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viernes, 8 de marzo de 2013

El marxismo y la emancipaci贸n de la mujer



 

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Publicado en La Izquierda Socialista (http://www.laizquierdasocialista.org)

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El marxismo y la emancipaci贸n de la mujer

Escrito por: 
 Alan Woods y Ana Mu帽oz
 
"Cambiar de ra铆z la situaci贸n de la mujer no ser谩 posible hasta que no cambien todas las condiciones de la vida social y dom茅stica" 

Trotsky, Escritos sobre la cuesti贸n femenina

El capitalismo est谩 en un callej贸n sin salida. La crisis mundial del capitalismo golpea con mayor dureza a las mujeres y a la juventud. En el siglo XIX Marx ya se帽al贸 la tendencia del capitalismo a conseguir grandes beneficios mediante la explotaci贸n de mujeres y ni帽os. En el primer volumen de El Capital, Marx escribe lo siguiente:
"Por eso, el trabajo de las mujeres y los ni帽os fue la primera palabra de la aplicaci贸n capitalista de la maquinaria. Este poderoso sustituto de trabajo y de obreros se transform贸 inmediatamente en un medio para aumentar el n煤mero de asalariados, colocando a todos los miembros de la familia obrera, sin distinci贸n de sexo ni edad, bajo el dominio inmediato del capital. El trabajo forzado al servicio del capitalista usurp贸 no s贸lo el lugar de los juegos infantiles, sino tambi茅n el trabajo libre dentro de la esfera dom茅stica, dentro de los l铆mites morales, para la propia familia" (C. Marx, El Capital. Madrid, Akal Editor, 1976, Vol I, Tomo II, p谩g. 110).
En los pa铆ses capitalistas desarrollados el cambio de los modos de producci贸n y el constante intento de los capitalistas de aumentar la tasa de beneficios, ha llevado al incremento del empleo de mujeres y j贸venes, que trabajan a cambio de salarios bajos, en malas condiciones laborales y con pocos o ning煤n derecho. S贸lo en Estados Unidos, durante los 煤ltimos 50 a帽os se han incorporado al mundo laboral cuarenta millones de mujeres y en Europa treinta millones. En 1950 aproximadamente un tercio de las mujeres estadounidenses en edad laboral ten铆an un trabajo remunerado; el a帽o pasado esta proporci贸n casi era de tres cuartas partes. Seg煤n las estad铆sticas, hoy en d铆a el 99% de las mujeres estadounidenses ha trabajado en alg煤n momento de su vida. El empleo de mujeres —por s铆 mismo un acontecimiento progresista—, es la condici贸n previa para liberar a las mujeres de los estrechos l铆mites del hogar y familia burgueses, y tambi茅n el primer paso para su libre y pleno desarrollo como seres humanos y miembros de la sociedad.
Pero el sistema capitalista considera a las mujeres s贸lo una fuente conveniente de mano de obra barata y parte del "ej茅rcito de reserva de trabajadores", las incorpora al mundo laboral cuando hay escasez de mano de obra en determinados sectores de la producci贸n, y cuando estas necesidades desaparecen, las expulsa de nuevo del mundo laboral. Presenciamos este proceso durante las dos guerras mundiales, entonces las mujeres entraron en las f谩bricas para sustituir a los hombres enviados al frente y despu茅s cuando termin贸 la guerra se las oblig贸 a regresar al hogar. La mujer volvi贸 a incorporarse al trabajo en el periodo de auge capitalista de la posguerra, durante los a帽os 50 y 60, su papel fue similar al de los trabajadores inmigrantes —una reserva de mano de obra barata—. En el periodo m谩s reciente, el n煤mero de trabajadoras ha aumentado para ocupar los huecos existentes en el proceso productivo. A pesar de todo lo que se dice sobre el "mundo de la mujer" y el "poder femenino", a pesar de todas las leyes que supuestamente garantizan su igualdad, las trabajadoras todav铆a son uno de los sectores m谩s explotados y oprimidos del proletariado.
En el pasado, la sociedad de clases condicionaba a las mujeres a que fuesen pol铆ticamente indiferentes, a no organizarse, y sobre todo, a ser pasivas y por lo tanto proporcionar una base social para la reacci贸n. La burgues铆a utiliz贸 los servicios de la Iglesia y la prensa burguesa (revistas femeninas, etc.,) para basarse en esta capa y mantenerse en el poder. Pero esta situaci贸n ha cambiado en la medida que se transforma el papel de las mujeres en la sociedad. Cada vez son menos las mujeres —al menos en los pa铆ses capitalistas desarrollados—, que est谩n dispuestas a mantenerse en la ignorancia y a someterse pasivamente al papel tradicional de kirche, k眉cher and kinder (iglesia, cocina y ni帽os).
Este cambio es un fen贸meno progresista que tendr谩 consecuencias importantes para el futuro. De la misma forma que la burgues铆a ha perdido su antigua reserva social de masas para la reacci贸n entre el campesinado, en EEUU, Jap贸n y Europa Occidental, las mujeres ya no constituyen esa reserva atrasada de la reacci贸n como ocurr铆a en el pasado. La crisis del capitalismo, sus constantes ataques a la mujer y a la familia, radicalizar谩 a煤n m谩s a amplias capas de las mujeres y las llevar谩 en una direcci贸n revolucionaria. Para los marxistas es importante comprender el gran potencial revolucionario que existe entre las mujeres.
Las mujeres potencialmente llegan a ser incluso m谩s revolucionarias que los hombres, porque a menudo est谩n m谩s oprimidas que los hombres, est谩n frescas y libres de la rutina conservadora que con frecuencia caracteriza la vida sindical "normal". Cualquiera que haya presenciado una huelga de mujeres ha podido ver su tremenda determinaci贸n, coraje y empuje. Es un deber para los marxistas, tomar toda las medidas necesarias para animar a las mujeres a que entren y participen en los sindicatos, en igualdad de derechos y condiciones.
La cuesti贸n de la mujer, teor铆a y pr谩ctica del marxismo
La cuesti贸n de la mujer siempre ocup贸 un lugar central en la teor铆a y en la pr谩ctica del marxismo. En 1845 Engels hab铆a escrito La situaci贸n de la clase obrera en Inglaterra. Engels describe detalladamente las condiciones de vida y laborales completa La cuesti贸n de la mujer siempre ocup贸 un lugar central en la teor铆a y en la pr谩ctica del marxismo. En 1845 Engels hab铆a escrito La situaci贸n de la clase obrera en Inglaterra. Engels describe detalladamente las condiciones de vida y laborales completamente insoportables de los trabajadores brit谩nicos en aquella 茅poca. Seg煤n las fuentes citadas por Engels, muchos de los trabajadores industriales eran mujeres. En las hilander铆as las mujeres constitu铆an aproximadamente el 70% de la fuerza laboral total (F. Engels, La situaci贸n de la clase obrera en Inglaterra. Panther Books, 1974, p谩g. 171, en la edici贸n inglesa).
Engels cita un discurso de Lord Ashley en la C谩mara de los Comunes en 1844: "De los 419.560 trabajadores industriales que en 1839 hab铆a en el imperio brit谩nico, 192.887 —casi la mitad—, ten铆an menos de dieciocho a帽os de edad, y 242.296 eran mujeres...".
Engels documenta sus vidas como trabajadoras, madres y esposas. "El trabajo fabril deja su huella en el f铆sico femenino. Las deformidades creadas por ocho horas largas de trabajo son bastante m谩s serias entre las mujeres. Las largas horas de trabajo a menudo originan deformidades en la pelvis, en parte debido al desarrollo anormal de los huesos de la cadera, y en parte tambi茅n por deformaciones en la parte inferior de la columna vertebral" (Op. Cit., p谩g. 188).
"Esas trabajadoras tienen un parto m谩s dif铆cil que otras mujeres, y esto est谩 confirmado por varias comadronas y obstetricias, tambi茅n tienen m谩s predisposici贸n al aborto. Adem谩s, sufren el debilitamiento general que es com煤n a todos los trabajadores, y cuando est谩n embarazadas contin煤an trabajando en la f谩brica hasta el momento del parto, de otra forma, perder铆an sus salarios y temen que se las sustituya si dejan de trabajar demasiado pronto. Con frecuenta ocurre que las mujeres est谩n trabajando una noche y a la ma帽ana siguiente, dan a luz en la f谩brica entre la maquinaria... Si no se obliga a estas mujeres a regresar al trabajo en dos semanas, est谩n agradecidas y se sienten afortunadas. Muchas regresan a la f谩brica despu茅s de ocho e incluso despu茅s de tres o cuatro d铆as... Naturalmente, el temor a ser despedidas, el miedo al hambre las lleva a la f谩brica a pesar de su debilidad y desafiando al dolor" (Op. Cit., p谩g. 189).
"El empleo de mujeres con frecuencia rompe la familia, porque si la esposa trabaja doce o trece horas diarias en la f谩brica y el marido trabaja el mismo tiempo aqu铆 o en otra parte, ¿qu茅 ocurre con los ni帽os?".
Engels tambi茅n responde esta pregunta: "Crecen como la maleza salvaje; son puestos al cuidado de una ni帽era a cambio de un chel铆n o dieciocho peniques semanales, c贸mo les tratan no es dif铆cil de imaginar. Por eso es tan elevado el n煤mero de accidentes que sufren los ni帽os peque帽os en los barrios obreros" (Op. Cit., p谩g. 171).
Seg煤n el informe que cita Engels, m谩s del 57% de los ni帽os de Manchester mor铆an antes de cumplir los cinco a帽os de edad. Engels escrib铆a sobre la vida familiar del trabajador, casi imposible bajo el sistema social existente, con problemas dom茅sticos interminables y ri帽as familiares. Y culpaba de esta situaci贸n a las "condiciones sociales existentes".
Engels tambi茅n demuestra que los propietarios de las f谩bricas sol铆an seducir a las trabajadoras bajo amenaza de despido y algunos convert铆an su f谩brica en un har茅n privado. De este modo se extend铆a la prostituci贸n.
Este libro —La situaci贸n de la clase obrera en Inglaterra— demuestra que Marx y Engels conoc铆an perfectamente la situaci贸n en la que se encontraban las mujeres de la clase obrera, y por supuesto estaban preocupados por la dif铆cil situaci贸n de estas mujeres, como tambi茅n se preocupaban por la dif铆cil situaci贸n de la clase obrera su conjunto. Engels, en el libro acusa a la clase dominante de Inglaterra de ser la responsable de esta situaci贸n. En el mismo a帽o —1845— Marx public贸 La sagrada familia. Aqu铆 parafrasea generosamente a Fourier y escribe: "Los progresos sociales y los cambios de periodos se operan en raz贸n directa del progreso de las mujeres hacia la libertad y las decadencias de orden social se operan en raz贸n del decrecimiento de la libertad de las mujeres... porque aqu铆, en la relaci贸n de hombres y mujeres, del d茅bil y el fuerte, la victoria de la naturaleza humana sobre la brutalidad, es m谩s evidente. El grado de emancipaci贸n de la mujer es la medida natural de la emancipaci贸n general"(C. Marx y F. Engels, La sagrada familia. Madrid, Akal Editor, 1981, p谩g. 215).
Marx no estaba en contra de la participaci贸n de mujeres y ni帽os en la producci贸n. Pero s铆 se opon铆a a las terribles condiciones en las que ten铆an que trabajar y vivir. En la reuni贸n del Consejo General de la Internacional dijo lo siguiente: "No digo que sea un error que mujeres y ni帽os participen en nuestra producci贸n social", sino "la forma en que tienen que trabajar" (Actas del Consejo General de la Internacional. Vol. II, p谩g. 232, en la edici贸n inglesa).
Por esta raz贸n la clase obrera ten铆a el deber de luchar por la protecci贸n de mujeres y ni帽os, a trav茅s de la legislaci贸n, contra la peor clase de explotaci贸n. Y por supuesto para reducir la jornada laboral semanal.
Marx escribe en El Capital: "Los obreros tienen que juntar sus cabezas y, como clase, forzar una ley estatal, una barrera social prepotente, que les impida a ellos mismos venderse y vender a su descendencia para la muerte y la esclavitud mediante un contrato voluntario con el capital" (C. Marx, El Capital. Madrid, Akal Editor, 1976. Tomo I, Vol. II, p谩g. 400).
Marx consideraba que por un lado, sacar a las mujeres y ni帽os del aislamiento social y de la opresi贸n patriarcal de la familia campesina para que "cooperasen en la producci贸n social, es una tendencia leg铆tima, correcta y progresista". Pero por otro lado "bajo el capital este proceso se convert铆a en una abominaci贸n" (C. Marx, La Primera Internacional, p谩g. 88, en la edici贸n inglesa).
"La mujer se ha convertido en parte activa de nuestra producci贸n social. Alguien que sepa algo de historia sabe que son imposibles las transformaciones sociales importantes sin la agitaci贸n entre las mujeres", (C. Marx, Cartas al Dr. Kugelmann, en la edici贸n inglesa).
Marx estaba a favor de la incorporaci贸n de las mujeres, como agentes activos, a la actividad pol铆tica y en 1871 promovi贸 una norma, y la Internacional la aprob贸, en la que se recomendaba la creaci贸n de secciones de mujeres, sin excluir la posibilidad de que en ellas participasen ambos sexos. En esa 茅poca prevalec铆an unas condiciones de atraso donde se miraba con desprecio a las mujeres que participaban activamente en pol铆tica o que asist铆an a las reuniones.
Despu茅s del colapso de la Primera Internacional, Marx y Engels participaron como consejeros en los partidos de la clase obrera reci茅n creados y que m谩s tarde conformar铆an la Segunda Internacional. Por ejemplo ayudaron a escribir el programa del Partido Franc茅s de los Trabajadores para las elecciones de 1880. Marx escribi贸 la introducci贸n y en ella deja bien claro que "la emancipaci贸n de las clases productoras implica a todos los seres humanos sin distinci贸n de sexo o raza" (C. Marx, La Primera Internacional, p谩g. 376, en la edici贸n inglesa).
Adem谩s tenemos el libro de Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado publicado en 1884. El libro en conjunto es un trabajo pionero, incluso los antrop贸logos, arque贸logos e historiadores de hoy en d铆a se ven obligados a mencionarlo.
Desde su publicaci贸n se han realizado muchos descubrimientos, pero Engels en el libro aborda la cuesti贸n de la mujer desde el punto de vista del materialismo hist贸rico. Y demuestra que el patriarcado no es algo eterno, sino todo lo contrario.
Lenin sigui贸 los pasos Marx y Engels y tambi茅n consideraba muy importante el trabajo de los socialistas entre la mujer (y los hombres). En el ap茅ndice del libro de Lenin La emancipaci贸n de la mujer, podemos encontrar Mis recuerdos de Lenin de Clara Zetkin. Y leemos lo siguiente:
"El camarada Lenin habl贸 conmigo repetidas veces acerca de la cuesti贸n femenina. Evidentemente, atribu铆a al movimiento femenino una gran importancia, como parte esencial del movimiento de masas, del que, en determinadas condiciones, puede ser una parte decisiva. De suyo se comprende que conceb铆a la plena igualdad social de la mujer como un principio completamente indiscutible para un comunista" (Lenin, La emancipaci贸n de la mujer. Mosc煤, Editorial Progreso, 1979, p谩g. 105). Lenin no consideraba un tema secundario el trabajo de los comunistas entre las mujeres. Incluso expres贸 su descontento con aquellas secciones de la Internacional Comunista que no hac铆an lo suficiente en ese terreno y era muy sincero. "Saber movilizarlas [las masas femeninas] con una clara comprensi贸n de los principios y sobre una firme base organizativa, es cuesti贸n de la que dependen la vida y victoria del Partido Comunista. Pero no debemos enga帽arnos. En nuestras secciones nacionales no existe todav铆a una comprensi贸n cabal de este problema" (Ib铆d. p谩g. 125).
"Nuestras secciones nacionales conciben la labor de agitaci贸n y propaganda entre las masas femeninas, su despertar y su radicalizaci贸n, como algo secundario, como una tarea que afecta exclusivamente a las mujeres comunistas (...) ¿En qu茅 se basa esta posici贸n err贸nea de nuestras secciones nacionales? (No hablo de la Rusia sovi茅tica). En definitiva, esto no es otra cosa que una subestimaci贸n de la mujer y de su trabajo" (Ib铆d., p谩gs. 125-126).
No es muy conocido que la hija de Marx —Eleanor—, jug贸 un papel activo en el trabajo entre las mujeres obreras en la industria del East End londinense. Eleanor public贸 un art铆culo en la prensa en el que defend铆a la formaci贸n de un sindicato de mecan贸grafas, formado por todas las trabajadoras, tanto las que trabajaban en casa como las que escrib铆an en las oficinas de las empresas: "si quieres vivir de tu trabajo, tienes que trabajar con una presi贸n enorme, durante ocho horas diarias o m谩s" (Ivonne Kapp, Eleanor Marx, The Crowded Years, 1884-98, p谩g. 364, en la edici贸n inglesa). ¡Qu茅 relevantes suenan estas palabras cien a帽os despu茅s!
Un importante punto de inflexi贸n en la lucha de las mujeres en Gran Breta帽a, fue la huelga de las cerilleras londinenses en 1888, 茅ste era uno de los sectores m谩s explotados y oprimidos de los trabajadores, y se rebelaron contra sus opresores. En la f谩brica Bow en el pobre East End, todos los trabajadores eran mujeres, desde chicas de trece a帽os a madres de familia. Las b谩rbaras condiciones laborales eran muy similares a las que hoy sufren los trabajadores del Tercer Mundo. El f贸sforo blanco utilizado para fabricar las cerillas produc铆a una espantosa enfermedad que desgastaba los huesos de la mand铆bula; 茅ste era el resultado de comer en el centro de trabajo en una atm贸sfera contaminada por el f贸sforo. Los malos salarios empeoraban por el sistema de multas, con frecuencia se impon铆an por errores triviales que eran fruto de la fatiga. Gracias a este sistema los accionistas consegu铆an un dividendo del 22%.
En julio de 1888, las cerilleras dejaron a un lado sus temores y 672 mujeres iniciaron una huelga. A los quince d铆as, gracias al apoyo de los sindicatos y a una campa帽a p煤blica de recogida de dinero que consigui贸 la considerable suma de 400 libras, las mujeres consiguieron concesiones importantes. Estas trabajadoras no cualificadas organizaron el Sindicato de Manchester, el sindicato femenino m谩s grande de Inglaterra. Esto fue un paso de gigante hacia adelante en la explosi贸n del "Nuevo Sindicalismo" en Gran Breta帽a, por primera vez el proletariado no cualificado se organizaba en sindicatos. De esta lucha se pueden extraer lecciones importantes y 煤tiles para la situaci贸n actual; hoy, como hace cien a帽os, muchos trabajadores no cualificados y semicualificados est谩n desorganizados, y una parte importante son mujeres.

Los bolcheviques y la mujer

Los bolcheviques siempre dieron mucha seriedad al trabajo revolucionario entre las mujeres obreras. En concreto Lenin daba una enorme importancia esta cuesti贸n, especialmente durante el periodo de insurrecci贸n revolucionaria de 1912-14, y en la Prime Los bolcheviques siempre dieron mucha seriedad al trabajo revolucionario entre las mujeres obreras. En concreto Lenin daba una enorme importancia esta cuesti贸n, especialmente durante el periodo de insurrecci贸n revolucionaria de 1912-14, y en la Primera Guerra Mundial. Fue en esta 茅poca en la que comenz贸 a celebrarse el D铆a Internacional de la Mujer (el 8 de marzo) con manifestaciones masivas de trabajadores. No es casualidad que la Revoluci贸n de Febrero (marzo seg煤n el nuevo calendario) comenzara el D铆a de la Mujer, en que las mujeres se manifestaban contra la guerra y por el elevado coste de la vida.
Los socialdem贸cratas comenzaron a realizar un trabajo constante entre las mujeres obreras en el periodo de 1912-14. Los bolcheviques organizaron en 1913 el primer mitin para conmemorar el d铆a internacional de la mujer trabajadora en Rusia. Ese mismo a帽o, Pravda comenz贸 a publicar una p谩gina regular dedicada a los problemas que afectaban a las mujeres. En 1914 los bolcheviques lanzaron un nuevo peri贸dico —Rabotnitsa (Mujer Obrera)—, el primer n煤mero apareci贸 el d铆a internacional de la mujer trabajadora, para distribuirlo en las manifestaciones convocadas por el partido. El peri贸dico fue prohibido en julio junto con el resto de la prensa obrera. El peri贸dico bolchevique se financiaba con el dinero que recog铆an las trabajadoras en las f谩bricas y ellas lo distribu铆an en los centros de trabajo. En 茅l se informaba de las condiciones y las luchas de las trabajadoras, tanto en Rusia como en el extranjero, y desde sus p谩ginas se animaba a las mujeres a que participaran junto con sus compa帽eros en la lucha. Tambi茅n se insist铆a en que rechazaran el movimiento femenino iniciado por las mujeres burguesas despu茅s de la revoluci贸n de 1905.
El trabajo revolucionario de los socialdem贸cratas rusos durante la Primera Guerra Mundial se enfrent贸 a enormes dificultades. El partido y los sindicatos estaban ilegalizados. En 1915 el movimiento empez贸 a recuperarse de los golpes recibidos en los primeros meses de la guerra. Un sector donde empezaron r谩pidamente a conseguir importantes avances fue entre las mujeres trabajadoras, muchas de ellas expulsadas del trabajo industrial. Cuando estall贸 la guerra, las mujeres eran un tercio de los trabajadores industriales, y esta proporci贸n era a煤n mayor en la industria textil. Durante la guerra aument贸 esta proporci贸n en la medida que los hombres eran movilizados para ir al frente. La situaci贸n de las mujeres empeor贸 durante la guerra, muchas mujeres ten铆an que hacer frente solas al mantenimiento de sus familias, a las escaseces y al encarecimiento del coste de la vida. Las mujeres obreras participaron en muchas huelgas y manifestaciones para protestar contra los penurias derivadas de la participaci贸n de Rusia en la guerra.
El partido bolchevique estaba formado fundamentalmente por hombres (en el Sexto Congreso bolchevique celebrado en agosto de 1917, las mujeres eran el 6% de los delegados). El siguiente extracto es del panfleto titulado A las obreras de Kiev, distribuido por los bolcheviques en Kiev (Ucrania) el 8 de marzo en 1915. El panfleto nos da una idea de la forma en que los bolcheviques abordaban la cuesti贸n de la mujer en su agitaci贸n p煤blica. En 茅l hacen un llamamiento para vincular la opresi贸n de la mujer con el sufrimiento de los trabajadores, y la defensa de un programa para la liberaci贸n de la clase obrera en su conjunto:
"Es lamentable la suerte del trabajador, la situaci贸n de la mujer es incluso peor. En la f谩brica, en el taller, ella trabaja para un empresario capitalista, en casa lo hace para la familia.
Miles de mujeres venden su fuerza de trabajo al capital; miles de esclavos alquilan su trabajo; miles y cientos de miles sufren el yugo de la familia y la opresi贸n social. A la gran mayor铆a de las trabajadoras les parece que esto tiene que ser as铆. Pero ¿es verdad que las mujeres trabajadoras no pueden esperar un futuro mejor y que el destino las ha deparado una vida de trabajo y s贸lo trabajo sin descansar noche y d铆a?
"¡Camaradas trabajadoras! Los compa帽eros trabajan duro junto a nosotras. Su destino y el nuestro es el mismo. Pero hace tiempo que ellos han encontrado el 煤nico camino hacia una vida mejor, el camino de la lucha obrera organizada contra el capital, el camino de la lucha contra toda opresi贸n, maldad y violencia. Compa帽eras, no tenemos otro camino. Los intereses de los trabajadores y las trabajadoras son iguales y son los mismos. S贸lo mediante la lucha unificada con los trabajadores, en las organizaciones de trabajadores —el Partido Socialdem贸crata, los sindicatos, clubs obreros y cooperativas— , conseguiremos nuestros derechos y una vida mejor" (Lenin's Struggle for a Revolutionary International, p谩g. 268, en la edici贸n inglesa).
La mujer despu茅s de Octubre
En la Rusia zarista las mujeres eran legalmente esclavas de sus maridos. Seg煤n la ley zarista: "La esposa tiene que obedecer a su marido, como jefe de familia, permanecer junto a 茅l, amarle, respetarle, obedecerle siempre, hacer todo lo que le favore En la Rusia zarista las mujeres eran legalmente esclavas de sus maridos. Seg煤n la ley zarista: "La esposa tiene que obedecer a su marido, como jefe de familia, permanecer junto a 茅l, amarle, respetarle, obedecerle siempre, hacer todo lo que le favorezca y demostrarle su afecto como esposa". El programa del Partido Comunista en 1919 dec铆a: "En el momento actual, la tarea del partido es trabajar en primer lugar, en el reino de las ideas y la educaci贸n, para destruir completamente todos los vestigios de desigualdad o viejos prejuicios, particularmente entre la capa m谩s atrasada del proletariado y el campesinado. Sin limitarse s贸lo a la igualdad formal de las mujeres, el partido tiene que liberarlas de las cargas materiales del obsoleto trabajo familiar y sustituirlo por casas comunales, comedores p煤blicos, lavander铆as, guarder铆as, etc".
Sin embargo, la puesta en pr谩ctica de este programa depend铆a del nivel de vida general y de la cultura de la sociedad, como explic贸 Trotsky en su art铆culo De la vieja familia a la nueva, publicado en Pravda el 13 de julio de 1923: "El preparar las condiciones para una nueva vida y una nueva familia no puede aislarse, repito, de las tareas generales de la construcci贸n del socialismo. El Estado obrero debe fortalecerse econ贸micamente para estar en condiciones de encarar seriamente la educaci贸n p煤blica de los ni帽os y liberar a la mujer de las tareas dom茅sticas. Necesitamos m谩s formas econ贸micas socialistas. S贸lo bajo tales condiciones podremos liberar a la familia de las tareas que en la actualidad la oprimen y la desintegran. Los lavaderos p煤blicos tendr铆an que ocuparse del lavado, los restaurantes p煤blicos de la comida, las tiendas estatales de la costura. Los ni帽os deber铆an ser educados por buenos maestros con verdadera vocaci贸n para esta tarea. Entonces las relaciones entre las parejas se liberar铆an de todo lo externo y accidental, y dejar铆an de absorberse la vida mutuamente. Entonces se establecer铆a una verdadera igualdad. Las relaciones estar铆an condicionadas s贸lo por el amor. Y sobre estas bases se establecer铆a realmente, no de la misma manera para todos, por supuesto, pero sin imposiciones para nadie" (Le贸n Trotsky, Escritos sobre la cuesti贸n femenina. Barcelona, Editorial Anagrama, 1977, p谩gs. 32-33).
La revoluci贸n bolchevique sent贸 las bases para la emancipaci贸n social de las mujeres, y aunque la contrarrevoluci贸n pol铆tica estalinista represent贸 un paso atr谩s parcial, es innegable que las mujeres en la Uni贸n Sovi茅tica consiguieron enormes pasos adelante en la lucha por la igualdad. Las mujeres ya no ten铆an la obligaci贸n de vivir con sus maridos o acompa帽arles si se cambiaban de trabajo. Ten铆an los mismos derechos para ser cabeza de familia y disfrutaban de igualdad salarial. Se prestaba mucha atenci贸n a la maternidad y se aprobaron leyes que prohib铆an a las mujeres embarazadas trabajar largas jornadas y tambi茅n estaba prohibido el trabajo nocturno, exist铆a la baja maternal con salario y las familias dispon铆an de guarder铆as. El aborto se legaliz贸 en 1920, el divorcio se simplific贸 y bastaba con inscribir el matrimonio en el registro civil. El concepto de hijo ileg铆timo tambi茅n fue eliminado. En palabras de Lenin: "En el sentido literal, no hemos dejado un solo ladrillo de las despreciables leyes que colocaban a la mujer en una situaci贸n de inferioridad comparada con los hombres...".
Los avances materiales facilitaron la plena incorporaci贸n de las mujeres a todas las esferas de la vida social, econ贸mica y pol铆tica —comida gratuita en las escuelas, leche gratis para los ni帽os, comida, ropa, centros de maternidad, guarder铆as y otras facilidades—.
En La revoluci贸n traicionada Trotsky escribe: "La Revoluci贸n de Octubre cumpli贸 honradamente su palabra en lo que respecta a la mujer. El nuevo r茅gimen no se content贸 con darle los mismos derechos jur铆dicos y pol铆ticos que al hombre, sino que hizo —lo que es mucho m谩s— todo lo que pod铆a y, en todo caso, infinitamente m谩s que cualquier otro r茅gimen para darle realmente acceso a todos los dominios culturales y econ贸micos. Pero ni el "todopoderoso" parlamento brit谩nico, ni la m谩s poderosa re­ voluci贸n pueden hacer de la mujer un ser id茅ntico al hombre, o ha­ blando m谩s claramente, repartir por igual entre ella y su compa帽e­ ro las cargas del embarazo, del parto, de la lactancia y de la educa­ ci贸n de los hijos. La revoluci贸n trat贸 heroicamente de destruir el antiguo "hogar familiar" corrompido, instituci贸n arcaica, rutina­ ria, asfixiante, que condena a la mujer de la clase trabajadora a los trabajos forzados desde la infancia hasta su muerte. La familia, considerada como una peque帽a empresa cerrada, deb铆a ser susti­ tuida, seg煤n la intenci贸n de los revolucionarios, por un sistema aca­ bado de servicios sociales: maternidades, casas cuna, jardines de infancia, restaurantes, lavander铆as, dispensarios, hospitales, sana­ torios, organizaciones deportivas, cines, teatros, etc. La absorci贸n completa de las funciones econ贸micas de la familia por la socie­ dad socialista, al unir a toda una generaci贸n por la solidaridad y la asistencia mutua, deb铆a proporcionar a la mujer y, en consecuen­ cia, a la pareja, una verdadera emancipaci贸n del yugo secular" (Le贸n Trotsky, La revoluci贸n traicionada. Madrid, Fundaci贸n Federico Engels, 1991, p谩g. 147).
La Internacional Comunista
La Internacional Comunista (IC) sigui贸 las tradiciones del partido bolchevique, prest贸 gran importancia al trabajo entre las mujeres y dio instrucciones a los partidos comunistas para "que extendieran su influencia entre las m谩s amplias capas de la p La Internacional Comunista (IC) sigui贸 las tradiciones del partido bolchevique, prest贸 gran importancia al trabajo entre las mujeres y dio instrucciones a los partidos comunistas para "que extendieran su influencia entre las m谩s amplias capas de la poblaci贸n femenina, mediante la creaci贸n de organismos especiales dentro del partido y utilizar m茅todos especiales para llegar a las mujeres, con el objetivo de liberarlas de la influencia de las ideas de la burgues铆a o la influencia de los partidos conciliadores, adem谩s de educarlas como luchadoras decididas por el comunismo y consecuentemente por el pleno desarrollo de las mujeres".
Para la IC la creaci贸n de "organismos especiales" para trabajar entre las mujeres, no significaba la creaci贸n de organizaciones femeninas separadas. Esta idea por s铆 sola habr铆a sido una abominaci贸n, de la misma forma que la creaci贸n de organizaciones revolucionarias separadas para las naciones oprimidas, los jud铆os, negros, etc.; Lenin y Trotsky siempre se opusieron a esta idea. Las tesis dicen claramente que "el Tercer Congreso de la Internacional Comunista se opone firmemente a cualquier clase de asociaciones femeninas separadas en el seno de los partidos y sindicatos o a las organizaciones especiales de mujeres.." (Tesis, resoluciones y manifiestos de los cuatro primeros congresos de la Tercera Internacional, p谩g. 217, en la edici贸n inglesa).
La IC defend铆a la necesidad de crear grupos especiales formados por compa帽eros especializados y cualificados para este tipo de trabajo, para las tareas t茅cnicas de la edici贸n de propaganda, panfletos, etc. y en general para organizar el trabajo. Y tambi茅n dejaba claro que este grupo no pod铆a trabajar al margen del partido, y estaban bajo el control de los 贸rganos electos del partido. Los principales objetivos de este trabajo eran los siguientes:
"1) Educar a las mujeres en las ideas comunistas y atraerlas a las filas del partido.
2) Luchar contra los prejuicios existentes entre el proletariado masculino hacia las mujeres, e incrementar la conciencia de los trabajadores y trabajadoras para hacerles comprender que tienen intereses comunes.
3) Fortalecer la voluntad de las trabajadoras implic谩ndolas en todas las formas de conflicto civil, animar a las mujeres de los pa铆ses burgueses a participar en la lucha contra la explotaci贸n capitalista, en la acci贸n de masas contra la carest铆a de la vida, contra la escasez de vivienda, el desempleo y otros problemas sociales, y las mujeres de las rep煤blicas sovi茅ticas deben participar en la formaci贸n de la personalidad y estilo de vida comunistas.
4) Poner el tema en el orden del d铆a del partido e incluir propuestas legislativas relacionadas directamente con la emancipaci贸n de la mujer, confirmar su liberaci贸n, y defender sus intereses como madres.
5) Llevar adelante una lucha organizada contra el poder de la tradici贸n, las costumbres burguesas y las ideas religiosas, preparar el camino para unas relaciones entre los sexos m谩s sanas y armoniosas, garantizando la vitalidad f铆sica y moral de la clase obrera" (Ibid., p谩g, 218).
La Internacional Comunista con Lenin y Trotsky nunca habr铆a aceptado una actitud negligente o descuidada en este 谩rea vital del trabajo. En el Tercer Congreso de la Internacional Comunista se dec铆a que "sin la participaci贸n activa de amplias masas de mujeres proletarias y semiproletarias, el proletariado nunca podr谩 tomar el poder ni llegar al comunismo.
Al mismo tiempo, el Congreso una vez m谩s llama la atenci贸n de toda las mujeres, porque sin el apoyo del Partido Comunista en todos los proyectos de liberaci贸n de la mujer, no se podr谩 conseguir el reconocimiento de los derechos de las mujeres como seres humanos iguales ni tampoco su verdadera emancipaci贸n" (Ib铆d., p谩gs, 213-214).
Desde el principio la Internacional Comunista con Lenin y Trotsky, explic贸 el papel central de la cuesti贸n de la mujer, pero a) lo abordaron desde un punto de vista exclusivamente de clase y revolucionario y b) explic贸 que la verdadera emancipaci贸n de la mujer s贸lo se podr铆a conseguir bajo el socialismo. La Internacional Comunista insist铆a en la necesidad de integrar el trabajo de las mujeres en el trabajo general del partido, y nunca deber铆a ir segregado:
"Para fortalecer la camarader铆a entre las trabajadoras y los trabajadores, ser铆a deseable no organizar cursos y escuelas especiales para las mujeres comunistas, sino escuelas generales del partido, en las que no debemos olvidar discutir los m茅todos de trabajo entre las mujeres" (Ibid., p谩g. 227).
En el Cuarto Congreso —el 煤ltimo congreso genuinamente leninista de la IC— se public贸 un breve balance; en 茅l se destacaba la gran importancia que este trabajo ten铆a para una Internacional revolucionaria (e inclu铆a referencias especiales al problema de la mujer en los pa铆ses atrasados y coloniales de Oriente), pero tambi茅n dec铆a que las secciones no hab铆an dedicado todo el esfuerzo que se merec铆a este trabajo:
"La necesidad e importancia de organizaciones especiales para el trabajo comunista entre las mujeres, han quedado demostradas por la actividad del Secretariado de la Mujer en Oriente, que ha realizado un trabajo importante y fruct铆fero en unas condiciones nuevas y poco comunes. Desafortunadamente, el Cuarto Congreso Mundial de la Internacional Comunista tiene que admitir que algunas secciones no han cumplido total o parcialmente con la responsabilidad de realizar un trabajo comunista consistente entre las mujeres. Al d铆a de hoy, todav铆a no se han tomado las medidas necesarias para organizar a las mujeres comunistas dentro del partido, y no se han creado organizaciones vitales del partido para el trabajo entre las masas femeninas y para establecer v铆nculos con ellas.
El Cuarto Congreso exige a los partidos interesados a que solucionen estos fallos urgentemente y con la mayor rapidez posible. Adem谩s pedimos a toda las secciones de la Internacional Comunista que hagan todo lo posible para promover el trabajo comunista entre las mujeres, en vista de la gran importancia que tiene este trabajo. No se podr谩 conseguir un frente unido del proletariado sin la participaci贸n activa de las mujeres. En condiciones concretas, con la existencia de v铆nculos correctos y cercanos entre los partidos comunistas y las mujeres obreras, las mujeres se pueden convertir en las pioneras de la unidad del proletariado y de los movimientos revolucionarios de masas" (Ibid., p谩g. 326).
El papel del estalinismo
El gran socialista ut贸pico franc茅s Fourier, dijo —sabiamente— que la situaci贸n de la mujer era la expresi贸n m谩s clara de la verdadera naturaleza de un r茅gimen social. La revoluci贸n socialista comenz贸 a establecer las bases materiales y legales para l El gran socialista ut贸pico franc茅s Fourier, dijo —sabiamente— que la situaci贸n de la mujer era la expresi贸n m谩s clara de la verdadera naturaleza de un r茅gimen social. La revoluci贸n socialista comenz贸 a establecer las bases materiales y legales para la verdadera liberaci贸n de la mujer, pero la contrarrevoluci贸n estalinista dio un giro dram谩tico a la situaci贸n. Desaparecieron muchas de las conquistas conseguidas con la revoluci贸n. Se ilegaliz贸 el aborto, el divorcio se convirti贸 en algo dif铆cil de conseguir y costoso econ贸micamente. Se arrestaba a las prostitutas, a diferencia de la pol铆tica bolchevique que arrestaba s贸lo a los propietarios de los burdeles, intentaba desenmascarar a los hombres que utilizaban a las prostitutas y promov铆a la formaci贸n laboral voluntaria de las prostitutas. Durante el estalinismo tambi茅n se redujeron los horarios de las guarder铆as para que coincidieran con las horas de la jornada laboral. A las ni帽as se les ense帽aba en las escuelas materias especiales y las preparaban para su papel de madres y esposas.
En 1938 Trotsky describi贸 la situaci贸n con las siguientes palabras: "La posici贸n de la mujer es el indicador m谩s gr谩fico y elocuente para evaluar un r茅gimen social y una pol铆tica estatal. La Revoluci贸n de Octubre escribi贸 en su bandera la emancipaci贸n femenina y cre贸 la legislaci贸n m谩s progresista de la historia sobre el matrimonio y la familia. Esto no significa por supuesto que una 'vida feliz' estaba disponible inmediatamente para la mujer sovi茅tica. La genuina emancipaci贸n de las mujeres es inconcebible sin un adelanto general de la econom铆a y la cultura, sin la destrucci贸n de la unidad familiar econ贸mica peque帽oburguesa, sin la introducci贸n de la preparaci贸n socializada de los alimentos y la educaci贸n. Mientras tanto, guiada por su instinto conservador, la burocracia se ha alarmado ante la 'desintegraci贸n de la familia'. Comenz贸 cantando paneg铆ricos a la cena y la lavander铆a familiares, es decir a la esclavitud dom茅stica de la mujer. Para rematar, la burocracia ha restaurado el castigo criminal por los abortos, regresando oficialmente a las mujeres al estado de animales de carga. En completa contradicci贸n con el abec茅 del comunismo, la casta gobernante ha restaurado as铆 el n煤cleo m谩s reaccionario e ignorante del r茅gimen de clase, es decir, la familia peque帽oburguesa" (Le贸n Trotsky. Escritos. Nueva York, Pathfinder Press, 1976, Tomo IX, Vol. I, p谩g. 193).
Despu茅s de la muerte de Stalin en 1953, se implantaron algunas reformas como por ejemplo el aborto legal, pero la situaci贸n de las mujeres en la Uni贸n sovi茅tica nunca recuper贸 los niveles alcanzados con Lenin y Trotsky. A煤n as铆, ten铆an muchas ventajas con respecto a las mujeres de Occidente. El crecimiento econ贸mico de la posguerra —conseguido gracias a la econom铆a planificada y nacionalizada—, permiti贸 una mejora general: jubilaci贸n a los 55 a帽os, derecho de las mujeres embarazadas a reducir la jornada laboral con todo el salario, 56 d铆as libres antes y otros 56 d铆as despu茅s del nacimiento del ni帽o. En 1970 se prohibi贸 el trabajo nocturno y subterr谩neo para las mujeres. En 1927 el 28% de las mujeres cursaban estudios superiores, en 1960 el 43% y en 1970 el 49%. Los 煤nicos pa铆ses del mundo en donde las mujeres constitu铆an m谩s del 40% del total de estudiantes en la educaci贸n superior, eran Finlandia, Francia y EEUU. En 1950 hab铆a seiscientas doctoras en ciencias en la Uni贸n sovi茅tica y en 1984 hab铆a 5.600.
Tambi茅n se introdujeron reformas en el cuidado de los ni帽os de edad preescolar: en 1960 hab铆a 500.000 plazas de guarder铆a y en 1971 hab铆a m谩s de cinco millones. Los tremendos avances conseguidos gracias a la econom铆a planificada, con los consiguientes mejoras en la sanidad, se reflejaron en el aumento de la esperanza de vida femenina, que se dobl贸 y lleg贸 a los 74 a帽os, y tambi茅n en el descenso en un 90% de la mortalidad infantil.
La contrarrevoluci贸n capitalista
El movimiento de regreso al capitalismo r谩pidamente conllev贸 la p茅rdida de todas las conquistas del pasado, y de nuevo llev贸 a las mujeres a una situaci贸n de miserable esclavitud en el nombre hip贸crita de la familia. Las mujeres han soportado la mayo El movimiento de regreso al capitalismo r谩pidamente conllev贸 la p茅rdida de todas las conquistas del pasado, y de nuevo llev贸 a las mujeres a una situaci贸n de miserable esclavitud en el nombre hip贸crita de la familia. Las mujeres han soportado la mayor parte de la carga de la crisis. Fueron las primeras en perder su empleo, las mujeres hace unos a帽os representaban el 51% de la fuerza laboral rusa y el 90% de las mujeres trabajaban, por eso el aumento del desempleo ha hecho que m谩s de 70% de los parados rusos sean mujeres, en algunas zonas la cifra alcanza el 90%.
El colapso de los servicios sociales y el aumento del desempleo, ha hecho desaparecer sistem谩ticamente para la mujer todos los beneficios de la econom铆a planificada. El incremento del paro condenar谩 a muchas m谩s personas a la pobreza en Rusia que en Occidente, porque muchos de los beneficios sociales en Rusia los proporcionaban directamente las empresas: "El desempleo todav铆a implica un profundo estigma en Rusia. S贸lo dej贸 de ser un crimen en 1991. Aquellos que no tiene un empleo se enfrentan a la amenaza de la pobreza absoluta. El subsidio de paro equivale al salario m铆nimo —14.620 rublos mensuales—, un tercio del nivel oficial de subsistencia y una s茅ptima parte aproximadamente del salario medio. Los parados normalmente se encuentran en una situaci贸n bastante peor de lo que dicen las cifras, porque son las empresas y no los ayuntamientos, las que proporcionan la mayor铆a de los servicios b谩sicos —sanidad, educaci贸n y transporte—, y por lo tanto estos servicios s贸lo est谩n disponibles para los que tienen un empleo" (The Economist, 11/12/93).
Durante el r茅gimen zarista el salario de las mujeres era un 70% inferior al de los hombres, ahora es un 40% inferior. Si mantener a la familia con un salario ya era bastante dif铆cil en la antigua Uni贸n Sovi茅tica, ahora, con el aumento de la pobreza, es pr谩cticamente imposible. Las mujeres son las principales v铆ctimas de este r茅gimen reaccionario. La prostituci贸n ha aumentado, las mujeres venden su cuerpo para sobrevivir y conseguir dinero, sobre todo se venden a los "nuevos ricos" y a los extranjeros. En muchos casos la mafia las exige un 20% de lo que ganan. En las revistas occidentales, las mujeres rusas se anuncian junto a las mujeres del Tercer Mundo y se ofrecen como esposas a los extranjeros. La esclavitud humillante que sufren las mujeres rusas, las ha reducido a una simple mercanc铆a.
El 10 de febrero de 1993, el entonces Ministro de Trabajo, J. Melikyan, anunci贸 la soluci贸n del gobierno para el problema del desempleo. En un lenguaje similar al de los pol铆ticos burgueses occidentales de derechas, se帽al贸 que no ve铆a la necesidad de implantar programas especiales para ayudar a que las mujeres regresaran al mundo laboral. "¿Por qu茅 deber铆amos dar un empleo a las mujeres, si los hombres est谩n parados o se benefician del subsidio de desempleo?. Dejemos que los hombres trabajen y que las mujeres cuiden el hogar y los hijos". En el pasado este lenguaje habr铆a sido impensable y ahora es algo normal y aceptable. En esta cuesti贸n es donde se puede ver con mayor claridad la verdadera cara de la contrarrevoluci贸n capitalista, un retroceso monstruoso a los d铆as de la esclavitud zarista en los que todo esclavo deb铆a permitir que el 'se帽or' disfrutara de su esposa e hijas.
Esta situaci贸n no s贸lo ocurre en Rusia. En la antigua Rep煤blica Democr谩tica Alemana (RDA), nueve de cada diez mujeres trabajaban a tiempo completo. El trabajo para la mujer era un derecho. Para que las mujeres pudieran combinar el trabajo y la familia, el Estado proporcionaba guarder铆as y escuelas gratuitas para todos los ni帽os. En la actualidad han desaparecido todas estas conquistas de la econom铆a nacional planificada. Ya no existen las guarder铆as gratuitas. Despu茅s de la unificaci贸n alemana, desapareci贸 un tercio del empleo femenino, sobre todo en el sector p煤blico, textil y agricultura. "Durante los 煤ltimos a帽os la tasa de paro femenina en Alemania Oriental ha estado en torno al 20%, cinco puntos por encima de la tasa masculina, y dos veces por encima de la tasa, tanto de hombres como de mujeres, de Alemania Occidental. La mujeres de Alemania Oriental privadas de su capacidad de ganar dinero (y del sistema p煤blico de guarder铆as), han reducido el n煤mero de hijos. En 1989 la tasa de nacimientos en el Este era de 1,56 hijos por mujeres, ahora es inferior, menos de un hijo por mujer".
El 'Tercer Mundo'
En los pa铆ses capitalistas desarrollados ha mejorado la situaci贸n de la mujer. Al menos formalmente las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres. Tienen el mismo derecho a la educaci贸n, y hasta cierto punto, ha mejorado su acceso al trabajo En los pa铆ses capitalistas desarrollados ha mejorado la situaci贸n de la mujer. Al menos formalmente las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres. Tienen el mismo derecho a la educaci贸n, y hasta cierto punto, ha mejorado su acceso al trabajo. Sin embargo, en el mundo ex colonial, donde vive dos tercios de la humanidad, no ocurre lo mismo. La esclavitud de la mujer es hoy peor que en cualquier otro momento de la historia. Cada a帽o mueren 500.000 mujeres debido a las complicaciones surgidas durante el embarazo y otras 200.000 mueren v铆ctimas de los abortos. Los pa铆ses ex coloniales gastan en sanidad s贸lo el 4% del PIB, una media de 41 d贸lares por habitante, comparados con los 1.900 d贸lares que gastan los pa铆ses capitalistas desarrollados. Se calcula que cien millones de ni帽os en una edad comprendida entre los seis y once a帽os, no reciben ning煤n tipo de educaci贸n. Dos tercios son ni帽as. La principal causa de la espantosa pobreza que padece el Tercer Mundo es el saqueo econ贸mico que sufren a trav茅s del comercio, adem谩s de una deuda externa de dos billones de d贸lares.
El dominio absoluto que ejerce el imperialismo y las grandes multinacionales, garantiza la extracci贸n despiadada de la 煤ltima gota de plusval铆a de hombres, mujeres y ni帽os sin distinci贸n. El trabajo infantil existe incluso en los pa铆ses capitalistas desarrollados, pero es la norma en Asia, 脕frica y Am茅rica latina. A los padres que viven en la pobreza no les queda otra alternativa que vender a sus hijos, incluida la peor clase de esclavitud, la prostituci贸n. La plusval铆a extra铆da por esos representantes de la civilizaci贸n humana, cristiana y occidental, contiene la sangre, sudor y l谩grimas de millones de mujeres y ni帽os explotados, como ocurr铆a en los tiempos de Marx. La burgues铆a nos intenta convencer de que est谩 horrorizada ante este sufrimiento, pero mientras se llenan los bolsillos de dinero.
Los grandes monopolios —como Disney o Nike—, consiguen los beneficios del trabajo esclavista en pa铆ses como Hait铆. El capital ha destruido las viejas relaciones patriarcales, como bien se帽alaron Marx y Engels en las p谩ginas de El Manifiesto Comunista. La explotaci贸n capitalista del Tercer Mundo ha adquirido un car谩cter particularmente feroz. La antigua protecci贸n de la que disfrutaban mujeres y ni帽os en el pasado, trasmitidas a trav茅s de la familia y las normas de la sociedad tribal, han desaparecido y en su lugar no hay nada. En el subcontinente indio las mujeres todav铆a sufren los antiguos tormentos, sobrepuestos en la b谩rbara explotaci贸n econ贸mica del sistema capitalista. La burgues铆a india despu茅s de medio siglo de "independencia" no ha conseguido eliminar el sistema de castas. Todav铆a existe el terrible sutte, que consiste en obligar a las mujeres a lanzarse a la pira funeraria de su marido muerto. Cada a帽o se producen cientos de casos. Y aquellas viudas que consiguen escapar de este destino, se las trata como parias y no tienen derecho a la vida. Se las golpea, se las obliga a pasar hambre y los parientes las humillan hasta que no les queda otra salida que el suicidio.
En las comunidades agr铆colas de Asia el nacimiento de una ni帽a es considerado una desgracia. El infanticidio femenino es algo com煤n. En los orfanatos p煤blicos chinos, la mayor铆a son ni帽as. El motivo es que en Asia, en pa铆ses donde no existen las pensiones de jubilaci贸n los campesinos pobres de Asia necesitan familias grandes para que les mantengan cuando lleguen a la vejez. Por eso los ni帽os son m谩s valiosos que las ni帽as, porque 茅stas adem谩s necesitan una dote para casarse. En la India si la dote es considerada insuficiente, la familia del novio puede asesinar a la novia. Esta es la situaci贸n de la India a principios del siglo XXI. Pero la situaci贸n en Pakist谩n no es mucho mejor, all铆 la sharia (la ley isl谩mica) es la norma. Las mujeres pr谩cticamente no tienen ning煤n derecho y tienen que casarse con quien elija su familia. Pero Pakist谩n es un para铆so liberal comparado con Afganist谩n bajo el dominio de los talibanes. Antes de la revoluci贸n de 1979, la principal actividad econ贸mica en Afganist谩n era la venta de novias. Los estalinistas afganos aprobaron leyes en las que se conced铆an derechos de las mujeres. Hoy nada de eso existe. Las mujeres no tienen derechos y est谩n confinadas en el hogar. Como no pueden trabajar, est谩n obligadas a pasar hambre. Esta ley b谩rbara se aplica estrictamente, incluso aunque hay escasez de mano de obra debido al elevado n煤mero de hombres que murieron en la guerra. No importa que muchas de estas mujeres sean profesoras o enfermeras y que sean necesarias. Les est谩 prohibido trabajar. Esta es la verdadera cara de la reacci贸n isl谩mica. Pero los verdaderamente responsables son los imperialistas de Washington y sus t铆teres de Pakist谩n que armaron y financiaron a estos monstruos para luchar contra el "comunismo".
En Afganist谩n la lucha por los derechos de la mujer est谩 unida inseparablemente a la lucha revolucionaria por la transformaci贸n socialista de la sociedad, y al derrocamiento de este r茅gimen horrible de reacci贸n religiosa. Las mujeres en Afganist谩n constituyen una poderosa reserva para la revoluci贸n. Esto se pudo comprobar en Ir谩n. Despu茅s de veinte a帽os de reacci贸n isl谩mica las masas est谩n cansadas del dominio de los mul谩s. La carga del fundamentalismo es m谩s onerosa para las mujeres, y ahora comienzan a desafiarla, lo pudimos comprobar cuando Ir谩n gan贸 a Estados Unidos en un partido de f煤tbol, las mujeres desafiaron la ley y salieron a la calle a cantar y bailar junto con los hombres, sin el chaddor (velo), y los mul谩s no pudieron hacer nada para evitarlo. En la pr贸xima revoluci贸n en Ir谩n, tambi茅n las mujeres jugar谩n un papel fundamental.
Lenin dijo en una ocasi贸n que "el capitalismo es horror sin fin". Ese horror afecta sobre todo a las mujeres y de forma m谩s cruel a las del Tercer Mundo. El fracaso del "socialista" FLN en la revoluci贸n de Argelia, tambi茅n ha terminado en el actual callej贸n sin salida sangriento. Las horrorosas masacres de hombres, mujeres y ni帽os, pueblos enteros literalmente cortados a trozos con navajas y hachas, se producen continuamente con el silencio c贸mplice de Occidente. Es evidente que estas atrocidades no son s贸lo monopolio de los terroristas isl谩micos, tambi茅n es, y principalmente, obra del r茅gimen militar y sus escuadrones de la muerte. Adem谩s de estos horrores, las mujeres tienen que sufrir las violaciones y los raptos. Muchas de estas mujeres se suicidan despu茅s. El uso de la violaci贸n como un arma de la reacci贸n lo vimos tambi茅n en Indonesia, cuando el r茅gimen de Suharto organiz贸 pogromos contra los ciudadanos chinos, lo mismo hizo el r茅gimen zarista contra los jud铆os. Estos horrores nos demuestran de lo que es capaz la clase dominante. En el futuro si los trabajadores no toman el poder, tambi茅n veremos hechos similares en los pa铆ses capitalistas desarrollados.
La principal carga de la opresi贸n siempre recae en las mujeres de las capas m谩s pobres de la sociedad. Sin embargo, sobre todo en el Tercer Mundo, muchas mujeres de otras clases tambi茅n sufren tratos brutales e inhumanos. Los marxistas debemos luchar contra todo tipo de injusticia social, pero siempre debemos basarnos en la clase obrera, la 煤nica que puede sacar a la sociedad de este callej贸n sin salida, pero tambi茅n debemos denunciar las injusticias que se cometen contra las mujeres.
Sin molestar la sensibilidad religiosa, con la utilizaci贸n de un lenguaje cuidadoso, debemos exponer el papel de la religi贸n. La lucha revolucionaria en Asia y Oriente Medio exige una lucha despiadada contra toda clase de oscurantismo y fundamentalismo religioso, que independientemente de su demagogia "antiimperialista", siempre juega el papel m谩s reaccionario en la sociedad. La emancipaci贸n de las mujeres ser谩 una utop铆a si no va acompa帽ada de la lucha contra toda religi贸n, que sostiene y perpet煤a la esclavizaci贸n de las mujeres.

La mujer y el desempleo

La crisis del capitalismo se manifiesta en la existencia de altas tasas de desempleo incluso en periodos de auge econ贸mico. El paro afecta a las mujeres y a los j贸venes m谩s seriamente que a otros sectores de la sociedad. Las tasas oficiales de desemp La crisis del capitalismo se manifiesta en la existencia de altas tasas de desempleo incluso en periodos de auge econ贸mico. El paro afecta a las mujeres y a los j贸venes m谩s seriamente que a otros sectores de la sociedad. Las tasas oficiales de desempleo femenino en la mayor铆a de los pa铆ses est谩n por encima de la media.
Estas cifras subestiman la verdadera situaci贸n ya que excluyen a un gran n煤mero de mujeres que han perdido toda esperanza de encontrar un empleo y por lo tanto no visitan las oficinas de desempleo. La "flexibilizaci贸n del empleo" afecta m谩s a las mujeres. La mayor铆a de las mujeres est谩n condenadas a ganar un salario inferior y a trabajar en unas condiciones laborales peores. Su situaci贸n ha ido de mal en peor. La extensi贸n incontrolada del trabajo a tiempo parcial y temporal, en teor铆a m谩s conveniente para las mujeres, es la excusa ideal para aplicar estas condiciones laborales a los sectores m谩s indefensos de la sociedad:
"En EEUU, que disfruta de un auge econ贸mico y tiene un mercado laboral ajustado, las mujeres, para muchos empresarios, son un regalo del cielo. Es m谩s barato emplear a mujeres, est谩n m谩s dispuestas a ser flexibles y suelen protestar menos por las malas condiciones de trabajo. Muy pocas est谩n afiliadas a un sindicato. Pero la 煤nica sorpresa es que a pesar de todo esto, la tasa de paro femenino en EEUU no es inferior a la masculina" (The Economist, 18/7/98).
"Muchas se encuentran en lo que llaman los economistas laborales 'empleo at铆pico', el que mejor se ajusta a la industria de servicios: tiempo parcial, contrato temporal, horarios irregulares o poco comunes y con contratos base. Algunas est谩n sin asegurar y muchas tienen salarios muy bajos. Las mujeres, ansiosas por encontrar una forma de combinar el trabajo con la familia, est谩n dispuestas a ser m谩s flexibles y se adaptan mejor que los hombres a esta nueva forma de trabajar" (Ibid.).
Los trabajos a tiempo parcial se extienden por todas partes. Para muchas mujeres, esta es la 煤nica forma que las permite combinar el trabajo y la familia. Esto les va bien a los empresarios porque pueden tratar a sus empleados como les gusta, pueden presionarlos para obtener un mayor rendimiento laboral a cambio de un salario de miseria. Ahora han aparecido nuevas variantes. La 煤ltima es el trabajador "contingente": en esencia, alguien que no espera que le dure mucho el empleo. Estos trabajadores trabajan en una amplia gama de industrias, o se les contrata temporalmente o est谩n a disposici贸n de la empresa para cuando 茅sta les llame. En EEUU las cifras 煤ltimas del Departamento del Trabajo sit煤an la cifra en torno a los 5,5 millones de trabajadores, m谩s de la mitad son mujeres. Estos trabajadores ganan menos que el resto de trabajadores y a menudo no tienen ning煤n derecho social.
La versi贸n alemana se llama "empleo secundario" y muchos economista reconocen que crece a pasos de gigante. El gobierno exime a estros trabajadores que ganan menos de 340 d贸lares mensuales de pagar impuestos, pero a cambio, no tienen derecho a pensi贸n ni subsidio de desempleo. Se calcula que cuatro millones de trabajadores trabajan en los "empleos secundarios".
"Debido a las responsabilidades familiares, las mujeres por regla general hacen menos horas en sus empleos que los hombres, por eso ganan bastante menos que los hombres. En el conjunto de la Uni贸n Europea, aproximadamente un tercio de todas las mujeres asalariadas trabajan menos de 35-40 horas semanales, (aunque esa media encubre grandes diferencias ver tabla), entre los hombres la proporci贸n de trabajadores a tiempo parcial es del 5%, y la mayor铆a son estudiantes o jubilados. En EEUU, la proporci贸n de mujeres trabajando a tiempo parcial es m谩s peque帽a que en Europa. Pero mayor en proporci贸n con los hombres. Las cifras japonesas son similares a las europeas, pero muchas de las trabajadoras a 'tiempo parcial', en la pr谩ctica trabajan las mismas horas que a tiempo completo; aunque ganan menos que los trabajadores a tiempo completo. En todas partes, el tiempo parcial a menudo equivale a una 'segunda clase" (The Economist, 18/7/98).
 
El sobretrabajo y la familia
The Economist public贸 recientemente una encuesta, en ella se presentaba un dibujo horrible del tipo de sobretrabajo que aflige a los estadounidenses, no s贸lo a los trabajadores de cuello azul, sino tambi茅n a los de cuello blanco y tiene efectos corro The Economist public贸 recientemente una encuesta, en ella se presentaba un dibujo horrible del tipo de sobretrabajo que aflige a los estadounidenses, no s贸lo a los trabajadores de cuello azul, sino tambi茅n a los de cuello blanco y tiene efectos corrosivos en la vida familiar y en las relaciones personales:
"Donde trabajan los dos padres (antes era la norma para los ejecutivos m谩s viejos de la empresa), un d铆a t铆pico comenzar铆a al amanecer, preparan a los ni帽os y los llevan a la guarder铆a de la empresa. Los padres pasar谩n entonces una larga jornada de trabajo y recoger谩n a los ni帽os en la guarder铆a diez horas despu茅s, comprar谩n algo de camino a casa, cocinar谩n, pondr谩n la ropa sucia en la lavadora, recoger谩n la casa, leer谩n a los ni帽os un cuento para dormir y despu茅s se ir谩n a la cama completamente derrotados. Y estos son los d铆as en que no ocurre nada fuera de lo normal.
"Esos empleados que raramente piden un permiso paternal, ten铆an un horario laboral m谩s flexible y se aprovechaban del ofrecimiento de alg煤n familiar o amigo. Ahora pasan m谩s horas en el trabajo, con frecuencia su horario es m谩s largo del habitual. Algunas veces s铆 necesitaban los ingresos extras, pero en la mayor铆a de las ocasiones, se enfrentan a la elecci贸n entre el estr茅s en el trabajo y el estr茅s en el hogar, hombres y mujeres eligen el trabajo, all铆 al menos est谩n en contacto con sus colegas, se les toma en serio y cobran por sus penas, mientras que en el hogar se sienten aislados, y tienen que hacer frente a exigencias interminables. El trabajo se ha convertido en el hogar y el hogar se ha convertido en un trabajo duro...
"Muchas familias estadounidenses con hijos en edad escolar llevan este tipo de vida" (Ib铆d.)
L贸gicamente estos trabajadores no est谩n satisfechos con su suerte. M谩s de la mitad considera que su principal problema es la "falta de tiempo". 脡sta es otra de las contradicciones del capitalismo moderno. En un momento en que los avances de la ciencia y la tecnolog铆a han proporcionado lo necesario para revolucionar la vida de las personas, que permitir铆an tener un trabajo mejor y una jornada laboral m谩s corta, millones est谩n condenados a la miseria y al paro, mientras, otros millones de "afortunados" que tienen un empleo, est谩n condenados a vivir de medicamentos, y a pasar largas horas bajo la presi贸n inexorable del trabajo. Est谩n condenados a sacrificar su salud y bienestar f铆sico, igual que su vida familiar e hijos.
El empresario utiliza los avances de la tecnolog铆a para aumentar la esclavitud del trabajador, los convierte en esclavos de la oficina y los somete a una jornada laboral inacabable. Inventos como los tel茅fonos port谩tiles, los buscas, etc., permiten a los empresarios un nivel de control sobre el trabajador sin precedentes, sin la supervisi贸n directa del empresario. La distinci贸n entre el centro de trabajo y el hogar, entre la jornada laboral y el tiempo de ocio ha dejado de tener significado. La tiran铆a del capital, su absoluto dominio de los trabajadores y sus familias, ya es algo absoluto. A principios del siglo XXI no deber铆amos preguntarnos si "hay vida despu茅s de la muerte", sino m谩s bien "¿hay vida antes de la muerte?". 

'El segundo turno' 

Las mujeres con hijos, si quieren trabajar, deben encontrar alguna forma de cuidarlos. En una sociedad justa la educaci贸n universal y gratuita deber铆a extenderse a todos los ni帽os, adem谩s de implantar mejores condiciones laborales y garantizar una re Las mujeres con hijos, si quieren trabajar, deben encontrar alguna forma de cuidarlos. En una sociedad justa la educaci贸n universal y gratuita deber铆a extenderse a todos los ni帽os, adem谩s de implantar mejores condiciones laborales y garantizar una remuneraci贸n para que los padres puedan cuidar a sus hijos de corta edad. En lugar de esto, los padres trabajadores tienen que dejar a sus hijos al "cuidado" de personas que en la mayor铆a de los casos est谩n escasamente cualificadas y sin experiencia. Esta situaci贸n provoca muchas tragedias. La prensa sensacionalista encuentra en estos casos la oportunidad para atacar a estas mujeres desafortunadas, pero se cuida mucho de no acusar a la sociedad que crea las condiciones para que se produzcan estas monstruosidades.
De acuerdo con un reciente estudio del Instituto Nacional de Cuidado Infantil y Desarrollo Humano, el 80% de los ni帽os estadounidenses en el primer a帽o de vida est谩n al cuidado de alguien que no es su madre, la mayor铆a se quedan al cuidado de otra persona a partir de los cuatro meses de edad, y estos ni帽os suelen estar una media de treinta horas semanales al cuidado de otra persona que no es su madre. Adem谩s: "La mayor铆a de estos casos est谩n en una situaci贸n por debajo de la que considerar铆amos... 贸ptima. Apenas adecuado es el t茅rmino t茅cnico que podr铆a describir el cuidado infantil t铆pico en este pa铆s (...) aproximadamente entre el 15-20% son sombr铆os e incluso peligrosos" (Ibid., el subrayado es nuestro).
Incluso estas condiciones primitivas son demasiado costosas para muchas mujeres a las que no les queda otro remedio que trabajar. A pesar de todas las palabras sobre la emancipaci贸n de la mujer, empleo femenino y cosas por el estilo, muchas todav铆a est谩n atrapadas entre las cuatro paredes del hogar. En Europa aproximadamente un tercio de las mujeres en edad laboral, se describen como amas de casa, entre 茅stas probablemente algunas tendr谩n un empleo a tiempo parcial. Cuantos m谩s hijos tienen, m谩s probable es que se queden confinadas en casa. "Esa no es necesariamente una receta para la felicidad. Casi en todos los pa铆ses de la UE, las mujeres que trabajan fuera del hogar parecen m谩s sanas y satisfechas con la vida que las amas de casa. Pero las que trabajan no se libran del 'segundo turno': una jornada laboral en el hogar despu茅s de trabajar para su empresario" (Ibid.).
La mujer sufre una doble esclavitud: la esclavitud en el trabajo y adem谩s el "segundo turno" en el hogar. Las trabajadoras japonesas, por ejemplo, pasan tres horas y media diarias en las tareas dom茅sticas, adem谩s de su jornada de trabajo remunerado habitual. Esta situaci贸n es la misma en el resto de sociedades occidentales llamadas civilizadas.
Las mujeres y los sindicatos
La transformaci贸n socialista de la sociedad ser铆a impensable sin la lucha cotidiana para conseguir dar pasos adelante bajo el capitalismo. No somos indiferentes a la lucha por las reformas. Pero para los marxistas lo m谩s importante es que los trabaja La transformaci贸n socialista de la sociedad ser铆a impensable sin la lucha cotidiana para conseguir dar pasos adelante bajo el capitalismo. No somos indiferentes a la lucha por las reformas. Pero para los marxistas lo m谩s importante es que los trabajadores aprendan a trav茅s de la lucha. Nuestra principal tarea es "explicar pacientemente" a las mujeres m谩s activas y conscientes que se encuentran en los sindicatos y partidos obreros, la necesidad de la transformaci贸n socialista de la sociedad, no s贸lo nacional sino tambi茅n internacionalmente. Debemos tener cuidado de no caer en la trampa de muchos reformistas, de la mir铆ada de sectas, y tambi茅n de algunas feministas burguesas, que piensan que a las mujeres s贸lo les interesan los "temas femeninos". Aunque muchos de estos temas son importantes, ser铆a un error subestimar los intereses de las mujeres en otras cuestiones m谩s amplias y cotidianas que son fundamentales. Hay que atraer a las mejores luchadoras a la teor铆a y al programa revolucionario del marxismo.
La lucha de la mujer por sus intereses, comienza en el centro de trabajo. La lucha para organizar a las trabajadoras en los sindicatos, la lucha para conseguir salarios decentes y condiciones laborales dignas, y la lucha por su completa igualdad con los trabajadores, es el primer deber de los marxistas. Las trabajadoras son un colosal potencial revolucionario para el movimiento obrero, y la burocracia sindical conservadora es incapaz de desarrollar ese potencial. Las nuevas condiciones de producci贸n, la expansi贸n de la llamada industria de servicios, ha incrementado el n煤mero de trabajadoras, a la vez que la gran mayor铆a no est谩n organizadas en los sindicatos. 脡stos deben tomar la iniciativa para organizar a las capas desorganizadas, en particular a las mujeres y los j贸venes.
La primera cuesti贸n es la descarada discriminaci贸n que sufre la mujer en el centro trabajo. Las mujeres de todo el mundo, en general, ganan menos que los hombres —un 20-30% menos—, por el mismo trabajo. Un salario m谩s bajo normalmente supone menos o ning煤n beneficio y una pensi贸n de jubilaci贸n m谩s peque帽a. Esto no s贸lo perjudica a las mujeres, tambi茅n a los trabajadores. Si un grupo de trabajadores acepta salarios m谩s bajos esto tiene un efecto depresor sobre los salarios y condiciones laborales en general. Aceptar que las mujeres y los j贸venes ganen salarios m谩s bajos que el resto de los trabajadores es reaccionario, divide al movimiento obrero y es contraproducente. Eso tambi茅n explica la indiferencia de muchas mujeres hacia los sindicatos porque no hacen nada por ellas. Organizar a los desorganizados es el deber fundamental de los sindicatos, especialmente en la 茅poca actual. Es importante luchar para conseguir que "a igual trabajo igual salario". Los empresarios pueden eludir f谩cilmente este principio de "a igual trabajo igual salario" porque a veces es dif铆cil e imposible comparar los diferentes tipos de trabajos que hacen hombres y mujeres en diferentes ramas de la producci贸n.
"Hoy oportunamente, han encontrado el trabajo que esperaban. Con la reestructuraci贸n de las econom铆as desarrolladas, se han creado muchos empleos en el nuevo sector servicios diferente al empleo tradicional: seguro, a tiempo completo, en la industria manufacturera formada fundamentalmente por hombres. Muchos de estos nuevos empleos son a tiempo parcial o con horarios extra帽os, ofrecen y requieren un grado de flexibilidad que a menudo conviene a las mujeres. Muchos de los empleos, demasiados, est谩n en la escala m谩s baja, sectores peor pagados como el comercio, alimentaci贸n y limpieza, que ayudan muy poco al sostenimiento de la familia" (Ibid.).
En aquellos sectores donde hay m谩s mujeres que hombres, los salarios suelen ser inferiores. Esto es lo que ocurre en el comercio, limpieza y alimentaci贸n, y menos en empleos como la enfermer铆a o la ense帽anza, porque fundamentalmente pertenecen al sector p煤blico. Con tantas mujeres concentradas en sectores con salarios muy bajos, no es sorprendente que, a pesar de toda la legislaci贸n de igualdad salarial, exista un abismo en todos los pa铆ses entre los salarios de los hombres y las mujeres. Gracias a la presi贸n de las trabajadoras y los sindicatos, se ha acortado algo esta diferencia: en los 煤ltimos veinte a帽os en EEUU, el salario por hora de las mujeres ha pasado del 64% al 80% con relaci贸n al de los hombres. Pero todav铆a existe diferencia, y cuanto m谩s bajamos en la escala salarial, mayor es la diferencia. Mientras que los j贸venes, los profesionales del cuidado infantil y otros trabajos a tiempo completo en EEUU, tienen igualdad salarial, en las industrias las mujeres ganan menos que los trabajadores.
Las mujeres tambi茅n sufren discriminaci贸n por la maternidad. Tener un hijo deber铆a ser un motivo de regocijo, en esta sociedad con frecuencia es una calamidad, especialmente para la madre. A menudo significa la p茅rdida del empleo, la pobreza y la humillante dependencia de las ayudas p煤blicas. La prensa burguesa —especialmente en Gran Breta帽a y EEUU—, califican c铆nicamente a las madres solteras de par谩sitos "que viven a costa del estado", pero no explica que a estas mujeres se les niega el acceso al mercado laboral y que se las margina la sociedad de la forma m谩s brutal e inhumana. Incluso si consiguen mantener el empleo, la maternidad supondr谩 el descenso de sus ingresos. "Si la mujer decide tener un hijo, su salario caer谩 y cuanto m谩s hijos tenga, m谩s caer谩 su salario" (Ibid., el subrayado es nuestro).
¿Marxismo o feminismo?
Los marxistas debemos defender en茅rgicamente la causa de la mujer, debemos luchar contra la desigualdad y contra todas las manifestaciones de opresi贸n, discriminaci贸n e injusticia. Pero siempre debemos hacerlo desde un punto de vista de clase. Mientr Los marxistas debemos defender en茅rgicamente la causa de la mujer, debemos luchar contra la desigualdad y contra todas las manifestaciones de opresi贸n, discriminaci贸n e injusticia. Pero siempre debemos hacerlo desde un punto de vista de clase. Mientras luchamos decididamente para conseguir todas aquellas reformas que representen un paso adelante real para la mujer, tambi茅n debemos explicar que la 煤nica salida para conseguir realmente la completa emancipaci贸n de la mujer —y de las otras capas oprimidas de la sociedad—, es mediante la abolici贸n del sistema capitalista. Esta lucha requiere la m谩xima unidad entre los trabajadores y las trabajadoras en su lucha contra el capitalismo. Cualquier tendencia que se califique de feminista, que intente enfrentar a la mujer contra el hombre, que divida o segregue a las mujeres del resto del movimiento obrero en nombre de "la liberaci贸n de la mujer" u otra cosa por el estilo, es reaccionaria y debemos combatirla en茅rgicamente.
Nosotros luchamos por la unidad del proletariado, independientemente de su sexo, raza, color, religi贸n o nacionalidad. Nuestra lucha por la causa de la mujer necesariamente presupone la lucha implacable contra todo tipo de feminismo burgu茅s y peque帽o burgu茅s (contra la idea de que la lucha por la emancipaci贸n de la mujer s贸lo es posible separada de la lucha de la clase obrera por el socialismo y especialmente contra cualquier intento de enfrentar a la mujer contra el hombre). Estas tendencias, all铆 donde consiguen influencia en el movimiento obrero, siempre caen en manos de los elementos m谩s reaccionarios, juegan un papel divisorio y arrojan confusi贸n entre aquellas mujeres que se dirigen hacia el socialismo. En esta cuesti贸n es necesario mantener siempre una postura de clase firme. El Partido Bolchevique y la Internacional Comunista en sus resoluciones siempre hablaban de "mujeres trabajadoras" y no de la mujer en general. Sobra decir que la lucha por los derechos de la mujer incluye a todas las mujeres proletarias, incluidas las esposas, paradas, estudiantes, etc茅tera. Pero el elemento clave son las mujeres trabajadoras que representan a un sector cada vez m谩s grande de la clase obrera.
La conquista de "derechos iguales" formales sin la transformaci贸n de las relaciones sociales, es una conquista muy limitada y deja inalterables las ra铆ces de la opresi贸n de la mujer en la sociedad capitalista. En el 煤ltimo periodo la mayor铆a de las "mejoras" relacionadas con "la discriminaci贸n positiva" han servido de veh铆culo para el ascenso de una capa de arribistas de la peque帽a burgues铆a. En la 煤ltima d茅cada la voz del feminismo peque帽o burgu茅s, antiguamente tan estridente con sus reivindicaciones de "igualdad" (el derecho de la mujer a ser sacerdote, directores de empresa y otras cosas por el estilo), cada vez tiene menos audiencia. ¿Por qu茅? Porque las feministas de clase media hace mucho tiempo que han conseguido lo que quer铆an.
La burgues铆a ha dejado un hueco para las directores de empresa, juezas, banqueras, bur贸cratas y sacerdotisas. El ascenso de la mujer a los puestos medios de direcci贸n en EEUU ha pasado del 4 al 40% en los 煤ltimos veinte a帽os. Hoy d铆a, 419 empresas de las incluidas en la lista Fortune 500 cuentan con al menos una mujer en sus consejos de direcci贸n, y un tercio de estas empresas tienen dos o m谩s mujeres. Las empresas m谩s grandes promocionan m谩s a la mujer que las del final de la lista de Fortune 500. Para algunas mujeres las cosas les van muy bien. Estas arribistas burguesas y peque帽o burguesas siempre estuvieron a favor de la emancipaci贸n de la mujer, "una a una, comenzando por s铆 misma".
Por esa raz贸n, siempre hemos mantenido una lucha implacable contra el feminismo burgu茅s y peque帽o burgu茅s. 脡ste no tiene nada en com煤n con la lucha real por la emancipaci贸n de la mujer. Estas mujeres una vez han solucionado su "problema" personal dentro de los confines del capitalismo, ya son felices y se olvidan del 99% de las mujeres que sufren la opresi贸n y explotaci贸n m谩s espantosa, mientras que las antiguas "feministas " se unen a las filas de los explotadores. Un fen贸meno similar ha ocurrido con los negros de clase media en EEUU que han conseguido hacer fortuna en los 煤ltimos a帽os. La clase dominante siempre se puede permitir hacer este tipo de "concesiones" que no amenazan su dominio como clase.
No estamos a favor de la "discriminaci贸n positiva", sea de mujeres, negros o de cualquier otro sector. Es una reivindicaci贸n peque帽o burguesa que sirve para desviar la atenci贸n de las verdaderas ra铆ces de la desigualdad. Por su propia naturaleza, la imposici贸n de cuotas arbitrarias para mujeres, negros, etc茅tera, sirve como veh铆culo para la avance de una minor铆a de arribistas y da la impresi贸n de que "se est谩 haciendo algo", mientras los problemas fundamentales siguen inalterables. Este m茅todo no responde al problema de la discriminaci贸n, desv铆a la atenci贸n de lo verdaderamente importante y es un ejercicio de simbolismo. Es el m茅todo utilizado con frecuencia por la burocracia para bloquear el avance de la izquierda en los 贸rganos de direcci贸n de los partidos y sindicatos obreros, en ayuntamientos y parlamentos. El caso m谩s evidente ocurre en Estados Unidos, all铆 la burgues铆a utiliza h谩bilmente este m茅todo para calmar el tema racial creando una peque帽a capa de arribistas negros. Los negros de clase media han utilizado la lucha contra el racismo para acceder a los mejores empleos, con buenos salarios y despu茅s deciden que lo mejor para ellos es ser m谩s "moderados" y "razonables".
Algunas veces trabajadoras y j贸venes honestas se pueden calificar a s铆 mismas de feministas, sin que comprendan claramente lo que significa eso. Debemos tener una actitud flexible y positiva con ellas. Lo mismo ocurre con aquellos que pertenecen a las minor铆as oprimidas. De la misma forma que nos oponemos al nacionalismo, debemos oponernos el feminismo. Y esta postura no afecta a nuestra lucha contra la discriminaci贸n. Siempre abordamos la cuesti贸n de la desigualdad desde el punto de vista de la clase obrera y del socialismo, nunca desde otro punto de vista. Una cosa es que las trabajadoras expresen su preocupaci贸n por los problemas a los que se enfrentan debido a su sexo (desigualdad salarial, el trabajo en el hogar, los problemas del cuidado de los hijos, el acoso sexual y la violencia contra la mujer) y luchar contra estos problemas, y otra cosa muy distinta es cuando las tendencias burguesas y peque帽o burguesas intentan explotar los problemas de las mujeres para librar una guerra entre los sexos. La preocupaci贸n natural de las trabajadoras es la desigualdad que padecen y luchan contra ella. Este debe ser el punto de partida en la lucha para cambiar la sociedad en l铆neas socialistas, el feminismo burgu茅s y peque帽o burgu茅s trata la cuesti贸n de la mujer de una forma aislada y busca la soluci贸n dentro de los confines del sistema capitalista. Esto invariablemente conduce a conclusiones reaccionarias.
La amenaza cultural
Las mujeres tienen problemas concretos a los que hay que prestar atenci贸n. No s贸lo la discriminaci贸n en el trabajo, la discriminaci贸n salarial por raz贸n de sexo, la ausencia de derechos, etc., sino tambi茅n cuestiones relacionadas con la maternidad, e Las mujeres tienen problemas concretos a los que hay que prestar atenci贸n. No s贸lo la discriminaci贸n en el trabajo, la discriminaci贸n salarial por raz贸n de sexo, la ausencia de derechos, etc., sino tambi茅n cuestiones relacionadas con la maternidad, el embarazo, etc.. El papel de la mujer como madre tambi茅n plantea necesidad de derechos especiales para la protecci贸n de las mujeres embarazadas y las madres. La introducci贸n de la igualdad formal, sin duda es un paso adelante, pero no soluciona el problema fundamental de la mujer:
"La reivindicaci贸n feminista m谩s radical —la extensi贸n del sufragio a las mujeres en el marco del parlamentarismo burgu茅s— no resuelve la cuesti贸n de la igualdad real para las mujeres, especialmente de las que pertenecen a las clases despose铆das. La experiencia de las trabajadoras en aquellos pa铆ses capitalistas en los que durante los 煤ltimos a帽os la burgues铆a ha introducido la igualdad formal entre los sexos es bastante di谩fana. El voto no acaba con la primera causa de esclavitud de la mujer en la familia y en la sociedad. Algunos Estados burgueses han sustituido el matrimonio civil por el matrimonio indisoluble. Pero mientras las mujeres proletarias dependan econ贸micamente del empresario capitalista y de su marido, el sost茅n familiar y la ausencia de medidas generales que protejan la maternidad y la infancia, que socialicen la educaci贸n y el cuidado infantil, no se igualar谩 la situaci贸n de la mujer en el matrimonio ni resolver谩 el problema de las relaciones entre los sexos" (Tesis, resoluciones y manifiestos de los cuatro primeros congresos de la Tercera Internacional, p谩g. 215, en la edici贸n inglesa).
Toda la historia de las reformas sociales relacionadas con las mujeres durante el siglo pasado, demuestra que esto es completamente correcto.
Los problemas de la mujer no se terminan en la f谩brica u oficina, se extienden al hogar y a la sociedad. Debemos luchar por la eliminaci贸n de toda legislaci贸n discriminatoria; por la completa igualdad de la mujer y el hombre ante la ley; por el pleno derecho al divorcio y al aborto; por el libre acceso a los anticonceptivos y a la sanidad; por guarder铆as universales, gratuitas y de calidad para todos los ni帽os. Debemos elaborar un programa de reivindicaciones transicionales, el punto de partida deben ser las necesidades m谩s inmediatas y perentorias de las mujeres, no son el centro trabajo sino tambi茅n el hogar, cuidado infantil, educaci贸n, vivienda, transporte p煤blico, pensiones, ocio, derechos legales, etc.. Mientras luchamos por cada una de estas reivindicaciones progresistas que tienden a mejorar la situaci贸n de la mujer, es imperativo que demos a todas estas demandas un contenido de clase. Por ejemplo, debemos exigir la creaci贸n de guarder铆as diurnas de calidad financiadas por el Estado. Pero la lucha cotidiana por los derechos de las trabajadoras no se termina aqu铆, adem谩s hay que concienciar a estas mujeres de su situaci贸n como miembros de una clase explotada, de la necesidad de luchar por un tipo diferente sociedad en la que se garanticen sus derechos como seres humanos.
La decadencia de este sistema amenaza todos los cimientos de la civilizaci贸n. Junto a los problemas sociales y econ贸micos creados por la pobreza, los bajos salarios y el desempleo, el proletariado adem谩s tiene que enfrentarse al problema de la droga, el crimen y los abusos de todo tipo que amenazan sobre todo a las mujeres, ni帽os y j贸venes. Los reaccionarios y los curas gimen por los s铆ntomas de "decadencia moral", pero son incapaces de relacionarla con la crisis del sistema en el que viven. El deber del movimiento obrero es luchar para defender los elementos de la cultura y la civilizaci贸n que existen y que son amenazados por la decadencia del capitalismo. La vieja familia comienza a desaparecer, pero nada ocupa su lugar. El resultado de este vac铆o es que millones de mujeres —muchas de ellas j贸venes y vulnerables—, se enfrentan una vida de miseria al convertirse en madres solteras sin otra alternativa que la dependencia de la misericordia y las migajas de la burocracia estatal. Como si no fuera suficiente su sufrimiento, los hip贸critas de la burgues铆a liberal han iniciado una campa帽a despiadada contra ellas, las insultan, humillan, criminalizan, las presentan como parias sociales, "viviendo a expensas de la sociedad" (que es exactamente lo que hace la burgues铆a).
En Gran Breta帽a, una de las primeras medidas del gobierno Blair fue atacar las ayudas que recib铆an las madres solteras. Por ejemplo en Australia hay 360.000 madres solteras que reciben un total de 2.900 millones de d贸lares anuales, el presupuestos para gastos sociales es de 42.000 millones de d贸lares. Estas mujeres tienen una edad media de 33 a帽os, consiguen 107 d贸lares a la semana, con ellos tienen que alimentarse, pagar la vivienda y vestir a su familia, si el Estado quiere ahorrarse esta suma tendr铆a que llevar a estos ni帽os a los orfanatos. En el resto de pa铆ses se repiten este tipo de ataques a este sector tan vulnerable de la sociedad con la excusa de atacar la llamada cultura de dependencia. Es un ejemplo de las virtudes de la "moralidad cristiana" e hipocres铆a al servicio del capitalismo. Tambi茅n dice mucho sobre la actitud de la sociedad burguesa hacia las mujeres y los ni帽os.
La situaci贸n de las mujeres divorciadas tambi茅n es una cuesti贸n de clase. Los efectos del divorcio y la soledad son muy diferentes, dependiendo de a qu茅 clase social pertenezca la mujer. Un juez americano concedi贸 el divorcio a la esposa del millonario Robert I. Goldman, presidente del Congreso Financiero, y recibi贸 el 50% de sus cien millones de d贸lares. 'Bienvenido al divorcio del nuevo ejecutivo" (Business Week, 5/8/98).
Los soci贸logos burgueses presentan la familia monoparental "moderna" como un ejemplo perfecto del progreso social y la emancipaci贸n. Seg煤n la Oficina del Censo de Estados Unidos en los 煤ltimos veinte a帽os se ha doblado el n煤mero de mujeres que viven solas y alcanza los quince millones. En un reciente libro titulado The Improvised Woman, Reinventing Women in a Single Life, se presenta un cuadro ideal de estas mujeres despreocupadas: "Mujeres solteras que se compran coches, se quedan embarazadas o adoptan un ni帽o, y elevan su posici贸n e influencia". Pero las estad铆sticas generales revelan el abismo que separa a la gran mayor铆a de madres solteras, muchas de ellas negras, que viven en los guetos urbanos de las ciudades en el pa铆s m谩s rico del planeta, en condiciones tercermundistas, sometidas a la pesadilla de la pobreza, las drogas, el crimen y la violencia.
La crisis del capitalismo se manifiesta en el intento universal de reducir el gasto p煤blico. El ataque al empleo, los niveles de vida, la sanidad y la educaci贸n afecta a la clase obrera en general, pero tiene su efecto m谩s pernicioso sobre la mujer, que se encuentra al final de la cadena de explotaci贸n, los peores empleos, con la peor protecci贸n y seguridad. Adem谩s, la mujer est谩 sometida a una doble opresi贸n. Son oprimidas como miembros de la clase obrera y tambi茅n como mujeres. La 煤nica forma de solucionar los problemas de la mujer es luchando por el derrocamiento del capitalismo y su sustituci贸n por el socialismo, un sistema que pueda garantizar la verdadera libertad tanto a hombres como a mujeres, la libertad de desarrollarse personal e intelectualmente.
Conscientes de que s贸lo una sociedad socialista terminar谩 con la esclavitud que sufren hombres y mujeres, tambi茅n debemos luchar, en la media de la posible, contra el atraso y las actitudes reaccionarias, especialmente en el movimiento obrero, que perjudican la unidad de los trabajadores y retrasan la causa de la emancipaci贸n de la clase obrera. Debemos luchar por una verdadera moral proletaria que trate a todos los trabajadores: hombre o mujer, blanco o negro, como iguales, unidos en la causa com煤n de la lucha contra el capital.
La mujeres en la lucha
El necesario llegar a las mujeres obreras all铆 donde est茅n. Esto significa llegar a los centros de trabajo y a los sindicatos. Pero muchas mujeres tambi茅n pueden entrar en la lucha contra el capitalismo por otras cuestiones —mala vivienda, carest铆a d El necesario llegar a las mujeres obreras all铆 donde est茅n. Esto significa llegar a los centros de trabajo y a los sindicatos. Pero muchas mujeres tambi茅n pueden entrar en la lucha contra el capitalismo por otras cuestiones —mala vivienda, carest铆a de la vida, alquileres elevados...—. Esto se pudo comprobar en la lucha contra el poll tax en Gran Breta帽a. En una huelga donde predomina la fuerza laboral masculina, es vital implicar activamente a las esposas de los huelguistas. Ellas pueden proporcionar unas reservas de fuerza colosales, pero esto frecuentemente es pasado por alto por los trabajadores. Durante la huelga minera de 1984-85, las esposas de los huelguistas organizaron comit茅s de apoyo, vinculados a los sindicatos y comit茅s de huelga, jugando un papel inestimable en la lucha, y al mismo tiempo ellas aprendieron muy r谩pidamente. Tambi茅n es necesario asegurar que los maridos de las trabajadoras las apoyen plenamente en la lucha. Los maridos tambi茅n pueden aprender mucho de la lucha de sus esposas.
Una vez que la mujer se convierta en parte activa de la lucha, r谩pidamente transformar谩n sus puntos de vista. Incluso mujeres antiguamente atrasadas pol铆ticamente, conservadoras y religiosas pueden desarrollar r谩pidamente conciencia revolucionaria. Es obvio que esto se debe hacer en estrecho contacto con los sindicatos y comit茅s de huelga, no se debe contraponer al movimiento oficial, como hacen las sectas y los anarquistas. Estos comit茅s ad hoc no pueden tener una actividad independiente y desaparecen cuando el movimiento termina. Cualquier intento de mantenerlos de una forma superficial, terminar谩 por burocratizarlos y ser谩n monopolizados por los elementos menos representativos, peque帽o burgueses, sectarios, y cuando el movimiento comienza de nuevo se convierten en un obst谩culo. El objetivo de participar en estos comit茅s no es para ponerlos en contra de los sindicatos, sino asegurar que las mujeres comienzan a participar de una forma activa en las organizaciones obreras para transformarlas. Seg煤n se transforma la naturaleza de la producci贸n y las viejas industrias pesadas son sustituidas por modos de producci贸n m谩s modernos, basados en la tecnolog铆a de la informaci贸n, las mujeres se convierten en una parte decisiva de la fuerza laboral, incluso en la mayor铆a.
Sin embargo, en 煤ltima instancia la emancipaci贸n de la mujer s贸lo se conseguir谩 con la emancipaci贸n del conjunto de la clase obrera: "Al mismo tiempo que mejoramos el trabajo del partido entre las proletarias —una tarea inmediata tanto para los partidos comunistas de Occidente como para los de Oriente—, el Tercer Congreso de la Internacional Comunista debe al mismo tiempo se帽alar a las mujeres trabajadoras de todo el mundo que su liberaci贸n de siglos de esclavitud, ausencia de derechos y desigualdad, s贸lo es posible con la victoria del comunismo, y que los movimientos de las mujeres burguesas son completamente incapaces de garantizar a las mujeres lo que el comunismo las garantiza. Mientras exista la propiedad privada y el poder del capital, la liberaci贸n de la mujer de la dependencia del marido no puede ir m谩s all谩 del derecho a disponer de su propiedad y salario, y decidir en t茅rminos de igualdad con su marido el futuro de sus hijos" (Tesis, resoluciones y manifiestos de los cuatro primeros congresos de la Tercera Internacional, p谩gs. 214-215, en la edici贸n inglesa).
El comunismo y la familia
Desde los inicios del marxismo, la cuesti贸n de la emancipaci贸n de la mujer ha ocupado un lugar central en su pensamiento. En El Manifiesto Comunista podemos leer: "Las declamaciones burguesas sobre la familia y la educaci贸n, sobre los dulces lazos qu Desde los inicios del marxismo, la cuesti贸n de la emancipaci贸n de la mujer ha ocupado un lugar central en su pensamiento. En El Manifiesto Comunista podemos leer: "Las declamaciones burguesas sobre la familia y la educaci贸n, sobre los dulces lazos que unen a los padres con sus hijos, resultan m谩s repugnantes a medida que la gran industria destruye todo v铆nculo de familia para el proletario y transforma a los ni帽os en simples art铆culos de comercio, en simples instrumentos de trabajo.
"¡Pero es que vosotros, los comunistas, quer茅is establecer la comunidad de las mujeres! —nos grita a coro toda la burgues铆a.
"Para el burgu茅s, su mujer no es otra cosa que un instrumento de producci贸n. Oye decir que los instrumentos de producci贸n deben ser de utilizaci贸n com煤n, y, naturalmente, no puede por menos de pensar que las mujeres correr谩n la misma suerte con la socializaci贸n.
"No sospecha que se tata precisamente de acabar con esa situaci贸n de la mujer como simple instrumento de producci贸n.
"Nada m谩s grotesco, por otra parte, que el horror ultramoral que inspira a nuestros burgueses la pretendida comunidad oficial de mujeres que atribuyen a los comunistas. Los comunistas no tiene la necesidad de introducir la comunidad de mujeres: casi siempre ha existido.
"Nuestros burgueses, no satisfechos con tener a su disposici贸n las mujeres y las hijas de sus obreros, sin hablar de la prostituci贸n oficial, encuentran un placer singular en seducir mutuamente las esposas.
"El matrimonio burgu茅s es, en realidad, la comunidad de las esposas. A lo sumo, se podr铆a acusar a los comunistas de querer sustituir una comunidad de las mujeres hip贸critamente disimulada, por una comunidad franca y oficial. Es evidente, por otra parte, que con la abolici贸n de las relaciones de producci贸n actuales desaparecer谩 la comunidad de las mujeres que de ellas se deriva, es decir, la prostituci贸n oficial y no oficial" (C. Marx y F. Engels, El Manifiesto Comunista. Madrid, Fundaci贸n Federico Engels, 1996, p谩g. 56).
Los or铆genes de la esclavitud de la mujer —como explic贸 Engels—, se encuentran en la propiedad privada, y s贸lo se podr谩n superar con la abolici贸n radical de la propiedad privada de los medios de producci贸n y de la divisi贸n del trabajo. Engels escribe en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado: "Hemos visto c贸mo en un grado bastante primitivo del desarrollo de la producci贸n la fuerza 'trabajo del hombre' llega a ser apta para suministrar un producto mucho m谩s cuantioso de lo que exige el sustento de los productores, y c贸mo este grado de desarrollo es en lo esencial el mismo donde nacen la divisi贸n del trabajo y el cambio entre individuos. De esto no hubo sino un paso para descubrir la gran 'verdad' de que el hombre mismo puede servir de mercanc铆a, que la fuerza 'trabajo humano' puede llegar a ser un objeto de cambio haciendo del hombre un esclavo.
"Apenas comenzaron los hombres a practicar el cambio, cuando ellos mismos fueron cambiados. El activo se convirti贸 en pasivo, quisieran o no los hombres" (F. Engels, El origen de la familia, la propiedad, privada y el Estado. M茅xico, Editores Mexicanos Unidos, 1980, p谩g. 202).
Vemos c贸mo la opresi贸n de la mujer ya estaba presente en el periodo precapitalista, en las primeras formas de organizaci贸n social, la familia de la antig眉edad. Con el desarrollo de la familia patriarcal y de la familia mon贸gama se consolid贸 junto con una econom铆a familiar separada, vinculada a la propiedad privada.
En la familia, vemos que la primera divisi贸n original del trabajo tiene una base psicol贸gica, si se hubieran administrado los recursos de una forma comunista, no se habr铆a producido el sometimiento de la mujer al marido. Con la llegada de la monogamia y el desarrollo de los medios de producci贸n, la divisi贸n del trabajo sigui贸 igual, pero el hombre adquiri贸 un peso mayor, s贸lo 茅l participaba en la producci贸n social y el plusproducto. Engels explica que la opresi贸n de la mujer aparece con el surgimiento de la propiedad privada y la divisi贸n del trabajo, y con ello la separaci贸n de papeles entre hombres y mujeres.
"Con arreglo a la divisi贸n del trabajo en la familia de entonces, el papel del hombre consist铆a en proporcionar la alimentaci贸n y los instrumentos de trabajo necesarios para ello, y, por consiguiente, era propietario de estos 煤ltimos" (F. Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. M茅xico, Editores Mexicanos Unidos, 1980, p谩g. 61).
En La ideolog铆a alemana, Marx y Engels escriben: "Con la divisi贸n del trabajo, que lleva impl铆citas todas estas contradicciones y que descansa, a su vez, sobre la divisi贸n natural del trabajo en el seno de la familia y en la divisi贸n de la sociedad en diversas familias opuestas, se da, al mismo tiempo, la distribuci贸n y, concretamente, la distribuci贸n desigual, tanto cuantitativa como cualitativamente, del trabajo de sus productos; es decir, la propiedad, cuyo primer germen, cuya forma inicial se contiene ya en la familia, donde la mujer y los hijos son los esclavos del marido. La esclavitud, todav铆a muy rudimentaria, latente en la familia, es la primera forma de propiedad, que se corresponde perfectamente con la definici贸n de los modernos economistas, seg煤n la cual el derecho del trabajo y la propiedad privada son t茅rminos id茅nticos: uno de ellos, dice, referido a la actividad, lo mismo que el otro, referido al producto de 茅sta" (C. Marx y F. Engels, La ideolog铆a alemana. Barcelona, L'Eina Editorial, 1988, p谩gs. 28-29).
En la etapa de la divisi贸n del trabajo, despu茅s del abandono de la organizaci贸n comunista tribal, cada individuo estaba fijo a la actividad concreta que se le asignaba: 茅l ya no es responsable junto a los dem谩s de la producci贸n y el consumo de la comunidad, ahora est谩 'prisionero' en un papel, en una actividad concreta que realiza para el propietario de la fuerza de trabajo, y de acuerdo con la voluntad del propietario. M谩s tarde, en la medida que la sociedad se organiza de una forma m谩s compleja, esta relaci贸n que surge dentro de la familia, se convierte en la norma de las relaciones de la comunidad dividida en clases, clases que se encuentra en antagonismo mutuo debido a la posici贸n diferente que ocupan con respecto a la propiedad de los medios de producci贸n.
No es casualidad que Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, haga referencia al antagonismo entre el hombre y la mujer en el matrimonio mon贸gamo, como el primer contraste de clase que aparece en la historia e identifica la opresi贸n del sexo femenino por el masculino, como el primer episodio de la opresi贸n de clase. En este texto podemos leer: "en la familia 茅l (el hombre) es el burgu茅s, la mujer representa al proletario".
En la transici贸n del feudalismo al capitalismo el orden social, y por lo tanto tambi茅n la familia, sufre cambios que para la mujer abre enormes posibilidades de emancipaci贸n, aunque tambi茅n conlleva un aumento de su opresi贸n. Mientras en el periodo precapitalista la familia era la unidad de producci贸n dentro de la que a煤n se encuentran los medios para su subsistencia, bajo el capitalismo se convierte sencillamente en una unidad de consumo. Esto cre贸 las condiciones para que la inacabada relaci贸n matrimonial de cada miembro de la familia ya no est茅 sujeta formalmente a la jerarqu铆a basada en las capacidades productivas directas, sino que 茅l o ella se vean como un individuo con aspiraciones democr谩ticas e igualitarias. Las m谩quinas y la nueva tecnolog铆a sit煤an en segundo lugar la relativa debilidad f铆sica de la mujer, la permite acceder al mundo laboral y salir del estrecho marco familiar. Esta situaci贸n sienta las bases para la superaci贸n de la vieja divisi贸n psicol贸gica del trabajo entre hombre y mujer. En este contexto, la abolici贸n del matrimonio basado en la violencia, el reconocimiento del derecho pol铆tico de la mujer, el divorcio, la eliminaci贸n formal de la discriminaci贸n entre sexos, son obra del papel positivo que ha jugado la industrializaci贸n. Al mismo tiempo cada vez es m谩s necesario adecuar la familia a la explotaci贸n de la fuerza laboral masculina y femenina bajo el capitalismo. Los empresarios est谩n contentos ante la posibilidad de utilizar gran cantidad de mano de obra, porque esto les permite reducir los costes de producci贸n. Si en la familia precapitalista el hombre ten铆a que obtener por s铆 mismo y por su trabajo los art铆culos de primera necesidad para mantener a toda la familia, ahora esa remuneraci贸n se puede repartir entre los salarios de todos los miembros de la familia que entran al mundo laboral.
En el primer volumen de El Capital leemos: "El valor de la fuerza de trabajo no se determinaba ya por el tiempo de trabajo necesario para el sustento del obrero adulto individual, sino por el requerido para mantener a la familia obrera. Al lanzar la maquinaria a todos los miembros de la familia obrera sobre el mercado de trabajo, reparte el valor de la fuerza de trabajo del hombre entre toda su familia. De ah铆 que desvalorice su fuerza de trabajo. La compra de la familia fraccionada, por ejemplo, en cuatro fuerzas de trabajo, tal vez cueste m谩s que costaba antes la adquisici贸n de la fuerza de trabajo del cabeza de familia, pero en cambio se tienen cuatro jornadas de trabajo en lugar de una, y su precio disminuye en proporci贸n al excedente de plustrabajo de los cuatro sobre el plustrabajo de uno. Los cuatro tienen que suministrar no s贸lo trabajo, sino tambi茅n plustrabajo para el capital, a fin de que la familia viva. De esta manera, la maquinaria ampl铆a desde un principio, junto con el material de explotaci贸n humano, el verdadero campo de explotaci贸n de capital, tambi茅n el grado de explotaci贸n" (C. Marx, El Capital. Madrid, Akal Editor, 1976, Vol. I, Tomo II, p谩g. 110).
Cuando marido y mujer trabajan en el presupuesto familiar aumentan los ingresos, pero al mismo tiempo tambi茅n aumentan los gastos, la reducci贸n del tiempo dedicado a las "tareas del hogar" conlleva m谩s gastos, por ejemplo, hay que comprar un congelador adecuado a las nuevas necesidades alimenticias, pagar a alguien para que cuide a los hijos, etc., Esto ocurre porque el capitalismo no proporciona los servicios sociales necesarios, incluidas las guarder铆as que liberen a la mujer de la carga de sostener la econom铆a familiar y que la situar铆a al mismo nivel que el hombre. La situaci贸n actual favorece a los intereses de los empresarios que pueden crear una categor铆a laboral m谩s barata.
Por lo tanto es incorrecto y es un error hacer referencia al trabajo dom茅stico como un remanente del pasado o un resto de la producci贸n precapitalista, tambi茅n es incorrecto creer que 茅ste se puede eliminar bajo el capitalismo, porque el trabajo dom茅stico es un elemento necesario para la reproducci贸n de la fuerza laboral y para el debilitamiento de la fuerza laboral femenina dentro del mercado laboral.
Aqu铆 llegamos a una de las diferencias fundamentales entre la esclavizaci贸n del proletariado masculino y el femenino. Cuando el trabajador masculino entr贸 el primero en la f谩brica, formalmente se emancip贸 como trabajador asalariado libre. Se liber贸 de la relaci贸n de servidumbre feudal que dominaba la producci贸n precapitalista. Este no fue el caso de la mujer. La relaci贸n entre la mujer y el capital se mide por la relaci贸n con el hombre y por consiguiente, a diferencia del trabajador masculino, la situaci贸n de la mujer no nace o desaparece en la divisi贸n social del trabajo bajo el capitalismo. La mujer antes de ser trabajadora es esposa: el lugar original y concreto de su opresi贸n es el hogar, y las relaciones que se establecen en 茅l. La mujer tiene la obligaci贸n de cumplir con todas las 'obligaciones' familiares, mientras que su papel productivo en la sociedad es secundario: en la mayor铆a de los casos el salario del hombre es m谩s elevado y el salario de la mujer tiene un car谩cter marginal en el ingreso global de la familia. Como el poder de un individuo bajo el capitalismo viene dictado por la posesi贸n de dinero, la mujer tiene menos poder y por lo tanto continua esclavizada al hombre.
La producci贸n familiar se convierte en un sector privado y el trabajo de la mujer se convierte en la propiedad del padre o el marido. Este modo de producci贸n —aunque necesario—, tambi茅n entra en contradicci贸n con la producci贸n capitalista que impone a la mujer, el tiempo, la velocidad y la opresi贸n del modo capitalista de producci贸n. Un ejemplo cl谩sico es cuando los empresarios exigen a las trabajadoras firmar una cl谩usula en la que se comprometen a no tener hijos, si no ser谩n despedidas. Esta contradicci贸n se produce porque la producci贸n capitalista es la producci贸n de mercanc铆as o servicios para vender, mientras que el trabajo familiar produce mercanc铆as y servicios que no se venden y que son simplemente para el uso familiar. Por esta raz贸n las tareas de la esposa en el hogar tiene unas caracter铆sticas similares al trabajo real, en una sociedad basada en el intercambio de mercanc铆as el trabajo dom茅stico no tiene ning煤n valor. Y la persona que realiza este trabajo (la mujer) tampoco tiene valor porque no obtiene dinero por 茅l.
Para superar esta contradicci贸n algunos sectores de la burgues铆a defienden el salario del ama de casa. Nosotros nos oponemos a esta demanda que pretende reconocer el car谩cter social del trabajo en el hogar, condenando a las mujeres —por una miseria—, a permanecer dentro de las cuatro paredes del hogar. No es casualidad que el salario para el ama de casa sea una bandera de las fuerzas conservadoras —las cat贸licas en primer lugar—, que sit煤an en el centro de su pol铆tica la "defensa del n煤cleo familiar". Esta situaci贸n obligar铆a a la mujer a cambiar su trabajo en el hogar por una parte del salario del padre o el marido, que est谩 integrado en la producci贸n social real.
La 煤nica forma de socializar el trabajo dom茅stico es transferir las tareas de las amas de casa a trabajadores asalariados fuera de la familia, a trav茅s de la creaci贸n de guarder铆as p煤blicas, comedores p煤blicos, etc., y en general con la extensi贸n del estado del bienestar. Estas medidas ser铆an el primer paso necesario para la verdadera socializaci贸n del trabajo dom茅stico, que ser铆a un aspecto decisivo de la econom铆a comunista.
A la consigna del salario para el ama de casa, nosotros contraponemos la reivindicaci贸n de un salario para todos los parados. Esta reivindicaci贸n significa reconocer plenamente a las amas de casa como parte de la clase obrera y pedir su inclusi贸n en el mundo laboral en condiciones de igualdad, con el objetivo de integrarlas en la lucha general del movimiento obrero por el pleno empleo, y nos oponemos a la pol铆tica de la burgues铆a que utiliza a las amas de casa como una reserva de fuerza laboral para ser utilizada en momentos de producci贸n m谩xima y en condiciones de superexplotaci贸n (trabajo en el hogar, trabajo eventual, etc...).
Las relaciones entre hombres y mujeres bajo el capitalismo son inhumanas y est谩n distorsionadas porque el sistema universal de producci贸n de mercanc铆as reduce las personas a cosas. No s贸lo la relaci贸n entre los sexos, sino que todas las relaciones en general se deshumanizan bajo lo que Marx y Engels calificaron como el "nexo del dinero". Esta sociedad no es natural, est谩 dominada por relaciones artificiales. ¿Acaso no nos asombra que a veces las personas en lugar de comportarse como seres humanos inteligentes se comportan como monstruos? Los padres consideran a los hijos su propiedad privada. Los maridos consideran a sus esposas de la misma forma. Debido a las implacables presiones de la vida en la "econom铆a de mercado", donde el dinero es el dios, las relaciones se distorsionan de tal forma que no se reconocen. Como explica Engels: "Hoy, el producto domina a煤n al productor; hoy, est谩 regulada la producci贸n total de la sociedad, no conforme a un plan elaborado en com煤n, sino por leyes ciegas que se imponen con la violencia de los elementos, en 煤ltimo t茅rmino, en las tempestades peri贸dicas de las crisis comerciales" (Ibid., p谩g. 202).
Bajo el capitalismo las relaciones personales adquieren valor en la medida que reproducen o se subordinan a las relaciones de explotaci贸n, con el objetivo de incrementar el poder de los individuos que participan en ellas, por ejemplo, conseguir m谩s dinero. El trabajador vende su trabajo al patr贸n a cambio de un salario, la mujer vende su servicio, cuida a los ni帽os y al productor, a cambio de una parte del salario obtenido por su compa帽ero. La alienaci贸n del trabajo se basa en que el trabajador no es directamente responsable de la planificaci贸n y consumo de su producto social, s贸lo es un vendedor de su fuerza de trabajo y crea las condiciones objetivas para la alienaci贸n de la mujer dentro de la familia. El trabajador en la familia se comporta seg煤n este modelo de relaciones. Consiguientemente, la desalienaci贸n de la relaci贸n hombre-mujer es posible s贸lo con la desalienaci贸n de las relaciones sociales y viceversa. Marx en los Manuscritos econ贸micos y filos贸ficos, se帽ala que a trav茅s del car谩cter de la relaci贸n entre los sexos "podemos juzgar el grado de civilizaci贸n alcanzado por el hombre".
Si tratamos seriamente la cuesti贸n de la esclavitud de la mujer, no basta con tratar sus manifestaciones m谩s obvias. Como ya hemos dicho es necesario luchar contra todo tipo de desigualdad y discriminaci贸n. Pero hasta que no se erradique el origen de la opresi贸n femenina, la esencia del problema seguir谩 sin resolver. La mujer s贸lo se liberar谩 cuando el hombre sea libre. Es decir, cuando la humanidad comience a vivir una existencia verdaderamente humana.
Engels explica: "Pero lo que seguramente desaparecer谩 de la monogamia son todos los caracteres que le han impreso las condiciones de la propiedad a las cuales deben su origen; estos caracteres son, en primer t茅rmino, la preponderancia del hombre, y luego la indisolubilidad. La preponderancia del hombre en el matrimonio es consecuencia, sencillamente, de su preponderancia econ贸mica y caer谩 por s铆 sola con 茅sta. La indisolubilidad del matrimonio es consecuencia, en parte de la situaci贸n econ贸mica de donde sali贸 la monogamia, y en parte es una tradici贸n de la 茅poca en que, mal comprendido a煤n el enlace de esa situaci贸n econ贸mica con la monogamia, fue exagerado hasta el extremo por la religi贸n. Actualmente est谩 desportillada ya por mil lados. Si el matrimonio fundado en el amor es el 煤nico moral, s贸lo podr谩 serlo donde el amor persista. Pero la duraci贸n del acceso del amor sexual es muy variable seg煤n los individuos, particularmente entre los hombres; y la desaparici贸n del afecto ante un amor apasionado nuevo hace de la desaparici贸n un beneficio, lo mismo para ambas partes que para la sociedad (Ibid., p谩g. 92).
El programa de la Internacional Comunista para la transici贸n al socialismo defend铆a: "Comedores p煤blicos, lavander铆as, talleres de reparaciones, instituciones de bienestar social, viviendas, etc., que transformen la vida cotidiana en l铆neas comunistas completamente nuevas y alivien a las mujeres de las dificultades del periodo transicional. Estas instituciones sociales que ayudan a emancipar la vida cotidiana de las mujeres, convierten a la esclava del hogar y la familia en miembros libres de la clase obrera, la clase que es su propio patr贸n y el creador de nuevas formas de vida" (Tesis, resoluciones y manifiestos de los cuatro primeros congresos de la Tercera Internacional, p谩g. 220, en la edici贸n inglesa).
La familia y el Estado no pueden desaparecer de la noche a la ma帽ana. La desaparici贸n gradual de ambos en la transici贸n a una sociedad sin clases, depende de la transformaci贸n de las condiciones materiales de existencia, y por lo tanto, de la transformaci贸n de la manera de pensar de las personas y de relacionarse entre ellas. Finalmente, con la conquista de la superabundancia y la elevaci贸n del nivel cultural, las antiguas costumbres y la psicolog铆a esclavista se transformar谩n y con ellas las relaciones entre hombres y mujeres. Pero la condici贸n previa es la transformaci贸n de las condiciones de vida. La reducci贸n de la jornada laboral a su m铆nima expresi贸n es una condici贸n indispensable para la emancipaci贸n social. Los avances tecnol贸gicos har谩n posible la virtual desaparici贸n del trabajo dom茅stico: la base para la esclavitud de la mujer. Lo poco que quede del trabajo dom茅stico lo podr谩n compartir f谩cilmente todos los componentes de la familia.
La ra铆z de toda opresi贸n, sea de mujeres, negros u otros grupos oprimidos, en 煤ltima instancia se basa en la esclavizaci贸n y alienaci贸n unida a la producci贸n de mercanc铆as. S贸lo cuando esta desaparezca y las condiciones de vida de toda la sociedad se transformen, la familia y el Estado —dos restos de la barbarie— dejar谩n de existir. Cuando la vieja psicolog铆a primitiva e inhumana, fruto de la miseria, sea cosa del pasado, se crear谩n las condiciones materiales para la existencia de un nuevo orden social en el que desaparecer谩n los 煤ltimos vestigios de la coerci贸n social, y finalmente, hombres y mujeres podr谩n relacionarse entre s铆 como seres humanos libres.
2001
Fecha: 
 Londres, 2001


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