(sigue de la entrada anterior…) En la investigaci贸n realizada por
Atlantic se dice : “La decisi贸n de matar a Bin Laden fue la ilustraci贸n m谩s clara hasta la fecha de un aspecto poco observado de la pol铆tica antiterrorista del gobierno de Obama. El gobierno de Bush captur贸 a miles de sospechosos y los envi贸 a campos de detenci贸n en Afganist谩n, Irak y Guant谩namo. El gobierno de Obama, por el contrario, se ha centrado en la eliminaci贸n de terroristas uno a uno.” Esa es una diferencia significativa entre Bush y Obama. Los autores citan el ex canciller de Alemania Occidental,
Helmut Schmidt, quien dijo a la televisi贸n alemana que el ataque EE.UU. era “claramente una violaci贸n del derecho internacional ” y que Bin Laden hubiera tenido que ser detenido y llevado a juicio”, en contraste con lo que declar贸
Etic Schmidt, Fiscal General de EE.UU., quien “defendi贸 la decisi贸n de matar a Bin Laden, aunque no supusiera una amenaza inmediata (…) y que el asalto hab铆a sido “legal, leg铆timo y adecuado en todos los sentidos”.
La eliminaci贸n del cuerpo sin la autopsia tambi茅n fue criticado por los aliados. El muy respetado abogado brit谩nico Geoffrey Robertson, que apoy贸 la intervenci贸n y se opuso a la ejecuci贸n en gran parte por razones pragm谩ticas, describe la afirmaci贸n de Obama de que “se ha hecho justicia” como un “absurdo” evidente para el ex profesor de derecho constitucional. La ley en Pakist谩n, a帽ade, “exige una investigaci贸n sobre la muerte violenta, as铆 como el derecho internacional sobre los derechos humanos insiste en el” derecho a la vida, y acaba diciendo “que debe llevarse a cabo una investigaci贸n cada vez que se produce una muerte violenta causada por el gobierno o la acci贸n policial. Los EE.UU. por lo tanto, tienen la obligaci贸n de realizar una investigaci贸n que satisfaga a todo el mundo en cuanto a las verdaderas circunstancias de este asesinato “(…)
Eric Margolis comenta que “Washington no ha hecho p煤blicas las pruebas de su afirmaci贸n de que Osama Bin Laden estaba detr谩s de los ataques del 11/9,” y esta es probablemente una de las razones por las que las encuestas revelan que una tercera parte de los estadounidenses preguntados creen que el gobierno de los EE.UU. y/o Israel est谩n detr谩s del 11/9″, mientras que en el escepticismo en el mundo musulm谩n es mucho mayor. “Si hubiera tenido lugar un proceso abierto en los EE.UU. o en La Haya, habr铆an salido a la luz todas estas dudas ” (…)
En las sociedades que profesan un poco de respeto por la ley, los sospechosos son detenidos y llevados a un juicio justo. Hago hincapi茅 en “sospechosos”. En junio de 2002, el director del FBI Robert Mueller, hizo lo que el Washington Post describi贸 como “uno de sus comentarios p煤blicos m谩s detallados sobre los or铆genes de los ataques”, pero s贸lo pudo decir que “los investigadores creen que la idea de atacar las Torres Gemelas y el Pent谩gono el 11 de setiembre lleg贸 de l铆deres de Al Qaeda en Afganist谩n, el complot se realiz贸 en Alemania, y la financiaci贸n lleg贸 a trav茅s de los Emiratos 脕rabes Unidos a partir de fuentes en Afganist谩n” (…)
Nunca ha habido ning煤n motivo para dudar de lo que el FBI cre铆a a mediados de 2002, pero queda lejos de la prueba de culpabilidad necesaria en las sociedades civilizadas – lo que consideran evidencias no justifican el asesinato de un sospechoso que podr铆a, al parecer, ser f谩cilmente detenido y llevado a juicio. Lo mismo puede decirse de las pruebas aportadas desde entonces. La Comisi贸n 11/9 dispone de indicios circunstanciales contra Bin Laden en base a lo que han confesado los prisioneros de Guant谩namo. Es poco probable que se sostuvieran sus declaraciones ante un tribunal independiente, teniendo en cuenta la forma en que las confesiones fueron obtenidas. Pero en cualquier caso, las conclusiones de una investigaci贸n autorizada por el Congreso, por convincentes que le parezcan las evidencias, no est谩 a la altura de la condena de un tribunal con credibilidad, que es lo que cambia la categor铆a del acusado de sospechoso a culpable.
Se habla mucho de la “confesi贸n” de Bin Laden, pero fue m谩s un alarde que no una confesi贸n, y tiene la misma credibilidad que yo “confiese” que he ganado el marat贸n de Boston. El orgullo nos dice mucho sobre el personaje, pero nada acerca de su responsabilidad. (…) Una vez m谩s, todo esto es independiente de lo que podamos pensar cada uno de nosotros acerca de su responsabilidad, que parec铆a clara desde un primer momento, incluso antes de que el FBI iniciara su investigaci贸n.
Cr铆menes de agresi贸n
Vale la pena agregar que la responsabilidad de Bin Laden se reconoce en gran parte del mundo musulm谩n, y se condena. Un ejemplo significativo es el jeque liban茅s Fadlallah, muy respetado por Hezbol谩 y los grupos chiitas incluso fuera del L铆bano. Tiene algo de experiencia en lo que a asesinatos se refiere. Hab铆a sido el objetivo de un atentado por cami贸n bomba frente a una mezquita, en una operaci贸n organizada por la CIA en 1985. Se escap贸, pero otras 80 personas murieron, la mayor铆a mujeres y ni帽as cuando sal铆an de la mezquita. El jeque Fadlallah conden贸 en茅rgicamente los ataques del 11/9.(…)
Uno de los principales especialistas en el movimiento yihadista, Fawaz Gerges, sugiere que el movimiento podr铆a haber sido dividido en ese momento, pero el ataque de los EE.UU. a Irak represent贸 una gran bendici贸n para Bin Laden, ya que supuso un incremento del terror, como las agencias de inteligencia ya hab铆an anticipado. En las audiencias Chilcot sobre los antecedentes de la invasi贸n de Irak, por ejemplo, el ex jefe de la agencia de inteligencia brit谩nica MI5 declar贸 que tanto ellos como los EE.UU. sab铆an que Sadam no representaba ninguna amenaza grave, que era probable que la invasi贸n aumentase el terror, y que las invasiones de Irak y Afganist谩n hab铆an radicalizado a parte de una generaci贸n de musulmanes que vieron las acciones militares como un “ataque contra el Islam”. Como suele suceder, la seguridad no era una prioridad para la acci贸n del Estado.
Podr铆a ser instructivo preguntarnos c贸mo iban a reaccionar si comandos iraqu铆es hubieran aterrizado en el recinto de George W. Bush, lo asesinaran y tiraran su cuerpo en el Atl谩ntico (despu茅s de los ritos funerarios adecuados, por supuesto). Indiscutiblemente, no se trata de un “sospechoso”, sino de quien dio las 贸rdenes decisivas para invadir Irak – es decir, cometer el “supremo crimen internacional que difiere de otros cr铆menes de guerra en que contiene dentro de s铆 todo el mal acumulado” por el que los criminales nazis fueron ahorcados: los cientos de miles de muertos, los millones de refugiados, la destrucci贸n de gran parte del pa铆s y su patrimonio nacional, y el conflicto sectario y asesino que se ha extendido al resto de la regi贸n. De forma igualmente indiscutible, estos cr铆menes son muy superiores a los que se atribuyen a Bin Laden.
Decir que todo esto es indiscutible, como lo es, no quiere decir que se ponga en duda. La existencia de gente que cree que la tierra es plana no cambia el hecho de que, indiscutiblemente, la tierra no es plana. Del mismo modo, no se discute que Stalin y Hitler fueran los responsables de cr铆menes horrendos, aunque sus leales lo nieguen. Todo esto deber铆a ser demasiado obvio para tener que mencionarlo, y lo ser铆a, excepto si vivimos en una atm贸sfera de histeria tan extrema que bloquea el pensamiento racional.
Del mismo modo, no se discute que Bush y sus aliados han cometido el “crimen supremo internacional” – el crimen de agresi贸n, definido con claridad meridiana por el juez Robert Jackson, que represent贸 a los Estados Unidos en los juicios de Nuremberg. Un “agresor”, se帽al贸 Jackson ante el Tribunal en su discurso de apertura, es un estado que es el primero en cometer acciones tales como “invadir con sus fuerzas armadas, con o sin declaraci贸n de guerra, el territorio de otro Estado … “. Nadie, ni siquiera el defensor m谩s extremo de la agresi贸n, niega que Bush y sus asociados lo hicieran.
Tambi茅n har铆a bien en recordar las elocuentes palabras de Jackson en Nuremberg sobre el principio de universalidad: “Si ciertos actos en violaci贸n de tratados son cr铆menes, son cr铆menes tanto si los cometen Estados Unidos o Alemania, y no estamos dispuestos a establecer una norma de conducta criminal contra otros que no estar铆amos dispuestos a invocar contra nosotros”.
Tambi茅n est谩 claro que las intenciones que se declaran son irrelevantes, incluso si se las creen de verdad. Hay pruebas de que los fascistas japoneses, aparentemente, cre铆an que si atacaban a China estaban de hecho trabajando para convertirla en un “para铆so terrenal”. Y aunque puede ser dif铆cil de imaginar, es posible que Bush y compa帽铆a cre铆an que estaban protegiendo al mundo de la destrucci贸n de las armas nucleares de Saddam. Todo eso es no tiene ning煤n valor, aunque sus ardientes partidarios traten de convencernos de lo contrario.
Nos quedamos con dos opciones: O bien Bush y sus aliados son culpables del “crimen internacional supremo”, incluyendo todos los desastres que le siguieron, o bien se declaran los procesos de Nuremberg una farsa y que los aliados fueron culpables de asesinato judicial.
La mentalidad imperial y el 11/9
Unos d铆as antes del asesinato de Bin Laden, Orlando Bosch muri贸 tranquilamente en Florida, donde resid铆a junto a su c贸mplice, Luis Posada Carriles y muchos otros personajes relacionados con el terrorismo internacional. Despu茅s de que Bosch fuese acusado de docenas de cr铆menes terroristas por el FBI, Busch le concedi贸 el indulto presidencial, pese a las objeciones del Departamento de Justicia que hab铆a llegado a la conclusi贸n de “que ser铆a perjudicial para el inter茅s p煤blico de los Estados Unidos proporcionar un refugio seguro para Bosch”. La coincidencia de estas muertes nos recuerda la doctrina de Bush hijo que ya se ha convertido en una norma de facto de las relaciones internacionales, seg煤n se帽al贸 el especialista en relaciones internacionales de Harvard, Graham Allison, en el sentido de que deja sin efecto “la soberan铆a de los estados que proporcionan refugio a los terroristas”.
Allison se refiere al pronunciamiento de Bush hijo sobre los talibanes: “Aquellos que dan refugio a terroristas son tan culpables como los propios terroristas”, afirm贸. Este tipo de estados han perdido su soberan铆a y puede ser objetivo de bombardeos y del terror – por ejemplo, el estado que proteg铆a a Bosch y sus c贸mplices. Cuando Bush emiti贸 esta nueva “norma de facto de las relaciones internacionales”, parec铆a que nadie se daba cuenta de que estaba llamando a la invasi贸n y destrucci贸n de los EE.UU., y al asesinato de los presidentes que hubieran cometido tales cr铆menes.
Nada de esto es problem谩tico, por supuesto, si rechazamos el principio del juez Jackson sobre la universalidad, y adoptamos en su lugar el principio de que los EE.UU. se han auto-inmunizado en relaci贸n al derecho internacional y sus convenios – como, de hecho, el gobierno USA ha dejado muy claro repetidas veces.
Tambi茅n es la pena pensar en el nombre dado a la operaci贸n de Bin Laden, que como saben llamaron “operaci贸n Ger贸nimo”. La mentalidad imperial es tan profunda que pocos parecen capaces de percibir que la Casa Blanca glorifica a Bin Laden al llamarlo “Ger贸nimo” – el jefe apache indio que dirigi贸 la valerosa resistencia frente a los invasores de las tierras apaches.
La elecci贸n casual del nombre es una reminiscencia de la facilidad con la que el nombre de nuestras armas para asesinar llevan el nombre de las v铆ctimas de nuestros cr铆menes: Apache, Blackhawk … Quiz谩s reaccionar铆amos de forma diferente si la Luftwaffe hubiera llamado a sus aviones de combate “Jud铆o” y “Gitano”.
Los ejemplos mencionados caer铆an bajo la categor铆a de “excepcionalismo estadounidense”, si no fuera por el hecho de que la supresi贸n f谩cil de su propios cr铆menes es pr谩cticamente omnipresente entre los pa铆ses poderosos, al menos aquellos que no son derrotados y obligados a reconocer la realidad.
Tal vez el asesinato fue percibido por la administraci贸n como un “acto de venganza”, como Robertson concluye. Y tal vez el rechazo a la opci贸n legal de un juicio refleja una diferencia entre la cultura moral de 1945 y la de hoy en d铆a, como sugiere. Pero cualquiera que sea el motivo, no podr铆a ser la seguridad. Como en el caso del “crimen internacional supremo” en Irak, el asesinato de Bin Laden es un ejemplo m谩s del hecho importante de que la seguridad no es a menudo una alta prioridad para la acci贸n del Estado, al contrario de la doctrina que hemos recibido.