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lunes, 10 de agosto de 2026

S谩hara Occidental: ¿hacia d贸nde va un conflicto que lleva medio siglo esperando una soluci贸n?

Por Javier Huerta

Cinco a帽os despu茅s, la diplomacia internacional vuelve a mover sus piezas mientras el derecho a la autodeterminaci贸n del pueblo saharaui contin煤a pendiente


Han pasado casi cinco a帽os desde que publique un art铆culo sobre el S谩hara Occidental, «S谩hara Occidental: la descolonizaci贸n que Espa帽a dej贸 pendiente», el 14 de noviembre de 2021. Apenas cuatro meses despu茅s, el 20 de marzo de 2022, publique otro an谩lisis, «S谩hara Occidental: treinta a帽os de una promesa incumplida por Naciones Unidas», cuando la ruptura del alto el fuego de 2020 hab铆a devuelto la guerra al territorio y Espa帽a acababa de modificar profundamente su posici贸n respecto al conflicto. Hoy volvemos sobre la cuesti贸n porque el escenario internacional ha cambiado de manera importante. Naciones Unidas contin煤a buscando una salida, Marruecos ha ganado apoyos para su propuesta de autonom铆a, Estados Unidos desempe帽a un papel cada vez m谩s activo en las negociaciones y la Uni贸n Europea ha tenido que afrontar importantes l铆mites jur铆dicos en sus relaciones con Marruecos. Pero, mientras tanto, la pregunta fundamental contin煤a siendo la misma: ¿qu茅 lugar ocupa el derecho del pueblo saharaui a decidir libremente su futuro?

La novedad m谩s importante de los 煤ltimos a帽os se produjo en octubre de 2025, cuando el Consejo de Seguridad aprob贸 la resoluci贸n 2797 y prorrog贸 el mandato de la MINURSO hasta el 31 de octubre de 2026. La resoluci贸n introdujo un cambio significativo en el lenguaje del proceso al pedir que las negociaciones tomasen como base la propuesta marroqu铆 de autonom铆a, aunque mantuvo como objetivo una soluci贸n pol铆tica definitiva que proporcione la autodeterminaci贸n del pueblo del S谩hara Occidental. Fue aprobada por 11 votos a favor, ninguno en contra y tres abstenciones; Argelia no particip贸 en la votaci贸n.

El cambio merece atenci贸n. La MINURSO fue creada en 1991 con el objetivo de organizar un refer茅ndum de autodeterminaci贸n. Treinta y cinco a帽os despu茅s, el refer茅ndum nunca se ha celebrado y la misi贸n contin煤a existiendo. El nombre de la operaci贸n internacional se ha convertido as铆 en el s铆mbolo de una contradicci贸n: una misi贸n creada para preparar una consulta popular que lleva d茅cadas sin poder realizarse. La resoluci贸n 2797 no elimina formalmente la autodeterminaci贸n, pero desplaza el centro de gravedad de las negociaciones hacia una propuesta concreta: la autonom铆a dentro de la soberan铆a marroqu铆.

Desde Rabat, este cambio es presentado como un reconocimiento de que la autonom铆a constituye la soluci贸n m谩s realista. Desde el Frente Polisario y Argelia, por el contrario, se ha advertido que convertir la propuesta marroqu铆 en el punto de partida principal puede terminar reduciendo las posibilidades de una verdadera autodeterminaci贸n. La propia resoluci贸n, sin embargo, mantiene abierta la posibilidad de que las partes presenten otras propuestas y se帽ala que el resultado debe ser mutuamente aceptable y compatible con la Carta de Naciones Unidas. Esa diferencia es importante: la autonom铆a marroqu铆 ha ganado peso diplom谩tico, pero jur铆dicamente el conflicto no ha quedado cerrado.

Washington entra con fuerza en el proceso

La nueva etapa tiene adem谩s un protagonista que ha adquirido una importancia creciente: Estados Unidos. En febrero de 2026, Staffan de Mistura, enviado personal del secretario general de Naciones Unidas, copresidi贸 en Washington nuevas negociaciones junto al representante estadounidense Michael Waltz, con apoyo del asesor presidencial Massad Boulos. Naciones Unidas inform贸 de que las conversaciones estaban tomando como base la propuesta marroqu铆 de autonom铆a conforme a la resoluci贸n 2797, aunque subray贸 que todav铆a quedaba un trabajo importante, especialmente sobre la cuesti贸n fundamental de la autodeterminaci贸n del pueblo saharaui.

Aqu铆 aparece una de las grandes inc贸gnitas de 2026. ¿Estamos ante una nueva oportunidad para alcanzar una soluci贸n pol铆tica despu茅s de d茅cadas de bloqueo o ante una transformaci贸n progresiva del proceso internacional que puede terminar haciendo de la autonom铆a marroqu铆 la 煤nica salida realmente disponible?

La diferencia no es solamente diplom谩tica. Si la negociaci贸n comienza tomando como referencia una propuesta que mantiene la soberan铆a marroqu铆 como condici贸n, el margen de discusi贸n sobre el estatuto final del territorio cambia considerablemente respecto al refer茅ndum planteado en 1991. El problema vuelve a ser el que se帽al谩bamos en nuestro segundo art铆culo: una cosa es negociar una soluci贸n y otra que el pueblo que debe ejercer la autodeterminaci贸n pueda decidir directamente cu谩l quiere que sea esa soluci贸n.

Europa se encuentra con los l铆mites del derecho internacional

Mientras la diplomacia avanzaba en esta direcci贸n, los tribunales europeos introdujeron un elemento que no puede ignorarse.

En octubre de 2024, el Tribunal de Justicia de la Uni贸n Europea dictamin贸 que los acuerdos comerciales entre la UE y Marruecos de 2019 relativos a productos agr铆colas y pesca aplicados al S谩hara Occidental hab铆an sido celebrados sin el consentimiento del pueblo del territorio y vulnerando los principios de autodeterminaci贸n y de efecto relativo de los tratados. El Tribunal consider贸 adem谩s que el Frente Polisario tiene legitimidad para impugnar determinadas decisiones europeas relacionadas con el territorio.

La importancia de esta sentencia va m谩s all谩 de un conflicto comercial. El Tribunal record贸 que el S谩hara Occidental no puede ser tratado jur铆dicamente como si fuera simplemente una parte m谩s de Marruecos. El pueblo del territorio es titular del derecho a la autodeterminaci贸n y su consentimiento tiene consecuencias jur铆dicas cuando se aplican acuerdos internacionales sobre el territorio.

La contradicci贸n resulta evidente. Mientras una parte de la diplomacia internacional se aproxima a la propuesta marroqu铆, la justicia europea ha recordado que existen l铆mites jur铆dicos derivados precisamente del car谩cter particular del S谩hara Occidental.

Y esto vuelve a situar en el centro una cuesti贸n que parece olvidarse con demasiada facilidad: el S谩hara no es solamente un problema diplom谩tico; contin煤a siendo una cuesti贸n de descolonizaci贸n.

Espa帽a mantiene el giro de 2022

En este nuevo escenario, Espa帽a tambi茅n ha consolidado el giro iniciado en marzo de 2022.

La XIII Reuni贸n de Alto Nivel entre Espa帽a y Marruecos, celebrada en Madrid en diciembre de 2025, confirm贸 que el Gobierno espa帽ol mantiene la posici贸n adoptada en 2022. La declaraci贸n conjunta se帽ala expresamente que Espa帽a acoge favorablemente la resoluci贸n 2797 y las negociaciones que toman como base la propuesta marroqu铆 de autonom铆a. Tambi茅n destaca que una autonom铆a genuina bajo soberan铆a marroqu铆 podr铆a constituir una soluci贸n viable.

El cambio resulta especialmente significativo por la responsabilidad hist贸rica espa帽ola. Espa帽a fue la potencia colonial del territorio hasta 1975 y abandon贸 el S谩hara sin culminar su proceso de descolonizaci贸n. Desde entonces, los sucesivos gobiernos espa帽oles han tenido que equilibrar esa responsabilidad hist贸rica con los intereses estrat茅gicos, econ贸micos, migratorios y de seguridad existentes en su relaci贸n con Marruecos.

En 2022, el Gobierno de Pedro S谩nchez decidi贸 acercarse claramente a la posici贸n marroqu铆. Cuatro a帽os despu茅s, aquella decisi贸n ya no parece una modificaci贸n coyuntural, sino una orientaci贸n consolidada de la pol铆tica exterior espa帽ola.

Desde una perspectiva cr铆tica, resulta inevitable preguntarse qu茅 significa este cambio para la responsabilidad hist贸rica de Espa帽a. Si el territorio contin煤a pendiente de descolonizaci贸n para Naciones Unidas, ¿puede Espa帽a considerar cerrada su responsabilidad simplemente porque haya cambiado su posici贸n diplom谩tica?

La guerra tampoco ha desaparecido

La diplomacia avanza, pero las armas contin煤an recordando que el conflicto no est谩 resuelto.

El 5 de mayo de 2026, el Frente Polisario lanz贸 un ataque con cohetes cerca de Smara. Naciones Unidas expres贸 su preocupaci贸n por los disparos en zonas civiles y Staffan de Mistura reclam贸 evitar una nueva escalada y regresar al alto el fuego.

Un mes despu茅s, en junio, un ataque marroqu铆 con drones caus贸 la muerte de Lahbib Mohamed Abdelaziz, dirigente militar del Frente Polisario considerado una figura importante dentro de su estructura, junto a otros combatientes saharauis. El ataque coincidi贸 con la visita de De Mistura a los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf.

Estos acontecimientos demuestran que la ruptura del alto el fuego de 2020 no fue simplemente un episodio pasajero. El conflicto militar contin煤a, aunque con caracter铆sticas diferentes a las de la guerra de las d茅cadas de 1970 y 1980. El uso de drones, los ataques a distancia y la superioridad tecnol贸gica marroqu铆 han modificado profundamente el equilibrio militar.

Y aqu铆 vuelve a aparecer una ense帽anza que ya se帽al谩bamos en 2022: un conflicto congelado no es un conflicto resuelto.

¿Qu茅 est谩 cambiando realmente?

Si observamos el conjunto de acontecimientos, existe una tendencia clara. Marruecos ha conseguido ampliar considerablemente el respaldo internacional a su propuesta de autonom铆a. Estados Unidos ha asumido un papel central en la actual din谩mica diplom谩tica y el Consejo de Seguridad ha situado la propuesta marroqu铆 como base de las negociaciones. Espa帽a mantiene el giro de 2022 y dentro de Europa tambi茅n se ha producido una evoluci贸n favorable a considerar la autonom铆a como una v铆a posible.

Pero ser铆a igualmente incorrecto afirmar que el derecho internacional ha dejado de reconocer la autodeterminaci贸n saharaui.

La propia resoluci贸n 2797 contin煤a hablando de una soluci贸n que proporcione la autodeterminaci贸n. Naciones Unidas mantiene la MINURSO. Y el Tribunal de Justicia de la Uni贸n Europea ha reafirmado que el pueblo del S谩hara Occidental es titular de ese derecho.

Nos encontramos, por tanto, ante una contradicci贸n que puede definir los pr贸ximos a帽os: la diplomacia est谩 avanzando hacia una soluci贸n basada en la autonom铆a, mientras el principio jur铆dico de autodeterminaci贸n contin煤a formalmente vigente.

La cuesti贸n decisiva ser谩 saber si ambos conceptos pueden compatibilizarse y, sobre todo, qui茅n tendr谩 la capacidad de decidir si esa f贸rmula satisface realmente las aspiraciones del pueblo saharaui.

Medio siglo despu茅s, la pregunta contin煤a siendo la misma

En 2021 habl谩bamos de una descolonizaci贸n que Espa帽a hab铆a dejado pendiente. En 2022 analiz谩bamos el fracaso de Naciones Unidas para convertir en realidad el refer茅ndum prometido. En 2026 podemos afirmar que el escenario ha cambiado profundamente, pero que el problema fundamental permanece.

La propuesta marroqu铆 ha ganado peso. Las negociaciones han adquirido un nuevo impulso. Estados Unidos participa activamente. Espa帽a mantiene su nueva posici贸n. La Uni贸n Europea se mueve en un escenario m谩s complejo y sus propios tribunales han establecido l铆mites jur铆dicos. Naciones Unidas intenta encontrar una salida y la MINURSO contin煤a desplegada hasta octubre de 2026.

Pero el pueblo saharaui contin煤a sin haber podido decidir libremente el estatuto definitivo de su territorio.

Esa deber铆a seguir siendo la cuesti贸n central.

Desde una perspectiva de izquierda e internacionalista, defender la autodeterminaci贸n del S谩hara Occidental no significa negar la necesidad de negociar ni desconocer la complejidad pol铆tica del Magreb. Significa recordar que los intereses de los Estados, las alianzas militares, los recursos econ贸micos y las estrategias de las grandes potencias no pueden sustituir indefinidamente la voluntad del pueblo directamente afectado.

La historia del S谩hara Occidental demuestra que aplazar una soluci贸n no hace desaparecer un conflicto. Lo transmite de una generaci贸n a otra. Lo convierte en exilio, en separaci贸n familiar, en muro, en campamentos de refugiados y, cuando la diplomacia fracasa, nuevamente en guerra.

Quiz谩 la gran pregunta de 2026 no sea solamente qu茅 soluci贸n est谩 ganando terreno en las canciller铆as, sino otra mucho m谩s sencilla: ¿est谩 avanzando tambi茅n el derecho del pueblo saharaui a decidir su propio futuro?

Porque si la respuesta contin煤a siendo negativa, podremos cambiar las f贸rmulas diplom谩ticas, las resoluciones y los protagonistas de las negociaciones, pero seguiremos ante el mismo problema que hace medio siglo: una descolonizaci贸n pendiente.



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domingo, 20 de marzo de 2022

S谩hara Occidental: treinta a帽os de una promesa incumplida por Naciones Unidas

Por Javier Huerta

La ONU, el refer茅ndum que nunca lleg贸 y la geopol铆tica internacional

Treinta a帽os despu茅s del alto el fuego que puso fin a la guerra abierta entre Marruecos y el Frente Polisario, el pueblo saharaui contin煤a esperando que se cumpla una promesa que parec铆a estar en el centro del acuerdo alcanzado en 1991: poder decidir libremente su futuro. La Misi贸n de las Naciones Unidas para el Refer茅ndum del S谩hara Occidental, la MINURSO, naci贸 precisamente con ese objetivo, pero el refer茅ndum nunca lleg贸 a celebrarse. En noviembre de 2020, adem谩s, el alto el fuego volvi贸 a romperse y las armas regresaron a un conflicto que durante casi tres d茅cadas hab铆a permanecido relativamente congelado. En marzo de 2022, Naciones Unidas vuelve a encontrarse ante la misma cuesti贸n que lleva d茅cadas sin resolver: c贸mo convertir el reconocimiento del derecho de autodeterminaci贸n del pueblo saharaui en una realidad pol铆tica.

La cuesti贸n del S谩hara Occidental no puede entenderse, por tanto, como una disputa territorial convencional entre dos Estados. Naciones Unidas mantiene el territorio en su lista de Territorios No Aut贸nomos desde 1963, cuando todav铆a era administrado por Espa帽a. La propia naturaleza jur铆dica del problema remite a un proceso de descolonizaci贸n pendiente. En 1975, el Tribunal Internacional de Justicia concluy贸 que los v铆nculos jur铆dicos alegados entre Marruecos y el territorio no constitu铆an v铆nculos de soberan铆a territorial capaces de impedir la aplicaci贸n del principio de autodeterminaci贸n. La cuesti贸n fundamental deb铆a ser, por tanto, la voluntad de la poblaci贸n del territorio.

Y ah铆 comienza la gran contradicci贸n que atraviesa toda la historia reciente del S谩hara: el derecho ha permanecido reconocido mientras la soluci贸n pol铆tica se ha ido alejando cada vez m谩s.

La promesa de 1991

Cuando el alto el fuego entr贸 en vigor el 6 de septiembre de 1991, despu茅s de diecis茅is a帽os de guerra, parec铆a que finalmente se hab铆a encontrado una salida. Marruecos y el Frente Polisario aceptaban detener las operaciones militares y Naciones Unidas desplegaba una misi贸n encargada de preparar el camino hacia un refer茅ndum de autodeterminaci贸n.

La MINURSO no recibi贸 su nombre por casualidad. La palabra «refer茅ndum» formaba parte de su propia denominaci贸n porque ese era el objetivo fundamental para el que hab铆a sido creada. La poblaci贸n saharaui deb铆a poder decidir sobre el futuro del territorio. Sin embargo, la identificaci贸n de las personas que tendr铆an derecho a participar en la consulta termin贸 convirti茅ndose en un problema pol铆tico de enormes dimensiones. Determinar qui茅n deb铆a formar parte del censo significaba, en la pr谩ctica, determinar qui茅n pod铆a participar en una decisi贸n hist贸rica sobre la soberan铆a del territorio.

El problema se prolong贸 durante a帽os. Las diferencias entre Marruecos y el Frente Polisario impidieron alcanzar un acuerdo definitivo sobre el cuerpo electoral y el proceso comenz贸 a perder el impulso que hab铆a tenido en sus primeros momentos. Lo que deb铆a ser una etapa transitoria se convirti贸 progresivamente en una situaci贸n permanente.

Durante los a帽os posteriores se sucedieron las negociaciones y las propuestas de Naciones Unidas. El antiguo secretario de Estado estadounidense James Baker, que ejerci贸 como enviado personal del secretario general, impuls贸 diferentes f贸rmulas destinadas a desbloquear la situaci贸n. El Plan Baker II lleg贸 a plantear un periodo de autonom铆a seguido de una consulta sobre el estatuto definitivo del territorio, pero tampoco consigui贸 el acuerdo de las partes.

La cuesti贸n hab铆a cambiado de naturaleza. Ya no se trataba 煤nicamente de organizar el refer茅ndum previsto en 1991. Cada nueva propuesta intentaba encontrar un punto de encuentro entre posiciones que segu铆an siendo incompatibles: Marruecos defend铆a la integraci贸n del territorio mediante una f贸rmula de autonom铆a bajo soberan铆a marroqu铆, mientras el Frente Polisario continuaba defendiendo el derecho de los saharauis a decidir su futuro y la posibilidad de la independencia.

En 2007, Marruecos present贸 formalmente ante Naciones Unidas su propuesta de autonom铆a. Desde entonces, Rabat ha defendido que esa propuesta constituye la soluci贸n pol铆tica m谩s realista, mientras el Frente Polisario ha rechazado que pueda considerarse una soluci贸n de autodeterminaci贸n si la independencia queda excluida de antemano.

Aqu铆 aparece una cuesti贸n fundamental que no deber铆a perderse entre el lenguaje diplom谩tico: una cosa es que las partes negocien una soluci贸n y otra diferente es que el pueblo del territorio pueda decidir libremente cu谩l quiere que sea su futuro.

Una misi贸n internacional atrapada en el tiempo

La historia de la MINURSO resume como pocas instituciones la paradoja del S谩hara Occidental. Su nombre contin煤a hablando de un refer茅ndum que nunca se celebr贸 y, sin embargo, su mandato se ha ido prorrogando a帽o tras a帽o.

En octubre de 2021, el Consejo de Seguridad volvi贸 a extender su mandato hasta el 31 de octubre de 2022. La resoluci贸n 2602 reclam贸 a las partes que reanudaran las negociaciones sin condiciones previas y en buena fe, con el objetivo de alcanzar una soluci贸n pol铆tica justa y duradera que proporcionara la autodeterminaci贸n del pueblo del S谩hara Occidental. La resoluci贸n fue aprobada por 13 votos a favor y dos abstenciones.

Pero las palabras «autodeterminaci贸n» y «soluci贸n pol铆tica» conviven desde hace a帽os con una realidad muy diferente. La MINURSO ha conseguido desempe帽ar un papel importante en la supervisi贸n del alto el fuego durante d茅cadas, pero no ha podido cumplir el objetivo que dio origen a su nombre. Y la ausencia de una soluci贸n pol铆tica ha terminado haciendo que lo provisional se convierta en permanente.

Existe adem谩s otra anomal铆a. La MINURSO no cuenta con un mandato espec铆fico de vigilancia de los derechos humanos comparable al de otras misiones internacionales. Esto ha sido objeto de cr铆ticas durante a帽os por parte de organizaciones y actores pol铆ticos que reclaman mecanismos independientes de supervisi贸n.

El problema no es menor. Una misi贸n internacional puede contribuir a mantener una situaci贸n de calma, pero si carece de instrumentos suficientes para abordar las violaciones de derechos y, al mismo tiempo, no consigue llevar adelante el proceso pol铆tico para el que fue creada, corre el riesgo de convertirse en parte de la propia estructura de congelaci贸n del conflicto.

El muro que convirti贸 la divisi贸n en una realidad permanente

La dimensi贸n pol铆tica del conflicto tiene adem谩s una expresi贸n f铆sica: el muro construido por Marruecos.

La llamada berma se extiende durante miles de kil贸metros y divide las zonas controladas por Marruecos de aquellas en las que el Frente Polisario mantiene presencia. A su alrededor existe una amplia infraestructura militar y un elevado n煤mero de minas y otros restos explosivos. Para la poblaci贸n saharaui, la divisi贸n no es una abstracci贸n diplom谩tica. Significa familias separadas, territorios fragmentados y generaciones que han crecido en realidades completamente diferentes.

El muro tambi茅n ha contribuido a consolidar una situaci贸n territorial que inicialmente deb铆a ser provisional. Mientras la comunidad internacional contin煤a hablando de una soluci贸n futura, sobre el terreno existen estructuras pol铆ticas, militares y econ贸micas que se han desarrollado durante d茅cadas.

Ese es uno de los problemas fundamentales del paso del tiempo. El tiempo no permanece quieto mientras los diplom谩ticos negocian. Cada a帽o que transcurre permite que la realidad existente se consolide.

Y cuanto m谩s se consolida una situaci贸n, m谩s dif铆cil resulta modificarla.

Los recursos naturales y el otro conflicto dentro del conflicto

Hay adem谩s una dimensi贸n econ贸mica que tampoco puede quedar al margen. El S谩hara Occidental dispone de importantes recursos naturales, entre ellos los yacimientos de fosfatos y una zona pesquera de gran valor econ贸mico. La explotaci贸n de los recursos del territorio ha generado durante a帽os controversias jur铆dicas y pol铆ticas porque el S谩hara contin煤a siendo considerado por Naciones Unidas un Territorio No Aut贸nomo.

En 2002, el asesor jur铆dico de Naciones Unidas, Hans Corell, fue consultado sobre la legalidad de las actividades de exploraci贸n de recursos minerales en el territorio. Su dictamen se帽al贸 que las actividades de exploraci贸n y explotaci贸n de recursos en un Territorio No Aut贸nomo solo pod铆an desarrollarse respetando los intereses y deseos de la poblaci贸n del territorio.

La cuesti贸n es especialmente importante porque la explotaci贸n econ贸mica puede contribuir a consolidar sobre el terreno una determinada estructura pol铆tica. Cuando se construyen infraestructuras, se desarrollan actividades industriales, se explotan recursos y se establecen relaciones econ贸micas internacionales, la realidad del territorio cambia mientras su estatuto pol铆tico contin煤a sin resolverse.

No ser铆a correcto reducir todo el conflicto a una lucha por los fosfatos o por la pesca. El problema es mucho m谩s profundo y tiene ra铆ces hist贸ricas, nacionales y pol铆ticas. Pero tampoco puede ignorarse que los recursos naturales convierten al territorio en un espacio de inter茅s econ贸mico para diferentes actores.

La descolonizaci贸n no puede convertirse en una cuesti贸n puramente administrativa mientras los recursos de un territorio pendiente de descolonizaci贸n generan beneficios econ贸micos. La pregunta sobre qui茅n decide sobre esos recursos est谩 directamente relacionada con la pregunta sobre qui茅n tiene derecho a decidir el futuro del territorio.

Francia y el peso de las alianzas internacionales

Para comprender por qu茅 el conflicto lleva d茅cadas bloqueado tambi茅n es necesario mirar al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y, especialmente, a las grandes potencias.

Francia ha mantenido hist贸ricamente una relaci贸n muy estrecha con Marruecos y ha sido uno de sus principales apoyos diplom谩ticos en el escenario internacional. Su posici贸n resulta especialmente relevante porque Francia es miembro permanente del Consejo de Seguridad y, por tanto, posee capacidad de veto.

Esto ayuda a comprender una de las grandes dificultades estructurales del conflicto. Naciones Unidas puede aprobar resoluciones y mantener misiones internacionales, pero la capacidad efectiva del Consejo de Seguridad depende tambi茅n de las relaciones de fuerza entre sus miembros permanentes.

La resoluci贸n 2602 de octubre de 2021 resulta reveladora. Francia vot贸 a favor de la pr贸rroga de la MINURSO, al igual que Estados Unidos y Reino Unido, mientras Rusia y T煤nez se abstuvieron. El problema no est谩, por tanto, en afirmar que Francia haya utilizado en esa ocasi贸n un veto para impedir una resoluci贸n. La cuesti贸n es m谩s amplia: la posici贸n de las grandes potencias condiciona el margen de actuaci贸n de Naciones Unidas y la naturaleza de las soluciones que pueden llegar al Consejo de Seguridad.

Estados Unidos tambi茅n ha adquirido un peso creciente. En diciembre de 2020, la Administraci贸n de Donald Trump reconoci贸 la soberan铆a marroqu铆 sobre el S谩hara Occidental, rompiendo con la tradicional posici贸n estadounidense de mantener una cierta distancia respecto de la cuesti贸n de soberan铆a. Ese reconocimiento se produjo en el contexto del acuerdo de normalizaci贸n de relaciones entre Marruecos e Israel.

La decisi贸n estadounidense introdujo un nuevo elemento en un conflicto que ya estaba marcado por fuertes alianzas internacionales. Marruecos obtuvo un importante respaldo de Washington mientras Argelia continuaba apoyando al Frente Polisario y defendiendo el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminaci贸n.

El S谩hara hab铆a dejado de ser 煤nicamente un problema de descolonizaci贸n. Se hab铆a convertido tambi茅n en una pieza del tablero geopol铆tico del Magreb.

Argelia y Marruecos: una rivalidad que trasciende el S谩hara

El enfrentamiento entre Marruecos y el Frente Polisario tampoco puede separarse de la rivalidad entre Marruecos y Argelia.

Argelia ha sido uno de los principales apoyos pol铆ticos, diplom谩ticos y humanitarios del Frente Polisario y alberga los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf. Marruecos, por su parte, considera que Argelia desempe帽a un papel fundamental en el mantenimiento del conflicto y reclama que participe directamente en la b煤squeda de una soluci贸n.

Detr谩s de esta disputa existe una rivalidad regional mucho m谩s antigua. Marruecos y Argelia representan dos grandes potencias del Magreb con intereses estrat茅gicos diferentes, y el S谩hara Occidental se encuentra en el centro de esa confrontaci贸n.

Esto no significa que el pueblo saharaui sea simplemente un instrumento de Argelia. Reducir la cuesti贸n de esa manera supondr铆a negar su propia historia, su identidad nacional y d茅cadas de reivindicaci贸n pol铆tica. Pero tampoco puede ignorarse que el conflicto saharaui se encuentra profundamente condicionado por la rivalidad entre las dos grandes potencias del Magreb.

Una vez m谩s, los intereses de los Estados se superponen a la cuesti贸n fundamental: qu茅 quiere el pueblo saharaui para su propio territorio.

2020: cuando la guerra volvi贸 a romper el silencio

Durante casi treinta a帽os, el alto el fuego de 1991 permiti贸 que el conflicto desapareciera parcialmente de la agenda internacional. La guerra hab铆a terminado, pero la causa pol铆tica que la hab铆a provocado continuaba sin resolverse.

En noviembre de 2020, la situaci贸n cambi贸. La crisis de Guerguerat, en el extremo sur del territorio, termin贸 provocando la ruptura del alto el fuego. El Frente Polisario declar贸 que el acuerdo hab铆a quedado roto y se reanudaron las hostilidades.

Aquello deber铆a haber constituido una advertencia para la comunidad internacional. El alto el fuego no hab铆a sido concebido como una soluci贸n definitiva, sino como el paso previo hacia un acuerdo pol铆tico. Si el acuerdo pol铆tico nunca llega, la tregua corre el riesgo de convertirse en una espera indefinida.

La reanudaci贸n de los combates demostr贸 precisamente que el conflicto nunca hab铆a desaparecido. Hab铆a sido congelado.

Y esa diferencia es fundamental.

La paz no consiste 煤nicamente en que durante un determinado periodo no se disparen las armas. La paz requiere tambi茅n abordar las causas pol铆ticas que originaron el enfrentamiento. En el S谩hara Occidental, esas causas contin煤an abiertas.

Staffan de Mistura: una nueva oportunidad para la diplomacia

En octubre de 2021, Naciones Unidas nombr贸 a Staffan de Mistura como nuevo enviado personal del secretario general para el S谩hara Occidental. Su nombramiento lleg贸 despu茅s de que el puesto permaneciera vacante desde la salida de Horst K枚hler en 2019. De Mistura deb铆a trabajar con las partes, los pa铆ses vecinos y otros actores para intentar reactivar el proceso pol铆tico.

Su llegada gener贸 expectativas moderadas. La Uni贸n Europea expres贸 su confianza en que pudiera dar un nuevo impulso al proceso dirigido por Naciones Unidas. Espa帽a, todav铆a en octubre de 2021, afirmaba oficialmente que apoyaba «el papel central de las Naciones Unidas» en la b煤squeda de una soluci贸n conforme a la Carta de Naciones Unidas.

Pero el problema que heredaba De Mistura era enorme. No bastaba con encontrar una nueva f贸rmula diplom谩tica. Hab铆a que conseguir que Marruecos y el Frente Polisario aceptaran volver a negociar en un momento en el que la confianza entre ambos estaba profundamente deteriorada y el alto el fuego hab铆a sido roto.

La diplomacia volv铆a a intentarlo all铆 donde hab铆a fracasado durante d茅cadas.

Espa帽a: de potencia colonial a actor decisivo

Y en ese momento vuelve a aparecer Espa帽a.

La responsabilidad espa帽ola en el S谩hara Occidental es diferente de la de cualquier otro pa铆s. Espa帽a fue la potencia colonial que administr贸 el territorio hasta 1975 y abandon贸 el proceso de descolonizaci贸n sin permitir que la poblaci贸n pudiera decidir su futuro.

Naciones Unidas registra que Espa帽a comunic贸 el 26 de febrero de 1976 que daba por terminada definitivamente su presencia en el territorio y que consideraba que quedaba desligada de cualquier responsabilidad internacional relacionada con su administraci贸n. Sin embargo, la cuesti贸n del S谩hara continu贸 formando parte del proceso de descolonizaci贸n de Naciones Unidas.

Durante d茅cadas, los sucesivos gobiernos espa帽oles defendieron oficialmente el marco de Naciones Unidas y una soluci贸n pol铆tica negociada. Pero Espa帽a tambi茅n mantuvo relaciones econ贸micas, comerciales, migratorias y de seguridad con Marruecos. La cuesti贸n saharaui se convirti贸 as铆 en una contradicci贸n permanente de la pol铆tica exterior espa帽ola: por un lado, la responsabilidad hist贸rica y los v铆nculos con la sociedad saharaui; por otro, la importancia estrat茅gica de Marruecos.

El 18 de marzo de 2022 esa contradicci贸n alcanz贸 un nuevo punto.

El Gobierno de Pedro S谩nchez anunci贸 el inicio de una nueva etapa con Marruecos y vincul贸 esa nueva relaci贸n a la estabilidad, la soberan铆a y la integridad territorial de ambos pa铆ses. El cambio fue interpretado como un giro de la posici贸n espa帽ola sobre el S谩hara.

La cuesti贸n adquiri贸 todav铆a mayor importancia porque la posici贸n espa帽ola se modificaba precisamente cuando Naciones Unidas segu铆a intentando recuperar el proceso pol铆tico y cuando el alto el fuego permanec铆a roto.

¿Qu茅 queda entonces de la autodeterminaci贸n?

La cuesti贸n central que queda despu茅s de treinta a帽os de diplomacia internacional es inc贸moda pero necesaria: ¿qu茅 significa la autodeterminaci贸n si el pueblo que debe ejercerla nunca llega a tener la posibilidad de hacerlo?

Naciones Unidas contin煤a hablando de autodeterminaci贸n. La resoluci贸n 2602 de 2021 sigue situ谩ndola entre los objetivos del proceso. El S谩hara contin煤a figurando en la lista de Territorios No Aut贸nomos. La MINURSO contin煤a existiendo. El enviado personal del secretario general contin煤a buscando una salida pol铆tica. Y, sin embargo, el refer茅ndum para el que se cre贸 la misi贸n sigue sin celebrarse.

Ah铆 reside el verdadero fracaso del sistema internacional en el caso saharaui. No consiste en que Naciones Unidas haya declarado formalmente que el derecho de autodeterminaci贸n ha dejado de existir. Consiste en que el reconocimiento jur铆dico no se ha transformado en una soluci贸n pol铆tica efectiva.

Durante a帽os se ha pedido paciencia al pueblo saharaui. Se le ha pedido esperar a que las negociaciones den resultado, a que las partes encuentren un compromiso y a que las condiciones internacionales sean favorables. Pero mientras se esperaba, varias generaciones han nacido y crecido en los campamentos de refugiados; otras han vivido bajo la administraci贸n marroqu铆 del territorio; familias enteras han permanecido separadas y la poblaci贸n ha visto c贸mo el conflicto se convert铆a en una parte permanente de su existencia.

La espera tambi茅n tiene consecuencias pol铆ticas.

Un conflicto congelado no es un conflicto resuelto

Desde una perspectiva de izquierda, internacionalista y anticolonial, el caso del S谩hara Occidental plantea una cuesti贸n que no puede quedar subordinada a la comodidad diplom谩tica de las grandes potencias.

La historia de la descolonizaci贸n demuestra que los derechos de los pueblos no pueden depender exclusivamente de la conveniencia de los Estados m谩s poderosos. Si la legalidad internacional reconoce un proceso de autodeterminaci贸n, ese principio deber铆a aplicarse con independencia de las alianzas militares, econ贸micas o estrat茅gicas que existan alrededor del territorio.

Eso no significa ignorar los intereses leg铆timos de las poblaciones marroqu铆es ni negar la necesidad de una soluci贸n negociada. Significa algo m谩s b谩sico: ninguna negociaci贸n deber铆a eliminar de antemano el derecho de la poblaci贸n saharaui a decidir sobre su propio futuro.

Tampoco puede ignorarse la dimensi贸n econ贸mica. Los recursos naturales, las infraestructuras, la pesca, los fosfatos y las inversiones desarrolladas en el territorio forman parte de una realidad que evoluciona mientras la cuesti贸n pol铆tica contin煤a pendiente. El dictamen jur铆dico de Naciones Unidas de 2002 ya advert铆a sobre la necesidad de respetar los intereses y deseos de la poblaci贸n del territorio en cualquier actividad de exploraci贸n o explotaci贸n de sus recursos.

Por eso la descolonizaci贸n no puede limitarse a dibujar una soluci贸n sobre un mapa. Tambi茅n debe preguntarse qui茅n controla el territorio, qui茅n decide sobre sus recursos y qui茅n puede determinar su futuro pol铆tico.

Treinta a帽os despu茅s, la promesa sigue pendiente

En marzo de 2022, treinta a帽os despu茅s del alto el fuego de 1991, el S谩hara Occidental se encuentra nuevamente ante una encrucijada. La MINURSO contin煤a desplegada, pero el refer茅ndum no se ha celebrado. El alto el fuego se rompi贸 en 2020. Staffan de Mistura intenta recuperar el proceso diplom谩tico. Marruecos contin煤a defendiendo la autonom铆a bajo su soberan铆a. El Frente Polisario mantiene su reivindicaci贸n de autodeterminaci贸n. Argelia contin煤a apoyando la causa saharaui y Estados Unidos ha reconocido la soberan铆a marroqu铆 sobre el territorio. Y Espa帽a acaba de modificar sustancialmente su posici贸n hist贸rica.

Cada uno de estos elementos demuestra que el conflicto no est谩 realmente congelado. Lo que se encuentra congelado es la soluci贸n.

El problema es que mientras la soluci贸n permanece congelada, la realidad contin煤a cambiando. El muro permanece. Las familias contin煤an separadas. Los campamentos siguen existiendo. Los recursos contin煤an siendo explotados y las alianzas internacionales se modifican. Las nuevas generaciones crecen en una situaci贸n que deb铆a ser temporal y que, sin embargo, amenaza con convertirse en permanente.

Por eso la pregunta fundamental no deber铆a ser 煤nicamente qu茅 soluci贸n resulta m谩s conveniente para Marruecos, Espa帽a, Argelia, Francia o Estados Unidos. Tampoco deber铆a reducirse a qu茅 f贸rmula diplom谩tica resulta m谩s c贸moda para el Consejo de Seguridad.

La pregunta fundamental es mucho m谩s sencilla:

¿Qu茅 quiere el pueblo saharaui para su propio futuro?

Despu茅s de casi medio siglo de descolonizaci贸n inconclusa y treinta a帽os de una promesa incumplida, esa pregunta contin煤a esperando respuesta.

Y mientras Naciones Unidas siga reconociendo el derecho a la autodeterminaci贸n sin conseguir que ese derecho pueda ejercerse, el S谩hara Occidental continuar谩 record谩ndonos una de las grandes contradicciones del orden internacional: la distancia que puede existir entre reconocer un derecho y estar dispuesto a hacerlo realidad.

Porque una descolonizaci贸n que nunca permite al pueblo colonizado decidir su destino no es una descolonizaci贸n terminada.

Es una descolonizaci贸n pendiente.


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domingo, 14 de noviembre de 2021

S谩hara Occidental: la descolonizaci贸n que Espa帽a dej贸 pendiente

Por Javier Huerta

De la colonia espa帽ola al regreso de la guerra

Hay conflictos que el paso del tiempo convierte en una noticia lejana, casi olvidada, aunque para quienes los viven contin煤en formando parte de la vida cotidiana. El S谩hara Occidental es uno de ellos. Durante d茅cadas, el pueblo saharaui ha vivido dividido entre un territorio ocupado, unos campamentos de refugiados levantados en el desierto argelino y una di谩spora extendida por distintos pa铆ses. Mientras tanto, Naciones Unidas mantiene el S谩hara Occidental como un Territorio No Aut贸nomo pendiente de descolonizaci贸n y reconoce el derecho de su poblaci贸n a la libre determinaci贸n. Sin embargo, m谩s de cuatro d茅cadas despu茅s de la salida espa帽ola, ese proceso contin煤a sin concluir y el pueblo saharaui sigue esperando una soluci贸n que le permita decidir libremente su futuro.

La historia de esta situaci贸n comienza mucho antes de que Marruecos y el Frente Polisario se enfrentaran militarmente. El origen se encuentra en el colonialismo espa帽ol y en una descolonizaci贸n que nunca lleg贸 a completarse. Espa帽a administr贸 el territorio desde finales del siglo XIX y, durante d茅cadas, el S谩hara Occidental permaneci贸 bajo dominio colonial. Cuando el proceso de descolonizaci贸n africano comenz贸 a transformar el mapa pol铆tico del continente, la cuesti贸n saharaui pas贸 a formar parte de la agenda de Naciones Unidas. En 1963, la organizaci贸n incluy贸 el territorio en la lista de Territorios No Aut贸nomos, reconociendo que su poblaci贸n ten铆a derecho a alcanzar la libre determinaci贸n.

A partir de ese momento, Naciones Unidas reclam贸 reiteradamente a Espa帽a que avanzara hacia la descolonizaci贸n. La cuesti贸n no era simplemente sustituir una administraci贸n colonial por otra, sino permitir que los habitantes del territorio pudieran determinar su futuro pol铆tico. Durante los a帽os sesenta y setenta surgi贸 adem谩s una conciencia nacional saharaui cada vez m谩s fuerte, que acabar铆a cristalizando en la creaci贸n del Frente Popular para la Liberaci贸n de Saguia el Hamra y R铆o de Oro, conocido como Frente Polisario, en 1973. Su aparici贸n modific贸 profundamente el escenario pol铆tico, porque la poblaci贸n saharaui comenz贸 a organizarse para reclamar el fin del dominio colonial y la independencia.

1975: el final de Espa帽a y el comienzo del conflicto

El momento decisivo lleg贸 en 1975. Espa帽a se encontraba en los 煤ltimos meses de la dictadura franquista y el futuro del territorio estaba sometido a fuertes presiones internacionales. Marruecos defend铆a que el S谩hara Occidental formaba parte de su espacio territorial hist贸rico, mientras que Mauritania tambi茅n manten铆a reivindicaciones sobre una parte del territorio. Frente a estas posiciones, el Frente Polisario defend铆a la independencia y Naciones Unidas sosten铆a el principio de autodeterminaci贸n.

En octubre de aquel a帽o, el Tribunal Internacional de Justicia emiti贸 una opini贸n consultiva sobre el S谩hara Occidental. El tribunal reconoci贸 que exist铆an determinados v铆nculos jur铆dicos entre el sult谩n de Marruecos y algunas poblaciones del territorio, as铆 como determinados v铆nculos con Mauritania, pero concluy贸 que no exist铆an v铆nculos de soberan铆a territorial que impidieran la aplicaci贸n del principio de autodeterminaci贸n. Es decir, la existencia de relaciones hist贸ricas no pod铆a utilizarse para negar al pueblo saharaui la posibilidad de decidir su futuro.

Sin embargo, la situaci贸n sobre el terreno evolucion贸 en otra direcci贸n. Marruecos organiz贸 la denominada Marcha Verde, mediante la cual decenas de miles de personas fueron movilizadas hacia el territorio. Espa帽a, debilitada por la crisis final del franquismo y ante la presi贸n marroqu铆, termin贸 abandonando el S谩hara. Los Acuerdos de Madrid de noviembre de 1975 establecieron una administraci贸n provisional en la que participaron Marruecos y Mauritania, aunque estos acuerdos no resolvieron jur铆dicamente la cuesti贸n de la soberan铆a ni sustituyeron el proceso de descolonizaci贸n reconocido por Naciones Unidas.

La retirada espa帽ola tuvo consecuencias enormes. Para Marruecos comenz贸 una etapa de consolidaci贸n del control sobre gran parte del territorio; para el Frente Polisario comenz贸 una guerra por la independencia; y para miles de saharauis comenz贸 el exilio. El territorio que Espa帽a hab铆a administrado durante d茅cadas qued贸 sumido en un conflicto que la potencia colonial hab铆a abandonado sin permitir que la poblaci贸n pudiera decidir su futuro.

La guerra y el exilio saharaui

La guerra transform贸 por completo la vida del pueblo saharaui. El Frente Polisario se enfrent贸 primero a las fuerzas marroqu铆es y mauritanas y, despu茅s de la retirada de Mauritania, concentr贸 su lucha contra Marruecos. Miles de civiles abandonaron las zonas de combate y buscaron refugio en territorio argelino. En las proximidades de Tinduf comenzaron a establecerse los campamentos de refugiados saharauis que contin煤an existiendo hasta nuestros d铆as.

Aquellos campamentos no fueron concebidos como un lugar de residencia permanente. Se levantaron como una consecuencia directa de la guerra y del desplazamiento de la poblaci贸n, pero con el paso de los a帽os terminaron convirti茅ndose en el hogar de varias generaciones. La prolongaci贸n del conflicto hizo que muchas personas nacieran, crecieran y formaran sus propias familias en el exilio, sin haber podido regresar al territorio del que proced铆an sus padres y abuelos.

La situaci贸n tambi茅n produjo una profunda divisi贸n territorial. Marruecos fue consolidando el control sobre las principales ciudades y buena parte de las zonas econ贸micamente m谩s importantes del S谩hara Occidental, mientras el Frente Polisario mantuvo presencia en 谩reas situadas al este de la berma y en los territorios pr贸ximos a Argelia. A finales de los a帽os ochenta, Marruecos hab铆a construido una enorme barrera defensiva que se extiende aproximadamente durante 2.700 kil贸metros y que pas贸 a dividir f铆sicamente el territorio.

El muro se convirti贸 en el s铆mbolo m谩s visible de una realidad que contin煤a afectando a miles de personas. No solamente separa dos zonas bajo diferentes controles militares, sino que tambi茅n ha contribuido a separar familias y comunidades que durante generaciones hab铆an compartido un mismo espacio. La presencia de minas y de instalaciones militares alrededor de la berma a帽ade adem谩s un riesgo permanente para la poblaci贸n.

1991: el alto el fuego y la promesa del refer茅ndum

Despu茅s de diecis茅is a帽os de enfrentamiento, Marruecos y el Frente Polisario aceptaron en 1988 un plan de arreglo impulsado por Naciones Unidas y la Organizaci贸n para la Unidad Africana. El acuerdo abri贸 la posibilidad de poner fin a la guerra mediante un alto el fuego y la celebraci贸n de un refer茅ndum de autodeterminaci贸n.

El alto el fuego entr贸 en vigor el 6 de septiembre de 1991 y Naciones Unidas cre贸 la Misi贸n de las Naciones Unidas para el Refer茅ndum del S谩hara Occidental, conocida como MINURSO. Su misi贸n era preparar las condiciones para que la poblaci贸n pudiera votar y determinar el futuro del territorio. La consulta deb铆a ofrecer dos posibilidades fundamentales: la independencia o la integraci贸n con Marruecos.

Parec铆a entonces que el conflicto pod铆a entrar finalmente en una etapa diferente. Despu茅s de a帽os de guerra, la comunidad internacional hab铆a conseguido establecer un mecanismo pol铆tico y una misi贸n internacional sobre el terreno. Sin embargo, la celebraci贸n del refer茅ndum comenz贸 a encontrar obst谩culos relacionados con la identificaci贸n de los votantes y con las posiciones enfrentadas de las partes. El proceso, que inicialmente deb铆a desarrollarse con relativa rapidez, comenz贸 a prolongarse.

El problema del censo adquiri贸 una importancia enorme. Determinar qui茅n deb铆a participar en la consulta no era una cuesti贸n puramente administrativa, porque de esa decisi贸n depend铆a la composici贸n del cuerpo electoral y, por tanto, el resultado del refer茅ndum. Las discrepancias entre Marruecos y el Frente Polisario terminaron paralizando el proceso durante a帽os. Mientras tanto, la presencia de Naciones Unidas se prolongaba y el territorio permanec铆a dividido.

La paradoja era evidente: Naciones Unidas hab铆a conseguido detener la guerra, pero no hab铆a conseguido completar el proceso pol铆tico que deb铆a sustituirla.

Cuando el tiempo se convierte en parte del problema

La prolongaci贸n de la situaci贸n modific贸 tambi茅n las condiciones pol铆ticas del conflicto. Una soluci贸n que en 1991 parec铆a vinculada a un refer茅ndum comenz贸 a convertirse, con el paso de los a帽os, en una negociaci贸n cada vez m谩s compleja sobre el futuro del territorio. Diferentes enviados especiales y distintas propuestas intentaron desbloquear la situaci贸n, pero ninguna consigui贸 reunir el consenso necesario.

Para el pueblo saharaui, cada a帽o sin soluci贸n significaba continuar dividido entre el exilio, la ocupaci贸n y una situaci贸n pol铆tica sin resolver. Para Marruecos, mientras tanto, el paso del tiempo permit铆a consolidar su presencia sobre el terreno y desarrollar estructuras administrativas y econ贸micas en las zonas bajo su control. El conflicto empezaba as铆 a convertirse en una disputa en la que el paso de los a帽os no afectaba de igual manera a todos los actores.

Esta es una de las cuestiones centrales para entender la historia del S谩hara Occidental. Un conflicto congelado no significa necesariamente que las posiciones permanezcan inm贸viles. Mientras las negociaciones internacionales contin煤an, la realidad sobre el terreno sigue cambiando. Las generaciones se suceden, las ciudades crecen, las estructuras econ贸micas se consolidan y las poblaciones se acostumbran a vivir dentro de una situaci贸n que originalmente deb铆a ser provisional.

Por eso la ausencia de una soluci贸n no puede considerarse neutral. El paso del tiempo tambi茅n modifica el equilibrio existente.

El silencio internacional y la responsabilidad de Espa帽a

En esta historia, Espa帽a ocupa un lugar que no puede ser ignorado. No fue simplemente un pa铆s que observ贸 el conflicto desde fuera, sino la potencia colonial que administr贸 el territorio hasta 1975 y que abandon贸 el proceso de descolonizaci贸n sin haber permitido que el pueblo saharaui ejerciera su derecho a decidir.

La responsabilidad hist贸rica espa帽ola contin煤a siendo objeto de debate. Para una parte importante de la sociedad espa帽ola, la cuesti贸n saharaui mantiene adem谩s una dimensi贸n moral y pol铆tica particular. Miles de personas han desarrollado durante d茅cadas campa帽as de solidaridad con el pueblo saharaui, mientras numerosas asociaciones han reclamado que Espa帽a asuma un papel m谩s activo en la defensa del derecho de autodeterminaci贸n.

La posici贸n oficial espa帽ola, sin embargo, ha estado condicionada durante d茅cadas por sus relaciones con Marruecos. La proximidad geogr谩fica, los intereses econ贸micos, las cuestiones migratorias, la cooperaci贸n en materia de seguridad y la importancia estrat茅gica del pa铆s magreb铆 han pesado sobre la pol铆tica exterior espa帽ola. El S谩hara Occidental ha terminado convirti茅ndose as铆 en un asunto en el que la defensa de determinados principios internacionales convive con intereses pol铆ticos y diplom谩ticos muy concretos.

Esta contradicci贸n no afecta 煤nicamente a Espa帽a. Tambi茅n pone de manifiesto las limitaciones de la pol铆tica internacional cuando los derechos de los pueblos chocan con los intereses de los Estados. El S谩hara Occidental contin煤a siendo un territorio pendiente de descolonizaci贸n, pero la comunidad internacional no ha encontrado la voluntad pol铆tica necesaria para hacer efectivo el derecho que reconoce sobre el papel.

2020: el alto el fuego vuelve a romperse

Durante casi tres d茅cadas, la situaci贸n se mantuvo bajo un alto el fuego fr谩gil. Pero en noviembre de 2020 la tensi贸n acumulada termin贸 provocando un nuevo enfrentamiento.

La crisis se produjo en la zona de Guerguerat, un paso situado en el extremo sur del territorio, pr贸ximo a la frontera con Mauritania. Marruecos despleg贸 fuerzas en la zona para abrir una carretera que el Frente Polisario consideraba una violaci贸n del acuerdo militar establecido tras el alto el fuego. El Polisario respondi贸 declarando que el alto el fuego hab铆a quedado roto y anunci贸 el regreso a la lucha armada.

A partir de ese momento, el conflicto entr贸 en una nueva etapa. Aunque la intensidad de los enfrentamientos no era comparable con la guerra de las d茅cadas anteriores, el hecho pol铆tico era de enorme importancia: despu茅s de casi treinta a帽os, el alto el fuego de 1991 hab铆a dejado de funcionar como antes.

La reanudaci贸n de las hostilidades deber铆a haber servido como una llamada de atenci贸n para la comunidad internacional. El modelo basado en mantener indefinidamente una situaci贸n provisional hab铆a demostrado sus l铆mites. Sin una soluci贸n pol铆tica capaz de responder a las aspiraciones del pueblo saharaui, el riesgo de que el conflicto permaneciera abierto segu铆a existiendo.

Un conflicto que no desapare

Ahora nuevamente, en este a帽o 2021, el S谩hara Occidental vuelve a encontrarse ante una situaci贸n que muchos hab铆an considerado imposible despu茅s de tres d茅cadas de alto el fuego: la guerra hab铆a regresado. El conflicto que comenz贸 tras la retirada espa帽ola en 1975 no hab铆a sido resuelto, sino simplemente contenido durante un periodo prolongado.

La historia de estos a帽os permite entender por qu茅 no basta con hablar del S谩hara Occidental como una disputa territorial entre Marruecos y el Frente Polisario. En su origen existe un proceso de descolonizaci贸n inconcluso; detr谩s de la guerra existe una poblaci贸n que reivindica su derecho a decidir; y detr谩s del bloqueo diplom谩tico aparecen los intereses de diferentes Estados y potencias que han convertido el conflicto en una pieza m谩s del complejo tablero pol铆tico del norte de 脕frica.

M谩s de cuatro d茅cadas despu茅s de la retirada espa帽ola, el pueblo saharaui contin煤a esperando una soluci贸n que le permita decidir su futuro. Una parte de su poblaci贸n permanece en los campamentos de refugiados de Tinduf; otra vive en los territorios controlados por Marruecos; y otra se encuentra repartida por diferentes pa铆ses. Entre todas esas comunidades permanece una misma reivindicaci贸n: que el futuro del S谩hara Occidental no sea decidido por las potencias que han intervenido en su historia, sino por su propia poblaci贸n.

El regreso de la guerra en 2020 demuestra que ning煤n conflicto desaparece simplemente porque deje de ocupar las primeras p谩ginas de los peri贸dicos. La paz de 1991 consigui贸 detener durante casi treinta a帽os los enfrentamientos a gran escala, pero no resolvi贸 la cuesti贸n que los hab铆a provocado. El refer茅ndum nunca lleg贸 a celebrarse y la descolonizaci贸n qued贸 pendiente.

El S谩hara Occidental contin煤a siendo, por tanto, una de las grandes asignaturas pendientes del proceso de descolonizaci贸n africano. Y mientras Naciones Unidas siga reconociendo el derecho del pueblo saharaui a la libre determinaci贸n sin conseguir garantizar las condiciones para que pueda ejercerlo, la historia iniciada con la retirada espa帽ola en 1975 seguir谩 sin escribir su 煤ltimo cap铆tulo.

Con el regreso de las hostilidades, la pregunta vuelve a ser inevitable: ¿cu谩nto tiempo puede mantenerse una situaci贸n provisional antes de que se convierta en una injusticia permanente? Para el pueblo saharaui, la respuesta se mide ya en generaciones.



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