Jaume Soler cuando Nicaragua se encontraba bajo el hostigamiento del imperio norteamericano para derrocar a la revoluci贸n popular sandinista.
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El origen de esta demanda se remonta a los a帽os 80, periodo en el que Washington apoy贸 a las fuerzas contrarrevolucionarias conocidas como “contras” para que realizaran ataque terroristas en Nicaragua. El reclamo nicarag眉ense se formaliz贸 ante instancias internacionales, especialmente ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), sosteniendo que Estados Unidos incurri贸 en violaciones de soberan铆a y en da帽os que deber铆an ser compensados.
Si bien la CIJ en un fallo hist贸rico s铆 reconoci贸 en su momento responsabilidades por ciertas acciones de Estados Unidos, el cumplimiento efectivo de las compensaciones ordenadas ha sido un punto de fricci贸n desde entonces. La encuesta de 2023 refleja que una mayor铆a significativa de la poblaci贸n respalda que el gobierno nicarag眉ense contin煤e con iniciativas legales y diplom谩ticas para exigir el pago de esas sumas.
Los resultados de la encuesta muestran no solo un apoyo num茅rico, sino tambi茅n un componente emotivo intenso. Para un alto porcentaje de encuestados, la exigencia del pago de la deuda se vincula con un sentimiento de justicia hist贸rica y de soberan铆a nacional frente a lo que se percibe como injerencia externa en el pasado. Esto ha convertido al reclamo no solo en una cuesti贸n legal, sino en un s铆mbolo pol铆tico y de reafirmaci贸n de identidad nacional entre amplios sectores de la sociedad nicarag眉ense.
La administraci贸n nicarag眉ense, encabezada por el presidente Daniel Ortega, mantiene activa la agenda de recordaci贸n de este reclamo. En este 2023 las autoridades enviaron cartas al Secretario General de las Naciones Unidas en fechas marcadas por el aniversario, de la presentaci贸n de la demanda ( 27 de junio), como el 26 de septiembre (Durante la 78陋 Asamblea General de la ONU) reiterando el llamado a cumplir con la compensaci贸n.
El apoyo mayoritario expresado en la encuesta implica que, para una amplia mayor铆a de nicarag眉enses, la reivindicaci贸n de la deuda con Estados Unidos no es solamente una cuesti贸n jur铆dica aislada, sino un tema que se integra en percepciones de justicia hist贸rica, dignidad nacional y pol铆tica exterior. Aunque los mecanismos legales e institucionales para que Estados Unidos cumpla con una eventual compensaci贸n siguen siendo complejos y sujetos a desaf铆os diplom谩ticos, el respaldo ciudadano subraya la vigencia pol铆tica de este reclamo nacional.
A 50 a帽os del golpe de Estado contra Salvador Allende
El 11 de septiembre de 1973, Chile dej贸 de ser durante muchos a帽os una excepci贸n dentro de una Am茅rica Latina acostumbrada a los golpes militares, las dictaduras y la intervenci贸n de Estados Unidos. Aquel d铆a, las Fuerzas Armadas bombardearon el Palacio de La Moneda y pusieron fin, mediante la fuerza, al Gobierno de la Unidad Popular encabezado por Salvador Allende. El mundo conoci贸 las im谩genes de un palacio presidencial en llamas, de militares ocupando las calles de Santiago y de un presidente que hab铆a decidido permanecer en su puesto mientras los militares exig铆an su renuncia. Pero cincuenta a帽os despu茅s, reducir aquellos acontecimientos a la ca铆da de un Gobierno democr谩tico ser铆a quedarse en la superficie de lo ocurrido. Lo que se estaba dirimiendo en Chile era mucho m谩s profundo: qui茅n deb铆a controlar las riquezas del pa铆s, qu茅 papel deb铆a desempe帽ar la clase trabajadora en la econom铆a, hasta d贸nde pod铆a llegar la soberan铆a nacional frente a los intereses de las grandes compa帽铆as extranjeras y, sobre todo, si era posible avanzar hacia una sociedad socialista utilizando las instituciones democr谩ticas. El golpe de Estado no fue solamente la sustituci贸n de Salvador Allende por Augusto Pinochet; fue la ruptura violenta de un proceso pol铆tico y social y el comienzo de una transformaci贸n econ贸mica que convertir铆a a Chile en uno de los grandes laboratorios del neoliberalismo.
Salvador Allende hab铆a llegado a la Presidencia en noviembre de 1970 al frente de la Unidad Popular, una coalici贸n formada por diferentes fuerzas de la izquierda chilena. Su proyecto pretend铆a avanzar hacia el socialismo por una v铆a propia, utilizando la legitimidad electoral y las instituciones existentes al mismo tiempo que se ampliaba la participaci贸n popular y se transformaban sectores fundamentales de la econom铆a. Aquella experiencia ten铆a una importancia que trascend铆a las fronteras chilenas. Despu茅s del triunfo de la Revoluci贸n Cubana, Am茅rica Latina hab铆a demostrado que era posible romper con la dependencia pol铆tica y econ贸mica de Estados Unidos, pero la experiencia chilena planteaba una cuesti贸n diferente: un dirigente marxista hab铆a llegado a la Presidencia mediante elecciones y pretend铆a utilizar el poder institucional para modificar las relaciones econ贸micas existentes. La nacionalizaci贸n del cobre, la profundizaci贸n de la reforma agraria, la ampliaci贸n del 谩rea de propiedad social y las medidas destinadas a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y de los sectores populares afectaban directamente a intereses econ贸micos muy concretos. La Unidad Popular no estaba intentando simplemente administrar mejor el capitalismo chileno; estaba cuestionando qui茅n deb铆a poseer y controlar una parte sustancial de los recursos y de la riqueza producida en el pa铆s.
En ese conflicto, el cobre ocupaba un lugar central. Chile pose铆a una de las mayores reservas cupr铆feras del planeta y durante d茅cadas buena parte de su gran miner铆a hab铆a estado controlada por compa帽铆as estadounidenses, entre ellas Anaconda y Kennecott. La nacionalizaci贸n aprobada por el Congreso chileno en julio de 1971, con un respaldo pol铆tico extraordinariamente amplio, fue presentada por el Gobierno de Allende como la recuperaci贸n para Chile de una riqueza que deb铆a servir al desarrollo nacional. Para los sectores populares significaba recuperar una fuente fundamental de ingresos y soberan铆a; para las empresas afectadas supon铆a la p茅rdida de importantes intereses econ贸micos. La cuesti贸n adquir铆a adem谩s una dimensi贸n internacional porque la nacionalizaci贸n afectaba directamente a capitales estadounidenses en un momento en que Washington consideraba cualquier avance de gobiernos socialistas en Am茅rica Latina como una amenaza estrat茅gica. El conflicto econ贸mico, por tanto, no puede separarse de la disputa pol铆tica: la defensa de los recursos nacionales frente a las multinacionales se convirti贸 en uno de los principales terrenos de confrontaci贸n entre la Unidad Popular y quienes pretend铆an impedir que el proceso continuara avanzando.
La respuesta de Estados Unidos no fue una reacci贸n improvisada despu茅s del golpe, sino una pol铆tica desarrollada durante a帽os. Los documentos desclasificados por el propio Gobierno estadounidense han permitido reconstruir los esfuerzos de la Administraci贸n de Richard Nixon para impedir que Allende llegara a la Presidencia y, una vez que lo hizo, para debilitar a su Gobierno. La Casa Blanca y la CIA apoyaron a sectores de la oposici贸n, financiaron actividades pol铆ticas y medios de comunicaci贸n contrarios a la Unidad Popular y mantuvieron una intensa actividad destinada a crear condiciones favorables para el aislamiento y la desestabilizaci贸n del Gobierno chileno. Henry Kissinger, entonces una de las figuras centrales de la pol铆tica exterior estadounidense, compart铆a la preocupaci贸n de Nixon ante la posibilidad de que la experiencia chilena pudiera convertirse en un ejemplo para otros pa铆ses. La documentaci贸n oficial estadounidense muestra asimismo la importancia que tuvieron las presiones econ贸micas y los contactos con sectores de las Fuerzas Armadas chilenas, aunque la existencia de esta intervenci贸n no debe confundirse con la afirmaci贸n, hist贸ricamente mucho m谩s dif铆cil de demostrar, de que Washington dict贸 directamente cada una de las operaciones militares del 11 de septiembre. Lo que s铆 est谩 documentado es que Estados Unidos trabaj贸 para impedir la consolidaci贸n del proyecto de la Unidad Popular y que consider贸 su derrota un objetivo estrat茅gico.
El caso de ITT permite comprender hasta qu茅 punto los intereses de las grandes empresas y la pol铆tica exterior estadounidense pod铆an entrelazarse. International Telephone and Telegraph era una poderosa multinacional estadounidense con importantes intereses en Chile y, despu茅s de que el Gobierno de Allende avanzara en la nacionalizaci贸n de sus activos, la compa帽铆a mantuvo contactos con responsables pol铆ticos estadounidenses y con personas vinculadas a los servicios de inteligencia. Las investigaciones realizadas posteriormente en Estados Unidos sacaron a la luz aquellos esfuerzos y contribuyeron a mostrar que el conflicto chileno no pod铆a entenderse 煤nicamente como una disputa entre partidos pol铆ticos. Detr谩s de las posiciones que se enfrentaban hab铆a intereses econ贸micos concretos y una pugna por el control de sectores estrat茅gicos de la econom铆a. En ese sentido, Chile ofrec铆a una imagen especialmente clara de una realidad que se repetir铆a en diferentes momentos de la historia latinoamericana: cuando un Gobierno intenta recuperar para el Estado o para la sociedad recursos considerados estrat茅gicos por el capital transnacional, la disputa deja de ser exclusivamente nacional y pasa a afectar directamente a los intereses de las grandes potencias econ贸micas.
Mientras se desarrollaba esa presi贸n exterior, la confrontaci贸n dentro de Chile se hizo cada vez m谩s intensa. El pa铆s atravesaba una situaci贸n econ贸mica complicada, con inflaci贸n, dificultades de abastecimiento, conflictos laborales y una creciente polarizaci贸n pol铆tica. El Gobierno cometi贸 errores y tuvo fuertes discrepancias internas sobre la velocidad y la profundidad con la que deb铆a avanzar el proceso, mientras la oposici贸n parlamentaria y los sectores empresariales fueron endureciendo su estrategia. Las huelgas patronales, los problemas de distribuci贸n y las acciones destinadas a dificultar el funcionamiento de la econom铆a contribuyeron a agravar una situaci贸n ya muy deteriorada. Ser铆a, sin embargo, una simplificaci贸n convertir todos aquellos problemas en el resultado exclusivo de una conspiraci贸n extranjera o, en el extremo contrario, atribuirlos 煤nicamente a la incompetencia de la Unidad Popular. Lo ocurrido fue el resultado de una combinaci贸n de contradicciones econ贸micas, decisiones pol铆ticas, enfrentamientos dentro de la izquierda, oposici贸n organizada de las clases propietarias y una intervenci贸n estadounidense que est谩 ampliamente documentada. En medio de aquella crisis, la lucha por el poder dej贸 de desarrollarse 煤nicamente en las instituciones y pas贸 progresivamente a las calles, las f谩bricas, los campos y los cuarteles.
El 29 de junio de 1973, el llamado Tanquetazo mostr贸 hasta qu茅 punto la amenaza militar se hab铆a convertido en una posibilidad real. Las Fuerzas Armadas comenzaban a aparecer como el instrumento mediante el cual pod铆a romperse el equilibrio institucional que hab铆a permitido la existencia del Gobierno de la Unidad Popular. La situaci贸n se agrav贸 durante las semanas siguientes y el 23 de agosto Augusto Pinochet asumi贸 la jefatura del Ej茅rcito. Pocas semanas despu茅s, en la ma帽ana del 11 de septiembre, las Fuerzas Armadas iniciaron la operaci贸n destinada a derrocar a Allende. El presidente lleg贸 a La Moneda y se neg贸 a abandonar el cargo. Desde all铆 dirigi贸 sus 煤ltimos mensajes al pueblo chileno mientras los militares rodeaban el Palacio y exig铆an su rendici贸n. A trav茅s de Radio Magallanes, Allende pronunci贸 unas palabras que terminar铆an convirti茅ndose en uno de los testimonios pol铆ticos m谩s importantes de la historia latinoamericana del siglo XX. Sab铆a que las posibilidades de resistir militarmente eran pr谩cticamente inexistentes, pero tambi茅n sab铆a que abandonar La Moneda significaba aceptar la legitimidad de quienes estaban destruyendo el orden constitucional.
El bombardeo comenz贸 poco despu茅s. Los aviones de la Fuerza A茅rea atacaron La Moneda mientras el edificio era defendido por un peque帽o grupo de personas que permanec铆a junto al presidente. Salvador Allende muri贸 ese mismo d铆a en el interior del Palacio; las investigaciones oficiales posteriores determinaron que se hab铆a suicidado durante el golpe. La precisi贸n sobre las circunstancias de su muerte no cambia la naturaleza pol铆tica de lo ocurrido. Allende fue derrocado por una acci贸n militar contra un Gobierno constitucional y, con 茅l, fue destruida la experiencia de la Unidad Popular. Durante los a帽os siguientes, la dictadura de Pinochet persigui贸 sistem谩ticamente a quienes hab铆an participado en aquel proceso, encarcel贸 y tortur贸 a miles de personas, ejecut贸 y desapareci贸 a opositores y oblig贸 a muchos otros a marchar al exilio. Los centros de detenci贸n y tortura y el Estadio Nacional se convirtieron en s铆mbolos de una represi贸n cuyo objetivo no era 煤nicamente eliminar a dirigentes pol铆ticos, sino desarticular las organizaciones sociales y populares que pod铆an oponerse al nuevo orden.
Sin embargo, la dimensi贸n represiva del golpe fue acompa帽ada por una transformaci贸n econ贸mica de enorme alcance. Esta cuesti贸n resulta imprescindible para comprender qu茅 intereses terminaron imponi茅ndose despu茅s del 11 de septiembre. La dictadura no se limit贸 a restaurar el poder pol铆tico de las clases dominantes; cre贸 las condiciones para modificar profundamente el modelo econ贸mico chileno. Antes incluso del golpe hab铆a comenzado a elaborarse un programa conocido como “El Ladrillo”, en el que economistas vinculados a la Universidad Cat贸lica y posteriormente relacionados con la Escuela de Chicago planteaban una profunda liberalizaci贸n de la econom铆a. Despu茅s de la toma del poder por los militares, varios de aquellos economistas pasaron a ocupar puestos de responsabilidad y sus propuestas comenzaron a aplicarse con una intensidad que habr铆a resultado mucho m谩s dif铆cil de imponer en un sistema democr谩tico sometido al debate parlamentario y a la presi贸n de sindicatos, organizaciones sociales y movimientos populares.
Los llamados Chicago Boys encontraron en la dictadura el escenario pol铆tico que necesitaban para llevar adelante su programa. A partir de mediados de los a帽os setenta se desarroll贸 una pol铆tica de shock que incluy贸 fuertes recortes del gasto p煤blico, liberalizaci贸n de precios, reducci贸n de aranceles, apertura al comercio internacional, privatizaci贸n de empresas estatales y una profunda transformaci贸n del sistema financiero. Las reformas posteriores afectaron tambi茅n a la seguridad social, a los servicios p煤blicos y a la legislaci贸n laboral. En 1980 se estableci贸 adem谩s un nuevo sistema de pensiones basado en cuentas individuales administradas por entidades privadas, uno de los elementos que terminar铆an convirtiendo al modelo chileno en una referencia internacional para los defensores del neoliberalismo. El discurso hablaba de libertad econ贸mica y modernizaci贸n, pero aquella transformaci贸n se estaba realizando bajo una dictadura que hab铆a eliminado las libertades pol铆ticas, perseguido a los sindicatos y reducido dr谩sticamente la capacidad de organizaci贸n de los trabajadores. La liberalizaci贸n econ贸mica avanzaba al mismo tiempo que se restring铆a la libertad pol铆tica, y esa coincidencia no puede considerarse un detalle secundario cuando se analiza el origen del modelo chileno.
El resultado fue una profunda modificaci贸n de las relaciones de poder construidas durante d茅cadas. La dictadura destruy贸 buena parte de las estructuras pol铆ticas y sindicales que hab铆an constituido la base de resistencia de los sectores populares y, simult谩neamente, impuls贸 la privatizaci贸n de importantes activos y la retirada del Estado de numerosas 谩reas de la econom铆a. El capitalismo chileno sali贸 transformado de aquel proceso y el pa铆s pas贸 a convertirse en un referente para quienes defend铆an la apertura de los mercados y la reducci贸n del papel econ贸mico del Estado. D茅cadas despu茅s, Chile ser铆a presentado internacionalmente como ejemplo del 茅xito de las pol铆ticas neoliberales, pero esa imagen ocultaba una parte esencial de su origen: el laboratorio econ贸mico fue construido bajo las condiciones pol铆ticas creadas por un r茅gimen militar que hab铆a eliminado por la fuerza a quienes pod铆an organizar una oposici贸n efectiva a aquellas reformas.
Por eso resulta insuficiente recordar el 11 de septiembre de 1973 煤nicamente como la fecha en que un grupo de generales decidi贸 tomar el poder. El golpe debe ser entendido dentro de una confrontaci贸n social mucho m谩s amplia. La Unidad Popular hab铆a puesto sobre la mesa cuestiones que afectaban directamente a la estructura de clases de Chile: la propiedad de la tierra, el control de los recursos naturales, el papel de las empresas extranjeras, la participaci贸n de los trabajadores en la econom铆a y la capacidad del Estado para intervenir en sectores estrat茅gicos. Frente a ese proyecto se encontraron las clases propietarias, importantes sectores empresariales, fuerzas pol铆ticas conservadoras y una potencia imperial que ve铆a con preocupaci贸n la posibilidad de que el socialismo pudiera avanzar mediante las urnas. La intervenci贸n estadounidense no explica por s铆 sola toda la historia chilena, del mismo modo que los errores de la izquierda no pueden utilizarse para borrar la responsabilidad de quienes decidieron destruir la democracia mediante las armas. Ambas dimensiones forman parte de una historia compleja en la que los intereses de clase y los intereses geopol铆ticos terminaron convergiendo.
Cincuenta a帽os despu茅s, Salvador Allende contin煤a siendo una figura inseparable de aquella disputa. Su importancia no reside en presentarlo como un dirigente sin contradicciones ni errores, sino en reconocer la dimensi贸n hist贸rica del intento que encabez贸. La Unidad Popular trat贸 de demostrar que las mayor铆as pod铆an utilizar las instituciones democr谩ticas para disputar el poder econ贸mico a quienes lo hab铆an concentrado durante generaciones. Fue derrotada, pero su derrota no convirti贸 en falsa la pregunta que hab铆a planteado. Al contrario, la experiencia chilena permite comprender que democracia y econom铆a no pueden contemplarse como espacios completamente separados y que la existencia de elecciones no garantiza por s铆 misma que las relaciones econ贸micas fundamentales de una sociedad est茅n sometidas a la voluntad popular.
El golpe de Chile fue tambi茅n una advertencia para toda Am茅rica Latina. Estados Unidos demostr贸 que no estaba dispuesto a aceptar f谩cilmente experiencias que cuestionaran su hegemon铆a continental, mientras las clases dominantes demostraron que pod铆an recurrir a la fuerza cuando consideraban amenazados sus intereses fundamentales. El desenlace chileno tuvo adem谩s una enorme influencia internacional porque el modelo econ贸mico implantado posteriormente ser铆a estudiado, admirado y reproducido en otros lugares. La combinaci贸n de dictadura pol铆tica y liberalizaci贸n econ贸mica convirti贸 a Chile en un precedente fundamental para la expansi贸n internacional del neoliberalismo durante las d茅cadas siguientes.
Recordar a Allende cincuenta a帽os despu茅s significa, por tanto, mirar m谩s all谩 de la imagen del presidente frente a La Moneda. Significa recuperar la historia de los trabajadores y campesinos que sostuvieron la Unidad Popular, de quienes participaron en los cordones industriales y en las organizaciones populares, de quienes defendieron la soberan铆a sobre el cobre y de quienes fueron perseguidos despu茅s del golpe. Significa recordar a las v铆ctimas de la dictadura y tambi茅n analizar qu茅 intereses econ贸micos se beneficiaron de la derrota de aquel proceso. Y significa reconocer que el 11 de septiembre de 1973 no fue un episodio aislado de la Guerra Fr铆a, sino uno de los momentos decisivos de la historia latinoamericana en el que imperialismo, capitalismo y lucha de clases se encontraron en un mismo escenario.
Salvador Allende muri贸 en La Moneda mientras defend铆a la legitimidad de un Gobierno elegido por el pueblo chileno. Augusto Pinochet consigui贸 ocupar el Palacio y permanecer en el poder durante diecisiete a帽os, pero la dictadura no pudo hacer desaparecer aquello que hab铆a intentado enterrar bajo las bombas y la represi贸n. La memoria de la Unidad Popular sobrevivi贸 al r茅gimen militar y, con ella, sobrevivi贸 tambi茅n la pregunta por la posibilidad de construir una sociedad diferente. Cinco d茅cadas despu茅s, esa pregunta contin煤a formando parte de las luchas de los pueblos de Am茅rica Latina y de quienes siguen entendiendo el internacionalismo no como una palabra del pasado, sino como la defensa de la soberan铆a, la justicia social y el derecho de cada pueblo a decidir su propio destino.
El 11 de septiembre de 1973 las Fuerzas Armadas tomaron La Moneda, pero aquel d铆a no termin贸 la historia de Salvador Allende. Su legado qued贸 ligado para siempre a una experiencia que intent贸 abrir un camino propio hacia el socialismo y que fue destruida cuando los intereses econ贸micos y pol铆ticos que se sent铆an amenazados decidieron que las urnas ya no eran suficientes. Cincuenta a帽os despu茅s, recordar Chile significa no olvidar qui茅n perdi贸 la democracia, qui茅n sufri贸 la represi贸n y qu茅 modelo econ贸mico naci贸 de aquella derrota. Tambi茅n significa comprender por qu茅 la memoria de Allende contin煤a siendo una bandera para quienes, desde Am茅rica Latina y desde otros lugares del mundo, siguen defendiendo que la soberan铆a de los pueblos debe estar por encima de los intereses del capital.