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lunes, 16 de febrero de 2015

Las 10 principales estrategias de manipulación mediática según Noam Chomsky


El reconocido y siempre crítico lingüista del MIT, Noam Chomsky, una de las voces más respetadas y consolidadas de la disidencia intelectual durante la última década, ha compilado una lista con las diez estrategias más comunes y efectivas que siguen las agendas “ocultas” para manipular al público a través de los medios de comunicación.


Históricamente los medios masivos han probado ser altamente eficientes para moldear la opinión general. Gracias a la parafernalia mediática y a la propaganda se han creado o destrozado movimientos sociales, justificado guerras, matizados crisis financieras, incentivado unas corrientes ideológicas sobre otras e incluso se da el fenómeno de los medios como productores de realidad dentro de la psique colectiva.

¿Pero cómo detectar las estrategias más comunes para entender estas herramientas psicosociales de las cuales, seguramente, somos partícipes? Por fortuna Chomsky se ha dado a la tarea de sintetizar y poner en evidencia estas prácticas, algunas más obvias y otras más sofisticadas, pero aparentemente todas igual de efectivas y, desde un cierto punto de vista, denigrantes. Incentivar la estupidez, promover el sentimiento de culpa, fomentar la distracción o construir problemáticas artificiales para luego, mágicamente, resolverlas, son sólo algunas de estas tácticas.

1- La estrategia de la distracción.

2- Crear problemas, después ofrecer soluciones.

3- La estrategia de la gradualidad.

4- La estrategia de diferir

5- Dirigirse al público como criaturas de poca edad.

6- Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión.

7- Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.

8- Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.

9- Reforzar la autoculpabilidad.

10- Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.



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martes, 30 de diciembre de 2014

Chomsky: "Con la destrucción de las democracias en el Viejo Continente se va hacia las dictaduras."

Las democracias europeas llegaron al colapso total, independientemente del color político de los gobiernos, porque las decisiones las toman dirigentes y burócratas de Bruselas no electos, aseguró el pasado viernes en Roma el filósofo estadounidense Noam Chomsky.
Al participar en el Festival de las Ciencias en el Auditorio de Roma, Chomsky advirtió que con la destrucción de las democracias en el Viejo Continente se va hacia las dictaduras. En particular, opinó que en Italia la democracia desapareció cuando en noviembre de 2011 arribó al gobierno el ex comisario europeo, Mario Monti, designado “por los burócratas de Bruselas” y no por los electores, en referencia a la Comunidad Europea (CE). Pero dijo que el fenómeno es universal y que la sociedad actual va HACIA la plutocracia.

“Hasta el Wall Street Journal ha descrito que la democracia estadounidense está al borde del colapso, pues todo gobierno, sea de derecha o de izquierda, sigue la misma política, decidida por grupos de banqueros y burócratas”, afirmó.

Según Chomsky, tanto en ESTADOS Unidos, COMO Europa la agenda política es dictada por los intereses particulares de grandes grupos financieros y bancarios, que tienen como objetivo principal la destrucción del sistema previsional que fue una de las principales conquistas europeas de la postguerra. Dijo que el concepto ha sido muy bien sintetizado por el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, quien en una reciente entrevista reconoció que el CONTRATO social ha muerto. “Esto quiere decir que la política sólo sirve para enriquecer a los banqueros”, precisó el también lingüista.

Advirtió que incluso internet y los nuevos medios, espacios y lenguajes innovadores que para muchos podrían contribuir a romper el circulo vicioso del poder, implican peligros. “Me parece que a menudo los NUEVOS medios llevan hacia una visión más estrecha del mundo, porque las personas son atraídas por medios que expresan exactamente su misma concepción de las cosas”, dijo. Explicó que mientras que los diarios todavía PUEDEN presentar opiniones diferentes, en un blog por internet existe solamente una. “Depende mucho de como se usan estos medios. Pueden ser un bien al ampliar nuestros horizontes, pero también un mal”, sintetizó.

El lingüista también se refirió al neoliberalismo como “un gran ataque contra la población mundial, el más grande ataque ocurrido en los últimos 40 años”.

Fuente: Cubadebate

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jueves, 6 de noviembre de 2014

Noam Chomsky: Chavez, Allende y la CIA. (VIDEO)



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Chomsky: EE.UU. es "el estado terrorista número uno del mundo".

Estados Unidos es "el estado terrorista número uno" si se tienen en cuenta sus mortíferas operaciones dirigidas por la CIA en países como Nicaragua y Cuba, denuncia el historiador y filósofo social Noam Chomsky en un nuevo artículo de opinión.

En un artículo publicado en Truthout.org, Chomsky se refiere a una revisión hecha por la CIA sobre sus operaciones encubiertas recientes para determinar su efectividad, a raíz de la cual la Casa Blanca concluyó que, por desgracia, los éxitos son tan escasos que es necesario reconsiderar esa política, en especial la de armar a insurgentes en todo el mundo, algo que -recuerda el filósofo- han practicado en sus 67 años de historia.  

La CIA llevó a cabo su análisis de eficacia, mientras la administración de Obama contemplaba la posibilidad de armar a los rebeldes que luchan contra las fuerzas del presidente Bashar al Assad en Siria.  

'The New York Times' fue el primero en destapar la historia, que publicó bajo el título 'Estudio de la CIA sobre la ayuda encubierta aviva el escepticismo acerca de ayudar a los rebeldes sirios', a raíz de lo cual Chomsky sugiere su propio titular que, según él, debería haber sido: 'Ya es oficial: Estados Unidos es el principal estado terrorista del mundo, y está orgulloso de serlo'. 

El profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT por las iniciales en inglés, Massachusetts Institute of Technology), pasa a continuación a detallar algunos de los casos evaluados en la revisión de la CIA, explicando por qué queda demostrado que EE.UU. es "el campeón del mundo en la generación de terror", y está empeñado en contraponer su oposición en todo el mundo.  

Ya es oficial: Estados Unidos es el principal estado terrorista del mundo, y está orgulloso de serlo"El primer párrafo del artículo de 'The New York Times' cita tres de los ejemplos principales de 'ayuda encubierta': Angola, Nicaragua y Cuba. De hecho, cada caso fue una operación terrorista llevada a cabo por EE.UU.", asegura Chomsky.  

El catedrático agrega que EE.UU. apoyó en la década de los 80 la era del apartheid en Sudáfrica, que invadió Angola para protegerse "de uno de los grupos terroristas más notorios del mundo", según Washington: El Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela. 

"Washington se unió a Sudáfrica para dar apoyo crucial al ejército terrorista Unita de Jonas Savimbi en Angola. Continuó haciéndolo incluso después de que Savimbi sufrió una rotunda derrota en una elección libre y cuidadosamente vigilada", escribe Chomsky. "Las consecuencias fueron horrendas. Una investigación de la ONU en 1989 estimó que las depredaciones sudafricanas provocaron 1,5 millones de muertes en países vecinos, sin mencionar lo que ocurría en Sudáfrica misma", añade. 
La campaña asesina contra Cuba

Chomsky también menciona la "campaña asesina y destructiva" durante varias décadas de EE.UU. contra Cuba, incluyendo la fracasada invasión de Playa Girón y un embargo severo que continúa hasta nuestros días.  

"El número de víctimas de la larga guerra terrorista fue amplificado por un embargo destructor que continúa aún hoy desafiando al mundo. El 28 de octubre, la ONU, por 23ª vez, respaldó 'la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial, financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba'", escribe.  

Chomsky concluye su artículo refiriéndose a "la mayor campaña terrorista del orbe: el proyecto global de asesinato de terroristas lanzado por Obama", y afirmando que "el impacto generador de resentimiento de esos ataques con drones y con fuerzas especiales debe de ser bastante conocido para requerir mayor comentario". 

"Todo esto constituye un registro que hay que contemplar con cierto horror", sentencia.  


actualidad.rt.com

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viernes, 6 de junio de 2014

Assange analiza las lecciones de la 'primavera árabe' con Noam Chomsky y Tariq Ali

'La primavera árabe', sus orígenes y consecuencias centraron la charla del fundador de WikiLeaks con el filósofo y lingüista estadounidense Noam Chomsky y con el historiador militar Tariq Ali en la nueva edición del programa 'Diálogos con Julian Assange' en RT.






La gran lección de la ´primavera árabe´



Ambos invitados revelan sus impresiones sobre los mecanismos que activaron las revueltas populares en Oriente Próximo y analizan la repercusión de las mismas a nivel mundial. Así, Ali afirma que “la primavera árabe ha sido muy contagiosa” y hace hincapié en que estas revueltas populares “surgieron en una parte del mundo de la cual los comentaristas decían que allí la gente no estaba interesada en la democracia, que los musulmanes eran genéticamente hostiles a la democracia”. 

No obstante, las protestas no solo brotaron sino que se extendieron a otras partes del mundo, incluso a los Estados Unidos, señala el historiador. “Fue la ocupación de la plaza de Tahrir en El Cairo lo que inspiró a los activistas de todo EE. UU., opina el experto, quien apunta que 'la primavera árabe' todavía “sigue siendo contagiosa de diferentes formas”. Por su parte, Chomsky opina que en Egipto sí “había gente preparada” para protestar y “para muchos era solo una posibilidad de empezar a hacer algo". 

 

Sin embargo, Ali señala que “la velocidad y la magnitud de los levantamientos, realmente pilló a todo el mundo por sorpresa”. El historiador está convencido de que se habrían aplicado “unos mecanismos radicales” para detener las protestas, si estas hubieran sido predecibles. “Hubieran intentado detener a la gente, aplastar a la gente, torturar a la gente, meter a los activistas en la cárcel”, apunta. 

Pero todo se descontroló muy rápidamente y EE. UU. junto con otras potencias occidentales no pudieron detenerlo, dice el historiador. Los expertos señalan que la invasión de Libia fue un intento de Occidente de restablecer el control en la región. 

Al mismo tiempo, los analistas entrevistados por Assange apuntan que en los países productores de petróleo del golfo Pérsico, tales como Arabia Saudita, Kuwait o los Emiratos, de los que EE. UU. es un antiguo y fiel aliado, “nunca ha estallado nada similar”. Estas naciones “se encuentran bajo un control férreo”, señala Chomsky, quien apunta que Occidente tiene “un plan de juego para cuando algunos de sus dictadores favoritos pierden la capacidad de gobernar.” En esta situación “lo que se hace es apoyarlos hasta el último minuto posible y cuando es imposible apoyarlos más el ejército se vuelve contra ellos, se consigue que la clase intelectual haga declaraciones rotundas sobre la democracia y luego se intenta restaurar el sistema antiguo en cuanto sea posible”. 

Según Ali, la gran lección de estas revueltas consiste en que “la gente, las masas, se han dado cuenta de que para hacer un cambio hay que movilizarse y ser activos”. 


“La democracia misma está teniendo problemas muy serios”



Esto es lo que opina Tariq Ali. “La democracia se está viendo cada vez más despojada de contenido. Es como un caparazón vacío”, señala, y apunta que “es lo que le enoja a la gente joven”, que pierde la fe en la democracia y piensa: “No importa lo que hagamos, no importa por qué votemos, nada cambiará”, de ahí salen todas estas protestas”. 
Somos testigos de un “ataque a las libertades civiles” que afecta la democracia, afirma el historiador. Ali aduce el ejemplo de la ley firmada por Obama que otorga al presidente estadounidense el derecho a autorizar el asesinato de un ciudadano norteamericano “sin recurrir a la ley para nada”. 


Occidente debería adoptar los nuevos modelos políticos de Sudamérica



Noam Chomsky apunta que son las fuerzas populares preocupadas por sus sociedades las que tienen que crear sus propios modelos y no buscarlos. Y esto ya está pasando en América del Sur, asegura el lingüista, poniendo el ejemplo de Bolivia, donde “la parte de la población más reprimida en el hemisferio, la población indígena, se ha trasladado al ámbito político”. Chomsky asegura que los mismos procesos están sucediendo en Ecuador y, “hasta cierto punto”, en Perú. 

Según el analista, “Occidente haría mejor en adoptar algunos aspectos de estos modelos rápidamente, antes de derrumbarse y acabarse". 

Asimismo Chomsky destaca “el importante avance hacia la independencia y la integración” que Sudamérica ha conseguido por primera vez desde que los conquistadores europeos llegaran al continente. 

Por su parte, Tariq ratifica que “los cambios más significativos de las últimas décadas” provienen de Sudamérica, y el ambiente en países como Venezuela, Bolivia, Brasil “es totalmente distinto”. En estos países mucha gente dice : “Por primera vez nos sentimos de verdad independientes”, afirma el historiador. 

A su vez, Chomsky señala que “no ha quedado ninguna base militar estadounidense en Sudamérica, que es un fenómeno que dice mucho.” 


“No se rindan. Tengan fe. Sean escépticos.”



Es el consejo universal que Tariq Ali da a los jóvenes de la nueva generación que quieren cambiar el sistema y son los protagonistas de los movimientos de protesta en todo el mundo. Ali incita a los jóvenes a ser activos, ya que en el caso contrario “nadie les pondrá nada en bandeja”. “Sean críticos con el sistema que nos domina a todos y antes o después, si no para esta generación, entonces para la siguiente, las cosas cambiarán”, señala esperanzado.

Pueden ver la versión completa de la nueva edición de 'Diálogos con Julian Assange' aquí. 

La primera edición del programa de RT presentado por el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, se estrenó el 17 de abril, fecha en la que se cumplieron 500 días del bloqueo financiero sobre su página de filtraciones, y tuvo una enorme repercusión en todo el mundo. En el marco de la serie de programas, que cuenta con 10 capítulos, Assange conversa con "iconoclastas, visionarios y expertos del poder" con la intención de analizar el futuro de la comunidad mundial.

lunes, 6 de febrero de 2012

(VIDEO) Descripción del Socialismo - Socialisme. Noam Chomsky.

Un breve repaso al los orígenes del socialismo. Entrevista al profesor Avram Noam Chomsky. Es un lingüista, filósofo y activista estadounidense. Una de las figuras más destacadas de la lingüística del siglo XX también es popular por su activismo político, caracterizado por una visión fuertemente crítica de las sociedades capitalistas y socialistas, habiéndose definido políticamente a sí mismo como un anarquista o socialista libertario.






http://difusionrebelde.blogspot.com/

jueves, 6 de octubre de 2011

Noam Chomsky: Mensaje de Solidaridad con el movimiento de acampada y ocupación de Wall Street


Gangsters

Página12


Cualquiera que tenga los ojos abiertos sabe que el gangsterismo de Wall Street –y de las instituciones financieras en general– ha causado daños severos al pueblo norteamericano y al mundo. Y también deben saber que eso es algo que vienen haciendo desde hace 30 años. En este tiempo, su poder económico y político han aumentado radicalmente y en un círculo vicioso un 1 por ciento de la sociedad amasó una inmensa fortuna mientras el resto se precarizó, y todo con total impunidad: no sólo son lo suficientemente grandes como para caer, sino también para ser apresados.
La corajuda y honorable protesta que se está desarrollando en Wall Street debería servir para llevar la atención pública hacia esta calamidad y dedicar esfuerzos para superarla y llevar a la sociedad hacia un curso más saludable.
Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT. Universalmente reconocido como renovador de la lingüística contemporánea, es el autor vivo más citado, el intelectual público más destacado de nuestro tiempo y una figura política emblemática de la resistencia antiimperialista mundial.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/subnotas/7363-1509-2011-10-02.html

martes, 4 de octubre de 2011

N. Chomsky: La raíz del "problema de las drogas" está en Estados Unidos, no en México

La raíz del "problema de las drogas" está en Estados Unidos, no en México, asegura el lingüista
La lucha antidrogas se enfoca a grupos sociales



La raíz del problema de las drogas está en Estados Unidos, no en México, y las estrategias de ambos países no pueden resolver el problema, afirmó Noam Chomsky.
En entrevista con la revista cibernética estadunidense Guernica, afirmó: El problema de las drogas está en Estados Unidos, no en México. Es un problema de demanda y tiene que ser abordado aquí, pero no se hace así. Se ha demostrado una y otra vez que la prevención y el tratamiento son mucho más efectivos en costos que la acción policiaca, operaciones fuera del país, control fronterizo y más. Pero el dinero va en otra dirección y nunca tiene impacto. Cuando los líderes aplican durante décadas políticas que no tienen consecuencias para el objetivo declarado y son muy costosas, uno debe preguntarse si están diciendo la verdad y si esas políticas son para otro objetivo, porque no reducen el uso de drogas.
Chomsky se preguntó por qué se aplican estas políticas inefectivas y costosas a pesar de que se sabe que hay otras más eficaces y baratas. “Sólo hay dos respuestas posibles: o todos los líderes están colectivamente locos, lo cual podemos descartar, o simplemente persiguen otros objetivos. En el extranjero es una campaña de contrainsurgencia; en casa, una forma de deshacerse de una población superflua –hay una correlación muy cercana de raza y clase–, no perfecta, pero casi: de hecho se está echando a los hombres negros a un lado. En Colombia lo llamarían limpieza social. Aquí simplemente los ponen en las cárceles.”
Afirmó que el incremento masivo de encarcelamientos, sobre todo de afroestadunidenses, y también de latinos, se debe a la llamada guerra contra las drogas en Estados Unidos, pero tiene raíces en una larga historia de control y esclavización, tanto formal como mediante el sistema penal contra la población negra.
Subrayó que las consecuencias de estas políticas son significativas para los centros del poder: emprender operaciones contrainsurgentes en Colombia y otras partes, y una limpieza social aquí, en la forma tradicional estadunidense. Todo esto está al descubierto.
Los líderes saben cómo proceder
Chomsky consideró que otra parte del problema es el armamento. “¿Dónde consiguen sus armas los cárteles de la droga? Son entregadas por Estados Unidos. Si cortara el flujo de armas no acabaría con la violencia, pero tendría gran efecto. Si los cárteles en México desean rifles de asalto, los obtienen en Arizona.”
Interrogado sobre las opciones que tiene el gobierno de México para enfrentar la violencia y si sería justificable suspender garantías hasta restablecer el orden en zonas como Ciudad Juárez, Chomsky respondió: “Uno primero debe preguntar qué es lo que el gobierno de México intenta hacer, y eso es un poco opaco. Parece que en cierto grado apoya a uno de los cárteles contra los otros. Si eso es lo que intenta hacer, no hay ninguna justificación.
Pero si desea detener el negocio de las drogas, considero que sabe cómo proceder y no es con la acción militar: se debe ir al corazón del asunto. Parte de la respuesta se dio en la declaración de los tres ex presidentes (Ernesto) Zedillo, (Fernando Henrique) Cardoso y (César) Gaviria: hace unos años presentaron un informe en el que plantearon que la criminalización de las drogas sólo incrementaba el problema y que algunas deberían ser legalizadas, como el alcohol, y reguladas. Eso es parte del asunto, pero la parte de fondo esta aquí, en Estados Unidos.
En la entrevista, Chomsky dijo que se reunió con reporteros y editores de La Jornada este año y el anterior, con quienes trató, entre otros temas, el peligro que corren los periodistas que intentan cubrir el tema del narcotráfico y la inevitable autocensura. Explicó que le hablaron de informes que abordaban el problema e incluso de la gran cantidad de negocios en México vinculados de alguna forma con el narco, y que cuando uno empieza a publicar cosas como ésas y a investigarlas, está amenazando los centros del poder en la sociedad mexicana, que no desean quedar expuestos. Si pueden usar sicarios para detenerlo, lo harán.
Agregó que se enteró de que hay zonas de cultivo en el norte de México protegidas por criminales y por fuerzas de seguridad, y que zonas que antes se dedicaban a la agricultura ya son parte del negocio ilícito. Señaló que un reportaje de La Jornada reveló que unos economistas de la Universidad Nacional Autónoma ded México (UNAM) calculan que los ingresos reales de los trabajadores se desplomaron de manera espectacular durante el gobierno de Felipe Calderón como resultado de las políticas económicas. Por esto, afirmó, México tiene alternativas limitadas en el problema del narco, “ya que el Don de la mafia está aquí, al otro lado”.
Dijo que el problema está vinculado con una serie de políticas en ambos países, y que en Estados Unidos, en los últimos 30 años, la promoción del sector financiero en la economía y la destrucción del sistema productivo han llevado a que los ingresos reales se hayan estancado para la mayoría de la población: ha tenido los mismos efectos que el neoliberalismo en México; menos agudos, pero similares.
Esto lleva a confirmar, igual que con las políticas antinarcóticos, que los gobiernos no están para servir a sus ciudadanos; trabajan para sus bases principales que son, sobre todo, integrantes del sector financiero.
Libre mercado y libre trabajo
Cuando le preguntaron si se opone a que un país soberano, como Estados Unidos, adopte medidas razonables para detener y deportar indocumentados, Chomsky respondió: Es una pregunta interesante en Estados Unidos, donde todos son inmigrantes ilegales; todos, menos los que viven en las reservas indígenas. Indicó que todo depende de qué se está hablando. “Si uno se dice campeón del ‘libre mercado’ debe estar a favor del movimiento libre del trabajo; no se puede tener libre mercado sin eso, según indica Adam Smith.”
Deterioro educativo
Acerca del deterioro de la educación en ambos países, Chomsky señaló que México tiene la UNAM, “una universidad de muy alta calidad… es difícil el ingreso, pero es gratuita. Y en Estados Unidos, si se consideran los principales sistemas de educación pública, uno tiene que ser rico o poder asumir una gran deuda para acudir a la universidad. En la ciudad de México hay una universidad fundada por (Andrés Manuel) López Obrador que no sólo es gratuita, sino abierta a todos. Es cierto que hay muchos defectos en el sistema educativo mexicano, pero en algunas cosas es mejor que aquí. Debería haber oportunidades de educación decentes para todos.
Afirmó que es responsabilidad social garantizar educación obligatoria para todos, y condenó los intentos de privatizar los sistemas públicos y los intereses empresariales que pretenden lucrarse con la educación.
Recordó que el año pasado viajó de México a California y el contraste fue claro: México, país relativamente pobre, mantiene un sistema de educación superior de alta calidad y gratuito, aunque no para todos, pero sustancial. California, uno de los estados más ricos del planeta, está destruyendo las mejores universidades públicas del país, y posiblemente privatizando algunas, como Berkeley y la Universidad de California en Los Ángeles.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2011/08/17/92825435-chomsky-la-lucha-antidroga-se-enfoca-hacia-grupos-sociales/

Noam Chomsky: Mirando hacia el 11/9 una década más tarde (y II)

(sigue de la entrada anterior…) En la investigación realizada por Atlantic se dice : “La decisión de matar a Bin Laden fue la ilustración más clara hasta la fecha de un aspecto poco observado de la política antiterrorista del gobierno de Obama. El gobierno de Bush capturó a miles de sospechosos y los envió a campos de detención en Afganistán, Irak y Guantánamo. El gobierno de Obama, por el contrario, se ha centrado en la eliminación de terroristas uno a uno.” Esa es una diferencia significativa entre Bush y Obama. Los autores citan el ex canciller de Alemania Occidental, Helmut Schmidt, quien dijo a la televisión alemana que el ataque EE.UU. era “claramente una violación del derecho internacional ” y que Bin Laden hubiera tenido que ser detenido y llevado a juicio”, en contraste con lo que declaró Etic Schmidt, Fiscal General de EE.UU., quien “defendió la decisión de matar a Bin Laden, aunque no supusiera una amenaza inmediata (…) y que el asalto había sido “legal, legítimo y adecuado en todos los sentidos”.
La eliminación del cuerpo sin la autopsia también fue criticado por los aliados. El muy respetado abogado británico Geoffrey Robertson, que apoyó la intervención y se opuso a la ejecución en gran parte por razones pragmáticas, describe la afirmación de Obama de que “se ha hecho justicia” como un “absurdo” evidente para el ex profesor de derecho constitucional. La ley en Pakistán, añade, “exige una investigación sobre la muerte violenta, así como el derecho internacional sobre los derechos humanos insiste en el” derecho a la vida, y acaba diciendo “que debe llevarse a cabo una investigación cada vez que se produce una muerte violenta causada por el gobierno o la acción policial. Los EE.UU. por lo tanto, tienen la obligación de realizar una investigación que satisfaga a todo el mundo en cuanto a las verdaderas circunstancias de este asesinato “(…)
Eric Margolis comenta que “Washington no ha hecho públicas las pruebas de su afirmación de que Osama Bin Laden estaba detrás de los ataques del 11/9,” y esta es probablemente una de las razones por las que las encuestas revelan que una tercera parte de los estadounidenses preguntados creen que el gobierno de los EE.UU. y/o Israel están detrás del 11/9″, mientras que en el escepticismo en el mundo musulmán es mucho mayor. “Si hubiera tenido lugar un proceso abierto en los EE.UU. o en La Haya, habrían salido a la luz todas estas dudas ” (…)
En las sociedades que profesan un poco de respeto por la ley, los sospechosos son detenidos y llevados a un juicio justo. Hago hincapié en “sospechosos”. En junio de 2002, el director del FBI Robert Mueller, hizo lo que el Washington Post describió como “uno de sus comentarios públicos más detallados sobre los orígenes de los ataques”, pero sólo pudo decir que “los investigadores creen que la idea de atacar las Torres Gemelas y el Pentágono el 11 de setiembre llegó de líderes de Al Qaeda en Afganistán, el complot se realizó en Alemania, y la financiación llegó a través de los Emiratos Árabes Unidos a partir de fuentes en Afganistán” (…)
Nunca ha habido ningún motivo para dudar de lo que el FBI creía a mediados de 2002, pero queda lejos de la prueba de culpabilidad necesaria en las sociedades civilizadas – lo que consideran evidencias no justifican el asesinato de un sospechoso que podría, al parecer, ser fácilmente detenido y llevado a juicio. Lo mismo puede decirse de las pruebas aportadas desde entonces. La Comisión 11/9 dispone de indicios circunstanciales contra Bin Laden en base a lo que han confesado los prisioneros de Guantánamo. Es poco probable que se sostuvieran sus declaraciones ante un tribunal independiente, teniendo en cuenta la forma en que las confesiones fueron obtenidas. Pero en cualquier caso, las conclusiones de una investigación autorizada por el Congreso, por convincentes que le parezcan las evidencias, no está a la altura de la condena de un tribunal con credibilidad, que es lo que cambia la categoría del acusado de sospechoso a culpable.
Se habla mucho de la “confesión” de Bin Laden, pero fue más un alarde que no una confesión, y tiene la misma credibilidad que yo “confiese” que he ganado el maratón de Boston. El orgullo nos dice mucho sobre el personaje, pero nada acerca de su responsabilidad. (…) Una vez más, todo esto es independiente de lo que podamos pensar cada uno de nosotros acerca de su responsabilidad, que parecía clara desde un primer momento, incluso antes de que el FBI iniciara su investigación.
Crímenes de agresión
Vale la pena agregar que la responsabilidad de Bin Laden se reconoce en gran parte del mundo musulmán, y se condena. Un ejemplo significativo es el jeque libanés Fadlallah, muy respetado por Hezbolá y los grupos chiitas incluso fuera del Líbano. Tiene algo de experiencia en lo que a asesinatos se refiere. Había sido el objetivo de un atentado por camión bomba frente a una mezquita, en una operación organizada por la CIA en 1985. Se escapó, pero otras 80 personas murieron, la mayoría mujeres y niñas cuando salían de la mezquita. El jeque Fadlallah condenó enérgicamente los ataques del 11/9.(…)
Uno de los principales especialistas en el movimiento yihadista, Fawaz Gerges, sugiere que el movimiento podría haber sido dividido en ese momento, pero el ataque de los EE.UU. a Irak representó una gran bendición para Bin Laden, ya que supuso un incremento del terror, como las agencias de inteligencia ya habían anticipado. En las audiencias Chilcot sobre los antecedentes de la invasión de Irak, por ejemplo, el ex jefe de la agencia de inteligencia británica MI5 declaró que tanto ellos como los EE.UU. sabían que Sadam no representaba ninguna amenaza grave, que era probable que la invasión aumentase el terror, y que las invasiones de Irak y Afganistán habían radicalizado a parte de una generación de musulmanes que vieron las acciones militares como un “ataque contra el Islam”. Como suele suceder, la seguridad no era una prioridad para la acción del Estado.
Podría ser instructivo preguntarnos cómo iban a reaccionar si comandos iraquíes hubieran aterrizado en el recinto de George W. Bush, lo asesinaran y tiraran su cuerpo en el Atlántico (después de los ritos funerarios adecuados, por supuesto). Indiscutiblemente, no se trata de un “sospechoso”, sino de quien dio las órdenes decisivas para invadir Irak – es decir, cometer el “supremo crimen internacional que difiere de otros crímenes de guerra en que contiene dentro de sí todo el mal acumulado” por el que los criminales nazis fueron ahorcados: los cientos de miles de muertos, los millones de refugiados, la destrucción de gran parte del país y su patrimonio nacional, y el conflicto sectario y asesino que se ha extendido al resto de la región. De forma igualmente indiscutible, estos crímenes son muy superiores a los que se atribuyen a Bin Laden.
Decir que todo esto es indiscutible, como lo es, no quiere decir que se ponga en duda. La existencia de gente que cree que la tierra es plana no cambia el hecho de que, indiscutiblemente, la tierra no es plana. Del mismo modo, no se discute que Stalin y Hitler fueran los responsables de crímenes horrendos, aunque sus leales lo nieguen. Todo esto debería ser demasiado obvio para tener que mencionarlo, y lo sería, excepto si vivimos en una atmósfera de histeria tan extrema que bloquea el pensamiento racional.
Del mismo modo, no se discute que Bush y sus aliados han cometido el “crimen supremo internacional” – el crimen de agresión, definido con claridad meridiana por el juez Robert Jackson, que representó a los Estados Unidos en los juicios de Nuremberg. Un “agresor”, señaló Jackson ante el Tribunal en su discurso de apertura, es un estado que es el primero en cometer acciones tales como “invadir con sus fuerzas armadas, con o sin declaración de guerra, el territorio de otro Estado … “. Nadie, ni siquiera el defensor más extremo de la agresión, niega que Bush y sus asociados lo hicieran.
También haría bien en recordar las elocuentes palabras de Jackson en Nuremberg sobre el principio de universalidad: “Si ciertos actos en violación de tratados son crímenes, son crímenes tanto si los cometen Estados Unidos o Alemania, y no estamos dispuestos a establecer una norma de conducta criminal contra otros que no estaríamos dispuestos a invocar contra nosotros”.
También está claro que las intenciones que se declaran son irrelevantes, incluso si se las creen de verdad. Hay pruebas de que los fascistas japoneses, aparentemente, creían que si atacaban a China estaban de hecho trabajando para convertirla en un “paraíso terrenal”. Y aunque puede ser difícil de imaginar, es posible que Bush y compañía creían que estaban protegiendo al mundo de la destrucción de las armas nucleares de Saddam. Todo eso es no tiene ningún valor, aunque sus ardientes partidarios traten de convencernos de lo contrario.
Nos quedamos con dos opciones: O bien Bush y sus aliados son culpables del “crimen internacional supremo”, incluyendo todos los desastres que le siguieron, o bien se declaran los procesos de Nuremberg una farsa y que los aliados fueron culpables de asesinato judicial.
La mentalidad imperial y el 11/9
Unos días antes del asesinato de Bin Laden, Orlando Bosch murió tranquilamente en Florida, donde residía junto a su cómplice, Luis Posada Carriles y muchos otros personajes relacionados con el terrorismo internacional. Después de que Bosch fuese acusado de docenas de crímenes terroristas por el FBI, Busch le concedió el indulto presidencial, pese a las objeciones del Departamento de Justicia que había llegado a la conclusión de “que sería perjudicial para el interés público de los Estados Unidos proporcionar un refugio seguro para Bosch”. La coincidencia de estas muertes nos recuerda la doctrina de Bush hijo que ya se ha convertido en una norma de facto de las relaciones internacionales, según señaló el especialista en relaciones internacionales de Harvard, Graham Allison, en el sentido de que deja sin efecto “la soberanía de los estados que proporcionan refugio a los terroristas”.
Allison se refiere al pronunciamiento de Bush hijo sobre los talibanes: “Aquellos que dan refugio a terroristas son tan culpables como los propios terroristas”, afirmó. Este tipo de estados han perdido su soberanía y puede ser objetivo de bombardeos y del terror – por ejemplo, el estado que protegía a Bosch y sus cómplices. Cuando Bush emitió esta nueva “norma de facto de las relaciones internacionales”, parecía que nadie se daba cuenta de que estaba llamando a la invasión y destrucción de los EE.UU., y al asesinato de los presidentes que hubieran cometido tales crímenes.
Nada de esto es problemático, por supuesto, si rechazamos el principio del juez Jackson sobre la universalidad, y adoptamos en su lugar el principio de que los EE.UU. se han auto-inmunizado en relación al derecho internacional y sus convenios – como, de hecho, el gobierno USA ha dejado muy claro repetidas veces.
También es la pena pensar en el nombre dado a la operación de Bin Laden, que como saben llamaron “operación Gerónimo”. La mentalidad imperial es tan profunda que pocos parecen capaces de percibir que la Casa Blanca glorifica a Bin Laden al llamarlo “Gerónimo” – el jefe apache indio que dirigió la valerosa resistencia frente a los invasores de las tierras apaches.
La elección casual del nombre es una reminiscencia de la facilidad con la que el nombre de nuestras armas para asesinar llevan el nombre de las víctimas de nuestros crímenes: Apache, Blackhawk … Quizás reaccionaríamos de forma diferente si la Luftwaffe hubiera llamado a sus aviones de combate “Judío” y “Gitano”.
Los ejemplos mencionados caerían bajo la categoría de “excepcionalismo estadounidense”, si no fuera por el hecho de que la supresión fácil de su propios crímenes es prácticamente omnipresente entre los países poderosos, al menos aquellos que no son derrotados y obligados a reconocer la realidad.
Tal vez el asesinato fue percibido por la administración como un “acto de venganza”, como Robertson concluye. Y tal vez el rechazo a la opción legal de un juicio refleja una diferencia entre la cultura moral de 1945 y la de hoy en día, como sugiere. Pero cualquiera que sea el motivo, no podría ser la seguridad. Como en el caso del “crimen internacional supremo” en Irak, el asesinato de Bin Laden es un ejemplo más del hecho importante de que la seguridad no es a menudo una alta prioridad para la acción del Estado, al contrario de la doctrina que hemos recibido.
Copyright 2011 Noam Chomsky

jueves, 15 de septiembre de 2011

Noam Chomsky: Mirando hacia el 11/9 una década más tarde (y II)

(sigue de la entrada anterior…) En la investigación realizada por Atlantic se dice : “La decisión de matar a Bin Laden fue la ilustración más clara hasta la fecha de un aspecto poco observado de la política antiterrorista del gobierno de Obama. El gobierno de Bush capturó a miles de sospechosos y los envió a campos de detención en Afganistán, Irak y Guantánamo. El gobierno de Obama, por el contrario, se ha centrado en la eliminación de terroristas uno a uno.” Esa es una diferencia significativa entre Bush y Obama. Los autores citan el ex canciller de Alemania Occidental, Helmut Schmidt, quien dijo a la televisión alemana que el ataque EE.UU. era “claramente una violación del derecho internacional ” y que Bin Laden hubiera tenido que ser detenido y llevado a juicio”, en contraste con lo que declaró Etic Schmidt, Fiscal General de EE.UU., quien “defendió la decisión de matar a Bin Laden, aunque no supusiera una amenaza inmediata (…) y que el asalto había sido “legal, legítimo y adecuado en todos los sentidos”.
La eliminación del cuerpo sin la autopsia también fue criticado por los aliados. El muy respetado abogado británico Geoffrey Robertson, que apoyó la intervención y se opuso a la ejecución en gran parte por razones pragmáticas, describe la afirmación de Obama de que “se ha hecho justicia” como un “absurdo” evidente para el ex profesor de derecho constitucional. La ley en Pakistán, añade, “exige una investigación sobre la muerte violenta, así como el derecho internacional sobre los derechos humanos insiste en el” derecho a la vida, y acaba diciendo “que debe llevarse a cabo una investigación cada vez que se produce una muerte violenta causada por el gobierno o la acción policial. Los EE.UU. por lo tanto, tienen la obligación de realizar una investigación que satisfaga a todo el mundo en cuanto a las verdaderas circunstancias de este asesinato “(…)
Eric Margolis comenta que “Washington no ha hecho públicas las pruebas de su afirmación de que Osama Bin Laden estaba detrás de los ataques del 11/9,” y esta es probablemente una de las razones por las que las encuestas revelan que una tercera parte de los estadounidenses preguntados creen que el gobierno de los EE.UU. y/o Israel están detrás del 11/9″, mientras que en el escepticismo en el mundo musulmán es mucho mayor. “Si hubiera tenido lugar un proceso abierto en los EE.UU. o en La Haya, habrían salido a la luz todas estas dudas ” (…)
En las sociedades que profesan un poco de respeto por la ley, los sospechosos son detenidos y llevados a un juicio justo. Hago hincapié en “sospechosos”. En junio de 2002, el director del FBI Robert Mueller, hizo lo que el Washington Post describió como “uno de sus comentarios públicos más detallados sobre los orígenes de los ataques”, pero sólo pudo decir que “los investigadores creen que la idea de atacar las Torres Gemelas y el Pentágono el 11 de setiembre llegó de líderes de Al Qaeda en Afganistán, el complot se realizó en Alemania, y la financiación llegó a través de los Emiratos Árabes Unidos a partir de fuentes en Afganistán” (…)
Nunca ha habido ningún motivo para dudar de lo que el FBI creía a mediados de 2002, pero queda lejos de la prueba de culpabilidad necesaria en las sociedades civilizadas – lo que consideran evidencias no justifican el asesinato de un sospechoso que podría, al parecer, ser fácilmente detenido y llevado a juicio. Lo mismo puede decirse de las pruebas aportadas desde entonces. La Comisión 11/9 dispone de indicios circunstanciales contra Bin Laden en base a lo que han confesado los prisioneros de Guantánamo. Es poco probable que se sostuvieran sus declaraciones ante un tribunal independiente, teniendo en cuenta la forma en que las confesiones fueron obtenidas. Pero en cualquier caso, las conclusiones de una investigación autorizada por el Congreso, por convincentes que le parezcan las evidencias, no está a la altura de la condena de un tribunal con credibilidad, que es lo que cambia la categoría del acusado de sospechoso a culpable.
Se habla mucho de la “confesión” de Bin Laden, pero fue más un alarde que no una confesión, y tiene la misma credibilidad que yo “confiese” que he ganado el maratón de Boston. El orgullo nos dice mucho sobre el personaje, pero nada acerca de su responsabilidad. (…) Una vez más, todo esto es independiente de lo que podamos pensar cada uno de nosotros acerca de su responsabilidad, que parecía clara desde un primer momento, incluso antes de que el FBI iniciara su investigación.
Crímenes de agresión
Vale la pena agregar que la responsabilidad de Bin Laden se reconoce en gran parte del mundo musulmán, y se condena. Un ejemplo significativo es el jeque libanés Fadlallah, muy respetado por Hezbolá y los grupos chiitas incluso fuera del Líbano. Tiene algo de experiencia en lo que a asesinatos se refiere. Había sido el objetivo de un atentado por camión bomba frente a una mezquita, en una operación organizada por la CIA en 1985. Se escapó, pero otras 80 personas murieron, la mayoría mujeres y niñas cuando salían de la mezquita. El jeque Fadlallah condenó enérgicamente los ataques del 11/9.(…)
Uno de los principales especialistas en el movimiento yihadista, Fawaz Gerges, sugiere que el movimiento podría haber sido dividido en ese momento, pero el ataque de los EE.UU. a Irak representó una gran bendición para Bin Laden, ya que supuso un incremento del terror, como las agencias de inteligencia ya habían anticipado. En las audiencias Chilcot sobre los antecedentes de la invasión de Irak, por ejemplo, el ex jefe de la agencia de inteligencia británica MI5 declaró que tanto ellos como los EE.UU. sabían que Sadam no representaba ninguna amenaza grave, que era probable que la invasión aumentase el terror, y que las invasiones de Irak y Afganistán habían radicalizado a parte de una generación de musulmanes que vieron las acciones militares como un “ataque contra el Islam”. Como suele suceder, la seguridad no era una prioridad para la acción del Estado.
Podría ser instructivo preguntarnos cómo iban a reaccionar si comandos iraquíes hubieran aterrizado en el recinto de George W. Bush, lo asesinaran y tiraran su cuerpo en el Atlántico (después de los ritos funerarios adecuados, por supuesto). Indiscutiblemente, no se trata de un “sospechoso”, sino de quien dio las órdenes decisivas para invadir Irak – es decir, cometer el “supremo crimen internacional que difiere de otros crímenes de guerra en que contiene dentro de sí todo el mal acumulado” por el que los criminales nazis fueron ahorcados: los cientos de miles de muertos, los millones de refugiados, la destrucción de gran parte del país y su patrimonio nacional, y el conflicto sectario y asesino que se ha extendido al resto de la región. De forma igualmente indiscutible, estos crímenes son muy superiores a los que se atribuyen a Bin Laden.
Decir que todo esto es indiscutible, como lo es, no quiere decir que se ponga en duda. La existencia de gente que cree que la tierra es plana no cambia el hecho de que, indiscutiblemente, la tierra no es plana. Del mismo modo, no se discute que Stalin y Hitler fueran los responsables de crímenes horrendos, aunque sus leales lo nieguen. Todo esto debería ser demasiado obvio para tener que mencionarlo, y lo sería, excepto si vivimos en una atmósfera de histeria tan extrema que bloquea el pensamiento racional.
Del mismo modo, no se discute que Bush y sus aliados han cometido el “crimen supremo internacional” – el crimen de agresión, definido con claridad meridiana por el juez Robert Jackson, que representó a los Estados Unidos en los juicios de Nuremberg. Un “agresor”, señaló Jackson ante el Tribunal en su discurso de apertura, es un estado que es el primero en cometer acciones tales como “invadir con sus fuerzas armadas, con o sin declaración de guerra, el territorio de otro Estado … “. Nadie, ni siquiera el defensor más extremo de la agresión, niega que Bush y sus asociados lo hicieran.
También haría bien en recordar las elocuentes palabras de Jackson en Nuremberg sobre el principio de universalidad: “Si ciertos actos en violación de tratados son crímenes, son crímenes tanto si los cometen Estados Unidos o Alemania, y no estamos dispuestos a establecer una norma de conducta criminal contra otros que no estaríamos dispuestos a invocar contra nosotros”.
También está claro que las intenciones que se declaran son irrelevantes, incluso si se las creen de verdad. Hay pruebas de que los fascistas japoneses, aparentemente, creían que si atacaban a China estaban de hecho trabajando para convertirla en un “paraíso terrenal”. Y aunque puede ser difícil de imaginar, es posible que Bush y compañía creían que estaban protegiendo al mundo de la destrucción de las armas nucleares de Saddam. Todo eso es no tiene ningún valor, aunque sus ardientes partidarios traten de convencernos de lo contrario.
Nos quedamos con dos opciones: O bien Bush y sus aliados son culpables del “crimen internacional supremo”, incluyendo todos los desastres que le siguieron, o bien se declaran los procesos de Nuremberg una farsa y que los aliados fueron culpables de asesinato judicial.
La mentalidad imperial y el 11/9
Unos días antes del asesinato de Bin Laden, Orlando Bosch murió tranquilamente en Florida, donde residía junto a su cómplice, Luis Posada Carriles y muchos otros personajes relacionados con el terrorismo internacional. Después de que Bosch fuese acusado de docenas de crímenes terroristas por el FBI, Busch le concedió el indulto presidencial, pese a las objeciones del Departamento de Justicia que había llegado a la conclusión de “que sería perjudicial para el interés público de los Estados Unidos proporcionar un refugio seguro para Bosch”. La coincidencia de estas muertes nos recuerda la doctrina de Bush hijo que ya se ha convertido en una norma de facto de las relaciones internacionales, según señaló el especialista en relaciones internacionales de Harvard, Graham Allison, en el sentido de que deja sin efecto “la soberanía de los estados que proporcionan refugio a los terroristas”.
Allison se refiere al pronunciamiento de Bush hijo sobre los talibanes: “Aquellos que dan refugio a terroristas son tan culpables como los propios terroristas”, afirmó. Este tipo de estados han perdido su soberanía y puede ser objetivo de bombardeos y del terror – por ejemplo, el estado que protegía a Bosch y sus cómplices. Cuando Bush emitió esta nueva “norma de facto de las relaciones internacionales”, parecía que nadie se daba cuenta de que estaba llamando a la invasión y destrucción de los EE.UU., y al asesinato de los presidentes que hubieran cometido tales crímenes.
Nada de esto es problemático, por supuesto, si rechazamos el principio del juez Jackson sobre la universalidad, y adoptamos en su lugar el principio de que los EE.UU. se han auto-inmunizado en relación al derecho internacional y sus convenios – como, de hecho, el gobierno USA ha dejado muy claro repetidas veces.
También es la pena pensar en el nombre dado a la operación de Bin Laden, que como saben llamaron “operación Gerónimo”. La mentalidad imperial es tan profunda que pocos parecen capaces de percibir que la Casa Blanca glorifica a Bin Laden al llamarlo “Gerónimo” – el jefe apache indio que dirigió la valerosa resistencia frente a los invasores de las tierras apaches.
La elección casual del nombre es una reminiscencia de la facilidad con la que el nombre de nuestras armas para asesinar llevan el nombre de las víctimas de nuestros crímenes: Apache, Blackhawk … Quizás reaccionaríamos de forma diferente si la Luftwaffe hubiera llamado a sus aviones de combate “Judío” y “Gitano”.
Los ejemplos mencionados caerían bajo la categoría de “excepcionalismo estadounidense”, si no fuera por el hecho de que la supresión fácil de su propios crímenes es prácticamente omnipresente entre los países poderosos, al menos aquellos que no son derrotados y obligados a reconocer la realidad.
Tal vez el asesinato fue percibido por la administración como un “acto de venganza”, como Robertson concluye. Y tal vez el rechazo a la opción legal de un juicio refleja una diferencia entre la cultura moral de 1945 y la de hoy en día, como sugiere. Pero cualquiera que sea el motivo, no podría ser la seguridad. Como en el caso del “crimen internacional supremo” en Irak, el asesinato de Bin Laden es un ejemplo más del hecho importante de que la seguridad no es a menudo una alta prioridad para la acción del Estado, al contrario de la doctrina que hemos recibido.
Copyright 2011 Noam Chomsky

lunes, 12 de septiembre de 2011

Noam Chomsky: Mirando hacia el 11/9 una década más tarde (I)

¿Hubo alguna vez alternativa?

Por Noam Chomsky
Nos acercamos al 10 º aniversario de las horrendas atrocidades del 11 de septiembre de 2001 que han cambiado el mundo. El 1 de mayo, el presunto cerebro del delito, Osama Bin Laden, fue asesinado en Pakistán por un equipo de elite de comandos de EE.UU., los Navy SEALs, después de que fuese capturado, desarmado e indefenso, en la Operación Gerónimo.
Varios analistas han observado que a pesar de Bin Laden fuese asesinado, ha conseguido algunos éxitos importantes en su guerra contra los EE.UU. “En repetidas ocasiones afirmó que la única manera de expulsar a los EE.UU. del mundo musulmán y derrotar a sus sátrapas sería mediante una serie de guerras pequeñas pero muy caras que en última instancia, podrían significar su quiebra”, escribe Eric Margolis. “Sangrado los EE.UU., en sus palabras.”Los Estados Unidos, primero bajo George W. Bush y luego con Barack Obama, cayeron en la trampa… Gastos militares grotescamente exagerados y adicción a la deuda …”- especialmente cuando la deuda está siendo cínicamente explotada por la extrema derecha, con la complicidad del establishment demócrata, para socavar lo que queda de los programas sociales como la educación pública, los sindicatos, y, en general, los obstáculos que subsisten a la tiranía de las grandes corporaciones.
Washington estaba decidido a cumplir los fervientes deseos de Bin Laden. Como expuse en mi libro 9-11, escrito poco después de los ataques. Cualquier persona con conocimiento de la región podría reconocer que “un asalto masivo contra la población musulmana sería la respuesta a las plegarias de Bin Laden y sus socios, y llevará a los EE.UU. y aliados a una “trampa diabólica”, en palabras del ministro de Exteriores francés”.
El principal analista de la CIA responsable de perseguir a Osama Bin Laden desde 1996, Michael Scheuer, escribió poco después que “Bin Laden ha sido muy preciso al explicar las razones por las que Estados Unidos está librando una guerra contra nosotros. [Él] está alterando drásticamente los EE.UU. y las políticas occidentales hacia el mundo islámico”, y en gran medida lo logró:” Los EE.UU. están completando la radicalización del mundo islámico, algo que Osama Bin Laden trataba de hacer con un éxito sustancial pero incompleto desde principios de 1990. Como resultado de ello, creo que es justo concluir que los Estados Unidos de América siguen siendo el único aliado indispensable de Bin Laden. Y sin duda lo siguen siendo, incluso después de su muerte.
El primer 11/9
¿Había alternativa? Lo más probable es que el movimiento yihadista, con muchos elementos muy críticos con Bin Laden, podía haberse dividido y debilitado después del 11/9. El “crimen contra la humanidad”, como se le llamó con razón, podría haber sido abordado como un delito, con una operación internacional para detener a los posibles sospechosos. La conclusión de Robert Fisk de que el 11/9 fue un “crimen horrendo” cometido con “una maldad y crueldad increíbles”, es exacta, aunque los crímenes podrían haber sido aún peores. Supongamos, por ejemplo, que el ataque hubiera causado la muerte del presidente, hubiera supuesto la imposición de una brutal dictadura militar que matase a miles de personas y torturase a decenas de miles, mientras ayuda a imponer un sistema de tortura y terrorismo, lleva a cabo una campaña de asesinatos internacionales, y como estímulo adicional, aporta un equipo de economistas – los llaman “los chicos Kandahar” – que rápidamente conducen la economía en una de las peores depresiones de su historia. Evidentemente, habría sido mucho peor que el 11/9.
Esto que acabo de contar no fue, por desgracia, un experimento virtual. Fue lo que pasó. La inexactitud de este breve relato es que los números se deben multiplicar por 25 para obtener los equivalentes, la medida adecuada. Estoy hablando, por supuesto, de lo que en América Latina se llama a menudo “el primer 11/9″: del 11 de septiembre de 1973, cuando los EE.UU. consiguieron derrocar al gobierno democrático de Salvador Allende en Chile con un golpe militar que puso en el poder el brutal régimen del general Pinochet. El objetivo, en palabras de la administración Nixon, era matar los “virus” que podría animar a todos aquellos “extranjeros [que] van a jodernos” al querer hacerse los dueños de sus propios recursos y aplicar una política intolerable de desarrollo independiente. La conclusión del Consejo de Seguridad Nacional fue que, si los EE.UU. no podían controlar América Latina, no podían esperar tampoco poder hacerlo en otras partes del mundo.
El primer 11 de setiembre, a diferencia del segundo, no cambió el mundo. No se trataba de “nada de gran importancia”, como Henry Kissinger aseguró a su Presidente unos días más tarde. Los hechos de poca importancia no se limitan al golpe de Estado militar que destruyó la democracia chilena y puso en marcha la historia de horror que siguió. El primer 11/9 fue un drama de un solo acto que comenzó en 1962, cuando John F. Kennedy cambió la misión de los militares de América Latina de “defensa del hemisferio” – un remanente anacrónico de la Segunda Guerra Mundial – a “seguridad interna”, un concepto con una interpretación escalofriante.
En el libro recientemente publicado sobre la Historia de la Guerra Fría por la Universidad de Cambridge, el erudito John Coatsworth escribe que a partir de ese momento y hasta “el colapso soviético en 1990, el número de presos políticos, víctimas de la tortura y ejecuciones de disidentes políticos no violentos en América Latina fue muy superior al de la Unión Soviética y sus satélites de la Europa del Este “, incluyendo a muchos mártires religiosos y masacres en masa, siempre apoyadas o iniciadas en Washington. El último acto violento fue el brutal asesinato de seis importantes intelectuales de América Latina, sacerdotes jesuitas, pocos días después de la caída del Muro de Berlín. Los autores eran una élite del batallón salvadoreño, que ya había dejado un rastro de sangre impresionante y que acababan de renovar su formación en la Escuela JFK de Guerra Especial, por orden directa del alto mando del estado cliente de los EE.UU.
Las consecuencias todavía repercuten.
Del secuestro y la tortura al asesinato
Todo esto y mucho más se considera ahora como de poca importancia, y parece estar olvidado. Aquellos cuya misión es la de gobernar el mundo disfrutan de una imagen más reconfortante, muy bien articulada en el último número de la prestigiosa (y valiosa) revista del Royal Institute of International Affairs de Londres. El artículo principal habla del “orden internacional” de la “segunda mitad del siglo XX” marcado por “la universalización de una visión estadounidense de prosperidad comercial” Hay algo de verdad en ello, pero no acaba de transmitir la percepción de la los que están en el lado equivocado de las armas.
Lo mismo ocurre con el asesinato de Osama Bin Laden, que pone fin a una fase de la “guerra contra el terror” re-declarada por el presidente George W. Bush en el segundo 11/9. Hagamos algunas reflexiones sobre el hecho y su significado.
El 1 de mayo de 2011, Osama Bin Laden fue asesinado en su reducto prácticamente desprotegido por una misión de ataque de la 79 Navy SEALs, que entraron en Pakistán en helicóptero. Después de unos relatos espeluznantes dados incialmente por el gobierno y luego retirados, los informes oficiales dejan cada vez más claro que la operación fue un asesinato que violó repetidamente las normas elementales del derecho internacional, empezando por la propia invasión.
No parece haber habido ningún intento de detener a la víctima sin armas, ya que los 79 comandos no encontraron ninguna oposición – salvo, según el informe, el de su esposa, también desarmada, a quien dispararon en defensa propia cuando ella “se abalanzó” sobre ellos, según la Casa Blanca.
Una reconstrucción plausible de los acontecimientos la ofrece el veterano corresponsal en Oriente Medio Yochi Dreazen y sus colegas en el Atlantic. Dreazen, ex corresponsal militar para el Wall Street Journal, es corresponsal para el Grupo Nacional que cubre asuntos militares y de seguridad nacional. Según su investigación, la Casa Blanca no parece haber considerado la opción de capturar vivo a Bin Laden: “El gobierno había dejado claro al clandestino Comando Conjunto de Operaciones Especiales que quería Bin Laden muerto, según un alto funcionario de EE.UU. con el conocimiento de los debates. Un oficial de alto rango que informó sobre el asalto, dijo que los comandos sabían que su misión no era cogerle vivo.”
Los autores añaden: “Para la mayoría de los que en el Pentágono y la CIA habían pasado casi una década a la caza de Bin Laden, su muerte era un acto necesario y justificado de venganza.” Además, “la captura de Bin Laden vivo hubiera representado una serie de espinosas dificultades jurídicas y políticas. Mejor, entonces, si se lo asesinaba y tiraba su cuerpo al mar sin posibilidad de realizar ninguna autopsia – un acto que previsiblemente provocaría tanto la ira como el escepticismo en gran parte del mundo musulmán.”

lunes, 18 de abril de 2011

Libia y el mundo del petróleo. Por Noam Chomsky

Lo que Occidente busca es lo que Bush anunció: el control o al menos clientes dignos de confianza y, en el caso de Libia, el acceso a enormes áreas inexploradas que esperan sean ricas en petróleo.
Noam Chomsky | La Jornada 
Libia es un Estado rico en petróleo dirigido por un dictador brutal que, no obstante, es poco confiable: un cliente digno de confianza sería preferible por mucho. Cuando estallaron protestas no violentas, Muammar Kadafi actuó rápidamente para aplastarlas.
El mes pasado, en el tribunal internacional sobre crímenes durante la guerra civil en Sierra Leona, el juicio del ex presidente liberiano Charles Taylor llegó a su fin. El fiscal general, el profesor de derecho estadunidense David Crane, informó a The Times de Londres que el caso estaba incompleto: los fiscales pretendían encausar a Muammar Kadafi, quien, dijo Crane, era finalmente el responsable por la mutilación y/o asesinato de 1.2 millones de personas.

Pero el encausamiento no se daría. Estados Unidos, el Reino Unido y otros países intervinieron para bloquearlo. Al preguntarle por qué, Crane dijo: Bienvenido al mundo del petróleo.

Otra víctima reciente de Kadafi fue sir Howard Davies, el director de la Escuela de Economía de Londres, quien renunció después de revelaciones de los lazos de la escuela con el dictador libio.

En Cambridge, Massachusetts, el Monitor Group, una firma de consultoría fundada por profesores de Harvard, fue bien pagado por servicios tales como un libro para llevar las palabras inmortales de Kadafi al público en conversación con famosos expertos internacionales, junto con otros esfuerzos para mejorar la apreciación internacional de Libia (la de Kadafi).

El mundo del petróleo rara vez está lejos en el telón de fondo en asuntos que conciernen a esta región.

Por ejemplo, cuando las dimensiones de la derrota estadunidense en Irak ya no podía ocultarse, la retórica bonita fue desplazada por el anuncio honesto de objetivos políticos. En noviembre de 2007 la Casa Blanca emitió una declaración de principios que insistía en que Irak debe conceder acceso y privilegio indefinidos a los invasores estadunidense.

Dos meses después, el presidente George W. Bush informó al Congreso que rechazaría la legislación que limitara el emplazamiento permanente de las fuerzas armadas estadunidense en Irak o el control de Estados Unidos de los recursos petroleros de Irak; demandas que Estados Unidos tendría que abandonar poco después ante la resistencia iraquí.

El mundo del petróleo ofrece una guía útil para las reacciones occidentales ante los notables levantamientos pro democráticos en el mundo árabe. Al dictador rico en petróleo que es un cliente confiable se le da virtual rienda suelta. Hubo poca reacción cuando Arabia Saudita declaró el 5 de marzo: Las leyes y las regulaciones en el reino prohíben totalmente todo tipo de manifestaciones, marchas y plantones así como la convocatoria a los mismos ya que van contra los principios de la Shariah y las costumbres y tradiciones sauditas. El reino movilizó a enormes fuerzas de seguridad que rigurosamente aplicaron la prohibición.

En Kuwait, pequeñas manifestaciones fueron sofocadas. El puño de hierro golpeó en Bahrein después de que fuerzas militares encabezadas por Arabia Saudita intervinieron para garantizar que la monarquía sunita minoritaria no se viera amenazada por llamados a reformas democráticas.

Bahrein es sensible no sólo porque alberga a la Quinta Flota de Estados Unidos sino también porque colinda con áreas chiítas de Arabia Saudita, ubicación de la mayor parte del petróleo del reino. Resulta que los recursos energéticos primarios del mundo se localizan cerca del norte del golfo Pérsico (o golfo Arábigo, como a menudo le llaman los árabes), en gran medida chiíta, una potencial pesadilla para los planificadores occidentales.

En Egipto y Túnez, el levantamiento popular ha conseguido victorias impresionantes, pero, como informó la Fundación Carnegie, los regímenes permanecen y al parecer están decididos a frenar el ímpetu pro democrático generado hasta ahora. Un cambio en las elites gobernantes y el sistema de gobierno sigue siendo un objetivo distante; y uno que Occidente buscará mantener así.

Libia es un caso diferente, un Estado rico en petróleo dirigido por un dictador brutal que, no obstante, es poco confiable: Un cliente digno de confianza sería preferible por mucho. Cuando estallaron protestas no violentas, Muammar Kadafi actuó rápidamente para aplastarlas.

El 22 de marzo, mientras las fuerzas de Kadafi convergían en la capital rebelde de Bengasi, el principal asesor sobre Medio Oriente del presidente Barack Obama, Dennis Ross, advirtió que si había una masacre, todos nos culparían a nosotros por ello, una consecuencia inaceptable.

Y Occidente ciertamente no quería que el coronel Kadafi aumentara su poder e independencia sofocando la rebelión. Estados Unidos se unió a la autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de una zona de exclusión aérea, que sería puesta en práctica por Francia, el Reino Unido y Estados Unidos.

La intervención evitó una probable masacre pero fue interpretada por la coalición como la autorización para el apoyo directo a los rebeldes. Se impuso un cese el fuego a las fuerzas de Kadafi, pero se ayudó a los rebeldes a avanzar hacia el oeste. En poco tiempo conquistaron las principales fuentes de la producción petrolera de Libia, al menos temporalmente.

El 28 de marzo, el periódico en árabe con sede en Londres Al-Quds Al-Arabi advirtió que la intervención dejaría a Libia con dos estados, un este rico en petróleo y en manos de los rebeldes y un oeste encabezado por Kadafi y sumido en la pobreza... Dado que los pozos petroleros han sido asegurados, podríamos encontrarnos enfrentando a un nuevo emirato petrolero libio, escasamente habitado, protegido por Occidente y muy similar a los estados emiratos del golfo. O la rebelión respaldada por Occidente podría seguir adelante hasta eliminar al irritante dictador.

Se arguye comúnmente que el petróleo no puede ser un motivo para la intervención porque Occidente tiene acceso al mismo bajo el régimen de Kadafi. Cierto pero irrelevante. Lo mismo pudiera decirse sobre Irak bajo el régimen de Saddam Hussein, o Irán y Cuba actualmente.

Lo que Occidente busca es lo que Bush anunció: el control, o al menos clientes dignos de confianza y, en el caso de Libia, el acceso a enormes áreas inexploradas que se espera sean ricas en petróleo. Documentos internos británicos y estadunidense insisten en que el virus del nacionalismo es el mayor temor, ya que podría engendrar desobediencia.

La intervención está siendo realizada por las tres potencias imperiales tradicionales (aunque podríamos recordar –los libios presumiblemente lo hacen– que, después de la Primera Guerra Mundial, Italia llevó a cabo un genocidio en el este de Libia).

Las potencias occidentales están actuando en virtual aislamiento. Los estados en la región –Turquía y Egipto– no quieren participar, tampoco África. Los dictadores del golfo se sentirían felices de ver partir a Kadafi; pero, aun atiborrados de las armas avanzadas que se les ofrecen para reciclar los petrodólares y asegurar la obediencia, apenas ofrecen más que una participación simbólica. Lo mismo aplica en otros lugares: India, Brasil e incluso Alemania.

La primavera árabe tiene raíces profundas. La región ha estado en fermentación durante muchos años. La primera de la ola actual de protestas empezó el año pasado en el Sahara Occidental, la última colonia africana, invadida por Marruecos en 1975 y retenida ilegalmente desde entonces, de manera similar a Timor Oriental y los territorios ocupados por Israel.

Una protesta no violenta en noviembre pasado fue sofocada por fuerzas marroquíes. Francia intervino para bloquear una investigación del Consejo de Seguridad sobre los crímenes de su cliente.

Luego se encendió una llama en Túnez, que desde entonces se ha extendido para volverse una conflagración.