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domingo, 18 de octubre de 2026

Mensaje en la botella para el pueblo de Espa帽a


Por Javier Huerta

Abstenci贸n, lucha de clases y la necesidad de recuperar nuestra voz

Hay mensajes que se lanzan al mar sin saber qui茅n los encontrar谩. Este art铆culo quiere ser uno de ellos: una invitaci贸n a quienes han dejado de confiar en la pol铆tica, se sienten decepcionados por los partidos o creen que votar no sirve para nada. No se trata de ignorar sus razones, sino de plantear una pregunta: si renunciamos a participar, ¿qui茅n tomar谩 las decisiones que afectan a nuestras vidas?

Quien trabaja y no consigue llegar a fin de mes, quien no puede emanciparse por el precio de la vivienda, quien busca empleo sin encontrarlo o quien necesita una pensi贸n, servicios p煤blicos y apoyos para vivir con dignidad tiene motivos para exigir respuestas. Pero abandonar las urnas no obliga a los partidos a cambiar. Puede, en cambio, reducir la capacidad de influir de quienes m谩s necesitan que las pol铆ticas p煤blicas protejan sus derechos.

Una conquista que no debemos despreciar

Durante la dictadura franquista, los partidos pol铆ticos estuvieron prohibidos, la oposici贸n fue perseguida y el sindicalismo independiente sufri贸 la represi贸n. Trabajadores, estudiantes, mujeres, militantes y movimientos populares lucharon por conquistar las libertades que hoy podemos ejercer. La democracia no fue un regalo: fue resultado de una lucha colectiva.

La recuperaci贸n de las elecciones y de las libertades pol铆ticas abri贸 una etapa nueva, pero no acab贸 con las desigualdades econ贸micas ni con los privilegios. La democracia formal tampoco garantiza por s铆 sola una vivienda asequible, un empleo digno o unos servicios p煤blicos suficientes. Para avanzar en esos derechos hacen falta organizaci贸n social, movilizaci贸n y decisiones pol铆ticas.

Por eso, recordar las luchas democr谩ticas no significa idealizar el sistema actual. Significa comprender que las libertades deben ejercerse y ampliarse. Si dejamos de participar porque estamos decepcionados, no desaparecen los intereses econ贸micos ni los conflictos sociales: las decisiones siguen tom谩ndose, con independencia de que acudamos o no a votar.

La abstenci贸n tambi茅n tiene consecuencias

En las elecciones generales del 23 de julio de 2023, la participaci贸n fue del 70,4 % y la abstenci贸n alcanz贸 el 29,6 %: 10.402.450 electores no votaron. En noviembre de 2019, la participaci贸n hab铆a sido del 66,23 %. La diferencia entre ambas convocatorias muestra que la movilizaci贸n electoral cambia seg煤n el contexto pol铆tico y las circunstancias de cada elecci贸n. 

Las causas de la abstenci贸n son diversas. Hay personas que rechazan a todos los partidos, otras se sienten defraudadas por quienes votaron anteriormente y algunas no encuentran una candidatura que responda a sus preocupaciones. Tambi茅n influyen las circunstancias personales y las dificultades para participar. No podemos afirmar que todas las personas abstencionistas sean de izquierdas, pertenezcan a la clase trabajadora o compartan una misma motivaci贸n.

Sin embargo, hay un riesgo pol铆tico que conviene comprender. La abstenci贸n no transfiere votos de la izquierda a la derecha, pero puede favorecer electoralmente a esta 煤ltima cuando una parte del electorado progresista deja de votar y el electorado conservador mantiene su movilizaci贸n. Si unos se quedan en casa y otros acuden a las urnas, los segundos aumentan su peso relativo entre los votos emitidos.

El efecto depende de qui茅n se abstiene, de la distribuci贸n territorial del voto y de las reglas electorales. En Espa帽a, los esca帽os del Congreso se reparten por provincias mediante la f贸rmula D'Hondt, y el n煤mero de representantes de cada circunscripci贸n influye en las posibilidades de obtener esca帽o. Por eso, el resultado no depende 煤nicamente del porcentaje estatal de votos.

La abstenci贸n no siempre perjudica a la izquierda ni beneficia necesariamente a la derecha. Pero quedarse en casa no es una forma fiable de castigar a un partido. La ausencia puede expresar desencanto, aunque no obliga a ninguna organizaci贸n a interpretar el mensaje ni a cambiar sus pol铆ticas. Los votos emitidos, en cambio, s铆 determinan la representaci贸n parlamentaria.

La idea de que «mi voto no cambia nada» tampoco tiene en cuenta que los resultados colectivos se construyen con decisiones individuales. No todos los votos tienen el mismo efecto sobre el reparto de esca帽os, pero en una elecci贸n ajustada unos pocos pueden resultar decisivos. Y aunque una papeleta no resuelva por s铆 sola los problemas de una persona, renunciar a votar tampoco los resolver谩.

La lucha de clases no termina al salir del centro de trabajo

La pol铆tica es tambi茅n un terreno donde se decide c贸mo se distribuyen los recursos, qui茅n soporta las desigualdades y qu茅 derechos se protegen. La lucha de clases se expresa en los salarios, la precariedad, la vivienda, los impuestos, las pensiones y la financiaci贸n de los servicios p煤blicos. No desaparece porque disminuya el inter茅s por las elecciones.

La clase trabajadora tampoco est谩 formada 煤nicamente por quienes tienen hoy un empleo. Incluye realidades diversas: personas asalariadas, desempleadas, jubiladas, cuidadoras sin remuneraci贸n y personas que, por una discapacidad, una enfermedad u otras circunstancias, necesitan apoyos para vivir con autonom铆a. Sus situaciones no son id茅nticas, pero muchas dependen de c贸mo se distribuyen la riqueza y las oportunidades y de qu茅 protecci贸n ofrece la sociedad.

Las pensiones, la sanidad p煤blica, la educaci贸n, la atenci贸n a la dependencia y las prestaciones sociales no son cuestiones secundarias. Son derechos cuya cobertura y calidad dependen tambi茅n de decisiones pol铆ticas. Una sociedad no puede medir la dignidad de las personas 煤nicamente por su capacidad para trabajar o por los ingresos que generan.

Por eso, jubilados, personas con discapacidad, familias con pocos recursos y quienes necesitan apoyos p煤blicos tienen razones para participar y examinar las propuestas de las distintas candidaturas. No porque deban votar autom谩ticamente a una determinada formaci贸n, sino porque las decisiones pol铆ticas afectan a sus condiciones de vida y a sus derechos.

Aqu铆 existe una diferencia pol铆tica importante entre la izquierda y la derecha. La tradici贸n de la izquierda ha estado vinculada a las luchas del movimiento obrero, la ampliaci贸n de los derechos sociales, la redistribuci贸n de la riqueza y la defensa de los servicios p煤blicos. Son conquistas asociadas a d茅cadas de organizaci贸n sindical, movilizaci贸n popular y acci贸n pol铆tica. Frente a proyectos que priorizan la reducci贸n de impuestos a quienes m谩s tienen, la privatizaci贸n o el debilitamiento de la protecci贸n colectiva, la izquierda tiene la responsabilidad de defender y ampliar los derechos de las mayor铆as trabajadoras y de los sectores m谩s vulnerables.

Eso no significa que cualquier partido que se defina de izquierdas cumpla autom谩ticamente esa funci贸n. Las propuestas, las decisiones y los resultados deben examinarse cr铆ticamente. Pero s铆 significa que, para quienes defienden la igualdad social y los derechos de las clases populares, tiene sentido participar y apoyar electoralmente a las opciones de izquierda que mejor representen esos objetivos. La cr铆tica a sus errores no exige abandonar las urnas; tambi茅n puede servir para exigirles m谩s y construir alternativas mejores.

La participaci贸n se construye colectivamente

La abstenci贸n no se combate culpando a quienes no votan. Se combate escuchando sus razones y recuperando los v铆nculos entre la pol铆tica y los problemas cotidianos. Los sindicatos, las asociaciones vecinales, las organizaciones de pensionistas y las plataformas en defensa de la sanidad, la educaci贸n, la vivienda o la dependencia pueden ayudar a convertir necesidades compartidas en demandas colectivas.

La participaci贸n tampoco se limita a las campa帽as electorales. Se construye en los centros de trabajo, los barrios, las asociaciones y los movimientos sociales. Estos espacios permiten informarse, debatir y organizarse, mientras que las elecciones deciden qui茅n ocupa las instituciones y con qu茅 programa y apoyos puede gobernar.

Quienes ya participan pueden contribuir hablando con familiares, amistades, compa帽eros de trabajo y vecinos que se han alejado de la pol铆tica. No para imponerles una papeleta, sino para conversar sobre los problemas que les afectan, contrastar propuestas y recordarles que su voz tambi茅n cuenta. La movilizaci贸n democr谩tica necesita argumentos y confianza, no reproches.

Esta responsabilidad alcanza igualmente a los partidos. No pueden reclamar el voto de las clases populares y olvidarse de sus problemas el resto de la legislatura. Deben escuchar, explicar sus decisiones, cumplir sus compromisos y rendir cuentas. La confianza no se exige: se gana con pol铆ticas, resultados y coherencia.

Votar a la izquierda sin renunciar a la cr铆tica

Participar no significa entregar un cheque en blanco. Significa reconocer que las decisiones pol铆ticas tienen consecuencias y que conviene influir en ellas. La ciudadan铆a debe comparar programas, examinar trayectorias y valorar qu茅 candidaturas ofrecen respuestas m谩s convincentes a sus necesidades y principios.

Para quienes viven de su trabajo, dependen de una pensi贸n, afrontan el desempleo o necesitan servicios p煤blicos, la pol铆tica no es una discusi贸n lejana. Las decisiones de los ayuntamientos, las comunidades aut贸nomas, el Estado y las instituciones europeas afectan a la vivienda, la sanidad, la educaci贸n, las pensiones, los derechos laborales y las prestaciones sociales.

Por eso, si defendemos una sociedad m谩s justa, en la que la riqueza se distribuya mejor y nadie quede abandonado por no tener recursos o no poder trabajar, debemos implicarnos en las decisiones que pueden acercarnos a ese objetivo. La participaci贸n electoral y la movilizaci贸n social son herramientas complementarias: votar a opciones de izquierda comprometidas con los derechos sociales puede ayudar a avanzar, y organizarse permite exigir que cumplan lo prometido.

No se trata de afirmar que el voto lo cambia todo ni de negar las limitaciones de las instituciones. Se trata de no regalar nuestra capacidad de decisi贸n. La derecha no necesita que quienes discrepan de sus pol铆ticas la apoyen; le basta, en determinadas circunstancias, con que sus adversarios se desmovilicen mientras su propio electorado permanece activo.

Que nuestra voz no vuelva a quedar en silencio

Los derechos laborales, las libertades democr谩ticas, las pensiones y los servicios p煤blicos son fruto de luchas colectivas. No est谩n garantizados para siempre. Defenderlos exige organizaci贸n, participaci贸n y capacidad para exigir responsabilidades a quienes gobiernan.

Este mensaje no pide fidelidad incondicional a ning煤n partido. Invita a quienes est谩n decepcionados a no confundir la cr铆tica con la renuncia, ni el rechazo a una organizaci贸n concreta con la indiferencia ante las decisiones que afectan a toda la sociedad. Si los partidos de izquierda fallan, hay que exigirles que rectifiquen y que respondan a las necesidades populares. Pero dejar de participar puede reducir la capacidad de quienes m谩s necesitan las pol铆ticas sociales para defender sus derechos.

La pregunta no es si un voto aislado puede resolverlo todo. La pregunta es qu茅 ocurre cuando millones de personas renuncian a participar y qu茅 podemos conseguir cuando convertimos nuestras necesidades en demandas compartidas. Votar no sustituye la lucha social, pero puede contribuir a determinar qui茅n legisla, qu茅 pol铆ticas se financian y qu茅 derechos se protegen.

Si queremos una sociedad m谩s igualitaria, no basta con indignarse ante las injusticias: hay que organizarse, movilizarse y participar. Y, cuando llegue el momento de votar, valorar qu茅 opciones defienden con mayor claridad los intereses de las clases trabajadoras y de quienes m谩s necesitan una sociedad solidaria.

La confianza debe ganarse, los compromisos deben cumplirse y los derechos deben defenderse. Esa es tambi茅n la raz贸n para acudir a las urnas y exigir m谩s a la izquierda, no para renunciar a ella sin haber construido una alternativa mejor.

En el pr贸ximo art铆culo abordare precisamente esa tarea: qu茅 debe exigir la clase trabajadora a la izquierda, desde los salarios y la vivienda hasta las pensiones, la sanidad, la educaci贸n y la protecci贸n social, y c贸mo convertir esas demandas en compromisos concretos y verificables.

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s谩bado, 10 de octubre de 2026

La 81.陋 Asamblea General de la ONU: entre Imperialismo, Crisis del Multilateralismo y lucha por imponer el relato

Por Javier Huerta

La 81.陋 Asamblea General de las Naciones Unidas ha terminado dejando una impresi贸n dif铆cil de resumir en una sola palabra. Durante varios d铆as, representantes de 194 delegaciones, entre ellos 113 jefes de Estado y de Gobierno, ocuparon la tribuna de la organizaci贸n para hablar de guerras, soberan铆a, desarrollo, Palestina, Ucrania, Ir谩n, deuda, cambio clim谩tico, inteligencia artificial y reforma de las instituciones internacionales. Al cerrar el debate, el presidente de la Asamblea General, Khalilur Rahman, resumi贸 algunas de las principales preocupaciones expresadas por los Estados: la protecci贸n de la poblaci贸n civil, el acceso humanitario, la rendici贸n de cuentas, las soluciones pol铆ticas basadas en el derecho internacional y la necesidad de que el Consejo de Seguridad cumpla las responsabilidades que le asigna la Carta. El lema de esta sesi贸n —«Restoring Trust, Managing Transformation: A United Nations That Delivers for All»— condensaba precisamente el desaf铆o: recuperar la confianza en una organizaci贸n cuya autoridad se encuentra sometida a una presi贸n creciente.

Pero detr谩s de la sucesi贸n de discursos aparece una cuesti贸n m谩s profunda. La Asamblea no ha sido 煤nicamente otro escenario para enumerar los problemas del planeta, sino un espacio donde se ha hecho visible la disputa por las reglas que deben organizar las relaciones internacionales en un mundo que ya no se corresponde con el reparto de poder de 1945. Ant贸nio Guterres advirti贸 de la profundizaci贸n de las fracturas internacionales y situ贸 entre los grandes desaf铆os de nuestro tiempo la guerra y la paz, la desigualdad, el cambio clim谩tico y la inteligencia artificial. Lo que est谩 en juego, por tanto, no es solamente si Naciones Unidas funciona mejor o peor, sino qui茅n tiene capacidad para definir qu茅 significan la seguridad, la soberan铆a, el desarrollo, la legalidad internacional y la cooperaci贸n en el siglo XXI.

En «La ONU entre expectativas y realidad», Fabrizio Casari examina la distancia entre los objetivos fundacionales de la organizaci贸n y los l铆mites que impone la realidad internacional. Y en el articulo, «Las an茅cdotas de la 81.陋 Asamblea General de la ONU en crisis: una semana que retrat贸 el mundo que est谩 cambiando», donde repaso algunos de los episodios m谩s significativos de la semana de alto nivel. Este art铆culo contin煤a esa reflexi贸n desde una perspectiva pol铆tica y econ贸mica: m谩s all谩 de las escenas y los discursos, interesa examinar las relaciones de poder y las contradicciones institucionales que ayudan a explicar la crisis del multilateralismo y las fuerzas que pugnan por definir el orden internacional que est谩 tomando forma.

Una organizaci贸n nacida en 1945 ante un mundo transformado

La arquitectura institucional creada despu茅s de la Segunda Guerra Mundial contin煤a siendo el marco jur铆dico fundamental del sistema internacional, pero el mundo que la sostiene ha cambiado profundamente. Las potencias que entonces concentraban gran parte de la capacidad econ贸mica, militar y pol铆tica conservan una influencia extraordinaria, aunque junto a ellas han aparecido nuevos centros de poder econ贸mico, tecnol贸gico y demogr谩fico. China ocupa una posici贸n central en la econom铆a mundial; India ha incrementado su peso econ贸mico y pol铆tico; Rusia mantiene una considerable capacidad militar y energ茅tica; y numerosos pa铆ses latinoamericanos, africanos y asi谩ticos reclaman un mayor margen de decisi贸n. Agrupaciones como BRICS expresan, pese a la heterogeneidad y los intereses diferentes de sus miembros, la b煤squeda de mecanismos de cooperaci贸n que no dependan exclusivamente de instituciones dominadas hist贸ricamente por las potencias occidentales.

La cuesti贸n no consiste simplemente en sustituir un centro de poder por otro, sino en determinar si la transformaci贸n de la distribuci贸n internacional del poder puede traducirse en instituciones m谩s representativas y en mayores m谩rgenes de decisi贸n para los pa铆ses que hist贸ricamente han tenido menos capacidad para establecer las reglas.

En este debate vuelve a adquirir actualidad la figura de Miguel d’Escoto Brockmann. Durante su presidencia de la Asamblea General, en 2008-2009, el diplom谩tico y sacerdote nicarag眉ense defendi贸 una democratizaci贸n profunda de la ONU y cuestion贸 que el Consejo de Seguridad concentrar谩 una capacidad pol铆tica desproporcionada respecto de la Asamblea General, donde est谩n representados todos los Estados miembros. Sus propuestas no resolvieron aquella contradicci贸n, pero permiten recordar que la discusi贸n sobre la reforma de la ONU no naci贸 con la crisis actual: lleva d茅cadas vinculada al problema de qui茅n decide en nombre de la comunidad internacional. Para profundizar en este legado, puede consultarse el art铆culo «Miguel d’Escoto y la reinvenci贸n de la ONU: una propuesta sandinista para democratizar el mundo».

La necesidad de reformar la organizaci贸n no puede separarse de la desigualdad de poder que caracteriza su funcionamiento. La existencia de un Consejo de Seguridad con cinco miembros permanentes dotados de derecho de veto condiciona la respuesta internacional ante numerosas crisis. Mientras tanto, regiones enteras contin煤an reclamando una representaci贸n acorde con su peso demogr谩fico y pol铆tico. 脕frica, cuya exclusi贸n de los puestos permanentes sigue siendo uno de los principales asuntos pendientes, recuerda que la reforma institucional no es una discusi贸n meramente administrativa: tambi茅n es una disputa por corregir las jerarqu铆as heredadas de un orden mundial anterior.

Soberan铆a, doble rasero y poder de las grandes potencias

La disputa se hizo particularmente visible en el discurso de Estados Unidos. La Administraci贸n Trump present贸 ante la Asamblea una concepci贸n de las relaciones internacionales basada en la soberan铆a nacional, la primac铆a de los intereses estadounidenses y el rechazo de una mayor transferencia de competencias hacia estructuras internacionales. La propia Casa Blanca resumi贸 la intervenci贸n de Donald Trump como una defensa de la fortaleza estadounidense, de sus intereses y de su soberan铆a. Esa posici贸n puede consultarse en la declaraci贸n oficial de la Casa Blanca del 22 de septiembre de 2026.

Sin embargo, la defensa de la soberan铆a debe contrastarse con las actuaciones concretas de Washington y con el trato que dispensa a otros pa铆ses cuando sus decisiones no coinciden con los intereses estadounidenses. Uno de los episodios m谩s significativos fue la denegaci贸n o revocaci贸n de visados a representantes palestinos, incluido el presidente Mahmud Ab谩s, que impidi贸 su participaci贸n presencial en la sede de Naciones Unidas durante la semana de alto nivel. El 17 de septiembre, la Asamblea General aprob贸 una resoluci贸n para permitir que Palestina participara mediante una intervenci贸n pregrabada: obtuvo 152 votos a favor, tres en contra —Estados Unidos, Israel y Paraguay— y cuatro abstenciones —Colombia, Honduras, Panam谩 y Per煤—. La resoluci贸n lament贸 expresamente la decisi贸n estadounidense. Los detalles figuran en la informaci贸n oficial de Naciones Unidas sobre la votaci贸n.

El episodio muestra una contradicci贸n dif铆cil de ignorar: mientras Washington reivindica su soberan铆a nacional y cuestiona las limitaciones que puedan imponerle las instituciones multilaterales, su pol铆tica de visados restringi贸 la participaci贸n palestina en el principal foro universal de la organizaci贸n. La votaci贸n no demuestra que todos los pa铆ses que apoyaron la resoluci贸n compartan una misma posici贸n sobre el conjunto del conflicto palestino-israel铆, pero s铆 refleja un amplio respaldo a que Palestina pudiera intervenir en el debate general.

El problema es m谩s amplio que este episodio. Las grandes potencias tienden a interpretar los principios internacionales en funci贸n de sus alianzas e intereses, presentando sus propias actuaciones como defensa de la seguridad o del orden mientras cuestionan las de sus adversarios. Se帽alar este doble rasero no exige afirmar que todas las situaciones sean id茅nticas ni que las responsabilidades de los Estados sean intercambiables; exige aplicar criterios coherentes a las actuaciones de todos ellos. Si la soberan铆a y el derecho internacional deben servir para limitar los abusos de poder, no pueden convertirse en argumentos que se invocan para proteger los intereses propios y se relativizan cuando amparan a pueblos o gobiernos enfrentados a una gran potencia.

La cuesti贸n adquiere mayor relevancia al comparar el discurso estadounidense con las posiciones de Nicaragua, Cuba o Ir谩n, pa铆ses que tambi茅n invocan la soberan铆a, aunque desde contextos y proyectos pol铆ticos diferentes. Sus declaraciones deben atribuirse a sus respectivos gobiernos y someterse a examen cr铆tico, pero no por ello cabe ignorar la cuesti贸n material que plantean: ¿qu茅 margen real de autodeterminaci贸n conserva un pa铆s cuando las sanciones, la presi贸n financiera, las restricciones comerciales o la amenaza militar condicionan sus decisiones? El problema no es qui茅n utiliza con mayor frecuencia el lenguaje de la soberan铆a, sino qui茅n dispone de capacidad para imponer sus decisiones y qui茅n puede exigir que las reglas se apliquen tambi茅n a las grandes potencias.

La guerra entre Estados Unidos e Ir谩n convirti贸 esa disputa en una cuesti贸n especialmente concreta. El presidente iran铆, Masoud Pezeshkian, afirm贸 ante la Asamblea que su pa铆s no capitular铆a ante la presi贸n militar estadounidense, pero sostuvo que Ir谩n segu铆a abierto a la diplomacia. Rechaz贸 negociar bajo amenaza, defendi贸 el car谩cter pac铆fico que Teher谩n atribuye a su programa nuclear y denunci贸 las acciones militares estadounidenses. La delegaci贸n estadounidense abandon贸 la sala al comienzo del discurso iran铆, seg煤n inform贸 Reuters el 23 de septiembre. Estas afirmaciones recogen la posici贸n del Gobierno iran铆 y no deben confundirse con una verificaci贸n independiente de todas sus acusaciones.

El episodio pone de manifiesto una de las contradicciones centrales de la pol铆tica internacional: la diplomacia contin煤a present谩ndose como instrumento para resolver las crisis, pero su eficacia queda gravemente limitada cuando la negociaci贸n se desarrolla bajo presi贸n militar, econ贸mica o financiera. El control de las rutas energ茅ticas, las sanciones, el petr贸leo y el estrecho de Ormuz no son cuestiones separadas de la geopol铆tica; forman parte de una misma disputa por la capacidad de los Estados para decidir sobre sus recursos y sus relaciones exteriores.

Algo semejante ocurre con Palestina y Ucrania, aunque sus contextos hist贸ricos y pol铆ticos sean diferentes. La Asamblea volvi贸 a escuchar llamamientos a proteger a la poblaci贸n civil y respetar el derecho internacional, mientras las posiciones de los Estados mostraron profundas diferencias sobre la aplicaci贸n pr谩ctica de esos principios. La credibilidad del sistema multilateral depende de que las normas no queden subordinadas permanentemente a las alianzas y a las relaciones de fuerza. No basta con proclamar la vigencia del derecho internacional: tambi茅n hay que examinar qu茅 ocurre cuando su aplicaci贸n entra en conflicto con los intereses de una potencia.

El Sur Global y la b煤squeda de un orden multipolar

Desde esta perspectiva deben leerse las intervenciones de varios pa铆ses del Sur Global. Nicaragua defendi贸, durante la reuni贸n dedicada al 40.潞 aniversario de la Declaraci贸n sobre el Derecho al Desarrollo, la eliminaci贸n de medidas que obstaculizan el desarrollo y vulneran la soberan铆a, la igualdad soberana, la no injerencia y la autodeterminaci贸n. Su representaci贸n reclam贸 una reforma de la arquitectura econ贸mica y financiera internacional para avanzar hacia un orden m谩s justo, democr谩tico, inclusivo y multipolar. La intervenci贸n puede consultarse en la transcripci贸n de Naciones Unidas de la reuni贸n del 23 de septiembre de 2026.

En el debate general, el Gobierno nicarag眉ense destac贸 asimismo la importancia creciente de BRICS, vincul贸 esa agrupaci贸n con el derecho al desarrollo, expres贸 solidaridad con Cuba, respald贸 el principio de una sola China (no reconoce a Taiw谩n como un Estado independiente de China) y manifest贸 su apoyo a la posici贸n rusa en favor de la paz. Estas declaraciones permiten identificar las prioridades diplom谩ticas de Managua, aunque no convierten a BRICS en una organizaci贸n homog茅nea ni demuestran que todos sus miembros compartan una misma concepci贸n del orden mundial. La agrupaci贸n re煤ne pa铆ses con intereses econ贸micos, estrategias internacionales y sistemas pol铆ticos diferentes, unidos en parte por la b煤squeda de mayor capacidad de negociaci贸n dentro de las instituciones mundiales.

Cuba plante贸 una problem谩tica relacionada al situar el bloqueo y las presiones econ贸micas estadounidenses en el centro de su reivindicaci贸n de soberan铆a y desarrollo. Para el Gobierno cubano, las restricciones econ贸micas y financieras limitan las posibilidades de desarrollo del pa铆s y forman parte de una pol铆tica de coerci贸n. El debate debe atender tanto a las consecuencias econ贸micas y sociales de esas medidas como a los argumentos que ofrece Washington para justificarlas. En cualquier caso, el uso de instrumentos econ贸micos para condicionar las decisiones pol铆ticas de otros Estados constituye una cuesti贸n central para comprender los l铆mites materiales de la soberan铆a.

Venezuela, por su parte, vincul贸 soberan铆a, recursos naturales, energ铆a, industria, comercio, tecnolog铆a e inteligencia artificial dentro de una misma concepci贸n de autonom铆a nacional. Su representaci贸n present贸 las sanciones y las presiones externas como obst谩culos para el desarrollo y para el control nacional de los recursos. Estas posiciones deben distinguirse de los hechos comprobables y de las interpretaciones sobre la pol铆tica venezolana, pero permiten identificar un argumento compartido por varios gobiernos del Sur: la soberan铆a pierde contenido material cuando las decisiones econ贸micas fundamentales quedan condicionadas por restricciones financieras, dificultades de acceso a mercados, tecnolog铆a o energ铆a.

Rusia defendi贸 una interpretaci贸n del futuro internacional basada en la construcci贸n de un mundo multipolar y en la oposici贸n a estructuras que considera dominadas por una minor铆a de potencias. Esa posici贸n debe analizarse teniendo en cuenta tambi茅n las actuaciones del propio Estado ruso y las controversias que suscita su pol铆tica exterior. La utilizaci贸n del lenguaje de la multipolaridad no exime a ning煤n gobierno de la obligaci贸n de respetar el derecho internacional.

China, por su parte, defendi贸 la centralidad de Naciones Unidas y de la Carta de la organizaci贸n, reclam贸 respeto a la soberan铆a y a la seguridad de los pa铆ses y abog贸 por resolver las controversias mediante el di谩logo y las consultas. Tambi茅n defendi贸 el principio de que sean los palestinos quienes gobiernen Palestina. Estas posiciones forman parte de la pol铆tica exterior del Gobierno chino y conviven con sus propios intereses estrat茅gicos y econ贸micos, que deben evaluarse, como los de cualquier gran potencia, a partir de sus declaraciones y de sus actuaciones.

La diversidad de posiciones se aprecia tambi茅n en pa铆ses que no pueden reducirse simplemente a uno u otro bloque. India advirti贸 sobre los efectos globales de los conflictos y reclam贸 proteger a la poblaci贸n civil y mantener los flujos de energ铆a y comercio, al tiempo que describi贸 las dificultades que afrontan los pa铆ses del Sur en materia de alimentos, combustibles, fertilizantes y financiaci贸n. Brasil ha defendido el multilateralismo, la soberan铆a latinoamericana y la reforma de las instituciones internacionales. Numerosos Estados africanos contin煤an reclamando una representaci贸n permanente del continente en el Consejo de Seguridad. Para muchos de estos pa铆ses, reformar el sistema significa corregir estructuras heredadas de una 茅poca colonial y ampliar la capacidad de decisi贸n de Estados cuya representaci贸n institucional no corresponde a su peso demogr谩fico y pol铆tico.

Ahora bien, ser铆a insuficiente describir esta transformaci贸n como una simple sustituci贸n de la hegemon铆a estadounidense por una futura hegemon铆a china, rusa o de cualquier otra potencia. La multipolaridad describe una distribuci贸n m谩s diversificada del poder, pero no garantiza por s铆 misma un orden internacional m谩s justo. Puede abrir espacios de autonom铆a para determinados Estados y, al mismo tiempo, mantener profundas desigualdades econ贸micas y sociales. La existencia de m谩s polos no elimina autom谩ticamente las relaciones de explotaci贸n, dependencia o concentraci贸n de riqueza. La transformaci贸n del equilibrio entre Estados y la transformaci贸n de las relaciones sociales no son procesos id茅nticos.

La econom铆a pol铆tica del nuevo orden mundial

La geopol铆tica no puede separarse de la econom铆a pol铆tica internacional. La disputa por el poder mundial tambi茅n pasa por qui茅n controla el cr茅dito, las monedas de reserva, los sistemas de pago, las cadenas de suministro, los recursos minerales, la energ铆a, los semiconductores, las infraestructuras digitales y las tecnolog铆as estrat茅gicas. Las sanciones pueden restringir el acceso a mercados, financiaci贸n y tecnolog铆a; la deuda reduce el margen de maniobra de numerosos pa铆ses; y la competencia por minerales cr铆ticos y fuentes energ茅ticas est谩 adquiriendo una importancia creciente. Al mismo tiempo, las grandes empresas tecnol贸gicas acumulan capacidades que hace apenas unas d茅cadas estaban reservadas casi exclusivamente a los Estados.

Por eso, la capacidad jur铆dica de un pa铆s para declararse soberano puede no coincidir con su capacidad material para ejercer esa soberan铆a. Cuando los pa铆ses endeudados encuentran dificultades para financiar pol铆ticas de desarrollo, cuando el acceso a tecnolog铆a depende de un reducido n煤mero de proveedores y cuando las cadenas de producci贸n est谩n concentradas en determinados territorios, la autonom铆a nacional se ve condicionada por relaciones econ贸micas que desbordan las fronteras. La discusi贸n sobre una nueva arquitectura financiera internacional, planteada por Nicaragua y otros pa铆ses del Sur, afecta as铆 al reparto mundial de recursos y de capacidad de decisi贸n, no solo al funcionamiento administrativo de las instituciones.

La inteligencia artificial constituye uno de los ejemplos m谩s claros de esta transformaci贸n. En su discurso de clausura del debate general, el presidente de la Asamblea General se帽al贸 que cuatro a帽os antes solo cinco delegaciones hab铆an abordado esta cuesti贸n, mientras que en 2026 lo hicieron 128, m谩s que las que hablaron sobre derechos humanos y cambio clim谩tico. El dato muestra la velocidad con la que la IA ha pasado de ocupar un lugar secundario a convertirse en una preocupaci贸n central de la agenda internacional. Puede consultarse en el discurso de clausura de Khalilur Rahman, del 28 de septiembre.

Pero la amplitud del debate no significa que todos los pa铆ses tengan la misma capacidad para intervenir en las decisiones. Seg煤n el informe de Naciones Unidas Governing AI for Humanity, publicado en 2024, 118 pa铆ses no eran parte de ninguna de las siete iniciativas internacionales de gobernanza de la inteligencia artificial examinadas en el documento. La cifra no significa que esos Estados estuvieran ausentes de todos los debates sobre IA, sino que no participaban en ninguno de esos siete mecanismos concretos. La desigualdad afecta, por tanto, tanto al acceso a las herramientas tecnol贸gicas como a la capacidad para influir en las reglas que determinar谩n su desarrollo y utilizaci贸n.

La concentraci贸n de los sistemas m谩s avanzados en un n煤mero reducido de pa铆ses y empresas plantea un problema que rebasa la innovaci贸n t茅cnica. Quien controla los centros de datos, los semiconductores, la capacidad de computaci贸n, las plataformas y los grandes conjuntos de datos dispone de una ventaja econ贸mica y estrat茅gica que puede condicionar a otros Estados. La presidencia de la Asamblea advirti贸 precisamente del riesgo de que un peque帽o n煤mero de pa铆ses y empresas controle los datos, la capacidad de computaci贸n y las reglas que afectar谩n al conjunto de la humanidad.

La IA se convierte as铆 en una cuesti贸n de soberan铆a tecnol贸gica, pero tambi茅n de clase: sus beneficios, los empleos que transforme, los riesgos que genere y el poder que concentre depender谩n de qui茅n posea las infraestructuras y de qui茅n pueda decidir sobre su uso. No basta con preguntar qu茅 pa铆ses liderar谩n la innovaci贸n; hay que preguntarse qui茅n se apropiar谩 de sus beneficios, qu茅 sectores soportar谩n sus costes y qu茅 capacidad tendr谩n los pueblos para intervenir en decisiones que afectar谩n a sus condiciones de vida.

La misma l贸gica atraviesa la cuesti贸n energ茅tica y los recursos naturales. Las guerras contempor谩neas no pueden analizarse exclusivamente a partir de declaraciones diplom谩ticas o movimientos militares cuando el petr贸leo, el gas, los minerales estrat茅gicos, las rutas mar铆timas y las infraestructuras forman parte de las condiciones materiales que permiten ejercer poder. El caso de Ir谩n y el estrecho de Ormuz lo ha vuelto particularmente evidente, pero la competencia por recursos estrat茅gicos se extiende desde Am茅rica Latina hasta 脕frica y Asia. El derecho de los pueblos a disponer de sus recursos aparece as铆 unido a la discusi贸n sobre desarrollo y soberan铆a que Nicaragua y otros pa铆ses del Sur llevaron a la Asamblea.

Desarrollo, desigualdad y crisis clim谩tica

La distancia entre los compromisos internacionales y sus resultados tambi茅n puede medirse en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El informe de Naciones Unidas de 2026 indica que, de las 139 metas para las que hab铆a datos de tendencia disponibles, solo el 36 % estaba en v铆as de cumplirse o mostraba avances moderados; el 49 % progresaba demasiado lentamente y el 15 % hab铆a retrocedido respecto de los niveles de 2015. El informe se帽ala entre los obst谩culos los conflictos, la desigualdad, la crisis clim谩tica, el endeudamiento y la insuficiencia de financiaci贸n.

Estas cifras impiden reducir la crisis del multilateralismo a un desacuerdo diplom谩tico entre gobiernos: tambi茅n reflejan la dificultad de convertir las declaraciones sobre desarrollo sostenible en mejoras suficientes para las mayor铆as sociales. Cuando los pa铆ses destinan recursos al servicio de la deuda, afrontan costes crecientes de financiaci贸n y carecen de acceso adecuado a tecnolog铆a e inversi贸n, su capacidad para desarrollar pol铆ticas propias queda condicionada. La reforma de la arquitectura econ贸mica y financiera internacional tiene consecuencias directas sobre la educaci贸n, la sanidad, el empleo, la alimentaci贸n y las posibilidades de desarrollo de millones de personas.

La cuesti贸n clim谩tica introduce otra contradicci贸n. Muchos pa铆ses que han contribuido relativamente menos a las emisiones hist贸ricas se encuentran entre los m谩s expuestos a sus consecuencias, mientras las grandes transformaciones energ茅ticas requieren inversiones, tecnolog铆a y financiaci贸n distribuidas de manera desigual. La discusi贸n medioambiental resulta inseparable de la cuesti贸n econ贸mica: qui茅n paga la transici贸n, qui茅n controla las nuevas tecnolog铆as, qui茅n posee los recursos necesarios para llevarla a cabo y qu茅 pa铆ses terminan asumiendo sus costes sociales y econ贸micos.

La crisis clim谩tica, el endeudamiento y la desigualdad no son problemas independientes que puedan resolverse mediante declaraciones separadas. Condicionan la capacidad de los Estados para responder a las necesidades de sus poblaciones y muestran hasta qu茅 punto las reglas econ贸micas internacionales pueden facilitar o limitar el desarrollo. Sin cambios en esas condiciones materiales, los compromisos multilaterales corren el riesgo de quedarse en objetivos declarados sin recursos suficientes para hacerlos realidad.

La batalla por el relato y la legitimidad internacional

La sucesi贸n de crisis vuelve a poner sobre la mesa la cuesti贸n de la informaci贸n. Palestina, Ucrania, Ir谩n, Venezuela, Cuba y otros conflictos muestran que la batalla internacional no se libra 煤nicamente mediante la diplomacia, las sanciones o la fuerza militar. Tambi茅n existe una disputa por la interpretaci贸n de los acontecimientos, por las categor铆as con las que se describen las guerras, por la legitimidad de determinados gobiernos y por la definici贸n de qui茅n aparece como defensor del derecho internacional y qui茅n como violador de sus principios.

Imponer un relato no es un elemento decorativo de la geopol铆tica: influir sobre la percepci贸n internacional condiciona la legitimidad pol铆tica de las medidas econ贸micas, militares y diplom谩ticas que posteriormente pueden adoptarse. Pero el an谩lisis cr铆tico debe examinar qui茅n produce y difunde cada relato, qu茅 pruebas lo sostienen y qu茅 intereses pueden beneficiarse de 茅l. La versi贸n de un Gobierno no se convierte en verdadera por el mero hecho de contradecir la de otro, ni la cr铆tica a una potencia obliga a aceptar sin examen las posiciones de sus adversarios.

En este contexto, Naciones Unidas contin煤a siendo una instituci贸n limitada, atravesada por las mismas relaciones de poder que pretende gestionar, pero al mismo tiempo dif铆cilmente sustituible. La presidencia de la Asamblea General se帽al贸 al cierre del debate que los Estados hab铆an defendido el multilateralismo en funci贸n de su capacidad para transformar las realidades concretas. Esa observaci贸n resulta fundamental: la organizaci贸n no recuperar谩 legitimidad simplemente multiplicando declaraciones y reuniones si las decisiones adoptadas no consiguen modificar las condiciones que producen las guerras, el hambre, la desigualdad, el endeudamiento o la destrucci贸n ambiental.

Por eso la reforma de Naciones Unidas vuelve inevitablemente al problema que Miguel d’Escoto plante贸 hace casi dos d茅cadas: qui茅n decide. La composici贸n del Consejo de Seguridad, el derecho de veto, la autoridad de la Asamblea General y la selecci贸n del pr贸ximo secretario general no son cuestiones meramente administrativas. El propio presidente de la Asamblea record贸 que, seg煤n la Carta, el Consejo de Seguridad recomienda al secretario general y la Asamblea General realiza el nombramiento, y reclam贸 un proceso transparente, inclusivo y basado en los m茅ritos. La elecci贸n de quien ocupar谩 la Secretar铆a General constituye otra expresi贸n de la disputa por la legitimidad y la autonom铆a de la organizaci贸n.

La 81.陋 Asamblea General deja, por tanto, un panorama en el que conviven concepciones diferentes del futuro internacional. Washington reivindica una soberan铆a nacional vinculada a la defensa de sus intereses; Mosc煤 presenta la multipolaridad como v铆a hacia una distribuci贸n diferente del poder; Nicaragua reclama soberan铆a, autodeterminaci贸n y una reforma econ贸mica y financiera internacional; Cuba insiste en las consecuencias de las medidas coercitivas y en su derecho al desarrollo; China defiende la centralidad de la Carta de Naciones Unidas y la soluci贸n de las controversias mediante el di谩logo; mientras India, Brasil y numerosos Estados africanos reclaman mayor representaci贸n, autonom铆a estrat茅gica y capacidad de decisi贸n. Son posiciones distintas, con intereses y proyectos propios, y precisamente por ello la Asamblea permite observar la transformaci贸n del sistema mundial.

El problema hist贸rico consiste ahora en saber qu茅 emerger谩 de esa transformaci贸n. Una mayor pluralidad de centros de poder puede abrir espacios para pa铆ses que durante d茅cadas tuvieron un margen limitado de decisi贸n, pero tambi茅n puede intensificar la competencia entre grandes potencias si no se acompa帽a de instituciones capaces de establecer reglas comunes. La alternativa no se reduce a elegir entre una hegemon铆a y otra. En 煤ltima instancia, la disputa internacional contin煤a teniendo una dimensi贸n material: qui茅n controla los recursos, el cr茅dito, la tecnolog铆a, la energ铆a, las cadenas de producci贸n, la informaci贸n y la fuerza militar; qui茅n determina las reglas que regulan esos recursos; y qu茅 capacidad conservan los pueblos y los Estados para decidir sobre su propio desarrollo.

La ONU naci贸 en 1945 con la promesa de impedir que las grandes potencias volvieran a arrastrar al mundo a una cat谩strofe semejante a la que acababa de terminar. Ocho d茅cadas despu茅s, aquella promesa sigue siendo necesaria, pero las relaciones de poder sobre las que se construy贸 la organizaci贸n ya no son las mismas. La 81.陋 Asamblea ha mostrado esa tensi贸n: un sistema internacional que necesita cooperaci贸n para afrontar problemas que ning煤n Estado puede resolver por s铆 solo y, simult谩neamente, unas relaciones de poder que dificultan establecer reglas aceptadas y aplicadas de manera uniforme.

La pregunta que queda abierta no es solamente si Naciones Unidas ser谩 capaz de reformarse, sino qui茅n tendr谩 capacidad para definir esa reforma, qu茅 intereses terminar谩n orient谩ndola y para qui茅n se organizar谩 el nuevo orden internacional que est谩 tomando forma.


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s谩bado, 13 de diciembre de 2025

¿Es posible que la izquierda siga gobernando en Espa帽a?


La continuidad de la izquierda en el Gobierno de Espa帽a es una cuesti贸n abierta y compleja, condicionada por factores pol铆ticos, econ贸micos y sociales que evolucionan r谩pidamente. Desde 2018, el pa铆s ha estado gobernado por el Partido Socialista Obrero Espa帽ol (PSOE), primero en solitario y despu茅s en coalici贸n con Unidas Podemos —y m谩s tarde con Sumar—, apoy谩ndose adem谩s en una aritm茅tica parlamentaria plural. Analizar si la izquierda puede seguir gobernando implica observar tanto sus fortalezas como sus debilidades, as铆 como el comportamiento del electorado y de la oposici贸n.

La aritm茅tica parlamentaria y las alianzas

Uno de los rasgos centrales del actual ciclo pol铆tico es la fragmentaci贸n del Congreso. La izquierda, por s铆 sola, no suele alcanzar mayor铆as absolutas, por lo que su continuidad depende de acuerdos con fuerzas nacionalistas y regionales. Esta realidad no es nueva, pero se ha intensificado. La capacidad del PSOE para tejer pactos —con partidos como ERC, PNV, Bildu o Junts— ha sido clave para la gobernabilidad. Mientras esa habilidad negociadora se mantenga y no se rompan puentes por tensiones territoriales o estrat茅gicas, la izquierda conserva opciones reales de seguir en el poder.

Gesti贸n y resultados de gobierno

Otro factor determinante es la percepci贸n ciudadana sobre la gesti贸n. La izquierda ha defendido su balance en 谩reas como la protecci贸n social, la subida del salario m铆nimo, la revalorizaci贸n de las pensiones, la reforma laboral o la gesti贸n de crisis como la pandemia y el impacto econ贸mico de la guerra en Ucrania. Si una parte significativa del electorado considera que estas pol铆ticas han mejorado su vida o han aportado estabilidad, la izquierda puede revalidar apoyos. Sin embargo, cuestiones como la inflaci贸n, el acceso a la vivienda o la presi贸n fiscal tambi茅n generan desgaste y pueden erosionar la confianza.

El papel de la oposici贸n

La posibilidad de que la izquierda siga gobernando no depende solo de ella, sino tambi茅n de la alternativa. El bloque de derechas, encabezado por el Partido Popular y con Vox como socio potencial, ha reforzado su discurso en torno al cambio pol铆tico y la cr铆tica a los pactos con fuerzas independentistas. No obstante, la relaci贸n entre PP y Vox genera reticencias en una parte del electorado moderado. Si la derecha no logra ampliar su base o proyectar una imagen de cohesi贸n y solvencia suficiente, la izquierda puede beneficiarse de ese contexto.

La evoluci贸n del espacio a la izquierda del PSOE

Un elemento clave es la estabilidad del espacio a la izquierda del PSOE. La fragmentaci贸n y las tensiones internas han pasado factura en el pasado, pero los intentos de recomposici贸n bajo nuevas plataformas buscan evitar la dispersi贸n del voto. Si este espacio logra unidad, claridad program谩tica y liderazgo reconocible, puede contribuir decisivamente a que el bloque progresista mantenga una mayor铆a suficiente.

El factor territorial y el debate identitario

La pol铆tica territorial sigue siendo uno de los ejes m谩s sensibles. La izquierda ha apostado por el di谩logo y la desjudicializaci贸n del conflicto catal谩n, una estrategia que le ha permitido apoyos parlamentarios, pero que tambi茅n ha generado cr铆ticas. El 茅xito o fracaso de este enfoque influir谩 en la percepci贸n de estabilidad del Gobierno y en su capacidad de sumar apoyos fuera de sus bastiones tradicionales.

Conclusi贸n

En definitiva, s铆 es posible que la izquierda siga gobernando en Espa帽a, pero no es un escenario garantizado. Depender谩 de su capacidad para mantener alianzas, ofrecer resultados tangibles, gestionar la diversidad interna y responder a las preocupaciones cotidianas de la ciudadan铆a. En un contexto pol铆tico fragmentado y vol谩til, la continuidad del gobierno progresista ser谩 el resultado de equilibrios delicados m谩s que de mayor铆as contundentes. El futuro, como en tantas ocasiones en la pol铆tica espa帽ola reciente, se decidir谩 por m谩rgenes estrechos y por la habilidad de cada bloque para convencer a un electorado cada vez m谩s exigente y cambiante.


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domingo, 10 de diciembre de 2017

El impacto de Gaspar Garc铆a Laviana en Espa帽a: recepci贸n, silencios y resonancias durante la Transici贸n





Por Javier Huerta

La figura del Padre Comandante Gaspar Garc铆a Laviana (1941–1978), sacerdote asturiano que dej贸 su labor pastoral para incorporarse a la guerrilla del Frente Sandinista de Liberaci贸n Nacional en Nicaragua, ocupa un lugar singular en la historia reciente de Espa帽a. Su muerte en combate, en diciembre de 1978, coincidi贸 con los meses finales de la redacci贸n de la Constituci贸n y con la redefinici贸n del papel social y pol铆tico de la Iglesia cat贸lica. Sin embargo, su impacto en el contexto espa帽ol de la Transici贸n ha sido menos estudiado que su papel en Nicaragua. Este art铆culo examina c贸mo su figura reson贸 —y tambi茅n c贸mo fue silenciada— en la Espa帽a que transitaba desde el franquismo hacia la democracia.

1. Un sacerdote espa帽ol en la revoluci贸n latinoamericana: sorpresa en un pa铆s en cambio

En los a帽os de la Transici贸n, Espa帽a viv铆a un clima pol铆tico convulso:

  • pluralizaci贸n acelerada del discurso p煤blico,

  • irrupci贸n de movimientos sociales,

  • tensiones entre sectores conservadores y progresistas de la Iglesia,

  • apertura hacia los debates internacionales sobre derechos humanos.

La noticia de que un sacerdote espa帽ol hab铆a tomado las armas con una guerrilla latinoamericana result贸 inesperada. No era algo que encajara f谩cilmente en los marcos mentales de la 茅poca: ni el clero espa帽ol hab铆a sido conocido por participar en insurrecciones revolucionarias, ni los medios estaban acostumbrados a vincular la pr谩ctica religiosa con la lucha armada.

La reacci贸n inicial fue de perplejidad, acompa帽ada de un intento de encuadrar su figura en categor铆as conocidas: ¿era un misionero radicalizado?, ¿un sacerdote coherente con el Evangelio?, ¿un aventurero pol铆tico? Esa ambivalencia marc贸 su recepci贸n.


2. La repercusi贸n medi谩tica: entre la cautela y la fragmentaci贸n ideol贸gica

La prensa espa帽ola trat贸 su muerte con notable prudencia. En 1978, los medios a煤n estaban muy condicionados por d茅cadas de censura y autocensura. Los peri贸dicos m谩s progresistas tendieron a presentar su vida como ejemplo de compromiso humanista, subrayando su denuncia de la explotaci贸n campesina y la prostituci贸n forzada en el sur de Nicaragua.

Los sectores m谩s conservadores, en cambio, evitaron amplificar el caso, pues poner el foco en un sacerdote guerrillero pod铆a cuestionar la imagen tradicional del clero espa帽ol y avivar debates internos inc贸modos sobre el papel pol铆tico de la Iglesia.

Como resultado, la figura de Garc铆a Laviana qued贸 fragmentada ideol贸gicamente:

  • homenajeado en c铆rculos cristianos de base,

  • respetado en ambientes de solidaridad internacionalista,

  • marginado en la prensa de l铆nea conservadora,

  • casi invisibilizado por los grandes medios generalistas.


3. La Iglesia espa帽ola: tensiones y silencios

La jerarqu铆a eclesi谩stica espa帽ola, que en esos a帽os buscaba reconstruir su legitimidad tras su largo alineamiento con el franquismo, adopt贸 una postura silenciosa frente al sacerdote guerrillero. Reconocer a Garc铆a Laviana podr铆a interpretarse como una validaci贸n de la teolog铆a de la liberaci贸n, un movimiento que generaba fuertes divisiones internas.

Mientras tanto:

  • Los cristianos de base lo reivindicaban como ejemplo de coherencia evang茅lica.

  • Sacerdotes vinculados a movimientos obreros y parroquias obreras lo presentaban como s铆mbolo de la opci贸n por los pobres.

  • La jerarqu铆a evitaba cualquier menci贸n expl铆cita que pudiera politizar a煤n m谩s su relaci贸n con el Estado y con sus propios fieles.

El resultado fue un vac铆o institucional. Garc铆a Laviana qued贸 en una especie de “no lugar” dentro de la Iglesia espa帽ola: influyente, pero no oficial; inspirador, pero no reconocido.


4. Su influencia en los movimientos sociales y solidarios con Nicaragua

La d茅cada de 1980 vio un crecimiento notable de movimientos de solidaridad internacional, especialmente con Centroam茅rica. En este contexto, Garc铆a Laviana se convirti贸 en una figura de referencia para:

  • asociaciones de solidaridad con Nicaragua,

  • grupos universitarios de izquierdas,

  • comunidades cristianas progresistas.

Su figura serv铆a para legitimar una narrativa muy poderosa: la idea de que era posible ser cristiano y revolucionario, sacerdote y militante, creyente y defensor armado de los oprimidos. En Espa帽a, donde el catolicismo progresista buscaba nuevos referentes, Garc铆a Laviana se convirti贸 en un s铆mbolo de puente entre fe y justicia social.


5. Su huella en la memoria espa帽ola: una presencia difusa pero persistente

En Espa帽a no existe un gran reconocimiento p煤blico a Gaspar Garc铆a Laviana:

  • no abundan las biograf铆as exhaustivas,

  • no hay pel铆culas o documentales de alto impacto,

  • su figura rara vez aparece en programas educativos.

Sin embargo, su memoria persiste en c铆rculos espec铆ficos:

  • universidades,

  • movimientos cristianos de base,

  • asociaciones de solidaridad,

  • el Principado de Asturias, donde su figura ha tenido momentos de recuperaci贸n peri贸dica.

La persistencia de su recuerdo se relaciona con un rasgo singular: Garc铆a Laviana no encaja f谩cilmente en narrativas simplificadoras. Es un personaje h铆brido, inc贸modo, intenso, que obliga a repensar la relaci贸n entre fe, pol铆tica, moral y acci贸n radical.

El impacto de Gaspar Garc铆a Laviana en Espa帽a fue menos visible que en Nicaragua, pero no menos significativo. Su figura actu贸 como espejo y como pregunta para una sociedad en transici贸n:

  • ¿qu茅 significa vivir la fe en clave de justicia social?

  • ¿puede un sacerdote tomar las armas por motivos 茅ticos?

  • ¿qu茅 responsabilidad tiene Europa sobre la desigualdad en Am茅rica Latina?

Su huella en Espa帽a se manifiesta m谩s en las preguntas que dej贸 abiertas que en el reconocimiento institucional. En ese sentido, el legado de Garc铆a Laviana contin煤a vivo como est铆mulo moral e intelectual, especialmente en 谩mbitos donde la fe y el compromiso social siguen dialogando.




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martes, 25 de julio de 2017

DOCUMENTAL: "LAS CLOACAS DE INTERIOR"

Las malas pr谩cticas y la corrupci贸n en el Ministerio del Interior a partir de las grabaciones entre el ministro Jorge Fern谩ndez D铆az y Daniel de Alfonso que revel贸 el diario P煤blico en junio de 2016. Con testimonio en exclusiva de dos comisarios y un sargento de la guardia civil, desvela una red de intereses y corruptelas que va m谩s all谩 de la persecuci贸n a los enemigos pol铆ticos, que configura una trama de favoritismos y corruptelas que implica a polic铆as, jueces, fiscales y empresarios: una estructura dentro del estado que ofrece sus servicios a los m谩s poderosos. El documental repasa tambi茅n las malas pr谩cticas en el Ministerio del Interior desde el inicio de la transici贸n.






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s谩bado, 26 de diciembre de 2015

DOCUMENTAL: El Camino

Un documental de Fitzcarraldo Films

PROTAGONISTAS: Jos茅 Luis Sampedro, Julio Anguita, I帽aki Gabilondo, Carlos Bardem, Juan Torres, Rosa Mar铆a Calaf, Teresa Forcades, Jos茅 Manuel Bermudo, Marina Garc茅s, Diego Ca帽amero, Juan Manuel S谩nchez Gordillo

¿Es posible un mundo mejor?
¿Es posible un hombre mejor?

El documental EL CAMINO reflexiona sobre un mundo que se pudre por la carcoma del capitalismo neoliberal.
No queremos escuchar las excusas y manipulaciones de la derecha medi谩tica, 茅sas ya las escuchamos todos los d铆as en los peri贸dicos y televisiones.

EL CAMINO es un documental valiente que no se esconde, un documental del pueblo y para el pueblo, y un arma arrojadiza que intenta golpear conciencias y despertar al ser humano de su letargo.

No sabemos luchar de otra forma, como cineastas 茅sta es la manera de intentar acabar con el capitalismo criminal y buscar salidas a la crisis que vuelve al hombre un esclavo social.

Exploremos los caminos y empecemos a caminar.
Hasta la victoria siempre.




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domingo, 9 de agosto de 2015

DOCUMENTAL: Spain: Enga帽ados e intervenidos".

Conoce los or铆genes de la crisis en Espa帽a, sus responsables, sus objetivos y las alternativas de las que disponemos para salir de la misma.Un documental de David Alonso Reinaldo




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mi茅rcoles, 8 de abril de 2015

¡Rise up, Espa帽a¡ Por una huelga general de brazos ca铆dos. Por Diego Taboada

Anhelo un partido comunista que sea tanto la proyecci贸n org谩nica y din谩mica de los movimientos sociales como la proyecci贸n org谩nica y din谩mica de un sindicalismo revolucionario y de clase. Y lo anhelo, por una sencilla raz贸n : porque es necesario.

Huelga general de brazos ca铆dos : no veo otra soluci贸n pac铆fica, a煤n haciendo serios esfuerzos por resistirme a las no-pac铆ficas; escribo este texto a medio camino entre la indignaci贸n y la templanza.

Datos demosc贸picos, estad铆sticas, especulaciones pre-electorales, ambig眉edades ling眉铆sticas calculadas, pu帽aladas traperas intra-organizativas y guettificaci贸n de las izquierdas.. etc. Debo confesar que me causa verg眉enza la izquierda social y la izquierda pol铆tica realmente existente en Espa帽a. Debo confesar que mi contenci贸n ya ha llegado a su l铆mite. Me he cansado de diplomacias.

Ante la imposibilidad de autosuficiencia econ贸mica con los salarios medios existentes, la precarizaci贸n continuada y desaparici贸n del empleo aut贸nomo, las condiciones contractuales de parcialidad, inseguridad e insuficiencia salarial para hacer frente al costo de los gastos b谩sicos, necesarios y radicales de las micro-econom铆as dom茅sticas, no queda otro remedio que volver de nuevo a la calle.

Recientemente he escrito un texto apelando a la sensatez y a la seriedad para una refundaci贸n real de Izquierda Unida que ya hace mucho tiempo viene reclam谩ndose dentro y fuera de la organizaci贸n. He sido preciso y claro sobre los horizontes ideol贸gico-pol铆ticos y program谩ticos de la misma. Pero no basta s贸lo con esto; a mi modo de ver, toda la estructura de representaci贸n sindical en Espa帽a debe refundarse desde el mismo esp铆ritu. Anhelo un partido comunista que sea tanto la proyecci贸n org谩nica y din谩mica de los movimientos sociales como la proyecci贸n org谩nica y din谩mica de un sindicalismo revolucionario y de clase. Y lo anhelo, por una sencilla raz贸n : porque es necesario, porque debe aspirar a ser hegem贸nico dentro y fuera de las estructuras estatales de representaci贸n y porque debe aplicar pedagog铆a pol铆tica alternativa en la vida cotidiana descolonizando todos y cada uno de los recovecos que el populismo de mercado ha ido ocupando progresivamente durante d茅cadas de hegemon铆a neoliberal.

Hablemos claro : la pol铆tica sindical y educativa realmente existente en Espa帽a es una absoluta porquer铆a burocratizada y tecnocr谩tica desgajada totalmente de los intereses del mundo del trabajo que ha sido fagocitada por los tiempos y las prioridades de la pol铆tica electoral mass media. La responsabilidad no debe recaer sino en la desideologizaci贸n tecnocr谩tica que la ha ido colonizando y en la falta de tensi贸n 茅tica y vocaci贸n de los propios profesionales de la representaci贸n sindical y la docencia.

En todo este tiempo en el que Podemos ha monopolizado el foco de atenci贸n discursivo y medi谩tico apenas s铆 he o铆do la palabra trabajo 10 veces. Apenas s铆 he podido ver y escuchar debates concretos con economistas y abogados laboralistas que analicen la realidad cotidiana del trabajo en Espa帽a con precisi贸n y honestidad. Vivimos absortos en un globo de significantes sin significado y de opiniones sin realidades en el que la mesura y la propuesta apenas emerge. Causa verg眉enza ajena el contraste entre la seriedad de la situaci贸n y la iron铆a progre que supura la porquer铆a mental de la oferta cultural de los medios audio-visuales espa帽oles.

Puesto que el valor personal y social del trabajo y la instrucci贸n parece no contar en absoluto en un pa铆s radicalmente hecho polvo y sin horizonte ni modelo definido a medio-corto plazo, no nos quedar谩 m谩s remedio que empezar a crear estructuras de representaci贸n sindical fuera de las ya existentes y cristalizadas en la transici贸n Espa帽ola. Puede o no agradar recordar lo siguiente, a saber : que la pol铆tica de izquierdas se empieza dando forma discursiva, armas interpretativas y, sobre todo y ante todo, organizaci贸n y resolutividad, a los sectores sociales m谩s sufrientes. Puede resultar ofensivo y de mal gusto para puritanos lo que voy a escribir como met谩fora moral, pero, hablando claro, ante la opci贸n realista de practicar asistencialismo para Yonkies, putas marginales a contragusto o vagos y maleantes de toda laye, hay que trabajar tambi茅n desde la opci贸n rom谩ntica que los interpreta como seres capaces de autonom铆a 茅tica y pensamiento independiente.

Desde ayer, desde hoy y desde ma帽ana se han creado herramientas de an谩lisis e interpretaci贸n que Podemos ha querido esconder en el armario para agradar a una sociedad civil desideologizada y a un establishment medi谩tico reacio a permitir determinadas f贸rmulas discursivas. Dig谩moslo alto y claro : el rancio, casposo y puritano anti-comunismo de siempre en Espa帽a no ha sido curado en absoluto. Se sigue camuflando bajo formas ret贸ricas y poses muy diversas, desde la iron铆a progre social-liberal, hasta el cinismo carca neocon, hasta – tragic贸mica es la humana conditio – el auto-odio de comunistas de toda la vida que reaccionan contra su antiguo objeto de deseo con todo el furor del neoconverso.

Las viejas formas culturales e ideol贸gicas de anti-comunismo se pavonean con m谩s garbo que nunca. Hablar de 茅l es hablar de ese ingrediente afectivo que mueve a la antropolog铆a profunda del fascismo de corbata y puerta giratoria, hoy hegem贸nico, como lo es seguir recordando, tambi茅n, al viejo fascismo de uniforme y marcha castrense.

Ha cambiado la iconograf铆a, s铆, pero no la c茅lula madre del odio escondida bajo la ret贸rica anti-comunista : las fuerzas de seguridad siguen invadiendo tanto el espacio p煤blico como el personal en aras de la protecci贸n de los llamados derechos y libertades liberales, el cinismo amoral imprime todo el discurso cultural hegem贸nico en los medios, la violencia y la ansiedad socializadas se han cronificado. Ante esta irreversibilidad y caos estructural del modelo neoliberal de desarrollo es evidente que los l铆mites pol铆tico-morales de las estructuras de estado deber铆an frenar las consecuencias de la expansi贸n de una econom铆a asesina, brutalmente militarizada y nuclearizada, que detrae m谩s y m谩s recursos para la alimentaci贸n y escolarizaci贸n b谩sica de miles de millones de ni帽os y mujeres carentes de ella.

A pesar de todo, me resulta dif铆cil, sino imposible, visualizar alternativas que vayan m谩s all谩 de enfrentarse de modo pusil谩nime a los dictados de los bancos centrales que funcionan como jeringuillas de liquidez para los grandes clanes econ贸micos de esta econom铆a pirata y asesina, as铆 como a los consejos de administraci贸n que funcionan como resolutivos asesores fiscales y laborales de sus propios gobiernos-t铆tere a la hora de privatizar beneficios socializando perdidas.

¿ Es que no queremos darnos cuenta de la extrema seriedad de lo que est谩 sucediendo ?. ¿ Es que no estamos cayendo en la cuenta de lo peligrosa que es nuestra paciencia para nuestra propia supervivencia ?. Dig谩moslo claramente : est谩n destrozando por completo las ya de por s铆 fr谩giles, muy fr谩giles bases materiales que garantizaban un m铆nimo de autonom铆a y autosuficiencia a las comunidades para poder autodeterminar su propia relaci贸n con el medio, su capacidad creativa, su proyecto de vida y su volici贸n 茅tica. No podemos permitirlo de ning煤n modo; tenemos que ser capaces de conseguir que una sociolog铆a cr铆tica y reflexiva sobre las verdaderas condiciones socio-laborales de existencia de las comunidades vaya interioriz谩ndose poco a poco en la cultura general y visual de las mismas.

Sin nuestro trabajo no hay medicinas, ni libros, ni pel铆culas, ni profesores, ni hospitales, ni escuelas, ni enfermeros, ni equipos de radiolog铆a, ni investigaci贸n m茅dica… etc; no hay siquiera todo aquello que el costoso ocio parasitario y consumo suntuoso de las grandes castas de intocables del capitalismo globalizado anhelan con ciego fervor, y sin lo cual no podr铆an vivir.

¡ Despertemos ¡ : tenemos que ser conscientes del poder real que tendr铆amos sobre el modus vivendi, las filias y las fobias de los intocables si interioriz谩semos, poco a poco, subterr谩neamente, aquello que Andr茅 Gorz denomin贸 El humanismo del trabajo. Tenemos que creer y confiar en el poder de nuestro trabajo material y simb贸lico para civilizar a una modernidad capitalista s谩dica, decadente, insotenible y moribunda.

Ellos, los intocables, nos necesitan a nosotros en mucha mayor medida que nosotros a ellos; paralicemos, as铆 pues, nuestra actividad intelectiva y manual. Organicemos una huelga general de brazos y cabezas ca铆das para recuperar el control sobre nuestras vidas y ser sujetos agentes y protagonistas de un nuevo contrato social con 茅nfasis medular en la humanizaci贸n y el control sobre nuestro trabajo.


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