
Esta normativa genera un agujero muy importante: quien tiene ingresos sin declarar o ha acumulado dinero negro procedente de cualquier actividad, puede convertir ese capital en dinero legal por el simple procedimiento de decir que le ha tocado en la lotería. Para ello, por supuesto, hay que comprar décimos premiados que sirvan como justificante.
El que necesita blanquear el dinero se pone entonces en contacto con las administraciones de lotería que han vendido algún premio y a través de ellas intenta contactar con los premiados para ofrecerles entre un 15 % y un 20 % de lo que les van a pagar por su décimo, de modo que al verdadero ganador le toca la lotería aún más de lo que había pensado y el que desea blanquear el dinero le dice a la Hacienda Pública que sus ingresos son legales. Lo gracioso es cuando al mismo individuo le toca la lotería todos los años. ¿Perto cómo se demuestra judicialmente que no ha sido así? Hblaremos de ello en el próximo artículo.
¿Y qué ocurre con el dinero que recibió el legítimo ganador? NADA. Lo normal en esta vida es que la lotería le toque a gente corriente que tiene muchos y grandes agujeros que tapar con ese dinero. En muchas ocasiones, al que gano cien mil euros no le importa meterse al bolsillo ciento veinte mil y no se preocupa de tener que justificarlos, proque le desaparecerán en tan poco tiempo y por tantas grietas, que malamente vendrá nadie a pedirle explicaciones.
¿Aceptarías sesenta mil euros por un biullete de lotería premiado con 50.000?
Cada cual responda.
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