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martes, 6 de agosto de 2013

¿Est谩 Edward Snowden a bordo de este avi贸n?. por Noam Chomsky

por Noam Chomsky

El 9 de julio, la Organizaci贸n de Estados Americanos (OEA) realiz贸 una sesi贸n especial para discutir la escandalosa conducta de los estados europeos que se negaron a permitir que el avi贸n gubernamental del presidente boliviano Evo Morales entrara en su espacio a茅reo. 
 
Morales volaba a su pa铆s despu茅s de asistir a una reuni贸n cumbre en Mosc煤 el 3 de julio. En una entrevista all谩, coment贸 que estaba abierto a ofrecer asilo pol铆tico a Edward J. Snowden, ex contratista de la agencia estadunidense de espionaje, a quien Washington busca por cargos de espionaje y quien se encontraba en el aeropuerto de Mosc煤.

La OEA expres贸 solidaridad con Morales, conden贸 los actos que violan las reglas y principios del derecho internacional, tales como la inviolabilidad de los jefes de Estado, e hizo un firme llamado a los gobiernos europeos –Francia, Italia, Portugal y Espa帽a– a explicar sus acciones y disculparse por ellas.

Una reuni贸n de emergencia de la Uni贸n de Naciones Sudamericanas (Unasur) denunci贸 la flagrante violaci贸n de los tratados internacionales por las potencias europeas.

Tambi茅n jefes de Estado latinoamericanos se sumaron. La presidenta Dilma Rousseff, de Brasil, expres贸 indignaci贸n y condena a la situaci贸n impuesta al presidente Evo Morales por algunos pa铆ses europeos y advirti贸 que esta grave falta de respeto a la ley compromete el di谩logo entre los dos continentes y las posibles negociaciones entre ellos.

Los comentaristas fueron menos reservados. El polit贸logo argentino Atilio Bor贸n llam贸 a Europa la puta de Babilonia, que se inclina ante el poder.

Con virtualmente id茅nticas reservas, dos estados rehusaron firmar la resoluci贸n de la OEA: Estados Unidos y Canad谩. Su creciente aislamiento en el hemisferio, a medida que Am茅rica Latina se libera del yugo imperial luego de 500 a帽os, tiene significaci贸n hist贸rica.

El avi贸n de Morales, que acusaba problemas t茅cnicos, recibi贸 autorizaci贸n de aterrizar en Austria. Bolivia afirma que registraron la nave para descubrir si Snowden iba a bordo. Austria responde que no hubo una inspecci贸n formal. Cualquier cosa que haya ocurrido, se hizo atendiendo advertencias de Washington. M谩s all谩, la historia es borrosa.

Washington ha dejado en claro que cualquier pa铆s que se niegue a extraditar a Snowden enfrentar谩 duro castigo. Estados Unidos lo perseguir谩 hasta el conf铆n de la Tierra, advirti贸 el senador Lindsey Graham.

Sin embargo, voceros del gobierno estadunidense aseguraron al mundo que Snowden recibir谩 plena protecci贸n de las leyes estadunidenses. Se refieren a esas mismas leyes que han mantenido al soldado Bradley Manning (quien entreg贸 un vasto archivo de documentos militares y diplom谩ticos a Wikileaks) en prisi贸n durante tres a帽os, gran parte de ellos en confinamiento solitario bajo condiciones humillantes. Hace mucho tiempo que se perdi贸 la noci贸n arcaica de un proceso expedito ante un jurado de iguales: el 30 de julio, un consejo de guerra encontr贸 a Manning culpable de cargos que podr铆an conducir a una sentencia m谩xima de 136 a帽os en prisi贸n.

Al igual que Snowden, Manning cometi贸 el crimen de revelar a los estadundiense –y a otros– lo que hace su gobierno. Es una grave ruptura de la seguridad en el sentido operativo del t茅rmino, familiar a quien haya estudiado alguna vez documentos desclasificados. T铆picamente, seguridad significa proteger a los funcionarios gubernamentales de la mirada del pueblo ante el cual son responsables… en teor铆a.

Los gobiernos siempre han arg眉ido la seguridad como excusa: en el caso de Snowden, seguridad ante un ataque terrorista. Este pretexto viene de un gobierno que realiza una gran campa帽a terrorista internacional, con drones y fuerzas de operaciones especiales, que produce terroristas potenciales a cada paso.

Su indignaci贸n no conoce fronteras ante la idea de que alguien perseguido por Estados Unidos reciba asilo en Bolivia, que tiene un tratado de extradici贸n con Washington. Algo que extra帽amente falta en el tumulto es el hecho de que la extradici贸n funciona en los dos sentidos… en teor铆a, una vez m谩s.

En septiembre pasado Estados Unidos rechaz贸 una petici贸n formulada por Bolivia en 2008 para extraditar al ex presidente Gonzalo S谩nchez de Lozada, Goni, con el fin de que enfrentara cargos de genocidio y cr铆menes de lesa humanidad. Sin embargo, ser铆a un error comparar la solicitud boliviana con la de Washington, aun en el supuesto de que ambos casos tuvieran m茅rito comparable.

Edward Snowden, ex contratista de la NSA. La imagen pertenece al certificado de asilo temporal que le dio el gobierno ruso Foto Reuters 

La raz贸n fue proporcionada por San Agust铆n en su cuento acerca del pirata a quien Alejandro Magno pregunt贸: ¿C贸mo te atreves a molestar al mar? El pirata respondi贸: ¿C贸mo te atreves t煤 a molestar al mundo entero? A m铆, que lo hago con un peque帽o barco, me llaman ladr贸n; a ti, que lo haces con una gran armada, te llaman emperador.

San Agust铆n considera elegante y excelente la respuesta del pirata. Pero ese antiguo fil贸sofo, obispo en el 脕frica romana, es s贸lo una voz del sur global, que se puede f谩cilmente hacer a un lado. Las mentes refinadas modernas comprenden que el emperador tiene derechos a los que personas peque帽as como los bolivianos no pueden aspirar.

Goni es s贸lo uno de muchos a los que el emperador prefiere no extraditar. Otro caso es el de Luis Posada Carriles, descrito por Peter Kornbluh, analista del terrorismo en Am茅rica Latina, como uno de los terroristas m谩s peligrosos de la historia reciente.

Posada es buscado en Venezuela y Cuba por su responsabilidad en el ataque con bomba a un avi贸n comercial de Cubana de Aviaci贸n, en el que perecieron 73 personas. La CIA y la FBI lo identificaron como sospechoso. Pero cubanos y venezolanos carecen tambi茅n de las prerrogativas del emperador, quien organiz贸 y respald贸 el reino de terror al que los cubanos han estado sujetos desde su liberaci贸n.
El fallecido Orlando Bosch, socio de Posada en el terrorismo, tambi茅n se benefici贸 de la benevolencia del emperador. El Departamento de Justicia y la FBI solicitaron su deportaci贸n por ser una amenaza a la seguridad estadunidense, acus谩ndolo de docenas de actos terroristas. En 1990 el entonces presidente George H.W. Bush anul贸 la orden de deportaci贸n, y Bosch pas贸 felizmente el resto de su vida en Miami, sin que lo inquietaran las peticiones de extradici贸n formuladas por Cuba y Costa Rica, dos simples piratas.

Otro pirata insignificante es Italia, que ahora busca la extradici贸n de 23 operativos de la CIA convictos por el secuestro de Hass谩n Mustaf谩 Osama Nasr, cl茅rigo egipcio en Mil谩n, a quien remitieron a Egipto para responder a cargos por tortura (m谩s tarde se le hall贸 inocente). Buena suerte, Italia.

Hay otros casos, pero el crimen de remisi贸n a otro Estado nos devuelve al asunto de la independencia latinoamericana. El Instituto Sociedad Abierta public贸 en fecha reciente un estudio titulado Globalizaci贸n de la tortura: detenci贸n secreta y remisi贸n extraordinaria por la CIA. En 茅l se hace un recuento de la participaci贸n global en este delito, que es muy amplia, incluso entre pa铆ses europeos.

El acad茅mico latinoamericano Greg Grandin se帽al贸 que una regi贸n est谩 ausente de esa lista de verg眉enza: Am茅rica Latina. Esto es doblemente notable. Am茅rica Latina ha sido durante mucho tiempo el confiable patio trasero de Estados Unidos. Si cualquiera de los locales hubiera asomado la cabeza, habr铆a sido decapitado por el terrorismo o por un golpe militar. Mientras estuvo en control de Estados Unidos, en la segunda mitad del siglo pasado, Am茅rica Latina fue una de las capitales mundiales de la tortura.
Ya no es as铆. Estados Unidos y Canad谩 est谩n siendo virtualmente expulsados del hemisferio.

Noam Chomsky es profesor em茅rito de ling眉铆stica y filosof铆a en el Instituto Tecnol贸gico de Massachussetts en Cambridge, Massachusets. Su libro m谩s reciente es Power Systems: Conversations on Global Democratic Uprisings and the New Challenges to U.S. Empire. Conversations with David Barsamian

© 2013, Noam Chomsky. Distributed by New York Times Syndicate.
Traducci贸n: Jorge Anaya

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