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s谩bado, 5 de octubre de 2013

La impunidad de las corporaciones medi谩ticas y su guerra contra Venezuela. Golpear con informaci贸n.

脕ngeles Diez Rodr铆guez*.-Durante la guerra y ocupaci贸n de Irak del 2003, los Estados Unidos, al conocerse las torturas y violaciones de sus soldados en Abu Ghraib, emitieron un comunicado dirigido a la comunidad internacional en el que dec铆an que no consentir铆an que ninguno de sus soldados fuera juzgado por cr铆menes de guerra. Ya en 2002 el gobierno estadounidense hab铆a conseguido una resoluci贸n del Consejo de Seguridad de NNUU por la que se exim铆a a las fuerzas estadounidenses de la jurisdicci贸n de la Corte Penal Internacional por cr铆menes de guerra, genocidio, o cr铆menes de lesa humanidad cometidos en relaci贸n con operaciones de NNUU establecidas o autorizadas. La impunidad no se garantizaba s贸lo a los soldados estadounidenses sino tambi茅n a los mercenarios y empresas contratadas para la guerra, es decir, al sector privado. Dicha resoluci贸n se prolong贸 al 2004. En realidad se trataba de hacer expl铆cito, por un lado, qui茅n mandaba en el mundo y en los organismos internacionales, una vez terminada la bipolaridad, y por otro, evidenciar, una vez m谩s, la prevalencia de la fuerza sobre el derecho.

Este tipo de actuaciones, cuando se hacen p煤blicas, generan indignaci贸n entre las poblaciones y gobiernos que sufren las consecuencias de las acciones b茅licas estadounidenses y tambi茅n cierto rechazo, aunque con la boca peque帽a, de los socios europeos. Sin embargo, las intervenciones militares directas son la cara m谩s visible de la injerencia en pa铆ses soberanos; los golpes de Estado, el derrocamiento de gobiernos y la guerra encubierta son las pr谩cticas m谩s habituales del ejercicio del dominio mundial.

Estas guerras encubiertas no han necesitado de resoluciones ni acuerdos para proteger a las fuerzas estadounidenses, porque los agentes que suelen llevarlas a cabo, en general, son ciudadanos, empresas o militares de los propios pa铆ses a desestabilizar, financiados y alentados por las agencias estadounidenses creadas al efecto, como la Agencia Central de Espionaje (CIA). Se atribuye a Franklin Henry Kissinger la expresi贸n “Pinochet es un hijo de puta. Pero es nuestro hijo de puta”.

En las guerras imperiales encubiertas, desde el inicio de la Guerra Fr铆a, los oficiales y la tropa que llevan la voz cantante son las corporaciones medi谩ticas que gozan pr谩cticamente de impunidad absoluta para operar, resguardadas por la consigna de la “libertad de informaci贸n” considerada a su vez una extensi贸n de la “libertad de expresi贸n”. (1)

El espionaje, el terror y la guerra psicol贸gica tienen en los medios de comunicaci贸n masivos y en los periodistas sus principales aliados, y en las corporaciones medi谩ticas su Estado Mayor. Desde la II Guerra Mundial se utilizan los m茅todos de guerra psicol贸gica, que incluyen el uso de la propaganda a trav茅s de los medios de comunicaci贸n, aunque ha sido con el desarrollo de las nuevas tecnolog铆as de la comunicaci贸n y la informaci贸n (NTIC) cuando este tipo de operaciones ha adquirido mayor importancia pues la potencialidad de este arma para destruir al gobierno que se considera enemigo se ha multiplicado exponencialmente. La definici贸n t茅cnica de la guerra psicol贸gica es empleo planificado de la propaganda y de la acci贸n psicol贸gica orientadas a direccionar conductas, en la b煤squeda de objetivos de control social, pol铆tico o militar, sin recurrir al uso de la armas, o en forma complementaria a su uso; y su fin 煤ltimo es incidir en la poblaci贸n civil de los pa铆ses “enemigos” para que, una fracci贸n del pueblo, erigida en totalidad y con el consentimiento del resto, sea quien derroque al gobierno.

Se trata de un hecho hist贸rico reconocido ya en 1977 por Carl Berstein, ex redactor del diario Washington Post y uno de los periodistas que denunci贸 el esc谩ndalo Watergate, quien afirm贸 entonces que en veinticinco a帽os las principales empresas de informaci贸n hab铆an colaborado de forma habitual con la CIA. En 2009, Maxime Vivas se帽alaba que la CIA estaba infiltrada en los medios de comunicaci贸n franceses y recog铆a las palabras de William Colby, ex director de la CIA, diciendo: “La CIA controla a todos los que son importantes en los principales medios de comunicaci贸n”, y las de un agente de la CIA, “Podemos encontrar periodistas m谩s baratos que una buena prostituta, por doscientos d贸lares mensuales”.

Sin embargo, las distintas agencias norteamericanas no s贸lo operan poniendo a su servicio a periodistas, muchas veces basta con que empresas norteamericanas se hagan con participaci贸n en los grupos empresariales a los que pertenecen los medios. De esta forma se garantiza que las l铆neas editoriales y las noticias no vayan en contra de los llamados “intereses norteamericanos”. Otras, se colabora financiando y distribuyendo la informaci贸n adecuada a los medios locales a trav茅s de las Agencias de Informaci贸n. Es importante tener en cuenta que Estados Unidos y la Uni贸n Europea controlan el 90% de la informaci贸n del planeta y que de las 300 principales agencias de prensa, 144 tienen sede en Estados Unidos, 80 en Europa y 49 en Jap贸n. Sin duda hay muy poco margen para una informaci贸n veraz, contrastada y no subordinada a las directrices imperiales. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) es uno de los principales organismos regionales en donde se trazan las pautas a seguir por los medios privados en una estrategia conjunta de desestabilizaci贸n de gobiernos poco afines a Estados Unidos.

Hay que a帽adir que en Am茅rica Latina, las corporaciones medi谩ticas no s贸lo han sido grupos econ贸micos con los que acumular beneficios y desde donde servir a los intereses neo-coloniales, sino que se convirtieron tempranamente en sujetos y espacios desde donde las 茅lites criollas hacen pol铆tica. Con el ascenso de los gobiernos progresistas, especialmente en Venezuela, Ecuador y Bolivia, se convirtieron sin mayor esfuerzo en agentes golpistas y desestabilizadores. Podemos decir que las agencias norteamericanas dedicadas a la guerra encubierta no han necesitado grandes inversiones de esfuerzos ni recursos en estos medios.

La actuaci贸n de las corporaciones medi谩ticas locales e internacionales contra el proceso venezolano es un caso paradigm谩tico de guerra encubierta. Se implicaron abiertamente en el golpe de estado contra el presidente H. Ch谩vez en el 2002, y desde entonces no han parado los bombardeos medi谩ticos que se recrudecen especialmente en los periodos electorales. Con la desaparici贸n de la figura carism谩tica de Ch谩vez, el proceso venezolano se hace m谩s vulnerable, como ya apuntaba el informe de Inteligencia a la Comisi贸n del senado norteamericano (2012), y por tanto la campa帽a desestabilizadora va in crescendo. Los intentos de golpe de estado siguen siendo liderados por la oposici贸n venezolana a trav茅s de los medios de comunicaci贸n.

La forma de actuar sigue pautas que se repiten y cuyos antecedentes podemos rastrear sin ir muy atr谩s en el tiempo en el golpe de estado a Salvador Allende en Chile. La forma en que actuaron los medios responde a par谩metros establecidos por los manuales de guerra encubierta. El primer paso es preparar las condiciones para que la poblaci贸n acepte la inevitabilidad de un golpe de Estado, se alimenta y crea la imagen de caos econ贸mico y social, algo relativamente f谩cil al hacerse de forma coordinada con los sectores econ贸micos que, por ejemplo, acaparan alimentos b谩sicos, sabotean instalaciones el茅ctricas, etc. Se responsabiliza al gobierno de todos estos desastres y se va preparando a la ciudadan铆a para los “salvadores” que pondr谩n orden, la oposici贸n y, en su defecto, las fuerzas del orden (polic铆as y militares) que entregar谩n el poder cuando se restablezca la situaci贸n.

Los medios se encargan de magnificar los desastres econ贸micos, ilustrar y dar voz a las v铆ctimas de las pol铆ticas gubernamentales, alientan las discrepancias entre los sujetos pol铆ticos, tratan de socavar la confianza en los dirigentes, manipulan los s铆mbolos nacionales y la religi贸n, exageran, simplifican, omiten informaciones, hacen insinuaciones y fabrican noticias. En general, se trata de crear la imagen del caos econ贸mico y social. La desinformaci贸n y la mentira se combinan para incrementar la tensi贸n y el miedo.

Los pueblos no suelen apoyar golpes de estado pero s铆 suelen solidarizarse con reivindicaciones aparentemente justas. Por eso, las reivindicaciones de algunos sectores de estudiantes y trabajadores que se sienten afectados por las pol铆ticas gubernamentales ser谩n las privilegiadas por los medios, nacionales e internacionales. En estos momentos podemos encontrar titulares como el de El Nuevo Herald “Universitarios en Venezuela reclaman autonom铆a y recursos”. Tambi茅n reivindicaciones pol铆ticas que se consideran propias de la formalidad democr谩tica como por ejemplo el caso de las elecciones del 14 de abril en las que la oposici贸n se neg贸 a reconocer el triunfo del candidato Nicol谩s Maduroy utiliz贸 la excusa del recuento total de los votos. Los medios acu帽an las razones para alimentar el descontento y dirigen la responsabilidad hacia el gobierno. Al mismo tiempo, las medidas que trata de poner el gobierno para paliar la situaci贸n, por ejemplo de desabastecimiento, son presentadas como autoritarias. As铆 el diario El Pa铆s titulaba “Maduro ordena militarizar los super”.

La imagen de caos y crispaci贸n es evidente en casi todos los titulares de El Pa铆s, buque insignia de la corporaci贸n medi谩tica PRISA (fuertemente participada por capital estadounidense), tales como “La oposici贸n venezolana denuncia ‘in extremis’ el fraude electoral”, “La caza del d贸lar en Venezuela”, “Venezuela asoma como punto de salida internacional de la coca铆na”, “Ch谩vez nos sentenci贸 a la guerra”, “Venezuela echa a tres diplom谩ticos de Estados Unidos acusados de sabotaje”. Las 茅lites venezolanas se sienten permanentemente amenazadas por el proceso de transformaci贸n y reformas econ贸micas que ha puesto en marcha la revoluci贸n bolivariana, pero tambi茅n Estados Unidos y sus socios sienten desde hace 14 a帽os esa amenaza pues ven c贸mo Am茅rica Latina, liderada por Venezuela, se escapa a sus planes neo-coloniales a trav茅s de la integraci贸n regional, la defensa de la soberan铆a y la independencia.

El golpe de estado se ha convertido en una prioridad de la agenda pol铆tica no solo de la oposici贸n venezolana sino de Estados Unidos y Europa. El golpe que destituy贸 al presidente Manuel Zelaya en Honduras (2009), el frustrado golpe en Ecuador (2010), el golpe encubierto al presidente Fernando Lugo en Paraguay (2012), adem谩s de revertir los procesos transformadores de estos pa铆ses tienen como funci贸n rodear a Venezuela de gobiernos hostiles, debilitar y frustrar los procesos de integraci贸n regional como el ALBA o la CELAC. De ah铆 que las corporaciones medi谩ticas tanto locales como internacionales se empleen a fondo contra el proceso venezolano.

A pesar de que hist贸ricamente ha sido posible demostrar la implicaci贸n de los medios de comunicaci贸n en los golpes de estado, por ejemplo, El Mercurio y La Tercera en Chile en 1973, o Rctv, Globovisi贸n, Venevisi贸n y Televen, en el golpe de Estado del 11 de abril del 2002 en Venezuela, ninguno de los responsables de estas empresas de comunicaci贸n est谩 en la c谩rcel. La libertad de expresi贸n ha sido y sigue siendo la cobertura legal que garantiza la impunidad de las corporaciones medi谩ticas en su servicio a las guerras encubiertas; y el subterfugio para operar sin restricciones contra gobiernos democr谩ticamente elegidos.

(1) El derecho a la libertad de informaci贸n originalmente no se refiere a la libertad de los medios de comunicaci贸n para informar o publicar noticias sino al derecho de acceso a la informaci贸n en manos de organismos p煤blicos que tiene que ser accesible a todos los ciudadanos. La libertad de expresi贸n es un derecho individual que utilizan los periodistas y due帽os de peri贸dicos para protegerse cuando son acusados de manipulaci贸n, falsedad, etc.

*脕ngeles Diez es Doctora en CC. Pol铆ticas y Sociolog铆a. Profesora de la Universidad Complutense de Madrid.

Art铆culo escrito para Venezuela es noticia, bolet铆n informativo sobre la actualidad venezolana editado por la Embajada venezolana en Espa帽a. 03 de octubre de 2013.

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