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Fue en el año 70, cuando conocí a Tomás. Yo editaba páginas inactuales en el vespertino Extra, un exitoso tabloide vespertino que, junto a Expreso, había sido expropiado por el gobierno de Velasco y en cuya administración y manejo periodístico participaba nuestro Frente Único de Trabajadores, periodistas y gráficos, lo que abrió la información a nuevas ideas y nuevos temas a los que la prensa tradicional daba escasa o nula importancia.
Me lo presentó mi jefe de entonces y maestro y amigo de toda la vida, Juan Gargurevich, quien me indicó que eran opositores al dictador Somoza y que iban a publicar una serie de trabajos, de a página por día y durante una semana, sobre el héroe nacional nicaragüense Sandino.
El tema me entusiasmó mucho porque por mi padre, amigo de Esteban Pavletich, quien fue secretario de Sandino, me había hablado mucho desde niño de aquel luchador asesinado por el primer Somoza y había leído el libro “Sandino, general de hombres libres”, del argentino Gregorio Selser, quien años después, persegudo por la dictadura argentina, se refugió una temporada en Lima
Alguien dijo que los nicaragüenses habían llegado en barco encubiertos como vaporinos y no recuerdo los nombres que me dieron o si me dieron alguno. Era obvio que se trataba de enviados del FSLN, pero solo años después me enteré que eran Tomás Borge y Henry Ruiz y que tenían como anfitrión al Partido Comunista Peruano (PCP).
Cuando, pensando que, como ocurre muchas veces, me iban a dar los elementos para que yo escriba la historia, Tomás, hombre de pocas palabras y muy cuidadoso con las normas de clandestinidad, me dijo que no me moleste, que él se encargaba, lo que me sorprendió.
Coordinamos fecha de entrega, extensión de cada capítulo y le dí cuartillas con medidas, de las que se usaban en aquellos tiempos. Cuando volvió el día acordado, trajo un texto muy bien escrito, ordenado por capítulos, ágil y adecuado al tipo de periódico al que estaba destinado, lo entregó en medio de aquel añorado tronar de las máquinas de escribir, y se despidió.
La serie fue un éxito, a tono con los tiempos, en los que había hambre de saber de las luchas de otros pueblos.Fui muy feliz cuando triunfaron los sandinistas y me sentí orgulloso de haber conocido a aquel comandante que se haría cargo de la revolución, aquel poeta hasta en la lucha y la victoria -es poesía pura incurrir en la grandeza de perdonar al esbirro que lo torturó en la cárcel- que se hizo cargo de la sacrificada tarea de cuidar a la revolución de sus enemigos de adentro y de afuera.
Cuando volvió a Lima como embajador, lamentablemente yo estaba trabajando como corresponsal en Bolivia, y solo lo volví a ver, saludar y conocer a su gran compañera, Marcela, en enero de 2006, en la celebración de la toma de posesión del Jefazo Evo Morales, en un Palacio Quemado colmado de pueblo, de fiesta y de victoria.
El domingo 11 de julio piquetes de protestas aisladas de entre 100 y 500 personas, algunos de ellos violentos, tienen lugar en una docena de puntos focalizados de Cuba, supuestamente por la alarma ante un repunte de los casos de coronavirus en el país así como por inconformidades ante la falta de alimentos y los problemas con el servicio eléctrico.
En todos los doce puntos, los mismos gritos, las mismas consignas, las mismas palabras: “Cuba Decide”, la marca de la fundación de la contrarrevolucionaria Rosa María Payá, en Miami, con estrechos contactos con el establishment estadounidense y la derecha golpista de América Latina y Europa.
La campaña comenzó primero en las redes sociales con una ola de tuits de cuentas de artistas y otras recién creadas pidiendo “ayuda humanitaria” para Cuba.
Según una investigación del analista español Julián Macías Tovar, la primera cuenta en usar el hashtag #SOSCuba fue una localizada en España, que entre el sábado 10 y el domingo 11 publicó más de 1.000 trinos y una frecuencia de retuiteo de 5 mensajes por segundo.
Temprano en la mañana del domingo los medios occidentales comienzan a agitar con una "crisis humanitaria" en Cuba, a pesar de que la isla, con niveles de mortalidad de 0.65%, dos vacunas nacionales aprobadas y más de un tercio de la población totalmente vacunada, es uno de los países menos afectados del hemisferio. Circulan por las redes vídeos, a menudo fragmentarios, de saqueos, ataques a bienes públicos y a policías.
No pasaron muchas horas y la tendencia #SOSCuba se volvía global. El espacio mediático mundial dominado por occidente pasa a llenarse de titulares, ya no solo sobre la "crisis humanitaria" en Cuba, sino sobre una "revuelta popular" contra el "régimen". De nada sirve que los manifestantes que defienden al Gobierno y a la revolución y salen a las calles de todas las ciudades de la isla sean inmensamente mayoritarios sobre el terreno: La narrativa insurreccional se ha instaurado en buena parte del subconsciente colectivo global.
No importa que hace apenas un par de semanas la ONU por enésima vez votara casi unánimemente contra el bloqueo estadounidense a la isla, unos pocos clicks bastaron para crear un clima propicio para la idea de que sería positivo "ayudar" a Cuba humanitariamente, es decir, enviar armas y todo tipo de medios militares para que grupos violentos dentro de la isla causen el caos, y si eso no fuera suficiente, mandar también botas sobre el terreno.
Ahora le toca el turno a "La Habana", supuestamente "ablandada" por 62 años de un bloqueo brutalmente recrudecido por Trump y continuado con Biden, que antes de asumir la presidencia había prometido lo contrario. Guerra de 'cuarta generación', 'híbrida', 'golpe suave', 'revolución de colores' en fin... hay un dicho que, adaptado a las circunstancias, dice que "el niño que es querido (por el imperio y sus marionetas) tiene muchos nombres..."
“Estamos en presencia de un guion preconcebido y para los nicaragüenses no va a ser difícil entenderlo, porque ya lo han vivido en carne propia”, expresó el Embajador de Cuba, Juan Carlos Hernández Padrón, esta semana en la televisión local. Por cierto, Hernández Padrón vivió esos meses decisivos entre abril y julio de 2018 en Managua durante el derrotado intento de "golpe suave".
Es cierto que muchas de las estrategias implementadas por el imperio para desestabilizar a Cuba y Nicaragua también han sido implementadas, por ejemplo, en los casos de Venezuela y Bolivia, pero lo que pasó esta semana en Cuba, presenta unos paralelos asombrosos con lo que sucedió en Nicaragua hace tres años. La primera y la segunda revolución socialista triunfante de América Latina fueron objeto del mismo tratamiento imperial. En ambos casos, el objetivo ha sido el mismo: desvirtuar el orden institucional y la soberanía del país para forzar un "cambio de régimen" con una intervención extranjera.
Veamos las similitudes:
El financiamiento permanente de Estados Unidos a la contrarrevolución en Cuba es bien conocido, pero en Nicaragua ese financiamiento a gran escala a la derecha antisandinista también ha sido permanente, arreciando cuando el Frente Sandinista regresó al poder en 2007.
En Cuba, las promesas de campaña del actual presidente Joe Biden en el sentido de volver a normalizar las relaciones con Cuba destrozadas por su antecesor Donald Trump fueron totalmente ignoradas por Biden, que más bien aprovechó la grave situación causada por el endurecimiento del bloqueo para intentar una operación de "cambio de régimen".
Tanto en Cuba como en Nicaragua, los Estados Unidos crearon y financiaron “medios independientes” que durante años han venido difundiendo información distorsionada, estableciendo nichos de consumidores por origen social, franjas etarias, etcétera, acostumbrándolos a una retórica cada vez más confrontacional con medias verdades y hechos tergiversados, buscando sabotear la institucionalidad vigente.
Mientras que en Cuba, además de la manipulación de las dificultades causadas por el bloqueo de los EE. UU., se apelaba a supuestas libertades de las que gozarían los ciudadanos del “mundo libre” occidental, en Nicaragua los discursos se centraban en promover visiones tétricas del futuro y, sobre todo, en sembrar la percepción de que en Nicaragua se estaba instaurando una dictadura cuando en realidad lo que estaba teniendo lugar era un proceso muy fuerte de acumulación sandinista de mayorías políticas y apoyo popular y de restitución de derechos de la población a la educación, la salud, la vivienda, el transporte, el espacio público, la cultura y la identidad.
Escasez (real o inventada), supuesta mala gestión del gobierno, dictadura, corrupción de la policía, arbitrariedades de las organizaciones de masas, violencia, y la supuesta necesidad de un cambio fueron ejes comunes de este tipo de propaganda, tanto en Cuba como en Nicaragua: En Nicaragua el “golpe blando” contó con el canal de televisión 100% Noticias (que tenia firmado un acuerdo de cooperación con el medio de la contrarrevolucionaria cubana Yoani Sánchez de 14yMedio), Confidencial, La Prensa, Artículo66, BacanalNica y otros, además de una miríada de páginas de Facebook y cuentas de Twitter. En Cuba, con medios como El Estornudo, ADN Cuba, Ciber Cuba, Periodismo de Barrio, y también la consabida miríada de cuentas en redes sociales.
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| La embajadora estadounidense Laura Dogu visita las instalaciones del medio golpista "100% Noticias" en Managua |
El elemento paraestatal
Las embajadas de Estados Unidos y otros países, especialmente europeos, jugaron un papel fundamental en la organización del "golpe blando", tanto recolectando inteligencia como coordinando a los actores en el terreno. En Nicaragua, la embajadora estadounidense Laura Dogu durante varios años condujo una diplomacia pública en apariencia totalmente contraria al verdadero trabajo que estaba realizando, que era el de preparar el "golpe blando" contra el Gobierno sandinista. Tanto en Cuba como en Nicaragua, el Gobierno de los Estados Unidos se cuidó muy bien de no aparecer como el instigador del golpe, por más que sea imposible ocultar el origen último de los fondos utilizados y los intereses últimos a los que sirve el "cambio de régimen".
El dinero fraudulento
El financiamiento de las acciones desestabilizadoras en base a proyectos (tareas) ejecutados por recursos en el terreno o subcontratistas usando esquemas de triangulación de dinero fraudulentos. En Cuba las actividades desestabilizadoras se financian por el envío de dinero a través de emisarios, así como por la utilización de cursos, premios, becas, etc. y las recargas telefónicas desde el exterior.
Ensayos
Tanto en Cuba como en Nicaragua se dieron incidentes preparatorios antes del lanzamiento del “golpe suave”. En Cuba, es conocido el caso del denominado “Movimiento San Isidro” a fines de 2020 cuando lo que en un inicio parecían una serie de reclamos más o menos justificados de artistas hacia las autoridades culturales pronto degeneró en una serie de provocaciones ofensivas de la moral pública y a pedidos abiertos a desafiar el orden institucional del país. Una provocación similar, aunque de menor cuantía, se produjo a fines de junio con el ingreso al país de Hamlet Lavastida, un elemento que desde el exterior había hecho repetidos llamados desde la Internet a violar las leyes y fue procesado en suelo cubano por incitación al delito. En Nicaragua, primero el Movimiento OcupaINSS en junio de 2013, resultó un fallido intento de organizaciones juveniles de derecha por instrumentalizar la situación de los jubilados y luego la campaña para instrumentalizar con pretextos ecologistas un incendio en la Reserva de Indio Maíz en Río San Juan, jugaron un papel similar con el objetivo de poner a prueba las diversas estrategias golpistas y medir la respuesta de las autoridades a esas agresiones.
Liderazgo a la carta
Promoción de "nuevos liderazgos" desde varios segmentos, como lgtbi, de género, jurídicos, artistas, ambientalistas y otros que permitan diversificar y transmitir los mismos mensajes, pero dando la idea de que se trata de un movimiento respaldado por una amplia mayoría de la sociedad. A diferencia de movimientos sociales orgánicos, salidos de las contradicciones intrínsecas de la sociedad, estos "liderazgos" muestran una violencia retórica inusual y una también inusual propensión a aliarse con sectores de ultraderecha, a menudo caracterizados por tomar posiciones diametralmente opuestas. Por ejemplo, grupos que dicen defender los derechos de los gais de pronto aliándose con personajes y sectores abiertamente homófobos.
Autobombo
Capacitaciones, premios y eventos internacionales que reciben amplia cobertura mediática en el exterior con el fin de dar prestigio a la matriz de opinión imperial y visibilidad mediática a los liderazgos que se pretende promover. Por ejemplo, en Nicaragua en 2018, , durante el “golpe suave”, varias figuras intelectuales exsandinistas (Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal y Gioconda Belli) vinculadas a la oposición golpista recibieron varios premios internacionales. En Cuba, la organización de Rosa María Payá en Miami organizó un seminario internacional en el que entregó premios a reconocidas figuras de la ultraderecha en el parlamento europeo.
El momento óptimo
Selección del momento oportuno, de máximo impacto propagandístico, para lanzar el "golpe". En el caso de Nicaragua, tras la campaña de desinformación sobre el incendio de la reserva de Indio Maíz, se decidió lanzar el golpe en toda regla con motivo de la reforma del sistema de pensiones, cuyo contenido era del pleno conocimiento de la patronal golpista, ya que había sido discutida con sus dirigentes durante largo tiempo. En Cuba, tras el incidente sobre el regreso al país de Hamlet Lavastida, se decidió lanzar el verdadero golpe 11 de julio aprovechando un repunte en los casos de Covid-19 en la isla. Tanto en Cuba como en Nicaragua, los pretextos para el golpe fueron totalmente exagerados y sacados de contexto para implantar la matriz de opinión golpista tanto a lo interno como en el exterior.
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| Nicaragua: Si era para denunciar verdaderas violaciones a los DDHH, las "Normas Comunitarias" eran inflexibles... |
Facebook y Twitter
El uso de las redes sociales como herramientas político-militares de propaganda y control social. Llegado el momento, tanto en Cuba como en Nicaragua, las redes sociales estallaron con la etiqueta "#SOS" (#SOSCuba, #SOSNicaragua...). De la nada surgieron cuentas de grupos desconocidos o poco conocidos repitiendo los mismos ejes, así como cuentas falsas (bots) publicando y reenviando mensajes a un ritmo imposible para un ser humano.
Tanto en Cuba como en Nicaragua, la campaña de propaganda telemática vino del exterior. En el caso de Nicaragua, se conoció de la existencia de "granjas" de "bots" en El Salvador que enviaban miles y miles de mensajes por minuto con medios fuera del alcance de grupos de hackers no profesionales. La propaganda en las redes sociales se caracterizó por su alto impacto emocional y su agresividad.
Tanto en Cuba como en Venezuela se mostraron imágenes de otros países y se dijo toda clase de falsedades con el fin de engañar a la población tanto a lo interno como en el exterior. Tanto en Cuba como en Nicaragua, las "reglas comunitarias" de las redes sociales fueron aplicadas selectivamente en contra de quienes defendían al Gobierno o no se plegasen a la línea de la propaganda golpista, mientras que los promotores del golpe eran libres de publicar lo que quisiesen sin ningún tipo de censura.
Aunque no existan pruebas, es lógico suponer que el tráfico de las redes sociales ha sido (y es) utilizado por el Gobierno de Estados Unidos como fuente de inteligencia para buscar todo tipo de correlaciones y patrones de interacción social de las poblaciones blanco de la política de agresión.

Los influencers
El empleo de "influencers" para promover el golpe, dirigiéndose a distintos segmentos sociales pero especialmente a los jóvenes. Mientras que en Nicaragua se usó la cuenta de Miss Nicaragua, en Cuba se usó la de la actriz porno Mia Khalifa. A estos "influencers" se les sumaron rápidamente artistas, periodistas y otras personalidades.
En el caso de Nicaragua, por ejemplo, la cantante Katia Cardenal (previamente no identificada públicamente como opositora) difundió graves mentiras, como la de que el Gobierno de Nicaragua estaba rociando la ciudad de Masaya con armas químicas, lo que luego fue republicado por la influencer global Bianca Jagger y le dio la vuelta al mundo.
La dictadura mediática
Los órganos de la dictadura mediática occidental como la CNN, los diarios El País y ABC en España, las agencias EFE y DW en Europa, etcétera, se sumaron al estridente coro de mentiras sobre lo que estaba sucediendo en Cuba el 11 de julio y lo mismo hicieron sobre lo que estaba sucediendo en Nicaragua en 2018.
Inventaron renuncias de ministros, compitieron entre sí a ver quién destilaba más veneno contra el Gobierno revolucionario, escondieron hasta donde pudieron el carácter violento de las manifestaciones golpistas tanto como la movilización de los pueblos cubano y nicaragüense en defensa de sus respectivas revoluciones.
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| Patricia Janiot (izquierda), presentadora colombiana de Univision no se pudo aguantar, dejó el micrófono a un lado y se unió a la "protesta pacífica" en Managua en 2018… aunque no hubieran muchos “protestantes” en la calle. Por su parte, Camilo Egaña en julio de 2021 desde la CNN le explicaba al público que el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba sencillamente no existe. |
Guerra política relámpago
El empleo de la estrategia de Blitzkrieg o "guerra relámpago" con la creación de focos de vandalismo en rápida sucesión que dan la impresión de un levantamiento generalizado.
A menudo estos focos son coordinados por medio de las redes sociales y tienden a movilizar a personas jóvenes. Todo el tiempo se debe provocar a las autoridades para obligarlas a responder con la fuerza. Imágenes impactantes, cortas, tomadas a ras del suelo y a menudo manipuladas con sonidos superpuestos son usadas como insumo para la campaña en las redes sociales.
En ciudades como Managua o La Habana, que rondan los dos millones de habitantes, varios cientos, o incluso mil personas en la calle no son representativas de la opinión general de la población, pero en el contexto de una campaña golpista y publicadas en las redes sociales, se convierten en una "revolución".
No negociar nada
El escalamiento constante de las demandas. En Nicaragua: "Es la jubilación de los viejitos. No, ya no es la jubilación de los viejitos, es el adelanto de las elecciones. No, ya no es el adelanto de las elecciones, ahora es que usted, señor presidente, debe montarse en un avión e irse del país..."
En Cuba: "Es la covid. No, ya no es la covid, es la falta de comida. No, ya no es la covid ni la falta de comida, ahora es que el Gobierno debe dimitir, el Partido debe disolverse y los marines deben venir a Cuba". La esencia del "golpe blando" no es negociar nada, es alcanzar un "cambio de régimen" para imponer políticas totalmente ajenas a los intereses del país, incluso a los intereses de la mayoría de los que se definen como opositores al Gobierno.
Delincuentes
El empleo de delincuentes para la realización de actos violentos. El objetivo del "golpe suave" es sobre todo el de sembrar determinadas percepciones en la población blanco. Los actos violentos deben en lo posible ser extremos de manera que pongan fuera de funcionamiento las defensas racionales del público, causando pánico y pérdida de fe en la solidaridad social.
Para este tipo de tareas se emplean delincuentes. En el caso de Nicaragua, miles de delincuentes fueron empleados para destruir bienes públicos, secuestrar, asesinar e incluso torturar gente en los "tranques de la muerte". Un caso conocido es el de Cristhian Josué Mendoza, alias "El Viper", un sujeto asociado al narcotráfico.
En Cuba, está el caso del ladrón y asaltante Esteban Rodríguez López, cabecilla del grupo que montó la falsa huelga de hambre en apoyo al también delincuente Luis Manuel Otero Alcántara, elevado a la categoría de "artista perseguido" por los medios occidentales.
Los símbolos
El manejo premeditado de símbolos para la "revuelta". Así como con las etiquetas o "hashtags", el uso altamente disciplinado de símbolos (lo que es contradictorio con una revuelta "espontánea") es un ingrediente propagandístico clave para definir la realidad, tanto para la población objeto del golpe como ante la opinión internacional. Tanto en Cuba com en Nicaragua (cuyos pueblos tienen un nacionalismo muy revolucionario) la bandera fue el símbolo de preferencia.
En Nicaragua, el empleo de la bandera nacional con el escudo al revés y manchas de sangre fue ampliamente utilizada y difundida, pero terminó causando mucho rechazo entre la población ya que en realidad se trataba de un irrespeto. En Cuba, tal vez por la lección aprendida, el símbolo de preferencia ha sido la bandera nacional a secas. Otro símbolo utilizado son las fechas: En el caso de Nicaragua, el "19-A" (19 de abril de 2018) y en Cuba, 11/07.
Conclusiones
Detalles del recuento que acabamos de hacer se encuentran en todas las campañas de injerencia política de Estados Unidos realizadas en el presente siglo dentro y fuera de América Latina, pero la similitud entre lo ocurrido esta semana en Cuba y hace tres años en Nicaragua es verdaderamente pasmosa.
Es importante resaltar que se trata de golpes de Estado, aunque en ellos no hayan participado ni la policía ni las fuerzas armadas, ya que son conspiraciones con reducido apoyo popular, totalmente dependientes del factor sorpresa y con fines que no son expresados de manera explícita porque de lo contrario serían repudiados por el pueblo.
En Nicaragua, el derrotado “golpe suave” de 2018 galvanizó a la sociedad y la hizo tomar conciencia de los verdaderos intereses en pugna. Ese golpe fallido dejó unos 200 muertos y miles de millones de dólares en pérdidas.
Desde entonces se han recompuesto las alianzas en el país y el pueblo, empoderado económicamente gracias a las políticas sandinistas, se ha ido recuperando de sus graves efectos. La oligarquía, por su parte, evidenció su compromiso con agendas antinacionales y antipopulares empeñando para siempre su influencia ideológica y política en la sociedad a pesar de los continuos intentos de Estados Unidos de seguir aplicando el fracasado guion injerencista.
En Cuba, aunque es muy temprano para cantar victoria, los disturbios del 11 y 12 de julio acabaron tan pronto como comenzaron y la situación ha regresado a la normalidad. El saldo hasta el momento de escribir estas líneas ha sido de solo un muerto. Seguramente, como en el caso de Nicaragua, la experiencia del “golpe blando” ha fortalecido la conciencia de la población y también seguramente, como en el caso de Nicaragua, el guion injerencista continuará.
A lo largo de esta década, el sitio ha documentado luchas territoriales, movilizaciones sociales, experiencias culturales y formas de resistencia cotidiana. Su fortaleza ha sido siempre la misma: ofrecer una mirada crítica, cercana y solidaria. En sus páginas conviven crónicas de primera mano, análisis políticos, materiales de archivo, comunicados de organizaciones y testimonios que, en conjunto, construyen un relato vivo de las luchas contemporáneas.
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Mientras buena parte de los grandes medios internacionales continúan proyectando una imagen de Nicaragua marcada casi exclusivamente por la confrontación política y reproducen, en gran medida, el relato de los sectores opositores al Gobierno Sandinista, otras noticias de enorme relevancia social apenas encuentran espacio en la agenda informativa internacional. El foco permanece instalado en la crítica permanente al proceso político nicaragüense, mientras decisiones que afectan de forma directa a la vida de millones de personas pasan prácticamente desapercibidas.
Una de ellas acaba de producirse con la aprobación de la Ley de Aseguramiento Soberano y Garantía del Suministro de Energía Eléctrica, mediante la cual el Estado recupera el control de las distribuidoras Disnorte y Dissur. Lejos de tratarse de una simple operación administrativa o empresarial, esta medida representa un nuevo paso en la estrategia del Gobierno Sandinista para recuperar el control de sectores estratégicos y consolidar un modelo de desarrollo basado en el fortalecimiento de los servicios públicos y la ampliación de derechos sociales.
No se trata simplemente de una nacionalización más. Tampoco es una decisión improvisada. Es el desenlace de un proceso que comenzó hace más de una década y que responde a una pregunta fundamental: ¿debe un servicio tan esencial como la electricidad depender de la lógica del beneficio privado o del interés general?
Para comprender esta decisión hay que regresar a los años noventa. Como ocurrió en buena parte de América Latina, Nicaragua abrazó las políticas neoliberales impulsadas por los organismos financieros internacionales. Bajo la promesa de que el mercado gestionaría mejor los servicios públicos, se privatizaron sectores estratégicos con el argumento de atraer inversiones, mejorar la eficiencia y reducir el gasto del Estado.
La realidad terminó siendo bastante distinta.
La distribución eléctrica pasó a manos privadas, pero las inversiones necesarias nunca llegaron en la magnitud esperada. Durante años el país sufrió una infraestructura insuficiente, pérdidas elevadas en la red y frecuentes interrupciones del suministro. A ello se sumó una fuerte dependencia del petróleo para producir electricidad, lo que convirtió a Nicaragua en un país extremadamente vulnerable a las fluctuaciones del precio internacional del crudo.
La crisis energética de mediados de la década de los 2000 dejó imágenes difíciles de olvidar. Apagones diarios de varias horas paralizaban la actividad económica, afectaban a hospitales, comercios, escuelas y hogares. Para miles de familias, disponer de electricidad durante todo el día era un lujo más que un derecho.
Cuando el Frente Sandinista regresó al Gobierno en 2007 se encontró un país con enormes carencias estructurales. Más allá del debate político que siempre acompaña a Nicaragua, existe un hecho difícilmente discutible: el Ejecutivo convirtió las infraestructuras públicas en una de las prioridades de su proyecto de desarrollo.
En estos años el Estado ha impulsado la construcción y modernización de carreteras, puentes, hospitales, centros de salud, escuelas, sistemas de abastecimiento de agua potable, redes de saneamiento y programas de vivienda. Paralelamente se ha llevado a cabo una de las mayores transformaciones del sistema eléctrico de la historia del país.
La electrificación ha sido probablemente uno de los ejemplos más visibles de esa estrategia. Miles de comunidades rurales que durante décadas permanecieron olvidadas comenzaron a conectarse a la red eléctrica. Para muchas familias aquello no significó únicamente tener luz en casa. Significó conservar alimentos en un refrigerador, que los niños pudieran estudiar por la noche, disponer de agua bombeada eléctricamente, mejorar la atención sanitaria o facilitar la instalación de pequeños negocios capaces de generar ingresos.
Detrás de un cable eléctrico no solo hay energía. Hay oportunidades de desarrollo.
Junto a la ampliación de la red, el Gobierno también impulsó una profunda transformación de la matriz energética. Nicaragua, tradicionalmente dependiente del petróleo, comenzó a apostar por la energía eólica, la geotérmica, la hidroeléctrica y la biomasa, reduciendo progresivamente la dependencia de los combustibles fósiles y fortaleciendo su seguridad energética.
Todo este proceso explica por qué la nacionalización de las distribuidoras eléctricas no puede entenderse como un hecho aislado. Es la pieza que faltaba para completar un modelo en el que el Estado pretende coordinar generación, transmisión y distribución bajo una misma planificación pública.
Quienes defienden el modelo privatizador suelen presentar cualquier nacionalización como un ataque a la economía de mercado. Sin embargo, pocas veces se plantea la cuestión de fondo: ¿qué ocurre cuando un servicio imprescindible para la vida cotidiana queda subordinado exclusivamente a la rentabilidad económica?
Una empresa privada tiene la obligación de responder ante sus accionistas. Un Estado, al menos en teoría, debe responder ante su ciudadanía.
La diferencia no es menor. Llevar electricidad a una comunidad rural aislada puede no ser un gran negocio para una empresa privada. Para un Gobierno que concibe la electricidad como un derecho y como una herramienta de desarrollo, esa misma inversión puede resultar estratégica aunque no genere grandes beneficios económicos.
Ese parece ser precisamente el razonamiento que hay detrás de la decisión adoptada por Nicaragua. El objetivo declarado no es aumentar los beneficios empresariales, sino garantizar el suministro, planificar mejor las inversiones y asegurar que la expansión del servicio responda a las necesidades del país.
Naturalmente, ninguna nacionalización constituye por sí sola una garantía de éxito. La gestión pública también debe ser eficiente, transparente y capaz de mantener un elevado nivel de inversión. Pero tampoco puede ignorarse que el modelo anterior dejó importantes déficits y que buena parte de las mejoras experimentadas durante los últimos años se han producido precisamente con una mayor implicación del Estado en la planificación del sistema eléctrico.
La recuperación de las distribuidoras también encaja dentro de una visión más amplia del desarrollo impulsada por el sandinismo. Frente a una concepción donde el Estado se limita a regular y el mercado decide dónde invertir, el Gobierno defiende un modelo en el que las infraestructuras públicas actúan como motor del crecimiento económico y de la reducción de la pobreza.
La ampliación de la red eléctrica se ha complementado con programas de acceso al agua potable, mejora de carreteras, construcción de hospitales, fortalecimiento de la atención sanitaria, alfabetización, apoyo a pequeños productores, créditos para mujeres emprendedoras, viviendas sociales y otras políticas orientadas a reducir las desigualdades históricas del país.
Puede discutirse la gestión política del Gobierno sandinista en muchos ámbitos, pero resulta difícil negar que la apuesta por la inversión pública en infraestructuras ha transformado buena parte del territorio nicaragüense. En un país que hace apenas dos décadas sufría apagones constantes y donde amplias zonas rurales permanecían desconectadas de los servicios básicos, la electrificación ha pasado a convertirse en uno de los pilares del desarrollo nacional.
Por eso esta nacionalización va mucho más allá del cambio de propietario de dos empresas. Representa una determinada manera de entender el papel del Estado y de los servicios públicos. Mientras unos consideran que la electricidad es una mercancía que debe gestionarse bajo criterios de mercado, otros sostienen que constituye un derecho imprescindible para garantizar unas condiciones de vida dignas y crear oportunidades de desarrollo.
La decisión tomada por Nicaragua refleja con claridad esa segunda visión. Una visión que entiende que la energía no puede ser únicamente un negocio, sino una herramienta para construir un país más cohesionado, reducir las desigualdades entre el campo y la ciudad y garantizar que el progreso llegue también a quienes durante demasiado tiempo quedaron al margen del desarrollo.
Porque cuando un niño puede estudiar gracias a la luz eléctrica, cuando una familia conserva sus alimentos, cuando un centro de salud puede atender a sus pacientes o cuando un pequeño agricultor pone en marcha un negocio gracias a que la electricidad ha llegado por fin a su comunidad, la energía deja de ser un simple suministro. Se convierte en una condición indispensable para ejercer otros muchos derechos.
Y es precisamente ahí donde reside el verdadero significado político y social de esta nacionalización.
Pero con el paso del tiempo, el contexto cambió y, con él, la forma en que el sandinismo se interpreta y se practica.
Para ellos, sandinismo es sinónimo de continuidad, pero también de renovación.
La nueva generación tiende a expresar el sandinismo mediante:
Enfoque en el desarrollo social y económico sostenido
Uso de tecnologías y redes sociales como espacios de organización, comunicación y activismo de confrontación ideológica.
Redefinición del liderazgo, con mayor énfasis en la participación comunitaria, la formación educativa y la participación en todos los proyectos sociales del gobierno que están creando impacto local en su desarrollo y mejora de vida de la población.
Mayor sensibilidad frente a problemáticas globales y ambientales, integrando conceptos como sostenibilidad y resiliencia dentro del discurso sandinista.
Este enfoque refleja un sandinismo más adaptado a la realidad contemporánea, sin dejar de lado la esencia histórica del movimiento.