| Autor: Red Voltaire |
Secci贸n: L铆nea Global
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29 Abril 2011
En el libro La route vers le nouveau d茅sordre mondial, el profesor Peter Dale Scott recorre la historia del “Estado profundo” en Estados Unidos: la estructura secreta que dirige la pol铆tica exterior y la pol铆tica de defensa de ese pa铆s, m谩s all谩 de las apariencias democr谩ticas. En entrevista, el autor retoma la discusi贸n sobre el grupo que organiz贸 los atentados del 11 de septiembre de 2001 y que se financia a trav茅s del tr谩fico mundial de droga
Maxime Chaix / Anthony Spaggiari / Red VoltaireRed Voltaire (RV): Profesor Scott, ¿pudiera usted proporcionar una definici贸n de “la pol铆tica profunda” y explicar la diferencia entre lo que usted llama el “Estado profundo” y el “Estado p煤blico”?
El Estado para el que se cometen cr铆menes no es un Estado que puede mostrar su propia mano al p煤blico. Es un Estado escondido, una estructura secreta.
En Turqu铆a lo llamaron el “Estado profundo”, y yo mismo ven铆a hablando desde hace tiempo de la “pol铆tica profunda”, as铆 que utilic茅 esa expresi贸n en mi libro La route vers le nouveau d茅sordre mondial [El camino hacia el nuevo desorden mundial].
Defin铆 la pol铆tica profunda como el conjunto de pr谩cticas y de disposiciones pol铆ticas, intencionales o no, habitualmente criticadas o no mencionadas en el discurso p煤blico, adem谩s de no reconocidas. Es decir que la expresi贸n “Estado profundo” no es cosa m铆a. Se refiere a un gobierno paralelo secreto, organizado por los aparatos militares y de inteligencia, financiado por la droga, que se implica en acciones de violencia de car谩cter il铆cito para proteger el estatus y los intereses del ej茅rcito de las amenazas que representan los intelectuales, los religiosos y, en ocasiones, el gobierno constitucional.
En La route vers le nouveau d茅sordre mondial, adapto un poco esa expresi贸n para referirme a la m谩s amplia conexi贸n que existe, en Estados Unidos, entre el Estado p煤blico constitucionalmente establecido y las fuerzas profundas que se mueven en segundo plano de ese Estado: las fuerzas de la riqueza, del poder y de la violencia que est谩n fuera del gobierno.
Esa conexi贸n podr铆amos llamarla la “puerta trasera” del Estado p煤blico, [puerta] que sirve de acceso a fuerzas oscuras situadas fuera del marco legal.
La analog铆a con Turqu铆a no es perfecta, ya que lo que actualmente hemos observado en Estados Unidos no es tanto una estructura paralela, sino una amplia zona o ambiente de contactos entre el Estado p煤blico y fuerzas oscuras invisibles. Pero esa conexi贸n es considerable, y se necesita una apelaci贸n como “Estado profundo” para describirla.
RV: Usted escribi贸 La route vers le nouveau d茅sordre mondial en momentos en que el r茅gimen de Bush se hallaba en el poder y despu茅s lo reactualiz贸 con vistas a la traducci贸n al franc茅s. ¿Piensa usted que el Estado profundo se ha debilitado, lo cual favorecer铆a al Estado p煤blico, como resultado de la elecci贸n de Barack Obama? ¿O, por el contrario, se ha reforzado con la crisis y con la actual administraci贸n?
PDS: Despu茅s de dos a帽os del gobierno de Obama, la influencia del Estado profundo, o m谩s exactamente de lo que yo llamo en mi 煤ltimo libro La m谩quina de guerra estadunidense, ha seguido existiendo, como lo ha hecho bajo cada presidente de Estados Unidos desde la 茅poca de Kennedy.
Un importante s铆ntoma de ello es la manera en que Obama, a pesar de su ret贸rica de campa帽a, ha seguido ampliando el campo de aplicaci贸n del secreto dentro del gobierno de Estados Unidos y c贸mo ha seguido castigando a quienes lanzan llamados de alerta: su campa帽a contra Wikileaks y contra Julian Assange –quien no ha sido inculpado a煤n por el menor crimen– no tiene precedentes en la historia de Estados Unidos. Sospecho que el miedo a la publicidad que se percibe en Washington viene de que existe la conciencia de que las pol铆ticas de guerra de Estados Unidos est谩n cada vez m谩s desvinculadas de la realidad.
En Afganist谩n, Obama parece haber capitulado ante los esfuerzos del general Petraeus y de otros generales que quer铆an garantizar que las tropas estadunidenses no comenzaran a retirarse de las zonas de combates en 2011, como hab铆a adelantado Obama cuando autoriz贸 un aumento del n煤mero de soldados en 2009. El 煤ltimo libro de Bob Woodward, Las guerras de Obama, reporta que durante aquel largo combate que se produjo dentro de la administraci贸n para determinar si hab铆a que decidir una escalada militar en Afganist谩n, Leon Panetta, el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en ingl茅s), le aconsej贸 a Obama que “ning煤n presidente democr谩tico puede ir en contra de los consejos del ej茅rcito… As铆 que h谩galo. Haga lo que ellos le dicen”. Obama dijo recientemente a soldados estadunidenses en Afganist谩n: “Ustedes cumplen sus objetivos, ustedes tendr谩n 茅xito en su misi贸n”. Este eco de testimonios anteriores –tontamente optimistas– de Petraeus muestra por qu茅 no se hizo en la Casa Blanca una evaluaci贸n realista del desarrollo de la guerra en diciembre de 2010, a pesar del mandato recibido inicialmente.
Al igual que Lyndon Johnson antes que 茅l, el presidente est谩 atrapado ahora en un cenagal que no se atreve a perder, y que amenaza con extenderse a Pakist谩n, as铆 como a Yemen, si no m谩s lejos a煤n. Sospecho que las fuerzas profundas que dominan los dos partidos pol铆ticos son ahora tan poderosas, tan coincidentes y, sobre todo, est谩n tan interesadas en las ganancias que la guerra genera, que un presidente est谩 m谩s lejos que nunca de oponerse a ese poder, ni siquiera ahora cuando se hace cada vez m谩s evidente que la era de dominaci贸n mundial de Estados Unidos –al igual que sucedi贸 en su tiempo con la de Gran Breta帽a– est谩 a punto de terminar.
En 2009, el excongresista Dan Hamburg y yo lanzamos una exhortaci贸n p煤blica al presidente Obama para que pusiera fin al estado de urgencia y llamamos al Congreso a que realizara las audiencias que su responsabilidad requiere. Pero el 10 de septiembre de 2009, Obama, sin la menor discusi贸n, prolong贸 nuevamente el estado de urgencia del 11 de septiembre y lo hizo de nuevo al a帽o siguiente. Mientras tanto, el Congreso ha seguido ignorando las obligaciones que le impone su propio estatuto.
Un congresista explic贸 a uno de sus electores que lo previsto en la National Emergencies Act se ha hecho inoperante por causa de la Continuidad del Gobierno (Cog, por su acr贸nimo en ingl茅s), un programa ultrasecreto destinado a organizar la direcci贸n del Estado en caso de situaci贸n de urgencia nacional. El programa de la Cog fue parcialmente aplicado el 11 de septiembre por Dick Cheney, uno de los principales arquitectos de ese programa, desarrollado dentro de un comit茅 que opera fuera del gobierno regular desde 1981. De ser cierto que las disposiciones de la National Emergencies Act se han hecho inoperantes por causa de la Cog, indicar铆a que el sistema constitucional de contrapoderes ya no se aplica en Estados Unidos, y que los decretos secretos predominan ahora sobre la legislaci贸n p煤blica.
RV: En ese contexto, ¿por qu茅 el Congreso de Estados Unidos no desempe帽a su papel en la limitaci贸n de los poderes secretos que se instaur贸 despu茅s del Watergate? ¿Qu茅 consecuencias tuvieron entonces la expulsi贸n de Nixon y el fortalecimiento de la supervisi贸n del Congreso sobre las operaciones secretas de los servicios de inteligencia estadunidenses?
PDS: La estrategia de Nixon para Vietnam consisti贸 en tratar de obtener el apoyo del bando opuesto llegando a acuerdos estrat茅gicos tanto con la Uni贸n Sovi茅tica como con China. Esto encontr贸 una violenta oposici贸n tanto de los “halcones” como de las “palomas” en el seno de una naci贸n profundamente dividida. Creo que los “halcones” provenientes tanto de la CIA como del Pent谩gono fueron part铆cipes de la crisis fabricada del Watergate, que dio lugar a la dimisi贸n forzosa de Nixon.
Despu茅s del Watergate, las “palomas” del Congreso –al que se aplic贸 por entonces el sobrenombre de McGovernite– de 1974 implantaron cierto n煤mero de reformas en nombre de pol铆ticas m谩s abiertas y p煤blicas, aboliendo un estado de urgencia que se hab铆a mantenido desde la 茅poca de la guerra de Corea y estableciendo las restricciones jur铆dicas y legislativas sobre la CIA y sobre otros aspectos del gobierno secreto. Esas reformas tuvieron como respuesta una movilizaci贸n concertada tendiente a revertirlas y a restablecer el statu quo.
Aquel debate pol铆tico implicaba la existencia, en el seno de la direcci贸n del pa铆s, de un desacuerdo entre los llamados “negociantes” y los “prusianos”, y la cuesti贸n era saber si, despu茅s del fiasco de Vietnam, Estados Unidos deb铆a esforzarse por volver a su anterior papel de naci贸n prominentemente comerciante o si deb铆a responder a la derrota de Vietnam con un aumento suplementario de sus fuerzas armadas.
Aquella lucha burocr谩tica e ideol贸gica fue, a la vez, una lucha por el control del Partido Republicano. Aquello termin贸 provocando la ca铆da de Nixon y el gradual redireccionamiento –durante la presidencia de Ford– de la pol铆tica exterior de Estados Unidos de coexistencia pac铆fica con la Uni贸n Sovi茅tica hacia planes tendientes a debilitar y, posteriormente, a destruir –bajo la administraci贸n de Reagan– lo que este 煤ltimo llam贸 “el imperio del mal”. Fue as铆 como, en octubre de 1975, la implicaci贸n muy probable de Dick Cheney y de Donald Rumsfeld en la revoluci贸n palaciega, que los historiadores designan como “Masacre de Halloween”, signific贸 la derrota del republicanismo moderado de Nelson Rockefeller. Aquello signific贸 esencialmente la reorganizaci贸n del equipo de Ford, preparando as铆 el fin de la distensi贸n.
Hoy en d铆a, estamos sometidos a un nuevo estado de urgencia ampliado, y la supervisi贸n del Congreso sobre las operaciones secretas del Estado profundo de Estados Unidos se ha hecho casi inexistente. Por ejemplo, la supervisi贸n con mandato jur铆dico del Congreso sobre las operaciones secretas de la CIA se ha evitado con 茅xito gracias a la creaci贸n, en 1981, del Joint Special Operations Command en el Pent谩gono, al igual que la supervisi贸n sobre las operaciones que dirigi贸 el general Stanley McChrystal antes de su nombramiento como comandante de las tropas de la Organizaci贸n del Tratado del Atl谩ntico Norte (OTAN) en Afganist谩n.
RV: En su anterior respuesta, mencion贸 brevemente el importante papel de George Bush padre en el sabotaje de la pol铆tica de distensi贸n que hab铆a desarrollado Kissinger. Fue, sin embargo, muy breve el periodo de Bush a la cabeza de la CIA. ¿El reemplazo de George H W Bush por el almirante Stanfield Turner, m谩s moderado, a la cabeza de esa Agencia increment贸 el control de las operaciones secretas de los diferentes elementos del Estado profundo de Estados Unidos?
PDS: No, en lo absoluto. Sucedi贸 lo contrario, ya que ciertos actores clave de lo que acabo de explicar, ya excluidos de la CIA como consecuencia de la nominaci贸n del almirante Turner, se buscaron una nueva “casa” y trabajaron para el Safari Club. 脡sta era una organizaci贸n secreta fuera de todo control que reun铆a a los directores de los servicios de inteligencia de numerosos pa铆ses –como Francia, Egipto, Arabia Saudita e Ir谩n. Estimulada esencialmente por el entonces director del espionaje franc茅s, Alexandre de Marenches–. Esta organizaci贸n ten铆a como objetivo completar secretamente las acciones de la CIA mediante la realizaci贸n de otras operaciones anticomunistas en 脕frica, Asia Central y Medio Oriente, operaciones que escapaban a todo control del Congreso estadunidense.
Despu茅s, en 1978, Zbigniew Brzezinski –que no era miembro del Safari Club– desarroll贸 una forma de escapar al control del almirante Turner mediante la creaci贸n de una unidad especial de la Casa Blanca con Robert Gates, el actual secretario de Defensa, que era por aquel entonces un joven agente operacional de la CIA. Bajo la direcci贸n de Brzezinski, oficiales de la CIA se aliaron a la agencia de inteligencia de Ir谩n –la Organizaci贸n de Seguridad e Inteligencia Nacional– para enviar agentes islamistas a Afganist谩n, desestabilizando as铆 aquel pa铆s. Esto condujo a la invasi贸n sovi茅tica de Afganist谩n en 1980.
La siguiente d茅cada, que se caracteriz贸 por la implicaci贸n secreta de la CIA en Afganist谩n, fue determinante en la transformaci贸n de aquel pa铆s en un vivero de cultivo de la amapola del opio, del tr谩fico de hero铆na y del islamismo yihadista.
Hay muy buenos libros sobre ese tema –uno por Tim Weiner, el otro por John Prados–. Pero, como se dirigieron a oficiales de la CIA que les mostraron s贸lo algunos documentos que acababan de ser desclasificados, esos autores no hablan de la droga en sus libros.
La conexi贸n de los narc贸ticos es tan profunda que no se menciona en los documentos de la CIA que se han hecho p煤blicos. Pero la cooperaci贸n de la CIA, dirigida por William Casey desde 1981, con el banco de la droga Bank of Credit and Commerce International (BCCI), estimul贸 la creaci贸n en Afganist谩n de una inmensa narcoeconom铆a, cuyas consecuencias desestabilizadoras ayudan a explicar por qu茅 hay soldados de la OTAN, afganos y pakistan铆es muriendo diariamente en esos lugares.
Este banco fue un factor primordial en la creaci贸n de conexiones con gente como Gulbuddin Hekmatyar, probablemente el principal traficante de hero铆na del mundo entero en la d茅cada de 1980. Se convirti贸 [Hekmatyar] en el principal beneficiario de la generosidad de la CIA, que se complet贸 con una suma similar de dinero proveniente de Arabia Saudita. ¡Hay algo terriblemente nefasto en este tipo de situaci贸n!
RV: En 1976, Jimmy Carter fue electo con base en un programa de reducci贸n de los gastos militares y de distensi贸n con la Uni贸n Sovi茅tica, lo que en realidad no se concret贸 en los cuatro a帽os de su mandato. ¿Puede usted explicarnos por qu茅? ¿Ser谩 que su consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, desempe帽贸 alg煤n papel en aquella pol铆tica exterior, sensiblemente m谩s agresiva que lo que se esperaba?
PDS: Los medios de difusi贸n presentaban a Carter como un candidato populista, como un granjero sure帽o cultivador de man铆. Pero la realidad profunda era que Carter hab铆a sido preparado para la presidencia por Wall Street, particularmente por la Comisi贸n Trilateral, financiada a su vez por David Rockefeller y dirigida por Zbigniew Brzezinski.
Brzezinski, un polaco furiosamente antisovi茅tico, se convirti贸 entonces en el consejero de Seguridad Nacional de Carter. Y desde el principio de aquel mandato [Brzezinski], interfiri贸 continuamente al secretario de Estado Cyrus Vance para mantener una pol铆tica exterior m谩s vigorosamente antisovi茅tica. En ese aspecto, Brzezinski actu贸 en contra de los objetivos planteados de la Comisi贸n Trilateral, de la que el presidente Carter hab铆a sido miembro.
La idea subyacente de la Comisi贸n Trilateral era una imagen m谩s bien atrayente de un mundo multipolar en el que Estados Unidos hubiese desempe帽ado un papel de mediador entre el Segundo Mundo, es decir el bloque sovi茅tico, y el Tercer Mundo, que era lo que en aquel momento se designaba como los pa铆ses subdesarrollados o menos desarrollados ?yo detesto esa expresi贸n porque viv铆 en Tailandia y, en ciertos aspectos, ¡ellos est谩n mucho m谩s desarrollados que nosotros!
En resumen, al ser electo, Carter nombr贸 como secretario de Estado a un verdadero trilateralista, Cyrus Vance, y ten铆a como consejero de Seguridad Nacional a Zbigniew Brzezinski, quien estaba decidido a utilizar el Estado profundo para hacerle a la Uni贸n Sovi茅tica tanto da帽o como le fuera posible. Y la mayor parte de lo que se interpret贸 como los “茅xitos” del r茅gimen de Reagan claramente se inici贸 en la 茅poca de Brzezinski.
Fue una renuncia total de aquello a lo que se hab铆a comprometido la Comisi贸n Trilateral. El pobre Carter fue electo porque hab铆a prometido cortes en el presupuesto de Defensa y, antes de su salida [de la Casa Blanca], hab铆a metido al Departamento de Defensa en masivos aumentos presupuestarios que, una vez m谩s, fueron asociados a Reagan, aunque en realidad hab铆an comenzado antes.
Por consiguiente, una masiva campa帽a tendiente a un aumento de los presupuestos de defensa –campa帽a discretamente realizada por ricos industriales del aparato militar que actuaban a trav茅s del Comit茅 sobre el Peligro Presente– llev贸 a la opini贸n p煤blica estadunidense a fortalecer el esfuerzo de Brzezinski a favor de una presencia y de una pol铆tica exterior estadunidenses m谩s militantes, sobre todo en el Oc茅ano 脥ndico.
RV: Despu茅s de haber sido un hombre muy influyente con el presidente Gerald Ford, Dick Cheney –junto a su mentor Donald Rumsfeld y junto al vicepresidente George H W Bush– fue, a partir de la presidencia de Reagan, uno de los hombres claves del programa ultrasecreto Cog. ¿Puede usted explicarnos en qu茅 consiste ese programa? ¿Ya se ha aplicado, aunque sea parcialmente?
La Cog es otra de las cosas que se asocian a Reagan; pero aquellos planes en realidad comenzaron en la 茅poca de Carter, aunque es posible que este 煤ltimo nunca haya estado al corriente de ello. En efecto, Carter cre贸 la FEMA [la Agencia Federal de Manejo de Situaciones de Urgencia], que hist贸ricamente siempre fue la estructura de planificaci贸n de la Cog.
Lo que resulta bastante chocante es que, aunque los planes de la Cog son extremos, el Congreso no estaba al corriente de ellos en la d茅cada de 1980. S贸lo un peque帽o grupo –en el que se encontraban Oliver North, Dick Cheney y Donald Rumsfeld– estaba encargado de trabajar en esos planes, en virtud de una orden ejecutiva altamente secreta de Reagan emitida en 1981.
La cuesti贸n de la Cog se mencion贸 p煤blicamente por primera vez en 1987, durante las audiencias sobre el esc谩ndalo Ir谩n-Contras, cuando un miembro del Congreso, Jack Brooks, le pregunt贸 a Oliver North: “Coronel North, en el marco de su trabajo en el Consejo de Seguridad Nacional, ¿no le asignaron a usted en un momento dado la planificaci贸n de la Continuidad del Gobierno en caso de un desastre de envergadura?”. Agreg贸 el congresista Brooks: “Yo estaba particularmente preocupado, se帽or presidente, porque le铆 en varios diarios de Miami y en algunos m谩s que hab铆a un plan elaborado, por esta misma agencia, un plan de contingencia en caso de urgencia que suspender铆a la Constituci贸n de Estados Unidos. Aquello me inquiet贸 mucho y me pregunt茅 si era un aspecto en el cual hab铆a trabajado 茅l. Yo creo que as铆 es y quer铆a tener esa confirmaci贸n”.
El senador Inouye, director de aquella comisi贸n investigadora del Congreso, le respondi贸 con un poco de nerviosismo: “Con todo respeto, ¿puedo pedirle que no se toque ese tema en este momento? Si queremos abordarlo, estoy seguro que pueden hacerse arreglos para una sesi贸n ejecutiva”. Est谩 claro que las preguntas del congresista Brooks eran sobre la Continuidad del Gobierno. Aquellos arreglos para la realizaci贸n de una sesi贸n ejecutiva nunca tuvieron lugar.
Cheney y Rumsfeld –dos figuras claves del programa de la Cog– siguieron participando en esos planes y ejercicios, muy onerosos, a lo largo de dos d茅cadas sucesivas, incluso en momentos en que, hacia fines de la d茅cada de 1990, los dos eran directores de empresas privadas que nada ten铆an que ver con el gobierno. Se ha dicho que el nuevo blanco que sustituy贸 a la Uni贸n Sovi茅tica fue el terrorismo, pero algunos periodistas han mencionado que desde principios de la d茅cada de 1980 hab铆a importantes planes destinados a hacer frente al tipo de manifestaciones que, seg煤n la mentalidad de Oliver North y de otros como 茅l, hab铆an llevado a la derrota de Estados Unidos en Vietnam.
Nadie duda que los planes de la Cog se hayan aplicado parcialmente durante el 11 de septiembre de 2001, paralelamente a un estado de urgencia proclamado oficialmente. Este 煤ltimo sigue a煤n en vigor al cabo de nueve a帽os, a pesar de una ley posterior al Watergate que exige ya sea una aprobaci贸n o un cese de una urgencia nacional por parte del Congreso cada seis meses. Los planes de la Cog son un secreto celosamente guardado, pero en la d茅cada de 1980 hubo informes que se帽alan que esos planes implicaban medidas de vigilancia y detenciones sin mandato, as铆 como una militarizaci贸n permanente del gobierno. En cierta medida, esos cambios claramente se aplicaron despu茅s del 11 de septiembre.
No hay manera de determinar cu谩ntos cambios constitucionales ocurridos desde el 11 de septiembre pueden tener su origen en la planificaci贸n de la Cog.
Sabemos, sin embargo, que nuevas medidas de aplicaci贸n de la Cog fueron instauradas nuevamente en 2007, cuando el presidente Bush emiti贸 la National Security Presidential Directive 51 (Directiva Presidencial de Seguridad Nacional, o NSPD-51/HSPD-20). Esta directiva estipulaba lo que la FEMA posteriormente llam贸 “una nueva visi贸n para garantizar la continuidad de nuestro gobierno”, y fue seguida por un nuevo Plan de Desarrollo de la Pol铆tica de Continuidad Nacional.
La NSPD-51 invalid贸 tambi茅n la PDD 67, que era la directiva de la Cog del decenio anterior elaborada por Richard Clarke, quien era por aquel entonces el zar del contraterrorismo en Estados Unidos desde la 茅poca de Clinton. En fin, la NSPD-51 hizo referencia a nuevos “anexos clasificados sobre la continuidad”, se帽alando que deben “ser protegidos contra toda divulgaci贸n no autorizada”.
Bajo la presi贸n de algunos de sus electores que se hab铆an movilizado a favor de la apertura de una verdadera investigaci贸n sobre el 11 de septiembre, el congresista Peter DeFazio, miembro de la Comisi贸n sobre la Seguridad Interior, present贸 dos pedidos para consultar esos anexos.
Su primer pedido fue rechazado. DeFazio present贸 entonces un segundo pedido, mediante una carta firmada por el presidente de su Comisi贸n. El pedido fue rechazado de nuevo. Una vez m谩s, esto indicar铆a que el sistema constitucional de contrapoderes ya no se aplica en Estados Unidos y que los decretos secretos est谩n ahora por encima de la legislaci贸n p煤blica.
RV: En La route vers le nouveau d茅sordre mondial, usted afirma que la Comisi贸n Nacional Investigadora sobre el 11 de septiembre –cuyos miembros fueron nombrados por el gabinete de George W Bush y cuyo informe final fue redactado por el equipo del director ejecutivo Philip Zelikov– incurri贸 en repetidos enga帽os sobre el tema del 11 de septiembre, sobre todo en lo tocante a las actividades de Dick Cheney en aquella ma帽ana. ¿Puede usted explicar ese aspecto en particular?
PDS: Inicialmente, George W Bush se resisti贸 a toda investigaci贸n sobre el 11 de septiembre hasta que el Congreso impuso una Comisi贸n Investigadora, en respuesta a una eficaz campa帽a de las familias de las v铆ctimas. Thomas Kean y Lee Hamilton, directores de la Comisi贸n, prometieron p煤blicamente guiarse por las preguntas sin respuestas de las familias de las v铆ctimas, como, por ejemplo, saber qui茅nes eran realmente los presuntos secuestradores de los aviones y c贸mo fue que se derrumbaron tres edificios del World Trade Center cuando uno de ellos ni siquiera lleg贸 a recibir el impacto de un avi贸n.
Finalmente, esas preguntas, al igual que otras muchas interrogantes, no llegaron a mencionarse. Asimismo, la Comisi贸n recogi贸 gran cantidad de testimonios contradictorios y, en muchas ocasiones, reescribi贸 ciertos relatos. Bajo la estrecha supervisi贸n de Philip Zelikov, el director de aquella Comisi贸n, quien por mucho tiempo hab铆a sido empleado del gobierno en cuestiones de seguridad nacional, el Informe de la Comisi贸n sobre el 11 de septiembre ignor贸 ciertas contradicciones y corrigi贸 otras de una forma que fue cuestionada por numerosos cr铆ticos.
El Informe atribuy贸 la ausencia de respuestas [de la Defensa estadunidense] de aquel d铆a a un caos y a una ruptura sist茅micas, ignorando as铆 otros testimonios de Cheney, seg煤n los cuales 茅l desempe帽贸 aquel d铆a un papel preponderante. La Comisi贸n ignor贸 igualmente importantes contradicciones y dudas sobre el testimonio que hab铆a prestado Cheney. Un tema crucial que la Comisi贸n no investig贸 de manera expl铆cita fue la aplicaci贸n de los planes de la Cog [durante los hechos] el 11 de septiembre.
Tampoco mencion贸 la Comisi贸n de Estudios sobre el Terrorismo de Cheney –reunida por decreto de Bush en mayo de 2001– que fue citada como fuente de origen de una orden del Comit茅 de Jefes del Estado Mayor Conjunto, que databa del 1 de junio de 2001. Aquella orden modific贸 [u obstaculiz贸, haci茅ndolas inoperantes] las condiciones de intercepci贸n de los aviones secuestrados por parte de la Fuerza A茅rea.
Para lograr su recuento restringido sobre la responsabilidad de Cheney [en lo sucedido] aquel d铆a, la Comisi贸n tambi茅n rest贸 importancia –y de manera flagrante– a varios recuentos de testigos oculares [que estaban] en completo desacuerdo con la cronolog铆a de la propia Comisi贸n, particularmente los del director del contraterrorismo Richard Clarke y del secretario de Transportes, Norman Mineta.
RV: Gran parte de La route vers le nouveau d茅sordre mondial trata sobre la geopol铆tica del petr贸leo, de la droga y del armamento y la manera como el Estado profundo estadunidense la maneja en Asia Central y en el Medio Oriente desde la 茅poca del presidente Carter. Sabiendo que la “guerra contra el terrorismo” perdura y se extiende hoy en m谩s de 60 pa铆ses –principalmente a trav茅s de operaciones secretas–, ¿cu谩les son los verdaderos or铆genes y objetivos de 茅sta?
PDS: Al principio de la “guerra contra el terrorismo”, estaba muy claro que los consejeros estrat茅gicos de los dos partidos, al igual que los grupos de reflexi贸n [think tanks, centros o institutos de propaganda y/o difusi贸n de ideas pol铆ticas], como el Council on Foreign Relations, estaban preocupados por la necesidad de Estados Unidos en preservar su dominio hist贸rico sobre los mercados petroleros mundiales. Produjeron documentos que apoyaban la idea de un incremento de la fuerza militar de Estados Unidos en la regi贸n del Golfo P茅rsico, as铆 como la idea de adoptar planes militares destinados, en particular, a ocuparse de Sadam Husein.
Hoy, la “guerra contra el terrorismo” ha seguido extendi茅ndose, y nos dicen que los militantes salafistas se han desplazado –como era de esperar– hacia nuevas regiones del mundo, sobre todo hacia Somalia y Yemen, para preparar sus represalias. La “guerra contra el terrorismo” se ha convertido en un ensayo para la actual doctrina estrat茅gica de Estados Unidos tendiente a implantar un “dominio total”, como fue definida en el importante informe del Pent谩gono Joint vision 2020, llamando entonces a garantizar “la capacidad de las fuerzas estadunidenses, operando solas o con el apoyo de los aliados, para derrotar a cualquier enemigo y controlar cualquier situaci贸n mediante la gama de operaciones militares [disponibles]”.
Desde la Segunda Guerra Mundial, cada una de esas escaladas ha sido conducida por un lobby de la Defensa financiado originalmente por el complejo militar-industrial y actualmente por media docena de fundaciones de derecha que dispone de fondos ilimitados. Con el tiempo, su personal ha ido emigrando de grupo en grupo –el American Security Council, el Comit茅 sobre el Peligro Presente, el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano y, actualmente, el Center for Security Policy (CSP). Pero sus objetivos han ido ampli谩ndose con el paso de los a帽os: de maximizar la presencia estadunidense hasta restringir las libertades individuales para impedir la reaparici贸n de cualquier tipo de movimiento antiguerra en Estados Unidos. Yo abordo la expansi贸n de esta facci贸n del sector de la defensa en mi m谩s reciente libro La m谩quina de guerra estadunidense.
Esa agenda incluye cada vez m谩s el macartismo, por no decir el fascismo. Cierto n煤mero de grupos est谩 alimentando una histeria islam贸foba que recuerda la histeria anticomunista de la d茅cada de 1950, llamando a una guerra aparentemente sin fin contra el Islam. Por ejemplo, el CSP public贸 recientemente el documento Shariah, the threat to America, en el que proclama que la sharia es “la amenaza totalitaria de nuestra 茅poca”, con advertencias alarmistas sobre una “yihad infiltrada” y una “yihad demogr谩fica”.
RV: Esa “guerra contra el terrorismo” –cuyos verdaderos fundamentos y objetivos est谩n lejos de ser expuestos expl铆citamente por los gobiernos de los pa铆ses miembros de la OTAN– comenz贸 en Afganist谩n, en 2001. En ese Estado, poderosos se帽ores de la guerra aliados a Estados Unidos en la d茅cada de 1980 –茅poca en la que los muyahidines combat铆an a las tropas sovi茅ticas– son actualmente destacados actores del conflicto en “AfPak”, la entidad geopol铆tica que abarca Afganist谩n y Pakist谩n. Tomemos como ejemplo simb贸lico el caso de Gulbuddin Hekmatyar. La opini贸n p煤blica de los diferentes pa铆ses de la OTAN no parece darse realmente cuenta de qui茅n es este se帽or Hekmatyar. ¿Puede usted proporcionarnos informaci贸n sobre 茅l? En su opini贸n, ¿c贸mo simboliza [Hekmatyar] el peligro que representa una pol铆tica exterior estadunidense que, por falta de control legislativo y de visibilidad p煤blica, ha provocado la explosi贸n del tr谩fico de droga a nivel global?
PDS: Al disponer de pocos agentes leales en Afganist谩n, Estados Unidos decidi贸 realizar su Operaci贸n Cicl贸n a trav茅s de los que estaban a la disposici贸n de la Inter-Services Intelligence (ISI, los servicios secretos pakistan铆es). Pakist谩n, temiendo a su vez a los reclamos de los verdaderos nacionalistas afganos que reivindican sus propios territorios fronterizos, dirigi贸 el volumen de las ayudas provenientes de Estados Unidos y de Arabia Saudita hacia dos extremistas cuya base de apoyo en Afganist谩n era muy restringida: Abdul Rasul Sayyaf y Gulbuddin Hekmatyar.
Este 煤ltimo, miembro de la etnia pasht煤n y de la tribu ghilzai, originario del Norte de pasht煤n, fue entrenado inicialmente para la resistencia violenta bajo la direcci贸n de los pakistan铆es. Fue, al parecer, el 煤nico l铆der afgano que reconoci贸 expl铆citamente la l铆nea Durand, que define la frontera entre Afganist谩n y Pakist谩n. Para compensar el apoyo que no ten铆an entre la poblaci贸n local, Sayyaf y Hekmatyar cultivaron y exportaron opi谩ceos de forma masiva en la d茅cada de 1980, tambi茅n con apoyo del ISI.
Fue por esa misma raz贸n que los dos colaboraron con los muyahidines extranjeros –es decir, con los iniciadores de Al Qaeda– que por entonces aflu铆an hacia Afganist谩n, y Hekmatyar parece haber desarrollado una estrecha relaci贸n con Osama bin Laden. Aquella afluencia de fundamentalistas wahabitas y deobanditas provoc贸 el debilitamiento de la versi贸n tradicional sufista del Islam local.
Durante la campa帽a antisovi茅tica, las fuerzas de Hekmatyar asesinaron a personas que apoyaban a Ahmed Shah Masud, la principal amenaza para los planes de Hekmatyar –que contaban con el apoyo del ISI–, que consist铆an en dominar el Afganist谩n postsovi茅tico. Despu茅s de la retirada de estos 煤ltimos, la CIA –actuando en contra de las recomendaciones del Departamento de Estado– utiliz贸 tambi茅n a Hekmatyar para impedir la constituci贸n de un gobierno de reconciliaci贸n nacional, lo cual condujo a una guerra civil que provoc贸 la muerte de miles de personas en la d茅cada de 1990.
Desde la invasi贸n de Estados Unidos contra Afganist谩n en 2001, Hekmatyar ha dirigido su propia facci贸n de combatientes para obtener una retirada de las tropas de la OTAN, aunque parece m谩s abierto que los talibanes, en cuanto a integrarse a un gobierno de coalici贸n dirigido por el actual presidente Hamid Karzai. En Washington, importantes funcionarios de la Defensa –como Michael Vickers– a煤n se refieren a la Operaci贸n Cicl贸n como “la acci贸n clandestina m谩s exitosa” en la historia de la CIA.
No parecen preocupados por el hecho de que ese programa de la CIA haya contribuido a generar y a desencadenar algo como Al Qaeda –la nueva justificaci贸n postsovi茅tica para los aumentos sin precedentes de los presupuestos de defensa– ni tampoco por haber conferido a Afganist谩n su actual papel de principal fuente mundial de hero铆na y hach铆s.
RV: En conclusi贸n, ante la situaci贸n financiera, econ贸mica, pol铆tica, social e incluso moral existente en Estados Unidos, as铆 como en numerosos pa铆ses a trav茅s del mundo, ¿tiene usted confianza en el futuro? ¿Ve usted indicios estimulantes de una mayor influencia de lo que usted llama la “voluntad prevaleciente de los pueblos” en la toma de decisiones pol铆ticas, un proceso que es hoy por hoy m谩s olig谩rquico que nunca?
PDS: Se dice que deber铆amos ver cada crisis como una oportunidad. La crisis de Estados Unidos, que es tambi茅n la del mundo, pudiera ser ciertamente la ocasi贸n de introducir reformas de gran envergadura en los procesos del capitalismo de mercado que engendraron diferencias tan grandes entre los muy ricos y los muy pobres. Desgraciadamente, debido a esos procesos, las pol铆ticas tradicionales y los m茅todos de movilizaci贸n se han hecho m谩s ineficaces, aun de lo que ya eran anteriormente.
En La route vers le nouveau d茅sordre mondial, defiendo que importantes cambios sociales son posibles cuando la opresi贸n da lugar a la formaci贸n de una opini贸n p煤blica unida –o de lo que llamo “la voluntad prevaleciente de los pueblos”– en oposici贸n a esa opresi贸n. Hago referencia a ejemplos como el movimiento por los derechos c铆vicos en el Sur de Estados Unidos o el movimiento polaco Solidarnosc.
Desarrollos tecnol贸gicos como internet han facilitado m谩s que nunca la uni贸n de las personas tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Pero la tecnolog铆a ha perfeccionado tambi茅n los instrumentos autoritarios de vigilancia y represi贸n, haciendo la movilizaci贸n activista m谩s dif铆cil que antes. Por consiguiente, el futuro es muy incierto. Pudiera decirse que el sistema global actual est谩 m谩s inestable que nunca y que es posible que alg煤n tipo de prueba de fuerza logre cambiarlo.
En todo caso, yo estoy convencido de que estamos viviendo un periodo particularmente estimulante. La juventud debe continuar uni茅ndose como siempre lo ha hecho a movimientos que aspiran al cambio social y a crear nuevos espacios propicios al intercambio global. Y, por sobre todo, no hay ninguna excusa para la desesperaci贸n.




