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jueves, 8 de octubre de 2026

El internacionalismo del Che: luchar m谩s all谩 de las propias fronteras

Por Javier Huerta 

Cada 8 de octubre, la memoria de Ernesto Che Guevara regresa a una fecha que marc贸 profundamente la historia de las luchas revolucionarias del siglo XX. Aquel d铆a de 1967, en la quebrada del Yuro, en Bolivia, el ej茅rcito boliviano captur贸 al guerrillero argentino-cubano, que ser铆a ejecutado al d铆a siguiente por orden de las autoridades militares. Su muerte, cuando ten铆a 39 a帽os, no puso fin a la influencia de sus ideas ni a los debates sobre la estrategia revolucionaria que hab铆a defendido. Al contrario, convirti贸 su trayectoria en un terreno permanente de disputa pol铆tica, hist贸rica y cultural. Cincuenta y nueve a帽os despu茅s, recordar al Che exige ir m谩s all谩 de la evocaci贸n de su muerte y examinar el principio que dio sentido a buena parte de su actuaci贸n: la convicci贸n de que la emancipaci贸n de los pueblos no pod铆a quedar encerrada dentro de las fronteras nacionales.

El internacionalismo de Guevara se desarroll贸 en una 茅poca atravesada por las luchas de liberaci贸n nacional, la descomposici贸n de los imperios coloniales europeos, la Revoluci贸n cubana y la confrontaci贸n entre grandes bloques de poder. En Asia y 脕frica, numerosos pueblos conquistaban su independencia formal despu茅s de d茅cadas de dominaci贸n colonial; en Am茅rica Latina, las estructuras econ贸micas heredadas del colonialismo segu铆an condicionando el desarrollo de las sociedades. La concentraci贸n de la tierra, la explotaci贸n del trabajo y la dependencia de los capitales extranjeros limitaban las posibilidades de transformaci贸n social. La independencia pol铆tica no garantizaba por s铆 misma la soberan铆a econ贸mica: la bandera de un Estado pod铆a ondear sobre un territorio cuyas principales riquezas, inversiones y decisiones estrat茅gicas continuaban sometidas a intereses externos. En ese contexto, el Che entendi贸 el internacionalismo como una respuesta a un sistema de dominaci贸n que conectaba las relaciones de clase dentro de cada pa铆s con las desigualdades existentes entre las naciones.

De Am茅rica Latina a la Revoluci贸n cubana

Ernesto Guevara naci贸 en Rosario, Argentina, el 14 de junio de 1928. Su formaci贸n como m茅dico y los viajes que realiz贸 por Am茅rica Latina durante su juventud contribuyeron a ampliar su comprensi贸n de las condiciones materiales en las que viv铆an amplios sectores de la poblaci贸n del continente. El contacto con comunidades ind铆genas, trabajadores, campesinos y personas sometidas a la pobreza y la precariedad le permiti贸 observar realidades que no pod铆an explicarse 煤nicamente a partir de las circunstancias individuales. La miseria que encontr贸 en distintos pa铆ses estaba relacionada con estructuras agrarias profundamente desiguales, econom铆as orientadas a satisfacer intereses externos y Estados que, con frecuencia, proteg铆an los privilegios de las clases propietarias. Sus experiencias posteriores, particularmente su estancia en Guatemala durante el derrocamiento del Gobierno de Jacobo 脕rbenz en 1954, reforzaron su convicci贸n de que las reformas sociales pod铆an enfrentarse a una resistencia organizada cuando amenazaban intereses econ贸micos y pol铆ticos poderosos.

La ca铆da de 脕rbenz, cuyo proyecto reformista hab铆a afectado a los intereses de la United Fruit Company y despertado la oposici贸n de sectores de la oligarqu铆a guatemalteca y del Gobierno estadounidense, constituy贸 un momento decisivo en la evoluci贸n pol铆tica de Guevara. La intervenci贸n estadounidense en Guatemala, articulada mediante una operaci贸n encubierta de la CIA y el apoyo a fuerzas opositoras, mostr贸 hasta qu茅 punto la soberan铆a formal de un pa铆s pod铆a verse limitada por la capacidad de una potencia extranjera para intervenir en su vida pol铆tica. Para el joven m茅dico argentino, aquella experiencia contribuy贸 a consolidar la idea de que la transformaci贸n de las estructuras econ贸micas y sociales no pod铆a separarse de la lucha por la independencia pol铆tica efectiva.

En M茅xico conoci贸 a Fidel Castro y a otros exiliados cubanos que preparaban una expedici贸n para derrocar la dictadura de Fulgencio Batista. En 1956 se incorpor贸 al grupo del Granma y particip贸 en la lucha guerrillera que culmin贸 con el triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959. La experiencia cubana fue decisiva para su trayectoria, pero tambi茅n para el desarrollo de su pensamiento internacionalista. La revoluci贸n hab铆a derrotado a una dictadura sostenida por amplios intereses econ贸micos y pol铆ticos, pero deb铆a afrontar una transformaci贸n mucho m谩s compleja: modificar las relaciones de propiedad, redistribuir la riqueza, ampliar los derechos sociales y construir una econom铆a capaz de sostener un proyecto soberano en un entorno internacional adverso.

La reforma agraria, las nacionalizaciones y las medidas dirigidas a ampliar el acceso a la educaci贸n y la sanidad alteraron las relaciones entre el nuevo poder revolucionario y los sectores que hab铆an controlado buena parte de la econom铆a cubana. La confrontaci贸n con Estados Unidos se intensific贸 a medida que avanzaba aquel proceso, hasta incluir sanciones econ贸micas, la ruptura de relaciones diplom谩ticas y la invasi贸n de Playa Gir贸n en abril de 1961, derrotada por las fuerzas cubanas. La revoluci贸n dej贸 de ser 煤nicamente una transformaci贸n del poder pol铆tico dentro de una isla caribe帽a y pas贸 a convertirse en un conflicto de alcance internacional, en el que se enfrentaban proyectos sociales y econ贸micos incompatibles.

Para Guevara, la experiencia cubana demostraba que una revoluci贸n pod铆a abrir posibilidades hist贸ricas para las mayor铆as populares, pero tambi茅n que su supervivencia depend铆a de condiciones que exced铆an las fronteras nacionales. La presi贸n econ贸mica, el aislamiento diplom谩tico y la amenaza militar constitu铆an mecanismos capaces de limitar las decisiones de un pa铆s que pretend铆a reorganizar su econom铆a en beneficio de sectores hist贸ricamente subordinados. La solidaridad internacional adquir铆a as铆 una dimensi贸n material: defender una revoluci贸n implicaba contribuir a que pudiera sostener sus conquistas sociales, desarrollar sus capacidades productivas y mantener su autonom铆a frente a las potencias que intentaban condicionar su rumbo.

El internacionalismo como pr谩ctica pol铆tica

El compromiso internacionalista del Che no se redujo a la defensa de Cuba. Durante los primeros a帽os de la revoluci贸n desempe帽贸 importantes responsabilidades en el nuevo Estado, entre ellas la presidencia del Banco Nacional y la direcci贸n del Ministerio de Industrias, al tiempo que particip贸 en misiones diplom谩ticas que lo llevaron a establecer contactos con dirigentes de 脕frica, Asia, Europa y Am茅rica Latina. Aquellas funciones le permitieron observar directamente las dificultades de los pa铆ses que intentaban salir de la dependencia colonial y construir modelos de desarrollo propios. Tambi茅n alimentaron su reflexi贸n sobre las relaciones econ贸micas internacionales y sobre las limitaciones que encontraba un pa铆s socialista cuando deb铆a comerciar con un mercado mundial organizado, en gran medida, seg煤n los intereses de las econom铆as capitalistas m谩s poderosas.

Uno de los documentos m谩s significativos de esta etapa fue su intervenci贸n ante el Segundo Seminario Econ贸mico de Solidaridad Afroasi谩tica, celebrado en Argel el 24 de febrero de 1965. Guevara vincul贸 all铆 la lucha contra el colonialismo y el neocolonialismo con la necesidad de superar la pobreza y el atraso econ贸mico, y sostuvo que la independencia pol铆tica resultaba insuficiente si no iba acompa帽ada de una transformaci贸n de las relaciones econ贸micas que manten铆an a determinados pa铆ses en una posici贸n subordinada. Su cr铆tica alcanzaba tambi茅n a las relaciones comerciales entre pa铆ses socialistas y naciones empobrecidas, pues consideraba que la solidaridad deb铆a reflejarse en intercambios que no reprodujeran los mecanismos de explotaci贸n propios del mercado capitalista.

Esta posici贸n iba m谩s all谩 de una declaraci贸n de principios. Guevara cuestionaba que las relaciones entre Estados se rigieran exclusivamente por la rentabilidad comercial cuando estaban en juego las posibilidades de supervivencia de pueblos sometidos a agresiones o que intentaban conquistar su independencia. A su juicio, la ayuda econ贸mica, la transferencia tecnol贸gica y la cooperaci贸n deb铆an contribuir a superar las desigualdades estructurales, en lugar de consolidar nuevas formas de subordinaci贸n. Su planteamiento no estaba exento de dificultades pr谩cticas, especialmente para econom铆as con recursos limitados, pero expresaba una preocupaci贸n central: una solidaridad que reprodujera las mismas relaciones de dependencia que pretend铆a combatir terminar铆a debilitando sus propios objetivos emancipadores.

La formulaci贸n m谩s contundente de su compromiso con una lucha que trascendiera las fronteras nacionales qued贸 recogida en su Mensaje a los pueblos del mundo a trav茅s de la Tricontinental, difundido en 1967. All铆 escribi贸: «No hay fronteras en esta lucha a muerte». La frase resum铆a una idea que atravesaba su pensamiento: la victoria de un pueblo frente a las estructuras de dominaci贸n pod铆a debilitar un sistema internacional de explotaci贸n, mientras que la derrota de una revoluci贸n pod铆a repercutir sobre las posibilidades de emancipaci贸n de otros pueblos. Desde esta perspectiva, el internacionalismo proletario no era una declaraci贸n de simpat铆a entre movimientos afines, sino una obligaci贸n pol铆tica derivada de la relaci贸n que Guevara establec铆a entre la explotaci贸n de clase, la dependencia econ贸mica y la dominaci贸n imperialista.

El internacionalismo guevarista se situaba, por tanto, en el cruce entre la lucha de clases y la cuesti贸n nacional. La dominaci贸n extranjera no pod铆a comprenderse al margen de las alianzas entre capitales internacionales y sectores propietarios locales que obten铆an beneficios de la subordinaci贸n econ贸mica de sus pa铆ses. Al mismo tiempo, la liberaci贸n nacional no garantizaba autom谩ticamente la desaparici贸n de la explotaci贸n dentro de las nuevas fronteras. De ah铆 que Guevara relacionara la soberan铆a pol铆tica con la transformaci贸n de las estructuras econ贸micas y con la participaci贸n de las mayor铆as trabajadoras en la construcci贸n de una sociedad diferente.

脕frica y el Congo: los l铆mites de la solidaridad revolucionaria

En 1965, el Che llev贸 sus convicciones internacionalistas a una nueva experiencia cuando se incorpor贸 a la lucha revolucionaria en el Congo, en 脕frica central. La regi贸n atravesaba una etapa de enorme inestabilidad desde la independencia de B茅lgica en 1960. El asesinato de Patrice Lumumba en enero de 1961, la intervenci贸n de actores extranjeros y las disputas entre fuerzas pol铆ticas y militares hab铆an convertido el pa铆s en uno de los escenarios m谩s visibles de la confrontaci贸n internacional en torno a los procesos de descolonizaci贸n. Para Guevara, el Congo representaba una lucha cuya importancia desbordaba el 谩mbito nacional, pues el desenlace de los conflictos africanos afectaba al equilibrio de fuerzas entre las potencias y los movimientos que aspiraban a romper con la dominaci贸n colonial.

La participaci贸n cubana pretend铆a contribuir a la preparaci贸n militar de las fuerzas congole帽as que combat铆an al Gobierno central. Sin embargo, la experiencia se desarroll贸 en condiciones muy distintas de las que hab铆an permitido el triunfo de la guerrilla cubana. Las fuerzas insurgentes estaban divididas, carec铆an de una coordinaci贸n suficiente y afrontaban dificultades de organizaci贸n, disciplina y apoyo pol铆tico. Las diferencias entre los combatientes cubanos y sus aliados locales, junto con la complejidad del escenario congole帽o, limitaron la capacidad de la expedici贸n para alcanzar sus objetivos. Guevara abandon贸 el pa铆s a finales de 1965 y posteriormente elabor贸 una valoraci贸n cr铆tica de aquella experiencia, que reconoc铆a como un fracaso.

El episodio permite comprender tanto la coherencia como los l铆mites de su internacionalismo. Guevara estaba dispuesto a asumir riesgos personales en una lucha que consideraba vinculada a la emancipaci贸n de otros pueblos, pero su compromiso no pod铆a resolver por s铆 solo las debilidades pol铆ticas y organizativas de un movimiento revolucionario. La solidaridad internacional pod铆a aportar experiencia, formaci贸n y recursos, aunque no sustitu铆a la necesidad de construir una fuerza arraigada en las condiciones sociales del pa铆s, capaz de comprender sus conflictos internos y de obtener el respaldo de las mayor铆as populares. La experiencia congole帽a plante贸 as铆 un problema que reaparecer铆a en Bolivia: la distancia entre la voluntad de contribuir a una revoluci贸n y la posibilidad real de crear las condiciones pol铆ticas para que esa revoluci贸n pudiera desarrollarse.

Bolivia: la 煤ltima experiencia y el fracaso de una estrategia

Tras su paso por 脕frica, Guevara decidi贸 impulsar una nueva experiencia guerrillera en Bolivia, pa铆s que consideraba situado en una posici贸n estrat茅gica para extender la lucha revolucionaria por Sudam茅rica. La elecci贸n respond铆a a su convicci贸n de que la revoluci贸n deb铆a adquirir una dimensi贸n continental y de que las fronteras nacionales no pod铆an convertirse en l铆mites infranqueables para la lucha contra la dependencia. Sin embargo, el proyecto boliviano se encontr贸 con dificultades que terminaron por aislar a la guerrilla y debilitar sus posibilidades de supervivencia.

La campa帽a, iniciada en 1966, no logr贸 construir una relaci贸n s贸lida con el campesinado ni establecer una coordinaci贸n suficiente con las fuerzas de la izquierda boliviana y el movimiento obrero. La guerrilla operaba en un territorio dif铆cil, con recursos limitados y crecientes problemas de abastecimiento, mientras las fuerzas gubernamentales intensificaban la persecuci贸n con apoyo estadounidense. El aislamiento pol铆tico y militar, la falta de nuevos combatientes y las dificultades para obtener informaci贸n y respaldo entre las comunidades rurales redujeron progresivamente el margen de maniobra del grupo. La investigaci贸n hist贸rica sobre aquella campa帽a ha destacado, entre otros factores, los errores de c谩lculo estrat茅gico, la desconexi贸n con sectores de la izquierda local y la incapacidad de reproducir en Bolivia las condiciones que hab铆an contribuido al triunfo de la Revoluci贸n cubana [1].

La derrota boliviana obliga a examinar cr铆ticamente una de las ideas asociadas a la estrategia guerrillera del Che: la posibilidad de que un foco insurgente contribuyera a crear las condiciones revolucionarias mediante su propia actuaci贸n. La experiencia demostr贸 que la voluntad y la disciplina de un grupo de combatientes no bastaban para generar una movilizaci贸n popular capaz de sostener una guerra prolongada. Las condiciones hist贸ricas, la estructura de clases, la relaci贸n con las organizaciones pol铆ticas existentes y las expectativas de la poblaci贸n deb铆an formar parte del an谩lisis desde el comienzo. Sin una base social suficiente, la acci贸n armada pod铆a quedar aislada de los sectores a los que aspiraba a representar.

El 8 de octubre de 1967, Guevara fue capturado por el ej茅rcito boliviano en la quebrada del Yuro. Se encontraba herido, pero los documentos desclasificados del propio Gobierno estadounidense se帽alan que estaba vivo y en condiciones de ser interrogado cuando fue trasladado a la escuela de La Higuera. Al d铆a siguiente, a las 11:50 de la ma帽ana, el Segundo Batall贸n de Rangers recibi贸 la orden directa del cuartel general del Ej茅rcito boliviano, en La Paz, de ejecutarlo. Guevara fue asesinado a las 13:15, y su muerte se present贸 inicialmente mediante versiones oficiales que pretend铆an hacer creer que hab铆a fallecido como consecuencia de las heridas sufridas durante el combate [2].

Para comprender la responsabilidad que rode贸 aquel asesinato, es necesario situarlo en el marco de la operaci贸n contrainsurgente que permiti贸 localizar, perseguir y capturar a la guerrilla. Estados Unidos hab铆a contribuido al entrenamiento y equipamiento del batall贸n boliviano que particip贸 en la operaci贸n, mediante instructores militares estadounidenses y asistencia t茅cnica y de inteligencia. La CIA tambi茅n ten铆a personal sobre el terreno, incluidos asesores vinculados a las fuerzas bolivianas, y recibi贸 informes de lo ocurrido en La Higuera. Entre los agentes presentes durante las 煤ltimas horas del Che se encontraba F茅lix Rodr铆guez, cuya actuaci贸n forma parte de las investigaciones sobre la participaci贸n estadounidense en aquel episodio [3].

Los documentos oficiales estadounidenses atribuyen la orden formal de ejecuci贸n al alto mando militar boliviano. Algunas reconstrucciones documentales, sin embargo, se帽alan que F茅lix Rodr铆guez intervino en la transmisi贸n de esa decisi贸n a los militares presentes. M谩s all谩 de las diferencias sobre el papel concreto de cada agente en los instantes finales, existe una realidad documentada que no puede omitirse: el ej茅rcito que captur贸 al Che hab铆a sido entrenado y apoyado por Estados Unidos, y la CIA segu铆a de cerca la operaci贸n. La responsabilidad estadounidense no puede reducirse a una mera presencia diplom谩tica ni separarse del dispositivo militar y de inteligencia desplegado contra la guerrilla. El asesinato fue ejecutado por militares bolivianos, pero se produjo dentro de una operaci贸n contrainsurgente respaldada por Washington, cuyo objetivo era derrotar una experiencia revolucionaria que pod铆a extenderse por Am茅rica Latina.

La derrota boliviana no obliga a reducir toda la trayectoria de Guevara a ese desenlace. S铆 exige distinguir entre el compromiso internacionalista, como principio de solidaridad entre pueblos, y una estrategia concreta de lucha, cuyos resultados depend铆an de condiciones pol铆ticas y sociales que no pod铆an darse por supuestas. La experiencia de Bolivia dej贸 una ense帽anza fundamental para cualquier proyecto emancipador: la transformaci贸n revolucionaria requiere arraigo social, organizaci贸n colectiva y comprensi贸n de las fuerzas que intervienen en cada realidad nacional. La voluntad de sacrificio de los dirigentes, por intensa que sea, no puede sustituir la participaci贸n consciente de los sectores populares ni resolver por s铆 sola las dificultades de una coyuntura hist贸rica.

La vigencia de una idea: solidaridad y emancipaci贸n en el presente

La muerte del Che convirti贸 su figura en un s铆mbolo internacional de rebeld铆a, pero la expansi贸n de su imagen tambi茅n abri贸 una paradoja que sigue vigente. Su rostro, reproducido en carteles, camisetas y productos comerciales, pas贸 a circular por los mismos mercados que su pensamiento cuestionaba. Esa apropiaci贸n comercial contribuy贸 a difundir su figura, aunque con frecuencia separ贸 el s铆mbolo de los debates econ贸micos y pol铆ticos que hab铆an dado sentido a su trayectoria. El internacionalismo que defendi贸 resulta dif铆cil de comprender si se reduce a una imagen de rebeld铆a individual, desligada de las relaciones de clase, de los conflictos por la soberan铆a y de las experiencias colectivas que marcaron su vida.

Recuperar esa dimensi贸n exige situar sus ideas en el presente sin trasladarlas mec谩nicamente desde los a帽os sesenta. El mundo ha cambiado, las relaciones entre Estados se han transformado y los movimientos populares actuales afrontan condiciones distintas de las que conoci贸 Guevara. Sin embargo, sus reflexiones sobre la dependencia econ贸mica, las desigualdades internacionales y la necesidad de establecer relaciones de cooperaci贸n que no reproduzcan la subordinaci贸n siguen ofreciendo elementos para analizar los conflictos contempor谩neos. La soberan铆a de un pa铆s no depende 煤nicamente de su reconocimiento diplom谩tico, sino tambi茅n de su capacidad para decidir sobre sus recursos, organizar su econom铆a y desarrollar pol铆ticas p煤blicas sin que las presiones externas determinen por completo sus opciones.

En Am茅rica Latina, las experiencias de Cuba, Nicaragua y Venezuela, con sus diferencias hist贸ricas, institucionales y pol铆ticas, forman parte de debates actuales sobre autodeterminaci贸n, modelos de desarrollo, integraci贸n regional y relaciones con las grandes potencias. Las sanciones, las presiones diplom谩ticas y las disputas por el control de recursos estrat茅gicos plantean preguntas sobre los l铆mites de la soberan铆a en una econom铆a mundial profundamente desigual. Analizar estos procesos exige atender a los hechos concretos, a sus resultados y a las condiciones espec铆ficas de cada pa铆s, pero tambi茅n permite recuperar una de las preocupaciones centrales del Che: la posibilidad de que las decisiones econ贸micas y pol铆ticas de una naci贸n queden subordinadas a intereses externos que no responden a las necesidades de sus mayor铆as sociales.

El internacionalismo contempor谩neo tampoco puede limitarse a la defensa abstracta de los gobiernos que se enfrentan a una potencia dominante. Su contenido emancipador depende de que la solidaridad contribuya a mejorar las condiciones de vida de los pueblos, fortalezca la cooperaci贸n entre sus organizaciones sociales y respete su capacidad para decidir su propio camino. La lucha contra las relaciones de dependencia pierde profundidad si se desentiende de las desigualdades de clase dentro de cada pa铆s; del mismo modo, las reivindicaciones sociales dif铆cilmente podr谩n desarrollarse plenamente si ignoran las presiones econ贸micas y geopol铆ticas que condicionan las decisiones nacionales. La relaci贸n entre soberan铆a y justicia social constituye, por ello, uno de los terrenos en los que el legado internacionalista del Che puede seguir siendo discutido y estudiado.

La solidaridad entre los pueblos adquiere un significado concreto cuando se traduce en cooperaci贸n educativa, sanitaria, cient铆fica y cultural; cuando contribuye a defender los derechos de las poblaciones afectadas por la guerra, la pobreza o la explotaci贸n; y cuando establece v铆nculos duraderos entre organizaciones populares que comparten objetivos, sin convertir sus diferencias en motivo de subordinaci贸n. Tambi茅n requiere analizar cr铆ticamente las experiencias hist贸ricas, aprender de sus errores y reconocer que ninguna revoluci贸n puede exportarse como una f贸rmula universal, al margen de la realidad social y pol铆tica en la que pretende desarrollarse. El compromiso internacionalista que el Che defendi贸 conserva su fuerza como pregunta pol铆tica precisamente porque obliga a examinar la relaci贸n entre las aspiraciones de emancipaci贸n y los medios concretos necesarios para alcanzarlas.

A cincuenta y nueve a帽os de su captura y en v铆speras del aniversario de su asesinato, la trayectoria de Ernesto Che Guevara contin煤a suscitando debates sobre la revoluci贸n, la lucha de clases y las responsabilidades que implica la solidaridad internacional. Su experiencia en Cuba mostr贸 que una transformaci贸n social pod铆a alterar las relaciones de poder y abrir nuevas posibilidades para las mayor铆as populares; el Congo y Bolivia evidenciaron, a su vez, los l铆mites de una estrategia que no consigui贸 construir las bases pol铆ticas y sociales necesarias para sostener sus objetivos. Ambas dimensiones forman parte de su legado y permiten comprenderlo sin convertirlo en una figura intocable ni reducirlo a sus derrotas.

El internacionalismo del Che sigue planteando una pregunta que trasciende su biograf铆a: qu茅 responsabilidad tienen los pueblos ante la explotaci贸n y la dominaci贸n que padecen otros pueblos, y qu茅 formas de cooperaci贸n pueden contribuir a transformar las condiciones que las reproducen. Su respuesta estuvo marcada por las circunstancias de su 茅poca, por su compromiso revolucionario y por decisiones que deben analizarse cr铆ticamente. Recuperar su legado significa mantener abierto ese debate, relacionar la solidaridad con las condiciones materiales de la emancipaci贸n y comprender que la lucha por una sociedad m谩s justa no puede desarrollarse al margen de las relaciones internacionales que condicionan la vida de las clases trabajadoras.

Porque luchar m谩s all谩 de las propias fronteras significa comprender que la emancipaci贸n de un pueblo no puede construirse ignorando la suerte de los dem谩s, y que la solidaridad solo adquiere toda su dimensi贸n pol铆tica cuando contribuye a ampliar la capacidad de los pueblos para decidir su futuro.


Referencias

[1] Pablo Adriano Rodr铆guez-Merino, «Fuera de foco: un an谩lisis estrat茅gico de la campa帽a guerrillera del Che Guevara en Bolivia (1966-67)», Revista de Pensamiento Estrat茅gico y Seguridad CISDE, vol. 3, n.潞 2, 2018.

[2] U.S. Department of State, Office of the Historian, Foreign Relations of the United States, 1964–1968, vol. XXXI, documento 171, «Memorandum From Director of Central Intelligence Helms: Capture and Execution of Ernesto “Che” Guevara», 11 de octubre de 1967. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1964-68v31/d171

[3] U.S. Department of State, Office of the Historian, Foreign Relations of the United States, 1964–1968, vol. XXXI, documento 170, nota editorial sobre la asistencia estadounidense a la operaci贸n contrainsurgente boliviana y la ejecuci贸n de Guevara. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1964-68v31/d170

Documento complementario: U.S. Department of State, Office of the Historian, documento 172, memorando de la CIA sobre las circunstancias de la ejecuci贸n, 13 de octubre de 1967. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1964-68v31/d172


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martes, 8 de octubre de 2019

Che Guevara, llama eterna de la conciencia revolucionaria


Por Javier Huerta

Hay hombres cuya vida trasciende su tiempo y cuya memoria contin煤a caminando junto a los pueblos que luchan por un mundo m谩s justo. Ernesto Che Guevara, el guerrillero heroico, es uno de ellos. Su figura permanece como s铆mbolo de rebeld铆a, solidaridad internacionalista y compromiso con la emancipaci贸n de los pueblos frente a la explotaci贸n y la injusticia.

El Che comprendi贸 que la revoluci贸n no pod铆a reducirse a conquistar el poder pol铆tico, sino que deb铆a transformar las estructuras sociales y, al mismo tiempo, despertar una nueva conciencia humana. Su pensamiento y su ejemplo defendieron la necesidad de vivir de acuerdo con las ideas que se proclaman, de anteponer la solidaridad al individualismo y de entender que la lucha por la dignidad humana no conoce fronteras. Para 茅l, el internacionalismo era una responsabilidad concreta: sentir como propias las injusticias sufridas por otros pueblos y actuar frente a ellas.

Su vida estuvo marcada por la convicci贸n de que ning煤n pueblo deb铆a resignarse a la opresi贸n y de que la justicia social exig铆a compromiso, sacrificio y coherencia. Hasta sus 煤ltimos d铆as mantuvo esa voluntad de lucha, que lo llev贸 a Bolivia, donde fue capturado y asesinado el 9 de octubre de 1967. Ten铆a 39 a帽os, pero su muerte no puso fin a la fuerza de sus ideas ni a la dimensi贸n universal de su ejemplo.

Hoy, el Che sigue presente en las banderas, en las canciones, en las movilizaciones populares y en la memoria de quienes creen que otro mundo es posible. Su imagen no pertenece 煤nicamente a la historia de Am茅rica Latina, sino tambi茅n a todas las generaciones que encuentran en su trayectoria una llamada a combatir la indiferencia, defender la solidaridad y mantener viva la esperanza de una humanidad sin explotaci贸n.

El Che es mucho m谩s que un s铆mbolo de resistencia: representa un ejemplo de conciencia revolucionaria que invita a comprender las causas profundas de las injusticias y a comprometerse activamente con su transformaci贸n. Su trayectoria demuestra que la elevaci贸n de la conciencia socialista resulta fundamental para superar las limitaciones ideol贸gicas impuestas por una sociedad basada en el individualismo y avanzar hacia una sociedad sin explotaci贸n ni opresi贸n. Su defensa del trabajo voluntario, su coherencia entre pensamiento y acci贸n y su concepci贸n de una nueva moral comunista expresaban la aspiraci贸n de construir relaciones humanas fundamentadas en la solidaridad, la responsabilidad colectiva y el compromiso con el bien com煤n.

Que el ejemplo del Che nos convoque a seguir luchando, a unir nuestras voces y nuestras manos frente a cada injusticia, a fortalecer la solidaridad entre los pueblos y a no claudicar jam谩s ante quienes pretenden arrebatarnos la esperanza. Hagamos de su legado una fuerza viva en cada lucha por la justicia social, la emancipaci贸n y la dignidad humana. Que su ejemplo nos impulse a organizarnos, a elevar nuestra conciencia colectiva y a construir unidad desde la solidaridad internacionalista, porque ning煤n cambio profundo ser谩 posible sin la participaci贸n consciente y activa de los pueblos.

El mejor homenaje al Che es convertir sus ideales en compromiso cotidiano, transformar la indignaci贸n en organizaci贸n y la solidaridad en acci贸n, manteniendo vivas las banderas de quienes luchan por un mundo donde la dignidad humana est茅 por encima de los privilegios y los intereses particulares. Que su llama siga iluminando nuestro camino y que, unidos, continuemos construyendo el mundo m谩s justo por el que entreg贸 su vida.

¡Comandante Che Guevara, tu ejemplo vive en nuestros pueblos y tu lucha contin煤a en nuestras manos!

¡Por la conciencia revolucionaria, la solidaridad internacionalista y la emancipaci贸n de los pueblos!

¡Hasta la victoria siempre!


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jueves, 6 de agosto de 2015

El testimonio de Fidel Castro sobre el Che (VIDEO)

Entrevista concedida al periodista italiano Gianni Mina.
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Cubavision (Cuban Music1) al CHE " Son los sue帽os todav铆a"


Son los sue帽os todav铆a

(Gerardo Alfonso)

T煤 sub铆as desde el Cono Sur
y ven铆as desde antes,
con el amor al mundo bien adentro.
Fue una estrella quien te puso aqu铆
y te hizo de este pueblo.
De gratitud nacieron muchos hombres
que igual que t煤,
no quer铆an que te fueras
y son otros desde entonces.

Despu茅s de tanto tiempo y tanta tempestad
seguimos para siempre este camino largo, largo
por donde t煤 vas, por donde t煤 vas.
El fin de siglo anuncia una vieja verdad,
los buenos y los malos tiempos hacen una parte
de la realidad, de la realidad.

Yo sab铆a bien que ibas a volver,
que ibas a volver de cualquier lugar,
porque el dolor no ha matado a la utop铆a,
porque el amor es eterno
y la gente que te ama no te olvida.

T煤 sab铆as bien desde aquella vez
que ibas a crecer, que ibas a quedar,
porque la fe clara limpia las heridas,
porque tu esp铆ritu es humilde
y reencarnas en los pobres y en sus vidas.

Son los sue帽os todav铆a
los que tiran de la gente,
como un im谩n que los une cada d铆a.
No se trata de molinos,
no se trata de un Quijote,
algo se templa en el alma de los hombres,
una virtud que se eleva por encima
de los t铆tulos y nombres.

(1996)


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lunes, 16 de febrero de 2015

Presentan pruebas de que EE.UU. orden贸 el asesinato del Che Guevara

En un nuevo libro con el titular '¿Qui茅n mat贸 al Che?', dos investigadores estadounidenses ofrecen la respuesta que muchos sospechaban y que est谩 reflejada en varios documentos secretos: fue el Gobierno de EE.UU. el que orden贸 el asesinato de Ernesto Che Guevara.
En su libro, los autores Michael Ratner y Michael Steven Smith ponen de relieve el papel de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en el asesinato del l铆der guerrillero en 1967.
Los investigadores ofrecen evidencias que desmienten la versi贸n imperante seg煤n la cual el m铆tico revolucionario fue ejecutado unilateralmente por orden del entonces presidente de Bolivia, Ren茅 Barrientos Ortu帽o, cuyo Gobierno respond铆a a los intereses de EE.UU.
"A pesar de los tachones, la documentaci贸n revelada demuestra que el Che fueapresado, herido y asesinado por la CIA, un crimen de guerra aprobado por el Gobierno de EE.UU.", enfatiz贸 Smith.

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mi茅rcoles, 4 de febrero de 2015

“Ernestico” Guevara: Tras las huellas de mi padre, el “Che” (documental)


El hijo, sangre de su sangre. “Ernestico”, el menor de los cinco hijos del Che Guevara recorre los lugares que surc贸 su padre. Hijo real del Che, “Ernestico” representa a los hijos morales de una vida ofrendada por la justicia y la libertad del Hombre.

Ayer, 14 de Junio, el Che cumpli贸 84 a帽os. Hoy, ponemos en la memoria viva de su hijo, nuestro homenaje al hermano mayor de esta Am茅rica que le debe la esperanza. (Jes煤s Hubert)


Ernestico, como lo llaman en Cuba, el quinto hijo del CHE, emprende un viaje tras los pasos de su padre, para buscar al hombre detr谩s del mito. As铆 recorre su lucha, desde sus comienzos, reconstruyendo historias que vivi贸 Ernesto Guevara, mientras se convert铆a en el comandante CHE Guevara.



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lunes, 26 de enero de 2015

DOCUMENTAL: "Mi Padre el Che" - El Hijo de Ernesto Che Guevara en Cuba


A Ernesto Guevara March, hijo de Aleida y El Che, lo acusan de ser egoc茅ntrico. Y lo es, tambi茅n es amable, cautivador, y extraordinariamente sensible. No es f谩cil ser uno mismo en una sociedad que se plantea igualitaria. El medio acent煤a ciertas cosas, pero intentar茅 poner casi todo en contexto.


Ernesto no conoci贸 a su padre, naci贸 en 1965 y aunque hubo v铆ctimas de la revoluci贸n que merecen todo nuestro respeto y consideraci贸n, no podemos olvidar que corr铆an tiempos de euforia y vientos de apasionamiento, las "barbas" fueron tan idolatradas como hoy la democracia. Esos hombres, devenidos en dictadores, representaron para muchos la imagen del h茅roe impoluto, el sol sin m谩cula.



Ernesto, semejante y diferente a sus tres hermanos mayores (Aleida, Camilo y Celia), se cri贸 en Nuevo Vedado, estudi贸 en la escuela primaria "Combatientes de Bolivia", curs贸 la secundaria b谩sica en la vocacional "Lenin", y luego en el Pre del Vedado. Se hizo abogado, y les puedo asegurar sin temor a equivocarme que, con ese nombre, y la carga sem谩ntica que conlleva, ha sido para 茅l tan influyente como el entorno adulador y el fantasma persistente de un padre ausente que, nos guste o no, le ha dado la vuelta al mundo.



Hagamos un experimento. Tomemos una bandeja engrasada y sobre ella depositemos una porci贸n idealizada de deterioro econ贸mico, la aderezamos con caos interno, manipulamos la mezcla hasta lograr una textura de apoyo entusiasta y adoraci贸n popular; llevamos el producto al horno, y despu茅s de polvorear la noche de cuchillos largos, est谩 presto; se llama dictadura al plato. No es complicado confeccionar una lista donde quepan los nombres de aquellos que realmente hicieron y hacen da帽o; pero no podemos incluir a los hijos por ser hijos.



Dotado de un p铆caro encanto, Ernesto es un hombre de bien, a veces testarudo y por momentos temperamental, con un alt铆simo sentido de la amistad. Es un ser extrovertido y no proclive a confesiones, se ahoga en su propio volc谩n interior. Reconoce de buen grado sus errores, adora mantener su infancia aunque est茅 fuera de tiempo, y ha tenido que cargar con una injusta culpa endilgada. Entiendo que reconocer es m谩s dif铆cil que atacar; pero pregunte, averig眉e, buscar informaci贸n es muy f谩cil en un pa铆s donde pululan informantes ansiosos por ser sobornados. Los gatillos s贸lo se halan contra quienes lo merecen.





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mi茅rcoles, 2 de abril de 2014

Vigencia de Lenin, el Che y Ch谩vez. REVOLUCI脫N, SOCIALISMO Y VANGUARDIA EN EL SIGLO XXI.

Por Carlos Fonseca Ter谩n.


El viejo orden no caer谩 si no se le hace caer.

Dec铆a Lenin que el viejo orden nunca, ni siquiera en las 茅pocas de crisis, caer谩, si no se le hace caer,1 y aunque las causas de ello fueron debidamente expuestas por 茅l en su 茅poca, hoy a la luz de experiencias exitosas y fallidas de luchas revolucionarias, as铆 como en la construcci贸n del socialismo, y teniendo adem谩s en cuenta los grandes cambios ocurridos en la historia, podemos identificar viejas y nuevas razones que otorgan vigencia a esta afirmaci贸n, tomando en consideraci贸n las ya identificadas por el l铆der bolchevique.

Si el socialismo como transici贸n al comunismo es la racionalidad y espiritualidad como componentes de la condici贸n humana puestos a disposici贸n de 茅sta para la creaci贸n (por ello mismo consciente) de la realidad social, el capitalismo por su parte es tambi茅n la m谩xima expresi贸n de la racionalidad humana, pero puesta a disposici贸n de un orden social que act煤a contra la misma, es decir la racionalidad humana llevada a su m谩xima expresi贸n en el 谩mbito social, pero contra s铆 misma y por consiguiente, una diferencia fundamental entre ambos es que mientras el socialismo s贸lo puede construirse de manera consciente, el capitalismo se crea a s铆 mismo, espont谩neamente, lo cual es una de sus semejanzas con sistemas sociales hist贸ricamente anteriores a 茅l.

El capitalismo es el 煤nico sistema de opresi贸n cient铆ficamente organizado, con posibilidades objetivamente inagotables de autorreproducci贸n hasta hacer colapsar con 茅l a la civilizaci贸n en su conjunto, si no a la especie humana como tal; es decir, que contar con su derrumbe espont谩neo para su sustituci贸n por el socialismo es como esperar a que no haya sociedad humana que transformar mediante la instauraci贸n del orden social que lo reemplazar谩.

La autorreproductibilidad objetiva del capitalismo est谩 subjetivamente incorporada en los reflejos condicionados de los sujetos individuales y sociales por 茅l alienados (tanto opresores como oprimidos), lo cual se ve facilitado por una caracter铆stica distintiva del capitalismo con respecto a los sistemas de opresi贸n que le preceden: la posibilidad de generar en sus v铆ctimas ilusiones de mejoramiento, como resultado de la movilidad social individual que tambi茅n lo distingue de los sistemas anteriores, lo cual impide que sus v铆ctimas (es decir, los oprimidos, que por lo general no vinculan su desdicha con su condici贸n como tales, de la cual generalmente no poseen conciencia) puedan pasar a ser, de forma natural, luchadores contra un sistema que adem谩s de oprimirles, crea su alienaci贸n espiritual y el atrofiamiento de su racionalidad, precisamente como manera de frustrar sus posibilidades de luchar por la sustituci贸n de dicho sistema por otro en el cual desaparezca esa opresi贸n de la que tales v铆ctimas de la misma no son espont谩neamente conscientes.

Para que el capitalismo caiga como sistema sin que desaparezca con 茅l la civilizaci贸n como tal o incluso la especie humana, debe ser sustituido por el 煤nico sistema que solamente puede ser conscientemente instaurado, que es el socialismo, en cuya raz贸n de ser est谩 incorporado el fin de la opresi贸n pol铆tica y econ贸mica (la explotaci贸n, en este 煤ltimo caso) entre los seres humanos, mediante el control del poder pol铆tico por las clases antes oprimidas como producto de su condici贸n de explotadas, y de la producci贸n y la distribuci贸n de la riqueza seg煤n el aporte de cada uno a su creaci贸n, unidos ambos principios (el poder en manos de las clases populares y la socializaci贸n de la propiedad sobre los medios de producci贸n) al aseguramiento de la protecci贸n social universal, todo ello como condici贸n previa a la distribuci贸n seg煤n las necesidades (propia del comunismo), que requiere el predominio de las motivaciones espirituales para el trabajo, rigiendo en ambos tipos de distribuci贸n (la socialista, seg煤n el trabajo y la comunista, seg煤n las necesidades) al principio de que cada cual aporte seg煤n su capacidad a la producci贸n de bienes materiales y la creaci贸n de la riqueza.

El mencionado cambio en el criterio distributivo resulta inconcebible sin el predominio de determinados valores en la conciencia social, los cuales seg煤n se帽ala el Che (en lo cual consist铆a su principal cr铆tica al socialismo sovi茅tico) no surgen espont谩neamente de la estructura econ贸mica, sino que deben hacerse surgir de ella intencionalmente mediante determinados mecanismos, lo cual se corresponde con el hecho ya explicado de que el sistema sustituto del capitalismo en el marco de la vida civilizada de la sociedad humana es el 煤nico y primero en la historia que no se puede instaurar sin su construcci贸n consciente, incluyendo esto 煤ltimo el car谩cter deliberado de dicha construcci贸n social y el conocimiento de las leyes objetivas que rigen la realidad correspondiente, para la aplicaci贸n subjetiva de las mismas con el objetivo de generar los cambios que se persiguen en dicha realidad, y que la misma demanda hist贸ricamente.

El socialismo como transici贸n al comunismo, 煤nica alternativa hist贸rica civilizada no s贸lo frente al capitalismo, sino tambi茅n frente al neoliberalismo.

El hecho de que la crisis del capitalismo no implique la inevitabilidad de su sustituci贸n por el socialismo no necesariamente significa que sea viable una versi贸n no neoliberal del capitalismo; viable tanto en sentido civilizatorio como en sentido socioecon贸mico y pol铆tico, no solamente porque sin civilizaci贸n no puede haber capitalismo ni socialismo, sino porque como veremos, el capitalismo (sea neoliberal o no) ha perdido viabilidad en todos los aspectos de la vida social, lo cual sin embargo, no significa que dicho sistema no pueda funcionar, pues suele confundirse su evidente inviabilidad para el ser humano con su inextinguible viabilidad para s铆 mismo como sistema; es decir, el capitalismo no resuelve los problemas del ser humano y es contrario a la condici贸n de 茅ste como tal, pero funciona, porque en 茅l siempre hay un sector dominante a cuyos intereses responde de forma indefinida en el tiempo, lo cual sumado a las otras razones arriba planteadas, hacen de 茅l el 煤nico sistema social de la historia que no puede ser destruido espont谩neamente por sus propias contradicciones, aunque 茅stas sean propicias e indispensables para su destrucci贸n que sin embargo, no ser谩 real si no es deliberada o intencional, tal como Lenin se帽alaba como producto no solamente de lo acertado de la caracterizaci贸n que hizo de su 茅poca, sino de la capacidad que tuvo de anticiparse en muchos aspectos a la actual.

Al no ser viable socioecon贸mica y pol铆ticamente, el capitalismo tampoco es 煤til como instrumento para el desarrollo de las fuerzas productivas en un proceso social que vaya rumbo al socialismo, lo cual no significa que sea viable suprimir la participaci贸n econ贸mica de los grandes propietarios individuales sobre los medios de producci贸n en el desarrollo de un pa铆s con rumbo al socialismo, sino que en un contexto de este tipo no es viable promoverlo como modo de producci贸n, siendo por tanto necesario promover formas de propiedad y m茅todos de control popular de la producci贸n y la distribuci贸n que contribuyan a la transformaci贸n socialista de las relaciones de producci贸n en el marco de un proceso de cambio social orientado hacia el socialismo o que tenga como meta la creaci贸n de condiciones en caso de que no existan, para la instauraci贸n del socialismo, independientemente de lo prolongado que deba ser el tiempo a transcurrir para alcanzar ese objetivo.

Por tanto, si se trata de un cambio social cuyo objetivo es el socialismo o al menos la creaci贸n de condiciones para su instauraci贸n, la 煤nica alternativa al neoliberalismo no puede ser otra variante del capitalismo, sino la construcci贸n del socialismo, que no debe confundirse con su instauraci贸n, no siendo sin embargo 茅sta la culminaci贸n de aqu茅lla, ya que al instaurarse, el socialismo se sigue construyendo debido a su car谩cter transicional con relaci贸n al comunismo, cuya instauraci贸n no significa que llegue a su fin la construcci贸n consciente de la realidad social, sino que por el contrario, 茅sta apenas comienza en toda su plenitud. Tal como se帽alara el Che, las condiciones subjetivas para la distribuci贸n comunista de la riqueza (es decir, seg煤n las necesidades) deben crearse en el socialismo si se pretende que 茅ste sea efectivamente, la transici贸n al comunismo, raz贸n por la cual hasta cierto punto, la construcci贸n del socialismo y la del comunismo adquieren un car谩cter simult谩neo en lo que puede considerarse como la construcci贸n social consciente.

Ya cuando Lenin plante贸 la imposibilidad de que el orden de cosas establecido cayera por su propio peso en las condiciones del capitalismo, por caracter铆sticas de 茅ste que pasaron a ser decisivas en su fase imperialista de desarrollo (que 茅l caracteriz贸 precisamente como la prolongaci贸n artificial del capitalismo cuando sus contradicciones han puesto a la orden del d铆a la inminencia de su colapso), se impon铆a la necesidad tambi茅n se帽alada por Lenin en base a su caracterizaci贸n del momento hist贸rico y la identificaci贸n que hiciera de las caracter铆sticas en cuesti贸n, de lo que se constitu铆a como la necesidad hist贸rica de un nuevo sujeto pol铆tico: la vanguardia revolucionaria cuyas caracter铆sticas la hicieran capaz de crear o identificar las condiciones adecuadas para el cambio revolucionario, convirtiendo la situaci贸n revolucionaria creada, propiciada o identificada como tal por dicha vanguardia, en una revoluci贸n cuyo objetivo fuera la sustituci贸n del capitalismo por el socialismo.

Las caracter铆sticas generales de esa vanguardia revolucionaria (que hacen de ella una organizaci贸n pol铆tica de nuevo tipo para la 茅poca en que esto fue planteado por Lenin y en comparaci贸n con el tipo de organizaci贸n pol铆tica tradicional), son: El car谩cter permanente de sus estructuras, regidas por un conjunto de principios que constituyen el centralismo democr谩tico; y la existencia de cuadros pol铆ticos dedicados a la organizaci贸n pol铆tica como ocupaci贸n a tiempo completo. El centralismo democr谩tico, al igual que la vanguardia misma, suele ser err贸neamente asociado como tal a lo que en realidad es una de sus variantes posibles. Con posterioridad veremos cu谩l es la variante espec铆fica de vanguardia y de centralismo democr谩tico que se corresponden con la 茅poca actual, distintas a las que fueron propias del siglo XX.

La revoluci贸n electr贸nica, al poner en crisis las relaciones salariales creadas por la revoluci贸n industrial – sin embargo, expulsando ambas de la econom铆a (cada una en su momento) gran cantidad de fuerza de trabajo –, pone con ello en crisis la intermediaci贸n como modo de ejercer el poder, que se manifiesta en el caso del capitalismo en lo econ贸mico con la propiedad privada en tanto creadora del burgu茅s como intermediario entre el trabajador y el control de la producci贸n y de la riqueza producida, y en lo pol铆tico con los representantes y gobernantes como intermediarios entre el ciudadano y el control de la institucionalidad, mientras en el caso del viejo socialismo la intermediaci贸n como poder se pon铆a de manifiesto en lo econ贸mico con el Estado y en lo pol铆tico con el Partido como intermediarios entre los mismos factores mencionados.

El neoliberalismo es por ello el 煤nico capitalismo posible en estos tiempos, ya que es la 煤nica manera que tiene 茅ste de reducir la intermediaci贸n como forma de poder, que le es sin embargo inherente, contrario a lo que sucede con el nuevo modelo socialista actualmente en construcci贸n pr谩ctica y te贸rica, el cual como veremos, puede suprimir en el seno de su propia esencia como sistema, la intermediaci贸n ejercida como poder en lo econ贸mico y lo pol铆tico, mientras el capitalismo, adem谩s de su ya se帽alada limitante en este sentido, a trav茅s del neoliberalismo como 煤nica f贸rmula anti-intermediadora a su alcance, ni siquiera suprime a los intermediarios que le son propios, sino a un intermediario ajeno, propio del anterior modelo socialista, y solamente en lo econ贸mico: el Estado como gestor directo exclusivo de la econom铆a.

El nuevo socialismo, en cambio, apunta hacia la supresi贸n de la funci贸n intermediadora como forma de poder ejercida por sus dos grandes intermediarios. El Estado deja de ser intermediario econ贸mico al ser ejercida la propiedad directamente por los trabajadores, pero sin renunciar a su car谩cter como medio de ejercer un poder de clase en tanto esto sea necesario, como tampoco renuncia a ello el capitalismo neoliberal (menos a煤n, pues la necesidad del poder depende de los antagonismos de clase, inherentes a los sistemas de opresi贸n, de los cuales el capitalismo es la m谩s desarrollada expresi贸n). En el nuevo socialismo tampoco desaparece la propiedad estatal en las 谩reas econ贸micas cuyas caracter铆sticas as铆 lo requieren, dependiendo ello de su naturaleza y de la situaci贸n pol铆tica concreta. Por su parte, el otro gran intermediario como sujeto de poder del antiguo modelo socialista, que es el Partido, deja atr谩s en el nuevo modelo socialista esa funci贸n, dejando de ejercer la intermediaci贸n pol铆tica entre los ciudadanos y las instituciones mediante las que se controla el poder, pero sin dejar de cumplir su misi贸n hist贸rica de conducir como vanguardia el proceso revolucionario.

El ciudadano, las clases populares, la vanguardia y el problema del sujeto revolucionario en relaci贸n con el car谩cter revolucionario de un proceso de transformaci贸n social.

La vanguardia en el nuevo modelo socialista ejerce su indispensable papel conductor (sin el cual es inconcebible el car谩cter consciente de la construcci贸n del socialismo) ahora exclusivamente a trav茅s del trabajo pol铆tico e ideol贸gico permanente de sus estructuras presentes en todos los 谩mbitos de la vida social y en todos los espacios institucionales creados como parte del modelo en construcci贸n para que desde ellos el poder pol铆tico sea ejercido directamente por los ciudadanos, que pasan as铆 de ser los sujetos individuales y pasivos de la democracia representativa legitimadora del capitalismo o los sujetos colectivos subordinados de la democracia burocr谩tica del anterior modelo socialista, a ser los sujetos sociales y activos-protag贸nicos de la democracia directa como nuevo modelo pol铆tico del socialismo y por tanto, sujetos pol铆ticos protag贸nicos del nuevo modelo socialista, en tanto la vanguardia sigue siendo el sujeto pol铆tico conductor del cambio revolucionario, ya sin sustituir en el ejercicio del poder a las clases sociales cuyos intereses defiende, que son las clases populares puestas de manifiesto como los ciudadanos en tanto los sujetos sociales que 茅stos son.

Se pasa as铆 de la vanguardia como partido de nuevo tipo a la vanguardia de nuevo tipo, que para ejercer eficazmente su papel conductor debe estar abierta a la sociedad, lo cual entre otras cosas le sirve para actuar con efectividad en el 谩mbito del pluripartidismo como contexto pol铆tico impuesto por las circunstancias hist贸ricas. Otro elemento indispensable para la eficacia del papel conductor de la vanguardia en la actualidad es la forma horizontal de direcci贸n y organizaci贸n, que no niega el car谩cter jer谩rquico de 茅stas, sino que garantiza los m谩s altos niveles posibles de participaci贸n de la militancia en la definici贸n de las l铆nea pol铆ticas y en las tomas de decisiones de la dirigencia, para que las posiciones pol铆ticas a ser promovidas desde los nuevos espacios del poder ejercido directamente por las clases populares est茅n en correspondencia con la voluntad popular, llevada al seno de la vanguardia por esa militancia que se encuentra en sistem谩tica y permanente vinculaci贸n con el pueblo, que en tales circunstancias se autoeduca mediante la acci贸n decisoria que el modelo le atribuye, de manera que la vanguardia revolucionaria define junto al pueblo las posiciones que 茅ste asumir谩 en todos los 谩mbitos de la vida pol铆tica y social.

El centralismo democr谩tico como conjunto de principios que constituyen el m茅todo cient铆fico para el funcionamiento de la vanguardia debe ser transformado de igual forma que la vanguardia misma, adecu谩ndose a las nuevas caracter铆sticas de 茅sta ya se帽aladas, de modo que tales principios consistan en mantener el necesario car谩cter jer谩rquico de estructuras y decisiones, unir la b煤squeda de consenso al principio de subordinaci贸n de la minor铆a a la mayor铆a, y consolidar el m茅todo y el estilo de trabajo leninistas, consistiendo el primero (el m茅todo) en el car谩cter colectivo del trabajo, la direcci贸n y las decisiones, el car谩cter 煤nico de estas dos 煤ltimas, y el car谩cter individual de las responsabilidades; y consistiendo el segundo (el estilo) en la vinculaci贸n con el pueblo, el car谩cter perfectible y verificable del trabajo, y el car谩cter constructivo de la cr铆tica (frontal, fraterna, hecha en el momento y el lugar adecuados).

Sin lucha revolucionaria no hay vanguardia que logre crear y/o identificar las condiciones objetivas para el triunfo revolucionario, y sin vanguardia pol铆tica no hay lucha revolucionaria que logre convertir ese conjunto de condiciones en una revoluci贸n triunfante, para lo cual hacen falta condiciones subjetivas, cuyo com煤n denominador es precisamente la existencia de esa vanguardia, con lo que se plantea la presencia de lo que Lenin denomina una situaci贸n revolucionaria, que a煤n con la existencia y la acci贸n de la vanguardia creando y/o identificando las condiciones objetivas requeridas, no necesariamente podr谩 convertirse en una revoluci贸n. En cuanto a las condiciones objetivas necesarias (pero no suficientes) al respecto, Lenin plantea que para el triunfo de una revoluci贸n no suele bastar con que los de abajo no puedan, sino que hace falta, adem谩s, que los de arriba no puedan seguir viviendo como hasta entonces.2

La revoluci贸n se puede hacer y el socialismo se puede comenzar a construir a煤n cuando no hay condiciones, pues la revoluci贸n se hace y el socialismo se construye desde el momento en que se comienzan a crear esas condiciones, ya que desde entonces la revoluci贸n y el socialismo comienzan a manifestarse en la conciencia social, que es donde m谩s necesidad hay de que esto suceda, y debido al car谩cter de dicha misi贸n hist贸rica, 茅sta solamente puede ser asumida por la vanguardia revolucionaria. Pero igual, a煤n habiendo condiciones para la revoluci贸n y el socialismo, s贸lo una vanguardia es capaz de hacer efectivas ambas cosas, debido al car谩cter de ellas. Cuando no hay condiciones para construir el socialismo, las reformas pueden ser el inicio de su construcci贸n, pero no cualquier reforma, y en dependencia de la manera en que las mismas se implementen.

Tales reformas son el inicio de la construcci贸n del socialismo cuando adquieren car谩cter revolucionario, el cual consiste en que est茅n deliberadamente orientadas hacia la creaci贸n de condiciones apropiadas para la instauraci贸n del socialismo y que vayan acompa帽adas de toda una pedagog铆a revolucionaria masiva, la cual solamente la vanguardia (debido entre otras cosas, a las caracter铆sticas que la definen como tal) es capaz de poner en pr谩ctica a trav茅s de su estructura pol铆tica y su liderazgo, al igual que s贸lo la vanguardia puede imprimir orientaci贸n socialista a las reformas, pues 茅stas (cualesquiera que sean) siempre se orientar谩n en otra direcci贸n en ausencia de la conducci贸n pol铆tica que s贸lo la vanguardia puede ejercer, debido al car谩cter consciente de la construcci贸n del socialismo.

Aunque toda reforma puede ser orientada hacia el socialismo, puede haberlas de un tipo cuya raz贸n de ser est茅 煤nicamente en crear las condiciones para su instauraci贸n, pero a煤n 茅stas quedan sin esa raz贸n de ser en ausencia de la vanguardia revolucionaria. Por otra parte, la ausencia de este tipo de reformas impide que cualquier conjunto de otro tipo de 茅stas pueda ser orientado al socialismo e impide tambi茅n que la vanguardia est茅 en condiciones de ejercer la pedagog铆a revolucionaria en cuesti贸n. Las caracter铆sticas de tal tipo de reformas s贸lo pueden ser definidas en el marco de cada situaci贸n concreta dada y en base a los principios del poder al servicio de los intereses de las clases populares, la socializaci贸n de la propiedad sobre los medios de producci贸n y la creaci贸n de la conciencia social que se corresponda con el cambio que se pretende en las relaciones de producci贸n.

La vanguardia revolucionaria est谩 integrada por individuos que, identificados con los intereses de las clases populares, han alcanzado un mayor nivel de conciencia acerca de esos intereses y por consiguiente, de la necesidad de impulsar la transformaci贸n revolucionaria de la sociedad como la m谩s alta expresi贸n de la defensa de los mismos. Es decir, la vanguardia revolucionaria no est谩 por encima de las clases populares, sino que es la manifestaci贸n pol铆tica organizada y m谩s desarrollada de 茅stas, cuyos intereses se corresponden con la transformaci贸n revolucionaria de la sociedad (que desde el surgimiento del capitalismo consiste en la sustituci贸n de 茅ste por el socialismo como transici贸n al comunismo), debido a que constituyen el conjunto de las clases sociales definidas por su condici贸n de explotadas en el capitalismo, raz贸n por la cual el ejercicio del poder por ellas es la caracter铆stica pol铆tica fundamental del socialismo en general, as铆 como en el 谩mbito econ贸mico lo es la socializaci贸n de la propiedad sobre los medios de producci贸n.

Como ya ha quedado en evidencia y planteado con anterioridad, al ser posibles la revoluci贸n y el socialismo en todo momento, y al ser el neoliberalismo la 煤nica variante posible del capitalismo en la era de la revoluci贸n electr贸nica, la alternativa de la izquierda ante la versi贸n neoliberal del capitalismo no puede ser un capitalismo nacional o cualquier otra variante del sistema socioecon贸mico y pol铆tico imperante, sino el socialismo. 脡ste, sin embargo, tambi茅n debe ser la alternativa frente a su versi贸n hist贸rica anterior, la cual no puede responder a los desaf铆os de la 茅poca actual, por las razones que hemos planteado antes.

La construcci贸n social consciente o lo que es igual, la construcci贸n del socialismo y el comunismo (secuencial y simult谩nea a la vez, como hemos visto) es la creaci贸n por el ser humano, de una realidad social a la altura de su condici贸n como tal, es decir de su racionalidad y su espiritualidad. La diferencia entre el socialismo y el comunismo est谩 m谩s en la distribuci贸n que en la producci贸n, de modo que si bien el socialismo es un nuevo modo de producci贸n en relaci贸n con el capitalismo debido al control de la misma por los trabajadores mediante la propiedad social sobre los medios para llevarla a cabo, el comunismo es en lo socioecon贸mico sobre todo un nuevo modo de distribuci贸n en relaci贸n con el socialismo (a cada quien seg煤n su trabajo en el socialismo, y seg煤n su necesidad en el comunismo), pero la principal diferencia entre el comunismo y cualquier orden de cosas anterior est谩 en el 谩mbito de la conciencia social, destac谩ndose como parte de 茅sta en el caso del comunismo, la motivaci贸n espiritual para el trabajo y el aprecio de lo propio, caracter铆sticas de la conciencia sin las cuales es imposible el modo comunista de distribuci贸n, siendo por tanto el comunismo en relaci贸n con todo el orden social precedente, por encima de todo, una nueva civilizaci贸n, cuya caracter铆stica principal es la capacidad del sujeto de construir la realidad social objetiva de acuerdo a su condici贸n espec铆ficamente humana en este caso, y con ello, de construirse a s铆 mismo en tanto que dicha realidad es, al menos en 煤ltima instancia, lo que necesariamente determina las caracter铆sticas del sujeto que la constituye.

En lo relacionado con la motivaci贸n para el trabajo, el cual hace posible la creaci贸n de la riqueza, si la distribuci贸n comunista de 茅sta se aplicara siendo tal motivaci贸n de tipo material, nadie trabajar铆a y no habr铆a riqueza que distribuir, lo cual no significa que la creaci贸n de la riqueza sea primero que la distribuci贸n de 茅sta, pues de la distribuci贸n depende la manera en que la misma es creada, de lo cual a su vez depende que llegue o no a haber condiciones para la distribuci贸n seg煤n las necesidades. Es por eso que el Che plantea la necesidad de los est铆mulos morales sin descartar los materiales de tipo colectivo como creadores de las motivaciones espirituales para el trabajo (aunque sin hacer en su caso una diferencia expl铆cita entre est铆mulos y motivaciones), adquiriendo en la actualidad una mayor importancia que en su 茅poca los est铆mulos materiales colectivos, debido a la tendencia a la desaparici贸n de la intermediaci贸n estatal como forma de poder en el 谩mbito econ贸mico.

En cuando a la capacidad de apreciar lo propio, sin ella no habr铆a manera de que las necesidades se autolimitaran, lo cual las har铆a entrar en contradicci贸n con lo limitado de los recursos naturales, fuente de las riquezas seg煤n nos recuerda Marx en su Cr铆tica del Programa de Gotha, su 煤ltima obra y la misma en que define la diferencia entre trabajo y necesidad como criterios de distribuci贸n que distinguen el socialismo del comunismo en el 谩mbito socioecon贸mico, as铆 como la capacidad como criterio com煤n a ambos para el aporte de cada individuo a la creaci贸n social de la riqueza.3

Por su parte, la falta de control real de la producci贸n por los trabajadores hizo que la mayor parte de los modelos socialistas en el siglo XX fueran un nuevo modo de distribuci贸n y no de producci贸n en relaci贸n con el capitalismo, lo cual al contrario de lo que sucede con el comunismo en relaci贸n con el socialismo en el 谩mbito socioecon贸mico, es una anomal铆a que impide la transformaci贸n socialista de las relaciones de producci贸n y con ello, se ve suprimida una condici贸n indispensable para la creaci贸n de la nueva conciencia social, a cuya importancia fundamental para la construcci贸n social consciente ya nos hemos referido.

Debido a razones ya se帽aladas, la ca铆da del sistema capitalista no es un resultado espont谩neo de sus contradicciones, sino de la acci贸n revolucionaria que lo hace caer, a partir del conocimiento y aprovechamiento de dichas contradicciones con tal prop贸sito. Esa acci贸n no ser谩 efectiva si no es llevada a cabo de manera organizada por una vanguardia pol铆tica cuyas caracter铆sticas difieran de las que tradicionalmente han tenido las organizaciones pol铆ticas revolucionarias en otras circunstancias hist贸ricas, debiendo destacarse al respecto que la nueva vanguardia no debe ser sustituta de las clases populares en el ejercicio del poder, y que debe ser pol铆ticamente abierta a la sociedad y organizativamente horizontal en su vida pol铆tica interna, lo cual no impide que al inicio del proceso de instauraci贸n del nuevo modelo pol铆tico sea inevitable en cierto modo dicha sustituci贸n, que debe ser eliminada gradualmente en la medida en que las clases populares adquieran la capacidad de ejercer directamente el poder o se transformen de sujetos sociales en sujetos pol铆ticos.

Las caracter铆sticas del nuevo tipo de vanguardia tampoco pueden impedir que en determinadas circunstancias 茅sta deba cerrarse o verticalizarse, pues esto no es un asunto de principios, ya que mientras existan los antagonismos de clase y por tanto, mientras el poder sea necesario y como consecuencia de ello deba ejercerlo una clase o grupo de 茅stas, la democracia ser谩 un instrumento legitimador al servicio del poder de clase existente o en formaci贸n, mientras por su parte el poder en el caso del movimiento revolucionario, es un medio para la transformaci贸n revolucionaria de la sociedad, y el sentido que tiene por tanto el ejercicio directo del poder pol铆tico por las clases populares no es tanto la instauraci贸n de la democracia como un principio 茅tico, sino su instauraci贸n como algo indispensable para que existan condiciones adecuadas a la creaci贸n deliberada de la conciencia social requerida para lograr en el largo plazo la distribuci贸n comunista de las riquezas.

Una raz贸n adicional a las ya se帽aladas para considerar que la 煤nica alternativa posible e hist贸rica civilizada frente al neoliberalismo no es una nueva variante del capitalismo, sino el socialismo, es que para los revolucionarios, ejercer el poder no tiene sentido si no es para hacer la revoluci贸n, pues de lo contrario surge la frustraci贸n, se dividen las filas revolucionarias y retrocede la conciencia social alcanzada hasta ese momento. El poder surgi贸 para oprimir, no para hacer la revoluci贸n, pero es indispensable para esto 煤ltimo, porque si no lo ejercen las clases populares lo ejercer谩n las clases pudientes, mientras existan los antagonismos de clase y por tanto, mientras el poder sea necesario.

El poder por tanto, es indispensable para hacer la revoluci贸n, pero es reaccionario por naturaleza, raz贸n por la cual si no es ejercido en concordancia con los principios revolucionarios y las metas de la transformaci贸n revolucionaria de la sociedad (es decir, si no es ejercido de modo tal que deje de ser necesario en un largo plazo hist贸rico al desaparecer las condiciones que lo definen como tal, sobre todo los antagonismos de clase), en lugar de un medio (tan indeseable como necesario) para la transformaci贸n revolucionaria de la sociedad, puede terminar siendo un medio para la deformaci贸n reaccionaria de los revolucionarios que pretenden mediante 茅l, llevar a cabo dicha transformaci贸n.

Puede afirmarse, por tanto, que el poder es tan da帽ino para los que lo ejercen si 茅stos son revolucionarios, que no vale la pena ejercerlo si no es para hacer la revoluci贸n. Y la 煤nica manera de hacerlo de manera tal que sea para eso, es asegurando que sea ejercido directamente por las clases populares y garantizando la vinculaci贸n con ellas de la vanguardia, pues el poder deforma a los individuos, pero educa a las clases sociales que lo ejercen. Las clases pudientes, en este sentido, tienen la ventaja de que desde el punto de vista de la conciencia social que les es favorable, el ejercicio individual del poder no se contradice con el ejercicio del poder por la clase social cuyos intereses defienden los individuos que lo ejercen.

Debe dejarse claro, sin embargo, que la defensa del orden establecido necesita instituciones, pero los cambios revolucionarios necesitan l铆deres que inspiren confianza para contrarrestar el temor naturalmente humano a lo desconocido, y es m谩s fuente de seguridad algo concreto como una persona capaz de encarnar los anhelos revolucionarios del pueblo que un conjunto de ideas abstractas cuya identificaci贸n es mucho m谩s complicada y prolongada que la de un l铆der. Es por eso que el liderazgo personal (como encarnaci贸n – y en tanto lo sea – del liderazgo de la vanguardia revolucionaria organizada) juega un papel crucial en la primera etapa de un proceso revolucionario, porque aunque la revoluci贸n la hagan los pueblos y las vanguardias revolucionarias, esos pueblos y vanguardias no tendr谩n el imaginario colectivo revolucionario requerido para el impulso revolucionario primigenio sin ese liderazgo personal al que hacemos referencia, y al que sin embargo le ser铆a casi imposible cumplir su cometido si se concibe como sustituto de los m茅todos cient铆ficos de direcci贸n, que incluyen el car谩cter colectivo de 茅sta como parte del centralismo democr谩tico; sustituci贸n que implica un gran peligro de que el l铆der se transfigure en un caudillo cada vez m谩s divorciado de lo que el proceso revolucionario requiere de su actitud y su conducta.

Las revoluciones, pues, necesitan l铆deres; en cambio, la defensa del orden que la revoluci贸n debe cambiar s贸lo necesita administradores que pueden ser relevados cada cierto tiempo sin mayores problemas. Esta es una ventaja pol铆tica de la derecha, que puede as铆 presentar propagand铆sticamente a los l铆deres revolucionarios como aferrados al poder a t铆tulo personal. Otra ventaja de la derecha en este sentido es que la necesidad del liderazgo personal dificulta la incorporaci贸n en el imaginario social, de que es un nuevo proyecto de sociedad lo que est谩 en marcha y de que por tanto, no se trata simplemente de un buen gobernante que se preocupa por el pueblo, sino de un proceso revolucionario cuyo sost茅n est谩 en la lucha revolucionaria de los sectores m谩s conscientes del pueblo, m谩s que en la presencia personal de un l铆der, lo cual es decisivo en la formaci贸n de la nueva conciencia social, y en lo cual, parad贸jicamente, la labor educativa del l铆der es fundamental, y parte indispensable de la misi贸n que al respecto tiene la vanguardia, sin cuya presencia con todos sus atributos aumenta exponencialmente el peligro de que el l铆der no juegue un papel revolucionario o que deje de jugarlo en determinado momento. Sin liderazgo no hay revoluci贸n, y sin vanguardia pol铆tica organizada no hay liderazgo revolucionario.

En vista de lo planteado sobre el nuevo modelo pol铆tico socialista, el principio rector apropiado para describirlo puede ser: la vanguardia para dirigir (como el sujeto pol铆tico de la nueva revoluci贸n con rumbo al socialismo, o lo que es igual, sujeto conductor del proceso revolucionario) desde su presencia organizada permanente en todos los 谩mbitos de la vida social y en los espacios institucionales creados por la revoluci贸n para que desde ellos el pueblo ejerza directamente el poder; el pueblo para mandar (las clases populares puestas de manifiesto en la nueva figura del ciudadano en tanto sujeto social y pol铆tico protag贸nico de la democracia directa como modelo pol铆tico del nuevo socialismo) mediante su potestad decisoria ejercida desde una institucionalidad creada y/o estimulada con tal prop贸sito por la vanguardia revolucionaria; y el gobierno para obedecer lo que el pueblo mande a trav茅s de esos nuevos mecanismos institucionales (es decir: la vanguardia para dirigir, el pueblo para mandar y el gobierno para obedecer).

Una muestra de la necesidad de la vanguardia es el hecho de que los ciudadanos de la democracia representativa, por lo general, no demandan el poder colectivo para s铆 mismos, limitando sus aspiraciones a que el poder se ejerza de alguna manera en su beneficio, al igual que sucede con los trabajadores sindicalizados, los cuales como clase en s铆, no demandan espont谩neamente el poder pol铆tico para la clase a la cual pertenecen, sino reivindicaciones enmarcadas en un sistema que incluye el ejercicio del poder por las clases sociales que les son adversas; de modo que solamente una vanguardia revolucionaria que sea la expresi贸n organizada de los individuos que han trascendido la subjetividad del ciudadano individual y pasivo para alcanzar la del sujeto social activo y que encarnan la conciencia de las clases populares como clases para s铆, tiene la posibilidad y la capacidad de crear un nuevo poder, que al ser ejercido directamente por las clases cuyos intereses se oponen al car谩cter reaccionario del poder como tal, termine perdiendo su car谩cter como medio de dominaci贸n pol铆tica para convertirse en la capacidad del ser humano para controlar su propia existencia social; es decir, la vanguardia revolucionaria (y s贸lo ella) crea un poder que no es para s铆 misma (y que s贸lo ella puede crear), sino para la clase cuyos intereses defiende esa vanguardia, los cuales tienen como m谩xima expresi贸n la transformaci贸n revolucionaria de la sociedad y la construcci贸n social consciente, que constituyen la raz贸n de ser de esa vanguardia revolucionaria.

El socialismo como nuevo modo de producci贸n y distribuci贸n. El comunismo como nuevo modo de distribuci贸n y como nueva civilizaci贸n.

Por su parte, el nuevo modelo econ贸mico socialista consistir铆a en la socializaci贸n autogestionaria o cuentapropista de la propiedad sobre los medios de producci贸n para el ejercicio directo de la propiedad y el control de la producci贸n por los trabajadores. En el 谩mbito ideol贸gico-cultural, vinculado estrechamente con el econ贸mico (productivo-distributivo), la clave estar铆a en el peso creciente de los est铆mulos morales y materiales de tipo colectivo para el trabajo capaces de generar el aumento gradual de las motivaciones espirituales para el mismo, haciendo as铆 posible el paso de la distribuci贸n seg煤n el trabajo a la distribuci贸n seg煤n las necesidades, en el marco del tambi茅n creciente control de la producci贸n por los trabajadores.

El l铆mite de las necesidades tendr铆a que pasar por la ya mencionada incorporaci贸n en la nueva conciencia social, de la capacidad de apreciar lo propio, la cual junto a la motivaci贸n espiritual para el trabajo, depende del aprecio de lo espiritual por encima de lo material, en oposici贸n al inviable aumento irracional de las necesidades materiales tan caracter铆stico de la mentalidad humana en la sociedad de consumo, una de tantas razones por las que el Che contradec铆a la afirmaci贸n marxista manualesca de que el principio fundamental del socialismo es la satisfacci贸n de las necesidades materiales crecientes de los individuos, planteando en su lugar su postulado marxista revolucionario de que la ley fundamental del socialismo es la planificaci贸n, lo cual podemos interpretar a la luz de sus dem谩s planteamientos, como la capacidad de la sociedad para saber lo que es necesario para su m谩s pleno desarrollo espiritual y a partir de ello, definir las necesidades de su desarrollo material que si bien es determinante en 煤ltima instancia, por eso mismo debe colocarse al servicio de lo anterior; algo que en su relaci贸n con lo anterior tambi茅n lo plantea Ra煤l Sendic citando a Gandhi en el sentido de que no se trata de multiplicar las necesidades hasta el infinito, sino aislar las esenciales y solucionarlas.4 La iniciativa personal y el funcionamiento propio de una sociedad racionalmente organizada y espiritualmente definida mediante valores predominantes que se corresponden con la condici贸n humana, se encargan del resto.

Estamos refiri茅ndonos, pues, al paso del viejo socialismo (estatista en lo econ贸mico y burocr谩tico en lo pol铆tico) al nuevo socialismo (autogestionario o cuentapropista en lo econ贸mico y protag贸nico en lo pol铆tico), el cual como nuevo modelo hist贸rico se encuentra en construcci贸n pr谩ctica y te贸rica. En Am茅rica Latina y el Caribe (a excepci贸n de Cuba) se trata de un modelo socialista del siglo XXI surgido directamente del capitalismo, mientras en Asia y Cuba son modelos correspondientes al socialismo del siglo XX en proceso de adecuaci贸n a las nuevas condiciones hist贸ricas, a excepci贸n de Corea del Norte, donde se mantiene un modelo socialista con caracter铆sticas culturales propias y que no ha sufrido transformaciones significativas desde su instauraci贸n a mediados del siglo XX. En el caso de Cuba, su particularidad ha estado en la fuerte influencia de las concepciones marxistas del Che (que sin embargo, no siempre prevalecieron en la conducci贸n pol铆tica revolucionaria cubana) y la fuerza del liderazgo de Fidel Castro, firme partidario e inspirador en gran medida, de los planteamientos guevarianos.

Hacia el mayor grado posible de invulnerabilidad e irreversibilidad de los procesos revolucionarios.

Pero cada naci贸n, pa铆s y regi贸n tiene sus propias particularidades en el marco de un mismo contexto hist贸rico, de donde surgen los modelos socialistas territoriales, precisamente originarios del modelo hist贸rico, que es com煤n a todos ellos, porque es de la pr谩ctica que nace la teor铆a, aunque sin 茅sta la primera pierde su sentido de orientaci贸n y se frustra. Igual sucede con la estrategia de lucha revolucionaria a nivel mundial. Pero para definir el nuevo modelo socialista hist贸rico, indispensable en un cambio de 茅poca como el que vivimos; para dise帽ar una estrategia revolucionaria mundial y continental, algo vital en un mundo en el cual, m谩s que nunca antes, lo que sucede en una parte de 茅l influye en otras y en todas partes; para que los modelos alternativos regionales y las estrategias de lucha nacionales puedan enriquecer el modelo hist贸rico y la lucha revolucionaria a nivel global, es necesaria la organizaci贸n mundial de vanguardia del movimiento revolucionario.

Las caracter铆sticas espec铆ficas de tal organizaci贸n (que permitan combinar la acci贸n conjunta de los revolucionarios del mundo con respeto a la diversidad territorial y cultural, y que impida cometer viejos errores de otras experiencias hist贸ricas similares) son ya otro tema, al que nos hemos referido en otros momentos. Lo importante es no tan s贸lo saber que esto es necesario, sino hacer algo al respecto y sobre la marcha, definir lo que la realidad demande. De ah铆 el llamado simult谩neo que a finales de 2010 hicieran l铆deres como Hugo Ch谩vez y Daniel Ortega, a organizar lo que el primero llamara la Quinta Internacional y el segundo, la Internacional de los Pueblos.

Si algo est谩 demostrando el imperialismo es que piensa y act煤a globalmente, aunque esa acci贸n se manifieste inicialmente a nivel local, mientras ciertos gur煤es a su servicio, profetas de la eterna miseria espiritual y material, nos llaman a pensar globalmente y actuar localmente. Si la tendencia que se impone en las filas progresistas y revolucionarias en el mundo es a no trascender lo territorial, la izquierda y el movimiento revolucionario ser谩n derrotados y esta vez, ser铆a para siempre, perdiendo una oportunidad hist贸rica irrepetible cuando lo que est谩 en juego es la supervivencia misma de nuestra especie.

O se impone la irracionalidad y la falta de principios con la ayuda indispensable de nuestros c谩lculos mezquinos y est煤pidos alentados por el car谩cter reaccionario de las diminutas parcelas de poder que ejercemos, y la humanidad sucumbe; o se impone la racionalidad y la espiritualidad propias de nuestra condici贸n humana, gracias a la indispensable trascendencia de lo individual hacia lo social en la actitud revolucionaria ante la vida, seg煤n la cual el sentido de 茅sta es la revoluci贸n, de manera que la humanidad sobreviva y se supere a s铆 misma como es capaz de hacerlo el ser humano a nivel individual y como lo haremos todas y todos cuando as铆 lo propicien las nuevas condiciones sociales que habremos creado con el triunfo del movimiento revolucionario, con el triunfo de los pueblos y con la derrota final y total del imperialismo.

La reacci贸n mundial a trav茅s de sus formidables centros de poder promueve en estos momentos la estrategia de los golpes de Estado light contra gobiernos considerados hostiles a las pol铆ticas hegem贸nicas de las grandes potencias imperialistas. Tales golpes de Estado se caracterizan por surgir de situaciones artificialmente montadas sobre la base de ciertos temas debidamente manipulados y alrededor de los cuales se generan determinados estados de opini贸n mediante la industria medi谩tica y los ej茅rcitos cibern茅ticos que act煤an desde las redes sociales para crear realidades cuyo origen virtual no evita su condici贸n pr谩ctica, y que aunque tambi茅n pueden ser utilizadas en contra del sistema mundialmente dominante, las fuerzas revolucionarias dispersas no lo han hecho eficazmente, pues la mayor parte de los simpatizantes y militantes de izquierda o aislados individuos antisistema que hacen uso de estos medios no trascienden la virtualidad del ciberespacio por esa dispersi贸n como expresi贸n de la falta de organizaci贸n, creyendo en muchos casos que se puede hacer la revoluci贸n sin pasar de las redes sociales virtuales a la organizaci贸n social y pol铆tica real, 煤nica capaz de llevar a la pr谩ctica el cambio revolucionario.

Los golpes de Estado en cuesti贸n son tales no siempre por el hecho de que una parte del Estado violenta el orden leg铆timamente constituido imponi茅ndose contra el mismo a la otra parte, sino porque los poderes f谩cticos locales y/o mundiales imponen su voluntad al poder institucional leg铆timamente constituido, lo cual se disfraza convenientemente como levantamiento popular, cuando en la mayor铆a de los casos son bandas de perturbados a quienes de pronto se les hace sentir due帽os de una situaci贸n que en realidad est谩 controlada por esos grandes centros de poder causantes de todas las desgracias sociales imaginables, incluyendo las que atraviesan algunos de quienes se involucran en tales situaciones.

Lo que podr铆amos llamar la versi贸n “guarimbera” de esta variante intervencionista tiene en Venezuela la particularidad de ser el primer ensayo de este tipo en las actuales circunstancias mundiales, en un pa铆s donde se desarrolla un proceso revolucionario de construcci贸n del nuevo modelo socialista hist贸rico, adem谩s de ser el impulsor de la actual ofensiva pol铆tica de la izquierda en Am茅rica Latina y el Caribe, que a su vez se constituye como la avanzada de la nueva oleada revolucionaria mundial despu茅s del colapso de los viejos modelos socialistas en la Uni贸n Sovi茅tica y Europa del Este. En este caso se ha combinado la incidencia de los poderes f谩cticos en franco debilitamiento y aprovechando lo que ser铆a su 煤ltima oportunidad de acci贸n en alguna medida efectiva, con la participaci贸n de poderes institucionales locales que cuentan con el peligroso control jur铆dicamente leg铆timo de personal armado (policial y de seguridad), aunque muy limitados y sin posibilidad b茅lica alguna en comparaci贸n con las fuerzas armadas, en las que hay una clara hegemon铆a revolucionaria.

Algo que no podr谩n comprender las fuerzas reaccionarias es que la fortaleza pol铆tica de la Revoluci贸n Bolivariana hace que esta aventura de la reacci贸n mundial en el pa铆s sudamericano sea inviable para el derrocamiento del poder revolucionario. La tendencia actual indica el gradual debilitamiento de la ofensiva derechista en ese pa铆s, en gran medida gracias a la inteligente y aleccionadora estrategia de la dirigencia bolivariana, de responder inmediatamente a la histeria guerrerista contrarrevolucionaria con alegr铆a pac铆fica revolucionaria; es decir, la estrategia de responder a la violencia con paz, al menos mientras las condiciones lo permiten y haci茅ndolo de modo que se pueda evitar el advenimiento de condiciones distintas en ese sentido.

Una derecha que ha batido r茅cords en derrotas pol铆ticas consecutivas s贸lo puede tener como salida la desestabilizaci贸n y si fuera posible, la guerra. Por la trascendencia continental de lo que ocurre en Venezuela, todo lo que all铆 sucede adquiere dimensiones continentales. El sorpresivamente ajustado resultado electoral en El Salvador es una muestra de ello, y convierte en una verdadera proeza sin precedentes ese triunfo hist贸rico del FMLN frente a la campa帽a sucia del miedo basada en la situaci贸n que lleg贸 a crear artificialmente la ultraderecha fascista en Venezuela. La maniobra de la derecha cavernaria salvadore帽a (c茅lebre por sus cr铆menes de lesa humanidad) de presentar los hechos protagonizados por sus hom贸logos venezolanos como algo que suceder谩 en El Salvador, lleg贸 a tal extremo que estuvieron empe帽ados en “guarimbear” El Salvador a煤n antes de asumir el gobierno Salvador S谩nchez Cer茅n.

Situaciones como estas, pero tambi茅n cualquier otra situaci贸n definitoria del futuro en el continente y muy posiblemente en el mundo, solamente pueden ser encaradas exitosamente por el movimiento revolucionario desde una vanguardia organizada a nivel continental y mundial, independientemente del nombre y eso s铆, con caracter铆sticas que la hagan efectiva y superior a otras experiencias hist贸ricas similares. Esto no invalidar铆a los espacios de convocatoria ya existentes a nivel continental y mundial, pero cuya naturaleza es otra y que sin embargo seguir铆an siendo necesarios, como el Foro de Sao Paulo y el seminario anual de partidos progresistas y de izquierda convocado desde los a帽os noventa por el Partido del Trabajo de M茅xico, que son hoy por hoy, las m谩s notables expresiones de convocatoria de la izquierda a nivel mundial, aunque deben dar pasos sustantivos en busca de una mayor efectividad pr谩ctica de sus deliberaciones, como lo ha hecho ya el Foro de Sao Paulo en cierta medida y en gran parte producto, precisamente, de este debate sobre la necesidad de mayores niveles de organizaci贸n de la izquierda a nivel continental y mundial, acerca de lo cual nadie deber铆a olvidar el llamado de Hugo Ch谩vez en el XVIII Encuentro del Foro de Sao Paulo en Caracas, a contar no solamente con an谩lisis, discursos y listas de acciones a realizar, sino tambi茅n con el Plan de Batalla, el Comando y sobre todo, el Ej茅rcito Revolucionario para librar una lucha que no podr谩 triunfar si no adquiere ese nivel organizado continental y mundial en t茅rminos estrat茅gicos y program谩ticos que a煤n no tiene, y que urgentemente debe tener.

Desde nuestro punto de vista, lograr la meta de la organizaci贸n mundial revolucionaria de vanguardia (sin la cual disminuyen dram谩ticamente las posibilidades de sobrevivencia y consolidaci贸n del proceso revolucionario latinoamericano y caribe帽o, as铆 como el paso a la ofensiva del movimiento revolucionario a nivel mundial) ser铆a la mejor manera de mantener presente entre nosotros (en nuestra acci贸n, nuestro pensamiento y nuestros sentimientos revolucionarios) a ese l铆der revolucionario mundial de estos nuevos tiempos que fue y es Hugo Ch谩vez. Ya es momento de que pasemos de las loas solemnes a las acciones pr谩cticas como homenaje a referentes revolucionarios tan universales como el Che y Ch谩vez, entre cuyas caracter铆sticas comunes estuvieron su rechazo a las loas y solemnidades, y su verdadera pasi贸n por poner de manifiesto sus ideas en la pr谩ctica.

La organizaci贸n de la vanguardia revolucionaria a nivel mundial y la apropiaci贸n del proceso revolucionario por las clases populares mediante el dise帽o e implementaci贸n del nuevo modelo en lo pol铆tico y lo socioecon贸mico, as铆 como a trav茅s de su instalaci贸n en la conciencia social, son indispensables para lograr el mayor grado posible de invulnerabilidad e irreversibilidad de los procesos revolucionarios, lo cual no significa que 茅stos puedan ser invulnerables e irreversibles en t茅rminos absolutos, pues como bien se帽ala Mao Tse-tung, no hay recetas generales suficientes para hacer lo necesario en cada momento hist贸rico y en cada situaci贸n espec铆fica, de modo que cada circunstancia sociohist贸rica requiere de la iniciativa suficiente para la creaci贸n intelectual que permita saber cu谩l es la acci贸n espec铆fica que demanda el momento y el lugar donde la revoluci贸n o la construcci贸n del socialismo est谩n a la orden del d铆a.

Es interesante lo que dice al respecto G茅rard Boulakian en su sobrecogedora obra El testamento de Mao, en el sentido de que para Mao no basta poner en pr谩ctica hoy los valores de ma帽ana con el convencimiento de que ello s贸lo ayudar谩 a conseguir la sociedad del futuro (…) Mao cre铆a que los hombres deben ser aguijoneados sin cesar (…); la Revoluci贸n no morir谩 si se “est谩 encima de ella” (…) Mao intuy贸 que el l铆der revolucionario no ha de emplear siempre las mismas t茅cnicas, sino que ha de idear continuamente otras nuevas. Sin ello, la Revoluci贸n sucumbir铆a…5

Las ideas revolucionarias, a diferencia de las reaccionarias, apuestan a la capacidad del ser humano para tomar el control de su existencia social creando una realidad socioecon贸mica y pol铆tica que se corresponda con su condici贸n o lo que es igual, con su racionalidad y su espiritualidad; es decir, su capacidad para crear una realidad social a la altura de s铆 mismo; algo adem谩s indispensable para que lo ya hecho en similar medida con la realidad material no termine siendo una cat谩strofe que ponga fin a la existencia humana.

Las ideas revolucionarias tienen la gran ventaja sobre las reaccionarias, de que las grandes metas que de ellas se derivan no pueden ser presentadas por sus adversarios como algo no deseable para el g茅nero humano, sino a lo sumo como algo imposible de lograr. Por tanto, la diferencia entre las ideas revolucionarias y las que no lo son es que al contrario de 茅stas (que invitan al ser humano a no creer en s铆 mismo), las ideas revolucionarias tienen como punto de partida la convicci贸n de que el ser humano es capaz de crearse a s铆 mismo mediante la creaci贸n de una realidad social en correspondencia con la mayor sabidur铆a imaginable y con los m谩s preciados valores forjados en la formaci贸n de su espiritualidad, m谩xima expresi贸n de la condici贸n humana misma.

Ser revolucionario es creer en la capacidad de realizaci贸n espiritual a nivel de toda la humanidad mediante la superaci贸n de s铆 mismo que cada individuo es capaz de lograr en determinadas circunstancias, llevada a nivel de toda la sociedad; es por tanto, creer en la posibilidad de la felicidad para toda la sociedad humana, creando las condiciones adecuadas para ello; adquirir y si es posible, crear el conocimiento cient铆fico y la sabidur铆a que son necesarios para hacer de esa posibilidad una realidad; convertir eso en raz贸n de ser, luchar organizadamente para lograr ese objetivo y dedicar a eso la propia vida; es por tanto, ser protagonista consciente de la lucha del ser humano por crear una realidad social a la altura de su propia condici贸n como tal, es decir de su racionalidad y espiritualidad. Las grandes metas de la revoluci贸n son por eso mismo como la felicidad: Se alcanzan en el camino que conduce a ellas. Quiz谩s por eso en Nicaragua a nuestra Revoluci贸n Sandinista, por costumbre guerrillera, le pusimos un pseud贸nimo: el Proceso.

Aplicando en Nicaragua las ideas aqu铆 expuestas nos ha ido muy bien. Lo sabe cualquiera que est茅 medianamente informado y en otras ocasiones nos hermos referido a ello, por lo cual aqu铆 solamente nos referiremos a que hemos aprendido el peligros铆simo arte de vencer al enemigo con sus propias reglas del juego llegando al extremo de casi ser partido 煤nico a punta de votos en el contexto de la democracia representativa que estamos sustituyendo gradualmente por la democracia directa. Justo es decir que nuestros logros habr铆an sido imposibles sin el apoyo de la Uni贸n Sovi茅tica, el ejemplo y el apoyo de la Revoluci贸n Cubana y el apoyo vital que recibimos de la Revoluci贸n Bolivariana.

En 1959 triunf贸 la Revoluci贸n Cubana, que inaugur贸 toda una 茅poca, destruyendo el mito de la “cortina de hierro” y recuperando para Am茅rica Latina el car谩cter revolucionario del marxismo a partir del pensamiento de nuestros pr贸ceres. Veinte a帽os despu茅s, en 1979, triunf贸 la Revoluci贸n Sandinista, que dej贸 atr谩s el mito de la excepcionalidad del triunfo de la lucha armada en Cuba y la consiguiente imposibilidad de otra experiencia similar en nuestro continente. Luego de otros veinte a帽os, en 1999, triunf贸 la Revoluci贸n Bolivariana, dando inicio a la actual ofensiva revolucionaria en Am茅rica Latina y destrozando el mito del fin de la historia y las ideolog铆as, y de la irreversibilidad de la m谩s grande derrota sufrida por el movimiento revolucionario en su historia con el derrumbe de la Uni贸n Sovi茅tica.

Falta poco ya para se cumplan otros veinte a帽os desde el triunfo de la Revoluci贸n Bolivariana. Los revolucionarios no podemos esperar a que suceda algo: Debemos hacer que suceda lo que debe suceder. La necesidad hist贸rica no act煤a por su propia cuenta: es la vanguardia pol铆tica revolucionaria organizada, producto ella misma de una necesidad hist贸rica, la que debe actuar para responder a 茅sta, como lo es en este momento la organizaci贸n de la vanguardia revolucionaria mundial que, consensuando una estrategia y definiendo con mayor nitidez el nuevo modelo socialista hist贸rico en la diversidad de realidades existente, logre la consolidaci贸n de los actuales procesos revolucionarios y modelos alternativos, y el avance de la lucha contra el sistema imperante, extendiendo la ofensiva revolucionaria al mundo entero, justo a tiempo para que la humanidad sobreviva a su negaci贸n por un sistema que es causante de todas sus desgracias y se encamine hacia una realidad en la cual la sociedad humana se corresponda con la condici贸n que le es propia.

1 Lenin, Vladimir I., La bancarrota de la II Internacional, Editorial Progreso, Mosc煤, sf, p. 13.

2 Lenin, Vladimir I., Idem.

3 Marx, Carlos, Cr铆tica del Programa de Gotha. Https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/gotha.htm#i.

4 Sendic, Ra煤l, Reflexiones sobre pol铆tica econ贸mica, Mario Zanocchi Editor, 1985, p. 59.


5 Boulakian, G茅rard, El testamento pol铆tico de Mao…, pp. 149 y 150, Plaza y Jan茅s, Barcelona, 1977.