Re-presentar, falsificar y distorsionar no est谩n autom谩ticamente en funci贸n de la posici贸n material, en sociedad, del hablante, o de su procedencia de clase
Mi texto parte de una epistemolog铆a concreta: pienso la Antropolog铆a como una actividad definida en funci贸n de unos u otros destinos pol铆ticos. Es decir: las realidades que el poder toma como objetos suyos –las cualidades de estos objetos pol铆ticos- dan forma a unas u otras antropolog铆as mediante el acto mismo de determinar una u otra racionalidad pol铆tica (determinaci贸n de los medios en consideraci贸n a los fines). Desarrollo, en lo siguiente, algunas implicaciones y derivaciones de esta premisa.
DESARROLLO DE LA MIRADA INTERNA
As铆, hay que saber resolver el misterio de la sucesi贸n de marcos antropol贸gicos dominantes, atendiendo al relevo de “vocaci贸n pol铆tica” acaecido. Hace un siglo la pol铆tica se conduc铆a con la Antropolog铆a a la conquista de un espacio exterior y a su mantenimiento militar, administrativo y gubernativo presencial directo. El colonialismo buscaba justificaci贸n en el supuesto prop贸sito de ofrecer conocimientos –ciencia y tecnolog铆a- a pueblos incapaces, sin ciencia y tecnolog铆a, de explicar fen贸menos y dominar el medio, y que habr铆an de recurrir, para suplirlas, a “recursos inefectivos” (magia). Ello explica la Antropolog铆a dominante en la 茅poca; una Antropolog铆a que habla de una unicidad estructural interna del “Ser humano”. Nos habla de unos mismos afanes. Tambi茅n de unos mismos objetivos de la actividad social, cuya realizaci贸n se haya obstaculizada en los “pueblos rudos” por carencias evolutivas en la generaci贸n de instituciones e instrumental funcionales, pero que s铆 poseen los “pueblos civilizados”. Paralelamente, el ordenamiento del “espacio interior” corre a cargo de otras ciencias (Psicolog铆a, Sociolog铆a, Estad铆stica, Pedagog铆a, Psiquiatr铆a), si bien participa de ello una rama de la Antropolog铆a que, no casualmente, ha merecido posteriormente escasa consideraci贸n: la Antropolog铆a Criminal.
Esta divisi贸n del trabajo cient铆fico no se corresponde con la actual: la actuaci贸n pol铆tica expres谩ndose desde un medio cognitivo antropol贸gico ha venido desplaz谩ndose hacia el interior social durante los 煤ltimos treinta a帽os. Un motivo evidente es que el Otro se ha instalado en este espacio. Otra raz贸n de la incorporaci贸n de la Antropolog铆a a la “pol铆tica interior” son los cambios de sensibilidad en la valoraci贸n e interpretaci贸n comunes del considerado “infame” o “peligroso” o “marginal”. En este sentido, resulta ahora incre铆ble para franjas extendidas de la ciudadan铆a, que determinados comportamientos sean cuesti贸n de “enfermedad”, “alteraci贸n psicol贸gica” o simple “falta de educaci贸n”.
En este reemplazamiento de asignaciones (por otras quiz谩s no menos superficiales), juegan un papel no poco importante unos mass-media que unifican una pluralidad de sentires, de causas y de motivaciones, en fen贸menos de espect谩culo como “Los maltratadores”, “Los okupas”, “Las bandas callejeras”, “El inmigrante” o “El adolescente”. Al destacar factores como “la inadaptaci贸n”, “la crisis de valores”, “la cultura sexista”, “la procuraci贸n de sentido e identidad mediante la integraci贸n en una subcultura enfrentada” o “la escasa salud de la democracia”, los medios bombean a la agenda pol铆tica cuestiones cifradas de tal modo que precisan de antrop贸logos para su conocimiento y tratamiento.
Junto a lo que llamo la endogenizaci贸n pol铆tica de la Antropolog铆a, querr铆a destacar otro proceso que resume el cambio dr谩stico de su comportamiento pol铆tico en los 煤ltimos treinta a帽os: llamo, a este proceso, democratizaci贸n del discurso en torno a el Otro. A la luz de este concepto, podemos caracterizar por periodos la pol铆tica que respira y se realiza en forma de Antropolog铆a entre el colonialismo decimon贸nico y la actualidad.
PRIMER PERIODO
- Discursos producidos por especialistas (profesionales consagrados al estudio de un 谩rea geogr谩fica o incluso un solo “pueblo”).
- Pretensiones sinceras de conocer para dominar, por m谩s que los prejuicios y otros determinantes ideol贸gicos participaran de la formaci贸n de ese conocimiento.
- Consumo cognoscitivo elitista y herm茅tico: burocracia, militares, pol铆ticos. Estado.
- Nivel d茅bil de filtraci贸n y vulgarizaci贸n discursiva.
- Producci贸n in situ del conocimiento: etnograf铆a.
SEGUNDO PERIODO
- Discursos producidos por “expertos” (su aparici贸n en los medios en tanto que tales les inviste de autoridad): profesionales de los medios, con habilidad comunicativa en el uso de materiales no producidos por ellos, y period铆sticos en su mayor铆a.
- Dualizaci贸n: representaciones con funci贸n puramente ideol贸gica, paralelas y complementarias a estudios econ贸micos y geo-estrat茅gicos realizados por servicios de inteligencia, asesores estatales, falsas ONGs, organismos “internacionales”, etc.
- Dualizaci贸n en su consumo: ideolog铆a para las masas y par谩metros orientativos de la estrategia pol铆tica para el Capital (inversiones, desplazamiento de Fuerzas Productivas) y el Estado (tratados mercantiles, acci贸n b茅lica, formaci贸n poblacional habilitadora de su inclusi贸n en ciertas fases de los procesos productivos).
- No se trata de que el nivel de filtraci贸n sea elevado, sino de que el objetivo de parte de esta producci贸n es el consumo de masas.
- Producci贸n cognoscitiva a distancia de la situaci贸n de origen, e in situ cuando se estudian las presencias de el Otro aqu铆. Esta producci贸n est谩 marcada por la imagen que se tiene de tal situaci贸n en el medio de origen.
Si ha podido transformarse a el Otro en un asunto de masas, que opinan sobre 茅l, consumen su exposici贸n medi谩tica, desean distanciarlo, salvarle, ayudarle, desarrollarle, democratizarle, aprender de 茅l, hacer lo que 茅l hace, etc. (esa peculiar democratizaci贸n a la que hemos aludido), es gracias, obviamente, al desarrollo de los canales transmisores de espect谩culo: audiovisuales, masificaci贸n de la prensa y la literatura, montaje de exposiciones. El espect谩culo procura dotarse de su propio medio de expresi贸n, que, siendo condici贸n de posibilidad, no explica nada de esta democratizaci贸n.
Por tanto, no es en la esfera del consumo de masas donde hay que buscar las ra铆ces de esta inflaci贸n de espect谩culo –como si ella partiera de una autonom铆a medi谩tica 谩vida de satisfacer cierta “iconofagia” voraz y generalizada, o diestra en reproducir al nivel de la ideolog铆a la vieja ley de Say seg煤n la que (parafrase谩ndola) con su oferta, movilizaci贸n y puesta en circulaci贸n de imagen las industrias del audio-visual y period铆stica estar铆an produciendo su propia demanda integral. M谩s bien hay que detectar una avidez extra-period铆stica en entretener, distraer, moralizar con el ejemplo que habr铆a de ser aportado por la reconstrucci贸n y recontextualizaci贸n de la existencia distante de el Otro. O 谩vida de mostrar al espectador cu谩nto “estoicismo” y “sonrisas a la vida” habr铆a en su padecimiento de pobreza contra el “malsano inconformismo” y las “insatisfacciones eternas” de “el occidental”. O, profundizando en esa misma l贸gica, una avidez burguesa en, primero, mostrar y categorizar como “pobreza” a esos modos de vida que parecen serles gratos y relativamente plenos a aquellos sujetos sociales. Con lo que acto seguido remata la operaci贸n ideol贸gica por medio de un curioso giro: habiendo asimilado a la satisfacci贸n vital de esa alteridad mostrada con “satisfacci贸n en la pobreza”, le es f谩cil remitir la pobreza al terreno de la pura experiencia y sensaci贸n subjetivas[1]. O lo que es lo mismo, negar su existencia material y relativizar su existencia a “la riqueza o pobreza interior o espiritual”, que habr铆a de ser nuestro Problema remitido a nuestras propias culpas, afanes e insensibilidad para “valorar lo que tenemos”… Cito en el pr贸ximo punto del art铆culo esos y otros usos pol铆tico-ideol贸gicos de la imagen.
TRATANDO A EL OTRO
Si la Antropolog铆a es el saber que –directamente- habla, escribe, filma y organiza muestras, o –indirectamente- asesora, desde su protagonismo presencial en esos canales, las causas de este proceso se instalan en las rentabilidades pol铆ticas del mismo:
- Son difundidas una serie de im谩genes que contienen cada una su particular lecci贸n edificante para el espectador: el Otro feliz “a pesar de su pobreza”, el Otro violento, el Otro austero y esclavo de su “subdesarrollo”, el Otro sabio en su relaci贸n con el medio y v铆ctima de los destrozos ocasionados por la voracidad del “Hombre occidental” (se presentan aqu铆 como verdugos los sujetos en realidad atrapados ellos mismos en un sistema econ贸mico causante de tales estragos, que queda as铆 libre de cuestionamiento), etc.
- Se pone en funcionamiento a el Otro en tanto que v谩lvula de escape a una “insatisfacci贸n existencial”, modo intuitivo concreto en que se expresa la relaci贸n entre el sujeto y lo inhumano de su “vida”, cuando 茅ste no reconoce conscientemente cu谩les son sus carencias ni el por qu茅 de ellas. Es entonces cuando el Otro encarna una posibilidad de escapar –viajando, reinstal谩ndose o por apropiaci贸n mediante el consumo de fragmentos de su cultura-, que se traduce en un boom del inter茅s en sus modos, sobre todo en lo que se refiere a un uso de estos en una empresa de encontrar sentido a la propia existencia.
- La pedagog铆a de masas como dispositivo de control, al haberse pasado de una sociedad donde la parte buena disciplinaba al proletariado –nuevo sujeto salvaje que aparece en las ciudades-, a una sociedad donde todos participan del control cuando les es suministrado un chivo expiatorio y se induce la presi贸n social sobre el diferente. El poder es legitimado en su supuesta funci贸n protectora, mientras la contraposici贸n con el Otro sirve para distraer la atenci贸n de un contexto en la econom铆a que se manifiesta en la aceleraci贸n del deterioro cualitativo de la vida.
- El tr谩nsito de una operaci贸n de “civilizar” otros pueblos mediante la exportaci贸n de ciencia para que, con “conocimiento” –una vez descalificados o menospreciados sus propios modos de conocer-, estas gentes reemplazaran sus mecanismos de adaptaci贸n al medio y de estructuraci贸n de la vida social, a una nueva pol铆tica basada en la exportaci贸n de “recursos para el desarrollo” (alfabetizaci贸n). Este otro modo de intervenci贸n en la vida de el Otro exige poner a las masas al corriente de estas “necesidades de desarrollo”, a efectos de lograr su indispensable compromiso (voluntariado, financiaci贸n de ONGs, opini贸n favorable a esta empresa). El trasfondo de esta modificaci贸n es el paso de una Divisi贸n del Trabajo Social en sectores geogr谩ficos extractivos y sectores de producci贸n (en un marco de concentraci贸n territorial de todo el proceso productivo), a una Divisi贸n del Trabajo Social en innumerables etapas que se reparten por todo el Planeta y cuya territorializaci贸n es m贸vil, de modo que exige fuerza de trabajo provista de cierta versatilidad.
DEC脕LOGO DE LA FISONOM脥A PROFESIONAL DOMINANTE
Quienes despliegan la pol铆tica mediante el ejercicio de Antropolog铆a son, qu茅 duda cabe, los antrop贸logos –entre otros, como los periodistas y los “expertos” que toman esta antropolog铆a prestada. Las clases de Antropolog铆a en las universidades, como momentos fundamentales en el proceso de producci贸n de estos productores de realidad, suministran unos elementos formativos de un modo u otro conectados con el abanico de papeles destinados al antrop贸logo en la pol铆tica que lo contendr谩. Sin ignorar que unas u otras universidades, unos u otros docentes, priman unos elementos mientras omiten o denuncian otros, mi intenci贸n de fondo es la de desarrollar una cr铆tica de estas falacias constitutivas del antrop贸logo como particular sujeto de conocimiento, aunque me conformo en este art铆culo con enumerarlas:
- La Antropolog铆a entendida como una narraci贸n del mundo interior de los sujetos.
- La sentencia de que no puede jerarquizarse entre culturas (recurso ideal para dar una imagen de veracidad usando el sentido com煤n –el nihilismo ha avanzado de manera que ya nada parece mejor que cualquier otra cosa). En realidad, lo que se logra con esta premisa es no comparar abiertamente el valor de unas u otras dimensiones de culturas distintas, salvando as铆 a un substrato cultural com煤n a “occidente” que llevar铆a las de perder.
- Valoraci贸n de la des-implicaci贸n afectiva como condici贸n epistemol贸gica.
- Identificaci贸n de la objetividad con la ausencia de cr铆tica.
- Confusi贸n entre el hecho de que la interpretaci贸n externa no d茅 cuenta de la producci贸n aut贸ctona de representaciones, y la suposici贸n de imposibilidad explicativa de esas representaciones.
- Estudio de los sujetos partiendo de las categor铆as en que se hayan cosificados (en parte ideol贸gicas, en parte reales –producto del uso de disciplinas-), en lugar de proceder a la deconstrucci贸n de esas categor铆as.
- Oscilaci贸n entre el idealismo cultural y el mecanicismo cultural adaptativo.
- Alienaci贸n teor铆a-pr谩ctica: representaci贸n de la teor铆a como algo que no puede practicarse e identificaci贸n de la pr谩ctica demandada pol铆ticamente con “lo posible”.
- Omisi贸n de la multiplicidad de ideolog铆as en otras sociedades y unificaci贸n, en “la Cultura”, de ese pluralismo de fuerzas contrapuestas.
- Fomento del miedo a interpretar y a valorar la actividad social y las realidades culturales.
Re-presentar, falsificar y distorsionar no est谩n autom谩ticamente en funci贸n de la posici贸n material, en sociedad, del hablante, o de su procedencia de clase. Tampoco se derivan inextricablemente a su “exterioridad cultural” o a su “especializaci贸n profesional” (supuestamente) “fuera” de la “centralidad existencial” del sujeto de estudio y de las ocupaciones cotidianas a que el 煤ltimo se dedica. Nos corresponde a nosotros mismos insubordinarnos al silencio que imponen estas falsas asociaciones con su estruendo de pensamiento (pretendidamente 煤nico) “actual y de nuevas antropolog铆as”. No existe tal correlaci贸n esencial, contra lo que asegura una curiosa trasplantaci贸n, al debate antropol贸gico, del prejuicio obrerista respecto del factor “clase de pertenencia” y del dogma materialista mecanicista en relaci贸n a “la toma de conciencia o apresamiento en la mistificaci贸n seg煤n lugar econ贸mico”.
Este “Prohibido el paso” llega a la Antropolog铆a precisamente de la mano de esos postmodernismos de la “evocaci贸n” mec谩nica del hecho referido, para quienes el investigador te贸rico est谩, ya desde el inicio de su proceso etnogr谩fico, configurando un “simulacro” del grupo de estudio. Este simulacro no se restringir铆a jam谩s al plano de lo textual –de la “falsa recogida” o la “falsa captaci贸n”-, sino que, a trav茅s del “intercambio simb贸lico”, de la comunicaci贸n, de la actitud del etn贸grafo y de su relaci贸n “de campo”, le ser铆a reportado al grupo de estudio. Con ello, el “especialista” productor de simulacro estar铆a reemplazando realmente a la realidad grupal etnografiada, antes del inicio de un ejercicio de auto-subjetivaci贸n consciente por parte de la 煤ltima. Al leer y o铆r por doquier las incontables huellas que deja este pseudobaudrillardianismo –subrayo pseudo-, no puedo m谩s que sonre铆rme pensando en que, al grupo de estudio, ese supuesto “simulacro” puede estar import谩ndole “un pimiento”.
La actitud 煤ltima, en caso de haber realizado aquella “auto-subjetivaci贸n consciente” en t茅rminos de una identidad de fondo con el antrop贸logo y de una clarificaci贸n compartida por ambos en lo que se refiere a problematizar, tanto las relaciones de clases, como los usos neo-culturalistas que trabajan por la reproducci贸n de 茅stas. ¿A qui茅n interesa entonces el postulado de cierto postmodernismo antropol贸gico seg煤n el que, trascender las funciones de “retratar la vida intersubjetiva”, “contar la experiencia propia y/o la del sujeto de estudio” y “ser catalizador discursivo” de la auto-emergencia, auto-constituci贸n, auto-afirmaci贸n de la identidad fenom茅nica, “comunalizaci贸n de la auto-experiencia de cada sujeto como ejercicio productivo de grupo”…, ser铆a en s铆 deportar a la etnograf铆a a una relaci贸n de “exterioridad” con el sujeto de estudio?
POSMODERNISMO DIAL脫GICO EN ANTROPOLOG脥A Y POL脥TICA DE IDENTIDAD: Retrato mec谩nico y apuntalamiento de la cosificaci贸n
Quiz谩s el modo m谩s sofisticado y prepotente de re-presentar sea hoy aqu茅l que, arrop谩ndose suntuosa y fr铆volamente en anunciar “el fin de la verdad m谩s all谩 de dar cuenta etnogr谩ficamente de las subjetividades, su inquietud, y sus intentos y movimientos auto-afirmativos (pr谩ctica) y de auto-postulaci贸n (voz)”, prescribe la reproducci贸n mec谩nica de la realidad fenom茅nica, al nivel de la Antropolog铆a y sus materiales. Esto es: prescribe la re-transmisi贸n[2] textual del auto-pensarse, por parte de los sujetos de estudio, nada m谩s que como identidades “particulares” en permanente auto-b煤squeda y b煤squeda de “su lugar bajo el sol”; de su “zona intersticial” para el libre desarrollo sea en el espacio f铆sico o en el social (por decirlo a la postmoderna).
Revelaciones fenom茅nicas, caracterizaciones, a las que el postmodernismo llamado “dial贸gico” sue帽a en un paroxismo inflacionista de circulaci贸n opulenta y de generaci贸n y aleaci贸n multiplicadoras, a salvo del alcance de una garra pol铆tica que imagina asfixiante, desoxigenante, reductiva. Y a las que, sin embargo, para el orden es prioritario aislar en su realidad m煤ltiple y sus luchas de reconocimiento, de integraci贸n diferencial, de “disentimiento”, por buscar “sus propios” no-lugares y puntos y aparte sociales. Cada una atada a la consecuci贸n de su Yo ideal o normativo, o a su auto-pr谩ctica, y todas de vidas transcurriendo por igual sin interseccionarse en el cruce radicalmente cr铆tico de su Ser com煤n de clase.
Mientras el imperialismo alimenta la delimitaci贸n “estrat茅gico-adaptativa” de pr谩cticas, y de planteamientos y comportamientos subjetivos dentro de unos u otros 谩mbitos mismos de socialidad no-instrumental, el poder vive de esta hu铆da hacia adelante en b煤squeda desesperada de un estado paradis铆aco de la diferenciaci贸n –Mito salv铆fico de la diferencia en cuyo calor y amparo el grupo social podr铆a descansar intocado por el desastre y la precariedad existencial generalizados. Porque el Mito de la salida, de la salvaci贸n, de la escapada, de la micro-construcci贸n de “comunidad” que rehace “la vida” en el subterfugio, es una portentosa ideolog铆a de desgaste del propio grupo, de consumo de sus energ铆as. Es, en fin, una apolog铆a indirecta de un capitalismo que as铆 reaparece ilusoriamente como si fuera un sistema que pese a todo no es totalitario; que pese a todo dejar铆a vivir sin afectar necesariamente la Totalidad de lo social y consumir en 煤ltima instancia todo rasgo de vida aflorada que se plantee su preservaci贸n en blindaje.
Es por eso que todo planteamiento de “micro-alternativa”, si no se deshace, con el propio aprendizaje pr谩ctico y pol铆tico, de esos postulados de partida[3], acaba tarde o temprano rompiendo con una armon铆a que no resiste las condiciones econ贸micas generales que llevan a la tensi贸n, y ante cuya fuerza acaba cediendo el dique de la ideolog铆a. El “buen rollo” acaba por transformarse en pantomima. Los referentes de proyecto se disuelven cediendo paso a prioridades m谩s inmediatas y que los sujetos viven como “de resoluci贸n individual” acuciante. Y de esto, la burgues铆a imperialista sabe: de que la “entrop铆a negativa” es cuesti贸n de tiempo all铆 donde creyeron que pod铆an alzarse por encima del “s谩lvese quien pueda” que impera en la sociedad capitalista, sin destruir sus bases generales de funcionamiento y sencillamente coexistiendo con 茅l pero “en el piso de al lado”.
Por todo ello, la burgues铆a imperialista deja hacer mientras con sus profesionales a sueldo se dedica a saber de demandas y de potencialidades, preventivamente a desbordes. Y es que, en definitiva, ese proceso s贸lo aparentemente deviene “corrupto” en su transcurso mismo –“corrupci贸n” que viene a ser lamentada, en su momento de explicitud, por todo el arco de analistas e int茅rpretes que no ven m谩s que hechos, sean hechos “objetivos” o los “subjetivos” tan al gusto de los postmodernos. En realidad es un proceso cuyo sentido ha permanecido invariante. Su sentido no ha hecho m谩s que revelar su latencia. La ha revelado a trav茅s de su pr谩ctica social. La inversi贸n manifiesta ser谩 atribuida a factores psicol贸gicos, psicosociales o Morales nihilistas (“El ser humano no tiene arreglo”, y discursos por el estilo). Pero la constataci贸n de que el desenlace presenta una regularidad de ocurrencia en un mismo marco de realidad material, nos hace pensar en la clarificadora noci贸n durkheimiana de Hecho social, alumbradora tambi茅n en relaci贸n a este caso. Pues la supuesta emanaci贸n de un “punto y aparte” desde el Ideal subjetivo de solidaridad y el convencimiento de la posibilidad de ser l铆nea de fuga, se presentaba como ant铆doto adaptativo y sociable, para los sujetos, del “s谩lvese quien pueda” que rige en el capitalismo. Sin embargo, era una expresi贸n m谩s de esa regularidad comportamental reactiva a la alienaci贸n tanto de los medios de vida como tambi茅n de la seguridad de adquirirlos mediante trabajo. S贸lo que esta regularidad de primac铆a de la adaptaci贸n sobre la ruptura aut茅ntica -que no puede significar otra cosa que destrucci贸n de los imperativos objetivos de adaptaci贸n o, en otras palabras, ruptura con la prioridad de correr tras el Mito de la seguridad en el capitalismo– persegu铆a su medio en el grupo de diferencia compartida. El grupo reproduc铆a al nivel de “lo cultural” el dato primero del individuo luchador por la supervivencia. Este tipo-individual no puede hacer m谩s que volver a “su grupo” en la medida en que va poco a poco derrumb谩ndose por su ineficacia a este cometido. Y ello ante la mirada desencantada de los sujetos, su ca铆da m谩s o menos progresiva en anomia de esta “alternativa” y su puesta en actuaci贸n irreverente y utilitaria. Participa as铆 activamente de la construcci贸n del referente real para el predominio del descr茅dito.
[1] Mediante este artefacto de puro jesuitismo –han ido a las buenas escuelas- los ide贸logos exponen –con audiovisuales period铆sticos o etnogr谩ficos- existencias que ellos suponen, nombran o insin煤an “pobres”, “de la escasez”, “sencillas”, “austeras”, afirmando durante ese mismo recorrido documental que los sujetos sociales vividores de esa existencia “pobre” no son ellos “pobres”, al arreglarse con “poco” y necesitar “menos”.
[2] En un sentido integral resultante de la integraci贸n relacional de las dimensiones significativas siguientes: como difusi贸n para su consumo disciplinar; como difusi贸n divulgativa para su consumo general; como informaci贸n para su manejo y gesti贸n pol铆ticas; como devoluci贸n al grupo de esa imagen mec谩nicamente ver铆dica extra铆da y que intenta hac茅rsele pasar como cosa mod茅lica y referencial “desde la que avanzar con vistas a su propio perfeccionamiento”: ir贸nicamente, los que se auto-anunciaban como “simples evocadores” extirpadores de la representaci贸n, parecen resultar los aut茅nticos representantes sobre su base epistemol贸gica nihilista del “No hay m谩s verdad que la fenom茅nica del rasgo vivido y referido”.
[3] Para avanzar as铆 hacia la unidad de acci贸n superando las delimitaciones de capa, origen, desempleo, generaci贸n, condici贸n de “sin techo”… en cuanto a la perspectiva enmarcadora y rectora de la pr谩ctica (aunque conservando en cada caso las luchas en torno a aquello que selectivamente las afecta a una u otra).
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