La evoluci贸n pol铆tica de Mario Vargas Llosa ayuda a comprender c贸mo se ha producido este desplazamiento. El escritor no comenz贸 su trayectoria en la derecha. Durante su juventud mantuvo posiciones de izquierda y lleg贸 a simpatizar con la Revoluci贸n cubana, pero su posterior ruptura con el castrismo y su evoluci贸n intelectual le llevaron hacia el liberalismo pol铆tico y econ贸mico. A partir de los a帽os ochenta se convirti贸 en uno de los principales defensores latinoamericanos de las pol铆ticas de mercado, la propiedad privada, la reducci贸n del papel econ贸mico del Estado y la apertura de las econom铆as nacionales. Su candidatura presidencial de 1990 fue la expresi贸n pol铆tica de esa transformaci贸n. A partir de entonces, Vargas Llosa pas贸 a ser una de las figuras intelectuales m谩s influyentes del liberalismo latinoamericano, participando activamente en los debates pol铆ticos de la regi贸n y respaldando durante a帽os proyectos que defend铆an la aplicaci贸n de pol铆ticas econ贸micas neoliberales. Pero aquella evoluci贸n continuar铆a. Con el paso del tiempo, su oposici贸n a la izquierda fue adquiriendo una importancia cada vez mayor y sus alianzas pol铆ticas comenzaron a aproximarle a sectores conservadores que ya no representaban 煤nicamente el viejo liberalismo econ贸mico. Su apoyo a Jair Bolsonaro en Brasil, a Jos茅 Antonio Kast en Chile y a otras candidaturas de la derecha radical latinoamericana mostr贸 hasta qu茅 punto hab铆a cambiado el espacio pol铆tico en el que se mov铆a. Lo significativo no es solamente la trayectoria individual del escritor, sino un fen贸meno mucho m谩s amplio: una parte del antiguo liberalismo latinoamericano ha terminado encontrando espacios de coincidencia con las nuevas derechas radicales, incorporando a su defensa del mercado posiciones mucho m谩s duras en materia de seguridad, inmigraci贸n, identidad, orden p煤blico y confrontaci贸n con la izquierda.
El cambio resulta especialmente revelador cuando se observa la relaci贸n con el fujimorismo. Durante a帽os Vargas Llosa sostuvo una oposici贸n frontal a Alberto Fujimori y posteriormente a su hija Keiko. Sin embargo, en 2021, ante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales entre Keiko Fujimori y Pedro Castillo, el escritor pidi贸 votar por la candidata de Fuerza Popular. El argumento utilizado entonces fue que, frente a Castillo, hab铆a que optar por Fujimori como alternativa para impedir el avance de la izquierda. Aquella decisi贸n cerr贸 una de las grandes contradicciones de su trayectoria pol铆tica: quien hab铆a construido buena parte de su identidad p煤blica enfrent谩ndose al fujimorismo termin贸 respaldando electoralmente a su principal heredera pol铆tica. Despu茅s de su muerte, esa aproximaci贸n no desapareci贸 con 茅l. 脕lvaro Vargas Llosa asumi贸 p煤blicamente el respaldo a Keiko Fujimori durante las elecciones de 2026, llegando a sostener que su padre probablemente tambi茅n habr铆a apoyado su candidatura. El movimiento adquiri贸 una dimensi贸n institucional cuando Keiko Fujimori anunci贸 que 脕lvaro Vargas Llosa ser铆a propuesto como embajador del Per煤 en Estados Unidos. Si el proceso diplom谩tico culmina formalmente, ser谩 precisamente el hijo de aquel candidato presidencial que en 1990 se enfrent贸 a Alberto Fujimori quien representar谩 en Washington al Gobierno de la hija de su antiguo adversario.
La fotograf铆a pol铆tica adquiere todav铆a mayor significado por el momento en que se produce. El anuncio del futuro embajador coincide con una ofensiva diplom谩tica del Gobierno peruano para estrechar sus relaciones con Estados Unidos y con la visita a Lima del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. Durante esa visita, Keiko Fujimori confirm贸 la incorporaci贸n del Per煤 al denominado Escudo de las Am茅ricas, iniciativa promovida por Washington para reforzar la cooperaci贸n entre distintos gobiernos del continente en materia de seguridad y lucha contra las organizaciones criminales transnacionales. La medida ha sido presentada por el Gobierno peruano como una respuesta necesaria ante el crecimiento del crimen organizado y como una forma de mejorar la cooperaci贸n internacional, pero se produce dentro de un contexto geopol铆tico mucho m谩s amplio. La Administraci贸n Trump est谩 tratando de recuperar espacio pol铆tico y estrat茅gico en Am茅rica Latina, al mismo tiempo que observa con creciente preocupaci贸n la expansi贸n de la presencia econ贸mica de China en la regi贸n. Per煤 ocupa una posici贸n especialmente importante en esta disputa debido a sus relaciones comerciales con China y a la importancia estrat茅gica adquirida por el puerto de Chancay. De esta manera, la nueva relaci贸n con Washington no puede contemplarse 煤nicamente desde la perspectiva de la lucha contra el narcotr谩fico o la delincuencia: forma parte tambi茅n de una pugna por la influencia econ贸mica, pol铆tica y estrat茅gica en el Pac铆fico latinoamericano.
El Gobierno de Keiko Fujimori est谩 construyendo buena parte de su discurso alrededor de la seguridad y de la necesidad de recuperar la autoridad del Estado frente al crimen organizado. En un pa铆s que arrastra una profunda crisis institucional y una percepci贸n creciente de inseguridad, ese discurso encuentra un terreno especialmente favorable. El problema aparece cuando la respuesta a la criminalidad comienza a traducirse en una ampliaci贸n permanente de las facultades de las fuerzas de seguridad, una reducci贸n de los controles sobre su actuaci贸n o una utilizaci贸n cada vez m谩s amplia de instrumentos excepcionales. En julio de 2026, por ejemplo, fue promulgada una reforma que ampl铆a la competencia de la justicia militar y policial sobre determinados delitos cometidos por integrantes de las Fuerzas Armadas y la Polic铆a, incluso en circunstancias que afectan a civiles. Organizaciones como Amnist铆a Internacional y Human Rights Watch han expresado preocupaci贸n por las consecuencias que este tipo de reformas pueden tener para la investigaci贸n y persecuci贸n de posibles violaciones de derechos humanos. La Comisi贸n Interamericana de Derechos Humanos tambi茅n ha advertido sobre actuaciones que pueden afectar a la independencia judicial. Estas advertencias adquieren un significado especial en Per煤 porque la historia reciente del pa铆s est谩 marcada precisamente por los abusos cometidos bajo gobiernos que utilizaron la lucha contra el terrorismo y la defensa del orden p煤blico como justificaci贸n para ampliar el poder de los aparatos estatales de seguridad.
No se trata de negar la existencia del crimen organizado ni la necesidad de combatirlo. Per煤 se enfrenta a problemas reales de violencia, narcotr谩fico, extorsi贸n y penetraci贸n de organizaciones criminales, y cualquier gobierno tiene la obligaci贸n de proteger a la poblaci贸n. La cuesti贸n pol铆tica es otra: qu茅 instrumentos utiliza el Estado para hacerlo y cu谩les son los l铆mites que est谩 dispuesto a respetar. La experiencia hist贸rica demuestra que la seguridad puede convertirse en una herramienta pol铆tica extraordinariamente poderosa cuando se presenta como una cuesti贸n absoluta frente a la cual cualquier garant铆a democr谩tica aparece como un obst谩culo. Ese fue uno de los mecanismos utilizados durante el fujimorismo de los a帽os noventa, aunque el contexto actual sea diferente y no pueda establecerse una equivalencia autom谩tica entre ambos periodos. Precisamente por ello resulta necesario observar con atenci贸n la evoluci贸n de las instituciones, el papel concedido a las Fuerzas Armadas y a la Polic铆a, las reformas judiciales y la utilizaci贸n pol铆tica del discurso de la mano dura.
El paralelismo con la experiencia fujimorista tampoco puede reducirse a la cuesti贸n de la seguridad. Existe una dimensi贸n econ贸mica que resulta fundamental para comprender la continuidad de determinadas pol铆ticas. El r茅gimen de Alberto Fujimori consolid贸 en los a帽os noventa un modelo econ贸mico basado en la apertura de los mercados, las privatizaciones, la reducci贸n de la intervenci贸n estatal y la atracci贸n de capital extranjero. Aquel proceso transform贸 profundamente la econom铆a peruana y dej贸 una estructura neoliberal que, con diferentes gobiernos y matices, ha sobrevivido durante d茅cadas. Las fuerzas pol铆ticas que se han sucedido en el poder han discutido sobre numerosas cuestiones, pero el modelo econ贸mico fundamental ha demostrado una extraordinaria capacidad de permanencia. El debate actual se desarrolla, por tanto, sobre una estructura que contin煤a concediendo un enorme peso a la inversi贸n privada y al mercado, mientras amplios sectores sociales siguen reclamando respuestas frente a la desigualdad, la precariedad y la debilidad de los servicios p煤blicos. El neoliberalismo no desapareci贸 con Fujimori; se convirti贸 en parte estructural del sistema pol铆tico y econ贸mico peruano.
Lo que est谩 cambiando ahora es la forma de proteger y reforzar ese modelo en un contexto pol铆tico mucho m谩s polarizado. Las derechas latinoamericanas de las 煤ltimas d茅cadas han aprendido que ya no basta con defender las privatizaciones, la liberalizaci贸n econ贸mica o la reducci贸n del Estado. Las nuevas derechas incorporan un discurso mucho m谩s agresivo contra la izquierda, los movimientos sociales y las pol铆ticas redistributivas, al tiempo que convierten la seguridad, la autoridad y la defensa del orden en elementos centrales de su identidad. Es una combinaci贸n que puede observarse, con caracter铆sticas diferentes, en varios pa铆ses de la regi贸n y que mantiene una relaci贸n cada vez m谩s estrecha con determinadas corrientes de la derecha estadounidense. En este nuevo escenario, Trump no representa simplemente una referencia electoral para los conservadores latinoamericanos, sino un modelo pol铆tico que combina nacionalismo, proteccionismo selectivo, confrontaci贸n con la izquierda, endurecimiento de las pol铆ticas migratorias, fortalecimiento del aparato de seguridad y una pol铆tica exterior destinada a recuperar la primac铆a estadounidense en el hemisferio.
La Administraci贸n Trump est谩 intentando reconstruir precisamente esa influencia. La seguridad constituye uno de los instrumentos principales, pero detr谩s de ella existe una agenda geopol铆tica m谩s amplia. Washington quiere fortalecer sus alianzas con gobiernos considerados pr贸ximos, aumentar la cooperaci贸n militar y policial, contener la influencia de China y recuperar capacidad de intervenci贸n pol铆tica en una regi贸n donde durante las 煤ltimas d茅cadas otros actores han ganado espacio. La nueva pol铆tica estadounidense hacia Am茅rica Latina est谩 encontrando interlocutores especialmente receptivos entre los gobiernos de derecha que comparten la preocupaci贸n por la expansi贸n de China y que consideran la cooperaci贸n con Estados Unidos una herramienta para combatir el crimen organizado. La incorporaci贸n de Per煤 al Escudo de las Am茅ricas encaja en esa estrategia y sit煤a a Lima dentro de una red de cooperaci贸n regional impulsada directamente desde Washington.
La cuesti贸n de China resulta especialmente relevante para entender el inter茅s estadounidense por Per煤. Durante los 煤ltimos a帽os, China se ha convertido en uno de los principales socios comerciales del pa铆s y su presencia en infraestructuras estrat茅gicas ha crecido considerablemente. El puerto de Chancay, construido con participaci贸n de la empresa china COSCO Shipping Ports, es el ejemplo m谩s visible. Para Per煤, la relaci贸n econ贸mica con China tiene una importancia indiscutible; para Washington, la expansi贸n de la presencia china en el Pac铆fico sudamericano constituye un desaf铆o estrat茅gico. El Gobierno de Keiko Fujimori no ha roto sus relaciones econ贸micas con Pek铆n, pero su decisi贸n de profundizar el v铆nculo pol铆tico y de seguridad con Estados Unidos introduce una nueva dimensi贸n en el equilibrio internacional peruano. La disputa entre Washington y Pek铆n se proyecta as铆 sobre un pa铆s que se encuentra en una posici贸n econ贸mica y geogr谩fica especialmente sensible.
En este escenario es donde el nombramiento de 脕lvaro Vargas Llosa adquiere un significado que va mucho m谩s all谩 de su condici贸n de embajador. Su trayectoria familiar representa una parte de la evoluci贸n de las 茅lites intelectuales de la derecha latinoamericana: del liberalismo cl谩sico al neoliberalismo y, posteriormente, a una aproximaci贸n cada vez mayor a las nuevas derechas conservadoras. Su llegada a Washington como representante de un Gobierno fujimorista que est谩 estrechando sus v铆nculos con Trump convierte esa evoluci贸n en una imagen pol铆tica dif铆cil de ignorar. El apellido Vargas Llosa, que durante d茅cadas fue asociado a la oposici贸n al fujimorismo, aparece ahora integrado en el proyecto internacional del nuevo fujimorismo. La contradicci贸n hist贸rica no es menor, porque revela hasta qu茅 punto las antiguas divisiones dentro de la derecha peruana han quedado subordinadas a una nueva confrontaci贸n pol铆tica en la que el principal enemigo com煤n es la izquierda y en la que la alianza con Washington vuelve a ocupar un lugar central.
Esta transformaci贸n tambi茅n obliga a revisar una idea que durante mucho tiempo se present贸 como incuestionable: que liberalismo econ贸mico y autoritarismo pol铆tico pertenecen necesariamente a campos diferentes. La historia latinoamericana demuestra que pueden coexistir y que, en determinados momentos, las 茅lites econ贸micas pueden considerar 煤til un Estado fuerte para garantizar la estabilidad del modelo econ贸mico. Eso no significa que todo liberal sea autoritario ni que cualquier gobierno que defienda pol铆ticas de mercado termine necesariamente recurriendo a pr谩cticas autoritarias. Significa que la defensa del mercado y la defensa de las libertades pol铆ticas no son autom谩ticamente la misma cosa, y que la experiencia peruana de los a帽os noventa constituye uno de los ejemplos m谩s claros de c贸mo ambas dimensiones pueden separarse.
El Per煤 actual se encuentra ante una situaci贸n diferente, pero algunas de aquellas tensiones vuelven a aparecer bajo nuevas formas. El Gobierno de Keiko Fujimori combina la defensa de un modelo econ贸mico consolidado durante d茅cadas con un discurso de autoridad y seguridad cada vez m谩s marcado, mientras refuerza su relaci贸n estrat茅gica con Estados Unidos. En paralelo, distintos organismos internacionales han expresado preocupaci贸n por determinadas reformas relacionadas con la justicia, las fuerzas de seguridad y la independencia institucional. No ser铆a correcto afirmar que todas estas medidas convierten autom谩ticamente al Per煤 en una dictadura ni que el pa铆s reproduce exactamente el r茅gimen de Alberto Fujimori. Pero tampoco resulta razonable ignorar las se帽ales que generan preocupaci贸n cuando el fortalecimiento del poder ejecutivo, la ampliaci贸n de las competencias de las fuerzas de seguridad y el debilitamiento de determinados controles institucionales aparecen simult谩neamente.
La historia de los Vargas Llosa permite observar esta transformaci贸n desde una perspectiva particularmente reveladora. Mario Vargas Llosa pas贸 de la izquierda de su juventud al liberalismo y termin贸 apoyando a candidatos situados en la derecha radical. Despu茅s de su muerte, su hijo 脕lvaro se ha convertido en uno de los apoyos p煤blicos de Keiko Fujimori y est谩 llamado a ocupar un puesto clave en Washington. Mientras tanto, la presidenta peruana profundiza la relaci贸n con una Administraci贸n estadounidense que est谩 tratando de reorganizar las alianzas pol铆ticas y de seguridad del continente. Lo que hace treinta a帽os parec铆a una contradicci贸n —Vargas Llosa y Fujimori enfrentados— hoy aparece como una convergencia pol铆tica dentro de una derecha peruana que ha cambiado profundamente.
No estamos simplemente ante la historia de una familia ni ante una reconciliaci贸n entre dos viejos adversarios. Lo que se est谩 produciendo es una transformaci贸n de las derechas latinoamericanas en la que el viejo programa neoliberal permanece, pero se combina cada vez m谩s con discursos de orden, seguridad, nacionalismo y confrontaci贸n frontal con la izquierda. El fujimorismo peruano se inserta en esa corriente mientras busca estrechar sus relaciones con Washington y participar en la arquitectura de seguridad que la Administraci贸n Trump est谩 impulsando en Am茅rica Latina. Y los Vargas Llosa, que durante d茅cadas representaron una de las expresiones intelectuales m谩s conocidas del liberalismo latinoamericano, han terminado ocupando un espacio dentro de esa misma convergencia.
Per煤 vuelve as铆 a convertirse en un laboratorio pol铆tico de enorme importancia para Am茅rica Latina. El pa铆s deber谩 afrontar simult谩neamente la inseguridad, la desigualdad, la crisis de representaci贸n, la debilidad de sus instituciones y la presi贸n de una disputa geopol铆tica cada vez m谩s intensa entre Estados Unidos y China. La respuesta que est谩 ofreciendo el Gobierno de Keiko Fujimori pasa por reforzar la seguridad, consolidar el modelo econ贸mico heredado del ciclo neoliberal y estrechar la alianza con Washington. El problema que queda abierto es si ese camino permitir谩 resolver las profundas fracturas sociales del pa铆s o si terminar谩 profundizando un modelo en el que la autoridad del Estado se fortalece mientras las causas sociales de la desigualdad y la exclusi贸n permanecen intactas.
La fotograf铆a de este nuevo Per煤 resulta, en ese sentido, tremendamente significativa. Keiko Fujimori ocupa la Presidencia; Marco Rubio llega a Lima para reforzar la cooperaci贸n con Washington; Trump intenta recuperar el control estrat茅gico de Am茅rica Latina; China mantiene una posici贸n econ贸mica fundamental en el pa铆s; y 脕lvaro Vargas Llosa se prepara para representar al Gobierno peruano ante Estados Unidos. Los protagonistas han cambiado respecto a 1990, pero los grandes conflictos contin煤an atravesando la pol铆tica peruana: neoliberalismo frente a demandas sociales, seguridad frente a derechos, soberan铆a frente a dependencia y un pa铆s situado en medio de una disputa geopol铆tica que vuelve a convertir a Am茅rica Latina en un escenario prioritario para Washington.
Y quiz谩 sea precisamente ah铆 donde se encuentre la mayor paradoja de esta historia. El apellido Vargas Llosa naci贸 pol铆ticamente enfrentado al fujimorismo y termina formando parte de su nueva arquitectura de poder internacional. Aquella derecha que en otros tiempos aparec铆a dividida entre liberalismo y fujimorismo parece haber encontrado hoy un enemigo com煤n y una nueva referencia internacional. La Administraci贸n Trump ofrece el marco geopol铆tico; el neoliberalismo proporciona buena parte de la estructura econ贸mica; el fujimorismo aporta su tradici贸n pol铆tica y su discurso de autoridad; y los Vargas Llosa aportan una legitimidad intelectual construida durante d茅cadas en defensa del liberalismo latinoamericano.
El Per煤 de 2026 est谩 escribiendo, por tanto, un nuevo cap铆tulo de una vieja historia. Una historia en la que las derechas cambian de nombre, renuevan sus discursos y modifican sus alianzas, pero contin煤an disputando el control del Estado y del modelo econ贸mico. Esta vez, con Washington mirando hacia Lima y con un Vargas Llosa dispuesto a ocupar el lugar de embajador que simboliza, quiz谩 mejor que cualquier discurso, la extraordinaria transformaci贸n de la derecha peruana durante las 煤ltimas d茅cadas.
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