A diez años del No al ALCA: la noche en que Mar del Plata cambió la historia
El 4 de noviembre de 2005, el Comandante Hugo Chávez lideró la III Cumbre de los Pueblos en Mar del Plata, Argentina, marcando un hito histórico al sellar la derrota del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) impulsado por EE. UU.. Con la famosa frase "¡ALCA, ALCA, al carajo!", Chávez consolidó la resistencia regional contra el neoliberalismo junto a movimientos sociales y líderes como Néstor Kirchner.
Hoy se cumple una década de un quiebre histórico que viví en primera persona. El calendario marca diez años desde aquel noviembre de 2005, cuando las calles de Mar del Plata se convirtieron en el epicentro de la dignidad latinoamericana. En el estadio mundialista, bajo una lluvia persistente que no logró enfriar el fervor popular, escuché al Comandante Hugo Chávez pronunciar la frase que sepultó el proyecto hegemónico de Washington: "¡ALCA, ALCA, al carajo!".
Esa jornada no fue una simple contra-cumbre; fue el nacimiento político de una nueva época para nuestra región. Mientras en la reunión oficial de mandatarios el presidente Néstor Kirchner plantaba cara con firmeza diplomática a George W. Bush, en la Cumbre de los Pueblos vibrábamos con la certeza de que el destino de América Latina estaba cambiando de manos. Chávez, con su magnetismo habitual, no solo diagnosticó la muerte del tratado colonial que pretendía imponernos Estados Unidos, sino que firmó su acta de defunción ante miles de militantes, trabajadores y movimientos sociales de todo el continente.
Mirando en retrospectiva desde este 2015, la perspectiva histórica agiganta la figura de Chávez y la audacia de los líderes de aquel momento. Mar del Plata 2005 demostró que la integración regional no era una utopía de escritorio, sino una construcción popular de soberanía. El entierro del ALCA abrió las compuertas para el nacimiento de la UNASUR y la consolidación de la CELAC, herramientas que nos permitieron debatir de igual a igual con el resto del mundo por primera vez en décadas.
A diez años de aquella gesta, el eco de esa victoria sigue resonando. En tiempos donde los proyectos neoliberales intentan reconfigurarse y acechan de nuevo nuestros recursos, recordar Mar del Plata es un ejercicio obligatorio de memoria y resistencia. Fuimos testigos del día en que el patio trasero de los Estados Unidos decidió, de una vez y para siempre, dejar de serlo. El legado del Comandante Chávez y de esa generación dorada nos exige hoy mantener viva la llama de la emancipación.

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