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jueves, 28 de agosto de 2014

Gaza, entre escombros y treguas: crónica de un verano de guerra


Por Javier Huerta

Después de siete semanas de bombardeos, cohetes y una tregua que parecía imposible, Gaza respira —apenas— bajo un alto el fuego que muchos temen frágil. Lo que empezó como una escalada de violencia tras el secuestro y asesinato de tres jóvenes israelíes en junio, y la posterior muerte de un adolescente palestino en Jerusalén Este, se convirtió en la ofensiva militar más destructiva que ha vivido la Franja desde 2008-2009.

Un conflicto con raíces profundas

Para entender el verano de 2014 hay que remontarse a 2005, cuando el entonces primer ministro Ariel Sharon ordenó la retirada unilateral de los asentamientos israelíes en Gaza, desmantelando las colonias y retirando al ejército de la Franja. Muchos analistas señalan ese momento como el inicio de la dinámica que hoy conocemos: sin presencia militar permanente dentro del territorio, pero con control israelí sobre el espacio aéreo, las aguas territoriales y buena parte de los cruces fronterizos.

En 2006, Hamás ganó las elecciones legislativas palestinas, un resultado que sorprendió a buena parte de la comunidad internacional y que provocó el aislamiento diplomático y económico del nuevo gobierno. Un año después, en 2007, tras violentos enfrentamientos internos, Hamás expulsó a las fuerzas de Fatah y tomó el control exclusivo de Gaza, dejando a la Autoridad Palestina de Mahmud Abás gobernando solo en Cisjordania. Fue entonces cuando Israel y Egipto impusieron el bloqueo terrestre, aéreo y marítimo que continúa hasta hoy, justificado por Israel como medida de seguridad frente al rearme de grupos armados.

Desde entonces, la región ha vivido ya dos rondas previas de guerra a gran escala: la Operación Plomo Fundido (diciembre de 2008-enero de 2009) y la Operación Pilar Defensivo (noviembre de 2012), ambas seguidas de altos el fuego frágiles que nunca resolvieron las causas de fondo del conflicto. El patrón cíclico —escalada, guerra, tregua, calma tensa, nueva escalada— es algo que muchos en la región conocen bien y que alimenta hoy el escepticismo sobre la durabilidad del actual cese de hostilidades.

El contexto político que precedió a la guerra

La chispa de este verano no puede entenderse sin el acuerdo de reconciliación firmado en abril de 2014 entre Hamás y Fatah, que dio lugar a un gobierno palestino de unidad nacional. El pacto, recibido con recelo por Israel, se produjo en un momento de fuerte debilidad financiera para Hamás: la caída del presidente egipcio Mohamed Morsi en 2013 y la posterior llegada de Abdel Fattah el-Sisi al poder trajeron consigo el cierre sistemático de los túneles de contrabando en Rafah, una arteria económica —y también militar— vital para Gaza. Esa "economía de túneles", que durante años permitió sortear parcialmente el bloqueo, quedó prácticamente desmantelada, agravando la crisis fiscal del gobierno de Gaza justo antes del estallido de la violencia.

De la chispa a la ofensiva

El 8 de julio, Israel lanzó la operación "Margen Protector" (Protective Edge), respondiendo, según su gobierno, al aumento del lanzamiento de cohetes desde Gaza por parte de Hamás y otros grupos armados. Los ataques aéreos israelíes se intensificaron rápidamente, y el 17 de julio comenzó una incursión terrestre centrada, según las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), en la destrucción de una red de túneles subterráneos utilizados para infiltraciones y contrabando de armas.

Hamás y la Yihad Islámica respondieron con miles de cohetes disparados hacia el sur y el centro de Israel, algunos interceptados por el sistema antimisiles Cúpula de Hierro —operativo desde 2011 y que ha cambiado sensiblemente el cálculo estratégico israelí frente a los ataques con cohetes—, otros cayendo cerca de Tel Aviv y Jerusalén, ciudades que rara vez habían sido objetivo de este tipo de ataques.

Un costo humano devastador

Las cifras, aunque disputadas en sus matices, dibujan un panorama sombrío. Según Naciones Unidas y organizaciones de derechos humanos, más de 2.100 palestinos han muerto, la mayoría civiles, entre ellos cientos de niños. Del lado israelí, la cifra de fallecidos ronda los 70, en su mayoría soldados, además de varios civiles alcanzados por el fuego de cohetes.

Barrios enteros de Shujaiya, Rafah y Beit Hanoun quedaron reducidos a escombros. El bombardeo de Shujaiya a finales de julio se convirtió en uno de los episodios más letales de toda la ofensiva terrestre y en uno de los símbolos de la destrucción de este verano. Hospitales, escuelas de la UNRWA que servían de refugio —como las de Beit Hanoun y Jabalia, alcanzadas por disparos que generaron fuertes condenas internacionales— y plantas de tratamiento de agua sufrieron daños severos, según reportes de agencias humanitarias presentes sobre el terreno.

Naciones Unidas estima que más de 500.000 personas se vieron desplazadas en algún momento del conflicto, muchas de ellas hacinadas en refugios improvisados, en uno de los territorios más densamente poblados del planeta: cerca de 1,8 millones de habitantes en apenas 365 kilómetros cuadrados. La mayoría de esa población desciende de refugiados que huyeron o fueron expulsados durante la guerra de 1948, y viven aún hoy en campos administrados por la UNRWA. Antes incluso de que comenzara la ofensiva, Gaza arrastraba ya altísimas tasas de desempleo y una fuerte dependencia de la ayuda humanitaria internacional, consecuencia directa de años de bloqueo.

Dos narrativas, un mismo drama

Israel sostiene que Hamás utiliza deliberadamente zonas civiles —viviendas, mezquitas, escuelas— para ocultar arsenales y lanzar cohetes, lo que según su versión explica gran parte de las bajas civiles. Human Rights Watch y otras organizaciones han pedido investigaciones independientes sobre posibles violaciones del derecho internacional humanitario por ambas partes, incluyendo el uso de artillería en zonas densamente pobladas y el disparo indiscriminado de cohetes hacia núcleos urbanos israelíes.

Para muchos palestinos en Gaza, la guerra se vive como la última de una serie de ofensivas —2008, 2012 y ahora 2014— bajo un bloqueo terrestre, aéreo y marítimo que Israel y Egipto mantienen desde 2007 y que Israel justifica por razones de seguridad frente a Hamás.

La cobertura internacional de este verano ha generado además fuertes divisiones diplomáticas: la ONU, la Unión Europea y Estados Unidos han pedido reiteradamente un alto el fuego, mientras el Consejo de Seguridad ha quedado dividido a la hora de condenar unívocamente a alguna de las partes, reflejo de las tensiones geopolíticas que rodean el conflicto desde hace décadas.

La búsqueda de una tregua duradera

Las negociaciones indirectas en El Cairo, mediadas por Egipto, han buscado no solo detener las hostilidades sino abordar las causas de fondo: el levantamiento parcial del bloqueo, la apertura de pasos fronterizos, la reconstrucción de Gaza y las garantías de seguridad para Israel frente al rearme de grupos armados. El papel de El Cairo como mediador no es nuevo —ya lo fue en 2012—, pero esta vez su relación con Hamás se ha visto complicada por el deterioro de vínculos con el gobierno de el-Sisi, lo que ha dificultado aún más unas negociaciones ya de por sí frágiles. Varios altos el fuego temporales se rompieron en las semanas previas, lo que alimenta el escepticismo sobre la durabilidad del actual.

Mientras los diplomáticos discuten los términos, en Gaza las familias comienzan a contar lo que queda: casas, escuelas, negocios. La reconstrucción, advierten organismos internacionales, podría tardar años, especialmente mientras persistan las restricciones a la entrada de materiales de construcción.

Lo cierto es que, alto el fuego o no, la pregunta que queda flotando sobre Gaza y el sur de Israel es la misma que después de cada ronda anterior: si esta vez el silencio de las armas será el principio de algo distinto, o solo una pausa antes de la siguiente escalada.


Nota: las cifras de víctimas y desplazados citadas corresponden a estimaciones de agencias de la ONU y organizaciones humanitarias disponibles en el momento de escribir este artículo (agosto de 2014) y pueden variar según la fuente.

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