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lunes, 16 de febrero de 2026

Sandino está más vivo que nunca: memoria, resistencia y un imperio que intenta reinventarse

Por Javier Huerta

Cuando evocamos a Augusto César Sandino casi 100 años después de su lucha contra la ocupación militar estadounidense en Nicaragua, no recordamos solo a un guerrillero del pasado: evocamos una idea, una memoria histórica y una posibilidad política que sigue viva en la conciencia de millones de latinoamericanos e internacionalistas que defienden la soberanía de sus pueblos.

Sandino no fue solo un guerrillero: fue un pensador antiimperialista que comprendió, desde 1926, cómo la lógica de la intervención estadounidense no era únicamente una cuestión militar, sino también económica y estratégica. La ocupación estadounidense en Nicaragua —que se extendió desde 1912 hasta 1933— no solo buscaba controlar la política interna del país, sino sobre todo asegurar intereses geoestratégicos como la posibilidad de un canal interoceánico rival al de Panamá y el dominio de recursos y rutas fundamentales en el Pacífico y el Atlántico.

Sandino rechazó explícitamente el trato de protectorado, la presencia de marines, la supervisión de aduanas y la tutela externa sobre las finanzas del país. Exigió autodeterminación total: expulsión de tropas, disolución de fuerzas paramilitares aliadas a Washington y control nicaragüense absoluto sobre sus recursos.

Esa lucha —como ha señalado historiadores y activistas contemporáneos— no fue solo militar, sino ideológica, y marcó un hito en lo que hoy se entiende como la resistencia de América Latina contra la hegemonía extranjera, y el paso a ser un símbolo de resistencia.

Hoy varios observadores de la política internacional sostienen que Estados Unidos busca reconfigurar su influencia global a través de herramientas más sofisticadas que la ocupación directa. No encontramos en un momento en el cual el imperio Yankee herido de muerte pero busca revivir reinventándose.

Helen Yaffe, investigadora que ha estudiado Cuba, afirma que las sanciones y presiones económicas aplicadas por Washington buscan precisamente “inducir desempleo, descontento social y migración” para debilitar gobiernos que desafían la hegemonía estadounidense.

Expertos diplomáticos como Celso Amorim, ex asesor de política exterior de Brasil, advierten que la intervención militar estadounidense en Venezuela puede tener consecuencias regionales graves, comparables incluso con un conflicto tipo Vietnam, porque provocaría una fuerte respuesta antiimperialista interna y solidaridad entre las naciones latinoamericanas.

Otro aspecto que politólogos vienen señalando es cómo la noción de “guerra contra el narcotráfico” u otros pretextos se usa para justificar acuerdos de seguridad militar ampliados en la región, lo que para algunos críticos no es sino una forma de neo-diplomacia de cañonero bajo una nueva retórica.

3. ¿Qué está sucediendo en Cuba, Venezuela y Nicaragua hoy?

Cuba: crisis, exilio y debates sobre el futuro

Cuba enfrenta una profunda crisis socioeconómica, con una caída en la mayoría de sus sectores productivos, emigración masiva —especialmente de personas jóvenes y altamente formadas— y una percepción creciente de que el modelo de control estatal rígido no ha logrado frenar la fuga de talento ni garantizar bienestar básico.

Politólogos que estudian la isla señalan que las sanciones continuas, sumadas a las limitaciones internas, han debilitado el proyecto revolucionario original. Algunos plantean que sin una transformación interna profunda, es probable que Cuba deba adaptar su modelo para sobrevivir en un mundo globalizado, mientras que otros consideran que los esfuerzos por mantener soberanía frente a presiones externas seguirán siendo centrales en su política.

Venezuela: intervención, sanciones y polarización futura

El reciente asalto estadounidense que capturó al presidente Nicolás Maduro marcó un punto de inflexión y revivió temores regionales sobre la regresión a políticas de intervención directa. Analistas que han estudiado este episodio apuntan a que el objetivo declarado de combatir el narcotráfico y corrupción ha sido interpretado por críticos como una fachada para controlar recursos energéticos clave y debilitar gobiernos incómodos para Washington.

Politólogos especializados en América Latina —incluidos en foros académicos internacionales— han debatido que la presión militar o economicista por parte de potencias externas puede generar respuestas que fortalezcan los lazos entre gobiernos de izquierda o antihegemónicos, y que incluso provoquen una reconfiguración de alianzas diplomáticas a favor del Sur Global.

Nicaragua: memoria sandinista y dinámicas actuales

Nicaragua, desde la época de Sandino, ha pasado por distintos ciclos de intervención y resistencia: desde la década de 1980 con los Contras —producto de financiamiento estadounidense— hasta la política contemporánea bajo el liderazgo de Daniel Ortega. La memoria del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, fundado por Sandino, sigue siendo referencial en discursos políticos que defienden la idea de autodeterminación frente a la intromisión externa.

Históricamente, EE. UU. ha utilizado desde intervenciones militares directas —como en Nicaragua en 1912 o Cuba en 1898— hasta tácticas más modernas de presión política. Un ejemplo reciente de esto fue el intento de golpe blando que sufrió Nicaragua en 2018, denominado “golpe suave” según Gene Sharp. Aunque es una táctica moderna, se inserta en un largo historial de intervenciones estadounidenses en la región, donde ONG, programas de “promoción de la democracia” y movilizaciones sociales buscan, según los críticos, generar cambios de régimen sin recurrir a la ocupación militar abierta. La teoría del golpe blando es vista así como una evolución sofisticada de prácticas de intervención tradicionales.

Opositores y analistas independientes señalan que Nicaragua hoy enfrenta diferentes presiones internacionales —económicas, diplomáticas y mediáticas—. Sin embargo, para sectores que se identifican con el espíritu sandinista, la resistencia frente a presiones externas, sean económicas o de otro tipo, sigue siendo un tema central.

4. ¿Cómo ven los especialistas el futuro de estos países y la región?

Aunque hay diversas corrientes de opinión, pueden identificarse algunas tendencias debatidas por analistas políticos:

1) Crecimiento de bloques plurales y multipolares:
Muchos expertos señalan que América Latina podría orientarse hacia alianzas más amplias con potencias como China, India, Rusia y dentro de estructuras como los BRICS, con el objetivo de reducir dependencias tradicionales. Este cambio puede verse como un reflejo de lo que Sandino defendía: la integración latinoamericana frente a hegemonías externas.

2) Presión económica vs. intervención militar:
Según algunos politólogos, el uso de sanciones y presión financiera es la nueva forma de injerencia estadounidense, pues es menos costosa políticamente que una ocupación directa —aunque igual de destructiva para las poblaciones civiles.

3) Resiliencia y transformación interna:
Especialistas en política latinoamericana sostienen que los países que logren combinar reformas internas (políticas, económicas y sociales) con vínculos internacionales equitativos tienen mayores probabilidades de saltar de una dinámica reactiva a una proactiva, forjando modelos autónomos que no dependan ni de hegemonías externas ni de sistemas autoritarios cerrados.

5. Conclusión: Sandino hoy, ¿símbolo o estrategia real?

La figura de Sandino continúa existiendo no como un mito romantizado, sino como una referencia histórica y política para pensar la soberanía, la autodeterminación y la libertad frente a modelos de dominación externa que han transitado desde el uso de marines, al intervencionismo económico, las sanciones y las presiones diplomáticas.

Lo que Sandino comprendió —que controlar los recursos, las instituciones y la política interna de un país es la clave de cualquier hegemonía— sigue siendo una verdad incómoda. Hoy, esa lucha se ve en debates sobre sanciones, en críticas a la intromisión extranjera y en la aspiración de muchos pueblos por decidir sus destinos sin tutelas foráneas.

En definitiva, Sandino vive en cada discusión sobre soberanía, en cada resistencia cultural y política frente a la presión internacional, y en cada intento por construir un futuro donde los pueblos latinoamericanos sean los dueños de su historia y su riqueza.



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martes, 5 de junio de 2018

Tres premisas para definir lo que pasa en #Nicaragua.

Por Zona Frank. 

Al calor de 45 días de crisis política en Nicaragua, podemos afirmar que la metodología para los Golpes Suaves se ha criollizado con toda la carga violenta y mediática que este tipo de acciones trae implícito durante su ejecución y desarrollo.
Desde el comienzo se apreciò una fuerte manipulación por parte de los medios de la oposición, los cuales, han tratado de culpar al gobierno sandinista de todo cuanto ha promovido por debajo de la alfombra la derecha golpista.
Intentando desenredar toda esta madeja, que trae como primer rasgo el haberse viralizado a través de las redes sociales con la etiqueta #SOSNicaragua, podríamos dejar sentadas tres premisas que permitirán definir claramente el tipo de escenario al que nos enfrentamos:
1. No es un problema social, sino un problema político.
Esto es importante dejarlo sentado, desde ya, porque cualquier análisis que se pretenda realizar sobre los acontecimientos y posibles proyecciones del mismo, deben construirse en base a hechos concretos y no a simples conjeturas.
¿Porqué sostenemos que el problema es político? Simple. La agenda conocida como la “carta al niño dios” presentada por el sector opositor al Gobierno públicamente en la mesa de diálogo, no contiene ningún elemento social o económico, ninguna demanda o reivindicación de esta naturaleza. Esto es tan así, que el último nombre que adoptaron (ya llevan cómo 12), es Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia. No demandan seguridad social, empleo, exoneraciones, subsidios, carreteras, financiamiento, seguridad, mejor educación, mejor sistema de salud, únicamente plantean demandas políticas.
Así pues, el movimiento y su agenda, son políticos y no sociales.
2. Es un plan golpista, no una demanda para democratizar el país.
La segunda premisa es la del golpe, que ya abordamos en un análisis anterior, pero que vale la pena recordarlo: plantear una salida del Presidente Ortega fuera del periodo y términos señalados por la Constitución Política (siguientes elecciones son en 2021), es un planteamiento antidemocrático, que persigue en esencia un cambio en la estructura política legítima del país por vías diferentes a las legales.
Obviamente, un movimiento político que demande un cambio de gobierno en circunstancias fuera de las consticionales, es un movimiento golpista, no puede tener otro nombre.
Lo interesante en nuestro caso, es que en ningún país en los que ha pasado algo parecido, el movimiento se reconoce como golpista… excepto en este, cuando Miguel Mora dueño del Canal 100% noticias (ex sandinista) y Haroldo Montealegre empresario condenado por estafa (ex liberal) publicaron en su Twitter, el libro del genocida Gene Sharp como una fuente de estudio para dominar el paso a paso de lo que él llamó “Revolución Pacífica”.
El ladrón nunca se reconoce como tal, y justifica por todos los medios posibles sus acciones ilegales.
A diferencia de otros países, el movimiento de Nicaragua ya ha confesado públicamente sus intenciones golpistas. Por lo tanto, debemos siempre identificar a esta agrupación/movimiento político como golpista y no de otra forma.
3. No es un movimiento “auto convocado”, sino uno bien organizado.
Finalmente, queda el asunto de si se trata de un movimiento que surgió de forma espontánea producto de un estallido social o si se trata de un movimiento dirigido y organizado.
Para los que hemos vivido en Nicaragua durante los últimos 11 años y gracias a que esto es un “pueblo grande”, todos aquí nos conocemos.
Así pues, al rededor de los eventos espontáneos que produjeron lo que ellos mismos etiquetaron como “auto convocados”, producto de las protestas estudiantiles en contra de las reformas al seguro social, vimos como comenzaron a activarse progresivamente los mismos actores políticos de siempre, definidos en el tiempo como antisandinistas.
No se trata de los partidos tradicionales, legalmente constituidos, sino del partido solapado, del partido fantasma. Se trata de una red compleja de estructuras interrelacionadas (movimientos de sociedad civil y ONGs pro derechos humanos – democracia), dirigidas principalmente por políticos viejos y viejos políticos del país. En su mayoría, traidores del sandinismo y del liberalismo que nunca habían superado el 1% en la intencionalidad de voto en el país y ahora pretenden presentarse como voceros del pueblo de Nicaragua.
Los primeros, procedentes del sandinismo, compartieron la dirección del gobierno en la década de los 80 y después de 1993, ya en oposición, liderados por Sergio Ramírez, traicionaron a Daniel Ortega y al FSLN, formando lo que en su momento fue un partido político: el MOVIMIENTO RENOVADOR SANDINISTA (MRS). A este MRS se le canceló la personería jurídica por no reunir los requisitos mínimos de estructuras que establece la Ley Electoral.
A esta camada de traidores sandinistas, le debemos sumar a otros traidores: los ex miembros del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) de Arnoldo Alemán, liderados por Enrique Bolaños allá por el año 2002. Estos liberales probaron entrar a la contienda electoral con la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y después con el Partido Liberal Independiente (PLI), desplazando al PLC como segunda fuerza política en el país. En 2016 perdieron la personería por litigios internos y quedaron fuera del juego electoral.
Estos EX, al verse imposibilitados de aglutinar a las masas y alcanzar el poder político por la vía legal, de forma inescrupulosa, decidieron recurrir al juego sucio, cruel y sangriento del intento de golpe de estado solapado.
De una u otra forma, formaron un partido político “de facto”, un organismo político de movimientos y organizaciones, que de manera sistemática montaron una campaña de desgaste al gobierno sandinista, participando en la política nacional de forma escondida o taimada.
Este partido fáctico ha tenido plena sintonía, coordinación y apoyo financiero de actores políticos externos, en específico y ya documentado, la USAID y congresistas norteamericanos. Solo vale recordar todas las gestiones realizadas por sus principales figuras en el 2015 para que la congresista de origen cubano, Ileana Ros-Lethinen, y toda su jauría presentara en la Cámara de Representantes la controversial iniciativa legislativa conocida como Nica Act.
Cuando vemos a los mismos políticos traidores intentando imbricar al movimiento estudiantil “espontáneo” auto convocado en todos los espacios, a tal punto de arrogarse su representación ante la mesa de diálogo, solo quedan dos posibilidades:
Se aprovecharon de los auto convocados y les “robaron el mando”,Los auto convocados nunca fueron AUTO y eran parte del plan desde un inicio.
Nos vamos a quedar con este segundo escenario por la evidencia que tenemos de patrones anteriores donde quisieron utilizar la misma forma: protestas contra fraude electoral, protestas anti-canal, campaña por el abstencionismo, cabildeo de la NICA-ACT, protestas por femicidios y protestas por Indio Maìz.
En todos esos procesos, vimos a los mismos EX en sus plataformas comunicacionales. Para el ojo ingenuo, lo que sucede en Nicaragua hace 45 días exactos podría pasar como una simple coincidencia, pero para el ojo analítico, esto es solo la evidencia que soporta la hipotesis: todo fue planificado.
Con estas tres premisas sentadas, debemos entonces definir sin ningún lugar a dudas, que el grupo que hasta el día de hoy se llama Alianza Cívica para la Democracia, es un movimiento político que intenta dar un golpe de estado suave, con organización, financiamiento y objetivos definidos desde hace 11 años, para lo cual cuenta con un claro apoyo político de agentes norteamericanos.
Antes de la teoría de Gene Sharp, receta para la implementaciòn de Revoluciones de Colores, Golpes Blandos, Resistencia Civil, o como quiera llamarsele en la postmodernidad a los Golpes de Estado, ya Allen Dulles, oficial de alto rango de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) que antecedió a la Agencia Central de Inteligencia (CIA), había sentado el camino:
…”Gracias a su diversificado sistema propagandístico, Estados Unidos debe imponerle su visión, estilo de vida e intereses particulares al resto del mundo, en un contexto internacional donde nuestras grandes corporaciones transnacionales contarán siempre con el despliegue inmediato de las fuerzas armadas, en cualquier zona, sin que le asista a ninguno de los países agredidos el derecho natural a defenderse.
La traición, el nacionalismo, la enemistad entre los pueblos, y ante todo el odio es lo que vamos a cultivar hábilmente hasta que reviente como el capullo de una flor.”
“Sólo unos pocos acertarán a sospechar e incluso a comprender lo que realmente sucede. Pero a esa gente la situaremos en una posición de indefensión, ridiculizándolos, encontrando la manera de calumniarles, desacreditarles y señalarles como desechos de la sociedad. Haremos parecer chabacanos los fundamentos de la moralidad, destruyéndolos”.
“Nuestra principal apuesta será la juventud. La corromperemos, desmoralizaremos y pervertiremos.”
…”Debemos lograr que los agredidos nos reciban con los brazos abiertos, pero estamos hablando de ciencia, de una ciencia para ganar en un nuevo escenario la mente de los hombres. Antes que los portaaviones y los misiles, llegan los símbolos, los que venderemos como universales, glamurosos, modernos, heraldos de la eterna juventud y la felicidad ilimitada”.
“El objetivo final de la estrategia a escala planetaria, es derrotar en el terreno de la ideas las alternativas a nuestro dominio, mediante el deslumbramiento y la persuasión, la manipulación del inconsciente, la usurpación del imaginario colectivo y la recolonización de las utopías redentoras y libertarias, para lograr un producto paradójico e inquietante: que las víctimas lleguen a comprender y compartir la lógica de sus verdugos”.
Sin mucho rodeos, esto es lo que pasa hoy en Nicaragua.