La Tercera, Chile.
Previo a la exposici贸n que voy a hacer, considero importante se帽alar la actualidad y oportunidad del tema. Porque si bien es cierto que, desde antiguo, en el llamado "r茅gimen de cristiandad" exist铆a una teolog铆a legitimadora de los poderes imperialistas y colonizadores, lo es tambi茅n que en esas situaciones exist铆an ra铆ces y semillas de una teolog铆a cuetionadora y prof茅tica, liberadora, que adquiri贸 carta de ciudadan铆a en los a帽os inmediatamente posteriores al concilio Vaticano II. Podemos se帽alar como propio de la teolog铆a de la liberaci贸n el per铆odo que va de los a帽os 60 hasta nuestros d铆as.
Probablemente, no ha existido en el per铆odo posconciliar, un fen贸meno religioso tan fuerte y novedoso y que haya suscitado tanta preocupaci贸n en las esferas del poder religioso y pol铆tico. Pol铆ticamente, se lo vi贸 enseguida como un hecho peligroso y religiosamente se la catalog贸 como sospechoso de herej铆a.
En 1968, Rockefeller, despu茅s de una gira por Latinoam茅rica, dijo: "Si la Iglesia latinoamericana cumple los acuerdos de Medell铆n, los intereses de Estados Unidos, est谩n en peligro en Am茅rica Latina". Y, en tiempos del presidente Regan, la alarma se torn贸 en toque de guerra en el Documento de Santa Fe: "La pol铆tica exterior de Estados Unidos debe comenzar a enfrentar (y no simplemente a reaccionar con posterioridad) la teolog铆a de la liberaci贸n, tal como es utilizada en Am茅rica latina por el clero de la teolog铆a de la liberaci贸n".
Eclesi谩sticamente, el movimiento de la teolog铆a de la liberaci贸n cobr贸 impulso con el Vaticano II y recibi贸 consagraci贸n oficial en la reuni贸n del episcopado latinoamericano en Medell铆n.
Pero, no tard贸 en llegar la restauraci贸n y comenzaron a sonar voces de la curia romana y de la alta jerarqu铆a que ve铆an peligros y errores en la teolog铆a de la liberaci贸n. Fue Ratzinger, hoy Papa, pero entonces te贸logo y cardenal de la Congregaci贸n para la doctrina de la fe, quien en 1984 escribe un documento en el que se帽ala graves errores en la teolog铆a de la liberaci贸n. L贸gicamente fueron muchos los te贸logos que contestaron a este documento mostrando la falsedad de sus observaciones y argumentos.
No ha sido, pues, casual que la teolog铆a de la liberaci贸n haya suscitado alarma. Naciendo en las periferias sociales cristianas de Am茅rica Latina, tra铆a el clamor de millones de pobres, de pueblos enteros dominados y explotados. Y a su lado contaban con te贸logos que, solidarios con su situaci贸n, elaboraban una teolog铆a nueva, que acog铆a su grito, alentaba el despertar de sus conciencias y patrocinaba el levantamiento de su dignidad con un nuevo modo de actuar en la sociedad en conformidad con el Evangelio.
Est谩 aqu铆, creo, la clave para el que quiera entender la teolog铆a de la liberaci贸n. Desmontaba el viejo edificio del sistema opresor, construido por una teolog铆a c贸mplice, legitimadora de clases, de monopolios, de privilegios y de imperios.
La religi贸n cristiana daba un giro radical: en lugar de seguir ejerciendo de opio, de resignaci贸n, de humillaci贸n y de fatalismo pasaba a ejercer de inteligencia, de rebeld铆a, de solidaridad, de emancipaci贸n y de esperanza. La teolog铆a de la liberaci贸n pon铆a al descubierto las complicidades del poder eclesi谩stico y pol铆tico. ¡Y eso no se perdona!
Esta posici贸n ha sido com煤n en los te贸logos de la liberaci贸n. Como muestra traigo unas palabras del famosos te贸logo J.B. Metz, inspirador de la teolog铆a pol铆tica y que pronunci en 1981, en Nicaragua: "Yo vengo de una cultura cristiana y teol贸gica en la que los procesos revolucionarios se han hecho o contra la Iglesia y la Religi贸n, o sin ellas, como la Reforma, la Ilustraci贸n, la Revoluci贸n francesa y la Revoluci贸n rusa...Entre nosotros, la identidad cristiana est谩 marcada, no exclusivamente, pero s铆 fundamentalmente, por lo que llamar铆a la religi贸n burguesa. Nosotros s贸lo tenemos experiencia de una Iglesia que ha legitimado y apoyado a los poderes estatales... El tiempo en el cual la Iglesia legitima a los poderosos habr铆a pasado y habr铆a llegado la 茅poca de la liberaci贸n y de la funci贸n subversiva de la Iglesia. El tiempo de la legitimaci贸n estar铆a superado y habr铆a empezado la 茅poca de la liberaci贸n" (Servicio del Centro Ecum茅nico Valdivieso, Entrevista sobre "La Iglesia en el proceso revolucionario de Nicaragua", Managua, 1981).
No es de extra帽ar que, en este contexto, la reacci贸n tratase de organizarse para neutralizar sino obstruir el camino de esta nueva teolog铆a.
En este sentido, la teolog铆a de la liberaci贸n estaba sentenciada, se la iba a denigrar b谩rbaramente y conocer铆a la persecuci贸n dentro y fuera de la Iglesia. Han sido centenares y aun miles los m谩rtires de la teolog铆a de la liberaci贸n en los continentes de la miseria: campesinos, maestros, educadores, l铆deres sindicales, catequistas, religiosos y religiosas, sacerdotes, obispos...
En el a帽o 1978, a las ocho de la ma帽ana, en la catedral de El Salvador, escuchaba yo, en medio de centenares de campesinos la voz prof茅tica de Mons. Romero, que denunciaba los desmanes de los gobernantes contra su pueblo. Fue una hora y cuarto de homil铆a y el pueblo aplaud铆a. Aqu茅lla voz, unos meses despu茅s, el 24 de marzo, quedaba enmudecida por una bala mientras celebraba la santa misa. Y el golpe m谩s brutal de esta persecuci贸n se asest贸 contra los jesuitas de El Salvador, adalides de la teolog铆a de la liberaci贸n. Cayeron acribillados por las balas de un ej茅rcito y de un gobierno apadrinado por la pol铆tica del Pent谩gono.
¡Era muy peligrosa, c贸mo no, la teolog铆a de la liberaci贸n! Aquella religi贸n no casaba con la religi贸n tradicional, justificadora de los intereses de los ricos, de los latifundistas, de las familias adineradas, de la burgues铆a, acostumbradas a a que les bendijera sus conciencias y sus mansiones.
Pero, ¿qu茅 es la teolog铆a de la liberaci贸n?
1. Pensar el destino de la humanidad desde los pobres
Entiendo perfectamente que Leonardo Boff haya escrito: "La teolog铆a de la Liberaci贸n es la primera teolog铆a moderna que ha asumido este objetivo global: pensar el destino de la humanidad desde la condici贸n las v铆ctimas. En consecuencia, su primera opci贸n es comprometerse con los pobres, la vida y la libertad para todos".
Y sigue: "La pobreza entendida como opresi贸n revela muchos rostros: el de los ind铆genas que desde su sabidur铆a ancestral concibieron una fecunda teolog铆a de la liberaci贸n ind铆gena; la teolog铆a negra de la liberaci贸n que resiente las marcas dolorosas dejadas en las naciones que fueron esclavistas; el de las mujeres sometidas desde la era neol铆tica a la dominaci贸n patriarcal; la de los obreros utilizados como combustible de la maquinaria productiva. A cada opresi贸n concreta corresponde una liberaci贸n concreta".
2. La irrupci贸n de los pobres en el mundo de la teolog铆a
Ya hoy es com煤n admitir que la pobreza no es fruto del azar o del fatalismo sino de la l贸gica del sistema neoliberal, hoy predominante y globalizado.
Se trata en primer lugar de concebir la pobreza no como un elemento individual, separado de la historia y de la colectividad, sino como un elemento comunitario. La pobreza es un fen贸meno colectivo generado por factores socioecon贸micos y culturales.
En largos sectores de la sociedad se ha mantenido por mucho tiempo la idea de que el hecho de la pobreza era irremediable, efecto de causas extra帽as o misteriosas, y que induc铆an a pasiva resignaci贸n.
Religiosamente se puede confirmar con cantidad de documentos este estado de cosas bastante generalizado.
El inter茅s de la teolog铆a por los pobres es relativamente reciente y todav铆a hoy no es compartido por todos los t茅ologos. En las d茅cadas anteriores al Vaticano II se habla mucho de la " pobreza espiritual" pero nada de los pobres sociol贸gicos.
La irrupci贸n de los pobres en la Teolog铆a se realiza de verdad en el 谩mbito de los pa铆ses del Tercer mundo, concretamente en Am茅rica Latina, a partir del 68 (Medell铆n y Puebla), bajo los auspicios de la teolog铆a de la liberaci贸n. (Cfr. Victor Codina, Congreso de Teolog铆a y Pobreza, La irrupci贸n de los pobres en la Teolog铆a contempor谩nea, en Misi贸n Abierta, Noviembre, 1981).
3. La pobreza parte integrante del sistema capitalista
A quien estudie el tema ver谩 que la realidad de la pobreza en nuestro tiempo aparece como parte integrante del sistema capitalista. El capitalismo se presenta como generador e irradiador de una riqueza que jam谩s antes existi贸, pero oculta el recorrido tortuoso hasta llegar a ella y las v铆ctimas sin cuento que va dejando en el camino. Parad贸jicamente, se va cumpliendo, pero con abultada crueldad, el diagn贸stico de Marx. Cualquiera que sea la superestructura cultural de una sociedad, hay que contar en primer lugar con la estructura econ贸mica que la sustenta.
El factor econ贸mico no es el 煤nico pero es el b谩sico y es lo que explica que la econom铆a nacional y mundial adquiera un car谩cter r铆gido, de enorme peso e influencia, casi imposible de sustituir por otro que corrija sus perversiones y abusos.
Si es verdad , como dice Ignacio Ellacur铆a, que los pobres no pueden identificarse con cualquier otro tipo de sufrientes y dolientes, nos encontramos sin embargo con el dato aplastante de la pobreza tal como la est谩n viviendo hoy mayor铆as populares de muchos pa铆ses (Cfr. Los pobres lugar teol贸gico en Am茅rica Latina, en Misi贸n Abierta, Noviembre, 1981, vol. 74, p.227). Y ese dato nos dice que es dentro de la estructura econ贸mica neoliberal donde vamos a encontrar la clave que explique su funcionamiento y los resultados, positivos para unos y negativos para otros.
Resulta por tanto que la pobreza existe como una realidad dial茅ctica y pol铆tica. Dial茅ctica porque en nuestra situaci贸n hay pobres porque hay ricos, hay una mayor铆a de pobres porque hay una minor铆a de ricos. Una pobreza fruto de escasos recursos no nos permitir铆a hablar propiamente de pobres. La verdad es que los ricos se han hecho tales desposeyendo a los pobres de lo que era suyo, de su salario, de sus tierras, de su trabajo, etc. Por eso, si los ricos son los empobrecedores, los pobres son los empobrecidos; si los ricos son los desposeedores, los pobres son los despose铆dos; si lo ricos son los opresores y represores, los pobres son los oprimidos y reprimidos (Ibidem, p.227)
Ciertamente, la pobreza no es efecto de la escasez de recursos. El hecho de que el Norte tenga seis veces m谩s que el Sur, no es fruto de la escasez; el hecho de que el Norte (1/4 parte de la humanidad) consuma el 75 % de los recursos terrestres, no es fruto de la escasez; ni el hecho de que tenga el 80 % del comercio y el 93 % de la industria no es fruto de la escasez; el hecho de que el PNB per capita sea de 3, 60 d贸lares al a帽o en el Sur de Asia, o de 8 en Africa y de 206 en Norteam茅rica, no es fruto de la escasez; el hecho de que en Africa haya un m茅dico por cada 50.000 habitantes y en los pa铆ses industrializados uno por cada 450 habitantes, no es fruto de la escasez; el hecho de que Estados Unidos y otros pa铆ses industrializados dediquen miles de millones de d贸lares (y aqu铆 uno renuncia a dar cifras) al armamentismo y nimios porcentajes a resolver las necesidades b谩sicas de la humanidad, no es fruto de la escasez. Es fruto simplemente de una relaci贸n de causalidad entre ricos y pobres.
Con ocasi贸n de los 500 a帽os de la llegada de los europeos a Am茅rica Latina, pudimos recoger escritos e informes estremecedores de la situaci贸n de miseria y opresi贸n de esos pueblos.
Uno de esos escritos es 茅ste de Rigoberta Mench煤: "Con amargura y tristeza constatamos que el etnocidio y el genocidio contin煤an. El robo de tierras y recursos naturales no ha terminado. La militarizaci贸n de pueblos ind铆genas contin煤a. Asimismo, tierras y territorios ind铆genas siguen siendo utilizados con fines militares que nada tienen que ver con los intereses de los ind铆genas. La represi贸n generalizada, la discriminaci贸n en todos los aspectos, la tortura y la muerte hacen parte de lo cotidiano de nuestros pueblos. Se sigue practicando la destrucci贸n y contaminaci贸n de los territorios tradicionales. Tierras indias est谩n siendo o pretenden ser utilizadas como basureros qu铆micos, industriales o radiactivos. Se generaliza el saqueo de los recursos indispensables para la vida de los pueblos ind铆genas. En nombre de un supuesto desarrollo se destruyen y se desacralizan lugares de ceremonias y sitios sagrados. Nuestras culturas, lenguas, religiones, ceremonias, valores, contribuciones y creatividad son pisoteados regularmente" (R. Mench煤, Consideraciones ante la II Cumbre).
Con dolorida raz贸n escrib铆a Sami Na茂r: "Los capitales circulan del Sur hacia el Norte y no en sentido contrario. La deuda exterior de los pa铆ses pobres es del orden de 2,5 billones de d贸lares. La devuelven con un cuchillo en la garganta. La de Estados Unidos es de seis billones de d贸lares. ¡Y nadie obliga a Estados Unidos a devolverla!" (El Pa铆s, 12 de Febrero de 2002, pg. 12).
Es decir, que el pobre en nuestro tiempo no es una persona aislada, ni grupos que son objeto de asistencia o beneficencia social. Los pobres son, en palabras de Gustavo Guti茅rrez, "las clases explotadas, las razas marginadas, las culturas despreciadas" que, con conciencia de su postraci贸n aspiran a conquistar el protagonismo que les corresponde para poder actuar como sujetos de la historia.
4. Los mecanismos del sistema para perpetuar esta situaci贸n
Han sido muchas las formas de colonialismo, pero en todas ellas hay una constante, fortalecida hoy por el modelo econ贸mico neoliberal.
El neoliberalismo -mera expresi贸n del neocolonialismo-no hace sino implantar su dominaci贸n mediante la penetraci贸n del capital extranjero y transnacional, mediante la brutal competencia del libre comercio, mediante los ajustes y privatizaci贸n que imponen, mediante la transferencia de recursos naturales a cambio de una disminuci贸n de la deuda externa.
Esto se revela especialmente en la dimensi贸n ecol贸gica. La dominaci贸n del sistema act煤a invadiendo territorios, saqueando recursos naturales, con el 煤nico objetivo del lucro y dejando por doquier desolaci贸n y muerte. Este arrasamiento habr铆a que tipificarlo jur铆dicamente como delito de "ecocidio".
La Declaraci贸n de Managua, tras se帽alar c贸mo el saqueo y explotaci贸n capitalista ha convertido a estos pueblos en fuerza inagotable de acumulaci贸n capitalista y de desarrollo industrial y tecnol贸gico, afirma: "Cargamos sobre nuestras espaldas los fardos de una deuda creciente, que no es m谩s que nuestra riqueza convertida en pr茅stamo. Como antes, de nuestras vetas sale el oro; de nuestras entra帽as, el petr贸leo; de nuestro sudor, los capitales; de nuestros sue帽os, las pesadillas de la represi贸n y el hambre.
5. El capitalismo no tiene soluciones
Todo un pensamiento pseudocient铆fico pretende enmascarar la realidad del problema de la pobreza. La pobreza ser铆a efecto de una desigualdad natural irremediable, ajena al funcionamiento interno de la econom铆a y, en todo caso, habr铆a que considerarla como un mal menor, pues frente al capitalismo no hay otro sistema mejor.
Sobre este punto, conviene afirmar sin ninguna ambig眉edad que la realidad hist贸rica expresa todo lo contrario:
1潞) Una econom铆a que no sirve al hombre, es un error.
2潞) Una econom铆a de mercado competitivo monopolista, sustra铆da al control del Bien Com煤n ejercido por el Estado, es un error.
3潞) Una econom铆a que produce resultados positivos 煤nicamente para unas minor铆as y negativos para las mayor铆as, es un error.
4潞 Una econom铆a que se rige por la din谩mica propia del ego铆smo, del lucro, de la ley del m谩s fuerte, y que impide unas relaciones individuales y comunitarias basadas en la justicia, el amor y la solidaridad, es un error.
No hay duda de que la sociedad capitalista es una sociedad enferma, llena de contradicciones. Pero la ra铆z del mal est谩 en que el capitalismo hace imposible una 茅tica personal y comunitaria y corrompe las actitudes y los valores m谩s genuinos del ser humano.
Todos sabemos c贸mo la orientaci贸n hoy m谩s arraigada en sociedad y en la cultura es la que pretende hacernos creer que la felicidad consiste en tener: adquirir propiedades, cosas, lucrar, conseguir poder. Eso es producto de la estructura y cultura m谩s estrictamente capitalistas y, sin embargo, lo consideramos como lo m谩s natural. Ser ego铆stas, avaros, soberbios, dominantes, lo consideramos indicadores de nuestra identidad humana.
Pienso que esta orientaci贸n es antinatural, pues la realizaci贸n de la persona no est谩 en el tener sino en el ser. Los grandes valores no se desarrollan en el servicio al dinero sino en ser justos y fraternos, crear relaciones de amor y liberaci贸n, no ser fr铆volos ni insensibles al sufrimiento ajeno, no vivir pendientes del reconocimiento y del aplauso social, dedicarse a satisfacer las necesidades primarias de los seres humanos y luchar para suprimir todo cuanto los hace sufrir. Esas son las se帽as que constituyen la aut茅ntica identidad humana.
6. El momento actual de la crisis neoliberal globalizada
Creo que todos, de una manera u otra, venimos siguiendo el curso y efectos de la crisis econ贸mica actual. Es, se nos dice, la crisis m谩s grave desde los a帽os 1930, tienen car谩cter mundial y no hay pa铆s que escape a ella.
Poco a poco nos hacen creer que la crisis se va superando. Pero suena cada vez m谩s en nuestros o铆dos una cantinela inquietante: esta crisis la est谩n resolviendo no los gobernantes sino los oligarcas y economistas. Ha habido un tiempo en Europa en que el principio pol铆tico, representativo de la voluntad popular, actuaba con arreglo a las necesidades y derechos de la sociedad; ahora quien gobierna es el principio econ贸mico, guiado por objetivos que nada tienen que ver con los de la sociedad en general. Los prop贸sitos del principio econ贸mico doblegan a sus intereses a los prop贸sitos del principio pol铆tico.
Este cambo de tendencia le hace escribir a Jorge M. Reverte: "Una nueva ideolog铆a, la primac铆a del fantasma llamado "los mercados" ha venido a sustituir a la de los avances en la democracia. Con un grave efecto: que nadie conoce al nuevo sujeto y nadie, por tanto, es capaz de negociar con 茅l. Pero se habla de ese sujeto con aut茅ntica devoci贸n. Se escuchan sus mensajes como se escuchaban antes los del Se帽or. Los mercados nos env铆an castigos en forma de plagas, nos avisan y los sacerdotes se encargan de interpretar sus recados con ineficiencia humana. Unos aciertan y otros no. Ha habido un trasvase de las responsabilidad de las decisiones pol铆ticas a las decisiones no siempre bien explicadas de los gur煤s de las finanzas" (El Pa铆s, Europa acorchada, 26 enero 2001).
¿Qui茅n es ese nuevo sujeto? ¿Son agentes de instituciones vac铆as de legitimidad, delincuentes de cuello blanco con los t茅cnicos ajenos a los deseos de los ciudadanos?
Este nuevo sujeto transcurre y se organiza al margen de lo pol铆tico, al margen de la 茅tica, al margen del consenso de los ciudadanos, al margen de un proyecto 茅tico de igualdad, justicia y libertad universales. Una econom铆a humana globalizada debe estar supeditada a las necesidades b谩sicas de la poblaci贸n y no a los intereses de unas minor铆as que, envueltas en el ego铆smo de su opulencia, viven de espaldas a la sociedad.
Aparece entonces el punto preciso de esta crisis: no se trata como es obvio de una crisis econ贸mica sino 茅tica, la econom铆a no est谩 en crisis o, si lo est谩, es por la ausencia de 茅tica. Es una crisis 茅tica, humanista, espiritual la que padecemos y, por negar las exigencias de esa 茅tica, resolveremos vanamente la crisis. La crisis se trata de apuntalarla con el f铆n de que este nuevo sujeto vuelva a conducir el rumbo de la humanidad, pero en realidad se la oculta de nuevo en sus verdaderas causas, dejando herida la realidad, con tendencia a una mayor desigualdad e injusticia. No se la resuelve.
La teolog铆a de la liberaci贸n frente al fen贸meno de la globalizaci贸n neoliberal
1. El momento primero de la teolog铆a
Como escribe el te贸logo m谩rtir Ignacio Ellacur铆a: "El punto de partida de la Teolog铆a de la Liberaci贸n es la experiencia humana que, ante el atroz espect谩culo de la maldad humana, que pone a la mayor铆a de la humanidad a la orilla de la muerte y de la desesperaci贸n, se rebela y busca corregirla. Y la experiencia cristiana que, basada en la misma realidad, ve, desde el Dios cristiano revelado en Jes煤s, que esa atroz situaci贸n de maldad e injusticia es la negaci贸n misma de la salvaci贸n anunciada y prometida por Jes煤s, una situaci贸n que ha hecho, de lo que debiera ser reino de gracia, reino de pecado" (T茅ologo m谩rtir por la liberaci贸n del pueblo, Nueva Utop铆a, 1990, pp.153-154).
Es lo primero.
Me gusta citar, a este respecto, el testimonio del obispo Pedro Casald谩liga: "Despu茅s de vivir tres a帽os aqu铆, andando por esos r铆os y sertaos, encontrando a unos y a muchos peones, sintiendo la amargura de unos y muchos posseiros, y despu茅s de acudir a las autoridades de aqu铆 o de Barra dos Garzas, de Cuiab谩, o de Brasilia, despu茅s de gritar, de llorar (y he llorado algunas veces enterrando peones en ese cementerio de Sao F茅lix, ah铆 a la orilla del Araguaia) despu茅s de todo eso, estoy sintiendo hoy como a la persona m谩s importante de este d铆a, a ese pe贸n, a ese muchacho de 17 a帽os que hemos enterrado esta ma帽ana ah铆, a orillas del Araguaia, sin nombre y sin caja. Sintiendo eso, viviendo eso d铆a a d铆a, el que tenga un poco de fe, el que quiera ser fiel a Jesucristo y quiera ser sincero con ustedes tiene que rebelarse, tiene que gritar, tiene que llorar, tiene que luchar" ( Cabestrero, T., Una iglesia que lucha contra la injusticia, Misi贸n Abierta, 1973, p.186).
2. El momento segundo de la teolog铆a
Estoy convencido de que son muchos entre cristianos los comportamientos individuales y muchas las pr谩cticas institucionales que no responden al esp铆ritu del Evangelio. Por unas u otras razones, al Evangelio lo tenemos secuestrado o desvalorizado.
Resulta m谩s que claro que entre Evangelio y capitalismo, teolog铆a y globalizaci贸n neoliberal no hay coincidencia, sino oposici贸n. Son dos proyectos, dos din谩micas, y dos escatolog铆as distintas. La del capitalismo apuesta por el ego铆smo, el lucro, la ambici贸n, el poder y el 茅xito. La del Evangelio apuesta por el amor, la justicia, la generosidad, el compartir, el servicio fraternal y la humildad.
El capitalismo cuenta con los que buscan la seguridad y felicidad del dinero, con los que aspiran a enriquecerse ignorando la miseria y el sufrimiento de los otros, con los que no quieren cambiar por defender sus privilegios, con los que persiguen a los que intentan hacer una sociedad m谩s justa.
El Evangelio cuenta con los despose铆dos, los misericordiosos, los sinceros, los que trabajan por la paz, los que son perseguidos por no servir a los intereses del dinero.
¿Algunos criterios que ayuden a preservar la identidad del cristiano?
Indico tres:
1. El reino de Dios es ya para este mundo y tiene que ver grandemente con la pol铆tica
La utop铆a de Jes煤s es que el reinado de Dios se instaure progresivamente en la vida e historia de los hombres. Los imperativos de la justicia, del amor, de la libertad, de la paz y de la felicidad son imperativos para el momento presente. Si El hubiera renunciado a hacer efectivo su programa, no hubiera cuestionado el contenido de otros programas – el pol铆tico y religioso de entonces- y no hubiera sido censurado, perseguido ni ejecutado. La ambici贸n de los poderes que no sirven al pueblo utiliza siempre la pol铆tica y la religi贸n no para asegurar el bien y los derechos del pueblo, sino para defender su propio bienestar y privilegios, lo cual les lleva a tergiversar o vaciar la religi贸n de su verdadero sentido.
Los evangelios nos dicen que Jes煤s anuncia una "buena noticia" o, lo que es lo mismo, la cercan铆a del "proyecto o reinado de Dios". Ambas expresiones quieren decir que Jes煤s anuncia una sociedad alternativa, que exige un cambio individual y un cambio de las relaciones humanas sociales. Surgir谩 as铆 el hombre nuevo.
2. El programa del reino: las bienaventuranzas
Jes煤s deja bien claro c贸mo constituir la nueva sociedad. Su programa lo explicita en las llamadas Bienaventuranzas. Hay quien, como Ghandi, considera las bienventuranzas como la quintaesencia del Evangelio y hay quien, como Nietsche, las considera como una maldici贸n por ir contra la dignidad humana.
Ciertamente, en una sociedad como la nuestra escuchar que quien vive en la pobreza, y sufre, y llora, y pasa hambre, y es perseguido debe considerarse feliz, resulta absurdo. Racionalmente no es f谩cil comprender este mensaje.
Cuando Jes煤s habla de los pobres se est谩 refiriendo a la realidad concreta de su pa铆s, donde hay muchos que sufren privaci贸n, marginaci贸n y exclusi贸n por la injusticia de los ricos seg煤n denuncian los profetas. En nuestra sociedad hay tambi茅n pobres, muchos, a causa del ego铆smo de los ricos. No s贸lo eso, todos nosotros somos pobres, tenemos muchas limitaciones que nos hacen sufrir y llorar, bien sea por causa de la naturaleza, bien por las acciones injustas de los dem谩s.
Ante esa situaci贸n de pobreza, Jes煤s, que es sabio, que nos conoce y sabe lo que nos lleva a la felicidad, hace una propuesta y nos marca un estilo de vida para alcanzar la meta de la felicidad. No impone, ni dicta leyes; invita, propone, se帽ala un camino que, resumido, podr铆a ser 茅ste:
«Mirad, se trata de que me sig谩is, obrando como yo, y esto significa:
– Que en la convivencia sep谩is comportaros con solidaridad con los dem谩s, con los que menos tienen o m谩s sufren, no os encerr茅is en vosotros mismos, poneros en su lugar y ver茅is c贸mo pod茅is ayudarlos.
– Significa que mir茅is la tierra y sus bienes como cosas de todos, no os los apropi茅is, no vay谩is a la conquista de nada, pues todo lo hab茅is recibido como un regalo y deb茅is regalar. As铆 vivir茅is en ella sin violencia y sembrar茅is paz.
– Significa que en todo ser humano hay como un doble de vuestro yo, hacedles lo que os gustar铆a que hicieran con vosotros, ved adem谩s que en ellos est谩 presente el Se帽or, dad cauce a ese vuestro deseo de ser justos y solidarios, remediad el hambre y otras necesidades, prestad un servicio.
– Significa que nadie es mejor ni peor que t煤, no los juzgues con rigor cuando los veas excluidos o postrados, s茅 misericordioso, comparte su suerte, ay煤dales. Significa que tengas un coraz贸n limpio y abierto para todos, sin l铆mites ni barreras, que veas a todos como personas y no como enemigos, 谩malos y ver谩s c贸mo aniquilas la guerra y haces crecer la paz.
– Ese es el camino que lleva a la paz, sin orgullo, sin menosprecio, sin venganza, sin coacci贸n, pero s铆 con mucho amor».
Dicho de otra manera: «entrar en el esp铆ritu de las bienaventuranzas quiere decir:
1. Es preferible ser pobre, que ser rico opresor.
2. Es preferible llorar a hacer llorar al otro.
3. Es preferible pasar hambre a ser la causa de que otros mueran de hambre.
4. Dichosos no por ser pobres, sino por no ser ricos ego铆stas.
5. Dichosos, no por ser oprimidos, sino por no ser opresores.
La clave es 茅sta: todo esto que digo est谩 en ti, es lo mejor de ti, es tu dignidad y val铆a, y es la dignidad y val铆a de cada ser humano. Lo que propongo no es, pues, una quimera, sino algo realmente posible.
Caminar por aqu铆 es seguirme, dejar a un lado el af谩n del dinero, renunciar a la injusticia, abrir caminos de humanidad, de amor y de paz. Por parad贸jico que pueda parecer, mi exaltaci贸n de la pobreza tiene como objetivo el que deje de haber pobres.
El enemigo numero uno del Reino de Dios es la ambici贸n, el af谩n de poder, la necesidad de oprimir al otro. Recordad mis palabras: "no pod茅is servir a Dios y al dinero".
Mi evangelio anuncia que toda acumulaci贸n de bienes, mientras haya un solo ser humano que muera de hambre, es injusta. Los economistas dir谩n que no puede haber progreso sin acumulaci贸n de capital. Los soci贸logos dir谩n que la organizaci贸n de la sociedad ser铆a imposible, si no hubiera alguien que mandara y alguien que obedeciera. Las bienaventuranzas que yo propongo denuncian que la sociedad tal como est谩 hoy montada a nivel mundial es radicalmente inhumana e injusta, aunque se cumplan al pie de la letra todas las normas legales establecidas. Mis bienaventuranzas dicen que otro mundo es posible.
Un mundo que no est茅 basado en el ego铆smo sino en el amor. ¿Puede ser justo que t煤 est茅s pensando en vivir cada vez mejor (enti茅ndase consumir m谩s), mientras millones de personas est谩n muriendo, por no tener un pu帽ado de arroz que llevarse a la boca? Si no quieres ser c贸mplice de la injusticia, escoge la pobreza.
Por tanto, estas son las condiciones para ser bienaventurado:
– Renunciar a toda ambici贸n optando por la pobreza (Mt 5,3) y mantener fidelidad a esa renuncia a pesar de la oposici贸n que suscita (Mt 5,10).
– Estimular desde esas condiciones un movimiento liberador. Los que se sientan oprimidos, sometidos y aspiren a la justicia encontrar谩n consuelo, libertad y ver谩n colmadas sus aspiraciones.
– Crear relaciones regidas por solidaridad (Mt 5, 7), la sinceridad (Mt 5,8) y por el trabajo por la paz (Mt 5,))s
– Proceder convencidos de que la verdadera felicidad estriba en el amor y la entrega y no en el ego铆smo y triunfo personal».
3. Ungido para dar la buena noticia a los pobres (Lc. 4, 18)
El programa de Jes煤s, encuadrado siempre en el marco de su seguimiento, puede ser analizado desde diversos principios: la justicia, el amor, la fraternidad, la predilecci贸n por los 煤ltimos, etc.
Si hemos cobrado conciencia de que los pobres no son fruto del fatalismo sino de causas y sistemas bien determinados, no menos claro resulta que el Dios de Jes煤s es el Dios ant铆tesis de la pobreza, consecuencia a su vez de la injusticia y que conduce a la muerte.
Los pobres, y quienes con ellos se solidarizan, ya se sabe con qui茅nes van a entrar en conflicto. La materialidad de la pobreza es condici贸n necesaria para la pobreza evang茅lica, que exige ir coronada por una espiritualidad que tome conciencia de esa pobreza dial茅ctica, que obstaculiza el cumplimiento de la voluntad de Dios sobre los bienes de este mundo y hace imposible el ideal hist贸rico del reino de Dios, imposibilitando el cumplimiento del mandamiento del amor y de la fraternidad.
Frente a la filosof铆a clasista y menospreciadora del capitalismo, la teolog铆a cristiana afirma que los pobres son un lugar teol贸gico, que constituyen la m谩xima y m谩s escandalosa presencia de Dios en la sociedad. En Jes煤s de Nazaret, Dios se manifiesta haci茅ndose uno de nosotros, adoptando una vida desde la justicia y el amor a favor de los desheredados, contra la explotaci贸n de los poderosos y, por eso, acaba en fracaso y asesinato. Dios, en Jes煤s de Nazaret, abandona toda suerte de neutralismo y toma partido contra los empobrecedores.
Confesar que Jes煤s es Dios, es hacerlo desde su opci贸n por los pobres, lo cual resulta escandaloso para los jud铆os y para los griegos, para los piadosos y para los intelectuales.
Cuando se acusa a los te贸logos de la liberaci贸n de querer privar a Jes煤s de su divinidad, lo que se esconde tras esa acusaci贸n es la pretensi贸n de querer anular el esc谩ndalo de un Dios impotente y crucificado. Un esc谩ndalo que sigue vivo en la historia. Escribe I. Ellacur铆a: "Los pobres se convierten en lugar donde se hace historia la Palabra y donde el esp铆ritu la recrea. Y en esa historizaci贸n y recreaci贸n es donde 'connaturalmente' se da la praxis cristiana correcta, de la cual la teolog铆a es, en cierto sentido, su momento ideol贸gico" (Idem, p. 52). "De ah铆 que la pr谩ctica teol贸gica fundamental de los te贸logos de la liberaci贸n…intenta ante todo ayudar al pueblo empobrecido en su pr谩ctica activa y pasiva de salvaci贸n" (I. Ellacur铆a, Idem, 152-153).
Consiguientemente si los pobres ocupan esta importancia en el cristianismo se entiende que a la Iglesia se la pueda llamar con toda propiedad Iglesia de los pobres. Son ellos los que deben darle orientaci贸n fundamental a su estructura, a su jerarqu铆a, a sus ense帽anzas y a su pastoral. Y si la iglesia est谩 subordinada al Reino, debe estarlo tambi茅n a los pobres. Los caminos de los pobres y los de Dios van unidos en este mundo.
La Iglesia, por tanto, debe estar all铆 donde est谩n los pobres, no donde est谩 la riqueza. Lo cual quiere decir que debe estar donde estuvo su Fundador, es decir, en el lugar social de los pobres.
Ep铆logo
La denuncia de un economista (Stiglitz) y de un profeta (Casald谩liga)
Cualquiera que lea el libro de Joseph E. Stiglitz, catedr谩tico, profesor y Premio Nobel de Econom铆a, encontrar谩 que las cosas de la globalizaci贸n, tal como 茅l las juzga, andan muy a la vera de lo que nosotros hemos dicho.
Subrayo unos textos suyos que reivindican tres puntos b谩sicos: "Mis investigaciones plantean dudas sobre la idea de que el libre comercio tiene que aumentar por necesidad el bienestar" (C贸mo hacer que funcione la globalizaci贸n, Taurus, 2006, p.16). "Me parec铆a terriblemente injusto que en un mundo con tanta riqueza y abundancia haya tanta gente que viva con pobreza…Hab铆a visto pa铆ses en los que la pobreza iba en aumento en lugar de descender y hab铆a observado lo que esto significaba" (Idem, p. 17) " Los pa铆ses ricos crearon un r茅gimen comercial global al servicio de sus propios intereses corporativos y financieros, con lo cual perjudicaron a los pa铆ses m谩s pobres del mundo" (Idem, p.18) "Sin regulaci贸n e intervenci贸n estatales, los mercados no conducen a la eficiencia econ贸mica" (Idem, p. 21)."La globalizaci贸n pone en peligro valores culturales fundamentales" (Idem, p. 25).
Podr铆a yo haber expuesto esta conferencia refiri茅ndome simplemente a la vida del obispo Casald谩liga, como camino y programa para combatir la injusticia global y transformar la vida de los pobres. Ser铆a el resultado de una teolog铆a prof茅tica, liberadora, hecha a pie de vida. Siempre Casald谩liga tuvo en su coraz贸n y en su mente la causa de los pobres. Y viene estando con ellos desde hace 42 a帽os en el Mato Grosso del Brasil en su Prelatura de Sao F茅lix do Araguaia.
Dos textos de Pedro Casald谩liga:
"La blasfemia de nuestros d铆as, la herej铆a suprema, que acaba siendo siempre idolatr铆a, es la macroidolatr铆a del mercado total. Y es, puede ser, la omisi贸n de la Iglesia, la insensibilidad de las religiones frente a la macroinjusticia institucionalizada hoy en el neoliberalismo, que por esencia es pecado, pecado mortal, asesino y suicida" - "El capitalismo colonialista crea necesariamente dependencia y divide al mundo. El capitalismo es la culebra aquella primera, siempre astuta. Jes煤s dijo abiertamente que el antidi贸s es el dinero. Esto no es de ning煤n marxista ni de ning煤n te贸logo de la liberaci贸n. Es del Se帽or Jes煤s"
"Creo que el capitalismo es intr铆nsecamente malo: porque es el ego铆smo socialmente institucionalizado, la idolatr铆a p煤blica del lucro, el reconocimiento oficial de la explotaci贸n del hombre por el hombre, la esclavitud de los muchos al yugo del inter茅s y la prosperidad de los pocos. Una cosa he entendido claramente con la vida: Las derechas son reaccionarias por naturaleza, fan谩ticamente inmovilistas cuando se trata de salvaguardar el propio tajo, solidariamente interesadas en aquel orden que es el bien… de la minor铆a de siempre".
Y concluyo con este poema del mismo P. Casald谩liga: