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miércoles, 10 de agosto de 2016

DOCUMENTAL: "Bajo la nube de Hiroshima".

Cada año se inscriben nuevos nombres en la lista de las víctimas de los bombardeos, que siguen muriendo. Son ya cerca de 380 mil. Sus voces se apagan ante un mundo sordo que acumula 15.850 cabezas nucleares y el propio gobierno japonés, que acaba de promover la aprobación de una ley para volver a la guerra.

Mucha gente recuerda los nombres de Hiroshima y Nagasaki por su destino trágico y guarda la imagen abstracta de una enorme nube en forma de hongo durante las explosiones. Pero poco se conocen los rostros bajo la nube.

Solamente ellos, los llamados “hibakusha”, aquellos que estaban en Hiroshima y Nagasaki los días 6 y 9 de agosto de 1945 podrían hablar del “infierno sobre la Tierra”. Sólo aquellos que soportaron 4 mil grados centígrados, una lluvia de partículas radiactivas y perdieron en unos segundos toda la piel, podrían decirle al mundo qué hay bajo una explosión atómica.

Sus historias son incómodas. Son el resultado más perverso de una guerra que involucró a gran parte del mundo. Son la peor cara del poder nuclear desarrollado por los científicos más brillantes del siglo XX. Son un compendio de males radiactivos a partir de lo que el mundo moderno explota como una rica fuente de energía. Son el eco de los fantasmas de miles de víctimas inocentes, de niños que nunca conocieron la paz.

Paradójicamente, Hiroshima atrae al mundo. El Museo de la Paz en esta ciudad ha sido durante varios años el sitio más visitado por los extranjeros que llegan a Japón, según datos del portal Trip Advisor y fuentes de turismo.
La vida moderna de Tokio, la belleza de las tradiciones en Kyoto o las playas de Okinawa, son llamativas pero ¿qué buscan los que visitan Hiroshima? ¿qué encuentran? ¿horror, compasión, cercanía? ¿conciencia? O acaso la revisión de un capítulo histórico que la humanidad cerró sin concluir.

Si Hiroshima y Nagasaki son la muestra de que dos bombas pueden arrasar dos ciudades completas ¿qué podemos esperar en la actualidad, con casi 16 mil armas mucho más potentes repartidas por todo el planeta? Si estas armas -dice la historia oficial- son necesarias para acabar las guerras ¿qué fin le depara a un mundo moderno con decenas de enfrentamientos en todas las latitudes?

En contraste con la atención mundial, todavía quedan japoneses alejados de Hiroshima y Nagasaki en muchos sentidos.

Algunos, por falta de interés. Otros, por un prejuicio que todavía despierta temores a relacionarse con los “hibakusha” o sus familias, por considerarlos portadores de malformaciones genéticas. Uno de los mitos más difundidos ante la desinformación y el desconocimiento es precisamente el de las anomalías genéticas. Más allá de los efectos en quienes fueron expuestos a las radiaciones de la bomba, incluso como fetos, no hay pruebas de trastornos heredados en las siguientes generaciones, según Nori Nakamura, científico de la Fundación para la Investigación de los Efectos Radiactivos.

Otros japoneses simplemente no han tenido información suficiente ni en sus textos escolares, ni en los medios de comunicación, por lo que algunos reconocen que falta mucho por aprender.

Una luz de esperanza sobre este tema se abre con los jóvenes. Un estudio del Instituto de Investigaciones Culturales de la cadena informativa NHK decía que en el año 2010 solamente 27 por ciento de la población japonesa recordaba las fechas de los acontecimientos de Hiroshima y Nagasaki. Entre ellos, curiosamente, los más enterados eran jóvenes de entre 20 y 30 años.



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Documental : Hiroshima y Nagasaki la Verdad sobre las Bombas Atomicas

Los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki fueron ataques nucleares ordenados por Harry S. Truman, presidente de los Estados Unidos, contra el Imperio del Japón. Los ataques se efectuaron el 6 y el 9 de agosto de 1945, formando parte del fin de la Segunda Guerra Mundial. Después de seis meses de intenso bombardeo de otras 67 ciudades, el arma nuclear Little Boy fue soltada sobre Hiroshima el lunes1 6 de agosto de 1945,2 seguida por la detonación de la bomba Fat Man el jueves 9 de agosto sobre Nagasaki. Hasta la fecha, estos bombardeos constituyen los únicos ataques nucleares de la historia.3

Se estima que hacia finales de 1945, las bombas habían matado a 166 000 personas en Hiroshima y 80 000 en Nagasaki,4 totalizando unas 246 000 muertes, aunque sólo la mitad falleció los días de los bombardeos. Entre las víctimas, del 15 al 20 % murieron por lesiones o enfermedades atribuidas al envenenamiento por radiación.5 Desde entonces, algunas otras personas han fallecido de leucemia (231 casos observados) y distintos cánceres (334 observados) atribuidos a la exposición a la radiación liberada por las bombas.6 En ambas ciudades, la gran mayoría de las muertes fueron de civiles.7 8

Seis días después de la detonación sobre Nagasaki, el 15 de agosto, Imperio del Japón anunció su rendición incondicional frente a los «Aliados», haciéndose formal el 2 de septiembre con la firma del acta de capitulación. Con la rendición de Japón, concluyó la Guerra del Pacífico y por tanto, la Segunda Guerra Mundial. Como consecuencias de la derrota, el Imperio nipón fue ocupado por fuerzas aliadas lideradas por los Estados Unidos —con contribuciones de Australia, la India británica, el Reino Unido y Nueva Zelanda— y adoptó los «Tres principios antinucleares», que le prohibían poseer, fabricar e introducir armamento nuclear.