Augusto Pinochet autoriz贸 que uno de los helic贸pteros que ocupaba frecuentemente fuera usado para deshacerse de los frentistas en 1987.
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Dolmestch, el hombre de las paciencias largas que jurar谩 como supremo.
El magistrado, reci茅n confirmado por el Senado para integrar la Corte Suprema, se apresta a dar el 煤ltimo golpe de su carrera como juez instructor antes de subir al m谩ximo tribunal a resolver los criterios mayores de la Segunda Sala (penal).
Conocido por tener una llegada humana a los agentes relacionados con las violaciones de los derechos humanos, ha logrado aclarar todos los casos anteriores a la desaparici贸n de los cinco frentistas, como la Operaci贸n Albania, el homicidio del periodista Jos茅 Carrasco y uno posterior como fue el asesinato del vocero del MIR, Jeckar Neghme en septiembre de 1989, cometido tambi茅n por agentes de la CNI.
Jorge Molina Sanhueza
Un hombre al que Augusto Pinochet siempre le confi贸 su vida fue quien rompi贸 el silencio en el proceso por la desaparici贸n de los cinco militantes del Frente Patri贸tico Manuel Rodr铆guez (FPMR), ocurrido en 1987, sustanciado por el ministro Hugo Dolmestch.
Apodado el «Chino Campos» por sus camaradas en el Comando de Aviaci贸n del Ej茅rcito -y uno de los pilotos de confianza del ex dictador- cont贸 hace algunas semanas al magistrado c贸mo en septiembre de 1987, su jefe, el coronel Mario Navarrete, le orden贸 usar uno de los helic贸pteros institucionales para viajar junto a un subalterno hasta la zona de Peldehue a buscar unos paquetes. Estos 煤ltimos eran nada menos que los cuerpos de los frentistas Gonzalo Fuenzalida Navarrete, Julio Mu艅oz Ot谩rola, Jos茅 Pe艅a Malt茅s, Alejandro Pinochet Arenas y Manuel Sep煤lveda S谩nchez, quienes hab铆an sido detenidos d铆as antes por agentes de la desaparecida Central Nacional de Informaciones (CNI), para canjearlos por el coronel Carlos Carre艅o, secuestrado por el grupo paramilitar de izquierda.
Viaje secreto
El ministro Dolmestch hizo un verdadero trabajo de joyer铆a junto con la Polic铆a de Investigaciones en este caso. Y ello, porque el c铆rculo estaba completamente cerrado y compartimentado en torno al manejo de la informaci贸n sobre estos hechos. Pero el tiempo pudo m谩s.
El «Chino Campos» relat贸 que para dicha operaci贸n viaj贸 junto a su copiloto, un oficial que a煤n est谩 en servicio activo en la instituci贸n, en una agregadur铆a militar en Europa, cuya identidad este medio se la reserva hasta que, posiblemente, el ministro lo procese en los pr贸ximos d铆as.
De hecho el jefe de la Brigada de Asuntos Especiales y Derechos Humanos, Rafael Castillo y su colega Mario Zelada, recorrieron el viejo continente buscando precisamente a un testigo clave para el proceso.
Para el caso del oficial activo, y como ha sido la tendencia en el Ej茅rcito con los funcionarios que est茅n involucrados en casos de violaciones de los derechos humanos, ser谩 alejado de la instituci贸n.
Pero el hecho de que se haya ocupado uno de los helic贸pteros de Pinochet no era una prueba suficiente, salvo porque el «Chino Campos» asegur贸 en su testimonio que la orden provino del ex dictador.
Pasos macabros
偶Pero c贸mo se configur贸 la operaci贸n? El ministro Dolmestch acredit贸 que la misma estuvo separada en tres etapas. La primera de ellas fue la detenci贸n de los frentistas. Por ese hecho -que sirvi贸 en primera instancia para que fueran luego asesinados- est谩n sometidos a proceso desde el 2002, el jefe de la CNI, general (R) Hugo Salas Wenzel, el comandante (R) Krantz Bauer Donoso, mayor (R) 脕lvaro Corbal谩n, capit谩n (R) Luis Sanhueza Ros; los suboficiales (R) Manuel Ram铆rez y Ren茅 Valdovinos y los empleados civiles de Ej茅rcito C茅sar Acu艅a, Manuel Morales, Luis Santib谩艅ez y V铆ctor Ruiz Godoy.
Ahora bien, el ministro tiene una segunda convicci贸n. Una vez detenidos los frentistas la orden venida desde el alto mando fue que el r茅gimen no negociaba con terroristas. La sentencia de muerte entonces estaba firmada.
Fue as铆 como en la CNI se design贸 a Francisco «Gurka» Z煤艅iga para que coordinara con el Ej茅rcito esta operaci贸n. El magistrado confirm贸 entonces c贸mo se consiguieron los fierros para amarrarlos a los cuerpos y lanzarlos al mar frente a San Antonio.
Rieles de la muerte
A fojas 1.655 del proceso declaran Romilio Lav铆n, por entonces jefe del cuartel Loyola, donde se arreglaban los autos de la CNI y su subordinado el oficial (R) Adri谩n Herrera Espinoza. El primero asegur贸 que Z煤艅iga le pidi贸 «unos rieles que ser铆an la base de un box de estacionamientos» que se constru铆a, pero no se los entreg贸.
Sin embargo, una vez que abandon贸 el cuartel, supo que Z煤艅iga hab铆a vuelto a sus andanzas y, a trav茅s de una orden de Salas Wenzel, logr贸 que Herrera Espinoza entregara los «materiales».
«Fui informado, no recuerdo por quien, que retiraban unos trozos de rieles para un operativo que se iba a realizar en la noche por agentes operativos de la CNI», dijo en su testimonio a fojas 1.723.
Pero el detalle m谩s escalofriante vendr铆a en la segunda etapa. Los frentistas, estando detenidos en el cuartel Borgo艅o de la CNI, fueron inyectados por un enfermero apodado «El Q眉incy» con un veneno que los mat贸. Este verdadero doctor de la muerte se suicid贸 hace aproximadamente tres a艅os en su casa.
Una tercera etapa fue el traslado hasta la zona de Peldehue, donde el rastro de los frentistas se perdi贸 para siempre.
Carre艅o y la mano de la DINE
Hasta ahora en el proceso tramitado por Dolmestch existen algunas presunciones de que el secuestro del coronel Carlos Carre艅o habr铆a sido digitado por la entonces Direcci贸n de Inteligencia del Ej茅rcito (DINE). Los dichos y no confesiones, pertenecen a algunos agentes de la CNI.
Sin embargo, hasta ahora, no existe claridad en torno a estas versiones, salvo los dichos del propio Carre艅o, quien ha manifestado sus dudas al respecto, luego que se descubriera que una de las vertientes para la fortuna de Pinochet era el tr谩fico de armas.
Quien fuera uno de los cerebros en la venta de armas a Ir谩n desde Famae ha declarado en varias oportunidades ante Dolmestch sobre estos hechos.
El magistrado, reci茅n confirmado por el Senado para integrar la Corte Suprema, se apresta a dar el 煤ltimo golpe de su carrera como juez instructor antes de subir al m谩ximo tribunal a resolver los criterios mayores de la Segunda Sala (penal).
Conocido por tener una llegada humana a los agentes relacionados con las violaciones de los derechos humanos, ha logrado aclarar todos los casos anteriores a la desaparici贸n de los cinco frentistas, como la Operaci贸n Albania, el homicidio del periodista Jos茅 Carrasco y uno posterior como fue el asesinato del vocero del MIR, Jeckar Neghme en septiembre de 1989, cometido tambi茅n por agentes de la CNI.
Jorge Molina Sanhueza
Un hombre al que Augusto Pinochet siempre le confi贸 su vida fue quien rompi贸 el silencio en el proceso por la desaparici贸n de los cinco militantes del Frente Patri贸tico Manuel Rodr铆guez (FPMR), ocurrido en 1987, sustanciado por el ministro Hugo Dolmestch.
Apodado el «Chino Campos» por sus camaradas en el Comando de Aviaci贸n del Ej茅rcito -y uno de los pilotos de confianza del ex dictador- cont贸 hace algunas semanas al magistrado c贸mo en septiembre de 1987, su jefe, el coronel Mario Navarrete, le orden贸 usar uno de los helic贸pteros institucionales para viajar junto a un subalterno hasta la zona de Peldehue a buscar unos paquetes. Estos 煤ltimos eran nada menos que los cuerpos de los frentistas Gonzalo Fuenzalida Navarrete, Julio Mu艅oz Ot谩rola, Jos茅 Pe艅a Malt茅s, Alejandro Pinochet Arenas y Manuel Sep煤lveda S谩nchez, quienes hab铆an sido detenidos d铆as antes por agentes de la desaparecida Central Nacional de Informaciones (CNI), para canjearlos por el coronel Carlos Carre艅o, secuestrado por el grupo paramilitar de izquierda.
Viaje secreto
El ministro Dolmestch hizo un verdadero trabajo de joyer铆a junto con la Polic铆a de Investigaciones en este caso. Y ello, porque el c铆rculo estaba completamente cerrado y compartimentado en torno al manejo de la informaci贸n sobre estos hechos. Pero el tiempo pudo m谩s.
El «Chino Campos» relat贸 que para dicha operaci贸n viaj贸 junto a su copiloto, un oficial que a煤n est谩 en servicio activo en la instituci贸n, en una agregadur铆a militar en Europa, cuya identidad este medio se la reserva hasta que, posiblemente, el ministro lo procese en los pr贸ximos d铆as.
De hecho el jefe de la Brigada de Asuntos Especiales y Derechos Humanos, Rafael Castillo y su colega Mario Zelada, recorrieron el viejo continente buscando precisamente a un testigo clave para el proceso.
Para el caso del oficial activo, y como ha sido la tendencia en el Ej茅rcito con los funcionarios que est茅n involucrados en casos de violaciones de los derechos humanos, ser谩 alejado de la instituci贸n.
Pero el hecho de que se haya ocupado uno de los helic贸pteros de Pinochet no era una prueba suficiente, salvo porque el «Chino Campos» asegur贸 en su testimonio que la orden provino del ex dictador.
Pasos macabros
偶Pero c贸mo se configur贸 la operaci贸n? El ministro Dolmestch acredit贸 que la misma estuvo separada en tres etapas. La primera de ellas fue la detenci贸n de los frentistas. Por ese hecho -que sirvi贸 en primera instancia para que fueran luego asesinados- est谩n sometidos a proceso desde el 2002, el jefe de la CNI, general (R) Hugo Salas Wenzel, el comandante (R) Krantz Bauer Donoso, mayor (R) 脕lvaro Corbal谩n, capit谩n (R) Luis Sanhueza Ros; los suboficiales (R) Manuel Ram铆rez y Ren茅 Valdovinos y los empleados civiles de Ej茅rcito C茅sar Acu艅a, Manuel Morales, Luis Santib谩艅ez y V铆ctor Ruiz Godoy.
Ahora bien, el ministro tiene una segunda convicci贸n. Una vez detenidos los frentistas la orden venida desde el alto mando fue que el r茅gimen no negociaba con terroristas. La sentencia de muerte entonces estaba firmada.
Fue as铆 como en la CNI se design贸 a Francisco «Gurka» Z煤艅iga para que coordinara con el Ej茅rcito esta operaci贸n. El magistrado confirm贸 entonces c贸mo se consiguieron los fierros para amarrarlos a los cuerpos y lanzarlos al mar frente a San Antonio.
Rieles de la muerte
A fojas 1.655 del proceso declaran Romilio Lav铆n, por entonces jefe del cuartel Loyola, donde se arreglaban los autos de la CNI y su subordinado el oficial (R) Adri谩n Herrera Espinoza. El primero asegur贸 que Z煤艅iga le pidi贸 «unos rieles que ser铆an la base de un box de estacionamientos» que se constru铆a, pero no se los entreg贸.
Sin embargo, una vez que abandon贸 el cuartel, supo que Z煤艅iga hab铆a vuelto a sus andanzas y, a trav茅s de una orden de Salas Wenzel, logr贸 que Herrera Espinoza entregara los «materiales».
«Fui informado, no recuerdo por quien, que retiraban unos trozos de rieles para un operativo que se iba a realizar en la noche por agentes operativos de la CNI», dijo en su testimonio a fojas 1.723.
Pero el detalle m谩s escalofriante vendr铆a en la segunda etapa. Los frentistas, estando detenidos en el cuartel Borgo艅o de la CNI, fueron inyectados por un enfermero apodado «El Q眉incy» con un veneno que los mat贸. Este verdadero doctor de la muerte se suicid贸 hace aproximadamente tres a艅os en su casa.
Una tercera etapa fue el traslado hasta la zona de Peldehue, donde el rastro de los frentistas se perdi贸 para siempre.
Carre艅o y la mano de la DINE
Hasta ahora en el proceso tramitado por Dolmestch existen algunas presunciones de que el secuestro del coronel Carlos Carre艅o habr铆a sido digitado por la entonces Direcci贸n de Inteligencia del Ej茅rcito (DINE). Los dichos y no confesiones, pertenecen a algunos agentes de la CNI.
Sin embargo, hasta ahora, no existe claridad en torno a estas versiones, salvo los dichos del propio Carre艅o, quien ha manifestado sus dudas al respecto, luego que se descubriera que una de las vertientes para la fortuna de Pinochet era el tr谩fico de armas.
Quien fuera uno de los cerebros en la venta de armas a Ir谩n desde Famae ha declarado en varias oportunidades ante Dolmestch sobre estos hechos.
Fuente: chileinforma
difusionrebelde.blogspot.com/
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