A 47 a帽os del triunfo de la Revoluci贸n Sandinista, la batalla medi谩tica internacional intenta convertir la defensa de la soberan铆a en el "fin de la democracia".
De Sandino al Pueblo Presidente. A las puertas de cumplirse veinte a帽os de la segunda etapa de la Revoluci贸n, Nicaragua reivindica un modelo de democracia basado en la soberan铆a nacional, la participaci贸n popular y la construcci贸n colectiva del desarrollo.
Poder para el pueblo: democracia, soberan铆a y la batalla por el relato
Hasta hace apenas unos d铆as, este iba a ser un art铆culo conmemorativo. Mi intenci贸n era recorrer los 47 a帽os transcurridos desde aquella madrugada del 19 de julio de 1979 en la que el Frente Sandinista de Liberaci贸n Nacional (FSLN) entr贸 victorioso en Managua y puso fin a m谩s de cuatro d茅cadas de dictadura somocista. Quer铆a escribir una cr贸nica sobre la evoluci贸n de la Revoluci贸n Popular Sandinista (RPS), sobre sus dos grandes etapas de gobierno, sobre los 17 a帽os de resistencia durante el periodo neoliberal y sobre las profundas transformaciones que Nicaragua ha experimentado desde el regreso del sandinismo al poder en 2007.
Sin embargo, los acontecimientos ocurridos tras la celebraci贸n del 47.潞 aniversario obligan a cambiar el punto de partida.
En cuesti贸n de horas, un fragmento de apenas unos segundos del discurso pronunciado por el Comandante Daniel Ortega dio la vuelta al mundo. La frase «Se acabaron las elecciones» fue reproducida por grandes agencias internacionales, cadenas de televisi贸n, peri贸dicos y miles de cuentas en redes sociales como si constituyera la prueba definitiva de que Nicaragua acababa de anunciar el final de la democracia. El resto del discurso —m谩s de una hora de intervenci贸n dedicada a la soberan铆a nacional, la historia de las intervenciones estadounidenses, el nuevo escenario multipolar, la defensa de Cuba y Venezuela, el papel del pueblo organizado y el rechazo a la injerencia extranjera— desapareci贸 pr谩cticamente del relato medi谩tico.
No se trat贸 煤nicamente de un problema de edici贸n period铆stica. Lo ocurrido constituye un ejemplo casi perfecto de la forma en que hoy se libran muchas de las disputas pol铆ticas internacionales. Ya no basta con ejercer presi贸n econ贸mica, diplom谩tica o militar sobre un pa铆s. En la era de la comunicaci贸n instant谩nea, tambi茅n se disputa el control del significado de las palabras. Un v铆deo de diez segundos puede recorrer el planeta antes de que millones de personas tengan oportunidad de escuchar o ver el acto celebraci贸n completo. Un titular puede fijar una interpretaci贸n que dif铆cilmente ser谩 corregida despu茅s, incluso cuando aparezcan las transcripciones 铆ntegras o los propios protagonistas expliquen el contexto de sus declaraciones.
La velocidad se ha convertido en una herramienta pol铆tica. En el ecosistema digital, los algoritmos premian el impacto inmediato por encima del contexto; una frase aislada desplaza al argumento, la emoci贸n sustituye al an谩lisis y una imagen termina imponi茅ndose a la historia.
Por eso, antes de responder a la pregunta de si Nicaragua sigue siendo o no una democracia, conviene formular otra, mucho m谩s profunda y probablemente m谩s inc贸moda.
¿Qu茅 entendemos realmente por democracia?
Porque el verdadero debate abierto tras el 19 de julio quiz谩 no sea si Nicaragua celebrar谩 elecciones. La cuesti贸n de fondo es otra: ¿puede reducirse la democracia al acto de depositar una papeleta en una urna cada cierto n煤mero de a帽os, o tambi茅n debe medirse por la capacidad efectiva de un pueblo para decidir soberanamente su propio destino y garantizar derechos fundamentales a la mayor铆a de su poblaci贸n?
Esa pregunta ha acompa帽ado la historia contempor谩nea de Nicaragua desde mucho antes del triunfo revolucionario de 1979.
Cuando Sandino organiz贸 el Ej茅rcito Defensor de la Soberan铆a Nacional para enfrentarse a la ocupaci贸n militar estadounidense entre 1927 y 1933, no estaba luchando 煤nicamente contra una presencia extranjera. Estaba defendiendo una idea de pa铆s. Para el general, la independencia pol铆tica carec铆a de sentido si las grandes decisiones nacionales segu铆an tom谩ndose fuera de Nicaragua. Su lucha no fue solamente militar; fue tambi茅n una defensa de la soberan铆a popular frente a cualquier forma de tutela externa. Aquel pensamiento, convertido con el tiempo en uno de los pilares ideol贸gicos del FSLN, sigue presente casi un siglo despu茅s en buena parte del discurso pol铆tico nicarag眉ense.
La historia posterior parece darle continuidad a esa misma tensi贸n. Tras el asesinato de Sandino en 1934 se consolid贸 la dictadura de la familia Somoza, sostenida durante d茅cadas por el respaldo pol铆tico, econ贸mico y militar de EEUU. Durante m谩s de 40 a帽os, Nicaragua conoci贸 elecciones, constituciones y parlamentos, pero el poder real permanec铆a concentrado en una de las dictaduras m谩s longevas del continente. Aquella experiencia dej贸 una huella profunda en la memoria colectiva del pa铆s: pod铆a haber urnas sin democracia, del mismo modo que pod铆an existir instituciones formales incapaces de representar realmente la voluntad popular.
Esa memoria explica por qu茅 el sandinismo ha insistido hist贸ricamente en una idea que para muchos observadores occidentales resulta poco habitual: la democracia no termina cuando se cierran las urnas; comienza precisamente al d铆a siguiente.
Desde esa perspectiva nace uno de los conceptos pol铆ticos m谩s repetidos por el Gobierno nicarag眉ense durante los 煤ltimos a帽os: el Pueblo Presidente. No se trata 煤nicamente de un lema propagand铆stico, sino de la formulaci贸n de una determinada manera de entender el ejercicio del poder y la democracia. Seg煤n esta concepci贸n, la participaci贸n ciudadana no se limita al voto peri贸dico ni la soberan铆a popular concluye cuando se cierran las urnas. Al contrario, ambas se proyectan de forma permanente a trav茅s de los barrios, las comunidades, las cooperativas, los gabinetes locales, las organizaciones de mujeres, de j贸venes y de productores, as铆 como en los distintos espacios de organizaci贸n popular que intervienen en la vida cotidiana del pa铆s. Se trata, en definitiva, de una ciudadan铆a organizada que participa activamente en la construcci贸n cotidiana de la naci贸n, expresando esa soberan铆a en la planificaci贸n y desarrollo de escuelas, hospitales, cooperativas, carreteras, sistemas de agua potable, redes el茅ctricas, universidades y programas sociales.
Puede compartirse o discutirse, pero dif铆cilmente comprenderse sin tener presente esa diferencia de concepci贸n democr谩tica. Como ha se帽alado el periodista y analista nicarag眉ense William Grisby, en sus reflexiones posteriores al acto conmemorativo, la controversia no enfrenta 煤nicamente posiciones pol铆ticas distintas; enfrenta dos definiciones diferentes de democracia. Desde esa perspectiva, el sufragio constituye el punto de partida, no el punto final, del ejercicio democr谩tico.
De Sandino al Pueblo Presidente: una historia de soberan铆a y democracia
La RPS no naci贸 煤nicamente para sustituir un gobierno por otro. Naci贸 con la pretensi贸n de transformar la estructura misma del Estado nicarag眉ense y de devolver al pueblo un protagonismo pol铆tico, econ贸mico y social que durante d茅cadas hab铆a permanecido secuestrado por una dictadura familiar sostenida desde el exterior.
El triunfo del 19 de julio de 1979 encontr贸 un pa铆s devastado por la guerra insurreccional, con elevados 铆ndices de analfabetismo, una enorme concentraci贸n de la tierra, un sistema sanitario incapaz de atender a la mayor铆a de la poblaci贸n y profundas desigualdades entre el campo y la ciudad. La prioridad del nuevo Gobierno fue construir un Estado donde los derechos dejar铆an de ser privilegios.
Apenas un a帽o despu茅s, m谩s de 95.000 j贸venes voluntarios participaron en la hist贸rica Cruzada Nacional de Alfabetizaci贸n, desplaz谩ndose a las zonas m谩s remotas del pa铆s para ense帽ar a leer y escribir. En apenas cinco meses, el analfabetismo se redujo de alrededor del 50 % a poco m谩s del 12 %, un esfuerzo reconocido por la UNESCO como una de las campa帽as educativas m谩s importantes del siglo XX. Aquella movilizaci贸n no s贸lo ense帽贸 a leer a centenares de miles de personas; simboliz贸 una forma de entender la democracia donde la participaci贸n popular se convert铆a en protagonista de las transformaciones nacionales.
Junto a la alfabetizaci贸n llegaron la reforma agraria, la ampliaci贸n de la sanidad p煤blica, las campa帽as masivas de vacunaci贸n y las primeras elecciones celebradas en 1984, en las que el Frente Sandinista obtuvo una amplia victoria con la participaci贸n de observadores internacionales. Sin embargo, el nuevo proyecto apenas tuvo margen para desarrollarse en condiciones de normalidad.
La administraci贸n de Ronald Reagan decidi贸 convertir a Nicaragua en uno de los principales escenarios de la Guerra Fr铆a en Am茅rica Latina. La financiaci贸n, entrenamiento y armamento de la llamada Contra, el minado de puertos, el embargo econ贸mico y las operaciones encubiertas provocaron un conflicto que dej贸 decenas de miles de muertos, enormes p茅rdidas materiales y oblig贸 al pa铆s a destinar buena parte de sus escasos recursos a la defensa nacional en lugar de al desarrollo.
En 1986, la Corte Internacional de Justicia de La Haya conden贸 a EEUU por el uso ilegal de la fuerza contra Nicaragua y por violar el derecho internacional. Washington rechaz贸 la sentencia y nunca cumpli贸 la indemnizaci贸n impuesta por el tribunal, estimada posteriormente por Nicaragua en alrededor de 17.000 millones de d贸lares por los da帽os humanos, econ贸micos y materiales sufridos. Aquella resoluci贸n contin煤a siendo uno de los precedentes jur铆dicos m谩s importantes del derecho internacional contempor谩neo y sigue ocupando un lugar central en la memoria pol铆tica del pa铆s.
El desgaste provocado por la guerra, el bloqueo econ贸mico y el cansancio acumulado durante una d茅cada de conflicto desembocaron en las elecciones de 1990. Aquella campa帽a electoral se desarroll贸 en condiciones profundamente desiguales. Diversos estudios estiman que EEUU destin贸 alrededor de 200 millones de d贸lares para respaldar pol铆tica, econ贸mica y medi谩ticamente a la coalici贸n Opositora (UNO), mientras el Frente Sandinista desarroll贸 su campa帽a con unos recursos muy inferiores, estimados en torno a cinco millones de d贸lares. La propia administraci贸n estadounidense present贸 aquellos comicios como una elecci贸n entre la continuidad de la guerra y el levantamiento del bloqueo econ贸mico o un cambio de gobierno. La UNO, encabezada por Violeta Barrios de Chamorro, aglutin贸 a una heterog茅nea alianza de partidos, pero principalmente represent贸 la convergencia de los intereses de los grandes grupos empresariales, de buena parte de las tradicionales 茅lites econ贸micas y terratenientes, de los sectores conservadores y de las fuerzas pol铆ticas alineadas con la estrategia de Washington para poner fin al proyecto revolucionario iniciado en 1979. Contra la mayor铆a de los pron贸sticos, el Frente Sandinista fue derrotado en las urnas.
Aquella noche, Daniel Ortega pronunci贸 una frase que terminar铆a definiendo los siguientes diecisiete a帽os: «Gobernaremos desde abajo.»
Aquel episodio contin煤a siendo citado por numerosos analistas, entre ellos Fabrizio Casari, como una de las pruebas de que el sandinismo acept贸 el resultado de las urnas incluso cuando conservaba la fuerza militar suficiente para impugnarlo, priorizando la continuidad institucional sobre cualquier otra consideraci贸n pol铆tica.
Aquellas elecciones dieron inicio a una etapa de 17 a帽os de gobiernos neoliberales que, entre 1990 y 2007, impulsaron amplios procesos de privatizaci贸n, redujeron el papel del Estado en sectores estrat茅gicos y aplicaron pol铆ticas econ贸micas promovidas por el llamado Consenso de Washington y por los organismos financieros internacionales. Durante este per铆odo, Nicaragua vendi贸 empresas p煤blicas, desapareci贸 el hist贸rico ferrocarril nacional, numerosos servicios pasaron a manos privadas y amplios sectores de la poblaci贸n volvieron a experimentar un deterioro de sus condiciones de vida..
La tragedia provocada por el hurac谩n Mitch en 1998, una de las mayores cat谩strofes naturales sufridas por Centroam茅rica en el 煤ltimo siglo, agrav贸 todav铆a m谩s aquella situaci贸n. Miles de familias perdieron sus hogares, las infraestructuras quedaron gravemente da帽adas y el pa铆s tuvo que afrontar una compleja reconstrucci贸n en medio de una enorme fragilidad econ贸mica y social.
Cuando el Frente Sandinista regres贸 al Gobierno en enero de 2007 encontr贸 un pa铆s muy distinto. La pobreza segu铆a afectando a una parte muy importante de la poblaci贸n; apenas el 54 % de los hogares dispon铆a de suministro el茅ctrico, buena parte de las carreteras permanec铆an sin pavimentar, las infraestructuras sanitarias resultaban insuficientes y miles de comunidades rurales continuaban pr谩cticamente aisladas durante buena parte del a帽o.
Fue entonces cuando comenz贸 a tomar forma el concepto pol铆tico que marcar铆a la segunda etapa de la Revoluci贸n Sandinista: el Pueblo Presidente.
No se presentaba 煤nicamente como un cambio de Gobierno, sino como un modelo que pretend铆a combinar estabilidad macroecon贸mica, inversi贸n p煤blica, ampliaci贸n de derechos sociales y participaci贸n organizada de las comunidades en el desarrollo del pa铆s. La democracia dejaba de medirse exclusivamente por el calendario electoral para intentar expresarse tambi茅n en indicadores mucho m谩s tangibles: cu谩ntas familias ten铆an acceso a la electricidad, cu谩ntos ni帽os pod铆an estudiar gratuitamente, cu谩ntas mujeres acced铆an a responsabilidades p煤blicas, cu谩ntos kil贸metros de carretera conectaban por primera vez regiones hist贸ricamente olvidadas o cu谩ntos peque帽os productores consegu铆an aumentar sus cosechas gracias al cr茅dito, la asistencia t茅cnica y la inversi贸n estatal.
Como recuerda el investigador brit谩nico Stephen Sefton, la Revoluci贸n Sandinista dif铆cilmente puede entenderse como un episodio cerrado en 1979. Se trata de un proceso hist贸rico de larga duraci贸n que ha atravesado victorias, derrotas, guerras, reconstrucciones y profundas transformaciones sociales, manteniendo siempre como eje una misma aspiraci贸n: el derecho del pueblo nicarag眉ense a la autodeterminaci贸n. Desde Sandino hasta la sentencia de La Haya de 1986, desde la resistencia frente a la guerra de la Contra hasta el rechazo actual a las sanciones y a cualquier forma de injerencia exterior, la defensa de la autodeterminaci贸n aparece como el hilo conductor que articula las distintas etapas del proceso revolucionario. M谩s all谩 de los cambios econ贸micos, sociales o institucionales, el sandinismo contin煤a situando la soberan铆a nacional como la condici贸n imprescindible para que cualquier democracia pueda desarrollarse de forma efectiva.
Y es precisamente en los resultados concretos de ese segundo per铆odo, iniciado en 2007, donde el sandinismo sit煤a hoy su principal argumento para sostener que la democracia tambi茅n puede medirse por aquello que un pueblo es capaz de construir colectivamente.
La democracia tambi茅n se construye
Existe una diferencia fundamental entre la concepci贸n liberal de la democracia dominante en buena parte de Occidente y la idea de democracia que defiende la RPS. Mientras la primera suele identificar la democracia casi exclusivamente con la celebraci贸n peri贸dica de elecciones, el sandinismo sostiene que el sufragio constituye s贸lo el punto de partida de un proceso mucho m谩s amplio. Para la Revoluci贸n, una democracia aut茅ntica debe ser capaz de transformar las condiciones materiales de vida de la mayor铆a de la poblaci贸n. El voto otorga legitimidad; el desarrollo social le da contenido.
No como met谩fora, sino como realidad. Una carretera significa que un productor puede sacar su cosecha al mercado sin perderla durante la estaci贸n lluviosa; que una ambulancia llega donde antes no pod铆a hacerlo; que un estudiante tarda una hora en llegar a clase en lugar de cuatro; que una comunidad aislada deja de estar aislada. El cemento tambi茅n construye ciudadan铆a cuando une territorios hist贸ricamente olvidados.
Dos d茅cadas despu茅s del FSLN llegar al gobierno, el paisaje nacional ha cambiado de forma visible.
La cobertura el茅ctrica supera el 99 % de los hogares, situando a Nicaragua entre los pa铆ses con mayor acceso universal a la energ铆a en Am茅rica Latina. Pero el cambio no ha sido 煤nicamente cuantitativo. Tambi茅n ha sido estrat茅gico. Si en 2006 el pa铆s depend铆a casi por completo del petr贸leo importado para generar electricidad, hoy cerca del 80 % de la energ铆a producida procede de fuentes renovables —geot茅rmica, hidroel茅ctrica, e贸lica, solar y biomasa—, reduciendo la dependencia exterior y fortaleciendo la soberan铆a energ茅tica.
La transformaci贸n tambi茅n puede medirse sobre el terreno. Desde 2007 se han construido o rehabilitado m谩s de 5.000 kil贸metros de carreteras pavimentadas, de modo que la red vial nacional supera ya los 6.000 kil贸metros asfaltados, cuando en 2006 apenas rondaba los 2.300 kil贸metros. A ello se suman decenas de puentes estrat茅gicos —entre ellos el Puente Wawa— que han integrado definitivamente amplias zonas de la Costa Caribe y del interior del pa铆s al resto del territorio nacional. Son infraestructuras que rara vez aparecen en la prensa internacional, pero que modifican profundamente la vida cotidiana de cientos de miles de personas.
Durante estos a帽os Nicaragua ha construido y modernizado hospitales en pr谩cticamente todo el pa铆s, ampliando la atenci贸n especializada y acercando los servicios sanitarios a regiones que hist贸ricamente carec铆an de ellos. Nicaragua ha construido 43 hospitales nuevos en los 煤ltimos 20 a帽os. La red p煤blica nacional de salud pas贸 de tener 33 hospitales en el a帽o 2006 a un total de 79 hospitales funcionando en 2026, consolid谩ndose como la red hospitalaria p煤blica m谩s grande de Centroam茅rica. La salud pasa a entenderse como un derecho y no como un negocio.
A ello se suma una extensa red de Casas Maternas, reconocida por organismos internacionales por su contribuci贸n a la reducci贸n de la mortalidad materna e infantil. Mientras numerosos pa铆ses contin煤an registrando enormes desigualdades entre el 谩mbito urbano y el rural, miles de mujeres nicarag眉enses pueden acceder gratuitamente a controles prenatales, alojamiento y atenci贸n especializada antes del parto.
Esa transformaci贸n tambi茅n puede observarse en otros indicadores sociales. Entre 2005 y el periodo previo a la pandemia, Nicaragua redujo de forma sostenida tanto la pobreza general como la pobreza extrema. Seg煤n datos de organismos internacionales y de las instituciones nacionales, la pobreza general pas贸 de situarse en torno al 48 % a aproximadamente el 24-25 %, mientras que la pobreza extrema descendi贸 desde cerca del 17 % hasta alrededor del 6-7 %, uno de los mayores avances registrados en la historia reciente del pa铆s. Paralelamente, el acceso al agua potable y al saneamiento continu贸 ampli谩ndose mediante importantes inversiones p煤blicas. La cobertura de agua potable supera hoy el 90 % de la poblaci贸n, mientras que los servicios de saneamiento han experimentado una expansi贸n constante tanto en las ciudades como en las zonas rurales.
La educaci贸n constituye otro de los pilares del modelo. La gratuidad restablecida desde 2007, la construcci贸n y rehabilitaci贸n de centros escolares, la expansi贸n de universidades p煤blicas y centros tecnol贸gicos y los programas de formaci贸n profesional han permitido ampliar notablemente el acceso al conocimiento. No es casualidad. La Revoluci贸n nunca ha entendido la alfabetizaci贸n iniciada en 1980 como una campa帽a puntual, sino como el primer paso de una pol铆tica permanente destinada a democratizar el saber.
La transformaci贸n econ贸mica tampoco puede comprenderse 煤nicamente observando la evoluci贸n del PIB. Entre 2007 y 2025 las exportaciones pr谩cticamente se triplicaron, mientras que el Banco Central fortaleci贸 las reservas internacionales. Durante buena parte del periodo 2007-2018, Nicaragua mantuvo adem谩s una estabilidad macroecon贸mica reconocida incluso por organismos como el Fondo Monetario Internacional, antes de las crisis derivadas de 2018 y de la pandemia.
Paralelamente, Nicaragua ha intensificado la diversificaci贸n de sus relaciones internacionales. El fortalecimiento de los v铆nculos econ贸micos, tecnol贸gicos y de cooperaci贸n con pa铆ses como China, Rusia e Ir谩n, junto con el creciente inter茅s por los espacios de cooperaci贸n impulsados por los BRICS y el nuevo mundo multipolar, responde tambi茅n a una estrategia de soberan铆a econ贸mica. Desde la perspectiva del Gobierno sandinista, ampliar sus alianzas internacionales significa reducir dependencias hist贸ricas y disponer de un mayor margen de decisi贸n sobre su propio modelo de desarrollo.
Especial relevancia adquiere el modelo de producci贸n campesina y cooperativa. Actualmente, alrededor del 90 % de los alimentos que consumen los nicarag眉enses procede de peque帽os y medianos productores nacionales. Programas como el Bono Productivo Alimentario, Usura Cero o los cr茅ditos dirigidos a cooperativas rurales han buscado fortalecer precisamente esa econom铆a familiar que garantiza la soberan铆a alimentaria del pa铆s y evita una dependencia excesiva de las importaciones.
Existe, adem谩s, un aspecto que desmonta buena parte de los estereotipos construidos sobre Nicaragua y que, parad贸jicamente, recibe muy poca atenci贸n en los grandes medios internacionales.
Mientras numerosos editoriales presentan al pa铆s como una supuesta "dictadura patriarcal", el Foro Econ贸mico Mundial sit煤a desde hace a帽os a Nicaragua entre los primeros pa铆ses del planeta en participaci贸n pol铆tica de las mujeres y en igualdad de g茅nero. Ministras, diputadas, alcaldesas, magistradas, jefas policiales, rectoras universitarias y dirigentes comunitarias forman parte de una realidad pol铆tica dif铆cilmente compatible con la imagen simplificada que con frecuencia proyecta la prensa occidental.
No es una casualidad. Las mujeres no llegaron a la Revoluci贸n despu茅s de la victoria. Ayudaron a hacerla posible. Combatieron contra la dictadura, organizaron barrios, alfabetizaron comunidades enteras y hoy contin煤an ocupando espacios fundamentales en la direcci贸n pol铆tica, econ贸mica y social del pa铆s. La igualdad no aparece como una concesi贸n, sino como una consecuencia natural de aquel proceso hist贸rico.
A todo ello se suma otro indicador que tambi茅n ayuda a comprender la transformaci贸n del pa铆s. En una de las regiones m谩s afectadas por la violencia del narcotr谩fico y el crimen organizado, Nicaragua mantiene desde hace a帽os una de las tasas de homicidios m谩s bajas de Centroam茅rica y figura habitualmente entre los pa铆ses con mayores niveles de seguridad ciudadana y percepci贸n de seguridad de la regi贸n. Para millones de nicarag眉enses, esa realidad no constituye un dato estad铆stico aislado, sino una condici贸n que influye directamente en su vida cotidiana, en la movilidad, en la actividad econ贸mica y en el ejercicio efectivo de otros derechos.
Nada de esto significa que Nicaragua haya resuelto todos sus problemas. Persisten desaf铆os econ贸micos y sociales, as铆 como las consecuencias de las sanciones y del contexto internacional. Pero ignorar las transformaciones de las 煤ltimas dos d茅cadas impedir铆a comprender por qu茅 una parte importante de la sociedad nicarag眉ense contin煤a identificando esos avances con el proyecto pol铆tico iniciado en 2007.
La 煤ltima encuesta de M&R Consultores, situ贸 la aprobaci贸n del Gobierno en el 88,5 % y mostr贸 niveles igualmente elevados de respaldo a la estabilidad, la seguridad ciudadana y el rumbo general del pa铆s. Estos datos forman parte de la realidad pol铆tica nicarag眉ense y ayudan a explicar por qu茅 el sandinismo contin煤a conservando una amplia base social.
M谩s all谩 del balance que cada lector pueda hacer, existe un hecho dif铆cilmente discutible: la Nicaragua de 2026 es muy distinta de la que el sandinismo encontr贸 en 2007. Esa transformaci贸n constituye hoy uno de los principales argumentos con los que el Gobierno defiende su concepci贸n del Pueblo Presidente y de la democracia. Precisamente en ese contexto deben interpretarse las palabras pronunciadas durante el acto del 19 de julio, que pocas horas despu茅s desencadenar铆an una intensa batalla internacional por el relato.
Acto celebraci贸n del 47 aniversario del triunfo de la Revoluci贸n Popular Sandinista. Cuando un aniversario se convirti贸 en una batalla por el relato.
Hay aniversarios que evocan el pasado y otros que terminan explicando el presente. Esta conmemoraci贸n del triunfo de la RPS, celebrada el 19 de julio de 2026 (ver video acto completo), pertenece a esta segunda categor铆a. Lo que comenz贸 como una jornada de memoria, celebraci贸n y reafirmaci贸n pol铆tica acab贸 convirti茅ndose, apenas unas horas despu茅s, en el centro de una intensa batalla medi谩tica internacional. No porque en Managua ocurriera algo extraordinario respecto a la trayectoria pol铆tica del sandinismo, sino porque apenas unos segundos del discurso presidencial fueron extra铆dos de su contexto y convertidos en el eje de una narrativa completamente distinta.
Desde primeras horas de la ma帽ana, decenas de miles de personas comenzaron a ocupar la Plaza de la Fe. Combatientes hist贸ricos de la insurrecci贸n, madres de h茅roes y m谩rtires, brigadistas de alfabetizaci贸n, trabajadores, campesinos, estudiantes, representantes de movimientos sociales y delegaciones internacionales compart铆an un mismo espacio con miles de j贸venes nacidos mucho despu茅s de 1979. Aquella imagen condensaba uno de los mensajes m谩s importantes de la jornada: la RPS no se presentaba como un recuerdo del pasado, sino como un proceso hist贸rico que enlaza generaciones y contin煤a proyect谩ndose hacia el futuro.
La apertura del acto estuvo a cargo de la Copresidenta Rosario Murillo, quien situ贸 desde el primer momento el tono de la conmemoraci贸n. Su intervenci贸n estuvo marcada por una constante apelaci贸n a la paz, la unidad, la esperanza y la confianza en la capacidad del pueblo nicarag眉ense para seguir construyendo su propio destino. M谩s que detenerse en los logros materiales alcanzados durante estos a帽os, insisti贸 en una idea que recorrer铆a toda la jornada: la Revoluci贸n s贸lo puede entenderse desde el protagonismo del pueblo organizado. Esa idea qued贸 sintetizada al cierre del acto cuando afirm贸: «Todos los actos, todas las glorias y todas las victorias son del Pueblo», una frase que resume la concepci贸n del Pueblo Presidente desarrollada durante las dos 煤ltimas d茅cadas.
Sobre ese marco tom贸 la palabra el Copresidente Daniel Ortega. Su intervenci贸n recorri贸 la historia de las agresiones sufridas por Nicaragua, desde la ocupaci贸n estadounidense y la resistencia encabezada por Augusto C. Sandino hasta la guerra impuesta durante la d茅cada de 1980, el intento de golpe de Estado de 2018 y las actuales formas de presi贸n pol铆tica, econ贸mica y comunicacional ejercidas sobre los pa铆ses que defienden proyectos soberanos. Tambi茅n situ贸 la realidad nicarag眉ense en un escenario internacional marcado por el ascenso de un mundo multipolar y por las disputas geopol铆ticas que atraviesan Am茅rica Latina.
En ese contexto, Ortega advirti贸 que los que desean caos se mantienen conspirando para crear inestabilidad, por tanto, ratific贸 el compromiso de defender la paz y el bienestar de Nicaragua y aquellos que pretendan arrebatar esa tranquilidad ser谩n procesados con la contundencia de las leyes. Y afirm贸 que no se permitir铆a repetir episodios de violencia como los vividos en 2018.
“No crean que por no hay guerra estamos en paz. Ellos viven conspirando ah铆, conspirando, organizando, buscando como organizar partidos para que en una elecci贸n, que ellos se suponen, entonces esos partidos ganen las elecciones». agreg贸.
«Aqu铆 se acab贸 la historia de que los partidos puestos por los yanquis, puestos por los somocistas volver谩n a llegar al gobierno, jam谩s, jam谩s, jam谩s”, dijo el l铆der sandinista.
Las citas resultan fundamentales porque muestran con precisi贸n el sentido de sus palabras. Daniel Ortega no anunci贸 el fin del sufragio.
Tras el discurso presidencial tom贸 la palabra la joven Darling Hern谩ndez, en representaci贸n de la juventud nicarag眉ense. Su intervenci贸n aport贸 un elemento especialmente significativo: la continuidad generacional de la Revoluci贸n. No habl贸 desde la nostalgia de quienes vivieron 1979, sino desde la experiencia de una generaci贸n formada durante la segunda etapa del proceso revolucionario. Reivindic贸 a la juventud como protagonista de la construcci贸n nacional y defendi贸 una Nicaragua de paz, conocimiento, innovaci贸n, solidaridad y compromiso social. Su mensaje transmit铆a una idea clara: la Revoluci贸n s贸lo puede proyectarse hacia el futuro si las nuevas generaciones la hacen tambi茅n suya.
En cuesti贸n de unas horas, un fragmento de apenas unos segundos sustituy贸 al conjunto de un discurso de m谩s de una hora. Y se iniciaba una nociva campa帽a medi谩tica.
Los primeros grandes medios en difundir la interpretaci贸n de que Daniel Ortega hab铆a anunciado el fin de las elecciones fueron The New York Times, CNN en Espa帽ol y el diario espa帽ol El Pa铆s. Sus titulares fueron r谩pidamente reproducidos por agencias internacionales, cadenas de televisi贸n y plataformas digitales, fijando desde las primeras horas un marco interpretativo que condicion贸 buena parte del debate posterior.
La controversia no se limit贸 a la interpretaci贸n pol铆tica del discurso. En un un an谩lisis publicado d铆as despu茅s por la investigadora y cooperante estadounidense Becca Renk Foster, recog铆a las observaciones de la traductora e int茅rprete Jill Clark-Gollub, especialista certificada en interpretaci贸n judicial en Estados Unidos, quien advert铆a que el significado atribuido internacionalmente a las palabras de Ortega s贸lo aparec铆a cuando la frase era interrumpida artificialmente antes de que el orador concluyera su razonamiento. Seg煤n Clark-Gollub, una traducci贸n profesional debe respetar el contexto completo de la intervenci贸n y no aislar fragmentos que alteren sustancialmente el sentido del mensaje. La batalla por el relato se帽alaba impl铆citamente aquella reflexi贸n, comenz贸 tambi茅n en el propio proceso de traducci贸n e interpretaci贸n del discurso.
La reacci贸n pol铆tica en EEUU fue casi inmediata, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en un tweet afirm贸 que "La Administraci贸n Trump y la comunidad internacional no se quedar谩n de brazos cruzados mientras la dictadura de Murillo-Ortega profundiza la represi贸n en el pa铆s y fabrica inestabilidad que amenaza la seguridad nacional de EE.UU.", dando por v谩lida la interpretaci贸n difundida por los grandes medios.
Diversos analistas cuestionaron r谩pidamente esa lectura. El periodista estadounidense Ben Norton, denunci贸, dando respuesta al twuit de Rubio. Ben sostuvo que la versi贸n difundida por Washington constitu铆a una operaci贸n propagand铆stica que omit铆a deliberadamente el contexto hist贸rico del discurso. Record贸 la financiaci贸n estadounidense de la Contra durante los a帽os ochenta, el respaldo al intento de golpe de Estado de 2018 y la prolongada injerencia de Washington en la pol铆tica nicarag眉ense, concluyendo que Ortega no estaba anunciando el fin de las elecciones, sino el rechazo a que partidos promovidos o financiados desde el exterior volvieran a gobernar el pa铆s.
En la misma l铆nea, el periodista William Grigsby, en sus reflexiones, insisti贸 en que el n煤cleo de la intervenci贸n presidencial no era la eliminaci贸n del sufragio, sino la reafirmaci贸n de que Nicaragua no volver铆a a aceptar que proyectos pol铆ticos subordinados a intereses extranjeros condicionaran el destino nacional. El investigador brit谩nico Stephen Sefton interpret贸 el acto como una nueva expresi贸n de la continuidad hist贸rica del proyecto iniciado por Sandino y consolidado en 1979, mientras que el corresponsal de Sputnik V铆ctor Ternovsky destac贸 el contraste entre la narrativa difundida internacionalmente y la realidad que pudo observar durante su estancia en Nicaragua, caracterizada —seg煤n explic贸— por un clima de estabilidad, seguridad y un amplio respaldo popular al proceso revolucionario. En esa misma direcci贸n, el analista italiano Fabrizio Casari sostuvo que el debate sobre el futuro marco jur铆dico electoral no puede comprenderse al margen de la larga historia de intervenciones estadounidenses en Nicaragua y del esfuerzo del Estado por preservar su soberan铆a pol铆tica.
Las respuestas institucionales tampoco tardaron en llegar. En los d铆as posteriores, la Copresidenta Rosario Murillo aclar贸 p煤blicamente que habr铆a «elecciones s铆, libres, dignas y soberanas», insistiendo en que el debate nunca hab铆a girado en torno al derecho del pueblo a elegir a sus representantes, sino al rechazo de cualquier forma de tutela extranjera sobre los procesos pol铆ticos nacionales.
En la misma direcci贸n se pronunci贸 el presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, al confirmar que el Parlamento trabajaba ya en el desarrollo de un nuevo marco jur铆dico electoral destinado a adaptar la legislaci贸n al modelo del Pueblo Presidente, reforzar la estabilidad institucional y garantizar que ning煤n poder extranjero pudiera volver a condicionar la voluntad soberana del pueblo nicarag眉ense. Lejos de tratarse de una reacci贸n improvisada, aquellas declaraciones enlazaban con el proceso de adecuaci贸n institucional abierto tras la reforma constitucional, mostrando que el discurso pronunciado el 19 de julio formaba parte de un proceso pol铆tico y legislativo m谩s amplio.Parad贸jicamente, la reacci贸n internacional termin贸 reproduciendo el mismo fen贸meno que el propio discurso presidencial denunciaba. Mientras Daniel Ortega advert铆a contra cualquier intento de condicionar desde el exterior la vida pol铆tica nicarag眉ense, las primeras interpretaciones difundidas internacionalmente dieron lugar a una intensa presi贸n diplom谩tica y medi谩tica destinada precisamente a cuestionar el futuro del sistema pol铆tico del pa铆s antes incluso de conocerse el alcance de las reformas anunciadas.
M谩s all谩 de la pol茅mica generada volvi贸 a aparecer una pregunta que acompa帽a a Nicaragua desde hace casi un siglo: ¿qui茅n decide el futuro del pa铆s? Para el sandinismo, esa respuesta s贸lo puede corresponder al propio pueblo nicarag眉ense. De ah铆 que el debate abierto tras el 19 de julio trascendiera la discusi贸n sobre unas declaraciones concretas para situarse en un terreno mucho m谩s profundo: el de la soberan铆a, el derecho de los pueblos a decidir su propio destino y la permanente disputa por el control del relato con el que esa realidad se presenta al mundo.
Nicaragua no est谩 sola: el internacionalismo sigue defendiendo la Revoluci贸n Sandinista
Si algo demuestra la historia contempor谩nea de Nicaragua es que cada ofensiva pol铆tica, econ贸mica o medi谩tica contra la Revoluci贸n Sandinista ha encontrado tambi茅n una respuesta solidaria m谩s all谩 de sus fronteras. As铆 ocurri贸 durante los a帽os ochenta, cuando miles de internacionalistas viajaron al pa铆s para participar en la Cruzada Nacional de Alfabetizaci贸n, colaborar en brigadas agr铆colas, construir escuelas, centros de salud o acompa帽ar a un pueblo que resist铆a la guerra impuesta por la administraci贸n de Ronald Reagan.
Aquella solidaridad no desapareci贸 con el final de la Guerra Fr铆a. Evolucion贸. Los desaf铆os cambiaron y tambi茅n cambiaron las formas de acompa帽ar al pueblo nicarag眉ense. Si entonces el internacionalismo se expresaba levantando escuelas o cosechando caf茅 junto a las cooperativas campesinas, hoy una parte esencial de esa tarea se desarrolla en otro escenario: el de la comunicaci贸n.
La controversia generada tras el acto del 19 de julio volvi贸 a poner de manifiesto hasta qu茅 punto la informaci贸n se ha convertido en un nuevo campo de disputa pol铆tica. En cuesti贸n de horas, una intervenci贸n de m谩s de una hora qued贸 reducida a un titular repetido por agencias internacionales, grandes cadenas de televisi贸n y peri贸dicos de referencia. Antes de que millones de personas pudieran escuchar el discurso 铆ntegro, una interpretaci贸n ya hab铆a recorrido el mundo. En ese contexto, informar con rigor, traducir correctamente los discursos, contextualizar los acontecimientos, desmontar campa帽as de desinformaci贸n y ofrecer an谩lisis alternativos constituye hoy una forma de solidaridad tan necesaria como lo fue, hace cuatro d茅cadas, participar en una brigada de trabajo voluntario.
Ese nuevo internacionalismo contin煤a vivo a trav茅s de decenas de organizaciones repartidas principalmente por Am茅rica Latina, Estados Unidos y Europa. Plataformas como la Nicaragua Solidarity Coalition, en Estados Unidos, o el Comit茅 Europeo de Solidaridad con la Revoluci贸n Popular Sandinista (CES-RPS), que coordina a numerosos comit茅s de solidaridad europeos, desarrollan campa帽as de informaci贸n, organizan brigadas, encuentros internacionales, conferencias y espacios de an谩lisis destinados a dar a conocer la realidad de la Nicaragua actual y la transformaci贸n que vive el proceso revolucionario. Al mismo tiempo, trabajan para combatir la tergiversaci贸n de la informaci贸n difundida por los grandes medios de comunicaci贸n y denunciar las amenazas, sanciones y otras formas de injerencia impulsadas por Estados Unidos y secundadas, en numerosas ocasiones, por distintos gobiernos e instituciones europeas.
Porque la defensa de la soberan铆a de Nicaragua ya no se libra 煤nicamente frente a bloqueos econ贸micos, sanciones o amenazas militares. Tambi茅n se disputa en el terreno donde hoy se construye la opini贸n p煤blica internacional: el de la informaci贸n. All铆 donde determinados centros de poder intentan imponer un relato 煤nico sobre Nicaragua, contin煤a existiendo una red internacional de periodistas, investigadores, traductores, organizaciones solidarias y ciudadanos comprometidos que trabaja para ofrecer otra mirada y defender el derecho del pueblo nicarag眉ense a explicar su propia realidad con su propia voz.
A lo largo de casi medio siglo, los m茅todos de presi贸n han cambiado. Tambi茅n lo han hecho las formas de la solidaridad. Pero permanece intacto el principio que las inspira: ning煤n pueblo deber铆a ver condicionado su futuro por la voluntad de una potencia extranjera. Mientras existan intentos de intervenir en el destino de Nicaragua, seguir谩n existiendo tambi茅n voces dispuestas a denunciar esas injerencias y a defender el derecho de los nicarag眉enses a decidir libremente su propio camino.
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