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lunes, 12 de septiembre de 2011

DOCUMENTAL: 11 de septiembre de 2001 - Engaño global 911 (Año: 2006)


Documental en Italiano/Subtitulado


Documental Italiano sobre los atentados que hace 10 años cambiaron el curso de la historia.
La historia nos enseña que el terrorismo de estado es un instrumento habitual de los gobiernos fascistas, hoy disfrazados de demócratas.Verlo antes de que lo quiten porque hay presiones para que lo retiren de internet, Los servicios de inteligencia lanzan un misil contra el pentágono, para provocar el odio del ejército yanki asía los árabes… Más Información sobre el proceso... se trata de amedrentar a la opinión publica internacional para crear un estado de terror, que les permita hacer tablas razas de las conquistas sociales de los trabajadores con total impunidad.La pregunta sería: ¿Por qué todas las organizaciones de izquierda; marxistas, lennistas, stalinistas, maoistas, guevaristas etc. etc. se han callado? El edificio WTC 7, que no fue impactado por los aviones secuestrados, colapsó en 6,6 segundos, justo 0,6 de segundo más de lo que demoraría en caer un objeto desde la azotea hasta golpear la tierra. El Edificio 7 del World Trade Center (World Trade Center 7) estaba a unos 100 metros de distancia de la Torre Norte de las Torres Gemelas, y no fue impactado por ningún avión Sin embargo, este edificio de 47 plantas con estructura de acero cayó a las 17.20 de la tarde el 11 de septiembre, y lo hizo de manera simétrica y casi a velocidad de caída libre, unos 6,5 segundos. Solo una demolición controlada puede producir esto. ¿Quién lo hizo y por qué? Una demolicion lleva meses o semanas para preparar. El 911 Comision Report no menciona al edificio 7 , y NIST ha dicho que aun estan estudiando porque se cayo. En la ultima reunion del 18 de Diciembre descartan cualquier posibilidad de explosivas y insisten que se cayo por causa de los fuegos.

Ya sea por las guerras provocadas –cuyas repercusiones a nivel global son actualmente desmedidas- ya sea por el precio casi duplicado de la gasolina que todos consumimos a diario, etc.; diez años después de aquellos hechos no hay aspecto de nuestra vidas cotidianas que no esté siendo influenciado de manera tangencial. En consecuencia, dado que se trata de un problema que nos afecta a todos y en igual medida, es sumamente importante enfrentar este tema con seriedad y responsabilidad, evitando dividirnos en bandos contrapuestos que sólo conllevan a separaciones dañinas.

Este documento intenta aclarar la situación diferenciando las acusaciones ridículas de las verdaderas responsabilidades no asumidas, en el intento de evitar que debido a la inconsistencia de las primeras, se oculten las segundas. Y lo hace adscribiéndose rigurosamente a hechos documentados y fácilmente verificables por todos. No existe la "teoría del complot", sólo existen respuestas poco claras de parte de los gobiernos. Nosotros sólo queremos aclaraciones.

viernes, 17 de junio de 2011

Telemadrid usa imagenes de las manifestaciones en Grecia para acusar al movimiento 15M de Violentos


Cada día me dejan más sorprendido la manipulación de los medios de comunicación, como Telemadrid.
Como quien no quiere la cosa, informando de lo sucedido en la manifestación pacifica de los indignados en Barcelona, el 15J, pasan una fotos de los altercados en Grecía, para poder acusar al movimiento pacifico español de violento.

viernes, 8 de abril de 2011

[VIDEO] Libros contra Cuba de excorresponsales: cobertura mediática y promoción aseguradas


Lecciones de manipulación. Premio al peón periodístico por el trabajo relizado en el frente de Venezuela y Cuba
Cubainformación | Para Kaos en la Red
[Pascual Serrano] Lo siguiente es un ejemplo de cómo funciona el aparato ideológico informativo para actuar de forma coordinada en varios frentes. En febrero de 2007 el periodista César González-Calero trabajaba como corresponsal en La Habana para el periódico mexicano El Universal. La virulencia de sus informaciones contra la revolución cubana desembocó en la retirada de su visado como periodista por parte del Centro de Prensa de Internacional. Ahora trabaja para el derechista La Nación, en Argentina, allí cubre la información internacional de América Latina, destacando ahora su crítica a la revolución bolivariana.
González-Calero acaba de ser premiado por una novela sobre Cuba en la que describe al país aproximándose al “final de una época”. Se trata del premio Premio Eurostars Hotels de Narrativa de Viajes y es organizado por el grupo turístico español Hotusa, la editorial RBA y la Universidad de Barcelona. El galardón, además de 18.000 euros en metálico, supone la distribución del libro de forma gratuita en todas las habitaciones de los 58 establecimientos de la cadena Eurostars Hotels. Además tendrá otra edición para su venta en librerías a cargo de RBA Libros.
De modo que ahí tenemos un discurso que propaga el fin de una época en Cuba a cargo de un periodista crítico con la isla, financiado por una universidad pública, editado y distribuido por una gran editorial y colocado en las habitaciones de hoteles de varios continentes. Y luego dicen que son Cuba y Venezuela quienes adoctrinan.
http://www.cubainformacion.tv/index.php?option=com_content&task=view&id=20645&itemid=86

VIDEO: EL NEGOCIO DE LA INFORMACIÓN.Del No-do a la era Falsimedia

Video de Esther Javega, del equipo de Cubainformación TV en Valencia. Un material para la reflexión sobre el control de la información y la selección de agendas informativas, con declaraciones en exclusiva del actor Willy Toledo y materiales de otros medios amigos, como Librered.


Análisis de la figura mediática del presidente de Venezuela Hugo Chávez, creada en torno a una estrategia de demonización. Montaje sobre base de texto y voz de Eduardo Galeano. Video realizado por Esther Javega.

viernes, 11 de marzo de 2011

Un Imperio de mentiras: La CIA y los medios occidentales


Jonathan Cook
Global Research
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
La semana pasada el Guardian, principal periódico liberal de Gran Bretaña, publicó un informe exclusivo sobre las tardías confesiones de un exiliado iraquí, Rafeed al-Janabi, con el nombre de código “Curveball” utilizado por la CIA. Hace ocho años, Janabi tuvo un papel esencial entre bambalinas -aunque fuese accidental- al posibilitar la invasión de Iraq por EE.UU. Su testimonio reforzó las afirmaciones del gobierno de Bush de que el presidente de Iraq, Sadam Hussein, había desarrollado un programa avanzado de producción de armas de destrucción masiva (ADM).
El relato de Curveball incluía detalles de camiones de armas biológicas móviles presentados por Colin Powell, secretario de Estado de EE.UU., en las Naciones Unidas a comienzos de 2003. El caso, aparentemente convincente, de Powell sobre las ADM fue utilizado para justificar el ataque estadounidense a Iraq pocas semanas después.
Ocho años más tarde, Curveball reveló al Guardian que había inventado la historia de las ADM de Sadam en el año 2000, poco después de su llegada a Alemania en busca de asilo. Dijo al periódico que había mentido a los servicios de inteligencia alemanes con la esperanza de que su testimonio ayudara a derrocar a Sadam, aunque parece más probable que simplemente quisiera asegurarse de que el tema de su asilo se tomara más en serio.
Para el lector cuidadoso -y subrayo la palabra cuidadoso- el informe muestra varios hechos inquietantes.
Uno fue que las autoridades alemanas habrían comprobado rápidamente que su relato sobre las ADM de Iraq era falso. Miembros de los servicios de inteligencia alemán y británico viajaron a Dubai para entrevistarse con Bassil Latif, su ex jefe en la Comisión de Industrias Militares de Iraq. El doctor Latif demostró que las afirmaciones de Curveball no podían ser verídicas. Las autoridades alemanas perdieron rápidamente interés por Janabi y no volvieron a entrevistarlo hasta finales de 2002, cuando se hizo más urgente que EE.UU. presentara algo más convincente para atacar a Iraq.
Otra revelación interesante fue que a pesar de la necesidad de aclarar el testimonio de Curveball -a la vista de lo que estaba en juego si se lanzaba un ataque preventivo contra otro Estado soberano- los estadounidenses nunca se molestaron en entrevistar ellos mismos a Curveball.
Una tercera revelación fue que el jefe de operaciones de la CIA en Europa, Tyler Drumheller, transmitió advertencias de la inteligencia alemana de que consideraban que el testimonio de Curveball era altamente dudoso. El jefe de la CIA, George Tenet, simplemente ignoró esta información.
Teniendo en cuenta la admisión de Curveball, así como otros hechos del artículo, podemos sacar algunas conclusiones obvias, conclusiones confirmadas por los eventos posteriores.
A falta de una base en derecho internacional y del respaldo de sus principales aliados, el gobierno de Bush necesitaba desesperadamente la historia de Janabi sobre las ADM, por endeble que fuera, para justificar sus planes militares contra Iraq. La Casa Blanca no entrevistó a Curveball porque sabía que su informe sobre el programa de ADM de Sadam era un invento. Su historia se desintegraría si se analizaba; más valía dejar a Washington con la opción de “negación plausible”.
No obstante, el informe falsificado de Janabi fue de utilidad vital: para gran parte del público estadounidense agregó un barniz de credibilidad al caso improbable de que Sadam fuera un peligro para el mundo; ayudó a reforzar a los aliados vacilantes que se enfrentaban a sus públicos incrédulos; e introdujo a Colin Powell, un ex general que sepresentaba como la principal voz de la razón en el gobierno.
En otras palabras, la Casa Blanca de Bush utilizó a Curveball para revivir su mitológica historia sobre la amenaza de Sadam para la paz mundial.
¿Entonces, cómo el Guardian, un bastión del periodismo liberal, presentó su exclusiva sobre el episodio más controvertido de la política exterior reciente de EE.UU.?
Su titular fue: “Cómo EE.UU. fue engañado por un iraquí fantasioso que quería derrocar a Sadam”.
¿No comprendió el escritor del titular la historia escrita por los periodistas del periódico? No, el titular encapsuló con esmero su mensaje. En el texto nos dicen que la presentación de Powell ante la ONU “reveló que los responsables de las decisiones belicistas del gobierno de Bush se habían tragado” el relato de Curveball. En otro momento nos dicen que Janabi “logró uno de los mayores timos de la historia de los servicios de inteligencia modernos”. Y que: “Sus críticos -que son muchos y poderosos- dicen que es difícil calcular el coste de su engaño”.
En otras palabras el Guardian supuso, a pesar de toda la evidencia desvelada por su propia investigación, que Curveball engañó al gobierno de Bush y le hizo cometer un desastroso error de cálculo. Desde este punto de vista, la Casa Blanca fue la verdadera víctima de las mentiras de Curveball, no el pueblo iraquí, que ha sufrido más de un millón de víctimas mortales como resultado de la invasión, según las cifras más fiables, y cuatro millones de exiliados forzosos.
No hay nada excepcional en este ejemplo. Lo escogí porque relata un evento de continua y actual importancia.
Por desgracia, hay algo tan familiar que llega a ser deprimente en este tipo de información, incluso en las principales publicaciones liberales de Occidente. Contrariamente a su objetivo declarado, el periodismo de la tendencia dominante disminuye invariablemente el impacto de nuevos eventos cuando amenazan a las elites poderosas.
Examinaremos el motivo en un minuto. Pero consideremos primero qué, o quién, constituye actualmente el “Imperio”. Ciertamente, en su forma más simbólica, se puede identificar como el gobierno de EE.UU. y su ejército, que constituyen la única superpotencia del mundo.
Tradicionalmente, los imperios se han definido de manera limitada, en términos de una fuerte nación-Estado que expande con éxito su esfera de influencia y poder a otros territorios. El objetivo del Imperio es imponer la dependencia a esos territorios, y luego explotar sus recursos en el caso de países poco desarrollados o, con países más desarrollados, convertirlos en nuevos mercados para sus excedentes. En este último sentido el Imperio estadounidense ha logrado afirmar a menudo que es una fuerza por el bien del mundo, que ayuda a propagar la libertad y los beneficios de la cultura del consumo.
El Imperio logra sus objetivos de diferentes maneras: mediante la fuerza, como la conquista, cuando se enfrenta poblaciones que se resisten al robo de sus recursos; y de modo más sutil mediante la interferencia política y económica, la persuasión y el control de las mentes, cuando quiere crear nuevos mercados. No importa cómo funcione, el objetivo es crear un sentido en los territorios dependientes de que sus intereses y destinos están ligados a los del imperio.
En nuestro mundo globalizado la cuestión de quién se halla en el centro del imperio está muchos menos clara que antes. En la actualidad el gobierno de EE.UU. es menos el corazón del Imperio que su facilitador. Lo que hasta hace poco eran los brazos del Imperio, especialmente las industrias financiera y militar, se ha convertido en una elite imperial transnacional cuyos intereses no están limitados por fronteras y cuyos poderes eluden en gran parte los controles legislativos y morales.
La dirigencia de Israel, deberíamos señalar, así como sus partidarios de la elite en todo el mundo -incluidos los lobbies sionistas, los fabricantes de armas, los militares occidentales, y en cierto grado incluso las tiranías árabes tambaleantes de Medio Oriente- forman parte integral de esa elite transnacional.
El éxito de las elites imperiales depende en gran medida de una creencia compartida por el público occidental de que “nosotros” las necesitamos para asegurar nuestro sustento y seguridad y que al mismo tiempo somos realmente sus amos. Algunas de las ilusiones necesarias perpetuadas por las elites transnacionales incluyen:
  • Que elegimos gobiernos cuya tarea es controlar a las corporaciones;
  • Que nosotros, en particular, y la fuerza laboral global en general, somos los principales beneficiarios de la creación de la riqueza corporativa;
  • Que las corporaciones y la ideología subyacente, el capitalismo global, son la única esperanza de libertad;
  • Que el consumo no es sólo una expresión de nuestra libertad, sino también una fuente importante de nuestra felicidad;
  • Que el crecimiento económico puede mantenerse indefinidamente y sin coste a largo plazo para el crecimiento del planeta;
  • Y que hay grupos, denominados terroristas, que quieren destruir este benévolo sistema de creación de riqueza y mejora personal.
Esas suposiciones, por fantasiosas que puedan parecer cuando se analizan, constituyen el fundamento ideológico sobre el que se construyen las narrativas de nuestras sociedades en Occidente y del cual se deriva en última instancia nuestro sentido de identidad. Este sistema ideológico nos parece -y utilizo “nosotros” y “nuestras” para referirnos sólo a públicos occidentales- idóneo para describir el orden natural.
La tarea de santificar esas suposiciones -y de asegurar que no se analicen- corresponde a nuestros medios dominantes. Las corporaciones occidentales son dueñas de los medios, y su publicidad hace que la industria sea rentable. En ese sentido, los medios no pueden cumplir con su función de controlar al poder, porque en realidad forman parte del poder. Es el poder de la elite globalizada de controlar y limitar los horizontes ideológicos e imaginativos de los lectores y espectadores de los medios. Lo hacen para asegurar que los intereses imperiales, que son sinónimos de los de las corporaciones, no puedan amenazarse.
La historia de Curveball ilustra nítidamente el papel de los medios.
Su confesión fue tardía -ocho años demasiado tarde, para ser preciso- como para tener algún impacto sobre los eventos que importan. Como sucede tan a menudo con historias importantes que cuestionan los intereses de la elite, losa hechos necesarios de modo vital para permitir que los públicos occidentales lleguen a conclusiones informadas no estaban disponibles cuando eran necesarios. En este caso Bush, Cheney y Rumsfeld se han ido, como sus consejeros neoconservadores. La historia de Curveball ahora interesa sobre todo a los historiadores.
Este último punto vale de un modo bastante literal. Las revelaciones del Guardian no interesaron casi nada en los medios estadounidenses, el supuesto control en el corazón del Imperio de EE.UU. Una búsqueda en la base de datos mediática de Lexis Nexis muestra que las admisiones de Curveball sólo se publicaron en el New York Times en un breve informe en la página 7, así como en un resumen noticioso en el Washington Times. Los demás periódicos importantes de EE.UU. -docenas-, incluido el Washington Post, no las mencionaron en absoluto.
En vez de eso, la principal audiencia de la historia fuera del Reino Unido fueron los lectores del periódico Hindu de India y Khaleej Times de Dubai.
Pero incluso el Guardian, al que frecuentemente se considera atrevido por enfrentarse a poderosos intereses, envolvió su informe de manera que privaba a la confesión de Curveball de su verdadero valor. Se eliminó la verdadera importancia de los hechos. La presentación aseguró que sólo los lectores más informados habtían comprendido que Curveball no engañó a EE.UU., sino que más bien la Casa Blanca había explotado a un “fantasioso” -o a un exiliado desesperado de un régimen brutal, depende de cómo se vea- para sus propios fines ilegales e inmorales.
¿Por qué omitió lo principal el Guardian en su propia exclusiva? El motivo es que todos nuestros medios dominantes, por liberales que sean, toman como punto de partida la idea de que la cultura política de Occidente es de por sí benévola y superior desde el punto de vista moral a todos los sistemas alternativos existentes o concebibles.
En la información y en los comentarios esto se demuestra del modo más claro en la idea de que “nuestros” dirigentes siempre actúan de buena fe, mientras que “sus” dirigentes -los que se oponen al Imperio o a sus intereses- están impulsados por motivos viles o malignos.
De esta manera a los enemigos oficiales, como Sadam Hussein o Slobodan Milosevic, se les puede señalar como la personificación del dictador demente o avieso -mientras que otros regímenes igualmente delincuentes como Arabia Saudí se describen como “moderados”- porque abren el camino para que sus países se conviertan en objetivos de nuestras propias estrategias imperiales.
A los Estados seleccionados para el “abrazo” del Imperio se les deja una alternativa sombría: aceptad nuestras condiciones de rendición y convertíos en aliados o desafiad al Imperio y enfrentad nuestra ira.
Cuando las elites corporativas pisotean a otros pueblos y Estados para promover sus propios intereses egoístas, como en el caso de la invasión de Iraq para controlar sus recursos, nuestros medios dominantes no pueden permitir que su información coloque los eventos en un marco honesto. Las suposiciones persisten en los comentarios con respecto al ataque de EE.UU a Iraq. Por ejemplo, como no se encontraron las ADM, el gobierno de Bush se quedó en Iraq para impulsar un esfuerzo para desarraigar a los terroristas, restaurar la ley y el orden y propagar la democracia.
Para los medios occidentales, nuestros dirigentes cometen errores, son ingenuos o incluso estúpidos, pero nunca son malos o aviesos. Nuestros medios no exigen que se juzgue a Bush o Blair en La Haya como criminales de guerra.
Esto, desde luego, no significa que los medios occidentales sean Pravda, el vocero propagandístico del antiguo imperio soviético. Hay diferencias. El disenso es posible, aunque debe mantenerse dentro de los límites relativamente estrechos del debate “razonable”, un espectro de pensamiento posible que acepta sin reservas la presunción de que somos mejores, más morales, que ellos.
De la misma manera, pocas veces se dice a los periodistas -por lo menos directamente- qué tienen que escribir. Los medios han desarrollado procesos cuidadosos de selección y jerarquías en su personal editorial -llamados “filtros” por los críticos de los medios Ed Herman y Noam Chomsky- para asegurarse de que los periodistas disidentes o verdaderamente independientes no alcancen posiciones de verdadera influencia.
No existe, en otras palabras, una simple línea del partido. Hay elites y corporaciones en competencia, y sus voces se reflejan en el terreno estrecho que llamamos comentario y opinión. En lugar de que los dicten los funcionarios del partido, como sucedía bajo el sistema soviético, nuestros periodistas pugnan para que los admitan en las antecámaras del poder. Esos privilegios hacen carreras pero a un inmenso coste para la independencia de los periodistas.
No obstante la gama de lo permisible se expande lentamente -por encima de la oposición de las elites y de la televisión y la prensa de la tendencia dominante-. La razón se encuentra en los nuevos medios, que gradualmente erosionan el monopolio mantenido durante mucho tiempo por los medios corporativos para controlar la difusión de información e ideas populares. WikiLeaks es hasta ahora el resultado más obvio, y más impresionante, de esa tendencia.
Las consecuencias ya son tangibles en todo Medio Oriente, que ha sufrido desproporcionadamente bajo el régimen opresor del Imperio. Las conmociones, mientras los pueblos árabes luchan por deshacerse de sus tiranos, también ponen al desnudo algunas de las ilusiones que nos han vendido los medios occidentales. El Imperio, nos han dicho, quiere democracia y libertad en todo el globo. Y sin embargo se le ve mudo e impasible mientras los verdugos del Imperio desencadenan armas hechas en EE.UU. contra sus pueblos que demandan libertades al estilo occidental.
Una pregunta importante es: ¿Cómo reaccionarán nuestros medios ante esta exposición, no sólo de la hipocresía de nuestros políticos sino de la suya? Ya están tratando de cooptar a los nuevos medios, incluido WikiLeaks, pero sin verdadero éxito. También comienzan a permitir un debate más amplio, aunque todavía fuertemente limitado.
La versión occidental de glasnost es particularmente obvia en la cobertura del problema más cercano a nuestros corazones, aquí en Palestina. Lo que Israel califica de campaña de deslegitimización es realmente la apertura -ligera- del paisaje mediático, para permitir un poco de luz donde hasta hace poco reinaba la oscuridad.
Es es una oportunidad y debemos aprovecharla. Debemos exigir más honestidad a los medios corporativos; debemos avergonzarlos al estar mejor informados que los escribidores que reciclan comunicados de prensa oficiales y claman por el acceso; y debemos descartarlos, como ya sucede, en busca de mejores fuentes de información.
Tenemos una ventana. Tenemos que abrirla con fuerza antes de que las elites del Imperio traten de cerrarla de un golpe.
* Éste es el texto de una conferencia titulada “Medios como instrumento del Imperio” presentada en Sabeel, Centro Ecuménico de Teología de la Liberación, en su octava conferencia internacional en Belén el viernes 25 de febrero de 2011.
Jonathan Cook es un escritor y periodista que trabaja en Nazaret, Israel. Sus últimos libros son Israel and the Clash of Civilisations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East, Pluto Press, y Disappearing Palestine: Israel’s Experiments in Human Despair, Zed Books. Su págian web es www.jkcook.net.
© Copyright Jonathan Cook, Global Research, 2011