La Fuerza Armada Nacional Bolivariana acaba de confirmar a la vicepresidenta Delcy Rodríguez como “Encargada” para asumir las funciones de presidenta de la República. Las fuerzas armadas siguen fieles al proyecto, no hay ningún cambio significativo en los órganos de gobierno, no hay altercados, las únicas movilizaciones y manifestaciones que hay en Venezuela son de apoyo al presidente secuestrado y de rechazo a la agresión yanqui.
¿Y ahora qué?
La agresión de EE.UU. no significa fortaleza, han demostrado que pueden atacar, esto nunca se ha dudado; pero desde una perspectiva estratégica muestra una ausencia de proyecto coherente. Capturar o eliminar a un jefe de estado no significa controlar un país, y de esto tenemos muchos ejemplos últimamente. Ya han dejado claro que no cuentan con Corina y Guaidó es un recuerdo fracasado del pasado. No tienen garantizada la obediencia de las fuerzas armadas (Ministerio del poder popular para la defensa), carecen de mecanismos para asegurar una continuidad administrativa ni una estabilidad en las ciudades. Sin empleo, sin administración directa y sin legitimidad interna el resultado nunca sería orden y por tanto el control geoestratégico de la zona y de los recursos que buscan, sino un vacío de poder o, en el peor de los casos, fragmentación social y enfrentamientos sangrientos.
Pero Venezuela no es un estado colapsado ni un territorio ingobernable. Tiene unas fuerzas armadas cohesionadas, unas estructuras institucionales que funcionan y una identidad nacional forjada en la resistencia a la intervención externa y es sabido que una agresión externa tiende a fortalecer la cohesión interna y más la de una sociedad organizada en fuertes estructuras populares y en milicias. El impacto regional es igualmente preocupante, sobre todo para dos países con proyectos emancipadores como Cuba y Nicaragua, e incluso Colombia, pero también por toda América Latina, que perciben este acto no como algo excepcional, sino como un precedente.
Cuando una potencia actúa sin restricciones de ningún tipo, no crea cooperación, genera desconfianza y búsqueda de alianzas alternativas. Pero a pesar de sus intentos de recuperar la doctrina Monroe (América toda por los americanos-EE.UU.) es evidente que con actos como éste, EEUU empuja a los países de la región a alejarse de su esfera de influencia. Pero el proceso se encontraba en marcha. China y Rusia llevan muchos años trabajando en la región construyendo sistemas paralelos en finanzas, energías y desarrollo (el proyecto del canal de Nicaragua como alternativa al de Panamá es un ejemplo).
Nuestro discurso moral como ciudadanía de un primer mundo acomodado (narcotráfico, “democracia”, derechos humanos, …) no altera esta realidad. Desde un punto de vista estratégico, estas justificaciones no son relevantes si no están soportadas por procedimientos legales y resultados sostenibles. En términos prácticos, Venezuela saldrá, creo-espero-deseo, no como un Estado derrotado, sino reafirmado en su soberanía y con más ganas que nunca de profundizar en alianzas no occidentales. Por otro lado, EEUU pagará el precio: pérdida de credibilidad, más aislamiento diplomático y otro frente abierto.
Sí en la soberanía de los pueblos.
Articulo extraido de:
https://twitter.com/DifusionRebelde

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