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domingo, 24 de mayo de 2026

NICARAGUA: 40 aniversario del paso a la inmortalidad del compa帽ero solidario e internacionalista AMBROSIO MOGORR脫N



No lleg贸 con el fusil, sino con el malet铆n sanitario. No vino a conquistar tierra, sino a sembrar conciencia.

Ambrosio Mogorr贸n, enfermero vasco, hijo de mineros emigrantes, encontr贸 en Nicaragua mucho m谩s que un destino: hall贸 una causa por la que dar la vida.

Llego a Nicaragua, all谩 por el a帽o 80, con la brigada de alfabetizaci贸n, cuando la Cruzada Nacional ard铆a en cada rinc贸n del pa铆s. Pero pronto comprendi贸 que ense帽ar a leer era apenas el primer paso en una tierra herida por siglos de abandono. Por eso cuando el Ministerio de Salud lo destin贸 a San Jos茅 de Bocay, no dud贸. All铆 en esa zona monta帽osa y de dif铆cil acceso, la guerra contrarrevolucionaria impulsada desde el Norte golpeaba con sa帽a. Y junto al miedo, crec铆an las enfermedades olvidadas.

All铆, en el Bocay con recursos m铆nimos y voluntad infinita, Ambrosio combati贸 la lepra de monta帽a –esa cruel leishmaniasis que devora la piel y la esperanza- extrajo muelas con manos de cirujano improvisado, escuch贸 pesadumbres con alma de psic贸logo y rastre贸 enfermedades con tenacidad investigador. La necesidad lo volvi贸 dentista, terap茅utica, cient铆fico. La solidaridad lo hizo hermano.

De hablar suave, de apariencia humilde, nadie habr铆a dicho que dentro de ese hombre menudo habitaba una fuerza inconmovible.

Los campesinos del Bocay recuerdan a su “doctorcito” caminando bajo la lluvia,, cruzando r铆os, subiendo lomas para llegar hasta aquel que lo necesitara.

Impon铆a respeto por la entrega, no ped铆a nada a cambio, salvo que el compa帽ero y la compa帽era se curaran, aprendieran, se levantaran.

El 24 de Mayo de 1986, la guerra que 茅l combat铆a con vacunas y palabras le sali贸 al encuentro. Ambrosio Mogorr贸n cay贸 asesinado junto con otros 8 compa帽eros nicarag眉enses, cuando en una furgoneta del ministerio de Salud se dirig铆an a recoger las vacunas para la campa帽a de vacunaci贸n contra la Polio y el sarampi贸n.

Una bomba de fabricaci贸n Norteamericana estall贸 al paso del veh铆culo.

Ambrosio Mogorr贸n cay贸 junto a sus compa帽eros v铆ctimas de esa contrarrevoluci贸n que sembraba muerte para matar la esperanza. Pero su luz no se extingui贸.

Ambrosio se hizo bengala. Su memoria brilla permanente desde esa humilde tumba en la monta帽a, donde nunca falta una flor.Hay muertes que son derrotas y muertes que son semillas, tu muerte, Ambrosio fue una hoguera que no cesa.

A 40 a帽os de tu muerte no te lloramos, te honramos con el compromiso de seguir luchando por ese pa铆s que fue tambi茅n tu patria.

Ambrosio Mogorr贸n, enfermero, hermano, m谩rtir de la solidaridad, tu legado en una luz que no se apaga.

AMBROSIO MOGORR脫N, PRESENTE!!! PRESENTE!!! PRESENTE!!!

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viernes, 1 de mayo de 2026

Por qu茅 soy de izquierdas: conciencia de clase, justicia social y lucha obrera


Por Javier Huerta

Rojo, marxista, comunista, internacionalista, revolucionario, antifascista, antiimperialista, anticapitalista, antipatriarcal. Y, por cierto, defensor de la lucha de la clase obrera.

Hay cosas que no deber铆an necesitar explicaci贸n, pero que, en los tiempos que corren, conviene recordar en voz alta. Ser de izquierdas no es una moda, una pose ni una etiqueta que se coloca uno para quedar bien. Es una forma de entender la sociedad, de interpretar sus injusticias y de posicionarse ante ellas.

Por si no lo sabes, d茅jame que te lo aclare: soy de izquierdas. Y lo digo sin complejos, sin pedir permiso y sin pedir perd贸n.

Soy de izquierdas porque no acepto que la riqueza de unos pocos se construya sobre la precariedad de millones. Porque me indigna que trabajar no garantice una vida digna, que la vivienda se convierta en un lujo y que los servicios p煤blicos se deterioren mientras se nos repite que no hay dinero suficiente. Porque no considero natural que quienes m谩s necesitan la protecci贸n de la sociedad sean, tantas veces, quienes menos reciben de ella.

La desigualdad no es una fatalidad inevitable. Es tambi茅n consecuencia de decisiones pol铆ticas, estructuras econ贸micas y relaciones de poder que pueden y deben cuestionarse.

Soy rojo, marxista y comunista

Soy marxista porque considero imprescindible analizar qui茅n posee los medios de producci贸n, qui茅n controla la riqueza y c贸mo se distribuyen los beneficios del trabajo. No basta con contemplar las consecuencias de la desigualdad: hay que examinar sus causas.

Soy comunista porque aspiro a una sociedad en la que la explotaci贸n de unas personas por otras deje de ser el motor de la econom铆a, en la que las necesidades colectivas importen m谩s que la acumulaci贸n ilimitada de beneficios y en la que la dignidad humana no dependa del saldo bancario.

No significa cerrar los ojos ante los errores, las contradicciones o los abusos cometidos por reg铆menes que se proclamaron comunistas. La cr铆tica y la autocr铆tica son necesarias. Ninguna bandera, partido o dirigente est谩 por encima de los derechos humanos ni debe quedar exento de rendir cuentas.

Pero tampoco acepto que se utilice la historia para desacreditar cualquier aspiraci贸n de justicia social, mientras se presentan las injusticias del sistema econ贸mico actual como si fueran inevitables.

Defender una alternativa al capitalismo no es dejar de pensar: es atreverse a pensar que las cosas pueden organizarse de otra manera.

La conciencia de clase no se negocia

La clase trabajadora sigue levant谩ndose cada ma帽ana para sostener el mundo. Trabaja en las f谩bricas, en el campo, en los hospitales, en las escuelas, en el transporte, en los comercios y en miles de empleos imprescindibles que rara vez reciben el reconocimiento que merecen.

Sin embargo, a menudo se pretende que quienes viven de su salario compartan los intereses de quienes viven de acumular capital. Se nos invita a admirar a los poderosos, a competir individualmente y a interpretar los problemas colectivos como fracasos personales.

Frente a eso, reivindico la conciencia de clase: comprender que muchos de nuestros problemas no son exclusivamente individuales y que la organizaci贸n colectiva es una herramienta fundamental para defender nuestros derechos.

Las vacaciones, las pensiones, la jornada laboral limitada, la negociaci贸n colectiva y tantas otras conquistas no fueron regalos de los poderosos. Fueron fruto de la organizaci贸n, la movilizaci贸n y la lucha de generaciones de trabajadores y trabajadoras.

Los derechos no aparecen por arte de magia. Se conquistan, se ejercen y se defienden. Y cuando se abandona esa defensa, pueden retroceder.

Por eso reivindico el sindicalismo, la solidaridad y la movilizaci贸n social. Porque frente al poder organizado del dinero, la clase trabajadora necesita conciencia, unidad y capacidad para decidir sobre su propio futuro.

Internacionalista, Antifascista, antiimperialista y antipatriarcal

Soy antifascista porque no acepto el autoritarismo, la persecuci贸n de quienes piensan diferente ni la deshumanizaci贸n de colectivos enteros. La memoria hist贸rica no es un estorbo: es una advertencia sobre lo que ocurre cuando el odio, la intolerancia y el desprecio por la democracia se convierten en herramientas pol铆ticas.

Soy internacionalista y antiimperialista porque ning煤n pueblo deber铆a vivir sometido a la voluntad de una potencia extranjera ni convertirse en pieza de una disputa por intereses econ贸micos o estrat茅gicos. Defiendo la soberan铆a y la autodeterminaci贸n de los pueblos, aplicando esos principios con coherencia, sin dobles raseros y sin conceder impunidad a ning煤n gobierno.

La solidaridad internacionalista no puede depender de qui茅n ondea una bandera. Los derechos humanos deben protegerse siempre, tambi茅n cuando las v铆ctimas pertenecen a pueblos con los que no compartimos ideolog铆a.

Soy antipatriarcal porque no puede existir una sociedad verdaderamente libre mientras persistan la violencia machista, la discriminaci贸n y la desigual distribuci贸n del poder y de los cuidados. La igualdad no es un a帽adido a la justicia social: es una parte inseparable de ella.

Y soy solidario con quienes sufren discriminaci贸n por su orientaci贸n sexual o identidad de g茅nero. Ninguna emancipaci贸n ser谩 completa si deja a personas atr谩s.

Revolucionario es no resignarse

Me reconozco tambi茅n en las tradiciones sandinista, bolivariana y fidelista, vinculadas a distintas experiencias de transformaci贸n social y soberan铆a latinoamericana. Reconocer esa herencia no significa convertir a sus dirigentes en figuras intocables ni renunciar a examinar cr铆ticamente sus decisiones.

La izquierda necesita memoria, pero tambi茅n honestidad. Necesita ideales, pero igualmente propuestas concretas, participaci贸n popular y respeto por la dignidad de las personas.

Ser revolucionario no consiste 煤nicamente en pronunciar grandes palabras. Tambi茅n significa defender la sanidad y la educaci贸n p煤blicas, luchar por salarios dignos, organizarse en el sindicato, combatir la precariedad y reclamar una vivienda accesible. Significa trabajar cada d铆a para transformar aquello que consideramos injusto.

La indignaci贸n es necesaria, pero no suficiente. Hace falta compromiso, organizaci贸n y voluntad de construir alternativas.

Y, por cierto: ¡viva la lucha de la clase obrera!

No me averg眉enza decir que soy de izquierdas. Me avergonzar铆a acostumbrarme a la injusticia, aceptar la desigualdad como algo natural o mirar hacia otro lado cuando se vulneran los derechos de quienes tienen menos poder.

No creo tener todas las respuestas ni considero infalible a nadie por compartir mis ideas. Pero tengo claras mis convicciones: la dignidad por encima del beneficio, los derechos por encima de los privilegios y la solidaridad por encima del individualismo que nos quiere aislados y enfrentados.

No pido que todo el mundo piense como yo. Exijo, eso s铆, que podamos defender nuestras ideas, debatirlas y luchar por ellas sin complejos. Porque la pol铆tica no deber铆a ser un espect谩culo de consignas vac铆as, sino una herramienta para decidir qu茅 sociedad queremos construir.

Y yo quiero una sociedad en la que nadie tenga que vivir de rodillas para que otros vivan de pie; en la que trabajar no sea sin贸nimo de precariedad; en la que los derechos no dependan de la riqueza y en la que la justicia social no sea una promesa electoral, sino una realidad cotidiana.

Por eso soy de izquierdas. Por eso reivindico mis ideas. Por eso creo en la fuerza de la organizaci贸n colectiva.

Porque la historia no la escriben 煤nicamente quienes mandan, sino tambi茅n quienes se levantan para cambiar las cosas.

Y mientras haya explotaci贸n, desigualdad e injusticia, seguir谩 siendo necesario organizarse, resistir y luchar.

¡Viva la clase trabajadora! ¡Viva la solidaridad entre los pueblos! ¡Y viva la lucha de la clase obrera!



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lunes, 29 de abril de 2024

Los internacionalistas del amor: una solidaridad que Nicaragua nunca olvidar谩


Por Javier Huerta

El homenaje a quienes hicieron de Nicaragua una causa propia

Cuando sus nombres comenzaron a escucharse uno tras otro en el auditorio del Centro de Convenciones Olof Palme de Managua, no eran simplemente nombres. Eran vidas. Eran historias llegadas desde Estados Unidos, Suiza, Alemania, Francia, Italia, el Pa铆s Vasco y muchos otros rincones del mundo que, un d铆a, decidieron unir su destino al del pueblo nicarag眉ense.

El pasado 30 de abril, durante el acto nacional conmemorativo por el XII aniversario del paso a la inmortalidad del comandante Tom谩s Borge Mart铆nez, Nicaragua volvi贸 a detenerse para recordar a aquellos hombres y mujeres que hicieron de la solidaridad una forma de vida. En una ceremonia cargada de emoci贸n, el recuerdo de Tom谩s Borge camin贸 de la mano del reconocimiento a quienes, desde otros pa铆ses, llegaron para construir escuelas, levantar puentes, llevar electricidad, alfabetizar comunidades, compartir conocimientos y sembrar esperanza.

La vicepresidenta Rosario Murillo los defini贸 con una expresi贸n que resume como pocas el significado de aquella entrega: «los internacionalistas del amor». No era una frase ret贸rica. Era la mejor manera de describir a quienes abandonaron la comodidad de sus hogares para compartir el destino de un pueblo que luchaba por salir adelante.

La Revoluci贸n Popular Sandinista despert贸, desde su triunfo en julio de 1979, una de las mayores movilizaciones de solidaridad internacional que ha conocido Am茅rica Latina. Miles de personas procedentes de decenas de pa铆ses viajaron a Nicaragua convencidas de que la defensa de la justicia, la soberan铆a y la dignidad no entend铆a de fronteras.

Llegaron cuando el pa铆s afrontaba enormes desaf铆os. Mientras Nicaragua intentaba reconstruirse tras d茅cadas de dictadura, la guerra impulsada por la contrarrevoluci贸n provocaba graves necesidades en la educaci贸n, la salud, la agricultura, las comunicaciones y las infraestructuras. Frente a esa realidad, miles de internacionalistas decidieron responder con trabajo, conocimientos y compromiso.

Muchos eran ingenieros, m茅dicos, maestros, periodistas, arquitectos, agr贸nomos o estudiantes. Participaron en campa帽as de alfabetizaci贸n, impulsaron proyectos agr铆colas, colaboraron en la construcci贸n de escuelas, centros de salud, caminos, puentes y sistemas de agua potable, llevaron electricidad a comunidades rurales y compartieron la vida cotidiana de las familias campesinas. No llegaron como observadores. Llegaron para trabajar.

Con el paso del tiempo, muchos descubrieron en Nicaragua una segunda patria. Aprendieron sus costumbres, hicieron amigos, compartieron alegr铆as y dificultades y asumieron los mismos riesgos que afrontaba el pueblo nicarag眉ense.

Entre los compa帽eros recordados durante el homenaje figuraba Benjam铆n Linder, el joven ingeniero estadounidense que llev贸 la electricidad a comunidades donde nunca antes hab铆a brillado una bombilla. Tambi茅n Maurice Demierre, cooperante suizo comprometido con el desarrollo agr铆cola; Bernd Koberstein, periodista alem谩n que cambi贸 la comodidad de Europa por los caminos del norte de Nicaragua; Yvan Leyvraz, ingeniero suizo; Jo毛l Fieux, agr贸nomo franc茅s; Albrecht "To帽o" Pflaum, Pierre Grosjean, el internacionalista vasco Ambrosio Mogorr贸n, Antonio Soldano Ferrer y tantos otros hombres y mujeres cuyos nombres forman ya parte inseparable de la historia de Nicaragua.

Muchos de ellos apenas hab铆an superado la treintena. Ten铆an por delante carreras prometedoras, proyectos personales y una vida c贸moda en sus pa铆ses de origen. Sin embargo, eligieron otro camino. Decidieron poner sus conocimientos al servicio de un pueblo que apenas conoc铆an, convencidos de que la solidaridad tambi茅n pod铆a cambiar el mundo.

Varios de aquellos internacionalistas fueron asesinados por fuerzas de la contrarrevoluci贸n mientras realizaban tareas completamente civiles. No empu帽aban armas; llevaban herramientas, cuadernos, c谩maras fotogr谩ficas, medicamentos o proyectos destinados a mejorar las condiciones de vida de las comunidades. Su compromiso los convirti贸 en objetivo de una guerra que pretend铆a sembrar el miedo y frenar el proceso de transformaci贸n que viv铆a Nicaragua.

Entre los asistentes al homenaje destacaban tambi茅n reconocidos internacionalistas que han mantenido vivo ese compromiso durante d茅cadas. All铆 se encontraban Brian Willson, veterano activista estadounidense por la paz y la solidaridad con Nicaragua, acompa帽ado por su esposa, as铆 como Fred Morris, junto a otros compa帽eros llegados desde distintos pa铆ses. Su presencia record贸 que el internacionalismo no pertenece 煤nicamente al pasado; sigue vivo en quienes contin煤an defendiendo la amistad y la cooperaci贸n entre los pueblos.

Durante su intervenci贸n, el presidente Daniel Ortega record贸 que la mejor forma de honrar a quienes entregaron su vida era mantener vivos los principios que inspiraron su compromiso. «Tenemos que mantener vivos los valores de Benjam铆n Linder, los valores de Tom谩s, los valores de nuestros h茅roes y m谩rtires de Nicaragua y del mundo», afirm贸, vinculando la memoria de los internacionalistas con la defensa permanente de la solidaridad y la dignidad de los pueblos.

No fue casual que este homenaje tuviera lugar precisamente en el acto dedicado a Tom谩s Borge. Uno de los fundadores del Frente Sandinista siempre defendi贸 que la solidaridad internacional era una fuerza capaz de unir a personas de culturas, idiomas y pa铆ses distintos alrededor de una misma causa: la justicia.

El obispo y poeta Pedro Casald谩liga dej贸 escrita una frase que quiz谩 explique mejor que cualquier discurso el significado de aquella historia compartida: «Los internacionalistas internacionalizan el amor.»

Eso hicieron. Internacionalizaron el amor mediante el trabajo, el esfuerzo y el compromiso. Lo sembraron en escuelas, cooperativas, hospitales, proyectos de electrificaci贸n, comunidades rurales y caminos de monta帽a. Lo sembraron, sobre todo, en la memoria de un pueblo que nunca olvid贸 que, cuando m谩s lo necesitaba, llegaron hombres y mujeres de lugares lejanos dispuestos a compartir su destino.

Aquella tarde del 30 de abril volvieron a escucharse muchos de sus nombres. Benjam铆n, Maurice, Bernd, Yvan, Jo毛l, Ambrosio, Antonio, Pierre, To帽o… Cada uno con su propia historia. Cada uno con su propio sue帽o. Todos unidos por una misma convicci贸n: que la solidaridad entre los pueblos es una de las expresiones m谩s nobles del ser humano.

Y mientras sus nombres contin煤en pronunci谩ndose con gratitud, seguir谩n formando parte de la historia de Nicaragua. Porque los internacionalistas del amor no pertenecen 煤nicamente a los pa铆ses donde nacieron. Tambi茅n pertenecen, para siempre, al coraz贸n del pueblo nicarag眉ense.


VIDEO ACTO:





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