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mi茅rcoles, 7 de agosto de 2013

En la Barcelona del siglo XIV se cort贸 la primera cabeza de banquero

por Xavier Theros

En Canvis Nous y Canvis Vells nacieron, en la Edad Media, los primeros bancos...
Antiguamente los negocios basaban su 茅xito en el grado de confianza y fiabilidad que eran capaces de generar entre sus clientes, de lo contrario uno corr铆a el peligro de perder la cabeza. Hoy este edificio es una finca de vecinos, pero su fachada a煤n conserva la vieja publicidad, medio deste帽ida, apenas visible, ninguneada por el viandante, de una “Casa de viajeros, hospedajes econ贸micos, servicios (ilegible)”. Esta es la calle de Canvis Nous, anta帽o un lugar muy concurrido y cercano al puerto, donde buscaban instalarse los forasteros al llegar a la ciudad. El nombre le viene porque aqu铆 y en la vecina calle de Canvis Vells nacieron las primeras entidades financieras durante la Edad Media, a imitaci贸n de lo que estaba sucediendo en las rep煤blicas italianas y en el resto del Mediterr谩neo. En su origen, la primera funci贸n de los futuros bancos se limitaba al cambio de divisas, una actividad reservada a los jud铆os ya que, como la usura, estaba prohibida por la Iglesia. As铆 fue hasta que en el siglo XIII se reactiv贸 el comercio internacional y el volumen de este negocio lo hizo atractivo para los cristianos. Durante el reinado de Jaume I se liberaliz贸 el sector, y los profesionales de ambas comunidades se instalaron en la desaparecida plaza de Canvis de la Mar.
Los bancos comenzaron literalmente sobre unas mesas —o bancas— cubiertas por pa帽os bordados con las armas de la ciudad. En caso de quiebra se los romp铆an, a lo que se llamaba bancarrota. Si esto se produc铆a, el infractor ya no pod铆a operar m谩s en la calle de Canvis Vells i ten铆a que trasladarse a Canvis Nous. En las Cortes de Barcelona de 1300 se decidi贸 castigar a los malos banqueros pregonando su nombre por la ciudad, en una versi贸n voceada del se帽or cobrador del frac. Si no se enmendaban pod铆an perder la licencia para ejercer y ser encarcelados a pan y agua hasta pagar sus deudas. No obstante, cada vez hab铆a m谩s banqueros en Canvis Nous, y menos en Canvis Vells.
Intentando atajar el colapso, se duplic贸 la fianza que se solicitaba para abrir una mesa de cambio y se endurecieron las condenas con pena de decapitaci贸n para los defraudadores. El caso m谩s conocido —recordado por m谩s de uno al inicio de la presente crisis— fue el del banquero barcelon茅s Francesc Castell贸, a quien toc贸 vivir los convulsos a帽os centrales del siglo XIV, en medio de epidemias de peste negra, malas cosechas, hambrunas y quiebras bancarias. Muchos ciudadanos se quejaban de que los bancos eran reacios a dejarles retirar sus ahorros, o que se los devolv铆an en moneda peque帽a cuando hab铆an sido depositados en oro. Castell贸 participaba en arriesgadas operaciones comerciales en el Mediterr谩neo oriental y no pudo cumplir con sus deudas, declar谩ndose en bancarrota sin llegar a ning煤n acuerdo con aquellos que le hab铆an confiado sus capitales.
脡ste es el 煤nico caso conocido de nuestra historia en que un banquero ha sido castigado con la muerte por pr谩cticas irregulares. El martes 10 de noviembre de 1360 fue llevado ante su propia casa en la plaza de Canvis de la Mar, y a la ca铆da del sol se le cort贸 la cabeza. All铆 donde se cumpli贸 la condena, pocos a帽os m谩s tarde —en 1397— se terminar铆a de construir la primitiva Llotja sobre la que se edificar铆a el moderno edificio de la actual plaza Palau. No obstante, la ejecuci贸n p煤blica del poderoso Francesc Castell贸 no sirvi贸 para enderezar la econom铆a y gran parte del sistema financiero europeo se desmoron贸 en las siguientes dos d茅cadas. Tanto en Italia como en Catalu帽a se produjo una gran recesi贸n crediticia, que se llev贸 por delante la banca de Bernat de Pagameres, y en 1381 declararon suspensi贸n de pagos las bancas de Andreu Olivella y de Pere Descaus. Los banqueros perdieron totalmente la fiabilidad y credibilidad de sus oficios, hasta que en 1401 se cre贸 la Taula de Canvi de Barcelona en el edificio de la Llotja, garantizada por la propia monarqu铆a. La elecci贸n del lugar no dej贸 de tener su iron铆a, pues all铆 donde se le cort贸 la cabeza a la banca privada se cre贸 la primera banca p煤blica de la historia.
En cuanto al hospedaje econ贸mico de la calle Canvis Nous se trataba de una casa de hu茅spedes bautizada como El Canig贸, conocida a partir de 1926 como pensi贸n Valencia y, tras la Guerra Civil, como pensi贸n Real. Durante la posguerra, los hu茅spedes compart铆an escalera con el centro de estudios franciscanos Francisc谩lia, que en otra pirueta de la vida celebr贸 en 1960 el 75潞 aniversario del poema Canig贸 de Jacint Verdaguer con una excursi贸n a Prades y a Sant Miquel de Cuix脿, y regreso el mismo d铆a a este antiguo hostal del que cada vez quedan menos letras.
Fuente: El Pa铆s

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