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domingo, 25 de octubre de 2026

La victoria de Lula: Brasil frena el avance de la derecha y abre un nuevo capítulo político


Por Javier Huerta

La noche del 25 de octubre de 2026, Brasil volvió a situarse en el centro de la atención política internacional. Luiz Inácio Lula da Silva consiguió una nueva victoria electoral frente a Flávio Bolsonaro y obtuvo un cuarto mandato presidencial, un acontecimiento sin precedentes en la historia democrática del país. Con 64.256.232 votos, equivalentes al 51,79 % de los sufragios válidos, Lula superó a su adversario, que alcanzó 59.826.041 votos y el 48,21 %. Una diferencia de más de 4,4 millones de votos que culminó una remontada electoral de especial relevancia política.

El resultado tiene una dimensión que trasciende las fronteras brasileñas. Se produce en un contexto latinoamericano marcado por el fortalecimiento de las derechas, la polarización política, la expansión de los discursos ultraconservadores y la creciente influencia de los grandes intereses económicos y mediáticos en los procesos electorales. La victoria de Lula introduce un elemento importante en ese escenario y demuestra que las correlaciones de fuerzas políticas pueden modificarse mediante la participación electoral y la movilización social.

La primera vuelta, celebrada el 4 de octubre, había dejado a Flávio Bolsonaro en primera posición, con el 47,03 % de los votos válidos, frente al 45,16 % de Lula. El candidato del Partido Liberal aventajó al presidente por algo más de dos millones de votos. Sin embargo, tres semanas después, el resultado cambió. Lula consiguió ampliar su respaldo en más de diez millones de votos respecto a la primera vuelta y terminó imponiéndose en la votación definitiva. Fue la primera vez en unas elecciones presidenciales brasileñas que el candidato que había quedado segundo en la primera vuelta conseguía remontar y ganar la segunda.

Pero sería un error interpretar esta victoria exclusivamente como un enfrentamiento entre dos candidatos. Brasil es un país atravesado por profundas desigualdades económicas y sociales, con enormes diferencias territoriales, una elevada concentración de la riqueza y una disputa permanente sobre el papel del Estado, los derechos sociales y el modelo de desarrollo. Por eso, la elección también representaba una confrontación entre proyectos políticos y distintas concepciones sobre el futuro del país.

Lula ha construido buena parte de su trayectoria política sobre su identificación con el movimiento sindical y la clase trabajadora. Sus primeros gobiernos, entre 2003 y 2010, estuvieron acompañados por políticas de ampliación de las transferencias sociales, incremento del salario mínimo y expansión del acceso al consumo y a determinados servicios públicos. Aquella etapa dejó una importante huella en amplios sectores populares, aunque también estuvo marcada por contradicciones, alianzas con sectores empresariales y límites estructurales que no desaparecieron.

Su regreso a la Presidencia en 2023 se produjo después de años de fuerte confrontación política, del Gobierno de Jair Bolsonaro y de un periodo de inestabilidad institucional. En esta nueva elección, la memoria de las políticas sociales anteriores, la defensa de determinados derechos y la valoración de la gestión gubernamental contribuyeron a movilizar a una parte importante del electorado. También influyeron el rechazo a la candidatura bolsonarista y la preocupación por la orientación política que podría adoptar el país durante los próximos cuatro años.

La candidatura de Flávio Bolsonaro, heredera del espacio político construido por su padre, representaba la continuidad de una corriente ultraconservadora con una importante implantación social, mediática y parlamentaria. Sus casi sesenta millones de votos demuestran que ese espacio mantiene una capacidad de movilización considerable. La derrota electoral no significa su desaparición ni la resolución de las profundas divisiones políticas que atraviesan Brasil.

Precisamente ahí se encuentra una de las principales claves de esta elección: Lula ha ganado la Presidencia, pero el país continúa políticamente dividido. El resultado no debe confundirse con un mandato ilimitado ni con una mayoría social homogénea en torno a un único programa. Los más de 59 millones de votos obtenidos por Flávio Bolsonaro constituyen una realidad política que el nuevo Gobierno tendrá que afrontar.

La dimensión popular de la victoria merece también atención. Las organizaciones sindicales, los movimientos sociales, los colectivos ciudadanos y las redes de apoyo desempeñaron un papel relevante durante la campaña. La remontada no se explica únicamente desde los despachos electorales ni desde las estrategias de comunicación de los partidos. También hay que observar lo que sucedió en las calles, en los barrios, en los centros de trabajo y en los espacios donde se construyen las relaciones políticas cotidianas. La participación electoral aumentó en votos válidos entre ambas vueltas, mientras la campaña adquiría una dimensión de movilización mucho más intensa.

Para América Latina, el resultado tiene igualmente importancia. Brasil es la mayor economía de la región y una pieza fundamental en los debates sobre integración latinoamericana, cooperación Sur-Sur, multipolaridad y relaciones internacionales. Su política exterior influye en los equilibrios regionales y en la capacidad de los países latinoamericanos para defender espacios de autonomía frente a las grandes potencias.

La continuidad de Lula abre la posibilidad de mantener una política exterior que ha concedido especial importancia a los BRICS, a la integración regional y al fortalecimiento de las relaciones con África y Asia. Sin embargo, las decisiones concretas dependerán de las correlaciones de fuerzas internas, de las condiciones económicas y de las tensiones internacionales.

La victoria también permite recuperar una reflexión sobre la relación entre representación institucional y transformación social. Los avances electorales no eliminan por sí mismos las estructuras económicas que reproducen la desigualdad. La representación política es importante, pero necesita estar acompañada de organización social, participación popular y capacidad para sostener las demandas de las mayorías trabajadoras.

Brasil ha elegido a Lula para un nuevo mandato. La magnitud política de este resultado se medirá no solamente por la victoria obtenida en las urnas, sino por la capacidad del nuevo Gobierno para responder a las expectativas de quienes le han dado su confianza y afrontar los problemas estructurales que continúan condicionando la vida de millones de brasileños.

La disputa electoral ha terminado. La disputa por el modelo de sociedad, la distribución de la riqueza y el futuro político de Brasil continúa.


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