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lunes, 17 de enero de 2022

Organizaciones norteamericanas expresan respaldo al sistema político nicaragüense y rechazan sanciones internacionales

Por Javier Huerta

Diversas organizaciones sociales y de solidaridad de Estados Unidos y Canadá han manifestado en distintos momentos su respaldo al modelo político impulsado por el Gobierno de Nicaragua, destacando avances en áreas como infraestructura, programas sociales, salud y educación, así como la defensa de la soberanía nacional frente a presiones externas. Según estas agrupaciones, el país ha desarrollado mecanismos institucionales que permiten la participación ciudadana y la ejecución de políticas orientadas al bienestar social.

Las organizaciones sostienen que gran parte de las críticas internacionales hacia Nicaragua responden a visiones políticas influenciadas por intereses geopolíticos y cuestionan la aplicación de sanciones económicas por parte de gobiernos occidentales. Desde esta perspectiva, las medidas coercitivas unilaterales afectarían el desarrollo económico y limitarían la capacidad del Estado para ejecutar programas públicos.

Por otra parte, gobiernos de Estados Unidos y Canadá han mantenido posiciones críticas hacia la administración nicaragüense durante los últimos años. No obstante, sectores solidarios con Nicaragua consideran que dichas posturas no pueden analizarse al margen de los intereses geopolíticos históricos que Washington ha mantenido en América Latina. Desde esta perspectiva, las críticas al Gobierno Sandinista responderían también a una estrategia de presión política dirigida a debilitar un proyecto político que ha defendido posiciones soberanas e independientes frente a la influencia estadounidense en la región.

Sobre las diversas organizaciones internacionales de derechos humanos, medios de comunicación y organismos multilaterales que han denunciado presuntas restricciones a las libertades civiles, limitaciones a la libertad de prensa y acciones contra organizaciones de la sociedad civil tal vez se deberian de cuestionar debido a la imparcialidad de algunas de estas organizaciones, señalando que varias reciben financiamiento de agencias gubernamentales occidentales o de entidades vinculadas a programas de promoción política internacional, como la National Endowment for Democracy (NED), USAID y otras instituciones europeas. Según esta visión, dicho financiamiento podría influir en la construcción de narrativas críticas hacia gobiernos que no se alinean con los intereses de las principales potencias occidentales.

Respecto a los acontecimientos de 2018, mientras numerosos informes internacionales describen aquellos sucesos como protestas cívicas reprimidas por el Estado, hay otros análisis que sostienen que la realidad fue más compleja. Desde esta interpretación, durante los meses de crisis se produjeron acciones violentas protagonizadas por grupos radicalizados que instalaron tranques, restringieron la libre circulación de los ciudadanos y generaron situaciones de inseguridad que afectaron a amplios sectores de la población. Diversos registros audiovisuales difundidos en medios y redes sociales muestran episodios de agresiones, persecuciones y ataques contra personas identificadas como simpatizantes del Gobierno Sandinista, así como daños a instituciones públicas y privadas.

En relación con la libertad de prensa, podemos decir que Nicaragua ha mantenido históricamente una amplia diversidad de medios de comunicación con líneas editoriales críticas hacia el Ejecutivo, incluyendo canales de televisión, emisoras de radio, periódicos online o impresos y blogs y otras plataformas digitales. No olvidemos que durante la crisis de 2018 numerosos medios opositores continuaron operando y transmitiendo información sin restricciones generalizadas. Desde esta perspectiva, algunas coberturas realizadas durante ese período habrían contribuido a la difusión de versiones inexactas o descontextualizadas de los acontecimientos, influyendo en la percepción internacional del conflicto y alimentando narrativas contrarias al Gobierno.

El debate sobre la realidad política de Nicaragua refleja dos visiones contrapuestas. Por un lado, sectores de solidaridad internacional consideran que el país representa un modelo de defensa de la soberanía y desarrollo social frente a presiones externas. Por otro, organismos internacionales, gobiernos occidentales y organizaciones de derechos humanos afirman que persisten serias preocupaciones sobre la calidad democrática y el respeto de los derechos fundamentales.

En este contexto, el respaldo expresado por organizaciones de Estados Unidos y Canadá se suma a un escenario internacional donde Nicaragua continúa siendo uno de los temas más debatidos en materia de democracia, soberanía y derechos humanos en América Latina.

Enlace a Intervenciones de los compañer@s representantes de organizaciones de EEUU y Canada:

Intervenciones de las Compañeras Margaret Kimberley y Jemima Pierre de la Alianza Negra por la Paz en Conferencia de Prensa de la Solidaridad Norteamericana con Nicaragua.

Interventions by Compañeras Margaret Kimberley and Jemima Pierre of the Black Alliance for Peace at the Press Conference of the North American Solidarity with Nicaragua.

Declaración del Congreso Canadiense por la Paz en Conferencia de Prensa de la Solidaridad Norteamericana con Nicaragua.

Declaration by the Canadian Peace Congress at the Press Conference of the North American Solidarity with Nicaragua.

Intervención del Compañero Arjae Rebmann  del Partido Mundo Obrero, en Conferencia de Prensa de la Solidaridad Norteamericana con Nicaragua. 12 de enero de 2022

Intervention by Comrade Arjae Rebmann from the Workers World Party at the Press Conference of the North American Solidarity with Nicaragua. January 12, 2022

Mensaje del Compañero S. Brian Willson, Héroe de la Solidaridad, en Conferencia de Prensa de la Solidaridad Norteamericana con Nicaragua. 12 de enero de 2022

Message from Comrade S. Brian Willson, Hero of Solidarity, at the Press Conference of the North American Solidarity with Nicaragua. January 12, 2022

 



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miércoles, 12 de enero de 2022

Pueblo Presidente: quince años de protagonismo popular en Nicaragua

Por Javier Huerta

Una aproximación al significado político e histórico de un concepto que, desde el retorno del Frente Sandinista al Gobierno en 2007, ha definido una manera de entender el poder, la participación ciudadana y la construcción de un proyecto nacional basado en la restitución de derechos y la soberanía.


Hay palabras que nacen para una campaña electoral y desaparecen cuando concluye el recuento de los votos. Otras, en cambio, sobreviven al paso del tiempo porque consiguen expresar una determinada visión de la historia y terminan convirtiéndose en parte de la identidad política de un pueblo. En Nicaragua, una de esas expresiones es "Pueblo Presidente". Quince años después del retorno del Frente Sandinista de Liberación Nacional al Gobierno, aquel concepto había dejado de ser una simple consigna para transformarse en uno de los pilares del discurso político de la Nicaragua contemporánea. Más que una frase, sintetizaba una forma distinta de entender el ejercicio del poder: la convicción de que el pueblo no debía limitarse a elegir periódicamente a sus gobernantes, sino participar activamente en la construcción del país, en la definición de sus prioridades y en la defensa de su soberanía.

Sin embargo, reducir el origen de esta idea al año 2007 sería desconocer una parte esencial de la historia nicaragüense. El concepto de Pueblo Presidente hunde sus raíces en una tradición política mucho más antigua, nacida de las luchas por la independencia y la justicia social que marcaron el siglo XX. Augusto C. Sandino no levantó las armas únicamente para expulsar la ocupación militar estadounidense; combatió porque entendía que Nicaragua debía recuperar el derecho a decidir libremente su destino, sin imposiciones extranjeras ni oligarquías subordinadas a intereses ajenos. Décadas después, Carlos Fonseca retomó ese legado al fundar el Frente Sandinista de Liberación Nacional, convencido de que la transformación del país solo sería posible si el pueblo dejaba de ser un espectador de la historia para convertirse en su principal protagonista. Esa concepción del sujeto popular como motor del cambio político atravesó toda la trayectoria del sandinismo y sobrevivió incluso a los años más difíciles de la derrota electoral de 1990.

Durante los dieciséis años de gobiernos neoliberales, Nicaragua experimentó profundas transformaciones económicas y sociales. La reducción del papel del Estado, las privatizaciones, el deterioro de numerosos servicios públicos y el incremento de las desigualdades alimentaron un creciente malestar entre amplios sectores de la población. Mientras los sucesivos gobiernos defendían la liberalización económica como única vía para el desarrollo, el Frente Sandinista reconstruía su proyecto político alrededor de una idea que con el tiempo se convertiría en una de sus principales señas de identidad: la restitución de derechos. No se trataba únicamente de regresar al poder, sino de recuperar para las mayorías el acceso a la salud, la educación, la producción, la energía, la vivienda y otros derechos que, según el discurso sandinista, habían sido debilitados durante la etapa neoliberal.

Cuando Daniel Ortega asumió nuevamente la Presidencia de la República el 10 de enero de 2007, el cambio que se anunciaba pretendía ir más allá de la alternancia política. El nuevo Gobierno presentó el inicio de una etapa definida por la reconciliación nacional, la lucha contra la pobreza y la construcción de un modelo de desarrollo cristiano, socialista y solidario, en el que el Estado recuperaría un papel activo en la promoción del bienestar colectivo. Fue en ese contexto cuando comenzó a consolidarse la expresión Pueblo Presidente, utilizada para transmitir la idea de que el centro de la acción política ya no debía situarse en las élites económicas o en los organismos financieros internacionales, sino en las familias trabajadoras, las comunidades rurales, las mujeres, los jóvenes y los pequeños productores que constituían la mayoría de la sociedad nicaragüense.

Desde entonces, la expresión fue adquiriendo una presencia cada vez mayor en los discursos oficiales, en los actos públicos y en la comunicación institucional. Pero su importancia no residía únicamente en su fuerza simbólica. El concepto aspiraba a describir un modelo de gobierno donde las políticas públicas se construían, según la narrativa oficial, desde las necesidades concretas de la población y con una fuerte participación de las comunidades. La creación de espacios de organización territorial, el fortalecimiento de los mecanismos comunitarios y la articulación entre instituciones públicas y organizaciones locales fueron presentados como expresiones prácticas de esa filosofía política. Gobernar con el pueblo y no simplemente para el pueblo pasó a ser una de las ideas recurrentes del discurso sandinista.

Esa visión encontró su traducción en un amplio conjunto de políticas sociales y económicas que marcaron la primera década y media del nuevo ciclo político. La recuperación de la gratuidad de la salud y de la educación públicas fue presentada como uno de los símbolos más visibles de la restitución de derechos. Programas como Hambre Cero, el Bono Productivo Alimentario, Usura Cero o las iniciativas dirigidas a fortalecer la economía familiar y campesina buscaron ampliar las oportunidades de miles de hogares tradicionalmente excluidos del acceso al crédito y a los recursos productivos. Al mismo tiempo, el país emprendió un importante esfuerzo de inversión pública en carreteras, electrificación, agua potable, hospitales, escuelas y universidades, con el objetivo de reducir las históricas desigualdades territoriales que durante décadas habían separado el Pacífico del interior y de las regiones del Caribe.

La lógica que articulaba todas estas iniciativas respondía a una misma narrativa política. El desarrollo no debía medirse exclusivamente por el crecimiento económico o por los indicadores macroeconómicos, sino por la capacidad del Estado para garantizar derechos, reducir la pobreza y crear condiciones para que las familias pudieran mejorar sus condiciones de vida. En ese sentido, el concepto de Pueblo Presidente pretendía expresar una forma de gobernar donde las personas dejaban de ser simples beneficiarias de políticas asistenciales para convertirse, al menos en el plano discursivo, en protagonistas de su propio desarrollo. Cada nueva escuela, cada centro de salud, cada vivienda entregada, cada comunidad electrificada o cada pequeño productor incorporado a un programa de apoyo era presentado como el resultado de una acción colectiva y no únicamente de una decisión administrativa.

Pero el significado del Pueblo Presidente trascendía el ámbito de las políticas sociales. También estaba estrechamente vinculado a la defensa de la soberanía nacional. La historia de Nicaragua ha estado marcada por intervenciones extranjeras, ocupaciones militares y constantes intentos de condicionar su vida política desde el exterior. Esa memoria histórica ha ocupado siempre un lugar central en la identidad del sandinismo. Por ello, el protagonismo popular no se entendía únicamente como participación en el desarrollo económico o en la gestión comunitaria, sino también como la capacidad de un pueblo para decidir libremente su destino sin aceptar imposiciones externas.

Los acontecimientos de 2018 reforzaron todavía más esa dimensión del discurso oficial. Mientras el Gobierno denunció que el país enfrentaba un intento de desestabilización promovido desde el exterior, la defensa de la paz y del orden constitucional pasó a integrarse plenamente en el significado político del Pueblo Presidente. Según esta interpretación, el pueblo no solo construía escuelas, hospitales o carreteras; también defendía la estabilidad institucional, protegía la convivencia y preservaba la independencia nacional frente a las presiones internacionales. La soberanía dejó de entenderse exclusivamente como un principio jurídico para convertirse en una responsabilidad compartida entre el Estado y la ciudadanía organizada.

Esta concepción no puede analizarse al margen del contexto latinoamericano de comienzos del siglo XXI. Diversos procesos políticos de la región reivindicaron nuevas formas de participación popular y cuestionaron el predominio de las recetas neoliberales aplicadas durante las décadas anteriores. Aunque cada experiencia respondió a realidades nacionales diferentes, todas compartían la aspiración de fortalecer el papel del Estado, ampliar los derechos sociales y recuperar márgenes de soberanía frente a los condicionamientos externos. En Nicaragua, el concepto de Pueblo Presidente adquirió una identidad propia al enlazar esa corriente latinoamericana con la tradición histórica del sandinismo y con el legado de Sandino y Carlos Fonseca.


Quince años después del retorno del Frente Sandinista al Gobierno, aquella expresión seguía ocupando un lugar central en la narrativa política del país. Sus defensores la consideran la síntesis de un modelo basado en la restitución de derechos, la participación popular y la defensa de la soberanía nacional. Sus críticos sostienen interpretaciones muy diferentes sobre su alcance y su aplicación práctica. Esa diversidad de lecturas forma parte del debate político nicaragüense y acompaña inevitablemente a cualquier concepto que aspire a definir un proyecto de país.

Lo que resulta difícil discutir es que Pueblo Presidente dejó de ser hace tiempo una simple consigna electoral. Durante estos quince años se convirtió en una categoría política mediante la cual el sandinismo explicó su forma de entender el Estado, el desarrollo y la participación ciudadana. En una nación cuya historia ha estado atravesada por intervenciones extranjeras, guerras, profundas desigualdades y permanentes luchas por la soberanía, esa expresión terminó simbolizando la aspiración de situar al pueblo en el centro de la vida nacional. Porque las revoluciones no solo transforman las instituciones, la economía o las leyes. También crean un lenguaje propio para nombrar el mundo que intentan construir. Y pocas expresiones resumen con tanta claridad el proyecto político desarrollado en Nicaragua desde enero de 2007 como aquella que proclama, con sencillez y con vocación histórica, que el verdadero presidente de la República debe ser siempre su pueblo.

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viernes, 10 de diciembre de 2021

10 años de trabajo de DIFUSIÓN REBELDE. Origenes, linea editorial, activismo y un futuro lleno de lucha comunicacional.


El blog Difusión Rebelde comenzó su andadura en abril de 2011, cuando se creó su perfil en la plataforma Blogger. blogger.com+1

Desde sus inicios, definió como uno de sus objetivos principales desenmascarar lo que consideraba “la manipulación informativa” por parte de los grandes medios, y dar voz a realidades periféricas, críticas, alternativas o silenciadas. difusionrebelde.blogspot.com+2difusionrebelde.blogspot.com+2

En su entrada “La importancia de convertir las noticias en información” (6 de abril de 2011), Difusión Rebelde ya denuncia cómo “los sistemas noticiosos (…) transmiten la menor cantidad posible de información” y advierte sobre la necesidad de construir un periodismo desde la conciencia, independiente del mercado y del poder. difusionrebelde.blogspot.com

Poco después, republico un artículo provocador titulado “¿Hemos entrado los españoles en guerra?”, en respuesta a la implicación de España en conflictos militares internacionales (Libia, etc.), anticipando la crítica social que vendría en los años siguientes. difusionrebelde.blogspot.com

A lo largo de los años siguientes, Difusión Rebelde fue consolidando una línea editorial consistente en denunciar injusticias, cuestionar medios dominantes, y visibilizar luchas sociales, realidades periféricas y solidaridad internacional. Por ejemplo:

  • En 2013 publicó “¿Quién está detrás de los medios de comunicación en España?”, una reflexión sobre la concentración mediática y sus vínculos con el poder político y económico. difusionrebelde.blogspot.com

  • A lo largo de varias entradas, abordaron conflictos en América Latina, especialmente aquellos relacionados con intervenciones imperialistas, violaciones de derechos humanos, y medios de manipulación. difusionrebelde.blogspot.com+2difusionrebelde.blogspot.com+2

De este modo, el blog se consolidó como un espacio de pensamiento crítico, internacionalista y comprometido políticamente, más allá de lo local o nacional.

Desde temprano, Difusión Rebelde no se limitó a reproducir noticias: también actuó como plataforma de convocatoria, solidaridad y activismo. Por ejemplo:

  • El 15 de octubre de 2012, publicó un llamamiento a una charla-debate sobre el 12 de octubre, en un contexto de crítica al colonialismo, al neocolonialismo y en solidaridad con pueblos indígenas y latinoamericanos. difusionrebelde.blogspot.com+1

  • En sus categorías, el blog mezclaba noticias, comunicados, manifiestos, vídeos, documentales, críticas culturales, reflexiones y propuestas de acción, lo que contribuía a generar vínculos entre colectivos, militantes, lectores y simpatizantes. difusionrebelde.blogspot.com+2difusionrebelde.blogspot.com+2

Así, Difusión Rebelde se posicionó no solo como un medio de información, sino como una herramienta de movilización social y de tejido comunitario, uniendo espacios dispares bajo una crítica común al sistema dominante.

Al cumplirse esa primera década, Difusión Rebelde mostró que los medios alternativos, contrainformativos tienen un papel esencial: romper el monopolio simbólico y mediático del poder, ofrecer espacios de crítica radical, mantener viva la memoria y construir solidaridad desde abajo.

Pero también queda claro que este tipo de proyectos enfrentan dificultades constantes: difusión limitada, censura indirecta o desinterés generalizado. Que Difusión Rebelde haya sobrevivido diez años — manteniendo un volumen considerable de publicaciones — ya constituye en sí mismo un logro.

En este balance, la primera década de Difusión Rebelde no solo representa un ejercicio de periodismo crítico: es un testimonio de coherencia, de persistencia y de esperanza en la posibilidad de comunicación libre, honesta y militante.




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sábado, 27 de noviembre de 2021

El «sandinismo puro» que apoya Golpes de Estado (II): las alianzas del MRS con los Estados Unidos

Por Ben Norton

La retórica de MRS es casi indistinguible de la del candidato republicano Marco Rubio y el lobby de Florida. El partido antisandinista demoniza al gobierno socialista de Cuba como una “dictadura” “totalitaria”, mientras colabora estrechamente con activistas cubanos contrarrevolucionarios.

Cuando Washington y la oligarquía neofascista patrocinó un golpe militar de extrema derecha en Bolivia en 2019, el gobierno sandinista de Ortega se opuso y condenó firmemente el complot, apoyándose firmemente en el presidente electo de Bolivia, Evo Morales.

El partido MRS, por su parte, apoyó públicamente el golpe de Bolivia, acusando falsamente a Morales de “fraude” electoral y afirmando que el golpe fue una inspiración para los nicaragüenses que querían derrocar a su propio gobierno.

Dora Téllez aplaudió personalmente el golpe, calumniando a Morales como un aspirante a dictador y afirmando que Bolivia era «mejor» con él derrocado. Su colega del MRS Hugo Torres Jiménez , otro ex-revolucionario convertido en partidario del golpe de derecha, también elogió el derrocamiento violento y antidemocrático de Morales.

Téllez declaró con júbilo que el golpe de Estado en Bolivia había “aterrorizado” al gobierno sandinista y expresó su esperanza de que los oficiales militares nicaragüenses se sintieran inspirados para lanzar su propio golpe. El líder del MRS alabó a la Organización de Estados Americanos (OEA) dominada por Estados Unidos y a su líder hiperintervencionista Luis Almagro , pidiéndole que expulsara a Nicaragua .

Téllez dijo a AFP que el golpe de Bolivia dio un ejemplo positivo que podría asustar al gobierno sandinista. Luego realizó una entrevista con el medio de oposición Confidencial, financiado por el gobierno de Estados Unidos, titulada “Dora María Téllez: ‘La [familia] Ortega-Murillo está desmoralizada por la salida de Evo Morales»

Tras el golpe de Estado contra Morales, Nicaragua está “desmoralizada, desesperada, aislada, golpeada”, se regodeó. Y lo que pasó en “Bolivia les dice que este modelo no es viable”.

Téllez expresó su esperanza de que el “síndrome de Bolivia” envíe un mensaje a los líderes de las Fuerzas Armadas nicaragüenses para lanzar un golpe de Estado propio, alegando que “hay una parte muy importante del cuerpo de oficiales que” no es tan leal al sandinismo.

Téllez y sus colegas del MRS han adoptado una posición aún más dura hacia Venezuela. Si bien la administración del presidente Ortega ha apoyado firmemente al gobierno chavista de izquierda de Venezuela contra numerosos intentos de golpe de Estado en Estados Unidos, el MRS aboga abiertamente por el derrocamiento del gobierno venezolano, calificándolo también de «dictadura».

Hugo Torres publicó un video en las plataformas de redes sociales del MRS elogiando al gobierno de Donald Trump por acusar absurdamente al presidente venezolano Nicolás Maduro de narcotráfico, mientras se refería a Venezuela como un “estado terrorista”.

Téllez incluso expresó su apoyo al títere venezolano de Washington, Juan Guaidó, y al oligarca opositor de extrema derecha Leopoldo López, proclamando: “Caminamos juntos”.

Para 2020, Téllez y su partido MRS se habían movido tanto a la derecha que decidieron abandonar cualquier pretensión de fidelidad al sandinismo, quitando de su plataforma todas las referencias al movimiento sandinista y cambiando el nombre del Movimiento Renovador Sandinista a Unión Democrática. Renovadora (Unión de Renovación Democrática), o UNAMOS.

La UNAMOS ha elogiado abiertamente a los líderes latinoamericanos de derecha , como el banquero multimillonario convertido en presidente de Ecuador, Guillermo Lasso .

Mientras tanto, Téllez y sus colegas de UNAMOS han presionado públicamente al gobierno de Estados Unidos y a la Unión Europea para que se impongan sanciones más agresivas a su propio país, que ya han dañado la economía de la nación.



Relacionado:
https://difusionrebelde.blogspot.com/2021/11/de-revolucionarios-nicaraguenses.html 

De revolucionarios nicaragüenses a informantes de la embajada de Estados Unidos: cómo Washington reclutó a ex sandinistas como Dora María Téllez y su partido MRS [I]


La historia de cómo la ex guerrillera de Nicaragua Dora María Téllez y su partido antisandinista MRS se aliaron con la derecha y se convirtieron en informantes golpistas de la embajada de Estados Unidos.

Una de las opositoras más destacadas del gobierno sandinista de Nicaragua justifica postura con su pasado como revolucionaria. Y mientras los medios internacionales la alaban constantemente, lo que no mencionan es que ella abandonó la política revolucionaria hace mucho tiempo y se ha convertido en un activo clave en la campaña de guerra no convencional del gobierno de Estados Unidos contra Nicaragua.

Cuando tenía solo 22 años, Dora María Téllez luchó como guerrillera en la Revolución Sandinista de Nicaragua, junto al actual presidente Daniel Ortega. Pero rompió con el sandinismo hace más de dos décadas y se ha ido desviando constantemente hacia el ala derecha respaldada por Estados Unidos.

Téllez es una figura clave en un grupo de exrevolucionarios, muchos de élite, de clase alta, que se unieron como una escisión de derecha del Frente Socialista Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en la década de 1990. Juntos, formaron un partido político centrista llamado Movimiento de Renovación Sandinista (Movimiento Renovador Sandinista, o MRS), negociando sus historias revolucionarias para promover una contrarrevolución neoliberal.

Bajo el liderazgo de Téllez y sus colegas, el MRS desarrolló una estrecha relación con la oligarquía derechista de Nicaragua. También colaboró ​​extensamente con el gobierno de los Estados Unidos, trabajando con miembros neoconservadores del Congreso y el lobby de cambio de régimen de Miami, todo mientras recaudaba fondos de organizaciones intervencionistas estadounidenses.

Cables clasificados del Departamento de Estado publicados por WikiLeaks y analizados por la revista The Grayzone muestran que Téllez y otros líderes de su partido MRS se han reunido con frecuencia con la embajada de Estados Unidos y han servido como informantes durante años.

En reuniones periódicas con funcionarios estadounidenses, Téllez, Sergio Ramírez, Hugo Torres Jiménez, Víctor Hugo Tinoco y otras altas figuras del MRS proporcionaron inteligencia a Estados Unidos sobre el FSLN y la política interna nicaragüense, en un intento por evitar que los sandinistas regresaran al poder. Luego ayudaron a Washington a intentar desestabilizar el gobierno del presidente Daniel Ortega después de que ganó las elecciones de 2006.

La embajada declaró claramente que «la posición del gobierno de los Estados Unidos [es] que el MRS es una opción viable y constructiva, con quien Estados Unidos mantendría buenas relaciones».

La embajada agregó con aprobación, «si el MRS puede cambiar los votos del FSLN y obtener algunos de los votos indecisos, todavía es una opción viable y podría ser la clave para evitar que Ortega gane».

Hoy en día, Téllez y su MRS están abiertamente aliados con la derecha, incluso cuando ella y sus seguidores explotan cínicamente su antigua bona fides revolucionaria para dividir el apoyo de izquierda a los sandinistas y confundir a los observadores progresistas fuera del país.

El MRS jugó un papel clave en un violento intento de golpe de Estado en Nicaragua en 2018, en el que fuerzas extremistas respaldadas por Estados Unidos paralizaron la nación levantando barricadas mientras perseguían, torturaban y asesinaban a activistas sandinistas.

Con fondos sustanciales de los recortes de la CIA dedicados a promover el cambio de régimen, los líderes del MRS ayudaron a organizar y liderar el fallido golpe de Estado. Y utilizaron sus posiciones influyentes en los medios de comunicación, el sector de las ONG y la academia para diseñar cómo se comercializó la operación violenta en el resto del mundo.

Continuará.


Fuente:
https://mpr21.info/de-revolucionarios-nicaraguenses-a-informantes-de-la-embajada-de-estados-unidos-como-washington-recluto-a-ex-sandinistas-como-dora-maria-tellez-y-su-partido-mrs-i/

domingo, 14 de noviembre de 2021

Sáhara Occidental: la descolonización que España dejó pendiente

Por Javier Huerta

De la colonia española al regreso de la guerra

Hay conflictos que el paso del tiempo convierte en una noticia lejana, casi olvidada, aunque para quienes los viven continúen formando parte de la vida cotidiana. El Sáhara Occidental es uno de ellos. Durante décadas, el pueblo saharaui ha vivido dividido entre un territorio ocupado, unos campamentos de refugiados levantados en el desierto argelino y una diáspora extendida por distintos países. Mientras tanto, Naciones Unidas mantiene el Sáhara Occidental como un Territorio No Autónomo pendiente de descolonización y reconoce el derecho de su población a la libre determinación. Sin embargo, más de cuatro décadas después de la salida española, ese proceso continúa sin concluir y el pueblo saharaui sigue esperando una solución que le permita decidir libremente su futuro.

La historia de esta situación comienza mucho antes de que Marruecos y el Frente Polisario se enfrentaran militarmente. El origen se encuentra en el colonialismo español y en una descolonización que nunca llegó a completarse. España administró el territorio desde finales del siglo XIX y, durante décadas, el Sáhara Occidental permaneció bajo dominio colonial. Cuando el proceso de descolonización africano comenzó a transformar el mapa político del continente, la cuestión saharaui pasó a formar parte de la agenda de Naciones Unidas. En 1963, la organización incluyó el territorio en la lista de Territorios No Autónomos, reconociendo que su población tenía derecho a alcanzar la libre determinación.

A partir de ese momento, Naciones Unidas reclamó reiteradamente a España que avanzara hacia la descolonización. La cuestión no era simplemente sustituir una administración colonial por otra, sino permitir que los habitantes del territorio pudieran determinar su futuro político. Durante los años sesenta y setenta surgió además una conciencia nacional saharaui cada vez más fuerte, que acabaría cristalizando en la creación del Frente Popular para la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro, conocido como Frente Polisario, en 1973. Su aparición modificó profundamente el escenario político, porque la población saharaui comenzó a organizarse para reclamar el fin del dominio colonial y la independencia.

1975: el final de España y el comienzo del conflicto

El momento decisivo llegó en 1975. España se encontraba en los últimos meses de la dictadura franquista y el futuro del territorio estaba sometido a fuertes presiones internacionales. Marruecos defendía que el Sáhara Occidental formaba parte de su espacio territorial histórico, mientras que Mauritania también mantenía reivindicaciones sobre una parte del territorio. Frente a estas posiciones, el Frente Polisario defendía la independencia y Naciones Unidas sostenía el principio de autodeterminación.

En octubre de aquel año, el Tribunal Internacional de Justicia emitió una opinión consultiva sobre el Sáhara Occidental. El tribunal reconoció que existían determinados vínculos jurídicos entre el sultán de Marruecos y algunas poblaciones del territorio, así como determinados vínculos con Mauritania, pero concluyó que no existían vínculos de soberanía territorial que impidieran la aplicación del principio de autodeterminación. Es decir, la existencia de relaciones históricas no podía utilizarse para negar al pueblo saharaui la posibilidad de decidir su futuro.

Sin embargo, la situación sobre el terreno evolucionó en otra dirección. Marruecos organizó la denominada Marcha Verde, mediante la cual decenas de miles de personas fueron movilizadas hacia el territorio. España, debilitada por la crisis final del franquismo y ante la presión marroquí, terminó abandonando el Sáhara. Los Acuerdos de Madrid de noviembre de 1975 establecieron una administración provisional en la que participaron Marruecos y Mauritania, aunque estos acuerdos no resolvieron jurídicamente la cuestión de la soberanía ni sustituyeron el proceso de descolonización reconocido por Naciones Unidas.

La retirada española tuvo consecuencias enormes. Para Marruecos comenzó una etapa de consolidación del control sobre gran parte del territorio; para el Frente Polisario comenzó una guerra por la independencia; y para miles de saharauis comenzó el exilio. El territorio que España había administrado durante décadas quedó sumido en un conflicto que la potencia colonial había abandonado sin permitir que la población pudiera decidir su futuro.

La guerra y el exilio saharaui

La guerra transformó por completo la vida del pueblo saharaui. El Frente Polisario se enfrentó primero a las fuerzas marroquíes y mauritanas y, después de la retirada de Mauritania, concentró su lucha contra Marruecos. Miles de civiles abandonaron las zonas de combate y buscaron refugio en territorio argelino. En las proximidades de Tinduf comenzaron a establecerse los campamentos de refugiados saharauis que continúan existiendo hasta nuestros días.

Aquellos campamentos no fueron concebidos como un lugar de residencia permanente. Se levantaron como una consecuencia directa de la guerra y del desplazamiento de la población, pero con el paso de los años terminaron convirtiéndose en el hogar de varias generaciones. La prolongación del conflicto hizo que muchas personas nacieran, crecieran y formaran sus propias familias en el exilio, sin haber podido regresar al territorio del que procedían sus padres y abuelos.

La situación también produjo una profunda división territorial. Marruecos fue consolidando el control sobre las principales ciudades y buena parte de las zonas económicamente más importantes del Sáhara Occidental, mientras el Frente Polisario mantuvo presencia en áreas situadas al este de la berma y en los territorios próximos a Argelia. A finales de los años ochenta, Marruecos había construido una enorme barrera defensiva que se extiende aproximadamente durante 2.700 kilómetros y que pasó a dividir físicamente el territorio.

El muro se convirtió en el símbolo más visible de una realidad que continúa afectando a miles de personas. No solamente separa dos zonas bajo diferentes controles militares, sino que también ha contribuido a separar familias y comunidades que durante generaciones habían compartido un mismo espacio. La presencia de minas y de instalaciones militares alrededor de la berma añade además un riesgo permanente para la población.

1991: el alto el fuego y la promesa del referéndum

Después de dieciséis años de enfrentamiento, Marruecos y el Frente Polisario aceptaron en 1988 un plan de arreglo impulsado por Naciones Unidas y la Organización para la Unidad Africana. El acuerdo abrió la posibilidad de poner fin a la guerra mediante un alto el fuego y la celebración de un referéndum de autodeterminación.

El alto el fuego entró en vigor el 6 de septiembre de 1991 y Naciones Unidas creó la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental, conocida como MINURSO. Su misión era preparar las condiciones para que la población pudiera votar y determinar el futuro del territorio. La consulta debía ofrecer dos posibilidades fundamentales: la independencia o la integración con Marruecos.

Parecía entonces que el conflicto podía entrar finalmente en una etapa diferente. Después de años de guerra, la comunidad internacional había conseguido establecer un mecanismo político y una misión internacional sobre el terreno. Sin embargo, la celebración del referéndum comenzó a encontrar obstáculos relacionados con la identificación de los votantes y con las posiciones enfrentadas de las partes. El proceso, que inicialmente debía desarrollarse con relativa rapidez, comenzó a prolongarse.

El problema del censo adquirió una importancia enorme. Determinar quién debía participar en la consulta no era una cuestión puramente administrativa, porque de esa decisión dependía la composición del cuerpo electoral y, por tanto, el resultado del referéndum. Las discrepancias entre Marruecos y el Frente Polisario terminaron paralizando el proceso durante años. Mientras tanto, la presencia de Naciones Unidas se prolongaba y el territorio permanecía dividido.

La paradoja era evidente: Naciones Unidas había conseguido detener la guerra, pero no había conseguido completar el proceso político que debía sustituirla.

Cuando el tiempo se convierte en parte del problema

La prolongación de la situación modificó también las condiciones políticas del conflicto. Una solución que en 1991 parecía vinculada a un referéndum comenzó a convertirse, con el paso de los años, en una negociación cada vez más compleja sobre el futuro del territorio. Diferentes enviados especiales y distintas propuestas intentaron desbloquear la situación, pero ninguna consiguió reunir el consenso necesario.

Para el pueblo saharaui, cada año sin solución significaba continuar dividido entre el exilio, la ocupación y una situación política sin resolver. Para Marruecos, mientras tanto, el paso del tiempo permitía consolidar su presencia sobre el terreno y desarrollar estructuras administrativas y económicas en las zonas bajo su control. El conflicto empezaba así a convertirse en una disputa en la que el paso de los años no afectaba de igual manera a todos los actores.

Esta es una de las cuestiones centrales para entender la historia del Sáhara Occidental. Un conflicto congelado no significa necesariamente que las posiciones permanezcan inmóviles. Mientras las negociaciones internacionales continúan, la realidad sobre el terreno sigue cambiando. Las generaciones se suceden, las ciudades crecen, las estructuras económicas se consolidan y las poblaciones se acostumbran a vivir dentro de una situación que originalmente debía ser provisional.

Por eso la ausencia de una solución no puede considerarse neutral. El paso del tiempo también modifica el equilibrio existente.

El silencio internacional y la responsabilidad de España

En esta historia, España ocupa un lugar que no puede ser ignorado. No fue simplemente un país que observó el conflicto desde fuera, sino la potencia colonial que administró el territorio hasta 1975 y que abandonó el proceso de descolonización sin haber permitido que el pueblo saharaui ejerciera su derecho a decidir.

La responsabilidad histórica española continúa siendo objeto de debate. Para una parte importante de la sociedad española, la cuestión saharaui mantiene además una dimensión moral y política particular. Miles de personas han desarrollado durante décadas campañas de solidaridad con el pueblo saharaui, mientras numerosas asociaciones han reclamado que España asuma un papel más activo en la defensa del derecho de autodeterminación.

La posición oficial española, sin embargo, ha estado condicionada durante décadas por sus relaciones con Marruecos. La proximidad geográfica, los intereses económicos, las cuestiones migratorias, la cooperación en materia de seguridad y la importancia estratégica del país magrebí han pesado sobre la política exterior española. El Sáhara Occidental ha terminado convirtiéndose así en un asunto en el que la defensa de determinados principios internacionales convive con intereses políticos y diplomáticos muy concretos.

Esta contradicción no afecta únicamente a España. También pone de manifiesto las limitaciones de la política internacional cuando los derechos de los pueblos chocan con los intereses de los Estados. El Sáhara Occidental continúa siendo un territorio pendiente de descolonización, pero la comunidad internacional no ha encontrado la voluntad política necesaria para hacer efectivo el derecho que reconoce sobre el papel.

2020: el alto el fuego vuelve a romperse

Durante casi tres décadas, la situación se mantuvo bajo un alto el fuego frágil. Pero en noviembre de 2020 la tensión acumulada terminó provocando un nuevo enfrentamiento.

La crisis se produjo en la zona de Guerguerat, un paso situado en el extremo sur del territorio, próximo a la frontera con Mauritania. Marruecos desplegó fuerzas en la zona para abrir una carretera que el Frente Polisario consideraba una violación del acuerdo militar establecido tras el alto el fuego. El Polisario respondió declarando que el alto el fuego había quedado roto y anunció el regreso a la lucha armada.

A partir de ese momento, el conflicto entró en una nueva etapa. Aunque la intensidad de los enfrentamientos no era comparable con la guerra de las décadas anteriores, el hecho político era de enorme importancia: después de casi treinta años, el alto el fuego de 1991 había dejado de funcionar como antes.

La reanudación de las hostilidades debería haber servido como una llamada de atención para la comunidad internacional. El modelo basado en mantener indefinidamente una situación provisional había demostrado sus límites. Sin una solución política capaz de responder a las aspiraciones del pueblo saharaui, el riesgo de que el conflicto permaneciera abierto seguía existiendo.

Un conflicto que no desapare

Ahora nuevamente, en este año 2021, el Sáhara Occidental vuelve a encontrarse ante una situación que muchos habían considerado imposible después de tres décadas de alto el fuego: la guerra había regresado. El conflicto que comenzó tras la retirada española en 1975 no había sido resuelto, sino simplemente contenido durante un periodo prolongado.

La historia de estos años permite entender por qué no basta con hablar del Sáhara Occidental como una disputa territorial entre Marruecos y el Frente Polisario. En su origen existe un proceso de descolonización inconcluso; detrás de la guerra existe una población que reivindica su derecho a decidir; y detrás del bloqueo diplomático aparecen los intereses de diferentes Estados y potencias que han convertido el conflicto en una pieza más del complejo tablero político del norte de África.

Más de cuatro décadas después de la retirada española, el pueblo saharaui continúa esperando una solución que le permita decidir su futuro. Una parte de su población permanece en los campamentos de refugiados de Tinduf; otra vive en los territorios controlados por Marruecos; y otra se encuentra repartida por diferentes países. Entre todas esas comunidades permanece una misma reivindicación: que el futuro del Sáhara Occidental no sea decidido por las potencias que han intervenido en su historia, sino por su propia población.

El regreso de la guerra en 2020 demuestra que ningún conflicto desaparece simplemente porque deje de ocupar las primeras páginas de los periódicos. La paz de 1991 consiguió detener durante casi treinta años los enfrentamientos a gran escala, pero no resolvió la cuestión que los había provocado. El referéndum nunca llegó a celebrarse y la descolonización quedó pendiente.

El Sáhara Occidental continúa siendo, por tanto, una de las grandes asignaturas pendientes del proceso de descolonización africano. Y mientras Naciones Unidas siga reconociendo el derecho del pueblo saharaui a la libre determinación sin conseguir garantizar las condiciones para que pueda ejercerlo, la historia iniciada con la retirada española en 1975 seguirá sin escribir su último capítulo.

Con el regreso de las hostilidades, la pregunta vuelve a ser inevitable: ¿cuánto tiempo puede mantenerse una situación provisional antes de que se convierta en una injusticia permanente? Para el pueblo saharaui, la respuesta se mide ya en generaciones.



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viernes, 27 de agosto de 2021

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domingo, 15 de agosto de 2021

CUANDO TOMAS BORGE VISITÓ CLANDESTINO LIMA

Por Manuel Robles


Fue en el año 70, cuando conocí a Tomás. Yo editaba páginas inactuales en el vespertino Extra, un exitoso tabloide vespertino que, junto a Expreso, había sido expropiado por el gobierno de Velasco y en cuya administración y manejo periodístico participaba nuestro Frente Único de Trabajadores, periodistas y gráficos, lo que abrió la información a nuevas ideas y nuevos temas a los que la prensa tradicional daba escasa o nula importancia.

Me lo presentó mi jefe de entonces y maestro y amigo de toda la vida, Juan Gargurevich, quien me indicó que eran opositores al dictador Somoza y que iban a publicar una serie de trabajos, de a página por día y durante una semana, sobre el héroe nacional nicaragüense Sandino.

El tema me entusiasmó mucho porque por mi padre, amigo de Esteban Pavletich, quien fue secretario de Sandino, me había hablado mucho desde niño de aquel luchador asesinado por el primer Somoza y había leído el libro “Sandino, general de hombres libres”, del argentino Gregorio Selser, quien años después, persegudo por la dictadura argentina, se refugió una temporada en Lima

Alguien dijo que los nicaragüenses habían llegado en barco encubiertos como vaporinos y no recuerdo los nombres que me dieron o si me dieron alguno. Era obvio que se trataba de enviados del FSLN, pero solo años después me enteré que eran Tomás Borge y Henry Ruiz y que tenían como anfitrión al Partido Comunista Peruano (PCP).

Cuando, pensando que, como ocurre muchas veces, me iban a dar los elementos para que yo escriba la historia, Tomás, hombre de pocas palabras y muy cuidadoso con las normas de clandestinidad, me dijo que no me moleste, que él se encargaba, lo que me sorprendió.

Coordinamos fecha de entrega, extensión de cada capítulo y le dí cuartillas con medidas, de las que se usaban en aquellos tiempos. Cuando volvió el día acordado, trajo un texto muy bien escrito, ordenado por capítulos, ágil y adecuado al tipo de periódico al que estaba destinado, lo entregó en medio de aquel añorado tronar de las máquinas de escribir, y se despidió.

La serie fue un éxito, a tono con los tiempos, en los que había hambre de saber de las luchas de otros pueblos.Fui muy feliz cuando triunfaron los sandinistas y me sentí orgulloso de haber conocido a aquel comandante que se haría cargo de la revolución, aquel poeta hasta en la lucha y la victoria -es poesía pura incurrir en la grandeza de perdonar al esbirro que lo torturó en la cárcel- que se hizo cargo de la sacrificada tarea de cuidar a la revolución de sus enemigos de adentro y de afuera.

Cuando volvió a Lima como embajador, lamentablemente yo estaba trabajando como corresponsal en Bolivia, y solo lo volví a ver, saludar y conocer a su gran compañera, Marcela, en enero de 2006, en la celebración de la toma de posesión del Jefazo Evo Morales, en un Palacio Quemado colmado de pueblo, de fiesta y de victoria.

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