Este junio del 2026 se cumplen 85 a帽os del inicio de la Gran Guerra Patria, la lucha heroica librada por los pueblos de la Uni贸n Sovi茅tica contra la invasi贸n nazi entre 1941 y 1945. Aquella guerra, que constituy贸 el principal frente de la Segunda Guerra Mundial en Europa, no fue 煤nicamente una confrontaci贸n militar entre Estados. Fue una batalla decisiva por el futuro de la humanidad, una lucha existencial contra el fascismo, el racismo, el colonialismo y la barbarie representados por el Tercer Reich.
En la madrugada del 22 de junio de 1941, la Alemania hitleriana lanz贸 la Operaci贸n Barbarroja, la mayor invasi贸n militar de la historia. M谩s de tres millones de soldados, apoyados por miles de tanques, piezas de artiller铆a y aviones, atravesaron las fronteras sovi茅ticas con el objetivo de destruir la Uni贸n Sovi茅tica, esclavizar a sus pueblos y convertir amplias regiones de Europa Oriental en colonias al servicio de la maquinaria nazi.
Hitler y sus generales estaban convencidos de que la campa帽a concluir铆a en pocas semanas. Tras las r谩pidas victorias obtenidas en gran parte de Europa occidental, los dirigentes del Tercer Reich cre铆an que el Estado sovi茅tico se derrumbar铆a ante el empuje de la Alemania nazi. Se equivocaron.
La resistencia sovi茅tica alter贸 por completo los planes nazis. En diciembre de 1941, el Ej茅rcito Rojo fren贸 a las fuerzas alemanas a las puertas de Mosc煤, infligiendo la primera gran derrota estrat茅gica a Hitler y desmontando el mito de la invencibilidad de la Wehrmacht. Poco despu茅s, la ciudad de Leningrado resisti贸 cerca de 900 d铆as de asedio, convirti茅ndose en uno de los mayores s铆mbolos de resistencia popular de toda la guerra. Sin embargo, ser铆a en Stalingrado donde se producir铆a el gran punto de inflexi贸n del conflicto. Entre 1942 y 1943, las tropas sovi茅ticas cercaron y destruyeron al Sexto Ej茅rcito alem谩n, cambiando definitivamente el rumbo de la guerra. Meses despu茅s, la victoria sovi茅tica en Kursk, la mayor batalla de tanques de la historia, acab贸 con la capacidad ofensiva del ej茅rcito nazi en el frente oriental.
Frente a la maquinaria de guerra m谩s poderosa de su tiempo se levant贸 la resistencia de millones de trabajadores, campesinos, soldados, mujeres y j贸venes sovi茅ticos que comprendieron que aquella guerra no era 煤nicamente una cuesti贸n de fronteras o intereses geopol铆ticos. Era una lucha por la supervivencia de sus pueblos y por la defensa de un proyecto social que el fascismo pretend铆a exterminar.
Para los pueblos de la Uni贸n Sovi茅tica, aquella guerra fue mucho m谩s que una campa帽a militar. Fue una lucha por la supervivencia nacional frente a un proyecto de conquista y exterminio que pretend铆a convertir amplias regiones del Este europeo en territorios coloniales sometidos al dominio nazi. La magnitud de aquella amenaza explica por qu茅 la memoria de la Gran Guerra Patria contin煤a ocupando un lugar central en la conciencia hist贸rica de millones de personas.
La victoria sovi茅tica transform贸 el curso de la historia. El frente oriental constituy贸 el escenario principal de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Fue all铆 donde Alemania concentr贸 la mayor parte de sus fuerzas militares y donde sufri贸 sus p茅rdidas m谩s devastadoras. Mientras otros frentes contribuyeron al esfuerzo aliado com煤n, fue en territorio sovi茅tico donde se decidi贸 fundamentalmente la suerte del Tercer Reich.
Fue en las estepas, bosques y ciudades de la Uni贸n Sovi茅tica donde el nazismo sufri贸 sus principales derrotas. Fue el Ej茅rcito Rojo quien liber贸 amplias regiones de Europa del dominio nazi y quien finalmente iz贸 la bandera de la victoria sobre las ruinas del Reichstag en Berl铆n en mayo de 1945.
Ning煤n pa铆s pag贸 un precio tan elevado por la derrota del fascismo como la Uni贸n Sovi茅tica. Las estimaciones hist贸ricas sit煤an en torno a 27 millones las v铆ctimas sovi茅ticas entre militares y civiles. Miles de ciudades, pueblos y aldeas fueron destruidos por la guerra y regiones enteras quedaron devastadas por la ocupaci贸n nazi. La victoria de 1945 fue tambi茅n la victoria de un pueblo que soport贸 el mayor sacrificio humano de toda la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, ochenta y cinco a帽os despu茅s, la memoria de aquella gesta sigue siendo objeto de disputas y tergiversaciones. En demasiadas ocasiones se minimiza el papel decisivo desempe帽ado por la Uni贸n Sovi茅tica en la derrota del fascismo o se pretende reducir su contribuci贸n a una simple nota al pie de p谩gina de la historia. Frente a esos intentos de revisionismo hist贸rico, resulta necesario reivindicar los hechos: sin el sacrificio de los pueblos sovi茅ticos y sin la resistencia organizada de millones de comunistas y antifascistas en toda Europa, la derrota de Hitler habr铆a sido impensable.
Durante d茅cadas, buena parte de la cultura popular occidental ha tendido a presentar el desembarco de Normand铆a como el acontecimiento decisivo de la guerra, relegando a un segundo plano el papel desempe帽ado por el frente oriental. Sin restar importancia a la contribuci贸n de los aliados occidentales, los hechos hist贸ricos muestran que fue en territorio sovi茅tico donde el Tercer Reich sufri贸 sus principales derrotas militares y humanas. Reconocer este hecho no implica restar m茅rito a otros pueblos que combatieron al fascismo, sino situar los acontecimientos en su justa dimensi贸n hist贸rica.
Pero recordar la Gran Guerra Patria no es 煤nicamente un ejercicio de memoria hist贸rica. Tambi茅n es una reflexi贸n sobre el presente. En una Europa donde vuelven a crecer fuerzas ultraderechistas, nacionalistas excluyentes y movimientos que cuestionan conquistas sociales y democr谩ticas logradas durante d茅cadas de lucha popular, las ense帽anzas de la victoria sobre el fascismo adquieren una renovada actualidad.
La memoria como herramienta de combate
Ochenta y cinco a帽os despu茅s del inicio de la Gran Guerra Patria, la principal lecci贸n que nos deja aquella gesta hist贸rica no pertenece 煤nicamente al pasado. Tambi茅n interpela directamente a nuestro presente.
La victoria sobre el fascismo no cay贸 del cielo. No fue fruto de la casualidad ni de una supuesta evoluci贸n natural de la historia. Fue conquistada mediante la organizaci贸n popular, el sacrificio colectivo y el compromiso pol铆tico de millones de personas que comprendieron que el fascismo representaba una amenaza existencial para los trabajadores, para las libertades democr谩ticas y para el futuro de la humanidad.
Los pueblos sovi茅ticos derrotaron al nazismo porque decidieron resistir. Porque entendieron que la neutralidad ante la barbarie favorece siempre a los opresores. Porque comprendieron que los derechos conquistados solo pueden defenderse mediante la movilizaci贸n consciente de quienes se benefician de ellos.
Hoy, cuando en numerosos pa铆ses europeos observamos el crecimiento de fuerzas ultraderechistas, xen贸fobas, racistas y reaccionarias, la memoria de la Gran Guerra Patria adquiere una nueva relevancia.
La historia demuestra que el fascismo nunca aparece de un d铆a para otro. Crece progresivamente aprovechando las crisis econ贸micas, el descontento social, el miedo y la desmovilizaci贸n popular. Avanza cuando las fuerzas democr谩ticas y progresistas renuncian a organizarse y a disputar la conciencia de la sociedad.
Por ello, recordar la victoria sovi茅tica no debe limitarse a la colocaci贸n de flores ante los monumentos o a la celebraci贸n de efem茅rides hist贸ricas. Debe servir para extraer ense帽anzas 煤tiles para nuestro tiempo.
La mejor forma de honrar a quienes combatieron en Mosc煤, Leningrado, Stalingrado, Kursk o Berl铆n es continuar defendiendo los valores por los que lucharon millones de antifascistas: la solidaridad entre los pueblos, la igualdad social, la justicia econ贸mica, la paz, la cooperaci贸n internacional y la defensa de los derechos de las mayor铆as trabajadoras.
La lucha pol铆tica del siglo XXI no se libra en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial. Se libra en los centros de trabajo, en las universidades, en los barrios, en los sindicatos, en los movimientos sociales, en los medios de comunicaci贸n y en las instituciones democr谩ticas. Se libra en el terreno de las ideas y de la organizaci贸n popular.
La defensa de los valores antifascistas exige tambi茅n participaci贸n democr谩tica. La historia demuestra que la desmovilizaci贸n de los sectores populares deja espacio al avance de proyectos reaccionarios. Por ello, la implicaci贸n ciudadana en la vida pol铆tica, sindical, asociativa y electoral constituye una herramienta fundamental para defender y ampliar los derechos conquistados durante generaciones de lucha social. Ninguna conquista democr谩tica puede preservarse si quienes se benefician de ella renuncian a participar activamente en su defensa.
El papel de los comunistas en la resistencia antifascista europea
La victoria sobre el fascismo no fue 煤nicamente el resultado de grandes operaciones militares. Tambi茅n fue fruto de la resistencia organizada de millones de hombres y mujeres que, en los territorios ocupados, decidieron enfrentarse a la barbarie nazi.
En pr谩cticamente todos los pa铆ses europeos ocupados por el Tercer Reich, los comunistas desempe帽aron un papel destacado en la organizaci贸n de movimientos clandestinos, redes de sabotaje, guerrillas y estructuras de resistencia popular.
Desde Francia hasta Grecia, desde Italia hasta Yugoslavia, miles de militantes comunistas participaron en primera l铆nea de la lucha contra el fascismo, pagando en muchos casos un precio extremadamente alto en forma de encarcelamientos, torturas y ejecuciones. Particularmente significativa fue la experiencia de Yugoslavia, donde los partisanos dirigidos por Josip Broz Tito lograron construir uno de los movimientos de resistencia m谩s eficaces de toda Europa. Del mismo modo, en Italia, las Brigadas Garibaldi desempe帽aron un papel fundamental en la lucha contra el r茅gimen de Mussolini y la ocupaci贸n nazi, mientras que en Francia numerosos combatientes comunistas participaron activamente en la Resistencia.
La historia del antifascismo europeo tambi茅n mantiene una estrecha relaci贸n con Espa帽a. La Guerra Civil Espa帽ola fue uno de los primeros escenarios de confrontaci贸n contra el fascismo internacional y miles de voluntarios de las Brigadas Internacionales acudieron a defender la legalidad republicana frente al golpe militar apoyado por Hitler y Mussolini. Tras la derrota de la Rep煤blica, numerosos exiliados espa帽oles continuaron la lucha contra el fascismo integr谩ndose en la Resistencia francesa y en otros movimientos de liberaci贸n europeos. Del mismo modo, la oposici贸n antifranquista mantuvo durante d茅cadas la defensa de los valores democr谩ticos y antifascistas frente a la dictadura.
La propia Uni贸n Sovi茅tica vio surgir una poderosa red de partisanos que actu贸 tras las l铆neas enemigas. Estos grupos llevaron a cabo operaciones de sabotaje contra infraestructuras militares, l铆neas ferroviarias y centros log铆sticos alemanes, dificultando enormemente las operaciones de ocupaci贸n.
Tras expulsar a las fuerzas nazis de su territorio, el Ej茅rcito Rojo particip贸 decisivamente en la liberaci贸n de Polonia, Checoslovaquia, Hungr铆a, Ruman铆a, Bulgaria y otros pa铆ses europeos sometidos por el Tercer Reich. Miles de soldados sovi茅ticos murieron lejos de sus hogares durante estas operaciones, que culminaron con la batalla de Berl铆n y la derrota definitiva del r茅gimen hitleriano.
Fascismo y poder econ贸mico: una alianza hist贸rica
La llegada de Hitler al poder en 1933 no puede entenderse sin el apoyo de importantes sectores industriales, financieros y empresariales alemanes que ve铆an en el movimiento nazi una herramienta para frenar el crecimiento del movimiento obrero organizado.
Las grandes organizaciones patronales y numerosos grupos empresariales consideraban que el nazismo pod铆a garantizar la estabilidad de un sistema econ贸mico amenazado por la crisis y por el avance de las organizaciones obreras.
Frente a la econom铆a de guerra nazi, la Uni贸n Sovi茅tica demostr贸 una extraordinaria capacidad de movilizaci贸n productiva. Durante los primeros meses de la invasi贸n, miles de f谩bricas fueron trasladadas desde las zonas amenazadas hacia los Urales, Siberia y Asia Central. Aquella gigantesca operaci贸n permiti贸 mantener la producci贸n industrial y garantizar el suministro de armamento al Ej茅rcito Rojo. La planificaci贸n econ贸mica y el esfuerzo colectivo de millones de trabajadores constituyeron un factor decisivo para la victoria sobre el fascismo.
Las lecciones de la Gran Guerra Patria para la Europa del siglo XXI
El antifascismo del siglo XXI debe responder al crecimiento de la extrema derecha con inteligencia pol铆tica, organizaci贸n y participaci贸n social.
La mejor respuesta frente al avance reaccionario no consiste 煤nicamente en denunciar discursos de odio. Tambi茅n exige construir alternativas capaces de mejorar las condiciones materiales de vida de la mayor铆a social: empleo digno, vivienda accesible, servicios p煤blicos de calidad, derechos laborales garantizados, igualdad efectiva y defensa de la paz.
Del mismo modo que las generaciones que derrotaron al fascismo comprendieron la importancia de organizarse y actuar colectivamente, las generaciones actuales tienen la responsabilidad de participar activamente en la vida democr谩tica. La abstenci贸n, la apat铆a y la desmovilizaci贸n nunca han favorecido a las mayor铆as trabajadoras. La defensa de los derechos sociales, de los servicios p煤blicos y de las libertades democr谩ticas exige una ciudadan铆a consciente, organizada y comprometida con la construcci贸n de alternativas pol铆ticas capaces de frenar cualquier retroceso reaccionario.
La historia no se repite de forma mec谩nica, pero s铆 ofrece ense帽anzas valiosas. Una de ellas es que ning煤n avance social est谩 garantizado para siempre. Otra, que los pueblos organizados poseen una capacidad transformadora mucho mayor de la que a menudo imaginan.
La victoria sobre el fascismo pertenece a la historia. La construcci贸n de una Europa m谩s justa, democr谩tica y solidaria pertenece al presente. Y su futuro depender谩, como entonces, de la capacidad de los pueblos para organizarse, participar y luchar por 茅l.