Por Javier Huerta
Una aproximaci贸n al significado pol铆tico e hist贸rico de un concepto que, desde el retorno del Frente Sandinista al Gobierno en 2007, ha definido una manera de entender el poder, la participaci贸n ciudadana y la construcci贸n de un proyecto nacional basado en la restituci贸n de derechos y la soberan铆a.
Sin embargo, reducir el origen de esta idea al a帽o 2007 ser铆a desconocer una parte esencial de la historia nicarag眉ense. El concepto de Pueblo Presidente hunde sus ra铆ces en una tradici贸n pol铆tica mucho m谩s antigua, nacida de las luchas por la independencia y la justicia social que marcaron el siglo XX. Augusto C. Sandino no levant贸 las armas 煤nicamente para expulsar la ocupaci贸n militar estadounidense; combati贸 porque entend铆a que Nicaragua deb铆a recuperar el derecho a decidir libremente su destino, sin imposiciones extranjeras ni oligarqu铆as subordinadas a intereses ajenos. D茅cadas despu茅s, Carlos Fonseca retom贸 ese legado al fundar el Frente Sandinista de Liberaci贸n Nacional, convencido de que la transformaci贸n del pa铆s solo ser铆a posible si el pueblo dejaba de ser un espectador de la historia para convertirse en su principal protagonista. Esa concepci贸n del sujeto popular como motor del cambio pol铆tico atraves贸 toda la trayectoria del sandinismo y sobrevivi贸 incluso a los a帽os m谩s dif铆ciles de la derrota electoral de 1990.
Durante los diecis茅is a帽os de gobiernos neoliberales, Nicaragua experiment贸 profundas transformaciones econ贸micas y sociales. La reducci贸n del papel del Estado, las privatizaciones, el deterioro de numerosos servicios p煤blicos y el incremento de las desigualdades alimentaron un creciente malestar entre amplios sectores de la poblaci贸n. Mientras los sucesivos gobiernos defend铆an la liberalizaci贸n econ贸mica como 煤nica v铆a para el desarrollo, el Frente Sandinista reconstru铆a su proyecto pol铆tico alrededor de una idea que con el tiempo se convertir铆a en una de sus principales se帽as de identidad: la restituci贸n de derechos. No se trataba 煤nicamente de regresar al poder, sino de recuperar para las mayor铆as el acceso a la salud, la educaci贸n, la producci贸n, la energ铆a, la vivienda y otros derechos que, seg煤n el discurso sandinista, hab铆an sido debilitados durante la etapa neoliberal.
Cuando Daniel Ortega asumi贸 nuevamente la Presidencia de la Rep煤blica el 10 de enero de 2007, el cambio que se anunciaba pretend铆a ir m谩s all谩 de la alternancia pol铆tica. El nuevo Gobierno present贸 el inicio de una etapa definida por la reconciliaci贸n nacional, la lucha contra la pobreza y la construcci贸n de un modelo de desarrollo cristiano, socialista y solidario, en el que el Estado recuperar铆a un papel activo en la promoci贸n del bienestar colectivo. Fue en ese contexto cuando comenz贸 a consolidarse la expresi贸n Pueblo Presidente, utilizada para transmitir la idea de que el centro de la acci贸n pol铆tica ya no deb铆a situarse en las 茅lites econ贸micas o en los organismos financieros internacionales, sino en las familias trabajadoras, las comunidades rurales, las mujeres, los j贸venes y los peque帽os productores que constitu铆an la mayor铆a de la sociedad nicarag眉ense.
Desde entonces, la expresi贸n fue adquiriendo una presencia cada vez mayor en los discursos oficiales, en los actos p煤blicos y en la comunicaci贸n institucional. Pero su importancia no resid铆a 煤nicamente en su fuerza simb贸lica. El concepto aspiraba a describir un modelo de gobierno donde las pol铆ticas p煤blicas se constru铆an, seg煤n la narrativa oficial, desde las necesidades concretas de la poblaci贸n y con una fuerte participaci贸n de las comunidades. La creaci贸n de espacios de organizaci贸n territorial, el fortalecimiento de los mecanismos comunitarios y la articulaci贸n entre instituciones p煤blicas y organizaciones locales fueron presentados como expresiones pr谩cticas de esa filosof铆a pol铆tica. Gobernar con el pueblo y no simplemente para el pueblo pas贸 a ser una de las ideas recurrentes del discurso sandinista.
Esa visi贸n encontr贸 su traducci贸n en un amplio conjunto de pol铆ticas sociales y econ贸micas que marcaron la primera d茅cada y media del nuevo ciclo pol铆tico. La recuperaci贸n de la gratuidad de la salud y de la educaci贸n p煤blicas fue presentada como uno de los s铆mbolos m谩s visibles de la restituci贸n de derechos. Programas como Hambre Cero, el Bono Productivo Alimentario, Usura Cero o las iniciativas dirigidas a fortalecer la econom铆a familiar y campesina buscaron ampliar las oportunidades de miles de hogares tradicionalmente excluidos del acceso al cr茅dito y a los recursos productivos. Al mismo tiempo, el pa铆s emprendi贸 un importante esfuerzo de inversi贸n p煤blica en carreteras, electrificaci贸n, agua potable, hospitales, escuelas y universidades, con el objetivo de reducir las hist贸ricas desigualdades territoriales que durante d茅cadas hab铆an separado el Pac铆fico del interior y de las regiones del Caribe.
La l贸gica que articulaba todas estas iniciativas respond铆a a una misma narrativa pol铆tica. El desarrollo no deb铆a medirse exclusivamente por el crecimiento econ贸mico o por los indicadores macroecon贸micos, sino por la capacidad del Estado para garantizar derechos, reducir la pobreza y crear condiciones para que las familias pudieran mejorar sus condiciones de vida. En ese sentido, el concepto de Pueblo Presidente pretend铆a expresar una forma de gobernar donde las personas dejaban de ser simples beneficiarias de pol铆ticas asistenciales para convertirse, al menos en el plano discursivo, en protagonistas de su propio desarrollo. Cada nueva escuela, cada centro de salud, cada vivienda entregada, cada comunidad electrificada o cada peque帽o productor incorporado a un programa de apoyo era presentado como el resultado de una acci贸n colectiva y no 煤nicamente de una decisi贸n administrativa.
Pero el significado del Pueblo Presidente trascend铆a el 谩mbito de las pol铆ticas sociales. Tambi茅n estaba estrechamente vinculado a la defensa de la soberan铆a nacional. La historia de Nicaragua ha estado marcada por intervenciones extranjeras, ocupaciones militares y constantes intentos de condicionar su vida pol铆tica desde el exterior. Esa memoria hist贸rica ha ocupado siempre un lugar central en la identidad del sandinismo. Por ello, el protagonismo popular no se entend铆a 煤nicamente como participaci贸n en el desarrollo econ贸mico o en la gesti贸n comunitaria, sino tambi茅n como la capacidad de un pueblo para decidir libremente su destino sin aceptar imposiciones externas.
Los acontecimientos de 2018 reforzaron todav铆a m谩s esa dimensi贸n del discurso oficial. Mientras el Gobierno denunci贸 que el pa铆s enfrentaba un intento de desestabilizaci贸n promovido desde el exterior, la defensa de la paz y del orden constitucional pas贸 a integrarse plenamente en el significado pol铆tico del Pueblo Presidente. Seg煤n esta interpretaci贸n, el pueblo no solo constru铆a escuelas, hospitales o carreteras; tambi茅n defend铆a la estabilidad institucional, proteg铆a la convivencia y preservaba la independencia nacional frente a las presiones internacionales. La soberan铆a dej贸 de entenderse exclusivamente como un principio jur铆dico para convertirse en una responsabilidad compartida entre el Estado y la ciudadan铆a organizada.
Esta concepci贸n no puede analizarse al margen del contexto latinoamericano de comienzos del siglo XXI. Diversos procesos pol铆ticos de la regi贸n reivindicaron nuevas formas de participaci贸n popular y cuestionaron el predominio de las recetas neoliberales aplicadas durante las d茅cadas anteriores. Aunque cada experiencia respondi贸 a realidades nacionales diferentes, todas compart铆an la aspiraci贸n de fortalecer el papel del Estado, ampliar los derechos sociales y recuperar m谩rgenes de soberan铆a frente a los condicionamientos externos. En Nicaragua, el concepto de Pueblo Presidente adquiri贸 una identidad propia al enlazar esa corriente latinoamericana con la tradici贸n hist贸rica del sandinismo y con el legado de Sandino y Carlos Fonseca.
Lo que resulta dif铆cil discutir es que Pueblo Presidente dej贸 de ser hace tiempo una simple consigna electoral. Durante estos quince a帽os se convirti贸 en una categor铆a pol铆tica mediante la cual el sandinismo explic贸 su forma de entender el Estado, el desarrollo y la participaci贸n ciudadana. En una naci贸n cuya historia ha estado atravesada por intervenciones extranjeras, guerras, profundas desigualdades y permanentes luchas por la soberan铆a, esa expresi贸n termin贸 simbolizando la aspiraci贸n de situar al pueblo en el centro de la vida nacional. Porque las revoluciones no solo transforman las instituciones, la econom铆a o las leyes. Tambi茅n crean un lenguaje propio para nombrar el mundo que intentan construir. Y pocas expresiones resumen con tanta claridad el proyecto pol铆tico desarrollado en Nicaragua desde enero de 2007 como aquella que proclama, con sencillez y con vocaci贸n hist贸rica, que el verdadero presidente de la Rep煤blica debe ser siempre su pueblo.
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