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lunes, 18 de abril de 2011

Libia y el mundo del petr贸leo. Por Noam Chomsky

Lo que Occidente busca es lo que Bush anunci贸: el control o al menos clientes dignos de confianza y, en el caso de Libia, el acceso a enormes 谩reas inexploradas que esperan sean ricas en petr贸leo.
Noam Chomsky | La Jornada 
Libia es un Estado rico en petr贸leo dirigido por un dictador brutal que, no obstante, es poco confiable: un cliente digno de confianza ser铆a preferible por mucho. Cuando estallaron protestas no violentas, Muammar Kadafi actu贸 r谩pidamente para aplastarlas.
El mes pasado, en el tribunal internacional sobre cr铆menes durante la guerra civil en Sierra Leona, el juicio del ex presidente liberiano Charles Taylor lleg贸 a su fin. El fiscal general, el profesor de derecho estadunidense David Crane, inform贸 a The Times de Londres que el caso estaba incompleto: los fiscales pretend铆an encausar a Muammar Kadafi, quien, dijo Crane, era finalmente el responsable por la mutilaci贸n y/o asesinato de 1.2 millones de personas.

Pero el encausamiento no se dar铆a. Estados Unidos, el Reino Unido y otros pa铆ses intervinieron para bloquearlo. Al preguntarle por qu茅, Crane dijo: Bienvenido al mundo del petr贸leo.

Otra v铆ctima reciente de Kadafi fue sir Howard Davies, el director de la Escuela de Econom铆a de Londres, quien renunci贸 despu茅s de revelaciones de los lazos de la escuela con el dictador libio.

En Cambridge, Massachusetts, el Monitor Group, una firma de consultor铆a fundada por profesores de Harvard, fue bien pagado por servicios tales como un libro para llevar las palabras inmortales de Kadafi al p煤blico en conversaci贸n con famosos expertos internacionales, junto con otros esfuerzos para mejorar la apreciaci贸n internacional de Libia (la de Kadafi).

El mundo del petr贸leo rara vez est谩 lejos en el tel贸n de fondo en asuntos que conciernen a esta regi贸n.

Por ejemplo, cuando las dimensiones de la derrota estadunidense en Irak ya no pod铆a ocultarse, la ret贸rica bonita fue desplazada por el anuncio honesto de objetivos pol铆ticos. En noviembre de 2007 la Casa Blanca emiti贸 una declaraci贸n de principios que insist铆a en que Irak debe conceder acceso y privilegio indefinidos a los invasores estadunidense.

Dos meses despu茅s, el presidente George W. Bush inform贸 al Congreso que rechazar铆a la legislaci贸n que limitara el emplazamiento permanente de las fuerzas armadas estadunidense en Irak o el control de Estados Unidos de los recursos petroleros de Irak; demandas que Estados Unidos tendr铆a que abandonar poco despu茅s ante la resistencia iraqu铆.

El mundo del petr贸leo ofrece una gu铆a 煤til para las reacciones occidentales ante los notables levantamientos pro democr谩ticos en el mundo 谩rabe. Al dictador rico en petr贸leo que es un cliente confiable se le da virtual rienda suelta. Hubo poca reacci贸n cuando Arabia Saudita declar贸 el 5 de marzo: Las leyes y las regulaciones en el reino proh铆ben totalmente todo tipo de manifestaciones, marchas y plantones as铆 como la convocatoria a los mismos ya que van contra los principios de la Shariah y las costumbres y tradiciones sauditas. El reino moviliz贸 a enormes fuerzas de seguridad que rigurosamente aplicaron la prohibici贸n.

En Kuwait, peque帽as manifestaciones fueron sofocadas. El pu帽o de hierro golpe贸 en Bahrein despu茅s de que fuerzas militares encabezadas por Arabia Saudita intervinieron para garantizar que la monarqu铆a sunita minoritaria no se viera amenazada por llamados a reformas democr谩ticas.

Bahrein es sensible no s贸lo porque alberga a la Quinta Flota de Estados Unidos sino tambi茅n porque colinda con 谩reas chi铆tas de Arabia Saudita, ubicaci贸n de la mayor parte del petr贸leo del reino. Resulta que los recursos energ茅ticos primarios del mundo se localizan cerca del norte del golfo P茅rsico (o golfo Ar谩bigo, como a menudo le llaman los 谩rabes), en gran medida chi铆ta, una potencial pesadilla para los planificadores occidentales.

En Egipto y T煤nez, el levantamiento popular ha conseguido victorias impresionantes, pero, como inform贸 la Fundaci贸n Carnegie, los reg铆menes permanecen y al parecer est谩n decididos a frenar el 铆mpetu pro democr谩tico generado hasta ahora. Un cambio en las elites gobernantes y el sistema de gobierno sigue siendo un objetivo distante; y uno que Occidente buscar谩 mantener as铆.

Libia es un caso diferente, un Estado rico en petr贸leo dirigido por un dictador brutal que, no obstante, es poco confiable: Un cliente digno de confianza ser铆a preferible por mucho. Cuando estallaron protestas no violentas, Muammar Kadafi actu贸 r谩pidamente para aplastarlas.

El 22 de marzo, mientras las fuerzas de Kadafi converg铆an en la capital rebelde de Bengasi, el principal asesor sobre Medio Oriente del presidente Barack Obama, Dennis Ross, advirti贸 que si hab铆a una masacre, todos nos culpar铆an a nosotros por ello, una consecuencia inaceptable.

Y Occidente ciertamente no quer铆a que el coronel Kadafi aumentara su poder e independencia sofocando la rebeli贸n. Estados Unidos se uni贸 a la autorizaci贸n del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de una zona de exclusi贸n a茅rea, que ser铆a puesta en pr谩ctica por Francia, el Reino Unido y Estados Unidos.

La intervenci贸n evit贸 una probable masacre pero fue interpretada por la coalici贸n como la autorizaci贸n para el apoyo directo a los rebeldes. Se impuso un cese el fuego a las fuerzas de Kadafi, pero se ayud贸 a los rebeldes a avanzar hacia el oeste. En poco tiempo conquistaron las principales fuentes de la producci贸n petrolera de Libia, al menos temporalmente.

El 28 de marzo, el peri贸dico en 谩rabe con sede en Londres Al-Quds Al-Arabi advirti贸 que la intervenci贸n dejar铆a a Libia con dos estados, un este rico en petr贸leo y en manos de los rebeldes y un oeste encabezado por Kadafi y sumido en la pobreza... Dado que los pozos petroleros han sido asegurados, podr铆amos encontrarnos enfrentando a un nuevo emirato petrolero libio, escasamente habitado, protegido por Occidente y muy similar a los estados emiratos del golfo. O la rebeli贸n respaldada por Occidente podr铆a seguir adelante hasta eliminar al irritante dictador.

Se arguye com煤nmente que el petr贸leo no puede ser un motivo para la intervenci贸n porque Occidente tiene acceso al mismo bajo el r茅gimen de Kadafi. Cierto pero irrelevante. Lo mismo pudiera decirse sobre Irak bajo el r茅gimen de Saddam Hussein, o Ir谩n y Cuba actualmente.

Lo que Occidente busca es lo que Bush anunci贸: el control, o al menos clientes dignos de confianza y, en el caso de Libia, el acceso a enormes 谩reas inexploradas que se espera sean ricas en petr贸leo. Documentos internos brit谩nicos y estadunidense insisten en que el virus del nacionalismo es el mayor temor, ya que podr铆a engendrar desobediencia.

La intervenci贸n est谩 siendo realizada por las tres potencias imperiales tradicionales (aunque podr铆amos recordar –los libios presumiblemente lo hacen– que, despu茅s de la Primera Guerra Mundial, Italia llev贸 a cabo un genocidio en el este de Libia).

Las potencias occidentales est谩n actuando en virtual aislamiento. Los estados en la regi贸n –Turqu铆a y Egipto– no quieren participar, tampoco 脕frica. Los dictadores del golfo se sentir铆an felices de ver partir a Kadafi; pero, aun atiborrados de las armas avanzadas que se les ofrecen para reciclar los petrod贸lares y asegurar la obediencia, apenas ofrecen m谩s que una participaci贸n simb贸lica. Lo mismo aplica en otros lugares: India, Brasil e incluso Alemania.

La primavera 谩rabe tiene ra铆ces profundas. La regi贸n ha estado en fermentaci贸n durante muchos a帽os. La primera de la ola actual de protestas empez贸 el a帽o pasado en el Sahara Occidental, la 煤ltima colonia africana, invadida por Marruecos en 1975 y retenida ilegalmente desde entonces, de manera similar a Timor Oriental y los territorios ocupados por Israel.

Una protesta no violenta en noviembre pasado fue sofocada por fuerzas marroqu铆es. Francia intervino para bloquear una investigaci贸n del Consejo de Seguridad sobre los cr铆menes de su cliente.

Luego se encendi贸 una llama en T煤nez, que desde entonces se ha extendido para volverse una conflagraci贸n.
 
 

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