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viernes, 12 de agosto de 2016

Transfiguración hebrea del monoteísmo pre-existente y deformación supremacista por medio de la Torah

“No es extraño que, por su parte, los hebreos “abrazaran” a El con bastante tardanza: pues concebir a El es el correlato de sedentarización y agricultura, y, con ellas, de la dependencia productiva y social-reproductiva respecto del cielo y sus fenómenos”


Tamer Sarkis Fernández

I. Introducción

El Yahvé de los hebreos en los primeros tiempos yahvíticos, en tanto que modo tribal de aludir al “hemisferio” fértil de El, Il… (voz con que el campesino neolítico del Levante Mediterráneo designó “Aquello que posee Elevación”; aún hoy en el árabe moderno “aali” se refiere a “alto, elevado”), equivale por ejemplo al (muy anterior) Enki sumerio y a su relación respecto de En o An (Dios). Enki era Dios en su lado generativo vital, siendo contracción fonética de, literalmente, “Maestro del Agua” en un sentido sintético dual de dueño y señor, dominador, del agua, tanto como de maestro en sabiduría y capacidad -que rige el agua, que la domina. Percátese uno aquí del solapamiento conceptual de “agua” y de “vida” en el mismo significante Ki.

Debo aclarar, respecto de la semántica de En, que la L levantina pasa a ser N en la fonología sumeria ya “semitizada” por la adopción del acadio como lengua “usual de expresión” entre gentes del pueblo, mientras el sumerio quedaba como lengua culta-escrita y empleada para la transmisión educativa, a la vez que como lengua burocrática, académica, escolar y para los volúmenes de las bibliotecas. De modo que “AN/ANU” sumerio y “EN” sumerio-acadio es “EL” amorrita-levantino. Volviendo a Enki, re-aparece luego en Egipto (Ankh, “vida”).

También re-aparece entre asirios (Shaamash, “sol”), correspondiéndose semánticamente a Hadad-Enki, y a partir de cierto momento designando una cualidad sobresaliente y esplendorosa del Hadad (Dios en su hemisferio de fertilidad y generatriz o productor). Así: el nombre de uno de los Emperadores asirios, el amorrita Shamsii Hadad (“Vida soleada” o “Vida resplandeciente, luminosa”).

Es probable que en relación a este devenir del término Hadad en sinonimia con el término asirio “propio” Shaamash, no sea razón ajena la “inyección” e irradiación paulatina entre los asirios de la variante lingüística caldea desprendida del arameo. Esta variante diatópica se había preservado en el antiguo reino arameo de Caldea y había “subsistido” al dominio imperial asirio, siendo así que, cuando la lengua aramea se vuelve hegemónica en buena parte del Creciente Fértil como reflejo de la preponderancia comercial de los arameos y de sus ciudades-Estado, llega un momento en que hasta el imperio asirio la hace su lengua (el caldeo en concreto) comercial, estatal, diplomática y teológica. Y de ahí la confusión que subyace a algunos arqueólogos e historiadores cuando atribuyen a los más trascendentes Emperadores asirios el erróneo epíteto de “caldeos” (como al decir con equivocación “el caldeo Ashurbanipal”).

“Paralelamente”, entre los amorritas establecedores de Babilonia (2300-2100 a.C.), “Shaamash” llegará a atesorar el sentido esencial de “La Justicia”. Hasta Shaamash alarga su mano el mismo Amurabi (el Amorrita) para recoger de su don las varas de medir, símbolos de Autoridad y de Justicia. El lector se preguntará sobre este doble salto geográfico y civilizatorio del término, pero recordemos al respecto que fueron los amorritas pobladores de las estepas norteñas de Mesopotamia quienes establecieron en Ashur a sus dinastías regentes -véase el temprano Shamshii Hadad, 1814 a.C.- , y de ahí la presencia de Shaamash tanto en Asiria como en Babel.

II. Adopción hebrea del monoteísmo cananeo y apropiación particularista

No es extraño que, por su parte, los hebreos “abrazaran” a El con bastante tardanza: pues concebir a El es el correlato de sedentarización y agricultura, y, con ellas, de la dependencia productiva y social-reproductiva respecto del cielo y sus fenómenos; y lo cierto es que los hebreos de linajes abrahámicos se sedentarizan “bastante tarde” (en torno a 1000 a.C., en Canaan).

A partir de cierto punto transitivo hacia el sedentarismo, hay constancia de que los hebreos, quienes llegaban cargados de politeísmo previo (tal y como suele corresponder a las comunidades cazadoras, recolectoras y pastoriles: la misma voz “eebri” alude a nomadismo), gustan empezar a auto-denominarse “israel”. Tal punto de inflexión ideológica fue mitificado en las tradiciones orales hebreas, y luego en la Torah, con el pasaje del re-nombramiento divino de Jacob (Israel).

La voz “Israel” albergará en ese punto una cuádruple connotación, estando, por lo demás, interconectado el sentido de cada elemento:

“Familia de Dios” (en un sentido parenteral amplio: Osra-El);
“El que ha combatido con Dios” (junto a Dios);
“El que ha combatido con Dios” (el que se ha enfrentado a él, el que le ha desobedecido, el que le ha desafiado);

“Guerrero de Dios” (esta acepción entronca estrechamente con la primera de “familia”, pues la función “militar” es dimensión inseparable del sistema de relaciones en que se vinculan los miembros de la comunidad gentilicia, así que ser “familiar” de alguien significa indiscerniblemente ser su “guerrero” y “protector”).

No faltan las interpretaciones que sitúan la interiorización teológica de El (Hadad-Mot) entre hebreos, en pleno periodo nómada pastoril caracterizado por los varios itinerarios de cruce entre extensiones peninsulares. Tampoco faltan -vistas las transformaciones escritas posteriores que forman parte del acervo judaico-, las imágenes, las metáforas, las expresiones…, que avalarían esta hipótesis (el cordero de Dios, la relación obviamente pastoril entre el Dios-Pastor y su pueblo-Rebaño, el “remanso de paz” buscado, los requerimientos sacrificiales de una cabeza de ganado transcritos ya en los primeros pasajes de la Torah, el ritual ancestral hebreo del holocausto, consistente en quemar rebaños enteros como acto sacro -sacrificio- conciliatorio, etc.).

Para dar todavía un giro de tuerca a la incógnita, no podemos dejar de recordar la inexistencia de consenso científico respecto del motivo material-subsistencial de la entrada hebrea en Canaan, afirmando, algunos investigadores, que los hebreos de “Abraham” habían llegado a recolectar, mientras otros los caracterizan, a su llegada al “Levante” mediterráneo, como bandas -y no tribus- de “puros” cazadores-recolectores ajenos a pastoreo por aquel entonces.

III. Hebreos: ¿un pueblo?

Recalco el epíteto de “abrahámicos”, o “de Abraham”, porque no son extraños los filólogos y los etimólogos postulantes de la siguiente tesis: “hebreo” designaba lingüísticamente, en principio, nada más que una condición social-gregaria y “de modo de vida”. Al decir de estos investigadores, se era “hebreo” -en un principio de significación- con arreglo a practicar colectivamente unas u otras artes de subsistencia (caza, recolección, domesticación y pastoreo…) ligadas al nomadismo y al despliegue ocasional o estacional de campamentos, en “contraposición” a un entorno marcado ya desde antiguo por el poblado y luego por la ciudad (Ugarit no es ya un mero poblado neolítico sobre el 8700 a.c., y por ahí andan Urshalem, Jericó y otras ciudades. Alepo -la Yamhad de los amorritas-, no tarda mucho en desarrollarse y complejizar su estructura…).

Por tanto -y siempre al hilo de estas tesis-, quienes fueron llamados en un principio “hebreos” no conformaban UN “pueblo” y ni mucho menos coincidían en UN conjunto de rasgos de idiosincrasia, ni idiomáticos tampoco. Habrían encarnado, por el contrario, un concepto “difuso” referido a tribus, agregaciones y bandas en muchos casos sin ninguna relación entre sí, ni objetiva ni inter-subjetiva (ni de origen, ni de distribución de producto, ni tampoco de paso por itinerarios comunes…). Era el ojo del “ciudadano”, del poblador o del aldeano sedentario aquello que los “unificaba” en el imaginario social, al contrastarlos con el “umran hadari” propio (Ibn Jaldun) y al no pocas veces ver en ellos y en sus rebaños “irrumpidores” una “distorsión” o una “ruptura” de apacibilidad y de orden.

Debido a todo esto, me gusta precisar adjetivizando con mención al mito “abrahámico”, cuando hablo de las comunidades hebreas que se instalaron en Canaan, pues la realidad “hebrea” fue más amplia y sobre todo fragmentaria.

Sea como fuere, la genealogía de noción de Dios Único, al que se alude evocando su “elevación”, está, entre los semitas primero levantinos y más tarde mesopotámicos, tanto como entre los sumerios no semitas hasta su auténtica fusión de descendencia con los acadios, eminentemente ligada a la aparición de la agricultura. Lo que no obsta en modo alguno para que los hebreos, quienes permanecerán pastores nómadas aún por milenios, pudieran haber adaptado esa Super-Estructura teológica a su cosmovisión referencial.

En cualquier caso, la etimología de “hebreo” reside en “los que cruzan; los que atraviesan”, pura alusión a nomadismo (obsérvese “cruzar, atravesar”: “aabara/iabiru” en árabe moderno, respectivamente pretérito y presente de la 3ª persona del singular, siendo aabri el participio activo).
Mientras “Abraham” a su vez, nombre mítico donde los halla, alude a “Quien los cruza; Quien los conduce a través de”, tradición recogida en la suposición torahica de viaje desde Ur (Sumeria) a Canaan -siglos XI o X a.C.-, tránsito en el que puede haberse desarrollado ya ideología de relación con El, transfigurada en esos manuscritos babilónicos como relación con Yahvé o Jehová (JHV en las estelas hebreas halladas en moabita, alfabeto que los hebreos aprendieron en Canaan). En este aspecto teológico hebreo de El o Il, toda la tradición, toda la “memoria” re-contada y toda la efusividad rabínica, no valen lo que vale el testimonio de una fría “huella” escrita o material-representativa, siendo lo cierto que no las hay relacionadas con aquel presumido “viaje desde Ur” (y ni tan siquiera las hay respecto del propio “viaje” bíblico desde Sumeria, y no digamos ya de la pre-existencia hebrea en Ur -inverosímil para pastores y recolectores-, por mucho que se detalle en la Biblia el paso de Abraham por Alepo).

Obsérvese, respecto de esa última derivación onomástica, que el participio activo (quien realiza la acción) es artificialmente “actualizado” como “aabri” en idioma árabe moderno según un patrón estándar (-aa-i) de aplicación al verbo. Pero en las sucesivas variantes levantinas (cananeo y sus dialectos fenicio, ugarítico, hebreo…) del tronco lingüístico semita, este sonido de “A larga” había sido realmente “Ee” para muchísimos vocablos. Y lo continuó siendo con la extensificación del árabe y su aprendizaje, preservándose esta pronunciación hasta hoy y siendo audible por ejemplo en el árabe de Líbano, palestino y sirio-litoral.

De todos modos, Abraham es “Ibrahim” en árabe, siendo aquí el lexema “Ibra” un participio activo, y, a su vez, siendo el sufijo de 3ª persona plural, “-him”, alusivo a “ellos” (quienes son cruzados, llevados), mientras que la palabra árabe “ibra” significa hoy “inyección” (que atraviesa la dermis). Por su parte el castellano, pleno de influencia léxica árabe, presenta la palabra “enhebrar”, referente a atravesar con el hilo el ojo de la aguja, así como la palabra “hebra” de hilo (para coser, en el tejido…).

El mencionado “encuentro” hebreo de El (aconteciera éste durante la sedentarización o bien desde antes) será condición permisiva para el posterior desdoblamiento de Dios en Yahvé (dios de la lluvia, de la bonanza estacional, del crecimiento de los cultivos…), paso ideológico que, como ya explico arriba, había sido dado antes por varios otros Grupos Humanos peninsulares, y que parte de recoger la dialéctica primigenia Hadad-Mot y re-formularla, re-nombrarla…

Quizás la diferencia/disrupción que los hebreos representaron en este aspecto, resida en haber conferido a El una identidad particularista, en “virtud” de la cual El pasaba a ser concebido como benefactor, interventor, censor, castigador, director, salvador, conductor, Pastor… de “su Pueblo” y para su Pueblo. Es decir: los hebreos llegan a renegar de la premisa de -por así llamarla- “Universalidad” de El, enunciando que éste es SU Dios porque a ellos ha elegido.

Llegados aquí hay que advertir: esta creencia particularista no debe ser confundida con la posterior tergiversación rabínica introducida desde Babilonia tras la migración de la élite israelita desde Palestina. Aquello que los rabinos introducen desde “su exilio” es la idea de “Pueblo Elegido” en un sentido Supremacista y de Destino dominador reservado por Dios a su Pueblo si este último sabe cumplir virtuosamente con su voluntad y plegarse a “lo que debe”.

Mientras que, en cambio, para los hebreos, la relación particular establecida -la Alianza- no había significado, en un principio, Supremacismo, sino la delimitación de una relación exclusiva con SU dios (sin entrar ni salir en la cuestión de deidades terceras y de la relación particular que ellas pudieran establecer con Grupos Humanos terceros). Se hubo tratado, pues, de un particularismo no monoteísta estricto sensu, sino “de monolatría”, pero que, en cualquier caso, irá cambiando en el intervalo histórico entre el “tiempo de los Profetas” y el “tiempo de los Jueces” (Rabinos), y culminando en la invención sacerdotal (rabínica) de una vengativa especie de “particularismo hegemonista”.

 IV. La noción de El colonizada por la noción de Jehová

Por otra parte, en medio de este tránsito entre periodos había tenido ya lugar en la conciencia colectiva de los hebreos, la identificación (con-sociación) entre Yahvé y El, siendo así que aquella deidad que había sido concebida como, por así definirla, “la mitad de El”, llega a tomar su lugar en la conciencia y a ser representada Dios (en tanto que tal). De modo que el cambio teológico experimentado por los hebreos puede secuenciarse, a muy grandes rasgos, como sigue:

1) Nomadismo y correlativamente politeísmo, con toda probabilidad totémico.

2) Interiorización de El y auto-percepción gentilicia como “isra-El” (el parentesco, o la gens, de Dios) y en lo sucesivo como “benei israel” (hijos de “israel”): exlusivismo o particularismo NO hegemonista respecto de otros Grupos Humanos. Puesta de El (“el que posee elevación; el que está elevado”) en su duplicidad de Hadad (Yahvé) y Mot (probablemente Moloch en principio, y luego Shitán).

3) Identificación de Yahvé con Dios (equivalencia Yahvé-El). Yahvitismo pre-judaico (continuidad del paradigma de exclusivismo NO investido de “vocación” dominadora: Yahvé, o JHV, es el Dios “identitario” y diferencial de Israel).

4) Ruptura de la divinidad: divorcio del polo “entrópico-negativo” de Dios respecto de Dios mismo (en otras palabras, Yahvé, o JHV, deja de ser también Shitan en sí mismo). Así pues, el Principio de esterilidad (Mot) re-aparece en la Torah como anti-divinidad; ángel caído. Aun con ello, obsérvese la reminiscencia de la concepción dialéctica “unitaria” precedente: pues Shitan es presentado al fin y al cabo como antiguo “ser de Luz”, y además el más luminoso (en la Torah, Génesis: “el que porta luz”, “el envuelto de luz”, que la refleja, “el que brilla”) de entre todos los ángeles (“ángel”: “ankh-El”, o “vida de Dios”).

Pero lo más importante de este periodo de judeo-supremacismo incipiente es que: se opera un cambio diametral en la forma de concebir el particularismo de relación entre Dios y “el Pueblo de Dios”. Puesto que tal particularismo había aflorado y se había desarrollado como antítesis al “universalismo” inherente a El tal y como había sido concebido por los Pueblos que lo habían interiorizado antes. Tal particularismo, o exclusivismo, poseía unas repercusiones y unas vinculaciones puramente endógenas, es decir, para los mismos israelitas.

Por el contrario, el particularismo tal y como se expone en el judaísmo primitivo (Torah), es un particularismo de vínculos universales con la humanidad (particularismo jerarquizador): gentiles de un lado, y judíos de otro, quedan vinculados por la estructura política de subordinación que articula sus Destinos respectivos. Por eso los requerimientos y exigencias dispuestos por Yahvé son de orden muy distinto en función de ser judío o de ser gentil. Pues también difiere cualitativamente aquello que Yahvé dispone para a los unos y para los otros, y, aunque un gentil pueda hallar salvación, siempre y solamente la hallará: primero, de acuerdo a un Destino servil ante el judío en el orden terrenal futuro “paradisíaco” para los judíos, y, segundo, si ha servido en vida a la consumación de los propósitos judaicos (tanto profanos y nada “trascendentales” como post-Armaghedon) y ha obrado “para bien del judío”. Ateniéndonos a lo expuesto y expresando el proceso como secuencia dialéctica, la cosa queda así:

TESIS: Universalidad de El, Il, Elah, Aali, Il.lah, En, Anu… para los Grupos Humanos del Creciente Fértil.

ANTÍTESIS: Exclusivismo hebreo de tipo endógeno (El, Dios de su “osra”, o “israel”, y luego Yahvé o Jehová (JHV).

SÍNTESIS: exclusivismo judeo-testamentario (Torah) con proyección universalista, pues se trata de un particularismo que se pretende Principio ordenador de la estructura de relaciones en el seno la humanidad según el dualismo político judío/gentil.

V. Complejización de la totalidad dialéctica Hadad-Mot en el imaginario gentilicio de la región

Los sumerios desdoblarán aquella dimensión productiva/ germinadora/ afloradora/ exuberante/ arrolladora/ turbulenta (Hadad, o Enki para ellos), parte de lo divino, en dos sub-dimensiones consecutivas, respectivamente femenina y masculina: Inana-Damuzi.

Inana será evocada como Ishtar en Babilonia y por los cananeos como “Astarté”, al tiempo que Damuzi (contracción fonética de Damu-zi-Abzu, literalmente “el buen hijo del Agua”) es el Baal de los cananeos (fenicios) y fue quizás de los ugaríticos antes que de nadie. Baal: deidad de la lluvia, de los cauces torrenciales, del relámpago, de la tormenta… (“El Auriga de las nubes”, “Maestro de la tormenta, lluvia y tierra”), “aunque” es al mismo tiempo deidad solar (fuerza del sol, capacidad fecundadora, irradiación vital y “educación” sobre la vida en expansión, etc.). Todos ellos, atributos en coherencia con el papel que el imaginario contextual le reserva: subdimensión masculina del Hadad, mientras a Astarté se le atribuye el reverso “no tempestuoso” de florecimiento, templanza, equilibrio, calidez, fertilidad, etc.

Dicha subdimensión masculina del Hadad-Enki, subdimensión “encarnada” en Sumeria por Damuzi (“el buen hijo”), será llamada Tammuz por mera derivación fonética en Acadia. También, por extensión de influencia, en Babilonia, donde An sumerio (Dios) es Marduk. Varios siglos después, ciertas localidades costeras cananeas (caso de Gib’ el) desarrollan para esta misma noción el nombre “Adon”, de quien los griegos harán transfiguración mitológica (Adonis). Desconozco en qué medida las tribus hebreas acogieron a Adon en su propia cosmología, pero, presente ya en la Torah, sí pasará a formar parte del judaísmo (Adonai: Adon-ai, “Mi Señor” o “Señor Mío”).

Hay que señalar, sin embargo, que la concepción de Baal atraviesa unas modificaciones que culminan en su asimilación con El. Este proceso último ha dejado registro onomástico, siendo, por ejemplo, el mismo nombre, tanto el nombre arameo “Manuel” -Ma/nu/El: “Con nosotros sea Dios”-, como el nombre cananeo Manibaal -Ma/ni/Baal: “Con nosotros sea Dios”. En un caso más del modelo de cambio del fonema “a” por “e” en extensiones enteras del arco mediterráneo levantino, Baal era pronunciado Bel por cananeos y otros pueblos litorales, siendo que hoy, sin ir más lejos, en las zonas costeras sirias y de la cordillera litoral, el citado “Manibaal” se pronuncia “Manibel”. Igualmente, los nombres cananeos luego hebraizados acabados en -bel como Isabel, Jezabel, Anabel, hacen por supuesto nombramiento a Baal.

Más adelante, “Baal” será incorporado en Asiria: así “Ashuurbanipal”, o Ashuur-bani-Baal (“Asirio, hijo de Baal”, donde Asirio = A-sirio = El sirio. Por tanto, “El sirio, hijo de Baal”). O también “Ashuurnasripal”, esto es, Ashuur-naaser-Baal (“Asirio Baal Salvador”, o tal vez “Asirio que da a Baal la victoria”). Más tarde aún, vemos preservarse en la colonia fenicia de Cartago la noción fenicia de Baal indistintamente asimilado a Dios. Así: “Anibal”, o “Hanni-Baal” (“Gracia, o Dicha, de Dios”).

La aludida “colonización” de la concepción de Dios por la concepción “holística” de Baal, portó en sí el reverso de que Baal “proliferara” en la conciencia colectiva mediterráneo-levantina como mil facetas divinas distintas (aunque esto no deba confundirse con politeísmo). Así, Baal Zebaab (Dios Señor de las moscas, el Demonio Belzebub o Belzebú en la inversión valorativa típicamente judeo-cristiana posterior). O Baal Bek (Dios Señor del valle de Beca).

Muy anteriormente, al Oriente septentrional de Mesopotamia El, An, En hubo sido nombrado Ashuur, que proviene del vocablo “shar” (señor), al que la aposición prefijada “a” o “al”, que queda fonéticamente adherida como “as”, determina a la vez que resalta y provee majestuosidad, quedando de ese modo Ashuur como “El Maestro”, “El Señor”. Los asirios llevarán el nombre que a Dios dan, hacia su propia auto-denominación (asirio, ashuur), así como a la tierra que pueblan y dominan (el país de Ashuur, de Assur o de Athur: el país de Dios, y, por extensión, de los asirios, ashuuri, señores).

Puede hoy desgranarse aquella raíz “shar” de entre significantes como: “shar” (poeta), “saaiyed” (señor), “saiid” (feliz), “asiira” (tribu, comunidad gentilicia), “ashiira” (“señora de”, compañera afectiva, quien se incorporaba en su presencia, y aún llega a incorporarse, a la familia o al parentesco del marido por la institución antropológica de patri-localidad), Ashuuria (Asiria, es decir, As-siria, La-Siria) o, sin ir más lejos, Suuria, Suriia (Siria).

VI. Algunas especulaciones socio-lingüísticas

Cabe preguntarse si la raíz asiria no habrá llegado de algún modo hasta el castellano (señor) y el inglés (sir). También si acaso la raíz no mantendrá cierta relación con la raíz sánscrita primigenia (ar: “señor”) quizás de la mano de inter-conexión lingüística sumeria (la lengua sumeria parece ser indo-europea). No en vano, la voz “Ashuur” fue también la voz “Athur”, “At-hur”, mientras la raíz védica y ario-irania resuena directamente en las lenguas germánicas antiguas como el sajón, habiendo anclado por supuesto en la lengua alemana moderna (her: “señor”).

También se halla “ar” en la médula de designaciones alusivas a comunidad gentilicia territorial entre pueblos de lengua indo-europea (véase “ar-io”, véase el céltico “Eire” o véase Irán). Aunque es sobradamente conocida la historia del predicador Arrio y su tarea de cristianización primitiva, bien puede tratarse de un nombre mítico, y lo cierto es que los primeros germanos cristianizados se llamarán “arrianos” (creyentes del Señor), siendo posteriormente declarados herejes por la Iglesia en plena campaña sacerdotal de deificación de Cristo (aunque la misma oración católica del Credo había sido primero un rezo del arrianismo).

Por otro lado, quizás pueda establecerse “shar” en el núcleo etimológico de la voz indoeuropea-latina “Ser” en sus acepciones filosóficas de substancia o de coseidad, tanto como de esencia material objetiva de la existencia (ya he señalado que, a propósito de todo esto, quizás fuera el sumerio indo-europeo primitivo el elemento activo influyente en la fragua de la raíz “shar”).

VII. Ritualidad, simbolismo y más derivaciones socio-lingüísticas

El rito babilonio de fertilidad consistente en celebrar el acogimiento-contención-comprensión-inseminación-fecundación de Ishtar (Inana) por Marduk (An) será figurado en forma de estrella (estrella de Ishtar), donde el triángulo con vértice único ascendente representa a Marduk y el triángulo con vértice único descendente representa a Ishtar. Este símbolo “viajará” a Canaan como estrella de Astarté, y los hebreos no la adoptarán hasta milenios después (cuando su sedentarización ya avanzada en Canaan), junto a muchos otros componentes culturales y religiosos cananeos (ya “fenicios” en la voz lingüística griega).

Así, por ironías de la historia (y sobre todo de la historia política e ideológica), la estrella de Ishtar-Astarté, “interiorizada” en tiempos del Rey israelita David (una prueba más del sincretismo imperante en el yahvitismo pre-judaico), ha pasado a verse como patrimonio judío por antonomasia.
Paralelamente, el sufijo “-Ki” sumerio añadido a En (El) y designador (Enki) del aspecto productivo, fértil, de riego, de lluvia, creativo, inseminador, fecundador-conceptivo…, dentro de la dialéctica interna de lo divino, es una partícula que pareciera haberse incorporado hasta al japonés (donde Ki es energía vital). Recordemos que el japonés es un idioma uralo-altaico, y que, en cualquier caso, los sumerios, llegados a la Mesopotamia meridional desde los valles caucásicos y la Persia Extremo-Septentrional, hablaban una lengua No semita.

Sin embargo, es obligado hacer notar aquí que podemos estar ante un caso de mera homofonía, pues la concepción en torno a la energía de la vida (Chi) perteneciente a la cosmovisión china tiene todos los números para ser el regazo del Ki japonés (probada es la honda influencia histórica de China sobre Japón en campos variopintos, entre ellos el filosófico, la comprensión del cuerpo y de su relación con las fuerzas rectoras de la vida, etc.).

Y, aun así, es lícito preguntarse si acaso el Chi no hubo bebido por su parte del planteamiento sumerio que identificaba como agua la Physis organizativa de lo real, habiendo sido China “mera” bisagra entre Mesopotamia y Japón. Al fin y al cabo, la Fuerza Productiva matricial común fue el agua y la necesidad de apurar su potencial de abastecimiento social-reproductivo. Fue éste el ariete material a partir del que va engarzándose la estructuración social de la producción (Modo de Producción llamado despotismo asiático o hidráulico). La representación mesopotámica centrada en un Principio vital fluido, auto-conformador y polifacético, que todo lo atraviesa y en todo queda (Ki), debió sin duda de entroncar con facilidad en ese otro contexto más oriental, donde también era el agua -su encauzamiento y gestión organizativa- la base de la continuidad social (y por extensión “de todo”, “del mundo”, en el imaginario de las comunidades cuyo ser social mismo dependía de la socialización del agua). Quizás esta idea deslizante de Ki se deslizara hacia China (el Chi del taoísmo), y fluyera luego con el curso de la historia imperial continental hasta empapar a Japón regando el afloramiento del concepto de Ki como la fuerza, el espíritu, el ánimo ínsito al movimiento de la materia, que se sucede como Karma, o auto-determinación de causas-consecuencias.

VIII. Hebreos abrahámicos: realidad y fabulación testamentaria

No se sabe a ciencia cierta si Abraham existió con tal nombre, o si el suyo es la denominación mítica cuyo sentido he diseccionado antes. Puede que no designe “más” que al típico mito de origen (épico o epónimo), al uso entre muchos Grupos Humanos nómadas tanto pastores como cazadores-recolectores, y que se centra en un héroe quien “contra viento y marea” vence una serie de obstáculos interpuestos, procurando la fundación de la comunidad y asegurando su pervivencia. Este tótem (constante antropológica para estos grupos en una u otra parte del mundo) encarna la totalidad de la comunidad y a sus relaciones (presentes o pasadas) de fraternidad genuina afirmadas sobre la base material de la no separación social de clase.

Sea como fuere, las tribus hebreas “abrahámicas” pisaron Canaan y se asentaron en esa tierra a caballo entre los siglos XI y X a.C., es decir, muy posteriormente a los indicativos cronológicos que se reflejan en la Torah (2000-2100 a.C según algunos interpretadores), y que tuvieron sin duda la intención falsificadora de presentar una “confluencia” entre la presencia hebrea y la civilización cananea anterior, haciendo parecer que los hebreos hubieran sido una de las “fuentes aportativas” a la maduración de esa civilización.

Por lo demás, los hebreos en sedentarización más o menos inicial no pudieron haber sumado más de unos cientos de personas, tal y como enseña la Constante antropológica relativa a las formas de agregación inter-tribal nómada (Constante determinada por factores materiales como ecología/demografía, movilidad, recursos, Fuerzas Productivas tales como el ganado, etc.).

En Canaan -y contra el mito de la “pureza de sangre”, de la endogamia y tal…, que el judaísmo testamentario ha cernido sobre los antiguos hebreos-, estos se mezclaron con moabitas, amonitas, amorritas, cananeos, arameos, edomitas…, validándose así la institución antropológica de “toma de mujeres” e incorporación de éstas a la gens como acto -de don, de ofrenda o de intercambio- que inaugura la relación humana de socialidad entre comunidades gentilicias distintas.

Contra la creencia común de “hebraicidad”, Raquel (Raq-El, “delicadez de Dios” o “claridad de Dios”, o “ternura de Dios”, o “simpatía de Dios”, o “compadecimiento -en sentido de solidaridad- de Dios”) , Sara, Rebeca, Ana (Hana, “Gracia”, “felicidad”), Elisabeth (“El salve a nuestra casa”)…, son nombres arameos, aunque incorporados al acervo hebreo dado la práctica de unión con mujeres arameas. La Torah misma habla del caso de Sara y de cómo Abraham la hizo su esposa. Recuérdese también que Moisés se casa con la hija del sacerdote cananeo Ra’ u’ el, quien -siempre según la propia narrativa de la Torah- lo acoge en la ciudad de Mediah cuando Moisés llega prófugo de Egipto, hasta que el hebreo decide volver al país de los Faraones.

Se cuenta en la Torah que Abraham y sus tribus llegaron a poner pie en Jerusalén (la cananea Salem, tal y como la ciudad es nombrada en esas páginas), hallando ceremonioso recibimiento de pan y vino por parte de su Rey Melchizedek, quien bendijo a Abraham. Este monarca, atesorador de altas funciones teocráticas, es presentado por la Torah literalmente como “el Sacerdote del Supremísimo Dios” (o sea, de El), mención que por sí nos muestra reminiscencias de la extendida creencia en El, Il, pervivientes hasta en la Torah.

Con el paso del tiempo, los hebreos aprenderían de los cananeos escritura, numeración, idioma (el hebreo, como el fenicio, no es otra cosa que un derivado dialectal del cananeo), aspectos de cultura material como la producción con metales…, y por supuesto el fondo religioso característico de Canaan.

Parece, como mínimo, “poco verosímil” que ese escaso número de seres hubiera podido jamás “forzar” su implantación espacial en medio de un contexto material y guerrero muy superior al suyo propio, y todo indica que “se les dejó estar”. Arraigaron por siglos a lo ancho de un área cifrada por la ciencia arqueológica en 16 km2, llegando con el tiempo a fundar un reino unificado (Judea al sur e Israel al norte) no mucho más extenso durante este periodo de unión política.

Desde luego, la realidad cae aquí muy lejos del “fabuloso” (de fábula) Israel bíblico, descrito en la Torah como extensión desde el Negev al sur y lindando al norte con el llamado “país de los cedros y el incienso” (Líbano) para englobar incluso ciudades como Sidón y Tiro.

No digamos ya si la realidad se compara con la fantasía de “Salomón Rey de Reyes” llegando a dominar y a obtener supeditación desde el Sinaí al oeste y Elam al este hasta Sheva (Sava) al sur, pasando por Asiria. Con este cuento los Jueces escritores de la Torah pretendieron sin duda dar “carta de naturaleza material” al mito de la promisión yahvítica del “Eretz Israel” a Abraham en el monte Sión, dándose a entender que durante un tiempo histórico interrupto la “herencia” había ya empezado ha hacerse realidad.

IX. Secularización pseudo-científica sionista de la ficción antiguo-testamentaria

El sionismo secular “modernizaría” esta invención a través de la aplicación de su particular pseudo-historia, pseudo-arqueología, pseudo-etnología…, agitándola como bandera ante mentes “no teocéntricas” o escépticas, pues así pretendía poder dar a sus ambiciones territoriales políticas un “fundamento” no necesariamente teológico, sino “histórico” (si es que a tales “escépticos” podían bastarles las ocurrencias escritas de unos rabinos, con todo el respeto para ellos, acompañándolas, eso sí, de todo un aparataje de pseudo-investigación pagado por el Congreso Mundial Sionista).

Para más inri, el diminuto reino atravesó por sucesivas vicisitudes de fragmentación, en cuya relación las desavenencias teológicas jugaron un papel no menor. Los israelitas del norte (samaritanos) valoraban, en no pocos casos, como una farsa el supuesto “arca de la Alianza” supuestamente sita en Jerusalén, mientras otros entre ellos exigían que ésta fuera trasladada a su “legítimo lugar”, Samaria, negándole a Jerusalén ser “el centro de sacralidad”.

Estos septentrionales fueron siempre enemigos declarados e irredentos de la tribu hebrea de Yahuda (nombre masculino en honor de Yah, o JVH) cuyos miembros tenían la hegemonía en el sur. De ahí el nombre de “su” Reino, Judea, y de ahí también su evolución hacia el gentilicio “judío” con que los romanos designarían a los habitantes de ciertas áreas de Palestina, concretamente a los pobladores de la región administrativa de Judea dentro de la Provincia romana de Palestina (dividida administrativamente en Judea, Galilea y Samaria). Ello sin que esa aplicación gentilicia regional significara per se -oh, gran y espeso error, que “ha traído cola” histórica- atribuirle judaísmo de creencia a la persona o al grupo específico.

Ambos grupos de “benei israel” (“hijos” o descendientes de “la familia de El”; o Dios) conocieron más guerra que paz entre sí hasta que David los “liga” en unificación política, convirtiéndose en primer Rey del Reino de Judea e Israel (aunque se le llama “Rey de Israel”), cuyo legado recoge y consolida Salomón (Shlom-o, o “Pacificador”).

Cuenta la Torah que Salomón mandó construir un suntuoso templo en consagración a Jehová. Y en esas páginas mismas se cuenta que el Rey solicitó la labor de orfebres fenicios, quienes eran además duchos en el trabajo de ornamentación con marfil, mármol, madera… Pero lo que la ciencia arqueológica puede decirnos de momento, difiere substancialmente: hay Registro Material de que el famoso templo de Salomón, hoy en el subsuelo bajo los cimientos de la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén, fue consagrado a Moloch y a Baal, divinidades cananeas de las que hemos hablado antes, y cuyo culto y creencia las tribus hebreas habían asumido.

Esta comprobación es todo un mazazo para quienes, ya a partir de la Torah como médula del judaísmo testamentario, establecen poco menos que una equivalencia entre yahvitismo diferenciador e historia “evolutiva” de la teología de los hebreos (y se trata de un mazazo redoblado si se tiene en cuenta que en plena época salomónica la historia hebrea en Canaan estaba ya bastante avanzadita). En cualquier caso, ahí queda el dato.

Por supuesto, hay arqueología y arqueología, y en Palestina, hoy y por lo menos desde la creación del Estado de Israel (1948), hay arqueología para dar y vender, nunca mejor dicho. Palestina aloja en nuestros días por lo menos dos veces más excavaciones, proyectos, prospecciones, investigaciones, actividad en yacimientos…, que cualquiera de los demás “núcleos fuertes” arqueológicos del Planeta (China, Siria, Irak, Irán, Turquía, Asia Central, México, Andes, Indostán, etc.). Ni que decir tiene que la abrumadora mayor parte de esta actividad tiene lugar bajo la promoción del aparato sionista (y a su completo servicio), o del sionismo internacional y/o de su poliédrico “mundo académico” desplegado a lo largo y ancho del Mundo. Ellos “demuestran” todo lo que a priori tengan establecido “hallar” y “probar”.

Una de las “maravillas” provistas por la arqueología sionista (o cripto-sionista, o filo-sionista…) se revela en la “sustentación” del famoso “cautiverio” en Egipto y luego del famoso “éxodo” desde el país de los Faraones, “hechos” de centralidad en la Torah.

Desde luego, los egipcios, en su rivalidad con los hititas por hacerse con la definitiva hegemonía geopolítica, penetraron en Canaan y rebasaron Jerusalén (Ur Shalem, o “ciudad de la paz”, que hubo sido fundada alrededor del 8000 a.C por un pueblo semita remoto, los jebuseos). Los ejércitos faraónicos continuaron hacia el norte y expandiéndose hacia el Este, hasta librar con los hititas la célebre batalla de Qadesh (en torno al 1300 a.C.). Qadesh había sido una ciudad-Reino amorrita que data por lo menos del 4000 a.C.

La contienda tuvo lugar en los rebordes (y algunos investigadores sostienen que también sobre las aguas) de la enigmática e irrepetible laguna verdescente homónima, emplazada en la Siria actual. Hay Registro científico de que los egipcios hicieron prisioneros a su paso por la región, tal vez entre los hebreos tanto como entre otras gentes. Parece ser, por lo demás, que el rapto no fue hecho “a la avalancha”, sino seleccionando determinados elementos, quienes serían puestos luego al servicio del Estado.

Sin embargo, no hay constancia arqueológica (ni paleográfica egipcia ni por parte de ningún otro “grupo protagonista” de la escena, como los mismos hititas) relativa a lo que se dice “cautiverio”, ni a la deportación ni presencia masivas de hebreos en Egipto. Tampoco la hay, por ende, de “éxodo” masivo o “popular” alguno, lo que no es óbice para que al tal Moisés y a otros posibles deportados y colaboradores en la Corte faraónica, se les acabara dando libertad en uno u otro momento.

No cabe duda científica, principalmente, de que los hebreos hechos reos no lo fueron en Canaan, más que nada porque desde que la campaña egipcia se produjera, tendrían aún que transcurrir mínimo tres siglos hasta que los hebreos empezaran a poner pie en Canaan. Esto no obsta para que efectivamente los egipcios hubieran capturado nómadas hebreos asentados transitoriamente en franjas más orientales de “la Siria natural”, o inmersos en sus rutas e itinerarios de apacentamiento.

Desde luego no hay constancia, por otra parte, no ya de la apertura en canal del Mar Rojo por voluntad de Jehová para dar paso a su “Pueblo Elegido”, sino tampoco de la épica “travesía por el desierto” de Egipto. Travesía que, dadas las circunstancias, pudo haber dejado algún tipo de Registro Material en concepto de restos de cuerpos, puesto que algunos de “los hebreos perseguidos” debieron de perecer durante la penosa huida sin apenas agua ni alimentos (por mucho que la generosidad de
Yahvé obrara la providencial lluvia de Maná).

Tampoco la ciencia puede ofrecernos nada en relación a la pernoctación colectiva a la falda del monte Sinaí, donde Moisés habría recibido de Jehová las “Tablas de la Ley” (¿O de EL?; ¿qué pensaban de ello en aquel entonces los antiguos hebreos (o “isra-El”?). Monte Sinaí, o “monte de la Luna”: “Sin” era llamada la luna, y la diosa de la luna indistintamente, por ejemplo por varias comunidades gentilicias de la Mesopotamia meridional; aún hoy los “árabes de las marismas” pescadores de Shat Al-arab y otras zonas próximas, decoran los tejados de sus viviendas -de ancestral procedimiento constructivo- con símbolos semejantes a los símbolos acadio-sumerios relacionados con Sin.

Los Jueces artífices del judaísmo testamentario, y su Torah, valoraron el mítico “acontecimiento” de recepción de esos preceptos, en tanto que salto cualitativo en aquello que estos rabinos habían tomado por relación diferencial entre Jehová y su grupo selecto de mortales diferenciales (Yahvé, dios de israel, daba a sus favoritos los preceptos escritos para que ELLOS los cumplieran y se prepararan así, a ojos del “Justo Censor”, hacia ver consumado su Destino de Supremacía). Con ello no estoy afirmando, ni muchísimo menos, que las gentes hebreas durante el extenso arco histórico pre-judaico-supremacista interpretaran así ese mito suyo.

En lo que a este punto último atañe, la ciencia, que no ha hallado tablas pétreas sino códices jurídicos escritos de la mano del hombre durante el periodo demarcado en una de las cinco secciones de la Torah (“Reyes”), vincula contenidos legales y normativos con el legado que, en unos y otros lugares, el Código de Hamurabi había sembrado.

Aunque, véase al menos una cualitativa diferencia: si bien el Emperador babilonio -de Dinastía amorrita “sirio-occidental” que fuera conquistadora de gran parte de Mesopotamia (de ahí el nombre Hamurabi referido a gentilicio)-, había escrito: buen trato con los semejantes, en cambio los “benei israel”, desde la labranza de su exclusivismo característico, escribieron “Amarás a tu pueblo como a ti mismo” (y NO “a tu prójimo” en abstracto y tout court, tergiversación cristiana posterior de esa ley mosaica).

Dicho esto, de ningún modo la generalidad de las gentes hebreas acogió ni interiorizó el sistema de ritos y creencias desarrollado ya en el ocaso del siglo IV a.C. por los Rabinos (auto)devenidos Jueces a la sombra del Imperio neo-babilónico, y cuya teología esos Jueces exportarían a Palestina apadrinados por los invasores persas de Babilonia, con quienes habían entablado alianza.

Sirvan de ejemplo los citados samaritanos, yahvíticos pero en modo alguno judíos por ideología/religión (ni siquiera lo eran todavía en tiempos de Jesucristo), y contra quienes los “exiliados” se emplean con crueldad cuando entre los siglos II y I a.C. toman Canaan “a sangre y fuego” (son palabras textuales de la propia Torah al narrar la campaña de Josué, quien con su trompeta asola los muros de Jericó). De hecho, el tendencioso “retrato” que de los samaritanos hace la Torah es marcadamente “negativo”.

 El autor es vicedirector de DIARIO UNIDAD
 
 
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miércoles, 10 de agosto de 2016

DOCUMENTAL: "Bajo la nube de Hiroshima".

Cada año se inscriben nuevos nombres en la lista de las víctimas de los bombardeos, que siguen muriendo. Son ya cerca de 380 mil. Sus voces se apagan ante un mundo sordo que acumula 15.850 cabezas nucleares y el propio gobierno japonés, que acaba de promover la aprobación de una ley para volver a la guerra.

Mucha gente recuerda los nombres de Hiroshima y Nagasaki por su destino trágico y guarda la imagen abstracta de una enorme nube en forma de hongo durante las explosiones. Pero poco se conocen los rostros bajo la nube.

Solamente ellos, los llamados “hibakusha”, aquellos que estaban en Hiroshima y Nagasaki los días 6 y 9 de agosto de 1945 podrían hablar del “infierno sobre la Tierra”. Sólo aquellos que soportaron 4 mil grados centígrados, una lluvia de partículas radiactivas y perdieron en unos segundos toda la piel, podrían decirle al mundo qué hay bajo una explosión atómica.

Sus historias son incómodas. Son el resultado más perverso de una guerra que involucró a gran parte del mundo. Son la peor cara del poder nuclear desarrollado por los científicos más brillantes del siglo XX. Son un compendio de males radiactivos a partir de lo que el mundo moderno explota como una rica fuente de energía. Son el eco de los fantasmas de miles de víctimas inocentes, de niños que nunca conocieron la paz.

Paradójicamente, Hiroshima atrae al mundo. El Museo de la Paz en esta ciudad ha sido durante varios años el sitio más visitado por los extranjeros que llegan a Japón, según datos del portal Trip Advisor y fuentes de turismo.
La vida moderna de Tokio, la belleza de las tradiciones en Kyoto o las playas de Okinawa, son llamativas pero ¿qué buscan los que visitan Hiroshima? ¿qué encuentran? ¿horror, compasión, cercanía? ¿conciencia? O acaso la revisión de un capítulo histórico que la humanidad cerró sin concluir.

Si Hiroshima y Nagasaki son la muestra de que dos bombas pueden arrasar dos ciudades completas ¿qué podemos esperar en la actualidad, con casi 16 mil armas mucho más potentes repartidas por todo el planeta? Si estas armas -dice la historia oficial- son necesarias para acabar las guerras ¿qué fin le depara a un mundo moderno con decenas de enfrentamientos en todas las latitudes?

En contraste con la atención mundial, todavía quedan japoneses alejados de Hiroshima y Nagasaki en muchos sentidos.

Algunos, por falta de interés. Otros, por un prejuicio que todavía despierta temores a relacionarse con los “hibakusha” o sus familias, por considerarlos portadores de malformaciones genéticas. Uno de los mitos más difundidos ante la desinformación y el desconocimiento es precisamente el de las anomalías genéticas. Más allá de los efectos en quienes fueron expuestos a las radiaciones de la bomba, incluso como fetos, no hay pruebas de trastornos heredados en las siguientes generaciones, según Nori Nakamura, científico de la Fundación para la Investigación de los Efectos Radiactivos.

Otros japoneses simplemente no han tenido información suficiente ni en sus textos escolares, ni en los medios de comunicación, por lo que algunos reconocen que falta mucho por aprender.

Una luz de esperanza sobre este tema se abre con los jóvenes. Un estudio del Instituto de Investigaciones Culturales de la cadena informativa NHK decía que en el año 2010 solamente 27 por ciento de la población japonesa recordaba las fechas de los acontecimientos de Hiroshima y Nagasaki. Entre ellos, curiosamente, los más enterados eran jóvenes de entre 20 y 30 años.



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Documental : Hiroshima y Nagasaki la Verdad sobre las Bombas Atomicas

Los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki fueron ataques nucleares ordenados por Harry S. Truman, presidente de los Estados Unidos, contra el Imperio del Japón. Los ataques se efectuaron el 6 y el 9 de agosto de 1945, formando parte del fin de la Segunda Guerra Mundial. Después de seis meses de intenso bombardeo de otras 67 ciudades, el arma nuclear Little Boy fue soltada sobre Hiroshima el lunes1 6 de agosto de 1945,2 seguida por la detonación de la bomba Fat Man el jueves 9 de agosto sobre Nagasaki. Hasta la fecha, estos bombardeos constituyen los únicos ataques nucleares de la historia.3

Se estima que hacia finales de 1945, las bombas habían matado a 166 000 personas en Hiroshima y 80 000 en Nagasaki,4 totalizando unas 246 000 muertes, aunque sólo la mitad falleció los días de los bombardeos. Entre las víctimas, del 15 al 20 % murieron por lesiones o enfermedades atribuidas al envenenamiento por radiación.5 Desde entonces, algunas otras personas han fallecido de leucemia (231 casos observados) y distintos cánceres (334 observados) atribuidos a la exposición a la radiación liberada por las bombas.6 En ambas ciudades, la gran mayoría de las muertes fueron de civiles.7 8

Seis días después de la detonación sobre Nagasaki, el 15 de agosto, Imperio del Japón anunció su rendición incondicional frente a los «Aliados», haciéndose formal el 2 de septiembre con la firma del acta de capitulación. Con la rendición de Japón, concluyó la Guerra del Pacífico y por tanto, la Segunda Guerra Mundial. Como consecuencias de la derrota, el Imperio nipón fue ocupado por fuerzas aliadas lideradas por los Estados Unidos —con contribuciones de Australia, la India británica, el Reino Unido y Nueva Zelanda— y adoptó los «Tres principios antinucleares», que le prohibían poseer, fabricar e introducir armamento nuclear.





La Patagonia Rebelde (Pelicula de 1974)


 

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VIDEO: Hiroshima y Nagasaki, la verdad oculta

La verdadera historia de Hiroshima y Nagasaki, una historia que las autoridades estadounidenses se encargaron de esconder, ocultando una vez mas la realidad.


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¡Siempre Más Allá!: La Vigencia Combativa del Pensamiento de Sandino en en el pueblo de Nicaragua

Por Javier Huerta

El destino de los pueblos que deciden ser libres no se escribe con concesiones, sino con la firmeza inquebrantable de la vanguardia. En la historia de la resistencia antiimperialista de América Latina, pocas divisas encierran tanta carga histórica, mística y combativa como el juramento heredado por el General de Hombres y Mujeres Libres, Augusto C. Sandino: "Siempre más allá". Este no es un simple eslogan de campaña ni una frase subordinada a la mercadotecnia; es el motor ideológico de una Revolución que se niega a detenerse y que mantiene las banderas de la izquierda alzada frente a las pretensiones coloniales de siempre.
Para comprender el verdadero peso de esta consigna, es obligatorio volver a las trincheras de Las Segovias. Sandino no concebía la lucha como un esfuerzo temporal o un pacto de salón con la burguesía entreguista. Su guerra de guerrillas contra el invasor estadounidense (1927-1933) fue una gesta de liberación nacional y social. Al cerrar sus correspondencias y manifiestos con la fórmula "Siempre más allá", el General estampaba una declaración de guerra al entreguismo y un compromiso con la eternidad: la lucha por la justicia social no termina con la expulsión del invasor militar, sino que avanza hacia la transformación total de las estructuras del poder.
La interiorización de los ideales sandinistas en la vanguardia
La fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) por Carlos Fonseca, Tomás Borge y Silvio Mayorga supuso la síntesis perfecta entre el marxismo-leninismo y el ideario político de Sandino. No se trataba de repetir recetas extranjeras, sino de extraer del pensamiento sandinista la savia para la guerra popular prolongada. Los ideales de Sandino se interiorizaron en el proceso revolucionario como un método de vida y de combate:
  • El Antiimperialismo Feroz: El convencimiento absoluto de que el principal enemigo de la soberanía popular es el imperialismo y sus lacayos locales.
  • El Poder en Manos de Obreros y Campesinos: La Revolución de 1979 demostró que, tal como lo dictó Sandino, solo los obreros y los campesinos llegarían hasta el fin en la defensa de la patria.
  • La Mística del Sacrificio: El sandinismo convirtió el "Siempre más allá" en una ética militante. Significa darlo todo por el colectivo, priorizar la salud, la alfabetización y la tierra para el pueblo, sin claudicar ante las agresiones externas ni los bloqueos económicos.
En este 2016 y la Vigencia del Discurso de Izquierda en el Siglo XXI
En el año 2016, de cara a un nuevo periodo electoral y frente a un escenario internacional complejo de contraofensiva derechista en la región, la Revolución nicaragüense relanzó esta consigna al centro del debate político. Lejos de ablandar el mensaje, el uso masivo de "Siempre más allá" sirvió para recordarle a la militancia y al mundo que el proceso revolucionario no es estático.
Bajo la conducción del FSLN, la frase se tradujo en la consolidación de un modelo que prioriza los derechos de las mayorías. Ir "más allá" significó en la práctica la electrificación del país, la soberanía alimentaria, la gratuidad de la salud y la construcción de infraestructura en comunidades históricamente olvidadas por el capitalismo salvaje. La derecha internacional y sus operadores locales intentan desmantelar las conquistas populares, pero la respuesta de la izquierda nicaragüense sigue siendo la movilización permanente y la firmeza ideológica en las calles y en las urnas.
El proceso revolucionario nicaragüense demuestra que las ideas de Sandino no son piezas de museo, sino herramientas afiladas para transformar la realidad. Mientras exista una amenaza imperialista y mientras haya desigualdades que combatir, el pueblo organizado mantendrá el fusil de las ideas en alto. La historia pertenece a quienes no se rinden, a los que caminan con la convicción de que cada victoria es solo el peldaño para la siguiente batalla.
¡Viva Sandino, Viva Nicaragua, Siempre Más Allá!

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miércoles, 3 de agosto de 2016

Programas sociales atacan pobreza en Nicaragua

Por Francisco G. Navarro *

Managua (PL) -Hambre Cero, Plan Techo, Usura Cero, Merienda Escolar, Bono Productivo y Casas para el Pueblo son programas sociales del Gobierno de Nicaragua, que en su conjunto atacan el flagelo de la pobreza en este país centroamericano.

Así lo confirmó la reciente encuesta de Medición de Nivel de Vida 2014, dada a conocer por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide) y fruto de una pesquisa que comprendió siete mil 570 hogares de la capital, las zonas del Pacífico, Central y la Costa Caribe.

El sondeo estableció que la pobreza general decreció en la etapa estudiada (2009-2014) de 42.5 a 29.6 por ciento, en tanto la calificada como extrema mermó de un 14.6 a 8.3 por ciento.

En este momento el 70 por ciento de los nicaragüenses clasifica en la categoría de no pobre, reafirma la investigación estadística, asesorada por el Banco Mundial (BM).

Ovidio Reyes, presidente del Banco Central de Nicaragua, comentó en el propio acto de presentación de la muestra que tales resultados son consecuencias de las políticas sociales y económicas implementadas por el gobierno y centradas en la familia como protagonista.

De ahí que el presidente Daniel Ortega mantenga una alta aceptación entre la población, como lo demostró otro sondeo más cercano en el tiempo, el de la firma M&R Consultores, que situó el beneplácito a la gestión del gobierno en un 71,6 por ciento.

Al avaluar la lucha frontal contra la pobreza muchos actores económicos y políticos coinciden en señalarlo como, tal vez, el logro más sobresaliente de la gestión del actual mandatario nicaragüense.
Así lo atestiguan el expresidente de la Asamblea Nacional, Luis Humberto Guzmán; el presidente de la Cámara de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa, Gilberto Alcocer, y el diputado del Parlamento Centroamericano y legislador nacional Douglas Alemán, entre otros.

Guzmán argumentó que el tema de la reducción de la pobreza ha sido un problema crónico en las sociedades latinoamericanas, Nicaragua incluida, lo cual confirma que cuando un gobierno lo enfrenta y ofrece soluciones a través de políticas públicas, el éxito es posible.

El presidente (Ortega) confiere prioridad en su gestión al alivio de la pobreza en que fue hundido el país por tres administraciones neoliberales, comparó el ex parlamentario.

Nicaragua avanza (en el combate a la pobreza) gracias al modelo de diálogo y alianza, una de las líneas directrices de la administración, sostiene Alcocer.

Alemán, productor agropecuario y diputado por la bancada sandinista, piensa que la reducción de la pobreza en el caso específico del sector rural responde a la validez del programa del Bono Productivo Alimentario.

En áreas del departamento de Chontales (centro), de donde es originario, el legislador refirió la existencia de muchas familias que pasaron de no tener nada a ser parte de la cadena productiva de sus asentamientos.

Hoy esos pequeños núcleos de población, además de producir para su sustento alimentario, logran un excedente y venden huevos, leche o cuajadas frescas, géneros que resultan de la crianza de gallinas y vacas (entregadas como parte del módulo del Bono Productivo), explicó.

Mejor distribución de la riqueza y énfasis en el ser humano y la familia implican que en Nicaragua pueda hablarse de desarrollo humano en lugar del simple crecimiento de la macroeconomía, constituye una valoración recurrente de los analistas.

RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL
La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) reconoce en diversos documentos que, de 1990 a 2014, Nicaragua logró reducir el índice de la población subalimentada de la mitad (50.5 por ciento) a un 16 por ciento.
De tal manera el país centroamericano arribó antes de la fecha límite (2015) a la consecución del inciso inicial de la primera de las ocho metas trazadas por los Objetivos de Desarrollo del Milenio: reducir a la mitad la proporción de personas que sufren hambre.

El cumplimiento incluye al propio tiempo el compromiso fijado por la Cumbre Mundial de la Alimentación, celebrada en Roma a mediados de noviembre de 1996 con la participación de 112 jefes de Estado y Gobierno.

La coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, Rosario Murillo, subrayó la validación otorgada por el BM, organismo especializado del sistema de Naciones Unidas, a la reciente encuesta.
Luis Constantino, representante del BM en Nicaragua, reconoció la estrategia de la actual administración nicaragüense en sus políticas públicas para conseguir este resultado. Para Carlos Sobrado, especialista en pobreza de la propia organización, con la reducción de la penuria, la población nicaragüense aumentó sus niveles de consumo en el período estudiado.

En el último quinquenio el consumo per cápita de los nicaragüenses creció en alrededor de ocho mil córdobas (290 dólares aproximadamente al cambio oficial a la fecha), un incremento del 33,8 por ciento, precisó el funcionario.

Al ejemplificar el impacto de los programas sociales en el tema de estudio, el experto internacional señaló que de haber desaparecido la mochila y la merienda escolar hubiera significado la elevación del nivel de pobreza en dos puntos porcentuales.

La clásica guinda del pastel a la evaluación de la línea económica del modelo político nicaragüense la puso la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (Cepal), al proyectar para este año un crecimiento del Producto Interno Bruto por encima del 4.3 por ciento, dato que concuerda con las estimaciones previas del gabinete del gobierno a cargo de esa área.


*Corresponsal de Prensa Latina en Nicaragua.



Fuente: Prensa Latina
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lunes, 1 de agosto de 2016

¿Conoces la Historia de la Financiación Venezolana del PSOE? Y que Felipe impuso a Venezuela ser Refugio de etarras?

El partido socialdemócrata español que hoy denuncia que Podemos es financiado por el chavismo, recibió durante décadas dinero del extranjero…

A días de las elecciones generales en España, una de las principales acusaciones contra el frente Unidos Podemos, conformado por Podemos e Izquierda Unida, es que han sido ilegalmente financiados por el gobierno de Nicolás Maduro. 

Si bien ninguna de estas denuncias han podido ser comprobadas ante la Justicia, se sigue utilizando ese argumento de difamación contra estas organizaciones de izquierda.

Casualmente, uno de los principales difusores de esta teoría es el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Pedro Sánchez. Lo que Sánchez parece ignorar es que durante las décadas de 1970 y 1980, su partido fue financiado por los gobiernos deCarlos Andrés Pérez en Venezuela.

La carta del rey
En 1976, en plena transición española de la dictadura franquista a la democracia, elrey Juan Carlos escribió una carta al sha Reza Pahlevi de Irán. Allí le pedía a él y por su intermedio a otros jeques de Medio Oriente, que brindaran su apoyo económico al partido Unión del Centro Democrático (UCD).
Juan Carlos explica al sha que habiendo salido de la dictadura, la legalización de diversos partidos políticos “les permitió participar libremente en la campaña (electoral), elaborar su estrategia y emplear todos los medios de comunicación para su propaganda y la presentación de la imagen de sus líderes, al tiempo que se aseguraron un sólido soporte financiero”.

El rey explica entonces que la derecha ha sido “asistida por el Banco de España”; el PSOE, “por Willy Brandt, Venezuela y otros países socialistas europeos”; los comunistas, “por sus medios habituales”.

Por aquel entonces el presidente de Venezuela era Carlos Andrés Pérez de Acción Democrática (AD). El mandatario venezolano presidía también la Internacional Socialista, una alianza de partidos socialdemócratas de todo el mundo, y era muy amigo de Felipe González, presidente del PSOE.

Una amistad de favores
Siendo Carlos Andrés vicepresidente de la Internacional Socialista hizo cuanto estuvo en su mano para apoyar a los entonces dirigentes del PSOE, casi todos en la clandestinidad y muchos aún en el exilio a la espera de la transición en España.

Y durante su primera etapa como presidente de Venezuela, Carlos Andréz Pérez puso a disposición de Felipe González su propio avión presidencial y le acompañó en su vuelo de regreso a España, una vez muerto Franco. 

Hay muchos que piensan todavía en el seno del PSOE que Carlos Andrés Pérez fue de alguna manera un padrino, casi un hermano mayor, para Felipe.

Tal como explicó el propio Felipe González en un artículo publicado en el diario ‘El País’, con Carlos Andrés Pérez los unió una amistad de “cuatro décadas”.

Si bien el líder socialista no reconoce que haya habido un apoyo económico, sí deja en claro que el dirigente venezolano lo ayudó mucho en los comienzos de su carrera política. 

Así cuenta como lo llevó en su avión a Madrid cuando los partidos políticos aun no estaban legalizados; o como le dio consejos durante los primeros años de su gobierno en los ’80.

De esta forma la denuncia del rey en su carta al sha cobra mayor trascendencia. Incluso hay que tener en cuenta que se pudo demostrar en el llamado caso Flick, que un clan empresarial alemán financió al PSOE, al igual que la Fundación Friedrich Ebert, vinculada al Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) de Willy Brandt.

Asimismo, hay que destacar que Felipe Gónzalez siempre defendió públicamente a su amigo. Incluso en 1989, tras el levantamiento popular que se dio en Venezuela conocido como ‘Caracazo’ y que Carlos Andrés Pérez mandó a reprimir brutalmente asesinando, por lo menos, a 3.000 personas.
Pocas semanas después del hecho el gobierno del PSOE le prestó 600 millones de dólares a Venezuela, y 3.000 millones más al año siguiente.

Por aquellos años el gobierno de González hizo otra serie de acuerdos con Venezuela:“Compró la aerolínea estatal venezolana CONVIASA para incorporarla a IBERIA”. 

Al mismo tiempo el grupo PRISA, “sostén mediático del PSOE, desembarca en Venezuela. No sólo en la prensa, sino también en otro aspecto curioso: la editorial Santillana comienza a elaborar los libros de texto para el sistema educativo, para lo que el gobierno tuvo que darle una concesión”.

Una amistad de favores
Siendo Carlos Andrés vicepresidente de la Internacional Socialista hizo cuanto estuvo en su mano para apoyar a los entonces dirigentes del PSOE, casi todos en la clandestinidad y muchos aún en el exilio a la espera de la transición en España.

Y durante su primera etapa como presidente de Venezuela, Carlos Andréz Pérez puso a disposición de Felipe González su propio avión presidencial y le acompañó en su vuelo de regreso a España, una vez muerto Franco. 

Hay muchos que piensan todavía en el seno del PSOE que Carlos Andrés Pérez fue de alguna manera un padrino, casi un hermano mayor, para Felipe.

Tal como explicó el propio Felipe González en un artículo publicado en el diario ‘El País’, con Carlos Andrés Pérez los unió una amistad de “cuatro décadas”.

Si bien el líder socialista no reconoce que haya habido un apoyo económico, sí deja en claro que el dirigente venezolano lo ayudó mucho en los comienzos de su carrera política. 

Así cuenta como lo llevó en su avión a Madrid cuando los partidos políticos aun no estaban legalizados; o como le dio consejos durante los primeros años de su gobierno en los ’80.

De esta forma la denuncia del rey en su carta al sha cobra mayor trascendencia. Incluso hay que tener en cuenta que se pudo demostrar en el llamado caso Flick, que un clan empresarial alemán financió al PSOE, al igual que la Fundación Friedrich Ebert, vinculada al Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) de Willy Brandt.

Asimismo, hay que destacar que Felipe Gónzalez siempre defendió públicamente a su amigo. Incluso en 1989, tras el levantamiento popular que se dio en Venezuela conocido como ‘Caracazo’ y que Carlos Andrés Pérez mandó a reprimir brutalmente asesinando, por lo menos, a 3.000 personas.
Pocas semanas después del hecho el gobierno del PSOE le prestó 600 millones de dólares a Venezuela, y 3.000 millones más al año siguiente.

Por aquellos años el gobierno de González hizo otra serie de acuerdos con Venezuela:“Compró la aerolínea estatal venezolana CONVIASA para incorporarla a IBERIA”. 

Al mismo tiempo el grupo PRISA, “sostén mediático del PSOE, desembarca en Venezuela. No sólo en la prensa, sino también en otro aspecto curioso: la editorial Santillana comienza a elaborar los libros de texto para el sistema educativo, para lo que el gobierno tuvo que darle una concesión”.

Pillaje en el Atlántico
Ya como presidente del Gobierno, González mantuvo durante años esa estrecha amistad con Carlos Andrés, a pesar de algunos episodios dudosos como unas declaraciones de Carlos Andrés Pérez sobre ETA que levantaron ampollas.
Ya para entonces, a comienzos de los 90, algunos etarras vivían en Venezuela acogidos por Carlos Andrés a petición del propio Felipe, tras las fallidas negociaciones de Argel entre el Gobierno español y ETA.
Desde la llega al poder del PSOE, el 28 de octubre de 1988, fueron días de vino y rosas para la grey socialista, varios años de favores entre ambos, de mucho dinero cruzando el Atlántico en uno y otro sentido. 

Como la repentina fortuna amasada por el empresario venezolano Gustavo Cisneros en España en 1983, a raíz de la expropiación de Rumasa, de la que fue uno de los principales beneficiarios al adquirir Galerías Preciados.

 Una verdadera ganga de la que obtuvo más de 28.000 millones de pesetas en plusvalías.
Como los 3.000 millones de dólares concedidos en junio de 1990 por Madrid a Caracas como “impulso al desarrollo”. 

No faltaron voces que señalaron que era el pago por acoger a los etarras.
Grandes gazapos, en fin, del felipismo. Con estos antecedentes las denuncias contra Podemos resultan, al menos, hipócritas….

https://laklave.wordpress.com/2016/07/01/conoces-la-historia-de-la-financiacion-venezolana-del-psoe/
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martes, 19 de julio de 2016

En Nicaragua 37 por 19 iguala la democratización, la igualdad y la justicia

Para los cientos de miles que se reúnen en la Plaza de la Fe en Managua, y para muchos, muchos más que siguen la celebración desde sus televisores, se trata de un proceso de cambios vivo, que hoy está materializando las promesas de la insurrección de 1979.

Definitivamente, la historia madura a los pueblos. No es una cuestión de economías, instituciones o sistemas educativos más o menos desarrollados sino de experiencias vividas por millones de personas, las que de una u otra manera son transmitidas a través de las generaciones y dejan su huella en la manera en que esos grandes grupos humanos se ven a sí mismos, al mundo y a la vida. Cuando uno visita lugares o países como Cuba, el sur del Líbano, Ramallah, Vietnam o cualquier ciudad de Nicaragua es imposible dejar de notar la huella de la experiencia de lucha de los sueños contra el imperio en la señora que vende pan en la esquina, en el taxista que maldice o soporta el tráfico enloquecido, o incluso en los jóvenes que se preguntan por qué el mundo al que han llegado está dominado por seductoras y omnipresentes imágenes que vociferan una libertad que jamás tendrán suficiente dinero para comprar.

Cualquiera que haya tenido un contacto medianamente profundo con las realidades de esos pueblos lo podrá constatar: Por difíciles que sean las condiciones que encuentren, no son víctimas pasivas. Tienen una historia propia, una conciencia de lo que fueron, de lo que son y de lo que quieren ser. Es precisamente el hecho de olvidar ese factor subjetivo el que una y otra vez hace fallar miserablemente los pronósticos de tantos sesudos analistas que desde el exterior, y tanto desde la derecha como desde la izquierda, dejan caer juicios de valor y predicciones implacables sobre pueblos que en realidad no conocen ni están preparados para conocer.

Este 19 de julio la Revolución Popular Sandinista cumple 37 años. Para cierta gente que se define como de izquierda en Occidente se trata de una revolución fracasada, incluso traicionada. Para los cientos de miles que se reúnen en la Plaza de la Fe en Managua, y para muchos, muchos más que siguen la celebración desde sus televisores, se trata de un proceso de cambios vivo, que hoy está materializando las promesas de la insurrección de 1979: Paz, democracia política, justicia social, solidaridad y construcción de un país que las élites, dependientes del interventor imperio estadounidense, se habían empeñado en estar destruyendo por 200 años.

Esta segunda etapa de la Revolución Sandinista que arrancó en 2007 con el regreso del FSLN al poder es ciertamente diferente de la primera, surgida de la insurrección que derrocó a Somoza en 1979. Es una revolución más serena, más aterrizada a las necesidades concretas del pueblo, más consciente de esa verdad que todo buen jefe militar conoce instintivamente, de que ninguna columna avanza más rápido que la más lenta de sus unidades, y más consciente de otras verdades, también grandes como continentes, como que la tierra abonada por la sangre de los héroes y mártires solo será fértil por los que la recuerden en vida, y de aquella otra verdad que dice que una cosa es doblarse y otra quebrarse o, lo que es parecido, que una cosa son los meandros del río y otra el mar al que busca llegar para vaciar sus aguas. La consigna de aquel 19 de julio de 1979, de “¡Patria Libre o Morir!”, hoy está alimentada por aquella otra que nos legó Hugo, el Comandante Eterno: “¡Viviremos y Venceremos!”.

La Nicaragua que en 1979, insurreccionada, dio al traste con la dictadura somocista, esa pesada losa de represión, corrupción y entreguismo al imperio, era un país muy pobre a pesar de cifras de crecimiento económico que ya desearían tener la mayoría de los países del mundo hoy en día. Pero era un crecimiento destinado a alimentar las fastuosísimas mansiones de la élite dentro y fuera del país, gastado en comprar helicópteros para desde ellos lanzar del aire a los campesinos, o en mantener aviones push-and-pull con los que bombardear a las poblaciones civiles de las ciudades. Una de las empresas más prósperas de aquella Nicaragua era Plasmaféresis, y su concepto de negocios se basaba en extraerle la sangre a los pobres a cambio de unas monedas y un refresco para luego vendérsela a los pacientes ricos de los Estados Unidos. La Nicaragua que había antes del 19 de julio de 1979 estaba regida según el principio de “plata para los amigos del régimen, palo para los indecisos y plomo para los desafectos”. Era un país en el que la Guardia Nacional despojaba de sus pertenencias a las víctimas de los terremotos cuando no las reprimía, un país en el que los niños de 10 años eran lanzados a organizar guerrillas y a aprender a lanzar bombas caseras contra convoyes de guardias pertrechados con la última tecnología estadounidense e israelí.

Esa Nicaragua de Somoza era, según se la mirase, una hacienda personal del dictador o una tierra del imperio cedida en usufructo a cambio de que el primero ejerciera sus labores de vigilante de los intereses del amo, tanto dentro del país como en toda centroamérica. Nicaragua no tenía fuerzas armadas propias, sino una constabularia diseñada bajo las órdenes y a la medida de los Estados Unidos. La Costa Atlántica era un lugar de hermosas playas y miseria, y un objeto de escarnio por el que la Nicaragua de Somoza, que se quería ver blanca y europea, sentía vergüenza. En esa época, como tan certeramente lo describió el Comandante Tomás Borge Martínez, y como lo recoge el himno del FSLN, el amanecer “era una tentación”. Soñar con un futuro de “ríos de leche y miel” era una osadía que se pagaba con la vida.

En el alma de la gran mayoría de las y los nicaragüenses habitaba el orgullo de tener un compatriota como Rubén Darío, que había escrito aquello (tan martiano) de “A través de las páginas fatales de la historia, / nuestra tierra está hecha de vigor y de gloria, / nuestra tierra está hecha para la Humanidad”. En el alma de algunos, que habían logrado preservar la memoria tras el genocidio político que siguió al asesinato de Augusto C. Sandino y sus guerrillas que derrotaron a los yanquis con sueños de cooperativas agrícolas con Patria y Libertad, pervivía la imagen del héroe que la dictadura por todos los medios trató de marcar como “bandolero”. Darío y Sandino brillaban como estrellas en medio de aquella oscuridad. A esas estrellas se les unieron otras, como la de los jóvenes universitarios que ofrendaron sus vidas en lucha contra la tiranía, de los cuales el más preclaro ejemplo es el del poeta Rigoberto López Pérez, que un 21 de septiembre de 1956 ajustició al patriarca de la dinastía y asesino de Sandino: Anastasio Somoza García. Eran días en los que todo aquel que se comprometiese seriamente en combatir la indignidad reinante en la patria necesariamente debía correr peligro de muerte.

Fue así como una nueva generación de jóvenes encabezada por los comandantes Carlos Fonseca y Tomás Borge fueron recogiendo los pedazos de toda esa historia de estrellas y sueños, de derrotas sangrientas y oprobios sin fin, y de ellos fueron construyendo una imagen de Amanecer que pudiera servir de Tentación lo suficientemente fuerte para las ansias libertarias del pueblo y de la sociedad toda. Enarbolar a Sandino, a la lucha armada contra el régimen, al pueblo como sujeto de su historia como hermano de los demás pueblos en lucha fueron los elementos que le dieron solidez a este esfuerzo, que dio en llamarse Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Durante varios años fueron muy pocos, y morían casi tantos como ingresaban, pero se convirtieron en un referente político nacional: De un lado, los sandinistas en la montaña, del otro, la dictadura y sus sirvientes. Poco a poco se fueron derrumbando las ilusiones de una oposición no-frontal a la dictadura somocista, hasta que las contradicciones, tanto dentro del país como en el mundo llevaron a que el hilo se rompiera y, por primera vez en la historia, los invitados no deseados, con sus canastos del mercado, con sus cajones de lustrar zapatos, con sus machetes, sus ropas andrajosas y sus modales nada refinados, ocuparan el centro de la escena. Bajo las banderas de economía mixta, democracia política, justicia social, no-alineamiento internacional y la compatibilidad entre un compromiso cristiano y un proyecto revolucionario comenzó la historia de una Nueva Nicaragua a partir del 19 de julio de 1979.

Esas banderas, que en su momento fueron acogidas con ardiente entusiasmo o genuina curiosidad por las almas progresistas y de izquierda de todo el mundo, resultaron más difíciles de concretar en la práctica debido principalmente a dos factores: Primero, a la respuesta militar y terrorista del imperio más poderoso del planeta contra una nación con menos habitantes que un barrio de la ciudad de Nueva York y segundo, a causa de unos revolucionarios (y también de todo un pueblo revolucionario) que tuvieron que aprender, tras una larga lista de errores, amargamente y en carne propia, la lección contenida en la Tercera Tesis sobre Feuerbach de Carlos Marx, aquella que dice que “el propio educador necesita ser educado”.

A pesar de logros tan extraordinarios como la Cruzada Nacional de Alfabetización, y de programas que trastocaron las relaciones de poder en toda la sociedad, como las reformas agraria y urbana, o la Autonomía de la Costa Atlántica, que asume el carácter plurinacional de la sociedad nicaragüense, hacia fines de la década de los años 1980 la economía se había salido gravemente de sus cauces. Lo que las fuerzas de la Contra no lograban en el terreno militar lo estaba logrando la debacle económica aunada al descalabro de la Unión Soviética y de todo el bloque socialista, que habían estado apoyando al país con considerables recursos. En esas condiciones, Cuba socialista, que siempre, aún en los días más negros de la lucha contra la dictadura, había apoyado incondicionalmente a Nicaragua, no podía de ninguna manera suplir el papel jugado por los otros aliados.

Lo que no se perdió en el terreno de combate se perdió así en las urnas el 21 de febrero de 1990. A muchos revolucionarios en aquel momento les pareció que con esa derrota ya todo estaba perdido. Pero al día siguiente de la victoria de la coalición de la UNO apadrinada por Washington, Nicaragua seguía estando ahí. La pobreza seguía estando ahí. Las ansias de paz, de justicia y de esperanza del pueblo seguían estando ahí. A pesar de la derrota el FSLN, como instrumento político del pueblo, y como partido más grande de Nicaragua, seguía estando ahí. En suma, la necesidad de completar lo que se había iniciado el 19 de julio de 1979 seguía estando ahí.

En esas condiciones, el Frente Sandinista, con el Comandante Daniel Ortega a la cabeza, lanzan la consigna de “Gobernar desde abajo” que implicaba defender lo mejor posible los logros alcanzados en un país en el que habían un ejército y una policía de raíces populares y revolucionarias, que no apuntarían sus armas contra el pueblo. Esas instituciones, más el hecho de que por primera vez en la historia el país contaba con miles de abogados, jueces y juristas nacidos de la revolución, le daban al Frente Sandinista una posibilidad real de reconquistar el poder por medio de un juego electoral sancionado por la misma Constitución nacida de la Revolución Sandinista y que fue la que por primera vez le dio al país elecciones verdaderamente libres.

A la derrota de 1990 le siguieron 17 años de lo que en Nicaragua se denomina “larga noche neoliberal”. Lo que se logró avanzar en materia de inversiones productivas durante la década anterior fue privatizado, malvendido o robado por los gobiernos de turno. No solo el Frente Sandinista, sino todos aquellos que habían sido sandinistas, fueron objeto de una cruel privación de puestos de trabajo, de crédito, de alternativas educativas y de cualquier medio de subsistencia. Como hizo Somoza tras el asesinato de Sandino en 1934, la derecha y los Estados Unidos se lanzaron, no solo sobre el Frente Sandinista, sino sobre todo el pueblo sandinista en su conjunto. Ese fue quizás su más grave error, y prueba de ello son las plazas llenas en los 19 de julio de hoy en día.

Las plazas llenas de los 19 de julio de hoy en día son el resultado de un pueblo y de su instrumento político que se recomponen a raíz de una severa, más no fatal, derrota. Hoy El Educador ha regresado, habiendo aprendido algunas lecciones de la historia. Y no solo eso, sino que lo hace también gracias a los avances logrados durante los últimos años por nuestros pueblos hermanos del Abya Yala, en especial el Pueblo Bolivariano de Venezuela, al que debemos, no solo una muy importante ayuda material, sino también el impulso de las ideas del Hijo Inmortal de Bolívar.

Hoy el Pueblo Presidente llena las plazas de Nicaragua basado en un consenso que abarca a los sectores más amplios de la sociedad. Es un consenso que reconoce (aunque no necesariamente comparta) las razones de los otrora enemigos, asumiendo sus propias arrogancias y cegueras del pasado así como siendo vigilante con las que se pueda cometer en el presente. Es un consenso que ha aprendido a valorar el control directo de los trabajadores libremente asociados sobre los medios de producción, con un sector de lógica no-capitalista que controla el 63% del PIB y más del 70% de la fuerza de trabajo en medio de una economía altamente capitalista y dependiente del mercado internacional. Es un consenso que se basa en la conciencia colectiva compartida de la necesidad de diversificar las relaciones económicas del país al máximo posible, así como de hacer un uso eficiente de hasta el último centavo. Otro formidable “colchón” de Nicaragua ante las incertidumbres del mercado mundial actual es el hecho de que el 90% de la comida que se consume, o sea, el arroz y los frijoles que come el pueblo, son producidos en el país.

Un 19 de julio de 1979 al pueblo nicaragüense todo le parecía posible. Hoy, 37 años más tarde, todo le sigue pareciendo posible, pero de una manera mucho más real. Desde que el Frente Sandinista regresó al poder en 2007, el país ha experimentado un paulatino pero sostenido proceso de cambios para mejor. Según las encuestas de opinión, el presidente Daniel Ortega tiene los niveles más altos de aprobación de todos los presidentes que han habido desde 1990 hasta la fecha. No sería ninguna exageración decir que Daniel Ortega ha sido el mejor presidente de Nicaragua en sus casi dos siglos de historia independiente.

Antes de 2007, Nicaragua era un país del que la gente se quería ir. Hoy es cada vez más uno de gente que se quiere quedar. Antes, no había esperanza, mientras que hoy sí la hay, aún en los turbulentos momentos por los que atraviesan nuestra región y el mundo. Hoy, para muchos jóvenes, que son la mayoría del país, el 19 de julio de 1979 es una referencia cada vez más lejana, y la sociedad enfrenta el reto de no olvidar su historia, y no solo eso, sino también de asumir la tarea de definir concretamente en qué consisten los Ríos de Leche y Miel hoy en día, en pleno Siglo XXI. Definitivamente, la historia ha hecho madurar al pueblo nicaragüense pero, como siempre en la vida, las experiencias pasadas son tan solo lo que logremos hacer de ellas de cara al futuro, de modo que en cierto sentido se puede decir que todo resta aún por hacer, y que afortunadamente Nicaragua tiene muchos 19 de julio por delante que celebrar.

Fuente: Tortilla con sal

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