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lunes, 14 de febrero de 2011

Egipto: "18 d铆as que cambiaron al mundo"




Una gran euforia se vive en las calles de El Cairo, son los festejos de la libertad, del triunfo popular. El odiado “Fara贸n” ha sido expulsado del poder, no por intrigas de c煤pulas, por ingerencia extranjera, o gracias a que un sector y/o instituci贸n empresaria, militar o religiosa lo haya volteado, sino por una imparable irrupci贸n social. Fue una verdadera “Intifada egipcia” la que eyect贸 a Mubarak del sill贸n, del que tan solo algunas hora antes se hab铆a aferrado obstinadamente en su discurso televisivo.

El pueblo egipcio realiz贸 su merecido festejo. Millones recorrieron las calles en todas las ciudades importantes del pa铆s, pero siguen adviertiendo, a todos los que lo quieran escuchar, que se mantendr谩n en pie de lucha hasta la victoria.

Sin duda, en estos 18 convulsionados d铆as desde la autoconvocatoria de miles de aquel 25 de enero que parece tan lejano, las intrigas de palacio existieron y tuvieron su peso en el desarrollo de los acontecimientos y en el desenlace. Pero lo relevante es la inmensa rebeli贸n popular, la gestaci贸n de un movimiento por nadie previsto y que ha desestabilizado el status quo que los poderes sist茅micos han establecido hace ya 30 a帽os. Fue la firmeza y valent铆a de la calle lo que determin贸 que Mubarak huya en helic贸ptero de un palacio presidencial cada vez m谩s rodeado por el pueblo.

Una nueva generaci贸n se ha afirmado en una gesta hist贸rica. Se abrieron grandes alamedas para que pase un nuevo pueblo egipcio libre. Un r茅gimen autocr谩tico, con un brutal aparato represivo que lograba atemorizar al conjunto de la sociedad y descabezar todo movimiento de protesta, no pudo frenar a este movimiento de rechazo que se fue extendiendo exponencialmente a medida que iba perdiendo el miedo. Beneficiados por la ausencia de liderazgos claros, sin una organizaci贸n estructurada, la rebeli贸n no pudo ser contenida, primero, y luego aplastada o desviada.

La tenacidad demostrada por el pueblo egipcio, en especial por su juventud, dudosamente pueda ser encauzada. No permitir谩n que le arrebaten su victoria. El retorno a la normalidad una y otra vez exigido desde el poder, tanto por Mubarak como desde el ej茅rcito, dif铆cilmente pueda alcanzarse; esta nueva generaci贸n que ha tomado la palabra y las calles no est谩 dispuesta a que le arrebaten su futuro y ya no se dejar谩 caer f谩cilmente en la resignaci贸n. El pueblo egipcio, gracia a las lecciones tunecinas, ha descubierto el poder de su autodeterminaci贸n. La sangre derramada por m谩s de 300 m谩rtires y miles de heridos no ser谩 prenda de negociaci贸n.

El proceso iniciado en T煤nez y que hoy triunfa en Egipto ha crecido no s贸lo en su trascendencia internacional por lo que implica este pa铆s, sino sobre todo por la mayor claridad de sus demandas y su determinaci贸n para alcanzarlas. Las movilizaciones que se hab铆an iniciado apuntando a la cabeza del r茅gimen fueron profundizando su rechazo al conjunto de sus miembros y formas institucionales.

La dificultad de sobrepasar el car谩cter negativo del reclamo, centradas en el rechazo a Mubarak, as铆 como lo fue para los tunecinos, podr铆a hacer pensar que la ca铆da del geronte egipcio calme inmediatamente la actual presi贸n popular. Es una posibilidad latente sustentada en la dificultad de superar la negatividad gestando alternativas, as铆 como en la ausencia de una acumulaci贸n de liderazgo y organizaci贸n pol铆tica producto de a帽os de opresi贸n y represi贸n. Pero otra posibilidad es que en lo acelerado del proceso se est茅 gestando un poder popular. Durante estos concentrados d铆as hemos podido ver como brotan demandas y se encienden nuevos focos de conflicto, embrionariamente germinan lazos sociales disruptivos.

En la Plaza de la Liberaci贸n, epicentro del movimiento, los miles que han acampado y los millones que sucesivamente se han concentrado all铆 han superado la fragmentaci贸n que las clases dominantes promovieron durante a帽os. Se ha conformado una alianza de las clases subalternas, un bloque entre desocupados, sectores medios, trabajadores, mujeres, estudiantes, musulmanes, coptos, laicos e intelectuales, con la juventud como vanguardia. La protesta rompi贸 las tensiones entre musulmanes y cristianos, repudi贸 la violencia sectaria impulsada por el r茅gimen. Los desocupados y pobres, junto con los j贸venes que ven cercenado su futuro, pusieron el eje en la corrupci贸n y el enriquecimiento de la casta gobernante que llev贸 adelante los planes dictados por el FMI, demandando un Estado de justicia social. Los sectores medios, e inclusive muchas personas acomodadas que proveyeron de v铆veres y abrigo a los acampantes, no se mantuvieron al margen ni se atemorizaron con la cantinela del “caos”.

En la “Republica de Tahrir” progresivamente se fue creando una organizaci贸n comunitaria, un campamento permanente donde existen m铆tines constantes, se ejerce la contra-informaci贸n y hasta se publica su propio diario, puestos de enfermer铆a y cocina que cuidan y alimentan las fuerzas que lograron contener y expulsar a los matones de Mubarak. Se duerme entre las ruedas de los tanques para impedir su movimiento. En la plaza se baila, canta y lee poes铆a, obras de teatro crean s铆mbolos y fomentan una identidad com煤n. El micr贸fono pasa de mano en mano, todos tienen la palabra, hombres y mujeres, mayores y j贸venes, agitan y debaten los acontecimientos y los pasos a seguir.

Los distintos intentos del r茅gimen para reprimir, controlar y desalentar la protesta no han hecho m谩s que radicalizarla constantemente.

La plaza controlada por los manifestantes, pero cercada por los brindados del ejercito no se transform贸 en un callej贸n sin salida, por el contrario irradi贸 su fuerza a las f谩bricas y centros de estudio. El intento por retornar a la normalidad y descomprimir las demandas con un aumento del salario a los estatales y la apertura de los bancos result贸 contraproducente, la agitaci贸n se hizo presente entre los trabajadores textiles, metal煤rgicos, docentes universitarios, del transporte y los de limpieza del Cairo, as铆 como entre los trabajadores del estrat茅gico Canal de Suez, con huelgas y cortes de carreteras donde reclamaron la destituci贸n de directivos y aumentos de salarios. El movimiento desde las bases empez贸 a cuestionar a los dirigentes sindicales, como fue en T煤nez.

Libertad y democracia, demandas centrales del movimiento, se presentan de forma gen茅rica pero tienen profundas ra铆ces estructurales, dif铆cilmente solucionables por un nuevo gobierno que mantenga el status quo. Lo que presenciamos no es s贸lo una causa democr谩tica. En los pa铆ses 谩rabes est谩 todo imbricado, el reclamo democr谩tico puede contener la b煤squeda de la liberaci贸n nacional, la descolonizaci贸n pendiente, la resoluci贸n de cuestiones sociales, la exigencia de libertad. El brete para el pueblo egipcio es la posibilidad de articulaci贸n de los anhelos ya expresados mediante la fundaci贸n de un discurso emancipador.

La famosa “transici贸n” alentada y reclamada por la c煤pula del poder mundial busca el retorno camale贸nico y el reciclaje de los viejos miembros del r茅gimen, junto con nuevas figuras de su confianza. El intento de crear una mesa de negociaci贸n dirigida por el nuevo vicepresidente Omar Suleiman, que ya hab铆a empezado a funcionar antes de la huida de Mubarak, ten铆a por objeto cooptar a los sectores moderados y dividir al movimiento. Este intento salt贸 por los aires, el movimiento respondi贸 inmediatamente con una gigantesca concentraci贸n que rechaz贸 cualquier alternativa que no incluya la salida de Mubarak y su entorno. La negativa se extendi贸 a cualquiera que se arrogue la representatividad del movimiento, demostrando que no est谩n dispuestos a ser ignorados.

El elegido por Washington para dirigir la “transici贸n”, el hombre de confianza de la CIA que dirigi贸 tanto las torturas en c谩rceles clandestinas como las negociaciones del “proceso de paz” entre israel铆es y la “Autoridad” palestina, fracas贸 en su tarea de dividir la protesta y ofrecer credibilidad a las reformas. Omar Suleiman fue r谩pidamente identificado como un hombre fiel a Mubarak, est谩 primero en la lista de los repudiados miembros del r茅gimen y cooptados por el imperialismo-sionismo.

Aunque Suleiman fuera quien escuetamente anunci贸 la renuncia de su jefe, contrariamente a los deseos de EE.UU., no signific贸 que 茅l pasar谩 a ocupar su puesto. Este fracaso es otra demostraci贸n de la debacle de la hegemon铆a de EE.UU. a nivel regional y mundial. Washington ha perdido a su personero y corre el riesgo de perder las alianzas constituidas hace ya 40 a帽os. La identificaci贸n de Mubarak con los intereses estadounidenses es total, su expulsi贸n del poder implica necesariamente un resquebrajamiento de la alineaci贸n directa con los intereses estadounidenses y la complicidad mantenida con Israel. Aunque no se han quemado banderas de EE. UU. durante estos 18 d铆as y la ret贸rica de aliento al proceso democr谩tico pudiera crear simpat铆a, Obama ya no podr谩 garantizar el mantenimiento de los acuerdos de Camp David de 1979 y contener a las masas 谩rabes, como reclama Israel.

En Tel Aviv ha entrado en un estado de angustia estrat茅gica. Sus alianzas fundamentales se derrumban ante sus ojos: en el pasado fue el Sha de Persia, ahora en el L铆bano los maronitas han perdido poder ante la creciente influencia de Hezbollah, mientras que Turqu铆a, bajo un gobierno isl谩mico moderado, ha quemado las naves producto de la masacre a la flotilla de ayuda humanitaria que se dirig铆a a Gaza. Israel sabe muy bien, como lo demuestran las expresiones de j煤bilo en las ciudades palestinas, que su t铆tere palestino Abbas puede sentir muy pronto las repercusiones del Cairo.

Si la guerra de los seis d铆as fue uno de los puntos de inflexi贸n en la historia de Medio Oriente, aunque ir贸nicamente en aquel momento la mayor铆a de los reg铆menes 谩rabes permanecieron inalterados en el poder, e incluso sobrevivieron a la ca铆da del Muro de Berl铆n, la ca铆da de Mubarak producto de una irrupci贸n aut贸noma de las masas nos demuestra la trascendencia hist贸rica de lo sucedido.

El actual movimiento que puede abarcar desde Marruecos hasta el Yemen ya no ser谩 una independencia digitada desde las metr贸polis como lo fue tras la segunda guerra mundial, ha superado la contenida participaci贸n que alent贸 el nacionalismo 谩rabe y se demuestra contrario a la identidad chauvinista del islamismo “radical”. Lo que se ha puesto en movimiento es el protagonismo directo de los pueblos 谩rabes.

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