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sábado, 22 de agosto de 2026

El sector turístico de Nicaragua respalda reformas constitucionales

Por Becca Renk Foster*

“Garantizando la Paz y La Seguridad”: El Sector Turístico de Nicaragua Respalda Reformas Propuestas


«No pertenezco a ningún partido político, pero creo que el desarrollo turístico de nuestra comunidad ha sido beneficioso para la isla».

Estoy junto al guía turístico Luis Argeñal en las faldas verdes de Concepción, contemplando un paisaje idílico de Maderas envueltas en nubes. Nos encontramos en la isla de Ometepe, donde dos volcanes se alzan sobre el inmenso lago de Nicaragua.

Mi familia ha venido a alojarse en la diminuta comarca de Balgüe, donde mi marido y yo estuvimos hace veinticinco años, cuando primero llegamos a Nicaragua. Por aquel entonces, llegamos en ferry, pedimos ray por la isla —donde los autobuses escaseaban— y anduvimos a pie por caminos de tierra con nuestras mochilas para llegar al único alojamiento turístico que había en aquel momento: las habitaciones compartidas de la cooperativa cafetera Finca Magdalena.

Un cuarto de siglo después de aquel primer y arduo viaje, llegamos a la isla con todo lujo, circulando en las carreteras adoquinadas en plena oscuridad, y al despertar descubrimos que Balgüe es ahora un animado pueblo con docenas de pulcras casas de bloque, de las cuales una de cada dos ofrece «cocos fríos», «helado casero» o «pizza mediterránea». Dado que el 93 % de la oferta turística de la isla es propiedad de los lugareños y está gestionada por ellos, es evidente que el desarrollo turístico reporta beneficios tangibles a estas familias rurales.

La transformación del turismo

¿Cómo ha podido cambiar tanto esta pequeña isla en tan poco tiempo?

Tras el regreso de los sandinistas al Gobierno en 2007, Nicaragua adoptó un Plan Nacional de Desarrollo y Lucha Contra la Pobreza. Se declaró que la salud y la educación son gratuitas, y se puso a construir hospitales, escuelas y carreteras, y ampliar la red eléctrica y el servicio de agua potable por todo el país. Como resultado, Nicaragua comenzó a recuperarse de forma constante de la devastación que el reajuste estructural había causado durante la década de los noventa y principios de la de los 2000.

Como parte de esta lucha contra la pobreza, el turismo en Nicaragua se revolucionó mediante el desarrollo de un modelo de turismo comunitario que garantiza que los beneficios lleguen a la población local, sea culturalmente adecuado y minimice el impacto medioambiental. Además, el Instituto Nacional de Turismo (INTUR) comenzó a ofrecer más apoyo a las pequeñas empresas, incluyendo cursos de formación gratuitos que abarcan desde cursos de cocina hasta atención al cliente.

Ya para el 2017 con las mejoras en las infraestructuras, los altos niveles de confianza en el ejército y la policía, y un crecimiento constante del PIB del 4-5 % Nicaragua disfrutaba estabilidad y una excelente reputación en materia de seguridad. El turismo era un sector en auge que daba sustento a miles de pequeñas empresas familiares en todo el país: Nicaragua se había convertido en uno de los destinos más populares para los viajeros expertos de América.

El turismo se desplomó en 2018

Posteriormente, en abril de 2018, se produjo un violento intento de golpe de Estado, liderado y financiado por Estados Unidos. Se descubrió más tarde que el dinero procedía de USAID y de la Fundación Nacional para la Democracia, y se utilizó para pagar pandilleros para que levantaran cientos de tranques que paralizaron el país y se convirtieron en epicentros de violencia. Los tranques duraron casi tres meses, en los que murieron unas 270 personas y muchas más resultaron heridas. El golpe a la economía nicaragüense fue catastrófico: se registraron 24 mil millones de dólares en daños y se perdieron 200 000 puestos de trabajo. El Gobierno calculó que la pérdida para la economía equivalía a 52 huracanes de categoría cinco a la vez.

La isla de Ometepe se vio especialmente afectada. Ometepe, la mayor isla volcánica del mundo situada en un lago de agua dulce y declarada Patrimonio Mundial de la Biodiversidad por la UNESCO, había logrado mejorar la vida de sus 35 000 habitantes gracias al desarrollo responsable del turismo rural. Sin embargo, cuando la isla quedó repentinamente aislada debido a los tranques violentos en 2018, el turismo se desplomó.

«Soy socio de la primera cooperativa de guías turísticos del país», me cuenta Argeñal. «En 2018 teníamos 65 miembros y todos trabajábamos a tiempo completo». Tras el intento de golpe de Estado, la mayoría de los miembros de la cooperativa —todos bilingües— fueron obligados a buscar trabajo fuera del país.

«Yo fui uno de solamente 25 que nos quedamos en la isla», me cuenta. «Yo también estuve a punto de emigrar, pero, gracias a Dios, pude sobrevivir cultivando cocos y elabo2ando aceite».

En los últimos ocho años, la economía de Nicaragua se ha recuperado lentamente de los daños causados por el fallido intento de golpe, y el crecimiento del PIB ha vuelto a niveles cercanos a los de antes de 2018. Aunque el sector turístico está mejorando, su recuperación ha sido más lenta. Un factor que limita el crecimiento del turismo es que, desde 2018, el Departamento de Estado de EE. UU. ha mantenido una advertencia de «Nivel 3: Reconsiderar el viaje» sobre Nicaragua como parte de su estrategia de guerra híbrida contra el país.

Hoy en día, al igual que tantos nicaragüenses que conozco, Argeñal se gana la vida gracias a una combinación de iniciativas creativas, entre las que se incluyen el negocio del aceite de coco, la gerencia de una plantación de tabaco ecológico, el trabajo como guía turístico y, hace apenas unas semanas, ha puesto en marcha una nueva inversión: un hotel en Moyogalpa, cerca del embarcadero del ferry.

Amenazas constantes

Para los pequeños operadores turísticos como Argeñal, el futuro de sus familias depende de que Nicaragua mantenga la estabilidad; es poco probable que sus negocios sobrevivieran a otro intento de golpe de Estado como el de 2018. Saben que tan solo la percepción de una amenaza de seguridad puede tener un efecto inmediato en los turistas que visitan el país, lo que pone en peligro el sustento de sus familias. Por eso, muchos en el sector turístico se alarmaron cuando Nicaragua saltó recientemente a los titulares internacionales.

No es ningún secreto que quienes están detrás del fallido intento de golpe de Estado, que siguen contando con el apoyo y el financiamiento de EE. UU., trabajan constantemente para sembrar la desestabilización en Nicaragua. En un contexto de creciente presión por parte de EE. UU. y de la reciente injerencia descarada en las elecciones de toda América Latina, así como de las grabaciones filtradas del «Hondurasgate» —que revelan una amplia maquinaria propagandística que actúa contra los gobiernos progresistas de toda la región—, Nicaragua está tomando medidas para proteger su soberanía.

El 19 de julio, el copresidente Daniel Ortega habló abiertamente sobre estas amenazas y advirtió a sus electores: «Porque no crean que porque no hay guerra estamos en Paz... ¡No! Ellos viven conspirando ahí, organizando, buscando cómo organizar Partidos, para que en una Elección que ellos se suponen, entonces que esos Partidos ganen las Elecciones», dijo.

«Pero que se olviden, aquí no volverán a haber Elecciones, no volverán a haber Elecciones, para que por ahí intenten ellos atrapar el Gobierno, atrapar el Poder» continuó. «Y vamos a trabajar, con la Asamblea Nacional y con las Organizaciones correspondientes, las Leyes, porque hay que hacer las Leyes que les pongan un muro, un bloque, a los Golpistas, a los Vendepatrias, y que por mucha plata que les den los yanquis, ¡No Podrán, ¡No Podrán! ¡No Podrán!!»

Las palabras de Ortega fueron recibidas con un aplauso atronador por parte de quienes las escuchaban en todo el país y comprendían que el discurso proponía cambios en la legislación electoral de Nicaragua para frenar la injerencia exterior en los procesos democráticos internos del país. Sin embargo, los medios internacionales citaron inmediatamente de forma errónea a Ortega, afirmando que había «abolido» las elecciones por completo, y esta distorsión se hizo viral, lo que provocó una respuesta del Departamento de Estado de EE. UU. y de sus lacayos del «Escudo de las Américas».

Consultas con el sector turístico

Desde el 19 de julio, una comisión especial de la Asamblea Nacional ha elaborado las reformas propuestas a la constitución y está celebrando una serie de 30 reuniones con todos los sectores de la sociedad nicaragüense para explicar los cambios y recibir retroalimentación.

Dos días después de regresar de la isla de Ometepe, tengo la oportunidad de participar en una de estas reuniones con el sector turístico de Nicaragua. Como coordinadora de la casa de huéspedes Casa Benjamín Linder, me uno a otros operadores turísticos, propietarios de hoteles y representantes de agencias de viajes que llenan una sala de reuniones en el edificio más alto de Nicaragua —de 14 pisos— para solicitar aclaraciones y garantías de estabilidad por parte del Gobierno.

«Seguiremos celebrando elecciones democráticas», asegura el presidente de la Asamblea Nacional, el Dr. Gustavo Porras, a nuestro grupo reunido, y explica que hay tres elementos esenciales en los cambios propuestos. «"Nosotros necesitamos, como país, como pueblo, como trabajadores, como empresarios, como emprendedores, estabilidad, seguridad y paz. Son tres elementos indispensables: necesitamos estabilidad para que nuestros negocios crezcan, para que nuestro trabajo se mantenga. Para desarrollar el país necesitamos seguridad. Para que haya estabilidad debe haber paz.».

Reformas propuestas

Porras explica las reformas de forma clara y directa. Se proponen seis cambios, de los cuales los tres fundamentales son los siguientes:

1) Toda persona que haya sido condenada por traición, haya participado en un intento de golpe de Estado, haya participado en acciones que amenacen la autodeterminación o la soberanía de Nicaragua, haya violado los principios de la Constitución o haya solicitado la intervención militar o bloqueos económicos a países extranjeros no podrá optar a cargos electivos ni ser nombrada para un cargo público.

2) Se revocará la personalidad jurídica de los partidos políticos que reciban financiamiento extranjero o cuyos candidatos reciban fondos del extranjero.

3) Las elecciones se celebrarán cada siete años y las próximas elecciones presidenciales y a la Asamblea Nacional tendrán lugar en 2028.

Los demás cambios propuestos son de carácter administrativo: se aclara que las elecciones municipales y regionales también se celebrarán cada siete años, siendo las próximas en 2029 y 2030, respectivamente; y que quienes hayan sido elegidos o nombrados para mandatos de seis años permanecerán en sus cargos un año más. También se propone cambiar la fecha de la toma de posesión al 18 de enero (en lugar del 10 de enero) para que coincida con el cumpleaños del poeta nacional de Nicaragua, Rubén Darío.

«Las elecciones son una partecita de la democracia», Porras explica con más detalle. «Los más democráticas son de nosotros: son universales, directas, secretas, etc. Hay elecciones que son con colegios electorales, esos tienen menos participación. Hay otras que son parlamentarias, donde los parlamentarios eligen el presidente de la República. Todas son democráticas, cada uno con su modelo».

La recuperación requiere protección

El fin de semana anterior, mientras estuvimos en Ometepe, remábamos en kayak río arriba por el río Istián, entre los dos picos volcánicos de Ometepe, cuando Argeñal nos señaló un caimán sumergido, del que solo se veía el hocico fuera del agua. Luego otro, y otro más, y después uno de un metro de largo encaramado en unos arbustos, tomando el sol con las fauces bien abiertas. En total, vemos 15 caimanes durante nuestro recorrido en kayak.

«Hace veinte años, estuve aquí, en este río, trabajando en un estudio medioambiental para solicitar que se convirtiera en una reserva protegida, y era muy raro ver caimanes», explica. «Nos topamos con hombres armados que cazaban caimanes por sus pieles. Gracias a Dios, nuestra solicitud fue aceptada y se prohibió por completo la caza de caimanes».

Argeñal explica que, gracias al turismo responsable, los isleños ven ahora claramente el beneficio económico que supone para sus familias y comunidades cuidar el medio ambiente, una situación en la que todos ganan: tanto la población de Ometepe como su biodiversidad.

«Hoy en día, se puede ver cómo se ha recuperado la fauna», afirma.

Al igual que los caimanes del río Istián, el sector turístico de Nicaragua se está recuperando, pero aún necesita protección frente a las amenazas externas. El Gobierno del país es consciente que, para garantizar un futuro mejor, cada familia, cada comunidad y cada sector depende de que Nicaragua defienda su soberanía.

Al concluir la reunión de la Asamblea Nacional con el sector turístico, la compañera Mara Stotti, codirectora del Instituto Nicaragüense de Turismo (INTUR), explica cómo se relacionan estos aspectos fundamentales.

«Estamos convencidos de que esta iniciativa busca cómo fortalecer la institucionalidad y la soberanía nacional, garantizando la paz y la seguridad, que son aspectos fundamentales para el desarrollo de cualquier actividad, sobre todo para la actividad turística».

* Becca Renk Foster es originaria de Idaho (EE. UU.). Lleva 25 años viviendo y trabajando en el ámbito del desarrollo comunitario sostenible en Nicaragua. Coordina la Casa Benjamín Linder en Managua y forma parte de la Coalición de Solidaridad con Nicaragua.



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