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jueves, 16 de agosto de 2018

El hierro candente de Nicaragua: 92 d铆as de furia

                                                                                               
Por Leandro Grille

La Revoluci贸n nicarag眉ense no fue la obra cumbre de un grupo de comandantes ni el truco deslumbrante de un prestidigitador que acab贸 con la tiran铆a din谩stica de los Somoza. Fue el fruto de una larga y dolorosa lucha protagonizada por una multitud, fundamentalmente an贸nima, inspirada en la idea del h茅roe anticolonialista Augusto C茅sar Sandino, que ech贸 a los yanquis de Nicaragua y muri贸 traicionado. Durante los diez a帽os que transcurrieron entre la victoria de julio de 1979 y las elecciones de 1990, en las que el Frente Sandinista cayera frente a la derecha, la contrarrevoluci贸n, organizada y financiada por Estados Unidos no otorg贸 ni un minuto de tregua a la epopeya revolucionaria, al punto de que aquel resultado electoral s贸lo puede explicarse por el anhelo mayoritario de los nicarag眉enses de acabar con la guerra, incluso a costa de la derrota de un sue帽o.

Si es cierto que la oportunidad del poder y el desaf铆o de conservarlo en mitad de una guerra amalgama a las fuerzas de los que lo ejercen, y suspende las contradicciones que albergan en su seno, m谩s cierto aun es que la derrota es un hito removedor de la cual rara vez se sale unido. En 1990 el FSLN perdi贸 la elecci贸n, la revoluci贸n fue desmantelada y el sandinismo ingres贸 en una terrible confrontaci贸n interna, nada extra帽a a la que atravesaron todos los movimientos pol铆ticos de la izquierda, ya no por haber perdido lo que se hab铆a ganado en su lugar, sino por el contenido traum谩tico planetario que tuvo la ca铆da del campo socialista en esta trinchera del pensamiento.

La escisi贸n interna del sandinismo

Entre 1991 y 1995 dos corrientes antag贸nicas se disputaron la conducci贸n del sandinismo, una de ellas de car谩cter dialoguista y renovador, de tendencia socialdem贸crata, dirigida por Sergio Ram铆rez, y otra de car谩cter m谩s confrontativo ortodoxo, de asumido marxismo, que dirig铆an Daniel Ortega y Tom谩s Borge. Entre los que se fueron del Frente Sandinista por esos a帽os se cuentan algunos de los intelectuales m谩s renombrados que participaron de la revoluci贸n, como Gioconda Belli, el poeta y religioso Ernesto Cardenal y el escritor Sergio Ram铆rez, que hab铆a sido hasta 1990 vicepresidente de Nicaragua.

Este 煤ltimo se fue del FSLN a principios de ese a帽o, liderando a 29 de los 38 diputados del Frente, que abandonaron el partido con 茅l, fundaron el Movimiento de Renovaci贸n Sandinista, se quedaron con las bancas y votaron una reforma constitucional que suprimi贸 la Constituci贸n revolucionaria aprobada en 1987, desoyendo el mandato del Frente Sandinista. Ciertamente, muchos de los nombres m谩s reconocidos de la revoluci贸n apoyaron al MRS en las elecciones del a帽o 1996, que impulsaba a Ram铆rez como candidato a la presidencia, pero este movimiento y sus cuadros tan prestigiosos obtuvieron en la elecci贸n presidencial 7.665 votos a presidente y  algo m谩s de 20.000 votos a lista de legisladores, mientras que el FSLN de Daniel Ortega obtuvo cerca de 665.000 votos, que no fueron suficientes para ganar la elecciones, pero s铆 para dejar claro de qu茅 lado estaba el pueblo sandinista en la batalla interna por su orientaci贸n.

Habiendo sido vencidos, el Frente Sandinista impuls贸 entre febrero y abril de 1990 una serie de leyes que ser铆an conocidas luego como “leyes de la pi帽ata”. En particular, las leyes 85 y 86, que estipulaban la transmisi贸n de la propiedad de las viviendas que hab铆an sido expropiadas y otorgadas por el Estado revolucionario y la legalizaci贸n de viviendas y tierras ocupadas durante los a帽os de revoluci贸n, muchas de las cuales hab铆an pertenecido a la burgues铆a nicarag眉ense que se hab铆a ido masivamente a Miami. Estas leyes especiales favorecieron a cientos miles de  familias, aunque no por ello debe soslayarse que bajo el amparo de estas figuras legales se conocieron hechos de corrupci贸n que involucraron a algunos dirigentes y exdirigentes sandinistas que se habr铆an quedado ellos mismos con propiedades. Sin embargo, estos hechos de corrupci贸n no invalidan ni el prop贸sito ni la oportunidad de la norma que permiti贸 asegurar la vivienda obtenida por much铆simos nicarag眉enses humildes beneficiados por la revoluci贸n.

A los que, sobre todo desde la izquierda, invocan a famosos referentes del sandinismo como si fueran los verdaderos representantes de su legado, que el pueblo sandinista, 煤nico tributario de su gloria, y protagonista excluyente de la peripecia revolucionaria, se qued贸 en el FSLN y le dio la espalda sistem谩ticamente a los nombres propios que intentaron enfrentarlo electoralmente, ll谩mese Sergio Ram铆rez, Carlos Mej铆a Godoy, que fue candidato a vicepresidente por el Movimiento de Rescate del Sandinismo de Henry Lewites o Henry Ruiz, Modesto, uno de los nueve comandantes de la revoluci贸n.

Repasemos otra de las famosas “leyes de la pi帽ata” del Frente Sandinista por su trascendencia hist贸rica: la ley 89. En esta ley de abril de 1990, poco tiempo antes de entregar el poder, se le otorg贸 la autonom铆a a las universidades y en el art铆culo 55 de la norma se oblig贸 al Estado a brindarle a estas un presupuesto no inferior al 6 por ciento del presupuesto general de ingresos de la Rep煤blica.

La relevancia pol铆tica de esta ley no est谩 dada s贸lo por su contenido, sino porque ambient贸 un movimiento impresionante de los estudiantes universitarios, organizados en la Uni贸n Nacional de Estudiantes de Nicaragua, que durante los 17 a帽os que transcurrieron entre que el sandinismo entreg贸 el gobierno y que lo recuperara mediante elecciones en 2007, exigieron el cumplimiento cabal de la obligaci贸n presupuestaria de 6 por ciento a una seguidilla de gobiernos neoliberales que hicieron todo por incumplirla. La UNEN es y ha sido siempre la organizaci贸n estudiantil universitaria de Nicaragua y su persistencia movilizada tuvo mucho que ver con el retorno del Frente Sandinista al poder. En aquellas movilizaciones por el 6 por ciento no era extra帽o que fueran v铆ctimas de represi贸n e incluso el presidente de la UNEN perdi贸 una pierna por un balazo en una movilizaci贸n, en la que, adem谩s, otros dos estudiantes fueron asesinados por la represi贸n. Reci茅n cuando el FSLN recuper贸 el gobierno en 2007, el 6 por ciento fue reconocido y otorgado de acuerdo a la interpretaci贸n aut茅ntica de la norma que hab铆an hecho la Asamblea Nacional y la Corte Suprema, que favorec铆a los reclamos de la comunidad universitaria.

La reforma previsional y el estallido

Han pasado once a帽os desde que Daniel Ortega volvi贸 a la presidencia. En las 煤ltimas elecciones, del 6 de noviembre de 2016, la victoria de la f贸rmula integrada por Ortega y su esposa Rosario Murillo alcanz贸 el 72 por ciento de los votos con una participaci贸n de 68 por ciento de los habilitados. M谩s all谩 de las denuncias de fraude, ninguna tuvo relevancia para impugnar el resultado abrumador de la elecci贸n, por lo que los que insisten en que Ortega es un dictador simplemente est谩n ignorando la contundencia del pronunciamiento de los nicarag眉enses en las urnas. Para volver al gobierno, el sandinismo teji贸 alianzas con sectores que hab铆an sido contrarrevolucionarios, y entre las m谩s pol茅micas se cuenta el acercamiento a una parte de la Iglesia encabezada por el cardenal Miguel Obando y Bravo, fallecido este a帽o, quien fuera durante los a帽os de la revoluci贸n uno de los m谩s f茅rreos opositores del FSLN y patrocinante de la Contra. El acercamiento de Obando y Bravo a Ortega fue ferozmente criticado por la derecha, que lo odi贸 durante sus 煤ltimos a帽os de vida, como por una parte de la izquierda internacional y de los exsandinistas, que observaron en ese acercamiento una se帽al de la “desviaci贸n” de Ortega: una suerte de conversi贸n m铆stica que alienta Murillo y que incluy贸 la penalizaci贸n del aborto como forma de obtener el favor del voto cat贸lico en un pa铆s de poblaci贸n muy creyente.

En los once a帽os de gobierno sucedidos desde 2007, Ortega mantuvo tambi茅n una buena relaci贸n con el Cosep, que es el consejo de la empresa privada nicarag眉ense, pero tambi茅n con los trabajadores. De este modo, esta alianza tripartita, que no fue gratuita, permiti贸 una d茅cada de estabilidad en un pa铆s con una econom铆a muy fr谩gil -la m谩s pobre de Am茅rica Latina, despu茅s de Hait铆- y un crecimiento econ贸mico espectacular sostenido en un promedio de 5 por ciento anual.

Junto a ello, el gobierno desarroll贸 varias decenas de programas sociales orientados a la poblaci贸n m谩s humilde que redundaron en una franca disminuci贸n de la pobreza y en un aumento del salario m铆nimo y del ingreso medio muy superior al per铆odo neoliberal que lo precedi贸 durante 17 a帽os. Nicaragua se convirti贸 en el pa铆s m谩s seguro de la regi贸n, con una tasa de delitos muy inferior a sus vecinos y, como indicador elocuente, un tasa de homicidios de seis por cada 100.000 personas, menor que el de Uruguay y seis veces m谩s chico que sus pa铆ses fronterizos.

Pero la alianza con los empresarios se rompi贸. El detonante fue la reforma del Instituto Nacional de Seguridad Social. Hace a帽os que se sab铆a que la seguridad social atravesaba una situaci贸n cr铆tica. El Fondo Monetario Internacional hab铆a previsto en su 煤ltima visita que todo el sistema de pensiones colapsar铆a en 2019. Es que si durante el per铆odo posterior a la derrota de la revoluci贸n y hasta 2007, los beneficios de la seguridad social eran precarios, m铆nimos o inexistentes, con los gobiernos de Ortega la situaci贸n hab铆a cambiado mucho. Ahora mismo en Nicaragua la edad jubilatoria es de 60 a帽os y apenas se exige una cotizaci贸n formal de 750 semanas que, en t茅rminos concretos, no alcanza ni a los 15 a帽os. Con esos a帽os de aportes y esa edad se puede obtener una jubilaci贸n de acuerdo a los ingresos de la vida activa, pero incluso quienes no llegan a tenerlos, si prueban 250 semanas de aportes (cinco a帽os), se hacen beneficiarios de una pensi贸n reducida. Adem谩s, los beneficiarios de la seguridad social tienen derecho a m煤ltiples estudios y tratamientos m茅dicos no s贸lo en el pa铆s, sino tambi茅n en el extranjero cuando no se realicen localmente. El FMI propuso una reforma que implicaba recortar las jubilaciones, aumentar la edad jubilatoria, incrementar el n煤mero de semanas aportadas requeridas y eliminar las pensiones reducidas. El gobierno de Ortega se opuso a ese proyecto bien t铆pico del FMI y, por el contrario, impuso una reforma que aumentaba el aporte patronal de 19 por ciento a 22,5 por ciento, mientras que los aportes de los trabajadores se incrementaban s贸lo 0,75 por ciento, deduci茅ndose de las pensiones 5 por ciento para los gastos de salud.

Esta reforma previsional gener贸 la ira de los empresarios, muy bien alimentada por los medios de comunicaci贸n que intentaron presentar el cambio como un perjuicio a los jubilados y pensionados, pero no de las organizaciones sindicales que conoc铆an el contenido de un proyecto que era mucho m谩s progresista que el programa de reforma previsional que impulsaba el empresariado en t谩ndem con el FMI. A partir de all铆 y de la confusi贸n que reinaba sobre la reforma del INSS, se producen algunas manifestaciones contrarias al decreto, y el involucramiento de estudiantes, en particular, estudiantes universitarios de clases media alta y alta contrarios a la dirigencia de la UNEN, que apoyaba la reforma. Los enfrentamientos entre j贸venes y estudiantes sandinistas que apoyaban la reforma y los opositores deton贸 la crisis. Ya desde el principio hubo muertos de los dos lados y aunque Ortega intent贸 detener la revuelta derogando el decreto cuatro d铆as despu茅s haberlo emitido y convocando una mesa de di谩logo con mediaci贸n de la Iglesia, la crisis escal贸 y escal贸, naturalmente, porque el Diablo meti贸 la cola.

92 d铆as de furia

Si la represi贸n inicial es injustificable, lo que motiv贸 la renuncia de la directora nacional de la polic铆a nicarag眉ense, exguerrillera sandinista que dirig铆a el cuerpo desde 2006 y que hab铆a llevado adelante una gesti贸n muy importante para feminizar la fuerza, el estallido de violencia que termin贸 con la vida de cientos nicarag眉enses dista de ser el resultado de una “masacre” del gobierno sobre los opositores. Durante 92 d铆as se produjo una cantidad impresionante de hecho violentos en los que murieron tanto sandinistas como antisandinistas en cantidades similares. Se quemaron instituciones p煤blicas, dependencias universitarias, municipios, alcald铆as, edificios y hasta locales de medios de comunicaci贸n como las radios sandinistas Nueva Radio Ya o Radio Nicaragua y la opositora Radio Dar铆o. Hubo francotiradores, secuestros de sandinistas, gente quemada, torturas bendecidas por curas opositores y una ampl铆sima operaci贸n propagand铆stica para presentar todos los hechos como una cruenta acci贸n gubernamental contra un movimiento dem贸crata de autoconvocados y una as铆 llamada Alianza C铆vica para la Justicia y la Democracia, integrada por el consejo de la empresa privada, la c谩mara de comercio americana nicarag眉ense, las patronales rurales y el Movimiento 19 de abril de estudiantes de derecha, que incluso viajaron a Estados Unidos a reunirse con los referentes de la derecha republicana Marco Rubio e Ileana Ross Lehtinen, quienes promovieron en 2016 la “Nica Act”, una ley, aprobada en el Congreso, claramente injerencista que impide el financiamiento internacional del pa铆s.

El manual que sigui贸 adelante luego de los enfrentamientos iniciales fue parecido al de Venezuela y el di谩logo qued贸 en la nada cuando la Iglesia, que en teor铆a iba a actuar de mediadora, exigi贸 la renuncia del presidente y el adelantamiento de las elecciones.

Para propiciar el di谩logo, el gobierno acept贸 acuartelar a la polic铆a, pero lo violencia no cedi贸 y hasta las comisar铆as fueron rodeadas durante semanas por manifestantes organizados y armados. Tambi茅n fueron incendiadas sedes de la Uni贸n Nacional de Estudiantes de Nicaragua, que se mantuvo siempre del lado del oficialismo. Finalmente, el sandinismo se propuso recuperar el control del pa铆s, con localidades enteras tomadas por fuerzas opositoras e inici贸 una operaci贸n pol铆tica y policial llamada “Caravana de la libertad”, que les permiti贸 recuperar cada uno de los territorios, hasta que el martes 17 de julio se dio el operativo decisivo para tomar Monimb贸, donde resist铆a el 煤ltimo basti贸n controlado por opositores violentos.

El 19 de julio el sandinismo organiz贸 el 39 aniversario del triunfo de la revoluci贸n en una serie de actos gigantescos, el m谩s importante de ellos en la Plaza de la Fe de Managua, ya con la sensaci贸n de haber recuperado el control total del pa铆s.

Es indiscutible que en los 92 d铆as hubo actos de represi贸n y actuaciones indefendibles de fuerzas progubernamentales, pero no es cierto que del otro lado hubiese un movimiento pacifista. Por el contrario, la violencia opositora, promovida por el empresariado y la derecha, con el auspicio de grandes medios de comunicaci贸n como La Prensa, el principal diario de Nicaragua, francamente derechista, y con financiamiento de Estados Unidos, siempre a la orden para desestabilizar pa铆ses que no se alineen con sus designios, tienen una responsabilidad enorme con lo que sucedi贸 en el pa铆s y con este intento real de derrocar a Ortega. El que no quiere ver la actuaci贸n del imperialismo y no quiere meterse en la complejidad de lo sucedido puede levantar su dedo acusador contra el l铆der del FSLN por todos los motivos que se le ocurran, al fin y al cabo nunca se sentir谩 solo en un mundo donde m谩s de 95 por ciento de los medios de comunicaci贸n van a presentar al gobierno del FSLN como una tiran铆a sangrienta, pero la realidad es mucho m谩s compleja y en Nicaragua en estos 92 d铆as hubo un intento de golpe de Estado contra un gobierno electo con m谩s de 70 por ciento de los votos.




Fuente:
http://www.ensartaos.com.ve/el-hierro-caliente-de-nicaragua/

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