Cinco años después, la diplomacia internacional vuelve a mover sus piezas mientras el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui continúa pendiente
Han pasado casi cinco años desde que publique un artículo sobre el Sáhara Occidental, «Sáhara Occidental: la descolonización que España dejó pendiente», el 14 de noviembre de 2021. Apenas cuatro meses después, el 20 de marzo de 2022, publique otro análisis, «Sáhara Occidental: treinta años de una promesa incumplida por Naciones Unidas», cuando la ruptura del alto el fuego de 2020 había devuelto la guerra al territorio y España acababa de modificar profundamente su posición respecto al conflicto. Hoy volvemos sobre la cuestión porque el escenario internacional ha cambiado de manera importante. Naciones Unidas continúa buscando una salida, Marruecos ha ganado apoyos para su propuesta de autonomía, Estados Unidos desempeña un papel cada vez más activo en las negociaciones y la Unión Europea ha tenido que afrontar importantes límites jurídicos en sus relaciones con Marruecos. Pero, mientras tanto, la pregunta fundamental continúa siendo la misma: ¿qué lugar ocupa el derecho del pueblo saharaui a decidir libremente su futuro?
La novedad más importante de los últimos años se produjo en octubre de 2025, cuando el Consejo de Seguridad aprobó la resolución 2797 y prorrogó el mandato de la MINURSO hasta el 31 de octubre de 2026. La resolución introdujo un cambio significativo en el lenguaje del proceso al pedir que las negociaciones tomasen como base la propuesta marroquí de autonomía, aunque mantuvo como objetivo una solución política definitiva que proporcione la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental. Fue aprobada por 11 votos a favor, ninguno en contra y tres abstenciones; Argelia no participó en la votación.
El cambio merece atención. La MINURSO fue creada en 1991 con el objetivo de organizar un referéndum de autodeterminación. Treinta y cinco años después, el referéndum nunca se ha celebrado y la misión continúa existiendo. El nombre de la operación internacional se ha convertido así en el símbolo de una contradicción: una misión creada para preparar una consulta popular que lleva décadas sin poder realizarse. La resolución 2797 no elimina formalmente la autodeterminación, pero desplaza el centro de gravedad de las negociaciones hacia una propuesta concreta: la autonomía dentro de la soberanía marroquí.
Desde Rabat, este cambio es presentado como un reconocimiento de que la autonomía constituye la solución más realista. Desde el Frente Polisario y Argelia, por el contrario, se ha advertido que convertir la propuesta marroquí en el punto de partida principal puede terminar reduciendo las posibilidades de una verdadera autodeterminación. La propia resolución, sin embargo, mantiene abierta la posibilidad de que las partes presenten otras propuestas y señala que el resultado debe ser mutuamente aceptable y compatible con la Carta de Naciones Unidas. Esa diferencia es importante: la autonomía marroquí ha ganado peso diplomático, pero jurídicamente el conflicto no ha quedado cerrado.
Washington entra con fuerza en el proceso
La nueva etapa tiene además un protagonista que ha adquirido una importancia creciente: Estados Unidos. En febrero de 2026, Staffan de Mistura, enviado personal del secretario general de Naciones Unidas, copresidió en Washington nuevas negociaciones junto al representante estadounidense Michael Waltz, con apoyo del asesor presidencial Massad Boulos. Naciones Unidas informó de que las conversaciones estaban tomando como base la propuesta marroquí de autonomía conforme a la resolución 2797, aunque subrayó que todavía quedaba un trabajo importante, especialmente sobre la cuestión fundamental de la autodeterminación del pueblo saharaui.
Aquí aparece una de las grandes incógnitas de 2026. ¿Estamos ante una nueva oportunidad para alcanzar una solución política después de décadas de bloqueo o ante una transformación progresiva del proceso internacional que puede terminar haciendo de la autonomía marroquí la única salida realmente disponible?
La diferencia no es solamente diplomática. Si la negociación comienza tomando como referencia una propuesta que mantiene la soberanía marroquí como condición, el margen de discusión sobre el estatuto final del territorio cambia considerablemente respecto al referéndum planteado en 1991. El problema vuelve a ser el que señalábamos en nuestro segundo artículo: una cosa es negociar una solución y otra que el pueblo que debe ejercer la autodeterminación pueda decidir directamente cuál quiere que sea esa solución.
Europa se encuentra con los límites del derecho internacional
Mientras la diplomacia avanzaba en esta dirección, los tribunales europeos introdujeron un elemento que no puede ignorarse.
En octubre de 2024, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó que los acuerdos comerciales entre la UE y Marruecos de 2019 relativos a productos agrícolas y pesca aplicados al Sáhara Occidental habían sido celebrados sin el consentimiento del pueblo del territorio y vulnerando los principios de autodeterminación y de efecto relativo de los tratados. El Tribunal consideró además que el Frente Polisario tiene legitimidad para impugnar determinadas decisiones europeas relacionadas con el territorio.
La importancia de esta sentencia va más allá de un conflicto comercial. El Tribunal recordó que el Sáhara Occidental no puede ser tratado jurídicamente como si fuera simplemente una parte más de Marruecos. El pueblo del territorio es titular del derecho a la autodeterminación y su consentimiento tiene consecuencias jurídicas cuando se aplican acuerdos internacionales sobre el territorio.
La contradicción resulta evidente. Mientras una parte de la diplomacia internacional se aproxima a la propuesta marroquí, la justicia europea ha recordado que existen límites jurídicos derivados precisamente del carácter particular del Sáhara Occidental.
Y esto vuelve a situar en el centro una cuestión que parece olvidarse con demasiada facilidad: el Sáhara no es solamente un problema diplomático; continúa siendo una cuestión de descolonización.
España mantiene el giro de 2022
En este nuevo escenario, España también ha consolidado el giro iniciado en marzo de 2022.
La XIII Reunión de Alto Nivel entre España y Marruecos, celebrada en Madrid en diciembre de 2025, confirmó que el Gobierno español mantiene la posición adoptada en 2022. La declaración conjunta señala expresamente que España acoge favorablemente la resolución 2797 y las negociaciones que toman como base la propuesta marroquí de autonomía. También destaca que una autonomía genuina bajo soberanía marroquí podría constituir una solución viable.
El cambio resulta especialmente significativo por la responsabilidad histórica española. España fue la potencia colonial del territorio hasta 1975 y abandonó el Sáhara sin culminar su proceso de descolonización. Desde entonces, los sucesivos gobiernos españoles han tenido que equilibrar esa responsabilidad histórica con los intereses estratégicos, económicos, migratorios y de seguridad existentes en su relación con Marruecos.
En 2022, el Gobierno de Pedro Sánchez decidió acercarse claramente a la posición marroquí. Cuatro años después, aquella decisión ya no parece una modificación coyuntural, sino una orientación consolidada de la política exterior española.
Desde una perspectiva crítica, resulta inevitable preguntarse qué significa este cambio para la responsabilidad histórica de España. Si el territorio continúa pendiente de descolonización para Naciones Unidas, ¿puede España considerar cerrada su responsabilidad simplemente porque haya cambiado su posición diplomática?
La guerra tampoco ha desaparecido
La diplomacia avanza, pero las armas continúan recordando que el conflicto no está resuelto.
El 5 de mayo de 2026, el Frente Polisario lanzó un ataque con cohetes cerca de Smara. Naciones Unidas expresó su preocupación por los disparos en zonas civiles y Staffan de Mistura reclamó evitar una nueva escalada y regresar al alto el fuego.
Un mes después, en junio, un ataque marroquí con drones causó la muerte de Lahbib Mohamed Abdelaziz, dirigente militar del Frente Polisario considerado una figura importante dentro de su estructura, junto a otros combatientes saharauis. El ataque coincidió con la visita de De Mistura a los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf.
Estos acontecimientos demuestran que la ruptura del alto el fuego de 2020 no fue simplemente un episodio pasajero. El conflicto militar continúa, aunque con características diferentes a las de la guerra de las décadas de 1970 y 1980. El uso de drones, los ataques a distancia y la superioridad tecnológica marroquí han modificado profundamente el equilibrio militar.
Y aquí vuelve a aparecer una enseñanza que ya señalábamos en 2022: un conflicto congelado no es un conflicto resuelto.
¿Qué está cambiando realmente?
Si observamos el conjunto de acontecimientos, existe una tendencia clara. Marruecos ha conseguido ampliar considerablemente el respaldo internacional a su propuesta de autonomía. Estados Unidos ha asumido un papel central en la actual dinámica diplomática y el Consejo de Seguridad ha situado la propuesta marroquí como base de las negociaciones. España mantiene el giro de 2022 y dentro de Europa también se ha producido una evolución favorable a considerar la autonomía como una vía posible.
Pero sería igualmente incorrecto afirmar que el derecho internacional ha dejado de reconocer la autodeterminación saharaui.
La propia resolución 2797 continúa hablando de una solución que proporcione la autodeterminación. Naciones Unidas mantiene la MINURSO. Y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha reafirmado que el pueblo del Sáhara Occidental es titular de ese derecho.
Nos encontramos, por tanto, ante una contradicción que puede definir los próximos años: la diplomacia está avanzando hacia una solución basada en la autonomía, mientras el principio jurídico de autodeterminación continúa formalmente vigente.
La cuestión decisiva será saber si ambos conceptos pueden compatibilizarse y, sobre todo, quién tendrá la capacidad de decidir si esa fórmula satisface realmente las aspiraciones del pueblo saharaui.
Medio siglo después, la pregunta continúa siendo la misma
En 2021 hablábamos de una descolonización que España había dejado pendiente. En 2022 analizábamos el fracaso de Naciones Unidas para convertir en realidad el referéndum prometido. En 2026 podemos afirmar que el escenario ha cambiado profundamente, pero que el problema fundamental permanece.
La propuesta marroquí ha ganado peso. Las negociaciones han adquirido un nuevo impulso. Estados Unidos participa activamente. España mantiene su nueva posición. La Unión Europea se mueve en un escenario más complejo y sus propios tribunales han establecido límites jurídicos. Naciones Unidas intenta encontrar una salida y la MINURSO continúa desplegada hasta octubre de 2026.
Pero el pueblo saharaui continúa sin haber podido decidir libremente el estatuto definitivo de su territorio.
Esa debería seguir siendo la cuestión central.
Desde una perspectiva de izquierda e internacionalista, defender la autodeterminación del Sáhara Occidental no significa negar la necesidad de negociar ni desconocer la complejidad política del Magreb. Significa recordar que los intereses de los Estados, las alianzas militares, los recursos económicos y las estrategias de las grandes potencias no pueden sustituir indefinidamente la voluntad del pueblo directamente afectado.
La historia del Sáhara Occidental demuestra que aplazar una solución no hace desaparecer un conflicto. Lo transmite de una generación a otra. Lo convierte en exilio, en separación familiar, en muro, en campamentos de refugiados y, cuando la diplomacia fracasa, nuevamente en guerra.
Quizá la gran pregunta de 2026 no sea solamente qué solución está ganando terreno en las cancillerías, sino otra mucho más sencilla: ¿está avanzando también el derecho del pueblo saharaui a decidir su propio futuro?
Porque si la respuesta continúa siendo negativa, podremos cambiar las fórmulas diplomáticas, las resoluciones y los protagonistas de las negociaciones, pero seguiremos ante el mismo problema que hace medio siglo: una descolonización pendiente.

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