Entrada destacada

Mostrando entradas con la etiqueta Prensa Latina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Prensa Latina. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de junio de 2018

Nicaragua en la mira: estrategias del terror imperial


Buenos Aires, Argentina. Bajo una andanada terrorista mediática, política, con violencia mercenaria, la mano imperial ha instalado una guerra contrainsurgente en Nicaragua, donde el gobierno del presidente Daniel Ortega había logrado reconocidos avances en lo político, social y económico, después de  ganar por tercera vez consecutiva en las elecciones de 2016 con  más del 72 por ciento de los votos, y mantener el país  como una zona de paz en una subregión cada vez más violentada.
Utilizando el esquema golpista frustrado en Bolivia en 2008 y en Venezuela desde el golpe de 2002 contra el entonces presidente Hugo Chávez Frías, que derrotó el pueblo en las calles y un ejército patriótico en 2 días, y todo lo actuado en este último país especialmente desde 2014, 2015 y 2017 contra el presidente Nicolás Maduro, con supuestas protestas pacíficas, que nunca lo fueron, el gobierno de Ortega debió enfrentarse a grupos violentos armados, escudados en marchas “estudiantiles”.
Fue el mismo escenario de la “Salida” (golpismo encabezado por el opositor Leopoldo López y Corina Machado en Venezuela, a comienzos de 2014, cuando grupos vandálicos, preparados y dirigidos, como los mercenarios usados en Libia, en Siria y en otros países, quemaron edificios, centros de salud, universidades, atacaron con armas y hasta con morteros, bombas incendiarias, organizados en comandos y contando con expertos francotiradores, dejando casi medio centenar de muertos, miles de heridos, destrucción y fuertes daños económicos).
Esto mismo hicieron simultáneamente en Managua y otros lugares de Nicaragua desde el pasado 18 de abril. ¿En qué medio periodístico se informa sobre los ataques de grupos de choque con armas o se menciona cuántos edificios han quemado los “pacíficos” manifestantes civiles ni cuántos policías y sandinistas han muerto?
“Una vez más, Nicaragua volvía a ser el país de nunca jamás, rehén de una realidad ficticia que se mueve al ritmo de las redes sociales, donde la realidad virtual puede más que la realidad real. Donde las víctimas son verdugos y los provocadores armados son manifestantes pacíficos. Donde la masa de gente que de forma autoconvocada, genuina y respetuosa de la paz se moviliza por la democracia es convertida en carne de cañón, en ‘daño colateral’ para lograr el objetivo final: botar al gobierno, cueste lo que cueste”, escribió Giorgio Trucchi en su artículo “Nicaragua: Cuando las mentiras ganan y se convierten en realidad aceptada”, publicado en Nicaragua y Mas Español.
La criminal acción de la prensa hablando de represión y no de enfrentamientos es particularmente analizada por Trucchi, tomando las manifestaciones del pasado 30 de mayo: por una parte las madres de algunas de las víctimas de los enfrentamientos que “durante las últimas 6 semanas han enlutado a Nicaragua ha sido gigantesca”, señala el periodista sobre la marcha Azul y Blanco que decidió salir a las calles y caminar pacíficamente por la céntrica carretera a Masaya.
“Paralelamente, en la avenida de Chávez a Bolívar, que parte en dos la capital y llega hasta el Lago Xolotlán, el partido de gobierno convocaba a su militancia para celebrar con una cantata el Día de la Madre. También aquí una multitud de gente cantando y coreando consignas. No todos pudieron llegar. La caravana de buses que venía del norte del país rumbo a Managua (en apoyo del gobierno) fue atacada con armas de fuego por desconocidos. Al momento el saldo es de un muerto y al menos 22 heridos, algunos de gravedad.”
Narra las movilizaciones pero señala cómo, amparados en los “manifestantes pacíficos” estos grupos armaron el enfrentamiento (con claras imágenes de cómo cargaban armas y disparaban) atacaban las instalaciones del estadio y al contingente de policías que resguardaban el lugar.
En el intercambio de disparos hubo los primeros muertos y heridos de ambos lados, incluyendo a dos jóvenes militantes sandinistas Kevin Antonio Cofin Reyes y Heriberto Maudiel Pérez Díaz.
También narra el enfrentamiento hasta que “cunde el pánico. Miles de personas corren sin rumbo, muchas de ellas se refugian en la UCA (Universidad Católica). Hay muertos y heridos. En represalia, los mismos “manifestantes pacíficos” atacan nuevamente la oficialista Nueva Radio Ya, queman, saquean y destruyen lo que quedaba de ella. Luego pasan a la Caja Rural Nacional (Caruna), cooperativa que por años ha administrado los fondos ALBA para proyectos sociales que han beneficiado a miles de familias. Atacan las instalaciones y queman todo, incluyendo a vehículos parqueados. No contentos, atacan el edificio del Ministerio de Economía Familiar. En Masaya destruyen las oficinas de Renta, saquean tiendas y negocios. En Estelí tratan de destruir los locales de la alcaldía y de Renta, pero son rechazados por grupos de ciudadanos. Hay muertos y heridos. Pero no importa. Como hemos dicho, la realidad virtual es más fuerte. Medios nacionales e internacionales, organizaciones de derechos humanos, rectores de universidades y hasta obispos que integran la Comisión Mediadora del Diálogo Nacional reproducen automáticamente (sin la más mínima prueba) lo que les llega a su celular o computadora por #SOSNicaragua y #NicaraguaSOS: es una masacre del gobierno”.
Recuperando párrafos de este dramático relato se ve  cómo el periodismo, incluso, no ya el que trabaja directamente para los generales de la contrainsurgencia sino los propios –supuestamente progresistas– mienten sin ningún pudor. Se unen a voces como las de los grupos terroristas cubanos de Miami, asesinos  seriales en Cuba y en nuestra región.
Dicen lo mismo que el Diario de las Américas de Miami, donde se señala que las dictaduras de América Latina son las de Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y está todo dicho. Contra esas “dictaduras” lucha el “democrático imperio” y sus asociados.
“Nadie menciona que hay muertos de ambos lados, que hay policías muertos, que hay muertos en la caravana que fue atacada en La Realidad, Estelí. Nadie se pregunta qué estaban haciendo manifestantes armados cerca del estadio, a menos de dos cuadras de donde iban a pasar los activistas sandinistas. Nadie habla de lo que pasó en Masaya y Estelí. Todo se lo traga la indiferencia. Los periódicos del mundo hoy repiten al unísono lo mismo: fue una masacre del gobierno”, explica con una responsabilidad conmovedora el periodista Trucchi.
Otra de las referencias que uno encuentra a menudo en las descripciones sobre lo que sucede en Nicaragua es que se habla de “grupos parapoliciales”, cuando se hace referencia a los mercenarios que utiliza la oposición, que como en Venezuela y otros países se escudan en supuestas manifestaciones pacíficas.
“Ya no importa la verdad. La realidad real se convierte en virtual o es todo lo contrario”, señala Trucchi y se pregunta: ¿a quién benefician el caos y las muertes? Es algo tan obvio que casi asusta ver la falta de análisis en este momento, no sólo en Nicaragua, sino a nivel internacional, sostiene.
La respuesta es indudablemente fácil y evidente. No hay otro camino que el diálogo, y la identificación de los grupos de choque, sus asesores y el seguimiento del dinero que llegó desde afuera para crear un conflicto con violencia, ya adelantado a la prensa cómplice encargada del asfixiante terrorismo mediático. Esto dejó al desnudo en Venezuela y Bolivia el nivel de injerencia externa en estos procesos de desestabilización, para promover golpes y aislar a los gobierno, que es el plan de Washington para avanzar en el proyecto de recolonización de nuestra región, sacando del camino “como sea” a los gobiernos insumisos.
Por todo esto es necesario desnudar la red de mentiras y armar un esquema de solidaridad, sin ninguna ambigüedad, señalando al verdadero responsable de la  violencia y el terrorismo tan funcional a los planes del poder hegemónico.
Los sucesos de violencia en Nicaragua pueden ser analizados, comparándolos con hechos similares en países donde se produjeron los llamados “golpes blandos” que en América Latina, son  en realidad parte de la Guerra contrainsurgente diseñada para desestabilizar gobiernos independientes y apoderarse colonialmente de su llamado “patio trasero”.
Es necesario recordar que en el supuesto “levantamiento civil” contra el presidente Evo Morales en agosto-septiembre de 2008, en pocas horas se quemaron 171 edificios  entre ellos televisoras, radios y otros en la zona de la Media Luna (Santa Cruz, Pando, Beni) en el Oriente y el departamento de Tarija, con la participación de los prefectos (intendentes) opositores de esa región y que comenzaron el 16 de agosto de 2008.
En esos momentos los grupos violentos de los fascistas locales en Pando emboscaron el 11 de septiembre, en un puente, una marcha de indígenas que llegaban para defender y apoyar a Evo. Y varios de ellos fueron torturados y ejecutados en forma brutal  y otros se arrojaron al río para evitar la cacería, a los que dispararon, sobreviviendo sólo algunos en estado grave, como una madre con su niño.
El hecho dejó un saldo de 11 muertos, más de 15 capturados y sometidos  a torturas y a escarnio y numerosos desaparecidos, como figura en un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 2009.
Se intentó atribuir este hecho  al gobierno, lo que fue impedido por la rápida reacción de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), convocada de urgencia, enviando una misión humanitaria encabezada por el abogado y jurista argentino Rodolfo Mattarollo, quien gracias a sus conocimientos, su equipo  y las  filmaciones de un valiente periodista boliviano pudo denunciar esta masacre y a sus verdaderos culpables.
Entre ellos estaba el propio intendente de Pando, Leopoldo Fernández. ¿Qué hubiera sucedido si la mentira preparada por los golpistas, acusando a Evo Morales de la masacre que ellos habían ejecutado se difundiera, como  había comenzado a hacerlo,  la prensa cómplice de esa acción criminal?
Hubiera sucedido como en estos momentos en Nicaragua. También lo ocurrido en 2017 en Venezuela fue de una violencia inaudita; varios jóvenes  sospechados de “chavistas” fueron rociados con combustible por las hordas mercenarias y quemados públicamente, además de los ataques a la fuerza pública, de bombas incendiarias, de los morteros y otras armas utilizadas por los grupos de choque de la oposición.
Pero lo que se contaba en el mundo sobre Venezuela era todo lo contrario. El gobierno era responsable de todos los muertos, incluyendo la cantidad de civiles y policías caídos en defensa del país.
¿Saben quiénes estaban detrás? los paramilitares colombianos y otros mercenarios que fácilmente cruzan la larga frontera común, desde Colombia donde están acantonadas las tropas especiales en las más de siete bases de Estados Unidos en ese país. Tropas especiales que han iniciado todas las guerras coloniales de este siglo XXI. Como sucedió en Libia, en Siria y en otros países.
Como en otros tiempos en la frontera de Honduras con Nicaragua, es decir de un país donde persiste el golpe de junio de 2009, que se inició con el secuestro por parte de militares hondureños del presidente Manuel Zelaya, sacado en pijama de su cama  llevado a la estratégica base de Estados Unidas en Palmerola, atlántico hondureño y luego a Costa Rica, supuestamente para defender a la “democracia”.
El gobierno de Zelaya era el primer gobierno democrático en una Honduras que  ya en 1954 fue utilizada en contra de la voluntad de su pueblo, como base de la invasión estadunidense a Guatemala. También en territorio hondureño se  instalaron las bases estadunidenses, para combatir en la guerra terrorista contra Nicaragua, poco después del triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (19 de julio de 1979).
Ya desde 1980 comenzaron su accionar en una guerra cruel y despiadada, en la que inclusive intervinieron militares de la más cruenta dictadura que soportó  Argentina (1976-1983), y mercenarios de otros países.
Las recientes elecciones hondureñas fueron un escandaloso fraude, pero la Organización de Estados Americanos (OEA) no hizo absolutamente nada. Es decir, el golpismo continúa y los asesinatos de campesinos, dirigentes de derechos humanos, periodistas también continúa. Sigue el paramilitarismo instalado en Honduras, apoyado por la organización Unoamérica, creada en diciembre de 2008 en Colombia por temibles exmilitares de ese país y de todas las dictaduras del Cono Sur (décadas de 1970 y 1980) presidida por Alejandro Peña Esclusa, un excandidato a presidente en Venezuela en tiempos de Chávez, que sólo logró 2 mil votos.
Hombre de la estadunidense Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su sigla en inglés). Peña Esclusa fue condecorado por el golpista presidente Roberto Micheletti por su “ayuda” en el golpe contra Zelaya. ¿Y qué tipo de ayuda, sino la mano mercenaria, la que mató a decenas de dirigentes campesinos, a periodistas en ese país? Y los sigue matando como a la reconocida dirigente Berta Cáceres, cuyo asesinato sigue en las sombras.
Pregunto a los “progresistas” nicaragüenses que adversan al gobierno de Ortega: ¿No saben todo esto? Los periodistas de América Latina que conocen estas historias, ¿no saben de qué se trata lo sucedido en Nicaragua, a pesar de ser tan evidente?
Hace 2 días hemos podido ver en videos la dramática fotografía de dos humildes hombres  sandinistas, secuestrados por los vándalos, que amenazan a miles de familias nicaragüenses por su apoyo al gobierno de Ortega en  una escena donde vemos a una de las víctimas atada con sogas, inmovilizada, torturada públicamente,  arrastrada, humillada. Y lo mismo la otra víctima.
Es lo más similar que podemos ver a aquellos grupos de choque de la oligarquía boliviana cuando en  mayo de 2008 en Sucre Bolivia, atacaron varias viviendas donde se alojaban indígenas que habían llegado al lugar para apoyar a Evo, con extrema violencia también contra mujeres y niños, llevándose a 18 hombres como rehenes, entre los que estaba el alcalde de Mojocoya.
Durante  el camino hacia la plaza, les arrancaron las camisas, los ataron con una soga al cuello, unos con otros y semidesnudos soportando golpes y burlas los obligaron a arrodillarse  y “pedir perdón” a los  verdaderos asesinos del pueblo boliviano, que eran sus captores. Una imagen imposible de olvidar, que repercutió en el mundo negativamente contra la derecha criminal boliviana.
De eso se trata la extrema violencia de estos grupos, como los que actúan en territorio nicaragüense, donde también pueden encontrarse algunos componentes de las “maras”, jóvenes centroamericanos (víctimas también ellos de un sistema mafioso y violento)  convertidos en Estados Unidos en vándalos y enviados como una “mano de obra a disposición” del mercenarismo que está creciendo en nuestros países.
Los utilizan los poderosos empresarios y nuevas derechas en esos países, contra la población y los gobiernos que molestan al imperio en su nuevo proyecto de expansión.
Así sucede también con ese falso ejército o emirato “islámico” en Oriente Medio o en Siria, que no existe como islámico ni musulmán, pero sí como un ejército privado de mercenarios de varios países del mundo y dirigidos por oficiales de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Israel y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), como se ha descubierto en los prisioneros tomados por el heroico ejército nacional de Siria, que lleva 7 años defendiendo la soberanía de su país ante la invasión colonial.
La OTAN, acostumbrada a utilizar “ejércitos secretos” de asesinos en Europa en las décadas de 1960 y 1970 nada tiene que hacer en los territorios que hoy ocupa. La misma y criminal OTAN a la que se integrará Colombia y el tablero está lleno. Es lo que nos faltaba.
Todo esto es comprobable para quien quiera hacerlo. Pero cuando la CIA y el Mosad israelí controlan la prensa privada, cuyos caudales de dinero aumentan cada día para convertir a esos medios en verdaderos monopolios, que en sus países no toleran como tales, terminan siendo indispensables para esta guerra de cuarta generación (sicológica).
En los documentos de Cuarta Generación mencionan no necesitar balas para matar a las dirigencias populares latinoamericanas, sino matarlas moralmente, acusándolas falsamente contando con una justicia cuyas estructuras fueron infiltradas desde fines de la década de 1990, como se decidió en la  propia sede del Comando Sur cuando aún estaba Frederick Worner al mando.
Desde el pasado 18 de abril Nicaragua está bajo ataque no sólo de mercenarios y grupos de choque, sino de la dirigencia de éstos, los empresarios, ocasionando decenas de muertos y heridos. Y están las fundaciones y sus organizaciones no gubernamentales encargadas de ingresar el dinero para supuestas actividades democráticas y organizar las alianzas opositoras más extrañas. Esto, además de supuestas izquierdas como son todas esas organizaciones de bonitos nombres que reciben dinero directamente de Estados Unidos, lo que se ha comprobado en todos los golpes o intentos golpistas sucedidos en el siglo XXI, en Venezuela, Bolivia, Honduras, Ecuador, Paraguay, Brasil (2016).
La excusa, el argumento golpista de la oposición contra Ortega, fue supuestamente la reforma del Seguro Social, donde se dijo falsamente que querían quitarles las jubilaciones a los nicaragüenses, a pesar de que fue el gobierno de Ortega el que recuperó este derecho. Lo que molestó a los empresarios, que hasta ahora estaban de acuerdo con la política gubernamental, fue que los obligaba a pagar como corresponde a la seguridad social.
Sin embargo, a pesar de que se derogó la modificación y se llamó al diálogo, la violencia continuó en aumento. En realidad este era un hecho previsible, en momentos en que Estados Unidos avanza en el proyecto geoestratégico de recolonizar América Latina, tratando de asegurarse el control absoluto de los recursos naturales de una región que considera desde hace 2 siglos como su patio trasero.
Una región  que se le estaba yendo de las manos, cuando América Latina y el Caribe habían logrado construir el más avanzado proyecto de integración como era la Comunidad de Naciones Latinoamericanas y Caribeñas (Celac).
El país centroamericano tiene una historia de lucha marcada por la eterna resistencia contra las pretensiones coloniales del norte, que se manifestaron en forma abierta y encubierta en esa subregión víctima de invasiones, ocupaciones y de dictaduras manejadas desde Washington dando comienzo a la expansión imperial a fines del siglo XIX que perduró en buena parte del siglo XX.
En el maldito juego de ajedrez con que ha retornado en pleno siglo XXI la doctrina Monroe (América para los americanos) es decir para los estadunidenses, anunciada en 1823, era evidente que más temprano que tarde Nicaragua, que integra la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA-TCP) liderada por Venezuela y Cuba, que conforma lo más avanzado de la integración en Latinoamérica, iba a estar en la mira de Washington y sus socios.
Frente a esta situación sólo puede actuar un diálogo, al que ha llamado Ortega incansablemente. Diálogo que no aceptan los sectores más duros de la oposición, ni sus asesores, entre los que hay que señalar el regreso de los grupos terroristas cubano-americanos de Miami y sus medios de desinformación.
La única posibilidad es la verdad y la solidaridad. El pueblo nicaragüense ha sido víctima durante demasiado tiempo de la injerencia imperial. Es hora de decir basta y es hora de la paz, definitiva.
Stella Calloni/Prensa Latina




Siguenos en twitter:
https://twitter.com/DifusionRebelde
 


martes, 22 de mayo de 2018

EEUU contra Nicaragua: desinformación y Guerra No Convencional

La maquinaria para derrocar al presidente de Nicaragua trabaja a marchas forzadas. Busca concretar esta oportunidad que se gestó desde hace varios meses. Más allá de las responsabilidades, errores y titubeos del mandatario Daniel Ortega, lo que vive el país centroamericano es una operación coordinada desde Estadios Unidos con base en el manual TC-1801 de Guerra No Convencional y el JP-3-13 de desinformación
La Habana, Cuba. Con un saldo de unos 30 muertos y varias decenas de heridos, los recientes disturbios en Nicaragua y la correspondiente campaña desinformativa demuestran una vez más la forma en que Estados Unidos impulsa sus planes subversivos en la región.
A partir de la reforma al sistema de seguridad social decretada por el gobierno, comenzaron algunas protestas de la ciudadanía que llegaron a niveles nunca vistos en muchos años en la nación centroamericana, y que de inmediato fueron aprovechados por la derecha nicaragüense y sus patrocinadores en el exterior para desestabilizar al país.
Bandas delictivas atacaron ambulancias, comercios, autos, instituciones oficiales, viviendas familiares y espacios públicos, lo que creó pánico y provocó una cadena de hechos desestabilizadores en esa nación, una de las menos violentas de la zona.
A pesar de que las autoridades de Managua decidieron echar atrás estas medidas, las manifestaciones continuaron, pero con un nivel de coordinación que reveló una posible “asistencia” externa.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, condenó el 24 de abril lo que denominó “la violencia política repugnante” empleada por la policía, mientras los principales medios de prensa estadunidenses aseguraban que los manifestantes exigían la renuncia del presidente Daniel Ortega.
Las declaraciones de Sanders tuvieron lugar un día después de que el Departamento de Estado ordenara abandonar el país al personal diplomático no imprescindible y sus familiares en Managua.
Con esta medida, la administración del presidente Donald Trump pretende magnificar la gravedad de la situación en Managua y otras ciudades de ese país, y presionar a sus aliados y socios para que adopten medidas similares con el fin de aislar al Gobierno de Ortega.
A juicio del diario The Miami Herald, la evacuación de la mayor parte del personal de la sede estadunidense –algo que la Casa Blanca no hizo ni siquiera durante la guerra de la década de 1980– es una señal de que Washington considera que la situación allí es “peligrosamente inestable”.
De forma casi simultánea, sectores de la ultraderecha en el Congreso estadunidense, en particular representantes de Florida, reactivaron sus planes contra Ortega y revitalizaron el proyecto de ley Nica Act.
Dicho proyecto condiciona cualquier financiamiento estadunidense al gobierno nicaragüense a la implementación de “reformas democráticas” en correspondencia con los intereses hegemónicos de Estados Unidos.
Al mismo tiempo, legisladores pidieron al Departamento de Estado, a la Casa Blanca, al Congreso y a los países aliados “que se mantengan en absoluta solidaridad” con los nicaragüenses y contra las autoridades locales.
A través de las redes sociales, sitios digitales “alternativos” vinculados a las protestas y medios de prensa de la derecha local, los organizadores de este operativo destinado a subvertir el orden interno en Nicaragua, hacen un esfuerzo supremo por exacerbar el descontento popular con el fin de elevar los disturbios a niveles tales que las fuerzas del orden se vean obligadas a contraatacar con mayor intensidad.
Un operativo según los manuales
Expertos señalan que en este operativo contra el gobierno de Ortega aparece el trabajo sucio mancomunado de los asesores de la Casa Blanca, funcionarios del Departamento de Estado, los servicios de inteligencia y las entidades subordinadas al Pentágono, entre otros factores.

El empleo de las recetas más importantes de los manuales de campaña de las Fuerzas Armadas estadunidenses, en particular la Circular de Entrenamiento TC-1801 Guerra No Convencional (GNC) publicada en 2010, volvió a salir a la palestra.
En casos como Nicaragua, Estados Unidos emplea múltiples entidades federales en sus misiones de subversión, desde las agencias de espionaje hasta especialistas en manipulación de los medios informativos, tal y como establecen algunos documentos oficiales.
Al respecto la TC-1801 define la GNC como el conjunto de actividades dirigidas a posibilitar el desarrollo de un movimiento de resistencia o la insurgencia, para coaccionar, alterar o derrocar a un gobierno, o a tomar el poder mediante el empleo de una fuerza de guerrilla, auxiliar y clandestina, en un territorio enemigo.
Los esfuerzos de Estados Unidos con la GNC están dirigidos a explotar las vulnerabilidades sicológicas, económicas, militares y políticas de un país adversario, para desarrollar y sostener las fuerzas de la resistencia y cumplir sus propósitos estratégicos.
El texto asegura además que “el objetivo es lograr un enfoque integral y el éxito a largo plazo, pues en varios momentos de un conflicto resulta necesaria la integración de las instituciones multinacionales e intergubernamentales”.
La experiencia en otras naciones latinoamericanas y caribeñas demuestra el papel desestabilizador de organismos como la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por su sigla en inglés), entidad gubernamental subordinada al Departamento de Estado, que sirve de fachada de los servicios de espionaje.
Las operaciones de información
Las llamadas Operaciones de Información (OI) de las Fuerzas Armadas estadunidenses forman parte del dispositivo de tergiversación de la verdad desplegado en apoyo a actividades subversivas como las que se llevan a cabo contra Nicaragua y otras naciones que no son del agrado de Washington.

Según el manual JP-3-13, aprobado en noviembre de 2012, que regula esa actividad, las OI tienen como fin el empleo coordinado de la propaganda y otros métodos similares.
Su objetivo es “influir, corromper y usurpar el proceso de toma de decisiones del adversario”, todo mediante el uso de rumores, mentiras, acusaciones con argumentos falsos que de forma inmediata invaden los titulares de los principales medios de prensa.
También el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por su sigla en inglés) constituye un elemento clave en estas funciones, en “una alianza poco conocida” –según The Washington Post– entre esa entidad y la jefatura de las Fuerzas de Operaciones Especiales (FOE), unidades élite del Pentágono, factor importante en la GNC. Esta cooperación interagencias tiene como objetivo manipular la información, una de las principales armas de la subversión.
Actualmente Venezuela y Siria son algunas de las naciones víctimas de este ensayo mediático en el cual desempeñan un papel de primer orden los grandes medios de comunicación masiva del mundo, controlados en más del 90 por ciento por los principales centros de poder hegemónico.
Los especialistas estadunidenses, al igual que en otros países occidentales, utilizan además cuentas falsas en las redes sociales, así como clubes de supuestos seguidores de determinadas “causas justas”, que se suman a las campañas contra los países que son blanco de agresiones como esta.
Lo que hoy sucede en Nicaragua y Venezuela puede acontecer mañana en cualquier otra nación “hostil” hacia Estados Unidos y para eso los principales estrategas y asesores presidenciales –ahora reforzados con varios halcones de política exterior y seguridad nacional– esperan la más mínima oportunidad o asomo de descontento.
De todas formas, si no se presentan tales circunstancias las fabrican con el fin de facilitar las operaciones subversivas y si es posible, derrocar a los gobiernos correspondientes.
La meta principal de todas estas actividades en Nicaragua, al igual que otras similares en Cuba, Venezuela, Bolivia y demás naciones del área, es contribuir al logro de los objetivos estratégicos de la política exterior de Washington, acercarse en la medida de lo posible a su política de “cambio de régimen” cuando sea necesario y transformar las percepciones negativas de la población hacia Estados Unidos y su política exterior.


Roberto García Hernández
Prensa Latina


Siguenos en twitter:
https://twitter.com/DifusionRebelde
 


miércoles, 9 de marzo de 2011

Cuba denuncia plan subversivo de EE.UU. con uso de sofisticada tecnología

por Luis Enrique Gonzalez

Imagen activa07 de marzo de 2011, 22:27La Habana, 8 mar (PL) Cuba mostró pruebas del desarrollo de planes por Estados Unidos para intentar implantar en la isla sistemas ilegales de comunicación y espionaje con el uso de sofisticada tecnología.

* Las razones de Cuba: Operación surf

* Presenta Cuba más revelaciones de planes desestabilizadores de EE.UU.

* Resalta joven cubano valores de proceso revolucionario

Dalexis González Madruga, un joven graduado de ingeniero en telecomunicaciones en la Universidad "José Antonio Echeverría" fue contactado por agentes norteamericanos para la introducción clandestina de equipos sofisticados y la instalación de una red.

Un documental difundido esta noche por la televisión cubana divulgó en la propia voz e imagen del que, en definitiva, se convirtió en el agente Raúl de la Seguridad del Estado, los pasos dados para tratar incluso de viabilizar un sistema que transmitiera directamente a la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana.

Como parte de los proyectos millonarios financiados por las distintas administraciones estadounidenses, el objetivo era también poder transmitir mensajes encriptados con informaciones clasificadas incluso directamente a territorio norteamericano.

Se trataban de utilizar los adelantos tecnológicos y los conocimientos de González Madruga para los intercambios de información e instrucciones, destinadas éstas últimas a facilitar actividades desestabilizadoras dentro del territorio nacional.

Las filmaciones hicieron un recuento de la participación de funcionarios de la Oficina de Intereses en reuniones con elementos contrarrevolucionarios para transmitir órdenes llegadas desde Estados Unidos y también registraron las actividades que le encomendaron y debió realizar González.

El joven ingeniero cubano mostró la forma en que entraron al país antenas especiales, piezas y otros objetos destinados al fin señalado, enmascarados como artículos deportivos y aprovechando una competencia de surf efectuada en la isla.

Reveló que le fue asignado por los conspiradores el sobrenombre de Alejandro, así como los lugares donde debió acudir para recoger los envíos trasladados por viajeros procedentes de Estados Unidos.

Al darme cuenta de cuales eran las intenciones contra mi país, me convertí para ellos en el agente Alejandro, pero en realidad fui el agente Raúl de la Seguridad del Estado, subrayó.

El documental recuerda el trayecto de ese tipo de actividad conspirativa contra Cuba desarrollada desde la década de los años 60 por Estados Unidos y su financiamiento oficial, incluyendo las partidas millonarias asignadas a ese fin por la actual administración.