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domingo, 1 de noviembre de 2026

Brasil pudo vencer al poderoso algoritmo: cuando la organizaci贸n popular disputa el poder digital

Por Javier Huerta

Durante a帽os, las grandes plataformas digitales se han convertido en uno de los principales espacios de disputa pol铆tica de nuestro tiempo. Millones de personas reciben diariamente informaci贸n, opiniones, im谩genes y mensajes que condicionan su percepci贸n de la realidad. Sin embargo, detr谩s de esa aparente pluralidad existe una estructura de poder: empresas privadas que controlan los canales de comunicaci贸n, administran los datos de sus usuarios y utilizan algoritmos capaces de determinar qu茅 contenidos adquieren mayor visibilidad y cu谩les quedan relegados.

En ese escenario se desarroll贸 una parte fundamental de la campa帽a electoral brasile帽a de 2026. La victoria de Luiz In谩cio Lula da Silva frente a Fl谩vio Bolsonaro ha vuelto a poner sobre la mesa una cuesti贸n que las organizaciones populares y las fuerzas pol铆ticas no pueden seguir ignorando: ¿C贸mo disputar el poder pol铆tico cuando una parte tan importante de la comunicaci贸n social est谩 condicionada por intereses empresariales y mecanismos algor铆tmicos que escapan al control democr谩tico?

El resultado brasile帽o ofrece elementos de an谩lisis que merecen una atenci贸n especial. Despu茅s de quedar por detr谩s en la primera vuelta, Lula consigui贸 revertir la situaci贸n y ganar las elecciones. En esa remontada confluyeron distintos factores: la movilizaci贸n de las organizaciones sociales, la participaci贸n juvenil, el trabajo territorial, la recuperaci贸n de la comunicaci贸n directa con la ciudadan铆a y una estrategia digital que modific贸 sustancialmente la forma de relacionarse con los electores.

Uno de los fen贸menos m谩s destacados fue la expansi贸n de la iniciativa digital conocida como «Ex茅rcito do Lula», impulsada por el diputado Andr茅 Janones. A trav茅s de un canal de WhatsApp se articul贸 una red de comunicaci贸n que pas贸 de unos 60.000 seguidores despu茅s de la primera vuelta a cerca de once millones durante las semanas previas a la votaci贸n. Sus participantes recib铆an v铆deos, mensajes y materiales para compartir, con el objetivo de ampliar el alcance de los contenidos favorables a Lula y disputar espacios de comunicaci贸n que hasta entonces hab铆an tenido una importante presencia bolsonarista.

La importancia de esta experiencia no reside 煤nicamente en su dimensi贸n num茅rica. Lo significativo fue la conexi贸n entre comunicaci贸n digital y movilizaci贸n social. La campa帽a no se limit贸 a publicar mensajes y esperar que los algoritmos los distribuyeran. Se organiz贸 una red de personas dispuestas a compartir contenidos, conversar con otros ciudadanos, responder a determinadas informaciones y participar activamente en la disputa comunicativa.

El papel de Janones fue especialmente relevante porque introdujo una din谩mica de comunicaci贸n m谩s directa, popular y participativa. Los materiales difundidos se adaptaban a diferentes formatos y redes, mientras los propios seguidores contribu铆an a multiplicar su circulaci贸n. WhatsApp funcion贸 como centro de coordinaci贸n y distribuci贸n, pero la actividad se extendi贸 tambi茅n a Instagram, YouTube y otras plataformas.

Tambi茅n hubo una transformaci贸n en la propia comunicaci贸n de Lula. El dirigente brasile帽o intensific贸 su presencia en las redes, recurri贸 a v铆deos m谩s directos y adopt贸 formatos de comunicaci贸n alejados de los esquemas tradicionales de una campa帽a presidencial. A sus ochenta a帽os, incluso incorpor贸 herramientas y din谩micas digitales que hasta entonces no hab铆an formado parte de su comunicaci贸n habitual. A ello se sumaron las movilizaciones juveniles y las acciones presenciales, que permitieron trasladar parte de la actividad digital al terreno de las relaciones sociales. 

Esta experiencia tambi茅n estuvo rodeada de controversias. Durante la campa帽a, el Tribunal Superior Electoral orden贸 suspender temporalmente el canal «Ex茅rcito do Lula» tras una solicitud presentada por la candidatura de Fl谩vio Bolsonaro. Janones denunci贸 la decisi贸n como un acto de censura, mientras que el procedimiento se desarrollaba en el marco de las competencias de la Justicia Electoral para intervenir ante determinadas pr谩cticas de campa帽a. El episodio abri贸 un debate sobre los l铆mites de la regulaci贸n electoral, la libertad de expresi贸n y la utilizaci贸n de los canales digitales durante los procesos democr谩ticos. 

Conviene, no obstante, evitar una conclusi贸n simplista: no existe evidencia que permita atribuir la victoria a una 煤nica plataforma, a una red de WhatsApp o a una determinada t茅cnica de comunicaci贸n. El resultado fue consecuencia de m煤ltiples factores electorales, sociales y pol铆ticos. Pero la experiencia s铆 demuestra la importancia que ha adquirido la organizaci贸n digital en las campa帽as contempor谩neas.

Aqu铆 aparece una cuesti贸n de fondo. Las grandes plataformas no son espacios p煤blicos neutrales. Sus modelos de negocio se basan en la explotaci贸n comercial de los datos, la captaci贸n de atenci贸n y la personalizaci贸n algor铆tmica de los contenidos. La visibilidad de una informaci贸n depende de mecanismos que los usuarios desconocen en gran medida y que responden a criterios empresariales.

Esta concentraci贸n del poder comunicativo tiene consecuencias pol铆ticas. Los contenidos emocionales, las pol茅micas y los mensajes capaces de generar reacciones inmediatas pueden alcanzar una difusi贸n extraordinaria. Al mismo tiempo, los discursos complejos, los an谩lisis econ贸micos y las explicaciones sobre las causas estructurales de los problemas sociales encuentran mayores dificultades para competir en un entorno dominado por la rapidez y la atenci贸n fragmentada.

La desinformaci贸n a帽ade otra dimensi贸n al problema. Las campa帽as electorales se han convertido en escenarios donde circulan noticias falsas, v铆deos manipulados, acusaciones sin pruebas y contenidos sacados de contexto. Brasil ha conocido ampliamente estas pr谩cticas y la campa帽a de 2026 volvi贸 a mostrar hasta qu茅 punto las redes pueden utilizarse para movilizar, pero tambi茅n para confundir y polarizar.

Por eso, la experiencia brasile帽a plantea una reflexi贸n que va mucho m谩s all谩 de Lula y del Partido de los Trabajadores. Las organizaciones sindicales, los movimientos sociales, los colectivos populares y las fuerzas pol铆ticas que defienden transformaciones econ贸micas y sociales necesitan desarrollar capacidades propias de comunicaci贸n.

No basta con disponer de una p谩gina web o mantener perfiles abiertos en diferentes plataformas. Hace falta construir comunidades comunicativas, formar a personas capaces de producir y verificar informaci贸n, establecer redes de colaboraci贸n y desarrollar canales que permitan mantener una relaci贸n directa con la ciudadan铆a.

Tambi茅n resulta necesario defender la transparencia de los algoritmos, la protecci贸n de los datos personales y una regulaci贸n democr谩tica de las grandes plataformas. La libertad de expresi贸n no puede quedar subordinada exclusivamente a las decisiones comerciales de unas pocas corporaciones tecnol贸gicas. El debate sobre la regulaci贸n debe contemplar, adem谩s, garant铆as frente a la censura arbitraria y la concentraci贸n de poder, con mecanismos transparentes y respetuosos con los derechos fundamentales.

Pero hay una ense帽anza todav铆a m谩s importante: ninguna estrategia digital puede sustituir la organizaci贸n social. Un mensaje compartido miles de veces no equivale autom谩ticamente a una organizaci贸n popular; un mill贸n de seguidores no constituye por s铆 mismo una fuerza social capaz de defender derechos o transformar las condiciones materiales de vida.

La comunicaci贸n digital alcanza su verdadera dimensi贸n pol铆tica cuando conecta con la realidad cotidiana de la gente. Cuando los trabajadores pueden hablar de sus salarios, cuando los j贸venes encuentran espacios para participar, cuando los vecinos organizan sus reivindicaciones y cuando las organizaciones sociales convierten la informaci贸n en conocimiento colectivo y capacidad de intervenci贸n.

La victoria brasile帽a permite abrir este debate en el conjunto de Am茅rica Latina. Cuba, Venezuela, Nicaragua y otros pa铆ses de la regi贸n conocen desde hace a帽os la importancia de la comunicaci贸n internacional, la disputa por los relatos y la circulaci贸n de informaciones que afectan a su soberan铆a y a sus procesos pol铆ticos. En todos estos casos, la capacidad de construir medios propios, compartir experiencias y establecer redes internacionales de solidaridad forma parte de una disputa m谩s amplia por la interpretaci贸n de la realidad.

Brasil ha demostrado que el terreno digital no pertenece de manera exclusiva a las grandes corporaciones ni a quienes han conseguido ocuparlo primero. Puede convertirse tambi茅n en un espacio de organizaci贸n, participaci贸n y movilizaci贸n ciudadana.

El algoritmo tiene capacidad para ordenar la visibilidad, pero la sociedad conserva la capacidad de organizarse, debatir y actuar. La experiencia brasile帽a no demuestra que la tecnolog铆a haya dejado de ser un instrumento de poder, sino que la organizaci贸n colectiva puede disputar ese poder y abrir espacios que parec铆an reservados a otros.

La cuesti贸n que queda planteada es si las fuerzas populares sabr谩n convertir esa experiencia electoral en una estrategia de comunicaci贸n y organizaci贸n permanente, m谩s all谩 de las campa帽as y de los calendarios electorales.

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