Entrada destacada

¿Y si la siguiente fuese Nicaragua y no Cuba?

Por Magencio ¿Y si el siguiente en la lista de blancos de Trump en el Caribe no fuese Cuba sino Nicaragua? A estas alturas deberíamos estar ...

Mostrando entradas con la etiqueta Hiroshima. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hiroshima. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de agosto de 2016

DOCUMENTAL: "Bajo la nube de Hiroshima".

Cada año se inscriben nuevos nombres en la lista de las víctimas de los bombardeos, que siguen muriendo. Son ya cerca de 380 mil. Sus voces se apagan ante un mundo sordo que acumula 15.850 cabezas nucleares y el propio gobierno japonés, que acaba de promover la aprobación de una ley para volver a la guerra.

Mucha gente recuerda los nombres de Hiroshima y Nagasaki por su destino trágico y guarda la imagen abstracta de una enorme nube en forma de hongo durante las explosiones. Pero poco se conocen los rostros bajo la nube.

Solamente ellos, los llamados “hibakusha”, aquellos que estaban en Hiroshima y Nagasaki los días 6 y 9 de agosto de 1945 podrían hablar del “infierno sobre la Tierra”. Sólo aquellos que soportaron 4 mil grados centígrados, una lluvia de partículas radiactivas y perdieron en unos segundos toda la piel, podrían decirle al mundo qué hay bajo una explosión atómica.

Sus historias son incómodas. Son el resultado más perverso de una guerra que involucró a gran parte del mundo. Son la peor cara del poder nuclear desarrollado por los científicos más brillantes del siglo XX. Son un compendio de males radiactivos a partir de lo que el mundo moderno explota como una rica fuente de energía. Son el eco de los fantasmas de miles de víctimas inocentes, de niños que nunca conocieron la paz.

Paradójicamente, Hiroshima atrae al mundo. El Museo de la Paz en esta ciudad ha sido durante varios años el sitio más visitado por los extranjeros que llegan a Japón, según datos del portal Trip Advisor y fuentes de turismo.
La vida moderna de Tokio, la belleza de las tradiciones en Kyoto o las playas de Okinawa, son llamativas pero ¿qué buscan los que visitan Hiroshima? ¿qué encuentran? ¿horror, compasión, cercanía? ¿conciencia? O acaso la revisión de un capítulo histórico que la humanidad cerró sin concluir.

Si Hiroshima y Nagasaki son la muestra de que dos bombas pueden arrasar dos ciudades completas ¿qué podemos esperar en la actualidad, con casi 16 mil armas mucho más potentes repartidas por todo el planeta? Si estas armas -dice la historia oficial- son necesarias para acabar las guerras ¿qué fin le depara a un mundo moderno con decenas de enfrentamientos en todas las latitudes?

En contraste con la atención mundial, todavía quedan japoneses alejados de Hiroshima y Nagasaki en muchos sentidos.

Algunos, por falta de interés. Otros, por un prejuicio que todavía despierta temores a relacionarse con los “hibakusha” o sus familias, por considerarlos portadores de malformaciones genéticas. Uno de los mitos más difundidos ante la desinformación y el desconocimiento es precisamente el de las anomalías genéticas. Más allá de los efectos en quienes fueron expuestos a las radiaciones de la bomba, incluso como fetos, no hay pruebas de trastornos heredados en las siguientes generaciones, según Nori Nakamura, científico de la Fundación para la Investigación de los Efectos Radiactivos.

Otros japoneses simplemente no han tenido información suficiente ni en sus textos escolares, ni en los medios de comunicación, por lo que algunos reconocen que falta mucho por aprender.

Una luz de esperanza sobre este tema se abre con los jóvenes. Un estudio del Instituto de Investigaciones Culturales de la cadena informativa NHK decía que en el año 2010 solamente 27 por ciento de la población japonesa recordaba las fechas de los acontecimientos de Hiroshima y Nagasaki. Entre ellos, curiosamente, los más enterados eran jóvenes de entre 20 y 30 años.



Siguenos en twitter:
https://twitter.com/DifusionRebelde
 


Documental : Hiroshima y Nagasaki la Verdad sobre las Bombas Atomicas

Los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki fueron ataques nucleares ordenados por Harry S. Truman, presidente de los Estados Unidos, contra el Imperio del Japón. Los ataques se efectuaron el 6 y el 9 de agosto de 1945, formando parte del fin de la Segunda Guerra Mundial. Después de seis meses de intenso bombardeo de otras 67 ciudades, el arma nuclear Little Boy fue soltada sobre Hiroshima el lunes1 6 de agosto de 1945,2 seguida por la detonación de la bomba Fat Man el jueves 9 de agosto sobre Nagasaki. Hasta la fecha, estos bombardeos constituyen los únicos ataques nucleares de la historia.3

Se estima que hacia finales de 1945, las bombas habían matado a 166 000 personas en Hiroshima y 80 000 en Nagasaki,4 totalizando unas 246 000 muertes, aunque sólo la mitad falleció los días de los bombardeos. Entre las víctimas, del 15 al 20 % murieron por lesiones o enfermedades atribuidas al envenenamiento por radiación.5 Desde entonces, algunas otras personas han fallecido de leucemia (231 casos observados) y distintos cánceres (334 observados) atribuidos a la exposición a la radiación liberada por las bombas.6 En ambas ciudades, la gran mayoría de las muertes fueron de civiles.7 8

Seis días después de la detonación sobre Nagasaki, el 15 de agosto, Imperio del Japón anunció su rendición incondicional frente a los «Aliados», haciéndose formal el 2 de septiembre con la firma del acta de capitulación. Con la rendición de Japón, concluyó la Guerra del Pacífico y por tanto, la Segunda Guerra Mundial. Como consecuencias de la derrota, el Imperio nipón fue ocupado por fuerzas aliadas lideradas por los Estados Unidos —con contribuciones de Australia, la India británica, el Reino Unido y Nueva Zelanda— y adoptó los «Tres principios antinucleares», que le prohibían poseer, fabricar e introducir armamento nuclear.





domingo, 4 de marzo de 2012

Fidel Castro: “Estamos obligados a ganar la batalla por la sobrevivencia”


Va a ser difícil olvidar la imagen que cerró el encuentro. Fidel, con un kimono por encima de la chaqueta deportiva y de pie, muy serio, rodeado por diez hibakushas, como llaman en Japón a los sobrevivientes de las bombas atómicas que lanzó Estados Unidos contra Hiroshima y Nagasaki. Cada uno lo saludó con una reverencia de cortesía y una de las dos mujeres, Ritsoku Ishikawa, no solo se inclinó, sino que besó el dorso de la mano del Comandante.

Aunque difícilmente el Palacio de las Convenciones recuerde otro encuentro en el que haya habido más cámaras fotográficas por metro cuadrado, ni los flashes se sintieron en ese instante. Fue la emoción la que congeló la imagen para el pequeño grupo de cubanos y los  770 japoneses que llegaron en la mañana del jueves al puerto de La Habana a bordo del Crucero por la Paz, el barco que recorre el mundo cada año con activistas contra las amenazas nucleares y medioambientales.

Por segundo año consecutivo se reúnen en este edificio con el líder histórico de la Revolución cubana, y por segunda vez, no pudo ser más estremecedor escuchar testimonios del dolor que padecen millones de personas víctimas de los efectos de la radiación nuclear. Pero no fue este un encuentro de cortesía, sino la sesión principal del “Foro global por un mundo libre de armas nucleares”, evento que había sido uno de los acuerdos del encuentro anterior en La Habana y cuyos organizadores decidieron celebrarlo aquí.

Las intervenciones de los participantes fueron de lujo e incluyeron la de un sobreviviente del bombazo de Hiroshima, un profesor de la Universidad de Fukushima -donde el terremoto y el tsunami que devastó Japón provocó el accidente de una electronuclear-, el presidente de la Asociación de Víctimas Nucleares “Morurua e Tatou”, de Tahití, y un médico cubano que narró la experiencia de la Isla en el tratamiento de niños afectados por el accidente en la planta de Chernobil, Ucrania. “Las descripciones que ustedes hacen le rompen el alma a cualquiera”, había reaccionado Fidel, notablemente conmovido ante lo que allí se dijo.

Tres días en el infierno

Sobrecoge el auditorio. No solo porque son más de 700 personas, no solo porque se trata de pacifistas, enemigos declarados de todas las armas. Es que sufrieron en carne propia o en la de sus antepasados, el infierno de un bombardeo nuclear. Hibakushas llaman a los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki. En el Peace Boat o Crucero por la Paz, viajan algunos que tenían un año, cuatro, 13 ó 16, cuando se produjo el criminal ataque a las ciudades japonesas donde ellos vivían. Hoy cuentan entre 67 y 83 y como una distinción se les sienta en la primera fila. De conocerse más y mejor sus historias, quizás el mundo no fuera el lugar de miedo en que lo han convertido las armas.

Hiroshi Nakamura tiene ahora 80 años y una figura menuda y respetable como la serena naturaleza de su tierra. Pero su testimonio es tan estremecedor como un terremoto o un tsunami, aunque la comparación no vale porque su sufrimiento no es la consecuencia de un fenómeno natural sino de un deliberado acto de barbarie.

Él vivía a 8 kilómetros del epicentro de una de las dos tragedias provocadas por la prepotencia norteamericana aquel agosto de 1945. “Sentí un ruido ensordecedor y vi un gran rayo de luz que me deslumbró y ya no supe qué hacer…”, cuenta y su testimonio parece el relato de una película de ficción cuando todo arde alrededor del niño de 13 años que, huyendo del fuego, solo se cruzaba con espectros de seres humanos sin cabellos, con el rostro ennegrecido y las ropas desechas. “Algunos iban desnudos completamente, con los brazos cruzados como tratando de cubrirse el pecho y uno no podía saber si eran hombres o mujeres de tan deformados que estaban…”

Tres días estuvo Nakamura ayudando a mover cadáveres. A él le tocaba tomarlos por los tobillos y al principio no lograba alzarlos porque se le corrían o se desgarraban las carnes. Alguien le gritó que metiera los dedos hasta el hueso. “Pero yo solo era un niño de 13 años y mi cuerpo estaba paralizado ¿No eres un hombre japonés? me gritaron. Entonces me resigné e introduje mis dedos en las carnes descompuestas y apreté fuerte…Cargué alrededor de 30 cuerpos para los camiones y los llevamos hasta una gran fosa en las afueras de la ciudad y allí los dejamos… Fueron tres días en el infierno.”

Para más horror, la tragedia de Nakamura, que es la de miles de ciudadanos de Hiroshima y Nagasaki, no terminó con el fin de la II Guerra Mundial. A lo largo de su vida, el infierno se ha sostenido en constantes enfermedades que comenzaron por la caída total del cabello a los pocos días del ataque, encías sangrantes, adelgazamiento abrupto, anomalías hormonales, cinco cirugías por cáncer… “Los daños que me provocaron las radiaciones me han hecho sufrir toda la vida…” Hoy mismo, mientras llegaba a La Habana, en Japón moría una hermana, otra hibakusha, sobreviviente de Hiroshima.

“Esta puede ser la última vez que cuente mis experiencias”, afirma el hombre que, a pesar de los sufrimientos, considera un honor haber vivido tantos años para contarle al mundo el profundo daño físico y psíquico que provoca el contacto humano con la energía nuclear. Y cita a una persona allegada, cuyo pensamiento comparte: “La energía nuclear y la Humanidad no deben convivir…” Entonces, en nombre de los hibakushas le pide a Fidel que encabece un movimiento para promover las zonas desnuclearizadas en todo el planeta y que convoque a los alcaldes del mundo por la paz,  promoviendo la eliminación de todas las armas nucleares.

“El desastre que nos robó la naturaleza”

Fuminori Tamba, profesor de la Universidad de Fukushima expone datos que, según afirma, escamotearon las autoridades japonesas sobre la tragedia en la planta nuclear de su ciudad tras el terremoto y el tsunami del pasado año.

“Ese desastre nos robó la bella naturaleza de la región y obligó a decenas de miles a abandonar sus hogares.
El experto califica la tragedia como un escape grande de radiación que ha contaminado la tierra y las aguas, dañando todos la agricultura y la pesca. “El problema más grande es que el gobierno no informó a tiempo y muchas personas estuvieron expuestas a “una radiación inútil”. Se le pasó información inmediata al ejército norteamericano que no se les brindó a las personas expuestas. El gobierno solo lo admitió la fusión de los reactores dos meses después del accidente.

Los datos abruman. Más de 60 mil personas se han ido de la prefectura y aun más de 100 mil niños permanecen en refugios temporales. Los que no han sido evacuados viven en áreas contaminadas sin poder salir de aulas cerradas bajo fuerte calor en condiciones alarmantes para su crecimiento y salud.

De acuerdo con una encuesta de la Universidad, realizada en un universo de 30 mil personas, hay familias que han cambiado hasta 10 veces de hogar en unos meses, hogares divididos en instalaciones provisionales. El desempleo y el subempleo sobrepasa el 50 por ciento de la población laboralmente activa. Cerca de la mitad de los menores de 35 años evacuados no tienen interés en regresar a su lugar de origen.

El abuelo de Tamba es sobreviviente de Hiroshima. “Hace poco alguien me preguntó en la calle si era japonés, cuando le dije que sí me dijo: Fukushima”, comentó conmovido con la solidaridad de los cubanos y a ellos pidió que los acompañen en la lucha por la atención a los sobrevivientes y por un mundo desnuclearizado.

Al terminar su exposición entregó a Fidel un sello donde manos de niños sostienen una paloma.

También expuso sus experiencias el doctor Julio Medina, quien dirige el programa de atención a los niños víctimas de la tragedia de Chernobil, que en Cuba ha atendido a más de 26 mil personas en 21 años.

Nuestro deber es divulgar estos testimonios

Los hermanos japoneses -comenzó diciendo Fidel tras escuchar a los participantes en el Foro- han añadido un problema nuevo, que tiene que ver no solo con el uso de la bomba atómica o con el accidente de Chernobil, sino con accidentes naturales o no que desaten el uso no controlado de la energía nuclear.

“Es muy valioso valorar lo que ocurrió en 1945 y lo que sobrevino después con el uso de esa energía en aquella planta sin mucha seguridad, Chernobil, originando un grave accidente… Si seguimos hurgando, podríamos conocer con más detalles las consecuencias de aquellas pruebas que se hicieron en el Pacífico Sur, entre ellas lo que provocaron las lluvias radiactivas. Ahora tenemos nuevas noticias, tras el accidente en Fukushima. Por ejemplo, que Alemania haya anunciado que cerrará todas las plantas nucleares”, enumeró.

Casi nadie ha meditado mucho sobre el hecho de que hoy la energía nuclear está menos protegida que nunca. “Un avión pequeño puede provocar una catástrofe mucho mayor que la de Chernobil. ¿Y cuál podría causar un loco? ¿O un suicida? ¿Y acaso no los hay? Puede crear una peor todavía un hombre con un botón nuclear. En la época de Hiroshima y Nagasaki nadie disponía de tal botón. Eran solo dos bombas las que se habían producido, y fueron lanzadas deliberadamente… Nadie tenía entonces un botón nuclear, ni hacía falta”, añadió Fidel.

Hoy ha cambiado dramáticamente la situación y la humanidad es mil veces más vulnerable. Fidel explicó: “Son 25 000 armas nucleares las que tiene el mundo y cada vez son más automáticas las respuestas posibles, porque no disponen de tiempo los hombres para tomar las decisiones.”

El Comandante en Jefe recordó que Cuba sabe muy bien lo que es una crisis nuclear. “Nos tocó vivir la de Octubre de 1962, y sabemos lo cerca que estuvo el mundo de la catástrofe. Ahora será peor: hay bombas de varios megatones y mucho más precisas. Se han hecho pruebas con bombas que alcanzan decenas de veces la potencia de las que fueron lanzadas en Hiroshima y Nagasaki, que apenas rebasaban algunas decenas de kilotones. Nadie sabe qué efectos causaron las lluvias ácidas tras esas pruebas”.

Por eso, dijo Fidel, “nuestro deber -y es la mejor forma de apoyar el esfuerzo de las víctimas de aquel bárbaro y brutal ataque contra Hiroshima y Nagasaki- es divulgar todo esto”.  Por ello exhortó a los organizadores del Foro a que escribieran un libro que narrara las historias e incluyera los análisis que allí se habían compartido. Que se editara “con un lenguaje claro, en favor de la paz, de la eliminación de estas armas, persuadiendo al mundo. El reto no es que esto lo conozca un millón, sino millones. Es una gran batalla de ideas y la conciencia es fundamental”.

Y concluyó: “El mundo tiene que defender la causa más importante de todas: la supervivencia de la especie.”

Un acto de racismo nuclear

En esos términos se expresó Roland Olham, Presidente de la Asociación de Víctimas de las armas nucleares, de Tahití, quien luego de expresar un profundo reconocimiento a Fidel por su liderazgo y al pueblo cubano por haber resistido al bloqueo norteamericano por más de cinco décadas, realizó una potente denuncia contra Francia, por sus ensayos nucleares primero en Argelia y, tras la independencia de ese país, en la llamada Polinesia francesa.

Por más de 30 años, entre 1960 y 1996, explotaron en ese pequeño territorio del Pacífico 133 bombas, la mayor concentración de ensayos nucleares en un solo lugar del planeta.

Los norteamericanos, los ingleses y los franceses han utilizado el Pacífico para sus ensayos nucleares. Algunas islas del Pacífico como el Atolón  de Muroroa se siguen usando como almacenes de desechos nucleares. Allí se han hecho más de cien ensayos subterráneos y el atolón está a punto de fragmentarse y pulverizarse. Si se desmorona, podría provocar un tsunami que causaría una gran catástrofe no solo para el Pacífico sino para el mundo por la gran cantidad de material radiactivo, químico, que contaminaría la vida marina.

“Lo que han hecho los franceses en mi país es un acto de agresión contra la minoría que somos. Es un acto de racismo que yo denomino “racismo nuclear”.

Oldham fue especialmente agudo en el análisis de la hipócrita política occidental que mientras habla de la paz, comete uno tras otros los más grandes crímenes. “Tienen sangre en las manos”, denunció y aseveró: “No se puede obtener la paz a través de las armas nucleares. No se puede cuando un país trata de agredir y dominar a otros…”

Un mundo con armas nucleares no puede existir

Tras escuchar la intervención del tahitiano Roland Oldham, Fidel siguió el hilo de la narración que había esbozado antes: ¿Qué hacer? ¿Cómo ayudar en este gravísimo problema que la humanidad tiene ante sí? El asunto primordial para el Comandante en Jefe es reconocer que “un mundo con armas nucleares no puede existir. No es compatible la paz con las armas nucleares, un hecho que cualquiera puede comprobar”.

La gran paradoja que se vive hoy es que el ser humano está más amenazado que nunca, y a su vez, es un hecho real que nunca la ciencia ha avanzado “a un ritmo tan fabuloso”, acotó el Comandante. Cuba es un ejemplo de cuánto nos hemos beneficiado de ella, particularmente de la ciencia médica, algo que ha compartido con decenas de países sin hacer la más mínima publicidad, y desde los primeros años de la Revolución, cuando un equipo médico de la Isla asistió a los argelinos víctimas de la guerra contra la invasión francesa. “Hay hechos que demuestran las posibilidades reales de nuestros países, aunque no seamos ricos”, y más adelante añadió una certeza: “Lidiando con estos problemas, la ciencia es capaz de salvar muchas vidas.”

Pero la primera y gran preocupación de Fidel -tema al que volvió mas de una vez en su intervención en el Foro- es “qué hacer por la supervivencia de la humanidad”. Hubo en torno a esta idea reflexiones memorables. Citamos una, que quizás explica por qué los diez hibakushas rindieron aquel emocionado homenaje a Fidel: “Nadie nos puede arrebatar la libertad para influir en los demás, dando a conocer la verdad que es la única forma de cambiar los acontecimientos… Se trata de una batalla que estamos obligados a ganar, y habrá que  hacer todo lo posible para ganarnos el derecho a seguir existiendo.”

Lo diez hibakushas

Takaaki Kitamura
Nació en Nagasaki el 3 de enero de 1929. Recibió el impacto de la bomba a la edad de 16 años. Vive en Nagasaki. Entró a esta cuidad al día siguiente de la agresión, como parte del equipo de socorro y fue testigo de las horrorosas escenas. Varios años después presentó hemorragias en la encías y otros síntomas debido a la exposición de las radiaciones. Al concluir la guerra, trabajó en la Universidad de Nagasaki y en el hospital de este centro. Sufrió cáncer de lengua y barbilla y necesitó de una operación.

Shokong Lee
Nació en Hiroshima el 15 de agosto de 1929. Recibió el impacto de la bomba a la edad de 16 años. Actualmente vive en Hiroshima. Pertenece a la segunda generación de coreanos en Japón. Su papá fue traído a la fuerza por la colonización. Shokong trabajó en la Empresa Japonesa de Trenes y le impactó la bomba mientras se dirigía a la oficina. Sus padres entraron a la ciudad justo después de la bomba y debido a ello pasaron buena parte de su vida en hospitales.

Sadao Haraguchi
Nació en Nagasaki el 25 de junio de 1931. Tenía 14 años cuando lanzaron la bomba. Actualmente vive en Nagasaki. Recibió el impacto cuando se encontraba a 3 km del epicentro. Se dedicó a la docencia.

Shizuko Matsunaga
Nació el 1 de enero de 1932. Recibió el impacto de la bomba a la edad de 13 años. Actualmente vive en Hiroshima. Cuando la bomba fue lanzada, ella era estudiante de secundaria y estaba preparándose para evacuar la ciudad. Sufrió quemaduras en la cara y el cuello. Su abuela, con quien vivía, fue aplastada por el armario que calló a causa de la onda expansiva y murió un mes después. Ella misma sufrió enfermedades a causa de la radiación y durante 6 meses permaneció en cama luchando contra una grave enfermedad a la cual sobrevivió milagrosamente.

Hiroshi Nakamura
Nació el 5 de enero de 1932 en Hiroshima. Recibió el impacto de la bomba a la edad de 13 años. Ahora vive en Fuchu-city, Hiroshima. Durante la guerra trabajaba en la Empresa Japonesa de Trenes y cuando se produjo el hecho, se dedicó a salvar y ayudar a otros sobrevivientes, además de recoger cadáveres. Un mes después de la explosión, presentó hemorragias en las encías y perdió el cabello. Tuvo que ser hospitalizado por reducción de glóbulos blancos. Actualmente es el presidente de la Asociación de los Hibakushas de Fuchu-city.

Kazumi Yamada
Nació el 3 de agosto de 1922 y recibió el impacto de la bomba en Nagasaki, a la edad de 12 años. Actualmente vive en Nagasaki. Nació en el noroeste de China por el trabajo de su padre. Llegó a Nagasaki para vivir con su abuela. Recibió el impacto de la bomba cuando se encontraba a 2,3 km del epicentro. Pertenece a la Asociación de la Promoción de Paz de Nagasaki trabaja como guía y contador.

Masakazu Masukawa
Nació el 2 de abril de 1941. Tenía 4 años cuando recibió el impacto de la bomba. Actualmente vive en Nagasaki. Estaba a 3,4 km del epicentro. Su abuelo y su padre, que estaban más cerca, murieron y jamás se encontraron sus cuerpos. Padeció un tumor medular cuanto tenía 37 años. Trabaja en la emisora de radio Nagasaki Housou y se dedica a producir programas sobre experiencias Hibakushas. Es director del Museo para la paz en Nagasaki.

Mitoshi Nagashima
Nació el 13 de abril de 1941. Tenía 4 años cuando recibió el impacto de la bomba. Actualmente vive en Usuki-city, Oita. Estaba a 2 km del epicentro y sufrió quemaduras en su brazo izquierdo y en ambas piernas, donde aún tiene cicatrices. Su padre había muerto en la batalla de China y sus madre y sus abuelos recibieron la radiación, pero no sufrieron efectos graves. Es director de la Asociación de Hibakushas de Usuki-city.

Ritsuko Ishikawa
Nació el 15 de enero de 1944 en Hiroshima, donde reside. Recibió el impacto de la bomba cuando tenía un año. Es la segunda de tres hermanas. Tras la bomba, perdió a su padre y a dos tías con quienes vivía. Siete años después, su madre falleció por las secuelas de la radiación y ella y sus hermanas fueron criadas por su abuela. Actualmente es maestra de escuela.

Tadayoshi Ogawa
Nació el 23 de marzo de 1944. Recibió el impacto de la bomba cuando tenía 1 año, en Nagasaki, donde vive. El día en que cayó la bomba su familia se encontraba fuera de la ciudad y cuando regresaron, recibieron los efectos de la radiación. Se dedica a la fotografía y todos los años toma fotos de Nagasaki a las 11.02 horas del día 9 de agosto (momento exacto en que EEUU lanzó la bomba contra su ciudad).

http://www.cubadebate.cu


WWW.SANDINOVIVE.INFO
http://difusionrebelde.blogspot.com/

viernes, 12 de agosto de 2011

DOCUMENTAL: Hiroshima tras la bomba


Descripción del documental

El lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima el día 6 de agosto de 1945 cambió el mundo para siempre.

domingo, 7 de agosto de 2011

Bombas atómicas o nucleares: ¿12 mil megatones contra la Humanidad? . Por Pablo E. Barreto Pérez

Hiroshima y Nagasaki fueron evaporadas hace 66 años

Pablo E. Barreto Pérez

Hiroshima y Nagasaki fueron evaporadas, sí, convertidas en vapor y lluvia radiactiva por bombas atómicas o nucleares lanzadas desde un avión, los días 6 y 9 de agosto de 1945, respectivamente, por órdenes del presidente norteamericano genocida, ignorante y bestial, Harry Spencer Truman, quien inició en Estados Unidos imperialista y neocolonialista, la veloz y odiosa carrera de la fabricación de decenas de miles de bombas nucleares de uranio, de plutonio, de hidrógeno, o “termonucleares”, de neutrones y “sucias”, entre otras, hasta sumar actualmente entre 32 mil y 45 mil proyectiles explosivos de exterminio masivo, en poder del llamado “Club Nuclear”. Todo este terror contra la Humanidad en nuestra Madre Tierra.

Sí, la gran mayoría de seres humanos, animales domésticos, hierbas, matorrales y árboles de Hiroshima y Nagasaki, dos ciudades japonesas, todos los seres vivos, fueron evaporados por bombas atómicas o nucleares de 15 y 22 kilotones cada una.

Han pasado 66 años desde aquellos fatídicos días seis y nueve de agosto de 1945, cuando, de forma espantosa, por un infierno de explosión nuclear fueron asesinados alrededor de 250,000 seres humanos: niños, mujeres, ancianos, adolescentes, jóvenes y adultos, en Hiroshima y Nagasaki, en pleno día, mientras aquellos habitantes de estas ciudades caminaban presurosos por las calles hacia sus trabajos, o se disponían a trabajar dentro de sus viviendas, en escuela, universidades, centros industriales, cuarteles militares, universidades, etc..

Estados Unidos, su gobierno genocida, es el único que ha usado armas atómicas o nucleares para matar centenares de miles de seres humanos en dos ciudades japonesas, acontecimiento horrible, espantoso, que se conmemora o recuerda en todo el Mundo en los primeros días del mes de agosto de cada año.

Fuego nuclear de 10 millones de grados

Según profesionales físicos, especialistas en esta materia, en el centro de estas explosiones atómicas o nucleares se producen temperaturas inauditas de hasta 10 millones de grados centígrados, mientras el destello fulminante de la explosión es como soportar al unísono una luz brillantísima de decenas de soles, y al instante mismo una reacción en cadena que empuja con potencia colosal el aire y resto de gases meteorológicos hacia el cielo, y de esa manera aparece el característico hongo blanco subiendo hacia las nubes.

Las bombas atómicas o nucleares que mataron a centenares de miles de seres humanos en Hiroshima y Nagasaki eran apenas de 15 y 22 kilotones. Hoy son de hasta 20 megatones o más, según lo que he leído en publicaciones extranjeras: revistas, periódicos, boletines de agencias noticiosas y en Internet. Es decir, hoy estas bombas atómicas o nucleares son un millón de veces más potentes, por supuesto, fueron fabricadas para matar gente, seres humanos, como en Hiroshima y Nagasaki

¿Qué nos parece este horror, este terror, esta posibilidad de exterminio masivo en contra de la Humanidad y la vida en nuestra Madre Tierra?

¿12 mil megatones contra la Humanidad?

Publicaciones especializadas en revistas como “Muy Interesante”, en libros y multitud de artículos en Wikipedia y en Internet, aseguran que el arsenal atómico o nuclear en poder del llamado Club Nuclear es de entre 32 mil y 45 mil bombas atómicas y nucleares, las cuales tienen o tendrían una potencia, todas juntas, de 12 mil megatones, suficiente infierno explosivo para exterminar masivamente unas diez veces a la Humanidad de siete mil millones de habitantes, ha sostenido por su lado Fidel Castro Ruz en varias ocasiones.

De acuerdo con esas publicaciones mencionadas, los propios miembros del Club Nuclear, integrado por Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, China, India y Pakistán, han admitido, en la década del 2000, que tenían aproximadamente, entre todos, unas 32 mil cabezas nucleares.

En “Muy Interesante”, de un mes del 2006, se publica que Estados Unidos admitía tener activas, en silos, submarinos, aviones y buques de guerra móviles, un total de 10, 500 bombas atómicas o nucleares; Rusia, 18,000; Reino Unido, 200; Francia, 350; China, 400; India, 90; Pakistán 52.

Sin embargo, en estas mismas publicaciones se sostiene que en realidad el arsenal atómico de exterminio masivo es mucho mayor, y que aparentemente los acuerdos para el desarme total, pactados con las Naciones Unidas a través de la Comisión de Energía Atómica, sólo han sido una especie de “juego de piernas”, porque el gobierno norteamericano sigue desplazando armas atómicas en Europa y por el mundo entero, especialmente donde tiene casi 1,000 bases militares, para continuar chantejeando a la Humanidad como ya lo hicieron descarada y malvadamente al lanzar las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki y continuaron amenazando con usarlas contra la Unión Soviética y el régimen socialista europeo durante la “guerra fría”, que ellos mismos, los gobernantes gringos, fabricaron para meter miedo o terror en todo el Planeta.

¿Régimen sionista también tiene bombas atómicas?

Quienes cuestionan estos asuntos de la “no disminución y destrucción del arsenal nuclear”, sostienen que más bien el gobierno genocida de Estados Unidos le ha facilitado, presuntamente, más de 200 de estas bombas nucleares al régimen sionista criminal de Israel, para que mantenga activado el terror contra Palestinos y en todo el Medio Oriente.

En noticias internacionales recientes se ha venido sosteniendo asimismo que el mismo gobierno de Estados Unidos también le ha suministrado bombas nucleares al régimen italiano, ¿con qué fines?

También han abundado las denuncias de que el gobierno socialista de Corea del Norte tiene, presuntamente, varias bombas nucleares en su poder, mientras se han calentado las relaciones entre Corea del Sur y Corea del Norte.

Asimismo, en esas publicaciones internacionales mencionadas se sostiene que Japón, aspirante a convertirse en potencia nuclear, presuntamente tiene igualmente intenciones de fabricar bombas atómicas, pues tiene grandes posibilidades, debido a que fabrica grandes cantidades de combustible nuclear “enriquecido” por el funcionamiento de numerosas centrales de energía nuclear.

Es conocido en todo el Planeta que el gobierno genocida de Estados Unidos ha manipulado como le ha antojado al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y a la ONU misma, desde que esta fue fundada por ellos e instalada por ellos en territorio norteamericano, al mismo tiempo que iniciaron veloz carrera, desde 1945, para construir bombas nucleares cada vez más potentes, ¿para qué?, ¿para seguir matando seres humanos de forma masiva como hicieron en Hiroshima y Nagasaki?

¿Revancha o venganza por Pearl Harbor?

En aquellos días de agosto de 1945, un poco después de esta matanza genocida en Hiroshima y Nagasaki, el propio Harry Spencer Truman, hombre ignorante, vengativo primitivo y bestial, argumentó en un discurso leído a la nación norteamericana que el lanzamiento de ambas bombas atómicas fue en venganza por el ataque japonés a Pearl Harbor (Puerto en Hawai, Océano Pacífico, robado por Estados Unidos), para que Japón se rindiera, para que se supiera que Estados Unidos tenía este tipo de bombas, y anunció que se continuarían fabricando en grandes cantidades y más potentes. Allí está su discurso apocalíptico en libros de Historia, en Internet y en sus periódicos privados monopólicos norteamericanos.

También se argumentó que los nazifascistas alemanes genocidas, encabezados por Hitler, terrorista por naturaleza y criatura monstruosa del imperialismo más reaccionario, estaban ya fabricando en secreto este tipo de bombas atómicas.

Japón estaba virtualmente vencido. No tenía escapatoria. Los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, incluyendo Estados Unidos, tenían a Japón acorralado, pues los regímenes nazifascistas alemán e italiano ya habían sido vencidos.

La matanza planificada cuidadosamente por el presidente Truman y su aparato militar norteamericano, con exterminio masivo al instante, con un infierno de fuego atómico o nuclear de centenares de miles o millones de grados en el centro de la explosión, jamás sufrido por ser humano alguno, ocurrió hace 66 años en Hiroshima y Nagasaki, y si eso volviera a ocurrir, sería, repito, un millón o varios millones de veces peor que en agosto de 1945, pues los fabricantes de estas bombas terríficas pareciera que tienen el alma conquistada por el demonio mismo en contra de la existencia de la Humanidad entera y de la vida misma en nuestra Madre Tierra.

La bomba atómica (de uranio 235) lanzada y explotada contra Hiroshima era de tan sólo 15 kilotones, ocurrida el seis de agosto a las ocho y 15 minutos de la mañana, bajo un sol radiante. La bomba lanzada contra Nagasaki era de 22 kilotones, a las once y un minuto de la mañana.

El piloto y su copiloto, era un avión bombardero B-52, describieron que la bomba atómica o nuclear explotó a 600 metros de altura sobre Hiroshima. Detonó junto encima, en dirección al suelo diría yo, de la Clínica Quirúrgica de Shima, y al instante la temperatura, en el centro de la explosión nuclear, se elevó a un millón de grados centígrados.

Hongo de fuego atómico de 3,500 metros de diámetro

Creó una bola o torbellino infernal de fuego atómico de 274 metros de diámetro, y al mismo tiempo un hongo de fuego se extendió a 3, 500 metros de diámetro, mientras el enorme poder reactivo expansivo de los 15 kilotones, más fuego a varios miles de grados centígrados, devoraba y evaporaba los cuerpos de decenas de miles de seres humanos, animales domésticos, árboles, hierbas y matorrales, mientras centenares de edificios y decenas de miles de casas eran asimismo derrumbados por la explosión y arrasados por el fuego.

Todo esto ocurrió en segundos, mientras un hongo brillantísimo, como de unas decenas soles juntos brillando o lanzando su luz hacia el cielo, se elevaba hasta los 800 metros de altura, y cuando ese hongo se fue disipando en pocos minutos, comenzó a caer una lluvia negra, radiactiva, que era al mismo tiempo, parte de lo que el fuego atómico había disuelto en la superficie de Hiroshima.

Según los mismos pilotos que lanzaron esa bomba atómica sobre Hiroshima, encabezados por el capitán Robert Lewis, la explosión rompió vidrios y ventanas y se sintió una vibración fuerte y prolongada en un radio de 16 kilómetros de distancia.

160 mil muertos al instante

Los informes posteriores indican que 80,000 seres humanos murieron al instante, y 70,000 fallecieron al siguiente día, en los días siguientes, debido a que los cuerpos tenían quemaduras espantosas, imaginémonos quemaduras por varios miles de grados centígrados, en pieles sensibles de los seres humanos y animales domésticos.

En Nagasaki, la bomba atómica de 22 kilotones (de plutonio 239) explotó a 469 metros de altura, a las once de la mañana con un minuto del nueve de agosto, de 1945, tres días después de Hiroshima. Fue más dañina, pues explotó más cerca del suelo, encima de la Ciudad de Nagasaki. Aquí, en Nagasaki, la destrucción fue total, pues, según los registros en libros, revistas y periódicos, en Wikipedia y en Internet, los puertos, centros industriales, fábricas, escuelas, cuarteles militares y casas, eran casi totalmente de madera, con piso de azulejo.

Al instante hubo 80,000 muertos, y otros 40,000 al siguiente día en y en días posteriores. Esta bomba atómica era más potente, de 22 kilotones.

Y los muertos continuaron en años posteriores, y siguen apareciendo afectados por cáncer y leucemia, como consecuencia de las radiaciones atómicas, las cuales continuaron cayendo después en forma de “lluvias radiactivas”, “lluvias negras”.

Poco después de este genocidio bestial, la Unión Soviética, varias naciones europeas y un Comité de Energía Atómica en Estados Unidos, propusieron a Truman paralizar todo tipo de trabajos e investigaciones que llevaran a continuar fabricando estas armas atómicas de exterminio masivo.

Maratónica carrera atómica iniciada por Truman

No hubo medio. Harry Spencer Truman, presidente de Estados Unidos, demócrata y “cristianísimo” como ningún otro, ignorante, arrogante y borracho de poder por el miedo impuesto por el uso de las dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, y juntando los intereses guerreristas y clasistas brutales de oligarcas y militares de Estados Unidos, más bien ordenó que se acelerase la carrera ya veloz para continuar fabricando bombas atómicas o nucleares.

Truman, repito, se negó a paralizar estos proyectos diabólicos, o infernales en contra de la Humanidad. En el gobierno de Estados Unidos hasta se hablaba de la “diplomacia atómica”, es decir, ya se chantejeaba al resto del Mundo con la existencia y la posibilidad de uso de estas bombas nucleares, como ya se había hecho en Hiroshima y Nagasaki.

Ante esta amenaza del desalmado gobierno imperialista norteamericano, el régimen socialista soviético también inició veloz carrera, en 1949, para fabricar bombas atómicas cada vez más potentes, con el argumento, justificado o no, de que en el mundo capitalista, especialmente entre los jefes del imperialismo en general, tenían como planes exterminar a la Unión Soviética y a su régimen socialista, el cual había enfrentado ya una guerra cruel de las potencias imperialistas y sus aliados contrarrevolucionarios rusos internos entre 1917 y 1921.

Gran Bretaña, madrecita colonial de Estados Unidos, corrió asimismo y apareció haciendo pruebas de bombas nucleares, en 1952 y 1957, en territorio australiano, antigua colonia del Reino Unido, la cual sigue siendo dominada por los ingleses.

Francia hizo explotar bombas atómicas en el Desierto de Sahara, ante lo cual protestaron países africanos. El mismo gobierno francés hizo ensayos con superbombas nucleares en el Océano Pacífico, no importándoles cuántos animales marinos podían matar y de cómo alteraban la ecología en el Océano.

En China los ensayos de bombas atómicas se produjeron en 1964 y 1967. En la India en 1974.

Por supuesto, el más acelerado en esta fiebre de poseer arsenales atómicos de exterminio masivo, era el gobierno de Estados Unidos, y fueron famosos los ensayos en el Desierto de Arizona, en Montana, en las cercanías del Golfo de México, en la Islas Marshal, donde, en 1946, una superbomba de hidrógeno, de 10 megatones, dejó un cráter o hueco de dos kilómetros de diámetro.

Ensayos atómicos fatales en Océano Pacífico

Allí mismo, en las Islas Marshal, en el Océano Pacífico, de las cuales se apoderó Estados Unidos, en los Atolones Bikini y Rongelap, se hicieron otros ensayos de explosiones de bombas atómicas o nucleares. Estos ensayos dejaron resultados fatales para varios centenares o miles de pobladores que vivían en Rongelap. Lluvias ácidas y polvo amarillo radiactivo les caían constantemente encima y los estaba matando a todos. Tuvieron que ser evacuados de Rongelap hacia otros lados del Océano Pacífico.

Actualmente, se conoce que Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Rusia, por ejemplo, tienen estos arsenales atómicos o nucleares en silo o plataformas en sus territorios respectivos, listos, para dispararlos desde esos silos con cohetes o máquinas voladoras poderosas de largo alcance, de alcance medio y alcance corto.

Asimismo, estas armas de exterminio masivo las tienen montadas en submarinos, en barcos de guerra, en aviones y colocadas en bases militares suyas en el extranjero. Es muy conocido por el Mundo entero que Estados Unidos y la Organización del Atlántico Norte (OTAN) tienen asimismo desplegados estos arsenales nucleares en Europa, particularmente en Alemania.

Como es sabido en el mundo entero, la ONU ha estado abogando de manera permanente para que este arsenal nuclear, de exterminio masivo, sea desarmado y destruido definitivamente, pues a la hora de un enfrentamiento con estas bombas, sencillamente la Humanidad estaría en peligro de desaparecer, incluyendo a los miembros del mismo Club Nuclear mencionado.

“Guerra de las Galaxias” del brutal Ronald Reagan

Recuerdo que en 1984, Ronald Reagan, presidente gringo tan brutal e ignorante como Bush y Truman, amenazó al mundo entero hasta con la llamada “Guerra de las Galaxias”, es decir, una guerra con estas armas de exterminio masivo en el espacio.

La Humanidad como tal jamás ha promovido guerras, ni colonizaciones, ni agresiones e invasiones militares. Quienes han promovido guerras han sido los colonizadores y neocolonizadores voraces, las potencias capitalistas o imperialistas actuales, que siempre han buscado cómo repartirse al Mundo, a las naciones pobres o en subdesarrollo económico, por la fuerza, y ese ha sido el espíritu geodominante del gobierno norteamericano.

Los seres humanos, los siete mil millones que somos actualmente, en 2011, abogamos por vivir en Paz y, por supuesto, le pedimos al Consejo de Seguridad y a la ONU misma que continúe las gestiones para que nadie en nuestra Madre Tierra tenga ni la más mínima posibilidad de usar nuevamente ni una sola bomba atómica o nuclear, pues ya vimos los resultados espantosos ocurridos hace 66 años en Hiroshima y Nagasaki, lo cual jamás debió ocurrir.

Vaya por este medio nuestro homenaje sincero a aquellas varias centenares de miles de víctimas del infierno atómico desatado entonces por la locura vengativa de Harry Spencer Truman, presidente de Estados Unidos.

Agosto del 2011.