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jueves, 23 de julio de 2026

Nicaragua. Nosotros construimos democracia y sabemos cómo defenderla

Por William Grigsby Vado, Radio La Primerísima.


¿Quién nos puede dar lecciones de democracia? ¿Con qué derecho? Nosotros sabemos qué es, cómo se construye y cómo se defiende. Nos consta que la democracia no empieza ni termina con las elecciones.


Los yanquis le decían a Somoza que hiciera elecciones, que cometiera fraude y también le daban las armas y el dinero para que el pueblo siguiera pobre y el país sometido al imperialismo. Lo llamaban “demócrata”, lo defendían en todas partes y lo ponían de ejemplo de cómo someter a un pueblo.

¿Qué mayor democracia que la insurrección del pueblo para derrocar al títere de los yanquis? ¿Quiénes tomaron la decisión de acabar con la dictadura somocista? Los empobrecidos. En cambio, los ricos y sus lacayos eran parásitos de Somoza, pedían a la Guardia protegerlos, aplaudían al somocismo cuando asesinaba al pueblo, enriquecían sus bolsillos mientras la gente moría de hambre y vivía en la ignorancia.

¿Qué mayor democracia que la Cruzada Nacional de Alfabetización? “Ser culto es el único modo de ser libre”, decía el Héroe Nacional de Cuba, el poeta José Martí. Democracia es que todos sepamos leer y escribir y que tengamos derecho a la educación.

¿Qué mayor democracia que exterminar la poliomielitis, que vacunar a toda la población para evitar las muertes de los pobres varicela o viruela o sarampión entre tantas otras enfermedades? Democracia es proteger la vida.

¿Qué mayor democracia que la defensa armada de la Patria, protagonizada por los jóvenes de los años 80, auténticos héroes del pueblo, que derrotaron a los mercenarios armados y entrenados por los yanquis? Democracia es defender la libertad y la soberanía con la propia vida.

¿Qué mayor democracia que la entrega de tierras a los campesinos? Democracia es justicia social.

¿Qué mayor democracia que aceptar nuestra derrota electoral en 1990 y entregar el gobierno a los títeres de los yanquis? El FSLN fue el primer partido de la historia de Nicaragua que llegó al poder por la vía armada y entregó el gobierno pacíficamente. Nunca antes había ocurrido. Democracia es reconocer el veredicto de las urnas.

¿Qué mayor democracia que colocar a la gente, al pueblo mismo, como el centro de toda la actividad del Gobierno y del Estado? Durante siglos, los que nos odian, utilizaron las instituciones y sus fuerzas armadas hacer más ricos a los ricos, y asesinar a todo aquél que luchar por su vida y su libertad. Democracia es que el pueblo mande, el Pueblo Presidente.

Y así podríamos ofrecer centenares de ejemplos, como lo que ahora hace nuestro Gobierno (sí, nuestro gobierno, de los sandinistas y del pueblo entero: es nuestro) multiplicando escuelas, maestras, universidades, hospitales, centros de salud, médicos, enfermeras, calles, carreteras, caminos, puentes, viviendas, autobuses, etc.

La democracia se defiende con todos los instrumentos del Estado. Con las armas, que para eso el pueblo está armado, mediante su Ejército, su Policía y su Ministerio del Interior. Con las acciones de gobierno, mejorando día a día la calidad de vida de todo el pueblo. Con el Estado de Derecho que el pueblo mismo ha construido, para crear leyes que nos permitan defender la vida, la paz, la seguridad, la soberanía y el derecho a decidir nosotros mismos qué tipo de sociedad queremos.

Por eso tenemos que blindar nuestro Estado y fortalecer el andamiaje jurídico que impida a los yanquis y al somocismo aprovechar cualquier resquicio con el propósito de volver a someter al pueblo y a la nación. Los partidos de los yanquis jamás podrán participar en ningún proceso electoral y por eso jamás podrán volver al gobierno, nunca podrán ver las elecciones en Nicaragua. Que las vean desde afuera, en sus computadoras pagadas por los yanquis.

Sandino fundó la Patria de todos, cuando el 4 de mayo dijo no a los yanquis. Nunca se rindió. Nunca se vendió. Con un puñado de hombres y mujeres descalzos y harapientos, expulsó a los yanquis del suelo patrio. Por eso lo asesinaron.

Carlos Fonseca nos enseñó que los sandinistas luchamos por una Revolución: «se trata no de lograr simplemente un cambio de hombres en el poder, sino un cambio de sistema, el derrocamiento de las clases explotadoras y la victoria de las clases explotadas».

Las enseñanzas de Sandino y Fonseca. Eso es exactamente lo que hemos hecho a lo largo de toda la historia como pueblo sandinista. Derrocamos a las clases explotadoras, construimos el poder popular, hacemos justicia social, preservamos la soberanía nacional, ejercemos la autodeterminación, defendemos la paz y la seguridad de todas y todos.

Bajo la conducción del Comandante Daniel y de Rosario, con el FSLN como el mejor instrumento político jamás creado en nuestro país, hacemos todo eso con dignidad, con generosidad, con patriotismo, con las armas, con las leyes, con todo el poder popular, obedeciendo al pueblo porque somos servidores del pueblo.

Han sido miles y miles de nicaragüenses que a lo largo de nuestra historia han entregado su vida por la causa del pueblo. Somos consecuentes con su sacrificio. Porque el color de la sangre jamás se olvida, ¡ni nos vendemos, ni nos rendimos! ¡Patria Libre o Morir!

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viernes, 4 de noviembre de 2011

Nicaragua - William Grigsby: “La mayoría de la gente vive mucho mejor hoy que cinco años atrás”

Por Sergio Ferrari - ALAI

El próximo 6 de noviembre se realizarán elecciones  generales en Nicaragua, país centroamericano que motorizó en los años ochenta uno de los movimientos de solidaridad internacional más activos de la historia contemporánea. 

Como entonces, hoy, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) sigue siendo uno de los principales actores políticos y su candidato, el actual Presidente Daniel Ortega, aspira a la reelección. 

Sin embargo, algunas de las antiguas personalidades sandinistas de los ochenta se sitúan en la oposición abierta. Lo que dibuja un escenario particular donde cuatro alianzas tratan de disputar la hegemonía al partido en el Gobierno.

Entrevista con William Grigsby, militante sandinista,  director de la Radio La Primerísima – entre las de más audiencia de Nicaragua-  y agudo analista político de la región centroamericana.

P: Las últimas encuestas pre-electorales le asignan una cómoda victoria al candidato de la Alianza “Unida, Nicaragua Triunfa”, el actual presidente Daniel Ortega. ¿Coincide con esa lectura?

William Grigsby (WG): El ambiente general en el país anticipa que Daniel Ortega ganará las elecciones. Pienso, incluso,  que podría darse  una abrumadora mayoría lo que le permitiría obtener los dos tercios -de los 90 diputados- que integran el parlamento. Resultado que facilitaría incluso una futura reforma de la Constitución. De esta tendencia están conscientes los otros cuatro partidos, todos de derecha,  que compiten en las elecciones. Así como también los grandes empresarios y Gobiernos como el de Estados Unidos. No obstante el FSLN no se  confía de este pronóstico y sus activistas siguen haciendo su trabajo casa por casa en todas las comunidades de los 153 municipios de los 17 departamentos y regiones del país. La verdad definitiva se conocerá el 6 de noviembre cuando los ciudadanos nicaragüenses se pronuncien en las urnas.

P: La oposición  denuncia la ilegalidad de las elecciones. Para ella Daniel Ortega no estaba autorizado para un segundo mandato consecutivo, habiendo ya ejercido el gobierno en los años ochenta.


R: En un Estado de derecho es el Poder Judicial quien determina, en última instancia,  cuándo una norma afecta derechos fundamentales de uno o varios ciudadanos. En Nicaragua, la Corte Suprema de Justicia determinó que no se puede aplicar la prohibición de la reelección presidencial para alguien que ya ejerció dos períodos antes. La Corte entendió que impedir que Daniel Ortega sea candidato vulneraría los principios esenciales de la propia Constitución, que priman sobre cualquier otra norma jurídica. La cuestión es que la oposición en Nicaragua solo se somete al imperio de la Ley y a los fallos judiciales, cuando le conviene. En última instancia la legitimidad de un nuevo mandato del candidato sandinista, en términos políticos, dependerá sobre todo de la forma en que la ciudadanía se exprese electoralmente. Y pienso que el voto será contundente.

P: La misma oposición habla de “clientelismo” de parte del poder para explicar la posible victoria electoral del sandinismo...

R: La mayoría de los nicaragüenses saben que hoy viven mucho mejor que hace cinco años. Solo por citar un ejemplo: en un país en el cual el 78% de la población vive con 2 dólares diarios o menos, hasta enero de 2007 la educación y la salud se pagaban. Hoy son absolutamente gratuitas. Otros indicadores en estos cinco años: el país ha doblado el monto de sus inversiones; el salario mínimo se duplicó; creció el empleo; se resolvió la crisis de energía eléctrica y se amplió de un 56 a un 70% la cobertura de ese servicio; 80 mil mujeres del campo son ahora productoras de leche y carne; 217 mil mujeres ha recibido micro-créditos sin interés. Además,  el analfabetismo se redujo del 32 al 4%; el Estado creó una red nacional de distribución de alimentos básicos, con cuatro mil puestos que los venden a precios más favorables que el mercado privado;  481,537 productores agrícolas de todos los tamaños, fueron sujetos de crédito. Adicionalmente, en cuatro años, el Gobierno entregó 1,397 millones de dólares en créditos para la agricultura. Hoy 152 mil empleados públicos reciben un bono mensual de 700 córdobas (ndr: en torno de 35  dólares estadounidenses)  como complemento salarial. Esas son, entre muchas otras, las razones por las cuales, pienso, que  el electorado plebiscitará masivamente al FSLN.

P: Diversos partidos o agrupaciones que en su origen eran parte del Frente Sandinista hoy apoyan a Fabio Gadea, uno de los candidatos de la derecha. Incluso Edmundo Jarquín, dirigente del Movimiento de Renovación Sandinista, es el candidato a vicepresidente de esa lista. ¿Cómo se comprende la actitud de la disidencia sandinista?

WG: El MRS es ya hoy una fracción de derecha que ha renegado del sandinismo para inscribirse entre las fuerzas más reaccionarias de la sociedad nicaragüense. La mayoría de sus militantes que no son más de 150, ocupó posiciones privilegiadas en los años 80 como miembros del FSLN. Luego, cuando el FSLN fue oposición, se dedicaron a hacer negocios. Su motivación actual para aliarse con Fabio Gadea es más personal que política. Es un sector que odia personalmente a Daniel Ortega y busca la venganza política porque ya no controla al FSLN como sucedió hasta 1994.

P: Centroamérica vive una situación muy especial de su historia. La ex guerrilla salvadoreña del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional es hoy Gobierno en El Salvador. La resistencia hondureña que apoya al ex presidente depuesto Manuel Zelaya ha demostrado su fuerza estos últimos meses y aspira a ganar las próximas elecciones. ¿Cuál podría ser el impacto del resultado electoral en Nicaragua del próximo 6 de noviembre en este contexto regional?

WG: En términos históricos, Nicaragua siempre ha jugado un papel clave en toda la región. Lo que aquí ocurre influye a los otros cinco países centroamericanos. La integración económica entre estos países, con economías que dependen mucho la una de las otras, está por encima de cualquier divergencia ideológica en cualquiera de los gobiernos, como se ha demostrado estos últimos cinco años. El FSLN ha jugado un papel de estabilidad y consenso en la región, como quedó demostrado con la reacción mundial contra el golpe militar contra el presidente Manuel Zelaya en 2009 y su posterior retorno a Honduras. Insisto: el sandinismo es un elemento que aporta activamente a la estabilidad regional.

P: Para concluir, América Latina atraviesa un proceso casi generalizado de consolidación democrática con predominancia progresista. ¿Cuál es la relación hoy entre lo que vive Nicaragua y esa coyuntura continental?

WG: Entre los siglos XVIII y XX, Europa parió los cambios que aún hoy repercuten en gran parte del planeta. El siglo XXI es de América Latina. Europa no sólo envejece como población sino en sus ideas. Tiene crisis de paradigmas y de valores. En cambio, América Latina vive una ola de revoluciones nacionalistas y progresistas, que rompen los moldes de la ortodoxia marxista o de los revisionistas socialdemócratas. La mayoría de los países latinoamericanos han iniciado caminos diferentes con un mismo propósito: acabar con la pobreza y procurar el desarrollo con equidad social. Los sandinistas integran esa corriente de Nuestra América. En tanto, en Europa y en Estados Unidos el poder hace exactamente lo contrario. Quiere salvar el capitalismo produciendo más pobres, profundizando las diferencias sociales, reduciendo el Estado y privilegiando la mafia financiera que dirige sus sociedades. Hemos emprendido caminos antagónicos y solo la historia podrá colocar a cada quien en su lugar.

miércoles, 13 de julio de 2011

NICARAGUA: "El Estado de Nicaragua no ha renunciado a indemnización de EEUU" William Grisby

11 de Julio de 2011 Pedro Ortega Ramírez
EL19DIGITAL

El analista político y comunicador William Grigsby afirmó que los funcionarios y gobiernos nicaragüenses que se negaron a cobrar la deuda que Estados Unidos tiene con Nicaragua por haber agredido al país en los años ochenta “son parte de la basura de la historia nacional”.

Grigsby señaló que Estados Unidos debe cumplir con la sentencia emitida por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, pues tienen una responsabilidad moral, política, económica e histórica, por la “atrocidad” que cometieron en los años ochenta.

El periodista Grigsby dijo que ningún nicaragüense debe renunciar a los derechos que le brinda la sentencia de la CIJ, aclarando que la ex presidenta Violeta Chamorro declinó como gobierno a cobrar la deuda “pero el Estado de Nicaragua no ha renunciado a esa indemnización”.

Recordó que la ex presidenta declinó a cobrar, bajo el supuesto acuerdo de que el gobierno norteamericano de esa época se comprometió a pagar cada año un monto equivalente hasta cancelar el total de la deuda.

“Pero eso nunca fue cierto (no se cumplió el compromiso) lo máximo a que llegaron fue a 300 millones de dólares en un periodo de gobierno”, reveló.

El comunicador sostuvo que el no reconocimiento por parte de EEUU, de la sentencia de La Haya que ordena la indemnización al pueblo de Nicaragua de 17 mil millones de dólares, es una actitud previsible, ya que “la arrogancia del poder imperial no les permite aceptar una derrota política” a como ocurrió en 1987 cuando el máximo tribunal dictó la sentencia.

Dijo que la actitud del gobierno chamorrista y sus funcionarios a declinar a cobrar la deuda a Estados Unidos también es previsible “porque ellos son súbditos del imperio norteamericano, ellos no se sienten nicaragüenses, efectivamente son ciudadanos norteamericanos que residen en Nicaragua y desgraciadamente en algún momento manejaron el poder político en Nicaragua”.

Aseveró que estos personajes que gobernaron el país ni siquiera se les puede calificar de vende-patrias “porque son ciudadanos norteamericanos, simplemente ya no son nicaragüenses, hace rato que no lo son (…) quedan como parte de la basura de la historia”.

El Comandante Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega Saavedra, recordó a los gobernantes norteamericanos que tienen una deuda moral y económica con Nicaragua, por haberla agredido militarmente minando nuestros puertos y puentes, entre otros recursos económicos.

El comandante Daniel dijo que EEUU tiene que cumplir la ley, sobre todo cuando se presenta ante el mundo como una nación respetuosa de las leyes internacionales y como el paradigma de la democracia mundial.


viernes, 25 de marzo de 2011

Nicaragua: “No está en duda que el FSLN ganará la Presidencia y aspiramos a la mayoría calificada en el Parlamento”


William Grigsby, periodista, director de Radio La Primerísima, analizó las fortalezas con las que el Frente Sandinista llega a las elecciones generales del 6 de noviembre en una charla con Envío que transcribimos.



En estos cuatro años en los que el Frente Sandinista ha ejercido el poder, el Frente se ha ocupado, en primer lugar, en reconstituir las prioridades del país desde el punto de vista económico y social. Y ha tenido bastante éxito en la re-dirección de las políticas económicas en las nuevas circunstancias.

El Frente Sandinista tiene su película clara. Además de lo que ya conocemos -la gratuidad de la educación y de la salud y los programas sociales que son banderas de este gobierno-, uno de los logros más importantes del Frente ha sido recuperar paulatinamente la función del Estado como rector de las políticas económicas. Aunque esto no lo ha logrado plenamente, sí ha iniciado el proceso para lograrlo. Cito, por ejemplo, la refundación -podríamos llamarla así- de ENABAS (Empresa Nicaragüense de Alimentos Básicos), encargada de regular el precio de algunos alimentos, lo que la convierte en un pivote fundamental para mantener el equilibrio de la economía familiar. Otro ejemplo: las estratégicas políticas del Estado en inversiones en energía, que han logrado una clara rectoría del Estado en todo el sector energético. Otro ejemplo: la redefinición de las prioridades en la construcción de caminos y carreteras. Hasta hace cuatro años la prioridad eran los corredores internacionales o las carreteras troncales, ahora son otras las prioridades. Son sólo algunos ejemplos, muy importantes para ir construyendo el futuro. El gobierno tiene un Plan de Desarrollo claramente vertebrado con dos prioridades: el sector agropecuario y el sector energético y ha dirigido sus políticas a fortalecer ambos sectores. En el sector agropecuario ha priorizado a la pequeña y mediana producción, que hoy tiene mejores posibilidades de crédito y de mercados que las que tenía hace cuatro años.

Si revisan el programa que el Frente Sandinista presentó para las elecciones de 2006 lo ha cumplido en un 98% y lo ha sobrecumplido en aspectos que ni siquiera estaban previstos. Tenemos ahora un gobierno que tiene resultados concretos en políticas sociales y económicas, que han disminuido la incidencia del hambre en las zonas rurales y que han fortalecido nuevas formas de organización en el campo, principalmente alrededor del programa Hambre Cero, que ha promovido a 60 mil mujeres organizadas en cooperativas campesinas. Ellas son el germen de nuevas estructuras organizativas que podrán desarrollarse en los próximos cinco años de gobierno del Frente Sandinista.

En una perspectiva general, lo que ha hecho este gobierno ha sido sentar las bases para dar un salto de calidad en términos estructurales, y también en términos políticos, después de que ganemos las elecciones de noviembre. En estos primeros años el Frente Sandinista se ha concentrado en ir recuperando la función del Estado en determinados sectores de la economía, sentando las bases para dar ese salto.

Los resultados económicos han sido hasta ahora francamente favorables, aunque con la enorme debilidad que imponen las circunstancias políticas. Porque no ha habido ahora una ruptura estructural de la sociedad. No la ha habido ni la habrá. No es como en 1979, cuando después de la insurrección popular, el Frente Sandinista asumió el poder y asumió todo el poder. Y construyó todo el poder -el militar, el estatal-, porque el poder antiguo quedó literalmente en cenizas. También el Frente construyó un marco legal para el país que se llamó Constitución. Ésa no es la situación ahora, entre otras cosas porque las posibilidades políticas, ni las nacionales ni las internacionales, no nos lo permiten. Y porque tampoco ése es el objetivo del Frente Sandinista.

Aquí no ha habido un cambio estructural del país. Lo que ha habido es un gobierno que ha cambiado las prioridades del Estado, colocando en primer lugar el ayudar a salir de la extrema pobreza a un segmento de la población y el promover políticas que ayuden a elevar el nivel de vida de toda la población. Lo hemos hecho en un marco político desfavorable al Frente Sandinista. Porque ganamos las elecciones sin tener mayoría parlamentaria y sin tener mayoría ideológica en el seno de la sociedad. Lo que teníamos en enero de 2007 es un Frente Sandinista que ganó las elecciones con la voluntad de, a partir del ejercicio del poder, ampliarse hasta conseguir llegar a ser mayoría política e ideológica.

En mi opinión, el principal problema del Frente Sandinista es no haber logrado empujar la organización popular. El Frente no ha logrado hacer de los CPC (Consejos del Poder Ciudadano), convertidos después en los Gabinetes del Poder Ciudadano, un masivo instrumento de organización de base. Eso no cuajó y es más que obvio en los resultados. Tampoco ha logrado aún cuajar otro tipo de organización popular que posibilite esos vasos comunicantes entre el gobierno que ejerce el poder político y la gente. Creo que ésa es la principal debilidad política que tiene en este momento el gobierno del Frente Sandinista.

Pero tenemos muchas fortalezas con las que llegar a las elecciones de noviembre. Una de las fortalezas indudables del Frente Sandinista es un gobierno que tiene su película clara, que tiene un proyecto clarísimo y que está dando los pasos para ir a donde quiere ir. El Frente Sandinista tiene también una organización electoral muy eficiente y eso está demostrado. El ejército de fiscales del Frente Sandinista es experimentado. Ya han participado con eficacia en cuatro elecciones generales y en cuatro o cinco elecciones municipales.

Tiene también el Frente Sandinista un ambiente internacional que es favorable a la consolidación de su proyecto. Y no sólo porque existe el ALBA, sino porque hay en América Latina gobiernos que tienen una posición más nacionalista que subordinada a la metrópoli norteamericana. Es también un factor favorable que a los gringos no les interesa tanto Nicaragua y Centroamérica porque están más preocupados por lo que pasa en otros lados del mundo.

Recordemos una máxima del siglo 19: “Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses”. Yo creo que el mayor éxito del Frente Sandinista en estos cuatro años frente a la oposición no ha sido mantenerla dividida, que ya es bastante. Lo más importante es que ha descarnado a la oposición. La oposición ya no es interlocutora de la oligarquía en Nicaragua. Y tampoco es ya la interlocutora de los intereses norteamericanos en Nicaragua. Estados Unidos defiende sus intereses solo, a veces con la oposición y a veces con el gobierno. Esta oposición que tenemos ahora no representa ya los intereses de Estados Unidos. ¿Son amigos de Estados Unidos? Lo son, pero ya Estados Unidos no va a apostar por ellos porque ellos sean sus instrumentos. Estados Unidos ve que la oposición dividida no tiene posibilidad de ganar las elecciones, y si ve con mayores posibilidades al Frente Sandinista, no se va a echar de enemigo al Frente. Porque no les conviene. Animarán a la derecha a que saque diputados, pero nada más.

El Frente Sandinista tiene la gran ventaja de que la oposición está atomizada, desestructurada, sin liderazgo claro y sin programa. La fragmentación de la oposición por sus contradicciones personales les impide concurrir unidos y eso opera a favor del Frente Sandinista. Sus adversarios son adversarios debilitados. Con una debilidad no sólo marcada por su división, también por razones ideológicas. Quienes impusieron en Nicaragua la privatización de la salud y la educación públicas fueron estos adversarios. Todos los paradigmas con los que ellos trabajaron desde el gobierno han sido pulverizados con el correr de los años. Por eso el discurso de la oposición es un discurso hueco. Cuando le preguntan a Alemán o a Montealegre qué harían con el programa Hambre Cero, ambos dicen que es bueno pero que ellos harían cosas mejores.

Les han preguntado también sobre la crisis energética y lo mismo dicen: que el gobierno ha hecho un buen trabajo, pero que hay que traer más inversiones…Tenemos enfrente a una oposición sin ideas propias sobre qué hacer en el país. Y en todo, si vamos desmenuzando los problemas principales del país y buscamos las propuestas de solución que tiene el adversario y las que tiene el Frente Sandinista, encontramos, obviamente, demasiadas similitudes, con la gran diferencia de que el Frente ya está haciendo las cosas y los otros no las hicieron cuando estuvieron en el gobierno. Tenemos la gran ventaja de una oposición debilitada desde el punto de vista de sus propuestas de modelo de sociedad y desde el punto de vista de sus antecedentes. No tienen ideas nuevas que proponer.

La gran discusión que ha habido contra el Frente Sandinista es sobre la institucionalidad. Se acusa al gobierno, y en particular al Presidente Ortega, de vulnerar la institucionalidad, de asumir una conducta autoritaria, de violar la Constitución y de violar las leyes. ¿Qué decir a esto? Sólo quiero recordar que toda institucionalidad, todo marco jurídico, es fruto de una mayoría política. No existen sociedades donde las mayorías políticas no construyan las institucionalidades.

El origen del marco jurídico de Nicaragua está en la Revolución de 1979. La Constitución de 1987 la hizo la Revolución, que construyó también el Estado, el Ejército y la Policía. Pero esa Constitución, bajo la que se hicieron las elecciones de 1990, fue administrada y reformada según los intereses de la mayoría política que surgió de las elecciones de 1990. Esa nueva mayoría política acomodó el marco jurídico a sus intereses. Y esos intereses quedaron plasmados en los cambios y reformas que se hicieron a partir de ese año a la Constitución y a las leyes. Citemos sólo un ejemplo de un cambio legal que tiene que ver con las manifestaciones que hacen estos días miles de ancianos que no cotizaron suficientes semanas al seguro social y que, por eso, no reciben, al menos, una pensión reducida. Y no la reciben porque el gobierno de Violeta Chamorro reformó la ley de la seguridad social y los privó de ese derecho. ¿Y qué fue lo que ocurrió con todo el aparato productivo estatal? Fue liquidado y privatizado por ese gobierno. ¿Y con el sistema financiero? Según la Constitución de 1987, la banca es estatal, pero a partir de 1991 empezaron a operar en Nicaragua bancos privados, y no había sido reformada la Constitución, que los prohibía. Y fue hasta 1995 que se reformó la Constitución en ése y en otros aspectos. ¿Por qué fue así? Porque había una mayoría política que imponía sus intereses. Son las mayorías políticas las que construyen la institucionalidad de una sociedad.

En este momento nadie tiene en Nicaragua mayoría política. En la Asamblea Nacional nadie la tiene. Y hay en este momento una disputa por la mayoría política. Esa disputa se va a dilucidar en las elecciones de noviembre. Mientras, cada quien hala agua para su molino, cada quien usa los instrumentos y que tiene a mano. Eso es lo que hace el Frente Sandinista. Y eso es lo que ocurrió con el decreto presidencial 3-2010. (En enero de 2010, el Presidente Ortega emitió un decreto para que permanecieran en sus cargos unos 25 altos funcionarios estatales a los que se les vencía el período, mientras la Asamblea no nombrara a otros).

El Frente Sandinista sabía que sin un acuerdo político con algunas de las dos bancadas de diputados liberales, la de Montealegre o la del PLC, no tenía posibilidad de elegir los 25 cargos de magistrados de la Corte Suprema, del Poder Electoral, de la Contraloría…Y también sabía que la intención de sus adversarios era no elegir a ninguno para así paralizar los poderes del Estado y desde ahí negociar en mejores condiciones con el gobierno. Sabiendo esto, el Presidente Ortega se les adelantó y emitió el decreto: todos permanecen en sus cargos mientras no sean elegidos sus sustitutos por la Asamblea Nacional. Se ha argumentado que mantener o nombrar a estos cargos no es facultad del Presidente de la República. Es cierto que no es facultad presidencial expresa, pero también es cierto que la ley no se lo prohíbe al Presidente. Y tan es así, que nadie presentó ningún recurso contra ese decreto.

Con la famosa institucionalidad nuestros adversarios hambrearon a la gente durante 17 años y todo era institucional, todo era legal. Amparado en esa institucionalidad, cuando era Ministro de Hacienda, Eduardo Montealegre eliminó el vaso de leche escolar. Amparados en la institucionalidad del mercado, esos gobiernos impedían a los pequeños productores acceder al crédito. Y sólo estoy citando algunos ejemplos. Aquí la institucionalidad estuvo al servicio de intereses económicos principalmente. Ahora tratamos de construir una nueva institucionalidad, ajustada a los intereses de la nueva mayoría política que va a surgir de las elecciones de noviembre. Y mientras lo logramos, lo que hay es una disputa, con sus más y con sus menos, con sus extremos, a veces con la cuerda demasiado tirante…Y así es siempre: no se nos puede olvidar que toda elección es una lucha por el poder.

A sabiendas que la oposición iba a jugar a paralizar los poderes del Estado, el Presidente Ortega se anticipó y decretó el 3–2010. Y después, para validar el decreto, un abogado liberal descubrió que el segundo párrafo del artículo 201 de la Constitución nunca fue derogado y se convirtió en el tercer párrafo del artículo constitucional 201: era legal, pues, que los funcionarios quedaran en sus cargos. Y aunque el Frente no ha tenido mayoría política parlamentaria en términos nominales, la oposición tampoco logró tenerla ni para derogar el decreto presidencial ni tampoco para desconocer el tercer párrafo del artículo 201. Ninguna de las dos cosas las logró. Me podrán decir que el Frente compró diputados para impedir que lo lograran. Pero, ¿la responsabilidad es sólo del que compra o también del que se vende? ¿Y quién eligió a los diputados que se han vendido? Los eligió la oposición, no el Frente Sandinista. Y en reglas del juego como las que prevalecen en Nicaragua todo se vale con tal de consolidar una mayoría política en el Parlamento. La alternativa era permitir que paralizaran el país institucionalmente y habríamos sido babosos si nos dejábamos…

Ahora, vamos a las elecciones de noviembre a dilucidar quién tendrá la mayoría política en los próximos cinco años. ¿Quiénes contarán los votos, quiénes validarán los resultados? Hay que recordar que el sistema electoral nicaragüense fue reformado en 1995 por la mayoría política de ese entonces. La esencia de la reforma fue basar el sistema electoral del país en los partidos políticos. Desde entonces la vía para acceder al poder son los partidos políticos y son los partidos los que dictan las reglas del juego.

Las elecciones de 1990 fueron hechas con otro sistema. Eran, por ejemplo, maestros y maestras, independientemente de su filiación política, quienes presidían las mesas de votación. Después de la reforma todas las estructuras electorales quedaron en manos de los partidos políticos.

¿Por qué Mariano Fiallos renunció a presidir el Poder Electoral? Porque él vio venir que se estaba negociando un sistema controlado totalmente por los partidos y denunció que eso iba a ser negativo. Hay que recordar que la reforma del sistema electoral la hizo en 1995 la mayoría política de ese momento, una combinación de las fuerzas que respaldaban a Violeta de Chamorro en unos aspectos y las fuerzas que la adversaban en otros aspectos: socialcristianos, conservadores y el Movimiento Renovador Sandinista. El PLC no estuvo en ese combo. Fue la mayoría política de entonces la que tomó la decisión de que la maquinaria electoral institucional pasara a manos de los partidos políticos. En esa reforma se le dio un gran espacio a las minorías electorales. Y por eso, con los resultados de las elecciones de 1996 hubo una bancada de once diputados que eran casi de once partidos diferentes. Como fruto de la reforma a la Ley Electoral de 1995, negociada entre las fuerzas políticas dominantes en el gobierno de Violeta Chamorro, llegaron al Consejo Supremo Electoral magistrados postulados por los partidos políticos. Roberto Rivas llegó por la sociedad civil. En aquel momento no hubo en el Poder Electoral magistrados ni del PLC ni del Frente Sandinista.

La Ley Electoral vigente fue reformada nuevamente por una negociación entre el PLC y el Frente Sandinista entre 1997 y 2001. Esta Ley fue hecha a la medida de los dos grandes partidos, el PLC y el Frente Sandinista. Ambos partidos no tenían representación en las estructuras electorales, no tenían a ningún magistrado en el Consejo Supremo Electoral, a pesar de que eran las dos fuerzas políticas mayoritarias. Entonces, como parte del pacto de Alemán con Daniel, y como entre ambos partidos tenían la mayoría política, reformaron la Ley Electoral. Con la reforma le redujeron el espacio a las minorías electorales y lo ampliaron a las mayorías electorales. Eso es exactamente lo que ocurre en el modelo español, donde Izquierda Unida tiene más de un millón de votos y obtiene sólo un diputado.

El actual Consejo Supremo Electoral, que nombra y decide en los Consejos Electorales departamentales, municipales, regionales, y también en las juntas receptoras de votos, es fruto de esa reforma. Y con ese Poder Electoral y con esas reglas se celebraron las elecciones generales de 2001 y de 2006. No son un invento de ahora. Vamos con las mismas reglas del juego y los resultados saldrán de esas mismas reglas. Nada ha cambiado. ¿Qué fue lo que cambió? Cambiaron las inclinaciones políticas de los magistrados. Cambió Roberto Rivas, cambió René Herrera…Pero, ¿quiénes los eligieron a ellos como magistrados? No fue el Frente, fue el PLC.

En el actual sistema electoral, basado en los partidos políticos, son los partidos los que tienen la preeminencia. Son los partidos los que tienen puestos rectores en todas las estructuras del Consejo Supremo Electoral ¿Quiénes van a contar los votos? Los partidos. ¿Y quiénes los van a vigilar? Los partidos, que tienen a sus fiscales en cada junta receptora de votos. Según la Ley, los dos partidos que sean mayoritarios en las elecciones anteriores son los que dominan todas las estructuras electorales y todas las mesas de votación.

Como fruto de las elecciones de 2006 esos dos partidos son el FSLN y la ALN. Entre ambos se reparten todos los Consejos departamentales, todos los Consejos municipales y todas las juntas receptoras de votos. Sólo el tercer miembro en los Consejos y las juntas le queda a los partidos minoritarios. Tres miembros en cada junta: el primero de uno de estos dos partidos, el segundo también y el tercero de los otros partidos. Ése es el marco legal en el que se va a disputar el poder en las elecciones de este año. ¿Es un sistema justo o no es justo? Eso es harina de otro costal.

Muchos enarbolan la bandera del Estado de Derecho y dicen que deben prevalecer las instituciones y las decisiones institucionales, pero vemos que en todos los Estados son las mayorías políticas las que construyen el Estado y las que eligen a quienes dirigen las instituciones. ¿Quién elige a los magistrados del Tribunal Supremo en España? Los diputados, y los magistrados están divididos en progresistas y conservadores, en los del PP y los del PSOE. Y nos dicen que España es una panacea de la democracia. ¿Quién elige a los magistrados en Estados Unidos? Los elige el Presidente de Estados Unidos. ¿Elige a adversarios? No, elige a sus bróderes. Y los elige para toda la vida, porque son cargos vitalicios. ¿Quién elige a los magistrados en Costa Rica? Quien tiene la mayoría en el Parlamento y quien tiene más mayoría elige a más magistrados. Lo que quiero decir es que son las mayorías políticas las que determinan la institucionalidad de un país y no al revés.

¿A quién le toca en Nicaragua tomar decisiones en el ámbito judicial? A la Corte Suprema de Justicia. Dicen que la Corte está dominada por Daniel Ortega. Pero, ¿cómo se eligió a los magistrados de la Corte? ¿Los impuso Daniel Ortega? No, fueron electos por el procedimiento parlamentario. ¿En pacto con Alemán? Sí, pero con el procedimiento parlamentario: 8 para el PLC y 8 para el Frente. Si aceptamos esa legitimidad, ¿a quién le corresponde tomar las decisiones en el caso de la reelección? A la Corte Suprema de Justicia. ¿Quién resolvió que la reelección de Daniel Ortega es legal? La Corte Suprema de Justicia. Si el fallo nos gusta o no nos gusta es otra cosa. Alguien podría luchar contra esa resolución de la Corte, pero está legítimamente tomada por el instrumento al que, de acuerdo al Estado de Derecho, le corresponde tomarlo. Dicho sea de paso, esa resolución de la Corte también podía haber sido objeto de un recurso de parte de la oposición, pero ninguno de los que la criticaron la recurrieron.

Me pueden decir que es bastante cínico todo lo que estoy diciendo. Y puede que sea así. No mezclemos la moral -lo que los capitalistas denominan moral- con la política. No conozco ningún país donde la moral prevalezca sobre la política. No existe sociedad donde la moral esté por encima de los intereses políticos. No existe. O tal vez existe en el país imaginario. Antes decían que ese país era Islandia, que hoy está en la bancarrota, llevada a esa quiebra por su clase política, por sus banqueros y por Gran Bretaña.

¿No son éstas las reglas del juego que nos inventaron? Esas reglas del juego ¿las puso el Frente Sandinista? No las puso el Frente. Estamos jugando en esas reglas del juego y con esas reglas del juego le damos vuelta al calcetín. Pero, obviamente, no es suficiente. Todo ese rejuego es todavía dentro del sistema, pero para nosotros no es suficiente. Nosotros aspiramos a más. Y para lograrlo requerimos una mayoría política suficiente. Aspiramos a obtener en las elecciones la mayoría calificada en el Parlamento. No sé si lo vamos a lograr, pero aspiramos a eso.

Echemos ahora una mirada a lo que puede ocurrir en noviembre. Estoy convencido, siempre lo he estado, que aquí la pelea va a ser entre el Frente Sandinista y el PLC. A pesar de que salió Fabio Gadea, que es sólo un cachinflín y como todo cachinflín sale disparado en vertical, sube…y se va para abajo y se va apagando enseguida. Aquí la pelea va a ser entre el PLC y el FSLN. Y no será una pelea fácil. Algunos compañeros y compañeras del Frente dicen: “La tenemos ganada”. Y no es cierto. Entre otras razones, porque en Nicaragua hay todavía una poderosa influencia ideológica muy conservadora y eso no se cambia ni en cinco años ni en diez. No se cambió con la Revolución, menos que lo cambiemos ahora en cinco años. Y eso que la Revolución la hicimos las nuevas generaciones de entonces. Pero aquellas generaciones son ahora sumamente conservadoras. Porque el ser humano es así: con los años nos volvemos conservadores y con los años los intereses son ya los hijos y los nietos.

No es cierto que aquí la tiene ganada el Frente. Sí tiene francas posibilidades de ganar porque tiene un capital político y un caudal electoral acumulado y significativo. No está en discusión que el Frente pueda ganar la Presidencia. Habrá que trabajar muy duro para conseguir la mayoría simple legislativa, que son 47 diputados. Y más habrá que esforzarse para conseguir la mayoría calificada, que son 55 diputados, porque en la próxima legislatura serán 91 diputados y no 92. Pero eso no va a ocurrir si nuestra gente se queda sentada, esperando que ocurra.

El PLC está fuerte. El PLC ha venido avanzando como el elefante, paso a paso. El PLC es una maquinaria nada despreciable. Pueden tener un liderazgo cuestionado, estructuras debilitadas y un programa amorfo, pero es una maquinaria que tiene experiencia, que tiene dinero y que también tiene el objetivo político de tomar el poder. Y el poder une. La aspiración de alcanzar el poder, y la percepción de que hay posibilidades de alcanzarlo, garantiza bastante fidelidad previa. En la medida en que esa posibilidad se debilite, eso también debilitará las estructuras del PLC, pero en este momento yo percibo que en las elecciones de noviembre va a haber un choque entre esos dos trenes.

En los resultados de ese choque los factores que van a operar no solamente serán los internos, también los externos. No sabemos qué circunstancias internacionales habrá en noviembre. El mundo está hoy muy convulsionado, se está pareciendo cada vez más a Nicaragua, donde las cosas cambian de un día para otro. No sabemos qué va a pasar en el Medio Oriente ni en otras zonas del mundo. Ni en Cuba, Venezuela, Bolivia o Ecuador… En ningún país hay nada para nadie, lo que hay es una lucha diaria y cada quien, en sus circunstancias, está luchando todos los días por preservar y aumentar el poder que ya tiene.

Un segundo factor que puede influir electoralmente es que recrudezca la crisis mundial. Hay distintas señales y depende del economista que leamos: unos dicen que ya salimos de la crisis y otros dicen que viene una peor en mayo porque aún no se tocó fondo y porque las soluciones que encontraron hace unos meses dejaron intactas las causas del problema. Si nos atenemos al pronóstico pesimista, sentiremos el impacto en Nicaragua. Paralizaremos exportaciones porque si hay crisis en los mercados ricos, ¿a quién le vamos a vender? El gobierno del Frente Sandinista ha hecho un esfuerzo para diversificar mercados. Ha abierto el mercado de Venezuela como segundo mercado del país y va a abrir Brasil. Ha abierto Rusia, tiene posibilidades de abrir China continental. Pero eso es absolutamente insuficiente ante el peso que tiene el mercado de Estados Unidos en la economía nicaragüense como destino de exportaciones y como origen de importaciones. El regreso de la crisis puede causar graves tensiones en la economía nacional, que ha tenido una recuperación significativa, con un crecimiento de 4.5% en 2010, después de un decrecimiento de -1.5% en 2009 y un crecimiento de 3.5% en 2008.

Un tercer factor que puede originar tensiones electorales es el climatológico. Nadie puede anticipar si va a haber sequía o lluvias copiosas o si nos va a afectar un huracán o un terremoto. No podemos anticipar nada, no podemos asegurar que no va a pasar ni decir que va a pasar, pero tenemos que estar preparados porque esas catástrofes afectarían las condiciones económicas del país y eso puede incidir también en el ánimo del electorado, en uno o en otro sentido, dependiendo de cómo enfrentemos la emergencia. La manera como el gobierno enfrentó la emergencia por lluvias el año pasado fue objeto de elogios de moros y cristianos.

Si las cosas transcurren dentro de la “normalidad”, sin crisis económica mundial, sin ninguna hecatombe internacional que afecte directamente al país, sin ningún evento natural dramático, yo creo que el Frente Sandinista tiene las mejores posibilidades de obtener un triunfo cómodo el 6 de noviembre. Ese día tenemos cuatro elecciones y no una: elegiremos Presidente y Vicepresidente, diputados nacionales (20), diputados departamentales (70) y diputados al Parlamento Centroamericano (20). Los registros de las elecciones de 1996, 2001 y 2006 indican claramente que la gente vota más por Presidente, un poco menos por diputados nacionales, un poco menos aún por diputados departamentales y bastante menos por diputados al Parlacen. Si esto es así, no podemos apostar a que si el Frente Sandinista gana con su candidato a Presidente, automáticamente conseguirá también la mayoría legislativa, más aún porque la asignación de los escaños departamentales se hace de acuerdo a los resultados departamentales y no a los nacionales.

La batalla decisiva para obtener la mayoría parlamentaria estará en los resultados de cuatro departamentos: Managua, León, Chinandega y Matagalpa, que eligen a 37 diputados, casi el 40% del total. Haciendo cálculos aritméticos de suma y resta y teniendo en cuenta los diputados obtenidos en 2006, el Frente tiene magníficas posibilidades de alcanzar la mayoría simple (47 diputados), tiene también muy buenas posibilidades de alcanzar una mayoría cómoda que rebase los 50 diputados, pero alcanzar la mayoría calificada (55) será un objetivo muy complejo de alcanzar.

Yo creo que los resultados darán el segundo lugar al PLC. ¿Qué puede derrumbar al PLC? En este momento veo pocas posibilidades de derrumbe. Tiene un candidato débil en el sentido histórico de la palabra, pero, para bien o para mal, Arnoldo Alemán es su principal capital político. Y el PLC tiene posibilidades reales de disputarle el poder al Frente Sandinista. Otra cosa es que lo logre.

¿Fabio Gadea? Tiene muchas menos posibilidades. No tiene estructura partidaria, la tiene que construir. Corre en la casilla del PLI, un partido que no ha sido más que varios grupos de señores que se reúnen en las principales ciudades del país y en algunos municipios como La Trinidad. El PLI no es una maquinaria partidaria, menos aún una maquinaria electoral. No tiene fiscales capacitados, no tiene esas 60 mil personas que actúen como fiscales y que se requieren para lanzarse a una elección. Ésa es una debilidad del grupo de Gadea, que no es decisiva, pero que es importante. Después, alrededor de Gadea hay una amalgama de intereses, un chacuatol, perros y gatos en pleitos, sobre todo a la hora de decidir diputaciones. Deben inscribir las listas de diputados en mayo. Y no será problema definir los 90 diputados de la lista, sino los primeros de la lista nacional y los primeros de cada departamento, que son los que van en posiciones ganadoras. Ahí habrá un pleito que no sabemos en qué va a concluir. Finalmente, seleccionar a Fabio Gadea me parece la peor idea que pudieron tener.

¿Quién le va a dar dinero a Gadea para su campaña? ¿A quién van a apostar los Pellas, los Zamora, los Arana, los Baltodano? ¿A Gadea o a Alemán? Todavía no lo sabemos, pero van a apostar. Porque aunque digan que andan contentos con el gobierno de Daniel Ortega, saben que no son harina del mismo costal y a ellos no les conviene que el Frente tenga una mayoría sólida en el Parlamento. Van a esforzarse porque eso no ocurra. ¿A quién van a apostar? Seguramente a los dos, pero con mayor fuerza al PLC. Y no lo van a hacer de gratis: van a buscar diputados. También tienen al Partido Conservador, que va en alianza con el PLC, y que va a obtener un grupo de diputados propio. A ellos apuesta el grupo oligarca porque con esos diputados palanquean, negocian aprobación de leyes y nombramientos de funcionarios. A través de ellos participan en la vida institucional del país.

Otro tema en discusión es el de los observadores electorales, convertido en bandera política por la oposición. Lo importante no es si los llaman “acompañantes” o si los llaman “observadores”. Si son acompañantes y sólo los llevan a pasear no tendrán función de observadores. Pero, bajo determinadas normas, si pueden constatar algunos procesos, serán observadores. Yo creo que al final va a haber observadores en estas elecciones, pero con determinadas reglas del juego.

¿Es importante que haya observadores? Recordemos: en las elecciones de 1996 aquí estuvo Jimmy Carter, Oscar Arias, Cesar Gaviria y un ejército de observadores. Y hubo un fraude descomunal. ¿Y qué fue lo que le dijo Jimmy Carter a Daniel? “En otro país hubiéramos repetido las elecciones, pero vos tenés que aceptar y sacrificarte en aras de la paz”. Literal, me consta. Y lo mismo le dijo Oscar Arias, y lo mismo le dijo César Gaviria. Y después los tres salieron defendiendo la transparencia del proceso electoral.

Ha habido elecciones observadas en Haití y fue el colmo: el resultado no fue el oficial, sino el que impusieron los observadores de la OEA. Mayor intromisión e injerencia no se vio jamás. El fraude descomunal en Irak fue observado por la Unión Europea. En El Salvador las últimas elecciones fueron observadas y Funes ganó con el 58–59% de los votos, pero sólo le adjudicaron el 51%. Así que no es cierto que los observadores garantizan fiabilidad y transparencia en los resultados. ¿Cuál es el elemento vital para garantizar una elección? Los propios ciudadanos. Y los fiscales de los partidos. Alemán, que no es baboso, se está preparando para la eventualidad de que él presuma que le están robando las elecciones. O que va cerrada la votación. Él se está preparando. Y nosotros también.

¿Por qué nos robaron las elecciones en 1996? Porque fuimos literalmente pendejos y creímos en la honestidad de los otros. Creímos que Mariano Fiallos seguía al frente del Consejo Supremo Electoral. Nosotros no preparamos fiscales. La tarea del fiscal, que es engorrosa, se la dimos al chavalo más joven, al que estaba sin hacer nada, al que tenía tiempo. Pero no dominaban la Ley Electoral. Muchos de ellos ya a las 6 de la tarde estaban apurados y se iban de la junta y “¡ahí me llaman para firmar el acta!”. Y se iban. Fuimos pendejos. Y eso no nos vuelve a pasar: que nos ganen en buena ley, pero que no nos roben.

Los fiscales deben estar muy preparados. La Ley Electoral dice que para poder impugnar un resultado el fiscal tiene que hacer la impugnación en la junta. Si no hay impugnación en la junta, el resultado queda validado y no lo puede invalidar ni el Consejo municipal ni el Consejo departamental ni el Consejo nacional. Y al revés: si hubo una impugnación en la junta, esa impugnación va al Consejo municipal y de ahí al departamental. Y ahí las decisiones ya son políticas. Y si hay demasiado enredo en una junta, lo mejor es anularla entera. Así se ha hecho. Es una decisión política. La Ley Electoral no contempla el conteo de votos individuales, no contempla abrir las urnas. Entonces, si el fiscal no está preparado para saber en qué momento impugnar y por qué impugnar, si no está entrenado para hacerlo con fuerza, ¡está listo! Es cierto lo que dice el Consejo Supremo Electoral: los magistrados no cuentan los votos. Se cuentan en la junta. Y los cuentan este año el Frente Sandinista y ALN. Ellos cuentan y los fiscales vigilan. Lo que no se cuente bien ahí, ya no se cuenta.

Así, con estas fortalezas y estas reglas del juego vamos a las elecciones. Y la pregunta clave en todo esta disputa es lo que esperamos conseguir si ganamos. A veces se nos olvida, y nos ocurre a los sandinistas con mucha frecuencia, que si queremos el poder es para mejorar los niveles de vida de la gente. No se trata de tener el poder para ser más nacionalista o para ser más antiimperialista o para defender el río San Juan… o para hacerse más rico. Es para que la gente deje de ser pobre y para que todo el mundo vaya progresando.

¿Cómo nos imaginamos el país dentro de cinco años más de gobierno del Frente Sandinista? Será un país que en vez de tener el 19% de desnutrición crónica, tal como tenemos ahorita -estaba en el 27% cuando asumimos el gobierno- haya reducido la desnutrición al 4-5%. Un país en donde hayamos logrado la meta del sexto grado para todos. Un país con una producción de alimentos cercana a los 10 millones de quintales de arroz y frijoles y con un proceso ya iniciado de agroindustrialización de la leche, la carne y los granos básicos. Nos imaginamos un país mucho más integrado, mucho más vertebrado.

¿Estamos hoy mejor que hace cinco años? Eso depende de cada quien, no hay una respuesta universal. Hay muchas personas que están hoy mejor que antes, hay otras que no lo están, hay otras que están igual que antes. Pero hay indicadores generales que dicen que tenemos hoy mejores condiciones. Hace cinco años se pagaba la educación y hoy no se paga. Hace cinco años se pagaba en los hospitales y hoy no se paga. Hace cinco años había racionamiento de energía eléctrica y hoy no lo hay. Creo que Nicaragua está hoy mejor que hace cinco años y creo que hemos sentado bases suficientes para estar mucho mejor dentro de otros cinco años de gobierno del Frente Sandinista.

La pobreza sigue ahí. Para poder resolver el problema de la pobreza necesitamos crecer anualmente al menos un 10% durante 20 años seguidos. Es un desafío gigantesco, que no depende exclusivamente de lo que pase en Nicaragua, sino también de lo que sucede en el contexto mundial. Estemos claros: la pobreza es un fenómeno que no se logra resolver solamente con voluntad política. Es importante la voluntad política, pero no es suficiente. Yo creo que el país al que nos dirigimos será un país sustancialmente mejor.

El principal desafío del Frente Sandinista al asumir el gobierno en 2007 era cómo hacer un gobierno progresista, que defendiera los intereses de las mayorías, sin pelearse con los gringos, sin pelearse con los ricos y sin pelearse con la jerarquía católica. Y ha tenido éxito: no se ha peleado con los gringos y no se ha peleado con la oligarquía. Donde no ha sido tan exitoso es en las relaciones con la jerarquía católica, pero aún así eso ha sido adecuadamente mediatizado y los daños han sido reducidos al mínimo.

Ésos eran nuestros grandes desafíos y ésos eran los temores que tenía la gente: que si gana el Frente va a confiscar, que si gana se va a pelear con los gringos, se van a ir los capitales, no van a llegar las remesas familiares…Estos miedos ya han desaparecido. Y por eso estas elecciones van a ser las más libres de los últimos veinte años. Ya no hay miedos. Ya no hay miedo a que según por quien votemos va a venir la guerra o se van a ir los reales.

En ese sentido, van a ser unas elecciones sumamente libres. En las elecciones de 1990 nos pusieron una pistola en la cabeza: si siguen votando por los sandinistas va a seguir la guerra. Y todavía en las elecciones de 1996, en las de 2001, y hasta en las de 2006, nos decían lo mismo. Esta vez ya eso pasó. La gente va a poder votar con su conciencia y sin los miedos recurrentes del pasado.