jueves, 25 de agosto de 2016

Teorizando un poco Ucrania. Por Tamer Sarkis Fernández

“Pueblo de Ucrania” pasó a ser un ente en sí en el imaginario romántico de nuestro indignado cuando todo Pueblo es en realidad el producto del conjunto de sus relaciones sociales operativas sobre sí mismo


Por Tamer Sarkis Fernández
  1. EL ESPEJISMO DE LO ESPONTÁNEO
Da asco haber tenido que oír durante más de dos años a una masilla de indignados patrios empatizar con la turba de indignados ucranianos. “Denunciamos el curso que ha tomado el movimiento, pero apoyamos el hecho de la rebelión popular ucraniana”. Que es tanto como decir: “Estoy contra el curso tomado por la bala que asesinó a aquel niño desarmado, pero a favor de que la bala saliera del cañón. No en vano, esa pistola podría haber sido apuntada y disparada, en cualquier otro lugar, contra algún bellaco”.

Pero resulta que las balas no toman curso ni salen ellas de los cañones, lozanas. Ni tampoco las pistolas podrían haber estado en otro lugar más que justo en aquél donde fueron colocadas por unas precisas correlaciones de poder. El curso tomado era algo determinado a priori por las características del acto. Lo demás no son más que engaños del lenguaje; aunque -es curioso- la expresión misma se integra también como parte de lo denunciado: nótese “engaño del lenguaje”. De esta especie de síndrome del sujeto-espejismo (“irrumpe el trueno”, “el relámpago resplandece”, “pienso lo que quiero”, “la bala sale del cañón”, “la bala está tomando curso”, “el movimiento se mueve por derroteros lejanos a los suyos propios”…) nos alerta Nietzsche en Genealogía de la Moral, 1er Tratado.

Para el caso, “Pueblo de Ucrania” pasó a ser un ente en sí en el imaginario romántico de nuestro indignado, cuando todo Pueblo es en realidad el producto del conjunto de sus relaciones sociales (materiales e ideológicas) operativas sobre sí mismo (Marx, Tesis sobre Feuerbach). Sin embargo, nuestro indignado no se conforma con pensar una caractereología metafísica (un “ser Pueblo” en sí). Además –y he aquí lo grave- al traducirse para sí como “rebelión popular” las fragmentarias imágenes que le llegan del espectáculo, el espontaneísta ibérico vuelve a dejarse llevar por la fantasía del sujeto espectral e identifica al adjetivo “popular” con un sujeto actor en lugar de tasarlo en su justa medida, esto es, en tanto que sujeto actuado: agente y vehículo del proceso.

Pues lo actuante (lo motriz y lo in-formante al agente) es, como no podría ser de otro modo, materia social políticamente ordenada y así habilitada para tornarse conciencia en el seno del sujeto agente (cierta parte de la población ucraniana) a través de propiciar la codificación ideológica de éste. Puede tratarse de una u otra codificación: funcional a la producción soberana de vida social en dialéctica con los factores productivos insertos en el medio físico, o bien funcional a los expoliadores del grupo humano y del medio físico. Y en Ucrania, ¿de qué codificación hablamos?. ¿Quiénes han ido poniendo en juego materia social deliberadamente orientada hacia el fin ideado (y logrado)?: recursos, dinero, “personalidades”, megafonía, armas, hombres importados, periodistas, respaldos diplomáticos y presiones, organización, aprendizaje táctico, una estrategia y metodología de acción…
  1. RACIONALIDAD E IDEOLOGÍA ACTUANTES SOBRE EL SUJETO AGENTE
¿Desde qué racionalidad pusieron todo eso en juego?: ¿desde una racionalidad tendente a avanzar en una apolaridad mundial o desde la racionalidad de apuntalar el Hegemonismo estadounidense?. ¿Desde una racionalidad de la Soberanía Nacional y la convivencia pacífica entre los pueblos, o desde la racionalidad de escala bélica contra la competencia rusa?. ¿Desde el No-Alineamiento o desde la OTAN?. ¿Desde una racionaliad de re-definición horizontal de las relaciones productivas y mercantiles entre naciones, o desde un deseo de extender a Ucrania el saqueo financiero, la Ley imperialista de los Intercambios Desiguales y el trazado euro-alemán sobre la división regional del trabajo?.

¿A través de qué ideología han podido ser amalgamadas y orientadas las fuerzas materiales invertidas hacia la consumación de la racionalidad directriz?: ¿ideología comunista o anticomunista?; ¿ideología patriótica?, ¿o ideología del “camino individual de la vida optimizando gratificaciones a través de la relación práctica con los demás y con una sociedad-objeto de lo individual” (darwinista)?; ¿ideología de la liberación nacional y de los pueblos oprimidos, o ideología (por lo demás alucinatoria) de entrar en un Club VIP para ser parte de los depredadores y no de “los parias” de la Tierra aun a costa de esos “parias”?. ¿Memoria de la heroica guerra de Crimea y de las glorias de Stalingrado, donde juntas las gentes agredidas dieron muerte al invasor?, ¿o resentimiento anti-ruso que vuelve bajo la forma de colaboracionismo con el IV Reich, tal y como hubo sido en otros tiempos colaboracionismo con el IIIº?.

En Maidan se pusieron a ondear las banderas de las ratas anti-sirias contra un país, Siria, que ha resistido al conato ultra-violento de su secuestro por el jinete apocalíptico de la deuda externa y por la Bolsa de Chicago. En Maidan se pusieron a ondear banderas israelíes y las azules de ese IV Reich franco-alemán, contra la roja bandera de la famélica legión internacional que ellos parasitan y que tratan de seguir criando, hundiendo y repelando. Banderas del viejo orden parasitario contra el presente emerger de los países y su disidencia, que deja desnudos a los ladrones y a tanto “triunfador” por cuenta ajena.

Desde Maidan no resonó, más que en las Repúblicas Populares declaradas al Este del país, un futuro de la dignidad común de poder al fin pensar lo que uno quiere hacer y poder hacer –materializar- lo que uno piensa y planifica, sin que terceros alienen el sentido de los proyectos colectivos. O enajenen el producto de ese trabajo colectivo. O, en fin, impidan la socialización del producto colocando a éste un precio enemigo de las necesidades del semejante. En el cambio kievita sí resonaron, ante banderas ponzoñosas saludadoras, las peroratas de un Bernard Hénry-Levi vestido de color “liberal-futuro” para la ocasión, y no ya de negro-“islamista moderado” como cuando estuvo en Siria en 2011. Hénry-Levi relatando ante la Plaza el cuento de la lechera del Oeste de Libertad que deja hacer al individuo en su épica personal hacia “lo más alto” mientras le entretiene con gran glamour y oportunidades de pasar buenos ratitos. “Bienestar”, “consumo”, “Ego”, “y que le dejen a uno en paz”, “hágame yo y perezca el mundo si el mundo no se espabila”. Es ése el Horizonte de la muchedumbre atomizada que ejecutó la rebelión ucraniana, mientras el rebaño aún se auto-complace en aparentar creer que la protagoniza. ¿Rebeldes contra qué y conformistas o anhelantes con qué?. Si eres joven y rebelde, coca-cola te comprende.
  1. EL MITO ESPONTANEISTA COMO CATARSIS PARA EL ESPAÑOL PASIVO
Tal vez sea también auto-complacencia lo que se esconde tras las ensoñaciones del españolito simpatizante con los rebeldes ucranianos. Una especie de sublimación de la impotencia propia delegando (inconscientemente) en lo ajeno fetichizado: “Ya que yo estoy cosificado hasta en mi cobardía y pasividad, me consuelo al menos idealizando en otros lo que yo debería hacer por cuenta propia”. Ésta es la lógica honda del espectáculo, que alimenta las imágenes mediáticas que vuelven acto seguido al espectador, generándose y volviéndose a generar recíprocamente oferta y demanda, demanda y oferta. Ese abrazo del espectáculo, donde el mentiroso –también el espectador- se miente a sí mismo hasta el delirium.

¡Pero sea usted, por una vez en su vida, honesto con su figura: señor Juanico, señor Josele, señora Tere…!. Si lo de Ucrania ha venido resumiendo un espléndido estallido de la espontaneidad, sólo a posteriori corrompida o “secuestrada”, que había tomado pistolas, escopetas perdigoneras, granadas de mano y escudos anti-bala…, contra la opresión: ¡¿por qué no toma usted entonces ese camino, señor Juanico, señor Jozele, señor parado, señor precario, señor timado, señor ensuciado, dirigido, de país anulado por el Hegemonismo yankee y sus euro-enanoides, culo del Mundo?!. ¿Acaso están los ucranianos hechos de otra pasta?. ¿Los tienen cuadrados, de plomo?. ¿Son ellos parientes de Atila y ustedes tan civilizados que no pueden más que protestar del “hecho social” en días extraordinarios de catarsis sindicalmente seleccionada o parloteando en la cola de la pescadería o del supermercado?.

La ensoñación del españolito antes con Libia, Siria, y ahora con Ucrania, es de una bajeza y fariseísmo tales que casi da ganas de poner al orden del día otra vulgar bajeza; eso de que “tenemos lo que nos merecemos”. Su paja mental es típica del esclavo que necesita compensarse inventando trasmundos imaginarios y “viviéndolos” con esperanza puesta. En corolario, el españolito no puede más que desdoblar artificialmente, aquello que es en realidad un proceso unitario, en una metafísica de “rebelión-rebelión” originaria (jovial, generosa, mozalba e ingenua, retrato de ese “pueblo” abstracto estereotipado) fatalmente pervertida por una “física del Poder filtrado” (siempre un caso tras otro: ¡qué casualidad…!).

  1. ESPECTÁCULO DE LAS REBELIONES Y REBELIONES PRO-ESPECTÁCULO EN UNIDAD RETROALIMENTADA
Todo discurrir desdoblamiento y contraposición entre ingeniería político-social anglo-sionista (externa) e intersubjetividad en movimiento (interna), significa nulo comprender que, en el actual estadio hiper-desarrollado de Potencia política hegemonista yankie para producir acontecimientos, lo de Ucrania o Venezuela son síntesis de laboratorio donde rebelión popular (de un sector poblacional más o menos cuantioso) y reacción conducida centralizadamente desde el epicentro Hegemonista, son lo mismo. Son los polos dialécticos conformadores de una Totalidad preparada. La producción ingenieril de cambios políticos no es magia y chistera; necesita su vehículo, su sujeto actuado, su carne de cañón. Y la carne sería nada más que carne amorfa –ni tan siquiera se origina como “carne de cañón”- si no fuera por los cañoneros y por el cañón que toman en sí a esa carne para apuntarla y dispararla. Igual que la bala que da inicio a este artículo, y que no ha sido en modo alguno “manipulada”, “desviada” o “perversamente usada por la pistola o el pistolero”. ¡¡Sólo desde una metafísica grosera puede ese trozo de materia ser nombrado “bala” considerada aisladamente a ese artefacto y a ese artificiero precisos, que tomando a ese pedazo objetual en su racionalidad lo están produciendo socialmente como bala!!. Antes, no había nada.

En libre paráfrasis a Dani Estulin, podemos decir que los despliegues Hegemonistas de agitación y Golpe o de segmentación contra países y sistemas políticos desobedientes, no son cuatro viejos babosos con kipá conflagrando desde una lejana torre de marfil. Son, en cambio, una densa y compleja red de relaciones extendiéndose desde el epicentro a las periferias. Es una fuerza objetiva produciendo lo subjetivo y tomándolo en su seno, incluida la subjetividad “Pueblo”, su cabreo y su “rebelión”. Por supuesto que hubo en las calles ucranianas una subjetividad moviéndose cargada de razones –reales algunas de ellas- para “su” “propio” estar-en-la-calle. Yanukovich no fue del Pueblo: ¡¿y qué?!. Tal banalidad no explica un ápice de la realidad objetiva desenvuelta sobre Ucrania e impuesta a ese país. Hay rebelión, y por ella se consuma la reacción. Hay un plan reaccionario, y es su materialidad política, logística, ideológica y armamentística aquello que engendra la rebelión.

A fecha de 2016, no podemos seguir repitiendo dogmáticamente y en abstracto aquella gran verdad revolucionaria del Presidente Mao: “La rebelión se justifica”. Eso era en sí verdad en vida de Mao. Incluso al inicio del presente siglo. Pero en unos años, el propio hiper-desarrollo ingenieril del Hegemonismo anglo-sionista ha jubilado esa gran verdad. “Sólo conocemos una ciencia: la ciencia de la historia” (Marx). Hoy, la rebelión se justifica… o no. Hoy “la rebelión se justifica” tout court se ha transformado en un Mito abstracto con cuya invocación “izquierdista” el propio Hegemonismo no hace otra cosa que justificar sus Operaciones posesivas sobre distintas sociedades civiles. Fracciones poblacionales posesas por el espectáculo de la “rebelión” y de la “libertad occidental” que el Hegemonismo despliega, y que acaban imitando con movimientos reales al espectáculo referencial. Y este paroxismo hegemonista hasta llega a encarnarse personificándose como perfecto rebelde-reaccionario: Hénry-Levi, Salim Idris, Alba Rico, Esther Vives, Leopoldo López, las Femen, los indigenistas y sus indígenas contra Correa, Timoshenko, Madonna o Beyonce.

El autor es vicedirector de DIARIO UNIDAD
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martes, 23 de agosto de 2016

La ideología y los sueños húmedos de la derecha nicaragüense

Entre los restos del naufragio de la oposición de derecha al gobierno sandinista de Nicaragua es difícil distinguir algún asomo de programa económico independiente de la ideología imperialista en bancarrota de los Estados Unidos. El académico y ex embajador de Nicaragua en los EEUU y Canadá, Arturo Cruz, trató de mitigar un poco esa limitación mostrando algún vestigio de rigor intelectual en un ensayo de 2013 titulado "La reforma política en Centroamérica: ¿Está en riesgo la institucionalidad democrática?". Hace poco, Cruz revivió sus argumentos en una serie de charlas con el título de “La caja chica se complica”.

En síntesis, el argumento de Cruz explica el éxito ampliamente reconocido de la gestión del Gobierno Sandinista como el resultado de su habilidad para combinar unas políticas de libre mercado sanas con su capacidad para satisfacer las crecientes demandas, tanto de las propias bases sandinistas, como las de los amplios sectores del pueblo que antes apoyaban a los partidos de la derecha liberal, en un sistema que Cruz etiqueta como "populismo responsable". Sin embargo, dice Cruz, con el virtual colapso de la ayuda Venezolana a causa de la crisis económica y la caída de los precios del petróleo, al Gobierno Sandinista ya no le alcanza la "caja chica", necesaria para hacer funcionar el sistema, lo que podría dar lugar a un período en el que su control del poder político sería puesto a prueba. El académico se ve obligado a hacer una serie de omisiones a la hora de probar su punto; en realidad, su serie de charlas debería haber llevado el título de "Yo, haciendo de tripas corazón".

El argumento de Cruz sirve como una apología de la clase capitalista de Nicaragua y su expresión política derechista en un período histórico en el que las clases populares empobrecidas han emergido como sujetos económicos, además de políticos e ideológicos. En 200 años de historia independiente, las élites capitalistas centroamericanas han sido incapaces de formular un proyecto político propio y soberano, dependiendo mayormente de las redes imperiales de influencia política y económica. Ahora la derecha política de Nicaragua necesita argumentos contra la emergencia de una sociedad revolucionaria y soberana. Los argumentos de Cruz ofrecen un alibi poco convincente para ese fracaso histórico de la burguesía, tanto en lo político como en lo intelectual. Cruz tiene una visión elitista de las mayorías empobrecidas del pueblo nicaragüense como una masa de "clientes" con poco sentido de la ciudadanía y cero conciencia estratégica de sus necesidades. Este es un extracto de lo que Cruz escribía allá por el año 2013:

"Hoy, las expectativas de consumo de los nicaragüenses son indiscutiblemente modestas (lo que debería facilitar la repartición de aquello que es escaso), pero también son inmediatas, ancladas al presente, con poca consideración para el futuro, sin capacidad para un mínimo de abstracción. El cliente -- contrario al ciudadano, que espera mucho de su gobierno, pero no lo que él puede resolver con su ingreso familiar - -, esta atento a lo más básico, a la libra de frijoles, a la lamina de zinc, convencido que la función principal del gobierno es servirle de muleta."

Más claro, echarle agua: Le importa un comino que las familias empobrecidas vivan en la miseria más deshumanizadora, lo importante, segín Cruz, es que miren más allá de su hambre y de sus techos con goteras y que se comporten como "verdaderos ciudadanos". A decir verdad, éste argumento de Cruz explica en gran medida por qué el apoyo a los partidos de derecha en Nicaragua ha colapsado.

Lo que Cruz hace es refritar una distorsión hace ya tiempo desacreditada acerca del uso que hace Nicaragua del financiamiento para el desarrollo de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Si hay algo que ese financiamiento para el desarrollo no es, es precisamente una "caja chica" para tapar agujeros, sino más bien un marco bien regulado para el comercio justo basado en principios solidarios. Parte de ese marco implica que la mitad de las importaciones nicaragüenses de petróleo venezolano son pagadas al contado mientras que el resto es pagado a lo largo de 20 años a una tasa de interés concesional, liberando así recursos para combatir la pobreza. Hasta el FMI se vio obligado a admitir que el financiamiento al desarrollo del ALBA no aumenta las obligaciones de deuda soberana del país. El financiamiento del ALBA a Nicaragua ha sido estructurado de una manera equivalente a un programa de gasto deficitario (deficit spending) imposible de realizar dentro de los mecanismos de ayuda al desarrollo y deuda dominantes en Occidente.

Ideólogos académicos como Arturo Cruz, tal vez de manera deliberada, omiten reconocer que la compleja estrategia socialista de redistribución de la riqueza y de reducción de la pobreza del Gobierno Sandinista es un proyecto dirigido a fortalecer las bases económicas del país así como el ingreso nacional. Esta estrategia ha creado un creciente mercado interno para las empresas nicaragüenses al mismo tiempo que ha generado muy necesarias inversiones productivas, por ejemplo, para acabar con la dependencia de Nicaragua del petróleo para la generación de electricidad. Lo más probable es que el propio Cruz conozca esto muy bien, y que la élite que representa, que por años se ha beneficiado de estas políticas, también lo sepa. Lo que les molesta es la amenaza a su averiada ideología de libre mercado que representa la democratización económica implementada por el gobierno del Presidente Daniel Ortega. De ahí su reconfortante, auto-justificador pero en última instancia fallido recurso a una falsa distinción entre clientes y ciudadanos.
La oposición derechista de Nicaragua se reconforta de manera perversa con las intratables dificultades que Venezuela está enfrentando gracias a la dramática caída de los precios del petróleo, la guerra económica del imperio y errores propios (que, por ejemplo, discutimos aquí), las que no son un secreto para nadie. Sin embargo, en el caso de Nicaragua, una de las prioridades políticas de la Segunda Fase de la Revolución Sandinista iniciada a partir del año 2007, fue precisamente la de diversificar las relaciones comerciales y de desarrollo. Esa política partía de la experiencia de los problemas derivados del bloqueo económico de los Estados Unidos en los años 80s del siglo pasado, por ejemplo, la excesiva dependencia de la ayuda de la Unión Soviética y sus aliados. Comprometido con el principio de un naciente mundo multipolar, el Presidente Daniel Ortega, desde el inicio de su segunda presidencia en 2007, desarrolló relaciones independientes con un muy diverso conjunto de naciones dispuestas a llevar adelante proyectos de desarrollo en el país. Esa política también creó mercados de exportación que las clases capitalistas nunca antes habían tenido.

Pero la omisión más importante sobre la economía realmente existente en Nicaragua que hace gente como el ex-embajador Cruz, es la de su democratización, el papel jugado por gente común y corriente que se organiza económicamente a nivel de base. A pesar de haber perdido el poder político en 1990, la Primera Fase de la Revolución Sandinista tuvo un impacto económico muy significativo para el país en términos históricos. La Revolución no solo extirpó el tumor económicamente debilitante del imperio de la familia Somoza, sino también, de manera efectiva y dramática, llevó adelante la redistribución de la riqueza. Ni la pérdida del poder político en 1990 ni el subsecuente período de gobiernos neoliberales disfuncionales entre 1990 y 2007 pudieron eliminar esos logros históricos. Bajo el régimen de Somoza, las propiedades de 50 manzanas o más constituían la mitad de la tierra arable del país. Hoy, ese número es sólo de el 18%, el resto permaneciendo en las manos de pequeños agricultores y cooperativas, tanto de sandinistas como de ex-contras.

La unidades familiares, asociativas y cooperativas en Nicaragua, referidas como una "economía popular, no-capitalista" son uno de los principales actores económicos en el país, contribuyendo con cerca de un 53% del PIB calculado según la producción (y con más del 60% del PIB basado en el ingreso disponible), a la vez que emplea a un 70% de la fuerza de trabajo. En Nicaragua, donde 90% de los alimentos consumidos son de origen nacional, 85% de la comida es producida por cooperativas. En el sector servicios, actividades como el transporte público están totalmente controladas por cooperativas. Con 50,000 socios, el banco cooperativo CARUNA se ha convertido en un importante recurso financiero, independiente del sector financiero privado. En el comercio minorista, los mercados populares son los principales distribuidores de bienes importados a la población. En esos mercados, los comerciantes organizados trabajan codo a codo con las autoridades (por ejemplo, combatiendo movidas especulativas o garantizando la seguridad en todos los sentidos) a la vez que concentran la mayor parte de las remesas familiares que los nicaragüenses fuera del país le envían a sus familiares, haciendo así una realidad de la vieja consigna revolucionaria de "¡Solo el pueblo salva al pueblo!"

Como lo escribe el científico social nicaragüense Orlando Núñez, "si el socialismo es definido como el control de los productores asociados sobre la economía, entonces Nicaragua cuenta con una fuerte base para emprender el camino" de construir dicho orden social. (1)

Esas son las realidades que académicos de derecha como Arturo Cruz ignoran cuando hablan acerca del futuro de la economía nicaragüense. Le esquivan el bulto al fracaso estratégico de la oposición derechista derivado de la evidente realidad de que el libre mercado capitalista excluye a las mayorías empobrecidas del país. Por el momento, la clase empresarial de Nicaragua, siguiendo el dinero, continúa apoyando el exitoso programa de democratización económica inclusiva del Gobierno Sandinista, con más diversificación del comercio exterior y un ritmo sostenido de inversión en infraestructura de todo tipo. Los argumentos de Cruz, esencialmente son una pobre disculpa por las políticas que destruyeron la economía de Nicaragua durante 17 años hasta que Daniel Ortega llegó al gobierno por segunda vez en enero de 2007 y le dio vuelta al país. Ahora, junto con la de su socio del ALBA, Bolivia, Nicaragua consistentemente se ubica entre las economías con mejor desempeño en América Latina.

(1) “La tempestad política de la izquierda latinoamericana”, Orlando Núñez Soto, Revista Correo #44, March-April, 2016.


Tortilla con Sal, 22 de agosto 2016

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sábado, 20 de agosto de 2016

DOCUMENTAL: Mulukukú 1984


Documental elaborado en 1984 por el Sistema Sandinista de Televisión y la Dirección Política del Ejercito Popular Sandinista (E.P.S.) sobre el entrenamiento militar que recibían los jóvenes que iniciaban el Servicio Militar Patriótico (S.M.P.) en la Centro de Entrenamiento Militar CEM de Mulukukú.
























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viernes, 12 de agosto de 2016

Transfiguración hebrea del monoteísmo pre-existente y deformación supremacista por medio de la Torah

“No es extraño que, por su parte, los hebreos “abrazaran” a El con bastante tardanza: pues concebir a El es el correlato de sedentarización y agricultura, y, con ellas, de la dependencia productiva y social-reproductiva respecto del cielo y sus fenómenos”


Tamer Sarkis Fernández

I. Introducción

El Yahvé de los hebreos en los primeros tiempos yahvíticos, en tanto que modo tribal de aludir al “hemisferio” fértil de El, Il… (voz con que el campesino neolítico del Levante Mediterráneo designó “Aquello que posee Elevación”; aún hoy en el árabe moderno “aali” se refiere a “alto, elevado”), equivale por ejemplo al (muy anterior) Enki sumerio y a su relación respecto de En o An (Dios). Enki era Dios en su lado generativo vital, siendo contracción fonética de, literalmente, “Maestro del Agua” en un sentido sintético dual de dueño y señor, dominador, del agua, tanto como de maestro en sabiduría y capacidad -que rige el agua, que la domina. Percátese uno aquí del solapamiento conceptual de “agua” y de “vida” en el mismo significante Ki.

Debo aclarar, respecto de la semántica de En, que la L levantina pasa a ser N en la fonología sumeria ya “semitizada” por la adopción del acadio como lengua “usual de expresión” entre gentes del pueblo, mientras el sumerio quedaba como lengua culta-escrita y empleada para la transmisión educativa, a la vez que como lengua burocrática, académica, escolar y para los volúmenes de las bibliotecas. De modo que “AN/ANU” sumerio y “EN” sumerio-acadio es “EL” amorrita-levantino. Volviendo a Enki, re-aparece luego en Egipto (Ankh, “vida”).

También re-aparece entre asirios (Shaamash, “sol”), correspondiéndose semánticamente a Hadad-Enki, y a partir de cierto momento designando una cualidad sobresaliente y esplendorosa del Hadad (Dios en su hemisferio de fertilidad y generatriz o productor). Así: el nombre de uno de los Emperadores asirios, el amorrita Shamsii Hadad (“Vida soleada” o “Vida resplandeciente, luminosa”).

Es probable que en relación a este devenir del término Hadad en sinonimia con el término asirio “propio” Shaamash, no sea razón ajena la “inyección” e irradiación paulatina entre los asirios de la variante lingüística caldea desprendida del arameo. Esta variante diatópica se había preservado en el antiguo reino arameo de Caldea y había “subsistido” al dominio imperial asirio, siendo así que, cuando la lengua aramea se vuelve hegemónica en buena parte del Creciente Fértil como reflejo de la preponderancia comercial de los arameos y de sus ciudades-Estado, llega un momento en que hasta el imperio asirio la hace su lengua (el caldeo en concreto) comercial, estatal, diplomática y teológica. Y de ahí la confusión que subyace a algunos arqueólogos e historiadores cuando atribuyen a los más trascendentes Emperadores asirios el erróneo epíteto de “caldeos” (como al decir con equivocación “el caldeo Ashurbanipal”).

“Paralelamente”, entre los amorritas establecedores de Babilonia (2300-2100 a.C.), “Shaamash” llegará a atesorar el sentido esencial de “La Justicia”. Hasta Shaamash alarga su mano el mismo Amurabi (el Amorrita) para recoger de su don las varas de medir, símbolos de Autoridad y de Justicia. El lector se preguntará sobre este doble salto geográfico y civilizatorio del término, pero recordemos al respecto que fueron los amorritas pobladores de las estepas norteñas de Mesopotamia quienes establecieron en Ashur a sus dinastías regentes -véase el temprano Shamshii Hadad, 1814 a.C.- , y de ahí la presencia de Shaamash tanto en Asiria como en Babel.

II. Adopción hebrea del monoteísmo cananeo y apropiación particularista

No es extraño que, por su parte, los hebreos “abrazaran” a El con bastante tardanza: pues concebir a El es el correlato de sedentarización y agricultura, y, con ellas, de la dependencia productiva y social-reproductiva respecto del cielo y sus fenómenos; y lo cierto es que los hebreos de linajes abrahámicos se sedentarizan “bastante tarde” (en torno a 1000 a.C., en Canaan).

A partir de cierto punto transitivo hacia el sedentarismo, hay constancia de que los hebreos, quienes llegaban cargados de politeísmo previo (tal y como suele corresponder a las comunidades cazadoras, recolectoras y pastoriles: la misma voz “eebri” alude a nomadismo), gustan empezar a auto-denominarse “israel”. Tal punto de inflexión ideológica fue mitificado en las tradiciones orales hebreas, y luego en la Torah, con el pasaje del re-nombramiento divino de Jacob (Israel).

La voz “Israel” albergará en ese punto una cuádruple connotación, estando, por lo demás, interconectado el sentido de cada elemento:

“Familia de Dios” (en un sentido parenteral amplio: Osra-El);
“El que ha combatido con Dios” (junto a Dios);
“El que ha combatido con Dios” (el que se ha enfrentado a él, el que le ha desobedecido, el que le ha desafiado);

“Guerrero de Dios” (esta acepción entronca estrechamente con la primera de “familia”, pues la función “militar” es dimensión inseparable del sistema de relaciones en que se vinculan los miembros de la comunidad gentilicia, así que ser “familiar” de alguien significa indiscerniblemente ser su “guerrero” y “protector”).

No faltan las interpretaciones que sitúan la interiorización teológica de El (Hadad-Mot) entre hebreos, en pleno periodo nómada pastoril caracterizado por los varios itinerarios de cruce entre extensiones peninsulares. Tampoco faltan -vistas las transformaciones escritas posteriores que forman parte del acervo judaico-, las imágenes, las metáforas, las expresiones…, que avalarían esta hipótesis (el cordero de Dios, la relación obviamente pastoril entre el Dios-Pastor y su pueblo-Rebaño, el “remanso de paz” buscado, los requerimientos sacrificiales de una cabeza de ganado transcritos ya en los primeros pasajes de la Torah, el ritual ancestral hebreo del holocausto, consistente en quemar rebaños enteros como acto sacro -sacrificio- conciliatorio, etc.).

Para dar todavía un giro de tuerca a la incógnita, no podemos dejar de recordar la inexistencia de consenso científico respecto del motivo material-subsistencial de la entrada hebrea en Canaan, afirmando, algunos investigadores, que los hebreos de “Abraham” habían llegado a recolectar, mientras otros los caracterizan, a su llegada al “Levante” mediterráneo, como bandas -y no tribus- de “puros” cazadores-recolectores ajenos a pastoreo por aquel entonces.

III. Hebreos: ¿un pueblo?

Recalco el epíteto de “abrahámicos”, o “de Abraham”, porque no son extraños los filólogos y los etimólogos postulantes de la siguiente tesis: “hebreo” designaba lingüísticamente, en principio, nada más que una condición social-gregaria y “de modo de vida”. Al decir de estos investigadores, se era “hebreo” -en un principio de significación- con arreglo a practicar colectivamente unas u otras artes de subsistencia (caza, recolección, domesticación y pastoreo…) ligadas al nomadismo y al despliegue ocasional o estacional de campamentos, en “contraposición” a un entorno marcado ya desde antiguo por el poblado y luego por la ciudad (Ugarit no es ya un mero poblado neolítico sobre el 8700 a.c., y por ahí andan Urshalem, Jericó y otras ciudades. Alepo -la Yamhad de los amorritas-, no tarda mucho en desarrollarse y complejizar su estructura…).

Por tanto -y siempre al hilo de estas tesis-, quienes fueron llamados en un principio “hebreos” no conformaban UN “pueblo” y ni mucho menos coincidían en UN conjunto de rasgos de idiosincrasia, ni idiomáticos tampoco. Habrían encarnado, por el contrario, un concepto “difuso” referido a tribus, agregaciones y bandas en muchos casos sin ninguna relación entre sí, ni objetiva ni inter-subjetiva (ni de origen, ni de distribución de producto, ni tampoco de paso por itinerarios comunes…). Era el ojo del “ciudadano”, del poblador o del aldeano sedentario aquello que los “unificaba” en el imaginario social, al contrastarlos con el “umran hadari” propio (Ibn Jaldun) y al no pocas veces ver en ellos y en sus rebaños “irrumpidores” una “distorsión” o una “ruptura” de apacibilidad y de orden.

Debido a todo esto, me gusta precisar adjetivizando con mención al mito “abrahámico”, cuando hablo de las comunidades hebreas que se instalaron en Canaan, pues la realidad “hebrea” fue más amplia y sobre todo fragmentaria.

Sea como fuere, la genealogía de noción de Dios Único, al que se alude evocando su “elevación”, está, entre los semitas primero levantinos y más tarde mesopotámicos, tanto como entre los sumerios no semitas hasta su auténtica fusión de descendencia con los acadios, eminentemente ligada a la aparición de la agricultura. Lo que no obsta en modo alguno para que los hebreos, quienes permanecerán pastores nómadas aún por milenios, pudieran haber adaptado esa Super-Estructura teológica a su cosmovisión referencial.

En cualquier caso, la etimología de “hebreo” reside en “los que cruzan; los que atraviesan”, pura alusión a nomadismo (obsérvese “cruzar, atravesar”: “aabara/iabiru” en árabe moderno, respectivamente pretérito y presente de la 3ª persona del singular, siendo aabri el participio activo).
Mientras “Abraham” a su vez, nombre mítico donde los halla, alude a “Quien los cruza; Quien los conduce a través de”, tradición recogida en la suposición torahica de viaje desde Ur (Sumeria) a Canaan -siglos XI o X a.C.-, tránsito en el que puede haberse desarrollado ya ideología de relación con El, transfigurada en esos manuscritos babilónicos como relación con Yahvé o Jehová (JHV en las estelas hebreas halladas en moabita, alfabeto que los hebreos aprendieron en Canaan). En este aspecto teológico hebreo de El o Il, toda la tradición, toda la “memoria” re-contada y toda la efusividad rabínica, no valen lo que vale el testimonio de una fría “huella” escrita o material-representativa, siendo lo cierto que no las hay relacionadas con aquel presumido “viaje desde Ur” (y ni tan siquiera las hay respecto del propio “viaje” bíblico desde Sumeria, y no digamos ya de la pre-existencia hebrea en Ur -inverosímil para pastores y recolectores-, por mucho que se detalle en la Biblia el paso de Abraham por Alepo).

Obsérvese, respecto de esa última derivación onomástica, que el participio activo (quien realiza la acción) es artificialmente “actualizado” como “aabri” en idioma árabe moderno según un patrón estándar (-aa-i) de aplicación al verbo. Pero en las sucesivas variantes levantinas (cananeo y sus dialectos fenicio, ugarítico, hebreo…) del tronco lingüístico semita, este sonido de “A larga” había sido realmente “Ee” para muchísimos vocablos. Y lo continuó siendo con la extensificación del árabe y su aprendizaje, preservándose esta pronunciación hasta hoy y siendo audible por ejemplo en el árabe de Líbano, palestino y sirio-litoral.

De todos modos, Abraham es “Ibrahim” en árabe, siendo aquí el lexema “Ibra” un participio activo, y, a su vez, siendo el sufijo de 3ª persona plural, “-him”, alusivo a “ellos” (quienes son cruzados, llevados), mientras que la palabra árabe “ibra” significa hoy “inyección” (que atraviesa la dermis). Por su parte el castellano, pleno de influencia léxica árabe, presenta la palabra “enhebrar”, referente a atravesar con el hilo el ojo de la aguja, así como la palabra “hebra” de hilo (para coser, en el tejido…).

El mencionado “encuentro” hebreo de El (aconteciera éste durante la sedentarización o bien desde antes) será condición permisiva para el posterior desdoblamiento de Dios en Yahvé (dios de la lluvia, de la bonanza estacional, del crecimiento de los cultivos…), paso ideológico que, como ya explico arriba, había sido dado antes por varios otros Grupos Humanos peninsulares, y que parte de recoger la dialéctica primigenia Hadad-Mot y re-formularla, re-nombrarla…

Quizás la diferencia/disrupción que los hebreos representaron en este aspecto, resida en haber conferido a El una identidad particularista, en “virtud” de la cual El pasaba a ser concebido como benefactor, interventor, censor, castigador, director, salvador, conductor, Pastor… de “su Pueblo” y para su Pueblo. Es decir: los hebreos llegan a renegar de la premisa de -por así llamarla- “Universalidad” de El, enunciando que éste es SU Dios porque a ellos ha elegido.

Llegados aquí hay que advertir: esta creencia particularista no debe ser confundida con la posterior tergiversación rabínica introducida desde Babilonia tras la migración de la élite israelita desde Palestina. Aquello que los rabinos introducen desde “su exilio” es la idea de “Pueblo Elegido” en un sentido Supremacista y de Destino dominador reservado por Dios a su Pueblo si este último sabe cumplir virtuosamente con su voluntad y plegarse a “lo que debe”.

Mientras que, en cambio, para los hebreos, la relación particular establecida -la Alianza- no había significado, en un principio, Supremacismo, sino la delimitación de una relación exclusiva con SU dios (sin entrar ni salir en la cuestión de deidades terceras y de la relación particular que ellas pudieran establecer con Grupos Humanos terceros). Se hubo tratado, pues, de un particularismo no monoteísta estricto sensu, sino “de monolatría”, pero que, en cualquier caso, irá cambiando en el intervalo histórico entre el “tiempo de los Profetas” y el “tiempo de los Jueces” (Rabinos), y culminando en la invención sacerdotal (rabínica) de una vengativa especie de “particularismo hegemonista”.

 IV. La noción de El colonizada por la noción de Jehová

Por otra parte, en medio de este tránsito entre periodos había tenido ya lugar en la conciencia colectiva de los hebreos, la identificación (con-sociación) entre Yahvé y El, siendo así que aquella deidad que había sido concebida como, por así definirla, “la mitad de El”, llega a tomar su lugar en la conciencia y a ser representada Dios (en tanto que tal). De modo que el cambio teológico experimentado por los hebreos puede secuenciarse, a muy grandes rasgos, como sigue:

1) Nomadismo y correlativamente politeísmo, con toda probabilidad totémico.

2) Interiorización de El y auto-percepción gentilicia como “isra-El” (el parentesco, o la gens, de Dios) y en lo sucesivo como “benei israel” (hijos de “israel”): exlusivismo o particularismo NO hegemonista respecto de otros Grupos Humanos. Puesta de El (“el que posee elevación; el que está elevado”) en su duplicidad de Hadad (Yahvé) y Mot (probablemente Moloch en principio, y luego Shitán).

3) Identificación de Yahvé con Dios (equivalencia Yahvé-El). Yahvitismo pre-judaico (continuidad del paradigma de exclusivismo NO investido de “vocación” dominadora: Yahvé, o JHV, es el Dios “identitario” y diferencial de Israel).

4) Ruptura de la divinidad: divorcio del polo “entrópico-negativo” de Dios respecto de Dios mismo (en otras palabras, Yahvé, o JHV, deja de ser también Shitan en sí mismo). Así pues, el Principio de esterilidad (Mot) re-aparece en la Torah como anti-divinidad; ángel caído. Aun con ello, obsérvese la reminiscencia de la concepción dialéctica “unitaria” precedente: pues Shitan es presentado al fin y al cabo como antiguo “ser de Luz”, y además el más luminoso (en la Torah, Génesis: “el que porta luz”, “el envuelto de luz”, que la refleja, “el que brilla”) de entre todos los ángeles (“ángel”: “ankh-El”, o “vida de Dios”).

Pero lo más importante de este periodo de judeo-supremacismo incipiente es que: se opera un cambio diametral en la forma de concebir el particularismo de relación entre Dios y “el Pueblo de Dios”. Puesto que tal particularismo había aflorado y se había desarrollado como antítesis al “universalismo” inherente a El tal y como había sido concebido por los Pueblos que lo habían interiorizado antes. Tal particularismo, o exclusivismo, poseía unas repercusiones y unas vinculaciones puramente endógenas, es decir, para los mismos israelitas.

Por el contrario, el particularismo tal y como se expone en el judaísmo primitivo (Torah), es un particularismo de vínculos universales con la humanidad (particularismo jerarquizador): gentiles de un lado, y judíos de otro, quedan vinculados por la estructura política de subordinación que articula sus Destinos respectivos. Por eso los requerimientos y exigencias dispuestos por Yahvé son de orden muy distinto en función de ser judío o de ser gentil. Pues también difiere cualitativamente aquello que Yahvé dispone para a los unos y para los otros, y, aunque un gentil pueda hallar salvación, siempre y solamente la hallará: primero, de acuerdo a un Destino servil ante el judío en el orden terrenal futuro “paradisíaco” para los judíos, y, segundo, si ha servido en vida a la consumación de los propósitos judaicos (tanto profanos y nada “trascendentales” como post-Armaghedon) y ha obrado “para bien del judío”. Ateniéndonos a lo expuesto y expresando el proceso como secuencia dialéctica, la cosa queda así:

TESIS: Universalidad de El, Il, Elah, Aali, Il.lah, En, Anu… para los Grupos Humanos del Creciente Fértil.

ANTÍTESIS: Exclusivismo hebreo de tipo endógeno (El, Dios de su “osra”, o “israel”, y luego Yahvé o Jehová (JHV).

SÍNTESIS: exclusivismo judeo-testamentario (Torah) con proyección universalista, pues se trata de un particularismo que se pretende Principio ordenador de la estructura de relaciones en el seno la humanidad según el dualismo político judío/gentil.

V. Complejización de la totalidad dialéctica Hadad-Mot en el imaginario gentilicio de la región

Los sumerios desdoblarán aquella dimensión productiva/ germinadora/ afloradora/ exuberante/ arrolladora/ turbulenta (Hadad, o Enki para ellos), parte de lo divino, en dos sub-dimensiones consecutivas, respectivamente femenina y masculina: Inana-Damuzi.

Inana será evocada como Ishtar en Babilonia y por los cananeos como “Astarté”, al tiempo que Damuzi (contracción fonética de Damu-zi-Abzu, literalmente “el buen hijo del Agua”) es el Baal de los cananeos (fenicios) y fue quizás de los ugaríticos antes que de nadie. Baal: deidad de la lluvia, de los cauces torrenciales, del relámpago, de la tormenta… (“El Auriga de las nubes”, “Maestro de la tormenta, lluvia y tierra”), “aunque” es al mismo tiempo deidad solar (fuerza del sol, capacidad fecundadora, irradiación vital y “educación” sobre la vida en expansión, etc.). Todos ellos, atributos en coherencia con el papel que el imaginario contextual le reserva: subdimensión masculina del Hadad, mientras a Astarté se le atribuye el reverso “no tempestuoso” de florecimiento, templanza, equilibrio, calidez, fertilidad, etc.

Dicha subdimensión masculina del Hadad-Enki, subdimensión “encarnada” en Sumeria por Damuzi (“el buen hijo”), será llamada Tammuz por mera derivación fonética en Acadia. También, por extensión de influencia, en Babilonia, donde An sumerio (Dios) es Marduk. Varios siglos después, ciertas localidades costeras cananeas (caso de Gib’ el) desarrollan para esta misma noción el nombre “Adon”, de quien los griegos harán transfiguración mitológica (Adonis). Desconozco en qué medida las tribus hebreas acogieron a Adon en su propia cosmología, pero, presente ya en la Torah, sí pasará a formar parte del judaísmo (Adonai: Adon-ai, “Mi Señor” o “Señor Mío”).

Hay que señalar, sin embargo, que la concepción de Baal atraviesa unas modificaciones que culminan en su asimilación con El. Este proceso último ha dejado registro onomástico, siendo, por ejemplo, el mismo nombre, tanto el nombre arameo “Manuel” -Ma/nu/El: “Con nosotros sea Dios”-, como el nombre cananeo Manibaal -Ma/ni/Baal: “Con nosotros sea Dios”. En un caso más del modelo de cambio del fonema “a” por “e” en extensiones enteras del arco mediterráneo levantino, Baal era pronunciado Bel por cananeos y otros pueblos litorales, siendo que hoy, sin ir más lejos, en las zonas costeras sirias y de la cordillera litoral, el citado “Manibaal” se pronuncia “Manibel”. Igualmente, los nombres cananeos luego hebraizados acabados en -bel como Isabel, Jezabel, Anabel, hacen por supuesto nombramiento a Baal.

Más adelante, “Baal” será incorporado en Asiria: así “Ashuurbanipal”, o Ashuur-bani-Baal (“Asirio, hijo de Baal”, donde Asirio = A-sirio = El sirio. Por tanto, “El sirio, hijo de Baal”). O también “Ashuurnasripal”, esto es, Ashuur-naaser-Baal (“Asirio Baal Salvador”, o tal vez “Asirio que da a Baal la victoria”). Más tarde aún, vemos preservarse en la colonia fenicia de Cartago la noción fenicia de Baal indistintamente asimilado a Dios. Así: “Anibal”, o “Hanni-Baal” (“Gracia, o Dicha, de Dios”).

La aludida “colonización” de la concepción de Dios por la concepción “holística” de Baal, portó en sí el reverso de que Baal “proliferara” en la conciencia colectiva mediterráneo-levantina como mil facetas divinas distintas (aunque esto no deba confundirse con politeísmo). Así, Baal Zebaab (Dios Señor de las moscas, el Demonio Belzebub o Belzebú en la inversión valorativa típicamente judeo-cristiana posterior). O Baal Bek (Dios Señor del valle de Beca).

Muy anteriormente, al Oriente septentrional de Mesopotamia El, An, En hubo sido nombrado Ashuur, que proviene del vocablo “shar” (señor), al que la aposición prefijada “a” o “al”, que queda fonéticamente adherida como “as”, determina a la vez que resalta y provee majestuosidad, quedando de ese modo Ashuur como “El Maestro”, “El Señor”. Los asirios llevarán el nombre que a Dios dan, hacia su propia auto-denominación (asirio, ashuur), así como a la tierra que pueblan y dominan (el país de Ashuur, de Assur o de Athur: el país de Dios, y, por extensión, de los asirios, ashuuri, señores).

Puede hoy desgranarse aquella raíz “shar” de entre significantes como: “shar” (poeta), “saaiyed” (señor), “saiid” (feliz), “asiira” (tribu, comunidad gentilicia), “ashiira” (“señora de”, compañera afectiva, quien se incorporaba en su presencia, y aún llega a incorporarse, a la familia o al parentesco del marido por la institución antropológica de patri-localidad), Ashuuria (Asiria, es decir, As-siria, La-Siria) o, sin ir más lejos, Suuria, Suriia (Siria).

VI. Algunas especulaciones socio-lingüísticas

Cabe preguntarse si la raíz asiria no habrá llegado de algún modo hasta el castellano (señor) y el inglés (sir). También si acaso la raíz no mantendrá cierta relación con la raíz sánscrita primigenia (ar: “señor”) quizás de la mano de inter-conexión lingüística sumeria (la lengua sumeria parece ser indo-europea). No en vano, la voz “Ashuur” fue también la voz “Athur”, “At-hur”, mientras la raíz védica y ario-irania resuena directamente en las lenguas germánicas antiguas como el sajón, habiendo anclado por supuesto en la lengua alemana moderna (her: “señor”).

También se halla “ar” en la médula de designaciones alusivas a comunidad gentilicia territorial entre pueblos de lengua indo-europea (véase “ar-io”, véase el céltico “Eire” o véase Irán). Aunque es sobradamente conocida la historia del predicador Arrio y su tarea de cristianización primitiva, bien puede tratarse de un nombre mítico, y lo cierto es que los primeros germanos cristianizados se llamarán “arrianos” (creyentes del Señor), siendo posteriormente declarados herejes por la Iglesia en plena campaña sacerdotal de deificación de Cristo (aunque la misma oración católica del Credo había sido primero un rezo del arrianismo).

Por otro lado, quizás pueda establecerse “shar” en el núcleo etimológico de la voz indoeuropea-latina “Ser” en sus acepciones filosóficas de substancia o de coseidad, tanto como de esencia material objetiva de la existencia (ya he señalado que, a propósito de todo esto, quizás fuera el sumerio indo-europeo primitivo el elemento activo influyente en la fragua de la raíz “shar”).

VII. Ritualidad, simbolismo y más derivaciones socio-lingüísticas

El rito babilonio de fertilidad consistente en celebrar el acogimiento-contención-comprensión-inseminación-fecundación de Ishtar (Inana) por Marduk (An) será figurado en forma de estrella (estrella de Ishtar), donde el triángulo con vértice único ascendente representa a Marduk y el triángulo con vértice único descendente representa a Ishtar. Este símbolo “viajará” a Canaan como estrella de Astarté, y los hebreos no la adoptarán hasta milenios después (cuando su sedentarización ya avanzada en Canaan), junto a muchos otros componentes culturales y religiosos cananeos (ya “fenicios” en la voz lingüística griega).

Así, por ironías de la historia (y sobre todo de la historia política e ideológica), la estrella de Ishtar-Astarté, “interiorizada” en tiempos del Rey israelita David (una prueba más del sincretismo imperante en el yahvitismo pre-judaico), ha pasado a verse como patrimonio judío por antonomasia.
Paralelamente, el sufijo “-Ki” sumerio añadido a En (El) y designador (Enki) del aspecto productivo, fértil, de riego, de lluvia, creativo, inseminador, fecundador-conceptivo…, dentro de la dialéctica interna de lo divino, es una partícula que pareciera haberse incorporado hasta al japonés (donde Ki es energía vital). Recordemos que el japonés es un idioma uralo-altaico, y que, en cualquier caso, los sumerios, llegados a la Mesopotamia meridional desde los valles caucásicos y la Persia Extremo-Septentrional, hablaban una lengua No semita.

Sin embargo, es obligado hacer notar aquí que podemos estar ante un caso de mera homofonía, pues la concepción en torno a la energía de la vida (Chi) perteneciente a la cosmovisión china tiene todos los números para ser el regazo del Ki japonés (probada es la honda influencia histórica de China sobre Japón en campos variopintos, entre ellos el filosófico, la comprensión del cuerpo y de su relación con las fuerzas rectoras de la vida, etc.).

Y, aun así, es lícito preguntarse si acaso el Chi no hubo bebido por su parte del planteamiento sumerio que identificaba como agua la Physis organizativa de lo real, habiendo sido China “mera” bisagra entre Mesopotamia y Japón. Al fin y al cabo, la Fuerza Productiva matricial común fue el agua y la necesidad de apurar su potencial de abastecimiento social-reproductivo. Fue éste el ariete material a partir del que va engarzándose la estructuración social de la producción (Modo de Producción llamado despotismo asiático o hidráulico). La representación mesopotámica centrada en un Principio vital fluido, auto-conformador y polifacético, que todo lo atraviesa y en todo queda (Ki), debió sin duda de entroncar con facilidad en ese otro contexto más oriental, donde también era el agua -su encauzamiento y gestión organizativa- la base de la continuidad social (y por extensión “de todo”, “del mundo”, en el imaginario de las comunidades cuyo ser social mismo dependía de la socialización del agua). Quizás esta idea deslizante de Ki se deslizara hacia China (el Chi del taoísmo), y fluyera luego con el curso de la historia imperial continental hasta empapar a Japón regando el afloramiento del concepto de Ki como la fuerza, el espíritu, el ánimo ínsito al movimiento de la materia, que se sucede como Karma, o auto-determinación de causas-consecuencias.

VIII. Hebreos abrahámicos: realidad y fabulación testamentaria

No se sabe a ciencia cierta si Abraham existió con tal nombre, o si el suyo es la denominación mítica cuyo sentido he diseccionado antes. Puede que no designe “más” que al típico mito de origen (épico o epónimo), al uso entre muchos Grupos Humanos nómadas tanto pastores como cazadores-recolectores, y que se centra en un héroe quien “contra viento y marea” vence una serie de obstáculos interpuestos, procurando la fundación de la comunidad y asegurando su pervivencia. Este tótem (constante antropológica para estos grupos en una u otra parte del mundo) encarna la totalidad de la comunidad y a sus relaciones (presentes o pasadas) de fraternidad genuina afirmadas sobre la base material de la no separación social de clase.

Sea como fuere, las tribus hebreas “abrahámicas” pisaron Canaan y se asentaron en esa tierra a caballo entre los siglos XI y X a.C., es decir, muy posteriormente a los indicativos cronológicos que se reflejan en la Torah (2000-2100 a.C según algunos interpretadores), y que tuvieron sin duda la intención falsificadora de presentar una “confluencia” entre la presencia hebrea y la civilización cananea anterior, haciendo parecer que los hebreos hubieran sido una de las “fuentes aportativas” a la maduración de esa civilización.

Por lo demás, los hebreos en sedentarización más o menos inicial no pudieron haber sumado más de unos cientos de personas, tal y como enseña la Constante antropológica relativa a las formas de agregación inter-tribal nómada (Constante determinada por factores materiales como ecología/demografía, movilidad, recursos, Fuerzas Productivas tales como el ganado, etc.).

En Canaan -y contra el mito de la “pureza de sangre”, de la endogamia y tal…, que el judaísmo testamentario ha cernido sobre los antiguos hebreos-, estos se mezclaron con moabitas, amonitas, amorritas, cananeos, arameos, edomitas…, validándose así la institución antropológica de “toma de mujeres” e incorporación de éstas a la gens como acto -de don, de ofrenda o de intercambio- que inaugura la relación humana de socialidad entre comunidades gentilicias distintas.

Contra la creencia común de “hebraicidad”, Raquel (Raq-El, “delicadez de Dios” o “claridad de Dios”, o “ternura de Dios”, o “simpatía de Dios”, o “compadecimiento -en sentido de solidaridad- de Dios”) , Sara, Rebeca, Ana (Hana, “Gracia”, “felicidad”), Elisabeth (“El salve a nuestra casa”)…, son nombres arameos, aunque incorporados al acervo hebreo dado la práctica de unión con mujeres arameas. La Torah misma habla del caso de Sara y de cómo Abraham la hizo su esposa. Recuérdese también que Moisés se casa con la hija del sacerdote cananeo Ra’ u’ el, quien -siempre según la propia narrativa de la Torah- lo acoge en la ciudad de Mediah cuando Moisés llega prófugo de Egipto, hasta que el hebreo decide volver al país de los Faraones.

Se cuenta en la Torah que Abraham y sus tribus llegaron a poner pie en Jerusalén (la cananea Salem, tal y como la ciudad es nombrada en esas páginas), hallando ceremonioso recibimiento de pan y vino por parte de su Rey Melchizedek, quien bendijo a Abraham. Este monarca, atesorador de altas funciones teocráticas, es presentado por la Torah literalmente como “el Sacerdote del Supremísimo Dios” (o sea, de El), mención que por sí nos muestra reminiscencias de la extendida creencia en El, Il, pervivientes hasta en la Torah.

Con el paso del tiempo, los hebreos aprenderían de los cananeos escritura, numeración, idioma (el hebreo, como el fenicio, no es otra cosa que un derivado dialectal del cananeo), aspectos de cultura material como la producción con metales…, y por supuesto el fondo religioso característico de Canaan.

Parece, como mínimo, “poco verosímil” que ese escaso número de seres hubiera podido jamás “forzar” su implantación espacial en medio de un contexto material y guerrero muy superior al suyo propio, y todo indica que “se les dejó estar”. Arraigaron por siglos a lo ancho de un área cifrada por la ciencia arqueológica en 16 km2, llegando con el tiempo a fundar un reino unificado (Judea al sur e Israel al norte) no mucho más extenso durante este periodo de unión política.

Desde luego, la realidad cae aquí muy lejos del “fabuloso” (de fábula) Israel bíblico, descrito en la Torah como extensión desde el Negev al sur y lindando al norte con el llamado “país de los cedros y el incienso” (Líbano) para englobar incluso ciudades como Sidón y Tiro.

No digamos ya si la realidad se compara con la fantasía de “Salomón Rey de Reyes” llegando a dominar y a obtener supeditación desde el Sinaí al oeste y Elam al este hasta Sheva (Sava) al sur, pasando por Asiria. Con este cuento los Jueces escritores de la Torah pretendieron sin duda dar “carta de naturaleza material” al mito de la promisión yahvítica del “Eretz Israel” a Abraham en el monte Sión, dándose a entender que durante un tiempo histórico interrupto la “herencia” había ya empezado ha hacerse realidad.

IX. Secularización pseudo-científica sionista de la ficción antiguo-testamentaria

El sionismo secular “modernizaría” esta invención a través de la aplicación de su particular pseudo-historia, pseudo-arqueología, pseudo-etnología…, agitándola como bandera ante mentes “no teocéntricas” o escépticas, pues así pretendía poder dar a sus ambiciones territoriales políticas un “fundamento” no necesariamente teológico, sino “histórico” (si es que a tales “escépticos” podían bastarles las ocurrencias escritas de unos rabinos, con todo el respeto para ellos, acompañándolas, eso sí, de todo un aparataje de pseudo-investigación pagado por el Congreso Mundial Sionista).

Para más inri, el diminuto reino atravesó por sucesivas vicisitudes de fragmentación, en cuya relación las desavenencias teológicas jugaron un papel no menor. Los israelitas del norte (samaritanos) valoraban, en no pocos casos, como una farsa el supuesto “arca de la Alianza” supuestamente sita en Jerusalén, mientras otros entre ellos exigían que ésta fuera trasladada a su “legítimo lugar”, Samaria, negándole a Jerusalén ser “el centro de sacralidad”.

Estos septentrionales fueron siempre enemigos declarados e irredentos de la tribu hebrea de Yahuda (nombre masculino en honor de Yah, o JVH) cuyos miembros tenían la hegemonía en el sur. De ahí el nombre de “su” Reino, Judea, y de ahí también su evolución hacia el gentilicio “judío” con que los romanos designarían a los habitantes de ciertas áreas de Palestina, concretamente a los pobladores de la región administrativa de Judea dentro de la Provincia romana de Palestina (dividida administrativamente en Judea, Galilea y Samaria). Ello sin que esa aplicación gentilicia regional significara per se -oh, gran y espeso error, que “ha traído cola” histórica- atribuirle judaísmo de creencia a la persona o al grupo específico.

Ambos grupos de “benei israel” (“hijos” o descendientes de “la familia de El”; o Dios) conocieron más guerra que paz entre sí hasta que David los “liga” en unificación política, convirtiéndose en primer Rey del Reino de Judea e Israel (aunque se le llama “Rey de Israel”), cuyo legado recoge y consolida Salomón (Shlom-o, o “Pacificador”).

Cuenta la Torah que Salomón mandó construir un suntuoso templo en consagración a Jehová. Y en esas páginas mismas se cuenta que el Rey solicitó la labor de orfebres fenicios, quienes eran además duchos en el trabajo de ornamentación con marfil, mármol, madera… Pero lo que la ciencia arqueológica puede decirnos de momento, difiere substancialmente: hay Registro Material de que el famoso templo de Salomón, hoy en el subsuelo bajo los cimientos de la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén, fue consagrado a Moloch y a Baal, divinidades cananeas de las que hemos hablado antes, y cuyo culto y creencia las tribus hebreas habían asumido.

Esta comprobación es todo un mazazo para quienes, ya a partir de la Torah como médula del judaísmo testamentario, establecen poco menos que una equivalencia entre yahvitismo diferenciador e historia “evolutiva” de la teología de los hebreos (y se trata de un mazazo redoblado si se tiene en cuenta que en plena época salomónica la historia hebrea en Canaan estaba ya bastante avanzadita). En cualquier caso, ahí queda el dato.

Por supuesto, hay arqueología y arqueología, y en Palestina, hoy y por lo menos desde la creación del Estado de Israel (1948), hay arqueología para dar y vender, nunca mejor dicho. Palestina aloja en nuestros días por lo menos dos veces más excavaciones, proyectos, prospecciones, investigaciones, actividad en yacimientos…, que cualquiera de los demás “núcleos fuertes” arqueológicos del Planeta (China, Siria, Irak, Irán, Turquía, Asia Central, México, Andes, Indostán, etc.). Ni que decir tiene que la abrumadora mayor parte de esta actividad tiene lugar bajo la promoción del aparato sionista (y a su completo servicio), o del sionismo internacional y/o de su poliédrico “mundo académico” desplegado a lo largo y ancho del Mundo. Ellos “demuestran” todo lo que a priori tengan establecido “hallar” y “probar”.

Una de las “maravillas” provistas por la arqueología sionista (o cripto-sionista, o filo-sionista…) se revela en la “sustentación” del famoso “cautiverio” en Egipto y luego del famoso “éxodo” desde el país de los Faraones, “hechos” de centralidad en la Torah.

Desde luego, los egipcios, en su rivalidad con los hititas por hacerse con la definitiva hegemonía geopolítica, penetraron en Canaan y rebasaron Jerusalén (Ur Shalem, o “ciudad de la paz”, que hubo sido fundada alrededor del 8000 a.C por un pueblo semita remoto, los jebuseos). Los ejércitos faraónicos continuaron hacia el norte y expandiéndose hacia el Este, hasta librar con los hititas la célebre batalla de Qadesh (en torno al 1300 a.C.). Qadesh había sido una ciudad-Reino amorrita que data por lo menos del 4000 a.C.

La contienda tuvo lugar en los rebordes (y algunos investigadores sostienen que también sobre las aguas) de la enigmática e irrepetible laguna verdescente homónima, emplazada en la Siria actual. Hay Registro científico de que los egipcios hicieron prisioneros a su paso por la región, tal vez entre los hebreos tanto como entre otras gentes. Parece ser, por lo demás, que el rapto no fue hecho “a la avalancha”, sino seleccionando determinados elementos, quienes serían puestos luego al servicio del Estado.

Sin embargo, no hay constancia arqueológica (ni paleográfica egipcia ni por parte de ningún otro “grupo protagonista” de la escena, como los mismos hititas) relativa a lo que se dice “cautiverio”, ni a la deportación ni presencia masivas de hebreos en Egipto. Tampoco la hay, por ende, de “éxodo” masivo o “popular” alguno, lo que no es óbice para que al tal Moisés y a otros posibles deportados y colaboradores en la Corte faraónica, se les acabara dando libertad en uno u otro momento.

No cabe duda científica, principalmente, de que los hebreos hechos reos no lo fueron en Canaan, más que nada porque desde que la campaña egipcia se produjera, tendrían aún que transcurrir mínimo tres siglos hasta que los hebreos empezaran a poner pie en Canaan. Esto no obsta para que efectivamente los egipcios hubieran capturado nómadas hebreos asentados transitoriamente en franjas más orientales de “la Siria natural”, o inmersos en sus rutas e itinerarios de apacentamiento.

Desde luego no hay constancia, por otra parte, no ya de la apertura en canal del Mar Rojo por voluntad de Jehová para dar paso a su “Pueblo Elegido”, sino tampoco de la épica “travesía por el desierto” de Egipto. Travesía que, dadas las circunstancias, pudo haber dejado algún tipo de Registro Material en concepto de restos de cuerpos, puesto que algunos de “los hebreos perseguidos” debieron de perecer durante la penosa huida sin apenas agua ni alimentos (por mucho que la generosidad de
Yahvé obrara la providencial lluvia de Maná).

Tampoco la ciencia puede ofrecernos nada en relación a la pernoctación colectiva a la falda del monte Sinaí, donde Moisés habría recibido de Jehová las “Tablas de la Ley” (¿O de EL?; ¿qué pensaban de ello en aquel entonces los antiguos hebreos (o “isra-El”?). Monte Sinaí, o “monte de la Luna”: “Sin” era llamada la luna, y la diosa de la luna indistintamente, por ejemplo por varias comunidades gentilicias de la Mesopotamia meridional; aún hoy los “árabes de las marismas” pescadores de Shat Al-arab y otras zonas próximas, decoran los tejados de sus viviendas -de ancestral procedimiento constructivo- con símbolos semejantes a los símbolos acadio-sumerios relacionados con Sin.

Los Jueces artífices del judaísmo testamentario, y su Torah, valoraron el mítico “acontecimiento” de recepción de esos preceptos, en tanto que salto cualitativo en aquello que estos rabinos habían tomado por relación diferencial entre Jehová y su grupo selecto de mortales diferenciales (Yahvé, dios de israel, daba a sus favoritos los preceptos escritos para que ELLOS los cumplieran y se prepararan así, a ojos del “Justo Censor”, hacia ver consumado su Destino de Supremacía). Con ello no estoy afirmando, ni muchísimo menos, que las gentes hebreas durante el extenso arco histórico pre-judaico-supremacista interpretaran así ese mito suyo.

En lo que a este punto último atañe, la ciencia, que no ha hallado tablas pétreas sino códices jurídicos escritos de la mano del hombre durante el periodo demarcado en una de las cinco secciones de la Torah (“Reyes”), vincula contenidos legales y normativos con el legado que, en unos y otros lugares, el Código de Hamurabi había sembrado.

Aunque, véase al menos una cualitativa diferencia: si bien el Emperador babilonio -de Dinastía amorrita “sirio-occidental” que fuera conquistadora de gran parte de Mesopotamia (de ahí el nombre Hamurabi referido a gentilicio)-, había escrito: buen trato con los semejantes, en cambio los “benei israel”, desde la labranza de su exclusivismo característico, escribieron “Amarás a tu pueblo como a ti mismo” (y NO “a tu prójimo” en abstracto y tout court, tergiversación cristiana posterior de esa ley mosaica).

Dicho esto, de ningún modo la generalidad de las gentes hebreas acogió ni interiorizó el sistema de ritos y creencias desarrollado ya en el ocaso del siglo IV a.C. por los Rabinos (auto)devenidos Jueces a la sombra del Imperio neo-babilónico, y cuya teología esos Jueces exportarían a Palestina apadrinados por los invasores persas de Babilonia, con quienes habían entablado alianza.

Sirvan de ejemplo los citados samaritanos, yahvíticos pero en modo alguno judíos por ideología/religión (ni siquiera lo eran todavía en tiempos de Jesucristo), y contra quienes los “exiliados” se emplean con crueldad cuando entre los siglos II y I a.C. toman Canaan “a sangre y fuego” (son palabras textuales de la propia Torah al narrar la campaña de Josué, quien con su trompeta asola los muros de Jericó). De hecho, el tendencioso “retrato” que de los samaritanos hace la Torah es marcadamente “negativo”.

 El autor es vicedirector de DIARIO UNIDAD
 
 
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miércoles, 10 de agosto de 2016

DOCUMENTAL: "Bajo la nube de Hiroshima".

Cada año se inscriben nuevos nombres en la lista de las víctimas de los bombardeos, que siguen muriendo. Son ya cerca de 380 mil. Sus voces se apagan ante un mundo sordo que acumula 15.850 cabezas nucleares y el propio gobierno japonés, que acaba de promover la aprobación de una ley para volver a la guerra.

Mucha gente recuerda los nombres de Hiroshima y Nagasaki por su destino trágico y guarda la imagen abstracta de una enorme nube en forma de hongo durante las explosiones. Pero poco se conocen los rostros bajo la nube.

Solamente ellos, los llamados “hibakusha”, aquellos que estaban en Hiroshima y Nagasaki los días 6 y 9 de agosto de 1945 podrían hablar del “infierno sobre la Tierra”. Sólo aquellos que soportaron 4 mil grados centígrados, una lluvia de partículas radiactivas y perdieron en unos segundos toda la piel, podrían decirle al mundo qué hay bajo una explosión atómica.

Sus historias son incómodas. Son el resultado más perverso de una guerra que involucró a gran parte del mundo. Son la peor cara del poder nuclear desarrollado por los científicos más brillantes del siglo XX. Son un compendio de males radiactivos a partir de lo que el mundo moderno explota como una rica fuente de energía. Son el eco de los fantasmas de miles de víctimas inocentes, de niños que nunca conocieron la paz.

Paradójicamente, Hiroshima atrae al mundo. El Museo de la Paz en esta ciudad ha sido durante varios años el sitio más visitado por los extranjeros que llegan a Japón, según datos del portal Trip Advisor y fuentes de turismo.
La vida moderna de Tokio, la belleza de las tradiciones en Kyoto o las playas de Okinawa, son llamativas pero ¿qué buscan los que visitan Hiroshima? ¿qué encuentran? ¿horror, compasión, cercanía? ¿conciencia? O acaso la revisión de un capítulo histórico que la humanidad cerró sin concluir.

Si Hiroshima y Nagasaki son la muestra de que dos bombas pueden arrasar dos ciudades completas ¿qué podemos esperar en la actualidad, con casi 16 mil armas mucho más potentes repartidas por todo el planeta? Si estas armas -dice la historia oficial- son necesarias para acabar las guerras ¿qué fin le depara a un mundo moderno con decenas de enfrentamientos en todas las latitudes?

En contraste con la atención mundial, todavía quedan japoneses alejados de Hiroshima y Nagasaki en muchos sentidos.

Algunos, por falta de interés. Otros, por un prejuicio que todavía despierta temores a relacionarse con los “hibakusha” o sus familias, por considerarlos portadores de malformaciones genéticas. Uno de los mitos más difundidos ante la desinformación y el desconocimiento es precisamente el de las anomalías genéticas. Más allá de los efectos en quienes fueron expuestos a las radiaciones de la bomba, incluso como fetos, no hay pruebas de trastornos heredados en las siguientes generaciones, según Nori Nakamura, científico de la Fundación para la Investigación de los Efectos Radiactivos.

Otros japoneses simplemente no han tenido información suficiente ni en sus textos escolares, ni en los medios de comunicación, por lo que algunos reconocen que falta mucho por aprender.

Una luz de esperanza sobre este tema se abre con los jóvenes. Un estudio del Instituto de Investigaciones Culturales de la cadena informativa NHK decía que en el año 2010 solamente 27 por ciento de la población japonesa recordaba las fechas de los acontecimientos de Hiroshima y Nagasaki. Entre ellos, curiosamente, los más enterados eran jóvenes de entre 20 y 30 años.



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Documental : Hiroshima y Nagasaki la Verdad sobre las Bombas Atomicas

Los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki fueron ataques nucleares ordenados por Harry S. Truman, presidente de los Estados Unidos, contra el Imperio del Japón. Los ataques se efectuaron el 6 y el 9 de agosto de 1945, formando parte del fin de la Segunda Guerra Mundial. Después de seis meses de intenso bombardeo de otras 67 ciudades, el arma nuclear Little Boy fue soltada sobre Hiroshima el lunes1 6 de agosto de 1945,2 seguida por la detonación de la bomba Fat Man el jueves 9 de agosto sobre Nagasaki. Hasta la fecha, estos bombardeos constituyen los únicos ataques nucleares de la historia.3

Se estima que hacia finales de 1945, las bombas habían matado a 166 000 personas en Hiroshima y 80 000 en Nagasaki,4 totalizando unas 246 000 muertes, aunque sólo la mitad falleció los días de los bombardeos. Entre las víctimas, del 15 al 20 % murieron por lesiones o enfermedades atribuidas al envenenamiento por radiación.5 Desde entonces, algunas otras personas han fallecido de leucemia (231 casos observados) y distintos cánceres (334 observados) atribuidos a la exposición a la radiación liberada por las bombas.6 En ambas ciudades, la gran mayoría de las muertes fueron de civiles.7 8

Seis días después de la detonación sobre Nagasaki, el 15 de agosto, Imperio del Japón anunció su rendición incondicional frente a los «Aliados», haciéndose formal el 2 de septiembre con la firma del acta de capitulación. Con la rendición de Japón, concluyó la Guerra del Pacífico y por tanto, la Segunda Guerra Mundial. Como consecuencias de la derrota, el Imperio nipón fue ocupado por fuerzas aliadas lideradas por los Estados Unidos —con contribuciones de Australia, la India británica, el Reino Unido y Nueva Zelanda— y adoptó los «Tres principios antinucleares», que le prohibían poseer, fabricar e introducir armamento nuclear.


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La Patagonia Rebelde (Pelicula de 1974)


 

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VIDEO: Hiroshima y Nagasaki, la verdad oculta

La verdadera historia de Hiroshima y Nagasaki, una historia que las autoridades estadounidenses se encargaron de esconder, ocultando una vez mas la realidad.


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