Cap铆tulo II
La paz como trinchera
Soberan铆a, guerra cognitiva y el Manifiesto de Caracas
«Patria es humanidad.»Jos茅 Mart铆
Si el primer cap铆tulo de este dossier intent贸 responder por qu茅 la Asamblea de los Pueblos por la Paz y la Soberan铆a de Nuestra Am茅rica naci贸 en un momento decisivo para el sistema internacional, este segundo propone una pregunta a煤n m谩s importante: ¿de qu茅 paz hablaban los delegados reunidos en Caracas?
La respuesta obliga a abandonar la definici贸n convencional que identifica la paz con la simple ausencia de guerra. Para las organizaciones participantes, la paz fue presentada como un proceso inseparable de la justicia social, la autodeterminaci贸n de los pueblos y el respeto efectivo al derecho internacional. No se trataba de una formulaci贸n ret贸rica. Era el eje pol铆tico que daba sentido a todos los debates.
En un mundo donde las guerras ya no se libran 煤nicamente con ej茅rcitos, sino tambi茅n mediante sanciones econ贸micas, bloqueos financieros, campa帽as de desinformaci贸n, ciberataques y disputas tecnol贸gicas, la defensa de la paz adquiere un significado mucho m谩s amplio que el tradicional.
Esa idea qued贸 reflejada en el Manifiesto de Caracas, aprobado al cierre de la Asamblea. El documento sostiene que la paz no puede construirse sobre la desigualdad, la ocupaci贸n, el hambre o la negaci贸n de la soberan铆a de los pueblos. Desde esa perspectiva, denuncia las medidas coercitivas unilaterales, el uso pol铆tico de las sanciones econ贸micas y la instrumentalizaci贸n de la informaci贸n como mecanismos de presi贸n internacional.
No todos compartir谩n ese diagn贸stico. Existen gobiernos y analistas que consideran las sanciones un instrumento leg铆timo de pol铆tica exterior frente a determinadas violaciones del derecho internacional. Sin embargo, la Asamblea defendi贸 una posici贸n distinta: sostuvo que esas medidas terminan afectando principalmente a las poblaciones civiles y erosionan los principios de igualdad soberana entre los Estados. Esa diferencia de enfoques atraviesa hoy uno de los grandes debates de la pol铆tica internacional.
La paz como conquista de los pueblos
El Manifiesto afirma que la paz no es una concesi贸n de las grandes potencias, sino una conquista permanente de los pueblos organizados. Esa idea recorre toda la tradici贸n emancipadora latinoamericana.
Jos茅 Mart铆 comprendi贸 que la independencia no pod铆a limitarse a la expulsi贸n del colonialismo. Tambi茅n exig铆a construir una conciencia propia, capaz de resistir nuevas formas de dominaci贸n. De ah铆 que escribiera que «trincheras de ideas valen m谩s que trincheras de piedra». En el siglo XXI, esa frase adquiere una vigencia extraordinaria. Las trincheras ya no son 煤nicamente territoriales; tambi茅n son culturales, tecnol贸gicas y comunicacionales.
Fidel Castro desarroll贸 esa misma idea desde otra perspectiva. En m煤ltiples intervenciones internacionales insisti贸 en que la paz solo pod铆a sostenerse sobre la justicia y la cooperaci贸n entre los pueblos. Para la diplomacia cubana, el internacionalismo nunca fue entendido como una pol铆tica de influencia, sino como una pr谩ctica concreta de solidaridad. Esa concepci贸n estuvo presente en Caracas cuando numerosas delegaciones reivindicaron el derecho de los pueblos a cooperar libremente, sin presiones externas.
Tambi茅n la tradici贸n sandinista apareci贸 de manera recurrente. Augusto C. Sandino afirmaba que la soberan铆a no se negocia porque constituye la expresi贸n misma de la dignidad nacional. D茅cadas m谩s tarde, Daniel Ortega retom贸 esa idea al sostener, en diversos foros regionales, que la integraci贸n latinoamericana deb铆a construirse sobre el legado de Bol铆var, Mart铆, Sandino y Fidel, entendiendo la unidad como una herramienta para preservar la independencia frente a las nuevas formas de dominaci贸n econ贸mica y pol铆tica.
La Asamblea hizo suya esa lectura hist贸rica. Para muchos de sus participantes, la paz solo puede consolidarse cuando los pueblos tienen capacidad real para decidir sobre sus recursos, sus instituciones y su modelo de desarrollo.
La guerra ya no tiene un solo rostro
Uno de los aportes m谩s interesantes de la Asamblea fue la reflexi贸n sobre las transformaciones de la guerra en el siglo XXI.
Durante buena parte del siglo XX, la agresi贸n contra un Estado era identificada con una invasi贸n militar o un conflicto armado convencional. Hoy ese panorama ha cambiado profundamente.
Las medidas coercitivas unilaterales, las operaciones financieras, la presi贸n sobre los mercados energ茅ticos, el control de las cadenas de suministro, los bloqueos tecnol贸gicos, la manipulaci贸n de redes sociales y las campa帽as de desinformaci贸n forman parte de lo que muchos analistas denominan guerra h铆brida o guerra multidimensional.
Los delegados reunidos en Caracas sostuvieron que estas modalidades buscan debilitar la capacidad de decisi贸n de los Estados sin recurrir necesariamente al uso directo de la fuerza militar. En ese contexto, la soberan铆a deja de ser un concepto exclusivamente territorial para abarcar la econom铆a, la tecnolog铆a, la producci贸n cient铆fica, la alimentaci贸n, la energ铆a y la comunicaci贸n.
Fue precisamente en este punto donde apareci贸 uno de los conceptos m谩s innovadores debatidos durante la Asamblea: la soberan铆a cognitiva.
Seg煤n esta perspectiva, ning煤n pueblo puede considerarse plenamente libre si depende por completo de plataformas tecnol贸gicas, algoritmos, centros de datos o sistemas de informaci贸n controlados desde el exterior. La disputa por el conocimiento, la inteligencia artificial y los flujos globales de informaci贸n constituye hoy un componente esencial de la soberan铆a.
Esta reflexi贸n conecta con un fen贸meno evidente: nunca antes la humanidad hab铆a producido tanta informaci贸n y, al mismo tiempo, nunca hab铆a existido una concentraci贸n tan elevada del poder para distribuirla, jerarquizarla o invisibilizarla.
Por ello, la Asamblea propuso fortalecer redes de comunicaci贸n popular, cooperaci贸n tecnol贸gica y producci贸n de conocimiento desde el Sur Global. No se trataba 煤nicamente de crear nuevos medios de comunicaci贸n, sino de disputar el derecho de los pueblos a narrar su propia historia y a interpretar el mundo desde sus propias realidades.
Ese debate, probablemente uno de los menos difundidos por la prensa internacional, constituye tambi茅n uno de los m谩s relevantes para comprender las transformaciones geopol铆ticas del siglo XXI.
Palestina: cuando el derecho internacional se pone a prueba
Si hubo un tema que atraves贸 emocional y pol铆ticamente la Asamblea fue Palestina. No apareci贸 como un asunto m谩s de la agenda internacional, sino como el ejemplo m谩s dram谩tico de una pregunta que recorri贸 todas las intervenciones: ¿existe un derecho internacional que se aplique por igual a todos los pueblos o su aplicaci贸n depende de la correlaci贸n de fuerzas entre las grandes potencias?
Las delegaciones coincidieron en que el conflicto palestino representa una prueba decisiva para la credibilidad del sistema internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Las referencias a Gaza fueron constantes. Se denunciaron las miles de v铆ctimas civiles, la destrucci贸n de hospitales, escuelas e infraestructuras esenciales, as铆 como el desplazamiento forzado de amplios sectores de la poblaci贸n.
Para los participantes, Palestina dej贸 de ser 煤nicamente una causa de solidaridad para convertirse en el s铆mbolo de una discusi贸n mucho m谩s amplia: la vigencia del derecho internacional, el respeto a la Carta de las Naciones Unidas y la necesidad de que las normas internacionales se apliquen con criterios universales y no selectivos.
La defensa del pueblo palestino fue presentada como una causa inseparable de la defensa de todos los pueblos sometidos a ocupaci贸n, bloqueo o injerencia externa. Esa posici贸n enlaz贸 con una larga tradici贸n del internacionalismo latinoamericano, que durante d茅cadas expres贸 su solidaridad con los procesos de descolonizaci贸n en 脕frica, Asia y Oriente Medio.
En ese contexto volvi贸 a escucharse una idea que hab铆a acompa帽ado a varias generaciones de luchadores latinoamericanos: la solidaridad internacional no es un gesto de caridad; es el reconocimiento de que las luchas por la dignidad humana est谩n profundamente conectadas.
Del diagn贸stico a la organizaci贸n
Uno de los riesgos habituales de muchos encuentros internacionales es que concluyen con declaraciones solemnes que rara vez se traducen en acciones concretas. Consciente de ello, la Asamblea intent贸 dar un paso adicional.
El Manifiesto de Caracas no fue concebido 煤nicamente como una declaraci贸n pol铆tica, sino como una hoja de ruta para fortalecer la cooperaci贸n entre organizaciones populares de distintos continentes.
Entre los principales compromisos asumidos destacan:
- consolidar la Asamblea como un espacio permanente de articulaci贸n internacional;
- fortalecer redes de comunicaci贸n popular para enfrentar la concentraci贸n medi谩tica y la desinformaci贸n;
- promover campa帽as internacionales contra las medidas coercitivas unilaterales y los bloqueos econ贸micos;
- profundizar la cooperaci贸n entre organizaciones sociales de Am茅rica Latina, 脕frica, Asia y otras regiones del Sur Global;
- impulsar iniciativas de formaci贸n pol铆tica, intercambio cultural y cooperaci贸n cient铆fica;
- expresar solidaridad activa con los pueblos sometidos a ocupaci贸n, agresi贸n militar o sanciones econ贸micas.
Quiz谩 el acuerdo de mayor alcance fue la decisi贸n de que la Asamblea no terminara con el cierre del encuentro. La intenci贸n expresada por los organizadores fue convertirla en un mecanismo estable de coordinaci贸n, capaz de mantener iniciativas comunes m谩s all谩 de la coyuntura.
Ese prop贸sito refleja una ense帽anza aprendida por numerosos movimientos sociales latinoamericanos: los procesos de integraci贸n dif铆cilmente sobreviven si dependen exclusivamente de la voluntad de los gobiernos. Necesitan una base social organizada que les otorgue continuidad.
El desaf铆o de construir un internacionalismo para el siglo XXI
La palabra internacionalismo posee una larga historia pol铆tica. Durante el siglo XIX estuvo ligada al movimiento obrero; en el siglo XX acompa帽贸 las luchas anticoloniales y los procesos de liberaci贸n nacional. Hoy, en un mundo profundamente transformado por la globalizaci贸n econ贸mica y la revoluci贸n digital, ese concepto vuelve a plantear nuevas preguntas.
¿Puede existir un internacionalismo capaz de responder a desaf铆os como la inteligencia artificial, la crisis clim谩tica, las migraciones masivas o la concentraci贸n del poder tecnol贸gico?
La Asamblea respondi贸 afirmativamente.
Pero propuso un internacionalismo diferente al de otras 茅pocas.
No basado en la confrontaci贸n entre bloques ideol贸gicos cerrados.
Sino en la cooperaci贸n entre pueblos diversos que comparten la defensa de la paz, la soberan铆a y un orden internacional m谩s equilibrado.
En esa concepci贸n, el di谩logo entre Am茅rica Latina, 脕frica y Asia adquiere una importancia estrat茅gica. Ya no se trata 煤nicamente de relaciones diplom谩ticas entre gobiernos, sino de construir v铆nculos permanentes entre universidades, sindicatos, organizaciones campesinas, movimientos juveniles, colectivos culturales y centros de investigaci贸n.
La ampliaci贸n de los BRICS, el fortalecimiento de la cooperaci贸n Sur-Sur y la creciente participaci贸n de pa铆ses emergentes en la econom铆a mundial fueron interpretados durante la Asamblea como se帽ales de un cambio estructural en la distribuci贸n del poder internacional.
Sin embargo, varios participantes advirtieron que la multipolaridad, por s铆 sola, no garantiza un mundo m谩s justo.
Un sistema con varios centros de poder puede reproducir desigualdades si no incorpora mecanismos efectivos de cooperaci贸n, respeto al derecho internacional y participaci贸n de los pueblos.
Esa reflexi贸n constituye uno de los aportes pol铆ticos m谩s interesantes del encuentro.
No basta con sustituir una hegemon铆a por otra.
El desaf铆o consiste en construir relaciones internacionales basadas en la igualdad soberana, la cooperaci贸n y el beneficio mutuo.
Una mirada cr铆tica
Todo an谩lisis serio debe reconocer tambi茅n los desaf铆os que enfrenta esta iniciativa.
La historia latinoamericana registra numerosos esfuerzos de integraci贸n que despertaron enormes expectativas y posteriormente se debilitaron debido a cambios de gobierno, diferencias estrat茅gicas o dificultades institucionales.
La propia Asamblea deber谩 demostrar que posee capacidad para trascender el entusiasmo inicial y convertirse en un espacio de coordinaci贸n permanente.
Otro desaf铆o ser谩 preservar su pluralidad.
La riqueza del encuentro residi贸 precisamente en la diversidad de organizaciones participantes. Mantener esa amplitud, evitando que el proyecto quede identificado exclusivamente con un gobierno o una corriente pol铆tica determinada, ser谩 decisivo para su legitimidad y proyecci贸n internacional.
Desde una perspectiva internacionalista de izquierda, esa pluralidad no constituye una debilidad.
Es una condici贸n indispensable.
Bol铆var so帽贸 con una Am茅rica unida respetando la diversidad de sus pueblos.
Mart铆 defendi贸 una identidad latinoamericana abierta al mundo pero consciente de sus propias ra铆ces.
Sandino convirti贸 la dignidad nacional en patrimonio de toda Nuestra Am茅rica.
Fidel entendi贸 que la solidaridad solo tiene sentido cuando respeta la independencia de cada pueblo.
Y desde la Revoluci贸n Popular Sandinista, Daniel Ortega ha insistido en que la integraci贸n latinoamericana debe construirse desde el reconocimiento mutuo de la soberan铆a y la no injerencia.
La Asamblea intent贸 recoger esa tradici贸n, adapt谩ndola a una 茅poca marcada por desaf铆os que ninguno de aquellos l铆deres pudo conocer: inteligencia artificial, plataformas digitales, concentraci贸n tecnol贸gica, cambio clim谩tico y disputas por minerales estrat茅gicos.
M谩s que una reuni贸n, un s铆ntoma de 茅poca
Quiz谩 el mayor error ser铆a analizar la Asamblea de los Pueblos por la Paz y la Soberan铆a de Nuestra Am茅rica 煤nicamente como un acontecimiento celebrado en Caracas.
Su importancia reside en otra parte.
Expresa el intento de diversos movimientos sociales de construir herramientas pol铆ticas para intervenir en una transici贸n hist贸rica cuyo desenlace permanece abierto.
No sabemos c贸mo ser谩 el orden internacional dentro de veinte a帽os.
Tampoco sabemos qu茅 instituciones lo representar谩n.
Lo que s铆 parece evidente es que el modelo surgido tras el final de la Guerra Fr铆a atraviesa un proceso de transformaci贸n acelerada.
En ese contexto, la Asamblea constituye una se帽al de que los pueblos del Sur Global no desean limitarse a observar esos cambios.
Aspiran a participar en ellos.
Como escribi贸 Jos茅 Mart铆, «hacer es la mejor manera de decir».
La Asamblea representa precisamente eso: la decisi贸n de pasar del diagn贸stico a la organizaci贸n.
No resolver谩 por s铆 sola las enormes contradicciones del sistema internacional.
No eliminar谩 las guerras.
No pondr谩 fin a las desigualdades.
Pero recuerda una verdad que atraviesa toda la historia de Nuestra Am茅rica: ninguna transformaci贸n profunda comenz贸 cuando parec铆a posible; comenz贸 cuando hubo mujeres y hombres capaces de organizarse para hacerla posible.
Y quiz谩 sea esa, m谩s que cualquier declaraci贸n o manifiesto, la principal ense帽anza pol铆tica que dej贸 Caracas en diciembre de 2025.
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