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mi茅rcoles, 28 de junio de 2023

Ante la hist贸rica sentencia de La Haya: ¿servilismo y cobard铆a o dignidad?


Por Herman Van de Velde

En el “Libro Blanco, expediente de las agresiones estadounidenses a la soberan铆a nicarag眉ense”, se demuestra que Nicaragua ha sido objeto del uso de la fuerza interventora de parte de Estados Unidos, desde su independencia como Estado Soberano.

Hoy en d铆a, bajo la conducci贸n del Comandante Daniel y la Compa帽era Rosario, nuestra soberan铆a sigue siendo prioridad ante las amenazas que sigue emanando EEUU a trav茅s de sus sanciones y pronunciamientos de organismos t铆teres, como es el caso de la OEA, organismo que ha perdido toda credibilidad a partir de sus actuaciones en Am茅rica Latina. Solo basta con mencionar una barbaridad (entre tantas que permanentemente cometen): el apoyo que le dieron al golpe de estado en Bolivia. La OEA, definitivamente, es una verg眉enza para Nuestram茅rica. Nos alegra que ya hay m谩s y m谩s pa铆ses que van construyendo conciencia de su necesaria desaparici贸n y/o sustituci贸n por un organismo que realmente vela por los intereses de nuestros pueblos.

Este 27 de junio, conmemoramos nuevamente un aniversario m谩s de la hist贸rica fecha en que la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ) conden贸 a EEUU y plante贸, en sentencia firme, que EEUU ten铆a (¡y tiene!) la obligaci贸n legal de reparar econ贸micamente a Nicaragua por todos los da帽os causados durante la guerra que nos impusieron en los a帽os ’80.

Aunque la sentencia de la CIJ se dio el 27 de junio del 1986, hace 37 a帽os, esto no implica que ya no sea vigente. M谩s bien dir铆a que est谩 m谩s vigente que nunca, considerando, no solo las consecuencias a煤n sentidas a la fecha de hoy, sino tambi茅n la actitud hostil de EEUU y sus lacayos, el d铆a de hoy, hacia nuestra Nicaragua soberana y digna.

Entre las consecuencias que a煤n se sienten el d铆a de hoy, est谩n por ejemplo el sufrimiento de las personas lisiadas como resultado de la guerra impuesta por EEUU, tanto de nuestro ej茅rcito como de parte de las fuerzas contrarrevolucionarias en ese entonces. El INSS, solidariamente, sigue asumiendo las pensiones a las que tienen derecho.

EEUU est谩 obligado a indemnizar a Nicaragua. Y yo dir铆a no solo por la agresi贸n brutal a nuestro pueblo en los a帽os ’80, sino por todo lo que ha implicado y sigue significando su intervenci贸n injustificada militar, econ贸mica, pol铆tica y social, incluso hasta el d铆a de hoy.

Como ejemplo: no ha habido elecci贸n en Nicaragua sin que el imperialismo yanqui ha intervenido directa e indirectamente en ella. Esto lo sabe todo el pueblo.

Convencido de que la pol铆tica de EEUU en los a帽os ’80 constitu铆a una violaci贸n a las normas y principios m谩s fundamentales del derecho internacional, Nicaragua, el 9 de abril de 1984, puso su demanda en la Corte Internacional de Justicia de la Haya, planteando: “Los Estados Unidos de Am茅rica hacen uso de la fuerza militar contra Nicaragua e intervienen en sus asuntos internos en violaci贸n de su soberan铆a, de su integridad territorial y de su independencia pol铆tica, as铆 como de los principios m谩s fundamentales y m谩s universalmente reconocidos del Derecho Internacional.” (Zamora A., 1991)

Hoy en d铆a, Nicaragua sigue reclamando justicia y el cumplimiento de aquella sentencia hist贸rica. Sin embargo, no solo eso, sino tambi茅n que EEUU deje de intervenir en nuestros asuntos internos, que EEUU nos deje vivir en Paz, que EEUU deje de intervenir en los asuntos internos de nuestros pa铆ses en general, que EEUU se ocupe de su propio contexto pol铆tico social y econ贸mico, caracterizado como problem谩tico con tanta violencia, pobreza creciente y exclusi贸n.

Los pueblos de Am茅rica Latina y el mundo tenemos el derecho a definir la sociedad que pretendemos, a elegir libremente el gobierno que nos merecemos.

Nicaragua es y ser谩 siempre un pa铆s soberano, guste o no guste a EEUU y a sus lacayos de Canad谩 y de la Uni贸n Europea. Tenemos el derecho y la obligaci贸n a demandar que EEUU cumpla con la sentencia de la CIJ del 1986, actualizando al d铆a de hoy los montos establecidos. Nuestro pueblo siempre defender谩 la soberan铆a de nuestra Patria y seguir谩 en la lucha por conseguir una segunda y definitiva independencia a trav茅s del proceso de decolonizaci贸n, tan importante y necesario, no solo en Nicaragua sino en toda Nuestram茅rica.

La gran y nefasta campa帽a de desinformaci贸n sobre la situaci贸n en Nicaragua, desde antes del golpe frustrado del 2018, es, hoy en d铆a, una de las expresiones m谩s claras del intervencionismo imperial, tanto de EEUU como desde Europa.

EEUU, al no cumplir la sentencia y al seguir interviniendo directamente en los asuntos internos de Nicaragua y de nuestros pa铆ses en general, muestra una actitud cobarde y todo aquel y toda aquella que le hace el juego al imperialismo yanqui no nos queda otra alternativa que definirlo como una actitud servil, as铆 fue en los a帽os ’80 y as铆 es el d铆a de hoy. De all铆 el t铆tulo de este art铆culo de opini贸n: Ante la hist贸rica sentencia de La Haya: ¿servilismo y cobard铆a o dignidad?

Hacemos m谩s bien un llamado a la gente solidaria y de buena voluntad que analicen a fondo las grandes mentiras divulgadas por las/os enemigas/os de nuestra Revoluci贸n Popular Sandinista. Quienes se prestan a creer y divulgar estas mentiras se arrodillan frente al imperio yanqui, el cual, tanto en los a帽os ’80, como hoy en d铆a, tratar谩n de evitar que pa铆ses como Nicaragua, soberana y digna, se levante con orgullo, construyendo calidad de Vida para todas/os, restituyendo sus derechos humanos fundamentales.

En esta fecha hist贸rica de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, condenamos en茅rgicamente todo tipo de bloqueo de EEUU y la Uni贸n Europea hacia nuestros pa铆ses y nos solidarizamos profundamente con nuestras/os compa帽eras/os de Cuba y de la Rep煤blica Bolivariana de Venezuela.

Desde Nicaragua seguiremos luchando por el cumplimiento de esta sentencia del 27 de junio 1986. Desde Nicaragua seguiremos comprometidas/os en las actividades que nos corresponden, aportando un granito de ma铆z en la construcci贸n de calidad de Vida para nuestro pueblo.


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domingo, 19 de marzo de 2023

Nicaragua. Revoluci贸n y estabilidad.

Por Stephen Sefton

La teor铆a econ贸mica del capitalismo plantea que el mercado libre es el m谩s eficiente sistema socio econ贸mico a pesar de sus ciclos de auge y recesi贸n porque existe una tendencia natural hacia el equilibrio. Adem谩s, dicen los ide贸logos del capitalismo occidental, un buen manejo de parte de los principales bancos centrales permite controlar los desequilibrios y mitigar los riesgos del sistema. Desde la fundaci贸n del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional esta absurda leyenda duraba m谩s de sesenta a帽os antes de explotar junto con el sistema financiero occidental en 2008.

El mas relevante elemento de inestabilidad que el mito de la eficiencia del capitalismo omite es la s谩dica explotaci贸n de las poblaciones del mundo mayoritario. Este es el verdadero sentido de la burda comparaci贸n que hizo el jefe de relaciones exteriores de la Uni贸n Europea el Se帽or Josep Borrell, cuando hizo sus comentarios insultantes pintando los pa铆ses europeos como un jard铆n amurallado entre el salvaje jungla del mundo mayoritario. En verdad, si de Europa se trata la met谩fora m谩s apropiada ser铆a el Castillo de Barba Azul, un cuento que ofrece un simulacro de la esencia del capitalismo.

Una bella mujer se casa con un noble de apariencia extra帽a pero de modos seductores. Le toca al se帽or hacer un viaje. 脡l conf铆a a su nueva esposa la llave m谩gica de una habitaci贸n cerrada pero ordena a ella de no abrirla. La curiosidad la vence. Abre la habitaci贸n y descubre los restos de las anteriores esposas de su marido, brutalmente asesinadas. Ella vuelve a cerrar la habitaci贸n, pero una mancha de sangre marca la llave. Ella no la puede quitar. El marido asesino regresa. Al ver la llave manchada con sangre, se da cuenta de la verdad. Est谩 al punto de cortar en pedazos a su esposa pero justo a tiempo llegan sus hermanos y la rescatan.

El mundo mayoritario ha pasado siglos en el Castillo de Barba Azul de Europa y Estados Unidos y jam谩s nadie vino a rescatarlo. Desde 1945, Estados Unidos ha remodelado el castillo a su gusto, rellenando cada vez m谩s la cantidad de horrores escondidos en las habitaciones asignadas al mundo mayoritario. Es la esencia del capitalismo. Como lo explic贸 nuestro Comandante Daniel en mayo del a帽o pasado, en la 21 Cumbre del ALBA-TCP: “No han parado de practicar la Doctrina Monroe, no han renunciado a la Doctrina Monroe. En nombre de la Democracia lo que hacen es imponer una pol铆tica internacional tir谩nica, imperialista, terrorista,… el Imperialismo no ha cambiado, la esencia del Imperialismo est谩 ah铆, una esencia totalmente criminal.

Sin embargo, las y los dirigentes del capitalismo occidental venden esta esencia criminal como la base fundamental de la estabilidad mundial. Hablan constantemente de un orden global basado en las reglas. La regla n煤mero uno parece ser que nunca se abre la habitaci贸n llena de los cr铆menes del Occidente. Otra regla en el 谩mbito econ贸mico parece ser que no se pregunta por qu茅 es buena la planificaci贸n econ贸mica por el Fondo Monetario Internacional y los bancos centrales al servicio de las elites occidentales pero es mala la planificaci贸n econ贸mica de parte de las naciones soberanas para garantizar el bienestar de sus poblaciones.

El extendido per铆odo de la dominaci贸n neocolonial del d贸lar estadounidense siempre ha impulsado entre los pa铆ses en v铆as de desarrollo un espiral hacia el fondo de la econom铆a internacional. Para poder competir, han tenido que producir en base a sueldos bajos y mantener d茅biles sus tipos de cambio contra el d贸lar. As铆 se pod铆a optimizar las exportaciones para ganar divisas y pagar la deuda externa y las importaciones del petr贸leo, denominadas forzosamente en d贸lares.

Sin embargo, los peri贸dicos crisis econ贸micos occidentales, por ejemplo en la d茅cada de los 1980, disminuy贸 la capacidad de pago de la deuda externa de los pa铆ses empobrecidos lo cual implicaba caer en las llamadas ajustes estructurales de austeridad del Consenso de Washington, Barba Azul. Ahora todav铆a, cuando el mundo mayoritario busca liberarse de la dominaci贸n del d贸lar, se ve c贸mo el FMI promueve la desestabilizaci贸n en pa铆ses desde Pakist谩n a Sri Lanka a Zambia al imponer programas de austeridad que incluyen la cancelaci贸n de importantes proyectos de inversi贸n en infraestructura financiados por China.

En el 谩mbito pol铆tico, entra las reglas occidentales principales es la de permitir las protestas violentas con el fin de derrocar a gobiernos como en Ucrania en 2014, en Venezuela en 2017, en Nicaragua en 2018, Bolivia en 2019 o Georgia este a帽o. En cambio, Occidente puede reprimir las protestas con toda la sa帽a que quiere, como se ha visto en Canad谩 y en varios pa铆ses Europeos, especialmente Francia. Es buena la protesta violenta contra reformas para fortalecer el Seguro Social en Nicaragua pero es mala la protesta violenta contra reformas que perjudican el Seguro Social en Francia.

Otra regla del orden occidental es que es mala la discriminaci贸n en base a raza o religi贸n pero es perfectamente aceptable y respetable reprimir y hasta matar a la gente rusa o rusoparlante o discriminar contra la iglesia ortodoxa leal al Patriarco ruso. As铆 que, en esencia, para Occidente una regla b谩sica es que la democracia y los derechos humanos deben de prevalecer excepto cuando las 茅lites gobernantes occidentales deciden que no conviene. Estos son los rasgos principales de la estabilidad y el orden al estilo capitalista occidental.  

As铆 que, es l贸gico que Estados Unidos y sus aliados atacan a pa铆ses como Cuba, Ir谩n, Nicaragua y Venezuela con la acusaci贸n que estos pa铆ses y sus revoluciones provocan inestabilidad. Para Occidente, la paz, la solidaridad, el amor y cooperaci贸n genuina entre los pueblos desestabiliza su orden mundial basado en la dominaci贸n, la agresi贸n econ贸mica y la guerra. Se acusa a Cuba y Nicaragua de desestabilizar al Caribe y Am茅rica Central, a Venezuela de desestabilizar al Caribe y Am茅rica del Sur, a Ir谩n de desestabilizar todo Asia occidental y el mundo 谩rabe.

De hecho, es completamente al contrario. Las revoluciones de Cuba, Ir谩n, Nicaragua y Venezuela rescataron a sus pueblos de la permanente estado de progresivo empobrecimiento, permanente inestabilidad y constante crisis socio-econ贸mica del capitalismo occidental. Por ese motivo, Estados Unidos y sus aliados se empe帽an en destruirlas. Ir谩n ha contrarrestado las agresiones de Estados Unidos y sus aliados contra Palestina, el L铆bano, Siria y Yemen. El reciente acuerdo entre Arabia Saudita e Ir谩n es un reconocimiento del papel positivo por la paz y la justicia que siempre ha jugado la Revoluci贸n Isl谩mica de Ir谩n.

Lo mismo ha sido el caso de Venezuela con su acercamiento y apertura en relaci贸n a Colombia y su permanente disposici贸n de llegar a un acuerdo con Estados Unidos en base al respeto entre las naciones, igual que Cuba y Nicaragua. Por medio del programa Petrocaribe, Venezuela apoyaba durante muchos a帽os a 19 pa铆ses de la regi贸n manejar los vol谩tiles cambios en el precio internacional del petr贸leo y promover la inversi贸n social y econ贸mica. Cuba ofrece el modelo m谩s avanzado de la solidaridad internacional como amor entre los pueblos, reconocido por todos los pa铆ses del mundo mayoritario. Fue la acci贸n solidaria de Cuba en los a帽os 1980s que forz贸 al Occidente llegar a un acuerdo para terminar las guerras en el sur de 脕frica. La comunidad de naciones caribe帽as CARICOM siempre ha reconocido el papel positivo de Cuba en el desarrollo de la regi贸n.

Nicaragua desde 2007 ha promovido de manera muy activa la armoniosa integraci贸n de la regi贸n por medio del Sistema de Integraci贸n Centroamericana y, m谩s recientemente, la Asociaci贸n de Estados Caribe帽as. Las pol铆ticas de muro de contenci贸n y de coordinaci贸n regional en temas de la seguridad aplicada por el Ej茅rcito Nacional de Nicaragua y su Polic铆a Nacional han contribuido grandemente a disminuir la amenaza en la regi贸n del crimen organizado, del narcotr谩fico y la trata de personas. La coordinaci贸n regional del SINAPRED, el sistema nicarag眉ense para la prevenci贸n y mitigaci贸n de desastres ha sido ejemplar, igual que la cooperaci贸n del pa铆s en las organizaciones regionales de protecci贸n ambiental y de fomento econ贸mico. Quiz谩s el trabajo de la Comisi贸n Trilateral Sobre el Golfo de Fonseca es el ejemplo m谩s destacado del aporte de Nicaragua a la estabilidad de la regi贸n.

Hace un a帽o en una reuni贸n con el compa帽ero Dante Mossi del Banco Centroamericano de Integraci贸n Econ贸mica, el compa帽ero ministro Ivan Acosta coment贸 “las oportunidades est谩n en el Pa铆s, son las condiciones necesarias: Seguridad, Estabilidad Econ贸mica, Estabilidad Social, para garantizar reducir la Pobreza y eliminar la Extrema Pobreza. Ese el compromiso en que el Pa铆s est谩 y se expresa en el Plan Nacional de Lucha contra la Pobreza.”


La incuestionable estabilidad lograda por Nicaragua se debe por encima de todo a la firme coherencia entre el programa revolucionario hist贸rico de 1969 del Frente Sandinista de Liberaci贸n Nacional y sus sucesivos Planes de Desarrollo Humano y Reducci贸n de la Pobreza dirigidos y defendidos por nuestro Presidente Comandante Daniel y Vice Presidenta Rosario. Las elecciones municipales del a帽o pasado demostraron que la gran mayor铆a del pueblo de Nicaragua entiende perfectamente la relaci贸n integral y profunda entre la Revoluci贸n Popular Sandinista y la estabilidad pol铆tica, social y econ贸mica de la naci贸n.

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viernes, 26 de agosto de 2022

Juventud Sandinista 19 de Julio, continuidad de las Juventudes Heroicas y protagonista de todos los tiempos


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“Estamos celebrando todos estos a帽os de aprendizaje, y celebramos tambi茅n que tenemos una Gloriosa Juventud, que es continuidad de las Juventudes Heroicas, Patri贸ticas, que han dado lo mejor de s铆, para que Nicaragua sea como es hoy: Libre, Bendita, Soberana y siempre llena de Amor, de Aspiraciones, de Sue帽os, de Horizontes que vamos alcanzando.

Compa帽era Rosario Murillo, 19 de agosto 2022

El 23 de agosto de 1979, hace 43 a帽os, se fund贸 la Juventud Sandinista 19 de Julio, organizaci贸n vanguardia en la defensa de la Revoluci贸n Popular Sandinista. Esta organizaci贸n incorpor贸 masivamente a los j贸venes que, de manera entusiasta y comprometida, asumieron las tareas de la transformaci贸n revolucionaria en beneficio del pueblo y en sus derechos como j贸venes.

Con el ejemplo de los H茅roes y M谩rtires, con la gu铆a ejemplar del FSLN, con los antecedentes de organizaciones gremiales y juveniles revolucionarias como el CUUN, el FER, la FES y la AES y con el inmenso reto de construir una nueva sociedad, la Juventud Sandinista asumi贸 un rol protag贸nico en la reconstrucci贸n y construcci贸n de la nueva Nicaragua.

El protagonismo juvenil se desarrolla bajo la responsabilidad de los j贸venes de ayer, de hoy y de siempre, irradiados por el compromiso, que dejan los mayores a las nuevas generaciones.

Lo vimos y lo seguimos viendo: la Juventud se vincula directamente con la poblaci贸n m谩s necesitada y ah铆 se fusiona el sentimiento m谩s puro de servir y dar al ser humano la entrega y dedicaci贸n para mejorar la calidad de vida de la poblaci贸n nicarag眉ense.

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La fundaci贸n de la Juventud Sandinista 19 de Julio

“Nosotros fuimos los que impulsamos la producci贸n, levantando las cosechas. Nosotros desarrollamos la defensa de este pa铆s. Desarrollamos todas las tareas que nos daba la revoluci贸n en los ochenta. Y hoy, es la juventud actual la que est谩 desarrollando las tareas en consolidaci贸n de la paz, son los que en momentos de paz nos traen desarrollo, econom铆a, prosperidad […]”

Este testimonio, brindado en el marco del Primer Encuentro Nacional de fundadores de Juventud Sandinista 19 Julio, el 16 de marzo de 2019, nos aclara que un v铆nculo indisoluble une a todas las generaciones del sandinismo.

A menos de un a帽o de su fundaci贸n, el 23 de marzo de 1980, se le asign贸 a la juventud una tarea 茅pica que cumplir: participar activamente en la Cruzada Nacional de la Alfabetizaci贸n. La tarea fue cumplida con entrega y amor; cinco meses m谩s tarde, el 23 de agosto de 1980, se pudo celebrar el 茅xito de haber reducido la tasa de analfabetismo del 50.35 % al 12.96 %.

Posteriormente, siempre en la d茅cada de los ochenta, la Juventud Sandinista 19 de Julio particip贸 activamente, levantando la producci贸n en las 谩reas rurales y defendiendo el proceso revolucionario a costa de la vida, en el marco de la guerra de agresi贸n impuesta por el gobierno de los Estados Unidos.   

Para los noventa, asumiendo el reto planteado por el Comandante Daniel de “gobernar desde abajo”, la juventud sandinista se sum贸 en todas las acciones de defensas de las conquistas revolucionarias.

Luch贸 incansablemente en las calles, a lado de los trabajadores, en contra de las privatizaciones y en defensa del 6% institucional, de la mano con el movimiento estudiantil. Tiempos dif铆ciles para el pueblo nicarag眉ense.

En el 2007, con la segunda etapa de la Revoluci贸n, la Juventud volvi贸 a participar con beligerancia en los planes de gobierno y en los proyectos sociales impulsados en nuestro pa铆s.

Donde se quema una casa, ah铆 est谩 la Juventud Sandinista brindando apoyo, donde se inunda una vivienda, ah铆 est谩 la Juventud Sandinista ayudando, cuando los huracanes ETA y IOTA en 2020, ah铆 estuvo la Juventud Sandinista en primera l铆nea, a la par de las familias damnificadas.

Actualmente, la juventud aporta a la paz y al desarrollo humano de Nicaragua a trav茅s de movimientos como Promotor铆a solidaria, Red de J贸venes Comunicadores, Movimiento Deportivo “Alexis Arg眉ello”, Movimiento Ambientalista “Guardabarranco”, Movimiento Cultural “Leonel Rugama”, FES y UNEN, entre otros.

La juventud siempre ha comprendido la misi贸n que cada momento hist贸rico demanda, con la convicci贸n que est谩 garantizando bienestar al pueblo nicarag眉ense.

Lo m谩s valioso es la disponibilidad, la solidaridad que permite la integraci贸n a las diferentes actividades, la esencia es fortalecer todo lo que se ha conseguido luchando, siempre defendiendo ante los asedios, sin permitir el arrebato de las conquistas obtenidas.

La Juventud es protagonista en todos los tiempos, en todas las batallas.

La Cruzada Nacional de Alfabetizaci贸n, la defensa de la Revoluci贸n, fue la llama que encendi贸 a esta generaci贸n permanentemente joven, como los seres humanos comprometidos, que dejan el m谩s alto valor de compromiso para la juventud de hoy, en la continuidad de las tareas, a la luz de los nuevos tiempos.

El aporte a la Revoluci贸n se exterioriza en cada una de las tareas organizadas en los diferentes movimientos juveniles, que hacen realidad esa atenci贸n integral a la poblaci贸n nicarag眉ense.

Reconociendo lo propio, para defender con fuerza nuestra identidad, reconociendo as铆 nuestra identidad nacional. La juventud tiene la misi贸n permanente de ser protagonista de todos los tiempos, por eso dejo con ustedes, lo expresado por el nuestro insigne historiador, Aldo D铆az Lacayo:

 “El que siente la identidad propia, tiene la capacidad de sentir la identidad local para defender la identidad nacional y por consecuencia tener dignidad nacional”.

Escrito por: Maritza Andino


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lunes, 25 de julio de 2022

¿Est谩 capacitado el Foro Econ贸mico Mundial para evaluar correctamente a Nicaragua?

Por Stephen Sefton

Pocas personas dudan ahora de que los acontecimientos contempor谩neos en todo el mundo apuntan a un declive acelerado de los pa铆ses de Am茅rica del Norte y Europa como l铆deres mundiales en pr谩cticamente cualquier esfera de la actividad humana. El colapso alrededor de todo el mundo en la aceptaci贸n de la vacua autoridad moral y pol铆tica de los Estados Unidos o la Uni贸n Europea es evidente por la negativa de la mayor铆a de los pa铆ses del mundo mayoritario a apoyar las ilegales medidas coercitivas dirigidas por los Estados Unidos y sus aliados contra la Federaci贸n de Rusia. Puede ser que el mundo sigue amenazado por las p谩lidas sombras del antiguo dominio imperialista, pero 茅stas est谩n siendo desplazadas r谩pidamente por los sue帽os vibrantes y las nuevas perspectivas de esperanza que r谩pidamente est谩n tomando forma y llegando a ser realidad.
En este contexto incierto, cuando aparece un informe como el del Foro Econ贸mico Mundial de este a帽o sobre la Brecha de G茅nero Global, las personas que viven en el mundo mayoritario naturalmente echan un vistazo a sus principios subyacentes, su visi贸n moral y sus suposiciones fundamentales. Esto es especialmente cierto en el caso de pa铆ses como Cuba, Nicaragua y Venezuela, u otros pa铆ses de todo el mundo, que est谩n siendo atacados de manera similar por las mismas 茅lites corporativas y pol铆ticas occidentales que controlan el propio Foro Econ贸mico Mundial. Una caracter铆stica importante del informe del FEM es su dependencia de los datos y presupuestos de diversas instituciones y organizaciones occidentales financiados por gobiernos o grandes intereses empresariales. Sin embargo, a pesar de este contexto aparentemente desfavorable, el informe del FEM s铆 reconoce los tremendos avances en igualdad para las mujeres en Nicaragua, como se resume en el gr谩fico.
La escritora y trabajadora de salud comunitaria, Becca Mohally Renk, ha analizado en detalle para la red norteamericana de solidaridad con Nicaragua los resultados de este informe del FEM. Ella se帽ala que Nicaragua es l铆der en igualdad de g茅nero en t茅rminos de los logros educativos y ocupa el quinto lugar en el mundo en t茅rminos de empoderamiento pol铆tico. Becca tambi茅n podr铆a haber agregado que Nicaragua est谩 a solo 0,002 puntos del primer lugar en el 铆ndice de Salud y Supervivencia del FEM. En relaci贸n con ese logro, Becca se帽ala que aunque se informa que poco m谩s del 30% de las mujeres nicarag眉enses se casan j贸venes, el FEM informa que la edad promedio de las mujeres cuando que tienen su primer hijo es ahora un poco menos de 27 a帽os, mientras que la tasa de fertilidad total (nacimientos por mujer) se informa que es de 2,38.
Adem谩s, el informe ubica a Nicaragua en el primer lugar de igualdad de g茅nero para
- trabajadoras profesionales y t茅cnicas
- tasa de alfabetizaci贸n de las mujeres
- matriculaci贸n de mujeres en la ense帽anza terciaria
- mujeres en el parlamento
- mujeres en puestos ministeriales (gabinete)
Becca tambi茅n explic贸 en sus notas para la red de solidaridad que, de acuerdo con el informe del FEM Nicaragua de igual forma ha logrado la igualdad de derechos o casi la igualdad de derechos en las siguientes 谩reas:
- acceso a la justicia
- acceso a los servicios financieros
- acceso a los activos de la tierra
- acceso a activos no terrestres
- derechos de herencia para viudas e hijas
- libertad de circulaci贸n
- derecho al divorcio
En general, los datos del FEM reflejan de manera positiva a Nicaragua, aunque se podr铆a objetar que, por ejemplo, que el informe omite los logros del pa铆s en otras 谩reas relevantes para la igualdad de las mujeres, como la formaci贸n profesional y t茅cnica gratuita, una mayor disponibilidad de agua potable o el apoyo con comidas escolares y suministros escolares gratuitos para las y los ni帽os que asisten a la escuela preescolar y primaria. Empero el informe tiene dos fallas fundamentales en t茅rminos de dar cuenta de manera adecuada como un relato narrativo y estad铆stico de la igualdad de las mujeres en el pa铆s.
En primer lugar, deja en el aire la pregunta de c贸mo Nicaragua, dada su historia como pa铆s, podr铆a haber logrado una igualdad de g茅nero tan sorprendentemente impresionante.
La econom铆a y la sociedad de Nicaragua se est谩n recuperando del legado del colonialismo genocida espa帽ol, seguido de m谩s de 170 a帽os de repetidas intervenciones militares de Estados Unidos y una dictadura promovida por Estados Unidos, una d茅cada de guerra contrarrevolucionaria fomentada por Estados Unidos, 17 a帽os de subdesarrollo deliberado neoliberal y luego la destrucci贸n econ贸mica al por mayor infligida por el fallido intento de golpe de Estado de 2018. Ahora, el pa铆s tambi茅n se est谩 recuperando de los efectos de las medidas globales implementadas para enfrentar el Covid-19 y los da帽inos efectos econ贸micos globales de las medidas coercitivas ilegales de Occidente contra la Federaci贸n de Rusia.
Una segunda falla es que el informe del FEM utiliza supuestos esencialmente neocoloniales de los pa铆ses ricos sobre c贸mo funciona realmente la econom铆a de Nicaragua. La econom铆a de Nicaragua tiene poco en com煤n con una econom铆a occidental avanzada basada principalmente en el empleo formal y salarios relativamente altos. Nicaragua es una econom铆a de inspiraci贸n socialista con m谩s del 70% de su econom铆a basada en el sector familiar, cooperativo y asociativo, a menudo llamado econom铆a popular. Es esta econom铆a popular que ha permitido a Nicaragua ser pr谩cticamente autosuficiente en la producci贸n sostenible de alimentos sanos.
Adem谩s, Nicaragua cuenta con la mejor infraestructura de salud p煤blica de Centroam茅rica. La atenci贸n de salud p煤blica es gratuita. La educaci贸n es gratuita, incluida la educaci贸n t茅cnica vocacional. los hogares de bajos ingresos reciben subsidios para sus facturas de electricidad. Los gastos de transporte p煤blico est谩n subvencionados. Hay becas universitarias disponibles para estudiantes de bajos ingresos. Las y los ni帽os en edad preescolar y primaria reciben una merienda escolar gratis y apoyo con los 煤tiles escolares.
El 99% del pa铆s tiene electricidad, de la cual hasta el 70% se genera en base a fuentes renovables. El sistema de carreteras de Nicaragua se valora entre los mejores de Am茅rica Latina. Nicaragua se encuentra entre los pa铆ses m谩s seguros de Am茅rica Latina y el Caribe. y entre las econom铆as m谩s din谩micas de Am茅rica Latina, con un crecimiento actual de alrededor del 5,5%. Todas estas caracter铆sticas econ贸micas tienen una importante dimensi贸n de g茅nero, la cual apenas se refleja adecuadamente en el informe del Foro Econ贸mico Mundial.
Por lo tanto, el informe sobre la Brecha Global de g茅nero del FEM evade reconocer lo que implica todos estos detalles de la estructura social y econ贸mica de Nicaragua para la promoci贸n de la igualdad de las mujeres. Y esa evasi贸n en s铆 misma deja abierta la pregunta de c贸mo Nicaragua ha logrado superar su historia de agresi贸n imperialista en su contra para poder defender los derechos y la igualdad de las mujeres mejor que otras naciones mucho m谩s ricas y econ贸micamente m谩s avanzadas. De hecho, este a帽o Nicaragua dar谩 la respuesta n煤mero 43 a esa pregunta cuando su pueblo celebre el 43 Aniversario del Triunfo de la Revoluci贸n Popular Sandinista el 19 de julio de 1979.
Esa victoria se produjo apenas diez a帽os despu茅s de la publicaci贸n del hist贸rico programa revolucionario de 1969, que se declar贸 expl铆citamente para la emancipaci贸n y la igualdad de la mujer como uno de sus principales objetivos. Estados Unidos trat贸 de sofocar ese programa con una d茅cada de guerra contrarrevolucionaria y luego a帽adi贸 por encima de ese brutal ataque militar y econ贸mico otros 17 a帽os de destrucci贸n sistem谩tica neoliberal. A pesar de todos sus esfuerzos, Estados Unidos y sus aliados nunca lograron destruir la Revoluci贸n Sandinista.
Desde enero de 2007, el programa revolucionario original del FSLN se ha hecho realidad, llevado a cabo por el Frente Sandinista de Liberaci贸n Nacional. Dirigida por el Comandante Daniel Ortega y la Compa帽era Rosario Murillo, la Revoluci贸n Nicarag眉ense ha rescatado la igualdad de las mujeres del feudal callej贸n sin salida de una cultura pol铆tica basado en la identidad la cual siembra la divisi贸n social y cultural al servicio de los intereses de clase de las 茅lites gobernantes occidentales.
Nuestro Comandante Daniel y nuestra Compa帽era Rosario con los gobiernos del FSLN han devuelto el pleno significado a los derechos de las mujeres en t茅rminos de justicia de clase. Es por ese motivo que Nicaragua ha logrado reivindicar su historia y sus principios revolucionarios al liderar la lucha por los derechos de las mujeres en Am茅rica Latina y el Caribe. Pero eso nunca lo aprender谩s de los informes del Foro Econ贸mico Mundial.

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viernes, 24 de junio de 2022

Miguel d’Escoto y la reinvenci贸n de la ONU: una propuesta sandinista para democratizar el mundo

Por Javier Huerta

Cuando una propuesta de 2011 vuelve a interpelar al mundo en 2022 

En 2011, Miguel d’Escoto Brockmann puso por escrito una propuesta que, lejos de limitarse a reclamar algunos cambios en la composici贸n del Consejo de Seguridad, planteaba una transformaci贸n mucho m谩s profunda de Naciones Unidas. Bajo el t铆tulo La reinvenci贸n de la ONU: una propuesta, el excanciller nicarag眉ense y expresidente de la Asamblea General defend铆a la necesidad de revisar las propias bases sobre las que se hab铆a construido el sistema multilateral despu茅s de la Segunda Guerra Mundial. Para d’Escoto, el problema no pod铆a reducirse a incorporar algunos nuevos Estados al Consejo de Seguridad ni a modificar parcialmente el reparto de sus puestos: era necesario abordar la concentraci贸n del poder internacional, recuperar el papel democr谩tico de la Asamblea General y construir unas Naciones Unidas capaces de responder a los grandes desaf铆os de un mundo que hab铆a cambiado profundamente desde 1945.

M谩s de una d茅cada despu茅s, en junio de 2022, aquella propuesta volvi贸 a ocupar un espacio en el debate acad茅mico e institucional en Nicaragua. La Universidad Nacional Aut贸noma de Nicaragua, Managua (UNAN-Managua) organiz贸 un homenaje a Miguel d’Escoto Brockmann en el que especialistas abordaron nuevamente su pensamiento y, entre los temas tratados, la denominada “Propuesta para la Reinvenci贸n de las Naciones Unidas”. El hecho de que un proyecto formulado en 2011 volviera a ser objeto de discusi贸n once a帽os despu茅s resulta significativo, especialmente en un escenario internacional marcado por profundas disputas geopol铆ticas, crisis econ贸micas, conflictos armados, desigualdades crecientes y una creciente discusi贸n sobre la capacidad real de las instituciones multilaterales para afrontar problemas que afectan al conjunto de la humanidad.

No se trata, por tanto, de recuperar el texto de d’Escoto 煤nicamente como un documento hist贸rico. Su propuesta permite volver a examinar una cuesti贸n que contin煤a abierta: ¿hasta qu茅 punto la estructura actual de Naciones Unidas responde al mundo existente y no al equilibrio de fuerzas de 1945? La propia ONU ha reconocido en diferentes momentos la necesidad de reformar sus 贸rganos y revitalizar la Asamblea General, mientras que los debates sobre la representaci贸n, la legitimidad y el funcionamiento del Consejo de Seguridad contin煤an formando parte de la agenda internacional. En ese contexto, las ideas de d’Escoto adquieren una dimensi贸n que trasciende su momento hist贸rico y permiten analizar desde otra perspectiva el problema de fondo: qui茅n tiene capacidad efectiva para tomar decisiones cuando est谩n en juego cuestiones que afectan a todos los pueblos.

La propuesta de d’Escoto part铆a de una premisa pol铆tica y jur铆dica especialmente relevante: la existencia de Naciones Unidas no garantiza por s铆 misma un orden internacional democr谩tico. La igualdad formal entre los Estados —un pa铆s, un voto en la Asamblea General— convive con una distribuci贸n profundamente desigual de las capacidades de decisi贸n dentro de la propia organizaci贸n. Su planteamiento buscaba precisamente intervenir sobre esa contradicci贸n, otorgando a la Asamblea General una autoridad mucho mayor y sometiendo los principales 贸rganos de Naciones Unidas a una estructura de mayor representaci贸n y rendici贸n de cuentas.

A once a帽os de la presentaci贸n de aquella propuesta y en un momento en que volv铆a a ser objeto de debate en Nicaragua, resulta pertinente recuperar sus principales planteamientos, situarlos en el contexto pol铆tico en el que fueron formulados y analizar qu茅 significaba realmente aquella llamada a “reinventar” las Naciones Unidas. No como una respuesta cerrada a todos los problemas del sistema internacional, sino como una propuesta pol铆tica e institucional que cuestionaba directamente la arquitectura del poder mundial.

Es desde esta perspectiva realizo este an谩lisis de la propuesta de Miguel d’Escoto Brockmann:

La necesaria Reinvenci贸n de la ONU

Hay instituciones que envejecen sin que nadie se atreva a discutir seriamente las razones de su agotamiento. Se mantienen en pie porque fueron levantadas sobre acontecimientos hist贸ricos de enorme trascendencia y porque alrededor de ellas se ha construido durante d茅cadas un entramado de intereses pol铆ticos, econ贸micos y diplom谩ticos que hace que cualquier intento de transformaci贸n parezca demasiado dif铆cil. Naciones Unidas pertenece, en buena medida, a esa categor铆a. Naci贸 en 1945, despu茅s de la mayor cat谩strofe b茅lica conocida hasta entonces, con la pretensi贸n de impedir que las guerras mundiales volvieran a repetirse y de establecer un sistema de seguridad colectiva basado en unas reglas aceptadas por los Estados. Pero aquella organizaci贸n naci贸 tambi茅n de una correlaci贸n de fuerzas determinada: la Segunda Guerra Mundial hab铆a terminado y cinco potencias vencedoras —Estados Unidos, Uni贸n Sovi茅tica, Reino Unido, Francia y China— quedaron instaladas como miembros permanentes del Consejo de Seguridad, con un privilegio que contin煤a hasta nuestros d铆as. Ocho d茅cadas despu茅s, el mundo ya no es aquel de 1945. Se desintegraron los imperios coloniales, surgieron decenas de nuevos Estados independientes, Am茅rica Latina consolid贸 su propia tradici贸n de defensa de la soberan铆a, 脕frica y Asia se convirtieron en actores fundamentales del sistema internacional y nuevas potencias econ贸micas y pol铆ticas alteraron profundamente el equilibrio mundial. Sin embargo, una parte esencial de la arquitectura institucional contin煤a respondiendo a aquel momento hist贸rico. Esa contradicci贸n estuvo en el centro del pensamiento de un nicarag眉ense que conoc铆a de primera mano las relaciones entre poder, soberan铆a y derecho internacional: el padre Miguel d’Escoto Brockmann.

D’Escoto no lleg贸 a las Naciones Unidas desde la diplomacia tradicional. Sacerdote de la Congregaci贸n Maryknoll, vinculado a la teolog铆a de la liberaci贸n, dirigente de la Revoluci贸n Popular Sandinista y ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua durante m谩s de diez a帽os, entre 1979 y 1990, hab铆a vivido en primera persona la confrontaci贸n entre un peque帽o pa铆s latinoamericano que defend铆a su derecho a decidir su propio destino y una superpotencia que pretend铆a conservar su capacidad de intervenci贸n sobre Centroam茅rica. Como canciller de la Nicaragua sandinista particip贸 en los procesos de paz de Contadora y Esquipulas y tuvo un papel destacado en la decisi贸n de llevar a Estados Unidos ante la Corte Internacional de Justicia en 1984 por su apoyo a las actividades militares y paramilitares contra Nicaragua. La Corte fall贸 posteriormente a favor de Nicaragua. Aquella experiencia resulta esencial para comprender su posterior visi贸n de Naciones Unidas: para d’Escoto, el derecho internacional no pod铆a reducirse a declaraciones solemnes mientras los Estados m谩s poderosos conservaran la capacidad material de imponer sus intereses por encima de las normas que formalmente deb铆an regir a todos. La cuesti贸n de fondo no era solamente jur铆dica. Era una cuesti贸n de poder.

Cuando el 4 de junio de 2008 fue elegido presidente del 63.潞 per铆odo de sesiones de la Asamblea General, d’Escoto lleg贸 a Nueva York con una idea que pronto se convirti贸 en el eje pol铆tico de su presidencia: democratizar las Naciones Unidas. No conceb铆a la Asamblea General como un escenario destinado a escuchar discursos una vez al a帽o, sino como el espacio en el que deb铆a expresarse la voluntad pol铆tica del conjunto de los Estados miembros. En noviembre de aquel a帽o fue extraordinariamente expl铆cito al afirmar que la democratizaci贸n de Naciones Unidas constitu铆a la prioridad de su presidencia y que era necesario devolver a la Asamblea General la autoridad que, a su juicio, le correspond铆a como 贸rgano m谩s representativo de la organizaci贸n. El problema que se帽alaba era una contradicci贸n evidente: cada Estado ten铆a un voto en la Asamblea, pero la capacidad efectiva para tomar determinadas decisiones fundamentales estaba concentrada en 贸rganos cuya estructura otorgaba un poder extraordinario a una minor铆a.

Esta contradicci贸n se hac铆a especialmente visible en el Consejo de Seguridad. D’Escoto consideraba que la estructura existente no respond铆a ya a la realidad del planeta y, durante el debate de 2008, lleg贸 a definir el Consejo como “fuera de 茅poca” y “alejado de la realidad”, reclamando una reforma que lo hiciera m谩s representativo y responsable ante el conjunto de los Estados miembros. Pero lo verdaderamente interesante de su planteamiento es que no reduc铆a el problema a una cuesti贸n de distribuci贸n geogr谩fica. No se trataba simplemente de conceder un asiento permanente a India, Brasil, un pa铆s africano o cualquier otra potencia emergente para que el viejo mecanismo continuara funcionando con nuevos protagonistas. Su cr铆tica iba mucho m谩s lejos: cuestionaba que una organizaci贸n que se presenta como expresi贸n del multilateralismo universal mantenga en su centro de poder una estructura que reserva a cinco Estados una posici贸n privilegiada y un instrumento capaz de bloquear decisiones del Consejo de Seguridad.

Ah铆 comienza a comprenderse la dimensi贸n pol铆tica de su propuesta. La cuesti贸n no era 煤nicamente qui茅n deb铆a sentarse en la mesa, sino qui茅n ten铆a derecho a decidir sobre la mesa. D’Escoto entend铆a que el problema de Naciones Unidas no pod铆a solucionarse exclusivamente ampliando el n煤mero de miembros del Consejo de Seguridad si no se modificaba al mismo tiempo la relaci贸n de poder entre la Asamblea General y ese Consejo. Durante su presidencia defendi贸 que la Asamblea deb铆a recuperar plenamente su papel como 贸rgano deliberativo, representativo y normativo y que era necesario restablecer el equilibrio entre los principales 贸rganos de la organizaci贸n. Cuando hablaba de democratizaci贸n, por tanto, no estaba empleando la palabra como una f贸rmula diplom谩tica. Estaba planteando una redistribuci贸n del poder institucional.

La experiencia hist贸rica de las 煤ltimas d茅cadas permite comprender por qu茅 esa cuesti贸n contin煤a siendo tan inc贸moda. El Consejo de Seguridad puede adoptar decisiones vinculantes, mientras que buena parte de las resoluciones de la Asamblea General expresan la posici贸n pol铆tica de la mayor铆a de los Estados pero no tienen el mismo car谩cter obligatorio. El resultado es una paradoja: el 贸rgano m谩s representativo no es necesariamente el que dispone de mayor capacidad para imponer decisiones, mientras que un 贸rgano mucho m谩s reducido concentra competencias decisivas en materia de paz y seguridad. Y dentro de ese 贸rgano reducido cinco potencias conservan el derecho de veto. Desde una perspectiva de izquierda, la cuesti贸n puede formularse de manera todav铆a m谩s directa: la desigualdad pol铆tica internacional no desaparece porque todos los Estados tengan formalmente soberan铆a jur铆dica si las estructuras institucionales contin煤an reproduciendo una jerarqu铆a material del poder.

D’Escoto llev贸 esta reflexi贸n mucho m谩s lejos despu茅s de abandonar la presidencia de la Asamblea General. En 2011 present贸 en Managua La reinvenci贸n de la ONU: una propuesta, un documento que no planteaba una simple reforma administrativa, sino una transformaci贸n mucho m谩s profunda de la arquitectura internacional. El proyecto inclu铆a una propuesta de nueva Carta de Naciones Unidas, reformas al funcionamiento de la Corte Internacional de Justicia, un proyecto de Tribunal Internacional de Justicia Clim谩tica y Protecci贸n Ambiental y una Declaraci贸n Universal del Bien Com煤n de la Madre Tierra y de la Humanidad. La amplitud del planteamiento demuestra que su preocupaci贸n nunca fue exclusivamente el funcionamiento del Consejo de Seguridad: lo que estaba cuestionando era el modelo de gobernanza internacional en su conjunto.

En esa propuesta aparece una de las ideas centrales de su pensamiento: la Asamblea General deb铆a convertirse en el verdadero centro pol铆tico de Naciones Unidas. El proyecto atribu铆a a la Asamblea un papel institucional superior y planteaba que fuera ella quien eligiera a los miembros del Consejo de Seguridad, al secretario general y a los magistrados de la Corte Internacional de Justicia, entre otros cargos. El Consejo dejar铆a de funcionar como un espacio dominado por una categor铆a de miembros permanentes y pasar铆a a estar integrado por Estados elegidos por la Asamblea, con una distribuci贸n regional. El sentido pol铆tico de esta arquitectura era evidente: sustituir una parte sustancial de los privilegios heredados de 1945 por una representaci贸n basada en el conjunto de los Estados miembros.

La propuesta contemplaba un Consejo de Seguridad de 24 miembros, elegidos por la Asamblea General y distribuidos entre las diferentes regiones del mundo. Los mandatos ser铆an limitados y desaparecer铆a la categor铆a de miembros permanentes tal como existe actualmente. El cambio no era menor. Significaba cuestionar el principio mismo de que determinados Estados pudieran disponer de un privilegio institucional permanente por haber sido las grandes potencias vencedoras de una guerra ocurrida varias generaciones atr谩s. D’Escoto entend铆a que la legitimidad del sistema internacional no pod铆a descansar eternamente sobre una fotograf铆a congelada de 1945 mientras la composici贸n pol铆tica, econ贸mica y demogr谩fica del planeta se hab铆a transformado radicalmente.

Pero aqu铆 conviene hacer una precisi贸n importante. Presentar su propuesta simplemente como una defensa de “quitar el veto” ser铆a empobrecerla. El veto era solamente una manifestaci贸n de un problema mayor: la concentraci贸n del poder internacional. Lo que pretend铆a era construir una arquitectura en la que el Consejo de Seguridad estuviera pol铆ticamente subordinado al 贸rgano que representa al conjunto de los Estados y en la que la Asamblea pudiera ejercer mecanismos efectivos de control. Su concepci贸n de la reforma part铆a de una idea democr谩tica: los 贸rganos que ejercen poder en nombre de la comunidad internacional deben responder ante esa comunidad internacional y no convertirse en espacios aut贸nomos dominados por las potencias que poseen mayor capacidad militar o econ贸mica.

La importancia de esta cuesti贸n puede apreciarse incluso en el lenguaje utilizado por el propio d’Escoto durante su presidencia. En noviembre de 2008 defendi贸 que la reforma del Consejo deb铆a convertirlo en un 贸rgano con legitimidad para actuar en nombre de todos los Estados miembros y reclam贸 que rindiera cuentas ante la Asamblea. Al mismo tiempo, defendi贸 una revitalizaci贸n de la propia Asamblea General. Para 茅l, ambas reformas formaban parte de un mismo proceso: no ten铆a sentido ampliar o modificar el Consejo si la Asamblea continuaba pol铆ticamente debilitada. La transformaci贸n deb铆a producirse “desde dentro”, modificando la relaci贸n entre los 贸rganos y no simplemente la apariencia externa de la organizaci贸n.

Este planteamiento adquiere todav铆a mayor relevancia cuando se observa el contexto en que d’Escoto ejerci贸 su presidencia. El mundo atravesaba en 2008 una crisis financiera que cuestion贸 muchos de los dogmas del neoliberalismo dominante. El sistema financiero internacional se tambaleaba, millones de personas comenzaban a sufrir las consecuencias sociales de una crisis originada en los grandes centros econ贸micos y las desigualdades acumuladas durante d茅cadas quedaban nuevamente expuestas. En su discurso de cierre del debate general de septiembre de 2008, d’Escoto describi贸 el sistema econ贸mico mundial como profundamente defectuoso y vincul贸 la crisis financiera con la necesidad de introducir cambios en la gobernanza global. Para un an谩lisis de izquierda, esta dimensi贸n resulta fundamental: la crisis de la ONU no puede separarse de la crisis de un sistema econ贸mico internacional en el que las decisiones que afectan a millones de personas est谩n fuertemente condicionadas por instituciones financieras y mercados cuya estructura de representaci贸n no coincide con el principio de igualdad soberana proclamado en Naciones Unidas.

De esta manera, la propuesta de d’Escoto rompe con una concepci贸n estrecha del multilateralismo. No se conforma con que los Estados se sienten juntos alrededor de una mesa. Pregunta qui茅n controla la mesa, qui茅n fija las reglas y qu茅 intereses terminan imponi茅ndose cuando las relaciones de fuerza entre los participantes son radicalmente desiguales. El problema es especialmente evidente para los pa铆ses del Sur Global. Durante d茅cadas, numerosos Estados conquistaron formalmente su independencia pol铆tica mientras continuaban dependiendo econ贸micamente de los antiguos centros coloniales o de nuevas estructuras financieras y comerciales. La descolonizaci贸n pol铆tica no siempre estuvo acompa帽ada por una verdadera emancipaci贸n econ贸mica. En ese sentido, la democratizaci贸n de Naciones Unidas que propon铆a d’Escoto formaba parte de una cuesti贸n mucho m谩s amplia: la lucha por democratizar las relaciones internacionales.

Por eso su propuesta institucional estaba acompa帽ada por una cr铆tica al modelo econ贸mico y por una concepci贸n ecol贸gica que, para la 茅poca en que fue formulada, resultaba especialmente avanzada. D’Escoto no consideraba el deterioro ambiental como un asunto secundario dentro de la agenda internacional. Lo vinculaba directamente con el modelo de desarrollo dominante y con una l贸gica econ贸mica que transforma la naturaleza en mercanc铆a y coloca la rentabilidad por encima de los l铆mites ecol贸gicos. De ah铆 que su propuesta incorporara una Declaraci贸n Universal del Bien Com煤n de la Madre Tierra y de la Humanidad, inspirada en buena medida en los debates latinoamericanos sobre los derechos de la naturaleza y en la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Clim谩tico y los Derechos de la Madre Tierra celebrada en Cochabamba en 2010. El planteamiento buscaba superar una concepci贸n puramente antropoc茅ntrica de los derechos y establecer una relaci贸n entre justicia social, protecci贸n ambiental y supervivencia colectiva.

La creaci贸n de un Tribunal Internacional de Justicia Clim谩tica y Protecci贸n Ambiental formaba parte de esa misma l贸gica. D’Escoto consideraba insuficiente que los Estados realizaran declaraciones sobre el cambio clim谩tico mientras no existieran mecanismos jur铆dicos capaces de establecer responsabilidades frente a determinados da帽os ambientales. El tribunal propuesto pretend铆a introducir una dimensi贸n judicial en la protecci贸n internacional del medio ambiente y ampliar la capacidad de Naciones Unidas para actuar ante da帽os graves contra los ecosistemas. La propuesta incorporaba adem谩s la cuesti贸n del ecocidio y situaba la protecci贸n de la Tierra dentro de una concepci贸n m谩s amplia de justicia internacional.

Esta dimensi贸n ambiental no debe separarse de su cr铆tica al capitalismo. D’Escoto entend铆a que la crisis ecol贸gica y la desigualdad social estaban relacionadas con una misma l贸gica de apropiaci贸n. Cuando la naturaleza se convierte exclusivamente en fuente de materias primas, cuando el agua, la tierra, los bosques o los minerales son tratados fundamentalmente como activos econ贸micos y cuando los costes ambientales recaen sobre poblaciones que no son las principales beneficiarias de la riqueza generada, la crisis ecol贸gica se convierte tambi茅n en una cuesti贸n de clase y de poder internacional. Su propuesta intentaba trasladar esa preocupaci贸n al coraz贸n mismo de Naciones Unidas, algo que hoy, en plena disputa mundial por los recursos estrat茅gicos y la transici贸n energ茅tica, adquiere una dimensi贸n geopol铆tica todav铆a mayor.

Lo mismo puede decirse de su defensa del conocimiento y de determinados bienes esenciales para la humanidad. La propuesta de d’Escoto cuestionaba que aquello que resulta imprescindible para la supervivencia colectiva pudiera quedar sometido sin l铆mites a la l贸gica de la apropiaci贸n privada. Su concepci贸n del bien com煤n ampliaba as铆 el campo de la discusi贸n: no se trataba solamente de distribuir mejor la riqueza producida por el sistema, sino de preguntarse qu茅 bienes deben quedar fuera de una l贸gica puramente mercantil. En un mundo en el que la tecnolog铆a, los datos, los minerales estrat茅gicos, el agua, las semillas y el conocimiento cient铆fico se han convertido en elementos centrales de la competencia geopol铆tica, aquella reflexi贸n resulta especialmente significativa.

Tambi茅n resulta revelador que la propuesta de d’Escoto intentara abrir las puertas de Naciones Unidas a actores sociales que normalmente permanecen alejados de sus centros de decisi贸n. El proyecto contemplaba, entre otras medidas, una relaci贸n institucional m谩s estrecha con organizaciones sociales y otorgaba un papel espec铆fico a movimientos campesinos. La idea de fondo era coherente con su concepci贸n de democracia internacional: si las decisiones adoptadas en los organismos internacionales tienen consecuencias directas sobre trabajadores, campesinos, pueblos ind铆genas y comunidades enteras, no parece suficiente que la democracia internacional se limite exclusivamente a las relaciones entre gobiernos. La soberan铆a popular deber铆a encontrar tambi茅n espacios dentro de las instituciones multilaterales.

Esta concepci贸n tiene profundas ra铆ces en la experiencia latinoamericana y, particularmente, en la tradici贸n pol铆tica de la Revoluci贸n Popular Sandinista. La Nicaragua de los a帽os ochenta convirti贸 la defensa de la soberan铆a, la autodeterminaci贸n y el derecho internacional en elementos centrales de su pol铆tica exterior, precisamente porque hab铆a experimentado de forma directa la intervenci贸n de una gran potencia. El litigio ante la Corte Internacional de Justicia contra Estados Unidos no fue una cuesti贸n meramente jur铆dica: represent贸 la apuesta de un peque帽o Estado por utilizar una instituci贸n internacional para enfrentar a una potencia militar infinitamente superior. D’Escoto conoc铆a, por tanto, la distancia que puede existir entre la igualdad jur铆dica proclamada por el derecho internacional y la desigualdad material existente entre los Estados.

Desde esa experiencia puede comprenderse mejor su desconfianza hacia la idea de una comunidad internacional gobernada 煤nicamente por las grandes potencias. Para d’Escoto, el multilateralismo ten铆a sentido precisamente si permit铆a a los pa铆ses peque帽os y medianos disponer de instrumentos para defender sus derechos frente a los m谩s poderosos. Si Naciones Unidas se limita a reproducir las relaciones de fuerza existentes fuera de ella, pierde buena parte de su raz贸n de ser. El derecho internacional solo puede convertirse en una herramienta de paz si existe una arquitectura institucional capaz de aplicarlo sin establecer una doble vara de medir seg煤n el poder pol铆tico, econ贸mico o militar del Estado implicado.

Y aqu铆 aparece una de las cuestiones m谩s inc贸modas de su propuesta: la relaci贸n entre derecho y poder. La historia contempor谩nea ha demostrado en numerosas ocasiones que una resoluci贸n internacional puede existir sobre el papel y, sin embargo, encontrar enormes dificultades para ser aplicada cuando afecta a los intereses de una gran potencia. D’Escoto conoc铆a esa realidad por la experiencia de Nicaragua y por ello no se conformaba con reclamar m谩s declaraciones. Su propuesta intentaba reforzar las instituciones capaces de convertir el derecho internacional en una herramienta efectiva. El problema que se帽alaba sigue siendo esencial: sin mecanismos de aplicaci贸n, el derecho corre el riesgo de convertirse en una norma que pesa de manera diferente dependiendo de qui茅n la infrinja.

Desde esta perspectiva, la propuesta de d’Escoto tambi茅n puede leerse como una cr铆tica temprana a la idea de que el orden internacional liberal construido despu茅s de la Segunda Guerra Mundial sea necesariamente equivalente a un orden democr谩tico. Naciones Unidas naci贸 con una enorme promesa universalista, pero su estructura nunca estuvo separada de las relaciones de poder de las grandes potencias. El Consejo de Seguridad es probablemente la expresi贸n m谩s evidente de esa contradicci贸n. No es una anomal铆a accidental que pueda explicarse 煤nicamente por errores de dise帽o; es el resultado de una decisi贸n pol铆tica adoptada en 1945 para garantizar que las principales potencias vencedoras aceptaran formar parte del sistema de seguridad colectiva. El problema es que aquella soluci贸n hist贸rica termin贸 convirti茅ndose en una estructura permanente de privilegio.

Por eso la propuesta de d’Escoto puede resultar inc贸moda incluso hoy. Obliga a distinguir entre multilateralismo y democratizaci贸n. No todo sistema multilateral es necesariamente democr谩tico. Los Estados pueden reunirse, negociar y alcanzar acuerdos y, al mismo tiempo, conservarse enormes desigualdades en la capacidad efectiva de decisi贸n. La verdadera democratizaci贸n internacional exige algo m谩s: que el poder institucional pueda ser sometido a mecanismos de representaci贸n, control y rendici贸n de cuentas.

Naturalmente, tambi茅n es necesario se帽alar los l铆mites de la propuesta. Pretender modificar la Carta de Naciones Unidas hasta eliminar la categor铆a de miembros permanentes y trasladar una parte sustancial del poder del Consejo de Seguridad a la Asamblea General no es una reforma sencilla. Los Estados que poseen actualmente posiciones privilegiadas dentro del sistema dif铆cilmente aceptar铆an de manera voluntaria una reducci贸n de sus prerrogativas. Y aqu铆 aparece una contradicci贸n que d’Escoto conoc铆a perfectamente: las mismas estructuras que deber铆an ser reformadas son las que concentran buena parte de la capacidad necesaria para bloquear la reforma. No basta, por tanto, con demostrar que un sistema es injusto para conseguir transformarlo. Hace falta una correlaci贸n de fuerzas internacional capaz de hacerlo posible.

Tampoco ser铆a correcto convertir hoy la propuesta de d’Escoto en una especie de programa cerrado que deba aceptarse 铆ntegramente. Algunas de sus soluciones necesitar铆an ser revisadas a la luz de la evoluci贸n del mundo durante los 煤ltimos quince a帽os. La tecnolog铆a, la inteligencia artificial, la transformaci贸n de las cadenas productivas, el ascenso econ贸mico de China, la aparici贸n de nuevas alianzas internacionales y la crisis clim谩tica han cambiado todav铆a m谩s el escenario. Pero precisamente por eso merece la pena regresar a su propuesta. No porque todas sus respuestas contin煤en siendo suficientes, sino porque sus preguntas se han vuelto todav铆a m谩s importantes.

Cuando d’Escoto termin贸 su presidencia de la Asamblea General en septiembre de 2009, dej贸 constancia de su convencimiento de que Naciones Unidas atravesaba una crisis profunda y de que las instituciones creadas en San Francisco estaban mostrando signos de agotamiento. Vincul贸 esa crisis tanto a la gobernanza pol铆tica como a la econ贸mica y defendi贸 la democratizaci贸n de la organizaci贸n, la revitalizaci贸n de la Asamblea General, la eliminaci贸n de las armas nucleares, la lucha contra la pobreza y el hambre, la protecci贸n del medio ambiente y la defensa del acceso universal a derechos b谩sicos. No estaba planteando una reforma aislada, sino una nueva concepci贸n de la gobernanza mundial.

Lo significativo es que, casi dos d茅cadas despu茅s, muchas de aquellas cuestiones contin煤an ocupando el centro de la agenda internacional. La reforma del Consejo de Seguridad sigue pendiente; Naciones Unidas contin煤a enfrent谩ndose a la dificultad de responder eficazmente ante grandes conflictos; Palestina contin煤a poniendo a prueba la credibilidad del derecho internacional; la crisis clim谩tica se ha agravado; la desigualdad econ贸mica sigue limitando las posibilidades de desarrollo de buena parte del Sur Global y la disputa por el control de la tecnolog铆a y de los recursos estrat茅gicos ha a帽adido nuevas dimensiones a la competencia entre potencias. La propia ONU continu贸 durante a帽os con las negociaciones intergubernamentales sobre la reforma del Consejo de Seguridad iniciadas durante el mandato de d’Escoto.

Es precisamente ah铆 donde la propuesta vuelve a adquirir actualidad pol铆tica. El debate contempor谩neo sobre la construcci贸n de un mundo multipolar no deber铆a reducirse a determinar qu茅 potencia sustituir谩 a Estados Unidos como principal centro de poder. Desde una perspectiva de izquierda, esa discusi贸n ser铆a insuficiente. Un mundo con varios centros de poder puede seguir siendo profundamente desigual si las relaciones econ贸micas contin煤an sometidas a la concentraci贸n de riqueza, si los recursos naturales permanecen bajo el control de grandes corporaciones, si los trabajadores contin煤an soportando las consecuencias de las crisis y si los pueblos del Sur siguen ocupando posiciones subordinadas dentro de la divisi贸n internacional del trabajo. La multipolaridad puede abrir espacios para romper el unilateralismo, pero la democratizaci贸n del sistema internacional exige ir m谩s all谩 de la simple redistribuci贸n del poder entre Estados.

Ese es quiz谩 el aspecto m谩s interesante de la propuesta de d’Escoto para el debate actual. Su planteamiento no puede interpretarse 煤nicamente como una reivindicaci贸n de Nicaragua frente a Estados Unidos, aunque su experiencia nicarag眉ense sea fundamental para entenderlo. Es una cr铆tica m谩s amplia a un sistema internacional construido sobre jerarqu铆as pol铆ticas, econ贸micas y militares. El problema no consiste 煤nicamente en que una potencia tenga demasiado poder; consiste en que el orden mundial permita que determinados actores acumulen capacidades extraordinarias mientras millones de personas afectadas por esas decisiones carecen de instrumentos efectivos para intervenir en ellas.

En ese sentido, La reinvenci贸n de la ONU fue mucho m谩s que un documento de reforma institucional. Fue una tentativa de responder a una pregunta que contin煤a sin resolver: ¿c贸mo construir una gobernanza mundial en la que la soberan铆a de los Estados, los derechos de los pueblos, la justicia social y la protecci贸n de la naturaleza no queden subordinados a la fuerza militar, al poder financiero y a la rentabilidad econ贸mica?

D’Escoto busc贸 su respuesta desde una tradici贸n pol铆tica muy concreta: el internacionalismo latinoamericano, la defensa de la soberan铆a nacional, la teolog铆a de la liberaci贸n, el pensamiento anticolonial y la experiencia de la Revoluci贸n Popular Sandinista. Pero la cuesti贸n que plante贸 trasciende ampliamente Nicaragua. Porque cuando una guerra amenaza con extenderse, cuando una poblaci贸n civil es sometida a una violencia que desaf铆a el derecho internacional, cuando una crisis clim谩tica golpea con mayor intensidad a quienes menos han contribuido a provocarla o cuando una crisis financiera termina siendo pagada por millones de trabajadores mientras quienes tomaron las decisiones conservan su riqueza, la pregunta vuelve a ser la misma: ¿qui茅n decide sobre el destino de la humanidad y ante qui茅n responde?

La respuesta de d’Escoto fue radical porque situ贸 el problema en el lugar donde realmente deb铆a situarse: en la estructura del poder. No bastaba con pedir a las grandes potencias que utilizaran responsablemente sus privilegios. Hab铆a que cuestionar la existencia misma de esos privilegios y construir instituciones donde la representaci贸n internacional tuviera consecuencias pol铆ticas reales. No bastaba con declarar derechos. Hab铆a que crear mecanismos capaces de defenderlos. No bastaba con hablar de protecci贸n ambiental. Hab铆a que modificar las reglas econ贸micas y jur铆dicas que permiten destruir ecosistemas en nombre del beneficio. No bastaba con proclamar la igualdad entre Estados. Hab铆a que construir instituciones que redujeran la desigualdad efectiva de poder.

Por eso recuperar hoy a Miguel d’Escoto no significa mirar hacia atr谩s con nostalgia. Significa volver a colocar sobre la mesa una discusi贸n que las grandes potencias han conseguido aplazar durante d茅cadas: qu茅 tipo de Naciones Unidas necesita el mundo y qu茅 tipo de orden internacional queremos construir cuando el viejo equilibrio de poder ya no corresponde a la realidad del planeta.

La propuesta de d’Escoto no lleg贸 a convertirse en una nueva Carta de Naciones Unidas. El Consejo de Seguridad no fue sustituido por el modelo que planteaba, la Asamblea General no recibi贸 las competencias que 茅l defend铆a y tampoco se cre贸 el Tribunal Internacional de Justicia Clim谩tica que propon铆a. Pero su derrota institucional no convierte sus preguntas en irrelevantes. Al contrario, la persistencia de las mismas contradicciones que intent贸 abordar demuestra que el problema que identific贸 contin煤a sin resolverse.

Cuando hoy se habla de recuperar la confianza en Naciones Unidas, de hacerla capaz de actuar “para todos” o de reformar el sistema multilateral, conviene recordar que hace casi dos d茅cadas un sacerdote sandinista que hab铆a vivido en primera persona la lucha de un peque帽o pa铆s contra el poder imperial lleg贸 a una conclusi贸n inc贸moda: no era suficiente con reparar la vieja arquitectura internacional. Hab铆a que democratizarla desde sus cimientos.

Y quiz谩 esa sea la verdadera actualidad de Miguel d’Escoto.

No haber dejado una f贸rmula definitiva para el futuro, sino haber tenido el valor pol铆tico de formular una pregunta que todav铆a sigue abierta: si Naciones Unidas pretende representar a toda la humanidad, ¿por qu茅 su estructura de poder contin煤a reflejando, en buena medida, el mundo de 1945 y no el mundo que tenemos delante?

La respuesta a esa pregunta determinar谩, en buena medida, si el multilateralismo del siglo XXI ser谩 simplemente una nueva forma de administrar el viejo orden o si podr谩 convertirse en una herramienta para construir unas relaciones internacionales verdaderamente democr谩ticas, soberanas y orientadas al bien com煤n.



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