ci帽e a las leyes internacionales en materia de espacios de inmunidad, lo que excluye de las operaciones a los hospitales y las escuelas, siempre y cuando no hayan sido desalojadas de su funcionalidad civil por los terroristas, para ser re-utilizadas como cobertura de operativos. A los subsiguientes cuestionamientos period铆sticos sobre autor铆a, el Presidente ha animado a cualquier profesional a ir a ejercer su oficio y desvelar “el misterio” registrando con una c谩mara las centenas de ataques “rebeldes” silenciados. Ha ironizado as铆 sobre la falta de voluntad esclarecedora de quienes nadan como tiburones en la turbiedad de la confusi贸n. “Si estuviera cometiendo la atrocidad de masacrar poblaci贸n civil, no tendr铆a apoyo hoy d铆a y no me habr铆a mantenido como Presidente de mi pa铆s durante los 煤ltimos seis a帽os; no son Superman”.
Respecto de los twitts enviados con insistencia por la ni帽a Bana Alabed, supuesta habitante de la zona Este de Alepo, el Presidente ha contestado lo err贸neo de fundamentar el posicionamiento pol铆tico propio en base a videos u otras clases de documentos promovidos por los terroristas y/o por quienes apoyan a estos 煤ltimos, puesto que eso ser铆a convertirse en un ap茅ndice actorial del juego de propaganda desplegado por actores terceros. El mismo uso terrorista de escudos humanos civiles –incluido ni帽os- no puede convertirse en derrotismo gubernamental en su compromiso constitucional de defender la integridad del pa铆s frente a la agresi贸n terrorista/exterior. Una resoluci贸n de ese tipo ser铆a entreguismo, no importa lo seductor que para algunos pueda sonar cualquier tentativa a no actuar para evitar as铆 todo riesgo a los escudos. El Presidente ha concluido su razonamiento en esta materia, ejerciendo distinci贸n entre errores de Campa帽a (que puede haberlos) y una l铆nea de actuaci贸n debida a directrices que nada tienen en com煤n con los posibles errores de implementaci贸n. Si el error es de exceso, Siria posee instituciones de punici贸n para esos casos (que, por cierto, ya ha empleado con anterioridad).
2. Abandono mercenario/colono/terrorista de n煤cleos poblados: separar el grano de la paja
Entorno a las concreciones de rendici贸n ya aplicadas en distintas 谩reas del territorio sirio desde hace a帽os, y de previsible aplicaci贸n en lo sucesivo, el Presidente explic贸 que ellas est谩n presididas por el principio de proteger, a los civiles, de los terroristas. Es a ese fin que el EAS garantiza el tr谩nsito de los terroristas en abandono de las zonas liberadas militarmente. Lo m谩s efectivo desde tal racionalidad, es “permitir” a los terroristas desplazarse a zonas carentes de poblaci贸n civil y pasar entonces a combatirlos sin ese condicionamiento anterior.
El Presidente ha afirmado que, aunque la opci贸n 贸ptima potencial es el alcance de reconciliaci贸n en cualquier 谩rea del pa铆s, liberar la totalidad del mismo respecto de la ocupaci贸n no es una opci贸n, o un capricho personal o pol铆tico, sino, en cambio, un imperativo constitucional, que descansa sobre la Soberan铆a del pueblo sirio y de la que 茅l, en calidad de mandatario representativo, no puede disentir. Por eso, y a la luz del buen funcionamiento de las amnist铆as pasadas, se brinda esa posibilidad a los terroristas tambi茅n en el caso alepino.
3. Quim茅rica actuaci贸n del amo contra sus cachorros: quimera de la “moderaci贸n”. El caso de Deir Ezzor
El Presidente ha negado la existencia de voluntad estadounidense a la hora de cumplir un acuerdo con Rusia que incluye el ataque conjunto a al-Nusra, brigadas al uso de los propios estadounidenses (“la carta estadounidense en la arena siria”). Es por ello, ha a帽adido, que el Gobierno sirio se arrepiente de haber promovido un acuerdo cuyos t茅rminos son incumplibles.
La llamada “oposici贸n armada moderada” es un mito –el cuerno en el caballo; el unicornio. Pues los productos de la matriz son inextricables de la matriz misma, ll谩mese Ej茅rcito Libre de Siria o, m谩s tempranamente, al-Nusra o Estado Isl谩mico. Eso no es un mito; es la realidad total al seno de cuyas coordenadas los armados van desplaz谩ndose, desertando, reingresando, alterando denominaciones… Rusia insiste en que, si existiera oposici贸n moderada, sus avalistas deber铆an ser capaces de separarla sobre el terreno respecto de “los extremistas”. Esa separaci贸n de presencias y actuaciones es quim茅rica por el simple hecho de la inexistencia de ese esp茅cimen publicitario que es “los destacamentos moderados”.
La escalada imperialista in crescendo ha venido produci茅ndose desde la ruptura pr谩ctica del Acuerdo, por ejemplo cuando los estadounidenses masacraron al ej茅rcito sirio en Deir Ezzor, a sabiendas de que el Estado Isl谩mico ocupar铆a el vac铆o de efectivos resultante. Ello revela c贸mo los estadounidenses juegan con todas y cada una de las cartas que pueden resultarles funcionales en uno u otro escenario completo, siendo metaf铆sico separar –y ni mucho menos contraponer- a la moderaci贸n “homologada a occidente” respecto del extremismo “sin control y a combatir resolutivamente por occidente”. Refiri茅ndose a la masacre citada, el Presidente distingui贸 entre la directriz maquiav茅lica estadounidense se帽alando el blanco de ataque, y el error cometido por la Coalici贸n de brit谩nicos, daneses, australianos… En tal sentido, la no verificaci贸n de los ejecutores no justifica su error, sino que, al contrario, se convierte en acusaci贸n de crimen por negligencia. Y, junto con el sangriento crimen inmediato, hallamos el crimen de haber ayudado al Estado Isl谩mico a posicionarse all铆 donde la poblaci贸n aut贸ctona hallaba hasta aquel momento protecci贸n militar siria. Tal funesto seguidismo ciego de la Coalici贸n es el reflejo del servilismo y falta de independencia europeas en relaci贸n al Patr贸n de patrones estadounidense.
4. Imperialismo dan茅s: seguidismo al Patr贸n atl谩ntico y convergencia con la UE hambreante
En relaci贸n a la pol铆tica danesa sobre Siria, el Presidente ha se帽alado que la participaci贸n de ese pa铆s en la Coalici贸n estadounidense (sedicente “internacional”) es un hecho adverso a las leyes internacionales y a la soberan铆a del pueblo sirio. Tambi茅n se halla en contradicci贸n con la voluntad gubernamental siria desde el momento en que ha eludido cualquier ofrecimiento de coordinaci贸n con Siria, que no invit贸 ni permiti贸 en ning煤n momento a Dinamarca, a diferencia de lo que s铆 hizo con Rusia. Pero, m谩s fundamenta a煤n, el prop贸sito manifiesto de tal intervenci贸n parece contradecir el posicionamiento mantenido por los miembros de la Coalici贸n hacia la poblaci贸n siria, sojuzgada a un embargo de a帽os privativo a la entrada de medicinas, equipamiento m茅dico, alimentos, tecnolog铆a de seguridad a茅rea de transporte civil, etc. En tanto que parte de la UE, Dinamarca es parte de esa pol铆tica severamente privativa.
A la pregunta del entrevistador sobre el derecho de muchos ciudadanos daneses a prestar apoyo a la oposici贸n siria sin por ello declararse enemigos de Siria en tanto que tal, el Presidente respondi贸 si puede parecerle a alguien una definici贸n de “hacer oposici贸n”, el nutrir con dinero y equipamiento a cierta “oposici贸n” con objeto de habilitarla para matar en masa, presionando as铆 hacia una modificaci贸n perseguida del funcionamiento institucional y el posicionamiento y objetivos gubernamentales. ¿Aceptar铆a cualquier dan茅s de a pie que determinados sirios hicieran eso con Dinamarca? “Eso es intervenci贸n”, apostill贸.
5. Obediencia al mandato popular y compromiso de defensa nacional
A la pregunta sobre acelerar la fructificaci贸n de negociaciones asentadoras de un futuro pac铆fico en Siria, a condici贸n de abandonar su cargo, el Presidente respondi贸 que ello, lejos de estar en su mano, descansa sobre el respaldo que 茅l recibe del pueblo sirio, y que ser铆a traici贸n a su pueblo el desobedecer tal mandato. Si no tuviera tal apoyo, 茅l o cualquier otro en su lugar no tendr铆an otra senda realista a emprender que la de marchar del gobierno, pues sin el apoyo popular quedar铆an condenados al fracaso. A帽adi贸 que, especialmente en caso de guerra, el Presidente tiene que manejar el tim贸n hasta alcanzar a orilla en lugar de abandonar el barco; justamente porque el pa铆s se enfrenta a una guerra.
A la insinuaci贸n del entrevistador en relaci贸n a su rol como una de las causas de la guerra, el Presidente contesto que, de serlo, la guerra se habr铆a iniciado entonces en 2000 y no en 2011. Pero la diferencia entre ambas fechas estriba en el alud de dinero fluctuante desde Qatar y otros Estados hacia la formaci贸n y adiestramiento de la fuerza armada capaz de librar esa guerra. A la interpelaci贸n de responsabilidad en la escalada b茅lica, el Presidente respondi贸 que eso ser铆a declarar que la Agenda estadounidense para Siria se edifica a imagen y semejanza de las necesidades del pueblo sirio, y no es el caso. En relaci贸n a la prosecuci贸n de la ofensiva de liberaci贸n total territorial, el Presidente record贸 que esa es su misi贸n delegada, y no su elecci贸n pol铆tica, como tambi茅n es misi贸n constitucionalmente ordenada para el EAS y para el conjunto de instituciones del Estado. Y, aunque su misi贸n es tambi茅n la de proteger a la totalidad poblacional civil siria, es un hecho que la amplia mayor铆a de las v铆ctimas civiles del “conflicto” eran personas que respaldaban al Gobierno, al menos al Gobierno en lo que se refiere a su funci贸n defensiva de la Soberan铆a Nacional e independencia frente a una invasi贸n neo-colonial.
6. Acci贸n militar y acci贸n pol铆tica: dial茅ctica entre esferas
“Cuando tienes un problema, tienes la soluci贸n. La comprensi贸n misma de la naturaleza del problema gu铆a hacia la soluci贸n”. La soluci贸n meramente pol铆tica es ilusoria en el contexto de caos premeditadamente generado por los terroristas, hecho que distorsiona cualquier base material de implementaci贸n de pol铆ticas. Hay, al contrario, que caminar con dos pies inextricables: la dimensi贸n militar y la diplom谩tico-pol铆tica. En este comprender-hacer, no es uno mismo quien define el camino a seguir, sino el conjunto sist茅mico de condiciones existentes. En efecto: solventar la dimensi贸n militar no es algo que pueda hacerse de la noche a la ma帽ana por medio de la acci贸n militar. Los actores exteriores, tanto “occidentales” como “orientales”, implicados en la emisi贸n de armados, deber铆an detener su actuaci贸n. Eso debilitar谩 a sus deudores en Siria, de forma que la definici贸n de una Agenda pol铆tica (e iniciativas) de solventaci贸n pueda abrirse paso. Si la dimensi贸n militar agresora no es marginalizada, entonces ser谩 la dimensi贸n pol铆tica la determinada a marginalizarse.
Tamer Sarkis Fern谩ndez
Vicedirector de DIARIO UNIDAD

Acceda al video de la entrevista completa en lengua inglesa a trav茅s del link:https://www.youtube.com/watch?v=u3lihkh182I  


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