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s谩bado, 19 de septiembre de 2026

Los Vargas Llosa, el fujimorismo y el nuevo Per煤 de Trump: cuando el neoliberalismo se encuentra con la ultraderecha

Por Javier Huerta


Hay apellidos que forman parte de la historia pol铆tica de un pa铆s hasta el punto de convertirse en aut茅nticos s铆mbolos de una determinada 茅poca. En el Per煤 contempor谩neo, Vargas Llosa y Fujimori representan dos de esos apellidos. Durante d茅cadas estuvieron enfrentados y llegaron a encarnar proyectos pol铆ticos que parec铆an irreconciliables dentro del campo de la derecha peruana. En 1990, Mario Vargas Llosa concurri贸 a las elecciones presidenciales al frente del Frente Democr谩tico, defendiendo un programa de profundas reformas econ贸micas basado en la liberalizaci贸n, la apertura de la econom铆a y una reducci贸n sustancial de la intervenci贸n del Estado. Frente a 茅l apareci贸 Alberto Fujimori, un candidato hasta entonces pr谩cticamente desconocido para buena parte de las 茅lites pol铆ticas y econ贸micas del pa铆s, que acabar铆a imponi茅ndose en las urnas. Lo que vino despu茅s marcar铆a profundamente la historia peruana: el autogolpe de 1992, la concentraci贸n del poder, la corrupci贸n y las graves violaciones de derechos humanos cometidas durante su r茅gimen. Vargas Llosa se convirti贸 entonces en uno de los principales adversarios intelectuales del fujimorismo. Sin embargo, tres d茅cadas despu茅s, aquella antigua frontera pol铆tica se ha desdibujado hasta pr谩cticamente desaparecer. El hijo del hombre que se enfrent贸 electoralmente a Alberto Fujimori se prepara ahora para representar en Washington al Gobierno de su hija, Keiko Fujimori, precisamente cuando Lima estrecha sus relaciones pol铆ticas y de seguridad con la Administraci贸n de Donald Trump.

La evoluci贸n pol铆tica de Mario Vargas Llosa ayuda a comprender c贸mo se ha producido este desplazamiento. El escritor no comenz贸 su trayectoria en la derecha. Durante su juventud mantuvo posiciones de izquierda y lleg贸 a simpatizar con la Revoluci贸n cubana, pero su posterior ruptura con el castrismo y su evoluci贸n intelectual le llevaron hacia el liberalismo pol铆tico y econ贸mico. A partir de los a帽os ochenta se convirti贸 en uno de los principales defensores latinoamericanos de las pol铆ticas de mercado, la propiedad privada, la reducci贸n del papel econ贸mico del Estado y la apertura de las econom铆as nacionales. Su candidatura presidencial de 1990 fue la expresi贸n pol铆tica de esa transformaci贸n. A partir de entonces, Vargas Llosa pas贸 a ser una de las figuras intelectuales m谩s influyentes del liberalismo latinoamericano, participando activamente en los debates pol铆ticos de la regi贸n y respaldando durante a帽os proyectos que defend铆an la aplicaci贸n de pol铆ticas econ贸micas neoliberales. Pero aquella evoluci贸n continuar铆a. Con el paso del tiempo, su oposici贸n a la izquierda fue adquiriendo una importancia cada vez mayor y sus alianzas pol铆ticas comenzaron a aproximarle a sectores conservadores que ya no representaban 煤nicamente el viejo liberalismo econ贸mico. Su apoyo a Jair Bolsonaro en Brasil, a Jos茅 Antonio Kast en Chile y a otras candidaturas de la derecha radical latinoamericana mostr贸 hasta qu茅 punto hab铆a cambiado el espacio pol铆tico en el que se mov铆a. Lo significativo no es solamente la trayectoria individual del escritor, sino un fen贸meno mucho m谩s amplio: una parte del antiguo liberalismo latinoamericano ha terminado encontrando espacios de coincidencia con las nuevas derechas radicales, incorporando a su defensa del mercado posiciones mucho m谩s duras en materia de seguridad, inmigraci贸n, identidad, orden p煤blico y confrontaci贸n con la izquierda.

El cambio resulta especialmente revelador cuando se observa la relaci贸n con el fujimorismo. Durante a帽os Vargas Llosa sostuvo una oposici贸n frontal a Alberto Fujimori y posteriormente a su hija Keiko. Sin embargo, en 2021, ante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales entre Keiko Fujimori y Pedro Castillo, el escritor pidi贸 votar por la candidata de Fuerza Popular. El argumento utilizado entonces fue que, frente a Castillo, hab铆a que optar por Fujimori como alternativa para impedir el avance de la izquierda. Aquella decisi贸n cerr贸 una de las grandes contradicciones de su trayectoria pol铆tica: quien hab铆a construido buena parte de su identidad p煤blica enfrent谩ndose al fujimorismo termin贸 respaldando electoralmente a su principal heredera pol铆tica. Despu茅s de su muerte, esa aproximaci贸n no desapareci贸 con 茅l. 脕lvaro Vargas Llosa asumi贸 p煤blicamente el respaldo a Keiko Fujimori durante las elecciones de 2026, llegando a sostener que su padre probablemente tambi茅n habr铆a apoyado su candidatura. El movimiento adquiri贸 una dimensi贸n institucional cuando Keiko Fujimori anunci贸 que 脕lvaro Vargas Llosa ser铆a propuesto como embajador del Per煤 en Estados Unidos. Si el proceso diplom谩tico culmina formalmente, ser谩 precisamente el hijo de aquel candidato presidencial que en 1990 se enfrent贸 a Alberto Fujimori quien representar谩 en Washington al Gobierno de la hija de su antiguo adversario.

La fotograf铆a pol铆tica adquiere todav铆a mayor significado por el momento en que se produce. El anuncio del futuro embajador coincide con una ofensiva diplom谩tica del Gobierno peruano para estrechar sus relaciones con Estados Unidos y con la visita a Lima del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. Durante esa visita, Keiko Fujimori confirm贸 la incorporaci贸n del Per煤 al denominado Escudo de las Am茅ricas, iniciativa promovida por Washington para reforzar la cooperaci贸n entre distintos gobiernos del continente en materia de seguridad y lucha contra las organizaciones criminales transnacionales. La medida ha sido presentada por el Gobierno peruano como una respuesta necesaria ante el crecimiento del crimen organizado y como una forma de mejorar la cooperaci贸n internacional, pero se produce dentro de un contexto geopol铆tico mucho m谩s amplio. La Administraci贸n Trump est谩 tratando de recuperar espacio pol铆tico y estrat茅gico en Am茅rica Latina, al mismo tiempo que observa con creciente preocupaci贸n la expansi贸n de la presencia econ贸mica de China en la regi贸n. Per煤 ocupa una posici贸n especialmente importante en esta disputa debido a sus relaciones comerciales con China y a la importancia estrat茅gica adquirida por el puerto de Chancay. De esta manera, la nueva relaci贸n con Washington no puede contemplarse 煤nicamente desde la perspectiva de la lucha contra el narcotr谩fico o la delincuencia: forma parte tambi茅n de una pugna por la influencia econ贸mica, pol铆tica y estrat茅gica en el Pac铆fico latinoamericano.

El Gobierno de Keiko Fujimori est谩 construyendo buena parte de su discurso alrededor de la seguridad y de la necesidad de recuperar la autoridad del Estado frente al crimen organizado. En un pa铆s que arrastra una profunda crisis institucional y una percepci贸n creciente de inseguridad, ese discurso encuentra un terreno especialmente favorable. El problema aparece cuando la respuesta a la criminalidad comienza a traducirse en una ampliaci贸n permanente de las facultades de las fuerzas de seguridad, una reducci贸n de los controles sobre su actuaci贸n o una utilizaci贸n cada vez m谩s amplia de instrumentos excepcionales. En julio de 2026, por ejemplo, fue promulgada una reforma que ampl铆a la competencia de la justicia militar y policial sobre determinados delitos cometidos por integrantes de las Fuerzas Armadas y la Polic铆a, incluso en circunstancias que afectan a civiles. Organizaciones como Amnist铆a Internacional y Human Rights Watch han expresado preocupaci贸n por las consecuencias que este tipo de reformas pueden tener para la investigaci贸n y persecuci贸n de posibles violaciones de derechos humanos. La Comisi贸n Interamericana de Derechos Humanos tambi茅n ha advertido sobre actuaciones que pueden afectar a la independencia judicial. Estas advertencias adquieren un significado especial en Per煤 porque la historia reciente del pa铆s est谩 marcada precisamente por los abusos cometidos bajo gobiernos que utilizaron la lucha contra el terrorismo y la defensa del orden p煤blico como justificaci贸n para ampliar el poder de los aparatos estatales de seguridad.

No se trata de negar la existencia del crimen organizado ni la necesidad de combatirlo. Per煤 se enfrenta a problemas reales de violencia, narcotr谩fico, extorsi贸n y penetraci贸n de organizaciones criminales, y cualquier gobierno tiene la obligaci贸n de proteger a la poblaci贸n. La cuesti贸n pol铆tica es otra: qu茅 instrumentos utiliza el Estado para hacerlo y cu谩les son los l铆mites que est谩 dispuesto a respetar. La experiencia hist贸rica demuestra que la seguridad puede convertirse en una herramienta pol铆tica extraordinariamente poderosa cuando se presenta como una cuesti贸n absoluta frente a la cual cualquier garant铆a democr谩tica aparece como un obst谩culo. Ese fue uno de los mecanismos utilizados durante el fujimorismo de los a帽os noventa, aunque el contexto actual sea diferente y no pueda establecerse una equivalencia autom谩tica entre ambos periodos. Precisamente por ello resulta necesario observar con atenci贸n la evoluci贸n de las instituciones, el papel concedido a las Fuerzas Armadas y a la Polic铆a, las reformas judiciales y la utilizaci贸n pol铆tica del discurso de la mano dura.

El paralelismo con la experiencia fujimorista tampoco puede reducirse a la cuesti贸n de la seguridad. Existe una dimensi贸n econ贸mica que resulta fundamental para comprender la continuidad de determinadas pol铆ticas. El r茅gimen de Alberto Fujimori consolid贸 en los a帽os noventa un modelo econ贸mico basado en la apertura de los mercados, las privatizaciones, la reducci贸n de la intervenci贸n estatal y la atracci贸n de capital extranjero. Aquel proceso transform贸 profundamente la econom铆a peruana y dej贸 una estructura neoliberal que, con diferentes gobiernos y matices, ha sobrevivido durante d茅cadas. Las fuerzas pol铆ticas que se han sucedido en el poder han discutido sobre numerosas cuestiones, pero el modelo econ贸mico fundamental ha demostrado una extraordinaria capacidad de permanencia. El debate actual se desarrolla, por tanto, sobre una estructura que contin煤a concediendo un enorme peso a la inversi贸n privada y al mercado, mientras amplios sectores sociales siguen reclamando respuestas frente a la desigualdad, la precariedad y la debilidad de los servicios p煤blicos. El neoliberalismo no desapareci贸 con Fujimori; se convirti贸 en parte estructural del sistema pol铆tico y econ贸mico peruano.

Lo que est谩 cambiando ahora es la forma de proteger y reforzar ese modelo en un contexto pol铆tico mucho m谩s polarizado. Las derechas latinoamericanas de las 煤ltimas d茅cadas han aprendido que ya no basta con defender las privatizaciones, la liberalizaci贸n econ贸mica o la reducci贸n del Estado. Las nuevas derechas incorporan un discurso mucho m谩s agresivo contra la izquierda, los movimientos sociales y las pol铆ticas redistributivas, al tiempo que convierten la seguridad, la autoridad y la defensa del orden en elementos centrales de su identidad. Es una combinaci贸n que puede observarse, con caracter铆sticas diferentes, en varios pa铆ses de la regi贸n y que mantiene una relaci贸n cada vez m谩s estrecha con determinadas corrientes de la derecha estadounidense. En este nuevo escenario, Trump no representa simplemente una referencia electoral para los conservadores latinoamericanos, sino un modelo pol铆tico que combina nacionalismo, proteccionismo selectivo, confrontaci贸n con la izquierda, endurecimiento de las pol铆ticas migratorias, fortalecimiento del aparato de seguridad y una pol铆tica exterior destinada a recuperar la primac铆a estadounidense en el hemisferio.

La Administraci贸n Trump est谩 intentando reconstruir precisamente esa influencia. La seguridad constituye uno de los instrumentos principales, pero detr谩s de ella existe una agenda geopol铆tica m谩s amplia. Washington quiere fortalecer sus alianzas con gobiernos considerados pr贸ximos, aumentar la cooperaci贸n militar y policial, contener la influencia de China y recuperar capacidad de intervenci贸n pol铆tica en una regi贸n donde durante las 煤ltimas d茅cadas otros actores han ganado espacio. La nueva pol铆tica estadounidense hacia Am茅rica Latina est谩 encontrando interlocutores especialmente receptivos entre los gobiernos de derecha que comparten la preocupaci贸n por la expansi贸n de China y que consideran la cooperaci贸n con Estados Unidos una herramienta para combatir el crimen organizado. La incorporaci贸n de Per煤 al Escudo de las Am茅ricas encaja en esa estrategia y sit煤a a Lima dentro de una red de cooperaci贸n regional impulsada directamente desde Washington.

La cuesti贸n de China resulta especialmente relevante para entender el inter茅s estadounidense por Per煤. Durante los 煤ltimos a帽os, China se ha convertido en uno de los principales socios comerciales del pa铆s y su presencia en infraestructuras estrat茅gicas ha crecido considerablemente. El puerto de Chancay, construido con participaci贸n de la empresa china COSCO Shipping Ports, es el ejemplo m谩s visible. Para Per煤, la relaci贸n econ贸mica con China tiene una importancia indiscutible; para Washington, la expansi贸n de la presencia china en el Pac铆fico sudamericano constituye un desaf铆o estrat茅gico. El Gobierno de Keiko Fujimori no ha roto sus relaciones econ贸micas con Pek铆n, pero su decisi贸n de profundizar el v铆nculo pol铆tico y de seguridad con Estados Unidos introduce una nueva dimensi贸n en el equilibrio internacional peruano. La disputa entre Washington y Pek铆n se proyecta as铆 sobre un pa铆s que se encuentra en una posici贸n econ贸mica y geogr谩fica especialmente sensible.

En este escenario es donde el nombramiento de 脕lvaro Vargas Llosa adquiere un significado que va mucho m谩s all谩 de su condici贸n de embajador. Su trayectoria familiar representa una parte de la evoluci贸n de las 茅lites intelectuales de la derecha latinoamericana: del liberalismo cl谩sico al neoliberalismo y, posteriormente, a una aproximaci贸n cada vez mayor a las nuevas derechas conservadoras. Su llegada a Washington como representante de un Gobierno fujimorista que est谩 estrechando sus v铆nculos con Trump convierte esa evoluci贸n en una imagen pol铆tica dif铆cil de ignorar. El apellido Vargas Llosa, que durante d茅cadas fue asociado a la oposici贸n al fujimorismo, aparece ahora integrado en el proyecto internacional del nuevo fujimorismo. La contradicci贸n hist贸rica no es menor, porque revela hasta qu茅 punto las antiguas divisiones dentro de la derecha peruana han quedado subordinadas a una nueva confrontaci贸n pol铆tica en la que el principal enemigo com煤n es la izquierda y en la que la alianza con Washington vuelve a ocupar un lugar central.

Esta transformaci贸n tambi茅n obliga a revisar una idea que durante mucho tiempo se present贸 como incuestionable: que liberalismo econ贸mico y autoritarismo pol铆tico pertenecen necesariamente a campos diferentes. La historia latinoamericana demuestra que pueden coexistir y que, en determinados momentos, las 茅lites econ贸micas pueden considerar 煤til un Estado fuerte para garantizar la estabilidad del modelo econ贸mico. Eso no significa que todo liberal sea autoritario ni que cualquier gobierno que defienda pol铆ticas de mercado termine necesariamente recurriendo a pr谩cticas autoritarias. Significa que la defensa del mercado y la defensa de las libertades pol铆ticas no son autom谩ticamente la misma cosa, y que la experiencia peruana de los a帽os noventa constituye uno de los ejemplos m谩s claros de c贸mo ambas dimensiones pueden separarse.

El Per煤 actual se encuentra ante una situaci贸n diferente, pero algunas de aquellas tensiones vuelven a aparecer bajo nuevas formas. El Gobierno de Keiko Fujimori combina la defensa de un modelo econ贸mico consolidado durante d茅cadas con un discurso de autoridad y seguridad cada vez m谩s marcado, mientras refuerza su relaci贸n estrat茅gica con Estados Unidos. En paralelo, distintos organismos internacionales han expresado preocupaci贸n por determinadas reformas relacionadas con la justicia, las fuerzas de seguridad y la independencia institucional. No ser铆a correcto afirmar que todas estas medidas convierten autom谩ticamente al Per煤 en una dictadura ni que el pa铆s reproduce exactamente el r茅gimen de Alberto Fujimori. Pero tampoco resulta razonable ignorar las se帽ales que generan preocupaci贸n cuando el fortalecimiento del poder ejecutivo, la ampliaci贸n de las competencias de las fuerzas de seguridad y el debilitamiento de determinados controles institucionales aparecen simult谩neamente.

La historia de los Vargas Llosa permite observar esta transformaci贸n desde una perspectiva particularmente reveladora. Mario Vargas Llosa pas贸 de la izquierda de su juventud al liberalismo y termin贸 apoyando a candidatos situados en la derecha radical. Despu茅s de su muerte, su hijo 脕lvaro se ha convertido en uno de los apoyos p煤blicos de Keiko Fujimori y est谩 llamado a ocupar un puesto clave en Washington. Mientras tanto, la presidenta peruana profundiza la relaci贸n con una Administraci贸n estadounidense que est谩 tratando de reorganizar las alianzas pol铆ticas y de seguridad del continente. Lo que hace treinta a帽os parec铆a una contradicci贸n —Vargas Llosa y Fujimori enfrentados— hoy aparece como una convergencia pol铆tica dentro de una derecha peruana que ha cambiado profundamente.

No estamos simplemente ante la historia de una familia ni ante una reconciliaci贸n entre dos viejos adversarios. Lo que se est谩 produciendo es una transformaci贸n de las derechas latinoamericanas en la que el viejo programa neoliberal permanece, pero se combina cada vez m谩s con discursos de orden, seguridad, nacionalismo y confrontaci贸n frontal con la izquierda. El fujimorismo peruano se inserta en esa corriente mientras busca estrechar sus relaciones con Washington y participar en la arquitectura de seguridad que la Administraci贸n Trump est谩 impulsando en Am茅rica Latina. Y los Vargas Llosa, que durante d茅cadas representaron una de las expresiones intelectuales m谩s conocidas del liberalismo latinoamericano, han terminado ocupando un espacio dentro de esa misma convergencia.

Per煤 vuelve as铆 a convertirse en un laboratorio pol铆tico de enorme importancia para Am茅rica Latina. El pa铆s deber谩 afrontar simult谩neamente la inseguridad, la desigualdad, la crisis de representaci贸n, la debilidad de sus instituciones y la presi贸n de una disputa geopol铆tica cada vez m谩s intensa entre Estados Unidos y China. La respuesta que est谩 ofreciendo el Gobierno de Keiko Fujimori pasa por reforzar la seguridad, consolidar el modelo econ贸mico heredado del ciclo neoliberal y estrechar la alianza con Washington. El problema que queda abierto es si ese camino permitir谩 resolver las profundas fracturas sociales del pa铆s o si terminar谩 profundizando un modelo en el que la autoridad del Estado se fortalece mientras las causas sociales de la desigualdad y la exclusi贸n permanecen intactas.

La fotograf铆a de este nuevo Per煤 resulta, en ese sentido, tremendamente significativa. Keiko Fujimori ocupa la Presidencia; Marco Rubio llega a Lima para reforzar la cooperaci贸n con Washington; Trump intenta recuperar el control estrat茅gico de Am茅rica Latina; China mantiene una posici贸n econ贸mica fundamental en el pa铆s; y 脕lvaro Vargas Llosa se prepara para representar al Gobierno peruano ante Estados Unidos. Los protagonistas han cambiado respecto a 1990, pero los grandes conflictos contin煤an atravesando la pol铆tica peruana: neoliberalismo frente a demandas sociales, seguridad frente a derechos, soberan铆a frente a dependencia y un pa铆s situado en medio de una disputa geopol铆tica que vuelve a convertir a Am茅rica Latina en un escenario prioritario para Washington.

Y quiz谩 sea precisamente ah铆 donde se encuentre la mayor paradoja de esta historia. El apellido Vargas Llosa naci贸 pol铆ticamente enfrentado al fujimorismo y termina formando parte de su nueva arquitectura de poder internacional. Aquella derecha que en otros tiempos aparec铆a dividida entre liberalismo y fujimorismo parece haber encontrado hoy un enemigo com煤n y una nueva referencia internacional. La Administraci贸n Trump ofrece el marco geopol铆tico; el neoliberalismo proporciona buena parte de la estructura econ贸mica; el fujimorismo aporta su tradici贸n pol铆tica y su discurso de autoridad; y los Vargas Llosa aportan una legitimidad intelectual construida durante d茅cadas en defensa del liberalismo latinoamericano.

El Per煤 de 2026 est谩 escribiendo, por tanto, un nuevo cap铆tulo de una vieja historia. Una historia en la que las derechas cambian de nombre, renuevan sus discursos y modifican sus alianzas, pero contin煤an disputando el control del Estado y del modelo econ贸mico. Esta vez, con Washington mirando hacia Lima y con un Vargas Llosa dispuesto a ocupar el lugar de embajador que simboliza, quiz谩 mejor que cualquier discurso, la extraordinaria transformaci贸n de la derecha peruana durante las 煤ltimas d茅cadas.



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jueves, 17 de febrero de 2011

Teolog铆a de la liberaci贸n y neoliberalismo.

Por Benjam铆n Forcano
La Tercera, Chile.
Previo a la exposici贸n que voy a hacer, considero importante se帽alar la actualidad y oportunidad del tema. Porque si bien es cierto que, desde antiguo, en el llamado "r茅gimen de cristiandad" exist铆a una teolog铆a legitimadora de los poderes imperialistas y colonizadores, lo es tambi茅n que en esas situaciones exist铆an ra铆ces y semillas de una teolog铆a cuetionadora y prof茅tica, liberadora, que adquiri贸 carta de ciudadan铆a en los a帽os inmediatamente posteriores al concilio Vaticano II. Podemos se帽alar como propio de la teolog铆a de la liberaci贸n el per铆odo que va de los a帽os 60 hasta nuestros d铆as.

Probablemente, no ha existido en el per铆odo posconciliar, un fen贸meno religioso tan fuerte y novedoso y que haya suscitado tanta preocupaci贸n en las esferas del poder religioso y pol铆tico. Pol铆ticamente, se lo vi贸 enseguida como un hecho peligroso y religiosamente se la catalog贸 como sospechoso de herej铆a.

En 1968, Rockefeller, despu茅s de una gira por Latinoam茅rica, dijo: "Si la Iglesia latinoamericana cumple los acuerdos de Medell铆n, los intereses de Estados Unidos, est谩n en peligro en Am茅rica Latina". Y, en tiempos del presidente Regan, la alarma se torn贸 en toque de guerra en el Documento de Santa Fe: "La pol铆tica exterior de Estados Unidos debe comenzar a enfrentar (y no simplemente a reaccionar con posterioridad) la teolog铆a de la liberaci贸n, tal como es utilizada en Am茅rica latina por el clero de la teolog铆a de la liberaci贸n".

Eclesi谩sticamente, el movimiento de la teolog铆a de la liberaci贸n cobr贸 impulso con el Vaticano II y recibi贸 consagraci贸n oficial en la reuni贸n del episcopado latinoamericano en Medell铆n.

Pero, no tard贸 en llegar la restauraci贸n y comenzaron a sonar voces de la curia romana y de la alta jerarqu铆a que ve铆an peligros y errores en la teolog铆a de la liberaci贸n. Fue Ratzinger, hoy Papa, pero entonces te贸logo y cardenal de la Congregaci贸n para la doctrina de la fe, quien en 1984 escribe un documento en el que se帽ala graves errores en la teolog铆a de la liberaci贸n. L贸gicamente fueron muchos los te贸logos que contestaron a este documento mostrando la falsedad de sus observaciones y argumentos.

No ha sido, pues, casual que la teolog铆a de la liberaci贸n haya suscitado alarma. Naciendo en las periferias sociales cristianas de Am茅rica Latina, tra铆a el clamor de millones de pobres, de pueblos enteros dominados y explotados. Y a su lado contaban con te贸logos que, solidarios con su situaci贸n, elaboraban una teolog铆a nueva, que acog铆a su grito, alentaba el despertar de sus conciencias y patrocinaba el levantamiento de su dignidad con un nuevo modo de actuar en la sociedad en conformidad con el Evangelio.

Est谩 aqu铆, creo, la clave para el que quiera entender la teolog铆a de la liberaci贸n. Desmontaba el viejo edificio del sistema opresor, construido por una teolog铆a c贸mplice, legitimadora de clases, de monopolios, de privilegios y de imperios.

La religi贸n cristiana daba un giro radical: en lugar de seguir ejerciendo de opio, de resignaci贸n, de humillaci贸n y de fatalismo pasaba a ejercer de inteligencia, de rebeld铆a, de solidaridad, de emancipaci贸n y de esperanza. La teolog铆a de la liberaci贸n pon铆a al descubierto las complicidades del poder eclesi谩stico y pol铆tico. ¡Y eso no se perdona!

Esta posici贸n ha sido com煤n en los te贸logos de la liberaci贸n. Como muestra traigo unas palabras del famosos te贸logo J.B. Metz, inspirador de la teolog铆a pol铆tica y que pronunci en 1981, en Nicaragua: "Yo vengo de una cultura cristiana y teol贸gica en la que los procesos revolucionarios se han hecho o contra la Iglesia y la Religi贸n, o sin ellas, como la Reforma, la Ilustraci贸n, la Revoluci贸n francesa y la Revoluci贸n rusa...Entre nosotros, la identidad cristiana est谩 marcada, no exclusivamente, pero s铆 fundamentalmente, por lo que llamar铆a la religi贸n burguesa. Nosotros s贸lo tenemos experiencia de una Iglesia que ha legitimado y apoyado a los poderes estatales... El tiempo en el cual la Iglesia legitima a los poderosos habr铆a pasado y habr铆a llegado la 茅poca de la liberaci贸n y de la funci贸n subversiva de la Iglesia. El tiempo de la legitimaci贸n estar铆a superado y habr铆a empezado la 茅poca de la liberaci贸n" (Servicio del Centro Ecum茅nico Valdivieso, Entrevista sobre "La Iglesia en el proceso revolucionario de Nicaragua", Managua, 1981).

No es de extra帽ar que, en este contexto, la reacci贸n tratase de organizarse para neutralizar sino obstruir el camino de esta nueva teolog铆a.

En este sentido, la teolog铆a de la liberaci贸n estaba sentenciada, se la iba a denigrar b谩rbaramente y conocer铆a la persecuci贸n dentro y fuera de la Iglesia. Han sido centenares y aun miles los m谩rtires de la teolog铆a de la liberaci贸n en los continentes de la miseria: campesinos, maestros, educadores, l铆deres sindicales, catequistas, religiosos y religiosas, sacerdotes, obispos...

En el a帽o 1978, a las ocho de la ma帽ana, en la catedral de El Salvador, escuchaba yo, en medio de centenares de campesinos la voz prof茅tica de Mons. Romero, que denunciaba los desmanes de los gobernantes contra su pueblo. Fue una hora y cuarto de homil铆a y el pueblo aplaud铆a. Aqu茅lla voz, unos meses despu茅s, el 24 de marzo, quedaba enmudecida por una bala mientras celebraba la santa misa. Y el golpe m谩s brutal de esta persecuci贸n se asest贸 contra los jesuitas de El Salvador, adalides de la teolog铆a de la liberaci贸n. Cayeron acribillados por las balas de un ej茅rcito y de un gobierno apadrinado por la pol铆tica del Pent谩gono.

¡Era muy peligrosa, c贸mo no, la teolog铆a de la liberaci贸n! Aquella religi贸n no casaba con la religi贸n tradicional, justificadora de los intereses de los ricos, de los latifundistas, de las familias adineradas, de la burgues铆a, acostumbradas a a que les bendijera sus conciencias y sus mansiones.

Pero, ¿qu茅 es la teolog铆a de la liberaci贸n?

1. Pensar el destino de la humanidad desde los pobres

Entiendo perfectamente que Leonardo Boff haya escrito: "La teolog铆a de la Liberaci贸n es la primera teolog铆a moderna que ha asumido este objetivo global: pensar el destino de la humanidad desde la condici贸n las v铆ctimas. En consecuencia, su primera opci贸n es comprometerse con los pobres, la vida y la libertad para todos".

Y sigue: "La pobreza entendida como opresi贸n revela muchos rostros: el de los ind铆genas que desde su sabidur铆a ancestral concibieron una fecunda teolog铆a de la liberaci贸n ind铆gena; la teolog铆a negra de la liberaci贸n que resiente las marcas dolorosas dejadas en las naciones que fueron esclavistas; el de las mujeres sometidas desde la era neol铆tica a la dominaci贸n patriarcal; la de los obreros utilizados como combustible de la maquinaria productiva. A cada opresi贸n concreta corresponde una liberaci贸n concreta".

2. La irrupci贸n de los pobres en el mundo de la teolog铆a

Ya hoy es com煤n admitir que la pobreza no es fruto del azar o del fatalismo sino de la l贸gica del sistema neoliberal, hoy predominante y globalizado.

Se trata en primer lugar de concebir la pobreza no como un elemento individual, separado de la historia y de la colectividad, sino como un elemento comunitario. La pobreza es un fen贸meno colectivo generado por factores socioecon贸micos y culturales.

En largos sectores de la sociedad se ha mantenido por mucho tiempo la idea de que el hecho de la pobreza era irremediable, efecto de causas extra帽as o misteriosas, y que induc铆an a pasiva resignaci贸n.

Religiosamente se puede confirmar con cantidad de documentos este estado de cosas bastante generalizado.

El inter茅s de la teolog铆a por los pobres es relativamente reciente y todav铆a hoy no es compartido por todos los t茅ologos. En las d茅cadas anteriores al Vaticano II se habla mucho de la " pobreza espiritual" pero nada de los pobres sociol贸gicos.

La irrupci贸n de los pobres en la Teolog铆a se realiza de verdad en el 谩mbito de los pa铆ses del Tercer mundo, concretamente en Am茅rica Latina, a partir del 68 (Medell铆n y Puebla), bajo los auspicios de la teolog铆a de la liberaci贸n. (Cfr. Victor Codina, Congreso de Teolog铆a y Pobreza, La irrupci贸n de los pobres en la Teolog铆a contempor谩nea, en Misi贸n Abierta, Noviembre, 1981).

3. La pobreza parte integrante del sistema capitalista

A quien estudie el tema ver谩 que la realidad de la pobreza en nuestro tiempo aparece como parte integrante del sistema capitalista. El capitalismo se presenta como generador e irradiador de una riqueza que jam谩s antes existi贸, pero oculta el recorrido tortuoso hasta llegar a ella y las v铆ctimas sin cuento que va dejando en el camino. Parad贸jicamente, se va cumpliendo, pero con abultada crueldad, el diagn贸stico de Marx. Cualquiera que sea la superestructura cultural de una sociedad, hay que contar en primer lugar con la estructura econ贸mica que la sustenta.

El factor econ贸mico no es el 煤nico pero es el b谩sico y es lo que explica que la econom铆a nacional y mundial adquiera un car谩cter r铆gido, de enorme peso e influencia, casi imposible de sustituir por otro que corrija sus perversiones y abusos.

Si es verdad , como dice Ignacio Ellacur铆a, que los pobres no pueden identificarse con cualquier otro tipo de sufrientes y dolientes, nos encontramos sin embargo con el dato aplastante de la pobreza tal como la est谩n viviendo hoy mayor铆as populares de muchos pa铆ses (Cfr. Los pobres lugar teol贸gico en Am茅rica Latina, en Misi贸n Abierta, Noviembre, 1981, vol. 74, p.227). Y ese dato nos dice que es dentro de la estructura econ贸mica neoliberal donde vamos a encontrar la clave que explique su funcionamiento y los resultados, positivos para unos y negativos para otros.

Resulta por tanto que la pobreza existe como una realidad dial茅ctica y pol铆tica. Dial茅ctica porque en nuestra situaci贸n hay pobres porque hay ricos, hay una mayor铆a de pobres porque hay una minor铆a de ricos. Una pobreza fruto de escasos recursos no nos permitir铆a hablar propiamente de pobres. La verdad es que los ricos se han hecho tales desposeyendo a los pobres de lo que era suyo, de su salario, de sus tierras, de su trabajo, etc. Por eso, si los ricos son los empobrecedores, los pobres son los empobrecidos; si los ricos son los desposeedores, los pobres son los despose铆dos; si lo ricos son los opresores y represores, los pobres son los oprimidos y reprimidos (Ibidem, p.227)

Ciertamente, la pobreza no es efecto de la escasez de recursos. El hecho de que el Norte tenga seis veces m谩s que el Sur, no es fruto de la escasez; el hecho de que el Norte (1/4 parte de la humanidad) consuma el 75 % de los recursos terrestres, no es fruto de la escasez; ni el hecho de que tenga el 80 % del comercio y el 93 % de la industria no es fruto de la escasez; el hecho de que el PNB per capita sea de 3, 60 d贸lares al a帽o en el Sur de Asia, o de 8 en Africa y de 206 en Norteam茅rica, no es fruto de la escasez; el hecho de que en Africa haya un m茅dico por cada 50.000 habitantes y en los pa铆ses industrializados uno por cada 450 habitantes, no es fruto de la escasez; el hecho de que Estados Unidos y otros pa铆ses industrializados dediquen miles de millones de d贸lares (y aqu铆 uno renuncia a dar cifras) al armamentismo y nimios porcentajes a resolver las necesidades b谩sicas de la humanidad, no es fruto de la escasez. Es fruto simplemente de una relaci贸n de causalidad entre ricos y pobres.

Con ocasi贸n de los 500 a帽os de la llegada de los europeos a Am茅rica Latina, pudimos recoger escritos e informes estremecedores de la situaci贸n de miseria y opresi贸n de esos pueblos.

Uno de esos escritos es 茅ste de Rigoberta Mench煤: "Con amargura y tristeza constatamos que el etnocidio y el genocidio contin煤an. El robo de tierras y recursos naturales no ha terminado. La militarizaci贸n de pueblos ind铆genas contin煤a. Asimismo, tierras y territorios ind铆genas siguen siendo utilizados con fines militares que nada tienen que ver con los intereses de los ind铆genas. La represi贸n generalizada, la discriminaci贸n en todos los aspectos, la tortura y la muerte hacen parte de lo cotidiano de nuestros pueblos. Se sigue practicando la destrucci贸n y contaminaci贸n de los territorios tradicionales. Tierras indias est谩n siendo o pretenden ser utilizadas como basureros qu铆micos, industriales o radiactivos. Se generaliza el saqueo de los recursos indispensables para la vida de los pueblos ind铆genas. En nombre de un supuesto desarrollo se destruyen y se desacralizan lugares de ceremonias y sitios sagrados. Nuestras culturas, lenguas, religiones, ceremonias, valores, contribuciones y creatividad son pisoteados regularmente" (R. Mench煤, Consideraciones ante la II Cumbre).

Con dolorida raz贸n escrib铆a Sami Na茂r: "Los capitales circulan del Sur hacia el Norte y no en sentido contrario. La deuda exterior de los pa铆ses pobres es del orden de 2,5 billones de d贸lares. La devuelven con un cuchillo en la garganta. La de Estados Unidos es de seis billones de d贸lares. ¡Y nadie obliga a Estados Unidos a devolverla!" (El Pa铆s, 12 de Febrero de 2002, pg. 12).

Es decir, que el pobre en nuestro tiempo no es una persona aislada, ni grupos que son objeto de asistencia o beneficencia social. Los pobres son, en palabras de Gustavo Guti茅rrez, "las clases explotadas, las razas marginadas, las culturas despreciadas" que, con conciencia de su postraci贸n aspiran a conquistar el protagonismo que les corresponde para poder actuar como sujetos de la historia.

4. Los mecanismos del sistema para perpetuar esta situaci贸n

Han sido muchas las formas de colonialismo, pero en todas ellas hay una constante, fortalecida hoy por el modelo econ贸mico neoliberal.

El neoliberalismo -mera expresi贸n del neocolonialismo-no hace sino implantar su dominaci贸n mediante la penetraci贸n del capital extranjero y transnacional, mediante la brutal competencia del libre comercio, mediante los ajustes y privatizaci贸n que imponen, mediante la transferencia de recursos naturales a cambio de una disminuci贸n de la deuda externa.

Esto se revela especialmente en la dimensi贸n ecol贸gica. La dominaci贸n del sistema act煤a invadiendo territorios, saqueando recursos naturales, con el 煤nico objetivo del lucro y dejando por doquier desolaci贸n y muerte. Este arrasamiento habr铆a que tipificarlo jur铆dicamente como delito de "ecocidio".

La Declaraci贸n de Managua, tras se帽alar c贸mo el saqueo y explotaci贸n capitalista ha convertido a estos pueblos en fuerza inagotable de acumulaci贸n capitalista y de desarrollo industrial y tecnol贸gico, afirma: "Cargamos sobre nuestras espaldas los fardos de una deuda creciente, que no es m谩s que nuestra riqueza convertida en pr茅stamo. Como antes, de nuestras vetas sale el oro; de nuestras entra帽as, el petr贸leo; de nuestro sudor, los capitales; de nuestros sue帽os, las pesadillas de la represi贸n y el hambre.

5. El capitalismo no tiene soluciones

Todo un pensamiento pseudocient铆fico pretende enmascarar la realidad del problema de la pobreza. La pobreza ser铆a efecto de una desigualdad natural irremediable, ajena al funcionamiento interno de la econom铆a y, en todo caso, habr铆a que considerarla como un mal menor, pues frente al capitalismo no hay otro sistema mejor.

Sobre este punto, conviene afirmar sin ninguna ambig眉edad que la realidad hist贸rica expresa todo lo contrario:

1潞) Una econom铆a que no sirve al hombre, es un error.

2潞) Una econom铆a de mercado competitivo monopolista, sustra铆da al control del Bien Com煤n ejercido por el Estado, es un error.

3潞) Una econom铆a que produce resultados positivos 煤nicamente para unas minor铆as y negativos para las mayor铆as, es un error.

4潞 Una econom铆a que se rige por la din谩mica propia del ego铆smo, del lucro, de la ley del m谩s fuerte, y que impide unas relaciones individuales y comunitarias basadas en la justicia, el amor y la solidaridad, es un error.

No hay duda de que la sociedad capitalista es una sociedad enferma, llena de contradicciones. Pero la ra铆z del mal est谩 en que el capitalismo hace imposible una 茅tica personal y comunitaria y corrompe las actitudes y los valores m谩s genuinos del ser humano.

Todos sabemos c贸mo la orientaci贸n hoy m谩s arraigada en sociedad y en la cultura es la que pretende hacernos creer que la felicidad consiste en tener: adquirir propiedades, cosas, lucrar, conseguir poder. Eso es producto de la estructura y cultura m谩s estrictamente capitalistas y, sin embargo, lo consideramos como lo m谩s natural. Ser ego铆stas, avaros, soberbios, dominantes, lo consideramos indicadores de nuestra identidad humana.

Pienso que esta orientaci贸n es antinatural, pues la realizaci贸n de la persona no est谩 en el tener sino en el ser. Los grandes valores no se desarrollan en el servicio al dinero sino en ser justos y fraternos, crear relaciones de amor y liberaci贸n, no ser fr铆volos ni insensibles al sufrimiento ajeno, no vivir pendientes del reconocimiento y del aplauso social, dedicarse a satisfacer las necesidades primarias de los seres humanos y luchar para suprimir todo cuanto los hace sufrir. Esas son las se帽as que constituyen la aut茅ntica identidad humana.

6. El momento actual de la crisis neoliberal globalizada

Creo que todos, de una manera u otra, venimos siguiendo el curso y efectos de la crisis econ贸mica actual. Es, se nos dice, la crisis m谩s grave desde los a帽os 1930, tienen car谩cter mundial y no hay pa铆s que escape a ella.

Poco a poco nos hacen creer que la crisis se va superando. Pero suena cada vez m谩s en nuestros o铆dos una cantinela inquietante: esta crisis la est谩n resolviendo no los gobernantes sino los oligarcas y economistas. Ha habido un tiempo en Europa en que el principio pol铆tico, representativo de la voluntad popular, actuaba con arreglo a las necesidades y derechos de la sociedad; ahora quien gobierna es el principio econ贸mico, guiado por objetivos que nada tienen que ver con los de la sociedad en general. Los prop贸sitos del principio econ贸mico doblegan a sus intereses a los prop贸sitos del principio pol铆tico.

Este cambo de tendencia le hace escribir a Jorge M. Reverte: "Una nueva ideolog铆a, la primac铆a del fantasma llamado "los mercados" ha venido a sustituir a la de los avances en la democracia. Con un grave efecto: que nadie conoce al nuevo sujeto y nadie, por tanto, es capaz de negociar con 茅l. Pero se habla de ese sujeto con aut茅ntica devoci贸n. Se escuchan sus mensajes como se escuchaban antes los del Se帽or. Los mercados nos env铆an castigos en forma de plagas, nos avisan y los sacerdotes se encargan de interpretar sus recados con ineficiencia humana. Unos aciertan y otros no. Ha habido un trasvase de las responsabilidad de las decisiones pol铆ticas a las decisiones no siempre bien explicadas de los gur煤s de las finanzas" (El Pa铆s, Europa acorchada, 26 enero 2001).

¿Qui茅n es ese nuevo sujeto? ¿Son agentes de instituciones vac铆as de legitimidad, delincuentes de cuello blanco con los t茅cnicos ajenos a los deseos de los ciudadanos?

Este nuevo sujeto transcurre y se organiza al margen de lo pol铆tico, al margen de la 茅tica, al margen del consenso de los ciudadanos, al margen de un proyecto 茅tico de igualdad, justicia y libertad universales. Una econom铆a humana globalizada debe estar supeditada a las necesidades b谩sicas de la poblaci贸n y no a los intereses de unas minor铆as que, envueltas en el ego铆smo de su opulencia, viven de espaldas a la sociedad.

Aparece entonces el punto preciso de esta crisis: no se trata como es obvio de una crisis econ贸mica sino 茅tica, la econom铆a no est谩 en crisis o, si lo est谩, es por la ausencia de 茅tica. Es una crisis 茅tica, humanista, espiritual la que padecemos y, por negar las exigencias de esa 茅tica, resolveremos vanamente la crisis. La crisis se trata de apuntalarla con el f铆n de que este nuevo sujeto vuelva a conducir el rumbo de la humanidad, pero en realidad se la oculta de nuevo en sus verdaderas causas, dejando herida la realidad, con tendencia a una mayor desigualdad e injusticia. No se la resuelve.

La teolog铆a de la liberaci贸n frente al fen贸meno de la globalizaci贸n neoliberal

1. El momento primero de la teolog铆a

Como escribe el te贸logo m谩rtir Ignacio Ellacur铆a: "El punto de partida de la Teolog铆a de la Liberaci贸n es la experiencia humana que, ante el atroz espect谩culo de la maldad humana, que pone a la mayor铆a de la humanidad a la orilla de la muerte y de la desesperaci贸n, se rebela y busca corregirla. Y la experiencia cristiana que, basada en la misma realidad, ve, desde el Dios cristiano revelado en Jes煤s, que esa atroz situaci贸n de maldad e injusticia es la negaci贸n misma de la salvaci贸n anunciada y prometida por Jes煤s, una situaci贸n que ha hecho, de lo que debiera ser reino de gracia, reino de pecado" (T茅ologo m谩rtir por la liberaci贸n del pueblo, Nueva Utop铆a, 1990, pp.153-154).

Es lo primero.

Me gusta citar, a este respecto, el testimonio del obispo Pedro Casald谩liga: "Despu茅s de vivir tres a帽os aqu铆, andando por esos r铆os y sertaos, encontrando a unos y a muchos peones, sintiendo la amargura de unos y muchos posseiros, y despu茅s de acudir a las autoridades de aqu铆 o de Barra dos Garzas, de Cuiab谩, o de Brasilia, despu茅s de gritar, de llorar (y he llorado algunas veces enterrando peones en ese cementerio de Sao F茅lix, ah铆 a la orilla del Araguaia) despu茅s de todo eso, estoy sintiendo hoy como a la persona m谩s importante de este d铆a, a ese pe贸n, a ese muchacho de 17 a帽os que hemos enterrado esta ma帽ana ah铆, a orillas del Araguaia, sin nombre y sin caja. Sintiendo eso, viviendo eso d铆a a d铆a, el que tenga un poco de fe, el que quiera ser fiel a Jesucristo y quiera ser sincero con ustedes tiene que rebelarse, tiene que gritar, tiene que llorar, tiene que luchar" ( Cabestrero, T., Una iglesia que lucha contra la injusticia, Misi贸n Abierta, 1973, p.186).

2. El momento segundo de la teolog铆a

Estoy convencido de que son muchos entre cristianos los comportamientos individuales y muchas las pr谩cticas institucionales que no responden al esp铆ritu del Evangelio. Por unas u otras razones, al Evangelio lo tenemos secuestrado o desvalorizado.

Resulta m谩s que claro que entre Evangelio y capitalismo, teolog铆a y globalizaci贸n neoliberal no hay coincidencia, sino oposici贸n. Son dos proyectos, dos din谩micas, y dos escatolog铆as distintas. La del capitalismo apuesta por el ego铆smo, el lucro, la ambici贸n, el poder y el 茅xito. La del Evangelio apuesta por el amor, la justicia, la generosidad, el compartir, el servicio fraternal y la humildad.

El capitalismo cuenta con los que buscan la seguridad y felicidad del dinero, con los que aspiran a enriquecerse ignorando la miseria y el sufrimiento de los otros, con los que no quieren cambiar por defender sus privilegios, con los que persiguen a los que intentan hacer una sociedad m谩s justa.

El Evangelio cuenta con los despose铆dos, los misericordiosos, los sinceros, los que trabajan por la paz, los que son perseguidos por no servir a los intereses del dinero.

¿Algunos criterios que ayuden a preservar la identidad del cristiano?

Indico tres:

1. El reino de Dios es ya para este mundo y tiene que ver grandemente con la pol铆tica

La utop铆a de Jes煤s es que el reinado de Dios se instaure progresivamente en la vida e historia de los hombres. Los imperativos de la justicia, del amor, de la libertad, de la paz y de la felicidad son imperativos para el momento presente. Si El hubiera renunciado a hacer efectivo su programa, no hubiera cuestionado el contenido de otros programas – el pol铆tico y religioso de entonces- y no hubiera sido censurado, perseguido ni ejecutado. La ambici贸n de los poderes que no sirven al pueblo utiliza siempre la pol铆tica y la religi贸n no para asegurar el bien y los derechos del pueblo, sino para defender su propio bienestar y privilegios, lo cual les lleva a tergiversar o vaciar la religi贸n de su verdadero sentido.

Los evangelios nos dicen que Jes煤s anuncia una "buena noticia" o, lo que es lo mismo, la cercan铆a del "proyecto o reinado de Dios". Ambas expresiones quieren decir que Jes煤s anuncia una sociedad alternativa, que exige un cambio individual y un cambio de las relaciones humanas sociales. Surgir谩 as铆 el hombre nuevo.

2. El programa del reino: las bienaventuranzas

Jes煤s deja bien claro c贸mo constituir la nueva sociedad. Su programa lo explicita en las llamadas Bienaventuranzas. Hay quien, como Ghandi, considera las bienventuranzas como la quintaesencia del Evangelio y hay quien, como Nietsche, las considera como una maldici贸n por ir contra la dignidad humana.

Ciertamente, en una sociedad como la nuestra escuchar que quien vive en la pobreza, y sufre, y llora, y pasa hambre, y es perseguido debe considerarse feliz, resulta absurdo. Racionalmente no es f谩cil comprender este mensaje.

Cuando Jes煤s habla de los pobres se est谩 refiriendo a la realidad concreta de su pa铆s, donde hay muchos que sufren privaci贸n, marginaci贸n y exclusi贸n por la injusticia de los ricos seg煤n denuncian los profetas. En nuestra sociedad hay tambi茅n pobres, muchos, a causa del ego铆smo de los ricos. No s贸lo eso, todos nosotros somos pobres, tenemos muchas limitaciones que nos hacen sufrir y llorar, bien sea por causa de la naturaleza, bien por las acciones injustas de los dem谩s.

Ante esa situaci贸n de pobreza, Jes煤s, que es sabio, que nos conoce y sabe lo que nos lleva a la felicidad, hace una propuesta y nos marca un estilo de vida para alcanzar la meta de la felicidad. No impone, ni dicta leyes; invita, propone, se帽ala un camino que, resumido, podr铆a ser 茅ste:

«Mirad, se trata de que me sig谩is, obrando como yo, y esto significa:

– Que en la convivencia sep谩is comportaros con solidaridad con los dem谩s, con los que menos tienen o m谩s sufren, no os encerr茅is en vosotros mismos, poneros en su lugar y ver茅is c贸mo pod茅is ayudarlos.

– Significa que mir茅is la tierra y sus bienes como cosas de todos, no os los apropi茅is, no vay谩is a la conquista de nada, pues todo lo hab茅is recibido como un regalo y deb茅is regalar. As铆 vivir茅is en ella sin violencia y sembrar茅is paz.

– Significa que en todo ser humano hay como un doble de vuestro yo, hacedles lo que os gustar铆a que hicieran con vosotros, ved adem谩s que en ellos est谩 presente el Se帽or, dad cauce a ese vuestro deseo de ser justos y solidarios, remediad el hambre y otras necesidades, prestad un servicio.

– Significa que nadie es mejor ni peor que t煤, no los juzgues con rigor cuando los veas excluidos o postrados, s茅 misericordioso, comparte su suerte, ay煤dales. Significa que tengas un coraz贸n limpio y abierto para todos, sin l铆mites ni barreras, que veas a todos como personas y no como enemigos, 谩malos y ver谩s c贸mo aniquilas la guerra y haces crecer la paz.

– Ese es el camino que lleva a la paz, sin orgullo, sin menosprecio, sin venganza, sin coacci贸n, pero s铆 con mucho amor».

Dicho de otra manera: «entrar en el esp铆ritu de las bienaventuranzas quiere decir:

1. Es preferible ser pobre, que ser rico opresor.

2. Es preferible llorar a hacer llorar al otro.

3. Es preferible pasar hambre a ser la causa de que otros mueran de hambre.

4. Dichosos no por ser pobres, sino por no ser ricos ego铆stas.

5. Dichosos, no por ser oprimidos, sino por no ser opresores.

La clave es 茅sta: todo esto que digo est谩 en ti, es lo mejor de ti, es tu dignidad y val铆a, y es la dignidad y val铆a de cada ser humano. Lo que propongo no es, pues, una quimera, sino algo realmente posible.

Caminar por aqu铆 es seguirme, dejar a un lado el af谩n del dinero, renunciar a la injusticia, abrir caminos de humanidad, de amor y de paz. Por parad贸jico que pueda parecer, mi exaltaci贸n de la pobreza tiene como objetivo el que deje de haber pobres.

El enemigo numero uno del Reino de Dios es la ambici贸n, el af谩n de poder, la necesidad de oprimir al otro. Recordad mis palabras: "no pod茅is servir a Dios y al dinero".

Mi evangelio anuncia que toda acumulaci贸n de bienes, mientras haya un solo ser humano que muera de hambre, es injusta. Los economistas dir谩n que no puede haber progreso sin acumulaci贸n de capital. Los soci贸logos dir谩n que la organizaci贸n de la sociedad ser铆a imposible, si no hubiera alguien que mandara y alguien que obedeciera. Las bienaventuranzas que yo propongo denuncian que la sociedad tal como est谩 hoy montada a nivel mundial es radicalmente inhumana e injusta, aunque se cumplan al pie de la letra todas las normas legales establecidas. Mis bienaventuranzas dicen que otro mundo es posible.

Un mundo que no est茅 basado en el ego铆smo sino en el amor. ¿Puede ser justo que t煤 est茅s pensando en vivir cada vez mejor (enti茅ndase consumir m谩s), mientras millones de personas est谩n muriendo, por no tener un pu帽ado de arroz que llevarse a la boca? Si no quieres ser c贸mplice de la injusticia, escoge la pobreza.

Por tanto, estas son las condiciones para ser bienaventurado:

– Renunciar a toda ambici贸n optando por la pobreza (Mt 5,3) y mantener fidelidad a esa renuncia a pesar de la oposici贸n que suscita (Mt 5,10).

– Estimular desde esas condiciones un movimiento liberador. Los que se sientan oprimidos, sometidos y aspiren a la justicia encontrar谩n consuelo, libertad y ver谩n colmadas sus aspiraciones.

– Crear relaciones regidas por solidaridad (Mt 5, 7), la sinceridad (Mt 5,8) y por el trabajo por la paz (Mt 5,))s

– Proceder convencidos de que la verdadera felicidad estriba en el amor y la entrega y no en el ego铆smo y triunfo personal».

3. Ungido para dar la buena noticia a los pobres (Lc. 4, 18)

El programa de Jes煤s, encuadrado siempre en el marco de su seguimiento, puede ser analizado desde diversos principios: la justicia, el amor, la fraternidad, la predilecci贸n por los 煤ltimos, etc.

Si hemos cobrado conciencia de que los pobres no son fruto del fatalismo sino de causas y sistemas bien determinados, no menos claro resulta que el Dios de Jes煤s es el Dios ant铆tesis de la pobreza, consecuencia a su vez de la injusticia y que conduce a la muerte.

Los pobres, y quienes con ellos se solidarizan, ya se sabe con qui茅nes van a entrar en conflicto. La materialidad de la pobreza es condici贸n necesaria para la pobreza evang茅lica, que exige ir coronada por una espiritualidad que tome conciencia de esa pobreza dial茅ctica, que obstaculiza el cumplimiento de la voluntad de Dios sobre los bienes de este mundo y hace imposible el ideal hist贸rico del reino de Dios, imposibilitando el cumplimiento del mandamiento del amor y de la fraternidad.

Frente a la filosof铆a clasista y menospreciadora del capitalismo, la teolog铆a cristiana afirma que los pobres son un lugar teol贸gico, que constituyen la m谩xima y m谩s escandalosa presencia de Dios en la sociedad. En Jes煤s de Nazaret, Dios se manifiesta haci茅ndose uno de nosotros, adoptando una vida desde la justicia y el amor a favor de los desheredados, contra la explotaci贸n de los poderosos y, por eso, acaba en fracaso y asesinato. Dios, en Jes煤s de Nazaret, abandona toda suerte de neutralismo y toma partido contra los empobrecedores.

Confesar que Jes煤s es Dios, es hacerlo desde su opci贸n por los pobres, lo cual resulta escandaloso para los jud铆os y para los griegos, para los piadosos y para los intelectuales.

Cuando se acusa a los te贸logos de la liberaci贸n de querer privar a Jes煤s de su divinidad, lo que se esconde tras esa acusaci贸n es la pretensi贸n de querer anular el esc谩ndalo de un Dios impotente y crucificado. Un esc谩ndalo que sigue vivo en la historia. Escribe I. Ellacur铆a: "Los pobres se convierten en lugar donde se hace historia la Palabra y donde el esp铆ritu la recrea. Y en esa historizaci贸n y recreaci贸n es donde 'connaturalmente' se da la praxis cristiana correcta, de la cual la teolog铆a es, en cierto sentido, su momento ideol贸gico" (Idem, p. 52). "De ah铆 que la pr谩ctica teol贸gica fundamental de los te贸logos de la liberaci贸n…intenta ante todo ayudar al pueblo empobrecido en su pr谩ctica activa y pasiva de salvaci贸n" (I. Ellacur铆a, Idem, 152-153).

Consiguientemente si los pobres ocupan esta importancia en el cristianismo se entiende que a la Iglesia se la pueda llamar con toda propiedad Iglesia de los pobres. Son ellos los que deben darle orientaci贸n fundamental a su estructura, a su jerarqu铆a, a sus ense帽anzas y a su pastoral. Y si la iglesia est谩 subordinada al Reino, debe estarlo tambi茅n a los pobres. Los caminos de los pobres y los de Dios van unidos en este mundo.

La Iglesia, por tanto, debe estar all铆 donde est谩n los pobres, no donde est谩 la riqueza. Lo cual quiere decir que debe estar donde estuvo su Fundador, es decir, en el lugar social de los pobres.

Ep铆logo

La denuncia de un economista (Stiglitz) y de un profeta (Casald谩liga)

Cualquiera que lea el libro de Joseph E. Stiglitz, catedr谩tico, profesor y Premio Nobel de Econom铆a, encontrar谩 que las cosas de la globalizaci贸n, tal como 茅l las juzga, andan muy a la vera de lo que nosotros hemos dicho.

Subrayo unos textos suyos que reivindican tres puntos b谩sicos: "Mis investigaciones plantean dudas sobre la idea de que el libre comercio tiene que aumentar por necesidad el bienestar" (C贸mo hacer que funcione la globalizaci贸n, Taurus, 2006, p.16). "Me parec铆a terriblemente injusto que en un mundo con tanta riqueza y abundancia haya tanta gente que viva con pobreza…Hab铆a visto pa铆ses en los que la pobreza iba en aumento en lugar de descender y hab铆a observado lo que esto significaba" (Idem, p. 17) " Los pa铆ses ricos crearon un r茅gimen comercial global al servicio de sus propios intereses corporativos y financieros, con lo cual perjudicaron a los pa铆ses m谩s pobres del mundo" (Idem, p.18) "Sin regulaci贸n e intervenci贸n estatales, los mercados no conducen a la eficiencia econ贸mica" (Idem, p. 21)."La globalizaci贸n pone en peligro valores culturales fundamentales" (Idem, p. 25).

Podr铆a yo haber expuesto esta conferencia refiri茅ndome simplemente a la vida del obispo Casald谩liga, como camino y programa para combatir la injusticia global y transformar la vida de los pobres. Ser铆a el resultado de una teolog铆a prof茅tica, liberadora, hecha a pie de vida. Siempre Casald谩liga tuvo en su coraz贸n y en su mente la causa de los pobres. Y viene estando con ellos desde hace 42 a帽os en el Mato Grosso del Brasil en su Prelatura de Sao F茅lix do Araguaia.

Dos textos de Pedro Casald谩liga:

"La blasfemia de nuestros d铆as, la herej铆a suprema, que acaba siendo siempre idolatr铆a, es la macroidolatr铆a del mercado total. Y es, puede ser, la omisi贸n de la Iglesia, la insensibilidad de las religiones frente a la macroinjusticia institucionalizada hoy en el neoliberalismo, que por esencia es pecado, pecado mortal, asesino y suicida" - "El capitalismo colonialista crea necesariamente dependencia y divide al mundo. El capitalismo es la culebra aquella primera, siempre astuta. Jes煤s dijo abiertamente que el antidi贸s es el dinero. Esto no es de ning煤n marxista ni de ning煤n te贸logo de la liberaci贸n. Es del Se帽or Jes煤s"

"Creo que el capitalismo es intr铆nsecamente malo: porque es el ego铆smo socialmente institucionalizado, la idolatr铆a p煤blica del lucro, el reconocimiento oficial de la explotaci贸n del hombre por el hombre, la esclavitud de los muchos al yugo del inter茅s y la prosperidad de los pocos. Una cosa he entendido claramente con la vida: Las derechas son reaccionarias por naturaleza, fan谩ticamente inmovilistas cuando se trata de salvaguardar el propio tajo, solidariamente interesadas en aquel orden que es el bien… de la minor铆a de siempre".

Y concluyo con este poema del mismo P. Casald谩liga:


Yo me atengo a lo dicho:
La justicia:
a pesar de la ley y la costumbre,
a pesar del dinero y la limosna.
La humildad,
Para ser yo, verdadero.
La libertad,
para ser hombre.
Y la pobreza,
para ser libre.
La fe, cristiana,
para andar de noche,
y, sobre todo, para andar de d铆a.
Y, en todo caso, hermanos,
yo me atengo a lo dicho: a la esperanza.